{"id":999,"date":"2010-12-10T17:48:50","date_gmt":"2010-12-10T15:48:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=999"},"modified":"2018-12-22T03:12:45","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:45","slug":"el-caudillo-de-las-manos-rojas-gustavo-adolfo-becquer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/el-caudillo-de-las-manos-rojas-gustavo-adolfo-becquer\/","title":{"rendered":"\u00abEl caudillo de las manos rojas\u00bb [Gustavo Adolfo B\u00e9cquer]"},"content":{"rendered":"<p>(TRADICI\u00d3N INDIA)<\/p>\n<p><em>CAPITULO PRIMERO<\/em><\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0El sol ha desaparecido tras las cimas del Habwi, y la sombra de esta monta\u00f1a envuelve con un velo de cresp\u00f3n a la perla de las ciudades de Orisa, a la gentil Kattak, que duerme a sus pies, entre los bosques de canela y sicomoros, semejante a una paloma que descansa sobre un nido de flores.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0El d\u00eda que muere y la noche que nace luchan un momento, mientras la azulada niebla del crep\u00fasculo tiende sus alas di\u00e1fanas sobre los valles robando el color y las formas a los objetos, que parecen vacilar agitados por el soplo de un esp\u00edritu.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u00a0Los confusos rumores de la ciudad, que se evaporan temblando; los melanc\u00f3licos suspiros de la noche, que se dilatan de eco en eco repetidos por las aves; los mil ruidos misteriosos que, como un himno a la divinidad, levanta la creaci\u00f3n al nacer y al morir el astro que la vivifica, se unen al murmullo del Jawkior, cuyas ondas besa la brisa de la tarde, produciendo un canto dulce, vago y perdido como las ultimas notas de la improvisaci\u00f3n de una bayadera.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>\u00a0La noche vence, el cielo se corona de estrellas y las torres de Kattak, para rivalizar con \u00e9l se ci\u00f1en una diadema de antorchas. \u00bfQuien es ese caudillo que aparece al pie de sus muros al mismo tiempo que la luna se levanta entre ligeras nubes m\u00e1s all\u00e1 de los montes a cuyos pies corre el Ganges como un inmensa serpiente azul con escamas de plata?.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00a0\u00c9l es. \u00bfQue otro guerrero de cuantos vuelan como la saeta a los combates y a la muerte, tras el estandarte de Schiven, meteoro de la gloria, puede adornar sus caballos con la roja cola del ave de los dioses indios, colgar a su cuello la tortuga\u00a0 de oro\u00a0 o suspender su pu\u00f1al de mango de \u00e1gata del amarillo schal de cachemira, sino Pulo-Dheli, raj\u00e1 de Dakka, rayo de las batallas y hermano de Tippot-Dheli, magnifico rey de Orisa, se\u00f1or de se\u00f1ores, sombra de dios e hijo de los astros luminosos.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>\u00a0Es \u00e9l, ning\u00fan otro sabe prestar a sus ojos , ya el melanc\u00f3lico fulgor de lucero de alba, ya el siniestro brillo de la pupila del tigre, comunicando a sus oscuras facciones el resplandor de una noche serena o el aspecto terrible de una tempestad en las a\u00e9reas cumbres de Davalagiri. Es \u00e9l; pero \u00bfque aguarda? \u00a0<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>\u00a0\u00bfO\u00eds las hojas suspirar bajo la leve planta de una virgen? \u00bfVeis flotar entre las sombras los extremos de su di\u00e1fano schal y las orlas de su blanca t\u00fanica? \u00bfPercib\u00eds la fragancia que la precede como la mensajera de un genio? Esperad y la contemplareis al primer rayo de la solitaria viajera de la noche; esperad y conocer\u00e9is a Siannah, la prometida del poderoso Tippot-Dheli, la amante de su hermano, la virgen a quien los poetas de su naci\u00f3n comparan a la sonrisa de Bermach, que lucio sobre el mundo cuando este sali\u00f3 de sus manos; sonrisa celeste, primera aurora de los orbes.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>\u00a0Pulo percibe el rumor de sus pasos; su rostro resplandece como la cumbre que toca el primer rayo del sol, y sale a su encuentro. Su coraz\u00f3n, que no ha palpitado en el fuego de la pelea ni en la presencia del tigre, lata violento bajo la mano que se llaga a \u00e9l, temiendo se desborde la felicidad que ya no basta a contener. &lt;&lt;\u00a1Pulo!&gt;&gt;, &lt;&lt;\u00a1Siannah!&gt;&gt;, exclaman al verse y caen el uno en los brazos del otro. En tanto, el Jawkior, salpicando con sus ondas las alas del c\u00e9firo, huye al morir al Ganges, y el Ganges al golfo de Bengala, y el golfo al oc\u00e9ano. Todo huye; con las aguas, las horas; con las horas;\u00a0 la felicidad, la vida. Todo huye a fundirse en la cabeza de Schiven, cuyo cerebro es el caos, cuyos ojos son la destrucci\u00f3n y cuya esencia es la nada.<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0Ya la estrella del alba anuncia el d\u00eda; la luna se desvanece como una ilusi\u00f3n que se disipa y los sue\u00f1os, hijos de la oscuridad, huyen con ella en grupos fant\u00e1sticos. Los dos amantes permanecen aun bajo el verde abanico de una palmera, mudo testigo de su amor y sus juramentos, cuando se eleva un sordo ruido a sus espaldas.<\/p>\n<p>Pulo vuelve el rostro, exhala un grito agudo y ligero como el del chakal, y retrocede diez pies de un solo salto haciendo brillar al mismo tiempo la hoja de su agudo pu\u00f1al damasquino.<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>\u00a0\u00bfQue ha puesto pavor en el alma del valiente caudillo? \u00bfA caso esos dos ojos que brillan en la oscuridad son los del manchado tigre o los de la terrible serpiente? No. Pulo no teme al rey de las selvas ni al de los reptiles; aquellas pupilas que arrojan lamas pertenecen\u00a0 a un hombre, y aquel hombre es su hermano.<\/p>\n<p>Su hermano a quien arrebataba su \u00fanico amor; su hermano, por quien estaba desterrado de Orisa; el que por ultimo juro su muerte si volv\u00eda a Kattak, poniendo la mano sobre el ara de su dios.<\/p>\n<p>XI<\/p>\n<p>\u00a0Siannah le ve tambi\u00e9n, se coagula la sangre en sus venas y queda inm\u00f3vil, como si la mano de la muerte lo tuviera asido por el cabello. Los dos rivales se contemplan un instante de pies a cabeza; luchan con las miradas, y exhalando un grito ronco y salvaje, se lanzan el uno sobre el otro, como dos leopardos que se disputan una presa&#8230; Corramos un velo sobre los cr\u00edmenes de nuestros antepasados; corramos un velo sobre las escenas de luto y horror de que fueron causa las pasiones de los que ya est\u00e1n en el seno del grande esp\u00edritu.<\/p>\n<p>XII<\/p>\n<p>\u00a0El sol nace en Oriente; dir\u00edase al verlo que el genio de la luz, vencedor de las sombras, ebrio de orgullo y majestad, se lanza en triunfo sobre su carro de diamantes, dejando en pos de si, como la estela de un buque, el polvo de oro que levantan sus corceles en el pavimento de los cielos. Las aguas, los bosques, las aves, el espacio, los mundos, tienen un asola voz, y esta voz entona el himno del d\u00eda. \u00bfQuien no siente saltar su coraz\u00f3n de jubilo a los ecos de este solemne c\u00e1ntico?<\/p>\n<p>XIII<\/p>\n<p>\u00a0S\u00f3lo un mortal; vedle all\u00ed. Sus ojos desencajados est\u00e1n fijos con una mirada est\u00fapida en la sangre que ti\u00f1e sus manos; en balde, saliendo de su inmovilidad y embargado de un frenes\u00ed terrible, corre a lav\u00e1rselas en las orillas del Jawkior; bajo las cristalinas ondas , las manchas desaparecen; m\u00e1s apenas retira sus manos, la sangre, humeante y roja, vuelve a te\u00f1irlas. Y torna a las ondas, y torna a aparecer la mancha, hasta que el cabo exclama con un acento de terrible desesperaci\u00f3n:<\/p>\n<p>-\u00a1Siannah! \u00a1Siannah! la maldici\u00f3n del cielo ha ca\u00eddo sobre nuestras cabezas.<\/p>\n<p>\u00bfConoc\u00e9is a ese desgraciado a cuyos pies hay un cad\u00e1ver y cuyas rodillas abraza una mujer? Es Pulo-Dheli, rey de Orisa, magnifico se\u00f1or de se\u00f1ores, sombra de Dios e hijo de los astros luminosos por la muerte de su hermano y antecesor.<\/p>\n<p><em>CAPITULO II<\/em><\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0-\u00bfDe qu\u00e9 me sirven el poder y la riqueza si una v\u00edbora enroscada en el fondo de mi coraz\u00f3n lo devora, sin que me sea dado arrancarla de su guarida? \u00a1Ser rey, se\u00f1or de se\u00f1ores; ver cruzar ante los ojos, como las visiones de un sue\u00f1o, las perlas, el lodo, los placeres y la alegr\u00eda; verlos cruzar al alcance de la mano y, al tenderla para asirlos, encontrar todo cuanto toca manchado en sangre!&#8230; \u00a1Oh! \u00a1Esto es espantoso!<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed exclama Pulo, revolc\u00e1ndose sobre la p\u00farpura de su lecho y torci\u00e9ndose las manos a impulsos de su terrible desesperaci\u00f3n. En balde el humo de los pebeteros embalsama la opulenta c\u00e1mara; en balde la seda de brillantes colores se ha extendido sobre diez pieles de tigre para que descansen sus miembros; en balde han invocado los bracmines por siete veces al esp\u00edritu del reposo y al genio de los sue\u00f1os de n\u00e1car; el Remordimiento, sentado a la cabecera del lecho, los ahuyenta con un grito l\u00fagubre y prolongado, grito que resuena incesante en el o\u00eddo de Pulo, que golpea su frente con dolor al escucharlo.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u00a0Los genios que cruzan en numerosas caravanas sobre dromedarios de zafiro y entre nubes de \u00f3palo; las schiwas de ojos verdes como las olas del mar, cabellos de \u00e9bano y cinturas esbeltas como los juncos de los lagos; los cantares de los esp\u00edritus invisibles que refrescan con sus alas los cansados p\u00e1rpados de los justos, no pasan con una tromba de luz y de colores en el sue\u00f1o del criminal.<\/p>\n<p>Gigantes cataratas de sangre negra y espumosa que se estrellan bramando sobre las oscuras pe\u00f1as de un precipicio terrible; im\u00e1genes espantosas y confusas de desolaci\u00f3n y terror; estos son los fantasmas que engendra su mente durante las horas del reposo.