{"id":912,"date":"2010-11-27T00:31:03","date_gmt":"2010-11-26T22:31:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=912"},"modified":"2010-11-27T00:31:03","modified_gmt":"2010-11-26T22:31:03","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xiv-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xiv-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XIV) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XIV<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Odiseo, dejando el puerto, empez\u00f3 \u00e1spero camino por lugares selvosos, entre unas eminencias, hacia donde le hab\u00eda indicado Atenea que hallar\u00eda al porquerizo: el cual era, entre todos los criados adquiridos por el divinal Odiseo, quien con mayor solicitud le cuidaba los bienes.<\/p>\n<div>5<\/div>\n<p>Hall\u00f3le sentado en el vest\u00edbulo de la majada excelsa, hermosa y grande, construida en lugar descubierto que se andaba toda ella alrededor: la cual hab\u00eda labrado el mismo porquerizo para los cerdos del ausente rey, sin ayuda de su ama ni del anciano Laertes, empleando piedras de acarreo y cerc\u00e1ndola con un seto espinoso. Puso fuera de la majada, ac\u00e1 y acull\u00e1, una larga serie de espesas estacas, que hab\u00eda cortado del coraz\u00f3n de unas encinas; y construy\u00f3 dentro doce pocilgas muy juntas en que se echaban los puercos. En cada una ten\u00eda encerradas cincuenta hembras paridas de puercos, que se acuestan en el suelo; y los machos pasaban la noche fuera, siendo su n\u00famero mucho menor porque los pretendientes, iguales a los dioses, los disminu\u00edan comi\u00e9ndose siempre el mejor de los puercos gordos, que les enviaba el porquerizo. Eran los cerdos trescientos sesenta.21<\/p>\n<p>Junto a ellos hall\u00e1banse constantemente cuatro perros, semejantes a fieras, que hab\u00eda criado el porquerizo, mayoral de los pastores. Este cortaba entonces un cuero de buey de color vivo y hac\u00eda unas sandalias, ajust\u00e1ndolas a sus pies; y de los otros pastores, tres se hab\u00edan encaminado a diferentes lugares con las piaras de los cerdos y el cuarto hab\u00eda sido enviado a la ciudad por Eumeo para llevarles a los orgullosos pretendientes el obligado puerco que inmolar\u00edan para saciar con la carne su apetito. 29<\/p>\n<p>De s\u00fabito los perros ladradores vieron a Odiseo y, ladrando, corrieron hacia \u00e9l; m\u00e1s el h\u00e9roe se sent\u00f3 astutamente y dej\u00f3 caer el garrote que llevaba en la mano. Entonces quiz\u00e1s hubiera padecido vergonzoso infortunio junto a sus propios establos; pero el porquerizo sigui\u00f3 en seguida y con \u00e1gil pie a los canes y, atravesando apresuradamente el umbral donde se le cay\u00f3 de la mano aquel cuero, les dio voces, los ech\u00f3 a pedradas a cada uno por su lado, y habl\u00f3 al rey de esta manera: 37<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh anciano! En un tris estuvo que los perros te despedazaran s\u00fabitamente, con lo cual me habr\u00edas causado gran oprobio. Ya los dioses me tienen dolorido y me hacen gemir por una causa bien distinta; pues mientras lloro y me angustio pensando en mi se\u00f1or, igual a un dios, he de criar estos puercos gordos para que otros se los coman y quiz\u00e1s \u00e9l est\u00e9 hambriento y ande peregrino por pueblos y ciudades de gente de extra\u00f1o lenguaje, si a\u00fan vive y contempla la lumbre del sol. Pero ven, anciano, s\u00edgueme a la caba\u00f1a, para que, despu\u00e9s de saciarte de manjares y de vino conforme a tu deseo, me digas d\u00f3nde naciste y cu\u00e1ntos infortunios has sufrido. 48<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, el divinal porquerizo gui\u00f3le a la caba\u00f1a, introd\u00fajole en ella, e hizo sentar, despu\u00e9s de esparcir por el suelo muchas ramas secas, las cuales cubri\u00f3 con la piel de una cabra mont\u00e9s, grande, vellosa y tupida que le serv\u00eda de lecho. Holg\u00f3se Odiseo del recibimiento que le hac\u00eda Eumeo, y le habl\u00f3 de esta suerte: 53<\/p>\n<p>\u2014Zeus y los inmortales dioses te concedan, \u00a1oh hu\u00e9sped! lo que m\u00e1s anheles: ya que con tal benevolencia me has acogido. 