{"id":932,"date":"2010-11-27T22:27:07","date_gmt":"2010-11-27T20:27:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=932"},"modified":"2010-11-27T22:27:07","modified_gmt":"2010-11-27T20:27:07","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO VIII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Batalla interrumpida<\/strong><\/p>\n<p>Y la tercera es favorable a los troyanos, que quedan vencedores y pernoctan en el campo en vez de retirarse a la ciudad, y as\u00ed poder rematar la victoria al d\u00eda siguiente. Zeus, en asamblea divina hab\u00eda prohibido a los inmortales acudir en socorro de los hombres, y \u00e9l ha ayudado a los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0La Aurora, de azafranado velo, se esparc\u00eda por toda la tierra, cuando Zeus, que se complace en lanzar rayos, reuni\u00f3 el \u00e1gora de los dioses en la m\u00e1s alta de las muchas cumbres del Olimpo. Y as\u00ed les habl\u00f3, mientras ellos atentamente lo escuchaban:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1O\u00eddme todos, dioses y diosas, para que os manifieste lo que en el pecho mi coraz\u00f3n me dicta! Ninguno de vosotros, sea var\u00f3n o hembra, se atreva a transgredir mi mandato; antes bien, asentid todos, a fin de que cuanto antes lleve a cabo lo que pretendo. El dios que intente separarse de los dem\u00e1s y socorrer a los troyanos o a los d\u00e1naos, como yo lo vea, volver\u00e1 afrentosamente golpeado al Olimpo; o, cogi\u00e9ndolo, lo arrojar\u00e9 al tenebroso T\u00e1rtaro, muy lejos, en lo m\u00e1s profundo del b\u00e1ratro debajo de la tierra \u2011sus puertas son de hierro, y el umbral, de bronce, y su profundidad desde el Hades como del cielo a la tierra\u2011, y conocer\u00e1 en seguida cu\u00e1nto aventaja mi poder al de las dem\u00e1s deidades. Y, si quer\u00e9is, haced esta prueba, oh dioses, para que os convenz\u00e1is. Suspended del cielo \u00e1urea cadena, as\u00edos todos, dioses y diosas, de la misma, y no os ser\u00e1 posible arrastrar del cielo a la tierra a Zeus, \u00e1rbitro supremo, por mucho que os fatigu\u00e9is; mas, si yo me resolviese a tirar de aqu\u00e9lla, os levantar\u00eda con la tierra y el mar, atar\u00eda un cabo de la cadena en la cumbre del Olimpo, y todo quedar\u00eda en el aire. Tan superior soy a los dioses y a los hombres.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3, y todos callaron, asombrados de sus palabras, pues fue mucha la vehemencia con que se expres\u00f3. A fin, Atenea, la diosa de ojos de lechuza, dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Padre nuestro, Cronida, el m\u00e1s excelso de los soberanos! Bien sabemos que es incontrastable tu poder; pero tenemos l\u00e1stima de los belicosos d\u00e1naos, que morir\u00e1n, y se cumplir\u00e1 su aciago destino. Nos abstendremos de intervenir en el combate, si nos lo mandas; pero sugeriremos a los argivos consejos saludables, a fin de que no perezcan todos, a causa de tu c\u00f3lera.<\/p>\n<p>\u00a0Sonri\u00e9ndose, le contest\u00f3 Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Tranquil\u00edzate, Tritogenia, hija querida. No hablo con \u00e1nimo benigno, pero contigo quiero ser complaciente.<\/p>\n<p>\u00a0Esto dicho, unci\u00f3 los corceles de pies de bronce y \u00e1ureas crines, que volaban ligeros; visti\u00f3 la dorada t\u00fanica, tom\u00f3 el l\u00e1tigo de oro y fina labor y subi\u00f3 al carro. Pic\u00f3 a los caballos para que arrancaran; y \u00e9stos, gozosos, emprendieron el vuelo entre la tierra y el estrellado cielo. Pronto lleg\u00f3 al Ida, abundante en fuentes y criador de fieras, al G\u00e1rgaro, donde ten\u00eda un bosque sagrado y un perfumado altar; all\u00ed el padre de los hombres y de los dioses detuvo los corceles, los desenganch\u00f3 del carro y los cubri\u00f3 de espesa niebla. Sent\u00f3se luego en la cima, ufano de su gloria, y se puso a contemplar la ciudad troyana y las naves aqueas.<\/p>\n<p>\u00a0Los melenudos aqueos se desayunaron apresuradamente en las tiendas, y en seguida tomaron las armas. Tambi\u00e9n los troyanos se armaron dentro de la ciudad; y, aunque eran menos, estaban dispuestos a combatir, obligados por la cruel necesidad de proteger a sus hijos y mujeres: abri\u00e9ronse todas las puertas, sali\u00f3 el ej\u00e9rcito de infantes y de los que peleaban en carros, y se produjo un gran tumulto.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando los dos ej\u00e9rcitos llegaron a juntarse, chocaron entre s\u00ed los escudos, las lanzas y el valor de los guerreros armados de bronc\u00edneas corazas, y al aproximarse las abollonadas rodelas se produjo un gran tumulto. All\u00ed se o\u00edan simult\u00e1neamente los lamentos de los moribundos y los gritos jactanciosos de los matadores, y la tierra manaba sangre.<\/p>\n<p>\u00a0Al amanecer y mientras iba aumentando la luz del sagrado d\u00eda, los dardos alcanzaban por igual a unos y a otros, y los hombres ca\u00edan. Cuando el sol hubo recorrido la mitad del cielo, el padre Zeus tom\u00f3 la balanza de oro, puso en ella dos destinos de la muerte que tiende a lo largo \u2011el de los troyanos, domadores de caballos, y el de los aqueos, de bronc\u00edneas lorigas\u2011; cogi\u00f3 por el medio la balanza, la despleg\u00f3 y tuvo m\u00e1s peso el d\u00eda fatal de los aqueos. Los destinos de \u00e9stos bajaron hasta llegar a la f\u00e9rtil tierra, mientras los de los troyanos sub\u00edan al espacioso cielo. Zeus, entonces, tron\u00f3 fuerte desde el Ida y envi\u00f3 una ardiente centella a los aqueos, quienes, al verla, se pasmaron, sobrecogidos de p\u00e1lido temor.