HISTORIA Y ARTE - LAS CIVILIZACIONES ORIENTALES: Persia - 2ª parte
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Historia y Arte

LAS CIVILIZACIONES ORIENTALES

Persia - 2ª parte


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Economía y sociedad

urante los primeros siglos de su asentamiento en las tierras de la Meseta del Irán, los medos y los persas tuvieron como base económica la ganadería y la agricultura. Las pobres tierras montañosas de los Zagros ofrecieron ciertas posibilidades de pastoreo nómada y los valles permitieron una agricultura de regadío, en la que predominaron el trigo y los árboles frutales.

De la época de esplendor del Imperio Persa han llegado hasta nosotros restos de una red subterránea de canales dedicados al regadío (el transporte del agua bajo tierra impedía las pérdidas por evaporación). Ahora bien, a pesar de estos hallazgos no puede pensarse que la economía de un imperio formado en unas decenas de años tuviera como base lo producido por la tierra.

La base económica de las finanzas de los Aqueménidas (familia a la que pertenecía Ciro II el Grande) fue, sin duda, el sistema de impuestos que se exigieron a los pueblos dominados. Difícilmente hubieran podido los monarcas pagar a sus soldados, construir sus fastuosos palacios, organizar una red de carreteras y de postas o practicar sobornos diplomáticos, de no haber contado con esa fuente de ingresos. La importancia de los impuestos quedó bien reflejada en algunos de los aspectos de la política ejercida por Ciro II o por Darío I. Ciro el Grande se caracterizó por ser un conquistador magnánimo con sus súbditos; no destruía las ciudades conquistadas, mantenía a los gobernantes que se sometían e incluso concedía libertades largamente esperadas. Esa actitud permisiva y nada destructora era, desde luego, la más adecuada para obtener beneficios de las tierras recién sometidas. Ciro debió aprender pronto que de la destrucción nada se podía sacar.

Darío I, por su parte, puso en circulación una moneda, el dárico de oro, que difundió por todas las provincias y que, con un peso estable, servía, entre otras cosas, para fijar los impuestos. También en época de Darío I se aceptó que algunas satrapías pagaran sus tributos en especie; ese fue el caso de Egipto, que pagó con pescado. Es fácil suponer que, si se aceptó un alimento como forma de pago, es porque el Imperio lo necesitaba (parte de la paga de la soldadesca se hacía en especie). La construcción del palacio de Darío en Susa se hizo, en cierto modo, a partir de las aportaciones de los distintos pueblos sometidos, ya que los materiales de construcción e incluso algunos operarios procedían de muy distintas zonas del Imperio.

La propia construcción de una red de comunicaciones con un rápido servicio de mensajeros, debió tener entre sus finalidades la de facilitar no sólo información sobre las distintas satrapías, sino también el cobro de impuestos.

Cabe resaltar, por último, que la región de los persas estaba exenta de impuestos y que su única obligación era la de proporcionar soldados para las tropas del emperador. Esta actividad militar no debió permitir un potente desarrollo de la agricultura ni de la artesanía. Las necesidades de la capital del Imperio y las finanzas del mismo, estuvieron, pues, cubiertas fundamentalmente a partir de los impuestos.

Un relieve de Persépolis, donde se escenifica a dignatarios de diferentes pueblos conquistados portando ofrendas para Darío I
Un relieve de Persépolis, donde se escenifica a dignatarios de diferentes pueblos conquistados portando ofrendas para Darío I

Desde el punto de vista social, la estructura de la sociedad persa fue, como las de su época, piramidal. La diferencia frente a la estructura mesopotámica o egipcia radicó en el hecho de no contener, como clase privilegiada, una casta sacerdotal, ya que la religión de los persas carecía de sacerdotes y de templos. En el vértice estaba el rey, seguido de su familia; en una situación de dignidad inferior se encontraban los sátrapas y jefes militares; los señores locales y los funcionarios del Imperio descendían hasta niveles ínfimos, según su autoridad. En el ejército destacaron los llamados "Diez Mil Inmortales", que constituían la guardia personal del rey. La escala social más baja la constituían los siervos y los esclavos de guerra.

Por último, debe señalarse, que la dominación que los persas ejercieron sobre los distintos países conquistados no supuso, en éstos, cambios fundamentales ni en su economía ni en su estructura social, salvo que en la pirámide de poder era el rey persa, el "Rey de Reyes", quien dominaba.

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