{"id":942,"date":"2010-11-27T22:36:29","date_gmt":"2010-11-27T20:36:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=942"},"modified":"2010-11-27T22:36:29","modified_gmt":"2010-11-27T20:36:29","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XVIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Fabricaci\u00f3n de las armas<\/strong><\/p>\n<p>Aquiles, al enterarse de la noticia de la muerte de su amigo Patroclo, ans\u00eda vengarlo. Su madre, Tetis, pide a Hefesto que fabrique un escudo que reemplace al que H\u00e9ctor tom\u00f3 como bot\u00edn del cad\u00e1ver de Patroclo.<\/p>\n<p>\u00a0Mientras los troyanos y los aqueos combat\u00edan con el ardor de abrasadora llama, Ant\u00edloco, mensajero de veloces pies, fue en busca de Aquiles. Hall\u00f3le junto alas naves, de altas popas, y ya el h\u00e9roe present\u00eda lo ocurrido; pues, gimiendo, a su magn\u00e1nimo esp\u00edritu as\u00ed le hablaba:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ay de m\u00ed! \u00bfPor qu\u00e9 los melenudos aqueos vuelven a ser derrotados, y corren aturdidos por la llanura con direcci\u00f3n a las naves? Temo que los dioses me hayan causado la desgracia cruel para mi coraz\u00f3n, que me anunci\u00f3 mi madre diciendo que el m\u00e1s valiente de los mirmidones dejar\u00eda de ver la luz del sol, a manos de los troyanos, antes de que yo falleciera. Sin duda ha muerto el esforzado hijo de Menecio. \u00a1Infeliz! Yo le mand\u00e9 que, tan pronto como apartase el fuego enemigo, regresara a los bajeles y no quisiera pelear valerosamente con H\u00e9ctor.<\/p>\n<p>\u00a0Mientras tales pensamientos revolv\u00eda en su mente y en su coraz\u00f3n, lleg\u00f3 el hijo del ilustre N\u00e9stor; y, derramando ardientes l\u00e1grimas, diole la triste noticia:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1Ay de m\u00ed, hijo del aguerrido Peleo! Sabr\u00e1s una infausta nueva, una cosa que no hubiera de haber ocurrido. Patroclo yace en el suelo, y troyanos y aqueos combaten en torno del cad\u00e1ver desnudo, pues H\u00e9ctor, el de tremolante casco, tiene la armadura.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y negra nube de pesar envolvi\u00f3 a Aquiles. El h\u00e9roe cogi\u00f3 ceniza con ambas manos, derram\u00f3la sobre su cabeza, afe\u00f3 el gracioso rostro y la negra ceniza manch\u00f3 la divina t\u00fanica; despu\u00e9s se tendi\u00f3 en el polvo, ocupando un gran espacio, y con las manos se arrancaba los cabellos. Las esclavas que Aquiles y Patroclo hab\u00edan cautivado salieron afligidas; y, dando agudos gritos, fueron desde la puerta a rodear a Aquiles; todas se golpeaban el pecho y sent\u00edan desfallecer sus miembros. Ant\u00edloco tambi\u00e9n se lamentaba, vert\u00eda l\u00e1grimas y ten\u00eda de las manos a Aquiles, cuyo gran coraz\u00f3n deshac\u00edase en suspiros, por el temor de que se cortase la garganta con el hierro. Dio Aquiles un horrendo gemido; oy\u00f3le su veneranda madre, que se hallaba en el fondo del mar, junto al padre anciano, y prorrumpi\u00f3 en sollozos; y cuantas diosas nereidas hab\u00eda en aquellas profundidades, todas se congregaron a su alrededor. All\u00ed estaban Glauce, Tal\u00eda, Cim\u00f3doce, Nesea, Esp\u00edo, Toe, Halia, la de ojos de novilla, Cim\u00f3toe, Actea, Limnorea, M\u00e9lite, Yera, Anf\u00edtoe, \u00c1gave, Doto, Proto, Ferusa, Din\u00e1mene, Dex\u00e1mene, Anf\u00ednome, Calianira, D\u00f3ride, P\u00e1nope, la c\u00e9lebre Galatea, Nemertes, Apseudes, Calianasa, Cl\u00edmene, Yanira, Yanasa, Mera, Orit\u00eda, Amat\u00eda, la de hermosas trenzas, y las restantes nereidas que habitan en el hondo del mar. La blanquecina gruta se llen\u00f3 de ninfas, y todas se golpeaban el pecho. Y Tetis, dando principio a los lamentos, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011O\u00edd, hermanas nereidas, para que sep\u00e1is cu\u00e1ntas penas sufre mi coraz\u00f3n. \u00a1Ay de m\u00ed, desgraciada! \u00a1Ay de m\u00ed, madre infeliz de un valiente! Par\u00ed a un hijo ilustre, fuerte a insigne entre los h\u00e9roes, que creci\u00f3 semejante a un \u00e1rbol; le cri\u00e9 como a una planta en terreno f\u00e9rtil y lo mand\u00e9 a Ilio en las corvas naves para que combatiera con los troyanos; y ya no le recibir\u00e9 otra vez, porque no volver\u00e1 a mi casa, a la mansi\u00f3n de Peleo. Mientras vive y ve la luz del sol est\u00e1 angustiado, y no puedo, aunque a \u00e9l me acerque, llevarle socorro. Ir\u00e9 a ver al hijo querido y me dir\u00e1 qu\u00e9 pesar le aflige ahora que no interviene en las batallas.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed diciendo, sali\u00f3 de la gruta; las nereidas la acompa\u00f1aron llorosas, y las olas del mar se romp\u00edan en torno de ellas. Cuando llegaron a la f\u00e9rtil Troya, subieron todas a la playa donde las muchas naves de los mirmidones hab\u00edan sido colocadas junto a la del veloz Aquiles. La veneranda madre se acerc\u00f3 al h\u00e9roe, que suspiraba profundamente; y, rompiendo el aire con agudos clamores, abraz\u00f3le la cabeza, y en tono lastimero pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hijo! \u00bfPor qu\u00e9 lloras? \u00bfQu\u00e9 pesar te ha llegado al alma? Habla; no me lo ocultes. Zeus ha cumplido lo que t\u00fa, levantando las manos, le pediste: que todos los aqueos, privados de ti, fueran acorralados junto a las naves y padecieran vergonzosos desastres.