{"id":944,"date":"2010-11-27T22:37:53","date_gmt":"2010-11-27T20:37:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=944"},"modified":"2010-11-27T22:37:53","modified_gmt":"2010-11-27T20:37:53","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xx-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xx-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (XX) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XX<\/strong><\/p>\n<p><strong>Combate de los dioses<\/strong><\/p>\n<p>Los dioses, en asamblea extraordinaria, no se ponen de acuerdo sobre a qui\u00e9n hab\u00eda que favorecer. Aquiles, enfurecido, vuelve al combate y mata a tantos troyanos que los cad\u00e1veres obstruyen la corriente del r\u00edo Janto.<\/p>\n<p>\u00a0Mientras los aqueos se armaban junto a los corvos bajeles, alrededor de ti, oh hijo de Peleo, incansable en la batalla, los troyanos se apercib\u00edan tambi\u00e9n para el combate en una eminencia de la llanura.<\/p>\n<p>\u00a0Zeus orden\u00f3 a Temis que, partiendo de las cumbres del Olimpo, en valles abundante, convocase al \u00e1gora a los dioses, y ella fue de un lado para otro y a todos les mand\u00f3 que acudieran al palacio de Zeus. No falt\u00f3 ninguno de los r\u00edos, a excepci\u00f3n del Oc\u00e9ano; y de cuantas ninfas habitan los bellos bosques, las fuentes de los nos y los herbosos prados, ninguna dej\u00f3 de presentarse. Tan luego como llegaban al palacio de Zeus, que amontona las nubes, sent\u00e1banse en bru\u00f1idos p\u00f3rticos, que para el padre Zeus hab\u00eda construido Hefesto con sabia inteligencia.<\/p>\n<p>\u00a0All\u00ed, pues, se reunieron. Tampoco el que bate la tierra desobedeci\u00f3 a la diosa, sino que, dirigi\u00e9ndose desde el mar a los dioses, se sent\u00f3 en medio de todos y explor\u00f3 la voluntad de Zeus:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfPor qu\u00e9, oh t\u00fa que lanzas encendidos rayos, llamas de nuevo a los dioses al \u00e1gora? \u00bfAcaso tienes alg\u00fan prop\u00f3sito acerca de los troyanos y de los aqueos? El combate y la pelea vuelven a encenderse entre ambos pueblos.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Entendiste, t\u00fa que bates la tierra, el designio que encierra mi pecho y por el cual os he reunido. Me cuido de ellos, aunque van a perecer. Yo me quedar\u00e9 sentado en la cumbre del Olimpo y recrear\u00e9 mi esp\u00edritu contemplando la batalla; y los dem\u00e1s \u00a1dos hacia los troyanos y los aqueos y cada uno auxilie a los que quiera. Pues, si Aquiles combatiese s\u00f3lo con los troyanos, \u00e9stos no resistir\u00edan ni un instante la acometida del Peli\u00f3n, el de los pies ligeros. Ya antes hu\u00edan espantados al verlo; y temo que ahora, que tan enfurecido tiene el \u00e1nimo por la muerte de su compa\u00f1ero, destruya el muro de Troya contra la decisi\u00f3n del hado.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3 el Cronida y promovi\u00f3 una gran batalla. Los dioses fueron al combate divididos en dos bandos: encamin\u00e1ronse a las naves Hera, Palas Atenea, Poseid\u00f3n, que ci\u00f1e la tierra, el ben\u00e9fico Hermes de prudente esp\u00edritu, y con ellos Hefesto, que, orgulloso de su fuerza, cojeaba arrastrando sus gr\u00e1ciles piernas; y enderezaron sus pasos a los troyanos Ares, el de tremolante casco, el intonso Febo, \u00c1rtemis, que se complace en tirar flechas, Leto, el Janto y la risue\u00f1a Afrodita.<\/p>\n<p>\u00a0Mientras los dioses se mantuvieron alejados de los hombres, mostr\u00e1ronse los aqueos muy ufanos porque Aquiles volv\u00eda a la batalla despu\u00e9s del largo tiempo en que se hab\u00eda abstenido de tener parte en la triste guerra, y los troyanos se espantaron y un fuerte temblor les ocup\u00f3 los miembros, tan pronto como vieron al Peli\u00f3n, ligero de pies, que con su reluciente armadura semejaba al dios Ares, funesto a los mortales. Mas, luego que las ol\u00edmpicas deidades penetraron por entre la muchedumbre de los guerreros, levant\u00f3se la terrible Discordia, que enardece a los varones; Atenea daba fuertes gritos, unas veces a orillas del foso cavado al pie del muro, y otras en los altos y sonoros promontorios; y Ares, que parec\u00eda un negro torbellino, vociferaba tambi\u00e9n y animaba vivamente a los troyanos, ya desde el punto m\u00e1s alto de la ciudad, ya corriendo por la Bella Colina, a orillas del Simoente.