{"id":921,"date":"2010-11-27T00:37:24","date_gmt":"2010-11-26T22:37:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=921"},"modified":"2010-11-27T00:37:24","modified_gmt":"2010-11-26T22:37:24","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xxiii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xxiii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XXIII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XXIII<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Muy alegre se encamin\u00f3 la vieja a la estancia superior para decirle a su se\u00f1ora que ten\u00eda dentro de la casa al amado esposo. Apenas lleg\u00f3, moviendo firmemente las rodillas y dando saltos con sus pies, inclin\u00f3se sobre la cabeza de Penelopea y le dijo estas palabras:<\/p>\n<p>5<\/p>\n<p>\u2014Despierta, Penelopea, hija querida, para ver con tus ojos lo que ansiabas todos los d\u00edas. Ya lleg\u00f3 Odiseo, ya volvi\u00f3 a su casa, aunque tarde, y ha dado muerte a los ilustres pretendientes que contristaban el palacio, se com\u00edan los bienes y violentaban a tu hijo.<\/p>\n<p>10<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>11<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ama querida! Los dioses te han trastornado el juicio; que ellas pueden entorpecer al muy discreto y dar prudencia al simple, y ahora te da\u00f1aron a ti, de ingenio tan sesudo. \u00bfPor qu\u00e9 te burlas de mi, que padezco en el \u00e1nimo multitud de pesares, refiri\u00e9ndome embustes y despert\u00e1ndome del dulce sue\u00f1o que me ten\u00eda amodorrada por haberse difundido sobre mis p\u00e1rpados? No hab\u00eda descansado de semejante modo desde que Odiseo se fue para ver aquella Ili\u00f3n perniciosa y nefanda. Mas, ea, torna a bajar y ocupa tu sitio en el palacio: que si otra de mis mujeres viniese con tal noticia a despertarme, pronto la mandar\u00eda al interior de la casa de vergonzosa manera; pero a ti la senectud te salva.<\/p>\n<p>25<\/p>\n<p>Contest\u00f3le su ama Euriclea:<\/p>\n<p>26<\/p>\n<p>\u2014No me burlo hija querida; es verdad que vino Odiseo y lleg\u00f3 a esta casa, como te lo cuento: era aquel forastero a quien todos ultrajaban en el palacio. Tiempo ha sab\u00eda Tel\u00e9maco que se hallaba aqu\u00ed; mas con prudente ardid ocult\u00f3 los intentos de su padre, para que pudiese castigar las violencias de aquellos hombres orgullosos.<\/p>\n<p>32<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Alegr\u00f3se Penelopea y, saltando de la cama, abraz\u00f3 a la vieja, dej\u00f3 que cayeran l\u00e1grimas de sus ojos, y profiri\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>35<\/p>\n<p>\u2014Pues, ea, ama querida, cu\u00e9ntame la verdad, si es cierto que vino a esta casa, como aseguras, y de qu\u00e9 manera logr\u00f3 poner las manos en los desvergonzados pretendientes estando \u00e9l solo y hall\u00e1ndose los dem\u00e1s siempre reunidos en el interior del palacio.<\/p>\n<p>39<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le su ama Euriclea:<\/p>\n<p>40<\/p>\n<p>\u2014No lo he visto, no lo s\u00e9, tan s\u00f3lo percib\u00ed el suspirar de los que ca\u00edan muertos, pues nosotras permanecimos, llenas de pavor, en lo m\u00e1s hondo de la s\u00f3lida habitaci\u00f3n con las puertas cerradas hasta que tu hijo Tel\u00e9maco fue desde la sala y me llam\u00f3 por orden de su padre. Hall\u00e9 a Odiseo de pie entre los cad\u00e1veres, que estaban tendidos en el duro suelo, a su alrededor, los unos encima de los otros: se te holgar\u00e1 el \u00e1nimo de verle manchado de sangre y polvo, como un le\u00f3n.