{"id":938,"date":"2010-11-27T22:32:27","date_gmt":"2010-11-27T20:32:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=938"},"modified":"2010-11-27T22:32:27","modified_gmt":"2010-11-27T20:32:27","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xiv-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xiv-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (XIV) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XIV<\/strong><\/p>\n<p><strong>Enga\u00f1o de Zeus<\/strong><\/p>\n<p>Zeus, por una atiagaza de Hera, cae rendido por el sue\u00f1o, y Poseid\u00f3n se pone al frente de los aqueos. Ayante pone fuera de combate a H\u00e9ctor, y sus hombres tienen que retroceder m\u00e1s all\u00e1 del muro y del foso del campamento aqueo.<\/p>\n<p>\u00a0N\u00e9stor, aunque estaba bebiendo, no dej\u00f3 de advertir la griter\u00eda; y hablando al Asclep\u00edada, pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfC\u00f3mo crees, divino Maca\u00f3n, que acabar\u00e1n estas cosas? junto a las naves es cada vez mayor el vocer\u00edo de los robustos j\u00f3venes. T\u00fa, sentado aqu\u00ed, bebe el negro vino, mientras Hecamede, la de hermosas trenzas, pone a calentar el agua del ba\u00f1o y te lava despu\u00e9s la sangrienta herida; y yo subir\u00e9 prestamente a un altozano para ver lo que ocurre.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y, despu\u00e9s de embrazar el labrado escudo de reluciente bronce, que su hijo Trasimedes, domador de caballos, hab\u00eda dejado all\u00ed por haberse llevado el del anciano, asi\u00f3 la fuerte lanza de bronc\u00ednea punta y sali\u00f3 de la tienda. Pronto se detuvo ante el vergonzoso espect\u00e1culo que se ofreci\u00f3 a sus ojos: los aqueos eran derrotados por los feroces troyanos y la gran muralla aquea estaba destruida. Como el pi\u00e9lago inmenso empieza a rizarse con sordo ruido y purp\u00farea, presagiando la r\u00e1pida venida de los sonoros vientos, pero no mueve las olas hasta que Zeus env\u00eda un viento determinado; as\u00ed el anciano hall\u00e1base perplejo entre encaminarse a la turba de los d\u00e1naos, de \u00e1giles corceles, o enderezar sus pasos hacia el Atrida Agamen\u00f3n, pastor de hombres. Pareci\u00f3le que ser\u00eda lo mejor ir en busca del Atrida, y as\u00ed lo hizo; mientras los dem\u00e1s, combatiendo, se mataban unos a otros, y el duro bronce resonaba alrededor de sus cuerpos a los golpes de las espadas y de las lanzas de doble filo.<\/p>\n<p>\u00a0Encontr\u00e1ronse con N\u00e9stor los reyes, alumnos de Zeus, que antes fueron heridos con el bronce \u2011el Tidida, Ulises y el Atrida Agamen\u00f3n\u2011, y entonces ven\u00edan de sus naves. \u00c9stas hab\u00edan sido colocadas lejos del campo de batalla, en la orilla del espumoso mar: sac\u00e1ronlas a la llanura las primeras, y labraron un muro delante de las popas. Porque la ribera, con ser vasta, no hubiera podido contener todos los bajeles en una sola fila, y adem\u00e1s el ej\u00e9rcito se hubiera sentido estrecho; y por esto los pusieron escalonados y llenaron con ellos el gran espacio de costa que limitaban altos promontorios. Los reyes iban juntos, con el \u00e1nimo abatido, apoy\u00e1ndose en las lanzas, porque quer\u00edan presenciar el combate y la clamorosa pelea; y, cuando vieron venir al anciano N\u00e9stor, se les sobresalt\u00f3 el coraz\u00f3n en el pecho. Y el rey Agamen\u00f3n, dirigi\u00e9ndole la palabra, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh N\u00e9stor Nelida, gloria insigne de los aqueos! \u00bfPor qu\u00e9 vienes, dejando la homicida batalla? Temo que el impetuoso H\u00e9ctor cumpla la amenaza que me hizo en su arenga a los troyanos: Que no regresar\u00eda a Ilio antes de pegar fuego a las naves y matar a los aqueos. As\u00ed dec\u00eda, y todo se va cumpliendo. \u00a1Oh dioses! Los aqueos, de hermosas grebas, tienen, como Aquiles, el \u00e1nimo pose\u00eddo de ira contra m\u00ed y no quieren combatir junto a las naves.