{"id":915,"date":"2010-11-27T00:33:12","date_gmt":"2010-11-26T22:33:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=915"},"modified":"2010-11-27T00:33:12","modified_gmt":"2010-11-26T22:33:12","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xvii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xvii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XVII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XVII<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>As\u00ed que se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, Tel\u00e9maco, hijo amado del divino Odiseo, at\u00f3 a sus pies hermosas sandalias, asi\u00f3 una fornida lanza que se adaptaba a su mano y, disponi\u00e9ndose a partir para la ciudad, habl\u00f3 de este modo a su porquerizo:<\/p>\n<p>6<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Abuelo! Voyme a la ciudad, para que me vea mi madre: pues no creo que deje el triste llanto, ni el luctuoso gemir, hasta que nuevamente me haya visto. A ti te ordeno que lleves al infeliz hu\u00e9sped a la poblaci\u00f3n, a fin de que mendigue en ella para comer, y el que quiera le dar\u00e1 un mendrugo y una copa de vino, pues yo tengo el \u00e1nimo apesarado y no puedo hacerme cargo de todos los hombres. Y si el hu\u00e9sped se irritase mucho, peor para \u00e9l; que a mi me gusta decir las verdades.<\/p>\n<p>16<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>17<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Amigo! Tambi\u00e9n yo prefiero que no me detengan, pues m\u00e1s le conviene a un pobre mendigar la comida por la ciudad que por los campos. Me dar\u00e1 el que quiera. Por mi edad ya no estoy para quedarme en la majada y obedecer a un amo en todas las cosas que me ordene. Vete, pues, que a m\u00ed me acompa\u00f1ar\u00e1 ese hombre a quien se lo mandas, tan pronto como me caliente al fuego y venga el calor del d\u00eda: no fuera que, hall\u00e1ndose en tan mal estado mis vestiduras, el fr\u00edo de la ma\u00f1ana acabase conmigo, pues dec\u00eds que la ciudad est\u00e1 lejos.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 26<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Sali\u00f3 Tel\u00e9maco de la majada andando a buen paso y maquinando males contra los pretendientes. Cuando lleg\u00f3 al c\u00f3modo palacio, arrim\u00f3 su lanza a una columna y entr\u00f3se m\u00e1s adentro, pasando el lap\u00eddeo umbral.<br \/>\n\u00a0<\/p>\n<p>31<\/p>\n<p>Viole la primera de todas Euriclea, su nodriza, que se ocupaba en cubrir con pieles los labrados asientos, y corri\u00f3 a su encuentro derramando l\u00e1grimas. Asimismo se juntaron a su alrededor las dem\u00e1s esclavas de Odiseo, de \u00e1nimo paciente, y todas le abrazaron, bes\u00e1ndole la cabeza y los hombros.<\/p>\n<p>36<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de su estancia la discreta Penelopea, que parec\u00eda Artemis o la \u00e1urea Afrodita; y, muy llorosa ech\u00f3 los brazos sobre el hijo amado bes\u00f3le la cabeza y los lindos ojos, y dijo, sollozando, estas aladas palabras:<\/p>\n<p>41<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Has vuelto, Tel\u00e9maco, mi dulce luz! Ya no pensaba verte m\u00e1s desde que te fuiste en la nave de Pilos, ocultamente y contra mi deseo, en busca de noticias de tu padre. Mas, ea, rel\u00e1tame lo que hayas visto.<\/p>\n<p>45<\/p>\n<p>Contest\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>46<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Madre m\u00eda! Ya que me he salvado de una terrible muerte, no me incites a que llore, ni me conmuevas el coraz\u00f3n dentro del pecho; antes bien, vete con tus esclavas a lo alto de la casa, l\u00e1vate, envuelve tu cuerpo en vestidos puros y haz voto de sacrificar a todos los dioses perfectas hecatombes, si Zeus permite que tenga cumplimiento la venganza. Y yo, en tanto, ir\u00e9 al \u00e1gora para llamar a un hu\u00e9sped que se vino conmigo al volver ac\u00e1 y lo envi\u00e9 con los compa\u00f1eros iguales a los dioses, con orden de que Pireo, llev\u00e1ndoselo a su morada, lo tratase con sol\u00edcita amistad y lo honrara hasta que yo viniera.<\/p>\n<p>57<\/p>\n<p>As\u00ed le dijo: y ninguna palabra vol\u00f3 de los labios de Penelopea. Lav\u00f3se \u00e9sta, envolvi\u00f3 su cuerpo en vestidos puros, e hizo voto de sacrificar a todos los dioses perfectas hecatombes, si Zeus permit\u00eda que tuviese cumplimiento la venganza.<\/p>\n<p>61<\/p>\n<p>Tel\u00e9maco sali\u00f3 del palacio, lanza en mano, y dos canes de \u00e1giles pies le siguieron. Y Atenea puso en \u00e9l tal gracia divinal que, al verle llegar, todo el pueblo lo contemplaba con admiraci\u00f3n. Pronto le rodearon los soberbios pretendientes, pronunciando buenas palabras y revolviendo en su esp\u00edritu cosas malas; pero se apart\u00f3 de la gran muchedumbre de ellos y fue a sentarse donde estaban M\u00e9ntor, Antifo y Haliterses, antiguos compa\u00f1eros de su padre, que le hicieron preguntas sobre muchas cosas. Present\u00f3seles Pireo, se\u00f1alado por su lanza, que tra\u00eda el hu\u00e9sped al \u00e1gora, por la ciudad; y Tel\u00e9maco no se qued\u00f3 lejos de \u00e9l, sino que en seguida se le puso al lado. Pireo fue el primero en hablar y dijo de semejante modo:<\/p>\n<p>75<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Manda presto mujeres a mi casa, para que te remita los presentes que te dio Menelao.