{"id":917,"date":"2010-11-27T00:34:37","date_gmt":"2010-11-26T22:34:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=917"},"modified":"2010-11-27T00:34:37","modified_gmt":"2010-11-26T22:34:37","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xix-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xix-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XIX) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XIX<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Qued\u00f3se en el palacio el divinal Odiseo y, junto con Atenea, pensaba en la matanza de los pretendientes cuando de s\u00fabito dijo a Tel\u00e9maco estas aladas palabras:<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Es preciso llevar adentro todas las marciales armas y enga\u00f1ar a los pretendientes con blandos dichos cuando las echen de menos y te pregunten por ellas:<\/p>\n<p>7<\/p>\n<p>\u00abLas he llevado lejos del humo, porque ya no parecen las que dej\u00f3 Odiseo al partir para Troya; sino que est\u00e1n afeadas en la parte que alcanz\u00f3 el ardor del fuego. Adem\u00e1s, alguna deidad me sugiri\u00f3 en la mente esta otra raz\u00f3n m\u00e1s poderosa: no sea que, embriag\u00e1ndoos, trab\u00e9is una disputa, os hir\u00e1is los unos a los otros, y mancill\u00e9is el convite y el noviazgo; que ya el hierro por s\u00ed solo atrae al hombre.\u00bb<\/p>\n<p>14<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Tel\u00e9maco obedeci\u00f3 a su padre y, llamando a su nodriza Euriclea, habl\u00f3le de esta suerte:<\/p>\n<p>16<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ama! Ea, tenme encerradas las mujeres en sus habitaciones, mientras llevo a otro cuarto las magn\u00edficas armas de mi padre, pues en su ausencia nadie las cuida y el humo las enmohece. Hasta aqu\u00ed he sido ni\u00f1o. Mas ahora quiero depositarlas donde no las alcance el ardor del fuego.<\/p>\n<p>21<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le su nodriza Euriclea:<\/p>\n<p>22<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, hijo! Ojal\u00e1 hayas adquirido la necesaria prudencia para cuidarte de la casa y conservar tus heredades. Pero \u00bfqui\u00e9n ser\u00e1 la que vaya contigo llev\u00e1ndote la luz, si no dejas venir las esclavas, que te habr\u00edan alumbrado?<\/p>\n<p>26<\/p>\n<p>Contest\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>27<\/p>\n<p>\u2014Ese hu\u00e9sped: pues no tolerar\u00e9 que permanezca ocioso quien coma de lo m\u00edo, aunque haya llegado de lejas tierras.<\/p>\n<p>29<\/p>\n<p>As\u00ed dijo y ninguna palabra vol\u00f3 de los labios de Euriclea, que cerr\u00f3 las puertas de las c\u00f3modas habitaciones.<\/p>\n<p>31<\/p>\n<p>Odiseo y su ilustre hijo se apresuraron a llevar adentro los cascos, los abollonados escudos y las agudas lanzas; y preced\u00edale Palas Atenea con l\u00e1mpara de oro que daba luz hermos\u00edsima.<\/p>\n<p>35<\/p>\n<p>Y Tel\u00e9maco dijo de repente a su padre:<\/p>\n<p>36<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, padre! Grande es el prodigio que contemplo con mis propios ojos: las paredes del palacio, los bonitos intercolumnios, las vigas de abeto y los pilares encumbrados aparecen a mi vista como si fueran ardiente fuego. Sin duda debe de estar aqu\u00ed alguno de los dioses que poseen el anchuroso cielo.<\/p>\n<p>41<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>42<\/p>\n<p>\u2014Calla, refrena tu pensamiento y no me interrogues pero de este modo suelen proceder, en efecto, los dioses que habitan el Olimpo. Ahora acu\u00e9state, y yo me quedar\u00e9 para provocar todav\u00eda a las esclavas y departir con tu madre la cual, lament\u00e1ndose, me preguntar\u00e1 muchas cosas.<\/p>\n<p>47<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y Tel\u00e9maco se fue por el palacio, a la luz de las resplandecientes antorchas, y se recogi\u00f3 en el aposento donde sol\u00eda dormir cuando el dulce sue\u00f1o le venc\u00eda: all\u00ed se acost\u00f3 para aguardar la divinal Eos.<\/p>\n<p>51<\/p>\n<p>Mas el divino Odiseo se qued\u00f3 en la sala, y junto con Atenea pensaba en la matanza de los pretendientes.<\/p>\n<p>53<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de su cuarto la discreta Penelopea, que parec\u00eda Artemis o la dorada Afrodita, y coloc\u00e1ronle junto al hogar el torneado sill\u00f3n, con adornos de marfil y plata, en que se sentaba; el cual hab\u00eda sido fabricado antiguamente por el art\u00edfice Icmalio, que le puso un escabel para los pies, adherido al mismo y cubierto con una grande piel. All\u00ed se sent\u00f3 la discreta Penelopea. Llegaron de dentro de la casa las doncellas de n\u00edveos brazos, retiraron el abundante pan, las mesas, y las copas en que beb\u00edan los soberbios pretendientes, y, echando por tierra las brasas de los tederos, amontonaron en ellos gran cantidad de le\u00f1a para que hubiese luz y calor.<\/p>\n<p>65<\/p>\n<p>Y Melanto reprendi\u00f3 a Odiseo por segunda vez.<\/p>\n<p>66<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero! \u00bfNos importunar\u00e1s todav\u00eda, andando por la casa durante la noche y espiando a las mujeres? Vete afuera, oh m\u00edsero, y cont\u00e9ntate con lo que comiste, o muy pronto te echar\u00e1n a tizonazos.