{"id":929,"date":"2010-11-27T22:25:00","date_gmt":"2010-11-27T20:25:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=929"},"modified":"2010-11-27T22:25:00","modified_gmt":"2010-11-27T20:25:00","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO V<\/strong><\/p>\n<p><strong>Principal\u00eda de Diomedes<\/strong><\/p>\n<p>Entre los primeros, los aqueos, destaca Diomedes, siendo capaz de hacer huir a los mism\u00edsimos dioses Ares y Afrodita.<\/p>\n<p>\u00a0Entonces Palas Atenea infundi\u00f3 a Diomedes Tidida valor y audacia, para que brillara entre todos los argivos y alcanzase inmensa gloria, a hizo salir de su casco y de su escudo una incesante llama parecida al astro que en oto\u00f1o luce y centellea despu\u00e9s de ba\u00f1arse en el Oc\u00e9ano. Tal resplandor desped\u00edan la cabeza y los hombros del h\u00e9roe, cuando Atenea lo llev\u00f3 al centro de la batalla, all\u00ed donde era mayor el n\u00famero de guerreros que tumultuosamente se agitaban.<\/p>\n<p>\u00a0Hubo en Troya un var\u00f3n rico a irreprensible, sacerdote de Hefesto, llamado Dares; y de \u00e9l eran hijos Fegeo a Ideo, ejercitados en toda especie de combates. \u00c9stos iban en un mismo carro; y, separ\u00e1ndose de los suyos, cerraron con Diomedes, que desde tierra y en pie los aguard\u00f3. Cuando se hallaron frente a frente, Fegeo tir\u00f3 el primero la luenga lanza, que pas\u00f3 por cima del hombro izquierdo del Tidida sin herirlo; arroj\u00f3 \u00e9ste la suya y no fue en vano, pues se la clav\u00f3 a aqu\u00e9l en el pecho, entre las tetillas, y lo derrib\u00f3 por tierra. Ideo salt\u00f3 al suelo, desamparando el magn\u00edfico carro, sin que se atreviera a defender el cad\u00e1ver de su hermano \u2011no se hubiese librado de la negra muerte\u2011, y Hefesto lo sac\u00f3 salvo, envolvi\u00e9ndolo en densa nube, a fin de que el anciano padre no se afligiera en demas\u00eda. El hijo del magn\u00e1nimo Tideo se apoder\u00f3 de los corceles y los entreg\u00f3 a sus compa\u00f1eros para que los llevaran a las c\u00f3ncavas naves. Cuando los altivos troyanos vieron que uno de los hijos de Dares hu\u00eda y el otro quedaba muerto entre los carros, a todos se les conmovi\u00f3 el coraz\u00f3n. Y Atenea, la de ojos de lechuza, tom\u00f3 por la mano al furibundo Ares y le habl\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado de homicidios, demoledor de murallas! \u00bfNo dejaremos que troyanos y aqueos peleen solos \u2011sean \u00e9stos o aqu\u00e9llos a quienes el padre Zeus quiera dar gloria\u2011 y nos retiraremos, para librarnos de la c\u00f3lera de Zeus?<\/p>\n<p>\u00a0Dicho esto, sac\u00f3 de la liza al furibundo Ares y lo hizo sentar en la herbosa ribera del Escamandro. Los d\u00e1naos pusieron en fuga a los troyanos, y cada uno de sus caudillos mat\u00f3 a un hombre. Empez\u00f3 el rey de hombres, Agamen\u00f3n, con derribar del carro al corpulento Odio, caudillo de los halizones; al volverse para huir, envas\u00f3le la pica en la espalda, entre los hombros, y la punta sali\u00f3 por el pecho. Cay\u00f3 el guerrero con estr\u00e9pito y sus armas resonaron.<\/p>\n<p>\u00a0Idomeneo quit\u00f3 la vida a Festo, hijo de Boro el meonio, que hab\u00eda llegado de la f\u00e9rtil Tarne, hiri\u00e9ndolo con la formidable lanza en el hombro derecho, cuando sub\u00eda al carro: desplom\u00f3se Festo, tinieblas horribles lo envolvieron y los servidores de Idomeneo lo despojaron de la armadura.<\/p>\n<p>\u00a0El Atrida Menelao mat\u00f3 con la aguda pica a Escamandrio, hijo de Estrofio, ejercitado en la caza. A tan excelente cazador la misma \u00c1rtemis le hab\u00eda ense\u00f1ado a tirar a cuantas fieras cr\u00edan las selvas de los montes. Mas no le vali\u00f3 ni \u00c1rtemis, que se complace en tirar flechas, ni el arte de arrojarlas en que tanto descollaba: tuvo que huir, y el Atrida Menelao, famoso por su lanza, lo hiri\u00f3 con un dardo en la espalda, entre los hombros, y le atraves\u00f3 el pecho. Cay\u00f3 de cara y sus armas resonaron.<\/p>\n<p>\u00a0Meriones dej\u00f3 sin vida a Fereclo, hijo de Tect\u00f3n Harm\u00f3nida, que con las manos fabricaba toda clase de obras de ingenio, porque era muy caro a Palas Atenea. \u00c9ste, no conociendo los or\u00e1culos de los dioses, construy\u00f3 las naves bien proporcionadas de Alejandro, las cuales fueron la causa primera de todas las desgracias y un mal para los troyanos y para \u00e9l mismo. Meriones, cuando alcanz\u00f3 a aqu\u00e9l, lo alance\u00f3 en la nalga derecha; y la punta, pasando por debajo del hueso y cerca de la vejiga, sali\u00f3 al otro lado. El guerrero cay\u00f3 de hinojos, gimiendo, y la muerte lo envolvi\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0Meges hizo perecer a Pedeo, hijo bastardo de Ant\u00e9nor, a quien Teano, la divina, hab\u00eda criado con igual solicitud que a los hijos propios, para complacer a su esposo. El hijo de Fileo, famoso por su pica, fue a clavarle en la nuca la puntiaguda lanza, y el hierro cort\u00f3 la lengua y asom\u00f3 por los dientes del guerrero. Pedeo cay\u00f3 en el polvo y mord\u00eda el fr\u00edo bronce.<\/p>\n<p>\u00a0Eur\u00edpilo Evem\u00f3nida dio muerte al divino Hipsenor, hijo del animoso Dolopi\u00f3n, que era sacerdote de Escamandro y el pueblo lo veneraba como a un dios. Persegu\u00edalo Eur\u00edpilo, hijo preclaro de Evem\u00f3n; el cual, poniendo mano a la espada, de un tajo en el hombro le cercen\u00f3 el robusto brazo, que ensangrentado cay\u00f3 al suelo. La purp\u00farea muerte y el hado cruel velaron los ojos del troyano.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed se portaban \u00e9stos en el re\u00f1ido combate. En cuanto al Tidida, no hubieras conocido con qui\u00e9nes estaba, ni si pertenec\u00eda a los troyanos o a los aqueos. Andaba furioso por la llanura cual hinchado torrente que en su r\u00e1pido curso derriba los diques \u2011pues ni los diques m\u00e1s trabados, ni los setos de los floridos campos lo detienen\u2011, y present\u00e1ndose repentinamente, cuando cae espesa la lluvia de Zeus, destruye muchas hermosas labores de los j\u00f3venes; tal tumulto promov\u00eda el Tidida en las densas falanges troyanas que, con ser tan numerosas, no se atrev\u00edan a resistirlo.<\/p>\n<p>\u00a0Tan luego como el preclaro hijo de Lica\u00f3n vio que Diomedes corna furioso por la llanura y desordenaba las falanges, tendi\u00f3 el corvo arco y lo hiri\u00f3 en el hombro derecho, por el hueco de la coraza, mientras aqu\u00e9l acomet\u00eda. La cruel saeta atraves\u00f3 el hombro y la coraza y se manch\u00f3 de sangre. Y el preclaro hijo de Lica\u00f3n, al notarlo, grit\u00f3 con voz recia:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Arremeted, troyanos de \u00e1nimo altivo, aguijadores de caballos! Herido est\u00e1 el m\u00e1s fuerte de los aqueos; y no creo que pueda resistir mucho tiempo la fornida saeta, si fue realmente Apolo, hijo de Zeus, quien me movi\u00f3 a venir aqu\u00ed desde la Licia.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo glori\u00e1ndose. Pero la veloz flecha no postr\u00f3 a Diomedes; el cual, retrocediendo hasta el carro y los caballos, se detuvo y dijo a Est\u00e9nelo, hijo de Capaneo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Corre, buen hijo de Capaneo, baja del carro y arr\u00e1ncame del hombro la amarga flecha.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Est\u00e9nelo salt\u00f3 del carro al suelo, se le acerc\u00f3, y sac\u00f3le del hombro la aguda flecha; la sangre chocaba, al salir a borbotones, contra las mallas de la t\u00fanica. Y entonces Diomedes, valiente en el combate, hizo esta plegaria:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1\u00d3yeme, hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida! \u00a1Ind\u00f3mita! Si alguna vez amparaste ben\u00e9vola a mi padre en la cruel guerra, s\u00e9me ahora propicia, \u00a1oh Atenea!, y haz que se ponga a tiro de lanza y reciba la muerte de mi mano quien se me anticip\u00f3 hiri\u00e9ndome, y ahora se jacta de que pronto dejar\u00e9 de contemplar la f\u00falgida luz del sol.