<\/p>\n<p>\u00a0Exhalando profundos suspiros, contest\u00f3 Aquiles, el de los pies ligeros:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Madre m\u00eda! El Ol\u00edmpico, efectivamente, lo ha cumplido; pero \u00bfqu\u00e9 placer puede producirme, habiendo muerto Patroclo, el fiel amigo a quien apreciaba sobre todos los compa\u00f1eros y tanto como a mi propia cabeza? Lo he perdido, y H\u00e9ctor, despu\u00e9s de matarlo, le despoj\u00f3 de las armas prodigiosas, encanto de la vista, magn\u00edficas, que los dioses regalaron a Peleo, como espl\u00e9ndido presente, el d\u00eda en que lo colocaron en el t\u00e1lamo de un hombre mortal. Ojal\u00e1 hubieras seguido habitando en el mar con las inmortales ninfas, y Peleo hubiese tomado esposa mortal. Mas no sucedi\u00f3 as\u00ed, para que sea inmenso el dolor de tu alma cuando muera tu hijo, a quien ya no recibir\u00e1s vuelto a la patria, pues mi \u00e1nimo no me incita a vivir, ni a permanecer entre los hombres, si H\u00e9ctor no pierde la vida, atravesado por mi lanza, recibiendo de este modo la condigna pena por la muerte de Patroclo Menec\u00edada.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Tetis, derramando l\u00e1grimas:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Breve ser\u00e1 tu existencia, a juzgar por lo que dices, pues la muerte te aguarda as\u00ed que H\u00e9ctor perezca.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 muy afligido Aquiles, el de los pies ligeros:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Muera yo en el acto, ya que no pude socorrer al amigo cuando lo mataron: ha perecido lejos de su pa\u00eds y sin tenerme al lado para que le librara de la desgracia. Ahora, puesto que no he de volver a la patria tierra, ni he salvado a Patroclo ni a los muchos amigos que murieron a manos del divino H\u00e9ctor, permanezco en las naves cual in\u00fatil peso de la tierra, siendo tal en la batalla como ninguno de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas, pues en el \u00e1gora otros me superan. Ojal\u00e1 pereciera la discordia para los dioses y para los hombres, y con ella la ira, que encruelece hasta al hombre sensato cuando m\u00e1s dulce que la miel se introduce en el pecho y va creciendo como el humo. As\u00ed me irrit\u00f3 el rey de hombres, Agamen\u00f3n. Pero dejemos lo pasado, aunque afligidos, pues es preciso refrenar el furor del pecho. Ir\u00e9 a buscar al matador del amigo querido, a H\u00e9ctor; y yo recibir\u00e9 la muerte cuando lo dispongan Zeus y los dem\u00e1s dioses inmortales. Pues ni el fornido Heracies pudo librarse de ella, con ser car\u00edsimo al soberano Zeus Cronida, sino que la parca y la c\u00f3lera funesta de Hera le hicieron sucumbir. As\u00ed yo, si he de tener igual muerte, yacer\u00e9 en la tumba cuando muera; mas ahora ganar\u00e9 gloriosa fama y har\u00e9 que algunas de las matronas troyanas o dardanias, de profundo seno, den fuertes suspiros y con ambas manos se enjuguen las l\u00e1grimas de sus tiernas mejillas. Conozcan que durante largo tiempo me he abstenido de combatir. Y t\u00fa, aunque me ames, no me proh\u00edbas que pelee, que no lograr\u00e1s persuadirme.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Tetis, la de arg\u00e9nteos pies:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011S\u00ed, hijo, es justo, y no puede reprobarse que libres a los afligidos compa\u00f1eros de una muerte terrible; pero tu magn\u00edfica armadura de luciente bronce la tienen los troyanos, y H\u00e9ctor, el de tremolante casco, se vanagloria de cubrir con ella sus hombros. Con todo eso, me figuro que no durar\u00e1 mucho su jactancia, pues ya la muerte se le avecina. T\u00fa no penetres en la contienda de Ares hasta que con tus ojos me veas volver; y ma\u00f1ana, al romper el alba, vendr\u00e9 a traerte una hermosa armadura fabricada por Hefesto.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando as\u00ed hubo hablado, dej\u00f3 a su hijo; y volvi\u00e9ndose a sus hermanas de la mar, les dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Bajad vosotras al anchuroso seno del mar para ver al anciano marino y el palacio del padre, a quien se lo contar\u00e9is todo; y yo subir\u00e9 al elevado Olimpo para que Hefesto, el ilustre art\u00edfice, d\u00e9 a mi hijo una magn\u00edfica y reluciente armadura.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. Las nereidas se sumergieron prestamente en las olas del mar, y Tetis, la diosa de arg\u00e9nteos pies, enderez\u00f3 sus pasos al Olimpo para procurar a su hijo las magn\u00edficas armas.<\/p>\n<p>\u00a0Mientras la diosa se encaminaba al Olimpo, los aqueos, de hermosas grebas, huyendo con griter\u00eda inmensa a vista de H\u00e9ctor, matador de hombres, llegaron a las naves y al Helesponto; y ya no pod\u00edan sacar fuera de los tiros el cad\u00e1ver de Patroclo, escudero de Aquiles, porque de nuevo los alcanzaron los troyanos con sus carros y H\u00e9ctor, hijo de Pr\u00edamo, que por su vigor parec\u00eda una llama. Tres veces el esclarecido H\u00e9ctor asi\u00f3 a Patroclo por los pies a intent\u00f3 arrastrarlo, exhortando con horrendos gritos a los troyanos; tres veces los dos Ayantes, revestidos de impetuoso valor, le rechazaron. H\u00e9ctor, confiando en su fuerza, unas veces se arrojaba a la pelea, otras se deten\u00eda y daba grandes voces, pero nunca se retiraba del todo. Como los pastores pasan la noche en el campo y no consiguen apartar de la presa a un fogoso le\u00f3n muy hambriento; de semejante modo, los belicosos Ayantes no lograban ahuyentar del cad\u00e1ver a H\u00e9ctor Pri\u00e1mida. Y \u00e9ste to arrastrara, consiguiendo inmensa gloria, si no se hubiese presentado al Peli\u00f3n, para aconsejarle que tomase las armas, la veloz Iris, de pies ligeros como el viento; a la cual enviaba Hera, sin que lo supieran Zeus ni los dem\u00e1s dioses. Coloc\u00f3se la diosa cerca de Aquiles y pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Lev\u00e1ntate, Pelida, el m\u00e1s portentoso de los hombres! Ve a defender a Patroclo, por cuyo cuerpo se ha trabado un vivo combate cerca de las naves. M\u00e1tanse all\u00ed los aqueos defendiendo el cad\u00e1ver, y los troyanos acometiendo con el fin de arrastrarlo a la ventosa Ilio. Y el que m\u00e1s empe\u00f1o tiene en llev\u00e1rselo es el esclarecido H\u00e9ctor, porque su \u00e1nimo le incita a cortarle la cabeza del tierno cuello para clavarla en una estaca. Lev\u00e1ntate, no yazgas m\u00e1s; averg\u00fc\u00e9ncese tu coraz\u00f3n de que Patroclo llegue a ser juguete de los perros troyanos; pues ser\u00e1 para ti motivo de afrenta que el cad\u00e1ver reciba alg\u00fan ultraje.