{"id":946,"date":"2010-11-27T22:39:08","date_gmt":"2010-11-27T20:39:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=946"},"modified":"2010-11-27T22:39:08","modified_gmt":"2010-11-27T20:39:08","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xxii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xxii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (XXII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XXII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Muerte de H\u00e9ctor<\/strong><\/p>\n<p>Aquiles, despu\u00e9s de decirle que se vengar\u00eda de \u00e9l si pudiera, torna al campo de batalla y delante de las puertas de la ciudad encuentra a H\u00e9ctor, que le esperaba; huye \u00e9ste, aqu\u00e9l le persigue y dan tres vueltas a la ciudad de Troya; Zeus coge la balanza de oro y ve que el destino condena a H\u00e9ctor, el cual, enga\u00f1ado por Atenea se detiene y es vencido y muerto por Aquiles, no obstante saber \u00e9ste que ha de sucumbir poco despu\u00e9s que muera el caudillo troyano.<\/p>\n<p>\u00a0Los troyanos, refugiados en la ciudad como cervatos, se recostaban en los hermosos baluartes, refrigeraban el sudor y beb\u00edan para apagar la sed; y en tanto los aqueos se iban acercando a la muralla, con los escudos levantados encima de los hombros. La Parca funesta s\u00f3lo detuvo a H\u00e9ctor para que se quedara fuera de Ilio, en las puertas Esceas. Y Febo Apolo dijo al Peli\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfPor qu\u00e9, oh hijo de Peleo, persigues en veloz carrera, siendo t\u00fa mortal, a un dios inmortal? A\u00fan no conociste que soy una deidad, y no cesa tu deseo de alcanzarme. Ya no te cuidas de pelear con los troyanos, a quienes pusiste en fuga; y \u00e9stos han entrado en la poblaci\u00f3n, mientras te extraviabas viniendo aqu\u00ed. Pero no me matar\u00e1s, porque el hado no me conden\u00f3 a morir.<\/p>\n<p>\u00a0Muy indignado le respondi\u00f3 Aquiles, el de los pies ligeros:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh t\u00fa, que hieres de lejos, el m\u00e1s funesto de todos los dioses! Me enga\u00f1aste, tray\u00e9ndome ac\u00e1 desde la muralla, cuando todav\u00eda hubieran mordido muchos la tierra antes de llegar a Ilio. Me has privado de alcanzar una gloria no peque\u00f1a, y has salvado con facilidad a los troyanos, porque no tem\u00edas que luego me vengara. Y ciertamente me vengar\u00eda de ti, si mis fuerzas lo permitieran.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo y, muy alentado, se encamin\u00f3 apresuradamente a la ciudad; como el corcel vencedor en la carrera de carros trota veloz por el campo, tan ligeramente mov\u00eda Aquiles pies y rodillas.<\/p>\n<p>\u00a0EI anciano Pr\u00edamo fue el primero que con sus propios ojos le vio venir por la llanura, tan resplandeciente como el astro que en el oto\u00f1o se distingue por sus vivos rayos entre muchas estrellas durante la noche obscura y recibe el nombre de \u00abperro de Ori\u00f3n\u00bb, el cual con ser brillant\u00edsimo constituye una se\u00f1al funesta porque trae excesivo calor a los m\u00edseros mortales; de igual manera centelleaba el bronce sobre el pecho del h\u00e9roe, mientras \u00e9ste corr\u00eda. Gimi\u00f3 el viejo, golpe\u00f3se la cabeza con las manos levantadas y profiri\u00f3 grandes voces y lamentos, dirigiendo s\u00faplicas a su hijo. H\u00e9ctor continuaba inm\u00f3vil ante las puertas y sent\u00eda vehemente deseo de combatir con Aquiles. Y el anciano, tendi\u00e9ndole los brazos, le dec\u00eda en tono lastimero:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor, hijo querido! No aguardes, solo y lejos de los amigos, a ese hombre, para que no mueras presto a manos del Peli\u00f3n, que es mucho m\u00e1s vigoroso. \u00a1Cruel! As\u00ed fuera tan caro a los dioses, como a m\u00ed: pronto se lo comer\u00edan, tendido en el suelo, los perros y los buitres, y mi coraz\u00f3n se librar\u00eda del terrible pesar. Me ha privado de muchos y valientes hijos, matando a unos y vendiendo a otros en remotas islas. Y ahora que los troyanos se han encerrado en la ciudad, no acierto a ver a mis dos hijos Lica\u00f3n y Polidoro, que pari\u00f3 La\u00f3toe, ilustre entre las mujeres. Si est\u00e1n vivos en el ej\u00e9rcito, los rescataremos con bronce y oro, que todav\u00eda lo hay en el palacio; pues a La\u00f3toe la dot\u00f3 espl\u00e9ndidamente su anciano padre, el \u00ednclito Altes. Pero, si han muerto y se hallan en la morada de