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3 N\u00e9stor, caballero gerenio:<\/p>\n<p>\u2011Patente es lo que dices, y ni el mismo Zeus altitonante puede modificar to que ya ha sucedido. Derribado est\u00e1 el muro que esper\u00e1bamos fuese indestructible reparo para las veleras naves y para nosotros mismos; y junto a ellas los troyanos sostienen vivo a incesante combate. No conocer\u00edas, por m\u00e1s que lo miraras, hacia qu\u00e9 parte van los aqueos acosados y puestos en desorden: en mont\u00f3n confuso reciben la muerte, y la griter\u00eda llega hasta el cielo. Deliberemos sobre lo que puede ocurrir, por si nuestra mente da con alguna traza provechosa; y no propongo que entremos en combate, porque es imposible que peleen los que est\u00e1n heridos.<\/p>\n<p>\u00a0D\u00edjole el rey de hombres, Agamen\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1N\u00e9stor! Puesto que ya los troyanos combaten junto a las popas de las naves y de ninguna utilidad ha sido el muro con su foso que los d\u00e1naos construyeron con tanta fatiga, esperando que fuese indestructible reparo para las naves y para ellos mismos; sin duda debe de ser grato al prepotente Zeus que los aqueos perezcan sin gloria aqu\u00ed, lejos de Argos. Antes yo ve\u00eda que el dios auxiliaba, ben\u00e9volo, a los d\u00e1naos, mas al presente da gloria a los troyanos, cual si fuesen dioses bienaventurados, y encadena nuestro valor y nuestros brazos. Ea, procedamos todos como voy a decir. Arrastremos las naves que se hallan m\u00e1s cerca de la orilla, ech\u00e9moslas al mar divino y que est\u00e9n sobre las anclas hasta que venga la noche inmortal, y, si entonces los troyanos se abstienen de combatir, podremos echar las restantes. No es reprensible evitar una desgracia, aunque sea durante la noche. Mejor es librarse huyendo, que dejarse coger.<\/p>\n<p>\u00a0El ingenioso Ulises, mir\u00e1ndole con torva faz, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1Atrida! \u00bfQu\u00e9 palabras se te escaparon del cerco de los dientes? \u00a1Hombre funesto! Debieras estar al frente de un ej\u00e9rcito de cobardes y no mandarnos a nosotros, a quienes Zeus concedi\u00f3 llevar al cabo arriesgadas empresas b\u00e9licas desde la juventud a la vejez, hasta que perezcamos. \u00bfQuieres que dejemos la ciudad troyana de anchas calles, despu\u00e9s que hemos padecido por ella tantas fatigas? Calla y no oigan los aqueos esas palabras, las cuales no saldr\u00edan de la boca de ning\u00fan var\u00f3n que supiera hablar con esp\u00edritu prudente, llevara cetro y fuera obedecido por tantos hombres cuanto son los argivos sobre quienes imperas. Repruebo del todo la proposici\u00f3n que hiciste: sin duda nos aconsejas que echemos al mar las naves de muchos bancos durante el combate y la pelea, para que m\u00e1s presto se cumplan los deseos de los troyanos, ya al presente vencedores, y nuestra perdici\u00f3n sea inminente. Porque los aqueos no sostendr\u00e1n el combate si las naves son echadas al mar; sino que, volviendo los ojos adonde puedan huir, cesar\u00e1n de pelear, y tu consejo, pr\u00edncipe de hombres, habr\u00e1 sido da\u00f1oso.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 el rey de hombres, Agamen\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ulises! Tu dura reprensi\u00f3n me ha llegado al alma; pero yo no mandaba que los aqueos arrastraran al mar, contra su voluntad, las naves de muchos bancos. Ojal\u00e1 que alguien, joven o viejo, propusiera una cosa mejor, pues le oir\u00eda con gusto.<\/p>\n<p>\u00a0Y entonces les dijo Diomedes, valiente en la pelea:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Cerca ten\u00e9is a tal hombre \u2011no habremos de buscarle mucho\u2011, si os hall\u00e1is dispuestos a obedecer; y no me vituper\u00e9is ni os irrit\u00e9is contra m\u00ed, recordando que soy m\u00e1s joven que vosotros, pues me glor\u00edo de haber tenido por padre al valiente Tideo, cuyo cuerpo est\u00e1 enterrado en Teba. Engendr\u00f3 Porteo tres hijos ilustres que habitaron en Pleur\u00f3n y en la excelsa Calid\u00f3n: Agrio, Melas y el caballero Eneo, mi abuelo paterno, que era el m\u00e1s valiente. Eneo qued\u00f3se en su pa\u00eds; pero mi padre, despu\u00e9s de vagar alg\u00fan tiempo, se estableci\u00f3 en Argos, porque as\u00ed to quisieron Zeus y los dem\u00e1s dioses, cas\u00f3 con una hija de Adrasto y vivi\u00f3 en una casa abastada de riqueza: pose\u00eda muchos trigales, no pocas plantaciones de \u00e1rboles en los alrededores y copiosos reba\u00f1os, y aventajaba a todos los aqueos en el manejo de la lanza. Tales cosas las habr\u00e9is o\u00eddo referir como ciertas que son. No sea que, figur\u00e1ndoos quiz\u00e1s que por mi linaje he de ser cobarde y d\u00e9bil, despreci\u00e9is lo bueno que os diga. Ea, vayamos a la batalla, no obstante estar heridos, pues la necesidad apremia; pong\u00e1monos fuera del alcance de los tiros para no recibir herida sobre herida; animemos a los dem\u00e1s y hagamos que entren en combate cuantos, cediendo a su \u00e1nimo indolente, permanecen alejados y no pelean.