<\/p>\n<p>70<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndola con torva faz, exclam\u00f3 el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>71<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Desdichada! \u00bfPor qu\u00e9 me acometes de esta manera, con \u00e1nimo irritado? \u00bfQuiz\u00e1s porque voy sucio, cubro mi cuerpo con miserables vestiduras y pido limosna por la poblaci\u00f3n? La necesidad me fuerza a ello, y as\u00ed son los mendigos y los vagabundos. Pues en otra \u00e9poca tambi\u00e9n yo fui dichoso entre los hombres, habit\u00e9 una rica morada y en multitud de ocasiones di limosna al vagabundo, cualquiera que fuese y hall\u00e1rase en la necesidad en que se hallase; entonces pose\u00eda innumerables siervos y otras muchas cosas con las cuales los hombres viven en regalo y gozan fama de opulentos. Mas Zeus Croni\u00f3n me arruin\u00f3, porque as\u00ed lo quiso.<\/p>\n<p>81<\/p>\n<p>No sea que tambi\u00e9n tu, oh mujer, vayas a perder toda la hermosura de que haces gala entre las esclavas; que tu se\u00f1ora, irrit\u00e1ndose, se embravezca contigo; o que Odiseo llegue, pues a\u00fan hay esperanzas de que torne. Y si, por haber muerto, no volviese, ya su hijo Tel\u00e9maco es tal, por la voluntad de Apolo, que ninguna de las mujeres del palacio le pasar\u00e1 inadvertida si fuere mala; pues ya tiene edad para entenderlo.<\/p>\n<p>89<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Oy\u00f3le la discreta Penelopea y reprendi\u00f3 a la esclava dici\u00e9ndole estas palabras:<\/p>\n<p>91<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Atrevida! \u00a1Perra desvergonzada! No se me oculta en lo m\u00e1s m\u00ednimo la mala acci\u00f3n que est\u00e1 cometiendo y que pagar\u00e1s con tu cabeza. Muy bien te constaba, por haberlo o\u00eddo de mi boca, que he de preguntar al forastero en esta sala acerca de mi esposo; pues me hallo sumamente afligida.<\/p>\n<p>96<\/p>\n<p>Dijo; y acto continuo dirigi\u00f3 estas palabras a Eur\u00ednome, la despensera:<\/p>\n<p>97<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eur\u00ednome! Trae una silla y c\u00fabrela con una pelleja, a fin de que se acomode el forastero, y hable y me escuche, que deseo interrogarle.<\/p>\n<p>100<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Con gran diligencia trajo Eur\u00ednome una pulimentada silla, la cubri\u00f3 con una pelleja, y en ella tom\u00f3 asiento el paciente divinal Odiseo. Entonces rompi\u00f3 el silencio la discreta Penelopea, hablando de esta suerte:<\/p>\n<p>104<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero! Ante todas cosas quiero hacerte yo misma estas preguntas: \u00bfQui\u00e9n eres y de qu\u00e9 pa\u00eds procedes? \u00bfD\u00f3nde se hallan tu ciudad y tus padres?<\/p>\n<p>106<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>107<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, mujer! Ninguno de los mortales de la vasta tierra podr\u00eda censurarte, pues tu gloria llega hasta el anchuroso cielo como la de un rey eximio y temeroso de los dioses, que impera sobre muchos y esforzados hombres, hace que triunfe la justicia, y al amparo de su buen gobierno la negra tierra produce trigo y cebada, los \u00e1rboles se cargan de fruta, las ovejas paren hijuelos robustos, el mar da peces, y son dichosos los pueblos que le est\u00e1n sometidos. Mas ahora que nos hallamos en tu casa, hazme otras preguntas, y no te empe\u00f1es en averiguar mi linaje, ni mi patria: no sea que con la memoria acrecientes los pesares de mi coraz\u00f3n, pues he sido muy desgraciado. Y tampoco conviene que en casa ajena est\u00e9 llorando y lament\u00e1ndome porque es muy malo afligirse siempre y sin descanso: no fuera que alguna de las esclavas se enojara conmigo, o t\u00fa misma, y dijerais que derramo l\u00e1grimas porque el vino me perturb\u00f3 el entendimiento.<\/p>\n<p>123<\/p>\n<p>Contest\u00f3le en seguida la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>124<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero! Mil gracias -la belleza y la gala de mi cuerpo- destruy\u00e9ronlas los inmortales cuando los argivos partieron para Ili\u00f3n y se fue con ellos mi esposo Odiseo. Si \u00e9ste, volviendo, cuidara de mi vida, mayor y m\u00e1s hermosa fuera mi gloria, pues estoy angustiada por tantos males como me envi\u00f3 alg\u00fan dios. Cuantos pr\u00f3ceres mandan en las islas, en Duliquio, en Same y la selvosa Zacinto, y cuantos viven en la propia Itaca, que se ve de lejos, me pretenden contra mi voluntad y arruinan la casa.<\/p>\n<p>134<\/p>\n<p>Por esto no me curo de los hu\u00e9spedes, ni de los suplicantes, ni de los heraldos, que son ministros p\u00fablicos; sino que, padeciendo soledad de Odiseo, se me consume el \u00e1nimo. Ellos me dan prisa a que me case, y yo tramo enga\u00f1os. Primeramente sugiri\u00f3me un dios que me pusiese a tejer en el palacio una gran tela sutil e interminable, y entonces les habl\u00e9 de este modo:<\/p>\n<p>141<\/p>\n<p>\u00abJ\u00f3venes pretendientes m\u00edos! Ya que ha muerto el divino Odiseo, aguardad, para instar mis bodas, que acabe este lienzo -no sea que se me pierdan in\u00fatilmente los hilos- a fin de que tenga sudario el h\u00e9roe Laertes cuando le sorprenda la Moira fatal de la aterradora muerte. \u00a1No se me vaya a indignar alg\u00fan de las aqueas del pueblo si ve enterrar sin mortaja a un hombre que ha pose\u00eddo tantos bienes!