{"id":913,"date":"2010-11-27T00:31:49","date_gmt":"2010-11-26T22:31:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=913"},"modified":"2010-11-27T00:31:49","modified_gmt":"2010-11-26T22:31:49","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xv-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xv-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XV) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XV<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Mientras tanto encamin\u00f3se Palas Atenea a la vasta Lacedemonia, para traerle a las mientes la idea del regreso al hijo ilustre del magn\u00e1nimo Odiseo e incitarle a que volviera a su morada. Hall\u00f3 a Tel\u00e9maco y al preclaro hijo de N\u00e9stor acostados en el zagu\u00e1n de la casa del glorioso Menelao: el Nest\u00f3rida estaba vencido del blando sue\u00f1o; mas no se hab\u00edan se\u00f1oreado de Tel\u00e9maco las dulzuras del mismo, porque durante la noche inmortal desvel\u00e1bale el cuidado de la suerte que a su padre le hubiese cabido. Y, par\u00e1ndose a su lado, dijo Atenea, la de ojos de lechuza:<br \/>\n\u00a0<\/p>\n<p>10<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! No es bueno que demores fuera de tu casa, habiendo dejado en ella riquezas y hombres tan soberbios: no sea que se repartan tus bienes y se los coman, y luego el viaje te salga en vano. Solicita con instancia y lo antes posible de Menelao, valiente en la pelea, que te deje partir, a fin de que halles a\u00fan en el palacio a tu eximia madre; pues ya su padre y sus hermanos le exhortan a que contraiga matrimonio con Eur\u00edmaco, el cual sobrepuja en las d\u00e1divas a todos los pretendientes y va aumentando la ofrecida dote; no sea que, a pesar tuyo, se lleven de tu mansi\u00f3n alguna alhaja. Bien sabes qu\u00e9 \u00e1nimo tiene en su pecho la mujer: desea hacer prosperar la casa de quien la ha tomado por esposa; y ni de los hijos primeros, ni del marido difunto con quien se cas\u00f3 virgen se acuerda m\u00e1s, ni por ellos pregunta. Mas t\u00fa, volviendo all\u00e1, encarga lo tuyo a aquella criada que tengas por mejor hasta que las deidades te den ilustre consorte.<\/p>\n<p>27<\/p>\n<p>Otra cosa te dir\u00e9, que pondr\u00e1s en tu coraz\u00f3n. Los m\u00e1s conspicuos de los pretendientes se emboscaron, para acechar tu llegada, en el estrecho que med\u00eda entre Itaca y la escabrosa Samos; pues quieren matarte cuando vuelvas al patrio suelo; pero me parece que no suceder\u00e1 as\u00ed y que antes sepultar\u00e1 la tierra en su seno a alguno de los pretendientes que devoran lo tuyo. Por eso, haz que pase el bien construido bajel a alguna distancia de las islas y navega de noche: y aqu\u00e9l de los inmortales que te guarda y te protege, enviar\u00e1 detr\u00e1s de tu barco pr\u00f3spero viento. As\u00ed que arribes a la costa de Itaca, manda la nave y todos los compa\u00f1eros a la ciudad; y ll\u00e9gate ante todas las cosas al porquerizo, que guarda tus cerdos y te quiere bien. Pernocta all\u00ed y env\u00edale a la ciudad para que lleve a la discreta Penelopea la noticia de que est\u00e1s salvo y has llegado de Pilos.<\/p>\n<p>43<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, fuese Atenea al vasto Olimpo. Tel\u00e9maco despert\u00f3 a Nest\u00f3rida de su dulce sue\u00f1o, movi\u00e9ndolo con el pie, y le dijo estas palabras:<\/p>\n<p>46<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Despierta, Pis\u00edstrato Nest\u00f3rida! Lleva al carro los sol\u00edpedos corceles y \u00fancelos, para que nos pongamos en camino.<\/p>\n<p>48<\/p>\n<p>Mas Pis\u00edstrato Nest\u00f3rida le repuso:<\/p>\n<p>49<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Aunque tengamos prisa por emprender el viaje, no es posible guiar los corceles durante la tenebrosa noche; y ya pronto despuntar\u00e1 la aurora. Pero aguarda que el h\u00e9roe Menelao Atrida, famoso por su lanza, traiga los presentes, los deje en el carro y nos despida con suaves palabras. Que para siempre dura en el hu\u00e9sped la memoria del var\u00f3n hospitalario que le recibi\u00f3 amistosamente.<\/p>\n<p>56<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00f3; y al momento vino Eos, de \u00e1ureo trono. Entonces se les acerc\u00f3 Menelao, valiente en los combates, que se hab\u00eda levantado de la cama, de junto a Helena, la de hermosa cabellera. El caro hijo de Odiseo no bien lo hubo visto, cubri\u00f3 apresuradamente su cuerpo con la espl\u00e9ndida t\u00fanica, se ech\u00f3 el gran manto a las robustas espaldas y sali\u00f3 a su encuentro. Y, deteni\u00e9ndose junto a \u00e9l, habl\u00f3le as\u00ed el hijo del divinal Odiseo:<\/p>\n<p>64<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Atrida, Menelao, alumno de Zeus, pr\u00edncipe de hombres! Deja que parta ahora mismo a mi querida tierra, que ya siento deseos de volver a mi morada.