55<\/p>\n<p>Y t\u00fa le contestaste as\u00ed, porquerizo Eumeo:56<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh forastero! No me es l\u00edcito despreciar al hu\u00e9sped que se presente, aunque sea m\u00e1s miserable que t\u00fa, pues son de Zeus todos los forasteros y todos los pobres. Cualquier donaci\u00f3n nuestra le es grata, aunque sea exigua; que as\u00ed suelen hacerlas los siervos, siempre temerosos cuando mandan amos j\u00f3venes. Pues las deidades atajaron sin duda la vuelta del m\u00edo, el cual, am\u00e1ndome por todo extremo, me habr\u00eda procurado una posesi\u00f3n una casa, un peculio y una mujer muy codiciada; todo lo cual da un amo ben\u00e9volo a su siervo, cuando ha trabajado mucho para \u00e9l y las deidades hacen prosperar su obra como hicieron prosperar \u00e9sta en que me ocupo. Grandemente me ayudara mi se\u00f1or si aqu\u00ed envejeciese; pero muri\u00f3 ya: \u00a1as\u00ed hubiera perecido completamente la estirpe de Helena, por la cual a tantos hombres les quebraron las rodillas! Que aqu\u00e9l fue a Troya, la de hermosos corceles, para honrar a Agamemn\u00f3n combatiendo contra los teucros. 72<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, en un instante se sujet\u00f3 la t\u00fanica con el cintur\u00f3n, se fue a las pocilgas donde estaban las piaras de los puercos, volvi\u00f3 con dos, y a entrambos los sacrific\u00f3, los chamusc\u00f3 y, despu\u00e9s de descuartizarlos, los espet\u00f3 en los asadores. Cuando la carne estuvo asada, se la llev\u00f3 a Odiseo, caliente a\u00fan y en los mismos asadores, polvore\u00e1ndola de blanca harina; ech\u00f3 en una copa de hiedra vino dulce como la miel. 79<\/p>\n<p>Sent\u00f3se enfrente de Odiseo, e, invit\u00e1ndole, habl\u00f3le de esta suerte: 80<\/p>\n<p>\u2014Come, oh hu\u00e9sped, esta carne de puerco, que es la que est\u00e1 a la disposici\u00f3n de los esclavos; pues los pretendientes devoran los cerdos m\u00e1s gordos, sin pensar en la venganza de las deidades, ni sentir piedad alguna. 83<\/p>\n<p>Pero los bienaventurados n\u00famenes no se agradan de las obras perversas, sino que honran la justicia y las acciones sensatas de los hombres. Y aun los varones mal\u00e9volos y enemigos que invaden el pa\u00eds ajeno y, permiti\u00e9ndoles Zeus que recojan bot\u00edn, vuelven a la patria con las naves repletas; aun \u00e9stos sienten que un fuerte temor de la venganza divina les oprime el coraz\u00f3n. Mas los pretendientes algo deben de saber de la deplorable muerte de aquel por la voz de alguna deidad que han o\u00eddo, cuando no quieren pedir de justo modo el casamiento, ni restituirse a sus casas; antes muy tranquilos consumen los bienes orgullosa e inmoderadamente. En ninguno de los d\u00edas ni de las noches, que proceden de Zeus, se contentan con sacrificar una v\u00edctima, ni dos tan solo; y agotan el vino, bebi\u00e9ndolo sin tasa alguna. Pues la hacienda de mi amo era cuantios\u00edsima, tanto como la de ninguno de los h\u00e9roes que viven en el negro continente o en la propia Itaca y ni juntando veinte hombres la suya pudieran igualarla. Te la voy a especificar. 