<\/p>\n<p>49<\/p>\n<p>Ahora yacen todos juntos en la puerta del patio y Odiseo ha encendido un gran fuego, azufra la magn\u00edfica morada y me envi\u00f3 a llamarte. S\u00edgueme, pues, a fin de que ambos llen\u00e9is vuestro coraz\u00f3n de contento, ya que padecisteis tantos males. Por fin se cumpli\u00f3 aquel gran deseo. Odiseo torn\u00f3 vivo a su hogar, hall\u00e1ndolos a ti y a tu hijo; y a los pretendientes que lo ultrajaban, los ha castigado en su mismo palacio.<\/p>\n<p>58<\/p>\n<p>Contest\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>59<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ama querida! No cantes a\u00fan victoria regocij\u00e1ndote con exceso. Bien sabes cuan grata nos hab\u00eda de ser su venida a todos los del palacio y especialmente a m\u00ed y al hijo que engendramos; pero la noticia no es cierta como t\u00fa la das, sino que alguno de los inmortales ha muerto a los ilustres pretendientes, indignado de ver sus dolorosas injurias y sus malvadas acciones. Que no respetaban a ning\u00fan hombre de la tierra, malo o bueno que a ellos se llegara; y de ah\u00ed viene que, a causa de sus iniquidades, hayan padecido tal infortunio. Pero la esperanza de volver feneci\u00f3 lejos de Acaya para Odiseo, y \u00e9ste tambi\u00e9n ha muerto.<\/p>\n<p>69<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le en el acto su ama Euriclea:<\/p>\n<p>70<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hija m\u00eda! \u00a1Qu\u00e9 palabras se te escaparon del cerco de los dientes, al decir que jam\u00e1s volver\u00e1 a esta casa tu marido, cuando ya est\u00e1 junto al hogar! Tu \u00e1nimo es siempre incr\u00e9dulo. Mas, ea, voy a revelarte otra se\u00f1al manifiesta: la cicatriz de la herida que le infiri\u00f3 un jabal\u00ed con su blanco diente. La reconoc\u00ed mientras le lavaba y quise dec\u00edrtelo; pero \u00e9l, con sagaz previsi\u00f3n, me lo impidi\u00f3 tap\u00e1ndome la boca con sus manos. S\u00edgueme, que yo misma me doy en prenda y, si te enga\u00f1o, me matas haci\u00e9ndome padecer la m\u00e1s deplorable de las muertes.<\/p>\n<p>80<\/p>\n<p>Contest\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>81<\/p>\n<p>\u2014Ama querida! Por mucho que sepas, dif\u00edcil es que averig\u00fces los designios de los sempiternos dioses. Mas, con todo, vamos adonde est\u00e1 mi hijo, para que yo vea muertos a los pretendientes y a quien los ha matado.<\/p>\n<p>85<\/p>\n<p>Dijo as\u00ed, y baj\u00f3 de la estancia superior revolviendo en su coraz\u00f3n muchas cosas: si interrogar\u00eda a su marido desde lejos, o si, acerc\u00e1ndose a \u00e9l, le besar\u00eda la cabeza y le tomar\u00eda las manos. Despu\u00e9s que entr\u00f3 en la sala, trasponiendo el p\u00e9treo umbral, fue a sentarse enfrente de Odiseo, al resplandor del fuego en la pared opuesta, pues el h\u00e9roe se hallaba sentado de espaldas a una elevada columna, con la vista baja, esperando si le hablar\u00eda su ilustre consorte as\u00ed que en \u00e9l pusiera los ojos. Mas Penelopea permaneci\u00f3 mucho tiempo sin desplegar los labios por tener el coraz\u00f3n estupefacto: unas veces, mir\u00e1ndole fijamente a los ojos, ve\u00eda que aqu\u00e9l era realmente su aspecto; y otras no le reconoc\u00eda a causa de las miserables vestiduras que llevaba.<\/p>\n<p>96<\/p>\n<p>Y Tel\u00e9maco la increp\u00f3 con estas voces:<\/p>\n<p>97<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Madre m\u00eda, descastada madre, puesto que tienes \u00e1nimo cruel! \u00bfPor qu\u00e9 te pones tan lejos de mi padre, en vez de sentarte a su lado, y hacerle preguntas y enterarte de todo? Ninguna mujer se quedar\u00eda as\u00ed, con \u00e1nimo tenaz, apartada de su esposo, cuando \u00e9l despu\u00e9s de pasar tantos males, vuelve en el vig\u00e9simo a\u00f1o a la patria tierra. Pero tu coraz\u00f3n ha sido siempre m\u00e1s duro que una piedra.