<\/p>\n<p>67<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le Menelao, valiente en la pelea:<\/p>\n<p>68<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! No te detendr\u00e9 mucha tiempo, ya que quieres irte; pues me es odioso as\u00ed el que, recibiendo a un hu\u00e9sped, lo ama sin medida, como el que lo aborrece en extremo; m\u00e1s vale usar de moderaci\u00f3n en todas las cosas. Tan mal procede con el hu\u00e9sped quien le incita a que se vaya cuando no quiere irse, como el que lo detiene si le cumple partir. Se le debe tratar amistosamente mientras est\u00e9 con nosotros y despedirlo cuando quiera ponerse en camino. Pero aguarda que traiga y coloque en el carro hermosos presentes que t\u00fa veas con tus propios ojos, y mande a las mujeres que aparejen en el palacio la comida con las abundantes provisiones que tenemos en \u00e9l; porque hay a la vez honra, gloria y provecho en que coman los hu\u00e9spedes antes de irse por la tierra inmensa. Dime tambi\u00e9n si acaso prefieres volver por la H\u00e9lade y por el centro de Argos, a fin de que yo mismo te acompa\u00f1e; pues uncir\u00e9 los corceles, te llevar\u00e9 por las ciudades populosas y nadie nos dejar\u00e1 partir sin darnos alguna cosa que nos llevemos, ya sea un hermoso tr\u00edpode de bronce, ya un caldero, ya un par de mulos, ya una copa de oro.<\/p>\n<p>86<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>87<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Atrida Menelao, alumno de Zeus, pr\u00edncipe de hombres! Quiero restituirme pronto a mis hogares, pues a nadie dej\u00e9 encomendada la custodia de los bienes: no sea que mientras busco a mi padre igual a los dioses, muera yo o pierda alguna excelente y preciosa alhaja que se lleven del palacio.<\/p>\n<p>92<\/p>\n<p>Al o\u00edr esto, Menelao, valiente en la pelea, mand\u00f3 en seguida a su esposa y a las esclavas que preparasen la comida en el palacio, con las abundantes provisiones que en \u00e9l se guardaban. Lleg\u00f3 entonces Eteoneo Beocto\u00edda, que se acababa de levantar, pues no viv\u00eda muy lejos; y, habi\u00e9ndole ordenado Menelao, valiente en la batalla, que encendiera fuego y asara las carnes, obedeci\u00f3 acto continuo.<\/p>\n<p>99<\/p>\n<p>Menelao baj\u00f3 entonces a una estancia perfumada; sin que fuera solo, pues le acompa\u00f1aron Helena y Megapentes. En llegando adonde estaban los objetos preciosos, el Atrida tom\u00f3 una copa de doble asa y mand\u00f3 a su hijo Megapentes que se llevase una cratera de plata y Helena se detuvo junto a las arcas en que se hallaban los peplos de muchas bordaduras, que ella en persona hab\u00eda labrado. La propia Helena, la divina entre las mujeres, escogi\u00f3 y se llev\u00f3 el peplo mayor y m\u00e1s hermoso por sus bordados, que resplandec\u00eda como una estrella y estaba debajo de los otros. Y anduvieron otra vez por el palacio hasta juntarse con Tel\u00e9maco, a quien el rubio Menelao habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>111<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Ojal\u00e1 Zeus, el tonante esposo de Hera, te deje hacer el viaje como tu coraz\u00f3n desea. De cuantas cosas se guardan en mi palacio, voy a darte la m\u00e1s bella y preciosa. Te har\u00e9 el presente de una cratera labrada, toda de plata con los bordes de oro, que es obra de Hefesto y di\u00f3mela el h\u00e9roe F\u00e9dimo, rey de los sidonios, cuando me acogi\u00f3 en su casa al volver yo a la m\u00eda. Tal es lo que deseo regalarte.<\/p>\n<p>120<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, el h\u00e9roe Atrida le puso en la mano la copa de doble asa; el fuerte Megapente le trajo la espl\u00e9ndida cratera, que dej\u00f3 delante de \u00e9l y Helena, la de hermosas mejillas, present\u00f3se con el peplo en las manos y habl\u00f3le de esta suerte:<\/p>\n<p>125<\/p>\n<p>\u2014Tambi\u00e9n yo, hijo querido, te har\u00e9 este regalo, que ser\u00e1 una memoria de las manos de Helena, para que lo lleve tu esposa en la ansiada hora del casamiento; y hasta entonces gu\u00e1rdelo tu madre en el palacio. Y ojal\u00e1 vuelvas alegre a tu casa bien construida y a tu patria tierra.<\/p>\n<p>130<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, se lo puso en las manos y \u00e9l lo recibi\u00f3 con alegr\u00eda. El h\u00e9roe Pis\u00edstrato tom\u00f3 los presentes y fue coloc\u00e1ndolos en la cesta del carro, despu\u00e9s de contemplarlos todos con admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>133<\/p>\n<p>Luego el rubio Menelao se los llev\u00f3 a entrambos al palacio, donde se sentaron en sillas y sillones.<\/p>\n<p>135<\/p>\n<p>Una esclava di\u00f3les aguamanos, que tra\u00eda en magn\u00edfico jarro de oro y verti\u00f3 en fuente de plata, y puso delante de ellos una pulimentada mesa. La veneranda despensera tr\u00e1joles pan y dej\u00f3 en la mesa buen n\u00famero de manjares, obsequi\u00e1ndolos con los que ten\u00eda guardados. Junto a ellos, el Boeto\u00edda cortaba la carne y repart\u00eda las porciones; y el hijo del glorioso Menelao escanciaba el vino. Todos metieron mano en las viandas que ten\u00edan delante.