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed se expres\u00f3, y ellos le escucharon y obedecieron. Echaron a andar, y el rey de hombres, Agamen\u00f3n, iba delante.<\/p>\n<p>\u00a0El ilustre Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, estaba al acecho; y, transfigur\u00e1ndose en un viejo, se dirigi\u00f3 a los reyes, tom\u00f3 la diestra de Agamen\u00f3n Atrida y le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Atrida! Aquiles, al contemplar la matanza y la derrota de los aqueos, debe de sentir que en el pecho se le regocija el coraz\u00f3n pernicioso, porque est\u00e1 totalmente falto de juicio. \u00a1As\u00ed pereciera y una deidad le cubriese de ignominia! Pero los bienaventurados dioses no se hallan irritados del todo contigo, y los caudillos y pr\u00edncipes de los troyanos ser\u00e1n puestos en fuga y levantar\u00e1n nubes de polvo en la llanura espaciosa; t\u00fa mismo los ver\u00e1s huir desde las tiendas y naves a la ciudad.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando as\u00ed hubo hablado, dio un gran alarido y empez\u00f3 a correr por la llanura. Cual es la griter\u00eda de nueve o diez mil guerreros al trabarse la contienda de Ares, tan pujante fue la voz que el soberano Poseid\u00f3n, que bate la tierra, arroj\u00f3 de su pecho. Y el dios infundi\u00f3 valor en el coraz\u00f3n de todos los aqueos para que lucharan y combatieran sin descanso.<\/p>\n<p>\u00a0Hera, la de \u00e1ureo trono, mir\u00f3 con sus ojos desde la cima del Olimpo, conoci\u00f3 a su hermano y cu\u00f1ado, que se mov\u00eda en la batalla donde se hacen ilustres los hombres, y se regocij\u00f3 en el alma; pero vio a Zeus sentado en la m\u00e1s alta cumbre del Ida, abundante en manantiales, y se le hizo odioso en su coraz\u00f3n. Entonces Hera veneranda, la de ojos de novilla, pensaba c\u00f3mo podr\u00eda enga\u00f1ar a Zeus, que lleva la \u00e9gida. A fin pareci\u00f3le que la mejor resoluci\u00f3n ser\u00eda ataviarse bien y encaminarse al Ida, por si Zeus, abras\u00e1ndose en amor, quer\u00eda dormir a su lado y ella lograba derramar dulce y placentero sue\u00f1o sobre los p\u00e1rpados y el prudente esp\u00edritu del dios. Sin perder un instante, fuese a la habitaci\u00f3n labrada por su hijo Hefesto \u2011la cual ten\u00eda una s\u00f3lida puerta con cerradura oculta que ninguna otra deidad sab\u00eda abrir\u2011, entr\u00f3, y, habiendo entornado la puerta, lav\u00f3se con ambros\u00eda el cuerpo encantador y lo unt\u00f3 con un aceite craso, divino, suave y tan oloroso que, al moverlo en el palacio de Zeus, erigido sobre bronce, su fragancia se difundi\u00f3 por el cielo y la tierra. Ungido el hermoso cutis, se compuso el cabello y con sus propias manos form\u00f3 los rizos lustrosos, bellos, divinales, que colgaban de la cabeza inmortal. Ech\u00f3se en seguida el manto divino, adornado con muchas bordaduras, que Atenea le hab\u00eda labrado, y sujet\u00f3lo al pecho con broche de oro. P\u00fasose luego un ce\u00f1idor que ten\u00eda cien borlones, y colg\u00f3 de las perforadas orejas unos pendientes de tres piedras preciosas grandes como ojos, espl\u00e9ndidas, de gracioso brillo. Despu\u00e9s, la divina entre las diosas se cubri\u00f3 con un velo hermoso, nuevo, tan blanco como el sol, y calz\u00f3 sus n\u00edtidos pies con bellas sandalias. Y cuando hubo ataviado su cuerpo con todos los adornos, sali\u00f3 de la estancia, y, llamando a Afrodita aparte de los dioses, habl\u00f3le en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfQuerr\u00e1s complacerme, hija querida, en lo que yo te diga, o te negar\u00e1s, irritada en tu \u00e1nimo, porque yo protejo a los d\u00e1naos y t\u00fa a los troyanos?<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Afrodita, hija de Zeus:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hera, venerable diosa, hija del gran Crono! Di qu\u00e9 quieres; mi coraz\u00f3n me impulsa a efectuarlo, si puedo hacerlo y ello es factible.