{"id":931,"date":"2010-11-27T22:26:21","date_gmt":"2010-11-27T20:26:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=931"},"modified":"2010-11-27T22:26:21","modified_gmt":"2010-11-27T20:26:21","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-vii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-vii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (VII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO VII<\/strong><\/p>\n<p><strong>Combate singular de H\u00e9ctor y Ayante<\/strong><\/p>\n<p>Levantamiento de los cad\u00e1veres La segunda tambi\u00e9n se suspende inopinadamente, porque H\u00e9ctor desaf\u00eda a los h\u00e9roes aqueos. Echadas las suertes, le toca a Ayante, y luchan hasta el anochecer. Se pacta una tregua de un d\u00eda, que los aqueos aprovechan para enterrar a los muertos y construir un muro en torno al campamento.<\/p>\n<p>\u00a0Dichas estas palabras, el esclarecido H\u00e9ctor y su hermano Alejandro traspusieron las puertas, con el \u00e1nimo impaciente por combatir y pelear. Como cuando un dios env\u00eda pr\u00f3spero viento a navegantes que lo anhelan porque est\u00e1n cansados de romper las olas, batiendo los pulidos remos, y tienen relajados los miembros a causa de la fatiga, as\u00ed, tan deseados, aparecieron aqu\u00e9llos a los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0Paris mat\u00f3 a Menestio, que viv\u00eda en Arna y era hijo del rey Are\u00edtoo, famoso por su clava, y de Filomedusa, la de ojos de novilla; y H\u00e9ctor con la puntiaguda lanza tir\u00f3 a Eyoneo un bote en la cerviz, debajo del casco de bronce, y dej\u00f3le sin vigor los miembros. Glauco, hijo de Hip\u00f3loco y pr\u00edncipe de los licios, arroj\u00f3 en la re\u00f1ida pelea un dardo a If\u00ednoo Dex\u00edada cuando sub\u00eda al carro de corredoras yeguas, y le acert\u00f3 en la espalda: If\u00ednoo cay\u00f3 al suelo y sus miembros se relajaron.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando Atenea, la diosa de ojos de lechuza, vio que aqu\u00e9llos mataban a muchos argivos en el duro combate, descendiendo en raudo vuelo de las cumbres del Olimpo, se encamin\u00f3 a la sagrada Ilio. Pero, al advertirlo Apolo desde P\u00e9rgamo, fue a opon\u00e9rsele, porque deseaba que los troyanos ganaran la victoria. Encontr\u00e1ronse ambas deidades junto a la encina; y el soberano Apolo, hijo de Zeus, habl\u00f3 primero diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfPor qu\u00e9, enardecida nuevamente, oh hija del gran Zeus, vienes del Olimpo? \u00bfQu\u00e9 poderoso afecto te mueve? \u00bfAcaso quieres dar a los d\u00e1naos la indecisa victoria? Porque de los troyanos no te compadecer\u00edas, aunque estuviesen pereciendo. Si quieres condescender con mi deseo \u2011y ser\u00eda lo mejor\u2011, suspenderemos por hoy el combate y la pelea; y luego volver\u00e1n a batallar hasta que logren arruinar a Ilio, ya que os place a vosotras, las inmortales, destruir esta ciudad.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Atenea, la diosa de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Sea as\u00ed, oh t\u00fa que hieres de lejos, con este prop\u00f3sito vine del Olimpo al campo de los troyanos y de los aqueos. Mas \u00bfpor qu\u00e9 medio has pensado suspender la batalla?<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 el soberano Apolo, hijo de Zeus:<\/p>\n<p>s \u2011Hagamos que H\u00e9ctor, de coraz\u00f3n fuerte, domador de caballos, provoque a los d\u00e1naos a pelear con \u00e9l en terrible y singular combate; a indignados los aqueos, de hermosas grebas, susciten a alguien para que luche con el divino H\u00e9ctor.