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el divino Aquiles, el de los pies ligeros:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Diosa Iris! \u00bfCu\u00e1l de las deidades te env\u00eda como mensajera?<\/p>\n<p>\u00a0D\u00edjole la veloz Iris, de pies ligeros como el viento:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Me manda Hera, la ilustre esposa de Zeus, sin que lo sepan el excelso Cronida ni los dem\u00e1s dioses inmortales que habitan el nevado Olimpo.<\/p>\n<p>\u00a0Replic\u00f3le Aquiles, el de los pies ligeros:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfC\u00f3mo puedo ir a la batalla? Los troyanos tienen mis armas, y mi madre no me permite entrar en combate hasta que con estos ojos la vea volver, pues asegur\u00f3 que me traer\u00eda una hermosa armadura fabricada por Hefesto. Entre tanto no s\u00e9 de cu\u00e1l guerrero podr\u00eda vestir las armas, a no ser que tomase el escudo de Ayante Telamon\u00edada; pero creo que \u00e9ste se halla entre los combatientes delanteros y pelea con la lanza por el cad\u00e1ver de Patroclo.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3le la veloz Iris, de pies ligeros como el viento:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Bien sabemos nosotros que aqu\u00e9llos tienen tu magn\u00edfica armadura; pero mu\u00e9strate a los troyanos en la orilla del foso para que, temi\u00e9ndote, cesen de pelear; los belicosos aqueos, que tan abatidos est\u00e1n, se reanimen, y la batalla tenga su tregua, aunque sea por breve tiempo.<\/p>\n<p>\u00a0En diciendo esto, fuese Iris, ligera de pies. Aquiles, caro a Zeus, se levant\u00f3, y Atenea cubri\u00f3le los fornidos hombros con la \u00e9gida floqueada, y adem\u00e1s la divina entre las diosas circund\u00f3le la cabeza con \u00e1urea nube, en la cual ard\u00eda resplandeciente llama. Como se ve desde lejos el humo que, saliendo de una isla donde se halla una ciudad sitiada por los enemigos, llega al \u00e9ter, cuando sus habitantes, despu\u00e9s de combatir todo el d\u00eda en horrenda batalla, fuera de la ciudad, al ponerse el sol encienden muchos fuegos, cuyo resplandor sube a lo alto, para que los vecinos los vean, se embarquen y les libren del apuro, de igual modo el resplandor de la cabeza de Aquiles llegaba al \u00e9ter. Y acerc\u00e1ndose a la orilla del foso, fuera de la muralla, se detuvo, sin mezclarse con los aqueos, porque respetaba el prudente mandato de su madre. All\u00ed dio recias voces y a alguna distancia Palas Atenea vocifer tambi\u00e9n y suscit\u00f3 un inmenso tumulto entre los troyanos. Como se oye la voz sonora de la trompeta cuando vienen a cercar la ciudad enemigos que la vida quitan, tan sonora fue entonces la voz del E\u00e1cida. Cuando se dej\u00f3 o\u00edr la voz de bronce del h\u00e9roe, a todos se les conturb\u00f3 el coraz\u00f3n, y los caballos, de hermosas crines, volv\u00edanse hacia atr\u00e1s con los carros porque en su \u00e1nimo present\u00edan desgracias. Los aurigas se quedaron at\u00f3nitos al ver el terrible a incesante fuego que en la cabeza del magn\u00e1nimo Peli\u00f3n hac\u00eda arder Atenea, la diosa de ojos de lechuza. Tres veces el divino Aquiles grit\u00f3 a orillas del foso, y tres veces se turbaron los troyanos y sus \u00ednclitos auxiliares; y doce de los m\u00e1s valientes guerreros murieron atropellados por sus carros y heridos por sus propias lanzas. Y los aqueos, muy alegres, sacaron a Patroclo fuera del alcance de los tiros y coloc\u00e1ronlo en un lecho. Los amigos le rodearon llorosos, y con ellos iba Aquiles, el de los pies ligeros, derramando ardientes l\u00e1grimas, desde que vio al fiel compa\u00f1ero desgarrado por el agudo bronce y tendido en el f\u00e9retro. Hab\u00edale mandado a la batalla con su carro y sus corceles, y ya no pod\u00eda recibirlo, porque de ella no tornaba vivo.<\/p>\n<p>\u00a0Hera veneranda, la de ojos de novilla, oblig\u00f3 al sol infatigable a hundirse, mal de su grado, en la corriente del Oc\u00e9ano. Y una vez puesto, los divinos aqueos suspendieron la enconada pelea y el general combate.<\/p>\n<p>\u00a0Los troyanos, por su parte, retir\u00e1ndose de la dura contienda, desuncieron de los carros los veloces corceles y se reunieron en el \u00e1gora antes de preparar la cena. Celebraron el \u00e1gora de pie y nadie os\u00f3 sentarse; pues a todos les hac\u00eda temblar el que Aquiles se presentara despu\u00e9s de haber permanecido tanto tiempo apartado del funesto combate. Fue el primero en arengarles el prudente Polidamante Pantoida, el \u00fanico que conoc\u00eda lo futuro y lo pasado: era amigo de H\u00e9ctor, y ambos nacieron en la misma noche; pero Polidamante superaba a H\u00e9ctor en la elocuencia, y \u00e9ste descollaba m\u00e1s que \u00e9l en el manejo de la lanza. Y areng\u00e1ndoles ben\u00e9volo, as\u00ed les dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Pensadlo bien, amigos, pues yo os exhorto a volver a la ciudad en vez de aguardar a la divinal aurora en la llanura, junto a las naves, y tan