<\/p>\n<p>104<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>105<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hijo m\u00edo! Estupefacto est\u00e1 mi \u00e1nimo en el pecho, y no podr\u00eda decirle ni una sola palabra, ni hacerle preguntas, ni mirarlo de frente. Pero, si verdaderamente es Odiseo que vuelve a su casa, ya nos reconoceremos mejor; pues hay se\u00f1as para nosotros que los dem\u00e1s ignoran.<\/p>\n<p>111<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Sonri\u00f3se el paciente divino Odiseo, y en seguida dirigi\u00f3 a Tel\u00e9maco estas aladas palabras:<\/p>\n<p>113<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Deja a tu madre que me pruebe dentro del palacio; pues quiz\u00e1s de este modo me reconozca m\u00e1s f\u00e1cilmente. Como estoy sucio y ando con miserables vestiduras, me tiene en poco y no cree todav\u00eda que sea aqu\u00e9l. Deliberemos ahora para que todo se haga de la mejor manera. Pues si quien mata a un hombre del pueblo que no deja tras s\u00ed muchos vengadores, huye y desampara a sus deudos y su patria tierra, nosotros hemos dado muerte a los que eran el sost\u00e9n de la ciudad, a los m\u00e1s eximios j\u00f3venes de Itaca. Yo te invito a pensar en esto.<\/p>\n<p>123<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>124<\/p>\n<p>\u2014Conviene que t\u00fa mismo lo veas, padre amado, pues dicen que tu consejo es en todas las cosas el m\u00e1s excelente y que ninguno de los hombres mortales competir\u00eda contigo. Nosotros te seguiremos presurosos, y no han de faltarnos br\u00edos en cuanto lo permitan nuestras fuerzas.<\/p>\n<p>129<\/p>\n<p>Contest\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>130<\/p>\n<p>\u2014Pues voy a decir lo que considero m\u00e1s conveniente. Empezad lavandoos, poneos las t\u00fanicas y ordenad a las esclavas que se vistan en el palacio; y acto seguido el divinal aedo, tomando la sonora c\u00edtara, nos guiar\u00e1 en la alegre danza; de suerte que, en oy\u00e9ndolo desde fuera alg\u00fan transe\u00fante o vecino, piense que son las nupcias lo que celebramos. No sea que la gran noticia de la matanza de los pretendientes se divulgue por la ciudad antes de salirnos a nuestros campos llenos de arboledas. All\u00ed examinaremos lo que nos presente el Ol\u00edmpico como m\u00e1s provechoso.<\/p>\n<p>141<\/p>\n<p>As\u00ed les dijo, y ellos le escucharon y obedecieron. Comenzaron a lavarse y a ponerse las t\u00fanicas, atavi\u00e1ronse las mujeres, y el divino aedo tom\u00f3 la hueca c\u00edtara y movi\u00f3 en todos el deseo del dulce canto y de la eximia danza.<\/p>\n<p>146<\/p>\n<p>Presto reson\u00f3 la gran casa con el ruido de los pies de los hombres y de las mujeres de bella cintura que estaban bailando. Y los de fuera, al o\u00edrlo, sol\u00edan exclamar:<\/p>\n<p>149<\/p>\n<p>\u2014Ya debe haberse casado alguno con la reina que se vio tan solicitada. \u00a1Infeliz! No tuvo constancia para guardar la gran casa de su primer esposo hasta la vuelta del mismo.