{"id":925,"date":"2010-11-27T22:21:28","date_gmt":"2010-11-27T20:21:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=925"},"modified":"2010-11-27T22:22:48","modified_gmt":"2010-11-27T20:22:48","slug":"%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO II<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong><strong>Sue\u00f1o\u2011 Beocia o cat\u00e1logo de las naves<\/strong>\u00a0<\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p>Para cumplir lo prometido a Tetis, Zeus env\u00eda un enga\u00f1oso sue\u00f1o a Agamen\u00f3n, y le aconseja que levante el campamento y regrese a casa; Agamen\u00f3n convoca el consejo de los jefes y luego la asamblea general de todos los guerreros, que aceptan la propuesta, por lo que Agamen\u00f3n (bajo la incitaci\u00f3n de Atenea) debe intervenir para insuflar coraje y buenas esperanzas a los aqueos. Despu\u00e9s de varios incidentes y de enumerar cuantos pueblos formaban los ej\u00e9rcitos griego y troyano, suc\u00e9dense tres grandes batallas.<\/p>\n<p>\u00a0Las dem\u00e1s deidades y los hombres que en carros combaten, durmieron toda la noche; pero Zeus no prob\u00f3 las dulzuras del sue\u00f1o, porque su mente buscaba el medio de honrar a Aquiles y causar gran matanza junto a las naves aqueas. Al fin crey\u00f3 que lo mejor ser\u00eda enviar un pernicioso sue\u00f1o al Atrida Agamen\u00f3n; y, habl\u00e1ndole, pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011Anda, ve, pernicioso Sue\u00f1o, encam\u00ednate a las veleras naves aqueas, introd\u00facete en la tienda de Agamen\u00f3n Atrida, y dile cuidadosamente lo que voy a encargarte. Ord\u00e9nale que arme a los melenudos aqueos y saque toda la hueste: ahora podr\u00eda tomar a Troya, la ciudad de anchas calles, pues los inmortales que poseen ol\u00edmpicos palacios ya no est\u00e1n discordes, por haberlos persuadido Hera con sus ruegos, y una serie de infortunios amenaza a los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Parti\u00f3 el Sue\u00f1o al o\u00edr el mandato, lleg\u00f3 en un instante a las veleras naves aqueas, y, hallando dormido en su tienda al Atrida Agamen\u00f3n \u2011alrededor del h\u00e9roe hab\u00edase difundido el sue\u00f1o inmortal\u2011, p\u00fasose sobre su cabeza, y tom\u00f3 la figura de N\u00e9stor, hijo de Neleo, que era el anciano a quien aqu\u00e9l m\u00e1s honraba. As\u00ed transfigurado, dijo el divino Sue\u00f1o:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00bfDuermes, hijo del belicoso Atreo, domador de caballos? No debe dormir toda la noche el pr\u00edncipe a quien se han confiado los guerreros y a cuyo cargo se hallan tantas cosas. Ahora ati\u00e9ndeme en seguida, pues vengo como mensajero de Zeus; el cual, aun estando lejos, se interesa mucho por ti y te compadece. Armar te ordena a los melenudos aqueos y sacar toda la hueste: ahora podr\u00edas tomar Troya, la ciudad de anchas calles, pues los inmortales que poseen ol\u00edmpicos palacios ya no est\u00e1n discordes, por haberlos persuadido Hera con sus ruegos, y una serie de infortunios amenaza a los troyanos por la voluntad de Zeus. Graba mis palabras en tu memoria, para que no las olvides cuando el dulce sue\u00f1o to desampare.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habiendo hablado, se fue y dej\u00f3 a Agamen\u00f3n revolviendo en su \u00e1nimo lo que no deb\u00eda cumplirse. Figur\u00e1base que iba a tomar la ciudad de Troya aquel mismo d\u00eda. \u00a1Insensato! No sab\u00eda lo que tramaba Zeus, quien hab\u00eda de causar nuevos males y llanto a los troyanos y a los d\u00e1naos por medio de terribles peleas. Cuando despert\u00f3, la voz divina resonaba a\u00fan en torno suyo. Incorpor\u00f3se, y, habi\u00e9ndose sentado, visti\u00f3 la t\u00fanica fina, hermosa, nueva; se ech\u00f3 el gran manto, calz\u00f3 sus n\u00edtidos pies con bellas sandalias y colg\u00f3 del hombro la espada guarnecida con clavaz\u00f3n de plata. Tom\u00f3 el imperecedero cetro de su padre y se encamin\u00f3 hacia las naves de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas.<\/p>\n<p>\u00a0Sub\u00eda la diosa Aurora al vasto Olimpo para anunciar el d\u00eda a Zeus y a los dem\u00e1s inmortales, cuando Agamen\u00f3n orden\u00f3 que los heraldos de voz sonora convocaran al \u00e1gora a los melenudos aqueos. Convoc\u00e1ronlos aqu\u00e9llos, y \u00e9stos se reunieron en seguida.<\/p>\n<p>\u00a0Pero celebr\u00f3se antes un consejo de magn\u00e1nimos pr\u00f3ceres junto a la nave del rey N\u00e9stor, natural de Pilos. Agamen\u00f3n los llam\u00f3 para hacerles una discreta consulta:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1O\u00edd, amigos! Dorm\u00eda durante la noche inmortal, cuando se me acerc\u00f3 un Sue\u00f1o divino muy semejante al ilustre N\u00e9stor en la forma, estatura y natural. P\u00fasose sobre mi cabeza y profiri\u00f3 estas palabras: \u00ab\u00bfDuermes, hijo del belicoso Atreo, domador de caballos? No debe dormir toda la noche el pr\u00edncipe a quien se han confiado los guerreros y a cuyo cargo se hallan tantas cosas. Ahora ati\u00e9ndeme en seguida, pues vengo como mensajero de Zeus; el cual, aun estando lejos, se interesa mucho por ti y te compadece. Armar te ordena a los melenudos aqueos y sacar toda la hueste: ahora podr\u00edas tomar Troya, la ciudad de anchas calles, pues los inmortales que poseen ol\u00edmpicos palacios ya no est\u00e1n discordes, por haberlos persuadido Hera con sus ruegos, y una serie de infortunios amenaza a los troyanos por la voluntad de Zeus. Graba mis palabras en tu memoria.\u00bb Habiendo hablado as\u00ed, fuese volando, y el dulce sue\u00f1o me desampar\u00f3. Mas, ea, veamos c\u00f3mo podremos conseguir que los aqueos tomen las armas. Para probarlos como es debido, les aconsejar\u00e9 que huyan en las naves de muchos bancos; y vosotros, habl\u00e1ndoles unos por un lado y otros por el opuesto, procurad detenerlos.<\/p>\n<p>\u00a0Habi\u00e9ndose expresado en estos t\u00e9rminos, se sent\u00f3. Seguidamente levant\u00f3se N\u00e9stor, que era rey de la arenosa Pilos, y ben\u00e9volo les areng\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos, capitanes y pr\u00edncipes de los argivos! Si alg\u00fan otro aqueo nos refiriese el sue\u00f1o, te creer\u00edamos falso y desconfiar\u00edamos a\u00fan m\u00e1s; pero lo ha tenido quien se glor\u00eda de ser el m\u00e1s poderoso de los aqueos. Ea, veamos c\u00f3mo podremos conseguir que los aqueos tomen las armas.