{"id":930,"date":"2010-11-27T22:25:40","date_gmt":"2010-11-27T20:25:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=930"},"modified":"2010-11-27T22:25:40","modified_gmt":"2010-11-27T20:25:40","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-vi-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-vi-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (VI) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO VI<\/strong><\/p>\n<p><strong>Coloquio de H\u00e9ctor y Andr\u00f3maca<\/strong><\/p>\n<p>Entre los segundos, los troyanos, H\u00e9ctor, que ha regresado a Troya para ordenar que las mujeres se congracien con Atenea con plegarias y ofrendas, cuando vuelve al campo de batalla, se encuentra con su esposa y con su hijo, a\u00fan de tierna edad. Y se destaca el comportamiento de H\u00e9ctor, h\u00e9roe inocente que se sacrifica por Troya, y de Paris, culpable y ego\u00edsta, que s\u00f3lo piensa en \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0Quedaron solos en la batalla horrenda troyanos y aqueos, que se arrojaban bronc\u00edneas lanzas; y la pelea se extend\u00eda, ac\u00e1 y acull\u00e1 de la llanura, entre las corrientes del Simoente y del Janto.<\/p>\n<p>\u00a0Ayante Telamonio, antemural de los aqueos, rompi\u00f3 el primero la falange troyana a hizo aparecer la aurora de la salvaci\u00f3n entre los suyos, hiriendo de muerte al tracio m\u00e1s denodado, al alto y valiente Acamante, hijo de Eusoro. Acert\u00f3le en la cimera del casco guarnecido con crines de caballo, la lanza se clav\u00f3 en la frente, la bronc\u00ednea punta atraves\u00f3 el hueso y las tinieblas cubrieron los ojos del guerrero.<\/p>\n<p>\u00a0Diomedes, valiente en el combate, mat\u00f3 a Axilo Teutr\u00e1nida, que, abastado de bienes, moraba en la bien construida Arisbe; y era muy amigo de los hombres, porque en su casa, situada cerca del camino, a todos les daba hospitalidad. Pero ninguno de ellos vino entonces a librarlo de la l\u00fagubre muerte, y Diomedes le quit\u00f3 la vida a \u00e9l y a su escudero Calesio, que gobernaba los caballos. Ambos penetraron en el seno de la tierra.<\/p>\n<p>\u00a0Eur\u00edalo dio muerte a Dreso y Ofeltio, y fuese tras Esepo y P\u00e9daso, a quienes la n\u00e1yade Abarb\u00e1rea hab\u00eda concebido en otro tiempo del eximio Bucoli\u00f3n, hijo primog\u00e9nito y bastardo del ilustre Laomedonte (Bucoli\u00f3n apacentaba ovejas y tuvo amoroso consorcio con la ninfa, la cual qued\u00f3 encinta y dio a luz a los dos mellizos): el Mecisteida acab\u00f3 con el valor de ambos, priv\u00f3 de vigor a sus bien formados miembros y les quit\u00f3 la armadura de los hombros.<\/p>\n<p>\u00a0El belicoso Polipetes dej\u00f3 sin vida a Ast\u00edalo; Ulises, con la bronc\u00ednea lanza, a Pidites percosio; y Teucro, a Areta\u00f3n divino. Ant\u00edloco Nest\u00f3rida mat\u00f3 con la pica reluciente a Ablero; Agamen\u00f3n, rey de hombres, a \u00c9lato, que habitaba en la excelsa P\u00e9daso, a orillas del Satnioente, de hermosa corriente; el h\u00e9roe Leito, a F\u00edlaco mientras hu\u00eda; y Eur\u00edpilo, a Melantio.<\/p>\n<p>\u00a0Menelao, valiente en la pelea, cogi\u00f3 vivo a Adrasto, cuyos caballos, corriendo despavoridos por la llanura, chocaron con las ramas de un tamarisco, rompieron el corvo carro por el extremo del tim\u00f3n, y se fueron a la ciudad con los que hu\u00edan espantados. El h\u00e9roe cay\u00f3 al suelo y dio de boca en el polvo junto a la rueda; acerc\u00f3sele Menelao Atrida con la ingente lanza, y aqu\u00e9l, abrazando sus rodillas, as\u00ed le suplicaba:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Hazme prisionero, hijo de Atreo, y recibir\u00e1s digno rescate. Muchas cosas de valor tiene mi opulento padre en casa: bronce, oro, hierro labrado; con ellas te pagar\u00eda inmenso rescate, si supiera que estoy vivo en las naves aqueas.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo, y le conmovi\u00f3 el coraz\u00f3n. E iba Menelao a ponerlo en manos del escudero, para que lo llevara a las veleras naves aqueas, cuando Agamen\u00f3n corri\u00f3 a su encuentro y lo increp\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ah, bondoso! \u00a1Ah, Menelao! \u00bfPor qu\u00e9 as\u00ed te apiadas de estos hombres? \u00a1Excelentes cosas hicieron los troyanos en tu casa! Ninguno de los que caigan en nuestras manos se libre de tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre lleve en el vientre, ni \u00e9se escape! \u00a1Perezcan todos los de Ilio, sin que sepultura alcancen ni memoria dejen!