<\/p>\n<p>152<\/p>\n<p>As\u00ed hablaban, por ignorar lo que dentro hab\u00eda pasado. Entonces Eur\u00ednome, la despensera, lav\u00f3 y ungi\u00f3 con aceite al magn\u00e1nimo Odiseo en su casa, y le puso un hermoso manto y una t\u00fanica; y Atenea esmalt\u00f3 con notable<\/p>\n<p>hermosura la cabeza del h\u00e9roe e hizo que se ostentase m\u00e1s alto y m\u00e1s grueso, y de su cabeza colgaron ensortijados cabellos que flores de jacinto semejaban. Y as\u00ed como el hombre experto, a quien Hefesto y Palas Atenea han ense\u00f1ado artes de toda especie cerca de oro la plata y hace lindos trabajos: de semejante modo, Atenea difundi\u00f3 la gracia por la cabeza y por los hombros de Odiseo. El h\u00e9roe sali\u00f3 del ba\u00f1o con el cuerpo parecido al de los inmortales, volvi\u00f3 a sentarse en la silla que antes hab\u00eda ocupado frente a su esposa, y le dijo estas palabras:<\/p>\n<p>166<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Desdichada! Los que viven en ol\u00edmpicos palacios te dieron coraz\u00f3n m\u00e1s duro que a las otras d\u00e9biles mujeres. Ninguna se quedar\u00eda as\u00ed, con \u00e1nimo tenaz, alejada de su marido, cuando \u00e9ste, despu\u00e9s de pasar tantos males, vuelve en el vig\u00e9simo a\u00f1o a la patria tierra. Pero ve, nodriza, y apar\u00e9jame la cama para que pueda acostarme, que \u00e9sa tiene en su pecho coraz\u00f3n de hierro.<\/p>\n<p>173<\/p>\n<p>Contest\u00f3le la divina Penelopea:<\/p>\n<p>174<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Desdichado! Ni me entono, ni me tengo en poco, ni me admiro en demas\u00eda; pues s\u00e9 muy bien c\u00f3mo eras cuando partiste de Itaca en la nave de largos remos. Ve, Euriclea, y ponle la fuerte cama en el exterior de la s\u00f3lida habitaci\u00f3n que construy\u00f3 \u00e9l mismo: s\u00e1cale de all\u00ed la fuerte cama y ader\u00e9zale el lecho con pieles, mantas y colchas espl\u00e9ndidas.<\/p>\n<p>181<\/p>\n<p>Habl\u00f3 de semejante modo para probar a su marido; pero Odiseo, irritado, d\u00edjole a la honesta esposa:<\/p>\n<p>183<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh mujer! En verdad que me da gran pena lo que has dicho. \u00bfQui\u00e9n me habr\u00e1 trasladado el lecho? Dif\u00edcil le fuera hasta al m\u00e1s h\u00e1bil, si no viniese un dios a cambiarlo f\u00e1cilmente de sitio; mas ninguno de los mortales que hoy viven, ni aun de los m\u00e1s j\u00f3venes, lo mover\u00eda con facilidad, pues hay una gran se\u00f1al en el labrado lecho que hice yo mismo y no otro alguno. Creci\u00f3 dentro del patio un olivo de alargadas hojas, robusto y floreciente, que ten\u00eda el grosor de una columna. En torno suyo labr\u00e9 las paredes de mi c\u00e1mara, empleando multitud de piedras, la cubr\u00ed con excelente techo y la cerr\u00e9 con puertas s\u00f3lidas firmemente ajustadas.<\/p>\n<p>195<\/p>\n<p>Despu\u00e9s cort\u00e9 el ramaje de aquel olivo de alargadas hojas; pul\u00ed con el bronce su tronco desde la ra\u00edz, haci\u00e9ndolo diestra y h\u00e1bilmente; lo enderec\u00e9 por medio de un nivel para convertirlo en pie de la cama, y lo taladr\u00e9 todo con un barreno. Comenzando por este pie, fui haciendo y pulimentando la cama hasta terminarla, la adorn\u00e9 con oro, plata y marfil, y extend\u00ed en su parte interior unas vistosas correas de piel de buey, te\u00f1idas de p\u00farpura. Tal es la se\u00f1al que te doy; pero ignoro, oh mujer, si mi lecho sigue inc\u00f3lume o ya lo traslad\u00f3 alguno, habiendo cortado el pie de olivo.