<\/p>\n<p>77<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>78<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pireo! Aun no sabemos c\u00f3mo acabar\u00e1n estas cosas. Si los soberbios pretendientes, mat\u00e1ndome a traici\u00f3n en el palacio, se repartieran los bienes de mi padre, quiero m\u00e1s que goces t\u00fa de los presentes, que no alguno de ellos; y si yo alcanzare a darles la muerte y la Moira, entonces, estando yo alegre, me los traer\u00e1s alegre a mi morada.<\/p>\n<p>84<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, llev\u00f3se al infortunado hu\u00e9sped a su casa. Llegados al c\u00f3modo palacio, dejaron sus mantos en sillas y sillones, y fueron a ba\u00f1arse en unas ba\u00f1eras muy pulidas. Y una vez lavados y ungidos con aceite por las esclavas, que les pusieron t\u00fanicas y lanosos mantos, salieron del ba\u00f1o y sent\u00e1ronse en sillas. Una esclava dioles aguamanos, que tra\u00eda en magn\u00edfico jarro de oro y verti\u00f3 en fuente de plata, y puso delante de ellos una pulimentada mesa. La veneranda despensera tr\u00e1joles pan y dej\u00f3 en la mesa buen n\u00famero de manjares, obsequi\u00e1ndolos con los que ten\u00eda guardados. Sent\u00f3se la madre enfrente de los dos j\u00f3venes, cerca de la columna en que se apoyaba el techo de la habitaci\u00f3n; y, reclinada en una silla, se puso a sacar de la rueca delgados hilos.<\/p>\n<p>98<\/p>\n<p>Aqu\u00e9llos metieron mano en las viandas que ten\u00edan delante. Y cuando hubieron satisfecho las ganas de beber y de comer, la discreta Penelopea comenz\u00f3 a hablarles de esta suerte:<\/p>\n<p>101<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Me ir\u00e9 a la estancia superior para acostarme en aquel lecho que tan luctuoso es para m\u00ed y que siempre est\u00e1 regado de mis l\u00e1grimas desde que Odiseo se fue a Ili\u00f3n con los Atridas; y a\u00fan no habr\u00e1s querido decirme con claridad, antes que los soberbios pretendientes vuelvan a esta casa, si en alg\u00fan sitio o\u00edste hablar del regreso de tu padre.<\/p>\n<p>107<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>108<\/p>\n<p>\u2014Yo te referir\u00e9, oh madre, la verdad. Fuimos a Pilos para ver a N\u00e9stor, pastor de hombres; el cual me recibi\u00f3 en su excelso palacio y me trat\u00f3 tan sol\u00edcita y amorosamente como un padre al hijo que vuelve tras larga ausencia. \u00a1Con tal solicitud me acogieron \u00e9l y sus gloriosos hijos!<\/p>\n<p>114<\/p>\n<p>Pero me asegur\u00f3 que no hab\u00eda o\u00eddo que ning\u00fan hombre de la tierra hablara del paciente Odiseo, vivo o muerto; y envi\u00f3me al Atrida Menelao, famoso por su lanza, d\u00e1ndome corceles y un s\u00f3lido carro. Vi all\u00ed a la argiva Helena, que fue causa, por la voluntad de los dioses, de que tantas fatigas padecieran argivos y teucros. No tard\u00f3 en preguntarme Menelao, valiente en la pelea, qu\u00e9 necesidad me llevaba a la divina Lacedemonia; yo se lo relat\u00e9 todo sinceramente, y entonces me respondi\u00f3 con estas palabras:<\/p>\n<p>124<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh dioses! En verdad que quieren acostarse en la cama de un var\u00f3n muy esforzado aquellos hombres tan cobardes. As\u00ed como cuando una cierva pone sus hijuelos reci\u00e9n nacidos, de teta todav\u00eda, en la madriguera de un bravo le\u00f3n y se va a pacer por los bosques y los herbosos valles, el le\u00f3n vuelve a la madriguera y da a entrambos cervatillos indigna muerte, de semejante modo tambi\u00e9n Odiseo les ha de dar a aquellos vergonzosa muerte. Ojal\u00e1 se mostrase, \u00a1oh padre Zeus, Atenea, Apolo!, tal como era cuando en la bien construida Lesbos se levant\u00f3 contra el Filomelida, en una disputa, y luch\u00f3 con \u00e9l, lo derrib\u00f3 con \u00edmpetu, de lo cual se alegraron todos los aqueos; si mostr\u00e1ndose tal, se encontrara Odiseo con los pretendientes, fuera corta la vida de \u00e9stos y las bodas les saldr\u00edan muy amargas. Pero en lo que me preguntas y suplicas que te cuente no quisiera apartarme de la verdad ni enga\u00f1arte; y de cuantas cosas me refiri\u00f3 el veraz anciano de los mares, no te callar\u00e9 ni ocultar\u00e9 ninguna. Dijo que lo vio en una isla, abrumado por recios pesares -en el palacio de la ninfa Calipso, que le detiene, por fuerza- y que no le es posible llegar a la patria tierra porque no tiene naves provistas de remos ni compa\u00f1eros que lo conduzcan por el ancho dorso del mar.\u00bb As\u00ed habl\u00f3 el Atrida Menelao, famoso por su lanza. Ejecutadas tales cosas, emprend\u00ed la vuelta, y los inmortales concedi\u00e9ronme pr\u00f3spero viento y me han tra\u00eddo con gran rapidez a mi querida patria.<\/p>\n<p>150<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y ella sinti\u00f3 que en el pecho se le conmov\u00eda el coraz\u00f3n. Entonces Teocl\u00edmeno, semejante a un dios le dijo de esta suerte:<\/p>\n<p>152<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh veneranda esposa de Odiseo Laert\u00edada! Aqu\u00e9l nada sabe con claridad; pero oye mis palabras, que yo te har\u00e9 un vaticinio cierto y no he de ocultarte cosa alguna. Sean testigos primeramente Zeus entre los dioses y luego la mesa hospitalaria y el hogar del intachable Odiseo a que he llegado, de que el h\u00e9roe ya se halla en su patria tierra, sentado o movi\u00e9ndose; tiene noticia de esas inicuas acciones, y maquina males contra todos los pretendientes. Tal augurio observ\u00e9 desde la nave de muchos bancos, como se lo dije a Tel\u00e9maco.