HISTORIA Y ARTE - LA EUROPA DE LA ILUSTRACIÓN: El Absolutismo ilustrado - 4ª parte
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Historia y Arte

LA EUROPA DE LA ILUSTRACIÓN

El Absolutismo ilustrado - 4ª parte


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La Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa (continuación)

ras el ambiente descrito en los apartados anteriores, en 1776 estalló la guerra independentista, y siete años más tarde se firmó la Paz de Versalles (1783) por la que se reconocía como nación a los Estados Unidos de América del Norte.

Para entonces, ya se habían escrito la Declaración de Derechos de Virginia, especie de constitución de este estado americano, y una Declaración de los Derechos Humanos (1776), textos en los que se recogían muchos de los principios difundidos por la Ilustración.

A todas las razones que se han señalado, debe añadirse que la independencia americana contó con la ayuda de Francia y España, aunque esa ayuda estuvo más motivada por el enfrentamiento de estos países con Inglaterra que por la fe que sus monarcas tenían en el ideario ilustrado.

Y, por último, hay que señalar que, si la independencia tuvo éxito fue porque se produjo en un continente distinto y lejano a Europa, y porque, al fin y al cabo, un proceso de independencia no era una revolución y, menos aún, cuando la ideología que lo sustentaba no difería demasiado de la vigente en la metrópoli.

Pero, esa misma ideología sí supuso, en la Francia de finales del siglo XVIII, un enfrentamiento con el sistema del Antiguo Régimen. Para esa época, el Absolutismo Ilustrado, que había tomado para sí las formas, pero no el fondo de la Ilustración, comenzó a mostrar sus propias contradicciones, puestas de manifiesto en el fracaso de una política incapaz de superar sus propios problemas.

Gran parte de los problemas de la monarquía francesa fueron de tipo económico y generaron una situación de malestar social que fácilmente hubiera desembocado en una revuelta popular sin mayor trascendencia, pero ese malestar se produjo en un ambiente dominado por la ideología de la Ilustración y ya no dio como fruto una simple manifestación de descontento, sino una auténtica revolución apoyada en toda una base teórica que se oponía claramente a los principios sustentadores del Antiguo Régimen.

Esa oposición quedó plasmada en la Revolución Francesa, cuyo auténtico significado fue el de una revolución liberal burguesa. El carácter de liberal se desprendió de su oposición al absolutismo y de la ideología ilustrada que la sustentaba; y el calificativo de burguesa vino dado por la determinante participación de ese grupo social en el proceso revolucionario y porque el resultado final del mismo fue netamente favorable a la burguesía.

En el proceso revolucionario francés fue importantísima la participación popular, pero ésta por sí sola no hubiera logrado llevar la Revolución a los extremos a los que llegó. Aunque términos como "ciudadano", "contrato social", "voluntad general" o "derechos del hombre" estaban ya en el vocabulario callejero del París de 1789, fue precisa la intervención de gentes cuyo nivel cultural y conocimientos del ideario ilustrado era más profundo, para que el movimiento de protesta no se quedara en una simple revuelta, hacía falta un cuerpo de ideas políticas y unos dirigentes dispuestos a hacer de ellas la bandera de una revolución.

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