<\/p>\n<p>\u00a0De este modo los felices dioses, instigando a unos y a otros, los hicieron venir a las manos y promovieron una re\u00f1ida contienda. El padre de los hombres y de los dioses tron\u00f3 horriblemente en las alturas; Poseid\u00f3n, por debajo, sacudi\u00f3 la inmensa tierra y las excelsas cumbres de los montes; y retemblaron as\u00ed las laderas y las cimas del Ida, abundante en manantiales, como la ciudad troyana y las naves aqueas. Asust\u00f3se Aidoneo, rey de los infiernos, y salt\u00f3 del trono gritando; no fuera que Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, la desgarrase y se hicieran visibles las mansiones horrendas y tenebrosas que las mismas deidades aborrecen. \u00a1Tanto estr\u00e9pito se produjo cuando los dioses entraron en combate! Al soberano Poseid\u00f3n le hizo frente Febo Apolo con sus aladas flechas; a Enialio, Atenea, la diosa de ojos de lechuza; a Hera, \u00c1rtemis, que lleva arco de oro, ama el bullicio de la caza, se complace en tirar saetas y es hermana del que hiere de lejos; a Leto, el poderoso y ben\u00e9fico Hermes; y a Hefesto, el gran r\u00edo de profundos v\u00f3rtices, llamado por los dioses Janto y por los hombres Escamandro.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed los dioses salieron al encuentro los unos de los otros. Aquiles deseaba romper por el gent\u00edo en derechura a H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, pues el \u00e1nimo le impulsaba a saciar con la sangre del h\u00e9roe a Ares, infatigable luchador. Mas Apolo, que enardece a los guerreros, movi\u00f3 a Eneas a oponerse al Peli\u00f3n, infundi\u00e9ndole gran valor y habl\u00e1ndole as\u00ed, despu\u00e9s de tomar la voz y la figura de Lica\u00f3n, hijo de Pr\u00edamo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Eneas, consejero de los troyanos! \u00bfQu\u00e9 es de aquellas amenazas hechas por ti en los banquetes de los reyes troyanos, de que saldr\u00edas a combatir con el Pelida Aquiles?<\/p>\n<p>\u00a0Y a su vez Eneas le respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Pri\u00e1mida! \u00bfPor qu\u00e9 me ordenas que luche, sin desearlo mi voluntad, con el animoso Peli\u00f3n? No fuera la primera vez que me viese frente a Aquiles, el de los pies ligeros: en otro tiempo, cuando vino adonde pac\u00edan nuestras vacas y tom\u00f3 a Lirneso y a P\u00e9daso, persigui\u00f3me por el Ida con su lanza; y Zeus me salv\u00f3, d\u00e1ndome fuerzas y agilizando mis rodillas. Sin su ayuda hubiese sucumbido a manos de Aquiles y de Atenea, que le preced\u00eda, le daba la victoria y le animaba a matar l\u00e9leges y troyanos con la bronc\u00ednea lanza. Por eso ning\u00fan hombre puede combatir con Aquiles, porque a su lado asiste siempre alguna deidad que le libra de la muerte. En cambio, su lanza vuela recta y no se detiene hasta que ha atravesado el cuerpo de un enemigo. Si un dios igualara las condiciones del combate, Aquiles no me vencer\u00eda f\u00e1cilmente; aunque se gloriase de ser todo de bronce.<\/p>\n<p>\u00a0Replic\u00f3le el soberano Apolo, hijo de Zeus:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9roe! Ruega t\u00fa tambi\u00e9n a los sempiternos dioses, pues dicen que naciste de Afrodita, hija de Zeus, y aqu\u00e9l es hijo de una divinidad inferior. La primera desciende de Zeus, \u00e9sta tuvo por padre al anciano del mar. Levanta el indomable bronce y no lo arredres por o\u00edr palabras duras o amenazas.