100<\/p>\n<p>Doce vacadas hay en el continente; y otros tantos ganados de ovejas, otras tantas piaras de cerdos, y otras tantas copiosas manadas de cabras apacientan all\u00e1 sus pastores y gente asalariada. Aqu\u00ed pacen once hatos numerosos de cabras en la extremidad del campo, y los vigilan buenos pastores, cada uno de los cuales lleva todos los d\u00edas a los pretendientes una res, aquella de las bien nutridas cabras que le parece mejor. Y yo guardo y protejo estas marranas y, separando siempre el mejor de los puercos, se lo env\u00edo tambi\u00e9n. 109<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Odiseo, sin desplegar los labios, devoraba aprisa la vianda y beb\u00eda vino con avidez, maquinando males contra los pretendientes. Despu\u00e9s que hubo cenado y repuesto el \u00e1nimo con la comida, diole Eumeo la copa que usaba para beber, llena de vino. Acept\u00f3la el h\u00e9roe y, alegr\u00e1ndose en su coraz\u00f3n pronunci\u00f3 estas aladas palabras: 115<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh amigo! \u00bfQui\u00e9n fue el que te compr\u00f3 con sus bienes y era tan opulento y poderoso, seg\u00fan cuentas? Dec\u00edas que pereci\u00f3 por causa de la honra de Agamemn\u00f3n. N\u00f3mbramelo por si acaso en alguna parte hubiese conocido a tal hombre. Zeus y los dioses inmortales saben si lo he visto y podr\u00e9 darte alguna nueva, pues anduve perdido por mucho pueblos. 121<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el porquerizo mayoral de los pastores: 122<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh viejo! A ning\u00fan vagabundo que llegue con noticias de mi amo, le dar\u00e1n cr\u00e9dito ni la mujer de \u00e9ste ni su hijo; pues los que van errantes y necesitan socorro mienten sin reparo y se niegan a hablar sinceramente. Todo aquel que, peregrinando, llega al pueblo de Itaca, va a referirle patra\u00f1as a mi ama; y \u00e9sta le acoge amistosamente, le hace preguntas sobre cada punto, y al momento solloza y destila l\u00e1grimas de sus p\u00e1rpados, como es costumbre de la mujer cuyo marido ha muerto en otra tierra. T\u00fa mismo, oh anciano, inventar\u00edas muy pronto cualquier relaci\u00f3n, si te diesen un manto y una t\u00fanica con que vestirte. Mas ya los perros y las veloces aves han debido separarle la piel de los huesos, y el almo le habr\u00e1 dejado; o quiz\u00e1s los peces lo devoraron en el ponto y sus huesos yacen en la playa, dentro de un gran mont\u00f3n de arena. De tal suerte muri\u00f3 aqu\u00e9l y nos ha dejado pesares a todos sus amigos y especialmente a m\u00ed, que ya no hallar\u00e9 un amo tan ben\u00e9volo en ning\u00fan lugar a que me encamine, ni aun si me fuere a la casa de mi padre y de mi madre donde nac\u00ed y ellos me criaron. Y lloro no tanto por ellos, aunque deseara verlos con mis ojos en la patria tierra, como porque me aqueja el deseo del ausente Odiseo; a quien, oh hu\u00e9sped, temo nombrar, no hall\u00e1ndose ac\u00e1, pues me amaba mucho y se interesaba por mi en su coraz\u00f3n, y yo le llamo hermano del alma por mas que est\u00e9 lejos. 148<\/p>\n<p>D\u00edjole entonces el paciente divinal Odiseo: 149<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh amigo! Ya que a todo te niegas, asegurando que aqu\u00e9l no ha de volver, y tu \u00e1nimo permanece incr\u00e9dulo; no s\u00f3lo quiero repetirte, sino hasta jurarte, que Odiseo volver\u00e1. Por albricias de la buena nueva revestidme de un manto y una t\u00fanica, que sean hermosas vestiduras, tan presto como aqu\u00e9l llegue a su palacio; pues antes nada aceptar\u00eda, no obstante la gran necesidad en que me veo. Me es tan odioso como las puertas del Hades a aquel que, cediendo a la miseria refiere embustes. 158<\/p>\n<p>Sean testigos primeramente Zeus entre los dioses y luego la mesa hospitalaria y el hogar del intachable Odiseo a que he llegado, de que todo se cumplir\u00e1 como lo digo: Odiseo vendr\u00e1 aqu\u00ed este mismo a\u00f1o; al terminar el corriente mes y comenzar el otro volver\u00e1 a su casa, y se vengar\u00e1 de quien ultraje a su mujer y a su preclaro hijo. 165<\/p>\n<p>Y t\u00fa le contestaste as\u00ed, porquerizo Eumeo: 166<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh anciano! Ni tendr\u00e9 que pagar albricias por la buena nueva, ni Odiseo tornar\u00e1 a su casa; pero bebe tranquilo, cambiemos de conversaci\u00f3n y no me traigas tal asunto a la memoria, que el \u00e1nimo se me aflige en el pecho cada vez que oigo mentar a mi venerable se\u00f1or. No hagamos caso del juramento y pres\u00e9ntese Odiseo, como yo quisiera y tambi\u00e9n Penelopea, el anciano Laertes y Tel\u00e9maco, semejante a los dioses. 