<\/p>\n<p>IV Por eso el magnifico se\u00f1or de Orisa no puede gustar la copa del bele\u00f1o con que los dioses brindan a sus escogidos. Por eso, apenas la aurora abre las puertas al d\u00eda, se lanza del lecho, se desnuda de sus vestidos, que abrillantan las perlas y el oro, y, depositando un beso sobre la frente de su amada, sale del palacio en traje de un simple cazador, dirigi\u00e9ndose hacia la parte de la ciudad que domina la cumbre de Jabwi.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00a0Como la mediaci\u00f3n de esta monta\u00f1a, nace un torrente que se derrumba en sabanas de plata hasta bajar a la llanura, donde, refrenando sus \u00edmpetu, se desliza silencioso entre las guijas y las flores, para ir a confundir sus rizadas ondas con las ondas del Jawgior. Una gruta natural, formada de enormes pe\u00f1ascos que parecen pr\u00f3ximos a desplomarse, sirve de taza a estas olas en su nacimiento. All\u00ed, transparentes y sombr\u00edas sus aguas, parecen dormir sin que las turbe otro rumor que el mon\u00f3tono ruido del manantial que las alimenta, el suspiro de la brisa que viene a humedecer sus alas en la linfa o el salvaje grito de los c\u00f3ndores que se lanzan a las nubes como una flecha disparada.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>\u00a0Pulo, ya fuera de los muros de la ciudad, manda retirarse a los que le siguen y emprende solo y sumido en hondas meditaciones el camino que , serpenteando entre las rocas y las cortaduras, se dirige a la gruta donde nace el torrente que ya salpica su rostro con el polvo de sus aguas. \u00bfDonde va el se\u00f1or de Orisa? \u00bfPor que, desnud\u00e1ndose de\u00a0 su recamada t\u00fanica, del amarillo schal, emblema misterioso y del amuleto de los reyes cambia sus vestiduras por el tosco traje de un simple cazador? \u00bfViene a los montes a buscar a las fieras en su guarida? \u00bfViene ansioso de encontrar la soledad \u00fanico b\u00e1lsamo de las penas que el resto de los hombres no comprenden?<\/p>\n<p>VII No. Cuando el regio morador de Kattak abandona su alc\u00e1zar para acosar en sus dominios al soberbio le\u00f3n o al rayado tigre, cien bocinas de marfil fatigan el eco de los bosques, cien \u00e1giles esclavos le preceden arrancando las malezas de los senderos y alfombrando el lugar en que ha de poner sus plantas; ocho elefantes conducen su tienda de lino y oro y veinte rajas siguen su paso disput\u00e1ndose el honor de conducir su alejo de \u00f3palo. \u00bfViene a buscar la soledad? Imposible. La soledad el imperio de la conciencia.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>\u00a0El sol toca a la mitad de su viaje, y Pulo a su t\u00e9rmino. A sus pies salta el torrente, sobre su cabeza esta la gruta en que duerme el manantial que lo alimenta, manantial sagrado que broto de las hendiduras de una roca para templar la sed del dios Vichen\u00fa cuando, destinado de los cielos, venia a cazar en las faldas del Jabwi durante la noche. A datar de aquella \u00e9poca remota, un bracm\u00edn vela constantemente en el muro de la gruta, dirigiendo sus oraciones al dios para que conserve las maravillosas virtudes en que, seg\u00fan una venerable tradici\u00f3n, abunda las sagradas linfas.<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>\u00a0El ultimo de estos sacerdotes que, encendidos en amor por la divinidad, han consagrado sus d\u00edas a venerarla en contemplaci\u00f3n de sus obras, es un anciano cuyo origen envuelve un misterio profundo: nadie sabe la \u00e9poca en que llego a Kattak para guarecerse en la gruta de Vichen\u00fa. Raj\u00e1s venerables sobre cuya cabeza han lucido m\u00e1s de cuarenta mil soles, aseguran que en su juventud el bracm\u00edn del torrente tenia ya los cabellos blancos y la frente inclinada. El pueblo le mira con temor y respeto cuando por casualidad baja la llanura. Dicen que las serpientes danzan a su voz, que los c\u00f3ndores le traen su alimento y que el genio de aquellas aguas, a quien debe la inmortalidad, le revela los arcanos futuros. Otros aseguran que el mismo no es otra cosa que un esp\u00edritu bajo las formas de un bracm\u00edn.<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>\u00a0\u00bfQui\u00e9n es? \u00bfDe d\u00f3nde vino\u00a0 y qu\u00e9 hace? Se ignora; pero los que se sienten con el valor necesario para llegar hasta la gruta en que habita suben a ella para\u00a0 pedirle un remedio contra los males desesperados, una revelaci\u00f3n para conocer el termino de las empresas\u00a0 arriesgadas, una penitencia suficiente a lavar un crimen que ni la sangre borrar\u00eda. Uno de estos es Pulo, porque a la gruta del torrente se dirige. Conociendo que las leves expiaciones que los aduladores bracmines de Kattak le impusieron no bastaban a desterrar sus remordimientos, sube a consultar al solitario de Jabwi, solo y de inc\u00f3gnito para que la pompa real no turbe el esp\u00edritu y selle los labios del profeta.<\/p>\n<p>XI<\/p>\n<p>\u00a0Pulo llega, a trav\u00e9s de las zarzas que rodean como un fest\u00f3n los bordes del torrente, hasta la entrada de la gruta. All\u00ed ve una ancha vasija de cobre suspendida de las ramas de una palmera, para que el viajero apague sus sed. El caudillo toca por tres veces con el mango de su yathag\u00e1n, y el cobre resta\u00f1a, produciendo un sonido met\u00e1lico y misterioso que se pierde vibrando con el rumor de las olas. Un momento transcurre, y el solitario aparece.<\/p>\n<p>-Elegido del grande esp\u00edritu -exclama al verle el caudillo, inclinando la frente-, que el enojo de Schiwen no se amontone sobre tu cabeza como las brumas en las cimas de los montes.<\/p>\n<p>-Hijo de los mortales -replica el anciano sin responder a su salutaci\u00f3n-, \u00bfque me quieres?<\/p>\n<p>XII<\/p>\n<p>\u00a0-Consultarte.<\/p>\n<p>-Habla.<\/p>\n<p>-Yo he cometido un crimen. Un crimen horroroso cuyo recuerdo abruma mi alma como una pesadilla eterna. En vano consulte a los adivinos de Bracma. Las penitencias que me impusieron han sido in\u00fatiles. El remordimiento vive aun en mi coraz\u00f3n. El fantasma de la v\u00edctima me\u00a0 sigue a todas partes. Se ha hecho sombra de mi cuerpo, el rumor de mis pasos. Tu, a quien todos los dioses se dignan visitar; tu, que lees el porvenir en los astros y en las arenas que arrastran los r\u00edos, dime: \u00bfcuando quedara lavada mi alma de este crimen?<\/p>\n<p>-Cuando la sangre que mancha tus manos, que en balde me ocultas, haya desaparecido -exclama el terrible bracm\u00edn, lanzando una mirada de indignaci\u00f3n al pr\u00edncipe, que permanece aterrado ante aquella prueba de la sabidur\u00eda del solitario.<\/p>\n<p>XIII<\/p>\n<p>\u00a0-\u00bfMe conoces? -prorrumpe Pulo al fin, saliendo se su estupor.<\/p>\n<p>-No te conozco, pero s\u00e9 quien eres.<\/p>\n<p>-\u00bfQuien soy?<br \/>\n-El matador de Tippot-Dheli.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe inclina la cabeza a estas palabras, como herido de un rayo, y el bracm\u00edn prosigue de este modo:<\/p>\n<p>-En la pasada noche, cuando el sue\u00f1o hab\u00edas descendido sobre los p\u00e1rpados de los mortales yo velaba. Un sordo rumor se elevo por grados del fondo del agua sagrada, rumor confuso como el hervidero de cien legiones de abejas. Una manga de aire fr\u00edo y silencioso vino por la parte de Oriente, rizo las ondas y toco con las puntas de sus humedad alas mi frente. A su contacto, mis nervios saltaron y se helo el tu\u00e9tano de mis huesos; aquel soplo era el aliento de Vichen\u00fa. Poco despu\u00e9s sent\u00ed su diestra, tan pesada como un mundo, descansar sobre mi hombro, en tanto que me contaba al o\u00eddo tu historia.<\/p>\n<p>XIV<\/p>\n<p>\u00a0-Ahora bien: pues conoces mi delito, dime la manera de hacer que desaparezcan de mis manos estas terribles manchas.<\/p>\n<p>El bracm\u00edn permanece en silencio y el pr\u00edncipe prosigue:<\/p>\n<p>-\u00a1Que! \u00bfMi sangre toda no podr\u00e1 borrar esta sangre?<\/p>\n<p>-Lo ignoro; es muy corta tu vida para expiar ese delito y Schiwen esta airado porque has hecho uso de tus facultades para la destrucci\u00f3n, obra que a el solo esta encomendada.<\/p>\n<p>-Pues bien: si tu lo ignoras, consultemos a Vichen\u00fa. El me proteger\u00e1 contra su hermano. Penetremos en la gruta sagrada.<\/p>\n<p>-\u00bfHas ayunado las tres lunas?<\/p>\n<p>-Si.<\/p>\n<p>-\u00bfHas huido del lecho nupcial por siete noches?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfHas dejado de cazar durante nueve d\u00edas?<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>-Entonces, s\u00edgueme.<\/p>\n<p>Algunos momentos despu\u00e9s de este corto dialogo, sus interlocutores se hallaban en el fondo de la misteriosa gruta&#8230;<\/p>\n<p>XV<\/p>\n<p>\u00a0Lo que paso en aquel recinto se ignora. La tradici\u00f3n guarda una idea confusa, y el principie por quien esto se supo habla vagamente de sierpes monstruosas y aladas que se precipitaron en las ondas del torrente, para aparecer de nuevo en forma de animales desconocidos y fant\u00e1sticos; de conjuros tan temibles que a veces se cubr\u00eda de manchas el sol y los montes se estremec\u00edan como ca\u00f1as; de lamentos y aullidos tan espantosos, que la sangre se helaba al escucharlos.<\/p>\n<p>XVI<\/p>\n<p>\u00a0Las palabras del Dios se guardan, y son estas: &lt;&lt;Asesino marcado por Schiwen con un sello de eterna infamia, voy a darte mis consejos para que puedas expiar tu crimen: sube por las orillas del Ganges, y a trav\u00e9s de los pueblos feroces que habitan sus riberas, hasta encontrar sus fuentes. El remoto pa\u00eds del T\u00edbet, a quien defiende como un gigante muro la cordillera del Himalaya es el termino de tu viaje.\u00a0 Cuando llegues a el, lava tus manos en el mas escondido de los manantiales y a la hora en que el valiente Tippot cayo a tus plantas. Si en el discurso de tu peregrinaci\u00f3n no conoces a tu esposa Siannah, que deber\u00e1 acompa\u00f1arte, la sangre desaparecer\u00e1 de tus manos&gt;&gt;. \u00a0<\/p>\n<p>XVII<\/p>\n<p>\u00a0\u00bfQuien es ese peregrino que se apoya en un grosero cayado de abedul y que en la sola compa\u00f1\u00eda de una mujer hermosa, pero humildemente ataviada, sale por una de las puertas del Kattak al mismo tiempo que la luna se desvanece ante los rayos del astro del d\u00eda? Es el: Pulo-Dheli, magnifico rey de Orisa, se\u00f1or de se\u00f1ores, sombra de Dios e hijo de los astros luminosos.