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3le dolosamente la venerable Hera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Dame el amor y el deseo con los cuales rindes a todos los inmortales y a los mortales hombres. Voy a los confines de la f\u00e9rtil tierra para ver a Oc\u00e9ano, padre de los dioses, y a la madre Tetis, los cuales me recibieron de manos de Rea y me criaron y educaron en su palacio, cuando el largovidente Zeus puso a Crono debajo de la tierra y del mar est\u00e9ril. Ir\u00e9 a visitarlos para dar fin a sus rencillas. Tiempo ha que se privan del amor y del t\u00e1lamo, porque la c\u00f3lera anid\u00f3 en sus corazones. Si apaciguara con mis palabras su \u00e1nimo y lograra que reanudasen el amoroso consorcio, me llamar\u00edan siempre querida y venerable.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3 de nuevo la risue\u00f1a Afrodita:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011No es posible ni ser\u00eda conveniente negarte lo que Aides, pues duermes en los brazos del poderos\u00edsimo Zeus.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y desat\u00f3 del pecho el cinto bordado, de variada labor, que encerraba todos los encantos: hall\u00e1banse a\u00ed el amor, el deseo, las amorosas pl\u00e1ticas y el lenguaje seductor que hace perder el juicio a los m\u00e1s prudentes. P\u00fasolo en las manos de Hera, y pronunci\u00f3 estas palabras:<\/p>\n<p>\u2011Toma y esconde en tu seno el bordado ce\u00f1idor donde todo se halla. Yo te aseguro que no volver\u00e1s sin haber logrado lo que tu coraz\u00f3n desea.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Sonri\u00f3se Hera veneranda, la de ojos de novilla; y, sonriente a\u00fan, escondi\u00f3 el ce\u00f1idor en el seno.<\/p>\n<p>\u00a0Afrodita, hija de Zeus, volvi\u00f3 a su morada y Hera dej\u00f3 en raudo vuelo la cima del Olimpo, y, pasando por la Pieria y la deleitosa Ematia, salv\u00f3 las altas y nevadas cumbres de las monta\u00f1as donde viven los jinetes tracios, sin que sus pies tocaran la tierra descendi\u00f3 por el Atos al fluctuoso ponto y lleg\u00f3 a Lemnos, ciudad del divino Toante. All\u00ed se encontr\u00f3 con el Sue\u00f1o, hermano de la Muerte, y, asi\u00e9ndole de la diestra, le dijo estas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Sue\u00f1o, rey de todos los dioses y de todos los hombres! Si en otra ocasi\u00f3n escuchaste mi voz, obed\u00e9ceme tambi\u00e9n ahora, y mi gratitud ser\u00e1 perenne. Adormece los brillantes ojos de Zeus debajo de sus p\u00e1rpados, tan pronto como, vencido por el amor, se acueste conmigo. Te dar\u00e9 como premio un trono hermoso, incorruptible, de oro; y mi hijo Hefesto, el cojo de ambos pies, te har\u00e1 un escabel que te sirva para apoyar las n\u00edtidas plantas, cuando asistas a los festines.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el dulce Sue\u00f1o:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hera, venerable diosa, hija del gran Crono! F\u00e1cilmente adormecer\u00eda a cualquier otro de los sempiternos dioses y aun a las corrientes del r\u00edo Oc\u00e9ano, del cual son oriundos todos, pero no me acercar\u00e9 ni adormecer\u00e9 a Zeus Croni\u00f3n, si \u00e9l no lo manda. Me hizo cuerdo tu mandato el d\u00eda en que el muy animoso hijo de Zeus se embarc\u00f3 en Ilio, despu\u00e9s de destruir la ciudad troyana. Entonces sum\u00ed en grato sopor la mente de Zeus, que lleva la \u00e9gida, difundi\u00e9ndome suave en torno suyo; y t\u00fa, que intentabas causar da\u00f1o a Heracles, conseguiste que los vientos impetuosos soplaran sobre el ponto y lo llevaran a la populosa Cos, lejos de sus amigos. Zeus despert\u00f3 y encendi\u00f3se en ira: maltrataba a los dioses en el palacio, me buscaba a m\u00ed, y me hubiera hecho desaparecer, arroj\u00e1ndome del \u00e9ter al ponto, si la Noche, que rinde a los dioses y a los hombres, no me hubiese salvado; llegu\u00e9me a ella huyendo, y aqu\u00e9l se contuvo, aunque irritado, porque temi\u00f3 hacer algo que a la r\u00e1pida Noche desagradara. Y ahora me mandas realizar otra cosa peligros\u00edsima.