<\/p>\n<p>\u00a0Ya no se atrevieron a permanecer en el campo ni Idomeneo, ni Agamen\u00f3n, ni los dos Ayantes, servidores de Ares; y s\u00f3lo se qued\u00f3 N\u00e9stor gerenio, protector de los aqueos, contra su voluntad, por tener malparado uno de los corceles, al cual el divino Alejandro, esposo de Helena, la de hermosa cabellera, hab\u00eda herido con una flecha en lo alto de la cabeza, donde las crines empiezan a crecer y las heridas son mortales. El caballo, al sentir el dolor, se encabrit\u00f3, y la flecha le penetr\u00f3 el cerebro; y, revolc\u00e1ndose para sacudir el bronce, espant\u00f3 a los dem\u00e1s caballos. Mientras el anciano se daba prisa a cortar con la espada las correas del ca\u00eddo corcel, vinieron por entre la muchedumbre los veloces caballos de H\u00e9ctor, tirando del carro en que iba tan audaz guerrero. Y el anciano perdiera ah\u00ed la vida, si al punto no lo hubiese advertido Diomedes, valiente en la pelea; el cual, vociferando de un modo horrible, dijo a Ulises:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Ulises, fecundo en ardides! \u00bfAd\u00f3nde huyes, confundido con la turba y volviendo la espalda como un cobarde? Mira que alguien, mientras huyes, no te clave la lanza en el dorso. Pero aguarda y apartaremos del anciano al feroz guerrero.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo, y el paciente divino Ulises pas\u00f3 sin o\u00edrlo, corriendo hacia las c\u00f3ncavas naves de los aqueos. El Tidida, aunque estaba solo, se abri\u00f3 paso por las primeras filas; y, deteni\u00e9ndose ante el carro del viejo Nelida, pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh anciano! Los guerreros mozos te acosan y te hallas sin fuerzas, abrumado por la molesta senectud; tu escudero tiene poco vigor y tus caballos son tardos. Sube a mi carro para que veas cu\u00e1les son los corceles de Tros que quit\u00e9 a Eneas, el que pone en fuga a sus enemigos, y c\u00f3mo saben tanto perseguir ac\u00e1 y acull\u00e1 de la llanura, como huir ligeros. De los tuyos cuiden los servidores; y nosotros dirijamos \u00e9stos hacia los troyanos, domadores de caballos, para que H\u00e9ctor sepa con qu\u00e9 furia se mueve la lanza en mis manos.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y N\u00e9stor, caballero gerenio, no desobedeci\u00f3. Encarg\u00e1ronse de sus yeguas los bravos escuderos Est\u00e9nelo y Eurimedonte valeroso; y habiendo subido ambos h\u00e9roes al carro de Diomedes, N\u00e9stor cogi\u00f3 las lustrosas riendas y avisp\u00f3 a los caballos, y pronto se hallaron cerca de H\u00e9ctor. El hijo de Tideo arroj\u00f3le un dardo, cuando H\u00e9ctor deseaba acometerlo, y si bien err\u00f3 el tiro, hiri\u00f3 en el pecho cerca de la tetilla a Eniopeo, hijo del animoso Tebeo, que, como auriga, gobernaba las riendas: Eniopeo cay\u00f3 del carro, cejaron los veloces corceles y ah\u00ed terminaron la vida y el valor del guerrero. Hondo pesar sinti\u00f3 el esp\u00edritu de H\u00e9ctor por tal muerte; pero, aunque condolido del compa\u00f1ero, dej\u00f3le en el suelo y busc\u00f3 otro auriga que fuese osado. Poco tiempo estuvieron los caballos sin conductor, pues H\u00e9ctor encontr\u00f3se con el ardido Arquept\u00f3lemo If\u00edtida, y, haci\u00e9ndole subir al carro de que tiraban los \u00e1giles corceles, le puso las riendas en la mano.<\/p>\n<p>\u00a0Entonces gran estrago a irreparables males se hubieran producido y los troyanos habr\u00edan sido encerrados en Ilio como corderos, si al punto no lo hubiese advertido el padre de los hombres y de los dioses. Tronando de un modo espantoso, despidi\u00f3 un ardiente rayo para que cayera en el suelo delante de los caballos de Diomedes; el azufre encendido produjo una terrible llama; los corceles, asustados, acurruc\u00e1ronse debajo del carro; las lustrosas riendas cayeron de las manos de N\u00e9stor, y \u00e9ste, con miedo en el coraz\u00f3n, dijo a Diomedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Tidida! Tuerce la rienda a los sol\u00edpedos caballos y huyamos. \u00bfNo conoces que la protecci\u00f3n de Zeus ya no te acompa\u00f1a? Hoy Zeus Cronida otorga a \u00e9se la victoria; otro d\u00eda, si le place, nos la dar\u00e1 a nosotros. Ning\u00fan hombre, por fuerte que sea, puede impedir los prop\u00f3sitos de Zeus, porque el dios es mucho m\u00e1s poderoso.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Diomedes, valiente en la pelea:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011S\u00ed, anciano, oportuno es cuanto acabas de decir, pero un terrible pesar me llega al coraz\u00f3n y al alma. Quiz\u00e1 diga H\u00e9ctor, arengando a los troyanos: \u00abEl Tidida lleg\u00f3 a las naves, puesto en fuga por mi lanza\u00bb As\u00ed se jactar\u00e1; y entonces \u00e1braseme la vasta tierra.