lejos del muro como al presente nos hallamos. Mientras ese hombre estuvo irritado con el divino Agamen\u00f3n, fue m\u00e1s f\u00e1cil combatir contra los aqueos; y tambi\u00e9n yo gustaba de pernoctar junto a las veleras naves, esperando que acabar\u00edamos tomando los corvos bajeles. Ahora temo mucho al Pelida, de pies ligeros, que con su \u00e1nimo arrogante no se contentar\u00e1 con quedarse en la llanura, donde troyanos y aqueos sostienen el furor de Ares, sino que luchar\u00e1 para apoderarse de la ciudad y de las mujeres. Volvamos a la poblaci\u00f3n; seguid mi consejo, antes de que ocurra lo que voy a decir. La noche inmortal ha detenido al Pelida, de pies ligeros; pero, si ma\u00f1ana nos acomete armado y nos encuentra aqu\u00ed, conocer\u00e9is qui\u00e9n es, y llegar\u00e1 gozoso a la sagrada Ilio el que logre escapar, pues a muchos de los troyanos se los comer\u00e1n los perros y los buitres. \u00a1Ojal\u00e1 que tal noticia nunca llegue a mis o\u00eddos! Si, aunque est\u00e9is afligidos, segu\u00eds mi consejo, tendremos el ej\u00e9rcito reunido en el \u00e1gora durante la noche, pues la ciudad queda defendida por las torres y las altas puertas con sus tablas grandes, labradas, s\u00f3lidamente unidas. Por la ma\u00f1ana, al apuntar la aurora, subiremos armados a las torres; y si aqu\u00e9l viniere de las naves a combatir con nosotros al pie del muro, peor para \u00e9l; pues habr\u00e1 de volverse despu\u00e9s de cansar a los caballos, de erguido cuello, con carreras de todas clases, llev\u00e1ndolos errantes en torno de la ciudad. Pero no tendr\u00e1 \u00e1nimo para entrar en ella, y nunca podr\u00e1 destruirla; antes se lo comer\u00e1n los veloces perros.<\/p>\n<p>\u00a0Mir\u00e1ndole con torva faz, exclam\u00f3 H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Polidamante! No me place lo que propones de volver a la ciudad y encerrarnos en ella. \u00bfA\u00fan no os cans\u00e1is de vivir dentro de los muros? Antes todos los hombres dotados de palabra llamaban a la ciudad de Pr\u00edamo rica en oro y en bronce, pero ya las hermosas joyas desaparecieron de las casas: muchas riquezas han sido llevadas a la Frigia y a la encantadora Meonia para ser vendidas, desde que Zeus se irrit\u00f3 contra nosotros. Y ahora que el hijo del artero Crono me ha concedido alcanzar gloria junto a las naves y acorralar contra el mar a los aqueos, no des, \u00a1oh necio!, tales consejos al pueblo. Ning\u00fan troyano te obedecer\u00e1, porque no lo permitir\u00e9. Ea, procedamos todos como voy a decir. Cenad en el campamento, sin romper las filas; acordaos de la guardia y vigilad todos. Y el troyano que sienta gran temor por sus bienes, j\u00fantelos y entr\u00e9guelos al pueblo para que en com\u00fan se consuman; pues es mejor que los disfrute \u00e9ste que no los aqueos. Ma\u00f1ana, al apuntar la aurora, vestiremos la armadura y suscitaremos un re\u00f1ido combate junto alas c\u00f3ncavas naves. Y si verdaderamente el divino Aquiles pretende salir del campamento, le pesar\u00e1 tanto m\u00e1s, cuanto m\u00e1s se arriesgue. Porque intento no huir de \u00e9l, sino afrontarle en la batalla horr\u00edsona; y alcanzar\u00e1 una gran victoria, o ser\u00e9 yo quien la consiga. Que Enialio es a todos com\u00fan y suele causar la muerte del que matar deseaba.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed se expres\u00f3 H\u00e9ctor, y los troyanos le aclamaron, \u00a1oh necios!, porque Palas Atenea les quit\u00f3 el juicio. \u00a1Aplaud\u00edan todos a H\u00e9ctor por sus funestos prop\u00f3sitos y ni uno siquiera a Polidamante, que les daba un buen consejo! Tomaron, pues, la cena en el campamento; y los aqueos pasaron la noche dando gemidos y llorando a Patroclo. El Pelida, poniendo sus manos homicidas sobre el pecho del amigo, dio comienzo a las sentidas lamentaciones, mezcladas con frecuentes sollozos. Como el melenudo le\u00f3n a quien un cazador ha quitado los cachorros en la poblada selva, cuando vuelve a su madriguera se aflige y, pose\u00eddo de vehemente c\u00f3lera, recorre los valles en busca de aquel hombre, de igual modo, y despidiendo profundos suspiros, dijo Aquiles entre los mirmidones:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! Vanas fueron las palabras que pronunci\u00e9 un d\u00eda en el palacio para tranquilizar al h\u00e9roe Menecio, diciendo que a su ilustre hijo le llevar\u00eda otra vez a Opunte tan pronto como, tomada Ilio, recibiera su parte de bot\u00edn. Zeus no les cumple a los hombres todos sus deseos; y el hado ha dispuesto que nuestra sangre enrojezca una misma tierra, aqu\u00ed en Troya; porque ya no me recibir\u00e1n en su palacio ni el anciano caballero Peleo, ni Tetis, mi madre, sino que esta tierra me contendr\u00e1 en su seno. Ahora, ya que tengo de penetrar en la tierra, oh Patroclo, despu\u00e9s que t\u00fa, no te har\u00e9 las honras f\u00fanebres hasta que traiga las armas y la cabeza de H\u00e9ctor, tu magn\u00e1nirno matador. Degollar\u00e9 ante la pira, para vengar tu muerte, doce hijos de ilustres troyanos. Y en tanto permanezcas tendido junto a las corvas naves, te rodear\u00e1n, llorando noche y d\u00eda, las troyanas y dardanias de profundo seno que conquistamos con nuestro valor y la ingente lanza, al entrar a saco opulentas ciudades de hombres de. voz articulada.