<\/p>\n<p>\u00a0Habiendo hablado as\u00ed, fue el primero en salir del consejo. Los reyes portadores de cetro se levantaron, obedeciendo al pastor de hombres, y la gente del pueblo acudi\u00f3 presurosa. Como de la hendedura de un pe\u00f1asco salen sin cesar enjambres copiosos de abejas que vuelan arracimadas sobre las flores primaverales y unas revolotean a este lado y otras a aqu\u00e9l; as\u00ed las numerosas familias de guerreros marchaban en grupos, por la baja ribera, desde las naves y tiendas al \u00e1gora. En medio, la Fama, mensajera de Zeus, enardecida, los instigaba a que acudieran, y ellos se iban reuniendo. Agit\u00f3se el \u00e1gora, gimi\u00f3 la tierra y se produjo tumulto, mientras los hombres tomaron sitio. Nueve heraldos daban voces para que callaran y oyeran a los reyes, alumnos de Zeus. Sent\u00e1ronse al fin, aunque con dificultad, y enmudecieron tan pronto como ocuparon los asientos. Entonces se levant\u00f3 el rey Agamen\u00f3n, empu\u00f1ando el cetro que Hefesto hizo para el soberano Zeus Croni\u00f3n \u2011\u00e9ste lo dio al mensajero Argicida; Hermes lo regal\u00f3 al excelente jinete P\u00e9lope, quien, a su vez, lo entreg\u00f3 a Atreo, pastor de hombres; Atreo al morir lo leg\u00f3 a Tiestes, rico en ganado, y Tiestes lo dej\u00f3 a Agamen\u00f3n para que reinara en muchas islas y en todo el pa\u00eds de Argos\u2011, y, descansando el rey sobre el arrimo del cetro, habl\u00f3 as\u00ed a los argivos:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh amigos, h\u00e9roes d\u00e1naos, ministros de Ares! En grave infortunio envolvi\u00f3me Zeus Cronida. \u00a1Cruel! Me prometi\u00f3 y asegur\u00f3 que no me ir\u00eda sin destruir la bien murada Ilio, y todo ha sido funesto enga\u00f1o; pues ahora me ordena regresar a Argos, sin gloria, despu\u00e9s de haber perdido tantos hombres. As\u00ed debe de ser grato al prepotente Zeus, que ha destruido las fortalezas de muchas ciudades y a\u00fan destruir\u00e1 otras porque su poder es inmenso. Vergonzoso ser\u00e1 para nosotros que lleguen a saberlo los hombres de ma\u00f1ana. \u00a1Un ej\u00e9rcito aqueo tal y tan grande hacer una guerra vana a ineficaz! \u00a1Combatir contra un n\u00famero menor de hombres y no saberse a\u00fan cu\u00e1ndo la contienda tendr\u00e1 fin! Pues, si aqueos y troyanos, jurando la paz, quisi\u00e9ramos contarnos, y reunidos cuantos troyanos hay en sus hogares y agrupados nosotros los aqueos en d\u00e9cadas, cada una de \u00e9stas eligiera un troyano para que escanciara el vino, muchas d\u00e9cadas se quedar\u00edan sin escanciador. \u00a1En tanto digo que superan los aqueos a los troyanos que en la ciudad moran! Pero han venido en su ayuda hombres de muchas ciudades, que saben blandir la lanza, me apartan de mi intento y no me permiten, como quisiera, tomar la populosa ciudad de Ilio. Nueve a\u00f1os del gran Zeus transcurrieron ya; los maderos de las naves se han podrido y las cuerdas est\u00e1n deshechas; nuestras esposas a hijitos nos aguardan en los palacios; y a\u00fan no hemos dado cima a la empresa para la cual vinimos. Ea, procedamos todos como voy a decir: Huyamos en las naves a nuestra patria tierra, pues ya no tomaremos Troya, la de anchas calles.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y a todos los que no hab\u00edan asistido al consejo se les conmovi\u00f3 el coraz\u00f3n en el pecho. Agit\u00f3se el \u00e1gora como las grandes olas que en el mar Icario levantan el Euro y el Noto cayendo impetuosos de las nubes amontonadas por el padre Zeus. Como el C\u00e9firo mueve con violento soplo un crecido trigal y se cierne sobre las espigas, de igual manera se movi\u00f3 toda el \u00e1gora. Con gran griter\u00eda y levantando nubes de polvo, corren hacia los bajeles; exh\u00f3rtanse a tirar de ellos para echarlos al mar divino; limpian los canales; quitan los soportes, y el vocer\u00edo de los que se disponen a volver a la patria llega hasta el cielo.<\/p>\n<p>\u00a0Y efectu\u00e1rase entonces, antes de lo dispuesto por el destino, el regreso de los argivos, si Hera no hubiese dicho a Atenea:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! \u00a1Hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida! \u00a1Ind\u00f3mita! \u00bfHuir\u00e1n los argivos a sus casas, a su patria tierra por el ancho dorso del mar, y dejar\u00e1n como trofeo a Pr\u00edamo y a los troyanos la argiva Helena, por la cual tantos aqueos perecieron en Troya, lejos de su patria? Ve en seguida al ej\u00e9rcito de los aqueos de bronc\u00edneas corazas, det\u00e9n con suaves palabras a cada guerrero y no permitas que echen al mar los corvos bajeles.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. Atenea, la diosa de ojos de lechuza, no fue desobediente. Bajando en raudo vuelo de las cumbres del Olimpo lleg\u00f3 presto a las veloces naves aqueas y hall\u00f3 a Ulises, igual a Zeus en prudencia, que permanec\u00eda inm\u00f3vil y sin tocar la negra nave de muchos bancos, porque el pesar le llegaba al coraz\u00f3n y al alma. Y poni\u00e9ndose a su lado, d\u00edjole Atenea, la de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Ulises, fecundo en ardides! \u00bfAs\u00ed, pues, huir\u00e9is a vuestras casas, a la patria tierra, embarcados en las naves de muchos bancos, y dejar\u00e9is como trofeo a Pr\u00edamo y a los troyanos la argiva Helena, por la cual tantos aqueos perecieron en Troya, lejos de su patria? Ve en seguida al ej\u00e9rcito de los aqueos y no cejes: det\u00e9n con suaves palabras a cada guerrero y no permitas que echen al mar los corvos bajeles.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Ulises conoci\u00f3 la voz de la diosa en cuanto le habl\u00f3; tir\u00f3 el manto, que recogi\u00f3 el heraldo Eur\u00edbates de \u00cdtaca, que lo acompa\u00f1aba; corri\u00f3 hacia el Atrida Agamen\u00f3n, para que le diera el imperecedero cetro paterno; y, con \u00e9ste en la mano, enderez\u00f3 a las naves de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando encontraba a un rey o a un capit\u00e1n eximio, par\u00e1base y lo deten\u00eda con suaves palabras.<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Ilustre! No es digno de ti temblar como un cobarde. Det\u00e9nte y haz que los dem\u00e1s se detengan tambi\u00e9n. A\u00fan no conoces claramente la intenci\u00f3n del Atrida: ahora nos prueba, y pronto castigar\u00e1 a los aqueos. En el consejo no todos comprendimos lo que dijo. No sea que, irrit\u00e1ndose, maltrate a los aqueos; la c\u00f3lera de los reyes, alumnos de Zeus, es terrible, porque su dignidad procede del pr\u00f3vido Zeus y \u00e9ste los ama.<\/p>\n<p>\u00a0Cuando encontraba a un hombre del pueblo gritando, d\u00e1bale con el cetro y lo increpaba de esta manera:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Desdichado! Est\u00e1te quieto y escucha a los que te aventajan en bravura; t\u00fa, d\u00e9bil a inepto para la guerra, no eres estimado ni en el combate ni en el consejo. Aqu\u00ed no todos los aqueos podemos ser reyes; no es un bien la soberan\u00eda de muchos; uno solo sea pr\u00edncipe, uno solo rey: aqu\u00e9l a quien el hijo del artero Crono ha dado cetro y leyes para que reine sobre nosotros.<\/p>\n<p>\u00a0\u2011As\u00ed Ulises, actuando como supremo jefe, impon\u00eda su voluntad al ej\u00e9rcito; y ellos se apresuraban a volver de las tiendas y naves al \u00e1gora, con gran vocer\u00edo, como cuando el oleaje del estruendoso mar brama en la playa anchurosa y el ponto resuena.<\/p>\n<p>\u00a0Todos se sentaron y permanecieron quietos en su sitio, a excepci\u00f3n de Tersites, que, sin poner freno a la lengua, alborotaba. \u00c9se sab\u00eda muchas palabras groseras para disputar temerariamente, no de un modo decoroso, con los reyes, y lo que a \u00e9l le pareciera hacerlo rid\u00edculo para los argivos. Fue el hombre m\u00e1s feo que lleg\u00f3 a Troya, pues era bizco y cojo de un pie; sus hombros corcovados se contra\u00edan sobre el pecho, y ten\u00eda la cabeza puntiaguda y cubierta por rala cabellera. Aborrec\u00edanlo de un modo especial Aquiles y Ulises, a quienes zaher\u00eda; y entonces, dando estridentes voces, dec\u00eda oprobios al divino Agamen\u00f3n. Y por m\u00e1s que los aqueos se indignaban a irritaban mucho contra \u00e9l, segu\u00eda increp\u00e1ndolo a voz en grito:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Atrida! \u00bfDe qu\u00e9 te quejas o de qu\u00e9 careces? Tus tiendas est\u00e1n repletas de bronce y en ellas tienes muchas y escogidas mujeres que los aqueos te ofrecemos antes que a nadie cuando tomamos alguna ciudad. \u00bfNecesitas, acaso, el oro que alguno de los troyanos, domadores de caballos, te traiga de Ilio para redimir al hijo que yo a otro aqueo haya hecho prisionero? \u00bfO, por ventura, una joven con quien te junte el amor y que t\u00fa solo poseas? No es justo que, siendo el caudillo, ocasiones tantos males a los aqueos. \u00a1Oh cobardes, hombres sin dignidad, aqueas m\u00e1s bien que aqueos! Volvamos en las naves a la patria y dej\u00e9moslo aqu\u00ed, en Troya, para que devore el bot\u00edn y sepa si le sirve o no nuestra ayuda; ya que ha ofendido a Aquiles, var\u00f3n muy superior, arrebat\u00e1ndole la recompensa que todav\u00eda retiene. Poca c\u00f3lera siente Aquiles en su pecho y es grande su indolencia; si no fuera as\u00ed, Atrida, \u00e9ste ser\u00eda tu \u00faltimo ultraje.