<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed diciendo, cambi\u00f3 la mente de su hermano con la oportuna exhortaci\u00f3n. Repeli\u00f3 Menelao al h\u00e9roe Adrasto, que, herido en el ijar por el rey Agamen\u00f3n, cay\u00f3 de espaldas. El Atrida le puso el pie en el pecho y le arranc\u00f3 la lanza.<\/p>\n<p>\u00a0N\u00e9stor, en tanto, animaba a los argivos, dando grandes voces:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh queridos, h\u00e9roes d\u00e1naos, servidores de Ares! Nadie se quede atr\u00e1s para recoger despojos y volver, llevando los m\u00e1s que pueda, a las naves; ahora matemos hombres y luego con m\u00e1s tranquilidad despojar\u00e9is en la llanura los cad\u00e1veres de cuantos mueran.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed diciendo les excit\u00f3 a todos el valor y la fuerza. Y los troyanos hubieran vuelto a entrar en Ilio, acosados por los belicosos aqueos y vencidos por su cobard\u00eda, si Heleno Pri\u00e1mida, el mejor de los augures, no se hubiese presentado a Eneas y a H\u00e9ctor para decirles:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Eneas y H\u00e9ctor! Ya que el peso de la batalla gravita principalmente sobre vosotros entre los troyanos y los licios, porque sois los primeros en toda empresa, ora se trate de combatir, ora de razonar, quedaos aqu\u00ed, recorred las filas, y detened a los guerreros antes que se encaminen a las puertas, caigan huyendo en brazos de las mujeres y sean motivo de gozo para los enemigos. Cuando hay\u00e1is reanimado todas las falanges, nosotros, aunque estamos muy abatidos, nos quedaremos aqu\u00ed a pelear con los d\u00e1naos porque la necesidad nos apremia. Y t\u00fa, H\u00e9ctor, ve a la ciudad y di a nuestra madre que llame a las venerables matronas; vaya con ellas al templo dedicado a Atenea, la de ojos de lechuza, en la acr\u00f3polis; abra con la llave la puerta del sacro recinto; ponga sobre las rodillas de la deidad, de hermosa cabellera, el peplo que mayor sea, m\u00e1s lindo le parezca y m\u00e1s aprecie de cuantos haya en el palacio, y le vote sacrificar en el templo doce vacas de un a\u00f1o, no sujetas a\u00fan al yugo, si apiad\u00e1ndose de la ciudad y de las esposas y tiernos ni\u00f1os de los troyanos, aparta de la sagrada Ilio al hijo de Tideo, feroz guerrero, cuya bravura causa nuestra derrota y a quien tengo por el m\u00e1s esforzado de los aqueos todos. Nunca temimos tanto ni al mismo Aquiles, pr\u00edncipe de hombres, que es, seg\u00fan dicen, hijo de una diosa. Con gran furia se mueve el hijo de Tideo y en valent\u00eda nadie te iguala.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y H\u00e9ctor obedeci\u00f3 a su hermano. Salt\u00f3 del carro al suelo sin dejar las armas; y, blandiendo dos puntiagudas lanzas, recorri\u00f3 el ej\u00e9rcito por todas partes, anim\u00f3lo a combatir y promovi\u00f3 una terrible pelea. Los troyanos volvieron la cara y afrontaron a los argivos; y \u00e9stos retrocedieron y dejaron de matar, figur\u00e1ndose que alguno de los inmortales habr\u00eda descendido del estrellado cielo para socorrer a aqu\u00e9llos; de tal modo se volvieron. Y H\u00e9ctor exhortaba a los troyanos diciendo en alta voz:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Animosos troyanos, aliados de lejas tierras venidos! Sed hombres, amigos, y mostrad vuestro impetuoso valor, mientras voy a Ilio y encargo a los respetables pr\u00f3ceres y a nuestras esposas que oren y ofrezcan hecatombes a los dioses.<\/p>\n<p>\u00a0Dicho esto, H\u00e9ctor, el de tremolante casco, parti\u00f3; y la negra piel que orlaba el abollonado escudo como \u00faltima franja le bat\u00eda el cuello y los talones.