{"id":920,"date":"2010-11-27T00:36:44","date_gmt":"2010-11-26T22:36:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=920"},"modified":"2010-11-27T00:36:44","modified_gmt":"2010-11-26T22:36:44","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xxii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xxii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XXII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XXII<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Entonces se desnud\u00f3 de sus andrajos el ingenioso Odiseo, salt\u00f3 al grande umbral con el arco y la aljaba repleta de veloces flechas y, derram\u00e1ndolas delante de sus pies habl\u00f3 de esta guisa a los pretendientes:<\/p>\n<p>5<\/p>\n<p>\u2014Ya este certamen fatigoso est\u00e1 acabado, ahora apuntar\u00e9 a otro blanco adonde jam\u00e1s tir\u00f3 var\u00f3n alguno, y he de ver si lo acierto por concederme Apolo tal gloria.<\/p>\n<p>8<\/p>\n<p>Dijo, y enderez\u00f3 la amarga saeta hacia Ant\u00ednoo. Levantaba \u00e9ste una bella copa de oro, de doble asa, y ten\u00edala ya en las manos para beber el vino, sin que el pensamiento de la muerte embargara su \u00e1nimo: \u00bfqui\u00e9n pensara que entre tantos convidados, un s\u00f3lo hombre, por valiente que fuera, hab\u00eda de darle tan mala muerte y negro hado?<\/p>\n<p>15<\/p>\n<p>Pues Odiseo, acert\u00e1ndole en la garganta, hiri\u00f3le con la flecha y la punta asom\u00f3 por la tierna cerviz. Desplom\u00f3se hacia atr\u00e1s Ant\u00ednoo, al recibir la herida, cay\u00f3sele la copa de las manos, y brot\u00f3 de sus narices un espeso chorro de humana sangre. Seguidamente empuj\u00f3 la mesa, d\u00e1ndole con el pie, y esparci\u00f3 las viandas por el suelo, donde el pan y la carne asada se mancharon. Al verle ca\u00eddo, los pretendientes levantaron un gran tumulto dentro del palacio dejaron las sillas y, movi\u00e9ndose por la sala, recorrieron con los ojos las bien labradas paredes; pero no hab\u00eda ni un escudo siquiera, ni una fuerte lanza de qu\u00e9 echar mano. E increparon a Odiseo con airadas voces:<\/p>\n<p>27<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, forastero! Mal haces en disparar el arco contra los hombres. Pero ya no te hallar\u00e1s en otros cert\u00e1menes: ahora te aguarda una terrible muerte. Quitaste la vida a un var\u00f3n que era el m\u00e1s se\u00f1alado de los j\u00f3venes de Itaca, y por ello te comer\u00e1n aqu\u00ed mismo los buitres.<\/p>\n<p>31<\/p>\n<p>As\u00ed hablaban, figur\u00e1ndose que hab\u00eda muerto a aquel hombre involuntariamente. No pensaban los muy simples que la ruina pend\u00eda sobre ellos. Pero, encar\u00e1ndoles la torva faz, les dijo el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>35<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, perros! No cre\u00edas que volviese del pueblo troyanos a mi morada y me arruinabais la casa, forzabais las mujeres esclavas y, estando yo vivo, pretend\u00edais a mi esposa; sin temer a los dioses que habitan el vasto cielo, ni recelar venganza alguna de parte de los hombres. Ya pende la ruina sobre vosotros todos.<\/p>\n<p>42<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Todos se sintieron pose\u00eddos del p\u00e1lido temor y cada uno buscaba por d\u00f3nde huir para librarse de una muerte espantosa. Y Eur\u00edmaco fue el \u00fanico que le contest\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>45<\/p>\n<p>\u2014Si eres en verdad Odiseo itacense, que has vuelto, te asiste la raz\u00f3n al hablar de este modo de cuanto sol\u00edan hacer los aqueos; pues se han cometido muchas iniquidades en el palacio y en el campo. Pero yace en tierra quien fue el culpable de todas estas cosas, Ant\u00ednoo; el cual promovi\u00f3 dichas acciones, no porque tuviera necesidad o deseo de casarse, sino por haber concebido otros designios que el Croni\u00f3n no llev\u00f3 al cabo, es a saber, para reinar sobre el pueblo de la bien construida Itaca, matando a tu hijo con asechanzas.<\/p>\n<p>54<\/p>\n<p>Ya lo ha pagado con su vida, como era justo, mas t\u00fa perdona a tus conciudadanos, que nosotros, para aplacarte p\u00fablicamente, te resarciremos de cuanto se ha comido y bebido en el palacio, estim\u00e1ndolo en el valor de veinte bueyes por cabeza, y te daremos bronce y oro hasta que tu coraz\u00f3n se satisfaga, pues antes no se te puede echar en cara que est\u00e9s irritado.