<\/p>\n<p>\u00a0Tales palabras dijo Tersites, zahiriendo a Agamen\u00f3n, pastor de hombres. En seguida el divino Ulises se detuvo a su lado; y mir\u00e1ndolo con torva faz, lo increp\u00f3 duramente:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Tersites parlero! Aunque seas orador facundo, calla y no quieras t\u00fa solo disputar con los reyes. No creo que haya un hombre peor que t\u00fa entre cuantos han venido a Ilio con los Atridas. Por tanto, no tomes en boca a los reyes, ni los injuries, ni pienses en el regreso. No sabemos a\u00fan con certeza c\u00f3mo esto acabar\u00e1 y si la vuelta de los aqueos ser\u00e1 feliz o desgraciada. Mas t\u00fa denuestas al Atrida Agamen\u00f3n, porque los h\u00e9roes d\u00e1naos le dan muchas cosas; por esto lo zahieres. Lo que voy a decir se cumplir\u00e1: Si vuelvo a encontrarte delirando como ahora, no conserve Ulises la cabeza sobre los hombros, ni sea llamado padre de Tel\u00e9maco, si no te echo mano, te despojo del vestido (el manto y la t\u00fanica que cubren tus partes verendas) y te env\u00edo lloroso del \u00e1gora a las veleras naves despu\u00e9s de castigarte con afrentosos azotes.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed, pues, dijo, y con el cetro diole un golpe en la espalda y los hombros. Tersites se encorv\u00f3, mientras una gruesa l\u00e1grima ca\u00eda de sus ojos y un cruento cardenal aparec\u00eda en su espalda debajo del \u00e1ureo cetro. Sent\u00f3se, turbado y dolorido; mir\u00f3 a todos con aire de simple, y se enjug\u00f3 las l\u00e1grimas. Ellos, aunque afligidos, rieron con gusto y no falt\u00f3 quien dijera a su vecino:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! Muchas cosas buenas hizo Ulises, ya dando consejos saludables, ya preparando la guerra; pero esto es lo mejor que ha ejecutado entre los argivos: hacer callar al insolente charlat\u00e1n, cuyo \u00e1nimo osado no lo impulsar\u00e1 en lo sucesivo a zaherir con injuriosas palabras a los reyes.<\/p>\n<p>\u00a0\u2011As\u00ed hablaba la multitud. Levant\u00f3se Ulises, asolador de ciudades, con el cetro en la mano (Atenea, la de ojos de lechuza, que, transfigurada en heraldo, junto a \u00e9l estaba, impuso silencio para que todos los aqueos, desde los primeros hasta los \u00faltimos, oyeran su discurso y meditaran sus consejos), y ben\u00e9volo los areng\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Atrida! Los aqueos, oh rey, quieren cubrirte de bald\u00f3n ante todos los mortales de voz articulada y no cumplen lo que te prometieron al venir de Argos, criador de caballos: que no te ir\u00edas sin destruir la bien murada Ilio. Cual si fuesen ni\u00f1os o viudas, se lamentan unos con otros y desean regresar a su casa. Y es, en verdad, penoso que hayamos de volver afligidos. Cierto que cualquiera se impacienta al mes de estar separado de su mujer, cuando ve detenida su nave de muchos bancos por las borrascas invernales y el mar alborotado; y nosotros hace ya nueve a\u00f1os, con el presente, que aqu\u00ed permanecemos. No me enojo, pues, porque los aqueos se impacienten junto a las c\u00f3ncavas naves; pero ser\u00eda bochornoso haber estado aqu\u00ed tanto tiempo y volvernos sin conseguir nuestro prop\u00f3sito. Tened paciencia, amigos, y aguardad un poco m\u00e1s, para que sepamos si fue ver\u00eddica la predicci\u00f3n de Calcante. Bien grabada la tenemos en la memoria, y todos vosotros, los que no hab\u00e9is sido arrebatados d\u00eda tras d\u00eda por las parcas de la muerte, sois testigos de lo que ocurri\u00f3 en \u00c1ulide cuando se reunieron las naves aqueas que cantos males hab\u00edan de traer a Pr\u00edamo y a los troyanos. En sacros altares inmol\u00e1bamos hecatombes perfectas a los inmortales, junto a una fuente y a la sombra de un hermoso pl\u00e1tano a cuyo pie manaba agua cristalina. All\u00ed se nos ofreci\u00f3 un gran portento. Un horrible drag\u00f3n de roja espalda, que el mismo Ol\u00edmpico sacara a la luz, salt\u00f3 de debajo del altar al pl\u00e1tano. En la rama cimera de \u00e9ste hall\u00e1banse los hijuelos reci\u00e9n nacidos de un ave, que medrosos se acurrucaban debajo de las hojas; eran ocho, y, con la madre que los pari\u00f3, nueve. El drag\u00f3n devor\u00f3 a los pajarillos, que piaban lastimeramente; la madre revoleaba en torno de sus hijos quej\u00e1ndose, y aqu\u00e9l volvi\u00f3se y la cogi\u00f3 por el ala, mientras ella chillaba. Despu\u00e9s que el drag\u00f3n se hubo comido al ave y a los polluelos, el dios que lo hab\u00eda mostrado obr\u00f3 en \u00e9l un prodigio: el hijo del artero Crono transform\u00f3lo en piedra, y nosotros, inm\u00f3viles, admir\u00e1bamos lo que ocurr\u00eda. De este modo, las grandes y portentosas acciones de los dioses interrumpieron las hecatombes. Y en seguida Calcante, vaticinando, exclam\u00f3: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 enmudec\u00e9is, melenudos aqueos? El pr\u00f3vido Zeus es quien nos muestra ese prodigio grande, tard\u00edo, de lejano cumplimiento, pero cuya gloria jam\u00e1s perecer\u00e1. Como el drag\u00f3n devor\u00f3 a los polluelos del ave y al ave misma, los cuales eran ocho, y, con la madre que los dio a luz, nueve, as\u00ed nosotros combatiremos all\u00ed igual n\u00famero de a\u00f1os, y al d\u00e9cimo tomaremos la ciudad de anchas calles.\u00bb Tal fue lo que dijo y todo se va cumpliendo. \u00a1Ea, aqueos de hermosas grebas, quedaos todos hasta que tomemos la gran ciudad de Pr\u00edamo!<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed habl\u00f3. Los argivos, con agudos gritos que hac\u00edan retumbar horriblemente las naves, aplaudieron el discurso del divino Ulises. Y N\u00e9stor, caballero gerenio, los areng\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Oh dioses! Habl\u00e1is como ni\u00f1os chiquitos que no est\u00e1n ejercitados en los b\u00e9licos trabajos. \u00bfQu\u00e9 es de nuestros convenios y juramentos? \u00bfSe fueron, pues, en humo los consejos, los afanes de los guerreros, los pactos consagrados con libaciones de vino puro y los apretones de manos en que confi\u00e1bamos? Nos entretenemos en contender con palabras y sin motivo, y en tan largo espacio no hemos podido encontrar un medio eficaz para conseguir nuestro intento. \u00a1Atrida! T\u00fa, como siempre, manda con firme decisi\u00f3n a los argivos en el duro combate y deja que se consuman uno o dos que en discordancia con los dem\u00e1s aqueos desean, aunque no lograran su prop\u00f3sito, regresar a Argos antes de saber si fue o no falsa la promesa de Zeus, que lleva la \u00e9gida. Pues yo os aseguro que el prepotente Cronida nos prest\u00f3 su asentimiento, relampagueando por el diestro lado y haci\u00e9ndonos favorables se\u00f1ales, el d\u00eda en que los argivos se embarcaron en las naves de ligero andar para traer a los troyanos la muerte y el destino. Nadie, pues, se d\u00e9 prisa por volver a su casa, hasta haber dormido con la esposa de un troyano y haber vengado la huida y los gemidos de Helena. Y si alguno tanto anhelare el regreso, toque la negra nave de muchos bancos para que delante de todos sea muerto y cumpla su destino. \u00a1Oh rey! No dejes de pensar t\u00fa mismo y sigue tambi\u00e9n los consejos que nosotros lo damos. No es despreciable lo que voy a decirte: Agrupa a los hombres, oh Agamen\u00f3n, por tribus y familias, para que una tribu ayude a otra tribu y una familia a otra familia. Si as\u00ed lo hicieres y lo obedecieren los aqueos, sabr\u00e1s pronto cu\u00e1les jefes y soldados son cobardes y cu\u00e1les valerosos, pues pelear\u00e1n distintamente; y conocer\u00e1s si no puedes tomar la ciudad por la voluntad de los dioses o por la cobard\u00eda de tus hombres y su impericia en la guerra.