174<\/p>\n<p>Por este ni\u00f1o me lamento ahora sin cesar, por Tel\u00e9maco, a quien engendr\u00f3 Odiseo; como las deidades le criaran a par de un pimpollo, pens\u00e9 que m\u00e1s adelante no ser\u00eda entre los hombres inferior a su padre, sino tan digno de admiraci\u00f3n por su cuerpo y su gentileza; mas, habi\u00e9ndole trastornado alguno de los inmortales o de los hombres el buen juicio de que disfrutaba, se ha ido a la divina Pilos en busca de noticias de su progenitor, y los ilustres pretendientes le preparan asechanzas para cuando torne, a fin de que desaparezca de Itaca sin gloria alguna el linaje de Arcesio, semejante a los dioses. Pero dej\u00e9mosle, ora sea capturado, ora logre escapar porque el Cronida extiende su brazo encima de \u00e9l. 185<\/p>\n<p>Ea, anciano, refi\u00e9reme tus cuitas, y dime la verdad de esto para que yo me entere: \u00bfQui\u00e9n eres y de qu\u00e9 pa\u00eds procedes? \u00bfD\u00f3nde se halla tu ciudad y tus padres? \u00bfEn qu\u00e9 embarcaci\u00f3n llegaste? \u00bfC\u00f3mo los marineros te trajeron a Itaca? \u00bfQuienes se precian de ser? Pues no me figuro que hayas venido andando. 191<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo: 192<\/p>\n<p>\u2014De todo esto voy a informarte circunstanciadamente. Si tuvi\u00e9ramos comida y dulce vino para mucho tiempo, y nos qued\u00e1semos a celebrar festines en esta caba\u00f1a mientras los dem\u00e1s fueran al trabajo, no me ser\u00eda f\u00e1cil referirte en todo el a\u00f1o cuantos pesares ha padecido mi alma por la voluntad de los dioses. 199<\/p>\n<p>Por mi linaje, me precio de ser natural de la espaciosa Creta, donde tuve por padre un var\u00f3n opulento. Otros muchos hijos le nacieron tambi\u00e9n y se criaron en el palacio, todos leg\u00edtimos, de su esposa, pero a mi me pari\u00f3 una mujer comprada, que fue su concubina; pero guard\u00e1bame igual consideraci\u00f3n que a sus hijo leg\u00edtimos C\u00e1stor Hil\u00e1cida, cuyo v\u00e1stago me glorio ser, y a quien honraban los cretenses como a un dios por su felicidad, por sus riquezas y por su gloriosa prole. Cuando las Moiras de la muerte se lo llevaron a la morada de Hades, sus hijos magn\u00e1nimos partieron entre s\u00ed las riquezas echando suertes sobre ellas, y me dieron muy poco, asign\u00e1ndome una casa. Tom\u00e9 mujer de gente muy rica, por s\u00f3lo mi valor; que no era yo despreciable ni t\u00edmido en la guerra. Ahora ya todo lo he perdido; esto no obstante, viendo la paja conocer\u00e1s la mies, aunque me tiene abrumado un gran infortunio. Di\u00e9ronme Ares y Atenea audacia y valor para destruir las huestes de los contrarios, y en ninguna de las veces que hube de elegir los hombres de m\u00e1s br\u00edos y llevarlos a una emboscada, maquinando males contra los enemigos, mi \u00e1nimo generoso me puso la muerte ante los ojos; sino que arroj\u00e1ndome a la lucha mucho antes que nadie, era quien primero mataba con la lanza al enemigo que no me aventajase en la ligereza de sus pies. De tal modo me portaba en la guerra. No me gustaban las labores campestres, ni el cuidado de la casa que cr\u00eda hijos ilustres, sino tan solamente las naves con sus remos, los combates, los pulidos dardos y las saetas; cosas tristes y horrendas para los dem\u00e1s y gratas para mi, por haberme dado alg\u00fan dios esa inclinaci\u00f3n; que no todos hallamos deleite en las mismas acciones. Ya antes que los aqueos pusieran el pie en Troya, hab\u00eda capitaneado nueve veces hombres y naves de ligero andar contra extranjeras gentes, y todas las cosas llegaban a mis manos en gran abundancia. De ellas me reservaba las m\u00e1s agradables y luego me tocaban muchas por suerte; de manera que, creciendo mi casa con rapidez, fui poderoso y respetado entre los cretenses.235<\/p>\n<p>Mas cuando dispuso el largovidente Zeus aquella expedici\u00f3n odiosa, en la cual a tantos varones les quebraron las rodillas, se nos mand\u00f3 a mi y al per\u00ednclito Idomeneo que fu\u00e9ramos capitanes de los bajeles que iban a Ili\u00f3n, y no hubo medio de negarse por el temor de adquirir mala fama entre el pueblo. 