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Hera veneranda, la de ojos de novilla:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Oh Sue\u00f1o, \u00bfpor qu\u00e9 en la mente revuelves tales cosas? \u00bfCrees que el largovidente Zeus favorecer\u00e1 tanto a los troyanos, como en la \u00e9poca en que se irrit\u00f3 proteg\u00eda a su hijo Heracles? Ea, ve y prometo darte, para que te cases con ella y lleve el nombre de esposa tuya, la m\u00e1s joven de las Gracias [Pasitea, de la cual est\u00e1s deseoso todos los d\u00edas].<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. Alegr\u00f3se el Sue\u00f1o, y respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Ea, jura por el agua inviolable de la \u00c9stige, tocando con una mano la f\u00e9rtil tierra y con la otra el brillante mar, para que sean testigos los dioses de debajo de la tierra que est\u00e1n con Crono, que me dar\u00e1s la m\u00e1s joven de las Gracias, Pasitea, de la cual estoy deseoso todos los d\u00edas.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. No desobedeci\u00f3 Hera, la diosa de los n\u00edveos brazos, y jur\u00f3, como se le ped\u00eda, nombrando a todos los dioses subtart\u00e1reos, llamados Titanes. Prestado el juramento, partieron ocultos en una nube, dejaron atr\u00e1s a Lemnos y la ciudad de Imbros, y siguiendo con rapidez el camino llegaron a Lecto, en el Ida, abundante en manantiales y criador de fieras; all\u00ed pasaron del mar a tierra firme, y anduvieron haciendo estremecer debajo de sus pies la cima de los \u00e1rboles de la selva. Det\u00favose el Sue\u00f1o antes que los ojos de Zeus pudieran verlo, y, encaram\u00e1ndose en un abeto alt\u00edsimo que hab\u00eda nacido en el Ida y por el aire llegaba al \u00e9ter, se ocult\u00f3 entre las ramas como la montaraz ave canora llamada por los dioses calcis y por los hombres cymindis.<\/p>\n<p>\u00a0Hera subi\u00f3 ligera al G\u00e1rgaro, la cumbre m\u00e1s alta del Ida; Zeus, que amontona las nubes, la vio venir; y apenas la distingui\u00f3, ense\u00f1ore\u00f3se de su prudente esp\u00edritu el mismo deseo que, cuando gozaron las primicias del amor, acost\u00e1ndose a escondidas de sus padres. Y as\u00ed que la tuvo delante, le habl\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hera! \u00bfAd\u00f3nde vas, que tan presurosa vienes del Olimpo, sin los caballos y el carro que podr\u00edan conducirte?<\/p>\n<p>\u2011 Respondi\u00f3le dolosamente la venerable Hera:<\/p>\n<p>\u2011 Voy a los confines de la f\u00e9rtil tierra, a ver a Oc\u00e9ano, origen de los dioses, y a la madre Tetis, que me recibieron de manos de Rea y me criaron y educaron en su palacio. Ir\u00e9 a visitarlos para dar fin a sus rencillas. Tiempo ha que se privan del amor y del t\u00e1lamo, porque la c\u00f3lera invadi\u00f3 sus corazones. Tengo al pie del Ida, abundante en manantiales, los corceles que me llevar\u00e1n por tierra y por mar, y vengo del Olimpo a particip\u00e1rtelo; no fuera que lo irritaras si me encaminase, sin dec\u00edrtelo, al palacio del Oc\u00e9ano, de profunda corriente.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hera! All\u00e1 se puede ir m\u00e1s tarde. Ea, acost\u00e9monos y gocemos del amor. Jam\u00e1s la pasi\u00f3n por una diosa o por una mujer se difundi\u00f3 por mi pecho, ni me avasall\u00f3 como ahora: nunca he amado as\u00ed, ni a la esposa de Ixi\u00f3n, que pari\u00f3 a Pintoo consejero igual a los dioses; ni a D\u00e1nae Acrisiona, la de bellos talones, que dio a luz a Perseo, el m\u00e1s ilustre de los hombres; ni a la celebrada hija de F\u00e9nix, que fue madre de Minos y de Radamantis igual a un dios; ni a S\u00e9mele, ni a Alcmena en Teba, de la que tuve a Heracles, de \u00e1nimo valeroso, y de S\u00e9mele a Dioniso, alegr\u00eda de los mortales; ni a Dem\u00e9ter, la soberana de hermosas trenzas; ni a la gloriosa Leto; ni a ti misma: con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de m\u00ed se apodera.<\/p>\n<p>\u2011 Replic\u00f3le dolosamente la venerable Hera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Terribil\u00edsimo Cronida! \u00a1Qu\u00e9 palabras proferiste! \u00a1Quieres acostarte y gozar del amor en las cumbres del Ida, donde todo es patente! \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00eda si alguno de los sempiternos dioses nos viese dormidos y lo manifestara a todas las deidades? Yo no volver\u00eda a tu palacio al levantarme del lecho; vergonzoso fuera. Mas, si lo deseas y a tu coraz\u00f3n le es grato, tienes la c\u00e1mara que tu hijo Hefesto labr\u00f3, cerrando la puerta con s\u00f3lidas tablas que encajan en el marco. Vamos a acostarnos all\u00ed, ya que el lecho apeteces.