<\/p>\n<p>162<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>163<\/p>\n<p>\u2014Ojal\u00e1 se cumpliese lo que dices, oh forastero, que bien pronto conocer\u00edas mi amistad; pues te har\u00eda tantos presentes que te considerar\u00eda dichoso quien contigo se encontrase.<\/p>\n<p>166<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. En tanto divert\u00edanse los pretendientes, delante del palacio de Odiseo, tirando discos y jabalinas en el labrado pavimento donde acostumbraban hacer sus insolencias. Mas cuando fue hora de cenar y vinieron de todos los campos reses conducidas por los pastores que sol\u00edan traerlas, dijo Medonte, el heraldo que m\u00e1s grato les era a los pretendientes y a cuyos banquetes asist\u00eda.<\/p>\n<p>174<\/p>\n<p>\u2014\u00a1J\u00f3venes! Ya que todos hab\u00e9is recreado vuestro \u00e1nimo con los juegos, venid al palacio y dispondremos la cena, pues conviene que se tome en tiempo oportuno.<\/p>\n<p>177<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00f3; y ellos se levantaron y obedecieron sus palabras. LIegados al c\u00f3modo palacio, dejaron sus mantos en sillas y sillones y sacrificaron ovejas, muy crecidas, ping\u00fces cabras, puercos gordos y una gregal vaca, aparejando con ello su banquete.<\/p>\n<p>182<\/p>\n<p>En esto, dispon\u00edanse Odiseo y el divinal porquerizo a partir del campo hacia la ciudad. Y el porquerizo, mayoral de los pastores, comenz\u00f3 a decir:<\/p>\n<p>185<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hu\u00e9sped! Ya que deseas encaminarte hoy mismo a la ciudad como lo orden\u00f3 mi se\u00f1or -yo preferir\u00eda que permanecieses aqu\u00ed para guardar los establos; mas respeto a aqu\u00e9l y temo que me ri\u00f1a, y las increpaciones de los amos son muy pesadas-, ea, v\u00e1monos ahora que ya pas\u00f3 la mayor parte del d\u00eda y pronto vendr\u00e1 la tarde y sentir\u00e1s el fresco.<\/p>\n<p>192<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>193<\/p>\n<p>\u2014Entiendo, h\u00e1gome cargo, lo mandas a quien te comprende. Vamos, pues, y gu\u00edame hasta que lleguemos. Y si has cortado alg\u00fan bast\u00f3n, d\u00e1melo para apoyarme; que os oigo decir que la senda es muy resbaladiza.<\/p>\n<p>197<\/p>\n<p>Dijo, y ech\u00f3se al hombro el astroso zurr\u00f3n lleno de agujeros, con su correa retorcida. Eumeo le entreg\u00f3 el palo que deseaba; y seguidamente emprendieron el camino. Qued\u00e1ronse all\u00ed, custodiando la majada, los perros y los pastores mientras Eumeo conduc\u00eda hacia la ciudad a su rey, transformado en viejo y miserable mendigo que se apoyaba en el bast\u00f3n y llevaba el cuerpo entrapado con feas vestiduras.<\/p>\n<p>204<\/p>\n<p>Mas cuando, recorriendo el \u00e1spero camino, hall\u00e1ronse a poca distancia de la ciudad y llegaron a la labrada fuente de claras linfas de la cual tomaban el agua los ciudadanos -era obra de Itaco, N\u00e9rito y Pol\u00edctor; rode\u00e1bala por todos lados un bosque de \u00e1lamos, que se nutren en la humedad; vert\u00eda el agua, sumamente fresca, desde lo alto de una roca; y en su parte superior se hab\u00eda construido un altar a las ninfas, donde todos los caminantes sacrificaban-, encontr\u00f3se con ellos el hijo de Dolio, Melantio, que llevaba las mejores cabras de sus reba\u00f1os para la cena de los pretendientes, y le segu\u00edan dos pastores. As\u00ed que los vio, increp\u00f3les con palabras amenazadoras y groseras, que conmovieron el coraz\u00f3n de Odiseo:<\/p>\n<p>217<\/p>\n<p>\u2014Ahora se ve muy cierto que un ruin gu\u00eda a otro ruin pues un dios junta siempre a cada cual con su pareja. \u00bfA d\u00f3nde, no envidiable porquero, conduces ese glot\u00f3n, ese mendigo importuno, esa peste de los banquetes, que con su espalda frotar\u00e1 las jambas de muchas puertas, no pidiendo ciertamente tr\u00edpodes ni calderos, sino tan s\u00f3lo mendrugos de pan?<\/p>\n<p>223<\/p>\n<p>Si me lo dieses para guardar mi majada, barrer el establo y llevarles el forraje a los cabritos, beber\u00eda suero y echar\u00eda gordo muslo. Mas, como ya es ducho en malas obras, no querr\u00e1 aplicarse al trabajo; antes ir\u00e1 mendigando por la poblaci\u00f3n para llenar su vientre insaciable. Lo que voy a decir se cumplir\u00e1: si fuere al palacio del divino Odiseo, rozar\u00e1n sus costados muchos escabeles que habr\u00e1n hecho llover sobre su cabeza las manos de aquellos varones.<\/p>\n<p>233<\/p>\n<p>As\u00ed dijo, y, acerc\u00e1ndose, di\u00f3le una coz en la cadera, locamente; pero no le pudo arrojar del camino, sino que el h\u00e9roe permaneci\u00f3 muy firme. Entonces se le ocurri\u00f3 a Odiseo acometerle y quitarle la vida con el palo, o levantarlo un poco y estrellarle la cabeza contra el suelo. Mas al fin sufri\u00f3 el ultraje y contuvo la c\u00f3lera en su coraz\u00f3n. Y el porquerizo baldon\u00f3 al otro, mir\u00e1ndole cara a cara y or\u00f3 fervientemente levantando las manos:<\/p>\n<p>240<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ninfas de las fuentes! \u00a1Hijas de Zeus! Si Odiseo os quem\u00f3 alguna vez los muslos de cordero y de cabritos, cubri\u00e9ndolos de ping\u00fce grasa, cumplidme este voto: Ojal\u00e1 vuelva aquel var\u00f3n, tra\u00eddo por alg\u00fan dios pues \u00e9l te quitar\u00eda toda esa jactancia con que ahora nos insultas, vagando siempre por la ciudad mientras pastores perversos acaban con los reba\u00f1os.