<\/p>\n<p>\u00a0Glauco, v\u00e1stago de Hip\u00f3loco, y el hijo de Tideo, deseosos de combatir, fueron a encontrarse en el espacio que mediaba entre ambos ej\u00e9rcitos. Cuando estuvieron cara a cara, Diomedes, valiente en la pelea, dijo el primero:<\/p>\n<p>\u2011\u00bfCu\u00e1l eres t\u00fa, guerrero valent\u00edsimo, de los mortales hombres? Jam\u00e1s te vi en las batallas, donde los varones adquieren gloria, pero al presente a todos los vences en audacia cuando te atreves a esperar mi fornida lanza. \u00a1Infelices de aqu\u00e9llos cuyos hijos se oponen a mi furor! Mas si fueses inmortal y hubieses descendido del cielo, no quisiera yo luchar con dioses celestiales. Poco vivi\u00f3 el fuerte Licurgo, hijo de Driante, que contend\u00eda con las celestes deidades: persigui\u00f3 en los sacros montes de Nisa a las nodrizas de Dioniso, que estaba agitado por el delirio b\u00e1quico, las cuales tiraron al suelo los tirsos al ver que el homicida Licurgo las acomet\u00eda con la aguijada; el dios, espantado, se arroj\u00f3 al mar, y Tetis le recibi\u00f3 en su regazo, despavorido y agitado por fuerte temblor por la amenaza de aquel hombre; pero los felices dioses se irritaron contra Licurgo, ceg\u00f3le el hijo de Crono y su vida no fue larga, porque se hab\u00eda hecho odioso a los inmortales todos. Con los bienaventurados dioses no quisiera combatir; pero, si eres uno de los mortales que comen los frutos de la tierra, ac\u00e9rcate para que m\u00e1s pronto llegues al t\u00e9rmino de tu perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el preclaro hijo de Hip\u00f3loco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Magn\u00e1nimo Tidida! \u00bfPor qu\u00e9 me interrogas sobre el abolengo? Cual la generaci\u00f3n de las hojas, as\u00ed la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generaci\u00f3n humana nace y otra perece. Pero ya que deseas saberlo, te dir\u00e9 cu\u00e1l es mi linaje, de muchos conocido. Hay una ciudad llamada \u00c9fira en el ri\u00f1\u00f3n de Argos, criadora de caballos, y en ella viv\u00eda S\u00edsifo E\u00f3lida, que fue el m\u00e1s ladino de los hombres. S\u00edsifo engendr\u00f3 a Glauco, y \u00e9ste al eximio Belerofonte, a quien los dioses concedieron gentileza y envidiable valor. Mas Preto, que era muy poderoso entre los argivos, pues Zeus los hab\u00eda sometido a su cetro, h\u00edzole blanco de sus maquinaciones y lo ech\u00f3 de la ciudad. La divina Antea, mujer de Preto, hab\u00eda deseado con locura juntarse clandestinamente con Belerofonte; pero no pudo persuadir al prudente h\u00e9roe, que s\u00f3lo pensaba en cosas honestas, y mintiendo dijo al rey Preto: \u00ab\u00a1Preto! Ojal\u00e1 te mueras, o mata a Belerofonte, que ha querido juntarse conmigo, sin que yo lo deseara.\u00bb As\u00ed dijo. El rey se encendi\u00f3 en ira al o\u00edrla; y, si bien se abstuvo de matar a aqu\u00e9l por el religioso temor que sinti\u00f3 su coraz\u00f3n, le envi\u00f3 a la Licia; y, haciendo mort\u00edferas se\u00f1ales en una tablita que se doblaba, entreg\u00f3le los perniciosos signos con orden de que los mostrase a su suegro para que \u00e9ste lo perdiera. Belerofonte, poni\u00e9ndose en camino debajo del fausto patrocinio de los dioses, lleg\u00f3 a la vasta Licia y a la corriente del Janto: el rey recibi\u00f3le con afabilidad, hosped\u00f3le durante nueve d\u00edas y mand\u00f3 matar otros tantos bueyes; pero, al aparecer por d\u00e9cima vez la Aurora, la de ros\u00e1ceos dedos, lo interrog\u00f3 y quiso ver la nota que de su yerno Preto le tra\u00eda. Y as\u00ed que tuvo la funesta nota, orden\u00f3 a Belerofonte que lo primero de todo matara a la ineluctable Quimera, ser de naturaleza no humana, sino divina, con cabeza de le\u00f3n, cola de drag\u00f3n y cuerpo de cabra, que respiraba encendidas y horribles llamas; y aqu\u00e9l le dio muerte, alentado por divinales indicaciones. Luego tuvo que luchar con los afamados s\u00f3limos, y dec\u00eda que \u00e9ste fue el m\u00e1s recio combate que con hombres sostuvo. En tercer lugar quit\u00f3 la vida a las varoniles amazonas. Y, cuando regresaba a la ciudad, el rey, urdiendo otra dolosa trama, arm\u00f3le una celada con los varones m\u00e1s fuertes que hall\u00f3 en la espaciosa Licia; y ninguno de \u00e9stos volvi\u00f3 a su casa, porque a todos les dio muerte. el eximio Belerofonte. Comprendi\u00f3 el rey que el h\u00e9roe era v\u00e1stago ilustre de alguna deidad y lo retuvo all\u00ed, lo cas\u00f3 con su hija y comparti\u00f3 con \u00e9l la dignidad regia; los licios, a su vez, acot\u00e1ronle un hermoso campo de frutales y sembrad\u00edo que a