<\/p>\n<p><em>CAPITULO III<\/em><\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0Los peregrinos tocan al termino de su viaje; ya han dejado a sus espaldas las f\u00e9rtiles e inmensas llanuras de Nepaul; ya han visto a Benares, celebre por sus alc\u00e1zares, cuyos cimientos besa el sagrado r\u00edo que divide al Indost\u00e1n del imperio de los birmanes. Como las creaciones de una visi\u00f3n celeste, han cruzado ante sus ojos Palna, famosa por sus templos, sus mujeres y sus tapicer\u00edas; Dakka, la ciudad que teji\u00f3 el velo para el santuario de los dioses con las trenzas de \u00e9vano de sus v\u00edrgenes; Gvalior, escudo del reino de Sindiak, cuyos muros detienen a las nubes en su vuelo.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0Tambi\u00e9n han gustado el reposo a la sombra de los inmensos pl\u00e1tanos de Dehli, concha que guarda a al perla de los reyes presentando una ofrenda de miel y flores al genio protector de Allad-Abad, ciudad que debe sus nombre a las caravanas de peregrinos que todos los puntos de la India acuden a sus templos, m\u00e1s numerosos que las hojas de los bosques y las arenas del Oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u00a0Cuarenta lunas han nacido despu\u00e9s que abandonaron su alc\u00e1zar; pero \u00bfQuien podr\u00e1 enumerar los pa\u00edses que han cruzado, los bosques que les han prestado su sombra, los r\u00edos que han apagado su sed? El Kian-gar, conocido por el de las aguas rojas; el Espuri, cuya mansa corriente arrastra oro bastante a construir con el un alc\u00e1zar soberbio; los Senwads, bosques sombr\u00edos donde el boa se desliza con el rumor de la lluvia; Lahorre, la madre de los guerreros; cachemira, la virgen de los siete schales de amianto, y cien y cien otros pa\u00edses, ciudades, bosques, torrentes, r\u00edos y monta\u00f1as, que hasta llegar a las cordilleras del Himalaya se extienden sobre las inmensas llanuras de la India.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>\u00a0Pero ya tocan al deseado t\u00e9rmino, ya han salido de las mas terribles de las pruebas atravesando a par del Ganges el valle del Ac\u00edbar, llamado as\u00ed no tanto por los arboles que produce, de los que se extrae este licor, como por las amarguras que padecen los infelices que se ven en la necesidad de atravesarlo. Y Pulo atraves\u00f3 las rocas que lo erizan llevando a Siannah sobre sus espaldas.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00a0El sol lanza sus rallos perpendiculares sobre la tierra. Los viajeros fatigados de su trabajosa jornada, reposan a la orilla del r\u00edo, a cuya fuente se aproximan. Un boabad corpulento y magnifico les presta su sombra, capaz de cubrir a una tribu de guerreros. Entre las brumas del lejano horizonte se lanza al vac\u00edo el Himalaya, y, empinado sobre sus cumbres, el Dawalagiri, que pasea sus miradas sobre medio mundo.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>\u00a0Un aura fresca mece las magnolias y los tulipanes que crecen entre los juncos de la ribera y enjuga el sudor de sus frentes. El bulbul, sobre las ramas de un penachudo talipot, entona un canto melanc\u00f3lico y suav\u00edsimo, y entre las r\u00e1fagas de luz que reverberan las arenas cruzan di\u00e1fanos como el \u00e1mbar mir\u00edadas de p\u00e1jaros y de insectos con ropajes de oro y azul, de cresp\u00f3n y esmeraldas.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>\u00a0Todo convida al descanso. Pulo y Siannah, despu\u00e9s de refrescar sus labios con algunas de las deliciosas frutas del bosque, apagan su sed en las cristalinas ondas que corren, produciendo al besar las orillas un ruido manso y melanc\u00f3lico, semejante al arrullo de un t\u00f3rtola. Al agradable son de las aguas y de las hojas que se agitan como abanicos de esmeraldas sobre sus cabezas recuerdan en dulces coloquios, y con esa especie de satisfacci\u00f3n con que se menciona el peligro pasado, las mil aventuras de que han sido h\u00e9roes durante su peregrinaci\u00f3n, los pa\u00edses que han recorrido, las maravillas que, como un panorama magnifico, se han desplegado a sus ojos. Forman proyectos sobre el porvenir y sobre la felicidad que les espera cuando hayan cumplido la expiaci\u00f3n pr\u00f3xima a satisfacerse. Sus palabras se atropellan llenas de un fuego y de un calor viv\u00edsimo despu\u00e9s va poco a poco languideciendo su dialogo; dir\u00edase que hablan una cosa y piensan otra. Por ultimo, algunas frases vagas e incoherentes que preceden al Silencio, que, con un dedo sobre el labio, se sienta a la par de los amantes sin ser sentido.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>\u00a0El sol cae a plomo sobre la gran llanura. La frente del pr\u00edncipe descansa sobre las rodillas de su esposa. Todo a su alrededor calla o duerme. En los pa\u00edses tropicales el mediod\u00eda es la noche de la naturaleza. Solo interrumpe en esta calma profunda el grito breve y agudo del bengal\u00ed, el zumbido mon\u00f3tono y tenaz de los insectos que voltean en el aire brillando a la luz del sol como un torbellino de piedras preciosas, y la acelerada respiraci\u00f3n de Siannah, sonora y encendida como la del que sue\u00f1a embriagado con opio. Los peregrinos permanecen en silencio. \u00bfQue ideas cruzan por su mente? \u00a0<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>\u00a0Hay momentos en que el alma se desborda como un baso de mirra que ya no basta a contener el perfume; instantes en que flotan los objetos que hieren nuestros ojos, y con ellos flota la imaginaci\u00f3n. El esp\u00edritu se desata de la materia y huye, huye a trav\u00e9s del vac\u00edo a sumergirse en las ondas de luz, entre las que vacilan los lejanos horizontes.<\/p>\n<p>La mente no se halla en la tierra ni en el cielo. Recorre un espacio sin limites ni fondo, oc\u00e9ano de voluptuosidad indefinible, en el que empapa sus alas para remontarse a las regiones en donde habita el amor.<\/p>\n<p>Las ideas vagan confusas, como esas concepciones sin forma ni color que se ciernen en el cerebro del poeta; como esas sombras, hijas del delirio, que nos llaman al pasar y huyen, nos brindan amor y se desvanecen entre nuestros brazos.<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>\u00a0Pulo es el primero que interrumpe el silencio.<\/p>\n<p>-\u00a1Cuan dulce es -dice- percibir el aliento de la mujer que se ama, ese aliento que se escapa de unos labios encendidos, atropell\u00e1ndose en ellos como olas de ambros\u00eda que vienen a expirar sobre una playa de rub\u00edes! Si me fuera posible, \u00a1oh hermosa Siannah!, explicarte lo que el murmullo de tu respiraci\u00f3n me dice&#8230; Suena en mi o\u00eddo como una voz ins\u00f3lita que murmulla palabras desconocidas en un idioma extra\u00f1o y celeste. Me recuerda los d\u00edas de mi infancia, aquellas horas sin nombre que preced\u00edan a mis sue\u00f1os de ni\u00f1o, aquellas horas en que los genios, volando alrededor de mi cuna me narraban consejas maravillosas que, embelesando mi esp\u00edritu formaban la base de mis delirios de oro. \u00bfNo es cierto, hermosa m\u00eda, que hasta la aroma que precede al objeto de nuestro amor, el tenue y d\u00e9bil crujido de su t\u00fanica, tienen palabras, dicen algo que los dem\u00e1s no comprenden.<\/p>\n<p>XI<\/p>\n<p>\u00a0Siannah calla; sus labios entreabiertos y rojos dejan escapar suspiros ardientes, y en su pupila h\u00fameda, azul y dilatada, brilla un punto luminoso semejante al reflejo de una estrella en un lago.<\/p>\n<p>-Pulo -exclama al fin, como volviendo de un \u00e9xtasis que la hubiese alejado por algunos instantes de la tierra-, \u00bfes cierto que existe un \u00e1rbol cuya sombra causa la muerte?<\/p>\n<p>-Es cierto-responde el pr\u00edncipe-. El dios Schiwen lo creo para destruir a los mortales, y su hermano Vichen\u00fa, apiad\u00e1ndose de nuestra infelicidad, se lo dio a conocer a Bracma, su elegido.<\/p>\n<p>Siannah vuelve a su muda agitaci\u00f3n. Su esposo, en tanto, la contempla con un sentimiento de ternura indescriptible.<\/p>\n<p>XII<\/p>\n<p>\u00a0-Pulo -exclama a los pocos instantes la hermosa-, \u00bfes verdad que existe un \u00e1rbol cuya sombra agita la sangre en las venas y enciende el amor?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfLo conoces?<\/p>\n<p>-Lo conozco, aun cuando ignoro su nombre. Mas&#8230;\u00bfPorque me haces esa pregunta tan extra\u00f1a?<\/p>\n<p>-No se&#8230; la sombra de este bosque me hace mal&#8230;prosigamos nuestra jornada.<\/p>\n<p>-\u00a1Proseguir, cuando el sol abrasa las arenas! esperemos a que la brisa de la tarde se levante del golfo y la luz comience a palidecer.<\/p>\n<p>-Esperemos-murmura Siannah-; pero, entre tanto aparta tus ojos de los m\u00edos, vu\u00e9lvelos al cielo o duerme; m\u00e1s no me los claves en el alma.<\/p>\n<p>XIII<\/p>\n<p>\u00a0-Bien dices. Mis ojos en los tuyos deben amor, y nuestro amor, casto y puro otras veces, ahora es un crimen. Si, es necesario que no te vea&#8230;Siannah voy a dormir. C\u00e1ntame alg\u00fan himno de nuestra patria, arrulla mi sue\u00f1o como una madre, ya que no como una esposa.<\/p>\n<p>La beldad de las trenzas de \u00e9bano canta:<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0\u00a1Guerreros! Las espadas de la tribu tienen sed, y la sed de las espadas se templa con sangre.<\/p>\n<p>Un torrente de fuego desciende del Jabwi. Esas centellas que brillan entre la nube de polvo que levantan son los hierros de nuestros enemigos.<\/p>\n<p>Traedme el escudo reforzado con las siete pieles de b\u00fafalo y rodead a mi casco al schal amarillo, para que no me desconozcan en la confusi\u00f3n de la pelea.<\/p>\n<p>\u00a1Guerreros! Las espadas de la tribu tienen sed y la sed de las espadas se templa con sangre.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0All\u00e1 van, semejantes a &#8230;.<\/p>\n<p>Al llegar aqu\u00ed, Pulo se incorpora y Siannah se detiene en su canto.