<\/p>\n<p>\u00a0Y, respondi\u00e9ndole, el rey Agamen\u00f3n le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011De nuevo, oh anciano, superas en el \u00e1gora a los aqueos todos. Ojal\u00e1, \u00a1padre Zeus, Atenea, Apolo!, tuviera yo entre los aqueos diez consejeros semejantes; entonces la ciudad del rey Pr\u00edamo ser\u00eda pronto tomada y destruida por nuestras manos. Pero Zeus Cronida, que lleva la \u00e9gida, me env\u00eda penas, enred\u00e1ndome en in\u00fatiles disputas y ri\u00f1as. Aquiles y yo peleamos con encontradas razones por una joven, y fui el primero en irritarme; si ambos procedi\u00e9ramos de acuerdo, no se diferir\u00eda ni un solo momento la ruina de los troyanos. Ahora, id a comer para que luego trabemos el combate; cada uno afile la lanza, prepare el escudo, d\u00e9 el pasto a los corceles de pies ligeros a inspeccione el carro, apercibi\u00e9ndose para la lucha; pues durante todo el d\u00eda nos pondr\u00e1 a prueba el horrendo Ares. Ni un breve descanso ha de haber siquiera, hasta que la noche obligue a los valientes guerreros a separarse. La correa del escudo que al combatiente cubre, sudar\u00e1 en torno del pecho; el brazo se fatigar\u00e1 con el manejo de la lanza, y tambi\u00e9n sudar\u00e1n los corceles arrastrando los pulimentados carros. Y aqu\u00e9l que se quede voluntariamente en las corvas naves, lejos de la batalla, como yo lo vea, no se librar\u00e1 de los perros y de las aves de rapi\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo. Los argivos promov\u00edan gran clamoreo, como cuando las olas, movidas por el Noto, baten un elevado risco que se adelanta sobre el mar y no to dejan mientras soplan los vientos en contrarias direcciones. Luego, levant\u00e1ndose, se dispersaron por las naves, encendieron lumbre en las tiendas, tomaron la comida y ofrecieron sacrificios, qui\u00e9nes a uno, qui\u00e9nes a otro de los sempiternos dioses, para que los librasen de la muerte y del fatigoso trabajo de Ares. Agamen\u00f3n, rey de hombres, inmol\u00f3 un ping\u00fce buey de cinco a\u00f1os al prepotente Croni\u00f3n, habiendo llamado a su tienda a los principales caudillos de los aqueos todos: primeramente a N\u00e9stor y al rey Idomeneo, luego a entrambos Ayantes y al hijo de Tideo, y en sexto lugar a Ulises, igual a Zeus en prudencia. Espont\u00e1neamente se present\u00f3 Menelao, valiente en la pelea, porque sab\u00eda lo que su hermano estaba preparando. Colocaronse todos alrededor del buey y tomaron la mola. Y puesto en medio, el poderoso Agamen\u00f3n or\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0\u2011\u00a1Zeus glorios\u00edsimo, m\u00e1ximo, que amontonas las sombr\u00edas nubes y vives en el \u00e9ter! \u00a1No se ponga el sol ni sobrevenga la obscuridad antes que yo destruya el palacio de Pr\u00edamo, entreg\u00e1ndolo a las llamas; pegue voraz fuego a las puertas; rompa con mi lanza la coraza de H\u00e9ctor en su mismo pecho, y vea a muchos de sus compa\u00f1eros ca\u00eddos de cara en el polvo y mordiendo la tierra!<\/p>\n<p>\u00a0Dijo; pero el Croni\u00f3n no accedi\u00f3 y, aceptando los sacrificios, prepar\u00f3les no envidiable labor. Hecha la rogativa y esparcida la mola, cogieron las v\u00edctimas por la cabeza, que tiraron hacia atr\u00e1s, y las degollaron y desollaron; cortaron los muslos, y despu\u00e9s de pringarlos con gordura por uno y otro lado y de cubrirlos con trozos de carne, los quemaron con le\u00f1a sin hojas; y atravesando las entra\u00f1as con los asadores, las pusieron al fuego. Quemados los muslos, probaron las entra\u00f1as; y dividiendo lo restante en pedazos muy peque\u00f1os, atraves\u00e1ronlo con pinchos, lo asaron cuidadosamente y lo retiraron del fuego. Terminada la faena y dispuesto el fest\u00edn, comieron y nadie careci\u00f3 de su respectiva porci\u00f3n. Y cuando hubieron satisfecho el deseo de beber y de comer, N\u00e9stor, el caballero gerenio, comenz\u00f3 a decirles:<\/p>\n<p>\u2011\u00a1Atrida glorios\u00edsimo, rey de hombres, Agamen\u00f3n! No nos entretengamos en hablar, ni difiramos por m\u00e1s tiempo la empresa que un dios pone en nuestras manos. Mas, ea, los heraldos de los aqueos, de bronc\u00edneas corazas, pregonen que el ej\u00e9rcito se re\u00fana cerca de los bajeles, y nosotros recorramos juntos el espacioso campamento para promover cuanto antes un vivo combate.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y Agamen\u00f3n, rey de hombres, no desobedeci\u00f3. Al momento dispuso que los heraldos de voz sonora llamaran al combate a los melenudos aqueos; h\u00edzose el preg\u00f3n, y ellos se reunieron prontamente. El Atrida y los reyes, alumnos de Zeus, hac\u00edan formar a los guerreros, y los acompa\u00f1aba Atenea, la de ojos de lechuza, llevando la preciosa inmortal \u00e9gida que no envejece y de la cual cuelgan cien \u00e1ureos borlones, bien labrados y del valor de cien bueyes cada uno. Con ella en la mano, mov\u00edase la diosa entre los aqueos, instig\u00e1balos a salir al campo y pon\u00eda fortaleza en sus corazones para que pelearan y combatieran sin descanso. Pronto les fue m\u00e1s agradable el combate, que volver a la patria tierra en las c\u00f3ncavas naves.<\/p>\n<p>\u00a0Cual se columbra desde lejos el resplandor de un incendio, cuando el voraz fuego se propaga por vasta selva en la cumbre de un monte, as\u00ed el brillo de las bronc\u00edneas armaduras de los que se pon\u00edan en marcha llegaba al cielo a trav\u00e9s del \u00e9ter.<\/p>\n<p>\u00a0De la suerte que las al\u00edgeras aves \u2011gansos, grullas o cisnes cuellilargos\u2011 se posan en numerosas bandadas y chillando en la pradera Asia, cerca de la corriente del Ca\u00edstro, vuelan ac\u00e1 y all\u00e1 ufanas de sus alas, y el campo resuena; de esta manera las numerosas huestes aflu\u00edan de las naves y tiendas a la llanura escamandria y la tierra retumbaba horriblemente bajo los pies de los guerreros y de los caballos. Y los que en el florido prado del Escamandrio llegaron a juntarse fueron innumerables; tantos, cuantas son las hojas y Bores que en la primavera nacen.<\/p>\n<p>\u00a0Como enjambres copiosos de moscas que en la primaveral estaci\u00f3n vuelan agrupadas por el establo del pastor, cuando la leche llena los tarros, en tan gran n\u00famero reuni\u00e9ronse en la llanura los melenudos aqueos, deseosos de acabar con los troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0Pon\u00edanlos los caudillos en orden de batalla f\u00e1cilmente, como los pastores separan las cabras de grandes reba\u00f1os cuando se mezclan en el pasto; y en medio aparec\u00eda el poderoso Agamen\u00f3n, semejante en la cabeza y en los ojos a Zeus, que se goza en lanzar rayos, en el cintur\u00f3n, a Ares, y en el pecho, a Poseid\u00f3n. Como en el hato el macho vacuno m\u00e1s excelente es el toro, que sobresale entre las vacas reunidas, de igual manera hizo Zeus que Agamen\u00f3n fuera aquel d\u00eda insigne y eximio entre muchos h\u00e9roes.