Hades, el mayor dolor ser\u00e1 para su madre y para m\u00ed que los engendramos; porque el del pueblo durar\u00e1 menos, si no mueres t\u00fa, vencido por Aquiles. Ven adentro del muro, hijo querido, para que salves a los troyanos y a las troyanas; y no quieras procurar inmensa gloria al Pelida y perder t\u00fa mismo la existencia. Compad\u00e9cete tambi\u00e9n de m\u00ed, de este infeliz y desgraciado que a\u00fan conserva la raz\u00f3n; pues el padre Cronida me quitar\u00e1 la vida en la senectud y con aciaga suerte, despu\u00e9s de presenciar muchas desventuras: muertos mis hijos, esclavizadas mis hijas, destruidos los t\u00e1lamos, arrojados los ni\u00f1os por el suelo en el terrible combate y las nueras arrastradas por las funestas manos de los aqueos. Y cuando, por fin, alguien me deje sin vida los miembros, hiri\u00e9ndome con el agudo bronce o con arma arrojadiza, los voraces perros que con comida de mi mesa cri\u00e9 en el palacio para que lo guardasen despedazar\u00e1n mi cuerpo en la puerta exterior, beber\u00e1n mi sangre, y, saciado el apetito, se tender\u00e1n en el p\u00f3rtico. Yacer en el suelo, habiendo sido atravesado en la lid por el agudo bronce, es decoroso para un joven, y cuanto de \u00e9l pueda verse todo es bello, a pesar de la muerte; pero que los perros destrocen la cabeza y la barba encanecidas y las partes verendas de un anciano muerto en la guerra es lo m\u00e1s triste de cuanto les puede ocurrir a los m\u00edseros mortales.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed se expres\u00f3 el anciano, y con las manos se arrancaba de la cabeza muchas canas, pero no logr\u00f3 persuadir a H\u00e9ctor. La madre de \u00e9ste, que en otro sitio se lamentaba llorosa, desnud\u00f3 el seno, mostr\u00f3le el pecho, y, derramando l\u00e1grimas, dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! \u00a1Hijo m\u00edo! Respeta este seno y api\u00e1date de m\u00ed. Si en otro tiempo te daba el pecho para acallar tu lloro, acu\u00e9rdate de tu ni\u00f1ez, hijo amado; y penetrando en la muralla, rechaza desde la misma a ese enemigo y no salgas a su encuentro. \u00a1Cruel! Si te mata, no podr\u00e9 llorarte en tu lecho, querido pimpollo a quien par\u00ed, y tampoco podr\u00e1 hacerlo tu rica esposa, porque los veloces perros te devorar\u00e1n muy lejos de nosotras, junto a las naves argivas.<\/p>\n<p>\u00a0De esta manera Pr\u00edamo y H\u00e9cuba hablaban a su hijo, llorando y dirigi\u00e9ndole muchas s\u00faplicas, sin que lograsen persuadirle, pues H\u00e9ctor segu\u00eda aguardando a Aquiles, que ya se acercaba. Como silvestre drag\u00f3n que, habiendo comido hierbas venenosas, espera ante su guarida a un hombre y con feroz c\u00f3lera echa terribles miradas y se enrosca en la entrada de la cueva, as\u00ed H\u00e9ctor, con inextinguible valor, permanec\u00eda quieto, desde que arrim\u00f3 el terso escudo a la torre prominente. Y gimiendo, a su magn\u00e1nimo esp\u00edritu le dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ay de m\u00ed! Si traspongo las puertas y el muro, el primero en dirigirme baldones ser\u00e1 Polidamante, el cual me aconsejaba que trajera el ej\u00e9rcito a la ciudad la noche funesta en que el divinal Aquiles decidi\u00f3 volver a la pelea. Pero yo no me dej\u00e9 persuadir \u2011mucho mejor hubiera sido aceptar su consejo\u2011\u2011, y ahora que he causado la ruina del ej\u00e9rcito con mi imprudencia temo a los troyanos y a las troyanas, de rozagantes peplos, y que alguien menos valiente que yo exclame: \u00abH\u00e9ctor, fiado en su pujanza, perdi\u00f3 las tropas\u00bb. As\u00ed hablar\u00e1n; y preferible fuera volver a la poblaci\u00f3n despu\u00e9s de matar a Aquiles, o morir gloriosamente delante de ella. \u00bfY si ahora, dejando en el suelo el abollonado escudo y el fuerte casco y apoyando la pica contra el muro, saliera al encuentro del irreprensible Aquiles, le dijera que permit\u00eda a los Atridas llevarse a Helena y las riquezas que Alejandro trajo a Ilio en las c\u00f3ncavas naves, que esto fue lo que origin\u00f3 la guerra, y le ofreciera repartir a los aqueos la mitad de lo que la ciudad contiene; y m\u00e1s tarde tomara juramento a los troyanos de que, sin ocultar nada, formar\u00edan dos lotes con cuantos bienes existen dentro de esta hermosa ciudad?