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo rogando. Palas Atenea lo oy\u00f3, agiliz\u00f3le los miembros todos y especialmente los pies y las manos, y poni\u00e9ndose a su lado pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Cobra \u00e1nimo, Diomedes, y pelea con los troyanos; pues ya infund\u00ed en tu pecho el paterno intr\u00e9pido valor que acostumbraba tener el jinete Tideo, agitador del escudo, y apart\u00e9 la niebla que cubr\u00eda tus ojos para que en la batalla conozcas bien a los dioses y a los hombres. Si alguno de aqu\u00e9llos viene a tentarte, no quieras combatir con los inmortales; pero, si se presentara en la lid Afrodita, hija de Zeus, hi\u00e9rela con el agudo bronce.<\/p>\n<p>\u00a0Dicho esto, fuese Atenea, la de ojos de lechuza. El Tidida volvi\u00f3 a mezclarse con los combatientes delanteros; y, si antes ard\u00eda en deseos de pelear contra los troyanos, entonces sinti\u00f3 que se le triplicaba el br\u00edo, como un le\u00f3n a quien el pastor hiere levemente en el campo, al asaltar un redil de lanudas ovejas, y no lo mata, sino que lo excita la fuerza: el pastor desiste de rechazarlo y entra en el establo; las ovejas, al verse sin defensa, huyen para caer pronto hacinadas unas sobre otras, y la fiera salta afuera de la elevada cerca. Con tal furia penetr\u00f3 en las filas troyanas el fuerte Diomedes.<\/p>\n<p>\u00a0Entonces hizo morir a Ast\u00ednoo y a Hipir\u00f3n, pastor de hombres. Al primero lo hiri\u00f3 con la bronc\u00ednea lanza encima del pecho; contra Hipir\u00f3n desnud\u00f3 la gran espada, y de un tajo en la clav\u00edcula separ\u00f3le el hombro del cuello y la espalda. Dej\u00f3los y fue al encuentro de Abante y Pol\u00fcdo, hijos de Euridamante, que era de provecta edad a int\u00e9rprete de sus sue\u00f1os: cuando fueron a la guerra, el anciano no les interpretar\u00eda los sue\u00f1os, pues sucumbieron a manos del fuerte Diomedes, que los despoj\u00f3 de las armas. Enderez\u00f3 luego los pasos hacia Janto y To\u00f3n, hijos de F\u00e9nope \u2011\u00e9ste los hab\u00eda tenido en la triste vejez que lo abrumaba y no engendr\u00f3 otro hijo que heredara sus riquezas\u2011, y a entrambos les quit\u00f3 la dulce vida, causando llanto y triste pesar al anciano, que no pudo recibirlos de vuelta de la guerra; y m\u00e1s tarde los parientes se repartieron la herencia.<\/p>\n<p>\u00a0En seguida alcanz\u00f3 a Equem\u00f3n y a Cromio, hijos de Pr\u00edamo Dard\u00e1nida, que iban en el mismo carro. Cual le\u00f3n que, penetrando en la vacada, despedaza la cerviz de una vaca o de una becerra que pace en el soto, as\u00ed el hijo de Tideo los derrib\u00f3 violentamente del carro, les quit\u00f3 la armadura y entreg\u00f3 los corceles a sus camaradas para que los llevaran a las naves.<\/p>\n<p>\u00a0Eneas advirti\u00f3 qu\u00e9 Diomedes destru\u00eda las hileras de los troyanos, y fue en busca del divino P\u00e1ndaro por la liza y entre el estruendo de las lanzas. Hall\u00f3 por fin al fuerte y eximio hijo de Lica\u00f3n; y deteni\u00e9ndose a su lado, le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1P\u00e1ndaro! \u00bfD\u00f3nde guardas el arco y las voladoras flechas? \u00bfQu\u00e9 es de tu fama? Aqu\u00ed no tienes rival y en la Licia nadie se glor\u00eda de aventajarte. Ea, levanta las manos a Zeus y dispara una flecha contra ese hombre que triunfa y causa males sin cuento a los troyanos \u2011de muchos valientes ha quebrado ya las rodillas\u2011, si por ventura no es un dios airado con los troyanos a causa de los sacrificios, pues la c\u00f3lera de una deidad es terrible.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le el preclaro hijo de Lica\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Eneas, consejero de los troyanos, de bronc\u00edneas t\u00fanicas! Par\u00e9cese por entero al aguerrido Tidida: reconozco su escudo, su casco de alta cimera y agujeros a guisa de ojos y sus corceles, pero no puedo asegurar si es un dios. Si ese guerrero es en realidad el belicoso hijo de Tideo, no se mueve con tal furia sin que alguno de los inmortales lo acompa\u00f1e, cubierta la espalda con una nube, y desv\u00ede las veloces flechas que hacia \u00e9l vuelan. Arroj\u00e9le una saeta que lo hiri\u00f3 en el hombro derecho, penetrando por el hueco de la coraza; cre\u00ed enviarle a Aidoneo, y sin embargo de esto no lo mat\u00e9; sin duda es un dios irritado. No tengo aqu\u00ed corceles ni carros que me lleven, aunque en el palacio de Lica\u00f3n quedaron once carros hermosos, s\u00f3lidos, de reciente construcci\u00f3n, cubiertos con fundas y con sus respectivos pares de caballos que comen blanca cebada y avena. Lica\u00f3n, el guerrero anciano, entre los muchos consejos que me dio cuando part\u00ed del magn\u00edfico palacio, me recomend\u00f3 que en el duro combate mandara a los troyanos subido en un carro; mas yo no me dej\u00e9 convencer \u2011mucho mejor hubiera sido seguir su consejo\u2011 y rehus\u00e9 llevarme los corceles por el temor de que, acostumbrados a comer bien, se encontraran sin pastos en una ciudad sitiada. Dej\u00e9los, pues, y vine como infante a Ilio, confiando en el arco que para nada me hab\u00eda de servir. Contra dos pr\u00f3ceres lo he disparado, el Tidida y el Atrida; a entrambos les caus\u00e9 heridas, de las que manaba verdadera sangre, y s\u00f3lo consegu\u00ed excitarlos m\u00e1s. Con mala suerte descolgu\u00e9 del clavo el corvo arco el d\u00eda en que vine con mis troyanos a la amena Ilio para complacer al divino H\u00e9ctor. Si logro regresar y ver con estos ojos mi patria, mi mujer y mi casa espaciosa y de elevado techo, c\u00f3rteme la cabeza un enemigo si no rompo y tiro al relumbrante fuego este arco, ya que su compa\u00f1\u00eda me resulta in\u00fatil.<\/p>\n<p>\u00a0Replic\u00f3le Eneas, caudillo de los troyanos:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011No hables as\u00ed. Las cosas no cambiar\u00e1n hasta que, montados nosotros en el carro, acometamos a ese hombre y probemos la suerte de las armas. Sube a mi carro, para que veas cu\u00e1les son los corceles de Tros y c\u00f3mo saben as\u00ed perseguir ac\u00e1 y acull\u00e1 de la llanura como huir ligeros; ellos nos llevar\u00e1n salvos a la ciudad, si Zeus concede de nuevo la victoria a Diomedes Tidida. Ea, coma el l\u00e1tigo y las lustrosas riendas, y bajar\u00e9 del carro para combatir; o enc\u00e1rgate t\u00fa de pelear, y yo me cuidar\u00e9 de los caballos.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 el preclaro hijo de Lica\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1Eneas! Recoge t\u00fa las riendas y gu\u00eda los corceles, porque tirar\u00e1n mejor del corvo carro obedeciendo al auriga a que est\u00e1n acostumbrados, si nos pone en fuga el hijo de Tideo. No sea que, echando de menos tu voz, se espanten y desboquen y no quieran sacarnos de la liza, y el hijo del magn\u00e1nimo Tideo nos embista y mate y se lleve los sol\u00edpedos caballos. Gu\u00eda, pues, el carro y los corceles, y yo con la aguda lanza esperar\u00e9 su acometida.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed hablaron; y, subidos en el labrado carro, guiaron animosamente los briosos corceles en derechura al Tidida. Advirti\u00f3lo Est\u00e9nelo, preclaro hijo de Capaneo, y al punto dijo al Tidida estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Diomedes Tidida, car\u00edsimo a mi coraz\u00f3n! Veo que dos robustos varones, cuya fuerza es grand\u00edsima, desean combatir contigo: el uno, P\u00e1ndaro, es h\u00e1bil arquero y se jacta de ser hijo de Lica\u00f3n; el otro, Eneas, se glor\u00eda de haber sido engendrado por el magn\u00e1nimo Anquises y su madre es Afrodita. Ea, subamos al carro, retir\u00e9monos, y cesa de revolverte furioso entre los combatientes delanteros para que no pierdas la dulce vida.