240<\/p>\n<p>All\u00e1 peleamos los aqueos nueve a\u00f1os, y al d\u00e9cimo, asolada por nosotros la ciudad de Pr\u00edamo, partimos en las naves hacia nuestras casas; pero un dios disperso a los aqueos. 243<\/p>\n<p>Y el pr\u00f3vido Zeus medit\u00f3 males contra mi, desgraciado, que estuve holgando un mes tan solo con mis hijos, mi leg\u00edtima esposa y mis riquezas; pues luego incit\u00f3me el \u00e1nimo a navegar hacia Egipto, preparando debidamente los bajeles con los compa\u00f1eros iguales a los dioses. Equip\u00e9 nueve barcos y pronto se reuni\u00f3 la gente necesaria. 249<\/p>\n<p>Seis d\u00edas pasaron mis fieles compa\u00f1eros celebrando banquetes y yo les depar\u00e9 muchas v\u00edctimas para los sacrificios y para su propia comida. 252<\/p>\n<p>Al s\u00e9ptimo subimos a los barco; y, partiendo de la espaciosa Creta, navegamos al soplo de un pr\u00f3spero y fuerte B\u00f3reas, con igual facilidad que si nos llevara la corriente. Ninguna de las naves recibi\u00f3 da\u00f1o y todos est\u00e1bamos en ellas sanos y salvos, pues el viento y los pilotos las conduc\u00edan. En cinco d\u00edas llegamos al r\u00edo Egipto, de hermosa corriente, en el cual detuve las corvas naves. Entonces, despu\u00e9s de mandar a los fieles compa\u00f1eros que se quedasen a custodiar las embarcaciones, envi\u00e9 esp\u00edas a los lugares oportunos para explorar la comarca. Pero los m\u00edos, cediendo a la insolencia por seguir su propio impulso, empezaron a devastar los hermosos campos de los egipcios; y se llevaban las mujeres y los ni\u00f1os, y daban muerte a los varones. No tard\u00f3 el clamoreo en llegar a la ciudad. Sus habitantes, habiendo o\u00eddo los gritos, vinieron al amanecer: el campo se llen\u00f3 de infanter\u00eda, de caballos y de reluciente bronce; Zeus, que se huelga con el rayo, envi\u00f3 a mis compa\u00f1eros la perniciosa fuga; y ya, desde aquel momento, nadie se atrevi\u00f3 a resistir, pues los males nos cercaban por todas partes. All\u00ed nos mataron con el agudo bronce muchos hombres, y a otros se los llevaron vivos para obligarles a trabajar en pro de los ciudadanos. A m\u00ed el mismo Zeus p\u00fasome en el alma esta resoluci\u00f3n -ojal\u00e1 me hubiese muerto entonces y se hubiera cumplido mi hado all\u00ed, en Egipto, pues la desgracia ten\u00eda que perseguirme a\u00fan- al instante me quit\u00e9 de la cabeza el bien labrado yelmo y de los hombros el escudo, arroj\u00e9 la lanza lejos de las manos y me fui hacia los corceles del rey, a quien abrac\u00e9 por las rodillas, bes\u00e1ndoselas. El rey me protegi\u00f3 y salv\u00f3; pues haci\u00e9ndome subir al carro en que iba montado me condujo a su casa, mientras mis ojos desped\u00edan l\u00e1grimas. Acometi\u00e9ronme much\u00edsimos con sus lanzas de fresno e intentaron matarme porque estaban muy irritados; pero aqu\u00e9l los apart\u00f3 temiendo la c\u00f3lera de Zeus hospitalario, el cual se indigna en gran manera por las malas acciones. 