{"id":936,"date":"2010-11-27T22:30:55","date_gmt":"2010-11-27T20:30:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=936"},"modified":"2010-11-27T22:30:55","modified_gmt":"2010-11-27T20:30:55","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (XII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Combate en la muralla<\/strong><\/p>\n<p>Los troyanos asaltan con \u00e9xito la muralla y el foso del campamento aqueo. H\u00e9ctor, con una gran piedra, derriba la puerta de entrada al campamento y abre una v\u00eda de acceso a sus tropas.<\/p>\n<p>\u00a0En tanto que el fuerte hijo de Menecio curaba, dentro de la tienda, a Eur\u00edpilo herido, acomet\u00edanse confusamente argivos y troyanos. Ya no hab\u00eda de contener a \u00e9stos ni el foso ni el ancho muro que al borde del mismo construyeron los d\u00e1naos, sin ofrecer a los dioses hecatombes perfectas, para que los defendiera a ellos y las veleras naves y el mucho bot\u00edn que dentro se guardaba. Levantado el muro contra la voluntad de los inmortales dioses, no deb\u00eda subsistir largo tiempo. Mientras vivi\u00f3 H\u00e9ctor, estuvo Aquiles irritado y la ciudad del rey Pr\u00edamo no fue expugnada, la gran muralla de los aqueos se mantuvo firme. Pero, cuando hubieron muerto los m\u00e1s valientes troyanos, de los argivos unos perecieron y otros se salvaron, la ciudad de Pr\u00edamo fue destruida en el d\u00e9cimo a\u00f1o, y los argivos se embarcaron para regresar a su patria; Poseid\u00f3n y Apolo decidieron arruinar el muro con la fuerza de los r\u00edos que corren de los montes ideos al mar: el Reso, el Hept\u00e1poro, el Careso, el Rodio, el Gr\u00e1nico, el Esepo, el divino Escamandro y el Simoente, en cuya ribera cayeron al polvo muchos cascos, escudos de boyuno cuero y la generaci\u00f3n de los hombres semidioses.\u2011 Febo Apolo desvi\u00f3 el curso de todos estos r\u00edos y dirigi\u00f3 sus corrientes a la muralla por espacio de nueve d\u00edas, y Zeus no ces\u00f3 de llover para que m\u00e1s presto se sumergiese en el mar. Iba al frente de aqu\u00e9llos el mismo Poseid\u00f3n, que bate la tierra, con el tridente en la mano, y tir\u00f3 a las olas todos los cimientos de troncos y piedras que con tanta fatiga echaron los aqueos, arras\u00f3 la orilla del Helesponto, de r\u00e1pida corriente, enaren\u00f3 la gran playa en que estuvo el destruido muro y volvi\u00f3 los r\u00edos a los cauces por donde discurr\u00edan sus cristalinas aguas.<\/p>\n<p>\u00a0De tal modo Poseid\u00f3n y Apolo deb\u00edan proceder m\u00e1s tarde. Entonces ard\u00eda el clamoroso combate al pie del bien labrado muro, y las vigas de las torres resonaban al chocar de los dardos. Los argivos, vencidos por el azote de Zeus, encerr\u00e1banse en el cerco de las c\u00f3ncavas naves por miedo a H\u00e9ctor, cuya valent\u00eda les causaba la derrota, y \u00e9ste segu\u00eda peleando y parec\u00eda un torbellino. Como un jabal\u00ed o un le\u00f3n se revuelve, orgulloso de su fuerza, entre perros y cazadores que agrupados le tiran muchos venablos \u2011la fiera no siente en su \u00e1nimo audaz ni temor ni espanto, y su propio valor la mata\u2011 y va de un lado a otro, probando las hileras de los hombres, y se apartan aqu\u00e9llos hacia los que se dirige, de igual modo agit\u00e1base H\u00e9ctor entre la turba y exhortaba a sus compa\u00f1eros a pasar el foso. Los corceles, de pies ligeros, no se atrev\u00edan a hacerlo, y parados en el borde relinchaban, porque el ancho foso les daba horror. No era f\u00e1cil, en efecto, salvarlo ni atravesarlo, pues ten\u00eda escarpados precipicios a uno y otro lado, y en su parte alta grandes y puntiagudas estacas, que los aqueos clavaron espesas para defenderse de los enemigos. Un caballo tirando de