{"id":937,"date":"2010-11-27T22:31:36","date_gmt":"2010-11-27T20:31:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=937"},"modified":"2010-11-27T22:31:36","modified_gmt":"2010-11-27T20:31:36","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xiii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xiii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (XIII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Batalla junto a las naves<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0Zeus, cuya voluntad dirig\u00eda los acontecimientos, abandona de momento sus planes, y Posid\u00f3n aprovecha la circunstancia para organizar la resistencia en el bando aqueo. Al sufrir la presi\u00f3n de los troyanos por la izquierda y por el centro, inician el contraataque por la derecha.<\/p>\n<p>Cuando Zeus hubo acercado a H\u00e9ctor y los troyanos a las naves, dej\u00f3 que sostuvieran el trabajo y la fatiga de la batalla, y, volviendo a otra parte sus ojos refulgentes, miraba a lo lejos la tierra de los tracios, diestros jinetes; de los misios, que combaten de cerca; de los ilustres hipomolgos, que se alimentan con leche; y de los abios, los m\u00e1s justos de los hombres. Y ya no volvi\u00f3 a poner los brillantes ojos en Troya, porque su coraz\u00f3n no tem\u00eda que inmortal alguno fuera a socorrer ni a los troyanos ni a los d\u00e1naos.<\/p>\n<p>Pero no en vano el poderoso Poseid\u00f3n, que bate la tierra, estaba al acecho en la cumbre m\u00e1s alta de la selvosa Samotracia contemplando la lucha y la pelea. Desde all\u00ed se divisaba todo el Ida, la ciudad de Pr\u00edamo y las naves aqueas. En aquel sitio hab\u00edase sentado Poseid\u00f3n al salir del mar; y compadec\u00eda a los aqueos, vencidos por los troyanos, a la vez que cobraba gran indignaci\u00f3n contra Zeus.<\/p>\n<p>Pronto Poseid\u00f3n baj\u00f3 del escarpado monte con ligera planta; las altas colinas y las selvas temblaban debajo de los pies inmortales, mientras el dios iba andando. Dio tres pasos, y al cuarto arrib\u00f3 al t\u00e9rmino de su viaje, a Egas; all\u00ed, en las profundidades del mar, ten\u00eda palacios magn\u00edficos, de oro, resplandecientes a indestructibles. Luego que hubo llegado, unci\u00f3 al carro un par de corceles de cascos de bronce y \u00e1ureas crines que volaban ligeros; y seguidamente envolvi\u00f3 su cuerpo en dorada t\u00fanica, tom\u00f3 el l\u00e1tigo de oro hecho con arte, subi\u00f3 al carro y lo gui\u00f3 por cima de las olas. Debajo saltaban los cet\u00e1ceos, que sal\u00edan de sus escondrijos, reconociendo al rey; el mar abr\u00eda, gozoso, sus aguas, y los \u00e1giles caballos con apresurado vuelo y sin dejar que el eje de bronce se mojara conduc\u00edan a Poseid\u00f3n hacia las naves de los aqueos.<\/p>\n<p>Hay una vasta gruta en lo hondo del profundo mar entre T\u00e9nedos y la escabrosa Imbros; y, al llegar a ella, Poseid\u00f3n, que bate la tierra, detuvo los corceles, desunci\u00f3los del carro, dioles a comer un pasto divino, p\u00fasoles en los pies trabas de oro indestructibles a indisolubles, para que sin moverse de aquel sitio aguardaran su regreso, y se fue al ej\u00e9rcito de los aqueos.<\/p>\n<p>Los troyanos, enardecidos y semejantes a una llama o a una tempestad, segu\u00edan api\u00f1ados a H\u00e9ctor Pri\u00e1mida con alboroto y vocer\u00edo; y ten\u00edan esperanzas de tomar las naves de los aqueos y matar entre ellas a todos sus caudillos.<\/p>\n<p>\u00a0Mas Posid\u00f3n, que ci\u00f1e y bate la tierra, asemej\u00e1ndose a Calcante en el cuerpo y en la voz infatigable, incitaba a los argivos desde que sali\u00f3 del profundo mar, y dijo a los Ayantes, que ya estaban deseosos de combatir:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ayantes! Vosotros salvar\u00e9is a los aqueos si os acord\u00e1is de vuestro valor y no de la fuga horrenda. No me ponen en cuidado las audaces manos de los troyanos que asaltaron en tropel la gran muralla, pues a todos resistir\u00e1n los aqueos, de hermosas grebas; pero es de temer, y mucho, que padezcamos alg\u00fan da\u00f1o en esta parte donde aparece a la cabeza de los suyos el rabioso H\u00e9ctor, semejante a una llama, el cual blasona de ser hijo del prepotente Zeus. Una deidad levante el \u00e1nimo en vuestro pecho para resistir firmemente y exhortar a los dem\u00e1s; con esto podr\u00edais rechazar a H\u00e9ctor de las naves, de ligero andar, por furioso que estuviera y aunque fuese el mismo Ol\u00edmpico quien lo instigara.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo as\u00ed Poseid\u00f3n, que ci\u00f1e y bate la tierra; y, tocando a entrambos con el cetro, llen\u00f3los de fuerte vigor y agilit\u00f3les todos los miembros y especialmente los pies y las manos. Y como el gavil\u00e1n de ligeras alas se arroja, despu\u00e9s de elevarse a una alt\u00edsima y abrupta pe\u00f1a, enderezando el vuelo a la llanura para perseguir a un ave, de aquel modo apart\u00f3se de ellos Poseid\u00f3n, que bate la tierra. El primero que le reconoci\u00f3 fue el \u00e1gil Ayante de Oileo, quien dijo al momento a Ayante, hijo de Telam\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ayante! Un dios del Olimpo nos instiga, transfigurado en adivino, a pelear cerca de las naves; pues \u00e9se no es Calcante, el inspirado augur: he observado las huellas que dejan sus plantas y su andar, y a los dioses se les reconoce f\u00e1cilmente. En mi pecho el coraz\u00f3n siente un deseo m\u00e1s vivo de luchar y combatir, y mis manos y pies se mueven con impaciencia.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3 Ayante Telamonio:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Tambi\u00e9n a m\u00ed se me enardecen las audaces manos en torno de la lanza y mi fuerza aumenta y mis pies saltan, y deseo pelear yo solo con H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, cuyo furor es insaciable.