<\/p>\n<p>\u00a0Apenas acab\u00f3 de hablar, infundi\u00f3 grandes br\u00edos al pastor de hombres; y \u00e9ste, que llevaba una reluciente armadura de bronce, se abri\u00f3 paso por los combatientes delanteros. Hera, la de los n\u00edveos brazos, no dej\u00f3 de advertir que el hijo de Anquises atravesaba la muchedumbre para salir al encuentro del Peli\u00f3n; y, llamando a otros dioses, les dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Considerad en vuestra mente, Poseid\u00f3n y Atenea, c\u00f3mo esto acabar\u00e1; pues Eneas, armado de reluciente bronce, se encamina en derechura al Peli\u00f3n por excitaci\u00f3n de Febo Apolo. Ea, hag\u00e1mosle retroceder, o alguno de nosotros se ponga junto a Aquiles, le infunda gran valor y no deje que su \u00e1nimo desfallezca; para que conozca que le quieren los inmortales m\u00e1s poderosos, y que son d\u00e9biles los dioses que en el combate y la pelea protegen a los troyanos. Todos hemos bajado del Olimpo a intervenir en esta batalla, para que Aquiles no padezca hoy ning\u00fan da\u00f1o de parte de los troyanos; y luego sufrir\u00e1 lo que la Parca dispuso, hilando el lino, cuando su madre te dio a luz. Si Aquiles no se entera por la voz de los dioses, sentir\u00e1 temor cuando en el combate le salga al encuentro alguna deidad; pues los dioses, en dej\u00e1ndose ver, son terribles.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Poseid\u00f3n, que sacude la tierra:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hera! No te irrites m\u00e1s de lo razonable, pues no te es preciso. Ni yo quisiera que nosotros, que somos los m\u00e1s fuertes, promovi\u00e9ramos la contienda entre los dioses. Vay\u00e1monos de este camino y sent\u00e9monos en aquella altura, y de la batalla cuidar\u00e1n los hombres. Y si Ares o Febo Apolo dieren principio a la pelea o detuvieren a Aquiles y no le dejaren combatir, iremos en seguida a luchar con ellos, y me figuro que pronto tendr\u00e1n que retirarse y volver al Olimpo, a la reuni\u00f3n de los dem\u00e1s dioses, vencidos por la fuerza de nuestros brazos.<\/p>\n<p>\u00a0Dichas estas palabras, el dios de los cer\u00faleos cabellos llev\u00f3los al alto terrapl\u00e9n que los troyanos y Palas Atenea hab\u00edan levantado en otro tiempo para que el divino Heracles se librara de la ballena cuando, perseguido por \u00e9sta, pas\u00f3 de la playa a la llanura. All\u00ed Poseid\u00f3n y los otros dioses se sentaron, extendiendo en derredor de sus hombros una impenetrable nube; y al otro lado, en la cima de la Bella Colina, en torno de ti, oh Febo, que hieres de lejos, y de Ares, que destruye las ciudades, acomod\u00e1ronse las deidades protectoras de los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed unos y otros, sentados en dos grupos, deliberaban y no se decid\u00edan a empezar el funesto combate. Y Zeus desde lo alto les incitaba a comenzarlo.<\/p>\n<p>\u00a0Todo el campo, lleno de hombres y caballos, resplandec\u00eda con el lucir del bronce; y la tierra retumbaba debajo de los pies de los guerreros que a luchar sal\u00edan. Dos varones, se\u00f1alados entre los m\u00e1s valientes, deseosos de combatir, se adelantaron a los suyos para encontrarse entre ambos ej\u00e9rcitos: Eneas, hijo de Anquises, y el divino Aquiles. Present\u00f3se primero Eneas, amenazador, tremolando el s\u00f3lido casco: proteg\u00eda el pecho con el fuerte escudo y vibraba bronc\u00ednea lanza. Y el Pelida desde el otro lado fue a opon\u00e9rsele como un voraz le\u00f3n, para matar al cual se re\u00fanen los hombres de todo un pueblo; y el le\u00f3n al principio sigue su camino despreci\u00e1ndolos; mas, as\u00ed que uno de los belicosos j\u00f3venes le hiere con un venablo, se vuelve hacia \u00e9l con la boca abierta, muestra los dientes cubiertos de espuma, siente gemir en su pecho el coraz\u00f3n valeroso, se azota con la cola muslos y caderas para animarse a pelear, y con los ojos centelleantes arremete fiero hasta que mata a alguien o \u00e9l mismo perece en la primera fila; as\u00ed le instigaban a Aquiles su valor y \u00e1nimo esforzado a salir al encuentro del magn\u00e1nimo Eneas. Y tan pronto como se hallaron frente a frente, el divino Aquiles, el de los pies ligeros, habl\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Eneas! \u00bfPor qu\u00e9 te adelantas tanto a la turba y me aguardas? \u00bfAcaso el \u00e1nimo te incita a combatir conmigo por la esperanza de reinar sobre los troyanos, domadores de caballos, con la dignidad de Pr\u00edamo? Si me matases, no pondr\u00eda Pr\u00edamo en tu mano tal recompensa; porque tiene hijos, conserva entero el juicio y no es insensato. \u00bfO quiz\u00e1s te han prometido los troyanos acotarte un hermoso campo de frutales y sembrad\u00edo que a los dem\u00e1s aventaje, para que puedas