<\/p>\n<p>143<\/p>\n<p>Y apenas hubieron satisfecho la gana de beber y de comer, Tel\u00e9maco y el preclaro hijo de N\u00e9stor engancharon los corceles, subieron al labrado carro y lo guiaron por el vest\u00edbulo y el p\u00f3rtico sonoro.<\/p>\n<p>147<\/p>\n<p>Tras ellos se fue el rubio Menelao Atrida llevando en su diestra una copa de oro, llena de dulce vino, para que hicieran la libaci\u00f3n antes de partir; y, deteni\u00e9ndose ante el carro, se la present\u00f3 y les dijo:<\/p>\n<p>151<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Salud, oh j\u00f3venes, y llevad tambi\u00e9n mi saludo a N\u00e9stor, pastor de hombres; que me fue ben\u00e9volo, como un padre, mientras los aqueos peleamos en Troya.<\/p>\n<p>154<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>155<\/p>\n<p>\u2014En llegando all\u00e1, oh alumno de Zeus, le diremos a N\u00e9stor cuanto nos encargas. As\u00ed me fuera posible, al tornar a Itaca, hallando a Odiseo en su morada, contarle que vuelvo de tu palacio despu\u00e9s de recibir toda clase de pruebas de amistad y llevando conmigo muchas y excelentes alhajas.<\/p>\n<p>160<\/p>\n<p>As\u00ed que acab\u00f3 de hablar, pas\u00f3 por cima de ellos, hacia la derecha, un \u00e1guila que llevaba en las u\u00f1as un \u00e1nsar dom\u00e9stico, blanco enorme, arrebatado de alg\u00fan corral; segu\u00edanle, gritando, hombres y mujeres; y, al llegar junto al carro, torci\u00f3 el vuelo a la derecha, enfrente mismo de los corceles. Al verla se holgaron; a todos se les regocij\u00f3 el \u00e1nimo en el pecho, y Pis\u00edstrato Nest\u00f3rida dijo de esta suerte:<\/p>\n<p>167<\/p>\n<p>\u2014Considera \u00a1oh Menelao, alumno de Zeus, pr\u00edncipe de hombres!, si el dios que nos mostr\u00f3 este presagio lo hizo visible para nosotros o para ti mismo.<\/p>\n<p>169<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Menelao, caro a Ares, se puso a meditar c\u00f3mo le responder\u00eda convenientemente; mas Helena, la de largo peplo, adelant\u00f3sele pronunciando estas palabras:<\/p>\n<p>172<\/p>\n<p>\u2014O\u00eddme, pues os voy a predecir lo que suceder\u00e1, seg\u00fan los dioses me lo inspiran en el \u00e1nimo y yo me figuro que ha de llevarse a cumplimiento. As\u00ed como esta \u00e1guila, viniendo del monte donde naci\u00f3 y tiene su cr\u00eda, ha arrebatado el \u00e1nsar criado dentro de una casa: as\u00ed Odiseo, despu\u00e9s de padecer mucho y de ir errante largo tiempo, volver\u00e1 a la suya y conseguir\u00e1 vengarse; si ya no est\u00e1 en ella, maquinando males contra los pretendientes todos.<\/p>\n<p>179<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>180<\/p>\n<p>\u2014\u00a1As\u00ed lo haga Zeus, el tonante esposo de Hera; y all\u00e1 te invocar\u00e9 todos los d\u00edas, como a una diosa!<\/p>\n<p>182<\/p>\n<p>Dijo, y arre\u00f3 con el azote a los corceles. Estos, que eran muy fogosos, arrancaron al punto hacia el campo, por entre la ciudad, y en todo el d\u00eda no cesaron de agitar el yugo.<\/p>\n<p>185<\/p>\n<p>Pon\u00edase el sol y las tinieblas empezaron a ocupar los caminos cuando llegaron a Feras, a la morada de Diocles, hijo de Ors\u00edloco, a quien hab\u00eda engendrado Alfeo. All\u00ed durmieron aquella noche, pues Diocles les dio hospitalidad.<\/p>\n<p>189<\/p>\n<p>Mas, as\u00ed que se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, engancharon los corceles, subieron al labrado carro y gui\u00e1ronlo por el vest\u00edbulo y el p\u00f3rtico sonoro.<\/p>\n<p>192<\/p>\n<p>Pis\u00edstrato aviv\u00f3 con el l\u00e1tigo a los corceles para que arrancaran, y \u00e9stos volaron gozosos. Prestamente llegaron a la excelsa ciudad de Pilos, y entonces Tel\u00e9maco habl\u00f3 de esta suerte al hijo de N\u00e9stor:<\/p>\n<p>195<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Nest\u00f3rida! \u00bfC\u00f3mo llevar\u00edas a efecto, conforme prometiste, lo que te voy a decir? Nos gloriamos de ser para siempre y rec\u00edprocamente hu\u00e9spedes el uno del otro, por la amistad de nuestros padres; tenemos la misma edad, y este viaje habr\u00e1 acrecentado a\u00fan m\u00e1s la concordia entre nosotros. Pues no me lleves, oh alumno de Zeus, m\u00e1s adelante de donde est\u00e1 mi bajel, d\u00e9jame aqu\u00ed, en este sitio: no sea que el anciano me detenga en su casa, contra mi voluntad, por el deseo de tratarme amistosamente; y a mi me conviene llegar all\u00e1 lo antes posible.<\/p>\n<p>202<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. El Nest\u00f3rida pens\u00f3 en su alma c\u00f3mo llevar\u00eda a cabo, de una manera conveniente, lo que hab\u00eda prometido.