HISTORIA Y ARTE - EL SIGLO XX: Mentalidad y pensamiento - 5ª parte
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Historia y Arte

EL SIGLO XX

Mentalidad y pensamiento - 5ª parte


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La idea de crisis permanente

istóricamente puede decirse que toda sociedad pervive mientras los fundamentos (materiales, ideológicos, de valores, religiosos e incluso estéticos) sobre los que se asienta no cambian. Ahora bien, cuando un factor ajeno a esa sociedad o creado por ella misma altera esos fundamentos, se produce una situación de crisis tendente a recuperar la situación anterior o, más frecuentemente, a crear otra nueva a partir de nuevos fundamentos.

Este proceso de cambio no es otro que el propio devenir histórico, cuyo ritmo parece haberse acelerado a lo largo del siglo XX, hasta el punto de que el hombre del nuevo siglo XXI recuperó las viejas situaciones de crisis, llegando a sentir que vive en una situación de crisis permanente (recuérdese la crisis económica mundial que se manifestó con toda su crudeza en el 2009).

A esta situación de crisis permanente se ha llegado como resultado de los numerosos cambios operados en el siglo XX y a los desajustes que éstos han creado. El inicio de esos cambios estuvo, a finales del siglo XIX, en la segunda fase de la revolución industrial, cuyas novedades científico-técnicas supusieron la modificación de muchas condiciones materiales y la aparición de fuertes contradicciones, puestas de manifiesto en desajustes tan graves como los producidos por la explosión demográfica, por la diferencia entre la capacidad productora y la consumidora, por las graves desigualdades sociales del sistema capitalista y, en general, por el enfrentamiento entre unos valores ideales de carácter espiritual, heredados del pasado, y la creciente concepción materialista de la existencia impuesta por la realidad cotidiana.

A todo esto se vinieron a sumar las guerras, las crisis económicas y la aparición de nuevas ideologías, algunas de las cuales destacaron por su extremismo. Mientras tanto, el avance científico no hizo más que agudizar esa conciencia de crisis con constantes descubrimientos que desmontaban viejas teorías que habían sido auténticos pilares de valor ideológico.

Así la teoría de la relatividad de Einstein rompió con las concepciones que hasta entonces se tenían del espacio, del tiempo y de la masa; la mecánica cuántica de Planck supuso una visión de la naturaleza que ya no encajaba con el principio de continuidad que durante siglos se le había atribuido a ésta; y tras Heisenberg el determinismo científico se desmoronó a partir del principio de indeterminación que contienen ciertas realidades de la naturaleza. Éstas y otras teorías, así como la constante superación de problemas científico-técnicos han divulgado la creencia de que, en ciencia, todo es posible, pero con ello también se han abierto las puertas a la incertidumbre científica.

Paralelamente, la recién nacida psicología y las teorías psicoanalíticas de Freud comenzaron a hablar de factores no racionales de la personalidad y de un ser humano dominado por impulsos. Algunas corrientes filosóficas, por su parte como el vitalismo y el existencialismo, partían del irracionalismo y del subjetivismo. Ciencia, psicología y filosofía rompían así con la universalidad de la razón vigente desde la Ilustración.

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