HISTORIA Y ARTE - LAS CIVILIZACIONES ORIENTALES: China - 2ª parte
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Historia y Arte

LAS CIVILIZACIONES ORIENTALES

China - 2ª parte


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Economía y sociedad

a economía china fue siempre, fundamentalmente, agropecuaria. En la zona norte, en las llanuras de loess regadas por el Hoang-ho, donde el clima era templado y continental, se cultivaba el trigo, el mijo y el algodón. Al sur del Yang-tsé-kiang, donde el clima más cálido se iba transformando en tropical, fueron el arroz y los cultivos de huerta los productos agrícolas más explotados.

Junto a la actividad agrícola, la ganadería, la pesca (tanto fluvial como marítima) y la caza fueron ganando importancia a medida que la población iba creciendo.

El rapidísimo crecimiento de la población china, desde épocas antiguas (ya fue notable en el primer milenio a. de C.), hizo de la alimentación uno de los principales problemas de esta civilización. Por esa razón, las técnicas agrícolas evolucionaron muy rápidamente en un proceso que pretendía aumentar la producción. Así, gracias a un trabajo minucioso, al empleo del regadío y a la utilización de abonos, en la China tropical, pronto fue posible llegar a obtener hasta dos cosechas anuales de arroz.

Con respecto a la producción artesanal, deben destacarse, desde épocas tempranas, las cerámicas que, con el tiempo, llegarían a generar las artísticas lozas y porcelanas, típicas de esta civilización. En la industria textil destacó el algodón y, sobre todo, la seda, que daría lugar a un intenso comercio internacional. Fueron también importantes los trabajos en bronce y jade siendo estos últimos, también, objeto del comercio exterior.

La población china se concentró, inicialmente, en torno a los grandes valles fluviales, con un tipo de asentamiento rural y bastante disperso. Esta civilización no generó grandes urbes hasta épocas avanzadas.

La sociedad estaba organizada mediante un sistema jerárquico, en cuya cabeza se encontraba el emperador del llamado "Celeste Imperio" como representante del poder del cielo (los cambios de dinastías se entendieron como una ruptura del contacto entre el emperador y el cielo). En torno a la figura del monarca imperial, cuyo poder era absoluto, se llegaron a organizar cortes fastuosas, donde la riqueza y el lujo eran una muestra del poder del mandatario celeste. En esas cortes se desarrolló, desde época de la dinastía Ts'in (249-206 a. de C.) una notable burocracia que culminaría en época de la dinastía Han (206 a. de C. a 220 d. de C.) con el establecimiento de los mandarines.

Los mandarines eran un tipo de funcionarios que destacaron por sus capacidades para la administración y la justicia, y, sobre todo, por el enorme poder que llegaron a detentar. Con frecuencia su posición privilegiada de auténticos gobernantes les permitió hacerse con grandes posesiones de terreno. Inicialmente, fueron elegidos democráticamente mediante un examen de carácter literario (la capacidad para la poesía era símbolo de sabiduría), pero pronto unas pocas familias transformaron ese examen en algo inalcanzable para los que no pertenecían al clan, con lo que los mandarines pasaron a ser un grupo cerrado en el que no se podía entrar. Esta situación de auténtico privilegio hizo de los mandarines uno de los grupos más inmovilistas de China.

Los grandes propietarios, con frecuencia nobles, constituían el otro grupo privilegiado de la sociedad china.

Los comerciantes y artesanos fueron una clase cuya situación varió mucho según las épocas, ya que su prosperidad dependía de las circunstancias políticas y sociales.

La inmensa mayoría de la población la componían los campesinos, que por lo general, estuvieron sujetos a unas condiciones de vida miserables, en las que el temor al hambre fue casi una constante. Frecuentemente oprimidos por los impuestos y las malas cosechas caían en las manos de los prestamistas, lo que significaba poder perder la libertad.

Las extremas condiciones de la población campesina fueron motivo de numerosas revueltas sociales, algunas de las cuales provocaron la caída de la dinastía en el poder.

La sociedad china estaba fundamentada en un tipo de relación patriarcal, como fruto del respeto a los antepasados, a los que se consideraba como guardianes divinos de la familia.

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