{"id":922,"date":"2010-11-27T00:38:03","date_gmt":"2010-11-26T22:38:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=922"},"modified":"2010-11-27T00:38:03","modified_gmt":"2010-11-26T22:38:03","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xxiv-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xxiv-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XXIV) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XXIV<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>El cilenio Hermes llamaba las almas de los pretendientes, teniendo en su mano la hermosa \u00e1urea vara con la cual adormece los ojos de cuantos quiere o despierta a los que duermen. Emple\u00e1bala entonces para mover y guiar las almas y \u00e9stas le segu\u00edan, profiriendo estridentes gritos. Como los murci\u00e9lagos revolotean chillando en lo m\u00e1s hondo de una vasta gruta si alguno de ellos se separa del racimo colgado de la pe\u00f1a, pues se traban los unos con los otros: de la misma suerte las almas andaban chillando, y el ben\u00e9fico Hermes, que las preced\u00eda, llev\u00e1balas por l\u00f3bregos senderos.<\/p>\n<p>11<\/p>\n<p>Transpusieron en primer lugar las corrientes del Oc\u00e9ano y la roca de L\u00e9ucade, despu\u00e9s las puertas de Helios y el pa\u00eds de Hipno, y pronto llegaron a la pradera de asf\u00f3delos donde residen las almas que son im\u00e1genes de los difuntos.<\/p>\n<p>15<\/p>\n<p>Encontr\u00e1ronse all\u00ed con las almas del Pelida Aquileo, de Patroclo, del intachable Ant\u00edloco y de Ayante, que fue el m\u00e1s excelente de todos los d\u00e1naos, en cuerpo y hermosura, despu\u00e9s del irreprensible Peli\u00f3n. Estos andaban en torno de Aquileo; y se les acerc\u00f3, muy angustiada, el alma de Agamemn\u00f3n Atrida, a cuyo alrededor se reun\u00edan las de cuantos en la mansi\u00f3n de Egisto perecieron con el h\u00e9roe, cumpliendo su destino.<\/p>\n<p>23<\/p>\n<p>Y el alma de Peli\u00f3n fue la primera que habl\u00f3, diciendo de esta suerte:<\/p>\n<p>24<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh Atrida! imagin\u00e1bamos que entre todos los h\u00e9roes eras siempre el m\u00e1s acepto a Zeus, que se huelga con el rayo, porque imperabas sobre muchos y fuertes varones all\u00e1 en Troya, donde los aqueos padecimos tantos infortunios; y, con todo, te hab\u00eda de alcanzar antes de tiempo la funesta Moira, de la cual nadie puede librarse una vez nacido. Ojal\u00e1 se te hubiesen presentado la muerte y el destino en el pa\u00eds teucro, cuando disfrutabas de la dignidad suprema con la cual reinabas; pues entonces todos los aqueos te erigieran un t\u00famulo, y le dejaras a tu hijo una gloria inmensa. Ahora el hado te encaden\u00f3 con deplorabil\u00edsima muerte.<\/p>\n<p>35<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el alma del Atrida:<\/p>\n<p>36<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dichoso t\u00fa, oh hijo de Peleo, Aquileo, semejante a los dioses, que expiraste en Troya, lejos de Argos, y a tu alrededor murieron, defendi\u00e9ndote, otros valent\u00edsimos troyanos y aqueos; y t\u00fa yac\u00edas en tierra sobre un gran espacio, envuelto en un torbellino de polvo y olvidado del arte de guiar los carros! Nosotros luchamos todo el d\u00eda y por nada hubi\u00e9semos suspendido el combate, pero Zeus nos oblig\u00f3 a desistir, envi\u00e1ndonos una tormenta.<\/p>\n<p>43<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber trasladado tu hermoso cuerpo del campo de la batalla a las naves, lo pusimos en un lecho, lo lavamos con agua tibia y lo ungimos; y los d\u00e1naos, cerc\u00e1ndote, vert\u00edan muchas y ardientes l\u00e1grimas y se cortaban las cabelleras. Tambi\u00e9n vino tu madre, que sali\u00f3 del mar, con las inmortales diosas marinas, en oyendo la nueva: levant\u00f3se en el ponto un clamoreo grand\u00edsimo y tal temblor les entr\u00f3 a todos los aqueos, que se lanzaron a las c\u00f3ncavas naves si no los detuviera un hombre que conoc\u00eda muchas y antiguas cosas, N\u00e9stor, cuya opini\u00f3n era considerada siempre como la mejor. Este, pues, areng\u00e1ndolos con benevolencia, les habl\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>54<\/p>\n<p>\u00abDeteneos, argivos; no huy\u00e1is, varones aqueos! Esta es la madre que viene del mar, con las inmortales diosas marinas, a ver a su hijo muerto.\u00bb<\/p>\n<p>57<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y los magn\u00e1nimos aqueos suspendieron la fuga. Rode\u00e1ronte las hijas del anciano del mar, lament\u00e1ndose de tal suerte que mov\u00edan a compasi\u00f3n, y te pusieron divinales vestidos. Las nueve Musas entonaron el canto f\u00fanebre alternando con su hermosa voz, y no vieras ning\u00fan argivo que no llorase \u00a1tanto les conmov\u00eda la canora Musa! Diecisiete d\u00edas con sus noches te lloramos as\u00ed los inmortales dioses como los mortales hombres y al dieciocheno te entregamos al fuego, degollando a tu alrededor y en gran abundancia ping\u00fces ovejas y bueyes de retorcidos cuernos. Ardi\u00f3 tu cad\u00e1ver adornado con vestidura de dios, con gran cantidad de ung\u00fcento y de dulce miel; agit\u00e1ronse con sus armas multitud de h\u00e9roes aqueos, unos a pie y otros en carros, cabe la pira en que te quemaste; y prod\u00fajose un gran tumulto.