<\/p>\n<p>205<\/p>\n<p>As\u00ed le dijo; y Penelopea sinti\u00f3 desfallecer sus rodillas y su coraz\u00f3n, al reconocer las se\u00f1ales que Odiseo daba con tal certidumbre. Al punto corri\u00f3 a su encuentro, derramando l\u00e1grimas, ech\u00f3le los brazos alrededor del cuello, le bes\u00f3 en la cabeza y le dijo:<\/p>\n<p>209<\/p>\n<p>\u2014No te enojes conmigo, Odiseo, ya que eres en todo el m\u00e1s circunspecto de los hombres y las deidades nos enviaron la desgracia y no quisieron que goz\u00e1semos juntos de nuestra mocedad, ni que juntos lleg\u00e1ramos al umbral de la vejez. Pero no te enfades conmigo, ni te irrites si no te abrac\u00e9, como ahora tan luego como estuviste en mi presencia; que mi \u00e1nimo ac\u00e1 dentro del pecho, tem\u00eda horrorizado que viniese alg\u00fan hombre a enga\u00f1arme con sus palabras, pues son muchos los que traman perversas astucias. La argiva Helena, hija de Zeus, no se hubiera juntado nunca en amor y cama con un extra\u00f1o, si hubiese sabido que los belicosos aqueos hab\u00edan de traerle nuevamente a su casa y a su patria tierra. Alg\u00fan dios debi\u00f3 incitarla a ejecutar aquella vergonzosa acci\u00f3n; pues antes nunca hab\u00eda pensado cometer la deplorable falta que fue el origen de nuestras penas. Ahora, como acabas de referirme las se\u00f1ales evidentes de nuestra cama, que no vio mortal alguno sino solos t\u00fa y yo, y una esclava, Atoris, que me hab\u00eda dado mi padre al venirme ac\u00e1 y custodiaba la puerta de nuestra s\u00f3lida estancia, has logrado dar el convencimiento a mi \u00e1nimo, con tenerlo yo tan obstinado.<\/p>\n<p>231<\/p>\n<p>Diciendo de esta guisa, acrecent\u00f3le el deseo de sollozar; y Odiseo lloraba, abrazado a su dulce y honesta esposa. As\u00ed como la tierra aparece grata a los que vienen nadando porque Poseid\u00f3n les hundi\u00f3 en el ponto la bien construida embarcaci\u00f3n, haci\u00e9ndola juguete del viento y del gran oleaje; y unos pocos, que consiguieron salir nadando del espumoso mar al continente, lleno el cuerpo de sarro, pisan la tierra muy alegres porque se ven libres de aquel infortunio: pues de igual manera le era agradable a Penelopea la vista del esposo y no le quitaba del cuello los n\u00edveos brazos. Llorando los hallara Eos de ros\u00e1ceos dedos, si Atenea, la deidad de ojos de lechuza, no hubiese ordenado otra cosa; alarg\u00f3 la noche, cuando ya tocaba a su t\u00e9rmino, y detuvo en el Oc\u00e9ano a Eos de \u00e1ureo trono no permiti\u00e9ndole uncir los caballos de pies ligeros que traen la luz a los hombres, Lampo y Faetonte, que son los corceles que conducen a Eos.<\/p>\n<p>247<\/p>\n<p>Y entonces dijo a su mujer el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>248<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mujer! Aun no hemos llegado al fin de todos los trabajos, pues falta otra empresa muy grande, larga y dif\u00edcil, que he de llevar a cumplimiento. As\u00ed me lo vaticin\u00f3 el alma de Tiresias el d\u00eda que baj\u00e9 a la morada de Hades procurando la vuelta de mis compa\u00f1eros y la m\u00eda propia. Mas, ea, mujer, v\u00e1monos a la cama para que, acost\u00e1ndonos, nos regalemos con el dulce sue\u00f1o.<\/p>\n<p>256<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>257<\/p>\n<p>\u2014El lecho lo tendr\u00e1s cuando a tu \u00e1nimo le parezca bien, ya que los dioses te hicieron tornar a tu casa bien construida y a tu patria tierra. Mas, puesto que pensaste en ese trabajo, por haberte sugerido su memoria alguna deidad, ea, expl\u00edcame en qu\u00e9 consiste; me figuro que m\u00e1s tarde lo tengo de saber y no ser\u00e1 malo que me entere desde ahora.