&#8230; Mas \u00bfpor qu\u00e9 en tales cosas me hace pensar el coraz\u00f3n? No, no ir\u00e9 a suplicarle; que, sin tenerme compasi\u00f3n ni respeto, me matar\u00eda inerme, como a una mujer, tan pronto como dejara las armas. Imposible es mantener con \u00e9l, desde una encina o desde una roca, un coloquio, como un mancebo y una doncella; como un mancebo y una doncella suelen mantener. Mejor ser\u00e1 empezar el combate cuanto antes, para que veamos pronto a qui\u00e9n el Ol\u00edmpico concede la victoria.<\/p>\n<p>\u00a0Tales pensamientos revolv\u00eda en su mente, sin moverse de aquel sitio, cuando se le acerc\u00f3 Aquiles, igual a Enialio, el impetuoso luchador, con el terrible fresno del Peli\u00f3n sobre el hombro derecho y el cuerpo protegido por el bronce que brillaba como el resplandor del encendido fuego o del sol naciente. H\u00e9ctor, al verlo, se puso a temblar y ya no pudo permanecer all\u00ed; sino que dej\u00f3 las puertas y huy\u00f3 espantado. Y el Pelida, confiando en sus pies ligeros, corri\u00f3 en seguimiento del mismo. Como en el monte el gavil\u00e1n, que es el ave m\u00e1s ligera, se lanza con f\u00e1cil vuelo tras la t\u00edmida paloma, \u00e9sta huye con tortuosos giros y aqu\u00e9l la sigue de cerca, dando agudos graznidos y acometi\u00e9ndola repetidas veces, porque su \u00e1nimo le incita a cogerla, as\u00ed Aquiles volaba enardecido y H\u00e9ctor mov\u00eda las ligeras rodillas huyendo azorado en torno de la muralla de Troya. Corr\u00edan siempre por la carretera, fuera del muro, dejando a sus espaldas la atalaya y el lugar ventoso donde estaba el cabrah\u00edgo; y llegaron a los dos cristalinos manantiales, que son las fuentes del Escamandro voraginoso. El primero tiene el agua caliente y lo cubre el humo como si hubiera all\u00ed un fuego abrasador; el agua que del segundo brota es en el verano como el granizo, la fr\u00eda nieve o el hielo. Cerca de ambos hay unos lavaderos de piedra, grandes y hermosos, donde las esposas y las bellas hijas de los troyanos sol\u00edan lavar sus magn\u00edficos vestidos en tiempo de paz, antes que llegaran los aqueos. Por all\u00ed pasaron, el uno huyendo y el otro persigui\u00e9ndolo: delante, un valiente hu\u00eda, pero otro m\u00e1s fuerte le persegu\u00eda con ligereza; porque la contienda no era por una v\u00edctima o una piel de buey, premios que suelen darse a los vencedores en la carrera, sino por la vida de H\u00e9ctor, domador de caballos. Como los sol\u00edpedos corceles que toman parte en los juegos en honor de un difunto corren velozmente en torno de la meta donde se ha colocado como premio importante un tr\u00edpode o una mujer, de semejante modo aqu\u00e9llos dieron tres veces la vuelta a la ciudad de Pr\u00edamo, corriendo con ligera planta. Todas las deidades los contemplaban. Y Zeus, padre de los hombres y de los dioses, comenz\u00f3 a decir:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! Con mis ojos veo a un caro var\u00f3n perseguido en torno del muro. Mi coraz\u00f3n se compadece de H\u00e9ctor, que tantos muslos de buey ha quemado en mi obsequio en las cumbres del Ida, en valles abundoso, y en la ciudadela de Troya; y ahora el divino Aquiles le persigue con sus ligeros pies en derredor de la ciudad de Pr\u00edamo. Ea, deliberad, oh dioses, y decidid si lo salvaremos de la muerte \u00f3 dejaremos que, a pesar de ser esforzado, sucumba a manos del Pelida Aquiles.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Atenea, la diosa de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh padre, que lanzas el ardiente rayo y amontonas las nubes! \u00bfQu\u00e9 dijiste? \u00bfDe nuevo quieres librar de la muerte horr\u00edsona a ese hombre mortal, a quien tiempo ha que el hado conden\u00f3 a morir? Hazlo, pero no todos los dioses te lo aprobaremos.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>\u00a0Tranquil\u00edzate, Tritogenia, hija querida. No hablo con \u00e1nimo benigno, pero contigo quiero ser complaciente. Obra conforme a tus deseos y no desistas.<\/p>\n<p>\u00a0Con tales voces instig\u00f3le a hacer lo que ella misma deseaba, y Atenea baj\u00f3 en raudo vuelo de las cumbres del Olimpo.