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y Atenea, la diosa de ojos de lechuza, no se opuso. H\u00e9leno, hijo amado de Pr\u00edamo, comprendi\u00f3 al punto lo que era grato a los dioses, que conversaban, y, lleg\u00e1ndose a H\u00e9ctor, le dirigi\u00f3 estas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor, hijo de Pr\u00edamo, igual en prudencia a Zeus! \u00bfQuerr\u00e1s hacer lo que te diga yo, que soy tu hermano? Manda que suspendan la batalla los troyanos y los aqueos todos, y reta al m\u00e1s valiente de \u00e9stos a luchar contigo en terrible combate, pues a\u00fan no ha dispuesto el hado que mueras y llegues al t\u00e9rmino fatal de tu vida. He o\u00eddo sobre esto la voz de los sempiternos dioses.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Oy\u00f3le H\u00e9ctor con intenso placer, y, corriendo al centro de ambos ej\u00e9rcitos con la lanza cogida por el medio, detuvo las falanges troyanas, que al momento se quedaron quietas. Agamen\u00f3n contuvo a los aqueos, de hermosas grebas; y Atenea y Apolo, el del arco de plata, transfigurados en buitres, se posaron en la alta encina del padre Zeus, que lleva la \u00e9gida, y se deleitaban en contemplar a los guerreros cuyas densas filas aparec\u00edan erizadas de escudos, cascos y lanzas. Como el C\u00e9firo, cayendo sobre el mar, encrespa las olas, y el ponto negrea; de semejante modo sent\u00e1ronse en la llanura las hileras de aqueos y troyanos. Y H\u00e9ctor, puesto entre unos y otros, dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1O\u00eddme, troyanos y aqueos, de hermosas grebas, y os dir\u00e9 lo que en el pecho mi coraz\u00f3n me dicta! El excelso Cronida no ratific\u00f3 nuestros juramentos, y seguir\u00e1 caus\u00e1ndonos males a unos y a otros, hasta que tom\u00e9is la torreada Ilio o sucumb\u00e1is junto a las naves, surcadoras del ponto. Entre vosotros se hallan los m\u00e1s valientes aqueos; aqu\u00e9l a quien el \u00e1nimo incite a combatir conmigo adel\u00e1ntese y ser\u00e1 campe\u00f3n con el divino H\u00e9ctor. Propongo lo siguiente y Zeus sea testigo: Si aqu\u00e9l con su bronce de larga punta consigue quitarme la vida, desp\u00f3jeme de las armas, ll\u00e9veselas a las c\u00f3ncavas naves, y entregue mi cuerpo a los m\u00edos para que los troyanos y sus esposas lo suban a la pira; y, si yo lo matare a \u00e9l, por concederme Apolo tal gloria, me llevar\u00e9 sus armas a la sagrada Ilio, las colgar\u00e9 en el templo de Apolo, que hiere de lejos, y enviar\u00e9 el cad\u00e1ver a las naves de muchos bancos, para que los aqueos, de larga cabellera, le hagan exequias y le erijan un t\u00famulo a orillas del espacioso Helesponto. Y dir\u00e1 alguno de los futuros hombres, atravesando el vinoso mar en una nave de muchos \u00f3rdenes de remos: \u00ab\u00c9sa es la tumba de un var\u00f3n que peleaba valerosamente y fue muerto en edad remota por el esclarecido H\u00e9ctor.\u00bb As\u00ed hablar\u00e1, y mi gloria no perecer\u00e1 jam\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Todos enmudecieron y quedaron silenciosos, pues por verg\u00fcenza no rehusaban el desaf\u00edo y por miedo no se decid\u00edan a aceptarlo. Al fin levant\u00f3se Menelao, con el coraz\u00f3n afligid\u00edsimo, y los apostrof\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ay de m\u00ed, hombres jactanciosos; aqueas que no aqueos! Grande y horrible ser\u00e1 nuestro oprobio si no sale ning\u00fan d\u00e1nao al encuentro de H\u00e9ctor. Ojal\u00e1 os volvierais agua y tierra ah\u00ed mismo donde est\u00e1is sentados, hombres sin coraz\u00f3n y sin honor. Yo ser\u00e9 quien me arme y luche con aqu\u00e9l, pues la victoria la conceden desde lo alto los inmortales dioses.<\/p>\n<p>\u00a0Esto dicho, empez\u00f3 a ponerse la magn\u00edfica armadura. Entonces, oh Menelao, hubieras acabado la vida en manos de H\u00e9ctor, cuya fuerza era muy superior, si los reyes aqueos no se hubiesen apresurado a detenerte. El mismo Agamen\u00f3n Atrida, el de vasto poder, asi\u00f3le de la diestra exclamando:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Deliras, Menelao, alumno de Zeus! Nada te fuerza a cometer tal locura. Dom\u00ednate, aunque est\u00e9s afligido, y no quieras luchar por despique con un hombre m\u00e1s fuerte que t\u00fa, con H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, que a todos amedrenta y cuyo encuentro en la batalla, donde los varones adquieren gloria, causaba horror al mismo Aquiles, que lo aventaja tanto en bravura. Vuelve a juntarte con tus compa\u00f1eros, si\u00e9ntate, y los aqueos har\u00e1n que se levante un campe\u00f3n tal, que, aunque aqu\u00e9l sea intr\u00e9pido a incansable en la pelea, con gusto, creo, se entregar\u00e1 al descanso si consigue escapar de tan fiero combate, de tan terrible lucha.