un carro de hermosas ruedas dif\u00edcilmente hubiera entrado en el foso, y los peones meditaban si podr\u00edan realizarlo. Entonces lleg\u00f3se Polidamante al audaz H\u00e9ctor, y dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor y dem\u00e1s caudillos de los troyanos y sus auxiliares! Dirigimos imprudentemente los veloces caballos al foso, y \u00e9ste es muy dif\u00edcil de pasar, porque est\u00e1 erizado de agudas estacas y a lo largo de \u00e9l se levanta el muro de los aqueos. All\u00ed no podr\u00edamos apearnos del carro ni combatir, pues se trata de un sitio estrecho donde temo que pronto ser\u00edamos heridos. Si Zeus altitonante, meditando males contra los aqueos, quiere destruirlos completamente para favorecer a los troyanos, deseo que lo realice cuanto antes y que aqu\u00e9llos perezcan sin gloria en esta tierra, lejos de Argos. Pero si los aqueos se volviesen, y viniendo de las naves nos obligaran a repasar el profundo foso, me figuro que ni un mensajero podr\u00eda retornar a la ciudad huyendo de los aqueos que nuevamente entraran en combate. Ea, procedamos todos como voy a decir. Los escuderos tengan los caballos en la orilla del foso y nosotros sigamos a H\u00e9ctor a pie, con armas y todos reunidos; pues los aqueos no resistir\u00e1n el ataque si sobre ellos pende la ruina.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo Polidamante, y su prudente consejo plugo a H\u00e9ctor, el cual, en seguida y sin dejar las armas, salt\u00f3 del carro a tierra. Los dem\u00e1s troyanos tampoco permanecieron en sus carros; pues as\u00ed que vieron que el divino H\u00e9ctor lo dejaba, ape\u00e1ronse todos, mandaron a los aurigas que pusieran los caballos en l\u00ednea junto al foso, y, habi\u00e9ndose ordenado en cinco grupos, emprendieron la marcha con los respectivos jefes.<\/p>\n<p>\u00a0Iban con H\u00e9ctor y Polidamante los m\u00e1s y mejores, que anhelaban romper el muro y pelear cerca de las c\u00f3ncavas naves; su tercer jefe era Cebr\u00edones, porque H\u00e9ctor hab\u00eda dejado a otro auriga inferior para cuidar del carro. De otro grupo eran caudillos Paris, Alc\u00e1too y Agenor. El tercero lo mandaban H\u00e9leno y el deiforme De\u00edfobo, hijos de Pr\u00edamo, y el h\u00e9roe Asio Hirt\u00e1cida, que hab\u00eda venido de Arisbe, de las orillas del r\u00edo Seleente, en un carro tirado por altos y fogosos corceles. El cuarto lo reg\u00eda Eneas, valiente hijo de Anquises, y con \u00e9l Arqu\u00e9loco y Acamante, hijos de Ant\u00e9nor, diestros en toda suerte de combates. Por \u00faltimo, Sarped\u00f3n se puso al frente de los ilustres aliados, eligiendo por compa\u00f1eros a Glauco y al belicoso Asteropeo, a quienes ten\u00eda por los m\u00e1s valientes despu\u00e9s de s\u00ed mismo, pues \u00e9l descollaba entre todos. Tan pronto como hubieron embrazado los fuertes escudos y cerrado las filas, marcharon animosos contra los d\u00e1naos; y esperaban que \u00e9stos, en vez de oponerles resistencia, se refugiar\u00edan en las negras naves.<\/p>\n<p>\u00a0Todos los troyanos y sus auxiliares venidos de lejas tierras siguieron el consejo del eximio Polidamante, menos Asio Hirt\u00e1cida, pr\u00edncipe de hombres, que, neg\u00e1ndose a dejar el carro y al auriga, se acerc\u00f3 con ellos a las veleras naves. \u00a1Insensato! No hab\u00eda de librarse de las funestas parcas, ni volver, ufano de sus corceles y de su carro, de las naves a la ventosa Ilio; porque su hado infausto lo hizo morir atravesado por la lanza del ilustre Idomeneo Deuc\u00e1lida. Fuese, pues, hacia la izquierda de las naves, al sitio por donde los aqueos sol\u00edan volver de la llanura con los caballos y carros; hacia aquel lugar dirigi\u00f3 los corceles, y no hall\u00f3 las puertas