{"id":916,"date":"2010-11-27T00:33:54","date_gmt":"2010-11-26T22:33:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=916"},"modified":"2010-11-27T00:33:54","modified_gmt":"2010-11-26T22:33:54","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xviii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xviii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XVIII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XVIII<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 entonces un mendigo que andaba por todo el pueblo; el cual ped\u00eda limosna en la ciudad de Itaca, se se\u00f1alaba por su vientre glot\u00f3n -por comer y beber incesantemente- y hall\u00e1base falto de fuerza y de vigor, aunque ten\u00eda gran presencia. Arneo era su nombre, el que al nacer le puso su veneranda madre; pero llam\u00e1banle Iro todos los j\u00f3venes, porque hac\u00eda los mandados que se le ordenaban. Intent\u00f3 el tal sujeto, cuando lleg\u00f3, echar a Odiseo de su propia casa e insult\u00f3le con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>10<\/p>\n<p>\u2014Ret\u00edrate del umbral, oh viejo, para que no hayas de verte muy pronto asido de un pie y arrastrado afuera. No adviertes que todos me gui\u00f1an el ojo, instig\u00e1ndome a que te arrastre, y no lo hago porque me da verg\u00fcenza? Mas, ea, \u00e1lzate, si no quieres que en la disputa lleguemos a las manos\u00bb.<\/p>\n<p>14<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndole con torva faz, le respondi\u00f3 el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>15<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Infeliz! Ning\u00fan da\u00f1o te causo, ni de palabra ni de obra; ni me opongo a que te den, aunque sea mucho. En este umbral hay sitio para entrambos y no has de envidiar las cosas de otro; me parece que eres un guit\u00f3n como yo y son las deidades quienes env\u00edan la opulencia. Pero no me provoques demasiado a venir a las manos, ni excites mi c\u00f3lera: no sea que, viejo como soy, te llene de sangre el pecho y los labios; y as\u00ed gozar\u00eda ma\u00f1ana de mayor descanso, pues no creo que asegundaras la vuelta a la mansi\u00f3n de Odiseo Laert\u00edada.<\/p>\n<p>25<\/p>\n<p>Contest\u00f3le, muy enojado, el vagabundo Iro:<\/p>\n<p>26<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, dioses! \u00a1Cu\u00e1n atropelladamente habla el glot\u00f3n, que parece la vejezuela del horno! Algunas cosas malas pudiera tramar contra \u00e9l: golpe\u00e1ndole con mis brazos, le echar\u00eda todos los dientes de las mand\u00edbulas al suelo como a una marrana que destruye las mieses. C\u00ed\u00f1ete ahora, a fin de que \u00e9stos nos juzguen en el combate. Pero \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1s luchar con un hombre m\u00e1s joven?<\/p>\n<p>32<\/p>\n<p>De tal modo se zaher\u00edan ambos con gran enojo en el pulimentado umbral, delante de las elevadas puertas. Advirti\u00f3lo la sacra potestad de Ant\u00ednoo y con dulce risa dijo a los pretendientes:<\/p>\n<p>36<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Amigos! Jam\u00e1s hubo una diversi\u00f3n como la que un dios nos ha tra\u00eddo a esta casa. El forastero e Iro ri\u00f1en y est\u00e1n por venirse a las manos; hagamos que peleen cuanto antes.<\/p>\n<p>40<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Todos se levantaron con gran risa y se pusieron alrededor de los andrajosos mendigos. Y Ant\u00ednoo, hijo de Eupites, d\u00edjoles de esta suerte:<\/p>\n<p>43<\/p>\n<p>\u2014O\u00edd, ilustres pretendientes, lo que voy a proponeros. De los vientres de cabra que llenamos de gordura y de sangre y pusimos a la lumbre para la cena, escoja el que quiera aquel que salga vencedor por mas fuerte; y en lo sucesivo comer\u00e1 con nosotros y no dejaremos que entre ning\u00fan otro mendigo a pedir limosna.