<\/p>\n<p>\u00a0Decidme ahora, Musas que pose\u00e9is ol\u00edmpicos palacios y como diosas lo presenci\u00e1is y conoc\u00e9is todo, mientras que nosotros o\u00edmos tan s\u00f3lo la fama y nada cierto sabemos, cu\u00e1les eran los caudillos y pr\u00edncipes de los d\u00e1naos. A la muchedumbre no podr\u00eda enumerarla ni nombrarla, aunque tuviera diez lenguas, diez bocas, voz infatigable y coraz\u00f3n de bronce: s\u00f3lo las Musas ol\u00edmpicas, hijas de Zeus, que lleva la \u00e9gida, podr\u00edan decir cu\u00e1ntos a Ilio fueron. Pero mencionar\u00e9 los caudillos y las naves todas.<\/p>\n<p>\u00a0Mandaban a los beocios Pen\u00e9leo, Leito, Arcesilao, Protoenor y Clonio. Los que cultivaban los campos de Hiria, \u00c1ulide p\u00e9trea, Esqueno, Escolo, Eteono fragosa, Tesp\u00eda, Grea y la vasta Micaleso, los que moraban en Harma, Ilesio y Eritras; los que resid\u00edan en Ele\u00f3n, Hila, Pete\u00f3n, Oc\u00e1lea, Mede\u00f3n, ciudad bien construida, Copas, Eutresis y Tisbe, abundante en palomas; los que habitaban en Coronea, Haliarto herbosa, Platea y Glisante; los que pose\u00edan la bien edificada ciudad de Hipotebas, la sacra Onquesto, delicioso bosque de Poseid\u00f3n, y las ciudades de Arne, abundante en uvas, Midea, Nisa divina y Anted\u00f3n fronteriza: todos estos llegaron en cincuenta naves. En cada una se hab\u00edan embarcado ciento veinte beocios.<\/p>\n<p>\u00a0De los que habitaban en Aspled\u00f3n y Orc\u00f3meno Minieo eran caudillos Asc\u00e1lafo y Y\u00e1lmeno, hijos de Ares y de Ast\u00edoque, que los hab\u00eda dado a luz en el palacio de \u00c1ctor Azida. Ast\u00edoque, que era virgen ruborosa, subi\u00f3 al piso superior, y el terrible dios se uni\u00f3 con ella clandestinamente. Treinta c\u00f3ncavas naves en orden los segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Mandaban a los foceos Esquedio y Ep\u00edstrofo, hijos del magn\u00e1nimo \u00cdfito Naub\u00f3lida. Los de Cipariso, Pit\u00f3n pedregosa, Crisa divina, D\u00e1ulide y Panopeo; los que habitaban en Anemoria, J\u00e1mpolis y la ribera del divinal r\u00edo Cefiso; los que pose\u00edan la ciudad de Lilea en las fuentes del mismo r\u00edo: todos \u00e9stos hab\u00edan llegado en cuarenta negras naves. Los caudillos ordenaban entonces las filas de los focios, que en las batallas combat\u00edan a la izquierda de los beocios.<\/p>\n<p>\u00a0Acaudillaba a los locrios que viv\u00edan en Cino, Opunte, Cal\u00edaro, Besa, Escarfe, Aug\u00edas amena, Tarfe y Tronio, a orillas del Boagrio, el ligero Ayante de Oileo, menor, mucho menor que Ayante Telamonio: era bajo de cuerpo, llevaba coraza de lino y en el manejo de la lanza superaba a todos los helenos y aqueos. Segu\u00edanlo cuarenta negras naves, en las cuales hab\u00edan venido los locrios que viven m\u00e1s a\u00e1 de la sagrada Eubea.<\/p>\n<p>\u00a0Los abantes de Eubea, que respiraban valor y resid\u00edan en Calcis, Eretria, Histiea, abundante en uvas, Cerinto mar\u00edtima, D\u00edo, ciudad excelsa, Caristo y Estira, eran capitaneados por el magn\u00e1nimo Elef\u00e9nor Calcodont\u00edada, v\u00e1stago de Ares. Con tal caudillo llegaron los ligeros abantes, que dejaban crecer la cabellera en la parte posterior de la cabeza: eran belicosos y deseaban siempre romper con sus lanzas de fresno las corazas en los pechos de los enemigos. Segu\u00edanlo cuarenta negras naves.<\/p>\n<p>\u00a0Los que habitaban en la bien edificada ciudad de Atenas y constitu\u00edan el pueblo del magn\u00e1nimo Erecteo, a quien Atenea, hija de Zeus, cri\u00f3 \u2011hab\u00edale dado a luz la f\u00e9rtil tierra- y puso en su rico templo de Atenas, donde los j\u00f3venes atenienses ofrecen todos los a\u00f1os sacrificios propiciatorios de toros y corderos a la diosa, ten\u00edan por jefe a Menesteo, hijo de P\u00e9teo. Ning\u00fan hombre de la tierra sab\u00eda como \u00e9se poner en orden de batalla, as\u00ed a los que combat\u00edan en carros, como a los peones armados de escudos; s\u00f3lo N\u00e9stor compet\u00eda con \u00e9l, porque era m\u00e1s anciano. Cincuenta negras naves lo segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Ayante hab\u00eda partido de Salamina con doce naves, que coloc\u00f3 cerca de las falanges atenienses.<\/p>\n<p>\u00a0Los habitantes de Argos, Tirinto amurallada, Herm\u00edone y \u00c1sine en profundo golfo situadas, Trec\u00e9n, Eyones y Epidauro, abundante en vides, y los j\u00f3venes aqueos de Egina y Masete, eran acaudillados por Diomedes, valiente en la pelea; Est\u00e9nelo, hijo del famoso Capaneo, y Eur\u00edalo, igual a un dios, que ten\u00eda por padre al rey Mecisteo Talay\u00f3nida. Era jefe supremo Diomedes, valiente en la pelea. Ochenta negras naves los segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Los que pose\u00edan la bien construida ciudad de Micenas, la opulenta Corinto y la bien edificada Cleonas; los que cultivaban la tierra en Orn\u00edas, Aret\u00edrea deleitosa y Sici\u00f3n, donde antiguamente rein\u00f3 Adrasto; los que resid\u00edan en Hiperesia y Gonoesa excelsa, y los que habitaban en Pelene, Egio, el Eg\u00edalo todo y la espaciosa H\u00e9lice: todos \u00e9stos hab\u00edan llegado en cien naves a las \u00f3rdenes del rey Agamen\u00f3n Atrida. Muchos y valientes varones condujo este pr\u00edncipe que entonces vest\u00eda el luciente bronce, ufano de sobresalir entre todos los h\u00e9roes por su valor y por mandar a mayor n\u00famero de hombres.<\/p>\n<p>\u00a0Los de la honda y cavernosa Lacedemonia que resid\u00edan en Faris, Esparta y Mesa, abundante en palomas; moraban en Bris\u00edas o Aug\u00edas amena; pose\u00edan las ciudades de Amiclas y Helos mar\u00edtima, y habitaban en Laa y \u00c9tilo: todos \u00e9stos llegaron en sesenta naves al mando del hermano de Agamen\u00f3n, de Menelao, valiente en el combate, y se armaban formando unidad aparte. Menelao, impulsado por su propio ardor, los animaba a combatir y anhelaba en su coraz\u00f3n vengar la huida y los gemidos de Helena.<\/p>\n<p>\u00a0Los que cultivaban el campo en Pilos, Arene deliciosa, Tr\u00edo, vado del Alfeo, y la bien edificada Epi, y los que habitaban en Ciparisente, Anfigenia, Pteleo, Helos y Dorio (donde las Musas, sali\u00e9ndole al camino a T\u00e1miris el tracio, lo privaron de cantar cuando volv\u00eda de la casa de \u00c9urito el ecalieo; pues jact\u00f3se de que saldr\u00eda vencedor, aunque cantaran las propias Musas, hijas de Zeus, que lleva la \u00e9gida, y ellas irritadas lo cegaron, lo privaron del divino canto y le hicieron olvidar el arte de pulsar la c\u00edtara) eran mandados por N\u00e9stor, caballero gerenio, y hab\u00edan llegado en noventa c\u00f3ncavas naves.<\/p>\n<p>\u00a0Los que habitaban en la Arcadia al pie del alto monte de Cilene y cerca de la tumba de \u00c9pito, pa\u00eds de belicosos guerreros; los de F\u00e9neo, Orc\u00f3meno, abundante en ovejas, Ripe, Estratia y Enispe ventosa; y los que pose\u00edan las ciudades de Tegea, Mantinea deliciosa, Est\u00ednfalo y Parrasia: todos \u00e9stos llegaron al mando del rey Agapenor, hijo de Anceo, en sesenta naves. En cada una de \u00e9stas se embarcaron muchos arcadios ejercitados en la guerra. El mismo rey de hombres, Agamen\u00f3n, les facilit\u00f3 las naves de muchos bancos, para que atravesaran el vinoso ponto; pues ellos no se cuidaban de las cosas del mar.