cultivarlo, si me quitas la vida? Me figuro que te ser\u00e1 dif\u00edcil conseguirlo. Ya otra vez te puse en fuga con mi lanza. \u00bfNo recuerdas que, hall\u00e1ndote solo, te apart\u00e9 de tus bueyes y te persegu\u00ed por el monte Ida corriendo con ligera planta? Entonces hu\u00edas sin volver la cabeza. Luego te refugiaste en Lirneso y yo tom\u00e9 la ciudad con la ayuda de Atenea y del padre Zeus, y me llev\u00e9 las mujeres haci\u00e9ndolas esclavas; mas a ti te salvaron Zeus y los dem\u00e1s dioses. No creo que ahora te guarden, como espera tu coraz\u00f3n; y te aconsejo que vuelvas a tu ej\u00e9rcito y no te quedes frente a m\u00ed, antes que padezcas alg\u00fan da\u00f1o; que el necio s\u00f3lo conoce el mal cuando ha llegado.<\/p>\n<p>\u00a0Y a su vez Eneas le respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Pelida! No creas que con esas palabras me asustar\u00e1s como a un ni\u00f1o, pues tambi\u00e9n s\u00e9 proferir injurias y baldones. Conocemos el linaje de cada uno de nosotros y cu\u00e1les fueron nuestros respectivos padres, por haberlo o\u00eddo contar a los mortales hombres; que ni t\u00fa viste a los m\u00edos, ni yo a los tuyos. Dicen que eres prole del eximio Peleo y tienes por madre a Tetis, ninfa marina de hermosas trenzas; mas yo me glor\u00edo de ser hijo del magn\u00e1nimo Anquises y mi madre es Afrodita: aqu\u00e9llos o \u00e9stos tendr\u00e1n que llorar hoy la muerte de su hijo, pues no pienso que nos separemos sin combatir, despu\u00e9s de dirigirnos pueriles insultos. Si deseas saberlo, to dir\u00e9 cu\u00e1l es mi linaje, de muchos conocido. Primero Zeus, que amontona las nubes, engendr\u00f3 a D\u00e1rdano, y \u00e9ste fund\u00f3 la Dardania al pie del Ida, en manantiales abundoso; pues a\u00fan la sacra Ilio, ciudad de hombres de voz articulada, no hab\u00eda sido edificada en la llanura. D\u00e1rdano tuvo por hijo al rey Erictonio, que fue el m\u00e1s opulento de los mortales hombres: pose\u00eda tres mil yeguas que, ufanas de sus tiernos potros, pac\u00edan junto a un pantano.\u2011 El B\u00f3reas enamor\u00f3se de algunas de las que vio pacer, y, transfigurado en caballo de negras crines, hubo de ellas doce potros que en la f\u00e9rtil tierra saltaban por encima de las mieses sin romper las espigas y en el ancho dorso del espumoso mar corr\u00edan sobre las mismas olas.\u2011 Erictonio fue padre de Tros, que rein\u00f3 sobre los troyanos; y \u00e9ste dio el ser a tres hijos irreprensibles: Ilo, As\u00e1raco y el deiforme Ganimedes, el m\u00e1s hermoso de los hombres, a quien arrebataron los dioses a causa de su belleza para que escanciara el n\u00e9ctar a Zeus y viviera con los inmortales. Ilo engendr\u00f3 al eximio Laomedonte, que tuvo por hijos a Titono, Pr\u00edamo, Lampo, Clitio a Hiceta\u00f3n, v\u00e1stago de Ares. As\u00e1raco engendr\u00f3 a Capis, cuyo hijo fue Anquises. Anquises me engendr\u00f3 a m\u00ed, y Pr\u00edamo al divino H\u00e9ctor. Tal alcurnia y tal sangre me glor\u00edo de tener. Pero Zeus aumenta o disminuye el valor de los guerreros como le place, porque es el m\u00e1s poderoso. Ea, no nos digamos m\u00e1s palabras como si fu\u00e9semos ni\u00f1os, parados as\u00ed en medio del campo de batalla. F\u00e1cil nos ser\u00eda inferimos tantas injurias, que una nave de cien bancos de remeros no podr\u00eda Ilevarlas. Es voluble la lengua de los hombres, y de ella salen razones de todas clases; h\u00e1llanse muchas palabras ac\u00e1 y all\u00e1, y cual hablares tal oir\u00e1s la respuesta. Mas \u00bfqu\u00e9 necesidad tenemos de altercar, disputando a injuri\u00e1ndonos, como mujeres irritadas, las cuales, movidas por roedor encono, salen a la calle y se zahieren diciendo muchas cosas, verdaderas unas y falsas otras, que la c\u00f3lera les dicta? No lograr\u00e1s con tus palabras que yo, estando deseoso de combatir, pierda el valor antes de que con el bronce y frente a frente peleemos. Ea, acomet\u00e1monos en seguida con las bronc\u00edneas lanzas.