<\/p>\n<p>50<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3 Ant\u00ednoo y a todos les plugo cuanto dijo. Pero el ingenioso Odiseo, meditando enga\u00f1os, habl\u00f3les de esta suerte:<\/p>\n<p>52<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, amigos! Aunque no es justo que un hombre viejo y abrumado por la desgracia luche con otro m\u00e1s joven, el mal\u00e9fico vientre me instiga a aceptar el combate para sucumbir a los golpes que me dieren. Ea, pues, prometed todos con firme juramento que ninguno, para socorrer a Iro, me golpear\u00e1 con pesada mano, procediendo inicuamente y empleando la fuerza para someterme a aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>58<\/p>\n<p>As\u00ed dijo, y todos juraron, como se lo mandaba. Y tan pronto como hubieron acabado de prestar el juramento, el esforzado y divinal Tel\u00e9maco habl\u00f3les con estas palabras:<\/p>\n<p>61<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hu\u00e9sped! Si tu coraz\u00f3n y tu \u00e1nimo valiente te impulsan a quitar a \u00e9se de en medio, no temas a ning\u00fan otro de los aqueos; pues con muchos tendr\u00eda que luchar quien te pegare. Yo soy aqu\u00ed el que da hospitalidad, y aprueban mis palabras los reyes Ant\u00ednoo y Eur\u00edmaco, prudentes ambos.<\/p>\n<p>66<\/p>\n<p>As\u00ed le dijo, y todos lo aprobaron. Odiseo se ci\u00f1\u00f3 los andrajos ocultando las partes verendas, y mostr\u00f3 sus muslos hermosos y grandes; asimismo dej\u00e1ronse ver las anchas espaldas, el pecho y los fuertes brazos; y Atenea, poni\u00e9ndose a su lado, acrecent\u00f3le los miembros al pastor de hombres. Admir\u00e1ronse much\u00edsimo los pretendientes y uno de ellos dijo al que ten\u00eda mas cercano:<\/p>\n<p>73<\/p>\n<p>\u2014Pronto a Iro, al infortunado Iro, le alcanzar\u00e1 el mal que se busc\u00f3. \u00a1Tal muslo ha descubierto el viejo, al quitarse los andrajos!<\/p>\n<p>75<\/p>\n<p>As\u00ed dec\u00edan; y a Iro se le turb\u00f3 el \u00e1nimo miserablemente. Mas con todo eso ci\u00f1\u00e9ronle a viva fuerza los criados, y sac\u00e1ronlo lleno de temor, pues las carnes le temblaban en sus miembros. Y Ant\u00ednoo le reprendi\u00f3, dici\u00e9ndole de esta guisa:<\/p>\n<p>79<\/p>\n<p>\u2014Ojal\u00e1 no existieras, fanfarr\u00f3n, ni hubieses nacido, puesto que tiemblas y temes de tal modo a un viejo abrumado por el infortunio que le persigue. Lo que voy a decir se cumplir\u00e1. Si \u00e9se quedare vencedor por tener m\u00e1s fuerza, te echar\u00e9 en una negra embarcaci\u00f3n y te mandar\u00e9 al continente al rey Equeto, plaga de todos los mortales, que te cortar\u00e1 la nariz y las orejas con el cruel bronce y te arrancar\u00e1 las verg\u00fcenzas para d\u00e1rselas crudas a los perros.<\/p>\n<p>88<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y a Iro creci\u00f3le el temblor que agitaba sus miembros. Conduj\u00e9ronlo al centro y entrambos contendientes levantaron los brazos. Entonces pens\u00f3 el paciente y divinal Odiseo si le dar\u00eda tal golpe a Iro que el alma se le fuera en cayendo a tierra, o le dar\u00eda con m\u00e1s suavidad, derrib\u00e1ndolo al suelo. Y despu\u00e9s de considerarlo bien, le pareci\u00f3 que lo mejor ser\u00eda pegarle suavemente, para no ser reconocido por los aqueos. Alzados los brazos, Iro dio un golpe a Odiseo en el hombro derecho; y Odiseo tal pu\u00f1ada a Iro en la cerviz, debajo de la oreja, que le quebrant\u00f3 los huesos all\u00e1 en el interior y le hizo echar roja sangre por la boca; cay\u00f3 Iro y, tendido en el polvo, rechin\u00f3 los dientes y pate\u00f3 con los pies la tierra; y en tanto los ilustres pretendientes levantaban los brazos y se mor\u00edan de risa. Pero Odiseo cogi\u00f3 a Iro del pie y arrastr\u00e1ndolo por el vest\u00edbulo hasta llegar al patio y a las puertas del p\u00f3rtico, lo asent\u00f3 recost\u00e1ndolo contra la cerca, le puso un bast\u00f3n en la mano y le dirigi\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>105<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9date ah\u00ed sentado para ahuyentar a los puercos y a los canes; y no quieras, siendo tan ruin, ser el se\u00f1or de los hu\u00e9spedes y de los pobres; no sea que te atraigas un da\u00f1o a\u00fan peor que el de ahora.