<\/p>\n<p>\u00a0Entre canto; el veloz Aquiles persegu\u00eda y estrechaba sin cesar a H\u00e9ctor. Como el perro va en el monte por valles y cuestas tras el cervatillo que levant\u00f3 de la cama, y, si \u00e9ste se esconde, azorado, debajo de los arbustos, corre aqu\u00e9l rastreando hasta que nuevamente lo descubre; de la misma manera, el Peli\u00f3n, de pies ligeros, no perd\u00eda de vista a H\u00e9ctor. Cuantas veces el troyano intentaba encaminarse a las puertas Dardanias, al pie de las tomes bien construidas, por si desde arriba le socorr\u00edan disparando flechas; otras tantas Aquiles, adelant\u00e1ndosele, lo apartaba hacia la llanura, y aqu\u00e9l volaba sin descanso cerca de la ciudad. Como en sue\u00f1os ni el que persigue puede alcanzar al perseguido, ni \u00e9ste huir de aqu\u00e9l; de igual manera, ni Aquiles con sus pies pod\u00eda dar alcance a H\u00e9ctor, ni H\u00e9ctor escapar de Aquiles. \u00bfY c\u00f3mo H\u00e9ctor se hubiera librado entonces de las Parcas de la muerte que le estaba destinada, si Apolo, acerc\u00e1ndosele por la postrera y \u00faltima vez, no le hubiese dado fuerzas y agilizado sus rodillas?<\/p>\n<p>\u00a0El divino Aquiles hac\u00eda con la cabeza se\u00f1ales negativas a los guerreros, no permiti\u00e9ndoles disparar amargas flechas contra H\u00e9ctor: no fuera que alguien alcanzara la gloria de herir al caudillo y \u00e9l llegase el segundo. Mas cuando en la cuarta vuelta llegaron a los manantiales, el padre Zeus tom\u00f3 la balanza de oro, puso en la misma dos suertes de la muerte que tiende a lo largo \u2011la de Aquiles y la de H\u00e9ctor, domador de caballos\u2011, cogi\u00f3 por el medio la balanza, la despleg\u00f3, y tuvo m\u00e1s peso el d\u00eda fatal de H\u00e9ctor, que descendi\u00f3 hasta el Hades. Al instante Febo Apolo desampar\u00f3 al troyano. Atenea, la diosa de ojos de lechuza, se acerc\u00f3 al Peli\u00f3n, y le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Espero, oh esclarecido Aquiles, caro a Zeus, que nosotros dos procuraremos a los aqueos inmensa gloria, pues al volver a las naves habremos muerto a H\u00e9ctor, aunque sea infatigable en la batalla. Ya no se nos puede escapar, por m\u00e1s cosas que haga Apolo, el que hiere de lejos, postr\u00e1ndose a los pies del padre Zeus, que lleva la \u00e9gida. P\u00e1rate y respira; a ir\u00e9 a persuadir a H\u00e9ctor para que luche contigo frente a frente.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3 Atenea. Aquiles obedeci\u00f3, con el coraz\u00f3n alegre, y se detuvo en seguida, apoy\u00e1ndose en el arrimo de la pica de asta de fresno y bronc\u00ednea punta. La diosa dej\u00f3le y fue a encontrar al divino H\u00e9ctor. Y tomando la figura y la voz infatigable de De\u00edfobo, lleg\u00f3se al h\u00e9roe y pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Mi buen hermano! Mucho te estrecha el veloz Aquiles, persigui\u00e9ndote con ligero pie alrededor de la ciudad de Pr\u00edamo. Ea, deteng\u00e1monos y rechacemos su ataque.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el gran H\u00e9ctor, de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1De\u00edfobo! Siempre has sido para m\u00ed el hermano predilecto entre cuantos somos hijos de H\u00e9cuba y de Pr\u00edamo, pero desde ahora hago cuenta de tenerte en mayor aprecio, porque al verme con tus ojos osaste salir del muro y los dem\u00e1s han permanecido dentro.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 Atenea, la diosa de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Mi buen hermano! El padre, la venerable madre y los amigos abraz\u00e1banme las rodillas y me suplicaban que me quedara con ellos \u2011\u00a1de tal modo tiemblan todos!\u2011, pero mi \u00e1nimo se sent\u00eda atormentado por grave pesar. Ahora peleemos con br\u00edo y sin dar reposo a la pica, para que veamos si Aquiles nos mata y se lleva nuestros sangrientos despojos a las c\u00f3ncavas naves, o sucumbe vencido por tu lanza.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed diciendo, Atenea, para enga\u00f1arlo, empez\u00f3 a caminar. Cuando ambos guerreros se hallaron frente a frente, dijo el primero el gran H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u2011No huir\u00e9 m\u00e1s de ti, oh hijo de Peleo, como hasta ahora. Tres veces di la vuelta, huyendo, en torno de la gran ciudad de Pr\u00edamo, sin atreverme nunca a esperar tu acometida. Mas ya mi \u00e1nimo me impele a afrontarte, ora te mate, ora me mates t\u00fa. Ea, pongamos a los dioses por testigos, que ser\u00e1n los mejores y los que m\u00e1s cuidar\u00e1n de que se cumplan nuestros pactos: Yo no te insultar\u00e9 cruelmente, si Zeus me concede la victoria y logro quitarte la vida; pues tan luego como te haya despojado de las magn\u00edficas armas, oh Aquiles, entregar\u00e9 el cad\u00e1ver a los aqueos. P\u00f3rtate t\u00fa conmigo de la misma manera.