<\/p>\n<p>-\u00bfPor que -exclama el pr\u00edncipe- no escucho ahora las canciones de mi patria con el placer de otras veces? \u00bfSer\u00e1 que ya no alienta en mi pecho el coraz\u00f3n de un Dheli, o acaso que los himnos de guerra no se han hecho para que los recite una hermosa?<\/p>\n<p>XIV<\/p>\n<p>\u00a0-Entona un canto de amor, uno de aquellos himnos que al son de los c\u00edmbalos alzan las virgenes cuando conducen a una joven esposa al pie de las aras.<\/p>\n<p>-\u00a1Pulo!&#8230;<\/p>\n<p>-Canta, no temas; yo dormir\u00e9 tranquilo, arrullado por el eco de tu voz, el suspiro de la brisa y la m\u00fasica de las aguas.<\/p>\n<p>Siannah canta. Su voz tiembla y su pecho se eleva acompasadamente, como una ola que se hincha coronada de espuma.<\/p>\n<p><strong>LA VUELTA DEL COMBATE<\/strong><\/p>\n<p><em>Canci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0El combate ha terminado con el d\u00eda, y el caudillo esta ya en presencia de su adorada.<\/p>\n<p>LA VIRGEN.- Caudillo, reclina tu frente sobre mi seno, que quiero beber en ella el sudor y el polvo de la gloria.<\/p>\n<p>EL CAUDILLO.- Virgen, apoya tus labios sobre los m\u00edos, que quiero beber en ellos la muerte en una copa de rub\u00ed.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0LA VIRGEN.- \u00a1Alma de la creaci\u00f3n! \u00a1Hijo de Bermach! \u00a1Genio de las setenta alas! \u00a1Amor, divino amor! Desciende en brazos del misterio de la noche a coronar con tu aureola a los que arden en tu llama.<\/p>\n<p>EL CAUDILLO.- \u00a1Esp\u00edritu invisible! \u00a1Aliento del alma generosa! \u00a1Esperanza del guerrero! \u00a1Amor, ardiente amor! Abandona un instante el alc\u00e1zar de los dioses para poner una guirnalda de rosa sobre la corona de laurel del caudillo.<\/p>\n<p>LA VIRGEN.- Caudillo, reclina tu frente sobre mi seno, que quiero beber en ella el sudor y el polvo de la gloria.<\/p>\n<p>EL CAUDILLO.- Virgen, apoya tus labios sobre los m\u00edos que quiero beber en ellos la muerte en una copa de rub\u00ed.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u00a0LA VIRGEN.- Tu aliento humea y abrasa como el aliento de un volc\u00e1n. Tu mano que busca la m\u00eda, tiembla como la hoja en el \u00e1rbol. La sangre se agolpa a mi coraz\u00f3n, rebosa en el y enciende mis mejillas. Un velo de sombras cae sobre mis p\u00e1rpados. Todo se borra y se confunde ante mis ojos, que no ven mas que el fuego que arde en los tuyos. Caudillo, \u00bfQue esp\u00edritu invisible llena el aire de melodiosos acordes y me estremecen a su contacto?<\/p>\n<p>EL CAUDILLO.- Virgen, es el amor que pasa.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>\u00a0El canto de Siannah expira, y con el, suave y armonioso el rumor de un beso.<\/p>\n<p>\u00bfQue son los vanos castillos que eleva la voluntad del hombre para combatir las funestas armas de que se vale la fatalidad ? Montes de arena que, como los de la gran llanura de Nepaul, asombran al viajero y un soplo del hurac\u00e1n los arrebata.<\/p>\n<p><em>CAPITULO IV<\/em><\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0-Hijo m\u00edo -dice Schiwen al Sue\u00f1o -, baja a la tierra y s\u00e9 el mensajero de mis iras.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o, hijo de la tumba, levanta a esta voz la frente, entreabre los so\u00f1olientos ojos y agita sus noventa manos, en cada una de las cuales tiene una copa llena hasta los bordes de un licor sopor\u00edfero.<\/p>\n<p>-\u00bfQue me quieres, realidad de mi s\u00edmbolo, padre que me diste el ser para que sirviera de eslab\u00f3n invisible entre lo finito y lo\u00a0 infinito, entre el mundo de los hombres y el de las almas, sirviendo para bajar las potencias del cielo y elevar las de la tierra hasta que se toquen en el vac\u00edo, que es el lugar de mi soberan\u00eda?<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0Schiwen continua de este modo, dirigi\u00e9ndose a su imagen:<\/p>\n<p>-Hace algunos momentos pensaba en llevar a cabo la destrucci\u00f3n del pr\u00edncipe que usurpo un d\u00eda el cetro de la muerte; mas en vano buscaba la ocasi\u00f3n de herirle; en vano, porque Vichen\u00fa, mi orgulloso antagonista, le defend\u00eda bajo el inmenso escudo que oculta los hombres a mis ojos cuando estos se encienden en c\u00f3lera y arrojan rayos que arden y matan. De repente o\u00ed un zumbido a ni alrededor. Torne el rostro. Un mundo nuevo, un joven planeta, se adelantaba hacia mi, trazando su circulo en el vac\u00edo, fascinado e inocente como el ave atra\u00edda por el boa.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u00a0De su seno brotaba un raudal de armon\u00edas que llevaban el vac\u00edo, dilat\u00e1ndose en el como los c\u00edrculos en un lago donde se arroja una piedra. Envuelto en un fluido ardiente y luminoso, rodando entre mares de colores y sonidos, su alegr\u00eda y su gloria aprecian insultar mi terrible poder. Levante la mano. El aire de esta, desquici\u00e1ndolo de sus \u00f3rbitas, lo ha herido de muerte. Incorp\u00f3rate y tiende los ojos sobre las inmensas llanuras del cielo: veras a Vichen\u00fa, que corre en pos de \u00e9l para arrancarle a la inmensa tumba de los astros, volvi\u00e9ndole a la vida&#8230;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>\u00a0He aqu\u00ed el momento oportuno\u00a0 para mi venganza. El pr\u00edncipe falto a su promesa y ahora esta abandonado por mi funesto enemigo. Refresca su ardorosa frente con tus alas y aguarda la ocasi\u00f3n propicia para derramar sobre sus p\u00e1rpados un sue\u00f1o precursor del sepulcro, un sue\u00f1o de agon\u00eda y ansiedad, de esos que ci\u00f1en la garganta con sus manos de acero y pesan sobre el coraz\u00f3n como una monta\u00f1a de plomo.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00a0El sue\u00f1o tiende las alas de tul y abandona la selva donde vive, en un alc\u00e1zar de \u00e9bano escondido entre la flotante sombra de aloes.<\/p>\n<p>El Silencio lo precede, y sus hechuras le siguen en grupos fant\u00e1sticos. Estos se agitan y confunden entre si, dando ser a nuevas y r\u00e1pidas metamorfosis, locos delirios, embriones de confusas ideas, semejantes a las que produce en mitad de la fiebre una imaginaci\u00f3n d\u00e9bil y sobreexcitada.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>\u00a0La silenciosa caravana llega a las orillas del Ganges y al lugar en que el pr\u00edncipe descansa. Este experimenta, primero, una languidez voluptuosa; despu\u00e9s, un entorpecimiento general, y, por ultimo, sus p\u00e1rpados caen con el peso del plomo sobre sus pupilas, como una losa f\u00fanebre sobre un sepulcro. El sue\u00f1o ha vertido sobre ellos una gota de licor que contiene un misterioso vaso de \u00f3palo.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>\u00a0Cuando la materia duerme, el esp\u00edritu vela. En tanto que el cuerpo del caudillo permanece inm\u00f3vil y sumergido en un letargo profundo, su lama se reviste de una forma imaginaria y huye de los lazos que le aprisionan para lanzarse al \u00e9ter; all\u00ed le esperan las creaciones del Sue\u00f1o, que le fingen un mundo poblado de seres animados con la vida de la idea, visi\u00f3n magnifica, prof\u00e9tica y real en su fondo, vana solo en la forma. O\u00edd, seg\u00fan la tradici\u00f3n conserva, la visi\u00f3n del caudillo.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>\u00a0La noche es oscura. El viento muge y silba, sacudiendo las gigantes ramas del boabad de las selvas. Los genios blanden sus c\u00e1rdenas espadas de fuego sobre las nubes, en que se les ve pasar cabalgando. El trueno retumba, dilat\u00e1ndose de eco en eco en los abismos de las cordilleras. La lluvia azota el penacho de las palmas, y confundi\u00e9ndose con los sordos mugidos de la tormenta, el prolongado lamento del vendaval y el temeroso murmullo de las hojas del bosque, se escucha por intervalos un rugido lejano, ronco y estridente, que parece formarse en la cavidad de un pecho en bronce.<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>\u00a0Un bracmin, al atravesar en tal noche y a tal hora aquella selva, no hubiera podido menos de dirigir sus plegarias al dios destructor, cuyo triunfo parec\u00eda acercarse, equivocando aquellos quejidos de la naturaleza con las profec\u00edas de los blancos fantasmas de sus antepasados, que romp\u00edan el secreto del sepulcro para ense\u00f1arle el camino de la muerte.<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>\u00a0De cuantos guerreros se rodean el schal amarillo a la cintura en las fiestas y a la rente en el combate, solo el caudillo de Orisa tendr\u00eda el valor necesario para arriesgarse en sus agrestes y enmara\u00f1ados senderos con una noche tan terrible.<\/p>\n<p>XI<\/p>\n<p>\u00a0Pulo se adelanta, con el arco tendido, la flecha pronta y el pu\u00f1al entre los dientes; Siannah le sigue, p\u00e1lida la color, el cabello erizado y el paso temeroso.<\/p>\n<p>-\u00bfOyes -dice al pr\u00edncipe-, oyes esa voz que resuena en la espesura?<br \/>\n-Es el viento, que azota los palmares -responde el caudillo, lanzando, a pesar suyo, una mirada escudri\u00f1adora a trav\u00e9s de los a\u00f1os\u00edsimos troncos de aloes que bordan las lindes del sendero.<\/p>\n<p>XII<\/p>\n<p>\u00a0Los esposos prosiguen caminando, y la tempestad haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s terrible.<\/p>\n<p>-\u00bfOyes ese rumor que se eleva por grados a nuestra espalda? -interrumpe de nuevo la hermosa.<\/p>\n<p>-Es la lluvia, que agita las lianas -a\u00f1ade el pr\u00edncipe, armando la flecha y cubriendo a Siannah con su cuerpo,<\/p>\n<p>-\u00bfOyes? -vuelve esta a interrumpir-. Alguien respira alrededor nuestro.<\/p>\n<p>-\u00c9chate en tierra -grita Pulo de repente-. El tigre va a saltar sobre nosotros.<\/p>\n<p>XIII<\/p>\n<p>\u00a0Dos llamas fosf\u00f3ricas brillan en la oscuridad.<\/p>\n<p>La flecha del pr\u00edncipe parte. A su \u00e1spero silbar responde un mugido ahogado y profundo. El tigre salta. Pulo arroja el arco, se cubre con el escudo de pieles, dobla una rodilla, esconde el rostro y lo espera con el pu\u00f1al en la diestra. Siannah esta desmayada y oculta con el manto del guerrero, a cuyos pies yace.