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y el h\u00e9roe cambi\u00f3 la mente de su hermano con la oportuna exhortaci\u00f3n. Menelao obedeci\u00f3; y sus servidores, alegres, quit\u00e1ronle la armadura de los hombros. Entonces levant\u00f3se N\u00e9stor, y areng\u00f3 a los argivos diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! \u00a1Qu\u00e9 motivo de pesar tan grande le ha llegado a la tierra aquea! \u00a1Cu\u00e1nto gemir\u00eda el anciano jinete Peleo, ilustre consejero y arengador de los mirmidones, que en su palacio se gozaba con preguntarme por la prosapia y la descendencia de los argivos todos! Si supiera que \u00e9stos tiemblan ante H\u00e9ctor, alzar\u00eda las manos a los inmortales para que su alma, separ\u00e1ndose del cuerpo, bajara a la mansi\u00f3n de Hades. Ojal\u00e1, \u00a1padre Zeus, Atenea, Apolo!, fuese yo tan joven como cuando, encontr\u00e1ndose los pilios con los belicosos arcadios al pie de las murallas de Fea, cerca de la corriente del J\u00e1rdano, trabaron el combate a orillas del impetuoso Celadonte. Entre los arcadios aparec\u00eda en primera l\u00ednea Ereutali\u00f3n, var\u00f3n igual a un dios, que llevaba la armadura del rey Are\u00edtoo; del divino Are\u00edtoo, a quien por sobrenombre llamaban el macero as\u00ed los hombres como las mujeres de hermosa cintura, porque no peleaba con el arco y la formidable lanza, sino que romp\u00eda las falanges con la f\u00e9rrea maza. Al rey Are\u00edtoo mat\u00f3lo Licurgo, no empleando la fuerza, sino la astucia, en un camino estrecho, donde la f\u00e9rrea clava no pod\u00eda librarlo de la muerte: Licurgo se le adelant\u00f3, envas\u00f3le la lanza en medio del cuerpo, h\u00edzolo caer de espaldas, y despoj\u00f3le de la armadura, regalo del bronc\u00edneo Ares, que llevaba en las batallas. Cuando Licurgo envejeci\u00f3 en el palacio, entreg\u00f3 dicha armadura a Ereutali\u00f3n, su escudero querido, para que la usara; y \u00e9ste, con tales armas, desafiaba entonces a los m\u00e1s valientes. Todos estaban amedrentados y temblando, y nadie se atrev\u00eda a aceptar el reto; pero mi ardido coraz\u00f3n me impuls\u00f3 a pelear con aquel presuntuoso \u2011era yo el m\u00e1s joven de todos\u2011 y combat\u00ed con \u00e9l y Atenea me dio gloria, pues logr\u00e9 matar a aquel hombre gigantesco y fort\u00edsimo que tendido en el suelo ocupaba un gran espacio. Ojal\u00e1 me rejuveneciera tanto y mis fuerzas conservaran su robustez. \u00a1Cu\u00e1n pronto H\u00e9ctor, el de tremolante casco, tendr\u00eda combate! \u00a1Pero ni los que sois los m\u00e1s valientes de los aqueos todos, ni siquiera vosotros, est\u00e1is dispuestos a it al encuentro de H\u00e9ctor!<\/p>\n<p>\u00a0De esta manera los increp\u00f3 el anciano, y nueve por junto se levantaron. Levant\u00f3se, mucho antes que los otros, el rey de hombres, Agamen\u00f3n; luego el fuerte Diomedes Tidida; despu\u00e9s, ambos Ayantes, revestidos de impetuoso valor; tras ellos, Idomeneo y su escudero Meriones, que al homicida Enialio igualaba; en seguida Eur\u00edpilo, hijo ilustre de Evem\u00f3n; y, finalmente, Toante Andrem\u00f3nida y el divino Ulises: todos \u00e9stos quer\u00edan pelear con el ilustre H\u00e9ctor. Y N\u00e9stor, caballero gerenio, les dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Echad suertes, y aqu\u00e9l a quien le toque alegrar\u00e1 a los aqueos, de hermosas grebas, y sentir\u00e1 regocijo en el coraz\u00f3n si logra escapar del fiero combate, de la terrible lucha.