{"id":934,"date":"2010-11-27T22:28:28","date_gmt":"2010-11-27T20:28:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=934"},"modified":"2010-11-27T22:28:28","modified_gmt":"2010-11-27T20:28:28","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-x-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-x-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (X) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO X<\/strong><\/p>\n<p><strong>Dolonia<\/strong><\/p>\n<p>Aqueos y troyanos esp\u00edan los movimientos del contrario. Ulises y Diomedes apresan a Dol\u00f3n, del que consiguen informaci\u00f3n del campamento troyano.<\/p>\n<p>\u00a0Los pr\u00edncipes aqueos durmieron toda la noche vencidos por pl\u00e1cido sue\u00f1o; mas no prob\u00f3 sus dulzuras el Atrida Agamen\u00f3n, pastor de hombres, porque en su mente revolv\u00eda muchas cosas. Como el esposo de Hera, la de hermosa cabellera, relampaguea cuando prepara una lluvia torrencial, el granizo o una nevada que cubra los campos, o quiere abrir en alguna parte la boca inmensa de la amarga guerra; as\u00ed, tan frecuentemente, se escapaban del pecho de Agamen\u00f3n los suspiros, que sal\u00edan de lo m\u00e1s hondo de su coraz\u00f3n, a interiormente le temblaban las entra\u00f1as. Cuando fijaba la vista en el campo troyano, pasm\u00e1banle las muchas hogueras que ard\u00edan delante de Ilio, los sones de las flautas y zampo\u00f1as y el bullicio de la gente; mas, cuando a las naves y al ej\u00e9rcito aqueo la volv\u00eda, arranc\u00e1base furioso los cabellos, alzando los ojos a Zeus, que mora en lo alto, y su generoso coraz\u00f3n lanzaba grandes gemidos. Al fin, creyendo que la mejor resoluci\u00f3n ser\u00eda acudir primeramente a N\u00e9stor Nelida, el m\u00e1s ilustre de los hombres, por si entrambos hallaban un excelente medio que librara de la desgracia a todos los d\u00e1naos, levant\u00f3se, visti\u00f3 la t\u00fanica, calz\u00f3 los n\u00edtidos pies con hermosas sandalias, ech\u00f3se una rojiza piel de corpulento y fogoso le\u00f3n, que le llegaba hasta los pies, y asi\u00f3 la lanza.<\/p>\n<p>\u00a0Tambi\u00e9n Menelao estaba pose\u00eddo de terror y no consegu\u00eda que se posara el sue\u00f1o en sus p\u00e1rpados, temiendo que les ocurriese alg\u00fan percance a los argivos que por \u00e9l hab\u00edan llegado a Troya, atravesando el vasto mar, y promoviendo tan audaz guerra. Cubri\u00f3 sus anchas espaldas con la manchada piel de un leopardo; p\u00fasose luego el casco de bronce, y, tomando en la robusta mano una lanza, fue a despertar a su hermano, que imperaba poderosamente sobre los argivos todos y era venerado por el pueblo como un dios. Hall\u00f3lo junto a la popa de su nave, vistiendo la magn\u00edfica armadura. Grata le fue a \u00e9ste su venida. Y Menelao, valiente en el combate, habl\u00f3 el primero diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfPor qu\u00e9, hermano querido, tomas las armas? \u00bfAcaso deseas persuadir a alg\u00fan compa\u00f1ero para que vaya como explorador al campo de los troyanos? Mucho temo que nadie se ofrezca a prestarte este servicio de ir solo durante la divina noche a espiar al enemigo, porque para ello se requiere un coraz\u00f3n muy osado.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el rey Agamen\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0Tanto yo como t\u00fa, oh Menelao, alumno de Zeus, tenemos necesidad de un prudente consejo para defender y salvar a los argivos y las naves, pues la mente de Zeus ha cambiado, y en la actualidad le son m\u00e1s aceptos los sacrificios de H\u00e9ctor. jam\u00e1s he visto ni o\u00eddo decir que un hombre ejecutara en solo un d\u00eda tantas proezas como ha hecho H\u00e9ctor, caro a Zeus, contra los aqueos, sin ser hijo de un dios ni de una diosa. Digo que de sus haza\u00f1as se acordar\u00e1n los argivos mucho y largo tiempo. \u00a1Tanto da\u00f1o ha causado a los aqueos! Ahora, anda, encam\u00ednate corriendo a las naves y llama a Ayante y a Idomeneo; mientras voy en busca del divino N\u00e9stor y le pido que se levante por si quiere ir al sagrado cuerpo de los guardias y darles \u00f3rdenes. Obedecer\u00e1nlo a \u00e9l m\u00e1s que a nadie, puesto que los manda su hijo junto con Meriones, servidor de Idomeneo. A entrambos les hemos confiado de un modo especial esta tarea.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo entonces Menelao, valiente en el combate:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfC\u00f3mo me encargas y ordenas que lo haga? \u00bfMe quedar\u00e9 con ellos y te aguardar\u00e9 a\u00ed, o he de volver corriendo cuando les haya participado tu mandato?