<\/p>\n<p>108<\/p>\n<p>Dijo, y colg\u00e1ndose del hombro el astroso zurr\u00f3n lleno de agujeros, con su cuerda retorcida, volvi\u00f3se al umbral y all\u00ed tom\u00f3 asiento. Y entrando los dem\u00e1s, que se re\u00edan placenteramente, le festejaron con estas palabras:<\/p>\n<p>112<\/p>\n<p>\u2014Zeus y los inmortales dioses te den, oh hu\u00e9sped, lo que m\u00e1s anheles y a tu \u00e1nimo le sea grato, ya que has conseguido que ese pordiosero insaciable deje de mendigar por el pueblo; pues en seguida lo llevaremos al continente, al rey Equeto, plaga de todos los mortales.<\/p>\n<p>117<\/p>\n<p>As\u00ed dijeron; y el divinal Odiseo holg\u00f3 del presagio. Ant\u00ednoo le puso delante un vientre grand\u00edsimo, lleno de gordura y de sangre, y Anf\u00ednomo le sirvi\u00f3 dos panes, que sac\u00f3 del canastillo, ofreci\u00f3le vino en copa de oro, y le habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>122<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Salve, padre hu\u00e9sped! S\u00e9 dichoso en lo sucesivo, ya que ahora te abruman tantos males.<\/p>\n<p>124<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>125<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Anf\u00ednomo! Me pareces muy discreto, como hijo de tal padre. Lleg\u00f3 a mis o\u00eddos la buena fama que el duliquiense Niso gozaba de bravo y de rico; dicen que \u00e9l te ha engendrado, y en verdad que tu apariencia es la de un var\u00f3n afable. Por esto voy a decirte una cosa, y t\u00fa atiende y \u00f3yeme. La tierra no cr\u00eda animal alguno inferior al hombre, entre cuantos respiran y se mueven sobre el suelo. No se figura el hombre que haya de padecer infortunios mientras las deidades le otorgan la felicidad y sus rodillas se mueven; pero cuando los bienaventurados dioses le mandan la desgracia, ha de cargar con ella mal de su grado, con \u00e1nimo paciente, pues es tal el pensamiento de los terrestres varones, que se muda seg\u00fan el d\u00eda que les trae el padre de los hombres y de los dioses. Tambi\u00e9n yo, en otro tiempo, ten\u00eda que ser feliz entre los hombres; pero comet\u00ed repetidas maldades, aprovech\u00e1ndome de mi fuerza y de mi poder y confiando en mi padre y en mis hermanos. Nadie, por consiguiente, sea injusto en cosa alguna antes bien disfrute sin ruido las d\u00e1divas que los n\u00famenes le deparen. Reparo que los pretendientes maquinan muchas iniquidades consumiendo las posesiones y ultrajando a la esposa de un var\u00f3n que te aseguro que no estar\u00e1 largo tiempo apartado de sus amigos y de su patria, porque ya se halla muy cerca de nosotros. Ojal\u00e1 un dios te conduzca a tu casa y no te encuentres con \u00e9l cuando torne a la patria tierra; que no ha de ser incruenta la lucha que entable con los pretendientes tan luego como vuelva a vivir debajo de la techumbre de su morada.<\/p>\n<p>151<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3 y hecha la libaci\u00f3n, bebi\u00f3 el dulce vino y puso nuevamente la copa en manos del pr\u00edncipe de hombres. Este se fue por la casa, con el coraz\u00f3n angustiado y meneando la cabeza, pues su \u00e1nimo le presagiaba desventuras; aunque no por eso hab\u00eda de librarse de la muerte, pues Atenea lo detuvo a fin de que cayera vencido por las manos y la robusta lanza de Tel\u00e9maco. Mas entonces volvi\u00f3se a la silla que antes hab\u00eda ocupado.