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed \u00e9stos conversaban, alegres por el b\u00e9lico ardor que una deidad puso en sus corazones; en tanto, Poseid\u00f3n, que ci\u00f1e la tierra, animaba a los aqueos de las \u00faltimas filas, que junto a las veleras naves reparaban las fuerzas. Ten\u00edan los miembros relajados por el penoso cansancio, y se les llen\u00f3 el coraz\u00f3n de pesar cuando vieron que los troyanos asaltaban en tropel la gran muralla: contempl\u00e1banlo con los ojos arrasados de l\u00e1grimas y no cre\u00edan escapar de aquel peligro. Pero Poseid\u00f3n, que bate la tierra, intervino y reanim\u00f3 f\u00e1cilmente las esforzadas falanges. Fue primero a incitar a Teucro, Leito, el h\u00e9roe Pen\u00e9leo, Toante, De\u00edpiro, Meriones y Ant\u00edloco, aguerridos campeones, y, para alentarlos, les dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Qu\u00e9 verg\u00fcenza, argivos j\u00f3venes adolescentes! Figur\u00e1bame que peleando conseguir\u00edais salvar nuestras naves; pero, si cej\u00e1is en el funesto combate, ya luce el d\u00eda en que sucumbiremos a manos de los troyanos. \u00a1Oh dioses! Veo con mis ojos un prodigio grande y terrible que jam\u00e1s pens\u00e9 que llegara a realizarse. \u00a1Venir los troyanos a nuestros bajeles! Parec\u00edanse antes a las medrosas ciervas que vagan por el monte, d\u00e9biles y sin fuerza para la lucha, y son el pasto de chacales, panteras y lobos; semejantes a ellas, nunca querr\u00e1n los troyanos afrontar a los aqueos, aunque fuese un instante, ni osaban resistir su valor y sus manos. Y ahora pelean lejos de la ciudad, junto a las naves, por la culpa del caudillo y la indolencia de los hombres que, no obrando de acuerdo con \u00e9l, se niegan a defender los bajeles, de ligero andar, y reciben la muerte cerca de los mismos. Mas, aunque el h\u00e9roe Atrida, el poderoso Agamen\u00f3n, sea el verdadero culpable de todo, porque ultraj\u00f3 al Pelida de pies ligeros, en modo alguno nos es l\u00edcito dejar de combatir. Remediemos con presteza el mal, que la mente de los buenos es aplacable. No es decoroso que decaiga vuestro impetuoso valor, siendo como sois los m\u00e1s valientes del ej\u00e9rcito. Yo no increpar\u00eda a un hombre t\u00edmido porque se abstuviera de pelear; pero contra vosotros se enciende en ira mi coraz\u00f3n. \u00a1Oh cobardes! Con vuestra indolencia har\u00e9is que pronto se agrave el mal. Poned en vuestros pechos verg\u00fcenza y pundonor, ahora que se promueve esta gran contienda. Ya el fuerte H\u00e9ctor, valiente en la pelea, combate cerca de las naves y ha roto las puertas y el gran cerrojo.<\/p>\n<p>Con tales amonestaciones, el que ci\u00f1e la tierra instig\u00f3 a los aqueos. Rodeaban a ambos Ayantes fuertes falanges que hubieran declarado irreprensibles Ares y Atenea, que enardece a los guerreros, si por ellas se hubiesen entrado. Los tenidos por m\u00e1s valientes aguardaban a los troyanos y al divino H\u00e9ctor, y las astas y los escudos se tocaban en las cerradas filas: la rodela apoy\u00e1base en la rodela, el yelmo en otro yelmo, cada hombre en su vecino, y chocaban los penachos de crines de caballo y los lucientes conos de los cascos cuando alguien inclinaba la cabeza. \u00a1Tan api\u00f1adas estaban las filas! Cruz\u00e1banse las lamas, que bland\u00edan audaces manos, y ellos deseaban arremeter a los enemigos y trabar la pelea.<\/p>\n<p>Los troyanos acometieron unidos, siguiendo a H\u00e9ctor, que deseaba ir en derechura a los aqueos. Como la piedra insolente que cae de una cumbre y lleva consigo la ruina, porque se ha desgajado, cediendo a la fuerza de torrencial avenida causada por la mucha lluvia, y desciende dando tumbos con ruido que repercute en el bosque, corre segura hasta el llano, y all\u00ed se detiene, a pesar de su \u00edmpetu, de igual modo H\u00e9ctor amenazaba con atravesar f\u00e1cilmente por las tiendas y naves aqueas, matando siempre, y no detenerse hasta el mar; pero encontr\u00f3 las densas falanges, y tuvo que hacer alto despu\u00e9s de un violento choque. Los aqueos le afrontaron; procuraron herirlo con las espadas y lanzas de doble filo, y apart\u00e1ronle de ellos, de suerte que fue rechazado, y tuvo que retroceder. Y con voz penetrante grit\u00f3 a los troyanos:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Troyanos, licios, d\u00e1rdanos que cuerpo a cuerpo pele\u00e1is! Persistid en el ataque; pues los aqueos no me resistir\u00e1n largo tiempo, aunque se hayan formado en columna cerrada; y creo que mi lanza les har\u00e1 retroceder pronto, si verdaderamente me impulsa el dios m\u00e1s poderoso, el tonante esposo de Hera.<\/p>\n<p>Con estas palabras les excit\u00f3 a todos el valor y la fuerza. Entre los troyanos iba muy ufano De\u00edfobo Pri\u00e1mida, que se adelantaba ligero y se cubr\u00eda con el liso escudo. Meriones arroj\u00f3le una reluciente lanza, y no err\u00f3 el tiro: acert\u00f3 a dar en la rodela hecha de pieles de toro, sin conseguir atravesarla, porque aqu\u00e9lla se rompi\u00f3 en la uni\u00f3n del asta con el hierro. De\u00edfobo apart\u00f3 de s\u00ed el escudo de pieles de toro, temiendo la lanza del aguerrido Meriones; y este h\u00e9roe retrocedi\u00f3 al grupo de sus amigos, muy disgustado, as\u00ed por la victoria perdida, como por la rotura del arma, y luego se encamin\u00f3 a las tiendas y naves aqueas para tomar otra lanza grande de las que en su bajel ten\u00eda.<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s combat\u00edan, y una vocer\u00eda inmensa se dejaba o\u00edr. Teucro Telamonio fue el primero que mat\u00f3 a un hombre, al belicoso Imbrio, hijo de M\u00e9ntor, rico en caballos. Antes de llegar los aqueos, Imbrio moraba en Pedeo con su esposa Medesicasta, hija bastarda de Pr\u00edamo; mas as\u00ed que llegaron las corvas naves de los d\u00e1naos, volvi\u00f3 a Ilio, descoll\u00f3 entre los troyanos y vivi\u00f3 en el palacio de Pr\u00edamo, que le honraba como a sus propios hijos. Entonces el hijo de Telam\u00f3n hiri\u00f3le debajo de la oreja con la gran lanza, que retir\u00f3 en seguida; y el guerrero cay\u00f3 como el fresno nacido en una cumbre que desde lejos se divisa, cuando es cortado por el bronce y vienen al suelo sus tiernas hojas. As\u00ed cay\u00f3 Imbrio, y sus armas, de labrado bronce, resonaron. Teucro acudi\u00f3 corriendo, movido por el deseo de quitarle la armadura; pero H\u00e9ctor le tir\u00f3 una reluciente lanza; violo aqu\u00e9l y hurt\u00f3 el cuerpo, y la bronc\u00ednea punta se clav\u00f3 en el pecho de Anf\u00edmaco, hijo de Ct\u00e9ato Actori\u00f3n, que acababa de entrar en combate. El guerrero cay\u00f3 con estr\u00e9pito, y sus armas resonaron. H\u00e9ctor fue presuroso a quitarle al magn\u00e1nimo Anf\u00edmaco el casco que llevaba adaptado a las sienes; Ayante levant\u00f3, a su vez, la reluciente lanza contra H\u00e9ctor, y si bien no pudo hacerla llegar a su cuerpo, protegido todo por horrendo bronce, diole un bote en medio del escudo, y rechaz\u00f3 al h\u00e9roe con gran \u00edmpetu; \u00e9ste dej\u00f3 los cad\u00e1veres, y los aqueos los retiraron. Estiquio y el divino Menesteo, caudillos atenienses, llevaron a Anf\u00edmaco al campamento aqueo; y los dos Ayantes, que siempre anhelaban la impetuosa pelea, levantaron el cad\u00e1ver de Imbrio. Como dos leones que, habiendo arrebatado una cabra a unos perros de agudos dientes, la llevan en la boca por los espesos matorrales, en alto, levantada de la tierra, as\u00ed los belicosos Ayantes, alzando el cuerpo de Imbrio, lo despojaron de las armas; y el Oil\u00edada, irritado por la muerte de Anf\u00edmaco, le separ\u00f3 la cabeza del tierno cuello y la hizo rodar por entre la turba, cual si fuese una bola, hasta que cay\u00f3 en el polvo a los pies de H\u00e9ctor.