<\/p>\n<p>\u00a0Replic\u00f3le N\u00e9stor, caballero gerenio:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ay de m\u00ed! \u00a1Qu\u00e9 dijiste, hijo del belicoso Tideo! Si H\u00e9ctor te llamare cobarde y flaco, no lo creer\u00e1n ni los troyanos, ni los dardanios, ni las mujeres de los troyanos magn\u00e1nimos, escudados, cuyos esposos florecientes derribaste en el polvo.<\/p>\n<p>\u00a0Dichas estas palabras, volvi\u00f3 la rienda a los sol\u00edpedos caballos, y empezaron a huir por entre la turba. Los troyanos y H\u00e9ctor, promoviendo inmenso alboroto, hac\u00edan llover sobre ellos da\u00f1osos tiros. Y el gran H\u00e9ctor, el de tremolante casco, gritaba con voz recia:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Tidida! Los d\u00e1naos, de \u00e1giles corceles, te ced\u00edan la preferencia en el asiento y te obsequiaban con carne y copas de vino; mas ahora te despreciar\u00e1n, porque te has vuelto como una mujer. Anda, t\u00edmida doncella; ya no escalar\u00e1s nuestras torres, venci\u00e9ndome a m\u00ed, ni te llevar\u00e1s nuestras mujeres en las naves, porque antes te dar\u00e9 la muerte.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. El Tidida estaba indeciso entre seguir huyendo o torcer la rienda a los corceles y volver a pelear. Tres veces se le present\u00f3 la duda en la mente y en el coraz\u00f3n, y tres veces el pr\u00f3vido Zeus tron\u00f3 desde los montes ideos para anunciar a los troyanos que suya ser\u00eda en aquel combate la inconstante victoria. Y H\u00e9ctor los animaba, diciendo a voz en grito:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Troyanos, licios, d\u00e1rdanos que cuerpo a cuerpo combat\u00eds! Sed hombres, amigos, y mostrad vuestro impetuoso valor. Conozco que el Cronida me concede, ben\u00e9volo, la victoria y una gloria inmensa y env\u00eda la perdici\u00f3n a los d\u00e1naos; quienes, oh necios, construyeron esos muros d\u00e9biles y despreciables que no podr\u00e1n contener mi arrojo, pues los caballos salvar\u00e1n f\u00e1cilmente el cavado foso. Cuando llegue a las c\u00f3ncavas naves, acordaos de traerme el voraz fuego para que las incendie y mate junto a ellas a los argivos aturdidos por el humo.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y exhort\u00f3 a sus caballos con estas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfJanto, Podargo, Et\u00f3n, divino Lampo! Ahora deb\u00e9is pagarme el exquisito cuidado con que Andr\u00f3maca, hija del magn\u00e1nimo Eeti\u00f3n, os ofrec\u00eda el regalado trigo y os mezclaba vinos para que pudieseis, bebiendo, satisfacer vuestro apetito antes que a m\u00ed, que me glor\u00edo de ser su floreciente esposo. Seguid el alcance, esforzaos, para ver si nos apoderamos del escudo de N\u00e9stor, cuya fama llega hasta el cielo por ser todo de oro, sin exceptuar las abrazaderas, y le quitamos de los hombros a Diomedes, domador de caballos, la labrada coraza que Hefesto fabric\u00f3. Creo que, si ambas cosas consigui\u00e9ramos, los aqueos se embarcar\u00edan esta misma noche en las veleras naves.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3, vanaglori\u00e1ndose. La veneranda Hera, indignada, se agit\u00f3 en su trono, haciendo estremecer el espacioso Olimpo, y dijo al gran dios Poseid\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! \u00a1Prepotente Poseid\u00f3n que bates la tierra! \u00bfTu coraz\u00f3n no se compadece de los d\u00e1naos moribundos que tantos y tan lindos presentes lo llevan a H\u00e9lice y a Egas? Dec\u00eddete a darles la victoria. Si cuantos protegemos a los d\u00e1naos quisi\u00e9ramos rechazar a los troyanos y contener al largovidente Zeus, \u00e9ste se aburrir\u00eda sentado solo all\u00e1 en el Ida.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le muy indignado el poderoso dios que sacude la tierra:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfQu\u00e9 palabras proferiste, audaz Hera? Yo no quisiera que los dem\u00e1s dioses luch\u00e1ramos con Zeus Croni\u00f3n porque nos aventaja mucho en poder.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed \u00e9stos conversaban. Cuanto espacio encerraba el foso desde la torre hasta las naves llen\u00f3se de carros y hombres escudados que a\u00ed acorral\u00f3 H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, igual al impetuoso Ares, cuanto Zeus le dio gloria. Y el h\u00e9roe hubiese pegado ardiente fuego a las naves bien proporcionadas a no haber sugerido la venerable Hera a Agamen\u00f3n, aunque \u00e9ste no se descuidaba, que animara pronto a los aqueos. Fuese el Atrida hacia las tiendas y las naves aqueas con el grande purp\u00fareo manto en el robusto brazo, y subi\u00f3 a la ingente nave negra de Ulises, que estaba en el centro, para que lo oyeran por ambos lados hasta las tiendas de Ayante Telamonio y de Aquiles, los cuales hab\u00edan puesto sus bajeles en los extremos porque confiaban en su valor y en la fuerza de sus brazos. Y con voz penetrante gritaba a los d\u00e1naos:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Qu\u00e9 verg\u00fcenza, argivos, hombres sin dignidad, admirables s\u00f3lo por la figura! \u00bfQu\u00e9 es de la jactancia con que nos glori\u00e1bamos de ser valent\u00edsimos, y con que dec\u00edais presuntuosamente en Lemnos, comiendo abundante carne de bueyes de erguida cornamenta y bebiendo crateras coronadas de vino, que cada uno har\u00eda frente en la batalla a ciento y a doscientos troyanos? Ahora ni