<\/p>\n<p>158<\/p>\n<p>Entre tanto Atenea, la deidad de ojos de lechuza, puso en el coraz\u00f3n de la discreta Penelopea, hija de Icario, el deseo de mostrarse a los pretendientes para que se les alegrar\u00e1 grandemente el \u00e1nimo y fuese ella m\u00e1s honrada que nunca por su esposo y por su hijo. Ri\u00f3se Penelopea sin motivo y profiri\u00f3 estas palabras:<\/p>\n<p>164<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eur\u00ednome! Mi \u00e1nimo desea lo que antes no apetec\u00eda: que me muestre a los pretendientes, aunque a todos los detesto. Quisiera hacerle a mi hijo una advertencia, que le ser\u00e1 provechosa: que no trate de continuo a estos soberbios que dicen buenas palabras y maquinan acciones inicuas.<\/p>\n<p>169<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le Eur\u00ednome, la despensera:<\/p>\n<p>170<\/p>\n<p>\u2014Si, hija, es muy oportuno cuanto acabas de decir. Ve, hazle a tu hijo esa advertencia y nada le ocultes, pero antes lava tu cuerpo y unge tus mejillas: no te presentes con el rostro afeado por las l\u00e1grimas que es mal\u00edsima cosa afligirse siempre y sin descanso, ahora que tu hijo ya tiene la edad que anhelabas cuando ped\u00edas a las deidades que pudieses verle barbilucio.<\/p>\n<p>177<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>178<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eur\u00ednome! Aunque andes sol\u00edcita de mi bien, no me aconsejes tales cosas -que lave mi cuerpo y me unja con aceite-, pues destruyeron mi beleza los dioses que habitan el Olimpo cuando aqu\u00e9l se fue en las c\u00f3ncavas naves. Pero manda que Aut\u00f3noe e Hipodamia vengan y me acompa\u00f1ar\u00e1n por el palacio; que sola no ir\u00eda adonde est\u00e1n los hombres, porque me da verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>185<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y la vieja se fue por el palacio a decirlo a las mujeres y mandarles que se presentaran.<\/p>\n<p>187<\/p>\n<p>Entonces Atenea, la deidad de ojos de lechuza, orden\u00f3 otra cosa. Infundi\u00f3le dulce sue\u00f1o a la hija de Icario, que se qued\u00f3 recostada en el lecho y todas las articulaciones se le relajaron; acto continuo la divina entre las diosas la favoreci\u00f3 con inmortales dones, para que la admiraran los aqueos; primeramente le lav\u00f3 la bella faz con ambros\u00eda, que aumenta la hermosura, del mismo modo que se unge Citerea, la de linda corona, cuando va al amable coro de las C\u00e1rites; y luego hizo que pareciese m\u00e1s alta y m\u00e1s gruesa, y que su blancura aventajara la del marfil recientemente labrado.<\/p>\n<p>197<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de lo cual, parti\u00f3 la divina entre las diosas.<\/p>\n<p>198<\/p>\n<p>Llegaron del interior de la casa hablando, las doncellas de n\u00edveos brazos, y el dulce sue\u00f1o dej\u00f3 a Penelopea, que se enjug\u00f3 las mejillas con las manos y habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>201<\/p>\n<p>\u2014Blando sopor se apoder\u00f3 de mi, que estoy tan apenada. Ojal\u00e1 que ahora mismo me diera la casta Artemis una muerte tan dulce, para que no tuviese que consumir mi vida lament\u00e1ndome en mi coraz\u00f3n y echando de menos las cualidades de toda especie que adornaban a mi esposo, el m\u00e1s se\u00f1alado de todos los aqueos.<\/p>\n<p>206<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, baj\u00f3 del magn\u00edfico aposento superior, no yendo sola, sino acompa\u00f1ada de dos esclavas. Cuando la divina entre las mujeres hubo llegado adonde estaban los pretendientes, par\u00f3se ante la columna que sosten\u00eda el techo s\u00f3lidamente construido con las mejillas cubiertas por espl\u00e9ndido velo y una honrada doncella a cada lado. Los pretendientes sintieron flaquear sus rodillas, fascinada su alma por el amor, y todos deseaban acostarse con Penelopea en su mismo lecho.