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Los nueve se\u00f1alaron sus respectivas tarjas, y seguidamente las metieron en el casco de Agamen\u00f3n Atrida. Los guerreros oraban y alzaban las manos a los dioses. Y alguno exclam\u00f3, mirando al anchuroso cielo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Padre Zeus! Haz que le caiga la suerte a Ayante, al hijo de Tideo, o al mismo rey de Micenas, rica en oro.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dec\u00edan. N\u00e9stor, caballero gerenio, meneaba el casco, hasta que por fin salt\u00f3 la tarja que ellos quer\u00edan, la de Ayante. Un heraldo llev\u00f3la por el concurso y, empezando por la derecha, la ense\u00f1aba a los pr\u00f3ceres aqueos, quienes, al no reconocerla, negaban que fuese suya; pero, cuando lleg\u00f3 al que la hab\u00eda marcado y echado en el casco, al ilustre Ayante, \u00e9ste tendi\u00f3 la mano, y aqu\u00e9l se detuvo y le entreg\u00f3 la contrase\u00f1a. El h\u00e9roe la reconoci\u00f3, con gran j\u00fabilo de su coraz\u00f3n, y, tir\u00e1ndola al suelo, a sus pies, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos! Mi tarja es, y me alegro en el alma porque espero vencer al divino H\u00e9ctor. \u00a1Ea! Mientras visto la b\u00e9lica armadura, orad al soberano Zeus Croni\u00f3n, mentalmente, para que no lo oigan los troyanos; o en alta voz, pues a nadie tememos. No habr\u00e1 quien, vali\u00e9ndose de la fuerza o de la astucia, me ponga en fuga contra mi voluntad; porque no creo que naciera y me criara en Salamina, tan inh\u00e1bil para la lucha.<\/p>\n<p>\u00a0Tales fueron sus palabras. Ellos oraron al soberano Zeus Croni\u00f3n, y algunos dijeron, mirando al anchuroso cielo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Padre Zeus, que reinas desde el Ida, glorios\u00edsimo, m\u00e1ximo! Conc\u00e9dele a Ayante la victoria y un brillante triunfo; y, si amas tambi\u00e9n a H\u00e9ctor y por \u00e9l te interesas, dales a entrambos igual fuerza y gloria.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed hablaban. P\u00fasose Ayante la armadura de luciente bronce; y, vestidas las armas en torno de su cuerpo, march\u00f3 tan animoso como el terrible Ares cuando se encamina al combate de los hombres, a quienes el Croni\u00f3n hace venir a las manos por una roedora discordia. Tan terrible se levant\u00f3 Ayante, antemural de los aqueos, que sonre\u00eda con torva faz, andaba a paso largo y bland\u00eda enorme lanza. Los argivos se regocijaron grandemente, as\u00ed que lo vieron, y un violento temblor se apoder\u00f3 de los troyanos; al mismo H\u00e9ctor palpit\u00f3le el coraz\u00f3n en el pecho; pero ya no pod\u00eda manifestar temor ni retirarse a su ej\u00e9rcito, porque de \u00e9l hab\u00eda partido la provocaci\u00f3n. Ayante se le acerc\u00f3 con su escudo como una torre, bronc\u00edneo, de siete pieles de buey, que en otro tiempo le hiciera Tiquio, el cual habitaba en Hila y era el mejor de los curtidores. \u00c9ste form\u00f3 el manejable escudo con siete pieles de corpulentos bueyes y puso encima, como octava capa, una l\u00e1mina de bronce. Ayante Telamonio par\u00f3se, con el escudo al pecho, muy cerca de H\u00e9ctor; y, amenaz\u00e1ndolo, dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! Ahora sabr\u00e1s claramente, de solo a solo, cu\u00e1les adalides pueden presentar los d\u00e1naos, aun prescindiendo de Aquiles, que rompe filas de guerreros y tiene el \u00e1nimo de un le\u00f3n. Mas el h\u00e9roe, enojado con Agamen\u00f3n, pastor de hombres, permanece en las corvas naves surcadoras del ponto, y somos muchos los capaces de pelear contigo. Pero empiece ya la lucha y el combate.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el gran H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ayante Telamonio, del linaje de Zeus, pr\u00edncipe de hombres! No me tientes cual si fuera un d\u00e9bil ni\u00f1o o una mujer que no conoce las cosas de la guerra. Versado estoy en los combates y en las matanzas de hombres; s\u00e9 mover a diestro y a siniestro la seca piel de buey que llevo para luchar denodadamente; s\u00e9 lanzarme a la pelea cuando en prestos carros se batalla, y s\u00e9 deleitar al cruel Ares en el estadio de la guerra. Pero a ti, siendo cual eres, no quiero herirte con alevos\u00eda, sino cara a cara, si puedo conseguirlo.