<\/p>\n<p>\u00a0Mir\u00e1ndolo con torva faz, le respondi\u00f3 el fuerte Diomedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011No me hables de huir, pues no creo que me persuadas. Ser\u00eda impropio de m\u00ed batirme en retirada o amedrentarme. Mis fuerzas a\u00fan siguen sin menoscabo. Desde\u00f1o subir al carro, y tal como estoy ir\u00e9 a encontrarlos, pues Palas Atenea no me deja temblar. Sus \u00e1giles corceles no los llevar\u00e1n lejos de aqu\u00ed, si por ventura alguno de aqu\u00e9llos puede escapar. Otra cosa voy a decir que tendr\u00e1s muy presente: Si la sabia Atenea me concede la gloria de matar a entrambos, sujeta estos veloces caballos, amarrando las bridas al barandal, y no se te olvide de apoderarte de los corceles de Eneas para sacarlos de los troyanos y traerlos a los aqueos de hermosas grebas; pues pertenecen a la raza de aqu\u00e9llos que el largovidente Zeus dio a Tros en pago de su hijo Ganimedes, y son, por canto, los mejores de cuantos viven debajo del sol y la aurora. Anquises, rey de hombres, logr\u00f3 adquirir, a hurto, caballos de esta raza ayuntando yeguas con aqu\u00e9llos sin que Laomedonte lo advirtiera; naci\u00e9ronle seis en el palacio, cri\u00f3 cuatro en su pesebre y dio esos dos a Eneas, que pone en fuga a sus enemigos. Si los cogi\u00e9ramos, alcanzar\u00edamos gloria no peque\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed \u00e9stos conversaban. Pronto Eneas y P\u00e1ndaro, picando a los \u00e1giles corceles, se les acercaron. Y el preclaro hijo de Lica\u00f3n exclam\u00f3 el primero:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Coraz\u00f3n fuerte, hombre belicoso, hijo del ilustre Tideo! Ya que la veloz y da\u00f1osa flecha no lo derrib\u00f3, voy a probar si lo hiero con la lanza.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y blandiendo la ingente arma, dio un bote en el escudo del Tidida: la bronc\u00ednea punta atraves\u00f3 la rodela y lleg\u00f3 muy cerca de la coraza. El preclaro hijo de Lica\u00f3n grit\u00f3 en seguida:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Tienes el ijar atravesado de parte a parte, y no creo que resistas largo tiempo. Inmensa es la gloria que acabas de darme.<\/p>\n<p>\u00a0Sin turbarse, le replic\u00f3 el fuerte Diomedes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Erraste el golpe, no has acertado; y creo que no dejar\u00e9is de combatir, hasta que uno de vosotros caiga y harte de sangre a Ares, el infatigable luchador.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y le arroj\u00f3 la lanza que, dirigida por Atenea a la nariz junto al ojo, le atraves\u00f3 los blancos dientes. El duro bronce cort\u00f3 la punta de la lengua y apareci\u00f3 por debajo de la barba. P\u00e1ndaro cay\u00f3 del carro, sus lucientes y labradas armas resonaron, espant\u00e1ronse los corceles de \u00e1giles pies, y a\u00ed acabaron la vida y el valor del guerrero.<\/p>\n<p>\u00a0Salt\u00f3 Eneas del carro con el escudo y la larga pica; y, temiendo que los aqueos le quitaran el cad\u00e1ver, defend\u00edalo como un le\u00f3n que conf\u00eda en su bravura: p\u00fasose delante del muerto enhiesta la lanza y embrazado el liso escudo, y profiriendo horribles gritos se dispon\u00eda a matar a quien se le opusiera. Mas el Tidida, cogiendo una gran piedra que dos de los hombres actuales no podr\u00edan llevar y que \u00e9l manejaba f\u00e1cilmente, hiri\u00f3 a Eneas en la articulaci\u00f3n del isquion con el f\u00e9mur que se llama c\u00f3tila; la \u00e1spera piedra rompi\u00f3 la c\u00f3tila, desgarr\u00f3 ambos tendones y arranc\u00f3 la piel. El h\u00e9roe cay\u00f3 de rodillas, apoy\u00f3 la robusta mano en el suelo y la noche obscura cubri\u00f3 sus ojos.<\/p>\n<p>\u00a0Y all\u00ed pereciera el rey de hombres Eneas, si al punto no lo hubiese advertido su madre Afrodita, hija de Zeus, que lo hab\u00eda concebido de Anquises, pastor de bueyes. La diosa tendi\u00f3 sus n\u00edveos brazos al hijo amado y lo cubri\u00f3 con un doblez del refulgente manto, para defenderlo de los tiros; no fuera que alguno de los d\u00e1naos, de \u00e1giles corceles, clav\u00e1ndole el bronce en el pecho, le quitara la vida.<\/p>\n<p>\u00a0Mientras Afrodita sacaba a Eneas de la liza, el hijo de Capaneo no ech\u00f3 en olvido las \u00f3rdenes que le diera Diomedes, valiente en el combate: sujet\u00f3 all\u00ed, separadamente de la refriega, sus sol\u00edpedos caballos, amarrando las bridas al barandal; y, apoder\u00e1ndose de los corceles, de lindas crines, de Eneas, h\u00edzolos pasar de los troyanos a los aqueos de hermosas grebas y entreg\u00f3los a De\u00edpilo, el compa\u00f1ero a quien m\u00e1s honraba entre los de la misma edad a causa de su prudencia, para que los llevara a las c\u00f3ncavas naves. Acto continuo el h\u00e9roe subi\u00f3 al carro, asi\u00f3 las lustrosas riendas y gui\u00f3 sol\u00edcito hacia el Tidida los caballos de duros cascos. El h\u00e9roe persegu\u00eda con el cruel bronce a Cipris, conociendo que era una deidad d\u00e9bil, no de aqu\u00e9llas que imperan en el combate de los hombres, como Atenea o Enio, asoladora de ciudades. Tan pronto como lleg\u00f3 a alcanzarla por entre la multitud, el hijo del magn\u00e1nimo Tideo, calando la afilada pica, rasgu\u00f1\u00f3 la tierna mano de la diosa: la punta atraves\u00f3 el peplo divino, obra de las mismas Gracias, y rompi\u00f3 la piel de la palma. Brot\u00f3 la sangre divina, o por mejor decir, el icor; que tal es lo que tienen los bienaventurados dioses, pues no comen pan ni beben el negro vino, y por esto carecen de sangre y son llamados inmortales. La diosa, dando una gran voz, apart\u00f3 a su hijo, que Febo Apolo recibi\u00f3 en sus brazos y envolvi\u00f3 en espesa nube; no fuera que alguno de los d\u00e1naos, de \u00e1giles corceles, clav\u00e1ndole el bronce en el pecho, le quitara la vida. Y Diomedes, valiente en el combate, dijo a voz en cuello:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hija de Zeus, ret\u00edrate del combate y la pelea! \u00bfNo te basta enga\u00f1ar a las d\u00e9biles mujeres? Creo que, si intervienes en la batalla, te dar\u00e1 horror la guerra, aunque te encuentres a gran distancia de donde la haya.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. La diosa retrocedi\u00f3 turbada y muy afligida; Iris, de pies veloces como el viento, asi\u00e9ndola por la mano, la sac\u00f3 del tumulto cuando ya el dolor la abrumaba y el hermoso cutis se ennegrec\u00eda; y como aqu\u00e9lla encontrara al furibundo Ares sentado a la izquierda de la batalla, con la lanza y los veloces caballos envueltos en una nube, se hinc\u00f3 de rodillas y pidi\u00f3le con instancia los corceles de \u00e1ureas bridas:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Querido hermano! Compad\u00e9cete de m\u00ed y dame los caballos para que pueda volver al Olimpo, a la mansi\u00f3n de los inmortales. Me duele mucho la herida que me infiri\u00f3 un hombre, el Tidida, quien ser\u00eda capaz de pelear con el padre Zeus.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y Ares le cedi\u00f3 los corceles de \u00e1ureas bridas. Afrodita subi\u00f3 al carro con el coraz\u00f3n afligido; Iris se puso a su lado, y tomando las riendas avisp\u00f3 con el l\u00e1tigo a aqu\u00e9llos, que gozosos alzaron el vuelo. Pronto llegaron a la morada de los dioses, al alto Olimpo; y la diligente Iris, la de pies ligeros como el viento, detuvo los caballos, los desunci\u00f3 del carro y les ech\u00f3 un pasto divino. La diosa Afrodita se refugi\u00f3 en el regazo de su madre Dione; la cual, recibi\u00e9ndola en los brazos y halag\u00e1ndola con la mano, le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfCu\u00e1l de los celestes dioses, hija querida, de tal modo te maltrat\u00f3, como si a su presencia hubieses cometido alguna falta?