<\/p>\n<p>247<\/p>\n<p>Replic\u00f3le el cabrero Melantio:<\/p>\n<p>248<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh dioses! \u00a1Qu\u00e9 dice ese perro, que s\u00f3lo entiende en bellaquer\u00edas! Un d\u00eda me lo tengo de llevar lejos de Itaca, en negro bajel de muchos bancos, para que, vendi\u00e9ndolo, me procure una buena ganancia. Ojal\u00e1 Apolo, que lleva arco de plata, hiriera a Tel\u00e9maco hoy mismo en el palacio, o sucumbiera el joven a manos de los pretendientes; como pereci\u00f3 para Odiseo, lejos de aqu\u00ed, el d\u00eda de su regreso.<\/p>\n<p>254<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, dej\u00f3les atr\u00e1s, pues caminaban lentamente, y lleg\u00f3 muy presto al palacio del rey. Acto continuo entr\u00f3 en \u00e9l, sent\u00e1ndose en medio de los pretendientes, frente a Eur\u00edmaco, que era a quien m\u00e1s quer\u00eda.<\/p>\n<p>258<\/p>\n<p>Sirvi\u00e9ndole unos trozos de carne los que en esto se ocupaban, y tr\u00e1jole pan la veneranda despensera. En tanto, detuvi\u00e9ronse Odiseo y el divinal porquerizo junto al palacio, y oyeron los sones de la hueca c\u00edtara, pues Femio empezaba a cantar. Y tomando aqu\u00e9l la mano del porquerizo, habl\u00f3le de esta suerte:<\/p>\n<p>264<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eumeo! Es esta, sin duda, la hermosa mansi\u00f3n de Odiseo, y ser\u00eda f\u00e1cil conocerla aunque entre muchas la vi\u00e9ramos. Tiene m\u00e1s de un piso, cerca su patio almenado muro, las puertas est\u00e1n bien ajustadas y son de dos hojas: ning\u00fan hombre despreciar\u00eda una casa semejante. Conozco que, dentro de ella, multitud de varones celebran un banquete; pues lleg\u00f3 hasta m\u00ed el olor de la carne asada y se oye la c\u00edtara, que los dioses hicieron compa\u00f1era de los festines.<\/p>\n<p>272<\/p>\n<p>Y t\u00fa le respondiste as\u00ed, porquerizo Eumeo:<\/p>\n<p>273<\/p>\n<p>\u2014F\u00e1cilmente lo habr\u00e1s conocido, que tampoco te falta discreci\u00f3n para las dem\u00e1s cosas. Mas, ea, deliberemos sobre lo que puede hacerse. O entra t\u00fa primero en el c\u00f3modo palacio y m\u00e9zclate con los pretendientes, y yo me detendr\u00e9 un poco; o, si lo prefieres, qu\u00e9date t\u00fa y yo ir\u00e9 delante, pero no tardes: no sea que alguien, al verte fuera, te tire algo o te d\u00e9 un golpe. Yo te invito a que pienses en esto.<\/p>\n<p>280<\/p>\n<p>Contest\u00f3le el paciente divino Odiseo:<\/p>\n<p>281<\/p>\n<p>\u2014Entiendo, h\u00e1gome cargo, lo mandas a quien te comprende. Mas, adel\u00e1ntate t\u00fa y yo me quedar\u00e9, que ya he probado lo que son golpes y heridas y mi \u00e1nimo es sufrido por lo mucho que hube de padecer as\u00ed en el mar como en la guerra; venga, pues, ese mal tras de los otros. No se pueden disimular las instancias del \u00e1vido y funesto vientre, que tantos perjuicios les origina a los hombres y por el cual se arman las naves de muchos bancos que surcan el est\u00e9ril mar y van a causar da\u00f1o a los enemigos.<\/p>\n<p>290<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. Y un perro que estaba echado, alz\u00f3 la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien \u00e9ste hab\u00eda criado, aunque luego no se aprovech\u00f3 del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ili\u00f3n. Anteriormente llev\u00e1banlo los j\u00f3venes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su due\u00f1o yac\u00eda abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vert\u00edan junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: all\u00ed estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halag\u00f3 con la cola y dej\u00f3 caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y \u00e9ste cuando lo vio enjug\u00f3se una l\u00e1grima que con facilidad logr\u00f3 ocultar a Eumeo, a quien hizo despu\u00e9s esta pregunta:<\/p>\n<p>306<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y s\u00f3lo por lujo los cr\u00edan sus se\u00f1ores.<\/p>\n<p>311<\/p>\n<p>Y t\u00fa le respondiste as\u00ed, porquerizo Eumeo:<\/p>\n<p>312<\/p>\n<p>\u2014Ese can perteneci\u00f3 a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dej\u00f3 al irse a Troya, pronto admirar\u00edas su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo m\u00e1s hondo de intrincada selva, porque era sumamente h\u00e1bil en seguir un rastro. Mas ahora abr\u00famanle los males a causa de que su amo muri\u00f3 fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, as\u00ed que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es raz\u00f3n; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo d\u00eda en que cae esclavo.<\/p>\n<p>324<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, entr\u00f3se por el c\u00f3modo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoder\u00f3 de Argos despu\u00e9s que tornara a ver a Odiseo al vig\u00e9simo a\u00f1o.