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hera! No temas que nos vea ning\u00fan dios ni hombre: te cubrir\u00e9 con una nube dorada que ni el Sol, con su luz, que es la m\u00e1s penetrante de todas, podr\u00eda atravesar para mirarnos.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y el hijo de Crono estrech\u00f3 en sus brazos a la esposa. La divina tierra produjo verde hierba, loto fresco, azafr\u00e1n y jacinto espeso y tierno para levantarlos del suelo. Acost\u00e1ronse all\u00ed y cubri\u00e9ronse con una hermosa nube dorada, de la cual ca\u00edan lucientes gotas de roc\u00edo.<\/p>\n<p>\u00a0Tan tranquilamente dorm\u00eda el padre sobre el alto G\u00e1rgaro, vencido por el sue\u00f1o y el amor y abrazado con su esposa. El dulce Sue\u00f1o corri\u00f3 hacia las naves aqueas para llevar la noticia al que ci\u00f1e y bate la tierra; y, deteni\u00e9ndose cerca de \u00e9l, pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Poseid\u00f3n! Socorre pronto a los d\u00e1naos y dales gloria, aunque sea breve, mientras duerme Zeus, a quien he sumido en dulce letargo, despu\u00e9s que Hera, enga\u00f1\u00e1ndole, logr\u00f3 que se acostara para gozar del amor.<\/p>\n<p>\u00a0Dicho esto, fuese hacia las \u00ednclitas tribus de los hombres. Y Poseid\u00f3n, m\u00e1s incitado que antes a socorrer a los d\u00e1naos, salt\u00f3 en seguida a las primeras filas y les exhort\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Argivos! \u00bfCederemos nuevamente la victoria a H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, para que se apodere de los bajeles y alcance gloria? As\u00ed se lo figura \u00e9l y de ello se jacta, porque Aquiles permanece en las c\u00f3ncavas naves con el coraz\u00f3n irritado. Pero Aquiles no har\u00e1 gran falta, si los dem\u00e1s procuramos auxiliarnos mutuamente. Pero, ea, procedamos todos como voy a decir. Embrazad los escudos mayores y m\u00e1s fuertes que haya en el ej\u00e9rcito, cubr\u00edos la cabeza con el refulgente casco, coged las picas m\u00e1s largas, y pong\u00e1monos en marcha: yo ir\u00e9 delante, y no creo que H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, por enardecido que est\u00e9, se atreva a esperarnos. Y el var\u00f3n, que siendo bravo, tenga un escudo peque\u00f1o para proteger sus hombros, d\u00e9selo al menos valiente y tome otro mejor.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo, y ellos le escucharon y obedecieron. Los mismos reyes \u2011el Tidida, Ulises y el Atrida Agamen\u00f3n\u2011, sin embargo de estar heridos, los pusieron en orden de batalla, y, recorriendo las hileras, hac\u00edan el cambio de las marciales armas. El esforzado tomaba las m\u00e1s fuertes y daba las peores al que le era inferior. Tan pronto como hubieron vestido el luciente bronce, se pusieron en marcha: preced\u00edales Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, llevando en la robusta mano una espada terrible, larga y puntiaguda, que parec\u00eda un rel\u00e1mpago; y a nadie le era posible luchar con el dios en el funesto combate, porque el temor se lo imped\u00eda a todos.<\/p>\n<p>\u00a0Por su parte, el esclarecido H\u00e9ctor puso en orden a los troyanos. Y Poseid\u00f3n, el de cer\u00falea cabellera, y el preclaro H\u00e9ctor, auxiliando \u00e9ste a los troyanos y aqu\u00e9l a los argivos, extendieron el campo de la terrible pelea. El mar, agitado, lleg\u00f3 hasta las tiendas y naves de los argivos, y los combatientes se embistieron con gran alboroto. No braman tanto las olas del mar cuando, levantadas por el soplo terrible del B\u00f3reas, se rompen en la tierra; ni hace tanto estr\u00e9pito el ardiente fuego en la espesura del monte, al quemarse una selva; ni suena tanto el viento en las altas copas de las encinas, si arreciando muge; cu\u00e1nto fue el griter\u00edo de troyanos y aqueos en el momento en que, vociferando de un modo espantoso, vinieron a las manos.