los dem\u00e1s aventajaba, para que pudiese cultivarlo. Tres hijos dio a luz la esposa del aguerrido Belerofonte: Isandro, Hip\u00f3loco y Laodamia; y \u00e9sta, amada por el pr\u00f3vido Zeus, dio a luz al deiforme Sarped\u00f3n, que lleva armadura de bronce. Cuando Belerofonte se atrajo el odio de todas las deidades, vagaba solo por los campos de Alea, royendo su \u00e1nimo y apart\u00e1ndose de los hombres; Ares, insaciable de pelea, hizo morir a Isandro en un combate con los afamados s\u00f3limos, y Artemis, la que usa riendas de oro, irritada, mat\u00f3 a su hija. A m\u00ed me engendr\u00f3 Hip\u00f3loco \u2011de \u00e9ste, pues, soy hijo\u2011 y envi\u00f3me a Troya, recomend\u00e1ndome muy mucho que descollara y sobresaliera siempre entre todos y no deshonrase el linaje de mis antepasados, que fueron los hombres m\u00e1s valientes de Efira y la extensa Licia. Tal alcurnia y tal sangre me glor\u00edo de tener.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Alegr\u00f3se Diomedes, valiente en el combate; y, clavando la pica en el almo suelo, respondi\u00f3 con cari\u00f1osas palabras al pastor de hombres:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Pues eres mi antiguo hu\u00e9sped paterno, porque el divino Eneo hosped\u00f3 en su palacio al eximio Belorofonte, le tuvo consigo veinte d\u00edas y ambos se obsequiaron con magn\u00edficos presentes de hospitalidad. Eneo dio un vistoso tahal\u00ed te\u00f1ido de p\u00farpura, y Belerofonte una \u00e1urea copa de doble asa, que en mi casa qued\u00f3 cuando me vine. A Tideo no lo recuerdo; dej\u00f3me muy ni\u00f1o al salir para Teba, donde pereci\u00f3 el ej\u00e9rcito aqueo. Soy, por consiguiente, tu caro hu\u00e9sped en el centro de Argos, y t\u00fa lo ser\u00e1s m\u00edo en la Licia cuando vaya a tu pueblo. En adelante no nos acometamos con la lanza por entre la turba. Muchos troyanos y aliados ilustres me restan, para matar a quien, por la voluntad de un dios, alcance en la carrera; y asimismo te quedan muchos aqueos, para quitar la vida a quien te sea posible. Y ahora troquemos la armadura, a fin de que sepan todos que de ser hu\u00e9spedes paternos nos gloriamos.<\/p>\n<p>\u00a0Habiendo hablado as\u00ed, descendieron de los carros y se estrecharon la mano en prueba de amistad. Entonces Zeus Cronida hizo perder la raz\u00f3n a Glauco; pues permut\u00f3 sus armas por las de Diomedes Tidida, las de oro por las de bronce, las valoradas en cien bueyes por las que en nueve se apreciaban.<\/p>\n<p>\u00a0Al pasar H\u00e9ctor por la encina y las puertas Esceas, acudieron corriendo las esposas a hijas de los troyanos y pregunt\u00e1ronle por sus hijos, hermanos, amigos y esposos; y \u00e9l les encarg\u00f3 que unas tras otras orasen a los dioses, porque para muchas eran inminentes las desgracias.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando lleg\u00f3 al magn\u00edfico palacio de Pr\u00edamo, provisto de bru\u00f1idos p\u00f3rticos (en \u00e9l hab\u00eda cincuenta c\u00e1maras de pulimentada piedra, seguidas, donde dorm\u00edan los hijos de Pr\u00edamo con sus leg\u00edtimas esposas; y enfrente, dentro del mismo patio, otras doce construidas igualmente con sillares, continuas y techadas, donde se acostaban los yernos de Pr\u00edamo y sus castas mujeres), le sali\u00f3 al encuentro su alma madre que iba en busca de La\u00f3dice, la m\u00e1s hermosa de las princesas; y, asi\u00e9ndole de la mano, le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hijo! \u00bfPor qu\u00e9 has venido, dejando el \u00e1spero combate? Sin duda los aqueos, de aborrecido nombre, deben de estrecharnos, combatiendo alrededor de la ciudad, y tu coraz\u00f3n lo ha impulsado a volver con el fin de levantar desde la acr\u00f3polis las manos a Zeus. Pero, aguarda, traer\u00e9 vino dulce como la miel para que primeramente lo libes al padre Zeus y a los dem\u00e1s inmortales, y luego te aproveche tambi\u00e9n a ti, si bebes. El vino aumenta mucho el vigor del hombre fatigado y t\u00fa lo est\u00e1s de pelear por los tuyos.