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando esto hubo dicho, el divino Aquiles mand\u00f3 a sus compa\u00f1eros que pusieran al fuego un gran tr\u00edpode para que cuanto antes le lavaran a Patroclo las manchas de sangre. Y ellos colocaron sobre el ardiente fuego una caldera propia para ba\u00f1os, sostenida por un tr\u00edpode; llen\u00e1ronla de agua, y metiendo le\u00f1a debajo la encendieron: el fuego rode\u00f3 la caldera y calent\u00f3 el agua. Cuando \u00e9sta hirvi\u00f3 en la caldera de bronce reluciente, lavaron el cad\u00e1ver, ungi\u00e9ronlo con ping\u00fce aceite y taparon las heridas con un unguento que ten\u00eda nueve a\u00f1os; despu\u00e9s, coloc\u00e1ndolo en el lecho, lo envolvieron de pies a cabeza en fina tela de lino y lo cubrieron con un velo blanco. Los mirmidones pasaron la noche alrededor de Aquiles, el de los pies ligeros, dando gemidos y llorando a Patroclo. Y Zeus habl\u00f3 de este modo a Hera, su hermana y esposa:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Lograste al fin, Hera veneranda, la de ojos de novilla, que Aquiles, ligero de pies, volviera a la batalla. Sin duda nacieron de ti los melenudos aqueos.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3 Hera veneranda, la de ojos de novilla:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Terribil\u00edsimo Cronida! \u00a1Qu\u00e9 palabras proferiste! Si un hombre, no obstante su condici\u00f3n de mortal y no saber Canto, puede realizar su prop\u00f3sito contra otro hombre, \u00bfc\u00f3mo yo, que me considero la primera de las diosas por mi abolengo y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre los inmortales todos, no hab\u00eda de causar males a los troyanos estando irritada contra ellos?<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed \u00e9stos conversaban. Tetis, la de arg\u00e9nteos pies, lleg\u00f3 al palacio imperecedero de Hefesto, que brillaba como una estrella, luc\u00eda entre los de las deidades, era de bronce y hab\u00edalo edificado el cojo en persona. Hall\u00f3 al dios ba\u00f1ado en sudor y movi\u00e9ndose en torno de los fuelles, pues fabricaba veinte tr\u00edpodes que deb\u00edan permanecer arrimados a la pared del bien construido palacio y ten\u00edan ruedas de oro en los pies para que de propio impulso pudieran entrar donde los dioses se congregaban y volver a la casa. \u00a1Cosa admirable! Estaban casi terminados, falt\u00e1ndoles tan s\u00f3lo las labradas asas, y el dios preparaba los clavos para peg\u00e1rselas. Mientras hac\u00eda tales obras con sabia inteligencia, lleg\u00f3 Tetis, la diosa de arg\u00e9nteos pies. La bella Caris, que llevaba luciente diadema y era esposa del ilustre cojo, viola venir, sali\u00f3 a recibirla, y, asi\u00e9ndola por la mano, le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfPor qu\u00e9, oh Tetis, la de largo peplo, venerable y cara, vienes a nuestro palacio? Antes no sol\u00edas frecuentarlo. Pero s\u00edgueme, y te ofrecer\u00e9 los dones de la hospitalidad.<\/p>\n<p>\u00a0Dichas estas palabras, la divina entre las diosas introdujo a Tetis y la hizo sentar en un hermoso trono labrado, tachonado con clavos de plata y provisto de un escabel para los pies. Y, llamando a Hefesto, ilustre art\u00edfice, le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hefesto! Ven ac\u00e1, pues Tetis te necesita para algo.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3 el ilustre cojo de ambos pies:<\/p>\n<p>\u00a0 \u2011Respetable y veneranda es la diosa que ha venido a este palacio. Fue mi salvadora cuando me toc\u00f3 padecer, pues vime arrojado del cielo y ca\u00ed a lo lejos por la voluntad de mi insolente madre, que me quer\u00eda ocultar a causa de la cojera. Entonces mi coraz\u00f3n hubiera tenido que soportar terribles penas, si no me hubiesen acogido en su seno Eur\u00ednome y Tetis; Eur\u00ednome, hija del refluente Oc\u00e9ano. Nueve a\u00f1os viv\u00ed con ellas fabricando muchas piezas de bronce \u2011broches, redondos brazaletes, sortijas y collares\u2011 en una cueva profunda, rodeada por la inmensa, murmurante y espumosa corriente del Oc\u00e9ano. De todos los dioses y los mortales hombres, s\u00f3lo lo sab\u00edan Tetis y Eur\u00ednome, las mismas que antes me salvaron. Hoy que Tetis, la de hermosas trenzas, viene a mi casa, tengo que pagarle el beneficio de haberme conservado la vida. S\u00edrvele hermosos presentes de hospitalidad, mientras recojo los fuelles y dem\u00e1s herramientas.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y levant\u00f3se de cabe al yunque el gigantesco e infatigable numen que al andar cojeaba arrastrando sus gr\u00e1ciles piernas. Apart\u00f3 de la llama los fuelles y puso en un arc\u00f3n de plata las herramientas con que trabajaba; enjug\u00f3se con una esponja el sudor del rostro, de las manos, del vigoroso cuello y del velludo pecho, visti\u00f3 la t\u00fanica, tom\u00f3 el fornido cetro, y sali\u00f3 cojeando, apoyado en dos estatuas de oro que eran semejantes a vivientes j\u00f3venes, pues ten\u00edan inteligencia, voz y fuerza, y hall\u00e1banse ejercitadas en las obras propias de los inmortales dioses. Ambas sosten\u00edan cuidadosamente a su se\u00f1or, y \u00e9ste, andando, se sent\u00f3 en un trono reluciente cerca de Tetis, asi\u00f3 la mano de la deidad, y le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfPor qu\u00e9, oh Tetis, la de largo peplo, venerable y cara, vienes a nuestro palacio? Antes no sol\u00edas frecuentarlo. Di qu\u00e9 deseas; mi coraz\u00f3n me impulsa a ejecutarlo, si puedo ejecutarlo y es hacedero.