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y, arrojando la fornida lanza, clav\u00f3la en el terrible y horrendo escudo de Aquiles, que reson\u00f3 grandemente en torno de ella. El Pelida, temeroso, apart\u00f3 el escudo con la robusta mano, creyendo que la luenga lanza del magn\u00e1nimo Eneas lo atravesar\u00eda f\u00e1cilmente. \u00a1Insensato! No pens\u00f3 en su mente ni en su esp\u00edritu que los eximios presentes de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales hombres, ni ceder a sus fuerzas. Y as\u00ed la pesada lanza de Eneas no perfor\u00f3 entonces la rodela por haberlo impedido la l\u00e1mina de oro que el dios puso en medio, sino que atraves\u00f3 dos capas y dej\u00f3 tres intactas, porque eran cinco las que el dios cojo hab\u00eda reunido: las dos de bronce, dos interiores de esta\u00f1o, y una de oro, que fue donde se detuvo la lanza de fresno.<\/p>\n<p>\u00a0Aquiles despidi\u00f3 luego la ingente lanza, y acert\u00f3 a dar en el borde del liso escudo de Eneas, sitio en que el bronce era m\u00e1s delgado y el boyuno cuero m\u00e1s tenue: el fresno del Peli\u00f3n atraves\u00f3lo, y todo el escudo reson\u00f3. Eneas, amedrentado, se encogi\u00f3 y levant\u00f3 el escudo; la lanza, deseosa de proseguir su curso, pas\u00f3le por cima del hombro, despu\u00e9s de romper los dos c\u00edrculos de la rodela, y se clav\u00f3 en el suelo; y el h\u00e9roe, evitado ya el golpe, qued\u00f3se inm\u00f3vil y con los ojos muy espantados de ver que aqu\u00e9lla hab\u00eda ca\u00eddo tan cerca. Aquiles desnud\u00f3 la aguda espada; y, profiriendo horribles voces, arremeti\u00f3 contra Eneas; y \u00e9ste, a su vez, cogi\u00f3 una gran piedra que dos de los hombres actuales no podr\u00edan llevar y que \u00e9l manejaba f\u00e1cilmente. Y Eneas tirara la piedra a Aquiles y le acertara en el casco o en el escudo que habr\u00eda apartado del h\u00e9roe la triste muerte, y el Pelida privara de la vida a Eneas, hiri\u00e9ndole de cerca con la espada, si al punto no lo hubiese advertido Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, el cual dijo entre los dioses inmortales:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! Me causa pesar el magn\u00e1nimo Eneas, que pronto, sucumbiendo a manos del Peli\u00f3n, descender\u00e1 al Hades por haber obedecido las palabras de Apolo, que hiere de lejos. \u00a1Insensato! El dios no le librar\u00e1 de la triste muerte. Mas \u00bfpor qu\u00e9 ha de padecer, sin ser culpable, las penas que otros merecen, habiendo ofrecido siempre gratos presentes a los dioses que habitan el anchuroso cielo? Ea, libr\u00e9mosle de la muerte, no sea que el Cronida se enoje si Aquiles lo mata, pues el destino quiere que se salve a fin de que no perezca sin descendencia ni se extinga del todo el linaje de D\u00e1rdano, que fue amado por el Cronida con preferencia a los dem\u00e1s hijos que tuvo de mujeres mortales. Ya el Croni\u00f3n aborrece a los descendientes de Pr\u00edamo; pero el fuerte Eneas reinar\u00e1 sobre los troyanos, y luego los hijos de sus hijos que sucesivamente nazcan.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Hera veneranda, la de ojos de novilla:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh t\u00fa que sacudes la tierra! Resuelve t\u00fa mismo si has de salvar a Eneas o permitir que, no obstante su valor, sea muerto por el Pelida Aquiles. Pues as\u00ed Palas Atenea como yo hemos jurado repetidas veces a vista de los inmortales todos, que jam\u00e1s librar\u00edamos a los troyanos del d\u00eda funesto, aunque Troya entera fuese pasto de las voraces llamas por haberla incendiado los belicosos aqueos.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando Posid\u00f3n, que sacude la tierra, oy\u00f3 estas palabras, fuese; y andando por la liza, entre el estruendo de las lanzas, lleg\u00f3 adonde estaban Eneas y el ilustre Aquiles. Al momento cubri\u00f3 de niebla los ojos del Pelida Aquiles, arranc\u00f3 del escudo del magn\u00e1nimo Eneas la lanza de fresno con punta de bronce que deposit\u00f3 a los pies de aqu\u00e9l, y arrebat\u00f3 al troyano alz\u00e1ndolo de la tierra. Eneas, sostenido por la mano del dios, pas\u00f3 por cima de muchas filas de h\u00e9roes y caballos hasta llegar al otro extremo del impetuoso combate, donde los caucones se armaban para pelear. Y entonces Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, se le present\u00f3, y le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Eneas! \u00bfCu\u00e1l de los dioses te ha ordenado que cometieras la locura de luchar cuerpo a cuerpo con el animoso Peli\u00f3n, que es m\u00e1s fuerte que t\u00fa y m\u00e1s caro a los inmortales? Ret\u00edrate cuantas veces le encuentres, no sea que lo haga descender a la morada de Hades antes de lo dispuesto por el hado. Mas, cuando Aquiles haya muerto, por haberse cumplido su destino, pelea confiadamente entre los combatientes delanteros, que no te matar\u00e1 ning\u00fan otro aqueo.