HISTORIA Y ARTE - PRESHISTORIA: El Paleolítico - 2ª parte
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Historia y Arte

PREHISTORIA

El Paleolítico - 2ª parte


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Economía y Sociedad (continuación)

omo se ha dicho, dependiendo de los animales que habitualmente, eran sus presas, los humanos del paleolítico se vieron obligados a perseguirlos y, por lo tanto, su forma de vida fue nómada. Entre humanos y bestias debía mantenerse una especie de equilibrio ecológico para que quedara garantizada la supervivencia de la especie depredadora. Por ello, y en la necesidad de no romper ese equilibrio, los hombres tenían que desplazarse cada vez que la caza no era suficiente.

Las plantas silvestres que eran recolectadas también se agotaban y forzaban a cambios de lugar.

Este sistema económico o, si se prefiere, esta relación con la naturaleza, condicionó muchos aspectos de la vida del hombre paleolítico. Independientemente de que el hombre es una especie social, es decir, que busca vivir en grupo, pronto se descubrió que la caza de los grandes mamíferos (mamut, reno, bisonte, ciervo, etc) resultaba más fácil si colaboraban varios individuos que en solitario. La captura de esas bestias se realizaba, con frecuencia, mediante trampas (grandes fosas, por ejemplo) que exigían demasiado trabajo para una sola persona.

Por otro lado, no tenía sentido cazar un mamut para alimentar a un solo individuo. De este modo fueron surgiendo grupos sociales de unos 20 o 30 individuos para practicar la caza. Ese número, aparentemente reducido, era el ideal para preparar trampas, consumir la carne cazada y también para desplazarse con facilidad de un lugar a otro en busca de sustento. Ese constante cambio de residencia hizo que el habitante del Paleolítico no se estableciera en poblados permanentes y por lo tanto que no construyera viviendas con materiales perdurables. Obligado a perseguir a sus presas, se limitó a levantar simples chozas o a buscar refugios naturales, como cuevas o abrigos de roca.

Las herramientas y los útiles del Paleolítico también estuvieron en función de la caza. Se fabricaron hachas y puntas de lanza de piedras duras como el sílex y la cuarcita, lanzas de madera endurecidas por el fuego y pequeños instrumentos de piedra como las raederas y los buriles para trabajar con ellos las pieles de los animales cazados.

Desconocemos si los grupos sociales tenían organizada una jerarquía de poder, pero es fácil suponer que aquellos individuos mejor dotados para la caza, o con mayor ingenio para preparar trampas, debieron ejercer ciertas funciones de mando para organizar las tareas encaminadas a conseguir alimentos. Aunque de forma muy tímida, debió haber una cierta división del trabajo, según la cual los individuos más fuertes se dedicaron a la caza y a la preparación de sus armas; las mujeres, encargadas de los niños, debieron ocuparse de la preparación de las pieles y de las tareas de recolección de plantas y frutos. En definitiva, los distintos trabajos se distribuyeron en función de la capacidad de cada miembro del grupo.

Con respecto al origen de estos grupos, lo más probable es que se tratara de clanes familiares con un antepasado común. En épocas avanzadas del Paleolítico se dieron en algunas zonas reuniones de diferentes clanes para formar una tribu.

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