<\/p>\n<p>328<\/p>\n<p>Advirti\u00f3 el deiforme Tel\u00e9maco mucho antes que nadie la llegada del porquerizo; y, haci\u00e9ndole una se\u00f1al, lo llam\u00f3 a su lado. Eumeo mir\u00f3 en torno suyo, tom\u00f3 una silla desocupada -la que sol\u00eda usar el trinchante al distribuir carne en abundancia a los pretendientes cuando celebraban sus festines en el palacio- y fue a colocarla junto a la mesa de Tel\u00e9maco, enfrente de \u00e9ste que se hallaba sentado. Y luego sirvi\u00f3le el heraldo vianda y pan, sac\u00e1ndolo de un canastillo.<\/p>\n<p>336<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s que Eumeo penetr\u00f3 Odiseo en el palacio, transfigurado en un viejo y miserable mendigo que se apoyaba en el bast\u00f3n y llevaba feas vestiduras. Sent\u00f3se en el umbral de fresno, a la parte interior de la puerta, y se recost\u00f3 en la jamba de cipr\u00e9s que en otro tiempo el art\u00edfice hab\u00eda pulido h\u00e1bilmente y enderezado vali\u00e9ndose de un nivel.<\/p>\n<p>342<\/p>\n<p>Y Tel\u00e9maco llam\u00f3 al porquerizo y le dijo, despu\u00e9s de tomar un pan entero del hermoso canasto y tanta carne como le cupo en las manos:<\/p>\n<p>345<\/p>\n<p>\u2014D\u00e1selo al forastero y m\u00e1ndale que pida a todos los pretendientes, acerc\u00e1ndose a ellos; que al que est\u00e1 necesitado no le conviene ser vergonzoso.<\/p>\n<p>348<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Fuese el porquero al o\u00edrlo y, Ilegado que hubo adonde estaba Odiseo, d\u00edjole estas aladas palabras:<\/p>\n<p>350<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, forastero! Tel\u00e9maco te da lo que te traigo y te manda que pidas a todos los pretendientes, acerc\u00e1ndote a ellos, pues dice que al mendigo no le conviene ser vergonzoso.<\/p>\n<p>353<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>354<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Zeus soberano! Haz que Tel\u00e9maco sea dichoso entre los hombres y que se cumpla cuanto su coraz\u00f3n desea.<\/p>\n<p>356<\/p>\n<p>Dijo; tom\u00f3 las viandas con ambas manos, las puso delante de sus pies, encima del astroso zurr\u00f3n, y comi\u00f3 mientras el aedo cantaba en el palacio; de suerte que cuando acab\u00f3 la cena, el divinal aedo llegaba al fin de su canto. Los pretendientes empezaron a mover alboroto en la sala, y Atenea se acerc\u00f3 a Odiseo Laert\u00edada excit\u00e1ndole a que les pidiera algo y fuera recogiendo mendrugos, para conocer cu\u00e1les de aquellos eran justos y cu\u00e1les malvados aunque ninguno ten\u00eda que librarse de la ruina.<\/p>\n<p>365<\/p>\n<p>Fue, pues, el h\u00e9roe a pedirle a cada var\u00f3n, comenzando por la derecha, y a todos les alargaba la mano como si desde largo tiempo mendigase. Ellos, compadeci\u00e9ndole, le daban limosna, le miraban con extra\u00f1eza y pregunt\u00e1banse unos a otros qui\u00e9n era y de d\u00f3nde hab\u00eda venido.<\/p>\n<p>369<\/p>\n<p>Y el cabrero Melantio habl\u00f3les de esta suerte:<\/p>\n<p>370<\/p>\n<p>\u2014O\u00eddme, pretendientes de la ilustre reina, que os voy a hablar del forastero, a quien vi antes de ahora. Gui\u00e1balo hacia ac\u00e1 el porquerizo, pero a \u00e9l no le conozco, ni s\u00e9 de d\u00f3nde se precia de ser por su linaje.<\/p>\n<p>374<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00f3; y Ant\u00ednoo increp\u00f3 al porquerizo con estas palabras:<\/p>\n<p>375<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, famoso porquero! \u00bfPor qu\u00e9 lo trajiste a la ciudad? \u00bfAcaso no tenemos bastantes vagabundos, que son mendigos importunos y peste de los festines? \u00bfO te parece poco que los que aqu\u00ed se juntan devoren los bienes de tu se\u00f1or y has ido a otra parte a llamar a \u00e9ste?<\/p>\n<p>380<\/p>\n<p>Y t\u00fa le respondiste as\u00ed, porquerizo Eumeo:<\/p>\n<p>381<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ant\u00ednoo! No hablas bien aunque seas noble. \u00bfQui\u00e9n ir\u00eda a parte alguna a llamar a nadie, como no fuese de los que ejercen su profesi\u00f3n en el pueblo: un adivino, un m\u00e9dico para curar las enfermedades, un carpintero o un divinal aedo que nos deleite cantando? Estos son los mortales a quienes se llama en la tierra inmensa; pero nadie traer\u00eda a un pobre para que le arruinase. Siempre has sido el m\u00e1s \u00e1spero de todos los pretendientes para los esclavos de Odiseo y en especial para m\u00ed; aunque no por ello he de resentirme, mientras me vivan en el palacio la discreta Penelopea y Tel\u00e9maco, semejante a un dios.<\/p>\n<p>392<\/p>\n<p>Contest\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>393<\/p>\n<p>\u2014Calla, no le respondas largamente; que Ant\u00ednoo suele irritarnos siempre y de mal modo con \u00e1speras palabras, e incita a los dem\u00e1s a hacer lo propio.<\/p>\n<p>396<\/p>\n<p>Dijo; y habl\u00f3le a Ant\u00ednoo con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>397<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ant\u00ednoo! \u00a1En verdad que miras por m\u00ed con tanto cuidado como un padre por su hijo, cuando con duras voces me ordenas arrojar del palacio a ese hu\u00e9sped! \u00a1No permita la divinidad que as\u00ed suceda! Coge algo y d\u00e1selos que no te lo proh\u00edbo, antes bien te invito a hacerlo; y no temas que lo lleven a mal mi madre, ni ninguno de los esclavos que viven en la casa del divino Odiseo. Mas no hay en tu pecho tal prop\u00f3sito, que prefieres com\u00e9rtelo a darlo a nadie.