cerradas y aseguradas con el gran cerrojo, porque unos hombres las ten\u00edan abiertas, con el fin de salvar a los compa\u00f1eros que, huyendo del combate, llegaran a las naves. A aquel paraje enderez\u00f3 los caballos, y los dem\u00e1s lo siguieron dando agudos gritos, porque esperaban que los aqueos, en vez de oponer resistencia, se refugiar\u00edan en las negras naves. \u00a1Insensatos! En las puertas encontraron a dos valent\u00edsimos guerreros, hijos gallardos de los belicosos lapitas: el esforzado Polipetes, hijo de Pir\u00edtoo, y Leonteo, igual a Ares, funesto a los mortales. Ambos estaban delante de las altas puertas, como en el monte unas encinas de elevada copa, fijas al suelo por ra\u00edces gruesas y extensas, desaf\u00edan constantemente el viento y la lluvia; de igual manera aqu\u00e9llos, confiando en sus manos y en su valor, aguardaron la llegada del gran Asio y no huyeron. Los troyanos se encaminaron con gran alboroto al bien construido muro, levantando los escudos de secas pieles de buey, mandados por el rey Asio, Y\u00e1meno, Orestes, Adamante As\u00edada, To\u00f3n y En\u00f3mao. Polipetes y Leonteo hall\u00e1banse dentro a instigaban a los aqueos, de hermosas grebas, a pelear por las naves; mas, as\u00ed que vieron a los troyanos atacando la muralla y a los d\u00e1naos en clamorosa fuga, salieron presurosos a combatir delante de las puertas, semejantes a montaraces jabal\u00edes que en el monte son terrero de la acometida de hombres y canes, y en curva carrera tronchan y arrancan de ra\u00edz las plantas de la selva, dejando o\u00edr el crujido de sus dientes, hasta que los hombres, tir\u00e1ndoles venablos, les quitan la vida; de parecido modo resonaba el luciente bronce en el pecho de los h\u00e9roes a los golpes que recib\u00edan, pues peleaban con gran denuedo, confiando en los guerreros de encima de la muralla y en su propio valor. Desde las torres bien construidas los aqueos tiraban para defenderse a s\u00ed mismos, las tiendas y las naves de ligero andar. Como caen al suelo los copos de nieve que impetuoso viento, agitando las pardas nubes, derrama en abundancia sobre la f\u00e9rtil tierra, as\u00ed llov\u00edan los dardos que arrojaban aqueos y troyanos, y lbs cascos y abollonados escudos sonaban secamente al chocar con ellos las ingentes piedras. Entonces Asio Hirt\u00e1cida, dando un gemido y golpe\u00e1ndose el muslo, exclam\u00f3 indignado:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Padre Zeus! Muy falaz te has vuelto, pues yo no esperaba que los h\u00e9roes aqueos opusieran resistencia a nuestro valor a invictas manos. Como las abejas o las flexibles avispas que han anidado en fragoso camino y no abandonan su hueca morada al acercarse los cazadores, sino que luchan por los hijuelos, as\u00ed aqu\u00e9llos, con ser dos solamente, no quieren retirarse de las puertas mientras no perezcan, o la libertad no pierdan.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; pero sus palabras no cambiaron la mente de Zeus, que deseaba conceder cal gloria a H\u00e9ctor.<\/p>\n<p>\u00a0Otros peleaban delante de otras puertas, y me ser\u00eda dif\u00edcil, no siendo un dios, contarlo todo. Por doquiera ard\u00eda el combate al pie del lap\u00eddeo muro; los argivos, aunque llenos de angustia, ve\u00edanse obligados a defender las naves; y estaban apesarados todos los dioses que en la guerra proteg\u00edan a los d\u00e1naos. Entonces fue cuando los lapitas empezaron el combate y la refriega.