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Tetis, derramando l\u00e1grimas:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hefesto! \u00bfHay alguna entre las diosas del Olimpo que haya sufrido en su \u00e1nimo tantos y tan graves pesares como a m\u00ed me ha enviado el Cronida Zeus? De las ninfas del mar, \u00fanicamente a m\u00ed me sujet\u00f3 a un hombre, a Peleo E\u00e1cida, y tuve que tolerar, contra toda mi voluntad, el t\u00e1lamo de un hombre que yace ya en el palacio, rendido a la triste vejez. Ahora me env\u00eda otros males: concedi\u00f3me que pariera y alimentara un hijo insigne entre los h\u00e9roes, que creci\u00f3 semejante a un \u00e1rbol, lo cri\u00e9 como a una planta en terreno f\u00e9rtil y lo mand\u00e9 a Ilio en las corvas naves, para que combatiera con los troyanos; y ya no le recibir\u00e9 otra vez, porque no volver\u00e1 a mi casa, a la mansi\u00f3n de Peleo. Mientras vive y ve la luz del sol est\u00e1 angustiado, y no puedo, aunque a \u00e9l me acerque, llevarle socorro. Los aqueos le hab\u00edan asignado, como recompensa, una joven, y el rey Agamen\u00f3n se la quit\u00f3 de las manos. Apesadumbrado por tal motivo, consum\u00eda su coraz\u00f3n, pero los troyanos acorralaron a los aqueos junto a los bajeles y no les dejaban salir del campamento, y los pr\u00f3ceres argivos intercedieron con Aquiles y le ofrecieron espl\u00e9ndidos regalos. Entonces, aunque se neg\u00f3 a librarles de la ruina, hizo que vistiera sus armas Patroclo y envi\u00f3le a la batalla con muchos hombres. Combatieron todo el d\u00eda en las puertas Esceas; y los aqueos hubieran destruido la ciudad, a no haber sido por Apolo, el cual mat\u00f3 entre los combatientes delanteros al esforzado hijo de Menecio, que tanto estrago causaba, y dio gloria a H\u00e9ctor. Y yo vengo a abrazar tus rodillas por si quieres dar a mi hijo, cuya vida ha de ser breve, escudo, casco, hermosas grebas ajustadas con broches, y coraza; pues las armas que ten\u00eda las perdi\u00f3 su fiel amigo al morir a manos de los troyanos, y Aquiles yace en tierra con el coraz\u00f3n afligido.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3le el ilustre cojo de ambos pies:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Cobra \u00e1nimo y no te apures por las armas. Ojal\u00e1 pudiera ocultarlo a la muerte horr\u00edsona cuando el terrible destino se le presente, como tendr\u00e1 una hermosa armadura que admirar\u00e1n cuantos la vean.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3; y, dejando a la diosa, encamin\u00f3se a los fuelles, los volvi\u00f3 hacia la llama y les mand\u00f3 que trabajasen. Estos soplaban en veinte hornos, despidiendo un aire que avivaba el fuego y era de varias clases: unas veces fuerte, como lo necesita el que trabaja de prisa, y otras al contrario, seg\u00fan Hefesto lo deseaba y la obra lo requer\u00eda. El dios puso al fuego duro bronce, esta\u00f1o, oro precioso y plata; coloc\u00f3 en el tajo el gran yunque, y cogi\u00f3 con una mano el pesado martillo y con la otra las tenazas.<\/p>\n<p>\u00a0Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas ten\u00eda el escudo, y en la superior grab\u00f3 el dios muchas art\u00edsticas figuras, con sabia inteligencia.<\/p>\n<p>\u00a0All\u00ed puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; all\u00ed las estrellas que el cielo coronan, las Pl\u00e9yades, las H\u00edades, el robusto Ori\u00f3n y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Ori\u00f3n y es la \u00fanica que deja de ba\u00f1arse en el Oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>\u00a0All\u00ed represent\u00f3 tambi\u00e9n dos ciudades de hombres dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias sal\u00edan de sus habitaciones y eran acompa\u00f1adas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas, o\u00edanse repetidos cantos de himeneo, j\u00f3venes danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y c\u00edtaras, y las matronas admiraban el espect\u00e1culo desde los vest\u00edbulos de las casas.\u2011 Los hombres estaban reunidos en el \u00e1gora, pues se hab\u00eda suscitado una contienda entre dos varones acerca de la multa que deb\u00eda pagarse por un homicidio: el uno, declarando ante el pueblo, afirmaba que ya la ten\u00eda satisfecha; el otro negaba haberla recibido, y ambos deseaban terminar el pleito presentando testigos. El pueblo se hallaba dividido en dos bandos, que aplaud\u00edan sucesivamente a cada litigante; los heraldos aquietaban a la muchedumbre, y los ancianos, sentados sobre pulimentadas piedras en sagrado c\u00edrculo, ten\u00edan en las manos los cetros de los heraldos, de voz potente, y levant\u00e1ndose uno tras otro publicaban el juicio que hab\u00edan formado. En el centro estaban los dos talentos de oro que deb\u00edan darse al que mejor demostrara la justicia de su causa.<\/p>\n<p>\u00a0La otra ciudad aparec\u00eda cercada por dos ej\u00e9rcitos cuyos individuos, revestidos de lucientes armaduras, no estaban acordes: los del primero deseaban arruinar la plaza, y los otros quer\u00edan dividir en dos partes cuantas riquezas encerraba la agradable poblaci\u00f3n. Pero los ciudadanos a\u00fan no se rend\u00edan, y preparaban secretamente una emboscada. Mujeres, ni\u00f1os y ancianos subidos en la muralla la defend\u00edan. Los sitiados marchaban llevando al frente a Ares y a Palas Atenea, ambos de oro y con \u00e1ureas vestiduras, hermosos, grandes, armados y distinguidos, como dioses; pues los hombres eran de estatura menor. Luego en el lugar escogido para la emboscada, que era a orillas de un r\u00edo y cerca de un abrevadero que utilizaba todo el ganado, sent\u00e1banse, cubiertos de reluciente bronce, y pon\u00edan dos centinelas avanzados para que les avisaran la llegada de las ovejas y de los bueyes de retorcidos cuernos. Pronto se presentaban los reba\u00f1os con dos pastores que se recreaban tocando la zampo\u00f1a, sin presentir la asechanza. Cuando los emboscados los ve\u00edan venir, corr\u00edan a su encuentro y al punto se apoderaban de los reba\u00f1os de bueyes y de los magn\u00edficos hatos de blancas ovejas y mataban a los guardianes. Los sitiadores, que se hallaban reunidos en junta, o\u00edan el vocer\u00edo que se alzaba en torno de los bueyes, y, montando \u00e1giles corceles, acud\u00edan presurosos. Pronto se trababa a orillas del r\u00edo una batalla en la cual her\u00edanse unos a otros con bronc\u00edneas lanzas. All\u00ed se agitaban la Discordia, el Tumulto y la funesta Parca, que a un tiempo cog\u00eda a un guerrero vivo y recientemente herido y a otro ileso, y arrastraba, asi\u00e9ndolo de los pies, por el campo de la batalla a un tercero que ya hab\u00eda muerto; y el ropaje que cubr\u00eda su espalda estaba teni\u00f1o de sangre humana. Mov\u00edanse todos como hombres vivos, peleaban y retiraban los muertos.