\u00bb<\/p>\n<p>148<\/p>\n<p>As\u00ed les dije y su \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. Desde aquel instante pas\u00e1bame el d\u00eda labrando la gran tela, y por la noche, tan luego como me alumbraba con las antorchas, deshac\u00eda lo tejido.<\/p>\n<p>151<\/p>\n<p>De esta suerte logr\u00e9 ocultar el enga\u00f1o y que mis palabras fueran cre\u00eddas por los aqueos durante un trienio; mas as\u00ed que vino el cuarto a\u00f1o y volvieron a sucederse las estaciones, despu\u00e9s de transcurrir los meses y de pasar muchos d\u00edas, entonces por las perras de mis esclavas, que de nada se cuidan, vinieron a sorprenderme y me reprendieron con sus palabras. As\u00ed fue como, mal de mi grado, me vi en la necesidad de acabar la tela. Ahora ni me es posible evitar las bodas, ni hallo ning\u00fan otro consejo que me valga. Mis padres desean apresurar el casamiento y mi hijo siente gran pena al notar c\u00f3mo son devorados nuestros bienes, porque es hombre apto para regir la casa y Zeus le da gloria. Mas, con todo eso, dime tu linaje y de d\u00f3nde eres, que no ser\u00e1n tus progenitores la encina o el pe\u00f1asco de la vieja f\u00e1bula.<\/p>\n<p>164<\/p>\n<p>Respondi\u00f3Ie el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>165<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, veneranda esposa de Odiseo Laert\u00edada! \u00bfNo cesar\u00e1s de interrogarme acerca de mi progenie? Pues bien, voy a dec\u00edrtela, aunque con ello acrecientes los pesares que me agobian; pues as\u00ed le ocurre al hombre que, como yo, anduvo mucho tiempo fuera de su patria, peregrinando por tantas ciudades y padeciendo fatigas. Mas con todo, te hablar\u00e9 de aquello que me preguntas y acerca de lo cual me interrogas.<\/p>\n<p>172<\/p>\n<p>\u00abEn medio del vinoso ponto rodeada del mar, hay una tierra hermosa y f\u00e9rtil, Creta; y en ella muchos, innumerables hombre, y noventa ciudades. All\u00ed se oyen mezcladas varias lenguas, pues viven en aquel pa\u00eds los aqueos, los magn\u00e1nimos cretenses ind\u00edgenas, los cidones, los<a id=\"Dorios\" name=\"Dorios\"> <\/a>dorios, que est\u00e1n divididos en tres tribus, y los divinos pelasgos. Entre las ciudades se halla Cnoso, gran poblaci\u00f3n, en la cual rein\u00f3 por espacio de nueve a\u00f1os Minos, que conversaba con el gran Zeus y fue padre de mi padre, del magn\u00e1nimo Deucali\u00f3n. Este engendr\u00f3me a m\u00ed y al rey Idomeneo, que fue a Ili\u00f3n en las corvas naves, juntamente con los Atridas; mi preclaro nombre es Et\u00f3n y soy el m\u00e1s joven de los dos hermanos, pues aquel es el mayor y el m\u00e1s valiente.<\/p>\n<p>185<\/p>\n<p>En Cnoso conoc\u00ed a Odiseo y aun le ofrec\u00ed los dones de la hospitalidad. El h\u00e9roe enderezaba el viaje para Troya cuando la fuerza del viento lo apart\u00f3 de Malea y lo llev\u00f3 a Creta: y entonces ancor\u00f3 sus barcos en un puerto peligroso en la desembocadura del Amniso, donde est\u00e1 la gruta de Ilitia, y a duras penas pudo escapar de la tormenta. Entr\u00f3se en seguida por la ciudad y pregunt\u00f3 por Idomeneo que era, seg\u00fan afirmaba, su hu\u00e9sped querido y venerado; mas ya la aurora hab\u00eda aparecido diez u once veces desde que hab\u00eda zarpado para Ili\u00f3n con sus corvas naves. Al punto lo conduje al palacio, le procur\u00e9 digna hospitalidad, trat\u00e1ndole sol\u00edcita y amistosamente -que en nuestra casa reinaba la abundancia- e hice que a \u00e9l y a los compa\u00f1eros que llevaba se les diera harina y negro vino en com\u00fan por el pueblo, y tambi\u00e9n bueyes para que los sacrificaran y satisfacieran de este modo su apetito. Los divinos aqueos permanecieron con nosotros doce d\u00edas, por soplar el B\u00f3reas tan fuertemente que casi no se pod\u00eda estar ni aun en la tierra. Debi\u00f3 de excitarlo alguna deidad mal\u00e9vola. Mas en el d\u00eda treceno ech\u00f3se el viento y se dieron a la vela.\u00bb<\/p>\n<p>203<\/p>\n<p>De tal suerte forjaba su relato, refiriendo muchas cosas falsas que parec\u00edan verdaderas; y a Penelopea, al o\u00edrlo, le brotaban las l\u00e1grimas de los ojos y se le deshac\u00eda el cuerpo. As\u00ed como en las altas monta\u00f1as se derrite la nieve al soplo del Euro despu\u00e9s que el C\u00e9firo la derrib\u00f3, y la corriente de los r\u00edos crece con la que se funde.<\/p>\n<p>208<\/p>\n<p>As\u00ed se derret\u00edan con el llanto las hermosas mejillas de Penelopea, que lloraba por su marido teni\u00e9ndolo junto a s\u00ed. Odiseo, aunque interiormente compadec\u00eda a su mujer, que sollozaba, tuvo los ojos tan firmes dentro de los p\u00e1rpados cual si fueran de cuerno o de hierro, y logr\u00f3 con astucia que no se le rezumasen las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>213<\/p>\n<p>Y Penelopea, despu\u00e9s que se hubo hartado de llorar y de gemir, torn\u00f3 a hablarle con estas palabras:<\/p>\n<p>215<\/p>\n<p>\u2014Ahora, oh hu\u00e9sped, pienso someterte a una prueba para saber si es verdad, como lo afirmas, que en tu palacio hospedaste a mi esposo con sus compa\u00f1eros, iguales a los dioses. Dime que vestiduras llevaba su cuerpo y c\u00f3mo eran el propio Odiseo y los compa\u00f1eros que le segu\u00edan.