<\/p>\n<p>204<\/p>\n<p>Y consider\u00e1ndolo bien, le pareci\u00f3 que lo mejor ser\u00eda lo siguiente: dio la vuelta a los caballos hacia donde estaba la veloz nave en la orilla del mar; tom\u00f3 del carro los hermosos presentes -los vestidos y el oro- que les hab\u00eda entregado Menelao, y los dej\u00f3 en la popa del barco; y, exhortando a Tel\u00e9maco, le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>209<\/p>\n<p>\u2014Corre a embarcarte y manda que lo hagan asimismo todos tus compa\u00f1eros, antes que llegue a mi casa y se lo refiera al anciano. Bien sabe mi entendimiento y presiente mi coraz\u00f3n que, con su vehemencia de \u00e1nimo, no dejar\u00e1 que te vayas, antes vendr\u00e1 \u00e9l en persona a llamarte; y yo te aseguro que no se volver\u00e1 de vac\u00edo, pues entonces fuera grande su c\u00f3lera.<\/p>\n<p>215<\/p>\n<p>Diciendo de esta manera volvi\u00f3 los caballos de hermosas crines hacia la ciudad de los pilios, y muy pronto lleg\u00f3 a su casa. Mientras tanto, Tel\u00e9maco daba \u00f3rdenes a sus compa\u00f1eros y les exhortaba diciendo:<\/p>\n<p>218<\/p>\n<p>\u2014Poned en su sitio los aparejos de la negra nave, compa\u00f1eros, y embarqu\u00e9monos para emprender el viaje.<\/p>\n<p>220<\/p>\n<p>As\u00ed les dijo; y ellos le escucharon y obedecieron; pues entrando inmediatamente en la nave, tomaron asiento en los bancos.<\/p>\n<p>222<\/p>\n<p>Ocup\u00e1base Tel\u00e9maco en tales cosas, hac\u00eda votos y sacrificaba en honor de Atenea junto a la popa de la nave, cuando se le present\u00f3 un extranjero que ven\u00eda huyendo de Argos, donde hab\u00eda dado muerte a un hombre, y era adivino, del linaje de Melampo. Este \u00faltimo vivi\u00f3 anteriormente en Pilos, criadora de ovejas, y all\u00ed fue opulento entre sus habitantes y habit\u00f3 una magn\u00edfica morada; pero traslad\u00f3se despu\u00e9s a otro pa\u00eds, huyendo de su patria y del magn\u00e1nimo Neleo, el m\u00e1s esclarecido de los vivientes, quien le retuvo por fuerza muchas y ricas cosas un a\u00f1o entero. En todo \u00e9l permaneci\u00f3 Melampo atado con duras cadenas en el palacio de F\u00edlaco, pasando muchos tormentos, por la grave falta que para alcanzar la hija de Neleo, la hab\u00eda inducido a cometer una diosa: la horrenda Erinies. Al fin se libr\u00f3 de la Moira, llev\u00f3se las mugidoras vacas de F\u00edlace a Pilos, castig\u00f3 por aquella mala acci\u00f3n al deiforme Neleo, y, despu\u00e9s de conducir a su casa la mujer para el hermano, fuese a otro pueblo a Argos, tierra criadora de corceles, donde el hado hab\u00eda dispuesto que habitara reinando sobre muchos argivos. All\u00ed tom\u00f3 mujer, labr\u00f3 una excelsa mansi\u00f3n y le nacieron dos hijos esforzados: Ant\u00edfates y Mantio.<\/p>\n<p>243<\/p>\n<p>Ant\u00edfates engendr\u00f3 el magn\u00e1nimo Oicleo y \u00e9ste a Anfiarao, el que enardec\u00eda a los guerreros; al cual as\u00ed Zeus, que lleva la \u00e9gida, como Apolo quisieron entra\u00f1ablemente con toda suerte de amistad; pero no lleg\u00f3 a los umbrales de la vejez por haber muerto en Tebas a causa de los regalos que su mujer recibi\u00f3.<\/p>\n<p>248<\/p>\n<p>Fueron sus hijos Alcme\u00f3n y Anf\u00edloco. Por su parte, Mantio engendr\u00f3 a Polifides y a Clito: a \u00e9ste Eos, de \u00e1ureo trono, lo arrebat\u00f3 por su hermosura, a fin de tenerle con los inmortales; y al magn\u00e1nimo Polifides h\u00edzole Apolo el m\u00e1s excelente de los adivinos entre los hombres despu\u00e9s que muri\u00f3 Anfiarao. Mas, como Polifides se irritara contra su padre, emigr\u00f3 a Hiperesia y, viviendo all\u00ed, daba or\u00e1culos a todos los mortales.<\/p>\n<p>256<\/p>\n<p>Era un hijo de \u00e9ste, llamado Teocl\u00edmeno el que entonces se present\u00f3 a Tel\u00e9maco. Hall\u00f3le que oraba y ofrec\u00eda libaciones junto al negro bajel; y habl\u00e1ndole, profiri\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>260<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, amigo! Puesto que te encuentro sacrificando en este lugar, ru\u00e9gote por estos sacrificios, por el dios y tambi\u00e9n por tu cabeza y la de los compa\u00f1eros que te siguen, que me digas la verdad de cuanto te pregunte, sin ocultarme nada: \u00bfQui\u00e9n eres y de qu\u00e9 pa\u00eds procedes? \u00bfD\u00f3nde se hallan tu ciudad y tus padres?<\/p>\n<p>265<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>266<\/p>\n<p>\u2014De todo, oh forastero, voy a informarte con sinceridad. Por mi familia soy de Itaca y tuve por padre a Odiseo, si todo no ha sido sue\u00f1o; pera ya aqu\u00e9l debe de haber acabado de deplorable manera. Por esto vine con los compa\u00f1eros y el negro bajel, por si lograba adquirir noticias de mi padre cuya ausencia se va haciendo tan larga.