<\/p>\n<p>60<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndole con torva faz, le contest\u00f3 el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>61<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eur\u00edmaco! Aunque todos me dierais vuestro peculiar patrimonio, a\u00f1adiendo a cuanto teng\u00e1is otros bienes de distinta procedencia, ni aun as\u00ed se abstendr\u00edan mis manos de matar hasta que los pretendientes hay\u00e1is pagado todas las demas\u00edas. Ahora se os ofrece la ocasi\u00f3n de combatir conmigo o de huir, si alguno puede evitar la muerte y las Moiras; mas no creo que nadie se libre de un fin desastroso.<\/p>\n<p>68<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y todos sintieron desfallecer sus rodillas y su coraz\u00f3n. Pero Eur\u00edmaco habl\u00f3 otra vez para decirles:<\/p>\n<p>70<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Amigos! No contendr\u00e1 este hombre sus manos ind\u00f3mitas: habiendo tomado el pulido arco y la aljaba, disparar\u00e1 desde el liso umbral hasta que a todos nos mate. Pensemos, pues en combatir. Sacad la espadas, poned la mesas por reparo a la saetas, que causan r\u00e1pida muerte, y acomet\u00e1mosle juntos por si logramos apartarle del umbral y de la puerta e irnos por la ciudad, donde se promover\u00eda gran alboroto. Y quiz\u00e1s disparara el arco por la vez postrera.<\/p>\n<p>79<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, desenvain\u00f3 la espada de bronce, aguda y de doble filo, y arremeti\u00f3 contra aqu\u00e9l, gritando de un modo horrible. Pero en el mismo punto tir\u00f3le el divino Odiseo una saeta y, acert\u00e1ndole en el pecho junto a la tetilla, le clav\u00f3 en el h\u00edgado la veloz flecha. Cay\u00f3 en el suelo la espada que empu\u00f1aba Eur\u00edmaco y \u00e9ste tambale\u00e1ndose y dando vueltas, vino a dar encima de la mesa y derrib\u00f3 los manjares y la copa de doble asa; despu\u00e9s, angustiado en su esp\u00edritu, hiri\u00f3 con la frente el suelo y golpe\u00f3 con los pies la silla; y por fin obscura nube extendi\u00f3 sobre sus ojos.<\/p>\n<p>89<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Anf\u00ednomo se fue derecho hacia el glorioso Odiseo, con la espada desenvainada, para ver si habr\u00eda medio de echarlo de la puerta. Mas Tel\u00e9maco le previno con arrojarle la bronc\u00ednea lanza, la cual se le hundi\u00f3 en la espalda, entre los hombros, y le atraves\u00f3 el pecho; y aqu\u00e9l cay\u00f3 ruidosamente y dio de cara contra el suelo.<\/p>\n<p>95<\/p>\n<p>Retir\u00f3se Tel\u00e9maco con prontitud, dejando la luenga pica clavada en Anf\u00ednomo; pues temi\u00f3 que, mientras la arrancase, le hiriera alguno de los aqueos con la punta o con el filo de la espada. Fue corriendo, lleg\u00f3 en seguida adonde se hallaba su padre y, par\u00e1ndose cerca de \u00e9l d\u00edjole estas aladas palabras:<\/p>\n<p>101<\/p>\n<p>\u2014Oh, padre! Voy a traerte un escudo, dos lanzas ,y un casco de bronce que se ajuste a tus sienes; y de camino me pondr\u00e9 tambi\u00e9n las armas y dar\u00e9 otras al porquerizo y al boyero; porque es mejor estar armados.<\/p>\n<p>105<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>106<\/p>\n<p>\u2014Tr\u00e1elo corriendo mientras tengo saetas para rechazarlos: no sea que, por estar solo, me lancen de la puerta.<\/p>\n<p>108<\/p>\n<p>As\u00ed le dijo. Tel\u00e9maco obedeci\u00f3 a su padre, y se fue al aposento donde estaban las magn\u00edficas armas. Tom\u00f3 cuatro escudos, ocho lanza y cuatro yelmos de bronce adornados con espesas crines de caballo; y, llev\u00e1ndoselo todo, volvi\u00f3 presto adonde se hallaba su padre. Primeramente protegi\u00f3 Tel\u00e9maco su cuerpo con el bronce; los dos esclavos vistieron asimismo hermosas armaduras, y luego coloc\u00e1ronse todo junto al prudente y sagaz Odiseo.<\/p>\n<p>116<\/p>\n<p>Mientras el h\u00e9roe tuvo flechas para defenderse, fue apuntando e hiriendo sin interrupci\u00f3n en su propia casa a los pretendientes, los cuales ca\u00edan unos en pos de otros. Mas, en el momento en que se le acabaron las saetas al rey, que las tiraba, arrim\u00f3 el arco a un poste de la sala s\u00f3lidamente construida, apoy\u00e1ndolo contra el lustroso muro; ech\u00f3se al hombro un escudo de cuatro pieles, cubri\u00f3 la robusta cabeza con un labrado yelmo cuyo penacho de crines de caballo ondeaba terriblemente en la cimera, y asi\u00f3 dos fuertes lanzas de bronc\u00ednea punta.