<\/p>\n<p>Entonces Poseid\u00f3n, airado en el coraz\u00f3n porque su nieto hab\u00eda sucumbido en la terrible pelea, se fue hacia las tiendas y naves de los aqueos para reanimar a los d\u00e1naos y causar males a los troyanos. Encontr\u00f3se con \u00e9l Idomeneo, famoso por su lanza, que volv\u00eda de acompa\u00f1ar a un amigo a quien sacaron del combate porque los troyanos le hab\u00edan herido en la corva con el agudo bronce. Idomeneo, una vez lo hubo confiado a los m\u00e9dicos, se encaminaba a su tienda, con intenci\u00f3n de volver a la batalla. Y el poderoso Poseid\u00f3n, que bate la tierra, d\u00edjole, tomando la voz de Toante, hijo de Andrem\u00f3n, que en Pleur\u00f3n entera y en la excelsa Calid\u00f3n reinaba sobre los etolios y era honrado por el pueblo cual si fuese un dios:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1Idomeneo, pr\u00edncipe de los cretenses! \u00bfQu\u00e9 se hicieron las amenazas que los aqueos hac\u00edan a los troyanos?<\/p>\n<p>Respondi\u00f3 Idomeneo, caudillo de los cretenses:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh Toante! No creo que ahora se pueda culpar a ning\u00fan guerrero, porque todos sabemos combatir y nadie est\u00e1 pose\u00eddo del ex\u00e1nime terror, ni deja por flojedad la funesta batalla; sin duda debe de ser grato al prepotente Cronida que los aqueos perezcan sin gloria en esta tierra, lejos de Argos. Mas, oh Toante, puesto que siempre has sido belicoso y sueles animar al que ves remiso, no dejes de pelear y exhorta a los dem\u00e1s varones.<\/p>\n<p>Contest\u00f3 Poseid\u00f3n, que bate la tierra:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Idomeneo! No vuelva desde Troya a su patria y venga a ser juguete de los perros quien en el d\u00eda de hoy deje voluntariamente de combatir. Ea, toma las armas y ven a mi lado; apresur\u00e9monos por si, a pesar de estar solos, podemos hacer algo provechoso. Nace una fuerza de la uni\u00f3n de los hombres, aunque sean d\u00e9biles; y nosotros somos capaces de luchar con los valientes.<\/p>\n<p>\u00a0Dichas estas palabras, el dios se entr\u00f3 de nuevo por el combate de los hombres; a Idomeneo, yendo a la bien construida tienda, visti\u00f3 la magn\u00edfica armadura, tom\u00f3 un par de lanzas y volvi\u00f3 a salir, semejante al encendido rel\u00e1mpago que el Croni\u00f3n agita en su mano desde el resplandeciente Olimpo para mostrarlo a los hombres como se\u00f1al, tanto centelleaba el bronce en el pecho de Idomeneo mientras \u00e9ste corr\u00eda. Encontr\u00f3se con \u00e9l, no muy lejos de la tienda, el valiente escudero Meriones, que iba en busca de una lanza; y el fuerte Diomedes dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Meriones, hijo de Molo, el de los pies ligeros, mi compa\u00f1ero m\u00e1s querido! \u00bfPor qu\u00e9 vienes, dejando el combate y la pelea? \u00bfAcaso est\u00e1s herido y te agobia puntiaguda flecha? \u00bfMe traes, quiz\u00e1s, alguna noticia? Pues no deseo quedarme en la tienda, sino pelear.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el prudente Meriones:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Idomeneo, pr\u00edncipe de los cretenses, de bronc\u00edneas corazas! Vengo por una lanza, si la hay en tu tienda; pues la que ten\u00eda se ha roto al dar un bote en el escudo del feroz De\u00edfobo.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 Idomeneo, caudillo de los cretenses:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Si la deseas, hallar\u00e1s, en la tienda, apoyadas en el lustroso muro, no una, sino veinte lanzas, que he quitado a los troyanos muertos en la batalla; pues jam\u00e1s combato a distancia del enemigo. He aqu\u00ed por qu\u00e9 tengo lanzas, escudos abollonados, cascos y relucientes corazas.<\/p>\n<p>\u00a0Replic\u00f3 el prudente Meriones:<\/p>\n<p>\u00a0Tambi\u00e9n poseo yo en la tienda y en la negra nave muchos despojos de los troyanos, mas no est\u00e1n cerca para tomarlos; que nunca me olvido de mi valor, y en el combate, donde los hombres se hacen ilustres, aparezco siempre entre los delanteros desde que se traba la batalla. Quiz\u00e1 alg\u00fan otro de los aqueos de bronc\u00edneas corazas no habr\u00e1 fijado su atenci\u00f3n en mi persona cuando peleo, pero no dudo que t\u00fa me has visto.<\/p>\n<p>\u00a0Idomeneo, caudillo de los cretenses, d\u00edjole entonces:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011S\u00e9 cu\u00e1n grande es tu valor. \u00bfPor qu\u00e9 me refieres estas cosas? Si los m\u00e1s se\u00f1alados nos reuni\u00e9ramos junto a las naves para armar una celada, que es donde mejor se conoce la bravura de los hombres y donde f\u00e1cilmente se distingue al cobarde del animoso \u2011el cobarde se pone demudado, ya de un modo, ya de otro; y, como no sabe tener firme \u00e1nimo en el pecho, no permanece tranquilo, sino que dobla las rodillas y se sienta sobre los pies y el coraz\u00f3n le da grandes saltos por el temor de las parcas y los dientes le crujen; y el animoso no se inmuta ni tiembla, una vez se ha emboscado, sino que desea que cuanto antes principie el funesto combate\u2011\u2011\u2011, ni all\u00ed podr\u00edan baldonarse tu valor y la fuerza de tus brazos. Y, si peleando te hirieran de cerca o de lejos, no ser\u00eda en la nuca o en la espalda, sino en el pecho o en el vientre, mientras fueras hacia adelante con los guerreros m\u00e1s avanzados. Mas, ea, no hablemos de estas cosas, permaneciendo ociosos como unos simples; no sea que alguien nos increpe duramente. Ve a la tienda y toma la fornida lanza.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y Meriones, igual al veloz Ares, entrando en la tienda, cogi\u00f3 en seguida una bronc\u00ednea lanza y fue en seguimiento de Idomeneo, muy deseoso de volver al combate. Como va a la guerra Ares, funesto a los mortales, acompa\u00f1ado de la Fuga, su hija querida, fuerte a intr\u00e9pida, que hasta el guerrero valeroso causa espanto; y los dos se arman y saliendo de la Tracia enderezan sus pasos hacia los \u00e9firos y los magn\u00e1nimos flegis, y no escuchan los ruegos de ambos pueblos, sino que dan la victoria a uno de ellos, de la misma manera, Meriones a Idomeneo, caudillos de hombres, se encaminaban a la batalla, armados de luciente bronce. Y Meriones fue el primero que habl\u00f3, diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Deuc\u00e1lida! \u00bfPor d\u00f3nde quieres que penetremos en la turba: por la derecha del ej\u00e9rcito, por en medio o por la izquierda? Pues no creo que los melenudos aqueos dejen de pelear en parte alguna.