<\/p>\n<p>71<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que la llama de Hefesto acab\u00f3 de consumirte, oh Aquileo, al apuntar el d\u00eda, recogimos tus blancos huesos y los echamos en vino puro y ung\u00fcento. Tu madre nos entreg\u00f3 un \u00e1nfora de oro, diciendo que se la hab\u00eda regalado Dionisio y era obra del \u00ednclito Hefesto; y en ella est\u00e1n tus blancos huesos, preclaro Aquileo, junto con los del difunto Patroclo Menet\u00edada, y aparte los de Ant\u00edloco, que fue el compa\u00f1ero a quien m\u00e1s apreciaste despu\u00e9s de la muerte del difunto Patroclo.<\/p>\n<p>80<\/p>\n<p>En torno de los restos, el sacro ej\u00e9rcito de los belicosos argivos te erigi\u00f3 un t\u00famulo grande y eximio en un lugar prominente, a orillas del dilatado Helesponto, para que pudieran verlo a gran distancia, desde el ponto, los hombres que ahora viven y los que nazcan en lo futuro.<\/p>\n<p>85<\/p>\n<p>Tu madre puso en la liza, con el consentimiento de los dioses, hermosos premios para el certamen que hab\u00edan de celebrar los argivos m\u00e1s se\u00f1alados.<\/p>\n<p>87<\/p>\n<p>T\u00fa te hallaste en las exequias de muchos h\u00e9roes cuando, con motivo de la muerte de alg\u00fan rey, se ci\u00f1en los j\u00f3venes y se aprestan para los juegos f\u00fanebres; esto no obstante, te habr\u00edas asombrado much\u00edsimo en tu \u00e1nimo al ver cuan hermosos eran los que en honor tuyo estableci\u00f3 la diosa Tetis, la de arg\u00e9nteos pies, porque siempre fuiste muy querido de las deidades. As\u00ed, pues, ni muriendo ha perdido tu nombrad\u00eda; y tu gloriosa fama, oh Aquileo, subsistir\u00e1 perpetuamente entre todos los hombres. Pero yo, \u00bfc\u00f3mo he de gozar de tal satisfacci\u00f3n, si, despu\u00e9s que acab\u00e9 la guerra y volv\u00ed a la patria, me aparej\u00f3 Zeus una deplorable muerte por mano de Egisto y de mi funesta esposa?<\/p>\n<p>98<\/p>\n<p>Mientras de tal modo conversaban, present\u00f3seles el mensajero Argifontes guiando las almas de los pretendientes a quienes Odiseo hab\u00eda quitado la vida. Ambos, al punto que los vieron, fu\u00e9ronse muy admirados a su encuentro. El alma del Atrida Agamemn\u00f3n reconoci\u00f3 al hijo amado de Menelao, al per\u00ednclito Anfimedonte, cuyo hu\u00e9sped hab\u00eda sido en la casa que \u00e9ste habitaba en Itaca, y comenz\u00f3 a hablarle de esta manera:<\/p>\n<p>106<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Afimedonte! \u00bfQu\u00e9 os ha sucedido, que penetr\u00e1is en la obscura tierra tantos y tan selectos varones, y todos de la misma edad? Si se escogieran por la poblaci\u00f3n, no se hallaran otros m\u00e1s excelentes. \u00bfAcaso Poseid\u00f3n os mat\u00f3 en vuestras naves, desencadenando el fuerte soplo de terribles vientos y levantando grandes olas? \u00bfO quiz\u00e1s hombres enemigos acabaron con vosotros en el continente porque os llevabais sus bueyes y sus magn\u00edficos reba\u00f1os de ovejas, o porque combat\u00edais para apoderaros de su ciudad y de sus mujeres? Responde a lo que te digo, pues tengo a honra el ser hu\u00e9sped tuyo. \u00bfNo recuerdas que fui all\u00e1, a vuestra casa, junto con el deiforme Menelao, a exhortar a Odiseo para que nos siguiera a Ili\u00f3n en las naves de muchos bancos? Un mes entero empleamos en atravesar el anchuroso ponto, y a duras penas persuadimos a Odiseo, asolador de ciudades.<\/p>\n<p>120<\/p>\n<p>D\u00edjole a su vez el alma de Anfimedonte:<\/p>\n<p>121<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Atrida glorios\u00edsimo, rey de hombres Agamemn\u00f3n! Recuerdo cuanto dices, oh alumno de Zeus, y te contar\u00e9 exacta y circunstanciadamente de qu\u00e9 triste modo ocurri\u00f3 que lleg\u00e1ramos al t\u00e9rmino de nuestra vida. Pretend\u00edamos a la esposa de Odiseo, ausente a la saz\u00f3n desde largo tiempo, y ni rechazaba las odiosas nupcias ni quer\u00eda celebrarlas, prepar\u00e1ndonos la muerte y la negra Moira; y entonces discurri\u00f3 en su inteligencia este nuevo enga\u00f1o. Se puso a tejer en el palacio una gran tela sutil e interminable, y a la hora nos habl\u00f3 de esta guisa:<\/p>\n<p>131<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1J\u00f3venes pretendientes m\u00edos! Ya que ha muerto el divinal Odiseo, aguardad para instar mis bodas que acabe este lienzo -no sea que se me pierdan in\u00fatilmente los hilos-, a fin de que tenga sudario el h\u00e9roe Laertes cuando le alcance la parca fatal de la aterradora muerte. \u00a1No se me vaya a indignar alguna de las aqueas del pueblo si ve enterrar sin mortaja a un hombre que ha pose\u00eddo tantos bienes!