<\/p>\n<p>\u00a0Mir\u00e1ndole con torva faz, respondi\u00f3 Aquiles, el de los pies ligeros:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor, a quien no puedo olvidar! No me hables de convenios. Como no es posible que haya fieles alianzas entre los leones y los hombres, ni que est\u00e9n de acuerdo los lobos y los corderos, sino que piensan continuamente en causarse da\u00f1o unos a otros, tampoco puede haber entre nosotros ni amistad ni pactos, hasta que caiga uno de los dos y sacie de sangre a Ares, infatigable combatiente. Rev\u00edstete de toda clase de valor, porque ahora te es muy preciso obrar como belicoso y esforzado campe\u00f3n. Ya no te puedes escapar. Palas Atenea te har\u00e1 sucumbir pronto, herido por mi lanza, y pagar\u00e1s todos juntos los dolores de mis amigos, a quienes mataste cuando manejabas furiosamente la pica.<\/p>\n<p>\u00a0En diciendo esto, blandi\u00f3 y arroj\u00f3 la fornida lanza. El esclarecido H\u00e9ctor, al verla venir, se inclin\u00f3 para evitar el golpe: clav\u00f3se la bronc\u00ednea lanza en el suelo, y Palas Atenea la arranc\u00f3 y devolvi\u00f3 a Aquiles, sin que H\u00e9ctor, pastor de hombres, lo advirtiese. Y H\u00e9ctor dijo al eximio Peli\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Erraste el golpe, oh Aquiles, semejante a los dioses! Nada te hab\u00eda revelado Zeus acerca de mi destino, como afirmabas; has sido un h\u00e1bil forjador de enga\u00f1osas palabras, para que, temi\u00e9ndote, me olvidara de mi valor y de mi fuerza. Pero no me clavar\u00e1s la pica en la espalda, huyendo de ti: atravi\u00e9same el pecho cuando animoso y frente a frente te acometa, si un dios te lo permite. Y ahora gu\u00e1rdate de mi bronc\u00ednea lanza. \u00a1Ojal\u00e1 que toda ella penetrara en tu cuerpo! La guerra ser\u00eda m\u00e1s liviana para los troyanos, si t\u00fa murieses; porque eres su mayor azote.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3; y, blandiendo la ingente lanza, despidi\u00f3la sin errar el tiro, pues dio un bote en medio del escudo del Pelida. Pero la lanza fue rechazada por la rodela, y H\u00e9ctor se irrit\u00f3 al ver que aqu\u00e9lla hab\u00eda sido arrojada in\u00fatilmente por su brazo; par\u00f3se, bajando la cabeza, pues no ten\u00eda otra lanza de fresno; y con recia voz llam\u00f3 a De\u00edfobo, el de luciente escudo, y le pidi\u00f3 una larga pica. De\u00edfobo ya no estaba a su lado. Entonces H\u00e9ctor comprendi\u00f3lo todo, y exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh! Ya los dioses me llaman a la muerte. Cre\u00eda que el h\u00e9roe De\u00edfobo se hallaba conmigo, pero est\u00e1 dentro del muro, y fue Atenea quien me enga\u00f1\u00f3. Cercana tengo la perniciosa muerte, que ni tardar\u00e1, ni puedo evitarla. As\u00ed les habr\u00e1 placido que sea, desde hace tiempo, a Zeus y a su hijo, el que hiere de lejos; los cuales, ben\u00e9volos para conmigo, me salvaban de los peligros. Ya la Parca me ha cogido. Pero no quisiera morir cobardemente y sin gloria, sino realizando algo grande que llegara a conocimiento de los venideros.<\/p>\n<p>\u00a0Esto dicho, desenvain\u00f3 la aguda espada, grande y fuerte, que llevaba en el costado. Y encogi\u00e9ndose, se arroj\u00f3 como el \u00e1guila de alto vuelo se lanza a la llanura, atravesando las pardas nubes, para arrebatar la tierna corderilla o la t\u00edmida liebre; de igual manera arremeti\u00f3 H\u00e9ctor, blandiendo la aguda espada. Aquiles embisti\u00f3le, a su vez, con el coraz\u00f3n rebosante de feroz c\u00f3lera: defend\u00eda su pecho con el magn\u00edfico escudo labrado, y mov\u00eda el luciente casco de cuatro abolladuras, haciendo ondear las bellas y abundantes crines de oro que Hefesto hab\u00eda colocado en la cimera. Como el V\u00e9spero, que es el lucero m\u00e1s hermoso de cuantos hay en el cielo, se presenta rodeado de estrellas en la obscuridad de la noche, de tal modo brillaba la pica de larga punta que en su diestra bland\u00eda Aquiles, mientras pensaba en causar da\u00f1o al divino H\u00e9ctor y miraba cu\u00e1l parte del hermoso cuerpo del h\u00e9roe ofrecer\u00eda menos resistencia. \u00c9ste lo ten\u00eda protegido por la excelente armadura de bronce que quit\u00f3 a Patroclo despu\u00e9s de matarlo, y s\u00f3lo quedaba descubierto el lugar en que las clav\u00edculas separan el cuello de los hombros, la garganta que es el sitio por donde m\u00e1s pronto sale el alma: por all\u00ed el divino Aquiles envas\u00f3le la pica a H\u00e9ctor, que ya lo atacaba, y la punta, atravesando el delicado cuello, asom\u00f3 