<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le al punto Afrodita, amante de la risa:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Hiri\u00f3me el hijo de Tideo, Diomedes soberbio, porque sacaba de la liza a mi hijo Eneas, car\u00edsimo para m\u00ed m\u00e1s que otro alguno. La enconada lucha ya no es s\u00f3lo de troyanos y aqueos, pues los d\u00e1naos ya se atreven a combatir con los inmortales.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3 Dione, divina entre las diosas:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Sufre el dolor, hija m\u00eda, y sop\u00f3rtalo aunque est\u00e9s afligida; que muchos de los que habitamos ol\u00edmpicos palacios hemos tenido que tolerar ofensas de los hombres, a quienes excitamos para causarnos, unos dioses a otros, horribles males.\u2011 Las toler\u00f3 Ares cuando Oto y el fornido Efialtes, hijos de Aloeo, lo tuvieron trece meses atado con fuertes cadenas en una c\u00e1rcel de bronce: a\u00ed pereciera el dios insaciable de combate, si su madrastra, la bell\u00edsima Eribea, no lo hubiese participado a Hermes, quien sac\u00f3 furtivamente de la c\u00e1rcel a Ares casi ex\u00e1nime, pues las crueles ataduras lo agobiaban.- Las toler\u00f3 Hera cuando el vigoroso hijo de Anfitri\u00f3n hiri\u00f3la en el pecho diestro con trifurcada flecha; vehement\u00edsimo dolor atorment\u00f3 entonces a la diosa.\u2011 Y las toler\u00f3 tambi\u00e9n el ingente Hades cuando el mismo hijo de Zeus, que lleva la \u00e9gida, dispar\u00e1ndole en Pilos veloz saeta, to entreg\u00f3 al dolor entre los muertos: con el coraz\u00f3n afligido, traspasado de dolor, pues la flecha se le hab\u00eda clavado en la robusta espalda y abat\u00eda su \u00e1nimo, fue el dios al palacio de Zeus, al vasto Olimpo, y, como no hab\u00eda nacido mortal, cur\u00f3lo Pe\u00f3n, esparciendo sobre la herida drogas calmantes. \u00a1Osado! \u00a1Temerario! No se absten\u00eda de cometer acciones nefandas y contristaba con el arco a los dioses que habitan el Olimpo.\u2011 A \u00e9se lo ha excitado contra ti Atenea, la diosa de ojos de lechuza. \u00a1Insensato! Ignora el hijo de Tideo que quien lucha con los inmortales ni llega a viejo ni los hijos lo reciben, llam\u00e1ndole padre y abrazando sus rodillas, de vuelta del combate y de la terrible pelea. Aunque es valiente, tema el Tidida que le salga al encuentro alguien m\u00e1s fuerte que t\u00fa: no sea que luego la prudente Egialea, hija de Adrasto y c\u00f3nyuge ilustre de Diomedes, domador de caballos, despierte con su llanto a los dom\u00e9sticos por sentir soledad de su leg\u00edtimo esposo, el mejor de los aqueos todos.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y con ambas manos resta\u00f1\u00f3 el icor; la mano se cur\u00f3 y los acerbos dolores se calmaron. Atenea y Hera, que lo presenciaban, intentaron zaherir a Zeus Cronida con mordaces palabras; y Atenea, la diosa de ojos de lechuza, empez\u00f3 a hablar de esta manera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Padre Zeus! \u00bfTe irritar\u00e1s conmigo por lo que dir\u00e9? Sin duda Cipris quiso persuadir a alguna aquea de hermoso peplo a que se fuera con los troyanos, que tan queridos le son; y, acarici\u00e1ndola, \u00e1ureo broche le rasgu\u00f1\u00f3 la delicada mano.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Sonri\u00f3se el padre de los hombres y de los dioses, y llamando a la \u00e1urea Afrodita, le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011A ti, hija m\u00eda, no te han sido asignadas las acciones b\u00e9licas: ded\u00edcate a los dulces trabajos del himeneo, y el impetuoso Ares y Atenea cuidar\u00e1n de aqu\u00e9llas.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed los dioses conversaban. Diomedes, valiente en el combate, cerr\u00f3 con Eneas, no obstante comprender que el mismo Apolo extend\u00eda la mano sobre \u00e9l; pues, impulsado por el deseo de acabar con el h\u00e9roe y despojarlo de las magn\u00edficas armas, ya ni al gran dios respetaba. Tres veces asalt\u00f3 a Eneas con intenci\u00f3n de matarlo; tres veces agit\u00f3 Apolo el refulgente escudo. Y cuando, semejante a un dios, atacaba por cuarta vez, Apolo, el que hiere de lejos, lo increp\u00f3 con aterradoras voces:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Tidida, pi\u00e9nsalo mejor y ret\u00edrate! No quieras igualarte a las deidades, pues jam\u00e1s fueron semejantes la raza de los inmortales dioses y la de los hombres que andan por la tierra.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. El Tidida retrocedi\u00f3 un poco para no atraerse la c\u00f3lera de Apolo, el que hiere de lejos; y el dios, sacando a Eneas del combate, lo llev\u00f3 al templo que ten\u00eda en la sacra P\u00e9rgamo: dentro de \u00e9ste, Leto y Artemis, que se complace en tirar fechas, curaron al h\u00e9roe y le aumentaron el vigor y la belleza del cuerpo. En tanto Apolo, que lleva arco de plata, form\u00f3 un simulacro de Eneas y su armadura; y, alrededor del mismo, troyanos y divinos aqueos chocaban las rodelas de cuero de buey y los alados broqueles que proteg\u00edan sus cuerpos. Y Febo Apolo dijo entonces al furibundo Ares:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado de homicidios, demoledor de murallas! \u00bfQuieres entrar en la liza y sacar a ese hombre, al Tidida, que ser\u00eda capaz de combatir hasta con el padre Zeus? Primero hiri\u00f3 a Cipris en el pu\u00f1o, y luego, semejante a un dios, cerr\u00f3 conmigo.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando esto hubo dicho, sent\u00f3se en la excelsa P\u00e9rgamo. El funesto Ares, tomando la figura del \u00e1gil Acamante, caudillo de los tracios, enardeci\u00f3 a los que militaban en las filas troyanas y exhort\u00f3 a los ilustres hijos de Pr\u00edamo, alumnos de Zeus:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Hijos del rey Pr\u00edamo, alumno de Zeus! \u00bfHasta cu\u00e1ndo dejar\u00e9is que el pueblo perezca a manos de los aqueos? \u00bfAcaso hasta que el enemigo llegue a las s\u00f3lidas puertas de los muros? Yace en tierra un var\u00f3n a quien honr\u00e1bamos como al divino H\u00e9ctor: Eneas, hijo del magn\u00e1nimo Anquises. Ea, saquemos del tumulto al valiente amigo.<\/p>\n<p>\u00a0Con estas palabras les excit\u00f3 a todos el valor y la fuerza. A su vez, Sarped\u00f3n reprend\u00eda as\u00ed al divino H\u00e9ctor:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1H\u00e9ctor! \u00bfQu\u00e9 se hizo el valor que antes mostrabas? Dijiste que defender\u00edas la ciudad sin tropas ni aliados, solo, con tus hermanos y tus deudos. De \u00e9stos a ninguno veo ni descubrir puedo: temblando est\u00e1n como perros en torno de un le\u00f3n, mientras combatimos los que \u00fanicamente somos auxiliares. Yo, que figuro como tal, he venido de muy lejos, de Licia, situada a orillas del voraginoso Janto; all\u00ed dej\u00e9 a mi esposa amada, al tierno infante y riquezas muchas que el menesteroso apetece. Mas, sin embargo de esto y de no tener aqu\u00ed nada que los aqueos puedan llevarse o apresar, animo a los licios y deseo luchar con ese guerrero; y t\u00fa est\u00e1s parado y ni siquiera exhortas a los dem\u00e1s hombres a que resistan al enemigo y defiendan a sus esposas. No sea que, como si hubierais ca\u00eddo en una red de lino que todo lo envuelve, llegu\u00e9is a ser presa y bot\u00edn de los enemigos, y \u00e9stos destruyan vuestra populosa ciudad. Preciso es que lo ocupes en ello d\u00eda y noche y supliques a los caudillos de los auxiliares venidos de lejas tierras, que resistan firmemente y no se hagan acreedores a graves censuras.