<\/p>\n<p>\u00a0El preclaro H\u00e9ctor arroj\u00f3 el primero la lanza a Ayante, que contra \u00e9l arremet\u00eda, y no le err\u00f3; pero acert\u00f3 a darle en el sitio en que se cruzaban sobre el pecho la correa del escudo y el tahal\u00ed de la espada, guarnecida con arg\u00e9nteos clavos, y ambos protegieron el delicado cuerpo. Irrit\u00f3se H\u00e9ctor porque la lanza hab\u00eda sido arrojada in\u00fatilmente por su mano, y retrocedi\u00f3 hacia el grupo de sus amigos para evitar la muerte. El gran Ayante Telamonio, al ver que H\u00e9ctor se retiraba, cogi\u00f3 una de las muchas piedras que serv\u00edan para calzar las naves y rodaban entonces entre los pies de los combatientes, y con ella le hiri\u00f3 en el pecho, por cima del escudo, junto a la garganta; la piedra, lanzada con \u00edmpetu, giraba como un torbellino. Como viene a tierra la encina arrancada de ra\u00edz por el. rayo del padre Zeus, despidiendo un fuerte olor de azufre, y el que se halla cerca desfallece, pues el rayo del gran Zeus es formidable, de igual manera, el robusto H\u00e9ctor dio consigo en el suelo y cay\u00f3 en el polvo: la pica se le fue de la mano, quedaron encima de \u00e9l escudo y casco, y la armadura de labrado bronce reson\u00f3 en torno del cuerpo. Los aqueos corrieron hacia H\u00e9ctor, dando recias voces, con la esperanza de arrastrarlo a su campo; mas, aunque arrojaron muchas lanzas, no consiguieron herir al pastor de hombres, ni de cerca ni de lejos, porque fue rodeado por los m\u00e1s valientes troyanos \u2011Polidamante, Eneas, el divino Agenor, Sarped\u00f3n, caudillo de los licios, y el eximio Glauco\u2011, y los otros tampoco le abandonaron, pues se pusieron delante con sus rodelas. Los amigos de H\u00e9ctor lo levantaron en brazos, sac\u00e1ronlo del combate, conduj\u00e9ronle adonde ten\u00eda los \u00e1giles corceles con el labrado carro y el auriga, y se lo llevaron hacia la ciudad, mientras daba profundos suspiros.<\/p>\n<p>\u00a0Mas, al llegar al vado del voraginoso Janto, r\u00edo de hermosa corriente que el inmortal Zeus engendr\u00f3, bajaron a H\u00e9ctor del carro y le rociaron el rostro con agua: el h\u00e9roe cobr\u00f3 los perdidos esp\u00edritus, mir\u00f3 a lo alto, y, poni\u00e9ndose de rodillas, tuvo un v\u00f3mito de negra sangre; luego cay\u00f3 de espaldas, y la noche obscura cubri\u00f3 sus ojos, porque a\u00fan ten\u00eda d\u00e9bil el \u00e1nimo a consecuencia del golpe recibido.<\/p>\n<p>\u00a0Los argivos, cuando vieron que H\u00e9ctor se ausentaba, arremetieron con m\u00e1s \u00edmpetu a los troyanos, y s\u00f3lo pensaron en combatir. Entonces el veloz Ayante de Oileo fue el primero que, acometiendo con la puntiaguda lanza, hiri\u00f3 a Satnio En\u00f3pida, a quien una n\u00e1yade hab\u00eda tenido de \u00c9nope, mientras \u00e9ste apacentaba reba\u00f1os a orillas del Satnioente; Ayante Oil\u00edada, famoso por su lanza, lleg\u00f3se a \u00e9l, le hiri\u00f3 en el ijar y le tumb\u00f3 de espaldas; y, en torno del cad\u00e1ver, troyanos y d\u00e1naos trabaron un duro combate. Fue a vengarle Polidamante Pantoida, h\u00e1bil en blandir la lanza; e hiri\u00f3 en el hombro derecho a Protoenor, hijo de Are\u00edlico: la impetuosa lanza atraves\u00f3 el hombro, y el guerrero, cayendo en el polvo, cogi\u00f3 el suelo con sus manos. Y Polidamante exclam\u00f3 con gran jactancia y a voz en grito:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011No creo que el brazo robusto del valeroso Pantoida haya despedido la lanza en vano; alg\u00fan argivo la recibi\u00f3 en su cuerpo, y me figuro que le servir\u00e1 de b\u00e1culo para apoyarse en ella y descender a la morada de Hades.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Sus jactanciosas palabras apesadumbraron a los argivos y conmovieron el coraz\u00f3n del aguerrido Ayante Telamon\u00edada, a cuyo lado cay\u00f3 Protoenor. En el acto arroj\u00f3 Ayante una reluciente lanza a Polidamante, que se retiraba; \u00e9ste dio un salto oblicuo y evit\u00f3la, libr\u00e1ndose de la negra muerte; pero en cambio la recibi\u00f3 Arqu\u00e9loco, hijo de Ant\u00e9nor, a quien los dioses hab\u00edan destinado a morir: la lanza se clav\u00f3 en la uni\u00f3n de la cabeza con el cuello, en la extremidad de la v\u00e9rtebra, y cort\u00f3 ambos ligamentos; cay\u00f3 el guerrero, y cabeza, boca y narices llegaron al suelo antes que las piernas y las rodillas. Y Ayante, vociferando, al eximio Polidamante le dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Reflexiona, oh Polidamante, y dime sinceramente: \u00bfLa muerte de ese hombre no compensa la de Protoenor? No parece vil, ni de viles nacido, sino hermano o hijo de Ant\u00e9nor, domador de caballos, pues tiene el mismo aire de familia.