<\/p>\n<p>214<\/p>\n<p>Mas ella habl\u00f3 de esta suerte a Tel\u00e9maco, su hijo amado:<\/p>\n<p>215<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Ya no tienes ni firmeza de voluntad ni juicio. Cuando estabas en la ni\u00f1ez, revolv\u00edas en tu inteligencia pensamientos m\u00e1s sensatos; pero ahora que eres mayor por haber llegado a la flor de la juventud, y que un extranjero, al contemplar tu estatura y tu belleza, considerar\u00eda dichoso al var\u00f3n de quien eres prole, no muestras ni recta voluntad ni tampoco juicio. \u00a1Qu\u00e9 acci\u00f3n no se ha ejecutado en esta sala, donde permitiste que se maltratara a un hu\u00e9sped de semejante modo! \u00bfQu\u00e9 suceder\u00e1 si el hu\u00e9sped que se halla en nuestra morada es blanco de una vejaci\u00f3n tan penosa? La verg\u00fcenza y el oprobio caer\u00e1n sobre ti, a la faz de todos los hombres.<\/p>\n<p>226<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>227<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Madre m\u00eda! No me causa indignaci\u00f3n que est\u00e9s irritada, mas ya en mi \u00e1nimo conozco y entiendo muchas cosas buenas y malas, pues hasta ahora he sido un ni\u00f1o. Esto no obstante, me es imposible resolverlo todo prudentemente, porque me turban los que se sientan en torno m\u00edo, pensando cosas inicuas, y no tengo quien me auxilie. El combate del hu\u00e9sped con Iro no se efectu\u00f3, por haberlo acordado los pretendientes y fue aqu\u00e9l quien tuvo m\u00e1s fuerza. Ojal\u00e1 \u00a1oh padre Zeus, Atenea, Apolo!, que los pretendientes ya hubieran sido vencidos en este palacio y se hallaran, unos en el patio y otros dentro de la sala, con la cabeza ca\u00edda y los miembros relajados, del mismo modo que Iro, sentado a la puerta del patio, mueve la cabeza como un ebrio y no logra ponerse en pie ni volver a su morada por donde sol\u00eda ir, porque tiene los miembros relajados.<\/p>\n<p>243<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. Y Eur\u00edmaco habl\u00f3 con estas palabras a Penelopea:<\/p>\n<p>245<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hija de Icario! \u00a1Discreta Penelopea ! Si todos los aqueos te viesen en Argos de Yaso, muchos m\u00e1s ser\u00edan los pretendientes que desde el amanecer celebrasen banquetes en tu palacio, porque sobresales entre las mujeres por su belleza, por tu talle y por tu buen juicio.<\/p>\n<p>250<\/p>\n<p>Contest\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>251<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eur\u00edmaco! Mis atractivos -la hermosura y la gracia de mi cuerpo- destruy\u00e9ronlos los inmortales cuando los argivos partieron para Ili\u00f3n, y se fue con ellos mi esposo Odiseo. Si \u00e9ste, volviendo, cuidara de mi vida, mayor y m\u00e1s bella ser\u00eda mi gloria. Ahora estoy angustiada por tantos males como me envi\u00f3 alg\u00fan dios. Por cierto que Odiseo, al dejar la tierra patria, me tom\u00f3 por la diestra y me habl\u00f3 de esta guisa:<\/p>\n<p>259<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh mujer! No creo que todos los aqueos de hermosas grebas tornen de Troya sanos y salvos pues dicen que los teucros son belicosos, sumamente h\u00e1biles en tirar dardos y flechas, y peritos en montar carros de veloces corceles, que suelen decidir muy pronto la suerte de un empe\u00f1ado y dudoso combate. No s\u00e9, por tanto, si alg\u00fan dios me dejar\u00e1 volver o sucumbir en Troya. Todo lo de aqu\u00ed quedar\u00e1 a tu cuidado; acu\u00e9rdate, mientras est\u00e9s en el palacio, de mi padre y de mi madre, como lo haces ahora o m\u00e1s a\u00fan durante mi ausencia; y as\u00ed que notes que a nuestro hijo le asoma la barba, c\u00e1sate con quien quieras y desampara esta morada.