HISTORIA Y ARTE - LAS CIVILIZACIONES ORIENTALES: Persia - 3ª parte
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Historia y Arte

LAS CIVILIZACIONES ORIENTALES

Persia - 3ª parte


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Mentalidad y pensamiento

s muy probable que el carácter del pueblo medo-persa quedara configurado a partir del modo de vida de sus primeros tiempos. Según el historiador griego Herodoto, que vivió en los años centrales del siglo V a. de C. y que viajó por las tierras del Imperio Aqueménida, en la educación de los persas había tres cosas fundamentales: montar a caballo, manejar el arco y decir la verdad. Los dos primeros aspectos fueron una consecuencia de la vida nómada anterior al asentamiento y de la práctica del pastoreo; decir la verdad era una de las pocas normas que se desprendía de la religión de los persas. Hubo también entre este pueblo, acostumbrado a cambiar de residencia con frecuencia, cierto desapego por la posesión de la tierra en favor del gusto por los pequeños objetos de lujo fácilmente transportables.

Con estas características, no es de extrañar que el pueblo persa se lanzara a la conquista del mundo. Educados para el viaje y la lucha (montar a caballo y manejar el arco), dispuestos por tradición al nomadismo, las campañas guerreras de conquista no debieron parecerles distintas del largo camino recorrido por sus antepasados buscando pastos y nuevos lugares.

La religión de los medo-persas fue el Mazdeísmo. La doctrina de Mazda era enormemente sencilla y parecía pensada para adaptarse sin problemas a la mentalidad y modo de vida de un pueblo acostumbrado al nomadismo. Carente de culto, no precisó templos ni sacerdotes, razón por la cual, no precisó tampoco de centro religioso alguno desde el que ejercer su influencia.

La religión predicada por el profeta Zaratustra (o Zoroastro) se fundamentaba en una simple concepción dualista, según la cual, dos principios o poderes divinos dominan el mundo: Ahura-Mazda (Ormuz) que representa el Bien y la Luz, y Angra-Mainyu (Ahrimán) que representa el Mal y la Oscuridad. Mazda fue quien reveló a Zaratustra los principios o enseñanzas que se contienen en el Avesta. Este libro sagrado, de gran extensión, fue quemado por Alejandro Magno y reescrito después según la tradición oral. Según el Avesta los dos principios están en lucha y sólo cuando el Bien triunfe, será posible un universo nuevo con la llegada del Salvador.

Mazda y Ahrimán son también la Verdad y la Mentira, por ello los hombres, que deben ayudar al espíritu del Bien para que éste triunfe sobre el Mal, deben decir siempre la verdad.

La concepción dualista era fácilmente asequible y los fieles no tenían dificultad en encontrar en casi todo lo que les rodeaba, a Mazda o a Ahrimán. Así, la enfermedad, el dolor y la muerte eran obra del espíritu del Mal, mientras que la salud y la vida dependían de la Luz. El mazdeísmo tenía una esperanza de salvación, ya que aquéllos que habían ayudado al Bien alcanzarían, tras la muerte y el triunfo de Mazda, "el mejor de los mundos"; los mentirosos e injustos irían a "la morada del dolor" y aquéllos cuyas acciones buenas y malas estuvieran equilibradas, acabarían en una especie de purgatorio perpetuo llamado Hamestakán.

Considerada la muerte como algo impuro y fruto del espíritu del Mal, los muertos no podían ser enterrados, para no contaminar la tierra; por ello eran expuestos sobre piedras, llamadas "torres del silencio", para que los buitres los devoraran. Este tipo de culto a los muertos, carente de construcciones funerarias, parece que fue también el más idóneo para las tribus nómadas de los medo-persas. Es evidente que no hubiera tenido sentido que gentes que cambiaban de lugar de residencia con frecuencia, dedicaran su tiempo a construir tumbas que, quizá, no volverían a ver jamás.

La presencia del espíritu del Bien quedó reducida entre los mazdeístas a la costumbre de mantener permanentemente encendida una llama que representaba la Luz y la Verdad de "el que todo lo sabe", esto es a Mazda.

La religión mazdeísta fue, sin duda, una de las creaciones culturales más personales e innovadoras de los persas.

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