<\/p>\n<p>\u00a0El fuerte Polipetes, hijo de Pintoo, hiri\u00f3 a D\u00e1maso con la lanza por el casco de bronc\u00edneas carrilleras: el casco de bronce no detuvo a aqu\u00e9lla cuya punta, de bronce tambi\u00e9n, rompi\u00f3 el hueso; conmovi\u00f3se el cerebro y el guerrero sucumbi\u00f3 mientras combat\u00eda con denuedo. Aqu\u00e9l mat\u00f3 luego a Pil\u00f3n y a \u00f3rmeno. Leonteo, hijo de Ant\u00edmaco y v\u00e1stago de Ares, arroj\u00f3 un dardo a Hip\u00f3maco y se lo clav\u00f3 junto al ce\u00f1idor; luego desenvain\u00f3 la aguda espada, y, acometiendo por en medio de la muchedumbre a Ant\u00edfates, lo hiri\u00f3 y lo tir\u00f3 de espaldas; y despu\u00e9s derrib\u00f3 sucesivamente a Men\u00f3n, Y\u00e1meno y Orestes, que fueron cayendo al almo suelo.<\/p>\n<p>\u00a0Mientras ambos h\u00e9roes quitaban a los muertos las lucientes armas, adelantaron la marcha con Polidamante y H\u00e9ctor los m\u00e1s y m\u00e1s valientes de los j\u00f3venes, que sent\u00edan un vivo deseo de romper el muro y pegar fuego a las naves. Pero detuvi\u00e9ronse indecisos en la orilla del foso, cuando ya se dispon\u00edan a atravesarlo, por haber aparecido encima de ellos, y dejando el pueblo, a la izquierda, un ave agorera: un \u00e1guila de alto vuelo, llevando en las garras un enorme drag\u00f3n sangriento, vivo, que se estremec\u00eda y no se hab\u00eda olvidado de la lucha, pues encorv\u00e1ndose hacia atr\u00e1s hiri\u00f3la en el pecho, cerca del cuello. El \u00e1guila, penetrada de dolor, dej\u00f3 caer el drag\u00f3n en medio de la turba; y, chillando, vol\u00f3 con la rapidez del viento. Los troyanos estremeci\u00e9ronse al ver en medio de ellos la manchada sierpe, prodigio de Zeus, que lleva la \u00e9gida. Entonces acerc\u00f3se Polidamante al audaz H\u00e9ctor, y le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! Siempre me increpas en las juntas, aunque lo que proponga sea bueno; mas no es decoroso que un ciudadano hable en las reuniones o en la guerra contra lo debido, s\u00f3lo para acrecentar tu poder. Tambi\u00e9n ahora he de manifestar lo que considero conveniente. No vayamos a combatir con los d\u00e1naos cerca de las naves. Creo que nos ocurrir\u00e1 lo que dir\u00e9, si vino realmente para los troyanos, cuando deseaban atravesar el foso, esta ave agorera: un \u00e1guila de alto vuelo, que dejaba el pueblo a la izquierda y llevaba en las garras un enorme drag\u00f3n sangriento y vivo, y lo hubo de soltar presto antes de llegar al nido y darlo a sus polluelos. De semejante modo, si con gran \u00edmpetu rompemos ahora las puertas y el muro, y los aqueos retroceden, luego no nos ser\u00e1 posible volver de las naves en buen orden por el mismo camino; y dejaremos a muchos troyanos tendidos en el suelo, a los cuales los aqueos, combatiendo en defensa de sus naves, habr\u00e1n muerto con las bronc\u00edneas armas. As\u00ed lo interpretar\u00eda un augur que, por ser muy entendido en prodigios, mereciera la confianza del pueblo.<\/p>\n<p>\u00a0Encar\u00e1ndole la torva vista, respondi\u00f3 H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Polidamante! No me place lo que propones y pod\u00edas haber pensado algo mejor. Si realmente hablas con seriedad, los mismos dioses te han hecho perder el juicio; pues me aconsejas que, olvidando las promesas que Zeus tonante me hizo y ratific\u00f3 luego, obedezca a las aves aliabiertas, de las cuales no me cuido ni en ellas paro mientes, sea que vayan hacia la derecha por donde aparecen la aurora y el sol, sea que se dirijan a la izquierda, al tenebroso ocaso. Confiemos en las promesas del gran Zeus, que reina sobre todos, mortales a inmortales. El mejor ag\u00fcero es \u00e9ste: combatir por la patria. \u00bfPor qu\u00e9 te dan miedo el combate y la pelea? Aunque los dem\u00e1s fu\u00e9ramos muertos en las naves argivas, no debieras temer por tu vida; pues ni tu coraz\u00f3n es belicoso, ni te permite aguardar a los enemigos. Y si dejas de luchar, o con tus palabras logras que otro se abstenga, pronto perder\u00e1s la vida, herido por mi lanza.