<\/p>\n<p>\u00a0Los que habitaban en Buprasio y en el resto de la divina \u00c9lide, desde Hirmina y M\u00edrsino, la fronteriza, por un lado y la roca Olenia y Alesio por el otro, ten\u00edan cuatro caudillos y cada uno de \u00e9stos mandaba diez veleras naves tripuladas por muchos epeos. De dos divisiones eran respectivamente jefes Anf\u00edmaco y Talpio, hijo aqu\u00e9l de Ct\u00e9ato y \u00e9ste de \u00c9urito y nietos de Actor; de la tercera, el fuerte Diores Amarincida, y de la cuarta, el deiforme Polixino, hijo del rey Ag\u00e1stenes Augeida.<\/p>\n<p>\u00a0Los de Duliquio y las sagradas islas Equinas, situadas al otro lado del mar frente a la Elide, eran mandados por Meges Filida, igual a Ares, a quien engendr\u00f3 el jinete Fileo, caro a Zeus, cuando por haberse enemistado con su padre emigr\u00f3 a Duliquio. Cuarenta negras naves lo segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Ulises acaudillaba a los cefalenios de \u00e1nimo altivo. Los de \u00edtaca y su frondoso N\u00e9rito; los que cultivaban los campos de Crocilea y de la escarpada Eg\u00edlipe; los que habitaban en Zacinto; los que viv\u00edan en Samos y sus alrededores; los que estaban en el continente y los que ocupaban la orilla opuesta: todos ellos obedec\u00edan a Ulises, igual a Zeus en prudencia. Doce naves de rojas proas lo segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Toante, hijo de Andrem\u00f3n, reg\u00eda a los etolios que habitaban en Pleur\u00f3n, Oleno, Pilene, Calcis mar\u00edtima y Calid\u00f3n pedregosa. Ya no exist\u00edan los hijos del magn\u00e1nimo Eneo, ni \u00e9ste; y muerto tambi\u00e9n el rubio Meleagro, di\u00e9ronse a Toante todos los poderes para que reinara sobre los etolios. Cuarenta negras naves los segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Mandaba a los cretenses Idomeneo, famoso por su lanza. Los que viv\u00edan en Cnoso, Gortina amurallada, Licto, Mileto, blanca Licasto, Festo y Ritio, ciudades populosas, y los que ocupaban la isla de Creta con sus cien ciudades: todos \u00e9stos eran gobernados por Idomeneo, famoso por su lanza, que con Meriones, igual al homicida Enialio, compart\u00eda el mando. Segu\u00edanlo ochenta negras naves.<\/p>\n<p>\u00a0Tlep\u00f3lemo Heraclida, valiente y alto de cuerpo, condujo en nueve buques a los fieros rodios que viv\u00edan, divididos en tres pueblos, en Lindo, Y\u00e1liso y Camiro la blanca. De \u00e9stos era caudillo Tlep\u00f3lemo, famoso por su lanza, a quien Astioqu\u00eda concibi\u00f3 del fornido Heracles, cuando el h\u00e9roe se la llev\u00f3 de \u00c9fira, de la ribera del r\u00edo Seleente, despu\u00e9s de haber asolado muchas ciudades defendidas por nobles mancebos. Cuando Tlep\u00f3lemo, criado en el magn\u00edfico palacio, hubo llegado a la juventud, mat\u00f3 al anciano t\u00edo materno de su padre, a Licimnio, v\u00e1stago de Ares; y como los dem\u00e1s hijos y nietos del fuerte Heracles lo amenazaron, construy\u00f3 naves, reuni\u00f3 mucha gente y huy\u00f3 por el ponto. Errante y sufriendo penalidades pudo llegar a Rodas, y all\u00ed se estableci\u00f3 con los suyos, que formaron tres tribus. Se hicieron querer de Zeus, que reina sobre los dioses y los hombres, y el Croni\u00f3n les dio abundante riqueza.<\/p>\n<p>\u00a0Nireo condujo desde Sime tres naves bien proporcionadas; Nireo, hijo de Aglaya y del rey C\u00e1ropo; Nireo, el m\u00e1s hermoso de los d\u00e1naos que fueron a Ilio, si exceptuamos al eximio Pelida; pero era t\u00edmido, y poca la gente que mandaba.<\/p>\n<p>\u00a0Los que habitaban en N\u00edsiros, Cr\u00e1pato, Caso, Cos, ciudad de Eur\u00edpilo, y las islas Calidnas, ten\u00edan por jefes a Fidipo y Antifo, hijos del rey T\u00e9salo Heraclida. Treinta c\u00f3ncavas naves en orden lo segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Cuantos ocupaban el Argos p\u00e9l\u00e1sgico, los que viv\u00edan en Alo, \u00c1lope y Traquine y los que pose\u00edan la Ft\u00eda y la H\u00e9lade de lindas mujeres, y se llamaban mirmidones, helenos y aqueos, ten\u00edan por capit\u00e1n a Aquiles y hab\u00edan llegado en cincuenta naves. Mas \u00e9stos no se cuidaban entonces del combate horr\u00edsono, por no tener quien los llevara a la pelea: el divino Aquiles, el de los pies ligeros, no sal\u00eda de las naves, enojado a causa de la joven Briseide, de hermosa cabellera, a la cual hab\u00eda hecho cautiva en Lirneso, cuando despu\u00e9s de grandes fatigas destruy\u00f3 esta ciudad y las murallas de Teba, dando muerte a los belicosos Mines y Ep\u00edstrofo, hijos del rey Eveno Selep\u00edada. Afligido por ello, se entregaba al ocio; pero pronto hab\u00eda de levantarse.<\/p>\n<p>\u00a0Los que habitaban en F\u00edlace, P\u00edraso florida, que es lugar consagrado a Dem\u00e9ter; It\u00f3n, criadora de ovejas; Antr\u00f3n mar\u00edtima y Pteleo herbosa, fueron acaudillados por el aguerrido Protesilao mientras vivi\u00f3, pues ya entonces ten\u00edalo en su seno la negra tierra: mat\u00f3lo un d\u00e1rdano cuando salt\u00f3 de la nave mucho antes que los dem\u00e1s aqueos, y en F\u00edlace quedaron su desolada esposa y la casa a medio acabar. Con todo, no carec\u00edan aqu\u00e9llos de jefe, aunque echaban de menos al que antes tuvieron, pues los ordenaba para el combate Podarces, v\u00e1stago de Ares, hijo de Ificlo Fil\u00e1cida, rico en ganado, y hermano menor del animoso Protesilao. \u00c9ste era mayor y m\u00e1s valiente. Sus hombres, pues, no estaban sin caudillo; pero sent\u00edan soledad de aqu\u00e9l, que tan esforzado hab\u00eda sido. Cuarenta negras naves lo segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Los que moraban en Feras situada a orillas del lago Bebeide, Beba, Gl\u00e1firas y Yolco bien edificada, hab\u00edan llegado en once naves al mando de Eumelo, hijo querido de Admeto y de Alcestis, divina entre las mujeres, que era la m\u00e1s hermosa de las hijas de Pelias.<\/p>\n<p>\u00a0Los que cultivaban los campos de Metone y Taumacia y los que pose\u00edan las ciudades de Melibea y Oliz\u00f3n fragosa, tuvieron por capit\u00e1n a Filoctetes, h\u00e1bil arquero, y llegaron en siete naves: en cada una de \u00e9stas se embarcaron cincuenta remeros muy expertos en combatir valerosamente con el arco. Mas Filoctetes se hallaba padeciendo fuertes dolores en la divina isla de Lemnos, donde lo dejaron los aqueos despu\u00e9s que lo mordi\u00f3 ponzo\u00f1oso reptil. All\u00ed permanec\u00eda afligido; pero pronto en las naves hab\u00edan de acordarse los argivos del rey Filoctetes. No carec\u00edan aqu\u00e9llos de jefe, aunque echaban de menos a su caudillo, pues los ordenaba para el combate Medonte, hijo bastardo de Oileo, asolador de ciudades, de quien lo tuvo Rena.<\/p>\n<p>\u00a0De los de Trica, Itome de quebrado suelo, y Ecalia, ciudad de \u00c9urito el ecalieo, eran capitanes dos hijos de Asclepio y excelentes m\u00e9dicos: Podalirio y Maca\u00f3n. Treinta c\u00f3ncavas naves en orden los segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Los que pose\u00edan la ciudad de Ormenio, la fuente Hiperea, Asterio y las blancas cimas del T\u00edtano, eran mandados por Eur\u00edpilo, hijo preclaro de Evem\u00f3n. Cuarenta negras naves lo segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0A los de Argisa, Girtone, Orte, Elone y la blanca ciudad de Olos\u00f3n, los reg\u00eda el intr\u00e9pido Polipetes, hijo de Pir\u00edtoo y nieto de Zeus inmortal (hab\u00edalo dado a luz la \u00ednclita Hipodam\u00eda el mismo d\u00eda en que Pir\u00edtoo, castigando a los hirsutos centauros, los ech\u00f3 del Pelio y los oblig\u00f3 a retirarse hacia los \u00e9tices). Pero no estaba solo, sino que con \u00e9l compart\u00eda el mando Leonteo, v\u00e1stago de Ares, hijo del animoso Corono Ceneida. Cuarenta negras naves los segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Guneo condujo desde Cifo en veintid\u00f3s naves a los enienes a intr\u00e9pidos perebos; aqu\u00e9llos ten\u00edan su morada en Dodona, de fr\u00edos inviernos, y \u00e9stos cultivaban los campos a orillas del hermoso Titareso, que vierte sus cristalinas aguas en el Peneo de arg\u00e9nteos v\u00f3rtices; pero no se mezcla con \u00e9l, sino que sobrenada como aceite, porque es un arroyo del agua de la \u00c9stige, que se invoca en los terribles juramentos.