<\/p>\n<p>126<\/p>\n<p>Hab\u00eda en la bien labrada pared un postigo con su umbral mucho m\u00e1s alto que el pavimento de la sala s\u00f3lidamente construida, que daba paso a una callejuela y lo cerraban unas tablas perfectamente ajustadas. Odiseo mand\u00f3 que lo custodiara el divinal porquero, qued\u00e1ndose de pie junto al mismo, por ser aqu\u00e9lla la \u00fanica salida. Y Agelao habl\u00f3les a todos con estas palabras:<\/p>\n<p>132<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh amigos! \u00bfNo podr\u00eda alguno subir al postigo, hablarle a la gente y levantar muy pronto un clamoreo? Haci\u00e9ndolo as\u00ed, quiz\u00e1s este hombre disparara el arco por la vez postrera.<\/p>\n<p>135<\/p>\n<p>Mas el cabrero Melantio le replic\u00f3:<\/p>\n<p>136<\/p>\n<p>\u2014No es posible, oh Agelao, alumno de Zeus. H\u00e1llase el postigo muy pr\u00f3ximo a la hermosa puerta que conduce al patio, la salida al callej\u00f3n es dif\u00edcil y un solo hombre que fuese esforzado bastar\u00eda para detenernos a todos. Mas ea, para que os arm\u00e9is traer\u00e9 armas del aposento en el cual me figuro que las colocaron -y no ser\u00e1 seguramente en otra parte- Odiseo con su preclaro hijo.<\/p>\n<p>142<\/p>\n<p>Diciendo de esta suerte, el cabrero Melantio subi\u00f3 a la estancia de Odiseo por la escalera del palacio. Tom\u00f3 doce escudos, igual n\u00famero de lanzas y otros tantos bronc\u00edneos yelmos guarnecidos de espesas crines de caballo; y, llev\u00e1ndoselo todo, lo puso en las manos de los pretendientes.<\/p>\n<p>147<\/p>\n<p>Desfallecieron las rodillas y el coraz\u00f3n de Odiseo cuando les vio coger las armas y blandear las luengas picas; porque era grande el trabajo que se le presentaba. Y al momento dirigi\u00f3 a Tel\u00e9maco estas aladas palabras:<\/p>\n<p>151<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Alguna de las mujeres del palacio, o Melantio, enciende contra nosotros el funesto combate.<\/p>\n<p>153<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>154<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, padre! Yo tuve la culpa y no otro alguno, pues dej\u00e9 sin cerrar la puerta s\u00f3lidamente encajada del aposento. Su esp\u00eda ha sido m\u00e1s h\u00e1bil. Ve t\u00fa, divinal Eumeo a cerrar la puerta y averigua si quien hace tales cosas es una mujer o Melantio, el hijo de Dolio, como yo presumo.<\/p>\n<p>160<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban, cuando el cabrero Melantio volvi\u00f3 a la estancia para sacar otras magn\u00edficas armas. Advirti\u00f3lo el divinal porquerizo y al punto dijo a Odiseo, que estaba a su lado:<\/p>\n<p>164<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! Aquel nombre pernicioso de quien sospech\u00e1bamos vuelve al aposento. Dime claramente si lo he de matar, caso de ser yo el m\u00e1s fuerte o tra\u00e9rtelo aqu\u00ed, para que pague las muchas bellaquer\u00edas que cometi\u00f3 en tu casa.<\/p>\n<p>170<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>171<\/p>\n<p>\u2014Yo y Tel\u00e9maco resistiremos en esta sala a los ilustres pretendientes aunque est\u00e1n muy enardecidos; y vosotros id, retorcedle hacia atr\u00e1s los pies y las manos, echadle en el aposento y, cerrando la puerta, atadle una soga bien torcida y levantadlo a la parte superior de una columna, junto a las vigas, para que viva y padezca fuertes dolores por largo tiempo.<\/p>\n<p>178<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y ellos le escucharon y obedecieron, encamin\u00e1ndose a la c\u00e1mara sin que lo advirtiese aqu\u00e9l, que ya estaba metido en ella. Hall\u00e1ronle ocupado en buscar armas en lo m\u00e1s hondo de la habitaci\u00f3n y pusi\u00e9ronse respectivamente a derecha e izquierda de la entrada, delante de las jambas.<\/p>\n<p>182<\/p>\n<p>Y apenas el cabrero Melantio iba a pasar el umbral con un hermoso yelmo en una mano y en la otra un escudo grande, muy antiguo, cubierto de moho que el h\u00e9roe Laertes sol\u00eda llevar en su juventud y que se hallaba deshechado y con las correas descosidas, ellos se le echaron encima, lo asieron y lo llevaron adentro, arrastr\u00e1ndolo por la cabellera; en seguida derrib\u00e1ronlo en tierra, angustiado en su coraz\u00f3n, y, retorci\u00e9ndole hacia atr\u00e1s los pies y las manos, sujet\u00e1ronselos juntamente con un penoso lazo, conforme a lo dispuesto por el hijo de Laertes, por el paciente divino Odiseo; at\u00e1ronle luego una soga bien torcida y levant\u00e1ronle a la parte superior de una columna, junto a las vigas. Entonces fue cuando, haciendo burla de \u00e9l, le dijiste as\u00ed, porquerizo Eumeo:<\/p>\n<p>195<\/p>\n<p>\u2014Ya, oh Melantio, velar\u00e1s toda la noche, acostado en esa blanda cama cual te mereces; y no te pasar\u00e1 inadvertida Eos de \u00e1ureo trono, hija de la ma\u00f1ana, cuando salga de las corrientes del Oc\u00e9ano a la hora en que sueles traerles las cabras a los pretendientes para aparejar su almuerzo.