<\/p>\n<p>263<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>264<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Desdichada! \u00bfPor qu\u00e9 me incitas tanto, con tus s\u00faplicas, a que te lo explique? Voy a declar\u00e1rtelo sin omitir cosa alguna. No se alegrar\u00e1 tu \u00e1nimo de saberlo, como yo no me alegro tampoco, pues Tiresias me orden\u00f3 que recorriera much\u00edsimas ciudades, llevando en la mano un manejable remo, hasta llegar a aquellos hombres que nunca vieron el mar, ni comen manjares sazonados con sal, ni conocen las naves de purp\u00fareos flancos, ni tienen noticia de los manejables remos que son como las alas de los bajeles. Para ello me dio una se\u00f1al muy manifiesta, que no te quiero ocultar. Me mand\u00f3 que, cuando encuentre otro caminante y me diga que voy con un bieldo sobre el gallardo hombro, clave en tierra el manejable remo, haga al soberano Poseid\u00f3n hermosos sacrificios de un carnero, un toro y un verraco, y vuelva a esta casa donde ofrecer\u00e9 sagradas hecatombes a los inmortales dioses que poseen el anchuroso cielo, a todos por su orden. Me vendr\u00e1 m\u00e1s adelante, y lejos del mar, una muy suave muerte, que me quitar\u00e1 la vida cuando est\u00e9 abrumado por placentera vejez y a mi alrededor los ciudadanos ser\u00e1n dichosos. Todas estas cosas asegur\u00f3 Tiresias que hab\u00edan de cumplirse.<\/p>\n<p>285<\/p>\n<p>Repuso entonces la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>286<\/p>\n<p>\u2014Si los dioses te conceden una feliz senectud, aun puedes esperar que te librar\u00e1s de los infortunios.<\/p>\n<p>288<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. Mientras tanto, Eur\u00ednome y el ama aderezaban el lecho con blandas ropas, alumbr\u00e1ndose con antorchas encendidas. En acabando de hacer la cama diligentemente, la vieja volvi\u00f3 al palacio para acostarse.<\/p>\n<p>293<\/p>\n<p>Y Eur\u00ednome, la camarera, fue delante de aqu\u00e9llos, con una antorcha en la mano, hasta que los condujo a la c\u00e1mara nupcial, retir\u00e1ndose en seguida. Y entrambos consortes llegaron muy alegres al sitio donde se hallaba su antiguo lecho.<\/p>\n<p>297 Entonces Tel\u00e9maco, el boyero y el porquerizo cesaron de bailar, mandaron que cesasen igualmente las mujeres, y acost\u00e1ronse todos en el obscuro palacio.<\/p>\n<p>300<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que los esposos hubieron disfrutado del deseable amor, entreg\u00e1ronse al deleite de la conversaci\u00f3n. La divina entre las mujeres refiri\u00f3 cu\u00e1nto hab\u00eda sufrido en el palacio al contemplar la multitud de los funestos pretendientes, que por su causa degollaban muchos bueyes y ping\u00fces ovejas, en tanto que se conclu\u00eda el copioso vino de las tinajas.<\/p>\n<p>306<\/p>\n<p>Odiseo, del linaje de Zeus, cont\u00f3 a su vez cu\u00e1ntos males hab\u00eda inferido a otros hombres y cu\u00e1ntas penas hab\u00eda arrostrado en sus propios infortunios. Y ella se holgaba de o\u00edrlo y el sue\u00f1o no le cay\u00f3 en los ojos hasta que se acab\u00f3 el relato.<\/p>\n<p>310<\/p>\n<p>Empez\u00f3 narr\u00e1ndole c\u00f3mo hab\u00eda vencido a los c\u00edcones; y le fue refiriendo su llegada al f\u00e9rtil pa\u00eds de los lot\u00f3fagos; cuanto hizo el C\u00edclopes y c\u00f3mo \u00e9l tom\u00f3 venganza de que le hubiese devorado despiadadamente los fuertes compa\u00f1eros; c\u00f3mo pas\u00f3 a la isla de Eolo, quien le acogi\u00f3 ben\u00e9volo hasta que vino la hora de despedirle. Pero el hado no hab\u00eda dispuesto que el h\u00e9roe tornara a\u00fan a la patria y una tempestad lo arrebat\u00f3 nuevamente y lo llev\u00f3 por el ponto, abundante en peces mientras daba profundos suspiros, y c\u00f3mo desde all\u00ed aport\u00f3 a Tel\u00e9pito, la ciudad de los lestrigones, que le destruyeron los bajeles y le mataron todos los compa\u00f1eros, de hermosas grebas, escapando tan s\u00f3lo Odiseo en su negra nave.