\u00bb As\u00ed habl\u00f3 aqu\u00e9l y todo se va cumpliendo. Vendr\u00e1 la noche en que ha de celebrarse el casamiento tan odioso para m\u00ed, \u00a1oh infeliz!, a quien Zeus ha privado de toda ventura. Pero un pesar terrible me llega al coraz\u00f3n y al alma, porque antes de ahora no se portaban de tal modo los pretendientes. Los que pretenden a una mujer ilustre, hija de un hombre opulento, y compiten entre s\u00ed por alcanzarla, traen bueyes y ping\u00fces ovejas para dar convite a los amigos de la novia, h\u00e1cenle espl\u00e9ndidos regalos y no devoran impunemente los bienes ajenos.<\/p>\n<p>281<\/p>\n<p>As\u00ed dijo, y el paciente divinal Odiseo se holg\u00f3 de que les sacase regalos y les lisonjeara el \u00e1nimo con dulces palabras, cuando era tan diferente lo que en su inteligencia revolv\u00eda.<\/p>\n<p>284<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le Ant\u00ednoo, hijo de Eupites:<\/p>\n<p>285<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hija de Icario! \u00a1Prudente Penelopea! Admite los regalos que cualquiera de los aqueos te trajere, porque no est\u00e1 bien que se rehuse una d\u00e1diva; pero nosotros ni volveremos a nuestros campos, ni nos iremos a parte alguna, hasta que te cases con quien sea el mejor de los aqueos.<\/p>\n<p>290<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3 Ant\u00ednoo; a todos les plugo cuanto dijo, y cada uno envi\u00f3 su propio heraldo para que le trajese los presentes. El de Ant\u00ednoo le trajo un pleplo grande, hermos\u00edsimo, bordado, que ten\u00eda doce hebillas de oro sujetas por sendos anillos muy bien retorcidos. El de Eur\u00edmaco le present\u00f3 luego un collar magn\u00edficamente labrado, de oro engastado en electro, que parec\u00eda un sol. Dos servidores le trajeron a Euridamante unos pendientes de tres piedras preciosas grandes como ojos, espl\u00e9ndidas, de gracioso brillo. Un siervo trajo de la casa del pr\u00edncipe Pisandro Polict\u00f3rida un collar, que era un adorno bell\u00edsimo, y otros aqueos mandaron a su vez otros regalos. Y la divina entre las mujeres volvi\u00f3 luego a la estancia superior con las esclavas, que se llevaron los magn\u00edficos presentes.<\/p>\n<p>304<\/p>\n<p>Los pretendientes volvieron a solazarse con la danza y el deleitoso canto, aguardando que llegase la noche. Sobrevino la obscura noche cuando a\u00fan se divert\u00edan, y entonces colocaron en la sala tres tederos para que alumbrasen, amontonaron a su alrededor le\u00f1a seca cortada desde mucho tiempo, muy dura, y partida recientemente con el bronce, mezclaron teas con la misma, y las esclavas de Odiseo, de \u00e1nimo paciente, cuidaban por turno de mantener el fuego. A ellas el ingenioso Odiseo, del linaje de Zeus, les dijo de esta suerte:<\/p>\n<p>313<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mozas de Odiseo, del rey que se halla ausente desde largo tiempo! Idos a la habitaci\u00f3n de la venerable reina y dad vueltas a los husos y alegradla, sentadas en su estancia, o cardad lana con vuestras manos, que yo cuidar\u00e9 de alumbrarles a todos los que est\u00e1n aqu\u00ed. Pues aunque deseen esperar a Eos de hermoso trono, no me cansar\u00e1n, que estoy habituado a sufrir mucho.<\/p>\n<p>320<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; ellas se rieron, mir\u00e1ndose las unas a las otras, e increp\u00f3le groseramente Melanto, la de bellas mejillas, a la cual engendr\u00f3 Dolio y cri\u00f3 y educ\u00f3 Penelopea como a hija suya, d\u00e1ndole cuanto le pudiese recrear el \u00e1nimo; mas con todo eso, no compart\u00eda los pesares de Penelopea y se juntaba con Eur\u00edmaco, de quien era amante.