<\/p>\n<p>200<\/p>\n<p>As\u00ed se qued\u00f3, suspendido del funesto lazo; y ellos se armaron en seguida, cerraron la espl\u00e9ndida puerta y fu\u00e9ronse hacia el prudente y sagaz Odiseo. All\u00ed se detuvieron, respirando valor. Eran, pues, cuatro los del umbral, y muchos y fuertes los de dentro de la sala.<\/p>\n<p>205<\/p>\n<p>Poco tard\u00f3 en acerc\u00e1rseles Atenea, hija de Zeus, que hab\u00eda tomado el aspecto y la voz de M\u00e9ntor. Odiseo se alegr\u00f3 de verla y le dijo estas palabras:<\/p>\n<p>208<\/p>\n<p>\u2014\u00a1M\u00e9ntor! Aparta de nosotros el infortunio y acu\u00e9rdate del compa\u00f1ero amado que tanto bien sol\u00eda hacerte; pues eres coet\u00e1neo m\u00edo.<\/p>\n<p>210<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3, sin embargo de haber reconocido a Atenea, que enardece a los guerreros. Por su parte zaher\u00edanla los pretendientes en la sala, comenzando por Agelao Damast\u00f3rida, que le habl\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>213<\/p>\n<p>\u2014\u00a1M\u00e9ntor! No te persuada Odiseo con sus palabras a que le auxilies, luchando contra los pretendientes, pues me figuro que se llevar\u00e1 al cabo nuestro intento de la siguiente manera: as\u00ed que los matemos a entrambos, al padre y al hijo, tambi\u00e9n t\u00fa perecer\u00e1s por las cosas que quieres hacer en el palacio y que has de expiar con tu cabeza. Y cuando el bronce haya dado fin a vuestra violencia, juntaremos a los de Odiseo todos los bienes de que disfrutas dentro y fuera de la poblaci\u00f3n, y no permitiremos ni que tus hijos e hijas habiten en tu palacio ni que tu casta esposa ande por la ciudad de Itaca.<\/p>\n<p>224<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Acrecent\u00f3sele a Atenea el enojo que sent\u00eda en su coraz\u00f3n y abochorn\u00f3 a Odiseo con airadas voces:<\/p>\n<p>226<\/p>\n<p>\u2014Ya no hay en ti, Odiseo, aquel vigor ni aquella fortaleza con que durante nueve a\u00f1os luchaste continuamente contra los teucros por Helena, la de n\u00edveos brazos, hija de nobles padres; y diste muerte a muchos varones en la terrible pelea; y por tu consejo fue tomada la ciudad de Pr\u00edamo, la de anchas calles. \u00bfC\u00f3mo, pues, llegado a tu casa y a tus posesiones, no te atreves a ser esforzado contra los pretendientes? Mas, ea, ven ac\u00e1, amigo, col\u00f3cate junto a m\u00ed, contempla mi obra y sabr\u00e1s c\u00f3mo M\u00e9ntor Alc\u00edmida se porta con tus enemigos para devolverte los favores que le hiciste.<\/p>\n<p>236<\/p>\n<p>Dijo; mas no le dio cabalmente la indecisa victoria, porque deseaba probar la fuerza y el valor de Odiseo y de su hijo glorioso. Y tomando el aspecto de una golondrina, cogi\u00f3 el vuelo y fue a posarse en una de las vigas de la espl\u00e9ndida sala.<\/p>\n<p>241<\/p>\n<p>En esto concitaban a los dem\u00e1s pretendientes Agelao Damast\u00f3rida, Eur\u00ednomo, Anfimedonte, Demopt\u00f3lemo, Pisandro Polict\u00f3rida y el valeroso P\u00f3libo, que eran los m\u00e1s se\u00f1alados por su bravura entre los que a\u00fan viv\u00edan y peleaban por conservar sus personas; pues a los restantes hab\u00edanlos derribado las numerosas flechas por el arco arrojadas.<\/p>\n<p>247<\/p>\n<p>Y Agelao habl\u00f3les a todos con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>248<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, amigos! Ya este hombre contendr\u00e1 sus manos ind\u00f3mitas; pues M\u00e9ntor se le fue, despu\u00e9s de proferir in\u00fatiles baladronadas. y vuelven a estar solos en el umbral de la puerta. Por tanto, no arroj\u00e9is todos a una la luenga pica; ea, t\u00edrenla primeramente estos seis, por si Zeus nos concede herir a Odiseo y alcanzar gloria. Que ning\u00fan cuidado nos dar\u00edan los otros, si \u00e9l cayese.