<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le Idomeneo, caudillo de los cretenses:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Hay en el centro quienes defiendan las naves: los dos Ayantes y Teucro, el m\u00e1s diestro arquero aqueo y esforzado tambi\u00e9n en el combate a pie firme; ellos se bastan para rechazar a H\u00e9ctor Pri\u00e1mida por fuerte que sea y por incitado que est\u00e9 a la batalla. Dif\u00edcil ser\u00e1, aunque tenga muchos deseos de pelear, que, triunfando del valor y de las manos invictas de aqu\u00e9llos, llegue a incendiar los bajeles; a no ser que el mismo Croni\u00f3n arroje una tea encendida en las ligeras naves. El gran Ayante Telamonio no ceder\u00eda a ning\u00fan hombre mortal que coma el fruto de Dem\u00e9ter y pueda ser herido con el bronce o con grandes piedras; ni siquiera se retirar\u00eda a vista de Aquiles, que rompe las filas de los guerreros, en un combate a pie firme; pues en la carrera Aquiles no tiene rival. Vamos, pues, a la izquierda del ej\u00e9rcito, para ver si presto daremos gloria a alguien, o alguien nos la dar\u00e1 a nosotros.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y Meriones, igual al veloz Ares, ech\u00f3 a andar hasta que llegaron al ej\u00e9rcito por donde Idomeneo le aconsejaba.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando los troyanos vieron a Idomeneo, que por su impetuosidad parec\u00eda una llama, y a su escudero, ambos revestidos de labradas armas, anim\u00e1ronse unos a otros por entre la turba y arremetieron todos contra aqu\u00e9l. Y se trab\u00f3 una refriega, sostenida con igual tes\u00f3n por ambas partes, junto a las popas de las naves. Como aparecen de repente las tempestades, suscitadas por los sonoros vientos un d\u00eda en que los caminos est\u00e1n llenos de polvo y se levanta una gran nube del mismo, as\u00ed entonces unos y otros vinieron a las manos, deseando en su coraz\u00f3n matarse rec\u00edprocamente con el agudo bronce por entre la turba. La batalla, destructora de hombres, se presentaba horrible con las largas picas que desgarran la carne y que los guerreros manejaban; cegaba los ojos el resplandor del bronce de los lucientes cascos, de las corazas recientemente bru\u00f1idas y de los escudos refulgentes de cuantos iban a encontrarse; y hubiera tenido coraz\u00f3n muy audaz quien al contemplar aquella acci\u00f3n se hubiese alegrado en vez de afligirse.<\/p>\n<p>\u00a0Los dos hijos poderosos de Crono, disintiendo en el modo de pensar, preparaban deplorables males a los h\u00e9roes. Zeus quer\u00eda que triunfaran H\u00e9ctor y los troyanos para glorificar a Aquiles, el de los pies ligeros; mas no por eso deseaba que el ej\u00e9rcito aqueo pereciera totalmente delante de Ilio, pues s\u00f3lo intentaba honrar a Tetis y a su hijo, de \u00e1nimo esforzado. Poseid\u00f3n hab\u00eda salido ocultamente del espumoso mar, recorr\u00eda las filas y animaba a los argivos, porque le aflig\u00eda que fueran vencidos por los troyanos, y se indignaba mucho contra Zeus. Igual era el origen de ambas deidades y una misma su prosapia, pero Zeus hab\u00eda nacido primero y sab\u00eda m\u00e1s, por esto Poseid\u00f3n evitaba el socorrer abiertamente a aqu\u00e9llos, y, transfigurado en hombre, discurr\u00eda, sin darse a conocer, por el ej\u00e9rcito y le amonestaba. Y los dioses inclinaban alternativamente en favor de unos y de otros la re\u00f1ida pelea y el indeciso combate; y tend\u00edan sobre ellos una cadena inquebrantable a indisoluble que a muchos les quebr\u00f3 las rodillas.<\/p>\n<p>Entonces Idomeneo, aunque ya semicano, anim\u00f3 a los d\u00e1naos, arremeti\u00f3 contra los troyanos, llen\u00e1ndoles de pavor, y mat\u00f3 a Otrioneo. \u00c9ste hab\u00eda acudido de Cabeso a Ilio cuando tuvo noticia de la guerra y pedido en matrimonio a Casandra, la m\u00e1s hermosa de las hijas de Pr\u00edamo, sin obligaci\u00f3n de dotarla; pero ofreciendo una gran cosa: que echar\u00eda de Troya a los aqueos. El anciano Pr\u00edamo accedi\u00f3 y consinti\u00f3 en d\u00e1rsela; y el h\u00e9roe combat\u00eda, confiando en la promesa. Idomeneo tir\u00f3le la reluciente lanza y le hiri\u00f3 mientras se adelantaba con arrogante paso, la coraza de bronce que llevaba no resisti\u00f3, clav\u00f3se aqu\u00e9lla en medio del vientre, cay\u00f3 el guerrero con estr\u00e9pito, a Idomeneo dijo con jactancia:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Otrioneo! Te ensalzar\u00eda sobre todos los mortales si cumplieras lo que ofreciste a Pr\u00edamo Dard\u00e1nida cuando te prometi\u00f3 a su hija. Tambi\u00e9n nosotros te haremos promesas con intenci\u00f3n de cumplirlas: traeremos de Argos la m\u00e1s bella de las hijas del Atrida y te la daremos por mujer, si junto con los nuestros destruyes la populosa ciudad de Ilio. Pero s\u00edgueme, y en las naves surcadoras del ponto nos pondremos de acuerdo sobre el casamiento; que no somos malos suegros.<\/p>\n<p>\u00a0Habl\u00f3le as\u00ed el h\u00e9roe Idomeneo, mientras le as\u00eda de un pie y le arrastraba por el campo de la dura batalla; y Asio se adelant\u00f3 para vengarlo, present\u00e1ndose como pe\u00f3n delante de su carro, cuyos corceles, gobernados por el auriga, sobre los mismos hombros del guerrero resoplaban. Asio deseaba en su coraz\u00f3n herir a Idomeneo, pero anticip\u00f3sele \u00e9ste y le hundi\u00f3 la pica en la garganta, debajo de la barba, hasta que el bronce sali\u00f3 al otro lado. Cay\u00f3 el troyano como en el monte la encina, el \u00e1lamo o el elevado pino que unos art\u00edfices cortan con afiladas hachas para convertirlo en m\u00e1stil de nav\u00edo; as\u00ed yac\u00eda aqu\u00e9l, tendido delante de los corceles y del carro, rechin\u00e1ndole los dientes y cogiendo con las manos el polvo ensangrentado. Turb\u00f3se el escudero, y ni siquiera se atrevi\u00f3 a torcer la rienda a los caballos para escapar de las manos de los enemigos. Y el belicoso Ant\u00edloco se lleg\u00f3 a \u00e9l y le atraves\u00f3 con la lanza, pues la bronc\u00ednea coraza no pudo evitar que se la clavase en el vientre. El auriga, jadeante, cay\u00f3 del bien construido carro; y Ant\u00edloco, hijo del magn\u00e1nimo N\u00e9stor, sac\u00f3 los caballos de entre los troyanos y se los llev\u00f3 hacia los aqueos, de hermosas grebas.<\/p>\n<p>\u00a0De\u00edfobo, irritado por la muerte de Asio, se acerc\u00f3 mucho a Idomeneo y le arroj\u00f3 la reluciente lanza. Mas Idomeneo advirti\u00f3lo y burl\u00f3 el golpe encongi\u00e9ndose debajo de su liso escudo, que estaba formado por boyunas pieles y una l\u00e1mina de bru\u00f1ido bronce con dos abrazaderas, la bronc\u00ednea lanza resbal\u00f3 por la superficie del escudo, que son\u00f3 roncamente, y no fue lanzada en balde por el robusto brazo de aqu\u00e9l, pues fue a clavarse en el h\u00edgado, debajo del diafragma, de Hipsenor Hip\u00e1sida, pastor de hombres, haci\u00e9ndole doblar las rodillas. Y De\u00edfobo se jactaba as\u00ed, dando grandes voces:<\/p>\n<p>\u2011Asio yace en tierra, pero ya est\u00e1 vengado. Fig\u00farome que, al descender a la morada de s\u00f3lidas puertas del terrible Hades, se holgar\u00e1 su esp\u00edritu de que le haya procurado un compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Sus jactanciosas frases apesadumbraron a los argivos y conmovieron el coraz\u00f3n del belicoso Ant\u00edloco; pero \u00e9ste, aunque afligido, no abandon\u00f3 a su compa\u00f1ero, sino que corriendo se puso cerca de \u00e9l y le cubri\u00f3 con el escudo. E introduci\u00e9ndose por debajo dos amigos fieles, Mecisteo, hijo de Equio, y el divino Al\u00e1stor, llevaron a Hipsenor, que daba hondos suspiros, hacia las c\u00f3ncavas naves.