por la nuca. Pero no le cort\u00f3 el garguero con la pica de fresno que el bronce hac\u00eda ponderosa, para que pudiera hablar algo y responderle. H\u00e9ctor cay\u00f3 en el polvo, y el divino Aquiles se jact\u00f3 del triunfo, diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! Cuando despojabas el cad\u00e1ver de Patroclo, sin duda te cre\u00edste salvado y no me temiste a m\u00ed porque me hallaba ausente. \u00a1Necio! Quedaba yo como vengador, mucho m\u00e1s fuerte que \u00e9l, en las c\u00f3ncavas naves, y te he quebrado las rodillas. A ti los perros y las aves te despedazar\u00e1n ignominiosamente, y a Patroclo los aqueos le har\u00e1n honras f\u00fanebres.<\/p>\n<p>\u00a0Con l\u00e1nguida voz respondi\u00f3le H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Te lo ruego por tu alma, por tus rodillas y por tus padres: \u00a1No permitas que los perros me despedacen y devoren junto a las naves aqueas! Acepta el bronce y el oro que en abundancia te dar\u00e1n mi padre y mi veneranda madre, y entrega a los m\u00edos el cad\u00e1ver para que lo lleven a mi casa, y los troyanos y sus esposas lo entreguen al fuego.<\/p>\n<p>\u00a0Mir\u00e1ndole con torva faz, le contest\u00f3 Aquiles, el de los pies ligeros:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011No me supliques, \u00a1perro!, por mis rodillas ni por mis padres. Ojal\u00e1 el furor y el coraje me incitaran a cortar tus carnes y a com\u00e9rmelas crudas. \u00a1Tales agravios me has inferido! Nadie podr\u00e1 apartar de tu cabeza a los perros, aunque me traigan diez o veinte veces el debido rescate y me prometan m\u00e1s, aunque Pr\u00edamo Dard\u00e1nida ordene redimirte a peso de oro; ni, aun as\u00ed, la veneranda madre que te dio a luz te pondr\u00e1 en un lecho para llorarte, sino que los perros y las aves de rapi\u00f1a destrozar\u00e1n tu cuerpo.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3, ya moribundo, H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Bien lo conozco, y no era posible que te persuadiese, porque tienes en el pecho un coraz\u00f3n de hierro. Gu\u00e1rdate de que atraiga sobre ti la c\u00f3lera de los dioses, el d\u00eda en que Paris y Febo Apolo te dar\u00e1n la muerte, no obstante tu valor, en las puertas Esceas.<\/p>\n<p>\u00a0Apenas acab\u00f3 de hablar, la muerte le cubri\u00f3 con su manto: el alma vol\u00f3 de los miembros y descendi\u00f3 al Hades, llorando su suerte, porque dejaba un cuerpo vigoroso y joven. Y el divino Aquiles le dijo, aunque muerto lo viera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Muere! Y yo recibir\u00e9 la Parca cuando Zeus y los dem\u00e1s dioses inmortales dispongan que se cumpla mi destino.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; arranc\u00f3 del cad\u00e1ver la bronc\u00ednea lanza y, dej\u00e1ndola a un lado, quit\u00f3le de los hombros las ensangrentadas armas. Acudieron presurosos los dem\u00e1s aqueos, admiraron todos el continente y la arrogante figura de H\u00e9ctor y ninguno dej\u00f3 de herirlo. Y hubo quien, contempl\u00e1ndole, habl\u00f3 as\u00ed a su vecino:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! H\u00e9ctor es ahora mucho m\u00e1s blando en dejarse palpar que cuando incendi\u00f3 las naves con el ardiente fuego.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed algunos hablaban, y acerc\u00e1ndose lo her\u00edan. El divino Aquiles, ligero de pies, tan pronto como hubo despojado el cad\u00e1ver, se puso en medio de los aqueos y pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos, capitanes y pr\u00edncipes de los argivos! Ya que los dioses nos concedieron vencer a ese guerrero que caus\u00f3 mucho m\u00e1s da\u00f1o que todos los otros juntos, ea, sin dejar las armas cerquemos la ciudad para conocer cu\u00e1l es el prop\u00f3sito de los troyanos: si abandonar\u00e1n la ciudadela por haber sucumbido H\u00e9ctor, o se atrever\u00e1n a quedarse todav\u00eda a pesar de que \u00e9ste ya no existe. Mas \u00bfpor qu\u00e9 en tales cosas me hace pensar el coraz\u00f3n? En las naves yace Patroclo muerto, insepulto y no llorado; y no lo olvidar\u00e9, mientras me halle entre los vivos y mis rodillas se muevan; y si en el Hades se olvida a los muertos, aun all\u00ed me acordar\u00e9 del compa\u00f1ero amado. Ahora, ea, volvamos cantando el pe\u00e1n a las c\u00f3ncavas naves, y llev\u00e9monos este cad\u00e1ver. Hemos ganado una gran victoria: matamos al divino H\u00e9ctor, a quien dentro de la ciudad los troyanos dirig\u00edan votos cual si fuese un dios.