<\/p>\n<p>255<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00f3; arrojaron sus lanzas con gran \u00edmpetu aquellos a quienes se lo hab\u00eda ordenado, e hizo Atenea que todos los tiros dieran en vac\u00edo. Uno acert\u00f3 a dar en la columna de la habitaci\u00f3n s\u00f3lidamente construida, otro en la puerta fuertemente ajustada, y otro hiri\u00f3 el muro con la lanza de fresno que el bronce hac\u00eda ponderosa.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 260 Mas, apenas se hubieron librado de las lanzas arrojadas por los pretendientes, el paciente divino Odiseo fue el primero en hablar a los suyos de esta manera:<\/p>\n<div>\u00a0<\/div>\n<p>262<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, amigos! Ya os invito a tirar las lanzas, contra la turba de los pretendientes, que desean acabar con nosotros despu\u00e9s de habernos causado los anteriores males.<\/p>\n<p>265<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3, y ellos arrojaron las agudas lanzas, apuntando a su frente. Odiseo mat\u00f3 a Demopt\u00f3lemo, Tel\u00e9maco a Eur\u00edades, el porquerizo a Elato y el boyero a Pisandro; los cuales mordieron juntos la vasta tierra. Retrocedieron los pretendientes al fondo de la sala.<\/p>\n<p>271<\/p>\n<p>Y Odiseo y los suyos corrieron a sacar de los cad\u00e1veres las lanzas que les hab\u00edan clavado.<\/p>\n<p>272<\/p>\n<p>Los pretendientes tornaron a arrojar con gran \u00edmpetu las agudas lanzas, pero Atenea hizo que los m\u00e1s de los tiros dieran en vac\u00edo. Uno acert\u00f3 a dar en la columna de la habitaci\u00f3n s\u00f3lidamente construida, otro en la puerta fuertemente ajustada, y otro hiri\u00f3 el muro con la lanza de fresno que el bronce hac\u00eda ponderosa. Anfimedonte hiri\u00f3 a Tel\u00e9maco en la mu\u00f1eca, pero muy levemente, pues el bronce tan s\u00f3lo desgarr\u00f3 el cutis. Y Ctesipo logr\u00f3 que su ingente lanza rasgu\u00f1ase el hombro de Eumeo por encima del escudo; pero el arma vol\u00f3 al otro lado y cay\u00f3 en tierra.<\/p>\n<p>281<\/p>\n<p>El prudente y sagaz Odiseo y los que con \u00e9l se hallaban arrojaron otra vez sus agudas lanzas contra la turba de los pretendientes. Odiseo, asolador de ciudades, hiri\u00f3 a Euridamante; Tel\u00e9maco, a Anfimedonte, y el porquerizo a P\u00f3libo; y en tanto el boyero acert\u00f3 a dar en el pecho a Ctesipo y, glori\u00e1ndose, habl\u00f3le de esta manera:<\/p>\n<p>287<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh Politersida, amante de la injuria! No cedas nunca al impulso de tu mentecatez para hablar altaneramente, antes bien, cede la elocuencia a las deidades que son mucho m\u00e1s poderosas. Y recibir\u00e1s este presente de hospitalidad a cuenta de la pata que diste a Odiseo, igual a un dios, cuando mendigaba en su propio palacio.<\/p>\n<p>292<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3 el pastor de bueyes, de retorcidos cuernos; y en tanto Odiseo le envainaba de cerca su gran pica al Damast\u00f3rida, Tel\u00e9maco hiri\u00f3 por su parte a Le\u00f3crito Even\u00f3rida con hundirle la lanza en el ijar, que el bronce traspas\u00f3 enteramente; y el var\u00f3n cay\u00f3 de frente, dando de cara contra el suelo.<\/p>\n<p>297<\/p>\n<p>Atenea desde lo alto del techo levant\u00f3 su \u00e9gida, perniciosa a los mortales; y los \u00e1nimos de todos los pretendientes quedaron espantados. Hu\u00edan \u00e9stos por la sala como las vacas de un reba\u00f1o al cual agita el movedizo t\u00e1bano en la estaci\u00f3n vernal, cuando los d\u00edas son muy largos.<\/p>\n<p>302<\/p>\n<p>Y aqu\u00e9llos, de la manera que los buitres de retorcidas u\u00f1as y corvo pico bajan del monte y acometen a las aves que, temerosas de quedarse en las nubes, descendieron a la llanura, y las persiguen y matan sin que puedan resistirse ni huir, mientras los hombres se regocijan presenciando la captura: de ese modo arremetieron en la sala contra los pretendientes, dando golpes a diestro y siniestro; los que se sent\u00edan heridos en la cabeza levantaban horribles suspiros, y el suelo manaba sangre por todos lados.<\/p>\n<p>310<\/p>\n<p>En esto, Leodes corri\u00f3 hacia Odiseo, le abraz\u00f3 por las rodillas y comenz\u00f3 a suplicarle con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>312<\/p>\n<p>\u2014Te lo ruego abrazado a tus rodillas, Odiseo: resp\u00e9tame y api\u00e1date de mi. Yo te aseguro que a las mujeres del palacio ninguna bellaquer\u00eda les dije ni les hice jam\u00e1s; antes bien, conten\u00eda a los pretendientes que de tal suerte se portaban. Mas no me obedecieron en t\u00e9rminos que sus manos se abstuviesen de las malas obras; y por eso se han atra\u00eddo con sus iniquidades una deplorable muerte. Y yo, que era su ar\u00faspice y ninguna maldad comet\u00ed, yacer\u00e9 con ellos; pues ning\u00fan agradecimiento se siente hacia los bienhechores.