<\/p>\n<p>\u00a0A los magnetes gobern\u00e1balos Pr\u00f3too, hijo de Tentred\u00f3n. Los que habitaban a orillas del Peneo y en el frondoso Pelio ten\u00edan, pues, por jefe al ligero Pr\u00f3too. Cuarenta negras naves lo segu\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0Tales eran los caudillos y pr\u00edncipes de los d\u00e1naos. Dime, Musa, cu\u00e1l fue el mejor de los varones y cu\u00e1les los m\u00e1s excelentes caballos de cuantos con los Atridas llegaron.<\/p>\n<p>\u00a0Entre los corceles sobresal\u00edan las yeguas del Feret\u00edada, que guiaba Eumelo: eran ligeras como aves, apeladas, y de la m\u00edsma edad y altura; cri\u00f3las Apolo, el del arco de plata, en Perea, y llevaban consigo el terror de Ares. De los guerreros el m\u00e1s valiente fue Ayante Telamonio mientras dur\u00f3 la c\u00f3lera de Aquiles, pues \u00e9ste lo superaba mucho; y tambi\u00e9n eran los mejores caballos los que llevaban al eximio Peli\u00f3n. Mas Aquiles permanec\u00eda entonces en las corvas naves surcadoras del ponto, por estar irritado contra Agamen\u00f3n Atrida, pastor de hombres; su gente se solazaba en la playa tirando discos, venablos o flechas; los corceles com\u00edan loto y apio palustre cerca de los carros de los capitanes que permanec\u00edan enfundados en las tiendas, y los guerreros, echando de menos a su jefe, caro a Ares, discurr\u00edan por el campamento y no peleaban.<\/p>\n<p>\u00a0Ya los dem\u00e1s avanzaban a modo de incendio que se propagase por toda la comarca; y como la tierra gime cuando Zeus, que se complace en lanzar rayos, airado, la azota en Arimos, donde dicen que est\u00e1 el lecho de Tifoeo; de igual manera gem\u00eda grandemente debajo de los que iban andando y atravesaban con ligero paso la llanura.<\/p>\n<p>\u00a0Dio a los troyanos la triste noticia Iris, la de los pies ligeros como el viento, a quien Zeus, que lleva la \u00e9gida, hab\u00eda enviado como mensajera. Todos ellos, j\u00f3venes y viejos, hall\u00e1banse reunidos en los p\u00f3rticos del palacio de Pr\u00edamo y deliberaban. Iris, la de los pies ligeros, se les present\u00f3 tomando la figura y voz de Polites, hijo de Pr\u00edamo; el cual, confiando en la agilidad de sus pies, se sentaba como atalaya de los troyanos en la cima del t\u00famulo del anciano Esietes y observaba cuando los aqueos part\u00edan de las naves para combatir. As\u00ed transfigurada, dijo Iris, la de los pies ligeros:<\/p>\n<p>\u2011 \u00a1Oh anciano! Te placen los discursos interminables como cuando ten\u00edamos paz, y una obstinada guerra se ha promovido. Muchas batallas he presenciado, pero nunca vi un ej\u00e9rcito tal y tan grande como el que viene por la llanura a pelear contra la ciudad, formado por tantos hombres cuantas son las hojas o las arenas. \u00a1H\u00e9ctor! Te recomiendo encarecidamente que procedas de este modo: Como en la gran ciudad de Pr\u00edamo hay muchos auxiliares y no hablan una misma lengua hombres de pa\u00edses tan diversos, cada cual mande a aquellos de quienes es pr\u00edncipe y acaudille a sus conciudadanos, despu\u00e9s de ponerlos en orden de batalla.<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed dijo; y H\u00e9ctor, conociendo la voz de la diosa, disolvi\u00f3 el \u00e1gora. Apresur\u00e1ronse a tomar las armas, abri\u00e9ronse todas las puertas, sali\u00f3 el ej\u00e9rcito de infantes y de los que en carros combat\u00edan, y se produjo un gran tumulto.<\/p>\n<p>\u00a0Hay en la llanura, frente a la ciudad, una excelsa colina aislada de las dem\u00e1s y accesible por todas partes, a la cual los hombres llaman Batiea y los inmortales tumba de la \u00e1gil Mirina: ah\u00ed fue donde los troyanos y sus auxiliares se pusieron en orden de batalla.<\/p>\n<p>\u00a0A los troyanos mand\u00e1balos el gran H\u00e9ctor Pri\u00e1mida, el de tremolante casco. Con \u00e9l se armaban las tropas m\u00e1s copiosas y valientes, que ard\u00edan en deseos de blandir las lanzas.<\/p>\n<p>\u00a0De los dardanios era caudillo Eneas, valiente hijo de Anquises, de quien lo tuvo la divina Afrodita despu\u00e9s que la diosa se uni\u00f3 con el mortal en un bosque del Ida. Con Eneas compart\u00edan el mando dos hijos de Ant\u00e9nor: Arqu\u00e9loco y Acamante, diestros en toda suerte de pelea.<\/p>\n<p>\u00a0Los ricos troyanos que habitaban en Zelea, al pie del Ida, y beb\u00edan el agua del caudaloso Esepo, eran gobernados por P\u00e1ndaro, hijo ilustre de Lica\u00f3n, a quien Apolo en persona dio el arco.<\/p>\n<p>\u00a0Los que pose\u00edan las ciudades de Adrastea, Apeso, Pitiea y el alto monte de Terea, estaban a las \u00f3rdenes de Adrasto y Anfio, de coraza de lino: ambos eran hijos de M\u00e9rope Percosio, el cual conoc\u00eda como nadie el arte adivinatoria y no quer\u00eda que sus hijos fuesen a la homicida guerra; pero ellos no lo obedecieron, impelidos por las parcas de la negra muerte.<\/p>\n<p>\u00a0Los que moraban en Percote, a orillas del Practio, y los que habitaban en Sesto, Abidos y la divina Arisbe eran mandados por Asio Hirt\u00e1cida, pr\u00edncipe de hombres, a quien fogosos y corpulentos corceles condujeron desde Arisbe, desde la ribera del r\u00edo Seleente.<\/p>\n<p>\u00a0Hip\u00f3too acaudillaba las tribus de los valerosos pelasgos que habitaban en la f\u00e9rtil Larisa. Mand\u00e1banlos.\u00e9l y Pileo, v\u00e1stago de Ares, hijos del pelasgo Leto Teut\u00e1mida.<\/p>\n<p>\u00a0A los tracios, que viven a orillas del alborotado Helesponto, los reg\u00edan Acamante y el h\u00e9roe P\u00edroo.<\/p>\n<p>\u00a0Eufemo, hijo de Treceno C\u00e9ada, alumno de Zeus, era el capit\u00e1n de los belicosos c\u00edcones.<\/p>\n<p>\u00a0Pirecmes condujo los peonios, de corvos arcos, desde la lejana Amid\u00f3n, desde la ribera del anchuroso Axio; del Axio, cuyas l\u00edmpidas aguas se esparcen por la tierra.<\/p>\n<p>\u00a0A los paflagonios, procedentes del pa\u00eds de los \u00e9netos, donde se cr\u00edan las mulas cerriles, los mandaba Pil\u00e9menes, de coraz\u00f3n varonil: aqu\u00e9llos pose\u00edan la ciudad de Citoro, cultivaban los campos de S\u00e9samo y habitaban magn\u00edficas casas a orillas del r\u00edo Partenio, en Cromna, Eg\u00edalo y los altos montes Eritinos.<\/p>\n<p>\u00a0Los halizones eran gobernados por Odio y Ep\u00edstrofo y proced\u00edan de lejos: de \u00c1libe, donde hay yacimientos de plata.<\/p>\n<p>\u00a0A los misios los reg\u00edan Cromis y el augur \u00c9nnomo, que no pudo librarse, a pesar de los ag\u00fceros, de la negra muerte; pues sucumbi\u00f3 a manos del E\u00e1cida, el de los pies ligeros, en el r\u00edo donde \u00e9ste mat\u00f3 tambi\u00e9n a otros troyanos.<\/p>\n<p>\u00a0Forcis y el deiforme Ascanio acaudillaban a los frigios que hab\u00edan llegado de la remota Ascania y anhelaban entrar en batalla.<\/p>\n<p>\u00a0A los meonios los gobernaban Mestles y Antifo, hijos de Tal\u00e9menes, a quienes dio a luz la laguna Gigea. Tales eran los jefes de los meonios, nacidos al pie del Tmolo.