<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 el rey de hombres, Agamen\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Qu\u00e9date all\u00ed, no sea que luego no podamos encontrarnos, porque son muchas las sendas que hay por entre el ej\u00e9rcito. Levanta la voz por donde pasares y recomienda la vigilancia, llamando a cada uno por su nombre paterno y ensalz\u00e1ndolos a todos. No te muestres soberbio. Trabajemos tambi\u00e9n nosotros, ya que, cuando nacimos, Zeus nos conden\u00f3 a padecer tama\u00f1os infortunios.<\/p>\n<p>\u00a0Esto dicho, despidi\u00f3 al hermano bien instruido ya, y fue en busca de N\u00e9stor, pastor de hombres. Hall\u00f3lo en su tienda, junco a la negra nave, acostado en blanda cama. A un lado ve\u00edanse diferentes armas \u2011el escudo, dos lanzas, el luciente yelmo\u2011, y el labrado b\u00e1lteo con que se ce\u00f1\u00eda el anciano siempre que, como caudillo de su gente, se armaba para ir al homicida combate, pues a\u00fan no se rend\u00eda a la triste vejez. Incorpor\u00f3se N\u00e9stor, apoy\u00e1ndose en el codo, alz\u00f3 la cabeza, y dirigi\u00e9ndose al Atrida lo interrog\u00f3 con estas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa que vas solo por el ej\u00e9rcito y las naves, durante la tenebrosa noche, cuando duermen los dem\u00e1s mortales? \u00bfBuscas acaso a alg\u00fan centinela o compa\u00f1ero? Habla. No te acerques sin responder. \u00bfQu\u00e9 deseas?<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el rey de hombres, Agamen\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1N\u00e9stor Nelida, gloria insigne de los aqueos! Reconoce al Atrida Agamen\u00f3n, a quien Zeus env\u00eda y seguir\u00e1 enviando sin cesar m\u00e1s trabajos que a nadie, mientras la respiraci\u00f3n no le falte a mi pecho y mis rodillas se muevan. Vagando voy; pues, preocupado por la guerra y las calamidades que padecen los aqueos, no consigo que el dulce sue\u00f1o se pose en mis ojos. Mucho temo por los d\u00e1naos; mi \u00e1nimo no est\u00e1 tranquilo, sino sumamente inquieto; el coraz\u00f3n se me arranca del pecho y tiemblan mis robustos miembros. Pero si quieres ocuparte en algo, ya que tampoco conciliaste el sue\u00f1o, bajemos a ver los centinelas; no sea que, vencidos del trabajo y del sue\u00f1o, se hayan dormido, dejando la guardia abandonada. Los enemigos se hallan cerca, y no sabemos si habr\u00e1n decidido acometernos esta noche.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 N\u00e9stor, caballero gerenio:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Glorios\u00edsimo Atrida, rey de hombres, Agamen\u00f3n! A H\u00e9ctor no le cumplir\u00e1 el pr\u00f3vido Zeus todos sus deseos, como \u00e9l espera; y creo que mayores trabajos habr\u00e1 de padecer a\u00fan, si Aquiles depone de su coraz\u00f3n el enojo funesto. Ir\u00e9 contigo y despertaremos a los dem\u00e1s: al Tidida, famoso por su lanza, a Ulises, al veloz Ayante y al esforzado hijo de Fileo. Alguien podr\u00eda ir a llamar al deiforme Ayante y al rey Idomeneo, pues sus naves no est\u00e1n cerca, sino muy lejos. Y reprender\u00e9 a Menelao por amigo y respetable que sea y aunque te me enojes, y no callar\u00e9 que duerme y te ha dejado a ti el trabajo. Deb\u00eda ocuparse en suplicar a los pr\u00edncipes todos, pues la necesidad que se nos presenta no es llevadera.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo el rey de hombres, Agamen\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh anciano! Otras veces te exhort\u00e9 a que le ri\u00f1eras, pues a menudo es indolente y no quiere trabajar; no por pereza o escasez de talento, sino porque, volviendo los ojos hacia m\u00ed, aguarda mi impulso. Mas hoy se levant\u00f3 mucho antes que yo mismo, present\u00f3seme y te envi\u00e9 a llamar a aqu\u00e9llos que acabas de nombrar. Vayamos y los hallaremos delante de las puertas con la guardia; pues ah\u00ed es donde les dije que se reunieran.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3 N\u00e9stor, caballero gerenio:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011De esta manera ninguno de los argivos se irritar\u00e1 contra \u00e9l, ni lo desobedecer\u00e1, cuando los exhorte o les ordene algo.<\/p>\n<p>\u00a0Apenas hubo dicho estas palabras, abrig\u00f3 el pecho con la t\u00fanica, calz\u00f3 los n\u00edtidos pies con hermosas sandalias, y abroch\u00f3se un manto purp\u00fareo, doble, amplio, adornado con lanosa felpa. Asi\u00f3 la fuerte lanza, cuya aguzada punta era de bronce, y se encamin\u00f3 a las naves de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas. El primero a quien despert\u00f3 N\u00e9stor, caballero gerenio, fue a Ulises, que en prudencia igualaba a Zeus. Llam\u00f3lo gritando, y Ulises, al llegarle la voz a los o\u00eddos, sali\u00f3 de la tienda y dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfPor qu\u00e9 and\u00e1is vagando as\u00ed, por las naves y el ej\u00e9rcito, solos, durante la noche inmortal? \u00bfQu\u00e9 urgente necesidad se ha presentado?