\u00bb<\/p>\n<p>138<\/p>\n<p>As\u00ed dijo, y nuestro \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. Desde aquel instante pasaba el d\u00eda labrando la gran tela, y por la noche, tan luego como se alumbraba con antorchas, deshac\u00eda lo tejido. De esta suerte logr\u00f3 ocultar el enga\u00f1o y que sus palabras fueran cre\u00eddas por los aqueos durante un trienio; mas as\u00ed que vino el cuarto a\u00f1o y volvieron a sucederse las estaciones, despu\u00e9s de transcurrir los meses y de pasar muchos d\u00edas, nos lo revel\u00f3 una de las mujeres, que conoc\u00edan muy bien lo que pasaba, y sorprendimos a Penelopea destejiendo la espl\u00e9ndida tela. As\u00ed fue c\u00f3mo, mal de su grado, se vio en la necesidad de acabarla. Cuando, despu\u00e9s de tejer y lavar la gran tela, nos mostr\u00f3 aquel lienzo que se asemejaba al sol o a la luna, funesta deidad trajo a Odiseo, de alguna parte de los confines del campo donde el porquero ten\u00eda su morada. All\u00ed fue tambi\u00e9n el hijo amado del divinal Odiseo cuando volvi\u00f3 de la arenosa Pilos en su negra nave; y, concert\u00e1ndose para dar mala muerte a los pretendientes vinieron a la \u00ednclita ciudad, y Odiseo entr\u00f3 el \u00faltimo, pues Tel\u00e9maco se le adelant\u00f3 alg\u00fan tanto. El porquero acompa\u00f1\u00f3 a Odiseo; y \u00e9ste, con sus pobres andrajos, parec\u00eda un viejo y miserable mendigo que se apoyaba en el bast\u00f3n y llevaba feas vestiduras. Ninguno de nosotros pudo conocerle, ni a\u00fan los mas viejos, cuando se present\u00f3 de s\u00fabito; y lo maltrat\u00e1bamos, dirigi\u00e9ndole injuriosas palabras y d\u00e1ndole golpes. Con \u00e1nimo paciente sufr\u00eda Odiseo que en su propio palacio se le hiriera e injuriara, mas apenas le incit\u00f3 Zeus, que lleva la \u00e9gida, comenz\u00f3 a quitar de las paredes, ayudado de Tel\u00e9maco, las magn\u00edficas armas, que deposit\u00f3 en su habitaci\u00f3n, corriendo los cerrojos; y luego, con refinada astucia, aconsej\u00f3 a su esposa que nos sacara a los pretendientes el arco y el blanquizco hierro a fin de celebrar el certamen que hab\u00eda de ser para nosotros, oh infelices, el preludio de la matanza.<\/p>\n<p>170<\/p>\n<p>Ninguno logr\u00f3 tender la cuerda del recio arco, pues nos faltaba mucho parte del vigor que para ello se requer\u00eda. Cuando el gran arco iba a llegar a manos de Odiseo, todos increp\u00e1bamos al porquero para que no se lo diese, por m\u00e1s que lo solicitara y tan s\u00f3lo Tel\u00e9maco, anim\u00e1ndole, mand\u00f3 que se lo entregase. El paciente divinal Odiseo lo tom\u00f3 en las manos, tendi\u00f3lo con suma facilidad, e hizo pasar la flecha por el hierro; inmediatamente se fue al umbral, derram\u00f3 por el suelo las veloces flechas, echando terribles miradas, y mat\u00f3 al rey Ant\u00ednoo.<\/p>\n<p>180<\/p>\n<p>Pero en seguida dispar\u00f3 contra los dem\u00e1s las dolorosas saetas, apuntando a su frente; y ca\u00edan los unos en pos de los otros. Era evidente que alguno de los dioses les ayudaba; pues muy pronto, dej\u00e1ndose llevar por su furor, empezaron a matar a diestro y siniestro por la sala: los que recib\u00edan los golpes en la cabeza levantaban horribles suspiros, y el suelo manaba sangre por todos lados. As\u00ed hemos perecido, Agamemn\u00f3n, y los cad\u00e1veres yacen abandonados todav\u00eda en el palacio de Odiseo, porque la nueva a\u00fan no ha llegado a las casas de nuestros amigos, los cuales nos llorar\u00edan despu\u00e9s de lavarnos la negra sangre de las heridas y de colocarnos en lechos; que tales son los honores que han de tributarse a los difuntos.<\/p>\n<p>191<\/p>\n<p>Contest\u00f3le el alma del Atrida:<\/p>\n<p>192<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Feliz hijo de Laertes! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! T\u00fa acertaste a poseer una esposa virtuos\u00edsima. Como la intachable Penelopea, hija de Icario, ha tenido tan excelentes sentimientos y ha guardado tan buena memoria de Odiseo, el var\u00f3n con quien se cas\u00f3 virgen, jam\u00e1s se perder\u00e1 la gloriosa fama de su virtud y los inmortales inspirar\u00e1n a los hombres de la tierra graciosos cantos en loor de la discreta Penelopea. No se port\u00f3 as\u00ed la hija de Tind\u00e1reo, que maquinando inicuas acciones, dio muerte al marido con quien se hab\u00eda casado virgen; por lo cual ha de ser objeto de odiosos cantos, y ya acarre\u00f3 triste fama a las d\u00e9biles mujeres, sin exceptuar las que son virtuosas.<\/p>\n<p>203<\/p>\n<p>As\u00ed conversaban en la morada de Hades, dentro de las profundidades de la tierra.