<\/p>\n<p>XIV<\/p>\n<p>\u00a0La lucha se traba. Pulo hunde una y cien veces su pu\u00f1al\u00a0 en el pecho y el vientre del tigre, que en su agon\u00eda pugna aun por lanzarse sobre su adversario. Este, cubierto con el escudo, ha podido evitar su ataque merced a esa ligereza y sangre fr\u00eda patrimonio de los hombres avezados a los peligros y a la muerte. Pero ya la temible fiera ha lanzado el ultimo y ronco estertor revolc\u00e1ndose entre el polvo y la sangre que brota de sus heridas cuando el pr\u00edncipe levanta los ojos al cielo, sorprendido por un extra\u00f1o fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>XV<\/p>\n<p>\u00a0La lluvia ha cesado. El hurac\u00e1n y el trueno han enmudecido. Al brillante y s\u00fabito resplandor de los rel\u00e1mpagos sucede una claridad tenue y azulada, una luz indecisa, semejante al primer albor de un d\u00eda\u00a0 sin sol y sin aurora. Las aves, que se hab\u00edan guarecido de la tempestad bajo los pabellones de verdura de la selva, llenas de gozo a su vista, quieren alzar el vuelo y entonar su canto;\u00a0 pero la voz se ahoga en su garganta y caen a tierra heridas de muerte por una mano invisible. Los gigantescos arboles se agitan y, retorci\u00e9ndose como a impulsos de una horrorosa convulsi\u00f3n, comienzan a alfombrar el suelo con las p\u00e1lidas hojas que desprenden de sus ramas, como se desprenden los cabellos de la cabeza de un anciano. Las verdes lianas que se mecieran al soplo del viento, suspendidas en el tronco de los antiguos reyes del bosque, pierden el color y la frescura, arrug\u00e1ndose sus tersas flores como un pergamino que se acerca al fuego. Dir\u00edase, al contemplar este asombros espect\u00e1culo, que un t\u00f3sigo mortal, circulando en el aire o levant\u00e1ndose en imperceptibles efluvios de las entra\u00f1as de la tierra, hab\u00eda envenenado la atm\u00f3sfera, y con ella el mundo.<\/p>\n<p>XVI<\/p>\n<p>\u00a0El caudillo, lleno de estupor, vuelve en torno suyo la mirada. Por todas partes le persiguen aquellas im\u00e1genes desoladoras; pero lo que m\u00e1s asombro le causa es el ver el sangriento cad\u00e1ver del tigre estremecerse, y poco a poco, perdiendo sus primitivas formas, ir tomando, merced a una inconcebible transformaci\u00f3n, las de una serpiente.<\/p>\n<p>-Ya no me queda ning\u00fan genero de duda -exclama-.Schiwen desea mi muerte. Reconozco en ese reptil al ministro de su c\u00f3lera. \u00a1Oh! \u00a1Que yo no fuera un dios para luchar con los dioses!&#8230; Mas no importa; mortal miserable como soy, vender\u00e9 cara mi vida.<\/p>\n<p>XVII<\/p>\n<p>\u00a0El temible reptil crece con una rapidez prodigiosa. Su longitud es ya treinta veces mayor que la del boa secular, que se despierta de dos en dos lunas sobre las m\u00e1rgenes del Sitpuri. Sus ojos redondos, fijos y fascinadores, est\u00e1n clavados en los del caudillo. Este, presa de un v\u00e9rtigo y con ese arrojo sin limites que presta la desesperaci\u00f3n en sus momentos supremos, arroja lejos de si el tresdoblado escudo, in\u00fatil para aquel combate, y desnuda por segunda vez su pu\u00f1al.<\/p>\n<p>XVIII<\/p>\n<p>\u00a0La gigantesca serpiente comienza a replegarse sobre si misma, lanzando un silbo \u00e1spero y agudo. El pr\u00edncipe, sin aguardar a que le acometa, se arroja a su cuello, tan grueso como el de una palma colosal, y hace esfuerzos inauditos por herirla. \u00a1Imposible! Las aceleradas escamas que la cubren y defienden son impenetrables como la concha de las tortugas de Jawkior.<\/p>\n<p>Ya el reptil, aprision\u00e1ndolo entre sus anillos de bronce, lo estrecha y comienza a ahogarle; ya el pu\u00f1al se ha escapado de sus manos desfallecidas y el velo de la muerte se extiende ante sus ojos, cuando una flecha disparada de las nubes baja silbando y traspasa los de la serpiente.<\/p>\n<p>XIX<\/p>\n<p>\u00a0Un furor terrible se apodera de esta, que desasi\u00e9ndose del ya casi inanimado cuerpo de Pulo, busca a ciegas a su celeste enemigo.<\/p>\n<p>La punta de diamante de una segunda flecha pone fin a su agon\u00eda con la muerte.<\/p>\n<p>El caudillo, recobrado de su estupor, puede entonces contemplar, no sin sentirse sobrecogido de una emoci\u00f3n profunda de gratitud y respeto, al que es deudor de la vida.<\/p>\n<p>Vichen\u00fa, cubiertas las espaldas con un manto de pieles, el arco tendido aun y el carcaj de las flechas de diamante sobre el hombro, esta a su lado, de pie. La frente del dios toca a las nubes, y su sombra es inmensa, como la que arroja el Himalaya sobre las llanuras al ocultarse el sol en los confines del Oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>XX -\u00a1Caudillo! -exclama el antagonista de Schiwen con acento airado-. \u00bfPara que subiste a la sagrada gruta del Jabwi? \u00bfPara que interrogaste a las limpias aguas de su manantial, si las revelaciones celestes han sido in\u00fatiles, si al cabo hab\u00edas de romper tu juramento, como se rompe la flecha sobre la rodilla en prenda de paz entre los enemigos?<\/p>\n<p>Pulo enmudece. El rubor de su falta colora sus bronceadas mejillas y ahoga su voz. Vichen\u00fa continua de este modo.<\/p>\n<p>-Inmensa como la imprevisi\u00f3n de los hombres de la bondad del cielo. He aqu\u00ed por que me he apiadado de tus culpas. in\u00fatil es ya que busques las fuentes del Ganges. Cada grano de arena que cae en la medida de la culpa debe a\u00f1adirse a la del castigo. El que te impulso al solitario de Jabwi es ya insuficiente para lavar tu alma.<\/p>\n<p>XXI -Si un solo momento de olvido desvaneci\u00f3 como el humo cuanto hab\u00eda logrado merecer con mi arrepentimiento, \u00bfque har\u00e9 para lavar mi culpa? -exclamaba el pr\u00edncipe.<\/p>\n<p>-Lev\u00e1ntate -prosigue el dios-, toma tu arco, desc\u00e1lzate las sandalias y, abandonando las orillas del Ganges, vuelve sobre tus pasos hasta llegar a Cutac. Entre las arenas de sus costas duerme, en el seno del olvido, un templo que en mi honor levantara un d\u00eda tu glorioso antecesor, cuando, protegido por mi escudo, llevo hasta all\u00ed sus huestes invencibles. Sobre los pe\u00f1ascos en que se estrellan las encrespadas olas tiene su nido un cuervo. Sube a preguntarle el lugar en que el templo se oculta. Este lo conocer\u00e1s por los fuegos que durante la noche voltean sobre sus ruinas, y a aquel, por su cabeza blanca.<\/p>\n<p>XXII<\/p>\n<p>\u00a0Vichen\u00fa desaparece. Los arboles recobran su lozan\u00eda, la liana su verdura, los p\u00e1jaros su voz, y a la indecisa y c\u00e1rdena luz del cielo sucede el tranquilo y suave esplendor de una noche estrellada y llena de armon\u00eda, perfumes, suspiros y cantares.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe se incorpora y corre al lugar en que Siannah permanece desmayada y oculta bajo los pliegues del manto de su esposo. Levanta este, y de sus labios se escapa un grito de sorpresa y ansiedad.<\/p>\n<p>Siannah no esta all\u00ed. Siannah ha desaparecido.<\/p>\n<p>XXIII<\/p>\n<p>\u00a0En aquel punto, el Sue\u00f1o tiende las alas y abandona al pr\u00edncipe. Este, convulso y p\u00e1lido aun, despierta de su pesadilla, busca a su esposa, en cuyo seno se hab\u00eda dormido, y no la encuentra.<\/p>\n<p>El sol, recostado en un lecho de p\u00farpura y de oro, como un raj\u00e1 en su alfombra de colores, lanza a la tierra el ultimo rayo de sus entreabiertos ojos. La naturaleza comienza a despertarse de su sue\u00f1o del mediod\u00eda. Las brisas de las tarde, impregnadas en murmullos y perfumes, juguetean con el c\u00e1liz de las flores, que se abren a sus besos. Las aguas del Ganges, copiando en sus linfas transparentes la vigorosa vegetaci\u00f3n de sus riberas, alzan un himno melanc\u00f3lico, al que se unen las aladas y suaves notas de los p\u00e1jaros, que despiden el d\u00eda con un dulc\u00edsimo y triste adi\u00f3s.<\/p>\n<p>XXIV<\/p>\n<p>\u00a0-Siannah -dice el caudillo con voz ahogada por el llanto-, Siannah, esposa m\u00eda, \u00bfdonde estas que no me oyes? Siannah, inseparable compa\u00f1era de mi dolor y no infortunio, \u00bfquien te arranco de mi lado para robarme la \u00fanica felicidad que me restaba en la tierra? \u00a1Oh! Vuelve, vuelve, hermosa m\u00eda; sin ti mi vida ser\u00e1 una noche sin aurora, un llanto sin lagrimas.<\/p>\n<p>XXV<\/p>\n<p>\u00a0S\u00f3lo el eco responde al enamorado Pulo que, presa de un loco frenes\u00ed, corre de nuevo a las orillas del Ganges, busca en la arena la huella de su esposa y vuelve a llamarla por su nombre cien y cien veces; todo es in\u00fatil. La noche borra del cielo los colores, y las nubes, las estrellas, mudos testigos de los pesares y la felicidad de los amantes, aparecen unas tras otras rodeadas de un ligero cendal de bruma, y Siannah no aparece.<\/p>\n<p>XXVI<\/p>\n<p>\u00a0-Insensato -dice una voz que resuena en el viento, sin que se vea la boca de donde parte-, \u00bfque vas a hacer?<\/p>\n<p>El caudillo, que ha desnudado el pu\u00f1al para asestarlo contra su pecho, se detiene sobrecogido y escucha estas palabras:<\/p>\n<p>-Si mueres, nunca la tornaras a ver; si conservas tu vida y cumples cuanto te he dicho, la mancha de sangre de tus a\u00f1os desaparecer\u00e1 para siempre y encontrar\u00e1s de nuevo a tu esposa.<\/p>\n<p>Los sue\u00f1os son el esp\u00edritu de la realidad con las formas de la mentira: los dioses descienden en el hasta los mortales, y sus visiones son paginas del porvenir o recuerdos del pasado.<\/p>\n<p>La voz que detiene al pr\u00edncipe es la de Vichen\u00fa, que se le hab\u00eda aparecido en sue\u00f1os.<\/p>\n<p><em>CAP\u00cdTULO V<\/em><\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0El pr\u00edncipe, despu\u00e9s de un a\u00f1o de peregrinaci\u00f3n, llega al fin al termino se\u00f1alado por el genio. Este, durante las jornadas, fijos los ojos sobre su protegido, ha velado d\u00eda y noche por su vida hasta dejarlo en Cutac.