285<\/p>\n<p>All\u00ed me detuve siete a\u00f1os y junt\u00e9 muchas riquezas entre los egipcios, pues todos me daban alguna cosa. Mas, cuando lleg\u00f3 el octavo, present\u00f3se un fenicio muy trapacero y falaz, que ya hab\u00eda causado a otros hombres multitud de males; y, persuadi\u00e9ndome con su ingenio llev\u00f3me a Fenicia donde se hallaban su casa y sus bienes. Estuve con \u00e9l un a\u00f1o entero; y tan pronto como, transcurriendo el a\u00f1o, los meses y los d\u00edas del mismo se acabaron y las estaciones volvieron a sucederse, urdi\u00f3 otros enga\u00f1os y me llev\u00f3 a la Libia en su nave, surcadora del ponto, con el aparente fin de que le ayudase a conducir sus mercanc\u00edas, pero en realidad, para venderme all\u00ed por un precio cuantioso. Tuve que seguirle, aunque ya sospechaba algo, y me embarqu\u00e9 en su nave. Corr\u00eda \u00e9sta por el mar al soplo de un pr\u00f3spero y fuerte B\u00f3reas, a la altura de Creta; y en tanto meditaba Zeus como a la perdici\u00f3n lo llevar\u00eda. 301<\/p>\n<p>Cuando hubimos dejado a Creta y ya no se divisaba tierra alguna, sino tan solamente el cielo y el mar, Zeus coloc\u00f3 por cima de la c\u00f3ncava embarcaci\u00f3n una parda nube, debajo de la cual se obscureci\u00f3 el ponto, despidi\u00f3 un trueno y al propio tiempo arroj\u00f3 un rayo en nuestra nave; \u00e9sta se estremeci\u00f3 al ser herida por el rayo de Zeus, llen\u00e1ndose del olor del azufre; y mis hombres cayeron en el agua. Llev\u00e1balos el oleaje alrededor del negro bajel como cornejas, y un dios les priv\u00f3 de la vuelta a la patria. 310<\/p>\n<p>Pero a m\u00ed, aunque afligido en el \u00e1nimo, el propio Zeus ech\u00f3me en las manos el m\u00e1stil largu\u00edsimo de la nave de azulada proa, para que aun entonces escapase de la desgracia. Abrazado con \u00e9l fui juguete de los perniciosos vientos durante nueve d\u00edas, y al d\u00e9cimo en una noche obscura, ingente ola me arroj\u00f3 a la tierra de los tesprotos. All\u00ed el h\u00e9roe Fid\u00f3n, rey de los tesprotos, acogi\u00f3me graciosamente pues habi\u00e9ndose presentado su hijo donde yo me encontraba, me levant\u00f3 con su mano y me llev\u00f3 a la mansi\u00f3n del padre, cuando ya me rend\u00edan el fr\u00edo y el cansancio, y me entreg\u00f3 un manto y una t\u00fanica para que me vistiera. 321<\/p>\n<p>All\u00ed me hablaron de Odiseo: particip\u00f3me el rey que le estaba dando amistoso acogimiento y que ya el h\u00e9roe iba a volver a su patria tierra; y me mostr\u00f3 todas las riquezas que Odiseo hab\u00eda juntado en bronce, oro y labrado hierro, con las cuales pudieran mantenerse un hombre y sus descendientes hasta la d\u00e9cima generaci\u00f3n: \u00a1tantas alhajas ten\u00eda en el palacio de aquel monarca! 327<\/p>\n<p>A\u00f1adi\u00f3 que Odiseo se hallaba en Dodona para saber por la alta encina la voluntad de Zeus sobre si convendr\u00eda que volviese manifiesta o encubiertamente al rico pa\u00eds de Itaca, del cual se hab\u00eda ausentado hac\u00eda mucho tiempo. Y jur\u00f3 en mi presencia, ofreciendo libaciones en su casa, que ya hab\u00edan echado la nave al mar y estaban a punto los compa\u00f1eros para conducirlo a su patria tierra. Pero antes despidi\u00f3me a mi, porque se ofreci\u00f3 casualmente una nave de marineros tesprotos que iba a Duliquio, la abundosa en trigo. Mand\u00f3les que me llevasen con toda solicitud al rey Acasto: mas a ellos les plugo tomar una perversa resoluci\u00f3n, para que a\u00fan me cayeran encima toda suerte de desgracias e infortunios. As\u00ed que la nave surcadora del ponto estuvo muy distante de la tierra, decidieron que hubiese llegado para m\u00ed el d\u00eda de la esclavitud: y, desnud\u00e1ndome del manto y de la t\u00fanica que llevaba puestos, visti\u00e9ronme estos miserables andrajos y esta t\u00fanica, llenos de agujeros, que ahora contemplas con tus ojos. Por la tarde vinimos a los campos de Itaca, que se ve desde lejos; en llegando at\u00e1ronme fuertemente a la nave de muchos bancos con una soga retorcida, y acto continuo saltaron en tierra y tomaron la cena a orillas del mar. Pero los propios dioses deslig\u00e1ronme f\u00e1cilmente las ataduras; y entonces, li\u00e1ndome yo los andrajos a la cabeza, me deslic\u00e9 por el pulido tim\u00f3n, di a la mar el pecho, nad\u00e9 con ambas manos, y muy pronto me hall\u00e9 alejado de aquellos y fuera de su alcance. Sal\u00ed del mar adonde hay un bosque de florecientes encinas y me qued\u00e9 echado en tierra; ellos no cesaban de agitarse y de proferir hondos suspiros, pero al fin no les pareci\u00f3 ventajoso continuar la busca y tornaron a la c\u00f3ncava nave; y los dioses me encubrieron con facilidad y me trajeron a la majada de un var\u00f3n prudente, porque quiere el hado que mi vida sea m\u00e1s larga. 