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed, habiendo hablado, ech\u00f3 a andar. Sigui\u00e9ronlo todos con fuerte griter\u00eda, y Zeus, que se complace en lanzar rayos, enviando desde los montes ideos un viento borrascoso, levant\u00f3 gran polvareda en las naves, abati\u00f3 el \u00e1nimo de los aqueos, y dio gloria a los troyanos y a H\u00e9ctor, que, fiados en las prodigiosas se\u00f1ales del dios y en su propio valor, intentaban romper la gran muralla aquea. Arrancaban las almenas de las torres, demol\u00edan los parapetos y derribaban los z\u00f3calos salientes que los aqueos hab\u00edan hecho estribar en el suelo para que sostuvieran las torres. Tambi\u00e9n tiraban de \u00e9stas, con la esperanza de romper el muro de los aqueos. Mas los d\u00e1naos no les dejaban libre el camino, y, protegiendo los parapetos con boyunas pieles, her\u00edan desde all\u00ed a los enemigos que al pie de la muralla se encontraban.<\/p>\n<p>\u00a0Los dos Ayantes recorr\u00edan las torres, animando a los aqueos y excitando su valor; a todas partes iban, y a uno le hablaban con suaves palabras y a otro le re\u00f1\u00edan con duras frases porque flojeaba en el combate:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos, ya entre los argivos se\u00e1is los preeminentes, los mediocres o los peores, pues no todos los hombres son iguales en la guerra! Ahora el trabajo es com\u00fan a todos y vosotros mismos lo conoc\u00e9is. Nadie se vuelva atr\u00e1s, hacia los bajeles, por o\u00edr las amenazas de un troyano; id adelante y animaos mutuamente, por si Zeus ol\u00edmpico, fulminador, nos permite rechazar el ataque y perseguir a los enemigos hasta la ciudad.<\/p>\n<p>\u00a0Dando tales voces animaban a los aqueos para que combatieran. Cuan espesos caen los copos de nieve cuando en un d\u00eda de invierno Zeus decide nevar, mostrando sus armas a los hombres, y, adormeciendo los vientos, nieva incesantemente hasta que cubre las cimas y los riscos de los montes m\u00e1s altos, las praderas cubiertas de loto y los f\u00e9rtiles campos cultivados por el hombre, y la nieve se extiende por los puertos y playas del espumoso mar, y \u00fanicamente la detienen las olas, pues todo lo restante queda cubierto cuando arrecia la nevada de Zeus, as\u00ed, tan espesas, volaban las piedras por ambos lados, las unas hacia los troyanos y las otras de \u00e9stos a los aqueos, y el estr\u00e9pito se elevaba sobre todo el muro.<\/p>\n<p>\u00a0Mas los troyanos y el esclarecido H\u00e9ctor no habr\u00edan roto a\u00fan las puertas de la muralla y el gran cerrojo, si el pr\u00f3vido Zeus no hubiese incitado a su hijo Sarped\u00f3n contra los argivos, como a un le\u00f3n contra bueyes de retorcidos cuernos. Sarped\u00f3n levant\u00f3 en seguida el escudo liso, hermoso, protegido por planchas de bronce, obra de un broncista que sujet\u00f3 muchas pieles de buey con varitas de oro prolongadas por ambos lados hasta el borde circular; alzando, pues, la rodela y blandiendo un par de lanzas, se puso en marcha como el montaraz le\u00f3n que en mucho tiempo no ha probado la carne y su \u00e1nimo audaz le impele a acometer un reba\u00f1o de ovejas yendo a la alquer\u00eda s\u00f3lidamente construida; y, aunque en ella encuentre pastores que, armados con venablos y provistos de perros, guardan las ovejas, no quiere que lo echen del establo sin intentar el ataque, hasta que, saltando dentro, o consigue hacer presa o es herido por un venablo que \u00e1gil mano le arroja; del mismo modo, el deiforme Sarped\u00f3n se sent\u00eda impulsado por su \u00e1nimo a asaltar el muro y destruir los parapetos. Y en seguida dijo a Glauco, hijo de