<\/p>\n<p>405<\/p>\n<p>Ant\u00ednoo le respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>406<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco alt\u00edlocuo, incapaz de moderar tus \u00edmpetus! \u00bfQu\u00e9 has dicho? Si todos los pretendientes le dieran tanto como yo, se estar\u00eda tres meses en su casa, lejos de nosotros.<\/p>\n<p>409<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3, y mostr\u00f3le, tom\u00e1ndolo de debajo de la mesa, el escabel en que apoyaba sus n\u00edtidas plantas cuando asist\u00eda a los banquetes. Pero todos los dem\u00e1s le dieron algo, de modo que el zurr\u00f3n se llen\u00f3 de pan y de carne. Y ya Odiseo iba a tornar al umbral para comer lo que le hab\u00edan regalado los aqueos, pero se detuvo cerca de Ant\u00ednoo y le dijo estas palabras:<\/p>\n<p>415<\/p>\n<p>\u2014Dame algo, amigo; que no me pareces el peor de los aqueos, sino, por el contrario, el mejor; ya que te asemejas a un rey. Por eso te corresponde a ti, m\u00e1s a\u00fan que a los otros, darme alimento; y yo divulgar\u00e9 tu fama por la tierra inmensa. En otra \u00e9poca, tambi\u00e9n yo fui dichoso entre los hombres, habit\u00e9 una rica morada, y di muchas veces limosna al vagabundo, cualquiera que fuese y hall\u00e1rase en la necesidad en que se hallase; entonces ten\u00eda inn\u00fameros esclavos y otras muchas cosas con las cuales los hombres viven en regalo y gozan fama de opulentos. Mas Zeus Croni\u00f3n me arruin\u00f3, porque as\u00ed lo quiso, incit\u00e1ndome a ir al Egipto con errabundos piratas; viaje largo, en el cual hab\u00eda de hallar mi perdici\u00f3n. As\u00ed que detuve en el r\u00edo Egipto los corvos bajeles, despu\u00e9s de mandar a los fieles compa\u00f1eros que se quedaran a custodiar las embarcaciones, envi\u00e9 esp\u00edas a los parajes oportunos para explorar la comarca. Pero los m\u00edos, cediendo a la insolencia, por seguir su propio impulso, empezaron a devastar los hermos\u00edsimos campos de los egipcios; y se llevaban las mujeres y los ni\u00f1os, y daban muerte a los varones. No tard\u00f3 el clamoreo en llegar a la ciudad. Sus habitantes, habiendo o\u00eddo los gritos, vinieron al amanecer; el campo se llen\u00f3 de infanter\u00eda, de caballos y de reluciente bronce; Zeus, que se huelga con el rayo, mand\u00f3 a mis compa\u00f1eros la perniciosa fuga; y ya, desde entonces, nadie se atrevi\u00f3 a resistir, pues los males nos cercaban por todas partes. All\u00ed nos mataron con el agudo bronce muchos hombres, y a otros se los llevaron vivos para obligarles a trabajar en provecho de los ciudadanos. A m\u00ed me entregaron a un forastero que se hall\u00f3 presente, a Dm\u00e9tor Y\u00e1sida; el cual me llev\u00f3 a Chipre, donde reinaba con gran poder, y de all\u00ed he venido, despu\u00e9s de padecer muchos infortunios.<\/p>\n<p>445<\/p>\n<p>\u2014Ant\u00ednoo le respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>446<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 dios nos trajo esa peste, esa amargura del banquete? Qu\u00e9date ah\u00ed, en medio, a distancia de mi mesa: no sea que pronto vayas al amargo Egipto y a Chipre, por ser un mendigo tan descarado y audaz. Ahora te detienes ante cada uno de \u00e9stos que te dan locamente, porque ni usan de moderaci\u00f3n ni sienten piedad al regalar cosas ajenas de que disponen en gran abundancia.<\/p>\n<p>453<\/p>\n<p>D\u00edjole, retrocediendo, el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>454<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh dioses! En verdad que el juicio que tienes no se corresponde con tu presencia. No dar\u00edas de tu casa ni tan siquiera sal a quien te la pidiera cuando, sentado a la mesa ajena, no has querido entregarme un poco de pan, con tener a mano tantas cosas.<\/p>\n<p>458<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Irrit\u00f3se Ant\u00ednoo a\u00fan m\u00e1s en su coraz\u00f3n y, encar\u00e1ndole la torva vista, le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>460<\/p>\n<p>\u2014Ya no creo que puedas volver atr\u00e1s y salir impune de esta sala, habiendo proferido tales injurias.<br \/>\n\u00a0<\/p>\n<p>462<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y, tomando el escabel, tir\u00f3selo y acert\u00f3le en el hombro derecho, hacia la extremidad de la espalda. Odiseo se mantuvo firme como una roca, sin que el golpe de Ant\u00ednoo le hiciera vacilar; pero mene\u00f3 en silencio la cabeza, agitando en lo \u00edntimo de su pecho siniestros ardides. Retrocedi\u00f3 en seguida al umbral, sent\u00f3se, puso en tierra el zurr\u00f3n que llevaba repleto, y dijo a los pretendientes:<\/p>\n<p>468<\/p>\n<p>\u2014O\u00eddme, pretendientes de la ilustre reina, para que os manifieste lo que en el pecho el \u00e1nimo me ordena deciros. Ning\u00fan var\u00f3n siente dolor en el alma ni pesar alguno al ser herido cuando pelea por sus haciendas, por sus bueyes o por sus blancas ovejas; mas Ant\u00ednoo hiri\u00f3me a m\u00ed por causa del odioso y funesto vientre, que tantos males acarrea a los hombres. Si en alguna parte hay dioses y Erinies para los mendigos, c\u00f3jale la muerte a Ant\u00ednoo antes que el casamiento se lleve a t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>477<\/p>\n<p>D\u00edjole nuevamente Ant\u00ednoo, hijo de Eupites:<\/p>\n<p>478<\/p>\n<p>\u2014Come sentado tranquilamente, oh forastero, o vete a otro lugar: no sea que con motivo de lo que hablas, estos j\u00f3venes te arrastren por la casa, asi\u00e9ndote de un pie o de una mano, y te laceren todo el cuerpo.