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el gran H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011No me des vino dulce como la miel, veneranda madre; no sea que me enerves y me prives del valor, y yo me olvide de mi fuerza. No me atrevo a libar el negro vino en honor de Zeus sin lavarme las manos, ni es l\u00edcito orar al Croni\u00f3n, el de las sombr\u00edas nubes, cuando uno est\u00e1 manchado de sangre y polvo. Pero t\u00fa congrega a las matronas, ll\u00e9vate perfumes, y, entrando en el templo de Atenea, que impera en las batallas, pon sobre las rodillas de la deidad de hermosa cabellera el peplo mayor, m\u00e1s lindo y que m\u00e1s aprecies de cuantos haya en el palacio; y vota a la diosa sacrificar en su templo doce vacas de un a\u00f1o, no sujetas a\u00fan al yugo, si, apiad\u00e1ndose de la ciudad y de las esposas y tiernos ni\u00f1os de los troyanos, aparta de la sagrada Ilio al hijo de Tideo, feroz guerrero, cuya valent\u00eda causa nuestra derrota. Encam\u00ednate, pues, al templo de Atenea, que impera en las batallas, y yo ir\u00e9 a la casa de Paris a llamarlo, si me quiere escuchar. \u00a1As\u00ed la tierra se lo tragara! Cri\u00f3lo el Ol\u00edmpico como una gran plaga para los troyanos y el magn\u00e1nimo Pr\u00edamo y sus hijos. Creo que, si le viera descender al Hades, mi alma se olvidar\u00eda de los enojosos pesares.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. H\u00e9cuba, volviendo al palacio, llam\u00f3 a las esclavas, y \u00e9stas anduvieron por la ciudad y congregaron a las matronas; baj\u00f3 luego al fragante aposento donde se guardaban los peplos bordados, obra de las mujeres que se hab\u00eda llevado de Sid\u00f3n el deiforme Alejandro en el mismo viaje por el ancho ponto en que se llev\u00f3 a Helena, la de nobles padres; tom\u00f3, para ofrecerlo a Atenea, el peplo mayor y m\u00e1s hermoso por sus bordaduras, que resplandec\u00eda como un astro y se hallaba debajo de todos, y parti\u00f3 acompa\u00f1ada de muchas matronas.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando llegaron a la acr\u00f3polis, abri\u00f3les las puertas del templo de Atenea Teano, la de hermosas mejillas, hija de Ciseide y esposa de Ant\u00e9nor, domador de caballos, a la cual hab\u00edan elegido los troyanos sacerdotisa de Atenea. Todas, con l\u00fagubres lamentos, levantaron las manos a la diosa. Teano, la de hermosas mejillas, tom\u00f3 el peplo, lo puso sobre las rodillas de Atenea, la de hermosa cabellera, y orando rog\u00f3 as\u00ed a la hija del gran Zeus:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Veneranda Atenea, protectora de la ciudad, divina entre las diosas! \u00a1Qui\u00e9brale la lanza a Diomedes y conc\u00e9denos que caiga de pechos en el suelo, ante las puertas Esceas, para que te sacrifiquemos en este templo doce vacas de un a\u00f1o, no sujetas a\u00fan al yugo, si de este modo te apiadas de la ciudad y de las esposas y tiernos ni\u00f1os de los troyanos!<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo rogando, pero Palas Atenea no accedi\u00f3. Mientras invocaban de este modo a la hija del gran Zeus, H\u00e9ctor se encamin\u00f3 al magn\u00edfico palacio que para Alejandro hab\u00eda labrado \u00e9l mismo con los m\u00e1s h\u00e1biles constructores de la f\u00e9rtil Troya; \u00e9stos le hicieron una c\u00e1mara nupcial, una sala y un patio, en la acr\u00f3polis, cerca de los palacios de Pr\u00edamo y de H\u00e9ctor. Ah\u00ed entr\u00f3 H\u00e9ctor, caro a Zeus, llevando una lanza de once codos, cuya bronc\u00ednea y reluciente punta estaba sujeta por \u00e1ureo anillo. En la c\u00e1mara hall\u00f3 a Alejandro que acicalaba las magn\u00edficas armas, escudo y coraza, y probaba el corvo arco; y a la argiva Helena, que, sentada entre sus esclavas, ocup\u00e1balas en primorosas labores. Y en viendo a aqu\u00e9l, increp\u00f3lo con injuriosas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Desgraciado! No es decoroso que guardes en el coraz\u00f3n ese rencor. Los hombres perecen combatiendo al pie de los altos muros de la ciudad; el b\u00e9lico clamor y la lucha se encendieron por tu causa alrededor de nosotros, y t\u00fa mismo reconvendr\u00edas a quien cejara en la pelea horrenda. Ea, lev\u00e1ntate. No sea que la ciudad llegue a ser pasto de las voraces llamas.