<\/p>\n<p>321<\/p>\n<p>Describi\u00f3le tambi\u00e9n los enga\u00f1os y diversas materias de Circe, y explic\u00f3le luego como hab\u00eda ido en su nave de muchos bancos a la l\u00f3brega morada de Hades para consultar al alma del tebano Tiresias, y c\u00f3mo pudo ver all\u00ed a todos sus compa\u00f1eros y a la madre que lo dio a luz y que lo cri\u00f3 en su infancia; c\u00f3mo oy\u00f3 m\u00e1s tarde el cantar de las muchas Sirenas, de voz sonora; c\u00f3mo pas\u00f3 por las pe\u00f1as Err\u00e1ticas, por la horrenda Caribdis y por la roca de Escila, de la cual nunca pudieron los hombres escapar indemnes; c\u00f3mo sus compa\u00f1eros mataron las vacas de Helios; c\u00f3mo el altitonante Zeus hiri\u00f3 la velera nave con el ardiente rayo, habiendo perecido todos sus esforzados compa\u00f1eros y libr\u00e1ndose \u00e9l de las perniciosas Moiras; c\u00f3mo lleg\u00f3 a la isla Ogigia y a la ninfa Calipso, la cual le retuvo en huecas grutas, deseosa de tomarle por marido, le aliment\u00f3 y le dijo repetidas veces que le har\u00eda inmortal y le eximir\u00eda perpetuamente de la senectud sin que jam\u00e1s consiguiera infundirle la persuasi\u00f3n en el pecho; y c\u00f3mo, padeciendo muchas fatigas, arrib\u00f3 a los feacios, quienes le honraron cordialmente, cual si fuese un numen, y lo condujeron en una nave a la patria tierra, despu\u00e9s de regalarle bronce, oro en abundancia y vestidos.<\/p>\n<p>342<\/p>\n<p>Tal fue lo postrero que mencion\u00f3 cuando ya le venc\u00eda el dulce sue\u00f1o, que relaja los miembros y deja el \u00e1nimo libre de inquietudes.<\/p>\n<p>344<\/p>\n<p>Luego Atenea, la deidad de ojos de lechuza, orden\u00f3 otra cosa. No bien le pareci\u00f3 que Odiseo ya se habr\u00eda recreado en su \u00e1nimo con su mujer y con el sue\u00f1o, hizo que saliese del Oc\u00e9ano la hija de la ma\u00f1ana, la de \u00e1ureo trono, para que les trajera la luz a los humanos. Entonces se levant\u00f3 Odiseo del blando lecho y dirigi\u00f3 a su esposa las siguientes palabras:<\/p>\n<p>350<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mujer! Los dos hemos padecido muchos trabajos: tu aqu\u00ed, llorando por mi vuelta tan abundante en fatigas; y yo sufriendo los infortunios que me enviaron Zeus y los dem\u00e1s dioses para detenerme lejos de la patria cuando anhelaba volver a ella. Mas, ya que nos hemos reunido nuevamente en este deseado lecho, t\u00fa cuidar\u00e1s de mis bienes en el palacio; y yo, para reponer el ganado que los soberbios pretendientes me devoraron, apresar\u00e9 un gran n\u00famero de reses y los aqueos me dar\u00e1n otras hasta que llenemos todos los establos. Ahora me ir\u00e9 al campo, lleno de \u00e1rboles, a ver a mi padre, que tan afligido se halla por m\u00ed; y a ti, oh mujer, aunque eres juiciosa, oye lo que te<\/p>\n<p>encomiendo: como al salir el sol se divulgar\u00e1 la noticia de que mat\u00e9 en el palacio a los pretendientes vete a lo alto de la casa con tus siervas y qu\u00e9date all\u00ed sin mirar a nadie ni preguntar cosa alguna.<\/p>\n<p>366<\/p>\n<p>Dijo; cubri\u00f3 sus hombros con la magn\u00edfica armadura y haciendo levantar a Tel\u00e9maco, al boyero y al porquerizo, les mand\u00f3 que tomasen las marciales armas. Ellos no dejaron de obedecerle: arm\u00e1ronse todos con el bronce, abrieron la puerta y salieron de la casa, precedidos por Odiseo. Ya la luz se esparc\u00eda por la tierra; pero cubri\u00f3los Atenea con obscura nube y los sac\u00f3 de la ciudad muy prestamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XXIII 1 Muy alegre se encamin\u00f3 la vieja a la estancia superior para decirle a su se\u00f1ora que ten\u00eda dentro de la casa al amado esposo. 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