<\/p>\n<p>481<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Todos sintieron vehemente indignaci\u00f3n y alguno de aquellos soberbios mozos habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>483<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ant\u00ednoo! No procediste bien, hiriendo al infeliz vagabundo. \u00a1Insensato! \u00bfY si por acaso fuese alguna celestial deidad? Que los dioses, haci\u00e9ndose semejantes a hu\u00e9spedes de otros pa\u00edses y tomando toda clase de figuras, recorren las ciudades para conocer la insolencia o la justicia de los hombres.<\/p>\n<p>488<\/p>\n<p>As\u00ed hablaban los pretendientes, pero Ant\u00ednoo no hizo caso de sus palabras. Tel\u00e9maco sinti\u00f3 en su pecho una gran pena por aquel golpe, sin que por esto le cayese ninguna l\u00e1grima desde los ojos al suelo; pero mene\u00f3 en silencio la cabeza, agitando en lo \u00edntimo de su pecho siniestros ardides.<\/p>\n<p>492<\/p>\n<p>Cuando la discreta Penelopea oy\u00f3 decir que al hu\u00e9sped lo hab\u00eda herido Ant\u00ednoo en la sala, habl\u00f3 as\u00ed en medio de sus esclavas:<\/p>\n<p>494<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ojal\u00e1 Apolo, c\u00e9lebre por su arco, te hiriese a ti de la misma manera!<\/p>\n<p>495<\/p>\n<p>D\u00edjole entonces Eur\u00ednome, la despensera:<\/p>\n<p>496<\/p>\n<p>\u2014Si nuestros votos se cumpliesen, ninguno de aqu\u00e9l los vivir\u00eda cuando llegue Eos de hermoso trono.<\/p>\n<p>498<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>499<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ama! Todos son aborrecibles porque traman acciones inicuas; pero Ant\u00ednoo casi tanto como la negra Moira. Un infeliz forastero anda por el palacio y pide limosna, pues la necesidad le apremia; los dem\u00e1s le llenaron el zurr\u00f3n con sus d\u00e1divas, y \u00e9ste le ha tirado el escabel, acert\u00e1ndole en el hombro derecho.<\/p>\n<p>505<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3, sentada en su estancia entre las siervas, mientras el divinal Odiseo cenaba. Y luego, habiendo llamado al divinal porquero, le dijo:<\/p>\n<p>508<\/p>\n<p>\u2014Ve, divinal Eumeo, ac\u00e9rcate al hu\u00e9sped y m\u00e1ndale que venga para que yo le salude y le interrogue tambi\u00e9n acerca de si oy\u00f3 hablar de Odiseo, de \u00e1nimo paciente, o lo vio acaso con sus propios ojos, pues parece que ha ido errante por muchas tierras.<\/p>\n<p>512<\/p>\n<p>Y t\u00fa le respondiste as\u00ed, porquerizo Eumeo:<\/p>\n<p>513<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ojal\u00e1 se callaran los aqueos, oh reina; pues cuenta tales cosas, que encantar\u00eda tu coraz\u00f3n. Tres d\u00edas con sus noches lo detuve en mi caba\u00f1a, pues fui el primero a quien acudi\u00f3 al escaparse del bajel, pero ni aun as\u00ed pudo terminar la narraci\u00f3n de sus desventuras. Como se contempla al aedo, que, instruido por los dioses, les canta a los mortales deleitosos relatos, y ellos no se cansan de o\u00edrle cantar, as\u00ed me ten\u00eda transportado mientras permaneci\u00f3 en mi majada. Asegura que fue hu\u00e9sped del padre de Odiseo y que vive en Creta, donde est\u00e1 el linaje de Minos. De all\u00ed viene, habiendo padecido infortunios y vagando de una parte a otra, y refiere que oy\u00f3 hablar de Odiseo, el cual vive, est\u00e1 cerca -en el opulento pa\u00eds de los tesprotos- y trae a esta casa muchas preciosidades.<\/p>\n<p>528<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le la discreta Penelopea:<\/p>\n<p>529<\/p>\n<p>\u2014Anda y hazle venir para que lo relate en mi presencia. Regoc\u00edjense los dem\u00e1s, sentados en la puerta o aqu\u00ed en la sala, ya que tienen el coraz\u00f3n alegre porque sus bienes, el pan y el dulce vino, se guardan \u00edntegros en sus casas, si no es lo que comen los criados; mientras que ellos vienen d\u00eda tras d\u00eda a nuestro palacio, nos deg\u00fcellan los bueyes, las ovejas y las ping\u00fces cabras, celebran espl\u00e9ndidos festines, beben el vino locamente y as\u00ed se consumen muchas de las cosas, porque no tenemos un hombre como Odiseo, que fuera capaz de librar a nuestra casa de la ruina. Si Odiseo tornara y volviera a su patria, no tardar\u00eda en vengar, junt\u00e1ndose con su hijo, las violencias de estos hombres.<\/p>\n<p>541<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y Tel\u00e9maco estornud\u00f3 tan recio que el palacio retumb\u00f3 horrendamente. Ri\u00f3se Penelopea y en seguida dirigi\u00f3 a Eumeo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>544<\/p>\n<p>\u2014Anda y tr\u00e1eme ese forastero. \u00bfNo ves que mi hijo estornud\u00f3 a todas mis palabras? Esto indica que no dejar\u00e1 de llevarse al cabo la matanza de los pretendientes, sin que ninguno escape de la muerte y de las Moiras. Otra cosa te dir\u00e9 que pondr\u00e1s en tu coraz\u00f3n: Si llego a conocer que cuanto me relatare es verdad, le entregar\u00e9 un manto y una t\u00fanica, vestidos muy hermosos.