<\/p>\n<p>271<\/p>\n<p>D\u00edjole entonces Teocl\u00edmeno semejante a un dios:<\/p>\n<p>272<\/p>\n<p>\u2014Tambi\u00e9n yo desampar\u00e9 la patria por haber muerto a un var\u00f3n de mi tribu, cuyos hermanos y compa\u00f1eros son muchos en Argos, tierra criadora de corceles, y gozan de gran poder entre los aqueos; y ahora huyo de ellos, evitando la muerte y la negra Moira, porque mi hado es andar errante entre los hombres. Pero ac\u00f3geme en tu bajel, ya que huyendo he venido a suplicarte: no sea que me maten, pues sospecho que me persiguen.<\/p>\n<p>279<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>280<\/p>\n<p>\u2014No te rechazar\u00e9 del bien proporcionado bajel, ya que deseas embarcarte. S\u00edgueme, y all\u00e1 te trataremos amistosamente, seg\u00fan los medios de que dispongamos.<\/p>\n<p>282<\/p>\n<p>Dicho esto, tom\u00f3le la bronc\u00ednea lanza que dej\u00f3 tendida en el tallado del corvo bajel; subi\u00f3 a la nave, surcadora del ponto, sent\u00f3se en la popa y coloc\u00f3 cerca de s\u00ed a Teocl\u00edmeno. Al punto soltaron las amarras.<\/p>\n<p>287<\/p>\n<p>Tel\u00e9maco, exhortando a sus compa\u00f1eros, les mand\u00f3 que aparejasen la jarcia, y obedeci\u00e9ronle todos diligentemente. Izaron el m\u00e1stil de abeto, lo metieron en el travesa\u00f1o, lo ataron con sogas, y acto continuo extendieron la blanca vela con correas bien torcidas. Atenea la de ojos de lechuza, envi\u00f3les pr\u00f3spero viento, que soplaba impetuoso por el aire, a fin de que el nav\u00edo corriera y atravesara lo m\u00e1s pronto posible la salobre agua del mar. As\u00ed pasaron por delante de Crunos y del Calcis, de hermoso raudal.<\/p>\n<p>296<\/p>\n<p>P\u00fasose el sol, y las tinieblas ocuparon todos los caminos. La nave, impulsada por el favorable viento de Zeus, se acerc\u00f3 a Feas y pas\u00f3 a lo largo de la divina Elide, donde ejercen su dominio los epeos. Y desde all\u00e1 Tel\u00e9maco puso la proa hacia las islas Agudas, con gran cuidado de si se librar\u00eda de la muerte o caer\u00eda preso.<\/p>\n<p>301<\/p>\n<p>Mientras tanto Odiseo y el divinal porquerizo cenaban en la caba\u00f1a y junto con ellos los dem\u00e1s hombres. Y apenas satisfacieron el apetito de comer y de beber, Odiseo -probando si el porquerizo a\u00fan le tratar\u00eda con amistosa solicitud, mand\u00e1ndole que se quedara all\u00ed en el establo, o le incitar\u00eda a que ya se fuese a la ciudad- les habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>307<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme, Eumeo y dem\u00e1s compa\u00f1eros! As\u00ed que amanezca quiero ir a la ciudad para mendigar y no seros gravoso ni a ti ni a tus amigos. Acons\u00e9jame bien y se\u00f1\u00e1lame un gu\u00eda experto que me conduzca; y vagar\u00e9 por la poblaci\u00f3n, obligado por la necesidad, para ver si alguien me da una copa de vino y un cantero de pan. Yendo al palacio del divinal Odiseo, podr\u00e9 comunicar nuevas a la prudente Penelopea y mezclarme con los soberbios pretendientes por si me dieren de comer, ya que disponen de innumerables viandas.<\/p>\n<p>317<\/p>\n<p>Yo les servir\u00eda muy bien en cuanto me ordenaren. Voy a decirte una cosa y tu atiende y \u00f3yeme: merced a Hermes, el mensajero, el cual da gracia y fama a los trabajos de los hombres, ning\u00fan otro mortal competir\u00eda conmigo en el servir, lo mismo si tratase de amontonar debidamente la le\u00f1a para encender el fuego, o de cortarla cuando est\u00e1 seca, de trinchar o asar carne, o de escanciar el vino, que son los servicios que los inferiores prestan a los mayores.<\/p>\n<p>325<\/p>\n<p>Y t\u00fa, muy afligido, le hablaste de esta manera, porquerizo Eumeo:<\/p>\n<p>326<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, hu\u00e9sped! \u00bfC\u00f3mo se te aposent\u00f3 en el alma tal pensamiento? Quieres, sin duda, perecer all\u00ed cuando te decides a penetrar por entre la muchedumbre de los pretendientes cuya insolencia y orgullo llegan al f\u00e9rreo cielo. Sus criados no son como t\u00fa, pues siempre les sirven j\u00f3venes ricamente vestidos de mantos y t\u00fanicas, de luciente cabellera y lindo rostro, y las mesas est\u00e1n cargadas de pan, de carnes y de vino. Qu\u00e9date con nosotros, que nadie se enoja de que est\u00e9s presente: ni yo, ni ninguno de mis compa\u00f1eros. Y cuando venga el amado hijo de Odiseo, te dar\u00e1 manto y t\u00fanica para vestirte y te conducir\u00e1 adonde tu coraz\u00f3n y tu \u00e1nimo prefieran.<\/p>\n<p>340<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el paciente divinal Odiseo:<\/p>\n<p>341<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ojal\u00e1 seas, Eumeo, tan caro al padre Zeus como a m\u00ed, ya que pones t\u00e9rmino a mi fatigosa y miserable vagancia! Nada hay tan malo para los hombres como la vida errante: por el funesto vientre pasan los mortales muchas fatigas, cuando los abruman la vagancia, el infortunio y los pesares. Mas ahora, ya que me detienes, mand\u00e1ndome que aguarde la vuelta de aqu\u00e9l, ea, dime si la madre del divinal Odiseo y su padre, a quien al partir dej\u00e9 en los umbrales de la vejez, viven a\u00fan y gozan de los rayos del sol o han muerto y se hallan en la mansi\u00f3n de Hades.