<\/p>\n<p>\u00a0Represent\u00f3 tambi\u00e9n una blanda tierra noval, un campo f\u00e9rtil y vasto que se labraba por tercera vez: ac\u00e1 y acull\u00e1 muchos labradores guiaban las yuntas, y, al llegar al conf\u00edn del campo, un hombre les sal\u00eda al encuentro y les daba una copa de dulce vino; y ellos volv\u00edan atr\u00e1s, abriendo nuevos surcos, y deseaban llegar al otro extremo del noval profundo. Y la tierra que dejaban a su espalda negreaba y parec\u00eda labrada, siendo toda de oro; lo cual constitu\u00eda una singular maravilla.<\/p>\n<p>\u00a0Grab\u00f3 asimismo un campo real donde los j\u00f3venes segaban las mieses con hoces afiladas: muchos manojos ca\u00edan al suelo a lo largo del surco, y con ellos formaban gavilla: los atadores. Tres eran \u00e9stos, y unos rapaces cog\u00edan los manojos y se los llevaban a brazados. En medio, de pie en un surco, estaba el rey sin desplegar los labios, con el coraz\u00f3n alegre y el cetro en la mano. Debajo de una encina, los heraldos preparaban para el banquete un corpulento buey que hab\u00edan matado. Y las mujeres aparejaban la comida de los trabajadores, haciendo abundantes puches de blanca harina.<\/p>\n<p>\u00a0Tambi\u00e9n entall\u00f3 una hermosa vi\u00f1a de oro, cuyas cepas, cargadas de negros racimos, estaban sostenidas por rodrigones de plata. Rode\u00e1banla un foso de negruzco acero y un seto de esta\u00f1o, y conduc\u00eda a ella un solo camino por donde pasaban los acarreadores ocupados en la vendimia. Doncellas y mancebos, pensando en cosas tiernas, llevaban el dulce fruto en cestos de mimbre; un muchacho ta\u00f1\u00eda suavemente la harmoniosa c\u00edtara y entonaba con tenue voz un hermoso lino, y todos le acompa\u00f1aban cantando, profiriendo voces de j\u00fabilo y golpeando con los pies el suelo.<\/p>\n<p>\u00a0Puso luego un reba\u00f1o de vacas de erguida cornamenta: los animales eran de oro y esta\u00f1o, y sal\u00edan del establo, mugiendo, para pastar a orillas de un sonoro r\u00edo, junto a un flexible ca\u00f1averal. Cuatro pastores de oro guiaban a las vacas y nueve canes de pies ligeros los segu\u00edan. Entre las primeras vacas, dos terribles leones hab\u00edan sujetado y conduc\u00edan a un toro que daba fuertes mugidos. Persegu\u00edanlos mancebos y perros. Pero los leones lograban desgarrar la piel del corpulento toro y tragaban los intestinos y la negra sangre; mientras los pastores intentaban, aunque in\u00fatilmente, estorbarlo, y azuzaban a los \u00e1giles canes: \u00e9stos se apartaban de los leones sin morderlos, ladraban desde cerca y rehu\u00edan el encuentro de las fieras.<\/p>\n<p>\u00a0Hizo tambi\u00e9n el ilustre cojo de ambos pies un gran prado en hermoso valle, donde pac\u00edan las c\u00e1ndidas ovejas, con establos, chozas techadas y apriscos.<\/p>\n<p>\u00a0El ilustre cojo de ambos pies puso luego una danza como la que D\u00e9dalo concert\u00f3 en la vasta Cnoso en obsequio de Ariadna, la de lindas trenzas. Mancebos v doncellas de rico dote, cogidos de las manos, se divert\u00edan bailando: \u00e9stas llevaban vestidos de sutil lino y bonitas guirnaldas, y aqu\u00e9llos, t\u00fanicas bien tejidas y algo lustrosas, como frotadas con aceite, y sables de oro suspendidos de arg\u00e9nteos tahal\u00edes. Unas veces, moviendo los diestros pies, daban vueltas a la redonda con la misma facilidad con que el alfarero, sent\u00e1ndose, aplica su mano al torno y lo prueba para ver si corre, y en otras ocasiones se colocaban por hileras y bailaban separadamente. Gent\u00edo inmenso rodeaba el baile y se holgaba en contemplarlo. Entre ellos un divino aedo cantaba, acompa\u00f1\u00e1ndose con la c\u00edtara; y as\u00ed que se o\u00eda el preludio, dos saltadores hac\u00edan cabriolas en medio de la muchedumbre.<\/p>\n<p>\u00a0En la orla del s\u00f3lido escudo represent\u00f3 la poderosa corriente del r\u00edo Oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>\u00a0Despu\u00e9s que construy\u00f3 el grande y fuerte escudo, hizo para Aquiles una coraza m\u00e1s reluciente que el resplandor del fuego; un s\u00f3lido casco, hermoso, labrado, de \u00e1urea cimera, y que a sus sienes se adaptara, y unas grebas de d\u00factil esta\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando el ilustre cojo de ambos pies hubo fabricado todas las armas, entreg\u00f3las a la madre de Aquiles. Y Tetis salt\u00f3, como un gavil\u00e1n desde el nevado Olimpo, llevando la reluciente armadura que Hefesto hab\u00eda construido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XVIII Fabricaci\u00f3n de las armas Aquiles, al enterarse de la noticia de la muerte de su amigo Patroclo, ans\u00eda vengarlo. Su madre, Tetis, pide a Hefesto que fabrique un escudo que reemplace al que H\u00e9ctor tom\u00f3 como bot\u00edn del cad\u00e1ver de Patroclo. \u00a0Mientras los troyanos y los aqueos