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3 Sarped\u00f3n. Sus palabras roy\u00e9ronle el \u00e1nimo a H\u00e9ctor, que en seguida salt\u00f3 del carro al suelo, sin dejar las armas; y, blandiendo un par de afiladas picas, recorri\u00f3 el ej\u00e9rcito, anim\u00f3le a combatir y promovi\u00f3 una terrible pelea. Los troyanos volvieron la cara a los aqueos para embestirlos, y los argivos sostuvieron api\u00f1ados la acometida y no se arredraron. Como en el abaleo, cuando la rubia Dem\u00e9ter separa el grano de la paja al soplo del viento, el aire lleva el tamo por las sagradas eras y los montones de paja blanquean; del mismo modo los aqueos se tornaban blanquecinos por el polvo que levantaban hasta el cielo de bronce los pies de los corceles de cuantos volv\u00edan a encontrarse en la refriega. Los aurigas guiaban los caballos al combate y los guerreros acomet\u00edan de frente con toda la fuerza de sus brazos. El furibundo Ares cubri\u00f3 el campo de espesa niebla para socorrer a los troyanos y a todas partes iba; cumpliendo as\u00ed el encargo que le hizo Febo Apolo, el de la \u00e1urea espada, de que excitara el \u00e1nimo de aqu\u00e9llos, cuando vio que Palas Atenea, la protectora de los d\u00e1naos, se ausentaba.<\/p>\n<p>\u00a0El dios sac\u00f3 a Eneas del suntuoso templo; e, infundiendo valor al pastor de hombres, le dej\u00f3 entre sus compa\u00f1eros, que se alegraron de verlo vivo, sano y revestido de valor; pero no le preguntaron nada, porque no se lo permit\u00eda el combate suscitado por el dios del arco de plata, por Ares, funesto a los mortales, y por la Discordia, cuyo furor es insaciable.<\/p>\n<p>\u00a0Ambos Ayantes, Ulises y Diomedes enardec\u00edan a los d\u00e1naos en la pelea; y \u00e9stos, en vez de atemorizarse ante la fuerza y las voces de los troyanos, aguard\u00e1banlos tan firmes como las nubes que el Cronida deja inm\u00f3viles en las cimas de los montes durante la calma, cuando duermen el B\u00f3reas y dem\u00e1s vientos fuertes que con sonoro soplo disipan los pardos nubarrones; tan firmemente esperaban los d\u00e1naos a los troyanos, sin pensar en la fuga. El Atrida bull\u00eda entre la muchedumbre y a todos exhortaba:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos! \u00a1Sed hombres, mostrad que ten\u00e9is un coraz\u00f3n esforzado y avergonzaos de parecer cobardes en el duro combate! De los que sienten este temor, son m\u00e1s los que se salvan que los que mueren; los que huyen ni alcanzan gloria, ni entre s\u00ed se ayudan.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y despidiendo con ligereza el dardo hiri\u00f3 al caudillo Deicoonte Perg\u00e1sida, compa\u00f1ero del magn\u00e1nimo Eneas; a quien veneraban los troyanos como a la prole de Pr\u00edamo, por su arrojo en pelear en las primeras filas. El rey Agamen\u00f3n acert\u00f3 a darle un bote en el escudo, que no logr\u00f3 detener el dardo; \u00e9ste lo atraves\u00f3, y, rasgando el cintur\u00f3n, clav\u00f3se el bronce en el empeine del guerrero. Deicoonte cay\u00f3 con estr\u00e9pito y sus armas resonaron.<\/p>\n<p>\u00a0Eneas mat\u00f3 a dos hijos de Diocles, Cret\u00f3n y Ors\u00edloco, varones valent\u00edsimos, cuyo padre viv\u00eda en la bien construida Fera abastado de bienes, y era descendiente del anchuroso Alfeo, que riega el pa\u00eds de los pilios. El Alfeo engendr\u00f3 a Ort\u00edloco, que rein\u00f3 sobre muchos hombres; Ort\u00edloco fue padre del magn\u00e1nimo Diocles, y de \u00e9ste nacieron los dos mellizos Cret\u00f3n y Ors\u00edloco, diestros en toda especie de combates; quienes, apenas llegados a la juventud, fueron en negras naves y junto con los argivos a Ilio, la de hermosos corceles, para vengar a los Atridas Agamen\u00f3n y Menelao, y all\u00ed hallaron su fin, pues los envolvi\u00f3 la muerte. Como dos leones, criados por su madre en la espesa selva de la cumbre de un monte, devastan los establos, robando bueyes y ping\u00fces ovejas, hasta que los hombres los matan con afilado bronce; del mismo modo, aqu\u00e9llos, que parec\u00edan altos abetos, cayeron vencidos por las manos de Eneas.<\/p>\n<p>\u00a0Al verlos derribados en el suelo, condoli\u00f3se Menelao, caro a Ares, y en seguida, revestido de luciente bronce y blandiendo la lanza, se abri\u00f3 camino por las primeras filas: Ares le excitaba el valor para que sucumbiera a manos de Eneas. Pero Ant\u00edloco, hijo del magn\u00e1nimo N\u00e9stor, que lo advirti\u00f3, se fue en pos del pastor de hombres temiendo que le ocurriera algo y les frustrara la empresa. Cuando los dos guerreros, deseosos de pelear, calaban las agudas lanzas para acometerse, coloc\u00f3se Ant\u00edloco muy cerca del pastor de hombres; Eneas, al ver a los dos varones que estaban juntos, aunque era luchador brioso, no se atrevi\u00f3 a esperarlos; y ellos pudieron llevarse hacia los aqueos los cad\u00e1veres de aquellos infelices, ponerlos en las manos de sus amigos y volver a combatir en el punto m\u00e1s avanzado.<\/p>\n<p>\u00a0Entonces mataron a Pil\u00e9menes, igual a Ares, caudillo de los valientes y escudados paflagones: el Atrida Menelao, famoso por su pica, envas\u00f3le la lanza junto a la clav\u00edcula. Ant\u00edloco hiri\u00f3 de una pedrada en el codo al buen escudero Mid\u00f3n Atimn\u00edada, cuando \u00e9ste revolv\u00eda los sol\u00edpedos caballos \u2011las eb\u00farneas riendas cayeron de sus manos al polvo\u2011, y, acometi\u00e9ndolo con la espada, le dio un tajo en las sienes. Mid\u00f3n, anhelante, cay\u00f3 del bien construido carro: hundi\u00f3se su cabeza con el cuello y parte de los hombros en la arena que a\u00ed abundaba, y as\u00ed permaneci\u00f3 un buen espacio hasta que los corceles, pataleando, lo tiraron al suelo; Ant\u00edloco se apoder\u00f3 del carro, pic\u00f3 a los corceles, y se los llev\u00f3 al campamento aqueo.<\/p>\n<p>\u00a0H\u00e9ctor atisb\u00f3 a los dos guerreros en las filas, arremeti\u00f3 a ellos, gritando, y lo siguieron las fuertes falanges troyanas que capitaneaban Ares y la venerable Enio; \u00e9sta promov\u00eda el horrible tumulto de la pelea; Ares manejaba una lanza enorme, y ya preced\u00eda a H\u00e9ctor, ya marchaba detr\u00e1s del mismo.<\/p>\n<p>\u00a0Al verlo, estremeci\u00f3se Diomedes, valiente en el combate. Como el inexperto viajero, despu\u00e9s que ha atravesado una gran llanura, se detiene al llegar a un r\u00edo de r\u00e1pida corriente que desemboca en el mar, percibe el murmullo de las espumosas aguas y vuelve con presteza atr\u00e1s, de semejante modo retrocedi\u00f3 el Tidida, gritando a los suyos:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos! \u00bfC\u00f3mo nos admiramos de que el divino H\u00e9ctor sea h\u00e1bil lancero y audaz luchador? A su lado hay siempre alguna deidad para librarlo de la muerte, y ahora es Ares, transfigurado en mortal, quien lo acompa\u00f1a. Emprended la retirada, con la cara vuelta hacia los troyanos, y no quer\u00e1is combatir denodadamente con los dioses.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Los troyanos llegaron muy cerca de ellos, y H\u00e9ctor mat\u00f3 a dos varones diestros en la pelea que iban en un mismo carro: Menestes y Anqu\u00edalo. Al verlos derribados por el suelo, compadeci\u00f3se el gran Ayante Telamonio; y, deteni\u00e9ndose muy cerca del enemigo, arroj\u00f3 la pica reluciente a Anfio, hijo de S\u00e9lago, que moraba en Peso, era riqu\u00edsimo en bienes y sembrados y hab\u00eda ido \u2011impuls\u00e1bale el hado- a ayudar a Pr\u00edamo y sus hijos. Ayante Telamonio acert\u00f3 a darle en el cintur\u00f3n, la larga pica se clav\u00f3 en el empeine, y el guerrero cay\u00f3 con estr\u00e9pito. Corri\u00f3 el esclarecido Ayante a despojarlo de las armas \u2011los troyanos hicieron llover sobre el h\u00e9roe agudos relucientes dardos, de los cuales recibi\u00f3 muchos el escudo\u2011, y, poniendo el pie encima del cad\u00e1ver, arranc\u00f3 la bronc\u00ednea lanza; pero no pudo quitarle de los hombros la magn\u00edfica armadura, porque estaba abrumado por los tiros. Temi\u00f3 verse encerrado dentro de un fuerte c\u00edrculo por los arrogantes troyanos, que en gran n\u00famero y con valent\u00eda le enderezaban sus lanzas; y, aunque era corpulento, vigoroso a ilustre, fue rechazado y hubo de retroceder.