<\/p>\n<p>220<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>221<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, mujer! Es dif\u00edcil referirlo despu\u00e9s de tanto tiempo, porque hace ya veinte a\u00f1os que se fue de all\u00e1 y dej\u00f3 mi patria; esto no obstante, te dir\u00e9 c\u00f3mo se lo representa mi coraz\u00f3n. Llevaba el divinal Odiseo un manto lanoso, doble, purp\u00fareo, con \u00e1ureo broche de dos agujeros: en la parte anterior del manto estaba bordado un perro que ten\u00eda entre sus patas delanteras un manchado cervatillo, mir\u00e1ndole forcejear, y a todos pasmaba que, siendo entrambos de oro, aqu\u00e9l mirara al cervatillo a quien ahogaba, y \u00e9ste forcejara con los pies, deseando escapar. En torno del cuerpo de Odiseo vi una espl\u00e9ndida t\u00fanica que semejaba \u00e1rida binza de cebolla, \u00a1tan suave era!, y reluc\u00eda como un sol; y muchas mujeres la contemplaban admiradas. Pero tengo que decirte una cosa que fijar\u00e1s en tu memoria: no s\u00e9 si Odiseo ya llevar\u00eda estas vestiduras en su casa o se las dio alguno de sus compa\u00f1eros, cuando iba en su velera nave, o quiz\u00e1s alg\u00fan hu\u00e9sped; que Odiseo ten\u00eda muchos amigos, pues eran pocos los aqueos que pudieran compar\u00e1rsele.<\/p>\n<p>241<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n yo le regal\u00e9 una bronc\u00ednea espada, un hermoso manto doble de color de p\u00farpura, y una t\u00fanica orlada; despu\u00e9s de lo cual fui a despedirle con gran respeto hasta su nave de muchos barcos. Acompa\u00f1\u00e1ba le un heraldo un poco m\u00e1s viejo que \u00e9l, y voy a decirte c\u00f3mo era: metido de hombros, de negra tez y rizado cabello, y su nombre Eur\u00edbates. Honr\u00e1bale Odiseo mucho m\u00e1s que a otro alguno de sus compa\u00f1eros, porque ambos sol\u00edan pensar de igual manera.<\/p>\n<p>249<\/p>\n<p>As\u00ed le dijo, y acrecent\u00f3le el deseo del llanto, pues Penelopea reconoci\u00f3 las se\u00f1as que Odiseo iba describiendo con tal certidumbre. Y cuando estuvo harta de llorar y de gemir, le respondi\u00f3 con estas palabras:<\/p>\n<p>253<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, forastero! Aunque ya antes de ahora te tuve compasi\u00f3n, en adelante has de ser querido y venerado en esta casa; pues yo misma le entregu\u00e9 esas vestiduras que dices, sac\u00e1ndolas bien plegadas de mi estancia, y les puse el lustroso broche, para que le sirviese de ornamento a aqu\u00e9l a quien ya no tornar\u00e9 a recibir, de vuelta a su hogar y a su patria tierra; que con hado funesto parti\u00f3 en las c\u00f3ncavas naves, para ver aquella Ili\u00f3n perniciosa y nefanda.<\/p>\n<p>261<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>262<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh veneranda mujer de Odiseo Laert\u00edada! No mortifiques m\u00e1s el hermoso cuerpo, ni consumas el \u00e1nimo, llorando a tu marido; bien que por ello no he de reprenderte porque la mujer suele sollozar cuando perdi\u00f3 el var\u00f3n con quien se cas\u00f3 virgen y de cuyo amor tuvo hijos, aunque no sea como Odiseo, que, seg\u00fan cuentan, se asemejaba a los dioses. Suspende el llanto y presta atenci\u00f3n a mis palabras, pues voy a hablarte con sinceridad y no te callar\u00e9 nada de cuanto s\u00e9 sobre el regreso de Odiseo; el cual vive, est\u00e1 cerca -en el opulento pa\u00eds de los tesprotos- y trae muchas y excelentes preciosidades que ha logrado recoger por entre el pueblo. Perdi\u00f3 sus fieles compa\u00f1eros y la c\u00f3ncava nave en el vinoso ponto, al venir de la isla de Trinacia, porque contra el se airaron Zeus y Helios, a cuyas vacas hab\u00edan dado muerte sus compa\u00f1eros. Los dem\u00e1s perecieron en el alborotado ponto, y Odiseo, que mont\u00f3 en la quilla de su nave, fue arrojado por las olas a tierra firme, al pa\u00eds de los feacios, que son cercanos por su linaje a los dioses y ellos le honraron cordialmente como a un numen, le hicieron muchos regalos y deseaban conducirlo sano y salvo a su casa. Y ya estuviera Odiseo aqu\u00ed mucho tiempo ha, si no le hubiese parecido m\u00e1s \u00fatil irse por la vasta tierra para juntar riquezas, pues sobresale por sus ardides entre los mortales hombres y con \u00e9l nadie puede. As\u00ed me lo dijo Fid\u00f3n, rey de los tesprotos, y jur\u00f3 en mi presencia haciendo libaciones en su casa, que ya hab\u00edan echado la nave al mar y estaban a punto los compa\u00f1eros para conducirlo a su patria tierra. Pero antes envi\u00f3me a m\u00ed, porque se ofreci\u00f3 casualmente un barco de varones tesprotos que iba a Duliquio, la abundosa en trigo. Y me mostr\u00f3 todos los bienes que Odiseo hab\u00eda juntado, con los cuales pudiera mantenerse un hombre y sus descendientes hasta la d\u00e9cima generaci\u00f3n: \u00a1tantos objetos preciosos ten\u00eda en el palacio de aquel rey!