<\/p>\n<p>320<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndole con torva faz, exclam\u00f3 el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>321<\/p>\n<p>\u2014Si te jactas de haber sido su ar\u00faspice, debiste de rogar muchas veces en el palacio que se alejara el dulce instante de mi regreso, y se fuera mi esposa contigo, y te diese hijos: por tanto, no escapar\u00e1s tampoco de la cruel muerte.<\/p>\n<p>326<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, tom\u00f3 con la robusta mano la espada que Agelao, al morir, arroj\u00f3 al suelo, y le dio tal golpe en medio de la cerviz, que la cabeza rod\u00f3 por el polvo mientras Leodes hablaba todav\u00eda.<\/p>\n<p>330<\/p>\n<p>Pero libr\u00f3se de la negra Moira el aedo Femio Terp\u00edada; el cual, obligado por la necesidad, cantaba ante los pretendientes. Hall\u00e1base de pie junto al postigo, con la sonora c\u00edtara en la mano, y revolv\u00eda en su coraz\u00f3n dos resoluciones: o salir de la habitaci\u00f3n y sentarse junto al bien construido altar del gran Zeus protector del recinto, donde Laertes y Odiseo hab\u00edan quemado tantos muslos de buey, o correr hacia Odiseo, abrazarle las rodillas, y dirigirle s\u00faplicas. Consider\u00e1ndolo bien, pareci\u00f3le mejor tocarle las rodillas a Odiseo Laert\u00edada. Y dejando en el suelo la c\u00f3ncava c\u00edtara entre la cratera y la silla de clavaz\u00f3n de plata, corri\u00f3 hacia Odiseo, abraz\u00f3le las rodillas y comenz\u00f3 a suplicarle con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>344<\/p>\n<p>\u2014Te lo ruego abrazado a tus rodillas, Odiseo: resp\u00e9tame y api\u00e1date de m\u00ed. A ti mismo te pesar\u00e1 m\u00e1s adelante haber quitado la vida a un aedo como yo, que canto a los dioses y a los hombres. Yo de m\u00edo me he ense\u00f1ado, que un dios me inspir\u00f3 en la mente canciones de toda especie y soy capaz de entonarlas en tu presencia como si fueses una deidad: no quieras, pues degollarme. Tel\u00e9maco, tu caro hijo te podr\u00e1 decir que no entraba yo en esta casa de propio impulso, ni obligado por la penuria, a cantar despu\u00e9s de los festines de los pretendientes; sino que \u00e9stos, que eran muchos y me aventajaban en poder forz\u00e1banme a que viniera.<\/p>\n<p>354<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y, al o\u00edrlo el vigoroso y divinal Tel\u00e9maco, dijo a su padre, que estaba cerca:<\/p>\n<p>356<\/p>\n<p>\u2014Tente y no hieras con el bronce a ese inculpado. Y salvaremos asimismo al heraldo Medonte, que siempre me cuidaba en esta casa mientras fui ni\u00f1o; si ya no le han muerto Filetio o el porquerizo, ni se encontr\u00f3 contigo cuando arremet\u00edas por la sala.<\/p>\n<p>361<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y oy\u00f3lo el discreto Medonte, que se hallaba acurrucado debajo de una silla, tap\u00e1ndose con un cuero reciente de buey para evitar la negra Moira. Sali\u00f3 en seguida de debajo de la silla, apart\u00f3 la piel de buey, y corriendo hacia Tel\u00e9maco, le abraz\u00f3 las rodillas y comenz\u00f3 a suplicarle con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>367<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, amigo! Ese soy yo. Detente y di a tu padre que no me cause da\u00f1o con el agudo bronce, braveando con su fuerza, irritado como est\u00e1 contra los pretendientes que agotaban sus bienes en el palacio, y a ti, los muy necios, no te honraban en lo mas m\u00ednimo.<\/p>\n<p>371<\/p>\n<p>D\u00edjole sonriendo el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>372<\/p>\n<p>\u2014Tranquil\u00edzate, ya que \u00e9ste te libr\u00f3 y salv\u00f3 para que conozca en tu \u00e1nimo y puedas decir a los dem\u00e1s cu\u00e1nta ventaja llevan las buenas acciones a las malas. Pero salid de la habitaci\u00f3n t\u00fa y el aedo tan afamado y tomad asiento en el patio, fuera de este lugar de matanza, mientras doy fin a lo que debo hacer en mi morada.<\/p>\n<p>378<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00f3; y ambos salieron de la sala y se sentaron junto al altar del gran Zeus, mirando a todas partes y temiendo recibir la muerte a cada paso.