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y blandiendo la enorme lanza, arroj\u00f3la y atraves\u00f3 el bronce que cubr\u00eda como octava capa el gran escudo de Ayante formado por siete boyunos cueros: la indomable punta horad\u00f3 seis de \u00e9stos y en el s\u00e9ptimo qued\u00f3 detenida. Ayante, del linaje de Zeus, tir\u00f3 a su vez su luenga lanza y dio en el escudo liso del Pri\u00e1mida, y la robusta lanza, pasando por el terso escudo, se hundi\u00f3 en la labrada coraza y rasg\u00f3 la t\u00fanica sobre el ijar; inclin\u00f3se el h\u00e9roe, y evit\u00f3 la negra muerte. Y arrancando ambos las luengas lanzas de los escudos, acometi\u00e9ronse como carniceros leones o puercos monteses, cuya fuerza es inmensa. El Pri\u00e1mida hiri\u00f3 con la lanza el centro del escudo de Ayante, y el bronce no pudo romperlo porque la punta se torci\u00f3. Ayante, arremetiendo, clav\u00f3 la suya en el escudo de aqu\u00e9l, a hizo vacilar al h\u00e9roe cuando se dispon\u00eda para el ataque; la punta abri\u00f3se camino hasta el cuello de H\u00e9ctor, y en seguida brot\u00f3 la negra sangre. Mas no por esto ces\u00f3 de combatir H\u00e9ctor, el de tremolante casco, sino que, volvi\u00e9ndose, cogi\u00f3 con su robusta mano un pedrej\u00f3n negro y erizado de puntas que hab\u00eda en el campo; lo tir\u00f3, acert\u00f3 a dar en el boll\u00f3n central del gran escudo de Ayante, de siete boyunas pieles, a hizo resonar el bronce que lo cubr\u00eda. Ayante entonces, tomando una piedra mucho mayor, la despidi\u00f3 haci\u00e9ndola voltear con una fuerza inmensa. La piedra torci\u00f3 el borde inferior del hect\u00f3reo escudo, cual pudiera hacerlo una muela de molino, y chocando con las rodillas de H\u00e9ctor lo hizo caer de espaldas asido al escudo; pero Apolo en seguida lo puso en pie. Y ya se hubieran atacado de cerca con las espadas, si no hubiesen acudido dos heraldos, mensajeros de Zeus y de los hombres, que llegaron respectivamente del campo de los troyanos y del de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas: Taltibio a Ideo, prudentes ambos. \u00c9stos interpusieron sus cetros entre los campeones, a Ideo, h\u00e1bil en dar sabios consejos, pronunci\u00f3 estas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hijos queridos! No pele\u00e9is ni combat\u00e1is m\u00e1s; a entrambos os ama Zeus, que amontona las nubes, y ambos sois belicosos. Esto lo sabemos todos. Pero la noche comienza ya, y ser\u00e1 bueno obedecerla.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Ayante Telamonio:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ideo! Ordenad a H\u00e9ctor que lo disponga, pues fue \u00e9l quien ret\u00f3 a los m\u00e1s valientes. Sea el primero en desistir; que yo obedecer\u00e9, si \u00e9l lo hiciere.<\/p>\n<p>\u00a0D\u00edjole el gran H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ayante! Puesto que los dioses te han dado corpulencia, valor y cordura, y en el manejo de la lanza descuellas entre los aqueos, suspendamos por hoy el combate y la lucha, y otro d\u00eda volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe, despu\u00e9s de otorgar la victoria a quien quisiere. La noche comienza ya, y ser\u00e1 bueno obedecerla. As\u00ed t\u00fa regocijar\u00e1s, en las naves, a todos los aqueos y especialmente a tus amigos y compa\u00f1eros; y yo alegrar\u00e9, en la gran ciudad del rey Pr\u00edamo, a los troyanos y a las troyanas, de rozagantes peplos, que habr\u00e1n ido a los sagrados templos a orar por m\u00ed. \u00a1Ea! Hag\u00e1monos magn\u00edficos regalos, para que digan aqueos y troyanos: \u00abCombatieron con roedor encono, y se separaron unidos por la amistad.