<\/p>\n<p>326<\/p>\n<p>Esta, pues, zahiri\u00f3 a Odiseo con injuriosas palabras:<\/p>\n<p>327<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Miserable forastero! Est\u00e1s falto de juicio y en vez de irte a dormir a una herrer\u00eda o a la Lesque, hablas aqu\u00ed largamente y con audacia ante tantos varones sin que el \u00e1nimo se te turbe: o el vino te trastorn\u00f3 el seso, o tienes este genio, y tal es la causa de que digas necedades. \u00bfAcaso te desvanece la victoria que conseguiste contra el vagabundo Iro? Mira no se levante de s\u00fabito alguno m\u00e1s valiente que Iro, que te golpee la cabeza con su mano robusta y te arroje de la casa, llen\u00e1ndote de sangre.<\/p>\n<p>337<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndola con torva faz, exclam\u00f3 el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>338<\/p>\n<p>\u2014Voy ahora mismo a contarle a Tel\u00e9maco lo que dices, \u00a1perra!, para que aqu\u00ed mismo te despedace.<\/p>\n<p>340<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed espant\u00f3 con sus palabras a las mujeres. Fu\u00e9ronse \u00e9stas por la casa, y las piernas les flaqueaban del gran temor, pues figur\u00e1banse que hab\u00eda hablado seriamente. Y Odiseo se qued\u00f3 junto a los encendidos tederos, cuidando de mantener la lumbre y dirigiendo la vista a los que all\u00ed estaban, mientras en su pecho revolv\u00eda otros pensamientos que no dejaron de llevarse al cabo.<\/p>\n<p>346<\/p>\n<p>Pero tampoco permiti\u00f3 Atenea aquella vez que los ilustres pretendientes se abstuvieran del todo de la dolorosa injuria, a fin de que el pesar atormentara a\u00fan m\u00e1s el coraz\u00f3n de Odiseo Laert\u00edada. Y Eur\u00edmaco, hijo de P\u00f3libo, comenz\u00f3 a hablar para hacer mofa de Odiseo, caus\u00e1ndoles risa a sus compa\u00f1eros:<\/p>\n<p>351<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme, pretendientes de la ilustre reina, para que os manifieste lo que en el pecho el \u00e1nimo me ordena deciros! No sin la voluntad de los dioses vino ese hombre a la casa de Odiseo. Par\u00e9ceme como si el resplandor de las antorchas saliese de \u00e9l y de su cabeza, en la cual ya no queda cabello alguno.<\/p>\n<p>356<\/p>\n<p>Dijo; y luego habl\u00f3 de esta manera a Odiseo, asolador de ciudades:<\/p>\n<p>357<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hu\u00e9sped! \u00a1Querr\u00edas servirme en un rinc\u00f3n de mis campos, si te tomase a jornal -y te lo diera muy cumplido- atando setos y plantando \u00e1rboles grandes? Yo te facilitar\u00eda pan todo el a\u00f1o, y vestidos, y calzado para tus pies. Mas como ya eres ducho en malas obras, no querr\u00e1s aplicarte al trabajo, sino tan s\u00f3lo pedir limosna por la poblaci\u00f3n a fin de poder llenar tu vientre insaciable.<\/p>\n<p>365<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>366<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eur\u00edmaco! Si nosotros hubi\u00e9ramos de competir sobre el trabajo de la siega en la estaci\u00f3n vernal, cuando los d\u00edas son m\u00e1s largos, y yo tuviese una bien corvada hoz y tu otra tal para probarnos en la faena, y nos qued\u00e1ramos en ayunas hasta el anochecer, y la hierba no faltara; o si conviniera guiar unos magn\u00edficos bueyes de luciente pelaje, grandes, hartos de hierba, parejos en la edad, de una carga, cuyo vigor no fuera menguado, para la labranza de un campo de cuatro jornales y de tan buen tempero que los terrones cediesen al arado: ver\u00edasme rompiendo un no interrumpido surco. Y de igual modo, si el Croni\u00f3n suscitara hoy una guerra en cualquier parte y yo tuviese un escudo, dos lanzas y un casco de bronce que se adaptara a mis sienes, ver\u00edasme mezclado con los que mejor y m\u00e1s adelante lucharan, y ya no me increpar\u00edas por mi vientre como ahora. Pero t\u00fa te portas con gran insolencia, tienes \u00e1nimo cruel y quiz\u00e1s presumas de grande y fuerte, porque est\u00e1s entre pocos y no de los mejores. Si Odiseo tornara y volviera a su patria, estas puertas tan anchas te ser\u00edan angostas cuando salieses huyendo por el zagu\u00e1n.