<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3 N\u00e9stor, caballero gerenio:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Ulises, fecundo en ardides! No te enojes, porque es muy grande el pesar que abruma a los aqueos. S\u00edguenos y llamaremos a quien convenga, para tomar acuerdo sobre si es preciso huir o luchar todav\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. El ingenioso Ulises, entrando en la tienda, colg\u00f3 de sus hombros el labrado escudo y se junt\u00f3 con ellos. Fueron en busca de Diomedes Tidida, y lo hallaron delante de su pabell\u00f3n con la armadura puesta, Sus compa\u00f1eros dorm\u00edan alrededor de \u00e9l, con las cabezas apoyadas en los escudos y las lanzas clavadas por el regat\u00f3n en tierra; el bronce de las puntas luc\u00eda a lo lejos como un rel\u00e1mpago del padre Zeus. El h\u00e9roe descansaba sobre una piel de toro montaraz, teniendo debajo de la cabeza un espl\u00e9ndido tapete. N\u00e9stor, caballero gerenio, se detuvo a su lado to movi\u00f3 con el pie para que despertara, y le daba prisa, increp\u00e1ndolo de esta manera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Lev\u00e1ntate, hijo de Tideo! \u00bfC\u00f3mo duermes a sue\u00f1o suelto toda la noche? \u00bfNo sabes que los troyanos acampan en una eminencia de la llanura, cerca de las naves, y que solamente un corto espacio los separa de nosotros?<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Y Diomedes, recordando en seguida del sue\u00f1o, profiri\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Eres infatigable, anciano, y nunca dejas de trabajar. \u00bfPor ventura no hay otros aqueos m\u00e1s j\u00f3venes, que vayan por el campo y despierten a los reyes? \u00a1No se puede contigo, anciano!<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le N\u00e9stor, caballero gerenio:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011S\u00ed, hijo, oportuno es cuanto acabas de decir. Tengo hijos excelentes y muchos hombres que podr\u00edan ir a llamarlos, pero es muy grande el peligro en que se hallan los aqueos: en el filo de una navaja est\u00e1n ahora una muy triste muerte y la salvaci\u00f3n de todos. Ve y haz levantar al veloz Ayante y al hijo de Fileo, ya que eres m\u00e1s joven y de m\u00ed te compadeces.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Diomedes cubri\u00f3 sus hombros con una piel talar de corpulento y fogoso le\u00f3n, tom\u00f3 la lanza, fue a despertar a aqu\u00e9llos y se los llev\u00f3 consigo.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando llegaron adonde se hallaban los guardias reunidos, no encontraron a sus jefes durmiendo, pues todos estaban alerta y sobre las armas. Como los canes que guardan las ovejas de un establo y sienten venir del monte, por entre la selva, una terrible fiera con gran clamoreo de hombres y perros, se ponen inquietos y ya no pueden dormir; as\u00ed el dulce sue\u00f1o hu\u00eda de los p\u00e1rpados de los que hac\u00edan guardia en tan mala noche, pues miraban siempre hacia la llanura y acechaban si los troyanos iban a atacarlos. El anciano violos, alegr\u00f3se, y para animarlos profiri\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Vigilad as\u00ed, hijos m\u00edos! No sea que alguno se deje vencer del sue\u00f1o y demos ocasi\u00f3n para que el enemigo se regocije.<\/p>\n<p>\u00a0Habiendo hablado as\u00ed, atraves\u00f3 el foso. Sigui\u00e9ronlo los reyes argivos que hab\u00edan sido llamados al consejo, y adem\u00e1s Meriones y el preclaro hijo de N\u00e9stor, porque aqu\u00e9llos los invitaron a deliberar. Pasado el foso, sent\u00e1ronse en un lugar limpio donde el suelo no aparec\u00eda cubierto de cad\u00e1veres: all\u00ed hab\u00edase vuelto el impetuoso H\u00e9ctor, despu\u00e9s de causar gran estrago a los argivos, cuando la noche los cubri\u00f3 con su manto. Acomodados en aquel sitio, conversaban; y N\u00e9stor, caballero gerenio, comenz\u00f3 a hablar diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos! \u00bfNo sabr\u00e1 nadie que, confiando en su \u00e1nimo audaz, vaya al campamento de los troyanos de \u00e1nimo altivo? Quiz\u00e1 hiciera prisionero a alg\u00fan enemigo que ande rezagado, o averiguara, oyendo alg\u00fan rumor, lo que los troyanos han decidido: si desean quedarse aqu\u00ed, cerca de las naves y lejos de la ciudad, o volver\u00e1n a ella cuando hayan vencido a los aqueos. Si se enterara de esto y regresara inc\u00f3lume, ser\u00eda grande su gloria debajo del cielo y entre los hombres todos, y tendr\u00eda una hermosa recompensa: cada jefe de los que mandan en las naves le dar\u00eda una oveja con su corderito \u2011presente sin igual\u2011 y se le admitir\u00eda adem\u00e1s en todos los banquetes y festines.