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed se portaban \u00e9stos en el duro combate. El hado poderoso llev\u00f3 contra Sarped\u00f3n, igual a un dios, a Tlep\u00f3lemo Heraclida, valiente y de gran estatura. Cuando ambos h\u00e9roes, hijo y nieto de Zeus, que amontona las nubes, se hallaron frente a frente, Tlep\u00f3lemo fue el primero en hablar y dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Sarped\u00f3n, pr\u00edncipe de los licios! \u00bfQu\u00e9 necesidad tienes, no estando ejercitado en la guerra, de venir a temblar? Mienten cuantos afirman que eres hijo de Zeus, que lleva la \u00e9gida, pues desmereces mucho de los varones engendrados en tiempos anteriores por este dios, como dicen que fue mi intr\u00e9pido padre, el fornido Heracles, que resist\u00eda audazmente y ten\u00eda el \u00e1nimo de un le\u00f3n; el cual, habiendo venido por los caballos de Laomedonte, con seis solas naves y pocos hombres, consigui\u00f3 saquear la ciudad y despoblar sus calles. Pero t\u00fa eres de \u00e1nimo apocado, dejas que las tropas perezcan, y no creo que tu venida de la Licia sirva para la defensa de los troyanos por muy vigoroso que seas; pues, vencido por m\u00ed, entrar\u00e1s por las puertas del Hades.<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Sarped\u00f3n, caudillo de los licios:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Tlep\u00f3lemo! Aqu\u00e9l destruy\u00f3, con efecto, la sacra Ilio a causa de la perfidia del ilustre Laomedonte, que pag\u00f3 con injuriosas palabras sus beneficios y no quiso entregarle los caballos por los que hab\u00eda venido de tan lejos. Pero yo te digo que la perdici\u00f3n y la negra muerte de mi mano te vendr\u00e1n; y muriendo, herido por mi lanza, me dar\u00e1s gloria, y a Hades, el de los famosos corceles, el alma.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo Sarped\u00f3n, y Tlep\u00f3lemo alz\u00f3 la lanza de fresno. Las luengas lanzas partieron a un mismo tiempo de las manos. Sarped\u00f3n hiri\u00f3 a Tlep\u00f3lemo: la da\u00f1osa punta atraves\u00f3 el cuello, y las tinieblas de la noche velaron los ojos del guerrero. Tlep\u00f3lemo dio con su gran lanza en el muslo izquierdo de Sarped\u00f3n y el bronce penetr\u00f3 con \u00edmpetu hasta el hueso; pero todav\u00eda su padre lo libr\u00f3 de la muerte.<\/p>\n<p>\u00a0Los ilustres compa\u00f1eros de Sarped\u00f3n, igual a un dios, sac\u00e1ronlo del combate, con la gran lanza que, al arrastrarse, le pesaba; pues con la prisa nadie advirti\u00f3 la lanza de Fresno, ni pens\u00f3 en arranc\u00e1rsela del muslo, para que aqu\u00e9l pudiera subir al carro. Tanta era la fatiga con que lo cuidaban.<\/p>\n<p>\u00a0A su vez, los aqueos, de hermosas grebas, se llevaron del campo a Tlep\u00f3lemo. El divino Ulises, de \u00e1nimo paciente, violo, sinti\u00f3 que se le enardec\u00eda el coraz\u00f3n, y revolvi\u00f3 en su mente y en su esp\u00edritu si deb\u00eda perseguir al hijo de Zeus tonante o privar de la vida a muchos licios. No le hab\u00eda concedido el hado al magn\u00e1nimo Ulises matar con el agudo bronce al esforzado hijo de Zeus, y por esto Atenea le inspir\u00f3 que acometiera a la multitud de los licios. Mat\u00f3 entonces a C\u00e9rano, Al\u00e1stor, Cromio, Alcandro, Halio, Noem\u00f3n y Pr\u00edtanis, y aun a m\u00e1s licios hiciera morir el divino Ulises, si no lo hubiese notado muy presto el gran H\u00e9ctor, el de tremolante casco; el cual, cubierto de luciente bronce, se abri\u00f3 calle por los combatientes delanteros a infundi\u00f3 terror a los d\u00e1naos. Holg\u00f3se de su llegada Sarped\u00f3n, hijo de Zeus, y profiri\u00f3 estas lastimeras palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Pri\u00e1mida! No permitas que yo, tendido en el suelo, llegue a ser presa de los d\u00e1naos; soc\u00f3rreme y pierda la vida luego en vuestra ciudad, ya que no he de alegrar, volviendo a mi casa y a la patria tierra, ni a mi esposa querida ni al tierno infante.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. H\u00e9ctor, el de tremolante casco, pas\u00f3 corriendo, sin responderle, porque ard\u00eda en deseos de rechazar cuanto antes a los argivos y quitar la vida a muchos guerreros. Los ilustres camaradas de Sarped\u00f3n, igual a un dios, llev\u00e1ronlo al pie de una hermosa encina consagrada a Zeus, que lleva la \u00e9gida; y el valeroso Pelagonte, su compa\u00f1ero amado, le arranc\u00f3 del muslo la lanza de fresno. Amortecido qued\u00f3 el h\u00e9roe y obscura niebla cubri\u00f3 sus ojos; pero pronto volvi\u00f3 en su acuerdo, porque el soplo del B\u00f3reas lo reanim\u00f3 cuando ya apenas respirar pod\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0Los argivos, al acometerlos Ares y H\u00e9ctor armado de bronce, ni se volv\u00edan hacia las negras naves, ni rechazaban el ataque, sino que se bat\u00edan en retirada desde que supieron que aquel dios se hallaba con los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00bfCu\u00e1l fue el primero, cu\u00e1l el \u00faltimo de los que entonces mataron H\u00e9ctor, hijo de Pr\u00edamo, y el bronc\u00edneo Ares? Teutrante, igual a un dios; Orestes, aguijador de caballos; Treco, lancero etolio; En\u00f3mao; H\u00e9leno En\u00f3pida y Oresbio, el de tremolante mitra, quien, muy ocupado en cuidar de sus bienes, moraba en Hila, a orillas del lago Cefisis, con otros beocios que constitu\u00edan un opulento pueblo.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando Hera, la diosa de n\u00edveos brazos, vio que ambos mataban a muchos argivos en el duro combate, dijo a Atenea estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! \u00a1Hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida! \u00a1Ind\u00f3mita! Vana ser\u00e1 la promesa que hicimos a Menelao de que no se ir\u00eda sin destruir la bien murada Ilio, si dejamos que el pernicioso Ares ejerza sus furores. Ea, pensemos en prestar al h\u00e9roe poderoso auxilio.<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; y Atenea, la diosa de ojos de lechuza, no desobedeci\u00f3. Hera, deidad veneranda hija del gran Crono, aparej\u00f3 los corceles con sus \u00e1ureas bridas, y Hebe puso diligentemente en el f\u00e9rreo eje, a ambos lados del carro, las corvas ruedas de bronce que ten\u00edan ocho rayos. Era de oro la indestructible pina, de bronce las ajustadas admirables llantas, y de plata los torneados cubos. El asiento descansaba sobre tiras de oro y de plata, y un doble barandal circundaba el carro. Por delante sal\u00eda arg\u00e9ntea lanza, en cuya punta at\u00f3 la diosa un hermoso yugo de oro con bridas de oro tambi\u00e9n; y Hera, que anhelaba el combate y la pelea, unci\u00f3 los corceles de pies ligeros.<\/p>\n<p>\u00a0Atenea, hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida, dej\u00f3 caer al suelo, en el palacio de su padre, el hermoso peplo bordado que ella misma hab\u00eda tejido y labrado con sus manos; visti\u00f3 la t\u00fanica de Zeus, que amontona las nubes, y se arm\u00f3 para la luctuosa guerra. Suspendi\u00f3 de sus hombros la espantosa \u00e9gida floqueada que el terror corona: all\u00ed est\u00e1n la Discordia, la Fuerza y la Persecuci\u00f3n horrenda; all\u00ed la cabeza de la Gorgona, monstruo cruel y horripilante, portento de Zeus, que Ileva la \u00e9gida. Cubri\u00f3 su cabeza con \u00e1ureo casco de doble cimera y cuatro abolladuras, apto para resistir a la infanter\u00eda de cien ciudades. Y, subiendo al flamante carro, asi\u00f3 la lanza ponderosa, larga, fornida, con que la hija del prepotente padre destruye filas enteras de h\u00e9roes cuando contra ellos monto en c\u00f3lera. Hera pic\u00f3 con el l\u00e1tigo a los corceles, y de propio impulso abri\u00e9ronse rechinando las puertas del cielo de que cuidan las Horas \u2011a ellas est\u00e1 confiado el espacioso cielo y el Olimpo\u2011 para remover o colocar delante la densa nube. Por ah\u00ed, por entre las puertas, dirigieron los corceles d\u00f3ciles al l\u00e1tigo y hallaron al Croni\u00f3n, sentado aparte de los otros dioses, en la m\u00e1s alta de las muchas cumbres del Olimpo. Hera, la diosa de los n\u00edveos brazos, detuvo entonces los corceles, para hacer esta pregunta al excelso Zeus Cronida:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Padre Zeus! \u00bfNo te indignas contra Ares al presenciar sus atroces hechos? \u00a1Cu\u00e1ntos y cu\u00e1les varones aqueos ha hecho perecer temeraria a injustamente! Yo me afijo, y Cipris y Apolo, que lleva arco de plata, se alegran de haber excitado a ese loco que no conoce ley alguna. Padre Zeus, \u00bfte irritar\u00e1s conmigo si a Ares le ahuyento del combate caus\u00e1ndole funestas heridas?