<\/p>\n<p>381<\/p>\n<p>Odiseo registraba con los ojos toda la estancia por si hubiese quedado vivo alguno de aquellos hombres, libr\u00e1ndose de la negra Moira. Pero los vio, a tantos como eran, ca\u00eddos todos entre la sangre y el polvo. Como los peces que los pescadores sacan del espumoso mar a la corva orilla de una red de infinidad de mallas, yacen amontonados en la arena, anhelantes de las olas, y el resplandeciente sol les arrebata la vida: de esa manera estaban tendidos los pretendientes los unos contra los otros.<\/p>\n<p>390<\/p>\n<p>Entonces el ingenioso Odiseo dijo a Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>391<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Ve y ll\u00e1mame al ama Euriclea para que sepa lo que tengo pensado.<\/p>\n<p>393<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Tel\u00e9maco obedeci\u00f3 a su padre y moviendo la puerta, habl\u00f3le de este modo al ama Euriclea:<\/p>\n<p>395<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Lev\u00e1ntate y ven, a\u00f1osa vieja que cuidas de vigilar las esclavas en nuestro palacio! Te llama mi padre para decirte algo.<\/p>\n<p>398<\/p>\n<p>As\u00ed dijo y ninguna palabra vol\u00f3 de los labios de Euriclea, la cual abri\u00f3 las puertas de las c\u00f3modas habitaciones, ech\u00f3 a andar, precedida por Tel\u00e9maco, y hall\u00f3 a Odiseo entre los cad\u00e1veres de aquellos a quienes acababa de matar, todo manchado de sangre y polvo. As\u00ed como un le\u00f3n que acaba de devorar a un buey mont\u00e9s se presenta con el pecho y ambos lados de las mand\u00edbulas te\u00f1idas en sangre, e infunde horror a los que lo ven: de igual manera ten\u00eda manchados Odiseo los pies y las manos.<\/p>\n<p>407<\/p>\n<p>Cuando ella vio los cad\u00e1veres y aquella inmensidad de sangre, empez\u00f3 a romper en exclamaciones de alegr\u00eda porque contemplaba una grandiosa haza\u00f1a; pero Odiseo se lo estorb\u00f3 y contuvo su af\u00e1n de clamoreo, dirigi\u00e9ndole estas aladas palabras:<\/p>\n<p>411<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Anciana! Regoc\u00edjate en tu coraz\u00f3n, pero cont\u00e9nte y no profieras exclamaciones de alegr\u00eda; que no es piadoso alborozarse por la muerte de estos varones. Di\u00e9ronles muerte la Moira de los dioses y sus obras perversas, pues no respetaban a ning\u00fan hombre de la tierra, malo o bueno, que a ellos se llegase; por esta causa, con sus iniquidades se han atra\u00eddo una deplorable muerte. Mas, ea, cu\u00e9ntame ahora qu\u00e9 mujeres me hacen poco honor en el palacio y qui\u00e9nes est\u00e1n sin culpa.<\/p>\n<p>419<\/p>\n<p>Contest\u00f3le Euriclea, su ama querida:<\/p>\n<p>420<\/p>\n<p>\u2014Yo te dir\u00e9, oh hijo, la verdad. Cincuenta esclavas tienes en el palacio, a las cuales ense\u00f1\u00e9 a hacer labores, a cardar lana y a soportar la servidumbre; de ellas doce se entregaron a la impudencia, no respet\u00e1ndome a m\u00ed ni a la propia Penelopea. Tel\u00e9maco ha muy poco que lleg\u00f3 a la juventud, y su madre no le dejaba tener mando en las mujeres. Mas, ea, voy a subir a la espl\u00e9ndida habitaci\u00f3n superior para enterar de lo que ocurre a tu esposa, a la cual debe de haberle enviado alguna deidad el sue\u00f1o en que est\u00e1 sumida.<\/p>\n<p>430<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>431<\/p>\n<p>\u2014No la despiertes a\u00fan; pero di que vengan cuantas mujeres cometieron acciones indignas.<\/p>\n<p>433<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00f3; y la vieja se fue por el palacio a decirlo a las mujeres y mandarles que se presentaran. Entonces llam\u00f3 el h\u00e9roe a Tel\u00e9maco, al boyero y al porquerizo, y les dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>437<\/p>\n<p>Proceded primeramente a la traslaci\u00f3n de los cad\u00e1veres, que ordenar\u00e9is a las mujeres; y seguidamente limpien \u00e9stas con agua y esponjas de muchos ojos las magn\u00edficas sillas y las mesas. Y cuando hubiereis puesto en orden toda la estancia, llevaos las esclavas afuera del s\u00f3lido palacio, y all\u00e1, entre la rotonda y la bella cerca del patio, heridlas a todas con la espada de larga punta hasta que les arranqu\u00e9is el alma y se olviden de Afrodita, de cuyos placeres disfrutaban uni\u00e9ndose en secreto con los pretendientes.