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0La aurora rasga el velo de la noche; de sus trenzas de oro se desprende el roc\u00edo en una lluvia de perlas\u00a0 sobre las colinas y las llanuras; los horizontes del mar se encienden, y las crestas de sus olas brillan como las escamas de la armadura de un guerrero en un d\u00eda de combate; de las flores, h\u00famedas aun con las lagrimas del crep\u00fasculo, se eleva el cielo una columna de aromas en emanaciones, perfumadas emanaciones que los genios, cruzando sobre las nubes celestes y ambarinas, recogen con las matinales plegarias de los bracmines para depositarlas a los pies de Bermach, autor de la maravillosa maquina de los mundos.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u00a0Pulo se ha sentado sobre una de las rocas que erizan en aquella parte del reino de Cutac las extensas playas del Oc\u00e9ano. Su pensamiento esta dividido entre su esposa y su conciencia.<\/p>\n<p>&#8211; Ya se aproxima -dice- la hora del perd\u00f3n; unos esfuerzos mas, y me hallo en presencia del ave misteriosa que Vichen\u00fa ha escogido para interprete de sus designios. \u00a1Dios, que conservas cuanto existe, apartando las tempestades y la muerte de la cabeza de los hombres, no interpongas tu poder entre mi coraz\u00f3n y la flecha de los guerreros, entre mi vida y las garras del tigre o los anillos del boa gigante; pero\u00a0 defi\u00e9ndeme contra mi mismo, arr\u00e1ncame el amor y la conciencia, cuyos golpes matan sin que se vea la mano que los dirige!<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>\u00a0El sol se va levantando pausadamente, del seno del mar y remont\u00e1ndose por la cumbre del firmamento. El caudillo, despu\u00e9s de lavarse por siete veces las manos y los sangrientos pies, recitando algunas oraciones misteriosas, emprende una dif\u00edcil ascensi\u00f3n para llegar a la cima de las colosales rocas, cuya frente han ennegrecido los rayos y las tempestades, cuyas plantas besan o azotan las hirvientes olas del Oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00a0Despu\u00e9s de trepar por espacio de una hora, asi\u00e9ndose a los arbustos y malezas que crecen en las aberturas de las pe\u00f1as, el pr\u00edncipe consigue, al fin, encontrarse n la cumbre del promontorio.<\/p>\n<p>En una de las rocas de granito que coronan su c\u00faspide hay una hendidura, y en el fondo de \u00e9sta le parece distinguir las formas confusas de un ave, que fija en los suyos dos ojos que brillan en la oscuridad con una luz fant\u00e1stica.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>\u00a0&#8211; Ave de los dioses -prorrumpe Pulo, cayendo de rodillas ante el a\u00e9reo nido del cuervo de la cabeza blanca-, ave misteriosa bajo cuyo negro plumaje vivi\u00f3 por espacio de tres siglos el poderoso Vichen\u00fa, logrando con este ardid evitar la muerte que el dios de la destrucci\u00f3n le aprestaba: heme aqu\u00ed esperando tus palabras, como los tulipanes agostados por el fuego del d\u00eda esperan las gotas del roc\u00edo de la noche.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>\u00a0El cuervo, abandonando su guarida, se abate sobre una de las enhiestas rocas y despu\u00e9s de agitar sus alas por tres veces, dice as\u00ed al caudillo, que lo escucha en silencio y con la frente humillada en el polvo:<\/p>\n<p>&#8211; Se\u00f1or de Orisa, poderoso descendiente de los Dheli, conquistadores\u00a0 de la India y protegidos de Vichen\u00fa: s\u00e9 lo que vienes a preguntarme; as\u00ed , es in\u00fatil que me lo refieras. El templo que buscas se halla lejos de este lugar; sigue mis pasos y te mostrare el sitio en que se empezaran las excavaciones.<\/p>\n<p>VIII El cuervo de la cabeza blanca se remonta en los aires, dej\u00e1ndose caer al pie de promontorio, donde espera que baje el caudillo. Cuando este toca al t\u00e9rmino de su descensi\u00f3n, el ave misteriosa emprende la marcha, caminando a saltos peque\u00f1os y sin abandonar la costa en que viene a romperse el oleaje de crestas de oro.<\/p>\n<p>Prosiguen durante todo el d\u00eda sin abandonar la rivera, blanqueada por la espuma, y cuando ya el sol desciende al seno de las ondas, rodeado de espesos y rojos celajes, el alado gu\u00eda se aparta de las playas, intern\u00e1ndose tierra adentro, a trav\u00e9s de un pantano cenagoso y cubierto de juncos verdes y alt\u00edsimos.<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>\u00a0Las nubes, amonton\u00e1ndose en el Occidente, envuelven el cad\u00e1ver del sol en un sudario de brumas antes que descienda a su sepulcro.<\/p>\n<p>La noche se adelanta; una noche sin astros y sin transparencia; la brisa murmura la oraci\u00f3n de los muertos, sollozando melanc\u00f3lica entre los espesos juncos; el perfume de las flores que se abren en la sombra vaga en el espacio; el grito del chakal y el silbo de las aves nocturnas resuenan confundi\u00e9ndose con esos rumores siniestros y misteriosos que nacen, tiemblan y se dilatan en el seno de la oscuridad, sin que podamos decir quien los produce.<\/p>\n<p>-Ave inmortal -exclama Pulo, deteni\u00e9ndose en su camino-, he aqu\u00ed que la noche se ha apoderado de la tierra y que en balde procuro seguirte, pues la sombra te ha robado a mi vista.<\/p>\n<p>El grito del chakal se oye cada vez m\u00e1s pr\u00f3ximo; tu sabes que no le temo; m\u00e1s estoy sin armas y, por lo tanto, inh\u00e1bil para defenderme de sus traidores ataques.<\/p>\n<p>Volvamos atr\u00e1s y esperemos al d\u00eda para proseguir nuestra jornada. Temerario valor juzgo el de aquel que arriesga su vida contra enemigos que no puede exterminar o vencer; si al menos la luna brillara en el cielo, su luz me guiar\u00eda a trav\u00e9s de este pantano, donde a cada paso que doy temo encontrar la muerte, sepult\u00e1ndome en sus aguas cenagosas e inm\u00f3viles.<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>\u00a0-No temas -responde el cuervo-; el dios que nos env\u00eda cuidara de nosotros desde su elevaci\u00f3n. He aqu\u00ed la manera de salir con bien de este peligro: las llanuras que vamos a atravesar presenciaron la derrota de tu padre. Schiwen, celoso del culto que este rend\u00eda en el templo a que nos dirigimos al genio que te protege, reuni\u00f3 en su da\u00f1o a los guerreros de Cutac y de Lahorre, que, ardiendo en sed de venganza contra su vencedor, se juntaron entre las sombras de la noche, para afilar las espadas que hab\u00edan de herir a los predilectos de Vichen\u00fa.<\/p>\n<p>XI<\/p>\n<p>\u00a0Un d\u00eda, tu padre abandono el templo para dirigirse a las selvas que se extienden al pie de la colina en cuya cumbre esta oculto; de pronto, una nube de polvo blanca e inmensa, que elev\u00e1ndose de la parte de oriente oscurec\u00eda la luz del sol, atrajo su curiosidad. &lt;&lt;\u00bfQue nueva y numerosa caravana de peregrinos ser\u00e1 la que se aproxima al templo de mi dios?&gt;&gt;, dice volvi\u00e9ndose a uno de los p\u00e9rfidos raj\u00e1s portadores de su escudo y su aljaba.<\/p>\n<p>XII<\/p>\n<p>\u00a0Este, lanzando a sus compa\u00f1eros una mirada de inteligencia, respondi\u00f3 al victorioso rey con la sonrisa en los labios: &lt;&lt;\u00bfQuien sabe cual ser\u00e1 el remoto pa\u00eds que env\u00eda este enjambre de peregrinos? La fama del asombroso templo de Cutac, corre de boca en boca hasta los mas remotos confines del mundo&gt;&gt;. Tu padre, despu\u00e9s de fijar nuevamente las miradas en aquella nube de polvo que se aproxima, y de la cual brotan centellas de fuego, exclama con voz terrible:<\/p>\n<p>XIII<\/p>\n<p>\u00a0&#8230;&lt;&lt;\u00bfQue es esto? Los toscos yaids de los peregrinos llamean al rayo del sol como las armaduras de los guerreros de Lahorre. \u00bfO\u00eds? En las alas del viento llega confuso el eco de la terrible y b\u00e1rbara armon\u00eda de sus trompas de guerra. \u00a1Oh! Ya no me queda duda: el enemigo que holl\u00e9 a mis pies se endereza como la v\u00edbora para morderme en ellos. No importa; veremos si los caudillos de Lahorre han aprendido de nuevo a vencer, tras tantos a\u00f1os de acostumbrarse a huir.<\/p>\n<p>XIV<\/p>\n<p>\u00a0&lt;&lt;Valientes -prosigue, hablando, dirigi\u00e9ndose a los que le acompa\u00f1an-, dadme el arco y el escudo, desnudad vuestros aceros y que las roncas bocinas de plata convoquen a mis huestes con sus bramidos &gt;&gt;. Eldi Salek, uno de sus traidores capitanes, por toda respuesta, le hunde en el pecho sus misma espada, de que era portador, y blandi\u00e9ndola despu\u00e9s en los aires en adem\u00e1n de triunfo, prorrumpe a voces: &lt;&lt;\u00a1Animo, compa\u00f1eros de esclavitud! \u00a1Animo, dome\u00f1ados ej\u00e9rcitos de Cutac y Lahorre, desvanecidos un d\u00eda al soplo del tirano como al del hurac\u00e1n el humo! \u00a1Animo! \u00a1Nuestro pa\u00eds es libre! &gt;&gt;<\/p>\n<p>XV<\/p>\n<p>\u00a0En tanto, el infelice rey, revolc\u00e1ndose en su sangre, intenta en vano llamar a su socorro; la voz se ahoga en su garganta; hace una postrer tentativa para incorporarse, y cae a tierra muerto y con los pu\u00f1os crispados y tendidos hacia las b\u00e1rbaras huestes, que se adelantan al b\u00e9lico y rudo comp\u00e1s de sus instrumentos de bronce.<\/p>\n<p>XVI<\/p>\n<p>\u00a0Los sacerdotes de Vichen\u00fa se aperciben de la sorpresa y, subiendo a las altas torres de la pagoda, llenan el \u00e1mbito de los aires con los terribles bramidos del caracol sagrado, al que responden en la llanura las bocinas de marfil de los guerreros de tu padre.<\/p>\n<p>XVII<\/p>\n<p>\u00a0&lt;&lt;\u00bfDonde esta nuestro caudillo, que no corre como el le\u00f3n al combate? \u00bfPorque no vuela en la primera fila su manto de p\u00farpura y el schal amarillo que ci\u00f1e su frente? &lt;&lt;\u00a1Mi due\u00f1o!&gt;&gt;, exclaman los valientes conquistadores de Cutac, y ninguno sabe decir donde se encuentra el se\u00f1or de Orisa, que no responde al rumor de la batalla con el grito de guerra.<\/p>\n<p>XVIII<\/p>\n<p>\u00a0Los enemigos se adelantan, la llanura gime bajo el peso de sus carros y elefantes de guerra y el eco de los lejanos montes repite sus salvajes alaridos. Suena la se\u00f1al del combate y de la muerte. Los defensores de Vichen\u00fa expiran uno a uno al rigor del acero; el templo del dios es presa de las llamas, y con el la naciente ciudad que en sus inmediaciones levanto el rey de Orisa en honor del ben\u00e9fico genio de Allab-abad.