<\/p>\n<p>\u00a0Respondi\u00f3le Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Ea, aguija contra \u00e9l a Atenea, que impera en las batallas, pues es quien suele causarle m\u00e1s vivos dolores.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Hera, la diosa de los n\u00edveos brazos, le obedeci\u00f3, y pic\u00f3 a los corceles, que volaron gozosos entre la tierra y el estrellado cielo. Cuanto espacio alcanza a ver el que, sentado en alta cumbre, fija sus ojos en el vinoso ponto, otro tanto salvan de un brinco los caballos, de sonoros relinchos, de los dioses. Tan luego como ambas deidades llegaron a Troya, Hera, la diosa de los n\u00edveos brazos, par\u00f3 el carro en el lugar donde los dos r\u00edos Simoente y Escamandro juntan sus aguas; desunci\u00f3 los corceles, cubri\u00f3los de espesa niebla, y el Simoente hizo nacer la ambros\u00eda para que pacieran.<\/p>\n<p>\u00a0Las diosas empezaron a andar, semejantes en el paso a t\u00edmidas palomas, impacientes por socorrer a los argivos. Cuando llegaron al sitio donde estaba el fuerte Diomedes, domador de caballos, con los m\u00e1s y mejores de los adalides que parec\u00edan carniceros leones o puercos monteses, cuya fuerza es grande, se detuvieron; y Hera, la diosa de los n\u00edveos brazos, tomando el aspecto del magn\u00e1nimo Est\u00e9ntor, que ten\u00eda vozarr\u00f3n de bronce y gritaba tanto como otros cincuenta, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Qu\u00e9 verg\u00fcenza, argivos, hombres sin dignidad, admirables s\u00f3lo por la figura! Mientras el divino Aquiles asist\u00eda a las batallas, los troyanos, amedrentados por su formidable pica, no pasaban de las puertas dardanias; y ahora combaten lejos de la ciudad, junto a las c\u00f3ncavas naves.<\/p>\n<p>\u00a0Con tales palabras les excit\u00f3 a todos el valor y la fuerza. Atenea, la diosa de ojos de lechuza, fue en busca del Tidida y hall\u00f3 a este pr\u00edncipe junto a su carro y sus corceles, refrescando la herida que P\u00e1ndaro con una flecha le hab\u00eda causado. El sudor le molestaba debajo de la ancha abrazadera del redondo escudo, cuyo peso sent\u00eda el h\u00e9roe; y, alzando \u00e9ste con su cansada mano la correa, se enjugaba la denegrida sangre. La diosa apoy\u00f3 la diestra en el yugo de los caballos y dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Cu\u00e1n poco se parece a su padre el hijo de Tideo! Era \u00e9ste de peque\u00f1a estatura, pero belicoso. Y aunque no le dejase combatir ni se\u00f1alarse \u2011como en la ocasi\u00f3n en que, habiendo ido por embajador a Teba, se encontr\u00f3 lejos de los suyos entre multitud de cadmeos y le di orden de que comiera tranquilo en el palacio\u2011, conservaba siempre su esp\u00edritu valeroso, y, desafiando a los j\u00f3venes cadmeos, los venc\u00eda f\u00e1cilmente en toda clase de luchas. \u00a1De tal modo lo proteg\u00eda! Ahora es a ti a quien asisto y defiendo, exhort\u00e1ndote a pelear animosamente con los troyanos. Mas, o el excesivo trabajo de la guerra ha fatigado tus miembros, o te domina el ex\u00e1nime terror. No, t\u00fa no eres el hijo del aguerrido Tideo Enida.<\/p>\n<p>\u00a0Y, respondi\u00e9ndole, el fuerte Diomedes le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0-Te conozco, oh diosa, hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida. Por esto te hablar\u00e9 gustoso, sin ocultarte nada. No me domina el ex\u00e1nime terror ni flojedad alguna; pero recuerdo todav\u00eda las \u00f3rdenes que me diste. No me dejabas combatir con los bienaventurados dioses; pero, si Afrodita, hija de Zeus, se presentara en la pelea, deb\u00eda herirla con el agudo bronce, Pues bien: ahora retrocedo y he mandado que todos los argivos se replieguen aqu\u00ed, porque comprendo que Ares impera en la batalla.<\/p>\n<p>\u00a0Contest\u00f3le Atenea, la diosa de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Diomedes Tidida, car\u00edsimo a mi coraz\u00f3n! No temas a Ares ni a ninguno de los inmortales; tanto te voy a ayudar. Ea, endereza los sol\u00edpedos caballos a Ares el primero, hi\u00e9rele de cerca y no respetes al furibundo dios, a ese loco voluble y nacido para da\u00f1ar, que a Hera y a m\u00ed nos prometi\u00f3 combatir contra los troyanos en favor de los argivos y ahora est\u00e1 con aqu\u00e9llos y se ha olvidado de sus palabras.<\/p>\n<p>\u00a0Apenas hubo dicho estas palabras, asi\u00f3 de la mano a Est\u00e9nelo, que salt\u00f3 diligente del carro a tierra. Mont\u00f3 la enardecida diosa, coloc\u00e1ndose al lado del ilustre Diomedes, y el eje de encina recruji\u00f3 a causa del peso porque llevaba a una diosa terrible y a un var\u00f3n fort\u00edsimo. Palas Atenea, habiendo recogido el l\u00e1tigo y las riendas, gui\u00f3 los sol\u00edpedos caballos hacia Ares el primero; el cual quitaba la vida al gigantesco Perifante, preclaro hijo de Oquesio y el m\u00e1s valiente de los etolios. A tal var\u00f3n mataba Ares, manchado de homicidios; y Atenea se puso el casco de Hades para que el furibundo dios no la conociera.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando Ares, funesto a los mortales, vio al ilustre Diomedes, dej\u00f3 al gigantesco Perifante tendido donde le hab\u00eda muerto y se encamin\u00f3 hacia Diomedes, domador de caballos. Al hallarse a corta distancia, Ares, que deseaba quitar la vida a Diomedes, le dirigi\u00f3 la bronc\u00ednea lanza por cima del yugo y las riendas; pero Atenea, la diosa de ojos de lechuza, cogi\u00e9ndola y alej\u00e1ndola del carro, hizo que aqu\u00e9l diera el golpe en vano. A su vez Diomedes, valiente en el combate, atac\u00f3 a Ares con la bronc\u00ednea lanza, y Palas Atenea, apunt\u00e1ndola a la ijada del dios, donde el cintur\u00f3n le ce\u00f1\u00eda, hiri\u00f3le, desgarr\u00f3 el hermoso cutis y retir\u00f3 el arma. El bronc\u00edneo Ares clam\u00f3 como gritar\u00edan nueve o diez mil hombres que en la guerra llegaran a las manos; y temblaron, amedrentados, aqueos y troyanos. \u00a1Tan fuerte bram\u00f3 Ares, insaciable de combate!<\/p>\n<p>\u00a0Cual vapor sombr\u00edo que se desprende de las nubes por la acci\u00f3n de un impetuoso viento abrasador, tal le parec\u00eda a Diomedes Tidida el bronc\u00edneo Ares cuando, cubierto de niebla, se dirig\u00eda al anchuroso cielo. El dios lleg\u00f3 en seguida al alto Olimpo, mansi\u00f3n de las deidades; se sent\u00f3, con el coraz\u00f3n afligido, al lado de Zeus Croni\u00f3n, mostr\u00f3 la sangre inmortal que manaba de la herida, y suspirando dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Padre Zeus! \u00bfNo te indignas al presenciar tan atroces hechos? Siempre los dioses hemos padecido males horribles que rec\u00edprocamente nos causamos para complacer a los hombres; pero todos estamos airados contigo, porque engendraste una hija loca, funesta, que s\u00f3lo se ocupa en acciones inicuas. Cuantos dioses hay en el Olimpo, todos te obedecen y acatan; pero a ella no la sujetas con palabras ni con obras, sino que la instigas, por ser t\u00fa el padre de esa hija perniciosa que ha movido al insolente Diomedes, hijo de Tideo, a combatir, en su furia, con los inmortales dioses. Primero hiri\u00f3 de cerca a Cipris en el pu\u00f1o, y despu\u00e9s, cual si fuese un dios, arremeti\u00f3 contra m\u00ed. Si no llegan a salvarme mis ligeros pies, hubiera tenido que sufrir padecimientos durante largo tiempo entre espantosos montones de cad\u00e1veres, o quedar inv\u00e1lido, aunque vivo, a causa de las heridas que me hiciera el bronce.