<\/p>\n<p>296<\/p>\n<p>A\u00f1adi\u00f3 que Odiseo estaba en Dodona para saber por la alta encina la voluntad de Zeus acerca de si convendr\u00eda que volviese manifiesta o encubiertamente a su patria, de la cual tanto ha que se halla ausente.<\/p>\n<p>300<\/p>\n<p>Salvo est\u00e1, pues, y vendr\u00e1 pronto, que no permanecer\u00e1 mucho tiempo alejado de sus amigos y de su patria tierra y sobre este punto voy a prestar un juramento: sean testigos Zeus, el m\u00e1s excelso y poderoso de los dioses y el hogar del intachable Odiseo a que he llegado, de que todo se cumplir\u00e1 como lo digo: Odiseo vendr\u00e1 aqu\u00ed este a\u00f1o, al terminar el corriente mes y comenzar el pr\u00f3ximo.<\/p>\n<p>308<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>309<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ojal\u00e1 se cumpliese cuando dices, oh forastero! Que bien pronto conocer\u00edas mi amistad, pues te har\u00eda tantos regalos que te considerara dichoso quien contigo se encontrase. Pero mi \u00e1nimo presiente lo que ha de suceder: ni Odiseo volver\u00e1 a esta casa, ni t\u00fa conseguir\u00e1s que te lleven a la tuya, que no hay en el palacio quienes lo rijan, siendo cual era Odiseo entre los hombres -si todo no fue sue\u00f1o- para acoger y conducir a los venerables hu\u00e9spedes. Mas vosotras, criadas, lavad al hu\u00e9sped y aparejadle un lecho, con su cama, mantas y colchas espl\u00e9ndidas; para que, calent\u00e1ndose bien, aguarde la aparici\u00f3n de Eos, de \u00e1ureo trono. Ma\u00f1ana, muy temprano, ba\u00f1adle y ungidle; y coma aqu\u00ed dentro, sentado en esta sala, al lado de Tel\u00e9maco. Mas para aqu\u00e9l que con el \u00e1nimo furioso le molestare, pues ser\u00e1 la \u00faltima acci\u00f3n que aqu\u00ed ejecute por muy irritado que se ponga. \u00bfC\u00f3mo sabr\u00edas, oh forastero, si aventajo a las dem\u00e1s mujeres en inteligencia y prudente consejo, si dejara que as\u00ed, tan sucio y miserablemente vestido comieras en el palacio? Son los hombres de vida corta: el cruel, el que procede inicuamente, consigue que todos los mortales le imprequen desventuras mientras vive y que todos lo insulten despu\u00e9s de muerto; mas el intachable, el que procede intachablemente, alcanza una fama grand\u00edsima que sus hu\u00e9spedes difunden entre todos los hombres y son muchos los que le llaman bueno.<\/p>\n<p>335<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>336<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh veneranda mujer de Odiseo Laert\u00edada! Los mantos y las colchas lucientes me dan en el rostro desde la hora en que dej\u00e9 los nevados montes de Creta y part\u00ed en la nave de largos remos. Me acostar\u00e9 como antes, cuando pasaba las noches sin pegar el ojo, pues en muchas de ellas descans\u00e9 en ruin lecho, aguardando la aparici\u00f3n de la divina Eos de hermoso trono. Tampoco le agradan a mi \u00e1nimo los ba\u00f1os de pies, ni tocar\u00e1 los m\u00edos ninguna mujer de las que te sirven en el palacio, si no hay alguna muy vieja y de honestos pensamientos, que en su alma haya sufrido tanto como yo; pues a esa no la he de impedir que toque mis pies.<\/p>\n<p>349<\/p>\n<p>Contest\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>350<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero querido! Jam\u00e1s lleg\u00f3 a mi casa otro var\u00f3n de tan buen juicio entre los amigables hu\u00e9spedes que vinieron de lejas tierras a mi morada; tal perspicuidad y cordura denotan tus palabras. Tengo una anciana de prudente ingenio, que fue la que aliment\u00f3 y cri\u00f3 a aquel infeliz despu\u00e9s de recibirlo en sus brazos cuando la madre lo pari\u00f3: \u00e9sta te lavar\u00e1 los pies aunque sus fuerzas son ya menguadas.<\/p>\n<p>357<\/p>\n<p>Ea, prudente Euriclea, lev\u00e1ntate y lava a este var\u00f3n coet\u00e1neo de tu se\u00f1or; que en los pies y en las manos debe de estar Odiseo de semejante modo, pues los mortales envejecen presto en la desgracia.<\/p>\n<p>361<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. La vieja cubri\u00f3se el rostro con ambas manos, rompi\u00f3 en ardientes l\u00e1grimas y dijo estas lastimeras razones:<\/p>\n<p>363<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, hijo m\u00edo, que no puedo salvarte! Sin duda Zeus te cobro m\u00e1s odio que a hombre alguno a pesar de que tu \u00e1nimo era tan temeroso de las deidades. Ning\u00fan mortal quem\u00f3 tantos ping\u00fces muslos en honor de Zeus, que se huelga con el rayo, ni le sacrific\u00f3 tantas y tan selectas hecatombes como t\u00fa le ofreciste rog\u00e1ndole que te diese placentera senectud y te dejara criar a tu hijo ilustre; y ahora te priv\u00f3, a ti tan s\u00f3lo, de ver lucir el d\u00eda de la vuelta.<\/p>\n<p>370<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s se mofaron de mi se\u00f1or las criadas de lejano hu\u00e9sped a cuyo magn\u00edfico palacio llegara, como se burlan de ti, oh forastero, estas perras cuyos denuestos y abundantes infamias quieres evitar no permitiendo que te laven; y por tal raz\u00f3n me manda que lo haga yo, no ciertamente contra mi deseo, la hija de Icario, la discreta Penelopea. Y as\u00ed, te lavar\u00e9 los pies por consideraci\u00f3n a la propia Penelopea y a ti mismo; pues siento que en el interior me conmueven el \u00e1nimo tus desventuras. Mas, ea, oye lo que voy a decir: muchos hu\u00e9spedes infortunados vinieron a esta casa, pero en ninguno he advertido una semejanza tan grande con Odiseo en el cuerpo, en la voz y en los pies, como en ti la echo de ver.