combat\u00edan\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1012,1289,1287,1115,1143,1057,1051,1025,1033,2681],"class_list":["post-942","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-homero","tag-iliada","tag-jovenes","tag-justicia","tag-pensamiento","tag-planta","tag-rosa","tag-vino","tag-xviii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-xviii-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-xviii-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2010-11-27T20:36:29+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"120\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Admin\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Admin\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"31 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Admin\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\"},\"headline\":\"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero]\",\"datePublished\":\"2010-11-27T20:36:29+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/\"},\"wordCount\":6253,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"keywords\":[\"amor\",\"animal\",\"arte\",\"ave\",\"Homero\",\"Iliada\",\"j\u00f3venes\",\"justicia\",\"pensamiento\",\"planta\",\"rosa\",\"vino\",\"xviii\"],\"articleSection\":[\"Literatura \\\/ Po\u00e9tica\",\"Textos literarios\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/\",\"name\":\"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2010-11-27T20:36:29+00:00\",\"description\":\"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero]\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"name\":\"Blog Cultureduca\",\"description\":\"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"alternateName\":\"Blog Cultura educativa\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\",\"name\":\"ASOCAE\",\"alternateName\":\"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"width\":22,\"height\":24,\"caption\":\"ASOCAE\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/groups\\\/cultureduca\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/Cultureduca\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\",\"name\":\"Admin\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"caption\":\"Admin\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/author\\\/jefe\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","description":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-xviii-homero\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","og_description":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","og_url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-xviii-homero\/","og_site_name":"Blog Cultureduca educativa","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","article_published_time":"2010-11-27T20:36:29+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":120,"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Admin","twitter_misc":{"Escrito por":"Admin","Tiempo de lectura":"31 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/"},"author":{"name":"Admin","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200"},"headline":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero]","datePublished":"2010-11-27T20:36:29+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/"},"wordCount":6253,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"keywords":["amor","animal","arte","ave","Homero","Iliada","j\u00f3venes","justicia","pensamiento","planta","rosa","vino","xviii"],"articleSection":["Literatura \/ Po\u00e9tica","Textos literarios"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/","name":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website"},"datePublished":"2010-11-27T20:36:29+00:00","description":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xviii-homero\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cLa Iliada\u201d (XVIII) [Homero]"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","name":"Blog Cultureduca","description":"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas","publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"alternateName":"Blog Cultura educativa","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization","name":"ASOCAE","alternateName":"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","contentUrl":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","width":22,"height":24,"caption":"ASOCAE"},"image":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","https:\/\/x.com\/Cultureduca"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200","name":"Admin","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","caption":"Admin"},"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"}]}},"featured_image_src":null,"featured_image_src_square":null,"author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"custom":false,"gb-block-post-grid-landscape":false,"gb-block-post-grid-square":false,"post-thumbnail":false,"header":false,"slider":false,"columns":false},"uagb_author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"CANTO XVIII Fabricaci\u00f3n de las armas Aquiles, al enterarse de la noticia de la muerte de su amigo Patroclo, ans\u00eda vengarlo. Su madre, Tetis, pide a Hefesto que fabrique un escudo que reemplace al que H\u00e9ctor tom\u00f3 como bot\u00edn del cad\u00e1ver de Patroclo. \u00a0Mientras los troyanos y los aqueos combat\u00edan\u2026 Seguir leyendo...","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/942","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/75"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=942"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/942\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=942"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=942"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=942"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}