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y, para tratar ignominiosamente al divino H\u00e9ctor, le horad\u00f3 los tendones de detr\u00e1s de ambos pies desde el tobillo hasta el tal\u00f3n; introdujo correas de piel de buey, y lo at\u00f3 al carro, de modo que la cabeza fuese arrastrando; luego, recogiendo la magn\u00edfica armadura, subi\u00f3 y pic\u00f3 a los caballos para que arrancaran, y \u00e9stos volaron gozosos. Gran polvareda levantaba el cad\u00e1ver mientras era arrastrado; la negra cabellera se esparc\u00eda por el suelo, y la cabeza, antes tan graciosa, se hund\u00eda toda en el polvo; porque Zeus la entreg\u00f3 entonces a los enemigos, para que all\u00ed, en su misma patria, la ultrajaran.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed toda la cabeza de H\u00e9ctor se manchaba de polvo. La madre, al verlo, se arrancaba los cabellos; y, arrojando de s\u00ed el blanco velo, prorrumpi\u00f3 en trist\u00edsimos sollozos. El padre suspiraba lastimeramente, y alrededor de \u00e9l y por la ciudad el pueblo gem\u00eda y se lamentaba. No parec\u00eda sino que toda la excelsa Ilio fuese desde su cumbre devorada por el fuego. Los guerreros apenas pod\u00edan contener al anciano, que, excitado por el pesar, quer\u00eda salir por las puertas Dardanias; y, revolc\u00e1ndose en el esti\u00e9rcol, les suplicaba a todos llamando a cada var\u00f3n por sus respectivos nombres:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Dejadme, amigos, por m\u00e1s intranquilos que est\u00e9is; permitid que, saliendo solo de la ciudad, vaya a las naves aqueas y ruegue a ese hombre pernicioso y violento: acaso respete mi edad y se apiade de mi vejez. Tiene un padre como yo, Peleo, el cual le engendr\u00f3 y cri\u00f3 para que fuese una plaga de los troyanos; pero es a m\u00ed a quien ha causado m\u00e1s pesares. \u00a1A cu\u00e1ntos hijos m\u00edos mat\u00f3, que se hallaban en la flor de la juventud! Pero no me lamento tanto por ellos, aunque su suerte me haya afligido, como por uno cuya p\u00e9rdida me causa el vivo dolor que me precipitar\u00e1 en el Hades: por H\u00e9ctor, que hubiera debido morir en mis brazos, y entonces nos hubi\u00e9semos saciado de llorarle y pla\u00f1irle la infortunada madre que le dio a luz y yo mismo.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3 llorando, y los ciudadanos suspiraron. Y H\u00e9cuba comenz\u00f3 entre las troyanas el funeral lamento:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh hijo! \u00a1Ay de m\u00ed, desgraciada! \u00bfPor qu\u00e9, despu\u00e9s de haber padecido terribles penas, seguir\u00e9 viviendo ahora que has muerto t\u00fa? D\u00eda y noche eras en la ciudad motivo de orgullo para m\u00ed y el baluarte de todos, de los troyanos y de las troyanas, que to saludaban como a un dios. Vivo, constitu\u00edas una excelsa gloria para ellos; pero ya la muerte y la Parca to alcanzaron.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo llorando. La esposa de H\u00e9ctor nada sab\u00eda, pues ning\u00fan veraz mensajero le llev\u00f3 la noticia de que su marido se quedara fuera de las puertas; y en lo m\u00e1s hondo del alto palacio tej\u00eda una tela doble y purp\u00farea, que adornaba con labores de variado color. Hab\u00eda mandado en su casa a las esclavas de hermosas trenzas que pusieran al fuego un tr\u00edpode grande, para que H\u00e9ctor se ba\u00f1ase en agua caliente al volver de la batalla. \u00a1Insensata! Ignoraba que Atenea, la de ojos de lechuza, le hab\u00eda hecho sucumbir muy lejos del ba\u00f1o a manos de Aquiles. Pero oy\u00f3 gemidos y lamentaciones que ven\u00edan de la torre, estremeci\u00e9ronse sus miembros, y la lanzadera le cay\u00f3 al suelo. Y al instante dijo a las esclavas de hermosas trenzas:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Venid, seguidme dos; voy a ver qu\u00e9 ocurre. O\u00ed la voz de mi venerable suegra; el coraz\u00f3n me salta en el pecho hacia la boca y mis rodillas se entumecen: alg\u00fan infortunio amenaza a los hijos de Pr\u00edamo. \u00a1Ojal\u00e1 que tal noticia nunca llegue a mis o\u00eddos! Pero mucho temo que el divino Aquiles haya separado de la ciudad a mi H\u00e9ctor audaz, le persiga a \u00e9l solo por la llanura y acabe con el funesto valor que siempre tuvo; porque jam\u00e1s en la batalla se qued\u00f3 entre la turba de los combatientes, sino que se adelantaba mucho y en bravura a nadie