<\/p>\n<p>382<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>383<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh anciana! Lo mismo dicen cuantos nos vieron con sus propios ojos: que somos muy semejantes, como t\u00fa lo has reparado.<\/p>\n<p>386<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. La vieja tom\u00f3 un reluciente caldero en el que acostumbraba lavar los pies, ech\u00f3le gran cantidad de agua fr\u00eda y derram\u00f3 sobre ella otra caliente. Mientras tanto, sent\u00f3se Odiseo cabe al hogar y se volvi\u00f3 hacia lo obscuro, pues s\u00fabitamente le entr\u00f3 en el alma el temor de que la anciana, al asirle el pie reparase en cierta cicatriz y todo quedara descubierto. Euriclea se acerc\u00f3 a su se\u00f1or, comenz\u00f3 a lavarlo y pronto reconoci\u00f3 la cicatriz de la herida que le hab\u00eda hecho un jabal\u00ed con su blanco diente, con ocasi\u00f3n de haber ido aqu\u00e9l al Parnaso, a ver a Aut\u00f3lico y sus hijos. Era ese el padre ilustre de la madre de Odiseo, y descollaba sobre los hombres en hurtar y jurar, presentes que le hab\u00eda hecho el propio Hermes, en cuyo honor quemaba agradables muslos de corderos y de cabritos; por esto el dios le asist\u00eda ben\u00e9volo.<\/p>\n<p>399<\/p>\n<p>Cuando anteriormente fue Aut\u00f3lico a la opulenta poblaci\u00f3n de Itaca, hall\u00f3 un ni\u00f1o reci\u00e9n nacido de su hija; y, despu\u00e9s de cenar, Euriclea se lo puso en las rodillas, y le habl\u00f3 de semejante modo:<\/p>\n<p>403<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aut\u00f3lico! Busca t\u00fa ahora alg\u00fan nombre para pon\u00e9rselo al nieto que tanto deseaste.<\/p>\n<p>405<\/p>\n<p>Y Aut\u00f3lico respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>406<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Yerno, hija m\u00eda! Ponedle el nombre que os voy a decir. Como llegu\u00e9 aqu\u00ed despu\u00e9s de haberme airado contra muchos hombres y mujeres, yendo por la f\u00e9rtil tierra, sea Odiseo el nombre que se le ponga. Y cuando llegue a mozo y vaya al Parnaso, a la grande casa materna donde se hallan mis riquezas, le dar\u00e9 parte de las mismas y os lo enviar\u00e9 contento.<\/p>\n<p>413<\/p>\n<p>Por esto fue Odiseo: para que aquel le entregara los espl\u00e9ndidos dones. Aut\u00f3lico y sus hijos recibi\u00e9ronlo afectuosamente, con apretones de mano y dulces palabras; y Anf\u00edtea, su abuela materna, lo abraz\u00f3 y le bes\u00f3 la cabeza y los lindos ojos.<\/p>\n<p>418<\/p>\n<p>Aut\u00f3lico mand\u00f3 seguidamente a sus gloriosos hijos que aparejasen la comida; y, habiendo ellos atendido la exhortaci\u00f3n, trajeron un buey de cinco a\u00f1os. Al instante lo desollaron y prepararon, lo partieron todo, lo dividieron con suma habilidad en trocitos, que espetaron en los asadores y asaron cuidadosamente, y acto continuo distribuyeron las raciones.<\/p>\n<p>424<\/p>\n<p>Todo el d\u00eda, hasta la puesta del sol, celebraron el fest\u00edn; y nadie careci\u00f3 de su correspondiente porci\u00f3n. Y tan pronto como el sol se puso y sobrevino la noche, acost\u00e1ronse y el don del sue\u00f1o recibieron.<\/p>\n<p>428<\/p>\n<p>As\u00ed que se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, los hijos de Aut\u00f3lico y el divino Odiseo se fueron a cazar llev\u00e1ndose los perros. Encamin\u00e1ronse al alto monte Parnaso, cubierto de bosque, y pronto llegaron a sus ventosos collados. Ya el sol her\u00eda con sus rayos los campos, saliendo de la pl\u00e1cida y profunda corriente del Oc\u00e9ano, cuando los cazadores penetraron en un valle: iban al frente los perros, que rastreaban la caza; detr\u00e1s, los hijos de Aut\u00f3lico, y con \u00e9stos, pero a poca distancia de los canes, el divino Odiseo, blandiendo ingente lanza. En aquel sitio estaba echado un enorme jabal\u00ed, en medio de una espesura tan densa que ni el h\u00famedo soplo de los vientos la atravesaba, ni la her\u00edan los rayos del resplandeciente sol, ni la lluvia la penetraba del todo, \u00a1tan densa era!, habiendo en la misma abundante seroja amontonada.<\/p>\n<p>444<\/p>\n<p>El ruido de los pasos de los hombres y de los canes, que se acercaban cazando, lleg\u00f3 hasta el jabal\u00ed: y \u00e9ste dej\u00f3 el soto, fue a su encuentro con las crines del cuerpo erizadas y los ojos echando fuego, y se detuvo muy cerca de ellos. Odiseo, que fue el primero en acometerle, levant\u00f3 con su mano robusta la luenga lanza, deseando herirle; pero adelant\u00e1ndosele el jabal\u00ed, le dio un golpe sobre la rodilla y, como arremetiera al sesgo, desgarr\u00f3 con su diente mucha carne sin llegar al hueso. Entonces Odiseo le acert\u00f3 en la espalda derecha, se la atraves\u00f3 con la punta de la luciente lanza y el animal qued\u00f3 tendido en el polvo y perdi\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>455<\/p>\n<p>Los caros hijos de Aut\u00f3lico reuni\u00e9ronse en torno del intachable Odiseo, igual a un dios, para socorrerle: vend\u00e1ronle h\u00e1bilmente la herida, resta\u00f1aron la negrusca sangre con un ensalmo, y volvieron todos a la casa paterna. Aut\u00f3lico y sus hijos, despu\u00e9s de curarle bien, le hicieron espl\u00e9ndidos regalos, y pronto lo enviaron alegre a su patria. El padre y la veneranda madre de Odiseo holg\u00e1ronse de su vuelta y le preguntaron muchas cosas y qu\u00e9 le hab\u00eda ocurrido que llevaba aquella cicatriz; y \u00e9l refiri\u00f3les por menor c\u00f3mo, habiendo ido al Parnaso a cazar con los hijos de Aut\u00f3lico, hiri\u00f3le un jabal\u00ed con su blanco diente.