con uno podemos, con H\u00e9ctor, que pronto pegar\u00e1 ardiente fuego a las naves. \u00a1Padre Zeus! \u00bfHiciste sufrir tama\u00f1a desgracia y privaste de una gloria tan grande a alg\u00fan otro de los prepotentes reyes? Cuando vine, no pas\u00e9 de largo en la nave de muchos bancos por ninguno de tus bellos altares, sino que en todos quem\u00e9 grasa y muslos de buey, deseoso de asolar la bien murada Troya. Por Canto, oh Zeus, c\u00fampleme este voto: d\u00e9janos escapar y librarnos de este peligro, y no permitas que los troyanos maten a los aqueos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. El padre, compadecido de verle derramar l\u00e1grimas, le concedi\u00f3 que su pueblo se salvara y no pereciese; y en seguida mand\u00f3 un \u00e1guila, la mejor de las aves agoreras, que ten\u00eda en las garras el hijuelo de una veloz cierva y lo dej\u00f3 caer al pie del ara hermosa de Zeus, donde los aqueos ofrec\u00edan sacrificios al dios, como autor de los presagios todos. Cuando ellos vieron que el ave hab\u00eda sido enviada por Zeus, arremetieron con m\u00e1s \u00edmpetu contra los troyanos y s\u00f3lo en combatir pensaron.<\/p>\n<p>\u00a0Entonces ninguno de los d\u00e1naos, aunque eran muchos, pudo gloriarse de haber revuelto sus veloces caballos para pasar el foso y resistir el ataque, antes que el Tidida. Fue \u00e9ste el primero que mat\u00f3 a un guerrero troyano, a Agelao Fradm\u00f3nida, que, subido en el carro, emprend\u00eda la fuga: hundi\u00f3le la pica en la espalda, entre los hombros, y la punta sali\u00f3 por el pecho; Agelao cay\u00f3 del carro y sus armas resonaron.<\/p>\n<p>\u00a0Siguieron a Diomedes los Atridas, Agamen\u00f3n y Menelao; los Ayantes, revestidos de impetuoso valor; Idomeneo y su servidor Meriones, igual al homicida Enialio; Eur\u00edpilo, hijo ilustre de Evem\u00f3n; y en noveno lugar, Teucro, que, con el flexible arco en la mano, se escond\u00eda detr\u00e1s del escudo de Ayante Telamon\u00edada. \u00c9ste levantaba el escudo; y Teucro, volviendo el rostro a todos lados, flechaba a uno de la turba que ca\u00eda mortalmente herido, y al momento tornaba a refugiarse en Ayante (como un ni\u00f1o en su madre), quien lo cubr\u00eda otra vez con el refulgente escudo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00bfCu\u00e1l fue el primero, cu\u00e1l el \u00faltimo de los que entonces mat\u00f3 el eximio Teucro? Ors\u00edloco el primero, \u00d3rmeno, Ofelestes, D\u00e9tor, Cromio, Licofontes igual a un dios, Amopa\u00f3n Poliem\u00f3nida y Melanipo. A tantos derrib\u00f3 sucesivamente al almo suelo. El rey de hombres, Agamen\u00f3n, se holg\u00f3 de ver que Teucro destru\u00eda las falanges troyanas, disparando el fuerte arco; y, poni\u00e9ndose a su lado, le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Caro Teucro Telamonio, pr\u00edncipe de hombres! Sigue arrojando flechas, por si acaso llegas a ser la aurora de salvaci\u00f3n de los d\u00e1naos y honras a to padre Telam\u00f3n, que te cri\u00f3 cuando eras ni\u00f1o y te educ\u00f3 en su casa, a pesar de tu condici\u00f3n de bastardo; ya que est\u00e1 lejos de aqu\u00ed, c\u00fabrele de gloria. Lo que voy a decir se cumplir\u00e1: Si Zeus, que lleva la \u00e9gida, y Atenea me permiten destruir la bien edificada ciudad de Ilio, te pondr\u00e9 en la mano, como premio de honor \u00fanicamente inferior al m\u00edo, o un tr\u00edpode o dos corceles con su correspondiente carro o una mujer que comparta el lecho contigo.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el eximio Teucro:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Glorios\u00edsimo Atrida! \u00bfPor qu\u00e9 me instigas cuando ya, sol\u00edcito, hago lo que puedo? Desde que los rechazamos hacia Ilio mato hombres, vali\u00e9ndome del arco. Ocho flechas de larga punta tir\u00e9, y todas se clavaron en el cuerpo de j\u00f3venes llenos de marcial furor; pero no consigo herir a ese perro rabioso.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y, apercibiendo el arco, envi\u00f3 otra flecha a H\u00e9ctor con intenci\u00f3n de herirlo. Tampoco acert\u00f3, pero la saeta se clav\u00f3 en el pecho del eximio Gorgiti\u00f3n, valeroso hijo de Pr\u00edamo y de la bella Castianira, oriunda de Esima, cuyo cuerpo al de una diosa semejaba. Como en un jard\u00edn inclina la amapola su tallo, comb\u00e1ndose al peso del fruto o de los aguaceros primaverales, de semejante modo inclin\u00f3 el guerrero la cabeza que el casco hac\u00eda ponderosa.<\/p>\n<p>\u00a0Teucro arm\u00f3 nuevamente el arco, envi\u00f3 otra saeta a H\u00e9ctor, con \u00e1nimo de herirlo, y tambi\u00e9n err\u00f3 el tiro, por haberlo desviado Apolo; pero hiri\u00f3 en el pecho cerca de la tetilla a Arquept\u00f3lemo, osado auriga de H\u00e9ctor, cuando se lanzaba a la pelea. Arquept\u00f3lemo cay\u00f3 del carro, cejaron los corceles de pies ligeros, y a\u00ed terminaron la vida y el valor del guerrero. Hondo pesar sinti\u00f3 el esp\u00edritu de H\u00e9ctor por tal muerte; pero, aunque condolido del compa\u00f1ero, dej\u00f3lo y mand\u00f3 a su propio hermano Cebr\u00edones, que se hallaba cerca, que empu\u00f1ara las riendas de los caballos. Oy\u00f3le \u00e9ste y no desobedeci\u00f3. H\u00e9ctor salt\u00f3 del refulgente carro al suelo, y, vociferando de un