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. Enmudecieron todos y quedaron silenciosos, hasta que Diomedes, valiente en la pelea, les dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1N\u00e9stor! Mi coraz\u00f3n y \u00e1nimo valeroso me incitan a penetrar en el campo de los enemigos que tenemos cerca, de los troyanos; pero, si alguien me acompa\u00f1ase, mi confianza y mi osad\u00eda ser\u00edan mayores. Cuando van dos, uno se anticipa al otro en advertir lo que conviene; cuando se est\u00e1 solo, aunque se piense, la inteligencia es m\u00e1s tarda y la resoluci\u00f3n m\u00e1s dif\u00edcil.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo, y muchos quisieron acompa\u00f1ar a Diomedes. Dese\u00e1ronlo los dos Ayantes, servidores de Ares; qu\u00edsolo Meriones; lo anhelaba el hijo de N\u00e9stor; dese\u00f3lo el Atrida Menelao, famoso por su lanza; y por fin, tambi\u00e9n el sufrido Ulises quiso penetrar en el ej\u00e9rcito troyano, porque el coraz\u00f3n que ten\u00eda en el pecho aspiraba siempre a ejecutar audaces haza\u00f1as. Y el rey de hombres, Agamen\u00f3n, dijo entonces:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Tidida Diomedes, car\u00edsimo a mi coraz\u00f3n! Escoge por compa\u00f1ero al que quieras, al mejor de los presentes; pues son muchos los que se ofrecen. No dejes al mejor y elijas a otro peor, por respeto alguno que sientas en tu alma, ni por consideraci\u00f3n al linaje, ni por atender a que sea un rey m\u00e1s poderoso.<\/p>\n<p>\u00a0Habl\u00f3 en estos t\u00e9rminos, porque tem\u00eda por el rubio Menelao. Y Diomedes, valiente en la pelea, replic\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Si me mand\u00e1is que yo mismo designe al compa\u00f1ero, \u00bfc\u00f3mo no pensar\u00e9 en el divino Ulises, cuyo coraz\u00f3n y \u00e1nimo valeroso son tan dispuestos para toda suerte de trabajos, y a quien tanto ama Palas Atenea? Con \u00e9l volver\u00edamos ac\u00e1 aunque nos rodearan abrasadoras llamas, porque su prudencia es grande.<\/p>\n<p>\u00a0 Respondi\u00f3le el paciente divino Ulises:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Tidida! No me alabes en demas\u00eda ni me vituperes, puesto que hablas a los argivos de cosas que les son conocidas. Pero, v\u00e1mosnos, que la noche est\u00e1 muy adelantada y la aurora se acerca; los astros han andado mucho, y la noche va ya en las dos partes de su jornada y s\u00f3lo un tercio nos resta.<\/p>\n<p>\u00a0En diciendo esto, vistieron entrambos las terribles armas. El intr\u00e9pido Trasimedes dio al Tidida una espada de dos filos \u2011la de \u00e9ste hab\u00eda quedado en la nave\u2011y un escudo; y le puso un morri\u00f3n de piel de toro sin penacho ni cimera, que se llama cat\u00e9tyx y lo usan los mancebos que se hallan en la flor de la juventud para proteger la cabeza. Meriones procur\u00f3 a Ulises arco, carcaj y espada, y le cubri\u00f3 la cabeza con un casco de piel que por dentro se sujetaba con muchas y fuertes correas y por fuera presentaba los blancos dientes de un jabal\u00ed, ingeniosamente repartidos, y ten\u00eda un mech\u00f3n de lana colocado en el centro. Este casco era el que Aut\u00f3lico hab\u00eda robado en Ele\u00f3n a Am\u00edntor Orm\u00e9nida, horadando la pared de su casa, y que luego dio en Escandia a Anfidamante de Citera; Anfidamante lo regal\u00f3, como presente de hospitalidad, a Molo; \u00e9ste lo cedi\u00f3 a su hijo Meriones para que lo llevara, y entonces hubo de cubrir la cabeza de Ulises.<\/p>\n<p>\u00a0Una vez revestidos de las terribles armas, partieron y dejaron ah\u00ed a todos los pr\u00edncipes. Palas Atenea envi\u00f3les una garza, y, si bien no pudieron verla con sus ojos, porque la noche era obscura, oy\u00e9ronla graznar a la derecha del camino. Ulises se holg\u00f3 del presagio y or\u00f3 a Atenea:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oyeme, hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida! T\u00fa que me asistes en todos los trabajos y conoces mis pasos, s\u00e9me ahora propicia m\u00e1s que nunca, Atenea, y concede que volvamos a las naves cubiertos de gloria por haber realizado una gran haza\u00f1a que preocupe a los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0Diomedes, valiente en la pelea, or\u00f3 luego diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ahora \u00f3yeme tambi\u00e9n a m\u00ed, hija de Zeus! \u00a1Ind\u00f3mita! Acomp\u00e1\u00f1ame como acompa\u00f1aste a mi padre, el divino Tideo, cuando fue a Teba en representaci\u00f3n de los aqueos. Dejando a los aqueos, de bronc\u00edneas corazas, a