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el deiforme Alejandro:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! Justos y no excesivos son tus baldones, y por lo mismo voy a contestarte. Atiende y \u00f3yeme. Permanec\u00eda aqu\u00ed, no tanto por estar airado o resentido con los troyanos, cuanto porque deseaba entregarme al dolor. En este instante mi esposa me exhortaba con blandas palabras a volver al combate; y tambi\u00e9n a m\u00ed me parece preferible, porque la victoria tiene sus alternativas para los guerreros. Ea, pues, aguarda, y visto las marciales armas; o vete y te sigo, y creo que lograr\u00e9 alcanzarte.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. H\u00e9ctor, el de tremolante casco, nada contest\u00f3. Y Helena habl\u00f3le con dulces palabras:<\/p>\n<p>\u2011 \u2011\u00a1Cu\u00f1ado m\u00edo, de esta perra mal\u00e9fica y abominable! \u00a1Ojal\u00e1 que, cuando mi madre me dio a luz, un viento tempestuoso se me hubiese llevado al monte o al estruendoso mar, para hacerme juguete de las olas, antes que tales hechos ocurrieran! Y ya que los dioses determinaron causar estos males, debi\u00f3 tocarme ser esposa de un var\u00f3n m\u00e1s fuerte, a quien dolieran la indignaci\u00f3n y los muchos baldones de los hombres. \u00c9ste ni tiene firmeza de \u00e1nimo ni la tendr\u00e1 nunca, y creo que recoger\u00e1 el debido fruto. Pero entra y si\u00e9ntate en esta silla, cu\u00f1ado, que la fatiga te oprime el coraz\u00f3n por m\u00ed, perra, y por la falta de Alejandro; a quienes Zeus nos dio mala suerte a fin de que a los venideros les sirvamos de asunto para sus cantos.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el gran H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u2011No me ofrezcas asiento, Helena, aunque me aprecies, pues no lograr\u00e1s persuadirme: ya mi coraz\u00f3n desea socorrer a los troyanos que me aguardan con impaciencia. Pero t\u00fa haz levantar a \u00e9se y \u00e9l mismo se d\u00e9 prisa para que me alcance dentro de la ciudad, mientras voy a mi casa y veo a los criados, a la esposa querida y al tierno ni\u00f1o; que ignoro si volver\u00e9 de la batalla, o los dioses dispondr\u00e1n que sucumba a manos de los aqueos.<\/p>\n<p>\u00a0Apenas hubo dicho estas palabras, H\u00e9ctor, el de tremolante casco, se fue. Lleg\u00f3 en seguida a su palacio, que abundaba de gente, mas no encontr\u00f3 a Andr\u00f3maca, la de n\u00edveos brazos, pues con el ni\u00f1o y la criada de hermoso peplo estaba en la torre llorando y lament\u00e1ndose. H\u00e9ctor, como no hallara dentro a su excelente esposa, det\u00favose en el umbral y habl\u00f3 con las esclavas:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ea, esclavas, decidme la verdad! \u00bfAd\u00f3nde ha ido Andr\u00f3maca, la de n\u00edveos brazos, desde el palacio? \u00bfA visitar a mis hermanas o a mis cu\u00f1adas de hermosos peplos? \u00bfO, acaso, al templo de Atenea, donde las troyanas, de lindas trenzas, aplacan a la terrible diosa?<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le con estas palabras la fiel despensera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! Ya que tanto nos mandas decir la verdad, no fue a visitar a tus hermanas ni a tus cu\u00f1adas de hermosos peplos, ni al templo de Atenea, donde las troyanas, de lindas trenzas, aplacan a la terrible diosa, sino que subi\u00f3 a la gran torre de Ilio, porque supo que los troyanos llevaban la peor parte y era grande el \u00edmpetu de los aqueos. Parti\u00f3 hacia la muralla, ansiosa, como loca, y con ella se fue la nodriza que lleva el ni\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3 la despensera, y H\u00e9ctor, saliendo presuroso de la casa, desanduvo el camino por las bien trazadas calles. Tan luego como, despu\u00e9s de atravesar la gran ciudad, lleg\u00f3 a las puertas Esceas \u2011por all\u00ed hab\u00eda de salir al campo\u2011, corri\u00f3 a su encuentro su rica esposa Andr\u00f3maca, hija del magn\u00e1nimo Eeti\u00f3n, que viv\u00eda bajo el boscoso Placo, en Teba bajo el Placo, y era rey de los cilicios. Hija de \u00e9ste era, pues, la esposa de H\u00e9ctor, de bronc\u00ednea armadura, que entonces le sali\u00f3 al camino. Acompa\u00f1\u00e1bale una sirvienta llevando en brazos al tierno infante, al Hect\u00f3rida amado, parecido a una hermosa estrella. a quien su padre llamaba Escamandrio y los dem\u00e1s Astianacte, porque s\u00f3lo por H\u00e9ctor se salvaba Ilio. Vio el h\u00e9roe al ni\u00f1o y