\u00bb<\/p>\n<p>\u00a0Cuando esto hubo dicho, entreg\u00f3 a Ayante una espada guarnecida con arg\u00e9nteos clavos, ofreci\u00e9ndosela con la vaina y el bien cortado ce\u00f1idor; y Ayante regal\u00f3 a H\u00e9ctor un vistoso tahal\u00ed te\u00f1ido de p\u00farpura. Separ\u00e1ronse luego, volviendo el uno a las tropas aqueas y el otro al ej\u00e9rcito de los troyanos. \u00c9stos se alegraron al ver a H\u00e9ctor vivo, y que regresaba inc\u00f3lume, libre de la fuerza y de las invictas manos de Ayante, cuando ya desesperaban de que se salvara; y lo acompa\u00f1aron a la ciudad. Por su parte, los aqueos, de hermosas grebas, llevaron a Ayante, ufano de la victoria, a la tienda del divino Agamen\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed que estuvieron en ella, Agamen\u00f3n Atrida, rey de hombres, sacrific\u00f3 al prepotente Croni\u00f3n un buey de cinco a\u00f1os. Al instante to desollaron y prepararon, lo partieron todo, lo dividieron con suma habilidad en pedazos muy peque\u00f1os, lo atravesaron con pinchos, to asaron cuidadosamente y lo retiraron del fuego. Terminada la faena y dispuesto el fest\u00edn, comieron sin que nadie careciese de su respectiva porci\u00f3n; y el poderoso h\u00e9roe Agamen\u00f3n Atrida obsequi\u00f3 a Ayante con el ancho lomo. Cuando hubieron satisfecho el deseo de beber y de comer, el anciano N\u00e9stor, cuya opini\u00f3n era considerada siempre como la mejor, comenz\u00f3 a darles un consejo. Y, areng\u00e1ndolos con benevolencia, as\u00ed les dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Atrida y dem\u00e1s pr\u00edncipes de los aqueos todos! Ya que han muerto tantos melenudos aqueos, cuya negra sangre esparci\u00f3 el cruel Ares por la ribera del Escamandro de l\u00edmpida corriente y cuyas almas descendieron a la mansi\u00f3n de Hades, conviene que suspendas los combates, y ma\u00f1ana, reunidos todos al comenzar del d\u00eda, traeremos los cad\u00e1veres en carros tirados por bueyes y mulos, y los quemaremos cerca de los bajeles para llevar sus cenizas a los hijos de los difuntos cuando regresemos a la patria tierra! Erijamos luego con sierra de la llanura, amontonada en torno de la pira, un t\u00famulo com\u00fan; edifiquemos en seguida a partir del mismo una muralla con altas torres, que sea un reparo para las naves y para nosotros mismos; dejemos puertas que se cierren con bien ajustadas tablas, para que pasen los carros, y cavemos delante del muro un profundo foso, que detenga a los hombres y a los caballos si alg\u00fan d\u00eda no podemos resistir la acometida de los altivos troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3, y los dem\u00e1s reyes aplaudieron. Reuni\u00e9ronse los troyanos en la acr\u00f3polis de Ilio, cerca del palacio de Pr\u00edamo, y la junta fue agitada y turbulenta. El prudente Ant\u00e9nor comenz\u00f3 a arengarles de esta manera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1O\u00eddme, troyanos, d\u00e1rdanos y aliados, y os manifestar\u00e9 to que en el pecho mi coraz\u00f3n me dicta! Ea, restituyamos la argiva Helena con sus riquezas y que los Atridas se la lleven. Ahora combatimos despu\u00e9s de quebrar la fe ofrecida en los juramentos, y no espero que alcancemos \u00e9xito alguno mientras no hagamos lo que propongo.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y se sent\u00f3. Levant\u00f3se el divino Alejandro, esposo de Helena, la de hermosa cabellera, y, dirigi\u00e9ndose a aqu\u00e9l, pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ant\u00e9nor! No me place lo que propones y pod\u00edas haber pensado algo mejor. Si realmente hablas con seriedad, los mismos dioses te han hecho perder el juicio. Y a los troyanos, domadores de caballos, les dir\u00e9 lo siguiente: Paladinamente lo declaro, no devolver\u00e9 la mujer, pero s\u00ed quiero dar cuantas riquezas traje de Argos y aun otras que a\u00f1adir\u00e9 de mi casa.