<\/p>\n<p>205<\/p>\n<p>Mientras tanto Odiseo y los suyos, descendiendo de la ciudad, llegaron muy pronto al bonito y bien cultivado predio de Laertes, que \u00e9ste compr\u00f3 en otra \u00e9poca despu\u00e9s de pasar muchas fatigas. All\u00ed estaba la casa del anciano, con un cobertizo a su alrededor adonde iban a comer, a sentarse y a dormir; los siervos propios de aqu\u00e9l; siervos que le hac\u00edan cuantas labores eran de su agrado. Una vieja siciliana le cuidaba con gran solicitud all\u00e1 en el campo, lejos de la ciudad.<\/p>\n<p>213<\/p>\n<p>En llegando, pues, a tal paraje, Odiseo habl\u00f3 de esta manera a sus servidores y a su hijo:<\/p>\n<p>214<\/p>\n<p>\u2014Vosotros, entrando en la bien labrada caser\u00eda, sacrificad al punto el mejor de los cerdos para el almuerzo, y yo ir\u00e9 a probar si mi padre me reconoce al verme ante sus ojos, o no distingue qui\u00e9n soy despu\u00e9s de tanto tiempo de hallarme ausente.<\/p>\n<p>219<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, entreg\u00f3 las marciales armas a los criados. Fu\u00e9ronse \u00e9stos a buen paso hacia la caser\u00eda, y Odiseo se encamin\u00f3 al huerto, en frutas abundoso, para hacer aquella prueba. Y, bajando al grande huerto no hall\u00f3 a Dolio, ni a ninguno de los esclavos, ni a los hijos de \u00e9ste; pues todos hab\u00edan salido a coger espinos para hacer el seto del huerto, y el anciano Dolio los guiaba. Por esta raz\u00f3n hall\u00f3 en el bien cultivado huerto a su padre solo, aporcando una planta. Vest\u00eda Laertes una t\u00fanica sucia, remendada y miserable; llevaba atadas a las piernas unas polainas de vaqueta cosida para reparo contra los rasgu\u00f1os y en las manos, guantes, por causa de las zarzas; y cubr\u00eda su angustiada cabeza con un gorro de piel de cabra.<\/p>\n<p>232<\/p>\n<p>Cuando el paciente divinal Odiseo le vio abrumado por la vejez y con tan grande dolor all\u00ed en su esp\u00edritu, se detuvo al pie de un alto peral y le saltaron las l\u00e1grimas.<br \/>\n\u00a0<\/p>\n<p>235<\/p>\n<p>Despu\u00e9s hall\u00f3se indeciso en su mente y en su coraz\u00f3n, no sabiendo si besar y abrazar a su padre, cont\u00e1rselo todo y explicarle c\u00f3mo hab\u00eda llegado al patrio suelo; o interrogarle primeramente con el fin de hacer aquella prueba. As\u00ed que lo hubo pensado, pareci\u00f3le que era mejor tentarle con burlonas palabras. Con este prop\u00f3sito fuese el divino Odiseo derecho a \u00e9l, que estaba con la cabeza baja cavando en torno de una planta.<\/p>\n<p>243<\/p>\n<p>Y deteni\u00e9ndose a su lado, habl\u00f3le as\u00ed su preclaro hijo:<\/p>\n<p>244<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, anciano! No te falta pericia para cultivar un huerto, pues en \u00e9ste se halla todo muy bien cuidado y no se ve planta alguna ni higuera, ni vid, ni olivo, ni peral, ni cuadro de legumbres, que no lo est\u00e9 de igual manera. Otra cosa te dir\u00e9, mas no por ello recibas enojo en tu coraz\u00f3n: no tienes tan buen cuidado de ti mismo, pues no s\u00f3lo te agobia la triste vejez, sino que est\u00e1s sucio y mal vestido. No ser\u00e1 sin duda a causa de tu ociosidad el que un se\u00f1or te tenga en semejante desamparo; y, adem\u00e1s, nada servil se advierte en ti, pues por tu aspecto y grandeza te asemejas a un rey, a un var\u00f3n que despu\u00e9s de lavarse y de comer haya de dormir en blando lecho; que tal es la costumbre de los ancianos.<\/p>\n<p>256<\/p>\n<p>Mas, ea, habla y responde sinceramente. \u00bfDe qui\u00e9n eres siervo? \u00bfCuyo es el huerto que cultivas? Dime con verdad, a fin de que lo sepa, si realmente he llegado a Itaca; como me asegur\u00f3 un hombre que encontr\u00e9 al venir y que no debe ser muy sensato, pues no tuvo paciencia para referirme algunas cosas ni para escuchar mis palabras cuando le pregunt\u00e9 si cierto hu\u00e9sped m\u00edo aun vive y existe o ha muerto y se halla en la morada de Hades. Voy a cont\u00e1rtelo a ti: atiende y \u00f3yeme. En mi patria hosped\u00e9 en otro tiempo a un var\u00f3n que lleg\u00f3 a nuestra morada; y jam\u00e1s mortal alguno de los que vinieron de lejanas tierras a hospedarse en mi casa me fue m\u00e1s grato: ten\u00eda a honra ser de Itaca por su linaje y dec\u00eda que Laertes Arces\u00edada era su padre. Yo mismo lo conduje al palacio, le procur\u00e9 digna hospitalidad, trat\u00e1ndolo sol\u00edcita y amistosamente -que en mi mansi\u00f3n reinaba la abundancia-, y le hice los presentes hospitalarios que conven\u00eda dar a tal persona. Le entregu\u00e9 siete talentos de oro bien labrado, una arg\u00e9ntea cratera floreada; doce mantos sencillos, doce tapetes, doce bellos palios y otras tantas t\u00fanicas; y, adem\u00e1s, cuatro mujeres de hermosa figura, diestras en hacer irreprochables labores, que \u00e9l mismo escogi\u00f3 entre mis esclavas.