<\/p>\n<p>\u00a0Idomeneo no dejaba que desfalleciera su gran valor y deseaba siempre o sumir a alg\u00fan troyano en tenebrosa noche, o caer \u00e9l mismo con estr\u00e9pito, librando de la ruina a los aqueos. Poseid\u00f3n dej\u00f3 que sucumbiera a manos de Idomeneo, el hijo querido de Esietes, alumno de Zeus, el h\u00e9roe Alc\u00e1too (era yerno de Anquises y ten\u00eda por esposa a Hipodam\u00eda, la hija primog\u00e9nita, a quien el padre y la veneranda madre amaban cordialmente en el palacio porque sobresal\u00eda en hermosura, destreza y talento entre todas las de su edad, y a causa de esto cas\u00f3 con ella el hombre m\u00e1s ilustre de la vasta Troya): el dios ofusc\u00f3le los brillantes ojos y paraliz\u00f3 sus hermosos miembros, y el h\u00e9roe no pudo huir ni evitar la acometida de Idomeneo, que le envain\u00f3 la lanza en medio del pecho, mientras estaba inm\u00f3vil como una columna o un \u00e1rbol de alta copa, y le rompi\u00f3 la coraza que siempre le hab\u00eda salvado de la muerte, y entonces produjo un sonido ronco al quebrarse por el golpe de la lanza. El guerrero cay\u00f3 con estr\u00e9pito; y, como la lanza se hab\u00eda clavado en el coraz\u00f3n, mov\u00edanla las palpitaciones de \u00e9ste; pero pronto el arma impetuosa perdi\u00f3 su fuerza. E Idomeneo con gran jactancia y a voz en grito exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1De\u00edfobo! Ya que tanto te glor\u00edas, \u00bfno te parece que es una buena compensaci\u00f3n haber muerto a tres, por uno que perdimos? Ven, hombre admirable, ponte delante y ver\u00e1s qui\u00e9n es este descendiente de Zeus que aqu\u00ed ha venido; porque Zeus engendr\u00f3 a Minos, protector de Creta, Minos fue padre del eximio Deucali\u00f3n, y de \u00e9ste nac\u00ed yo, que reino sobre muchos hombres en la vasta Creta y vine en las naves para ser una plaga para ti, para to padre y para los dem\u00e1s troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y De\u00edfobo vacilaba entre retroceder para que se le juntara alguno de los magn\u00e1nimos troyanos o atacar \u00e9l solo a Idomeneo. Pareci\u00f3le lo mejor ir en busca de Eneas, y le hall\u00f3 entre los \u00faltimos; pues siempre estaba irritado con el divino Pr\u00edamo, que no le honraba como por su bravura merec\u00eda. Y deteni\u00e9ndose a su lado, le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Eneas, pr\u00edncipe de los troyanos! Es preciso que defiendas a tu cu\u00f1ado, si por \u00e9l sientes alg\u00fan inter\u00e9s. S\u00edgueme y vayamos a combatir por tu cu\u00f1ado Alc\u00e1too, que te cri\u00f3 cuando eras ni\u00f1o y ha muerto a manos de Idomeneo, famoso por su lanza.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Eneas sinti\u00f3 que en el pecho se le conmov\u00eda el coraz\u00f3n, y se fue hacia Idomeneo con grandes deseos de pelear. \u00c9ste no se dej\u00f3 vencer del temor, cual si fuera un ni\u00f1o, sino que lo aguard\u00f3 como el jabal\u00ed que, confiando en su fuerza, espera en un paraje desierto del monte el gran tropel de hombres que se avecina, y con las cerdas del lomo erizadas y los ojos brillantes como ascuas aguza los dientes y se dispone a rechazar la acometida de perros y cazadores, de igual manera Idomeneo, famoso por su lanza, aguardaba sin arredrarse a Eneas, \u00e1gil en la lucha, que le sal\u00eda al encuentro; pero llamaba a sus compa\u00f1eros, poniendo los ojos en Asc\u00e1lafo, Afareo, De\u00edpiro, Meriones y Ant\u00edloco, aguerridos campeones, y los exhortaba con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u2011Venid, amigos, y ayudadme; pues estoy solo y temo mucho a Eneas, ligero de pies, que contra m\u00ed arremete. Es muy vigoroso para matar hombres en el combate, y se halla en la flor de la juventud, cuando mayor es la fuerza. Si con el \u00e1nimo que tengo, fu\u00e9semos de la misma edad, pronto o alcanzar\u00eda \u00e9l una gran victoria sobre m\u00ed, o yo la alcanzara sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y todos con el mismo \u00e1nimo en el pecho y los escudos en los hombros se pusieron al lado de Idomeneo. Tambi\u00e9n Eneas exhortaba a sus amigos, echando la vista a De\u00edfobo, Paris y el divino Agenor, que eran asimismo capitanes de los troyanos. Inmediatamente marcharon las tropas detr\u00e1s de los jefes, como las ovejas siguen al carnero cuando despu\u00e9s del pasto van a beber, y el pastor se regocija en el alma; as\u00ed se alegr\u00f3 el coraz\u00f3n de Eneas en el pecho, al ver el grupo de hombres que tras \u00e9l segu\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0Pronto trabaron alrededor del cad\u00e1ver de Alc\u00e1too un combate cuerpo a cuerpo, blandiendo grandes picas; y el bronce resonaba de horrible modo en los pechos al darse botes de lanza los unos a los otros. Dos hombres belicosos y se\u00f1alados entre todos, Eneas a Idomeneo, iguales a Ares, deseaban herirse rec\u00edprocamente con el cruel bronce. Eneas arroj\u00f3 el primero la lanza a Idomeneo; pero, como \u00e9ste la viera venir, evit\u00f3 el golpe: la bronc\u00ednea punta clav\u00f3se en tierra, vibrando, y el arma fue echada en balde por el robusto brazo. Idomeneo hundi\u00f3 la suya en el vientre de En\u00f3mao y el bronce rompi\u00f3 la concavidad de la coraza y desgarr\u00f3 las entra\u00f1as: el troyano, ca\u00eddo en el polvo, asi\u00f3 el suelo con las manos. Acto continuo, Idomeneo arranc\u00f3 del cad\u00e1ver la ingente lanza, pero no le pudo quitar de los hombros la magn\u00edfica armadura, porque estaba abrumado por los tiros. Como ya no ten\u00eda seguridad en sus pies para recobrar la lanza que hab\u00eda arrojado, ni para librarse de la que le arrojasen, evitaba la cruel muerte combatiendo a pie firme; y, no pudiendo tampoco huir con ligereza, retroced\u00eda paso a paso. De\u00edfobo, que constantemente le odiaba, le tir\u00f3 la lanza reluciente y err\u00f3 el golpe, pero hiri\u00f3 a Asc\u00e1lafo, hijo de Enialio; la impetuosa lanza se clav\u00f3 en la espalda, y el guerrero, ca\u00eddo en el polvo, asi\u00f3 el suelo con las manos. Y el ruidoso y robusto Ares no se enter\u00f3 de que su hijo hubiese sucumbido en el duro combate porque se hallaba detenido en la cumbre del Olimpo, debajo de \u00e1ureas nubes, con otros dioses inmortales por la voluntad de Zeus, el cual no permit\u00eda que intervinieran en la batalla.