<\/p>\n<p>551<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; fuese el porquero al o\u00edrlo y, lleg\u00e1ndose adonde estaba Odiseo, le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>553<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Padre hu\u00e9sped! Te llama la discreta Penelopea, madre de Tel\u00e9maco; pues, aunque afligida por los pesares, su \u00e1nimo la incita a hacerte algunas preguntas sobre su esposo. Y si llega a conocer que cuanto le relatares es cierto, te entregar\u00e1 un manto y una t\u00fanica, de que tienes gran falta; y en lo sucesivo mantendr\u00e1s tu vientre yendo por el pueblo a pedir pan, pues te dar\u00e1 limosna el que quiera.<\/p>\n<p>560<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el paciente divinal Odiseo:<\/p>\n<p>561<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eumeo! Yo dir\u00eda de contado la verdad de todas estas cosas a la hija de Icario, a la discreta Penelopea, porque s\u00e9 muy bien de su esposo y hemos padecido igual infortunio; mas temo a la muchedumbre de los crueles pretendientes, cuya insolencia y orgullo llegan al f\u00e9rreo cielo. Ahora mismo, mientras andaba yo por la casa sin hacer da\u00f1o a nadie, diome este var\u00f3n un doloroso golpe y no lo impidi\u00f3 Tel\u00e9maco ni otro alguno. As\u00ed, pues, exhorta a Penelopea, aunque est\u00e9 impaciente, a que aguarde en el palacio hasta la puesta del sol; e interr\u00f3gueme entonces sobre su marido y el d\u00eda que volver\u00e1, haci\u00e9ndome sentar junto a ella, cerca del fuego, pues mis vestidos est\u00e1n en m\u00edsero estado, como sabes t\u00fa muy bien por haber sido el primero a quien dirig\u00ed mis s\u00faplicas.<\/p>\n<p>574<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. El porquero se fue as\u00ed que oy\u00f3 estas palabras. Y ya repasaba el umbral, cuando Penelopea le habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>576<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo lo traes, Eumeo? \u00bfPor qu\u00e9 se niega el vagabundo? \u00bfSiente hacia alguien un gran temor o se averg\u00fcenza en el palacio por otros motivos? Malo es que un vagabundo peque de vergonzoso.<\/p>\n<p>579<\/p>\n<p>Y t\u00fa le respondiste as\u00ed, porquerizo Eumeo:<\/p>\n<p>580<\/p>\n<p>\u2014Habla razonablemente y dice lo que otro pensara en su caso, queriendo evitar la insolencia de varones tan soberbios. Te invita a que aguardes hasta la puesta del sol. Y ser\u00e1 mucho mejor para ti, oh reina, que est\u00e9s sola cuando le hables al hu\u00e9sped y escuches sus respuestas.<\/p>\n<p>585<\/p>\n<p>Contest\u00f3le la discreta Penelopea.<\/p>\n<p>586<\/p>\n<p>\u2014No pens\u00f3 neciamente el forastero, sea quien fuere; pues no hay en pa\u00eds alguno, entre los mortales hombres, quienes insulten de esta manera, maquinando inicuas acciones.<\/p>\n<p>589<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. El divinal porquero se fue hacia la turba de los pretendientes, tan pronto como dijo a Penelopea cuanto deseaba, y acto seguido dirigi\u00f3 a Tel\u00e9maco estas aladas palabras, acercando la cabeza para que los dem\u00e1s no se enteraran:<\/p>\n<p>593<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, amigo! Yo me voy a guardar los puercos y todas aquellas cosas que son tus bienes y los m\u00edos; y lo de ac\u00e1 quede a tu cuidado. Mas lo primero de todo s\u00e1lvate a ti mismo y considera en tu esp\u00edritu c\u00f3mo evitar\u00e1s que te hagan da\u00f1o; pues traman maldades muchos de los aqueos, a quienes Zeus destruya antes que se conviertan en una plaga para nosotros.<\/p>\n<p>598 Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>599<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed se har\u00e1, abuelo. Vete despu\u00e9s de cenar, y al romper el alba traer\u00e1s hermosas v\u00edctimas; que de las cosas presentes cuidar\u00e9 yo y tambi\u00e9n los inmortales.<\/p>\n<p>602<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Sent\u00f3se Eumeo nuevamente en la bien pulimentada silla, y despu\u00e9s que satisfizo las ganas de comer y de beber volvi\u00f3se a sus puercos, dejando atr\u00e1s la cerca y la casa, que rebosaban de convidados, y recre\u00e1banse \u00e9stos con el baile y el canto, porque ya la tarde hab\u00eda venido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XVII 1 As\u00ed que se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, Tel\u00e9maco, hijo amado del divino Odiseo, at\u00f3 a sus pies hermosas sandalias, asi\u00f3 una fornida lanza que se adaptaba a su mano y, disponi\u00e9ndose a partir para la ciudad, habl\u00f3 de este modo a\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xvii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1039,1031,1034,1058,1289,1115,1143,1288,1051,1025,1046,1033,1020],"class_list":["post-915","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-belleza","tag-enfermedad","tag-guerra","tag-hogar","tag-homero","tag-jovenes","tag-justicia","tag-odisea","tag-planta","tag-rosa","tag-salud","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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