<\/p>\n<p>280<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le su padre, con los ojos anegados en l\u00e1grimas:<\/p>\n<p>281<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero! Est\u00e1s ciertamente en la tierra por la cual preguntas; pero la tienen dominada unos hombres insolentes y malvados, y te saldr\u00e1n en vano esos innumerables presentes que a aqu\u00e9l le hiciste. Si lo hallaras vivo en el pueblo de Itaca, no te despidiera sin corresponder a tus obsequios con otros dones y una buena hospitalidad como es justo que se haga con quien anteriormente nos dej\u00f3 obligados. Mas, ea, habla y responde sinceramente: \u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os ha que acogiste a \u00e9se tu infeliz hu\u00e9sped, a mi hijo infortunado, si todo no ha sido sue\u00f1o? Alejado de sus amigos y de su patria tierra, o se lo comieron los peces en el ponto o fue pasto, en el continente, de las fieras y de las aves: y ni su madre lo amortaj\u00f3, llor\u00e1ndole conmigo que lo engendramos; ni su rica mujer, la discreta Penelopea, gimi\u00f3 sobre el lecho f\u00fanebre de su marido, como era justo, ni le cerr\u00f3 los ojos; que tales son las honras debidas a los muertos. Dime tambi\u00e9n la verdad de esto, para que me entere: \u00bfQui\u00e9n eres y de que pa\u00eds procedes? \u00bfD\u00f3nde se hallan tu ciudad y tus padres? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el r\u00e1pido bajel que te ha tra\u00eddo con tus compa\u00f1eros iguales a los dioses? \u00bfO viniste pasajero en la nave de otro, que despu\u00e9s de dejarte en tierra continu\u00f3 su viaje?<\/p>\n<p>302<\/p>\n<p>D\u00edjole en respuesta el divinal Odiseo:<\/p>\n<p>303<\/p>\n<p>\u2014De todo voy a informarte circunstanciadamente. Nac\u00ed en Alibante, donde tengo magn\u00edfica morada, y soy el hijo deI rey Afidante Polipem\u00f3nida; mi nombre es Ep\u00e9rito; alg\u00fan dios me ha apartado de Sicania para traerme aqu\u00ed a pesar m\u00edo, y mi nave est\u00e1 cerca del campo, antes de llegar a la poblaci\u00f3n. Hace ya cinco a\u00f1os que Odiseo se fue de all\u00e1 y dej\u00f3 mi patria. \u00a1Infeliz! Propicias aves volaban a su derecha cuando parti\u00f3, y, al notarlo le desped\u00ed alegre y se alej\u00f3 contento porque nos quedaba en el coraz\u00f3n la esperanza de que la hospitalidad volver\u00eda a juntarnos y nos podr\u00edamos obsequiar con espl\u00e9ndidos presentes.<\/p>\n<p>315<\/p>\n<p>Tales fueron sus palabras; y negra nube de pesar envolvi\u00f3 a Laertes, que tom\u00f3 ceniza con ambas manos y ech\u00f3la sobre su cabeza cana, suspirando muy gravemente. Conmovi\u00f3sele el coraz\u00f3n a Odiseo; sinti\u00f3 el h\u00e9roe aguda picaz\u00f3n en la nariz al contemplar a su padre, y dando un salto, le bes\u00f3 y le dijo:<\/p>\n<p>321<\/p>\n<p>\u2014Yo soy, oh padre, \u00e9se mismo por quien preguntas; que torn\u00f3 en el vig\u00e9simo a\u00f1o a la patria tierra. Pero cesen tu llanto, tus sollozos y tus l\u00e1grimas. Y te dir\u00e9, ya que el tiempo nos apremia, que he muerto a los pretendientes en nuestra casa, vengando as\u00ed sus dolorosas injurias y sus malvadas acciones.<\/p>\n<p>327<\/p>\n<p>Laertes le contest\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>328<\/p>\n<p>\u2014Pues si eres mi hijo Odiseo que ha vuelto, mu\u00e9strame alguna se\u00f1al evidente para que me convenza.<\/p>\n<p>330<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>331<\/p>\n<p>\u2014Primeramente vean tus ojos la herida que en el Parnaso me hizo un jabal\u00ed con su blanco diente, cuando t\u00fa y mi madre veneranda me enviasteis a Aut\u00f3lico, mi caro abuelo paterno, a recibir los dones que al venir ac\u00e1 prometi\u00f3 hacerme. Y, ea, si lo deseas, te enumerar\u00e9 los \u00e1rboles que una vez me regalaste en este bien cultivado huerto: pues yo, que era ni\u00f1o, te segu\u00eda y te los iba pidiendo uno tras otro; y, al pasar por entre ellos me los mostrabas y me dec\u00edas su nombre. Fueron trece perales, diez manzanos y cuarenta higueras; y me ofreciste, adem\u00e1s, cincuenta li\u00f1os de cepas, cada uno de los cuales daba fruto en diversa \u00e9poca, pues hay aqu\u00ed racimos de uvas de todas clases cuando los hacen madurar las estaciones que desde lo alto nos env\u00eda Zeus.<\/p>\n<p>345<\/p>\n<p>As\u00ed le dijo; y Laertes sinti\u00f3 desfallecer sus rodillas y su coraz\u00f3n reconociendo las se\u00f1ales que Odiseo iba describiendo con tal certidumbre. Ech\u00f3 los brazos sobre su hijo; y el paciente divinal Odiseo trajo hacia si al anciano, que se hallaba sin aliento. Y cuando Laertes torn\u00f3 a respirar y volvi\u00f3 en su acuerdo, respondi\u00f3 con estas palabras:<\/p>\n<p>351<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Padre Zeus! Vosotros los dioses permanec\u00e9is a\u00fan en el vasto Olimpo, si es verdad que los pretendientes recibieron el castigo de su temeraria insolencia. Mas ahora teme mucho mi coraz\u00f3n que se re\u00fanan y vengan muy pronto todos los itacenses, y que adem\u00e1s env\u00eden emisarios a todas las ciudades de los cefalenos.