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed diciendo, dej\u00f3 a Eneas all\u00ed, despu\u00e9s que le hubo amonestado y apart\u00f3 la obscura niebla de los ojos de Aquiles. \u00c9ste volvi\u00f3 a ver con claridad, y, gimiendo, a su magn\u00e1nimo esp\u00edritu le dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! Grande es el prodigio que a mi vista se ofrece: esta lanza yace en el suelo y no veo al var\u00f3n contra quien la arroj\u00e9, con intenci\u00f3n de matarle. Ciertamente a Eneas le aman los inmortales dioses; \u00a1y yo cre\u00eda que se jactaba de ello vanamente! V\u00e1yase, pues; que no tendr\u00e1 \u00e1nimo para medir de nuevo sus fuerzas conmigo, quien ahora huy\u00f3 gustoso de la muerte. Exhortar\u00e9 a los belicosos d\u00e1naos y probar\u00e9 el valor de los dem\u00e1s enemigos, sali\u00e9ndoles al encuentro.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y, saltando por entre las filas, animaba a los guerreros:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1No permanezc\u00e1is alejados de los troyanos, divinos aqueos! Ea, cada hombre embista a otro y sienta anhelo por pelear. Dif\u00edcil es que yo solo, aunque sea valiente, persiga a tantos guerreros y con todos luche; y ni a Ares, que es un dios inmortal, ni a Atenea, les ser\u00eda posible recorrer un campo de batalla tan vasto y combatir en todas panes. En lo que puedo hacer con mis manos, mis pies o mi fuerza, no me muestro remiso. Entrar\u00e9 por todos lados en las hileras de las falanges enemigas, y me figuro que no se alegrar\u00e1n los troyanos que a mi lanza se acerquen.<\/p>\n<p>\u00a0Con estas palabras los animaba. Tambi\u00e9n el esclarecido H\u00e9ctor exhortaba a los troyanos, dando gritos, y aseguraba que saldr\u00eda al encuentro de Aquiles:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Animosos troyanos! \u00a1No tem\u00e1is al Peli\u00f3n! Yo de palabra combatir\u00eda hasta con los inmortales; pero es dif\u00edcil hacerlo con la lanza, siendo, como son, mucho m\u00e1s fuertes. Aquiles no llevar\u00e1 al cabo todo cuanto dice, sino que en parte lo cumplir\u00e1 y en parte lo dejar\u00e1 a medio hacer. Ir\u00e9 a encontrarlo, aunque por sus manos se parezca a la llama; s\u00ed, aunque por sus manos se parezca a la llama, y por su fortaleza al reluciente hierro<\/p>\n<p>\u00a0Con tales voces los excitaba. Los troyanos calaron las lanzas; trab\u00f3se el combate y se produjo griter\u00eda, y entonces Febo Apolo se acerc\u00f3 a H\u00e9ctor y le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! No te adelantes para luchar con Aquiles; espera su acometida mezclado con la muchedumbre, confundido con la turba. No sea que consiga herirte desde lejos con arma arrojadiza, o de cerca con la espada.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. H\u00e9ctor se fue, amedrentado, por entre la multitud de guerreros apenas acab\u00f3 de o\u00edr las palabras del dios. Aquiles, con el coraz\u00f3n revestido de valor y dando horribles gritos, arremeti\u00f3 a los troyanos, y empez\u00f3 por matar al valeroso Ifiti\u00f3n Otrintida, caudillo de muchos hombres, a quien una ninfa n\u00e1yade hab\u00eda tenido de Otrinteo, asolador de ciudades, en el opulento pueblo de Hida, al pie del nevado Tmolo: el divino Aquiles acert\u00f3 a darle con la lanza en medio de la cabeza, cuando arremet\u00eda contra \u00e9l, y se la dividi\u00f3 en dos partes. El troyano cay\u00f3 con estr\u00e9pito, y el divino Aquiles se glori\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Yaces en el suelo, Otrintida, el m\u00e1s portentoso de todos los hombres! En este lugar te sorprendi\u00f3 la muerte; a ti, que hab\u00edas nacido a orillas del lago Gigeo, donde tienes la heredad paterna, junto al Hilo, abundante en peces, y el Hermo voraginoso.