<\/p>\n<p>XIX<\/p>\n<p>\u00a0Cuando lleg\u00f3 la noche, la expirante llama del incendio, arrojando sus temblorosos c\u00edrculos de luz y de sombra sobre la llanura, chispeaba en el casco de los valientes que hab\u00edan sucumbido a los golpes de Schiwen y que yac\u00edan entre el polvo cubiertos de sangre y de gloria.<\/p>\n<p>Un hondo silencio reinaba en el que fue teatro de la sangrienta lucha, silencio que solo interrump\u00eda el imponente estruendo de los muros al desplomarse abrasados por las silbadoras llamas, o el ronco grito del chacal que, ofuscado por el ardiente resplandor del fuego, rug\u00eda en su cueva, temerosos de lanzarse sobre los cad\u00e1veres insepultos.<\/p>\n<p>Los vencedores abandonaron con el d\u00eda la llanura, donde desde esa \u00e9poca nadie osa poner la planta, temiendo el enojo de Schiwen, que quiso tener en aquellos lugares un templo de ruinas habitado por la soledad y el espanto.<\/p>\n<p>XX<\/p>\n<p>\u00a0Pulo escucha, sobrecogido de un religioso pavor, la historia del sangriento combate en que su padre perdi\u00f3 la vida, historia que en su paso cantan las bayaderas al son de los c\u00edmbalos, pero cuya terrible sencillez nunca hab\u00eda arrancado una lagrima tan ardiente a sus ojos cual la que entonces rod\u00f3 abrasadora sobre su mejilla.<\/p>\n<p>XXI<\/p>\n<p>\u00a0El cuervo prosigue as\u00ed:<\/p>\n<p>-\u00bfVes all\u00e1, entre los espesos ca\u00f1averales, encenderse una llama ligera y c\u00e1rdena, que vacila y corre sobre el haz de las f\u00e9tidas aguas del pantano? Mas lejos, al pie de la colina, donde a la sombra de un bosque sombr\u00edo se levanta un grosero sepulcro, formado de piedras tosca e irregulares, \u00bfves como se desarrolla el brillante fluido, y vuela sobre la tumba, y se detiene junto a los troncos de los arboles, y se multiplican, subdividi\u00e9ndose en mil, otras llamas fant\u00e1sticas, ligeras, y de un azulado resplandor?<\/p>\n<p>XXII<\/p>\n<p>\u00a0Esos son los esp\u00edritus de los valientes que, en defensa del genio que te protege, sucumbieron al golpe de las hachas de Cutac: Dobla en tierra la rodilla, que tu padre va a dejar el seno de la tumba para guiarnos a trav\u00e9s de la noche, del pantano y las sombras de los valientes, al sitio en que, cubiertos de musgo y escondidos entre las hierbas altas y silenciosas, hallaremos los restos mortales, \u00fanica reliquia del ara de Vichen\u00fa.<\/p>\n<p>XXIII<\/p>\n<p>\u00a0Pulo se arrodilla, y del tosco sepulcro del bosque se levanta una llama roja que, lanz\u00e1ndose al vac\u00edo, comienza a caminar con direcci\u00f3n al ocaso.<\/p>\n<p>El curvo sigue a la llama, y el pr\u00edncipe al cuervo. De repente, aquella se detiene sobre la cumbre de la colina en cuya falda duerme el viento de la noche, suspirando entre las hojas de los \u00e1rboles. El p\u00e1jaro de la cabeza blanca tiende el vuelo y, cerni\u00e9ndose en los aires sobre las ruinas de la pagoda, llama con una vos al caudillo; este, maravillado y absorto, sube la suave pendiente que conduce al termino de su peregrinaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>CAPITULO VI<\/em><\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0-Vuelve a tu reino; derrama tus tesoros y trae en tu compa\u00f1\u00eda los art\u00edfices mas celebrados que en el encuentres. A la luz del sol durante el d\u00eda, a la de las antorchas durante la noche, que no se de un minuto de reposo a la ociosidad, fatigando el eco de esos solitarios lugares con el alegre y bullicioso clamor de los trabajadores, a los rudos y sonoros golpes del martillo.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0Seis a\u00f1os tienes de termino para reedificar la pagoda que llenara al mundo de admiraci\u00f3n, y alrededor de cuyas alt\u00edsimas torres se agrupan las nubes y estallaran las tempestades como en las crestas de las monta\u00f1as. Sedas hay en Cachemira; oro, en Siam; cedros, en Katay; elefantes en Lahorre, y perlas, en el golfo de Ormuz. Recorre estos pa\u00edses y con sus ofrendas y tus adquisiciones la pagoda de nuestro dios resplandecer\u00e1 como los astros, flotando moradas de los genios.<\/p>\n<p>-\u00bfY como deber\u00e1 representar a Vichen\u00fa -interrumpe el pr\u00edncipe-: en traje de cazador como un emblema de sus atributos, o en la figura que tu tienes, y que fue la suya durante algunos siglos?<\/p>\n<p>El cuervo prosigue:<\/p>\n<p>-Cuando hayas puesto sobre la mas alta de las torres la ultima de las piedras que han de coronarla, de la parte de Oriente, y conducido por las olas, llegara a estas riberas el gigantesco tronco de una \u00e1rbol desconocido para los mortales. Con las sombras de las noche que sustituye al d\u00eda en que lo encuentres, llegara a las puertas de tu palacio un peregrino; ac\u00f3gele en tu morada, l\u00e1vale los pies y si\u00e9ntalo a tu mesa.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u00a0Este peregrino te dir\u00e1 que le pidas alguna cosa en pago de tu hospitalidad; ru\u00e9gale, en nombre de nuestro com\u00fan protector, que talle su efigie en el tronco del \u00e1rbol desconocido. Si accede a tus suplicas, dale los \u00fatiles que necesite, se\u00f1\u00e1lale una habitaci\u00f3n apartada en tu palacio, y cuida de no espiar sus operaciones durante la callada noche con una sola e indiscreta mirada; esta bastar\u00eda para que el extranjero desapareciese de tu vista y fueran in\u00fatiles cuantos esfuerzos has hecho para adormir tu conciencia y lavar la mancha de sangre de tu manos.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>\u00a0-Tus palabras- exclamo el caudillo- permanecer\u00e1n grabadas en mi memoria, como el postrer adi\u00f3s de mi moribunda madre, como el primer juramento de amor de mi adorada Siannah; pero antes de separarnos, quiz\u00e1s para siempre; antes que vuelvas a remontar el vuelo para ocultarte al os ojos de los hombres en la escarpada cumbre de tu roca solitaria, dime, si te es posible o si el secreto de tu existencia puede ser conocido por un miserable mortal: \u00bfQuien eres tu? \u00bfQue esp\u00edritu divino te alienta? \u00bfPor que teniendo la inteligencia, no del hombre, de los dioses, permaneces bajo la forma de un ave? \u00bfAcaso el genio que te favorece no tiene poder bastante para concederte cuanto inspire tu deseo o tu ambici\u00f3n?<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00a0El ave de la cabeza blanca responde:<\/p>\n<p>&#8211; Yo era lo que soy, un cuervo; de esto har\u00e1 ya de seis mil u ocho mil a\u00f1os. Vichen\u00fa, vencido por su antagonista Schiwen, hu\u00eda de astro en astro, a trav\u00e9s de los cielos; despu\u00e9s de vagar errante por la inmensidad del vac\u00edo, se refugio por ultimo en la tierra. Aun all\u00ed le sigui\u00f3 su adversario; ya estaba este pr\u00f3ximo a descubrir sus huellas, cuando el genio de la conservaci\u00f3n, vi\u00e9ndome en la cima de un aloe, saco la esencia que daba la vida a mi forma y se encarno en esta, burlando as\u00ed la vigilancia de su rival.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>\u00a0Tres siglos transcurrieron, al cabo de los cuales, volvi\u00e9ndome a mi antiguo ser, el dios preguntome: &lt;&lt;\u00bfQu\u00e9 quieres?&gt;&gt; &lt;&lt;La inmortalidad.&gt;&gt; &lt;&lt;\u00bfY qu\u00e9 otra cosa?&gt;&gt; &lt;&lt;La suprema inteligencia.&gt;&gt; &lt;&lt;\u00bfS\u00f3lo eso?&gt;&gt; &lt;&lt;Y ser hombre.&gt;&gt; &lt;&lt;De hoy en adelante, tus votos ser\u00e1n cumplidos.&gt;&gt; Y fui hombre inmortal e infalible; viv\u00ed en el mundo, regener\u00e9 las sociedades, escrib\u00ed leyes y&#8230;, el pago de mis vigilias, de mis afanes y de mi amor fue tal, que ped\u00ed volver a ser cuervo, y aunque despu\u00e9s de juzgarme en la tumba, los hombres me han hecho justicia, heme aqu\u00ed que cuervo soy y cuervo ser\u00e9 hasta la consumaci\u00f3n de los siglos.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>\u00a0-Pero \u00bfqui\u00e9n eres o qui\u00e9n fuiste? -pregunta el pr\u00edncipe al ave, que se aleja batiendo sus alas de azabache.<\/p>\n<p>-Lee una inscripci\u00f3n que he grabado con mi pico en la carcomida del ara y lo sabr\u00e1s -dice \u00e9sta sin detenerse en su vuelo.<\/p>\n<p>Pulo corre al lugar que acaban de indicarle; efectivamente, lee en la musgosa piedra la siguiente leyenda:<\/p>\n<p>&lt;&lt;Esta es el ara del templo de Jaganata; por inspiraci\u00f3n de Vichen\u00fa, Bracma dejo la roca donde vive lejos del bullicio del mundo, para mostr\u00e1rselo a Pulo-Dheli, rey de Orisa, se\u00f1or de se\u00f1ores, sombra de dios e hijo de los astros luminosos&gt;&gt;.<\/p>\n<p><em>CAPITULO VII<\/em><\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0Dos a\u00f1os han transcurrido.<\/p>\n<p>El templo de Jaganata, o se\u00f1or del mundo, ha vuelto a levantarse sobre sus\u00a0 antiguas ruinas. El mismo d\u00eda en que se coloco la ultima piedra en la gigante torre de la pagoda, el mar arrojo en las arenas de su orilla el tronco de un \u00e1rbol, que los bracmines condujeron sobre sus hombros y envolvi\u00e9ndole en un manto de p\u00farpura, a la morada del pr\u00edncipe.<br \/>\nEste, sentado sobre una alfombra de Persia, aguarda impaciente la hora en que el sol descendiendo de su carro de oro, se ocultara tras la encendida faja de luz que borda el horizonte del Oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0La niebla del crep\u00fasculo se\u00a0 levanta del fondo de los silenciosos lagos, y el padre del d\u00eda se esconde tras las nubes amontonadas en el Occidente, cuando Pulo, que tiene fijos los ojos en la senda que conduce a su palacio y en la cual nadie aparece, exclama, pose\u00eddo de profundo desaliento:<\/p>\n<p>&#8211; El d\u00eda huye, la noche vence y el peregrino tarda. Por ventura, \u00bfhabr\u00e9 ofendido nuevamente al dios con mi impaciencia? \u00a1Mi impaciencia! \u00a1Ah! Cuando de su llegada pende la de su esposa, y de la terminaci\u00f3n de su trabajo la conclusi\u00f3n de mis padecimientos y el perd\u00f3n de mis culpas, \u00bfes posible que no ans\u00ede apagar el ultimo rayo de luz que brilla en el ocaso, y traer la noche sobre las llanuras, para que con ella llegue el divino mensajero?<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u00a0-Heme aqu\u00ed.