<\/p>\n<p>351<\/p>\n<p>D\u00edjole entonces el porquerizo, mayoral de los pastores:<\/p>\n<p>352<\/p>\n<p>\u2014De todo, oh hu\u00e9sped, voy a informarte con exactitud. Laertes vive a\u00fan y en su morada, ruega continuamente a Zeus que el alma se le separe de los miembros; porque padece grand\u00edsimo dolor por la ausencia de su hijo y por el fallecimiento de su leg\u00edtima y prudente esposa, que le llen\u00f3 de tristeza y le ha anticipado la senectud. Ella tuvo deplorable muerte por el pesar que sent\u00eda por su glorioso hijo; ojal\u00e1 no perezca de tal modo persona alguna, que, habitando en esta comarca, sea amiga m\u00eda y como a tal me trate.<\/p>\n<p>361<\/p>\n<p>Mientras vivi\u00f3, aunque apenada, holgaba yo de preguntarle y consultarle muchas cosas, porque me hab\u00eda criado juntamente con Ct\u00edmene, la de largo peplo, su hija ilustre, a quien pari\u00f3 la postrimera: juntos nos criamos, y era yo honrado poco menos que su hija. En llegando ambos a la deseable pubertad, a Ct\u00edmene cas\u00e1ronla en Sama, recibiendo por su causa infinitos dones; y a m\u00ed p\u00fasome aquella un manto y una t\u00fanica, vestidos muy hermosos, di\u00f3me con qu\u00e9 calzar mis pies, me envi\u00f3 al campo y aun me quiso m\u00e1s en su coraz\u00f3n. Ahora me falta su amparo, pero las bienaventuradas deidades prosperan la obra en que me ocupo, de la cual como y bebo, y hasta doy limosna a venerandos suplicantes. Pero no me es posible o\u00edr al presente dulces palabras de mi due\u00f1a ni lograr de ella ninguna merced, pues el infortunio entr\u00f3 en el palacio con la llegada de esos hombres tan soberbios; y, con todo, tienen los criados gran precisi\u00f3n de hablar con su due\u00f1a y hacerle preguntas sobre cada asunto, y comer y beber y llevarse al campo alguno de aquellos presentes que alegran el \u00e1nimo de los servidores.<\/p>\n<p>380<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le, el ingenio Odiseo:<\/p>\n<p>381<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh dioses! \u00a1C\u00f3mo, ni\u00f1o a\u00fan, oh porquerizo Eumeo, tuviste que vagar tanto y tan lejos de tu patria y de tus padres! Mas, ea, dime, hablando sinceramente, si fue destruida la ciudad de anchas calles en que habitaban tu padre y tu venerada madre: o s\u00ed, habi\u00e9ndote quedado solo junto a las ovejas o junto a los bueyes, hombres enemigos te echaron mano y te trajeron en sus naves para venderte en la casa de este var\u00f3n que les entreg\u00f3 un buen precio.<\/p>\n<p>389<\/p>\n<p>D\u00edjole entonces el porquerizo, mayoral de los pastores:<\/p>\n<p>390<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hu\u00e9sped! Ya que sobre esto me preguntas e interrogas, \u00f3yeme en silencio, y recr\u00e9ate, sentado y bebiendo vino. Estas noches son inmensas, hay en ellas tiempo para dormir y tiempo para deleitarse oyendo relatos, y a ti no te cumple irte a la cama antes de la hora, puesto que da\u00f1a el dormir demasiado. De los dem\u00e1s, aqu\u00e9l a quien el coraz\u00f3n y el \u00e1nimo se lo aconseje, salga y acu\u00e9stese; y, no bien raye el d\u00eda, tome el desayuno y v\u00e1yase con los puercos de su se\u00f1or. Nosotros, bebiendo y comiendo en la caba\u00f1a, deleit\u00e9monos con renovar la memoria de nuestros tristes infortunios, pues halla placer en el recuerdo de los trabajos sufridos quien padeci\u00f3 much\u00edsimo y anduvo errante largo tiempo. Voy, pues, a hablarte de lo que me preguntas e interrogas.<\/p>\n<p>403<\/p>\n<p>Hay una isla que se llama Siria -quiz\u00e1 la o\u00edste nombrar- sobre Ortigia, donde el sol hace su vuelta: no est\u00e1 muy poblada, pero es f\u00e9rtil y abundosa en bueyes, en ovejas en vino y en trigales.<\/p>\n<p>407<\/p>\n<p>Jam\u00e1s se padece hambre en aquel pueblo y ninguna dolencia aborrecible les sobreviene a los m\u00edseros mortales: cuando en la ciudad envejecen los hombres de una generaci\u00f3n, pres\u00e9ntanse Apolo, que lleva arco de plata, y Artemis, y los van matando con suaves flechas. Hay en la isla dos ciudades, que se han repartido todo el territorio, y en ambas reinaba mi padre, Ctesio Orm\u00e9nida, semejante a los inmortales.