<\/p>\n<p>446<\/p>\n<p>As\u00ed se lo encarg\u00f3. Llegaron todas las mujeres juntas, las cuales suspiraban gravemente y derramaban abundantes l\u00e1grimas. Comenzaron sacando los cad\u00e1veres de los muertos, y apoy\u00e1ndose las unas en las otras, los colocaron debajo del p\u00f3rtico, en el bien cercado patio; Odiseo se lo orden\u00f3, d\u00e1ndoles prisa, y ellas se vieron obligadas a transportarlos. Despu\u00e9s limpiaron con agua y esponjas de muchos ojos las magn\u00edficas sillas y las mesas. Tel\u00e9maco, el boyero y el porquerizo pasaron las rasqueta por el pavimento de la sala s\u00f3lidamente construida y las esclavas se llevaron las raeduras y las echaron afuera.<\/p>\n<p>457<\/p>\n<p>Cuando hubieron puesto en orden toda la estancia, sacaron aquellos las esclavas de palacio a un lugar angosto, entre la rotonda y la bella cerca del patio de donde no era posible que escaparan.<\/p>\n<p>461<\/p>\n<p>Y el prudente Tel\u00e9maco dijo a los otros:<\/p>\n<p>462<\/p>\n<p>\u00abNo quiero privar de la vida con muerte honrosa a estas esclavas que derramaron el oprobio sobre mi cabeza y sobre mi madre, durmiendo con los pretendientes.<\/p>\n<p>465<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y, atando a excelsa columna la soga de una nave de azulada proa, cerc\u00f3 con ella la rotonda, tendi\u00e9ndola en lo alto para que ninguna de las esclavas llegase con sus pies al suelo. As\u00ed como los tordos de anchas alas o las palomas que, al entrar en un seto, dan con una red tendida ante un matorral, encuentran en ella odioso lecho; as\u00ed las esclavas ten\u00edan las cabezas en l\u00ednea y sendos lazos alrededor de sus cuellos, para que muriesen del modo m\u00e1s deplorable. Tan solamente agitaron los pies por un breve espacio de tiempo, que no fue de larga duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>474<\/p>\n<p>Despu\u00e9s sacaron a Melantio al vest\u00edbulo y al patio; le cortaron con el cruel bronce las narices y las orejas, le arrancaron las partes verendas, para que los perros las despedazaran crudas; y amput\u00e1ronle las manos y los pies con \u00e1nimo irritado.<\/p>\n<p>478<\/p>\n<p>Tras esto lav\u00e1ronse las manos y los pies, y volvieron a penetrar en la casa de Odiseo; pues la obra estaba consumada. Entonces dijo el h\u00e9roe a su ama Euriclea:<\/p>\n<p>481<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Anciana! Trae azufre, medicina contra lo malo, y trae tambi\u00e9n fuego, para azufrar la casa. E invitar\u00e1s a Penelopea a venir ac\u00e1 con sus criadas, y mandar\u00e1s asimismo que se presenten todas las esclavas del palacio.\u00bb<\/p>\n<p>485<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le su ama Euriclea:<\/p>\n<p>486<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, hijo m\u00edo, es muy oportuno lo que acabas de decir. Mas ea, voy a traerte un manto y una t\u00fanica para que te vistas y no andes por tu palacio con los anchos hombros cubiertos de andrajos; que esto fuera reprensible.<\/p>\n<p>490<\/p>\n<p>Contest\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>491<\/p>\n<p>Ante todas cosas enci\u00e9ndase fuego en esta sala.<\/p>\n<p>492<\/p>\n<p>As\u00ed dijo, y no le desobedeci\u00f3 su ama Euriclea, pues le trajo fuego y azufre. Acto seguido azufr\u00f3 Odiseo la sala, las dem\u00e1s habitaciones y el patio.<\/p>\n<p>495<\/p>\n<p>La vieja se fue por la hermosa mansi\u00f3n de Odiseo a llamar a las mujeres y mandarles que se presentaran. Pronto salieron del palacio con hachas encendidas, rodearon a Odiseo y le saludaron y abrazaron, bes\u00e1ndole la cabeza, los hombros y las manos, que le tomaban con las suyas; y un dulce deseo de llorar y de suspirar se apoder\u00f3 del h\u00e9roe, pues en su alma las reconoci\u00f3 a todas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XXII 1 Entonces se desnud\u00f3 de sus andrajos el ingenioso Odiseo, salt\u00f3 al grande umbral con el arco y la aljaba repleta de veloces flechas y, derram\u00e1ndolas delante de sus pies habl\u00f3 de esta guisa a los pretendientes: 5 \u2014Ya este certamen fatigoso est\u00e1 acabado, ahora apuntar\u00e9 a otro\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xxii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1289,1115,1065,1288,1138,1057,1025,1046,1033,1020],"class_list":["post-920","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-homero","tag-jovenes","tag-medicina","tag-odisea","tag-patrimonio-2","tag-pensamiento","tag-rosa","tag-salud","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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