Hip\u00f3loco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Glauco! \u00bfPor qu\u00e9 a nosotros nos honran en la Licia con asientos preferentes, manjares y copas de vino, y todos nos miran como a dioses, y poseemos campos grandes y magn\u00edficos a orillas del Janto, con vi\u00f1as y tierras de pan llevar? Preciso es que ahora nos sostengamos entre los m\u00e1s avanzados y nos lancemos a la ardiente pelea, para que diga alguno de los licios, armados de fuertes corazas: \u00abNo sin gloria imperan nuestros reyes en la Licia; y si comen ping\u00fces ovejas y beben exquisito vino, dulce como la miel, tambi\u00e9n son esforzados, pues combaten al frente de los licios\u00bb. \u00a1Oh amigo! Ojal\u00e1 que, huyendo de esta batalla, nos libr\u00e1ramos para siempre de la vejez y de la muerte, pues ni yo me batir\u00eda en primera fila, ni te llevar\u00eda a la lid, donde los varones adquieren gloria; pero, como son muchas las clases de muerte que penden sobre los mortales, sin que \u00e9stos puedan huir de ellas ni evitarlas, vayamos y daremos gloria a alguien, o alguien nos la dar\u00e1 a nosotros.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y Glauco ni retrocedi\u00f3 ni fue desobediente. Ambos fueron adelante en l\u00ednea recta, sigui\u00e9ndoles la numerosa hueste de los iicios. Estremeci\u00f3se al advertirlo Menesteo, hijo de P\u00e9teo, pues se encaminaban hacia su torre, llevando consigo la ruina. Oje\u00f3 la cohorte de los aqueos, por si divisaba a alg\u00fan jefe que librara del peligro a los compa\u00f1eros, y distingui\u00f3 a entrambos Ayantes, incansables en el combate, y a Teucro, reci\u00e9n salido de la tienda, que se hallaban cerca. Pero no pod\u00eda hacerse o\u00edr por m\u00e1s que gritara, porque era tanto el estr\u00e9pito, que el ruido de los escudos al parar los golpes, el de los cascos guarnecidos con crines de caballo, y el de las puertas, llegaba al cielo; todas las puertas se hallaban cerradas, y los troyanos, detenidos por las mismas, intentaban penetrar rompi\u00e9ndolas a viva fuerza. Y Menesteo decidi\u00f3 enviar a Tootes, el heraldo, para que llamase a Ayante:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Ve, divino Tootes, y llama corriendo a Ayante, o mejor a los dos; esto ser\u00eda preferible, pues pronto habr\u00e1 aqu\u00ed gran estrago. \u00a1Tal carga dan los caudillos licios, que siempre han sido sumamente impetuosos en las encarnizadas peleas! Y si tambi\u00e9n all\u00ed se ha promovido recio combate, venga por lo menos el esforzado Ayante Telamonio y s\u00edgalo Teucro, excelente arquero.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y el heraldo oy\u00f3lo y no desobedeci\u00f3. Fuese corriendo a lo largo del muro de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas, se detuvo cerca de los Ayantes, y les habl\u00f3 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011.\u2011\u00a1Ayantes, jefes de los argivos, de bronc\u00edneas corazas! El caro hijo de P\u00e9teo, alumno de Zeus, os ruega que vay\u00e1is a tener parte en la refriega, aunque sea por breve tiempo. Que fuerais los dos, ser\u00eda preferible; pues pronto habr\u00e1 all\u00ed gran estrago. \u00a1Tal carga dan los caudillos licios, que siempre han sido sumamente impetuosos en las encarnizadas peleas! Y si tambi\u00e9n aqu\u00ed se ha promovido recio combate, vaya por lo menos el esforzado Ayante Telamonio y s\u00edgalo Teucro, excelente arquero.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3; y el gran Ayante Telamonio no fue desobediente. En el acto dijo al Oil\u00edada estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ayante! Vosotros, t\u00fa y el fuerte Licomedes, seguid aqu\u00ed y alentad a los d\u00e1naos para que peleen con denuedo. Yo voy all\u00e1, combatir\u00e9 con aqu\u00e9llos, y volver\u00e9 tan pronto como los haya socorrido.