<\/p>\n<p>356<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>357<\/p>\n<p>\u2014Cobra \u00e1nimo y no te den cuidado tales cosas. Pero v\u00e1monos a la casa que se halla pr\u00f3xima a este huerto, que all\u00ed envi\u00e9 a Tel\u00e9maco, al boyero y al porquerizo para que cuanto antes nos aparejen la comida.<\/p>\n<p>361<\/p>\n<p>Pronunciadas estas palabras, encamin\u00e1ronse el hermoso casar. Cuando hubieron llegado a la c\u00f3moda mansi\u00f3n, hallaron a Tel\u00e9maco, al boyero y al porquerizo ocupados en cortar mucha carne y en mezclar el negro vino.<\/p>\n<p>365<\/p>\n<p>Al punto la esclava siciliana lav\u00f3 y ungi\u00f3 con aceite al magn\u00e1nimo Laertes dentro de la casa, ech\u00e1ndole despu\u00e9s un hermoso manto sobre las espaldas; y Atenea se acerc\u00f3 e hizo que le crecieran los miembros al pastor de hombres, de suerte que se ostentase m\u00e1s alto y m\u00e1s grueso que anteriormente.<\/p>\n<p>370<\/p>\n<p>Cuando sali\u00f3 del ba\u00f1o, admir\u00f3se su hijo al verle tan parecido a los inmortales n\u00famenes y le dirigi\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>373<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, padre! Alguno de los sempiternos dioses ha mejorado a buen seguro tu aspecto y tu grandeza.<\/p>\n<p>375<\/p>\n<p>Contest\u00f3le el discreto Laertes:<\/p>\n<p>376<\/p>\n<p>\u2014Ojal\u00e1 me hallase, \u00a1oh padre Zeus, Atenea, Apolo!, como cuando reinaba sobre los cefalenos y tom\u00e9 a N\u00e9rico ciudad bien construida, all\u00e1 en la punta del continente: s\u00ed, siendo tal, me hubiera hallado ayer en nuestra casa, con los hombros cubiertos por la armadura, a tu lado y rechazando a los pretendientes; yo les quebrara a muchos las rodillas en el palacio y tu alma se regocijara al contemplarlo.<\/p>\n<p>383<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. Cuando los dem\u00e1s terminaron la faena y dispusieron el banquete sent\u00e1ronse por orden en sillas y sillones. Y as\u00ed que comenzaban a tomar los manjares, lleg\u00f3 el anciano Dolio con sus hijos -que ven\u00edan cansados de tanto trabajar-, pues sali\u00f3 a llamarlos su madre, la vieja siciliana que los hab\u00eda criado y que cuidaba del anciano con gran esmero desde que \u00e9ste hab\u00eda llegado a la senectud.<\/p>\n<p>391<\/p>\n<p>Tan pronto como vieron a Odiseo y lo reconocieron en su esp\u00edritu par\u00e1ronse at\u00f3nitos dentro de la sala; y Odiseo les habl\u00f3 halag\u00e1ndolos con dulces palabras:<\/p>\n<p>394<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, anciano! Si\u00e9ntate a comer y cese tu asombro, porque mucho ha que, con harto deseo de echar mano a los manjares; os est\u00e1bamos aguardando en esta sala.<\/p>\n<p>397<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Dolio se fue derechamente a \u00e9l con los brazos abiertos, tom\u00f3 la mano de Odiseo, se la bes\u00f3 en la mu\u00f1eca, y le dirigi\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>400<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, amigo! Como quiera que has vuelto a nosotros, que anhel\u00e1bamos tu venida aunque ya perd\u00edamos la esperanza y los mismos dioses te han tra\u00eddo, salve, s\u00e9 muy dichoso, y las deidades te concedan toda clase de venturas. Dime ahora la verdad de lo que te voy a preguntar, para que me entere: \u00bfla discreta Penelopea sabe ciertamente que has regresado, o convendr\u00e1 enviarle un mensajero?<\/p>\n<p>406<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>407<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, anciano! Ya lo sabe. \u00bfQu\u00e9 necesidad hay de hacer lo que propones?<\/p>\n<p>408<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00f3; y Dolio fue a sentarse en su pulimentada silla. De igual manera se allegaron al \u00ednclito Odiseo los hijos de Dolio, le saludaron con palabras, le tomaron las manos y se sentaron por orden cerca de su padre.<\/p>\n<p>412<\/p>\n<p>Mientras \u00e9stos com\u00edan all\u00e1 en la casa, fue la Fama anunciando r\u00e1pidamente por toda la ciudad la horrorosa muerte y el hado de los pretendientes. Al punto que los ciudadanos la o\u00edan, present\u00e1banse todos en la mansi\u00f3n de Odiseo, unos por \u00e9ste y otros por aquel lado, profiriendo voces y gemidos. Sacaron los muertos; y, despu\u00e9s de enterrar cada cual a los suyos y de entregar los de otras ciudades a los pescadores para que los transportaran en veleras naves, encamin\u00e1ronse al \u00e1gora todos juntos, con el coraz\u00f3n triste. Cuando hubieron acudido y estuvieron congregados, levant\u00f3se Eupites a hablar, porque era intolerable la pena que sent\u00eda en el alma por su hijo Ant\u00ednoo, que fue el primero a quien mat\u00f3 el divinal Odiseo.