<\/p>\n<p>\u00a0Mir\u00e1ndolo con torva faz, respondi\u00f3 Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Inconstante! No te lamentes, sentado junto a m\u00ed, pues me eres m\u00e1s odioso que ning\u00fan otro de los dioses del Olimpo. Siempre te han gustado las ri\u00f1as, luchas y peleas, y tienes el esp\u00edritu soberbio, que nunca cede, de tu madre Hera a quien apenas puedo dominar con mis palabras. Creo que cuanto te ha ocurrido lo debes a sus consejos. Pero no permitir\u00e9 que los dolores te atormenten, porque eres de mi linaje y para m\u00ed te pari\u00f3 tu madre. Si, siendo tan perverso hubieses nacido de alg\u00fan otro dios, tiempo ha que estar\u00eda en un abismo m\u00e1s profundo que el de los hijos de Urano<\/p>\n<p>\u00a0Dijo, y mand\u00f3 a Pe\u00f3n que lo curara. \u00c9ste lo san\u00f3, aplic\u00e1ndole drogas calmantes; que nada mortal en \u00e9l hab\u00eda. Como el jugo cuaja la blanca y l\u00edquida leche cuando se le mueve r\u00e1pidamente con ella, con igual presteza cur\u00f3 aqu\u00e9l al furibundo Ares, a quien Hebe lav\u00f3 y puso lindas vestiduras. Y el dios se sent\u00f3 al lado de Zeus Croni\u00f3n, ufano de su gloria.<\/p>\n<p>\u00a0Hera argiva y Atenea alalcomenia regresaron tambi\u00e9n al palacio del gran Zeus, cuando hubieron conseguido que Ares, funesto a los mortales, de matar hombres se abstuviera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO V Principal\u00eda de Diomedes Entre los primeros, los aqueos, destaca Diomedes, siendo capaz de hacer huir a los mism\u00edsimos dioses Ares y Afrodita. \u00a0Entonces Palas Atenea infundi\u00f3 a Diomedes Tidida valor y audacia, para que brillara entre todos los argivos y alcanzase inmensa gloria, a hizo salir de su\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1039,1088,1059,1015,1034,1289,1287,1115,1060,1142,1025,1033],"class_list":["post-929","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-belleza","tag-droga","tag-empresa","tag-flor","tag-guerra","tag-homero","tag-iliada","tag-jovenes","tag-lengua","tag-ley","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-v-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-v-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2010-11-27T20:25:00+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"120\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Admin\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Admin\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"45 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Admin\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\"},\"headline\":\"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero]\",\"datePublished\":\"2010-11-27T20:25:00+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/\"},\"wordCount\":9075,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"keywords\":[\"amor\",\"arte\",\"ave\",\"ayuda\",\"belleza\",\"droga\",\"empresa\",\"flor\",\"guerra\",\"Homero\",\"Iliada\",\"j\u00f3venes\",\"lengua\",\"ley\",\"rosa\",\"vino\"],\"articleSection\":[\"Literatura \\\/ Po\u00e9tica\",\"Textos literarios\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/\",\"name\":\"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2010-11-27T20:25:00+00:00\",\"description\":\"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero]\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"name\":\"Blog Cultureduca\",\"description\":\"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"alternateName\":\"Blog Cultura educativa\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\",\"name\":\"ASOCAE\",\"alternateName\":\"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"width\":22,\"height\":24,\"caption\":\"ASOCAE\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/groups\\\/cultureduca\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/Cultureduca\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\",\"name\":\"Admin\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"caption\":\"Admin\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/author\\\/jefe\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","description":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-v-homero\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","og_description":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","og_url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-v-homero\/","og_site_name":"Blog Cultureduca educativa","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","article_published_time":"2010-11-27T20:25:00+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":120,"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Admin","twitter_misc":{"Escrito por":"Admin","Tiempo de lectura":"45 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/"},"author":{"name":"Admin","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200"},"headline":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero]","datePublished":"2010-11-27T20:25:00+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/"},"wordCount":9075,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"keywords":["amor","arte","ave","ayuda","belleza","droga","empresa","flor","guerra","Homero","Iliada","j\u00f3venes","lengua","ley","rosa","vino"],"articleSection":["Literatura \/ Po\u00e9tica","Textos literarios"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/","name":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website"},"datePublished":"2010-11-27T20:25:00+00:00","description":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-v-homero\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cLa Iliada\u201d (V) [Homero]"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","name":"Blog Cultureduca","description":"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas","publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"alternateName":"Blog Cultura educativa","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization","name":"ASOCAE","alternateName":"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","contentUrl":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","width":22,"height":24,"caption":"ASOCAE"},"image":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","https:\/\/x.com\/Cultureduca"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200","name":"Admin","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","caption":"Admin"},"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"}]}},"featured_image_src":null,"featured_image_src_square":null,"author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"custom":false,"gb-block-post-grid-landscape":false,"gb-block-post-grid-square":false,"post-thumbnail":false,"header":false,"slider":false,"columns":false},"uagb_author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"CANTO V Principal\u00eda de Diomedes Entre los primeros, los aqueos, destaca Diomedes, siendo capaz de hacer huir a los mism\u00edsimos dioses Ares y Afrodita. \u00a0Entonces Palas Atenea infundi\u00f3 a Diomedes Tidida valor y audacia, para que brillara entre todos los argivos y alcanzase inmensa gloria, a hizo salir de su\u2026 Seguir leyendo...","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/929","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/75"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=929"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/929\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=929"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=929"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=929"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}