modo espantoso, cogi\u00f3 una piedra y encamin\u00f3se hacia Teucro con el prop\u00f3sito de herirlo. Teucro, a su vez, sac\u00f3 del carcaj una acerba flecha, y ya estiraba la cuerda del arco, cuando H\u00e9ctor, el de tremolante casco, acert\u00f3 a darle con la \u00e1spera piedra cerca del hombro, donde la clav\u00edcula separa el cuello del pecho y las heridas son mortales, y le rompi\u00f3 el nervio: entorpeci\u00f3se el brazo, Teucro cay\u00f3 de hinojos y el arco se le fue de las manos. Ayante no abandon\u00f3 al hermano ca\u00eddo en el suelo, sino que, corriendo a defenderlo, lo cubri\u00f3 con el escudo. Acudieron dos fieles compa\u00f1eros, Mecisteo, hijo de Equio, y el divino Al\u00e1stor; y, cogiendo a Teucro, que daba grandes suspiros, lo llevaron a las c\u00f3ncavas naves.<\/p>\n<p>\u00a0El Ol\u00edmpico volvi\u00f3 a excitar el valor de los troyanos, los cuales hicieron arredrar a los aqueos en derechura al profundo foso. H\u00e9ctor iba con los delanteros, haciendo gala de su fuerza. Como el perro que acosa con \u00e1giles pies a un jabal\u00ed o a un le\u00f3n, lo muerde por detr\u00e1s, ya los muslos, ya las nalgas, y observa si vuelve la cara; de igual modo persegu\u00eda H\u00e9ctor a los melenudos aqueos, matando al que se rezagaba, y ellos hu\u00edan espantados. Cuando atravesaron la empalizada y el foso, muchos sucumbieron a manos de los troyanos; los dem\u00e1s no pararon hasta las naves, y as\u00ed se animaban los unos a los otros, y con los brazos levantados oraban en voz alta a todas las deidades. H\u00e9ctor revolv\u00eda por todas partes los corceles de hermosas crines; y sus ojos parec\u00edan los de Gorgona o los de Ares, peste de los hombres.<\/p>\n<p>\u00a0Hera, la diosa de los n\u00edveos brazos, al ver a los aqueos compadeci\u00f3los, en seguida dirigi\u00f3 a Atenea estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! \u00a1Hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida! \u00bfNo nos cuidaremos de socorrer, aunque tarde, a los d\u00e1naos moribundos? Perecer\u00e1n, cumpli\u00e9ndose su aciago destino, por el arrojo de un solo hombre, de H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, que se enfurece de intolerable modo y ya ha causado gran estrago.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Atenea, la diosa de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>\u00a0Tiempo ha que \u00e9se hubiera perdido fuerza y vida, muerto en su patria tierra por los aqueos; pero mi padre revuelve en su mente funestos prop\u00f3sitos, \u00a1cruel, siempre injusto, desbaratador de mis planes!, y no recuerda cu\u00e1ntas veces salv\u00e9 a su hijo abrumado por los trabajos que Euristeo le hab\u00eda impuesto: clamaba al cielo, llorando, y Zeus me enviaba a socorrerlo. Si mi precavida mente hubiese sabido lo de ahora, no hubiera escapado el hijo de Zeus de las hondas corrientes de la \u00c9stige, cuando aqu\u00e9l lo mand\u00f3 que fuera a la mansi\u00f3n de Hades, de s\u00f3lidas puertas, y sacara del \u00c9rebo el horrendo can de Hades. Al presente Zeus me aborrece y cumple los deseos de Tetis, que bes\u00f3 sus rodillas y le toc\u00f3 la barba, suplic\u00e1ndole que honrase a Aquiles, asolador de ciudades. D\u00eda vendr\u00e1 en que me llame nuevamente su amada hija, la de ojos de lechuza. Pero unce los solipedos corceles, mientras yo, entrando en el palacio de Zeus, que lleva la \u00e9gida, me armo para el combate; quiero ver si el hijo de Pr\u00edamo, H\u00e9ctor, el de tremolante casco, se alegrar\u00e1 cuando aparezcamos en el campo de la batalla. Alguno de los troyanos, cayendo junto a las naves aqueas, saciar\u00e1 con su grasa y con su carne a los perros y a las aves.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y Hera, la diosa de los n\u00edveos brazos, no fue desobediente. La venerable diosa Hera, hija del gran Crono, aprest\u00f3 sol\u00edcita los caballos de \u00e1ureos jaeces. Y Atenea, hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida, dej\u00f3 caer al suelo el hermoso peplo bordado que ella misma hab\u00eda tejido y labrado con sus manos; visti\u00f3 la t\u00fanica de Zeus, que amontona las nubes, y se arm\u00f3 para la luctuosa guerra. Y subiendo al flamante carro, asi\u00f3 la lanza ponderosa, larga, fornida, con que la hija del prepotente padre destruye filas entenas de h\u00e9roes cuando contra ellos monta en c\u00f3lera. Hera pic\u00f3 con el l\u00e1tigo a los corceles, y abri\u00e9ronse de propio impulso rechinando las puertas del cielo de que cuidan las Horas \u2011a ellas est\u00e1 confiado el espacioso cielo y el Olimpo\u2011, para remover o colocar delante la densa nube. Por all\u00ed, por entre las puertas, dirigieron aquellas deidades los corceles, d\u00f3ciles al l\u00e1tigo.<\/p>\n<p>\u00a0El padre de Zeus, apenas las vio desde el Ida, se encendi\u00f3 en c\u00f3lera; y al punto llam\u00f3 a Iris, la de doradas alas, para que le sirviese de mensajera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Anda, ve, r\u00e1pida Iris! Haz que se vuelvan y no les dejes llegar a mi presencia, porque ning\u00fan beneficio les reportar\u00e1 luchar conmigo. Lo que voy a decir se cumplir\u00e1: Encojer\u00e9les los briosos corceles; las derribar\u00e9 del carro, que romper\u00e9 luego, y ni en diez a\u00f1os cumplidos sanar\u00e1n de las heridas que les produzca el rayo, para que conozca la de ojos de lechuza que es con su padre contra quien combate. Con Hera no me irrito ni me encolerizo tanto, porque siempre ha solido. oponerse a cuanto digo.