<\/p>\n<p>\u00a0La pelea cuerpo a cuerpo se encendi\u00f3 entonces en torno de Asc\u00e1lafo, a quien De\u00edfobo logr\u00f3 quitar el reluciente casco, pero Meriones, igual al veloz Ares, dio a De\u00edfobo una lanzada en el brazo y le hizo soltar el casco con agujeros a guisa de ojos, que cay\u00f3 al suelo produciendo ronco sonido. Meriones, abalanz\u00e1ndose a De\u00edfobo con la celeridad del buitre, arranc\u00f3le la impetuosa lanza de la parte superior del brazo y retrocedi\u00f3 hasta el grupo de sus amigos. A De\u00edfobo sac\u00f3le del horr\u00edsono combate su hermano carnal Polites: abraz\u00e1ndole por la cintura, lo condujo adonde ten\u00eda los r\u00e1pidos corceles con el labrado carro, que estaban algo distantes de la lucha y del combate, gobernados por un auriga. Ellos llevaron a la ciudad al h\u00e9roe, que se sent\u00eda agotado, daba hondos suspiros y le manaba sangre de la herida que en el brazo acababa de recibir.<\/p>\n<p>\u00a0Los dem\u00e1s combat\u00edan y alzaban una griter\u00eda inmensa. Eneas, acometiendo a Afareo Calet\u00f3rida, que contra \u00e9l ven\u00eda, hiri\u00f3le en la garganta con la aguda lanza: la cabeza se inclin\u00f3 a un lado, arrastrando el casco y el escudo, y la muerte destructora rode\u00f3 al guerrero. Ant\u00edloco, como advirtiera que To\u00f3n volv\u00eda pie atr\u00e1s, arremeti\u00f3 contra \u00e9l y le hiri\u00f3: cort\u00f3le la vena que, corriendo por el dorso, llega hasta el cuello, y el troyano cay\u00f3 de espaldas en el polvo y tend\u00eda los brazos a los compa\u00f1eros queridos. Acudi\u00f3 Ant\u00edloco y le quit\u00f3 de los hombros la armadura, mirando a todos lados, mientras los troyanos iban cerc\u00e1ndole ya por \u00e9ste, ya por aquel lado, a intentaban herirle; mas el ancho y labrado escudo par\u00f3 los golpes, y ni aun consiguieron rasgu\u00f1ar la tierna piel del h\u00e9roe con el cruel bronce, porque Posid\u00f3n, que bate la tierra, defendi\u00f3 al hijo de N\u00e9stor contra los muchos tiros. Ant\u00edloco no se apartaba nunca de los enemigos, sino que se agitaba en medio de ellos; su lanza, lamas ociosa, siempre vibrante, se volv\u00eda a todas partes, y \u00e9l pensaba en su mente si la arrojar\u00eda a alguien, o acometer\u00eda de cerca.<\/p>\n<p>\u00a0No se le ocult\u00f3 a Adamante As\u00edada lo que Ant\u00edloco meditaba en medio de la turba; y, acerc\u00e1ndosele, le dio con el agudo bronce un bote en medio del escudo; pero Poseid\u00f3n, el de cer\u00falea cabellera, no permiti\u00f3 que quitara la vida a Ant\u00edloco, a hizo vano el golpe rompiendo la lanza en dos partes, una de las cuales qued\u00f3 clavada en el escudo, como estaca consumida por el fuego, y la otra cay\u00f3 al suelo. Adamante retrocedi\u00f3 hacia el grupo de sus amigos, para evitar la muerte; pero Meriones corri\u00f3 tras \u00e9l y arroj\u00f3le la lanza, que penetr\u00f3 por entre el ombligo y las partes verendas, donde son muy peligrosas las heridas que reciben en la guerra los m\u00edseros mortales. All\u00ed, pues, se hundi\u00f3 la lanza, y Adamante, cayendo encima de ella, se agitaba como un buey a quien los pastores han atado en el monte con recias cuerdas y llevan contra su voluntad; as\u00ed aqu\u00e9l, al sentirse herido, se agit\u00f3 alg\u00fan tiempo, que no fue de larga duraci\u00f3n porque Meriones se le acerc\u00f3, arranc\u00f3le la lanza del cuerpo y las tinieblas velaron los ojos del guerrero.<\/p>\n<p>\u00a0H\u00e9leno dio a De\u00edpiro un tajo en una sien con su gran espada tracia, y le rompi\u00f3 el casco. \u00c9ste, sacudido por el golpe, cay\u00f3 al suelo, y rodando fue a parar a los pies de un guerrero aqueo que lo alz\u00f3 de tierra. A De\u00edpiro tenebrosa noche le cubri\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>Gran pesar sinti\u00f3 por ello el Atrida Menelao, valiente en el combate; y, blandiendo la aguda lanza, arremeti\u00f3, amenazador, contra el h\u00e9roe y pr\u00edncipe H\u00e9leno, quien, a su vez, arm\u00f3 el arco. Ambos fueron a encontrarse, deseosos el uno de alcanzar al contrario con la aguda lanza, y el otro de herir a su enemigo con una flecha arrojada por el arco. El Pri\u00e1mida dio con la saeta en el pecho de Menelao, donde la coraza presentaba una concavidad; pero la cruel flecha fue rechazada y vol\u00f3 a otra parte. Como en la espaciosa era saltan del bieldo las negruzcas habas o los garbanzos al soplo sonoro del viento y al impulso del aventador, de igual modo, la amarga flecha, repelida por la coraza del glorioso Menelao, vol\u00f3 a lo lejos. Por su parte Menelao Atrida, valiente en la pelea, hiri\u00f3 a H\u00e9leno en la mano en que llevaba el pulimentado arco: la bronc\u00ednea lanza atraves\u00f3 la palma y penetr\u00f3 en el arco. H\u00e9leno retrocedi\u00f3 hasta el grupo de sus amigos, para evitar la muerte; y su mano, colgando, arrastraba el asta de fresno. El magn\u00e1nimo Agenor se la arranc\u00f3 y le vend\u00f3 la mano con una honda de lana de oveja, bien tejida, que les facilit\u00f3 el escudero del pastor de hombres.<\/p>\n<p>Pisandro embisti\u00f3 al glorioso Menelao. El hado funesto le llevaba al fin de su vida, empuj\u00e1ndole para que fuese vencido por ti, oh Menelao, en la terrible pelea. As\u00ed que entrambos se hallaron frente a frente, acometi\u00e9ronse, y el Atrida err\u00f3 el golpe porque la lanza se le desvi\u00f3; Pisandro dio un bote en el escudo del glorioso Menelao, pero no pudo atravesar el bronce: resisti\u00f3 el ancho escudo y quebr\u00f3se la lanza por el asta cuando aqu\u00e9l se regocijaba en su coraz\u00f3n con la esperanza de salir victorioso. Pero el Atrida desnud\u00f3 la espada guarnecida de arg\u00e9nteos clavos y asalt\u00f3 a Pisandro, quien, cubri\u00e9ndose con el escudo, aferr\u00f3 una hermosa hacha, de bronce labrado, provista de un largo y liso mango de madera de olivo. Acometi\u00e9ronse, y Pisandro dio un golpe a Menelao en la cimera del yelmo, adornado con crines de caballo, debajo del penacho; y Menelao hundi\u00f3 su espada en la frente del troyano, encima de la nariz: crujieron los huesos, y los ojos, ensangrentados, cayeron en el polvo, a los pies del guerrero, que se encorv\u00f3 y vino a tierra. El Atrida, poni\u00e9ndole el pie en el pecho, le despoj\u00f3 de la armadura; y, blasonando del triunfo, dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1As\u00ed dejar\u00e9is las naves de los aqueos, de \u00e1giles corceles, oh troyanos soberbios a insaciables de la pelea horrenda! No os basta haberme inferido una vergonzosa afrenta, infames perros, sin que vuestro coraz\u00f3n temiera la ira terrible del tonante Zeus hospitalario, que alg\u00fan d\u00eda destruir\u00e1 vuestra ciudad excelsa. Os llevasteis, adem\u00e1s de muchas riquezas, a mi leg\u00edtima esposa, que os hab\u00eda recibido amigablemente; y ahora dese\u00e1is arrojar el destructor fuego en las naves surcadoras del ponto, y dar muerte a los h\u00e9roes aqueos; pero quiz\u00e1s os hagamos renunciar al combate, aunque tan enardecidos os mostr\u00e9is. \u00a1Padre Zeus! Dicen que superas en inteligencia a los dem\u00e1s dioses y hombres, y todo esto procede de ti. \u00bfC\u00f3mo favoreces a los troyanos, a esos hombres insolentes, de esp\u00edritu siempre perverso, y que nunca se pueden hartar de la guerra a todos tan funesta? De todo llega el hombre a saciarse: del sue\u00f1o, del amor, del dulce canto y de la agradable danza, cosas m\u00e1s apetecibles que la pelea; pero los troyanos no se cansan de combatir.