orillas del Asopo, llev\u00f3 un agradable mensaje a los cadmeos; y a la vuelta ejecut\u00f3 admirables proezas con tu ayuda, excelente diosa, porque ben\u00e9vola lo socorr\u00edas. Ahora, soc\u00f3rreme a m\u00ed y pr\u00e9stame tu amparo. E inmolar\u00e9 en tu honor una ternera de un a\u00f1o, de frente espaciosa, ind\u00f3mita y no sujeta a\u00fan al yugo, despu\u00e9s de derramar oro sobre sus cuernos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijeron rogando, y los oy\u00f3 Palas Atenea. Y despu\u00e9s de rogar a la hija del gran Zeus, anduvieron en la obscuridad de la noche, como dos leones, por el campo pues tanta carnicer\u00eda se hab\u00eda hecho, pisando cad\u00e1veres, armas y denegrida sangre.<\/p>\n<p>\u00a0Tampoco H\u00e9ctor dejaba dormir a los valientes troyanos pues convoc\u00f3 a todos los pr\u00f3ceres, a cuantos eran caudillos y pr\u00edncipes de los troyanos, y una vez reunidos les expuso una prudente idea:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfQui\u00e9n, por un gran premio, se ofrecer\u00e1 a llevar a cabo la empresa que voy a decir? La recompensa ser\u00e1 proporcionada. Dar\u00e9 un carro y dos corceles de erguido cuello, los mejores que haya en las veleras naves aqueas, al que tenga la osad\u00eda de acercarse a las naves de ligero andar \u2011con ello al mismo tiempo ganar\u00e1 gloria\u2011 y averig\u00fce si \u00e9stas son guardadas todav\u00eda, o los aqueos, vencidos por nuestras manos, piensan en la huida y no quieren velar durante la noche porque el cansancio abrumador los rinde.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Enmudecieron todos y quedaron silenciosos. Hab\u00eda entre los troyanos un cierto Dol\u00f3n, hijo del divino heraldo Eumedes, rico en oro y en bronce; era de feo aspecto, pero de pies \u00e1giles, y el \u00fanico hijo var\u00f3n de su familia con cinco hermanas. \u00c9ste dijo entonces a los troyanos y a H\u00e9ctor:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! Mi coraz\u00f3n y mi \u00e1nimo valeroso me incitan a acercarme a las naves, de ligero andar, para saberlo. Ea, alza el cetro y jura que me dar\u00e1s los corceles y el carro con adornos de bronce que conducen al eximio Peli\u00f3n. No te ser\u00e1 in\u00fatil mi espionaje, ni tus esperanzas se ver\u00e1n defraudadas; pues atravesar\u00e9 todo el ej\u00e9rcito hasta llegar a la nave de Agamen\u00f3n, que es donde deben de haberse reunido los caudillos para deliberar si huir\u00e1n o seguir\u00e1n combatiendo.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Y H\u00e9ctor, tomando en la mano el cetro, prest\u00f3 el juramento:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Sea testigo el mismo Zeus tonante, esposo de Hera. Ning\u00fan otro troyano ser\u00e1 llevado por estos corceles, y t\u00fa disfrutar\u00e1s perpetuamente de ellos.<\/p>\n<p>\u00a0Con tales palabras, jurando lo que no hab\u00eda de cumplirse, anim\u00f3 a Dol\u00f3n. \u00c9ste, sin perder momento, colg\u00f3 del hombro el corvo arco, visti\u00f3 una pelicana piel de lobo, cubri\u00f3 la cabeza con un morri\u00f3n de piel de comadreja, tom\u00f3 un puntiagudo dardo, y, saliendo del ej\u00e9rcito, se encamin\u00f3 a las naves, de donde no hab\u00eda de volver para darle a H\u00e9ctor la noticia. Pues ya hab\u00eda dejado atr\u00e1s la multitud de carros y hombres, y andaba animoso por el camino, cuando Ulises, del linaje de Zeus, advirtiendo que se acercaba a ellos, habl\u00f3 as\u00ed a Diomedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Ese hombre, Diomedes, viene del ej\u00e9rcito; pero ignoro si va como esp\u00eda a nuestras naves o intenta despojar alg\u00fan cad\u00e1ver de los que murieron. Dejemos que se adelante un poco m\u00e1s por la llanura, y ech\u00e1ndonos sobre \u00e9l lo cogeremos f\u00e1cilmente; y si en correr nos aventajase, ap\u00e1rtalo del ej\u00e9rcito, acometi\u00e9ndolo con la lanza, y pers\u00edguelo siempre hacia las naves, para que no se guarezca en la ciudad.<\/p>\n<p>\u00a0Dichas estas palabras, tendi\u00e9ronse entre los muertos, fuera del camino. El incauto Dol\u00f3n pas\u00f3 con pie ligero. Mas, cuando estuvo a la distancia a que se extienden los surcos de las mulas \u2011\u00e9stas son mejores que los bueyes para tirar de un s\u00f3lido arado en tierra noval\u2011, Ulises y Diomedes corrieron a su alcance. Dol\u00f3n oy\u00f3 ruido y se detuvo, creyendo que algunos de sus amigos ven\u00edan del ej\u00e9rcito troyano a llamarlo por encargo de H\u00e9ctor. Pero as\u00ed que aqu\u00e9llos se hallaron a tiro de lanza o m\u00e1s cerca a\u00fan, conoci\u00f3 que eran enemigos y puso su diligencia en los pies huyendo, mientras ellos se lanzaban a perseguirlo. Como dos perros de agudos dientes, adiestrados para