<\/p>\n<p>467<\/p>\n<p>Al tocar la vieja con la palma de la mano esta cicatriz, reconoci\u00f3la y solt\u00f3 el pie de Odiseo: dio la pierna contra el caldero, reson\u00f3 el bronce, inclin\u00f3se la vasija hacia atr\u00e1s, y el agua se derram\u00f3 por tierra.<\/p>\n<p>471<\/p>\n<p>El gozo y el dolor invadieron simult\u00e1neamente el coraz\u00f3n de Euriclea, se le arrasaron los ojos de l\u00e1grimas y la voz sonora se le cort\u00f3. Mas luego tom\u00f3 a Odiseo de la barba y habl\u00f3le as\u00ed:<\/p>\n<p>474<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa eres ciertamente Odiseo, hijo querido; y yo no te conoc\u00ed hasta que pude tocar todo mi se\u00f1or con estas manos.<\/p>\n<p>476<\/p>\n<p>Dijo; y volvi\u00f3 los ojos a Penelopea, queriendo indicarle que ten\u00eda dentro de la casa a su marido. Mas ella no pudo notarlo ni advertirlo desde la parte opuesta, porque Atenea le distrajo el pensamiento. Odiseo, tomando del pescuezo la anciana con la mano derecha, con la otra le atrajo a s\u00ed y le dijo:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 482<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ama! \u00bfPor qu\u00e9 quieres perderme? S\u00ed, t\u00fa me criaste a tus pechos, y ahora, despu\u00e9s de pasar muchas fatigas, he llegado en el vig\u00e9simo a\u00f1o a la patria tierra.<\/p>\n<p>485<\/p>\n<p>Mas, ya que lo entendiste y un dios lo sugiri\u00f3 a tu mente, calla y nadie lo sepa en el palacio. Lo que voy a decir llevar\u00e1se a efecto. Si un dios hiciese sucumbir a mis manos los ilustres pretendientes, no te perdonar\u00e1 a ti, a pesar de que fuiste mi ama, cuando mate a las de m\u00e1s esclavas en el palacio.<\/p>\n<p>491<\/p>\n<p>Contest\u00f3le la prudente Euriclea:<\/p>\n<p>492<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hijo m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 palabras se te escaparon del cerco de los dientes! Bien sabes que mi \u00e1nimo es firme e indomable, y guardar\u00e9 el secreto como una s\u00f3lida piedra o como el hierro.<\/p>\n<p>495<\/p>\n<p>Otra cosa quiero manifestarte que pondr\u00e1s en tu coraz\u00f3n: Si un dios hace sucumbir a tus manos los ilustres pretendientes, te dir\u00e9 cu\u00e1les mujeres no te honran en el palacio y cu\u00e1les est\u00e1n sin culpa.<\/p>\n<p>499<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>500<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ama! \u00bfA qu\u00e9 nombrarlas? Ninguna necesidad tienes de hacerlo. Yo mismo las observar\u00e9 para conocerlas una por una. Guarda silencio y conf\u00eda en los dioses.<\/p>\n<p>503<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y la vieja se fue por el palacio a buscar agua para lavarle los pies porque la primera se hab\u00eda derramado toda. Despu\u00e9s que lo hubo lavado y ungido con ping\u00fce aceite, Odiseo acerc\u00f3 nuevamente la silla al fuego, para calentarse, y cubri\u00f3se la cicatriz con los andrajos.<\/p>\n<p>508<\/p>\n<p>Entonces rompi\u00f3 el silencio la discreta Penelopea, hablando de este modo:<\/p>\n<p>509<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero! A\u00fan te har\u00e9 algunas preguntas, muy pocas: que presto ser\u00e1 hora de dormir pl\u00e1cidamente, para quien logre conciliar el dulce sue\u00f1o aunque est\u00e9 afligido. A m\u00ed me ha dado alg\u00fan dios un pesar inmenso, pues durante el d\u00eda me complazco en llorar, gemir y ver mis labores y las de las siervas de la casa; pero, as\u00ed que viene la noche y todos se acuestan, yazgo en mi lecho y fuertes y punzantes inquietudes me asedian el oprimido coraz\u00f3n y me excitan los sollozos.<\/p>\n<p>518<\/p>\n<p>Como cuando la hija de Pand\u00e1reo, la pardusca Aed\u00f3n, canta hermosamente al comenzar la primavera, posada en el tupido follaje de los \u00e1rboles, y deja o\u00edr su voz de variados sones que muda a cada momento, llorando a Itilo, el v\u00e1stago que tuvo del rey Zeto y mat\u00f3 con el bronce por imprudencia: de semejante manera est\u00e1 mi \u00e1nimo, vacilando entre dos partidos, pues no s\u00e9 si seguir viviendo con mi hijo y guardar y mantener en pie todas las cosas -mis posesiones, mis esclavas y esta casa grande y de elevada techumbre- por atenci\u00f3n al t\u00e1lamo conyugal y temor del dicho de la gente; o irme ya con quien sea el mejor de los aqueos que me pretenden en el palacio y me haga much\u00edsimas donaciones nupciales. Mi hijo, mientras fue incipiente muchacho, no quiso que me casara y me fuera de esta mansi\u00f3n de mi esposo; mas ahora, que ya es adulto, por haber llegado a la flor de la juventud, desea que desampare el palacio, viendo con indignaci\u00f3n que sus bienes son devorados por los aqueos.