<\/p>\n<p>\u00a0 De tal modo habl\u00f3 Iris, la de los pies r\u00e1pidos como el hurac\u00e1n, se levant\u00f3 para llevar el mensaje; descendi\u00f3 de los montes ideos; y, alcanzando a las diosas en la entrada del Olimpo, en valles abundoso, hizo que se detuviesen, y les transmiti\u00f3 la orden de Zeus:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfAd\u00f3nde corr\u00e9is? \u00bfPor qu\u00e9 en vuestro pecho el coraz\u00f3n se enfurece? No consiente el Cronida que se socorra a los argivos. Ved aqu\u00ed lo que har\u00e1 el hijo de Crono si cumple su amenaza: Os encojar\u00e1 los briosos caballos, os derribar\u00e1 del carro, que romper\u00e1 luego, y ni en diez a\u00f1os cumplidos sanar\u00e9is de las heridas que os produzca el rayo; para que conozcas t\u00fa, la de ojos de lechuza, que es con tu padre contra quien combates. Con Hera no se irrita ni se encoleriza tanto, porque siempre ha solido oponerse a cuanto dice. \u00a1Pero t\u00fa, temeraria, perra desvergonzada, si realmente te atrevieras a levantar contra Zeus la formidable lanza&#8230;!<\/p>\n<p>\u00a0Cuando esto hubo dicho, fuese Iris, la de los pies ligeros; y Hera dirigi\u00f3 a Atenea estas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! \u00a1Hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida! Ya no permito que por los mortales peleemos con Zeus. Mueran unos y vivan otros, cualesquiera que fueren; y aqu\u00e9l sea juez, como le corresponde, y d\u00e9 a los troyanos y a los d\u00e1naos lo que su esp\u00edritu acuerde.<\/p>\n<p>\u00a0Esto dicho, torci\u00f3 la rienda a los sol\u00edpedos caballos. Las Horas desuncieron los corceles de hermosas crines, los ataron a pesebres divinos y apoyaron el carro en el reluciente muro. Y las diosas, que ten\u00edan el coraz\u00f3n afligido, se sentaron en \u00e1ureos tronos mezcladamente con las dem\u00e1s deidades.<\/p>\n<p>\u00a0El padre Zeus, subiendo al carro de hermosas ruedas, gui\u00f3 los caballos desde el Ida al Olimpo y lleg\u00f3 a la mansi\u00f3n de los dioses; y a\u00ed el \u00ednclito dios que sacude la tierra desunci\u00f3 los corceles, puso el carro en el estrado y lo cubri\u00f3 con un velo de lino. El largovidente Zeus tom\u00f3 asiento en el \u00e1ureo trono y el inmenso Olimpo tembl\u00f3 debajo de sus pies. Atenea y Hera, sentadas aparte y a distancia de Zeus, nada le dijeron ni preguntaron; mas \u00e9l comprendi\u00f3 en su mente lo que pensaban, y dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfPor qu\u00e9 os hall\u00e1is tan abatidas, Atenea y Hera? No os habr\u00e9is fatigado mucho en la batalla, donde los varones adquieren gloria, matando troyanos, contra quienes sent\u00eds vehemente rencor. Son tales mi fuerza y mis manos invictas, que no me har\u00edan cambiar de resoluci\u00f3n cuantos dioses hay en el Olimpo. Pero os temblaron los hermosos miembros antes que llegarais a ver el combate y sus terribles hechos. Dir\u00e9 lo que en otro caso hubiera ocurrido: Heridas por el rayo, no hubieseis vuelto en vuestro carro al Olimpo, donde se halla la mansi\u00f3n de los inmortales.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Atenea y Hera, que ten\u00edan los asientos contiguos y pensaban en causar da\u00f1o a los troyanos, mordi\u00e9ronse los labios. Atenea, aunque airada contra su padre y pose\u00edda de feroz c\u00f3lera, guard\u00f3 silencio y nada dijo; pero a Hera la ira no le cupo en el pecho, y exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Crudel\u00edsimo Cronida! \u00a1Qu\u00e9 palabras proferiste! Bien sabemos que es incontrastable tu poder; pero tenemos l\u00e1stima de los belicosos d\u00e1naos, que morir\u00e1n, y se cumplir\u00e1 su aciago destino. Nos abstendremos de intervenir en la lucha, si nos lo mandas, pero sugeriremos a los argivos consejos saludables para que no perezcan todos v\u00edctimas de tu c\u00f3lera.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011En la pr\u00f3xima ma\u00f1ana ver\u00e1s, si quieres, oh Hera veneranda, la de ojos de novilla, c\u00f3mo el prepotente Croni\u00f3n hace gran riza en el ej\u00e9rcito de los belicosos argivos. Y el impetuoso H\u00e9ctor no dejar\u00e1 de pelear hasta que junto a las naves se levante el Pelida, el de los pies ligeros, el d\u00eda aquel en que combatan cerca de las popas y en estrecho espacio por el cad\u00e1ver de Patroclo. As\u00ed lo decret\u00f3 el hado, y no me importa que te irrites. Aunque lo vayas a los confines de la tierra y del mar, donde moran J\u00e1peto y Crono, que no disfrutan de los rayos del Sol Hiperi\u00f3n ni de los vientos, y se hallan rodeados por el profundo T\u00e1rtaro; aunque, errante, llegues hasta all\u00ed, no me importar\u00e1 verte enojada, porque no hay nada m\u00e1s impudente que t\u00fa.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y Hera, la de los n\u00edveos brazos, nada respondi\u00f3. La brillante luz del sol se hundi\u00f3 en el Oc\u00e9ano, trayendo sobre la alma tierra la noche obscura. Contrari\u00f3 a los troyanos la desaparici\u00f3n de la luz; mas para los aqueos lleg\u00f3 grata, muy deseada, la tenebrosa noche.