HISTORIA Y ARTE - LA ANTIGUA GRECIA: Economía y sociedad - 4ª parte
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Historia y Arte

LA ANTIGUA GRECIA

Economía y sociedad - 4ª parte


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La sociedad (continuación)

aralelamente al surgimiento de las polis (hacia los siglos IX y VIII a. de C.), se produjo la desaparición de los reyes que sólo perduraron en algunas zonas como Macedonia y fueron sustituidos en el poder político por la aristocracia terrateniente, agrupada en unas oligarquías (poder de unos pocos) que se ocupaban de defender los intereses de los llamados eupátridas (bien nacidos), de origen noble. Estos eupátridas estaban organizados en familias o genos, para cada una de las cuales se buscaba un parentesco mítico con algún dios. Esta procedencia divina, que quería justificar una situación de privilegio fue, sin duda, un poderoso medio de difusión de la mitología.

Ahora bien, la vida ciudadana y el desarrollo del comercio hicieron que masas, cada vez más numerosas, de ciudadanos no se sintieran satisfechas con un sistema de gobierno del que ni siquiera podían conocer sus leyes, ya que el conocimiento de éstas quedaba restringido en la práctica a la aristocracia eupátrida. Las, cada día más complejas, relaciones entre los habitantes de las polis exigían una regulación legal que no existía.

La actividad comercial y con ella la artesanal hacían que parte de la riqueza de la ciudad procediera ahora de grupos sociales no pertenecientes a la aristocracia y, por lo tanto, ajenos al poder político. A esto se vino a añadir la circunstancia de que la aparición de la infantería ligera de los hoplitas ya no dejaba el poder militar solamente en manos de la aristocracia. Casi cualquier ciudadano podía comprarse el armamento de un hoplita y transformarse así en defensor de la polis.

Por todas estas razones, la idea de ciudadano con responsabilidades y con derechos se fue imponiendo. Se produjeron así cambios en política y surgieron los legisladores, con lo que la ley comenzó a ser difundida y aplicada más igualitariamente. Este proceso desembocó en una nueva concepción social que atendía más a los criterios de riqueza que a los de casta (genos) y, aunque la idea de eupátrida nunca llegó a desaparecer por completo, pronto se impuso la categoría de ciudadano libre para designar a los individuos que tenían iguales derechos ante la ley, frente a los esclavos y a los extranjeros (los metecos).

Estos cambios, que se produjeron entre los siglos VII y VI a. de C. no afectaron a todas las polis de la Hélade, pues algunas, como Esparta, mantuvieron la forma de gobierno aristocrática. Debe tenerse en cuenta que Esparta no participó en la expansión colonial ni desarrolló, por tratarse de una ciudad interior, casi ningún tipo de comercio.

La figura del ciudadano libre se consolidó en el modelo democrático ateniense del siglo V. En esa época, el número de esclavos fue altísimo, llegando a ser casi la mitad de la población del Ática. También los metecos aumentaron su número, ya que se calcula que un tercio de la población de Atenas estaba formada por extranjeros. Ninguno de estos dos grupos tenía participación en la vida política y puede decirse que la gran cantidad de esclavos fue imprescindible para que muchos ciudadanos pudieran ocuparse de los asuntos de gobierno.

La situación de los esclavos fue distinta según las épocas y el trabajo al que se les dedicaba. Así, los ocupados en las tareas domésticas de las casas de los ciudadanos libres no fueron maltratados ni excesivamente explotados. No sucedió lo mismo con los que se vieron obligados a trabajar en las minas de plata o como remeros de las trirremes.

En cuanto a los metecos que se dedicaron fundamentalmente a la artesanía y el comercio, nunca estuvieron mal considerados, ya que su aportación a la vida económica de las polis fue importantísima. La ley mantenía frente a ellos ciertas desigualdades injustas, pero, salvo la imposibilidad de participar en las decisiones del gobierno, no debieron de ser demasiado discriminados. La escasez porcentual de ciudadanos libres (en torno al 20 por ciento) y su régimen de mayores derechos, hizo de este grupo una auténtica clase privilegiada.

Durante el periodo helenístico los cambios sociales fueron pocos. Aumentó el número de esclavos gracias a las conquistas de Alejandro y a sus prisioneros de guerra, mientras que los extranjeros se vieron favorecidos por la mayor flexibilidad de la ley, que permitió a muchos de ellos acceder al derecho de ciudadanía.

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