<\/p>\n<p>415<\/p>\n<p>All\u00ed vinieron unos fenicios, hombres ilustres en la navegaci\u00f3n, pero falaces, que tra\u00edan inn\u00fameros joyeles en su negra nave. Hab\u00eda entonces en casa de mi padre una mujer fenicia, hermosa, alta y diestra en espl\u00e9ndidas labores; y los astutos fenicios la sedujeron. Uno, que la encontr\u00f3 lavando, uni\u00f3se con ella junto a la c\u00f3ncava nave, con amor y conc\u00fabito, lo cual les turba la raz\u00f3n a las d\u00e9biles mujeres, aunque sean laboriosas. Pregunt\u00f3le luego quien era y de d\u00f3nde hab\u00eda venido; y la mujer, se\u00f1al\u00e1ndole al punto la alta casa de mi padre, le respondi\u00f3 de esta guisa:<\/p>\n<p>425<\/p>\n<p>\u2014Me jacto de haber nacido en Sid\u00f3n, que abunda en bronce, y soy hija del opulento Aribante. Rob\u00e1ronme unos piratas tafios un d\u00eda que volv\u00eda del campo y, habi\u00e9ndome tra\u00eddo aqu\u00ed, me vendieron al amo de esta morada, quien les entreg\u00f3 un buen precio.<\/p>\n<p>430<\/p>\n<p>D\u00edjole a su vez el hombre que con ella se hab\u00eda unido secretamente:<\/p>\n<p>431<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuerr\u00edas volver a tu patria con nosotros, para ver la alta casa de tu padre y de tu madre y a ellos mismos? Pues a\u00fan viven y gozan fama de ricos.<\/p>\n<p>434<\/p>\n<p>La mujer le respondi\u00f3 con estas palabras:<\/p>\n<p>435<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed lo hiciera si vosotros, oh navegantes, os obligaseis de buen grado y con juramento a conducirme sana y salva a mi patria.<\/p>\n<p>437<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00f3; y todos juraron, como se lo mandaba. Tan pronto como hubieron acabado de prestar el juramento, la mujer les dirigi\u00f3 nuevamente el habla y les dijo:<\/p>\n<p>440<\/p>\n<p>\u2014Silencio ahora, y ninguno de vuestros compa\u00f1eros me hable si me encuentra en la calle o en la fuente: no sea que vayan a dec\u00edrselo al viejo, all\u00e1 en su morada; y \u00e9ste, poni\u00e9ndose receloso, me ate con duras cadenas y maquine c\u00f3mo exterminaros a vosotros. Guardad en vuestra mente lo convenido y apresurad la compra de las provisiones para el viaje. Y as\u00ed que el bajel est\u00e9 lleno de vituallas, penetre alguien en el palacio para anunci\u00e1rmelo; y traer\u00e9 cuanto oro me venga a las manos. Encima de esto quisiera daros otra recompensa por mi pasaje: en la casa cu\u00eddome de un hijo de ese noble se\u00f1or, y es tan despierto que ya corre conmigo fuera del palacio; lo traer\u00e9 a vuestra nave y os granjear\u00e1 una suma inmensa dondequiera que en el pa\u00eds de otras gentes lo vendiereis.<\/p>\n<p>454<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo dicho, fuese al hermoso palacio. Qued\u00e1ronse los fenicios un a\u00f1o entero con nosotros y compraron muchas vituallas para la c\u00f3ncava nave; mas, as\u00ed que estuvo cargada y en disposici\u00f3n de partir, enviaron un propio para dec\u00edrselo a la mujer.<\/p>\n<p>459<\/p>\n<p>Present\u00f3se en casa de mi padre un hombre muy sagaz, que tra\u00eda un collar de \u00e1mbar engastado en oro; y, mientras las esclavas de mi veneranda madre lo tomaban en las manos, lo contemplaban con sus ojos y ofrec\u00edan precio, aqu\u00e9l hizo a la mujer silenciosa se\u00f1al y se volvi\u00f3 acto continuo a la c\u00f3ncava nave.<\/p>\n<p>466<\/p>\n<p>La fenicia, tom\u00e1ndome por la mano, me sac\u00f3 del palacio, y, como hallara en el vest\u00edbulo las copas y las mesas de los convidados que frecuentaban la casa de mi padre y que entonces hab\u00edan ido a sentarse en la reuni\u00f3n y junta del pueblo, llev\u00f3se tres copas que escondi\u00f3 en su seno; y yo la fui siguiendo simplemente.<\/p>\n<p>471<\/p>\n<p>Pon\u00edase el sol y las tinieblas ocupaban todos los caminos, en el momento en que nosotros, andando a buen paso, llegamos al famoso puerto donde se hallaba la veloz embarcaci\u00f3n de los fenicios.<\/p>\n<p>474<\/p>\n<p>Nos hicieron subir, embarc\u00e1ronse todos, empez\u00f3 la navegaci\u00f3n por la l\u00edquida llanura y Zeus nos envi\u00f3 pr\u00f3spero viento. Navegamos seguidamente por espacio de seis d\u00edas con sus noches; mas, cuando Zeus Croni\u00f3n nos trajo el s\u00e9ptimo d\u00eda, Artemis, que se complace en tirar flechas, hiri\u00f3 a la mujer, y \u00e9sta cay\u00f3 con estr\u00e9pito en la sentina, cual si fuese una gaviota. Ech\u00e1ronla al mar, para pasto de focas y de peces; y yo me qued\u00e9 con el coraz\u00f3n afligido. El viento y las olas los trajeron a Itaca, y ac\u00e1 Laertes me compr\u00f3 con sus bienes. As\u00ed fue como mis ojos vieron esta tierra.<\/p>\n<p>485<\/p>\n<p>Odiseo, del linaje de Zeus, respondi\u00f3le con estas palabras:<\/p>\n<p>486<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eumeo! Has conmovido hondamente mi coraz\u00f3n al contarme por menudo los males que padeciste. Mas Zeus te ha puesto cerca del mal un bien, ya que, aunque a costa de muchos trabajos, llegaste a la morada de un hombre ben\u00e9volo que te da sol\u00edcitamente de comer y de beber, y disfrutas de buena vida; mientras que yo tan s\u00f3lo he podido llegar aqu\u00ed despu\u00e9s de peregrinar por gran n\u00famero de ciudades.