ced\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0Dicho esto, sali\u00f3 apresuradamente del palacio como una loca, palpit\u00e1ndole el coraz\u00f3n, y dos esclavas la acompa\u00f1aron. Mas, cuando lleg\u00f3 a la torre y a la multitud de gente que all\u00ed se encontraba, se detuvo, y desde el muro registr\u00f3 el campo; en seguida vio a H\u00e9ctor arrastrado delante de la ciudad, pues los veloces caballos lo arrastraban despiadadamente hacia las c\u00f3ncavas naves de los aqueos; las tinieblas de la noche velaron sus ojos, cay\u00f3 de espaldas y se le desmay\u00f3 el alma. Arranc\u00f3se de su cabeza los vistosos lazos, la diadema, la redecilla, la trenzada cinta y el velo que la \u00e1urea Afrodita le hab\u00eda dado el d\u00eda en que H\u00e9ctor se la llev\u00f3 del palacio de Eeti\u00f3n, constituy\u00e9ndole una gran dote. A su alrededor hall\u00e1banse muchas cu\u00f1adas y concu\u00f1adas suyas, las cuales la sosten\u00edan aturdida como si fuera a perecer. Cuando volvi\u00f3 en s\u00ed y recobr\u00f3 el aliento, lament\u00e1ndose con desconsuelo dijo entre las troyanas:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! \u00a1Ay de m\u00ed, infeliz! Ambos nacimos con la misma suerte, t\u00fa en Troya, en el palacio de Pr\u00edamo; yo en Teba, al pie del selvoso Placo, en el alc\u00e1zar de Eeti\u00f3n, el cual me cri\u00f3 cuando ni\u00f1a para que fuese desventurada como \u00e9l. \u00a1Ojal\u00e1 no me hubiera engendrado! Ahora t\u00fa desciendes a la mansi\u00f3n de Hades, en el seno de la tierra, y me dejas en el palacio viuda y sumida en triste duelo. Y el hijo, a\u00fan infante, que engendramos t\u00fa y yo, infortunados&#8230; Ni t\u00fa ser\u00e1s su amparo, oh H\u00e9ctor, pues has fallecido; ni \u00e9l el tuyo. Si escapa con vida de la luctuosa guerra de los aqueos, tendr\u00e1 siempre fatigas y pesares; y los dem\u00e1s se apoderar\u00e1n de sus campos, cambiando de sitio los mojones. El mismo d\u00eda en que un ni\u00f1o queda hu\u00e9rfano, pierde todos los amigos; y en adelante va cabizbajo y con las mejillas ba\u00f1adas en l\u00e1grimas. Obligado por la necesidad, dir\u00edgese a los amigos de su padre, tir\u00e1ndoles ya del manto, ya de la t\u00fanica; y alguno, compadecido, le alarga un vaso peque\u00f1o con el cual mojar\u00e1 los labios, pero no llegar\u00e1 a humedecer la garganta. El ni\u00f1o que tiene los padres vivos le echa del fest\u00edn, d\u00e1ndole pu\u00f1adas a increp\u00e1ndole con injuriosas voces: \u00ab\u00a1Vete, enhoramala!, le dice, que tu padre no come a escote con nosotros\u00bb. Y volver\u00e1 a su madre viuda, llorando, el hu\u00e9rfano Astianacte, que en otro tiempo, sentado en las rodillas de su padre, s\u00f3lo com\u00eda medula y grasa ping\u00fce de ovejas, y, cuando se cansaba de jugar y se entregaba al sue\u00f1o, dorm\u00eda en blanda cama, en brazos de la nodriza, con el coraz\u00f3n lleno de gozo; mas ahora que ha muerto su padre, mucho tendr\u00e1 que padecer Astianacte, a quien los troyanos llamaban as\u00ed porque s\u00f3lo t\u00fa, oh H\u00e9ctor, defend\u00edas las puertas y los altos muros. Y a ti, cuando los perros se hayan saciado con tu carne, los movedizos gusanos te comer\u00e1n desnudo, junto a las corvas naves, lejos de tus padres; habiendo en el palacio vestiduras finas y hermosas, que las esclavas hicieron con sus manos. Arrojar\u00e9 todas estas vestiduras al ardiente fuego; y ya que no te aprovechen, pues no yacer\u00e1s en ellas, constituir\u00e1n para ti un motivo de gloria a los ojos de los troyanos y de las troyanas.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo llorando, y las mujeres gimieron.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XXII Muerte de H\u00e9ctor Aquiles, despu\u00e9s de decirle que se vengar\u00eda de \u00e9l si pudiera, torna al campo de batalla y delante de las puertas de la ciudad encuentra a H\u00e9ctor, que le esperaba; huye \u00e9ste, aqu\u00e9l le persigue y dan tres vueltas a la ciudad de Troya; Zeus\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xxii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1016,1012,1015,1034,1289,1287,1057,1051,1025,1046,1033],"class_list":["post-946","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-arte","tag-ave","tag-flor","tag-guerra","tag-homero","tag-iliada","tag-pensamiento","tag-planta","tag-rosa","tag-salud","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - 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