<\/p>\n<p>425<\/p>\n<p>Y, derramando l\u00e1grimas, los areng\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>426<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, amigos! Grande fue la obra que ese var\u00f3n maquin\u00f3 contra los aqueos: llev\u00f3se a muchos y valientes hombres en sus naves y perdi\u00f3 las c\u00f3ncavas naves y los hombres; y, al volver, ha muerto a los m\u00e1s se\u00f1alados entre los cefalenos. Mas, ea, marchemos a su encuentro antes que se escape a Pilos o a la divina Elide, donde ejercen su dominio los epeos, para que no nos veamos perpetuamente confundidos. Afrentoso ser\u00e1 que lleguen a enterarse de estas cosas los venideros; y, si no castig\u00e1ramos a los matadores de nuestros hijos y de nuestros hermanos, no me fuera grata la vida y ojal\u00e1 me muriese cuanto antes para estar con los difuntos. Pero vamos pronto: no sea que nos prevengan con la huida.<\/p>\n<p>438<\/p>\n<p>As\u00ed les dijo, vertiendo l\u00e1grimas; y movi\u00f3 a compasi\u00f3n a los aqueos todos. Mas en aquel punto present\u00e1ronse Medonte y el divinal aedo, que al despertar hab\u00edan salido de la morada de Odiseo; pusi\u00e9ronse en medio, y el asombro se apoder\u00f3 de los circunstantes.<\/p>\n<p>442<\/p>\n<p>Y el discreto Medonte les habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>443<\/p>\n<p>\u2014O\u00eddme ahora a m\u00ed, oh itacenses; pues no sin voluntad de los inmortales dioses ha ejecutado Odiseo tal haza\u00f1a. Yo mismo vi a un dios inmortal que se hallaba cerca de \u00e9l y era en un todo semejante a M\u00e9ntor. Este dios inmortal a las veces aparec\u00eda delante de Odiseo, a quien animaba, y a las veces, corriendo furioso por el palacio, introduc\u00eda la confusi\u00f3n entre los pretendientes, que ca\u00edan los unos en pos de los otros.<\/p>\n<p>450<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y todos se sintieron pose\u00eddos del p\u00e1lido temor. Seguidamente dirigi\u00f3les el habla el anciano h\u00e9roe Haliterses Mast\u00f3rida, el \u00fanico que conoc\u00eda lo pasado y lo venidero. Este, pues, les areng\u00f3 con benevolencia, diciendo:<\/p>\n<p>454<\/p>\n<p>\u2014O\u00edd ahora, oh itacenses, lo que os digo. Por vuestra culpable debilidad ocurrieron tales cosas, amigos: que nunca os dejasteis persuadir ni por mi, ni por M\u00e9ntor, pastor de hombres, cuando os exhort\u00e1bamos a poner t\u00e9rmino a las locuras de vuestros hijos; y \u00e9stos, con su pernicioso orgullo, cometieron una gran falta, devorando los bienes y ultrajando a la mujer de un var\u00f3n eximio que se figuraban que ya no hab\u00eda de volver. Y al presente, ojal\u00e1 se haga lo que os voy a decir. Creedme a m\u00ed: no vayamos, no sea que alguien halle el mal que se habr\u00e1 buscado.<\/p>\n<p>463<\/p>\n<p>As\u00ed les dijo. Levant\u00e1ronse con gran clamoreo m\u00e1s de la mitad; y los restantes, que se quedaron all\u00ed porque no les agrad\u00f3 la arenga y en cambio los persuadi\u00f3 Eupites, corrieron muy pronto a tomar las armas. Apenas se hubieron revestido de luciente bronce, junt\u00e1ronse en denso grupo fuera de la espaciosa ciudad. Y Eupites tom\u00f3 el mando, dej\u00e1ndose llevar por su simpleza: pensaba vengar la muerte de su hijo y no hab\u00eda de volver a la poblaci\u00f3n, porque estaba dispuesto que all\u00e1 le alcanzase el hado.<\/p>\n<p>472<\/p>\n<p>Mientras esto ocurr\u00eda, dijo Atenea a Zeus Cronida:<\/p>\n<p>473<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Padre nuestro, Cronida, el m\u00e1s excelso de los que imperan! Responde a lo que voy a preguntarte. \u00bfCu\u00e1l es el intento que interiormente has formado? \u00bfLlevar\u00e1s a efecto la perniciosa guerra y el horrible combate, o pondr\u00e1s amistad entre unos y otros?<\/p>\n<p>477<\/p>\n<p>Contest\u00f3le Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>478<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hija m\u00eda\u00bf \u00bfPor qu\u00e9 inquieres y preguntas tales cosas? \u00bfNo formaste t\u00fa misma ese proyecto: que Odiseo, al volver a su tierra se vengar\u00eda de aqu\u00e9llos? Haz ahora cuanto te plazca; mas yo te dir\u00e9 lo que es oportuno. Puesto que el divinal Odiseo se ha vengado de los pretendientes, inm\u00f3lense v\u00edctimas y pr\u00e9stense juramentos de mutua fidelidad; tenga aqu\u00e9l siempre su reinado en Itaca; hagamos que se olvide la matanza de los hijos y de los hermanos; \u00e1mense los unos a los otros, como anteriormente; y haya paz y riqueza en gran abundancia.<\/p>\n<p>487<\/p>\n<p>Con tales palabras instig\u00f3le a hacer lo que ella deseaba; y Atenea baj\u00f3 presurosa de las cumbres del Olimpo.