CINEMATOGRAFÍA: Prepara tu rodaje: Tengo una idea para un corto
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Cinematografía

PREPARA TU RODAJE

Tengo una idea para un corto

Fuente: Recursos educativos del Mº de Educación de España (Licencia Creative Commons)




a llegado el momento de que pases a la acción. Con todo lo que has aprendido en los bloques anteriores ya te has podido formar una idea de cómo se organiza un rodaje y cuáles son sus necesidades. Ahora te proponemos que te animes a rodar tu propio cortometraje y que conviertas en un producto audiovisual tus propias ideas.

A lo largo de este bloque te ofrecemos una guía para ayudarte a llevar a cabo tus ambiciones recordándote cosas ya vistas anteriormente pero aplicadas a niveles que estén a tu alcance.

Te proponemos cómo escribir tu propio guión. Te recordamos cuales son las necesidades básicas que habrás de cubrir. Verás algunas recomendaciones de cómo obtener y administrar tu presupuesto. Insistiremos, qué duda cabe, en que todo rodaje es un trabajo de equipo y te guiaremos para que elijas al grupo de colaboradores más acertado y dotado para cada labor.

¿Sabías que...?

…en España se realizan cada año, entre formato cine y vídeo, miles de cortometrajes?

Pasaremos a sugerirte el modo de organizar todo el maremagnum que supone una película. Advertirás que, salvando las distancias de la preparación y la experiencia, un rodaje con poco presupuesto es muy similar a uno de grandes dimensiones, tanto en su organización ...como en su caos. Pero nuestra intención es animarte a que logres llevar adelante tus sueños y por ello te mostraremos que, al igual que en la gran mayoría de los filmes, también aquí hay un final feliz.

Por último te explicaremos cuáles son las vías para que tu corto cumpla con la función esencial para la que es creado: ser exhibido ante un público.

Tu idea

Todo el mundo tiene ideas. Todos conocemos a alguien que alguna vez nos ha dicho que le ha sucedido algo increíble o que la historia de su vida, o la de su familia, darían para una película. Sin embargo, sólo un reducido número de personas se deciden a utilizar su tiempo en desarrollar fílmicamente estas ideas; menor es el grupo de gente que controla las normas de escritura cinematográfica y muchos menos aún son los que superan las primeras fases de este laborioso esfuerzo. Una idea es algo etéreo e inconsistente, algo menos que una semilla. Pero es el principio.

SIEMPRE hay que apuntar las ideas, por ello parece adecuado para aquellos que tengan el gusanillo del cine entre las venas llevar un bolígrafo o un lápiz y un papel encima. Nada hay más frustrante que recordar que se ha tenido una buena idea y que se ha olvidado. Si apuntáramos todo lo que nos sorprende, nos llama la atención o se nos ocurre espontáneamente, obtendríamos al día ideas para cientos de historias…de las que quizá valdría la pena desarrollar una o ninguna. Ciertamente, parece sensato ser modestos: no podemos creer que por el simple hecho de que se nos ocurra algo, esa idea es de por sí interesante como para invertir un esfuerzo y un tiempo en llevarla adelante. Una idea no es una historia y llegar a alguna conclusión necesita recorrer una serie de pasos..

Primer paso. Intentemos obtener una historia de esa idea. Invirtamos unas horas, unos días, unas semanas, en convertir esa pequeña anécdota, frase o situación en un boceto de historia. Pueden darse tres circunstancias:

  1. No obtenemos nada en claro y la desechamos.

  2. Surge un storyline que nos resulta potencialmente atractivo.

  3. Obtenemos un storyline que no conserva nada de la idea original pero nos parece interesante.

Segundo paso. Dejemos leer o contemos nuestro proyecto a otras personas, amigos, conocidos y familiares para obtener algunos juicios y valoraciones. Cuando algo nos ha costado llevarlo a cabo nos resulta más difícil valorarlo negativamente. Sea cual sea la respuesta obtenida, sólo hay una vía a seguir: hay que trabajarlo más, ya sea para mejorar lo rechazado o ya sea para no conformarse con los halagos (lo normal es que los amigos y familiares nos apoyen entusiasmados, pero ello no debe cegarnos). La clave es el trabajo. En el mundo del cine el 99 % trabajo y el 1 % restante inspiración.

Cinematografía: El equipo humano © Foto: J. C. Alfeo
El equipo humano © Foto: J. C. Alfeo

Tercer paso. Creer en las normas establecidas en la industria. Somos libres para pensar que estamos haciendo algo tan novedoso que podemos ignorar las reglas, pero esto sólo suele ser la consecuencia de un exceso de soberbia. En el 90 % de las ocasiones en que alguien defiende un trabajo argumentando que las normas están para saltárselas es porque no ha sabido utilizarlas para hacer mejor su labor. En el contexto de este texto, debes remitirte al apartado sobre guión y a su bibliografía y después empieza a escribir tu proyecto. Recuerda: las normas están para saltárselas…cuando ya se dominan.

Cuarto paso. Ya has escrito tu guión. Léelo, considéralo…y vuelve a escribirlo. Hasta que no hagas varias versiones no conseguirás reducirlo a su esencia, a lo verdaderamente ameno e interesante que quieres transmitir. Haz tres, cuatro, cinco versiones… aún así, seguro que siempre habría sido mejor hacer una nueva revisión. En el cine español la media es hacer cinco versiones por cada guión de largometraje.

Vas a hacer un cortometraje, cuya definición oficial es: un relato audiovisual que dura entre un segundo y 59 minutos con 59 segundos. A partir de la hora ya se considera largometraje. La duración más conveniente para un corto es de máximo veinte minutos, si realmente estamos narrando algo muy, muy interesante. Si somos lo bastante humildes como para aceptar que estamos empezando y aún no dominamos el lenguaje, es prudente limitarse, como mucho, a los diez minutos de duración.

No pongamos trabas a nuestra imaginación, pero seamos realistas y consideremos los medios de que disponemos. La única cortapisa que no debemos permitirnos es la autocensura, el mayor enemigo de la creatividad. No nos dejemos limitar por los prejuicios y los tabúes.

  

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