HISTORIA Y ARTE - LA ANTIGUA GRECIA: Mentalidad y pensamiento - 1ª parte
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Historia y Arte

LA ANTIGUA GRECIA

Mentalidad y pensamiento - 1ª parte


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Introducción

a forma de plantearse el mundo y la existencia estuvo, para los griegos, a medio camino entre el "mito" y el "logos". El mito fue la explicación primitiva que recurría tan sólo a la imaginación para encontrar respuestas. El logos, por el contrario, atendió a la razón para plantearse no sólo las respuestas, sino también las propias preguntas que explicaban la realidad. Así, el mito dio lugar a la compleja narración de dioses y héroes que fue la mitología griega, mientras que el logos originó la sistemática y racional respuesta filosófica.

La filosofía puso al hombre en el centro del cosmos, ya que la explicación racional del mismo, tan sólo precisaba de la propia inteligencia humana. Ahora bien, esa concepción del hombre como centro, ya debía estar en la mentalidad de los primeros griegos cuando éstos imaginaron un mundo de dioses hecho a la medida del hombre.

La mitología como religión

Todas las religiones tienen algo de mítico en sus orígenes y fundamentan parte de sus doctrinas en esos mitos originales. En el caso de los griegos, la creación mitológica fue de tal importancia que no necesitaron doctrina alguna posterior. Unos dioses, concebidos como hombres, fueron la causa del universo; otros representaban los fenómenos de la naturaleza en cualquiera de sus formas y las virtudes y defectos de todos ellos no eran más que la representación divina de las virtudes o defectos de cualquier humano. Todo quedaba explicado a la medida del hombre.

Los dioses inmortales habitaban las inalcanzables moradas del Olimpo (el monte sagrado) y desde allí se ocupaban, sin demasiado interés, del destino de los hombres y con mayor atención de sus propios asuntos y de su propio destino.

Dioses y hombres vivían así destinos paralelos sin preocuparse demasiado unos de otros. Bastaba que ambos grupos existieran para que el orden reinara. La religión de los griegos fue simplemente su mitología. Y ésta era una clara representación de todo lo que interesaba a los habitantes de la Hélade.

Zeus fue, sin duda, imaginado como un ideal, como un modelo al que cualquier griego hubiera deseado parecerse: poderoso, arrogante, temido, astuto y buen conquistador de corazones. Hera, su esposa, resultaba tan bella como celosa de su marido, a quien se veía obligada a perdonar tras sus furiosos arrebatos de celos. Por otro lado, Hera representaba la Tierra.

Las principales actividades económicas tuvieron sus divinidades; Deméter era la diosa de la agricultura y, como el vino y su comercio, llegaron a tener gran importancia, se asignó a Dionisos como dios de esa bebida.

La importancia del mar fue grande para los griegos, por ello Poseidon fue uno de los principales dioses.

odas las religiones tienen algo de mítico en sus orígenes y fundamentan parte de sus doctrinas en esos mitos originales. En el caso de los griegos, la creación mitológica fue de tal importancia que no necesitaron doctrina alguna posterior. Unos dioses, concebidos como hombres, fueron la causa del universo; otros representaban los fenómenos de la naturaleza en cualquiera de sus formas y las virtudes y defectos de todos ellos no eran más que la representación divina de las virtudes o defectos de cualquier humano. Todo quedaba explicado a la medida del hombre.

Los dioses inmortales habitaban las inalcanzables moradas del Olimpo (el monte sagrado) y desde allí se ocupaban, sin demasiado interés, del destino de los hombres y con mayor atención de sus propios asuntos y de su propio destino.

Dioses y hombres vivían así destinos paralelos sin preocuparse demasiado unos de otros. Bastaba que ambos grupos existieran para que el orden reinara. La religión de los griegos fue simplemente su mitología. Y ésta era una clara representación de todo lo que interesaba a los habitantes de la Hélade.

Zeus fue, sin duda, imaginado como un ideal, como un modelo al que cualquier griego hubiera deseado parecerse: poderoso, arrogante, temido, astuto y buen conquistador de corazones. Hera, su esposa, resultaba tan bella como celosa de su marido, a quien se veía obligada a perdonar tras sus furiosos arrebatos de celos. Por otro lado, Hera representaba la Tierra.

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