<\/p>\n<p>489<\/p>\n<p>Cuando los de la casa de Laertes hubieron satisfecho el apetito con la agradable comida, el paciente divinal Odiseo rompi\u00f3 el silencio para decirles:<\/p>\n<p>491<\/p>\n<p>\u2014Salga alguno a mirar: no sea que ya est\u00e9n cerca los que vienen.<\/p>\n<p>492<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Sali\u00f3 uno de los hijos de Dolio, cumpliendo lo mandado por Odiseo; det\u00favose en el umbral, y, al verlos a todos ya muy pr\u00f3ximos, dirigi\u00f3 al h\u00e9roe estas aladas palabras:<\/p>\n<p>495<\/p>\n<p>\u2014Ya est\u00e1n cerca; arm\u00e9monos cuanto antes.<\/p>\n<p>496<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Levant\u00e1ronse y vistieron la armadura los cuatro con Odiseo, los seis hijos de Dolio y adem\u00e1s, aunque ya estaban canosos, Laertes y Dolio, pues la necesidad les oblig\u00f3 a ser guerreros.<\/p>\n<p>500<\/p>\n<p>Y cuando se hubieron revestido de luciente bronce, salieron de la casa, precedidos por Odiseo.<\/p>\n<p>502<\/p>\n<p>En aquel instante se les acerc\u00f3 Atenea hija de Zeus, que hab\u00eda tomado la figura y la voz de M\u00e9ntor. El paciente y divinal Odiseo se alegr\u00f3 de verla y al punto dijo a Tel\u00e9maco, su hijo amado:<\/p>\n<p>506<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Ahora que vas a la pelea, donde se se\u00f1alan los m\u00e1s eximios, procura no afrentar el linaje de tus mayores; pues en ser esforzados y valientes hemos descollado sobre la haz de la tierra.<\/p>\n<p>510<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>511<\/p>\n<p>\u2014Ver\u00e1s, si quieres, padre amado, que con el \u00e1nimo que tengo no afrentar\u00e9 tu linaje como dices.<\/p>\n<p>513<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Holg\u00f3se Laertes y dijo estas palabras:<\/p>\n<p>514<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 d\u00eda \u00e9ste para m\u00ed, amados dioses! \u00a1Cu\u00e1n grande es mi j\u00fabilo! \u00a1Mi hijo y mi nieto se las apuestan en ser valientes!<\/p>\n<p>516<\/p>\n<p>Entonces Atenea, la de ojos de lechuza, se detuvo junto a \u00e9l y habl\u00f3le en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>517<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, Arces\u00edada, el m\u00e1s caro de todos mis amigos! Eleva tus preces a la doncella de ojos de lechuza y al padre Zeus, y acto continuo blande y arroja la ingente lanza.<\/p>\n<p>520<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, infundi\u00f3le gran valor Palas Atenea. Al punto elev\u00f3 sus preces a la hija del gran Zeus, blandi\u00f3 y arroj\u00f3 la ingente lanza, e hiri\u00f3 a Eupites por entre el casco de bronc\u00edneas carrilleras, que no logr\u00f3 detener el arma, pues fue atravesado por el bronce. Eupites cay\u00f3 con estr\u00e9pito y sus armas resonaron. Odiseo y su ilustre hijo se hab\u00edan arrojado a los enemigos que iban delante, y her\u00edanlos con espadas y lanzas de doble filo. Y a todos los mataran, priv\u00e1ndoles de volver a sus hogares, si Atenea, la hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida, no hubiese alzado su voz y detenido a todo el pueblo:<\/p>\n<p>531<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dejad la terrible pelea, oh itacenses, para que os separ\u00e9is en seguida sin derramar m\u00e1s sangre!<\/p>\n<p>533<\/p>\n<p>As\u00ed dijo Atenea; y todos se sintieron pose\u00eddos del p\u00e1lido temor. No bien se oy\u00f3 la voz de la deidad, las armas volaron de las manos y cayeron en tierra y los itacenses, deseosos de conservar la vida, se volvieron hacia la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>537<\/p>\n<p>El paciente divinal Odiseo grit\u00f3 horriblemente y, encogi\u00e9ndose, lanz\u00f3se a perseguirlos como un \u00e1guila de alto vuelo. Mas el Cronida despidi\u00f3 un ardiente rayo, que fue a caer ante la diosa de ojos de lechuza, hija del prepotente padre. Y entonces Atenea, la de los ojos de lechuza, dijo a Odiseo:<\/p>\n<p>542<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! Tente y haz que termine esta lucha, este combate igualmente funesto para todos; no sea que el largovidente Zeus Cronida se enoje contigo.<\/p>\n<p>545<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3 Atenea, y Odiseo, muy alegre en su \u00e1nimo, cumpli\u00f3 la orden. Y luego hizo que juraran la paz entrambas partes la propia Palas Atenea, hija de Zeus que lleva la \u00e9gida, que hab\u00eda tomado el aspecto y la voz de M\u00e9ntor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XXIV 1 El cilenio Hermes llamaba las almas de los pretendientes, teniendo en su mano la hermosa \u00e1urea vara con la cual adormece los ojos de cuantos quiere o despierta a los que duermen. 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