cazar, acosan en una selva a un cervato o a una liebre que huye chillando delante de ellos, del mismo modo el Tidida y Ulises, asolador de ciudades, persegu\u00edan constantemente a Dol\u00f3n despu\u00e9s que lograron apartarlo del ej\u00e9rcito. Ya en su fuga hacia las naves iba el troyano a topar con los guardias, cuando Atenea dio fuerzas al Tidida para que ninguno de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas, se le adelantara y pudiera jactarse de haber sido el primero en herirlo y \u00e9l llegase despu\u00e9s. El fuerte Diomedes arremeti\u00f3 a Dol\u00f3n, con la lanza, y le grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0Tente, o te alcanzar\u00e1 mi lanza; y no creo que puedas evitar mucho tiempo que mi mano te d\u00e9 una muerte terrible.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y arroj\u00f3 la lanza; mas de intento err\u00f3 el tiro, y \u00e9sta se clav\u00f3 en el suelo despu\u00e9s de volar por cima del hombro derecho de Dol\u00f3n. Par\u00f3se el troyano dentellando \u2011los dientes cruj\u00edanle en la boca\u2011, tembloroso y p\u00e1lido de miedo; Ulises y Diomedes se le acercaron, jadeantes, y le asieron de las manos, mientras aqu\u00e9l lloraba y les dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Hacedme prisionero y yo me redimir\u00e9. Hay en casa bronce, oro y hierro labrado: con ellos os pagar\u00eda mi padre inmenso rescate, si supiera que estoy vivo en las naves aqueas.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el ingenioso Ulises:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Tranquil\u00edzate y no pienses en la muerte. Ea, habla y dime con sinceridad: \u00bfAd\u00f3nde ibas solo, separado de tu ej\u00e9rcito y derechamente hacia las naves, en esta noche obscura, mientras duermen los dem\u00e1s mortales? \u00bfAcaso a despojar a alg\u00fan cad\u00e1ver? \u00bfPor ventura H\u00e9ctor te envi\u00f3 como esp\u00eda a las c\u00f3ncavas naves? \u00bfO te dejaste llevar por los impulsos de tu coraz\u00f3n?<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 Dol\u00f3n, a quien le temblaban las carnes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011H\u00e9ctor me hizo salir fuera de juicio con muchas y perniciosas promesas: accedi\u00f3 a darme los sol\u00edpedos corceles y el carro con adornos de bronce del eximio Peli\u00f3n, para que, acerc\u00e1ndome durante la r\u00e1pida y obscura noche a los enemigos, averiguase si las veleras naves son guardadas todav\u00eda, o los aqueos, vencidos por nuestras manos, piensan en la fuga y no quieren velar porque el cansancio abrumador los rinde.<\/p>\n<p>\u00a0D\u00edjole sonriendo el ingenioso Ulises:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Grande es el presente que tu coraz\u00f3n anhelaba. \u00a1Los corceles del aguerrido E\u00e1cida! Dif\u00edcil es que ninguno de los mortales los sujete y sea por ellos llevado, fuera de Aquiles, que tiene una madre inmortal. Pero, ea, habla y dime con sinceridad: \u00bfD\u00f3nde, al venir, has dejado a H\u00e9ctor, pastor de hombres? \u00bfEn qu\u00e9 lugar tiene las marciales armas y los caballos? \u00bfC\u00f3mo se hacen las guardias y de qu\u00e9 modo est\u00e1n dispuestas las tiendas de los troyanos? Cuenta tambi\u00e9n lo que est\u00e1n deliberando: si desean quedarse aqu\u00ed cerca de las naves y lejos de la ciudad, o volver\u00e1n a ella cuando hayan vencido a los aqueos.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 Dol\u00f3n, hijo de Eumedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011De todo voy a informarte con exactitud. H\u00e9ctor y sus consejeros deliberan lejos del bullicio, junto a la tumba del divino Ilo; en cuanto a las guardias por que me preguntas, oh h\u00e9roe, ninguna ha sido designada, para que vele por el ej\u00e9rcito ni para que vigile. En torno de cada hoguera los troyanos, apremiados por la necesidad, velan y se exhortan mutuamente a la vigilancia. Pero los auxiliares, venidos de lejas tierras, duermen y dejan a los troyanos el cuidado de la guardia, porque no tienen aqu\u00ed a sus hijos y mujeres.<\/p>\n<p>\u00a0Volvi\u00f3 a preguntarle el ingenioso Ulises:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bf\u00c9stos duermen mezclados con los troyanos o separadamente? D\u00edmelo para que lo sepa.