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo, porque le conoc\u00eda bien; y a los troyanos se les llen\u00f3 el coraz\u00f3n de pesar. Entonces Acamante, que se hallaba junto al cad\u00e1ver de su hermano para protegerlo, envas\u00f3 la lanza a Pr\u00f3maco, el beocio, cuando \u00e9ste cog\u00eda por los pies al muerto a intentaba llev\u00e1rselo. Y en seguida jact\u00f3se Acamante grandemente, dando recias voces:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Argivos que s\u00f3lo con el arco sab\u00e9is combatir y nunca os cans\u00e1is de proferir amenazas! El trabajo y los pesares no han de ser solamente para nosotros, y alg\u00fan d\u00eda recibir\u00e9is la muerte de este mismo modo. Mirad a Pr\u00f3maco, que yace en el suelo, vencido por mi lanza, para que la venganza por la muerte de un hermano no sufra dilaci\u00f3n. Por esto el hombre que es v\u00edctima de alguna desgracia, anhela dejar un hermano que pueda vengarle.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Sus jactanciosas frases apesadumbraron a los argivos y conmovieron el coraz\u00f3n del aguerrido Pen\u00e9leo, que arremeti\u00f3 contra Acamante; el cual no aguard\u00f3 la acometida del rey Pen\u00e9leo. \u00c9ste hiri\u00f3 a Ilioneo, hijo \u00fanico que a Forbante \u2011hombre rico en ovejas y amado sobre todos los troyanos por Hermes, que le dio muchos bienes\u2011 su esposa le hab\u00eda parido: la lanza, penetrando por debajo de una ceja, le arranc\u00f3 la pupila, le atraves\u00f3 el ojo y sali\u00f3 por la nuca, y el guerrero vino al suelo con los brazos abiertos. Pen\u00e9leo, desnudando la aguda espada, le cercen\u00f3 la cabeza, que cay\u00f3 a tierra con el casco; y, como la fornida lanza segu\u00eda clavada en el ojo, cogi\u00f3la, levant\u00f3 la cabeza cual si fuese una flor de adormidera, la mostr\u00f3 a los troyanos y, blasonando del triunfo, dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Teucros! Decid en mi nombre a los padres del ilustre Ilioneo que le lloren en su palacio; ya que tampoco la esposa de Pr\u00f3maco Alegen\u00f3rida recibir\u00e1 con alegre rostro a su marido cuando, embarc\u00e1ndonos, nos vayamos de Troya los aqueos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. A todos les temblaban las carnes de miedo, y cada cual buscaba ad\u00f3nde huir para librarse de una muerte espantosa.<\/p>\n<p>\u00a0Decidme ahora, Musas, que pose\u00e9is ol\u00edmpicos palacios, cu\u00e1l fue el primer aqueo que alz\u00f3 del suelo cruentos despojos, cuando el ilustre Poseid\u00f3n, que bate la tierra, inclin\u00f3 el combate en favor de los aqueos.<\/p>\n<p>\u00a0Ayante Telamonio, el primero, hiri\u00f3 a Hirtio Girt\u00edada; Ant\u00edloco hizo perecer a Falces y a M\u00e9rmero, despoj\u00e1ndolos luego de las armas; Meriones mat\u00f3 a Moris a Hipoti\u00f3n; Teucro quit\u00f3 la vida a Proto\u00f3n y Perifetes; y el Atrida hiri\u00f3 en el ijar a Hiperenor, pastor de hombres: el bronce atraves\u00f3 los intestinos, el alma sali\u00f3 presurosa por la herida, y la obscuridad cubri\u00f3 los ojos del guerrero. Y el veloz Ayante, hijo de Oileo, mat\u00f3 a muchos; porque nadie le igualaba en perseguir a los guerreros aterrorizados, cuando Zeus los pon\u00eda en fuga.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XIV Enga\u00f1o de Zeus Zeus, por una atiagaza de Hera, cae rendido por el sue\u00f1o, y Poseid\u00f3n se pone al frente de los aqueos. Ayante pone fuera de combate a H\u00e9ctor, y sus hombres tienen que retroceder m\u00e1s all\u00e1 del muro y del foso del campamento aqueo. \u00a0N\u00e9stor, aunque\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xiv-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1011,1059,1015,1289,1287,1060,1147,1079,1051,1025,1033],"class_list":["post-938","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-corazon","tag-empresa","tag-flor","tag-homero","tag-iliada","tag-lengua","tag-lenguaje","tag-mito","tag-planta","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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