sonri\u00f3 silenciosamente. Andr\u00f3maca, llorosa, se detuvo a su lado, y asi\u00e9ndole de la mano le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Desgraciado! Tu valor te perder\u00e1. No te apiadas del tierno infante ni de m\u00ed, infortunada, que pronto ser\u00e9 tu viuda; pues los aqueos te acometer\u00e1n todos a una y acabar\u00e1n contigo. Preferible ser\u00eda que, al perderte, la tierra me tragara, porque si mueres no habr\u00e1 consuelo para m\u00ed, sino pesares, que ya no tengo padre ni venerable madre. A mi padre mat\u00f3lo el divino Aquiles cuando tom\u00f3 la populosa ciudad de los cilicios, Teba, la de altas puertas: dio muerte a Eeti\u00f3n, y sin despojarlo, por el religioso temor que le entr\u00f3 en el \u00e1nimo, quem\u00f3 el cad\u00e1ver con las labradas armas y le erigi\u00f3 un t\u00famulo, a cuyo alrededor plantaron \u00e1lamos las ninfas monteses, hijas de Zeus, que lleva la \u00e9gida. Mis siete hermanos, que habitaban en el palacio, descendieron al Hades el mismo d\u00eda; pues a todos los mat\u00f3 el divino Aquiles, el de los pies ligeros, entre los flex\u00edpedes bueyes y las c\u00e1ndidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie del selvoso Placo, tr\u00e1jola aqu\u00e9l con otras riquezas y la puso en libertad por un inmenso rescate; pero \u00c1rtemis, que se complace en tirar flechas, hiri\u00f3la en el palacio de mi padre. H\u00e9ctor, t\u00fa eres ahora mi padre, mi venerable madre y mi hermano; t\u00fa, mi floreciente esposo. Pues, ea, s\u00e9 compasivo, qu\u00e9date aqu\u00ed en la tome \u2011\u00a1no hagas a un ni\u00f1o hu\u00e9rfano y a una mujer viuda!\u2011 y pon el ej\u00e9rcito junto al cabrah\u00edgo, que por all\u00ed la ciudad es accesible y el muro m\u00e1s f\u00e1cil de escalar. Los m\u00e1s valientes \u2011los dos Ayantes, el c\u00e9lebre Idomeneo, los Atridas y el fuerte hijo de Tideo con los suyos respectivos\u2011 ya por tres veces se han encaminado a aquel sitio para intentar el asalto: alguien que conoce los or\u00e1culos se lo indic\u00f3, o su mismo arrojo los impele y anima.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3le el gran H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0Todo esto me da cuidado, mujer, pero mucho me sonrojar\u00eda ante los troyanos y las troyanas de rozagantes peplos, si como un cobarde huyera del combate; y tampoco mi coraz\u00f3n me incita a ello, que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila entre los troyanos, manteniendo la inmensa gloria de mi padre y de m\u00ed mismo. Bien lo conoce mi inteligencia y lo presiente mi coraz\u00f3n: d\u00eda vendr\u00e1 en que perezcan la sagrada Ilio, Pr\u00edamo y el pueblo de Pr\u00edamo, armad con lanzas de fresno. Pero la futura desgracia de los troyanos, de la misma H\u00e9cuba, del rey Pr\u00edamo y de muchos d mis valientes hermanos que caer\u00e1n en el polvo a manos d los enemigos, no me importa tanto como la que padecer\u00e1 t\u00fa cuando alguno de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas, se te lleve llorosa, priv\u00e1ndote de libertad, y luego tejas tela e Argos, a las \u00f3rdenes de otra mujer, o vayas por agua a la fuente Meseide o Hiperea, muy contrariada porque la dura necesidad pesar\u00e1 sobre ti. Y quiz\u00e1s alguien exclame, al verte derramar l\u00e1grimas: \u00ab\u00c9sta fue la esposa de H\u00e9ctor, el guerrero que m\u00e1s se se\u00f1alaba entre los troyanos, domadores de caballos, cuando en torno de Ilio peleaban.\u00bb As\u00ed dir\u00e1n, y sentir\u00e1s un nuevo pesar al verte sin el hombre que pudiera librarte de la esclavitud. Pero ojal\u00e1 un mont\u00f3n de tierra cubra mi cad\u00e1ver, antes que oiga tus clamores o presencie tu rapto.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed diciendo, el esclarecido H\u00e9ctor tendi\u00f3 los brazos su hijo, y \u00e9ste se recost\u00f3, gritando, en el seno de la nodriza de bella cintura, por el terror que el aspecto de su padre le causaba: d\u00e1banle miedo el bronce y el terrible penacho crines de caballo, que ve\u00eda ondear en lo alto del yelmo. Sonri\u00e9ronse el padre amoroso y la veneranda madre. H\u00e9ctor se apresur\u00f3 a dejar el refulgente casco en el suelo, bes\u00f3 y meci\u00f3 en sus manos al hijo amado, y rog\u00f3 as\u00ed a Zeus y a los de m\u00e1s dioses:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1Zeus y dem\u00e1s dioses! Concededme que este hijo m\u00edo sea, como yo, ilustre entre los troyanos a igualmente esforzado; que reine poderosamente en Ilio; que digan de \u00e9l cuando vuelva de la batalla: \u00ab\u00a1Es mucho m\u00e1s valiente que su padre!