<\/p>\n<p>535<\/p>\n<p>Pero, ea, oye y decl\u00e1rame este sue\u00f1o. Hay en la casa veinte gansos que comen trigo remojado en agua y yo me huelgo de contemplarlos, mas hete aqu\u00ed que baj\u00f3 del monte un aguil\u00f3n de corvo pico, y, rompi\u00e9ndoles el cuello, los mat\u00f3 a todos; quedaron \u00e9stos tendidos en mont\u00f3n y subi\u00f3se \u00e9l al divino \u00e9ter. Yo aunque entre sue\u00f1os, llor\u00e9 y di gritos; y las aqueas, de hermosas trenzas, fueron junt\u00e1ndose a mi alrededor, mientras me lamentaba tanto de que el aguil\u00f3n hubiese matado mis gansos, que mov\u00eda a compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>544<\/p>\n<p>Entonces el aguil\u00f3n torn\u00f3 a venir, se pos\u00f3 en el borde de la techumbre, y me calm\u00f3 diciendo con voz humana:<\/p>\n<p>546<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Cobra \u00e1nimo hija del celeb\u00e9rrimo Icario!, pues no es sue\u00f1o, sino visi\u00f3n veraz que ha de cumplirse. Los gansos son los pretendientes y yo, que era el aguil\u00f3n, soy tu esposo, que he llegado y dar\u00e9 a todos los pretendientes ignominiosa muerte.\u00bb As\u00ed dijo. Ausent\u00f3se de m\u00ed el dulce sue\u00f1o y mirando en derredor, vi los gansos en el palacio, junto al pesebre que com\u00edan trigo como antes.<\/p>\n<p>554<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>555<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh mujer! No es posible declarar el sue\u00f1o de otra manera, ya que el propio Odiseo te manifest\u00f3 c\u00f3mo lo llevar\u00e1 al cabo: aparece clara la perdici\u00f3n de todos los pretendientes y ninguno escapar\u00e1 de la muerte y de las Moiras.<\/p>\n<p>559<\/p>\n<p>Contest\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>560<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero! Hay sue\u00f1os inescrutables y de lenguaje obscuro, y no se cumple todo lo que anuncian los hombres. Hay dos puertas para los leves sue\u00f1os: una, construida de cuerno; y otra, de marfil. Los que vienen por el bru\u00f1ido marfil nos enga\u00f1an, tray\u00e9ndonos palabras sin efecto; y los que salen por el pulimentado cuerno anuncian, al mortal que los ve, cosas que realmente han de verificarse. Mas no me figuro yo que mi terrible sue\u00f1o haya salido por el \u00faltimo, que nos fuera muy grato a m\u00ed y a mi hijo.<\/p>\n<p>570<\/p>\n<p>Otra cosa voy a decirte que pondr\u00e1s en tu coraz\u00f3n. No tardar\u00e1 en lucir la infausta Eos que ha de alejarme de la casa de Odiseo, pues ya quiero ofrecer a los pretendientes un certamen: las segures, que aqu\u00e9l fijaba en l\u00ednea recta y en n\u00famero de doce, dentro de su palacio, cual si fuesen los puntales de un nav\u00edo en construcci\u00f3n, y desde muy lejos hac\u00eda pasar una flecha por los anillos. Ahora, pues, los invitar\u00e9 a esta lucha, y aqu\u00e9l que m\u00e1s f\u00e1cilmente maneje el arco, lo arme y haga pasar una flecha por el ojo de las doce segures, ser\u00e1 con quien yo me vaya, dejando esta casa a la que vine doncella, que es tan hermosa, que est\u00e1 tan abastecida, y de la cual imagino que habr\u00e9 de acordarme aun entre sue\u00f1os.<\/p>\n<p>582<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>583<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh veneranda mujer de Odiseo Laert\u00edada! No difieras por m\u00e1s tiempo ese certamen que ha de efectuarse en el palacio, pues el ingenioso Odiseo vendr\u00e1 antes que ellos, manejando el pulido arco, logren tirar de la cuerda y consigan que la flecha traspase el hierro.<\/p>\n<p>588<\/p>\n<p>D\u00edjole entonces la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>589<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero! Si quisieras deleitarme con tus dichos, sentado junto a m\u00ed, en esta sala, no caer\u00eda ciertamente el sue\u00f1o en mis ojos; mas no es posible que los hombres est\u00e9n sin dormir, porque los inmortales han ordenado que los mortales de la f\u00e9rtil tierra empleen una parte del tiempo en cada cosa.<\/p>\n<p>594<\/p>\n<p>Voyme a la estancia superior y me acostar\u00e9 en mi lecho tan luctuoso, que siempre est\u00e1 regado de l\u00e1grimas desde que Odiseo parti\u00f3 para ver aquella Ili\u00f3n perniciosa y nefanda.<\/p>\n<p>598<\/p>\n<p>All\u00ed descansar\u00e9. Acu\u00e9state t\u00fa en el interior del palacio, teniendo algo por el suelo, o que te hagan una cama.<\/p>\n<p>600<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, subi\u00f3 a la espl\u00e9ndida habitaci\u00f3n superior no yendo sola, pues la acompa\u00f1aban las esclavas. Y en llegando con ellas a lo alto de la casa, ech\u00f3se a llorar por Odiseo, su caro marido, hasta que Atenea, la de ojos de lechuza, le difundi\u00f3 en los p\u00e1rpados el dulce sue\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XIX 1 Qued\u00f3se en el palacio el divinal Odiseo y, junto con Atenea, pensaba en la matanza de los pretendientes cuando de s\u00fabito dijo a Tel\u00e9maco estas aladas palabras: 4 \u2014\u00a1Tel\u00e9maco! 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