<\/p>\n<p>\u00a0El esclarecido H\u00e9ctor reuni\u00f3 a los troyanos en la ribera del voraginoso Janto, lejos de las naves, en un lugar limpio donde el suelo no aparec\u00eda cubierto de cad\u00e1veres. Aqu\u00e9llos descendieron de los carros y escucharon a H\u00e9ctor, caro a Zeus, que arrimado a su lama de once codos, cuya reluciente bronc\u00ednea punta estaba sujeta por \u00e1ureo anillo, as\u00ed los arengaba:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1O\u00eddme, troyanos, d\u00e1rdanos y aliados! En el d\u00eda de hoy esperaba volver a la ventosa Ilio despu\u00e9s de destruir las naves y acabar con todos los aqueos; pero nos quedamos a obscuras, y esto ha salvado a los argivos y a las naves que tienen en la playa. Obedezcamos ahora a la noche sombr\u00eda y ocup\u00e9monos en preparar la cena; desuncid de los carros a los corceles de hermosas crines y echadles el pasto; traed pronto de la ciudad bueyes y ping\u00fces ovejas, y de vuestras casas pan y vino, que alegra el coraz\u00f3n; amontonad abundante le\u00f1a y encendamos muchas hogueras que ardan hasta que despunte la aurora, hija de la ma\u00f1ana, y cuyo resplandor llegue al cielo: no sea que los melenudos aqueos intenten huir esta noche por el ancho dorso del mar. No se embarquen tranquilos y sin ser molestados, sino que alguno tenga que curarse en su casa una lanzada o un flechazo recibido al subir a la nave, para que tema quien ose mover la luctuosa guerra a los troyanos, domadores de caballos. Los heraldos, caros a Zeus, vayan a la poblaci\u00f3n y pregonen que los adolescentes y los ancianos de canosas sienes se re\u00fanan en las torres que fueron construidas por las deidades y circundan la ciudad; que las t\u00edmidas mujeres enciendan grandes fogatas en sus respectivas casas, y que la guardia sea continua para que los enemigos no entren insidiosamente en la ciudad mientras los hombres est\u00e9n fuera. H\u00e1gase como os lo encargo, magn\u00e1nimos troyanos. Dichas quedan las palabras que al presente convienen; ma\u00f1ana os arengar\u00e9 de nuevo, troyanos domadores de caballos; y espero que, con la protecci\u00f3n de Zeus y de las otras deidades, echar\u00e9 de aqu\u00ed a esos perros rabiosos, tra\u00eddos por las parcas en los negros bajeles. Durante la noche hagamos guardia nosotros mismos; y ma\u00f1ana, al comenzar el d\u00eda, tomaremos las armas para trabar vivo combate junto a las c\u00f3ncavas naves. Ver\u00e9 si el fuerte Diomedes Tidida me hace retroceder de las naves al muro, o si lo mato con el bronce y me llevo sus cruentos despojos. Ma\u00f1ana probar\u00e1 su valor, si me aguarda cuando lo acometa con la lanza; mas conf\u00edo en que, as\u00ed que salga el sol, caer\u00e1 herido entre los combatientes delanteros, y con \u00e9l muchos de sus camaradas. As\u00ed fuera yo inmortal, no tuviera que envejecer y gozara de los mismos honores que Atenea o Apolo, como este d\u00eda ser\u00e1 funesto para los argivos.<\/p>\n<p>\u00a0De este modo areng\u00f3 H\u00e9ctor, y los troyanos lo aclamaron. Desuncieron de debajo del yugo los sudados corceles y at\u00e1ronlos con correas junto a sus respectivos carros; sacaron pronto de la ciudad bueyes y ping\u00fces ovejas, y de las casas pan y vino, que alegra el coraz\u00f3n, y amontonaron abundante le\u00f1a. Despu\u00e9s ofrecieron hecatombes perfectas a los inmortales, y los vientos llevaban de la llanura al cielo el suave olor de la grasa quemada; pero los bienaventurados dioses no quisieron aceptar la ofrenda, porque se les hab\u00eda hecho odiosa la sagrada Ilio y Pr\u00edamo y su pueblo armado con lanzas de fresno.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed, tan alentados, permanecieron toda la noche en el campo, donde ard\u00edan muchos fuegos. Como en noche de calma aparecen las radiantes estrellas en torno de la fulgente luna, y se descubren los promontorios, cimas y valles, porque en el cielo se ha abierto la vasta regi\u00f3n et\u00e9rea, vense todos los astros, y al pastor se le alegra el coraz\u00f3n: en tan gran n\u00famero eran las hogueras que, encendidas por los troyanos, quemaban ante Ilio entre las naves y la corriente del Janto. Mil fuegos ard\u00edan en la llanura, y en cada uno se agrupaban cincuenta hombres a la luz de la ardiente llama. Y los caballos, comiendo cerca de los carros avena y blanca cebada, esperaban la llegada de la Aurora, la de hermoso trono.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO VIII Batalla interrumpida Y la tercera es favorable a los troyanos, que quedan vencedores y pernoctan en el campo en vez de retirarse a la ciudad, y as\u00ed poder rematar la victoria al d\u00eda siguiente. Zeus, en asamblea divina hab\u00eda prohibido a los inmortales acudir en socorro de los\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1016,1012,1018,1015,1034,1289,1287,1115,1079,1025,1046,1033],"class_list":["post-932","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-flor","tag-guerra","tag-homero","tag-iliada","tag-jovenes","tag-mito","tag-rosa","tag-salud","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-viii-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-viii-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2010-11-27T20:27:07+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"120\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Admin\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Admin\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"28 