HISTORIA Y ARTE - LA ALTA EDAD MEDIA: Mentalidad y pensamiento - 2ª parte
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Historia y Arte

LA ALTA EDAD MEDIA

Mentalidad y pensamiento - 2ª parte


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Papel de la Iglesia y la religión en el mundo feudal

l papa Gregorio Magno, a finales del siglo VI, había impulsado el poder de Roma como capital de la cristiandad y había definido ese poder como espiritual y, por lo tanto, por encima del poder temporal. La Iglesia se situó así en un plano de superioridad que quedó confirmado, en época carolingia, al ser el papa quien coronó a Carlomagno como emperador.

Ahora bien, las numerosas concesiones de tierras que la Iglesia fue recibiendo (amplios territorios a los papas hasta crear los Estados Pontificios y señoríos a los obispos y abades) hicieron que el poder espiritual se completara con un auténtico poder temporal en el gobierno de esos territorios. Se produjo de ese modo una feudalización de la Iglesia que afectó de manera especial al monacato. Las instituciones monásticas habían nacido en Oriente, pero, en el siglo VI,

San Benito de Nursia consideró necesario definir cómo debía ser la vida en los conventos; surgió así "la regla" (modo de vida conventual) benedictina, cuyas dos principales actividades eran la oración y el trabajo ("ora et labora"). El modelo benedictino se extendió rápidamente, coincidiendo esta expansión del monacato, cuyo marco era el mundo rural, con la decadencia de las ciudades y, por lo tanto, de los obispados.

"Ora et labora". Ese precepto de San Benito de Nursia puede verse representado en esta miniatura conservada en la Biblioteca Nacional de París.
"Ora et labora". Ese precepto de San Benito de Nursia puede verse representado en esta miniatura conservada en la Biblioteca Nacional de París.

No obstante, el progresivo enriquecimiento de los monasterios hizo de los abades auténticos señores feudales. No siendo normal que el clero participara de la guerra, ni contara con ejército, los altos jerarcas eclesiásticos pronto actuaron como árbitros de las disputas feudales, adquiriendo con ello un enorme poder. La profunda religiosidad de la época les permitió, en aras del poder espiritual, instituir la llamada "Paz de Dios", según la cual no podía atentarse militarmente en contra de las iglesias ni, por extensión, de los dominios de éstas.

La Paz de Dios prohibía también el ataque a gentes desarmadas (no militares), pero esto sirvió, fundamentalmente, para garantizar la paz en los dominios eclesiásticos, con lo que éstos pudieron crecer y enriquecerse (así en el siglo X los benedictinos poseían las mejores explotaciones agrícolas de Europa). La Paz de Dios fue así la garantía de defensa que los abades pudieron dar a sus vasallos y siervos.

De todos modos no puede negarse que la Iglesia actuó como un elemento pacificador en el seno de la belicosa sociedad feudal. Para ello, junto con la Paz de Dios, instituyó también la "Tregua de Dios", según la cual no podía realizarse la guerra más que algunos días de la semana (los no considerados sagrados, cuya determinación varió con el tiempo).

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