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo jact\u00e1ndose. Las tinieblas cubrieron los ojos de Ifiti\u00f3n, y los carros de los aqueos lo despedazaron con las llantas de sus ruedas en el primer reencuentro. Aquiles hiri\u00f3, despu\u00e9s, en la sien, atraves\u00e1ndole el casco de bronc\u00edneas carrilleras, a Demoleonte, valiente adalid en el combate, hijo de Ant\u00e9nor; y el casco de bronce no detuvo la lanza, pues la punta entr\u00f3 y rompi\u00f3 el hueso, conmovi\u00f3se interiormente el cerebro, y el troyano sucumbi\u00f3 cuando peleaba con ardor. Luego, como Hipodamante saltara del carro y se diese a la fuga, le envas\u00f3 la pica en la espalda: aqu\u00e9l exhalaba el aliento y bramaba como el toro que los j\u00f3venes arrastran a los altares del soberano Heliconio y el dios que sacude la tierra se goza al verlo; as\u00ed bramaba Hipodamante cuando el alma valerosa dej\u00f3 sus huesos. Seguidamente acometi\u00f3 con la lanza al deiforme Polidoro Pri\u00e1mida, a quien su padre no permit\u00eda que fuera a las batallas porque era el menor y el predilecto de sus hijos. Nadie venc\u00eda a Polidoro en la carrera; y entonces, por pueril petulancia, haciendo gala de la ligereza de sus pies, agit\u00e1base el troyano entre los combatientes delanteros, hasta que perdi\u00f3 la vida: al verlo pasar, el divino Aquiles, ligero de pies, hundi\u00f3le la lanza en medio de la espalda, donde los anillos de oro sujetaban el cintur\u00f3n y era doble la coraza, y la punta sali\u00f3 al otro lado cerca del ombligo; el joven cay\u00f3 de rodillas dando lastimeros gritos; obscura nube le envolvi\u00f3; e, inclin\u00e1ndose, procuraba sujetar con sus manos los intestinos, que le sal\u00edan por la herida.<\/p>\n<p>\u00a0Tan pronto como H\u00e9ctor vio a su hermano Polidoro cogi\u00e9ndose las entra\u00f1as y encorvado hacia el suelo, se le puso una nube ante los ojos y ya no pudo combatir a distancia; sino que, blandiendo la aguda lanza a impetuoso como una llama, se dirigi\u00f3 al encuentro de Aquiles. Y \u00e9ste, al advertirlo, salt\u00f3 hacia \u00e9l, y dijo muy ufano estas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Cerca est\u00e1 el hombre que ha inferido a mi coraz\u00f3n la m\u00e1s grave herida, el que mat\u00f3 a mi compa\u00f1ero amado. Ya no huiremos asustados, el uno del otro, por los senderos del combate.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y mirando con torva faz al divino H\u00e9ctor, le grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011iAc\u00e9rcate para que m\u00e1s pronto llegues de tu perdici\u00f3n al t\u00e9rmino!<\/p>\n<p>\u00a0Sin turbarse, le respondi\u00f3 H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Pelida! No esperes amedrentarme con palabras como a un ni\u00f1o; tambi\u00e9n yo s\u00e9 proferir injurias y baldones. Reconozco que eres valiente y que te soy muy inferior. Pero en la mano de los dioses est\u00e1 si yo, siendo inferior, te quitar\u00e9 la vida con mi lanza; pues tambi\u00e9n tiene afilada punta.<\/p>\n<p>\u00a0En diciendo esto, blandi\u00f3 y arroj\u00f3 su lanza; pero Atenea con un tenue soplo apart\u00f3la del glorioso Aquiles, y el arma volvi\u00f3 hacia el divino H\u00e9ctor y cay\u00f3 a sus pies. Aquiles acometi\u00f3, dando horribles gritos, a H\u00e9ctor, con intenci\u00f3n de matarlo; pero Apolo arrebat\u00f3 al troyano, haci\u00e9ndolo con gran facilidad por ser dios, y lo cubri\u00f3 con densa niebla. Tres veces el divino Aquiles, ligero de pies, atac\u00f3 con la bronc\u00ednea lanza, tres veces dio el golpe en el aire. Y cuando, semejante a un dios, arremet\u00eda por cuarta vez, increp\u00f3 el h\u00e9roe a H\u00e9ctor con voz terrible, dirigi\u00e9ndole estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Otra vez te has librado de la muerte, perro! Muy cerca tuviste la perdici\u00f3n, pero te salv\u00f3 Febo Apolo, a quien debes de rogar cuando sales al campo antes de o\u00edr el estruendo de los dardos. Yo acabar\u00e9 contigo si m\u00e1s tarde te encuentro y un dios me ayuda. Y ahora perseguir\u00e9 a los dem\u00e1s que se me pongan al alcance.