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Admin\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\"},\"headline\":\"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero]\",\"datePublished\":\"2010-11-27T20:27:07+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/\"},\"wordCount\":5698,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"keywords\":[\"arte\",\"ave\",\"ayuda\",\"flor\",\"guerra\",\"Homero\",\"Iliada\",\"j\u00f3venes\",\"mito\",\"rosa\",\"salud\",\"vino\"],\"articleSection\":[\"Literatura \\\/ Po\u00e9tica\",\"Textos literarios\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/\",\"name\":\"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2010-11-27T20:27:07+00:00\",\"description\":\"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero]\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"name\":\"Blog Cultureduca\",\"description\":\"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"alternateName\":\"Blog Cultura educativa\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\",\"name\":\"ASOCAE\",\"alternateName\":\"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"width\":22,\"height\":24,\"caption\":\"ASOCAE\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/groups\\\/cultureduca\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/Cultureduca\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\",\"name\":\"Admin\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"caption\":\"Admin\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/author\\\/jefe\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","description":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-viii-homero\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","og_description":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","og_url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-viii-homero\/","og_site_name":"Blog Cultureduca educativa","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","article_published_time":"2010-11-27T20:27:07+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":120,"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Admin","twitter_misc":{"Escrito por":"Admin","Tiempo de lectura":"28 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/"},"author":{"name":"Admin","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200"},"headline":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero]","datePublished":"2010-11-27T20:27:07+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/"},"wordCount":5698,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"keywords":["arte","ave","ayuda","flor","guerra","Homero","Iliada","j\u00f3venes","mito","rosa","salud","vino"],"articleSection":["Literatura \/ Po\u00e9tica","Textos literarios"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/","name":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website"},"datePublished":"2010-11-27T20:27:07+00:00","description":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-viii-homero\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cLa Iliada\u201d (VIII) [Homero]"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","name":"Blog Cultureduca","description":"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas","publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"alternateName":"Blog Cultura educativa","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization","name":"ASOCAE","alternateName":"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","contentUrl":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","width":22,"height":24,"caption":"ASOCAE"},"image":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","https:\/\/x.com\/Cultureduca"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200","name":"Admin","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","caption":"Admin"},"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"}]}},"featured_image_src":null,"featured_image_src_square":null,"author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"custom":false,"gb-block-post-grid-landscape":false,"gb-block-post-grid-square":false,"post-thumbnail":false,"header":false,"slider":false,"columns":false},"uagb_author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"CANTO VIII Batalla interrumpida Y la tercera es favorable a los troyanos, que quedan vencedores y pernoctan en el campo en vez de retirarse a la ciudad, y as\u00ed poder rematar la victoria al d\u00eda siguiente. Zeus, en asamblea divina hab\u00eda prohibido a los inmortales acudir en socorro de los\u2026 Seguir leyendo...","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/932","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/75"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=932"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/932\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=932"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=932"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=932"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}