<\/p>\n<p>387<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Irrit\u00f3se Eur\u00edmaco todav\u00eda m\u00e1s en su coraz\u00f3n y encar\u00e1ndole la torva vista, le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>389<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, miserable! Pronto he de imponerte el castigo que mereces por la audacia con que hablas ante tantos varones y sin que tu \u00e1nimo se turbe: o el vino te trastorn\u00f3 el seso, o tienes este natural, y tal es la causa de que digas necedades. \u00bfTe desvanece acaso la victoria que conseguiste contra el vagabundo Iro?<\/p>\n<p>394<\/p>\n<p>En acabando de hablar, cogi\u00f3 un escabel; pero, como Odiseo, temi\u00e9ndole, se sentara en las rodillas del duliquiense Anf\u00ednomo, acert\u00f3 al copero en la mano derecha; el jarro de \u00e9ste cay\u00f3 a tierra con gran estr\u00e9pito, y \u00e9l fue a dar, gritando, de espaldas en el polvo. Los pretendientes mov\u00edan alboroto en la obscura sala, y uno de ellos dijo al que ten\u00eda mas cerca:<\/p>\n<p>401<\/p>\n<p>\u2014Ojal\u00e1 acabara sus d\u00edas el forastero, vagando por otros lugares antes que viniese; y as\u00ed no hubiera originado este gran tumulto. Ahora disputamos por los mendigos; y ni en el banquete se hallar\u00e1 placer alguno porque prevalece lo peor.<\/p>\n<p>405<\/p>\n<p>Y el esforzado y divinal Tel\u00e9maco les habl\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>406<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Desgraciados! Os volv\u00e9is locos y vuestro \u00e1nimo ya no puede disimular los efectos de la comida y del vino: alg\u00fan dios os excita sin duda. Mas, ya que comisteis bien, vaya cada cual a recogerse a su casa, cuando el \u00e1nimo se lo aconseje; que yo no pienso echar a nadie.<\/p>\n<p>410<\/p>\n<p>Esto les dijo; y todos se mordieron los labios, admir\u00e1ndose de que Tel\u00e9maco les hablase con tanta audacia. Y Anf\u00ednomo, el preclaro hijo del rey Niso Aret\u00edada, les areng\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>414<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Amigos! Nadie Se irrite oponiendo contrarias razones al dicho justo de Tel\u00e9maco; y no maltrat\u00e9is al hu\u00e9sped, ni a ninguno de los esclavos que moran en la casa del divino Odiseo; Mas ea, comience el escanciano a repartir las copas para que, en haciendo la libaci\u00f3n, nos vayamos a recoger en nuestras casas y dejaremos que el hu\u00e9sped se quede en el palacio de Odiseo, al cuidado de Tel\u00e9maco, ya que a la morada de \u00e9ste enderez\u00f3 el camino.<\/p>\n<p>422<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y el discurso les plugo a todos. El h\u00e9roe Mulio, heraldo duliquiense y criado de Anf\u00ednomo, mezcl\u00f3 la bebida en una cratera, y sirvi\u00f3la a cuantos se hallaban presentes, llev\u00e1ndosela por su orden: y ellos despu\u00e9s de ofrecer la libaci\u00f3n a los bienaventurados dioses, bebieron el dulce vino. Mas despu\u00e9s que hubieron libado y bebido cuanto desearon, cada cual se fue a acostar a su propia casa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XVIII 1 Lleg\u00f3 entonces un mendigo que andaba por todo el pueblo; el cual ped\u00eda limosna en la ciudad de Itaca, se se\u00f1alaba por su vientre glot\u00f3n -por comer y beber incesantemente- y hall\u00e1base falto de fuerza y de vigor, aunque ten\u00eda gran presencia. Arneo era su nombre, el\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xviii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1012,1039,1015,1034,1289,1288,1057,1051,1025,1033,2681],"class_list":["post-916","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-belleza","tag-flor","tag-guerra","tag-homero","tag-odisea","tag-pensamiento","tag-planta","tag-rosa","tag-vino","tag-xviii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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