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y con la lanza hiri\u00f3 en medio del cuello a Dr\u00edope, que cay\u00f3 a sus pies. Dej\u00f3le, y al momento detuvo a Demuco Filet\u00f3rida, valeroso y alto, a quien pinch\u00f3 con la lanza en una rodilla, y luego quit\u00f3le la vida con la gran espada. Despu\u00e9s acometi\u00f3 a La\u00f3gono y a D\u00e1rdano, hijos de Biante: habi\u00e9ndolos derribado del carro en que iban, a aqu\u00e9l le hizo perecer arroj\u00e1ndole la lanza, y a \u00e9ste hiri\u00e9ndole de cerca con la espada. Tambi\u00e9n mat\u00f3 a Tros Alast\u00f3rida, que vino a abrazarle las rodillas por si compadeci\u00e9ndose de \u00e9l, que era de la misma edad del h\u00e9roe, en vez de matarlo le hac\u00eda prisionero y lo dejaba vivo. \u00a1Insensato! No conoci\u00f3 que no podr\u00eda persuadirle, pues Aquiles no era hombre de condici\u00f3n benigna y mansa, sino muy violento. Ya aqu\u00e9l le tocaba las rodillas con intenci\u00f3n de suplicarle, cuando le hundi\u00f3 la espada en el h\u00edgado: derram\u00f3se \u00e9ste, llenando de negra sangre el pecho, y las tinieblas cubrieron los ojos del troyano, que qued\u00f3 ex\u00e1nime. Inmediatamente Aquiles se acerc\u00f3 a Mulio; y, meti\u00e9ndole la lanza en una oreja, la bronc\u00ednea punta sali\u00f3 por la otra. M\u00e1s tarde hiri\u00f3 en medio de la cabeza a Equeclo, hijo de Agenor, con la espada provista de empu\u00f1adura: la hoja entera se calent\u00f3 con la sangre, y la purp\u00farea muerte y la parca cruel velaron los ojos del guerrero. Posteriormente atraves\u00f3 con la bronc\u00ednea lanza el brazo de Deucali\u00f3n, en el sitio donde se juntan los tendones del codo; y el troyano esper\u00f3le, con la mano entorpecida y viendo que la muerte se le acercaba: Aquiles le cercen\u00f3 de un tajo la cabeza, que con el casco arroj\u00f3 a lo lejos, la medula sali\u00f3 de las v\u00e9rtebras y el guerrero qued\u00f3 tendido en el suelo. Dirigi\u00f3se acto seguido contra Rigmo, ilustre hijo de P\u00edroo, que hab\u00eda llegado de la f\u00e9rtil Tracia, y le hiri\u00f3 en medio del cuerpo: clav\u00f3le la bronc\u00ednea lanza en el pulm\u00f3n, y le derrib\u00f3 del carro. Y, como viera que su escudero Are\u00edtoo torc\u00eda la rienda a los caballos, envas\u00f3le la aguda lanza en la espalda, y tambi\u00e9n le derrib\u00f3 en tierra, mientras los corceles hu\u00edan espantados.<\/p>\n<p>\u00a0De la suerte que, al estallar abrasador incendio en los hondos valles de \u00e1rida monta\u00f1a, arde la poblada selva, y el viento mueve las llamas que giran a todos lados; de la misma manera, Aquiles se revolv\u00eda furioso con la lanza, persiguiendo, cual una deidad, a los que estaban destinados a morir; y la negra tierra manaba sangre. Como, uncidos al yugo dos bueyes de ancha frente para que trillen la blanca cebada en una era bien dispuesta, se desmenuzan presto las espigas debajo de los pies de los mugientes bueyes; as\u00ed los sol\u00edpedos corceles, guiados por el magn\u00e1nimo Aquiles, hollaban a un mismo tiempo cad\u00e1veres y escudos; el eje del carro ten\u00eda la parte inferior cubierta de sangre y los barandales estaban salpicados de sanguinolentas gotas que los casos de los corceles y las llantas de las ruedas desped\u00edan. Y el Pelida deseaba alcanzar gloria y ten\u00eda las invictas manos manchadas de sangre y polvo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XX Combate de los dioses Los dioses, en asamblea extraordinaria, no se ponen de acuerdo sobre a qui\u00e9n hab\u00eda que favorecer. Aquiles, enfurecido, vuelve al combate y mata a tantos troyanos que los cad\u00e1veres obstruyen la corriente del r\u00edo Janto. \u00a0Mientras los aqueos se armaban junto a los corvos\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xx-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1039,1034,1289,1287,1115,1060,1051,1025,1033],"class_list":["post-944","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-belleza","tag-guerra","tag-homero","tag-iliada","tag-jovenes","tag-lengua","tag-planta","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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