360<\/p>\n<p>Y t\u00fa le respondiste as\u00ed, porquerizo Eumeo: 361<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, el mas afortunado de los hu\u00e9spedes! Me has conmovido hondamente el \u00e1nimo al relatarme tan en particular cuanto padeciste y cuanto erraste de una parte a otra. Pero no me parece que hayas hablado como debieras en lo referente a Odiseo, ni me convencer\u00e1s con tus palabras. \u00bfQu\u00e9 es lo que te obliga, siendo cual eres, a mentir in\u00fatilmente? S\u00e9 muy bien a qu\u00e9 atenerme en orden a la vuelta de mi se\u00f1or, el cual debi\u00f3 de serles muy odioso a todas las deidades cuando \u00e9stas no quisieron que acabara sus d\u00edas entre los teucros, ni en brazos de sus amigos despu\u00e9s que termin\u00f3 la guerra; pues entonces todos los aqueos le habr\u00edan erigido un t\u00famulo y hubiera alcanzado para su hijo una gloria inmensa. Ahora desapareci\u00f3 sin fama, arrebatado por las Harp\u00edas. Mas yo vivo apartado, junto a los puercos, y s\u00f3lo voy a la ciudad cuando la prudente Penelopea me llama porque le traen de alguna parte cualquier noticia: sentados los de all\u00e1 junto al reci\u00e9n venido, h\u00e1cenle toda suerte de preguntas, as\u00ed los que se entristecen por la prolongada ausencia del rey, como los que de ella se regocijan porque devoran impunemente sus bienes; pero a m\u00ed no me place escudri\u00f1ar ni preguntar cosa alguna desde que me enga\u00f1\u00f3 con sus palabras un hombre etolo, el cual, habiendo vagado por muchas regiones a causa de un homicidio, lleg\u00f3 a mi morada y le trat\u00e9 afectuosamente. Asegur\u00f3 que hab\u00eda visto a Odiseo en Creta, junto a Idomeneo, donde reparaba el da\u00f1o que en sus embarcaciones hab\u00edan causado las tempestades; y dijo que llegar\u00eda hacia el verano o el oto\u00f1o con muchas riquezas, y juntamente con los compa\u00f1eros iguales a los dioses. Y t\u00fa, oh viejo que tantos males padeciste, ya que un dios te ha tra\u00eddo a mi casa, no quieras congraciarte y halagarme con embustes; que no te respetar\u00e9 ni te querr\u00e9 por eso, sino por el temor de Zeus hospitalario y por la compasi\u00f3n que me das. 390<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo: 391<\/p>\n<p>\u2014Muy incr\u00e9dulo es, en verdad, el \u00e1nimo que en tu pecho se entierra, cuando ni con el juramento he podido lograr que de m\u00ed te fiases y creyeses cuanto te dije. Mas, ea, hagamos un convenio y por cima de nosotros sean testigos los dioses, que en el Olimpo tienen su morada. Si tu se\u00f1or volviere a esta casa, me dar\u00e1s un manto y una t\u00fanica para vestirme y me enviar\u00e1s a Duliquio, que es el lugar adonde a mi \u00e1nimo le place ir; y si no volviere como te he dicho, incita contra m\u00ed a tus criados, y arr\u00f3jame de elevada pe\u00f1a, a fin de que los dem\u00e1s pordioseros se abstengan de enga\u00f1arte. 401<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el divinal porquerizo: 402<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh hu\u00e9sped! Buena fama y opini\u00f3n de virtud ganara entre los hombres ahora y en lo sucesivo, si, despu\u00e9s de traerte a mi caba\u00f1a y de presentarte los dones de la hospitalidad, te fuera a matar, priv\u00e1ndote de la vida. \u00a1Con qu\u00e9 disposici\u00f3n rogar\u00eda a Zeus Croni\u00f3n! Pero ya es hora de cenar: ojal\u00e1 viniesen pronto los compa\u00f1eros, para que aparej\u00e1ramos dentro de la caba\u00f1a una agradable cena. 409<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. Entre tanto acerc\u00e1ronse los puercos con sus pastores, quienes encerraron las marranas en las pocilgas, para que durmiesen, y un gru\u00f1ido inmenso se dej\u00f3 o\u00edr mientras los puercos se acomodaban en los establos. Entonces el divinal porquerizo dio esta orden a sus compa\u00f1eros: 414<\/p>\n<p>\u2014Traed el mejor de los puercos para que lo sacrifique en honra de este forastero venido de lejanas tierras y nos sea de provecho a nosotros, que ha mucho tiempo que nos fatigamos por los cerdos de blanca dentadura y otros se comen impunemente el fruto de nuestros afanes. 