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe, sobrecogido al escuchar las anteriores palabras, vuelve el rostro y contempla, lleno de gozo y de ansiedad, al que las ha pronunciado.<br \/>\nEl peregrino, que no era otro el que, tocando ligeramente en la espalda de Pulo, respondi\u00f3 a las ideas que formulaba en su mente, prosigui\u00f3 de este modo, dirigi\u00e9ndose al pr\u00edncipe:<\/p>\n<p>-La noche se adelanta; escrito esta en los sagrados Vedas que el mundo\u00a0 es la patria del piadoso peregrino; las humildes chozas y los maravillosos palacios le deben una plaza en el hogar, en la mesa y en el lecho. Se\u00f1or de Orisa, \u00bfquerr\u00e1s darme un asilo en tu morada?<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>\u00a0El caudillo responde:<\/p>\n<p>-El esposo, temblando de gozo y de amor, no conduce con tanta alegr\u00eda y la mujer que ama al lecho nupcial, colgado de p\u00farpura y lino ,como yo te llevare a sentarte en mi hogar, en mi lecho y en mi mesa.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00a0El peregrino, conducido por el impaciente se\u00f1or de Orisa, penetra en el palacio. Las antorchas se encienden, el fuego del hogar se reanima, y sobre dos magn\u00edficos schales de cachemir, los bracmines sirven exquisitos manjares en fuentes de oro al hu\u00e9sped enviado por el cielo. Cuando termina el banquete y las copas de \u00e1mbar, coloradas con arom\u00e1ticos licores, circulan en derredor, vertiendo la alegr\u00eda y la embriaguez, el peregrino se dirige a Pulo, a quien ya comienzan a turbar los vapores del vino y la abrasadora atm\u00f3sfera del fest\u00edn.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>\u00a0-Se\u00f1or de se\u00f1ores -le dice-, tu copa ha sido la m\u00eda. \u00bfCon que podr\u00e9 pagarte la hospitalidad que me has dispensado? Habla; tus deseos ser\u00e1n cumplidos.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe le ruega, siguiendo las instrucciones de Bracma, que esculpa en el tronco que arrojan las olas la imagen de Vichen\u00fa. El peregrino accede, y se le proporcionan los instrumentos que desea y la estancia solitaria y apartada que exige.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>\u00a0La p\u00e1lida reina de la noche sube, serena, por el ancho cielo, derramando un suave y melanc\u00f3lico esplendor, que se quiebra en chispas de plata sobre las crestas de las ondas.<\/p>\n<p>Todo esta sumergido en el mas profundo silencio cuando el caudillo, despert\u00e1ndose sobresaltado del sue\u00f1o que a su pesar embarga su esp\u00edritu, pasa sus manos sobre su abrasada frente para apartar de ella la bruma de la embriaguez.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>\u00a0Recuerda cuando hab\u00eda tenido lugar aquella noche en su palacio y, combatido por la curiosidad y la impaciencia, presta atenci\u00f3n por ver si en el silencio de la noche percibe los golpes del martillo y el cincel del escultor.<\/p>\n<p>Ni un lejano murmullo turba la majestuosa tranquilidad de las sombras.<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>\u00a0&lt;&lt;\u00bfSi embriagado con el vapor de los licores se abra rendido al sue\u00f1o, abandonando su obra?&gt;&gt;, piensa entre si.<\/p>\n<p>Entonces se traba en su alma una lucha entre la curiosidad y el temor, lucha, que concluye con el triunfo de aqu\u00e9lla. Un genio del mal gu\u00eda sus pasos a trav\u00e9s de la noche, y estos se dirigen, impulsados por una fuerza incontrastable, hacia el lugar en que se encuentra el peregrino.<\/p>\n<p>X<\/p>\n<p>\u00a0Presta de nuevo atenci\u00f3n; nada escucha. \u00bfQu\u00e9 har\u00e1? \u00a1Si fuera posible descubrir este arcano!<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, el caudillo de las manos rojas separa las colgaduras de seda y oro que cubren la puerta de la habitaci\u00f3n que ocupa el misterioso viajero; un rayo que hubiera ca\u00eddo a sus pies no le asombrar\u00eda tanto como la escena que se presenta sus ojos.<\/p>\n<p>XI<\/p>\n<p>\u00a0El peregrino ha desaparecido.<\/p>\n<p>En mitad del aposento, y al d\u00e9bil resplandor de una l\u00e1mpara de alabastro, se ve el informe busto de un horroroso \u00eddolo.<\/p>\n<p>La locura en sus fant\u00e1sticas creaciones, el sue\u00f1o en sus angustiosos pesadillas, el insomnio en su delirio abrumador no forjaron nunca una imagen tan repugnante y terrible.<\/p>\n<p>XII<\/p>\n<p>\u00a0No es su rostro el del genio ben\u00e9fico que protege al pr\u00edncipe, ese rostro en cuyas facciones se ven grabadas, en armoniosas l\u00edneas y rasgos atrevidos, la noble fiereza, la salvaje y varonil hermosura del dios de las selvas, no; la fisonom\u00eda de aquella tosca escultura que, sin concluir aun, se presenta a los ojos del aterrado Pulo, tiene algo de infernal y medroso; de su redonda pupila parece pronto a brotar el rayo y la muerte; su dilata boca esta contra\u00edda por una sonrisa feroz; todo el rebela un genio del mal.<\/p>\n<p>Es la imagen de Schiwen, y no la de Vichen\u00fa.<\/p>\n<p>La impaciencia ha perdido para siempre al desgraciado caudillo.<\/p>\n<p>XIII<\/p>\n<p>\u00a0Este, presa de un v\u00e9rtigo y saliendo de su inmovilidad:<\/p>\n<p>-Bracmines -exclama en alta voz-, despertad de vuestro sue\u00f1o: la esperanza de dicha que aun me restaba se ha desvanecido como el perfume de un lirio que besa el simo\u00fan. Schiwen venci\u00f3 en e combate; levantad el \u00eddolo que lo representa; llevadlo al ara sobre vuestros hombros al comp\u00e1s de los himnos de luto y el clamor de las pla\u00f1ideras y de los c\u00edmbalos; suyo ser\u00e1 el templo de su hermano, y con el mi vida.<\/p>\n<p>XIV<\/p>\n<p>\u00a0Los bracmines y los servidores del pr\u00edncipe, que han acudido a su llamamiento, se apresuran a ejecutar sus mandatos: las apagadas antorchas vuelven a despedir torrentes de luz; los guerreros hieren sus escudos con el pomo de la espada; las roncas bocinas de marfil ahuyentan el tranquilo sue\u00f1o de los habitantes de Cutac, y la triste e imponente comitiva que conduce al dios de la muerte y del estrago se dirige a la gigantesca pagoda, del seno de la cual se escuchan levantarse, crecer y morir, temblando en el vac\u00edo, medrosos lamentos y horribles carcajadas. Son los genios de la destrucci\u00f3n, que solemnizan su victoria.<\/p>\n<p>XV<\/p>\n<p>\u00a0El d\u00eda comienza a despuntar; la luna se desvanece y el mar se colora con la primera luz del alba. El templo resplandece, iluminado en su interior por cien y cien magnificas l\u00e1mparas de bronce y oro; las blancas nubes que se elevan de los altares difunden la esencia de la mirra y del aloe por los extensos \u00e1mbitos de la pagoda; el pr\u00edncipe ha ce\u00f1ido la frente con el amarillo schal, emblema del poder soberano, y cubierto con sus m\u00e1s ricas vestiduras, esta de rodillas ante el ara.<\/p>\n<p>Las ceremonias con que los bracmines, invocando la piedad de los genios, han dado posesi\u00f3n al de la muerte del templo de Jaganata, han concluido.<\/p>\n<p>XVI<\/p>\n<p>\u00a0-\u00a1Sacerdotes, caudillos, siervos! -prorrumpe al fin el se\u00f1or de Orisa-. \u00a1La c\u00f3lera de los dioses esta suspendida sobre mi cabeza como una espada pendiente de un cabello; mis manos, que desde la terrible hora en que sub\u00ed al solio ning\u00fan mortal ha visto desnudas, est\u00e1n manchadas de sangre! Vedlas; esta sangre es la de mi antecesor, la de mi hermano, a quien arranque la vida con la corona. Schiwen, el dios del remordimiento y de la expiaci\u00f3n, me exige ojo por ojo, corona por corona, vida por vida. C\u00famplase su voluntad. \u00a1Sacerdotes, caudillos, siervos: rogad por el ultimo de los Dheli, cuya raza va a desaparecer de la tierra!<\/p>\n<p>La multitud, sobrecogida y llena de terror, permanece en silencio. Pulo, volvi\u00e9ndose hacia el altar en que esta colocado el dios, prosigue de este modo, dirigi\u00e9ndose al informe \u00eddolo, que parece que contare sus labios con una muda e infernal sonrisa.<\/p>\n<p>XVII<\/p>\n<p>\u00a0-Schiwen, enemigo y extirpador de mi raza, si la sangre puede lavar mis culpas, apartando tu c\u00f3lera de la frente de Siannah, rec\u00edbela como mi ultima ofrenda; pero conc\u00e9deme, al menos, que antes de partir del mundo la contemple un instante por la postrera vez; que su boca reciba el fr\u00edo y apagado aliento de la m\u00eda; que sus besos cierren mis p\u00e1rpados a la eterna noche de la tumba.<\/p>\n<p>XVIII<\/p>\n<p>\u00a0La muchedumbre que ocupa las naves del templo tiene fijos sus ojos en el pr\u00edncipe y arroja un grito de horror.<\/p>\n<p>Pulo se ha atravesado con su espada, y el caliente borbot\u00f3n de sangre que brota de su herida salto humeando al rostro del genio.<\/p>\n<p>En aquel instante, una mujer atraviesa el atrio de la pagoda y se adelanta hasta el recinto en que se eleva el ara de Schiwen.<\/p>\n<p>-\u00a1Siannah! -murmura el pr\u00edncipe, reconoci\u00e9ndola-. Siannah, al fin te veo antes de morir -y expira.<\/p>\n<p>XIX<\/p>\n<p>\u00a0Siannah, la perla de Ormuz, la violeta de Orisa, el s\u00edmbolo de la hermosura y del amor, la que formo Bermach en un delirio de placer, combinando la gentileza de las palmas de Nepaul, la flexibilidad de los juncos del Ganges, la esmeralda de los ojos de una schiva, la luz de un diamante de Golconda, la armon\u00eda de una noche de verano y la esencia de un lirio salvaje del Himalaya; Siannah, la hermosa entre las hermosas, sigui\u00f3 a Pulo a trav\u00e9s de su peregrinaci\u00f3n en esas regiones desconocidas de las que ning\u00fan viajero vuelve.<\/p>\n<p>Siannah fue la primera viuda indiana que se arroj\u00f3 al fuego con el cad\u00e1ver de su esposo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(TRADICI\u00d3N INDIA) CAPITULO PRIMERO I \u00a0El sol ha desaparecido tras las cimas del Habwi, y la sombra de esta monta\u00f1a envuelve con un velo de cresp\u00f3n a la perla de las ciudades de Orisa, a la gentil Kattak, que duerme a sus pies, entre los bosques de canela y sicomoros,\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/el-caudillo-de-las-manos-rojas-gustavo-adolfo-becquer\/\">Seguir leyendo&#8230;<i 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