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 Dol\u00f3n, hijo de Eumedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011De todo voy a informarte con exactitud. Hacia el mar est\u00e1n los carios, los peonios, armados de corvos arcos, y los l\u00e9leges, caucones y divinos pelasgos. El lado de Timbra lo obtuvieron por suerte los licios, los arrogantes misios, los frigios, que combaten en carros, y los meonios, que armados de casco combaten en carros. Mas \u00bfpor qu\u00e9 me hac\u00e9is esas preguntas? Si dese\u00e1is entraros por el ej\u00e9rcito troyano, los tracios reci\u00e9n venidos est\u00e1n ah\u00ed, en ese extremo, con su rey Reso, hijo de Eyoneo. He visto sus corceles que son bell\u00edsimos, de gran altura, m\u00e1s blancos que la nieve y tan ligeros como el viento. Su carro tiene lindos adornos de oro y plata, y sus armas son de oro, magn\u00edficas, encanto de la vista, y m\u00e1s propias de los inmortales dioses que de hombres mortales. Pero llevadme ya a las naves de ligero andar, o dejadme aqu\u00ed, atado con recios lazos, para que vay\u00e1is y comprob\u00e9is si os habl\u00e9 como deb\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0Mir\u00e1ndolo con torva faz, le replic\u00f3 el fuerte Diomedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011No esperes escapar de \u00e9sta, Dol\u00f3n, aunque tus noticias son importantes, pues has ca\u00eddo en nuestras manos. Si te dej\u00e1semos libre o consinti\u00e9ramos en el rescate, vendr\u00edas de nuevo a las veleras naves de los aqueos a espiar o a combatir contra nosotros; y, si por mi mano pierdes la vida, no ser\u00e1s en adelante una plaga para los argivos.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y Dol\u00f3n iba, como suplicante, a tocarle la barba con su robusta mano, cuando Diomedes, de un tajo en medio del cuello, le rompi\u00f3 ambos tendones; y la cabeza cay\u00f3 en el polvo, mientras el troyano hablaba todav\u00eda. Quit\u00e1ronle el morri\u00f3n de piel de comadreja, la piel de lobo, el flexible arco y la ingente lanza; y el divino Ulises, cogi\u00e9ndolo todo con la mano, levant\u00f3lo para ofrecerlo a Atenea, que preside los saqueos, y or\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Hu\u00e9lgate de esta ofrenda, \u00a1oh diosa! Ser\u00e1s t\u00fa la primera a quien invocaremos entre las deidades del Olimpo. Y ahora gu\u00edanos hacia los corceles y las tiendas de los tracios.<\/p>\n<p>\u00a0Dichas estas palabras, apart\u00f3 de s\u00ed los despojos y los colg\u00f3 de un tamarisco, cubri\u00e9ndolos con ca\u00f1as y frondosas ramas del \u00e1rbol, que fueran una se\u00f1al visible para que no les pasaran inadvertidos, al regresar durante la r\u00e1pida y obscura noche. Luego pasaron delante por encima de las armas y de la negra sangre, y llegaron al grupo de los tracios que, rendidos de fatiga, dorm\u00edan con las hermosas armas en el suelo, dispuestos ordenadamente en tres filas, y un par de caballos junto a cada guerrero. Reso descansaba en el centro, y ten\u00eda los ligeros corceles atados con correas a un extremo del carro. Ulises violo el primero y lo mostr\u00f3 a Diomedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00c9ste es el hombre, Diomedes, y \u00e9stos los corceles de que nos habl\u00f3 Dol\u00f3n, a quien matamos. Ea, muestra tu impetuoso valor y no tengas ociosas las armas. Desata los caballos, o bien mata hombres y yo me encargar\u00e9 de aqu\u00e9llos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo, y Atenea, la de ojos de lechuza, infundi\u00f3 valor a Diomedes, que comenz\u00f3 a matar a diestro y a siniestro: suced\u00edanse los horribles gemidos de los que daban la vida a los golpes de la espada, y su sangre enrojec\u00eda la tierra. Como un mal intencionado le\u00f3n acomete al reba\u00f1o de cabras o de ovejas, cuyo pastor est\u00e1 ausente, as\u00ed el hijo de Tideo se abalanzaba a los tracios, hasta que mat\u00f3 a doce. A cu\u00e1ntos aqu\u00e9l her\u00eda con la espada, el ingenioso Ulises, asi\u00e9ndolos por un pie, los apartaba del camino, para que luego los corceles de hermosas crines pudieran pasar f\u00e1cilmente y no se asustasen de pisar cad\u00e1veres, a lo cual no estaban acostumbrados. Lleg\u00f3 el hijo de Tideo adonde yac\u00eda el rey, y fue \u00e9ste el decimotercio a quien priv\u00f3 de la dulce vida, mientras daba un suspiro; pues en aquella noche el nieto de Eneo aparec\u00edase en desagradable ensue\u00f1o a Reso, por orden de Atenea. Durante este tiempo el paciente Ulises desat\u00f3 los sol\u00edpedos caballos, los lig\u00f3 con las riendas y los sac\u00f3 del ej\u00e9rcito aguij\u00e1ndolos con el arco, porque se le olvid\u00f3 tomar el magn\u00edfico l\u00e1tigo que hab\u00eda en el labrado carro. Y en seguida silb\u00f3, haciendo se\u00f1a al divino Diomedes.