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habiendo hablado, Ayante Telamonio parti\u00f3 y con \u00e9l fueron Teucro, su hermano de padre, y Pandi\u00f3n, que llevaba el corvo arco de Teucro. Llegaron a la torre del magn\u00e1nimo Menesteo, y, penetrando en el muro, se unieron a los defensores que ya se ve\u00edan acosados; pues los caudillos y esforzados pr\u00edncipes de los licios asaltaban los parapetos como un obscuro torbellino. Trabaron el combate y se produjo gran vocer\u00edo.<\/p>\n<p>\u00a0Fue Ayante Telamonio el primero que mat\u00f3 a un hombre, al magn\u00e1nimo Epicles, compa\u00f1ero de Sarped\u00f3n, arroj\u00e1ndole una piedra grande y \u00e1spera que hab\u00eda dentro del muro, en la parte m\u00e1s alta, cerca del parapeto. Dif\u00edcilmente habr\u00eda podido sospesarla con ambas manos uno de los actuales j\u00f3venes, y aqu\u00e9l la levant\u00f3 y, tir\u00e1ndola desde lo alto a Epicles, rompi\u00f3le el casco de cuatro abolladuras y aplast\u00f3le los huesos de la cabeza; el troyano cay\u00f3 de la elevada torre como salta un buzo, y el alma separ\u00f3se de los miembros. Teucro, desde lo alto de la muralla, dispar\u00f3 una flecha a Glauco, esforzado hijo de Hip\u00f3loco, que valeroso acomet\u00eda; y, dirigi\u00e9ndola adonde vio que el brazo aparec\u00eda desnudo, lo puso fuera de combate. Salt\u00f3 Glauco y se alej\u00f3 del muro, ocult\u00e1ndose para que ning\u00fan aqueo, al advertir que estaba herido, profiriera jactanciosas palabras. Apesadumbr\u00f3se Sarped\u00f3n al notario; mas no por esto se olvid\u00f3 de la pelea, pues, habiendo alcanzado a Alcma\u00f3n Test\u00f3rida, le envas\u00f3 la lanza, que al punto volvi\u00f3 a sacar: el guerrero, siguiendo la lanza, dio de cara en el suelo, y las bronc\u00edneas labradas armas resonaron. Despu\u00e9s, cogiendo con sus robustas manos un parapeto, tir\u00f3 del mismo y lo arranc\u00f3 entero; qued\u00f3 el muro desguarnecido en su parte superior y con ello se abri\u00f3 camino para muchos.<\/p>\n<p>\u00a0Pero en el mismo instante acert\u00e1ronle a Sarped\u00f3n Ayante y Teucro: \u00e9ste atraves\u00f3 con una flecha el lustroso corre\u00f3n del gran escudo, cerca del pecho; mas Zeus apart\u00f3 de su hijo las parcas, para que no sucumbiera junto a las naves; Ayante, arremetiendo, dio un bote de lanza en el escudo: la punta no lo atraves\u00f3, pero hizo vacilar al h\u00e9roe cuando se dispon\u00eda para el ataque. Sarped\u00f3n se apart\u00f3 un poco del parapeto, pero no se retir\u00f3 del todo, porque en su \u00e1nimo deseaba alcanzar gloria. Y volvi\u00e9ndose a los licios, iguales a los dioses, los exhort\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh licios! \u00bfPor qu\u00e9 se afloja tanto vuestro impetuoso valor? Dif\u00edcil es que yo solo, aunque haya roto la muralla y sea valiente, pueda abrir camino hasta las naves. Ayudadme todos, pues la obra de muchos siempre resulta mejor.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. Los licios, temiendo la reconvenci\u00f3n del rey, junto con \u00e9ste y con mayores br\u00edos que antes, cargaron a los argivos; quienes, a su vez, cerraron las filas de las falanges dentro del muro, porque era grande la acci\u00f3n que se les presentaba. Y ni los bravos licios, a pesar de haber roto el muro de los d\u00e1naos, lograban abrirse paso hasta las naves; ni los belicosos d\u00e1naos pod\u00edan rechazar de la muralla a los licios desde que a la misma se hab\u00edan acercado. Como dos hombres altercan, con la medida en la mano, sobre los lindes de campos contiguos y se disputan un peque\u00f1o espacio, as\u00ed, licios y d\u00e1naos estaban separados por