<\/p>\n<p>\u00a0En diciendo esto, el eximio Menelao quit\u00f3le al cad\u00e1ver la ensangrentada armadura; y, entreg\u00e1ndola a sus amigos, volvi\u00f3 a pelear entre los combatientes delanteros.<\/p>\n<p>\u00a0Entonces le sali\u00f3 al encuentro Harpali\u00f3n, hijo del rey Pil\u00e9menes, que fue a Troya con su padre a combatir y no hab\u00eda de volver a la patria tierra: el troyano dio un bote de lanza en medio del escudo del Atrida, pero no pudo atravesar el bronce y retrocedi\u00f3 hacia el grupo de sus amigos para evitar la muerte, mirando a todos lados, no fuera alguien a herirlo con el bronce. Mientras \u00e9l se iba, Meriones le asest\u00f3 el arco, y la bronc\u00ednea saeta se hundi\u00f3 en la nalga derecha del troyano, atraves\u00f3 la vejiga por debajo del hueso y sali\u00f3 al otro lado. Y Harpali\u00f3n, cayendo all\u00ed en brazos de sus amigos, dio el alma y qued\u00f3 tendido en el suelo como un gusano; de su cuerpo flu\u00eda negra sangre que mojaba la tierra. Pusi\u00e9ronse a su alrededor los magn\u00e1nimos paflagones, y, colocando el cad\u00e1ver en un carro, llev\u00e1ronlo, afligidos, a la sagrada Ilio; el padre iba con ellos derramando l\u00e1grimas, y ninguna venganza pudo tomar de aquella muerte.<\/p>\n<p>\u00a0Paris, muy irritado en su esp\u00edritu por la muerte de Harpali\u00f3n, que era su hu\u00e9sped en la populosa Paflagonia, arroj\u00f3 una bronc\u00ednea flecha. Hab\u00eda un cierto Euquenor, rico y valiente, que era v\u00e1stago del adivino Poliido, habitaba en Corinto y se embarc\u00f3 para Troya, no obstante saber la funesta suerte que all\u00ed le aguardaba. El buen anciano Poliido hab\u00edale dicho repetidas veces que morir\u00eda en penosa dolencia en el palacio o sucumbir\u00eda a manos de los troyanos en las naves aqueas, y \u00e9l, queriendo evitar los baldones de los aqueos y la enfermedad odiosa con sus dolores, decidi\u00f3 ir a Ilio. A \u00e9ste, pues, Paris le clav\u00f3 la flecha por debajo de la quijada y de la oreja: la vida huy\u00f3 de los miembros del guerrero, y la obscuridad horrible le envolvi\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed combat\u00edan con el ardor de encendido fuego. H\u00e9ctor, caro a Zeus, a\u00fan no se hab\u00eda enterado, a ignoraba por entero que sus tropas fuesen destruidas por los argivos a la izquierda de las naves. Pronto la victoria hubiera sido de los aqueos. \u00a1De tal suerte Poseid\u00f3n, que ci\u00f1e y sacude la tierra, los alentaba y hasta los ayudaba con sus propias fuerzas! Estaba H\u00e9ctor en el mismo lugar adonde hab\u00eda llegado despu\u00e9s que pas\u00f3 las puertas y el muro y rompi\u00f3 las cerradas filas de los escudados d\u00e1naos. All\u00ed, en la playa del espumoso mar, hab\u00edan sido colocadas las naves de Ayante y Protesilao; y se hab\u00eda levantado para defenderlas un muro bajo, porque los hombres y corceles acampados en aquel paraje eran muy valientes en la guerra.<\/p>\n<p>\u00a0Los beocios, los jonios, de rozagante vestidura, los locrios, los ptiotas y los ilustres epeos deten\u00edan al divino H\u00e9ctor, que, semejante a una llama, porfiaba en su empe\u00f1o de ir hacia las naves; pero no consegu\u00edan que se apartase de ellos. Los atenienses hab\u00edan sido designados para las primeras filas y los mandaba Menesteo, hijo de P\u00e9teo, a quien segu\u00edan Fidante, Estiquio y el valeroso Biante. De los epeos eran caudillos Meges Filida, Anfi\u00f3n y Dracio. Al frente de los ptiotas estaban Medonte y el belicoso Podarces: aqu\u00e9l era hijo bastardo del divino Oileo y hermano de Ayante, y viv\u00eda en F\u00edlace, lejos de su patria, por haber dado muerte a un hermano de Eri\u00f3pide, su madrastra y mujer de Oileo; y el otro era hijo de Ificlo Fil\u00e1cida. Ambos se hab\u00edan armado y puesto al frente de los magn\u00e1nimos ptiotas, y combat\u00edan en uni\u00f3n con los beocios para defender las naves.<\/p>\n<p>El \u00e1gil Ayante de Oileo no se apartaba un instante de Ayante Telamonio: como en tierra noval dos negros bueyes tiran con igual \u00e1nimo del s\u00f3lido arado, abundante sudor brota en torno de sus cuernos, y s\u00f3lo los separa el pulimentado yugo mientras andan por los surcos para abrir el hondo seno de la tierra, as\u00ed, tan cercanos el uno del otro, estaban los Ayantes. Al Telamonio segu\u00edanle muchos y valientes hombres, que tomaban su escudo cuando la fatiga y el sudor llegaban a las rodillas del h\u00e9roe. Mas al Oil\u00edada, de coraz\u00f3n valiente, no le acompa\u00f1aban los locrios, porque no pod\u00edan sostener una lucha a pie firme: no llevaban bronc\u00edneos cascos, adornados con crines de caballo, ni ten\u00edan rodelas ni lanzas de fresno; hab\u00edan ido a Ilio, confiando en sus arcos y en sus hondas de retorcida lana de oveja, y disparando a menudo destrozaban las falanges teucras. Aqu\u00e9llos peleaban al frente con H\u00e9ctor y los suyos; \u00e9stos, ocultos detr\u00e1s, disparaban; y los troyanos apenas pensaban en combatir, porque las flechas los pon\u00edan en desorden.<\/p>\n<p>\u00a0Entonces los troyanos hubieran vuelto en deplorable fuga de las naves y tiendas a la ventosa Ilio, si Polidamante no se hubiese acercado al audaz H\u00e9ctor para decirle:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! Eres reacio en seguir los pareceres ajenos. Porque un dios te ha dado esa superioridad en las cosas de la guerra, \u00bfcrees que aventajas a los dem\u00e1s en prudencia? No es posible que t\u00fa solo lo re\u00fanas todo. La divinidad a uno le concede que sobresalga en las acciones b\u00e9licas, a otro en la danza, al de m\u00e1s all\u00e1 en la c\u00edtara y el canto, y el largovidente Zeus pone en el pecho de algunos un esp\u00edritu prudente que aprovecha a gran n\u00famero de hombres, salva las ciudades y lo aprecia particularmente quien lo posee. Pero voy a decir lo que considero m\u00e1s conveniente. Alrededor de ti arde la pelea por todas partes; pero de los magn\u00e1nimos troyanos que pasaron la muralla, unos se han retirado con sus armas, y otros, dispersos por las naves, combaten con mayor n\u00famero de hombres. Retrocede y llama a los m\u00e1s valientes caudillos para deliberar si nos conviene arrojarnos a las naves, de muchos bancos, por si un dios nos da la victoria, o alejarnos de ellas antes que seamos heridos. Temo que los aqueos se desquiten de lo de ayer, porque en las naves hay un var\u00f3n incansable en la pelea, y me figuro que no se abstendr\u00e1 de combatir.