<\/p>\n<p>\u00a0Nastes estaba al frente de los carios de b\u00e1rbaro lenguaje. Los que ocupaban la ciudad de Mileto, el frondoso monte Ftir\u00f3n, las orillas del Meandro y las altas cumbres de M\u00edcale ten\u00edan por caudillos a Nastes y Anf\u00edmaco, preclaros hijos de Nomi\u00f3n; Nastes y Anf\u00edmaco, que iba al combate cubierto de oro como una doncella. \u00a1Insensato! No por ello se libr\u00f3 de la triste muerte, pues sucumbi\u00f3 en el r\u00edo a manos del celer\u00edpede E\u00e1cida del aguerrido Aquiles, el de los pies ligeros; y \u00e9ste se apoder\u00f3 del oro.<\/p>\n<p>\u00a0Sarped\u00f3n y el eximio Glauco mandaban a los licios, que proced\u00edan de la remota Licia, de la ribera del voraginoso Janto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO II \u00a0\u00a0 Sue\u00f1o\u2011 Beocia o cat\u00e1logo de las naves\u00a0 Para cumplir lo prometido a Tetis, Zeus env\u00eda un enga\u00f1oso sue\u00f1o a Agamen\u00f3n, y le aconseja que levante el campamento y regrese a casa; Agamen\u00f3n convoca el consejo de los jefes y luego la asamblea general de todos los guerreros,\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1018,1013,1011,1059,1015,1034,1058,1289,1287,1047,1115,1060,1147,1061,1144,1025,1046,1033],"class_list":["post-925","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-ciencia","tag-corazon","tag-empresa","tag-flor","tag-guerra","tag-hogar","tag-homero","tag-iliada","tag-internet","tag-jovenes","tag-lengua","tag-lenguaje","tag-lenguas","tag-leyes","tag-rosa","tag-salud","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-ii-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-ii-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2010-11-27T20:21:28+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2010-11-27T20:22:48+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"120\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Admin\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Admin\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"43 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Admin\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\"},\"headline\":\"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero]\",\"datePublished\":\"2010-11-27T20:21:28+00:00\",\"dateModified\":\"2010-11-27T20:22:48+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/\"},\"wordCount\":8646,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"keywords\":[\"amor\",\"arte\",\"ave\",\"ayuda\",\"ciencia\",\"corazon\",\"empresa\",\"flor\",\"guerra\",\"hogar\",\"Homero\",\"Iliada\",\"internet\",\"j\u00f3venes\",\"lengua\",\"lenguaje\",\"lenguas\",\"leyes\",\"rosa\",\"salud\",\"vino\"],\"articleSection\":[\"Literatura \\\/ Po\u00e9tica\",\"Textos literarios\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/\",\"name\":\"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2010-11-27T20:21:28+00:00\",\"dateModified\":\"2010-11-27T20:22:48+00:00\",\"description\":\"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero]\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"name\":\"Blog Cultureduca\",\"description\":\"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"alternateName\":\"Blog Cultura educativa\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\",\"name\":\"ASOCAE\",\"alternateName\":\"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"width\":22,\"height\":24,\"caption\":\"ASOCAE\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/groups\\\/cultureduca\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/Cultureduca\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\",\"name\":\"Admin\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"caption\":\"Admin\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/author\\\/jefe\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","description":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-ii-homero\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","og_description":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","og_url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-iliada\u201d-ii-homero\/","og_site_name":"Blog Cultureduca educativa","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","article_published_time":"2010-11-27T20:21:28+00:00","article_modified_time":"2010-11-27T20:22:48+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":120,"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Admin","twitter_misc":{"Escrito por":"Admin","Tiempo de lectura":"43 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/"},"author":{"name":"Admin","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200"},"headline":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero]","datePublished":"2010-11-27T20:21:28+00:00","dateModified":"2010-11-27T20:22:48+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/"},"wordCount":8646,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"keywords":["amor","arte","ave","ayuda","ciencia","corazon","empresa","flor","guerra","hogar","Homero","Iliada","internet","j\u00f3venes","lengua","lenguaje","lenguas","leyes","rosa","salud","vino"],"articleSection":["Literatura \/ Po\u00e9tica","Textos literarios"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/","name":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website"},"datePublished":"2010-11-27T20:21:28+00:00","dateModified":"2010-11-27T20:22:48+00:00","description":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-iliada%e2%80%9d-ii-homero\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cLa Iliada\u201d (II) [Homero]"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","name":"Blog Cultureduca","description":"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas","publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"alternateName":"Blog Cultura educativa","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization","name":"ASOCAE","alternateName":"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","contentUrl":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","width":22,"height":24,"caption":"ASOCAE"},"image":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","https:\/\/x.com\/Cultureduca"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200","name":"Admin","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","caption":"Admin"},"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"}]}},"featured_image_src":null,"featured_image_src_square":null,"author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"custom":false,"gb-block-post-grid-landscape":false,"gb-block-post-grid-square":false,"post-thumbnail":false,"header":false,"slider":false,"columns":false},"uagb_author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"CANTO II \u00a0\u00a0 Sue\u00f1o\u2011 Beocia o cat\u00e1logo de las naves\u00a0 Para cumplir lo prometido a Tetis, Zeus env\u00eda un enga\u00f1oso sue\u00f1o a Agamen\u00f3n, y le aconseja que levante el campamento y regrese a casa; Agamen\u00f3n convoca el consejo de los jefes y luego la asamblea general de todos los guerreros,\u2026 Seguir leyendo...","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/925","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/75"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=925"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/925\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=925"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=925"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=925"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}