\u00bb; y que, cargado de cruentos despojos del enemigo quien haya muerto, regocije el alma de su madre.<\/p>\n<p>\u00a0Esto dicho, puso el ni\u00f1o en brazos de la esposa amada, que, al recibirlo en el perfumado seno, sonre\u00eda con el rostro todav\u00eda ba\u00f1ado en l\u00e1grimas. Not\u00f3lo el esposo y compadecido, acarici\u00f3la con la mano y le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Desdichada! No en demas\u00eda tu coraz\u00f3n se acongoje, que nadie me enviar\u00e1 al Hades antes de lo dispuesto por el destino; y de su suerte ning\u00fan hombre, sea cobarde o valiente, puede librarse una vez nacido. Vuelve a casa, oc\u00fapate en las labores del telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo; y de la guerra nos cuidaremos cuantos varones nacimos en Ilio, y yo el primero.<\/p>\n<p>\u00a0Dichas estas palabras, el preclaro H\u00e9ctor se puso el yelmo adornado con crines de caballo, y la esposa amada regres\u00f3 a su casa, volviendo la cabeza de cuando en cuando y vertiendo copiosas l\u00e1grimas. Pronto lleg\u00f3 Andr\u00f3maca al palacio, lleno de gente, de H\u00e9ctor, matador de hombres; hall\u00f3 en \u00e9l muchas esclavas, y a todas las movi\u00f3 a l\u00e1grimas. Lloraban en el palacio a H\u00e9ctor vivo a\u00fan, porque no esperaban que volviera del combate libr\u00e1ndose del valor y de las manos de los aqueos.<\/p>\n<p>\u00a0Paris no demor\u00f3 en el alto palacio; pues, as\u00ed que hubo vestido las magn\u00edficas armas de labrado bronce, atraves\u00f3 presuroso la ciudad haciendo gala de sus pies ligeros. Como el corcel avezado a ba\u00f1arse en la cristalina corriente de un r\u00edo, cuando se ve atado en el establo, come la cebada del pesebre y rompiendo el ronzal sale trotando por la llanura, yergue orgulloso la cerviz, ondean las crines sobre su cuello, y ufano de su lozan\u00eda mueve ligero las rodillas encamin\u00e1ndose a los acostumbrados sitios donde los caballos pacen; de aquel modo, Paris, hijo de Pr\u00edamo, cuya armadura brillaba como un sol, descend\u00eda gozoso de la excelsa P\u00e9rgamo por sus \u00e1giles pies llevado. Alejandro alcanz\u00f3 en seguida a su hermano el divino H\u00e9ctor cuando \u00e9ste regresaba del lugar en que hab\u00eda pasado el coloquio con su esposa, y fue el primero en hablar diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Mi buen hermano! Mucho te hice esperar deteni\u00e9ndote, a pesar de tu impaciencia; pues no he venido oportunamente, como ordenaste.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le H\u00e9ctor, el de tremolante casco:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Querido! Nadie que sea justo reprender\u00e1 tu trabajo en el combate, porque eres valiente; pero a veces te complaces en desalentarte y no quieres pelear, y mi coraz\u00f3n se aflige cuando oigo que te baldonan los troyanos que tantos trabajos sufren por ti. Pero. v\u00e1monos y luego lo arreglaremos todo, si Zeus nos permite ofrecer en nuestro palacio la cratera de la libertad a los celestes sempiternos dioses, por haber echado de Troya a los aqueos de hermosas grebas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO VI Coloquio de H\u00e9ctor y Andr\u00f3maca Entre los segundos, los troyanos, H\u00e9ctor, que ha regresado a Troya para ordenar que las mujeres se congracien con Atenea con plegarias y ofrendas, cuando vuelve al campo de batalla, se encuentra con su esposa y con su hijo, a\u00fan de tierna edad.\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-vi-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1013,1059,1015,1034,1289,1287,1014,1051,1025,1033],"class_list":["post-930","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ciencia","tag-empresa","tag-flor","tag-guerra","tag-homero","tag-iliada","tag-naturaleza","tag-planta","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.6 - 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