HISTORIA Y ARTE - LA BAJA EDAD MEDIA: Introducción
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Historia y Arte

LA BAJA EDAD MEDIA

Introducción




a Baja Edad Media debe entenderse como un periodo de grandes cambios. Durante los siglos XII al XV reaparecieron las ciudades y se gestaron nuevas formas de vida y de relación social, nuevas estructuras económicas y nuevos intereses culturales. Cada nuevo cambio significó dejar atrás un mundo rural, autárquico, encerrado en sí mismo, que había vivido con el temor de que en el año mil se iba a producir el fin del mundo. Lentamente una nueva mentalidad se fue abriendo paso, y sin ella no sería posible entender el futuro Renacimiento.

El Occidente europeo, en el que se desarrolló el feudalismo durante los primeros siglos de la Edad Media, sufrió hondas transformaciones a partir del siglo XII. De esos cambios, la reaparición de las ciudades fue el más característico. Se trató de un largo proceso que se prolongó hasta el siglo XV.

Una serie de circunstancias favorables, como un clima más benigno, la ausencia de invasiones y un cierto estancamiento de las luchas feudales, unidas a importantes mejoras de las técnicas agrícolas, hicieron que la población del Occidente europeo creciera a un ritmo mucho más rápido que en los siglos anteriores (entre el año 1100 y el 1300 casi se duplicó el número de habitantes). Este crecimiento de la población significó, entre otras cosas, un aumento de la mano de obra. El efecto lógico fue una expansión económica, debida a la mayor capacidad productiva, que favoreció el desarrollo del comercio y de la artesanía y, como consecuencia, la reaparición de la ciudad.

La riqueza agrícola permitió pronto más intercambios, pero la Europa feudal ruralizada y con una economía casi de subsistencia no tenía mucho que ofrecer. Surgieron así, primero tímidamente, numerosos comerciantes que recorrían las ferias y, poco a poco, asociaciones mercantiles que llegaron a dominar amplias zonas y que se asentaban en las ciudades más importantes (los mercaderes italianos al sur de Europa y la Liga Hanseática al norte).

La recuperación del comercio supuso la puesta en circulación del dinero, esto es, la aparición de una economía monetaria y, por tanto, de una nueva forma de riqueza: la posesión de dinero, no necesariamente ligada a la posesión de la tierra.

La vida en las ciudades permitió que muchos individuos desarrollaran actividades que ya nada tenían que ver con el dominio de los señores feudales. Eso hizo de las urbes el marco en el que se conseguían unas nuevas libertades y unas posibilidades de ascenso social que, hasta entonces, habían estado vetadas al pueblo llano. Coincidió todo este proceso con el fortalecimiento de las viejas monarquías, que también deseaban eliminar el poder feudal por lo que utilizaron los burgos o ciudades para sus propios intereses. Así, los reyes concedieron libertades a los habitantes de los burgos buscando el apoyo de las ciudades en su enfrentamiento con los antiguos señores.

Todas estas circunstancias fueron haciendo que las ciudades crecieran y, con ellas, una nueva forma de vida. El proceso fue lento y en cada zona estuvo sujeto a peculiaridades propias. En la España cristiana, donde la ocupación musulmana no había permitido un desarrollo del feudalismo como en el resto del Occidente europeo, las ciudades surgieron, a medida que se producía el proceso de reconquista como fórmula de repoblación y los reyes dieron a los repobladores privilegios y libertades similares a los que obtenían los burgueses del resto de Europa.

De un modo u otro, a partir del siglo XII, comenzó a florecer la vida urbana en el Occidente europeo, significando ese renacer de las ciudades un cambio radical en la economía, en la sociedad y en la mentalidad del hombre bajomedieval.

  

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