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3 Polidamante, y su prudente consejo plugo a H\u00e9ctor, que salt\u00f3 en seguida del carro a tierra, sin dejar las armas, y le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1Polidamante! Re\u00fane t\u00fa a los m\u00e1s valientes caudillos, mientras voy a la otra parte de la batalla y vuelvo tan pronto como haya dado las convenientes \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y, semejante a un monte cubierto de nieve, parti\u00f3 volando y profiriendo gritos por entre los troyanos y sus auxiliares. Todos los caudillos se encaminaron hacia el bravo Polidamante Pantoida as\u00ed que oyeron las palabras de H\u00e9ctor. \u00c9ste buscaba en los combatientes delanteros a De\u00edfobo, al robusto rey H\u00e9leno, a Adamante As\u00edada, y a Asio, hijo de H\u00edrtaco; pero no los hall\u00f3 ilesos ni a todos salvados de la muerte: los unos yac\u00edan, muertos por los argivos, junto a las naves aqueas; y los dem\u00e1s, heridos, qui\u00e9n de cerca, qui\u00e9n de lejos, estaban dentro de los muros de la ciudad. Pronto se encontr\u00f3, en la izquierda de la batalla luctuosa, con el divino Alejandro, esposo de Helena, la de hermosa cabellera, que animaba a sus compa\u00f1eros y les incitaba a pelear; y, deteni\u00e9ndose a su lado, d\u00edjole estas injuriosas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Miserable Paris, el de m\u00e1s hermosa figura, mujeriego, seductor! \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n De\u00edfobo, el robusto rey H\u00e9leno, Adamante As\u00edada y Asio, hijo de H\u00edrtaco? \u00bfQu\u00e9 es de Otrioneo? Hoy la excelsa Ilio se arruina desde la cumbre; hoy te aguarda a ti horrible muerte.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le a su vez el deiforme Alejandro:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! Ya que tienes intenci\u00f3n de culparme sin motivo, quiz\u00e1s otras veces fui m\u00e1s remiso en la batalla, aunque no del todo pusil\u00e1nime me dio a luz mi madre. Desde que al frente de los compa\u00f1eros promoviste el combate junto a las naves, peleamos sin cesar contra los d\u00e1naos. Los amigos por quienes preguntas han muerto, menos De\u00edfobo y el robusto rey H\u00e9leno; los cuales, heridos en el brazo por ingentes lanzas, se fueron, y el Croni\u00f3n les salv\u00f3 la vida. Ll\u00e9vanos adonde el coraz\u00f3n y el \u00e1nimo te ordenen; nosotros te seguiremos presurosos, y no han de faltarnos br\u00edos en cuanto lo permitan nuestras fuerzas. M\u00e1s all\u00e1 de lo que \u00e9stas permiten, nada es posible hacer en la guerra, por enardecido que uno est\u00e9.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed diciendo, cambi\u00f3 el h\u00e9roe la mente de su hermano. Enderezaron al sitio donde era m\u00e1s ardiente el combate y la pelea; all\u00ed estaban Cebr\u00edones, el eximio Polidamante, Falces, Orteo, Polifetes, igual a un dios, Palmis, Ascanio y Mores, hijos los dos \u00faltimos de Hipoti\u00f3n; todos los cuales hab\u00edan llegado el d\u00eda anterior de la f\u00e9rtil Ascania para reemplazar a otros, y entonces Zeus les impuls\u00f3 a combatir. A la manera que un torbellino de vientos impetuosos desciende a la llanura, acompa\u00f1ado del trueno del padre Zeus, y al caer en el mar con ruido inmenso levanta grandes y espumosas olas que se van sucediendo, as\u00ed los troyanos segu\u00edan en filas cerradas a los caudillos, y el bronce de sus armas reluc\u00eda. Iba a su frente H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, cual si fuese Ares, funesto a los mortales: llevaba por delante un escudo liso, formado por muchas pieles de buey y una gruesa l\u00e1mina de bronce, y el refulgence casco temblaba en sus sienes. Mov\u00edase H\u00e9ctor, defendi\u00e9ndose con la rodela, y probaba por codas partes si las falanges ced\u00edan, pero no logr\u00f3 turbar el \u00e1nimo en el pecho de los aqueos. Entonces Ayante adelant\u00f3se con ligero paso y provoc\u00f3le con estas palabras:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1Var\u00f3n admirable! \u00a1Ac\u00e9rcate! \u00bfPor qu\u00e9 quieres amedrentar de este modo a los argivos? No somos inexpertos en la guerra, sino que los aqueos sucumben debajo del cruel azote de Zeus. T\u00fa esperas destruir las naves, pero nosotros tenemos los brazos prontos para defenderlas; y mucho antes que lo consigas, vuestra populosa ciudad ser\u00e1 tomada y destruida por nuestras manos. Yo te aseguro que est\u00e1 cerca el momento en que t\u00fa mismo, puesto en fuga, pedir\u00e1s al padre Zeus y a los dem\u00e1s inmortales que tus corceles de hermosas crines sean m\u00e1s veloces que los gavilanes; y los caballos te llevar\u00e1n a la ciudad, levantando gran polvareda en la llanura.<\/p>\n<p>As\u00ed que acab\u00f3 de hablar, pas\u00f3 por cima de ellos, hacia la derecha, un \u00e1guila de alto vuelo; y los aqueos gritaron, animados por el ag\u00fcero. El esclarecido H\u00e9ctor respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ayante lenguaz y fanfarr\u00f3n! \u00bfQu\u00e9 dijiste? As\u00ed fuera yo para siempre hijo de Zeus, que lleva la \u00e9gida, y me hubiese dado a luz la venerable Hera y gozara de los mismos honores que Atenea o Apolo, como este d\u00eda ser\u00e1 funesto para todos los argivos. T\u00fa tambi\u00e9n ser\u00e1s muerto entre ellos si tienes la osad\u00eda de aguardar mi larga pica: \u00e9sta te desgarrar\u00e1 el delicado cuerpo; y t\u00fa, cayendo junto a las naves aqueas, saciar\u00e1s a los perros de los troyanos y a las aves con tu grasa y tus carnes.<\/p>\n<p>\u00a0En diciendo esto, pas\u00f3 adelante; los otros capitanes le siguieron con vocer\u00edo inmenso; y detr\u00e1s las tropas gritaban tambi\u00e9n. Los argivos mov\u00edan por su parte gran alboroto y, sin olvidarse de su valor, aguardaban la acometida de los m\u00e1s valientes troyanos. Y el estruendo que produc\u00edan ambos ej\u00e9rcitos llegaba al \u00e9ter y a la morada resplandeciente de Zeus.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XIII Batalla junto a las naves \u00a0Zeus, cuya voluntad dirig\u00eda los acontecimientos, abandona de momento sus planes, y Posid\u00f3n aprovecha la circunstancia para organizar la resistencia en el bando aqueo. Al sufrir la presi\u00f3n de los troyanos por la izquierda y por el centro, inician el contraataque por la\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xiii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1013,1011,1031,1015,1034,1289,1287,1115,1060,1051,1025,1033],"class_list":["post-937","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-ciencia","tag-corazon","tag-enfermedad","tag-flor","tag-guerra","tag-homero","tag-iliada","tag-jovenes","tag-lengua","tag-planta","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - 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