<\/p>\n<p>\u00a0Mas \u00e9ste, qued\u00e1ndose a\u00fan, pensaba qu\u00e9 podr\u00eda hacer que fuese muy arriesgado: si se llevar\u00eda el carro con las labradas armas, ya tirando del tim\u00f3n, ya levant\u00e1ndolo en alto; o quitar\u00eda la vida a m\u00e1s tracios. En tanto que revolv\u00eda tales pensamientos en su esp\u00edritu, present\u00f3se Atenea y habl\u00f3 as\u00ed al divino Diomedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Piensa ya en volver a las c\u00f3ncavas naves, hijo del magn\u00e1nimo Tideo. No sea que hayas de llegar huyendo, si alg\u00fan otro dios despierta a los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. Diomedes, conociendo la voz de la diosa, mont\u00f3 sin dilaci\u00f3n a caballo, y tambi\u00e9n Ulises, que los aguij\u00f3 con el arco; y volaron hacia las veleras naves aqueas.<\/p>\n<p>\u00a0Apolo, que lleva arco de plata, estaba en acecho desde que advirti\u00f3 que Atenea acompa\u00f1aba al hijo de Tideo; e, indignado contra ella, entr\u00f3se por el ej\u00e9rcito de los troyanos y despert\u00f3 a Hipocoonte, valeroso caudillo tracio y sobrino de Reso. Como Hipocoonte, recordando del sue\u00f1o, viera vac\u00edo el lugar que ocupaban los caballos y a los hombres horriblemente heridos y palpitantes todav\u00eda, comenz\u00f3 a lamentarse y a llamar por su nombre al querido compa\u00f1ero. Y pronto se promovi\u00f3 gran clamoreo a inmenso tumulto entre los troyanos, que acud\u00edan en tropel y admiraban la peligrosa aventura a que unos hombres hab\u00edan dado cima, regresando luego a las c\u00f3ncavas naves.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando ambos h\u00e9roes llegaron al sitio en que hab\u00edan dado muerte al esp\u00eda de H\u00e9ctor, Ulises, caro a Zeus, detuvo los veloces caballos; y el Tidida, ape\u00e1ndose, tom\u00f3 los cruentos despojos que puso en las manos de Ulises, volvi\u00f3 a montar y pic\u00f3 a los corceles. \u00c9stos volaron gozosos hacia las c\u00f3ncavas naves, pues a ellas deseaban llegar. N\u00e9stor fue el primero que oy\u00f3 las pisadas de los caballos, y dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos, capitanes y pr\u00edncipes de los argivos! \u00bfMe enga\u00f1ar\u00e9 o ser\u00e1 verdad lo que voy a decir? El coraz\u00f3n me ordena hablar. Oigo pisadas de caballos de pies ligeros. Ojal\u00e1 Ulises y el fuerte Diomedes trajeran del campo troyano sol\u00edpedos corceles; pero mucho temo que a los m\u00e1s valientes argivos les haya ocurrido alg\u00fan percance en el ej\u00e9rcito troyano.<\/p>\n<p>\u00a0A\u00fan no hab\u00eda acabado de pronunciar estas palabras, cuando aqu\u00e9llos llegaron y echaron pie a tierra. Todos los saludaban alegremente con la diestra y con afectuosas palabras. Y N\u00e9stor, caballero gerenio, les pregunt\u00f3 el primero:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ea, dime, c\u00e9lebre Ulises, gloria insigne de los aqueos! \u00bfC\u00f3mo hubisteis estos caballos: penetrando en el ej\u00e9rcito troyano, o recibi\u00e9ndolos de un dios que os sali\u00f3 al camino? Muy semejantes son a los rayos del sol. Siempre entro por las filas de los troyanos; pues, aunque anciano, no me quedo en las naves, y jam\u00e1s he visto ni advertido tales corceles. Supongo que los habr\u00e9is recibido de alg\u00fan dios que os sali\u00f3 al encuentro, pues a entrambos os aman Zeus, que amontona las nubes, y su hija Atenea, la de ojos de lechuza.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el ingenioso Ulises:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1N\u00e9stor Nelida, gloria insigne de los aqueos! F\u00e1cil le ser\u00eda a un dios, si quisiera, dar caballos mejores a\u00fan que \u00e9stos, pues su poder es muy grande. Los corceles por los que preguntas, anciano, llegaron recientemente y son tracios: el valiente Diomedes mat\u00f3 al due\u00f1o y a doce de sus compa\u00f1eros, todos aventajados. Y cerca de las naves dimos muerte al decimotercio, que era un esp\u00eda enviado por H\u00e9ctor y otros troyanos ilustres a explorar este campamento.<\/p>\n<p>\u00a0De este modo habl\u00f3; y muy ufano, hizo que los sol\u00edpedos caballos pasaran el foso, y los dem\u00e1s aqueos sigui\u00e9ronlo alborozados. Cuando estuvieron en la hermosa tienda del Tidida, ataron los corceles con bien cortadas correas al pesebre, donde los caballos de Diomedes com\u00edan el trigo dulce como la miel. Ulises dej\u00f3 en la popa de su nave los cruentos despojos de Dol\u00f3n, para guardarlos hasta que ofrecieran un sacrificio a Atenea. Ambos entraron en el mar y se lavaron el abundante sudor de sus piernas, cuello y muslos. Cuando las olas les hubieron limpiado el abundante sudor del cuerpo y recreado el coraz\u00f3n, meti\u00e9ronse en pulimentadas pilas y se ba\u00f1aron. Lavados ya y ungidos con craso aceite, sent\u00e1ronse a la mesa, y, sacando de una rebosante cratera vino dulce como la miel, en honor de Atenea lo libaron.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO X Dolonia Aqueos y troyanos esp\u00edan los movimientos del contrario. 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