<\/p>\n<p>493<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. Ech\u00e1ronse despu\u00e9s a dormir, mas no fue por mucho tiempo, que en seguida lleg\u00f3 Eos de hermoso trono.<\/p>\n<p>495<\/p>\n<p>Los compa\u00f1eros de Tel\u00e9maco, cuanto ya la nave se acerc\u00f3 a la tierra, amainaron las velas, abatieron r\u00e1pidamente el m\u00e1stil, y llevaron el buque, a fuerza de remos, al fondeadero. Echaron anclas y ataron las amarras, saltaron a la playa y aparejaron la comida, mezclando el negro vino.<\/p>\n<p>501<\/p>\n<p>Y as\u00ed que hubieron satisfecho el apetito de beber y de comer, el prudente Tel\u00e9maco empez\u00f3 a decirles:<\/p>\n<p>503<\/p>\n<p>\u2014Llevad ahora al negro bajel a la ciudad: pues yo me ir\u00e9 hacia el camino y los pastores; y al caer de la tarde, cuando haya visto mis tierras, bajar\u00e9 a la poblaci\u00f3n. Y ma\u00f1ana os dar\u00e9, por premio de este viaje, un buen convite de carnes y dulce vino.<\/p>\n<p>508<\/p>\n<p>D\u00edjole entonces Teocl\u00edmeno, semejante a un dios:<\/p>\n<p>509<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY yo, hijo amado, ad\u00f3nde ir\u00e9? \u00bfA qu\u00e9 casa de los varones que imperan en la \u00e1spera Itaca? \u00bfHabr\u00e9 de encaminarme acaso donde est\u00e1 tu madre, a tu morada?<\/p>\n<p>512<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>513<\/p>\n<p>\u2014 En otras circunstancias te mandar\u00eda a mi casa, donde no faltan arbitrios para hospedar al forastero: mas ahora fuera lo peor para ti, porque yo no estar\u00e9 y mi madre tampoco te ha de ver; que en el palacio no se muestra a menudo a los pretendientes, antes vive muy apartada en la estancia superior, labrando una tela. Voy a indicarte un var\u00f3n a cuya casa puedes ir: Eur\u00edmaco, preclaro hijo del prudente P\u00f3libo, a quien los \u00edtacenses miran ahora como a un numen, pues es, con mucho, el mejor de todos y anhela casarse con mi madre y alcanzar la dignidad real que tuvo Odiseo. Mas Zeus Ol\u00edmpico, que vive en el \u00e9ter, sabe si antes de las bodas har\u00e1 que luzca para los pretendientes un infausto d\u00eda.<\/p>\n<p>525<\/p>\n<p>No hubo acabado de hablar, cuando vol\u00f3 en lo alto, hacia la derecha, un gavil\u00e1n, el r\u00e1pido mensajero de Apolo; el cual desplumaba una paloma que ten\u00eda entre sus garras, dejando caer las plumas a tierra entre la nave y el mismo Tel\u00e9maco. Entonces Teocl\u00edmeno llam\u00f3 a \u00e9ste, separadamente de los compa\u00f1eros, le tom\u00f3 la mano y as\u00ed le dijo:<\/p>\n<p>531<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! No sin ordenarlo un dios vol\u00f3 el ave a tu derecha; pues mir\u00e1ndola de frente, entend\u00ed que es agorera. No hay en la poblaci\u00f3n de Itaca un linaje m\u00e1s real que el vuestro y mandar\u00e9is all\u00e1 perpetuamente.<\/p>\n<p>535<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el prudente Tel\u00e9maco:<\/p>\n<p>536<\/p>\n<p>\u2014Ojal\u00e1 se cumpliese lo que dices, oh forastero, que bien pronto conocer\u00edas mi amistad, pues te har\u00eda tantos presentes que te considerara dichoso quien contigo se encontrase.<\/p>\n<p>539<\/p>\n<p>Dijo; y habl\u00f3 as\u00ed a Pireo, su fiel amigo:<\/p>\n<p>540<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pireo Cl\u00edtida! T\u00fa, que en las restantes cosas eres el m\u00e1s obediente de los compa\u00f1eros que me han seguido a Pilos, ll\u00e9vate ahora mi hu\u00e9sped a tu casa, tr\u00e1tale con sol\u00edcita amistad y h\u00f3nrale hasta que yo llegue.<\/p>\n<p>544<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le Pireo, se\u00f1alado por su lanza:<\/p>\n<p>545<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tel\u00e9maco! Aunque fuere mucho el tiempo que aqu\u00ed te detengas, yo me cuidar\u00e9 de \u00e9l y no echar\u00e9 de menos los dones de la hospitalidad.<\/p>\n<p>547<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, subi\u00f3 a la nave y orden\u00f3 a los compa\u00f1eros que se embarcaran y desataran las amarras. Estos se embarcaron en seguida, sent\u00e1ndose por orden en los bancos.<\/p>\n<p>550<\/p>\n<p>Tel\u00e9maco se calz\u00f3 las hermosas sandalias y tom\u00f3 del tablado del bajel la lanza fuerte y de bronc\u00ednea punta, mientras los marineros soltaban las amarras. Hici\u00e9ronse a la vela y navegaron con rumbo a la poblaci\u00f3n, como se lo hab\u00eda mandado Tel\u00e9maco, hijo amado del divinal Odiseo. Y \u00e9l se fue a buen paso hacia la majada donde ten\u00eda innumerables puercos, junto a los cuales pasaba la noche el porquerizo, que tan afecto era a sus se\u00f1ores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XV 1 Mientras tanto encamin\u00f3se Palas Atenea a la vasta Lacedemonia, para traerle a las mientes la idea del regreso al hijo ilustre del magn\u00e1nimo Odiseo e incitarle a que volviera a su morada. 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