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y se sent\u00f3. Levant\u00f3se Pr\u00edamo Dard\u00e1nida, consejero igual a los dioses, y les areng\u00f3 con benevolencia diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1O\u00eddme, troyanos, d\u00e1rdanos y aliados, y os manifestar\u00e9 lo que en el pecho mi coraz\u00f3n me dicta! Cenad en la ciudad, como siempre; acordaos de la guardia, y vigilad todos; al romper el alba, vaya Ideo a las c\u00f3ncavas naves; anuncie a los Atridas, Agamen\u00f3n y Menelao, la proposici\u00f3n de Alejandro, por quien se suscit\u00f3 la contienda, y h\u00e1ganles esta prudente consulta: Si quieren, que se suspenda el horr\u00edsono combate para quemar los cad\u00e1veres; y luego volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe y otorgue la victoria a quien le plazca.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; ellos lo escucharon y obedecieron, tomando la cena en el campo sin romper las filas, y, apenas comenz\u00f3 a alborear, encamin\u00f3se Ideo a las c\u00f3ncavas naves y hall\u00f3 a los d\u00e1naos, servidores de Ares, reunidos en junta cerca de la nave de Agamen\u00f3n. El heraldo de voz sonora, puesto en medio, les dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Atrida y dem\u00e1s pr\u00edncipes de los aqueos todos! M\u00e1ndanme Pr\u00edamo y los ilustres troyanos que os participe, y ojal\u00e1 os fuera acepta y grata, la proposici\u00f3n de Alejandro, por quien se suscit\u00f3 la contienda. Ofrece dar cuantas riquezas trajo a Ilio en las c\u00f3ncavas naves \u2011\u00a1as\u00ed hubiese perecido antes!\u2011 y aun a\u00f1adir otras de su casa; pero se niega a devolver la leg\u00edtima esposa del glorioso Menelao, a pesar de que los troyanos se lo aconsejan. Me han ordenado tambi\u00e9n que os haga esta consulta: Si quer\u00e9is, que se suspenda el horr\u00edsono combate para quemar los cad\u00e1veres; y luego volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe y otorgue la victoria a quien le plazca.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. Todos enmudecieron y quedaron silenciosos. Pero al fin Diomedes, valiente en la pelea, dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011No se acepten ni las riquezas de Alejandro, ni a Helena tampoco; pues es evidente, hasta para el m\u00e1s simple, que la ruina pende sobre los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed se expres\u00f3; y todos los aqueos aplaudieron, admirados del discurso de Diomedes, domador de caballos. Y el rey Agamen\u00f3n dijo entonces a Ideo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ideo! T\u00fa mismo oyes las palabras con que responden los aqueos; ellas son de mi agrado. En cuanto a los cad\u00e1veres, no me opongo a que sean quemados, pues ha de ahorrarse toda dilaci\u00f3n para satisfacer prontamente a los que murieron, entregando sus cuerpos a las llamas. Zeus tonante, esposo de Hera, reciba el juramento.<\/p>\n<p>\u00a0Dicho esto, alz\u00f3 el cetro a todos los dioses; a Ideo regres\u00f3 a la sagrada Ilio, donde lo esperaban, reunidos en junta, troyanos y d\u00e1rdanos. El heraldo, puesto en medio, dijo la respuesta. En seguida dispusi\u00e9ronse unos a recoger los cad\u00e1veres, y otros a ir por le\u00f1a. A su vez, los argivos salieron de las naves de muchos bancos, unos para recoger los cad\u00e1veres, y otros para ir por le\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00a0Ya el sol her\u00eda con sus rayos los campos, subiendo al cielo desde la pl\u00e1cida y profunda corriente del Oc\u00e9ano, cuando aqueos y troyanos se mezclaron unos con otros en la llanura. Dif\u00edcil era reconocer a cada var\u00f3n; pero lavaban con agua las manchas de sangre de los cad\u00e1veres y, derramando ardientes l\u00e1grimas, los sub\u00edan a los carros. El gran Pr\u00edamo no permit\u00eda que los troyanos lloraran: \u00e9stos, en silencio y con el coraz\u00f3n afligido, hacinaron los cad\u00e1veres sobre la pira, los quemaron y volvieron a la sacra Ilio. Del mismo modo, los aqueos, de hermosas grebas, hacinaron los cad\u00e1veres sobre la pira, los quemaron y volvieron a las c\u00f3ncavas naves.