los parapetos, y por cima de los mismos hac\u00edan chocar delante de los pechos las rodelas de boyuno cuero y los ligeros broqueles. Ya muchos combatientes hab\u00edan sido heridos con el cruel bronce, unos en la espalda, que al volverse dejaron indefensa, otros por entre el mismo escudo. Por doquiera torres y parapetos estaban regados con sangre de troyanos y aqueos. Mas ni aun as\u00ed los troyanos pod\u00edan hacer volver la espalda a los aqueos. Como una honrada obrera coge un peso y lana y los pone en los platillos de una balanza, equilibr\u00e1ndolos hasta que quedan iguales, para llevar a sus hijos el miserable salario, as\u00ed el combate y la pelea andaban iguales para unos y otros, hasta que Zeus quiso dar excelsa gloria a H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, el primero que asalt\u00f3 el muro aqueo. El h\u00e9roe, con pujante voz, grit\u00f3 a los troyanos:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Acometed, troyanos domadores de caballos! Romped el muro de los argivos y arrojad a las naves el fuego abrasador.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo para excitarlos. Escuch\u00e1ronlo todos; y reunidos fu\u00e9ronse derechos al muro, subieron y pasaron por encima de las almenas, llevando siempre en las manos las afiladas lanzas.<\/p>\n<p>\u00a0H\u00e9ctor cogi\u00f3 entonces una piedra de ancha base y aguda punta que hab\u00eda delante de la puerta: dos de los m\u00e1s forzudos hombres del pueblo, tales como son hoy, con dificultad hubieran podido cargarla en un carro; pero aqu\u00e9l la manejaba f\u00e1cilmente porque el hijo del artero Crono la volvi\u00f3 liviana. Bien as\u00ed como el pastor lleva en una mano el vell\u00f3n de un carnero, sin que el peso lo fatigue, H\u00e9ctor, alzando la piedra, la conduc\u00eda hacia las tablas que fuertemente unidas formaban las dos hojas de la alta puerta y estaban aseguradas por dos cerrojos puestos en direcci\u00f3n contraria, que abr\u00eda y cerraba una sola llave. H\u00e9ctor se detuvo delante de la puerta, separ\u00f3 los pies, y, estribando en el suelo para que el golpe no fuese d\u00e9bil, arroj\u00f3 la piedra al centro de aqu\u00e9lla: rompi\u00e9ronse ambos quiciales, cay\u00f3 la piedra dentro por su propio peso, recrujieron las tablas, y, como los cerrojos no ofrecieron bastante resistencia, desuni\u00e9ronse las hojas y cada una fue por su lado, al impulso de la piedra. El esclarecido H\u00e9ctor, que por su aspecto a la r\u00e1pida noche semejaba, salt\u00f3 al interior: el bronce reluc\u00eda de un modo terrible en torno de su cuerpo, y en la mano llevaba dos lanzas. Nadie, a no ser un dios, hubiera podido salirle al encuentro y detenerlo cuando traspuso la puerta. Sus ojos brillaban como el fuego. Y volvi\u00e9ndose a la turba, alentaba a los troyanos para que pasaran la muralla. Obedecieron, y mientras unos asaltaban el muro, otros aflu\u00edan a las bien construidas puertas. Los d\u00e1naos refugi\u00e1ronse en las c\u00f3ncavas naves y se promovi\u00f3 un gran tumulto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XII Combate en la muralla Los troyanos asaltan con \u00e9xito la muralla y el foso del campamento aqueo. H\u00e9ctor, con una gran piedra, derriba la puerta de entrada al campamento y abre una v\u00eda de acceso a sus tropas. \u00a0En tanto que el fuerte hijo de Menecio curaba, dentro\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-xii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1034,1289,1287,1051,1025,1033],"class_list":["post-936","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-guerra","tag-homero","tag-iliada","tag-planta","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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