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando a\u00fan no despuntaba la aurora, pero ya la luz del alba se difund\u00eda, un grupo escogido de aqueos se reuni\u00f3 en torno de la pira. Erigieron con tierra de la llanura un t\u00famulo com\u00fan; construyeron a partir del mismo una muralla con altas torres, que sirviese de reparo a las naves y a ellos mismos; dejaron puertas, que se cerraban con bien ajustadas tablas, para que pudieran pasar los carros, y cavaron delante del muro un gran foso profundo y ancho, que defendieron con estacas.<\/p>\n<p>\u00a0De tal suerte trabajaban los melenudos aqueos; y los dioses, sentados junto a Zeus fulminador, contemplaban la grande obra de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas. Y Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, empez\u00f3 a decirles:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Padre Zeus! \u00bfCu\u00e1l de los mortales de la vasta tierra consultar\u00e1 con los dioses sus pensamientos y proyectos? \u00bfNo ves que los melenudos aqueos han construido delante de las naves un muro con su foso, sin ofrecer a los dioses hecatombes perfectas? La fama de este muro se extender\u00e1 tanto como la luz de la aurora; y se echar\u00e1 en olvido el que \u00a1abramos yo y Febo Apolo cuando con gran fatiga construimos la ciudad para el h\u00e9roe Laomedonte.<\/p>\n<p>\u00a0Zeus, que amontona las nubes, respondi\u00f3 muy indignado:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! \u00a1T\u00fa, prepotente batidor de la tierra, qu\u00e9 palabras proferiste! A un dios muy inferior en fuerza y \u00e1nimo podr\u00eda asustarle tal pensamiento; pero no a ti, cuya fama se extender\u00e1 tanto como la luz de la aurora. Ea, cuando los aqueos, de larga cabellera, regresen en las naves a su patria tierra, derriba el muro, arr\u00f3jalo entero al mar, y enarena otra vez la espaciosa playa para que desaparezca la gran muralla aquea.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed \u00e9stos conversaban. Al ponerse el sol los aqueos ten\u00edan la obra acabada; inmolaron bueyes y se pusieron a cenar en las respectivas tiendas, cuando arribaron, procedentes de Lemnos, muchas naves cargadas de vino que enviaba Euneo Jas\u00f3nida, hijo de Hips\u00edpile y de Jas\u00f3n, pastor de hombres. El hijo de Jas\u00f3n mandaba separadamente, para los Atridas, Agamen\u00f3n y Menelao, mil medidas de vino. Los melenudos aqueos acudieron a las naves; compraron vino, unos con bronce, otros con luciente hierro, otros con pieles, otros con vacas y otros con esclavos; y prepararon un fest\u00edn espl\u00e9ndido. Toda la noche los melenudos aqueos disfrutaron del banquete, y lo mismo hicieron en la ciudad los troyanos y sus aliados. Toda la noche estuvo el pr\u00f3vido Zeus meditando c\u00f3mo les causar\u00eda males y tronando de un modo horrible: el p\u00e1lido temor se apoder\u00f3 de todos, derramaron a tierra el vino de las copas, y nadie se atrevi\u00f3 a beber sin que antes hiciera libaciones al prepotente Croni\u00f3n. Despu\u00e9s se acostaron y el don del sue\u00f1o recibieron.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO VII Combate singular de H\u00e9ctor y Ayante Levantamiento de los cad\u00e1veres La segunda tambi\u00e9n se suspende inopinadamente, porque H\u00e9ctor desaf\u00eda a los h\u00e9roes aqueos. Echadas las suertes, le toca a Ayante, y luchan hasta el anochecer. Se pacta una tregua de un d\u00eda, que los aqueos aprovechan para enterrar\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-vii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1016,1012,1034,1289,1287,1057,1025,1033],"class_list":["post-931","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-arte","tag-ave","tag-guerra","tag-homero","tag-iliada","tag-pensamiento","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.6 - 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