418<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, cort\u00f3 le\u00f1a con el despiadado bronce, mientras los pastores introduc\u00edan un gord\u00edsimo puerco de cinco a\u00f1os que dejaron junto al hogar; y el porquerizo no se olvid\u00f3 de los inmortales, pues ten\u00eda buenos sentimientos: ofreci\u00f3les las primicias arrojando en el fuego algunas cerdas de la cabeza del puerco de blanca dentadura, y pidi\u00f3 a todos los dioses que el prudente Odiseo volviera a su casa. Despu\u00e9s alz\u00f3 el brazo y con un tronco de encina que hab\u00eda dejado al cortar le\u00f1a hiri\u00f3 al puerco que cay\u00f3 ex\u00e1nime. Ellos lo degollaron, lo chamuscaron y seguidamente lo partieron en pedazos. El porquerizo empez\u00f3 tomando una parte de cada miembro del animal, envolvi\u00f3 en ping\u00fce grasa los trozos crudos y, polvore\u00e1ndolos de blanca harina, los ech\u00f3 en el fuego. Dividieron lo restante en pedazos m\u00e1s chicos que espetaron en los asadores, los asaron cuidadosamente y, retir\u00e1ndolos del fuego, los colocaron todos juntos encima de la mesa. Levant\u00f3se a hacer partes el porquerizo, cuya mente tanto apreciaba la justicia, y, dividiendo los trozos, form\u00f3 siete porciones: ofreci\u00f3 una a las ninfas y a Hermes, hijo de Maya, a quienes dirigi\u00f3 votos, y distribuy\u00f3 las dem\u00e1s a los comensales, honrando a Odiseo con el ancho lomo del puerco de blanca dentadura, cual obsequio alegr\u00f3le el esp\u00edritu a su se\u00f1or. 439<\/p>\n<p>En seguida el ingenioso Odiseo le habl\u00f3 diciendo: 440<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ojal\u00e1 seas, oh Eumeo, tan caro al padre Zeus como a m\u00ed mismo, pues, aun estando como estoy me honras con excelentes dones. 442<\/p>\n<p>Y t\u00fa le respondiste, as\u00ed, porquerizo Eumeo: 443<\/p>\n<p>\u2014Come, oh el m\u00e1s infortunado de los hu\u00e9spedes, y disfruta de lo que tienes adelante; pues la divinidad te dar\u00e1 esto y te rehusar\u00e1 aquella, seg\u00fan le plegue a su \u00e1nimo puesto que es todopoderosa. 446<\/p>\n<p>Dijo, sacrific\u00f3 las primicias a los sempiternos dioses y, libando el negro vino, puso la copa en manos de Odiseo, asolador de ciudades, que junto a su porci\u00f3n estaba sentado. 449<\/p>\n<p>Reparti\u00f3les el pan Mesaulio, a quien el porquerizo hab\u00eda adquirido por s\u00ed solo, en la ausencia de su amo y sin ayuda de su due\u00f1a ni del anciano Laertes, compr\u00e1ndolo a unos tafios con sus propios bienes. Todos metieron mano en las viandas que ten\u00edan delante. Y as\u00ed que hubieron satisfecho el deseo de comer y de beber, Mesaulio quit\u00f3 el pan, y ellos, hartos de pan y de carne, fu\u00e9ronse sin dilaci\u00f3n a la cama. 457<\/p>\n<p>Sobrevino una noche mala y sin luna, en la cual Zeus llovi\u00f3 sin cesar, y el lluvioso C\u00e9firo sopl\u00f3 continuamente y con gran furia. Y Odiseo habl\u00f3 del siguiente modo, tentando al porquerizo a fin de ver si se quitar\u00eda el manto para d\u00e1rselo o exhortar\u00eda a alguno de los compa\u00f1eros a que as\u00ed lo hiciesen, ya que tan gran cuidado con \u00e9l ten\u00eda. 462<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme ahora, Eumeo y dem\u00e1s compa\u00f1eros! Voy a proferir algunas palabras para gloriarme, que a ello me impulsa el perturbador vino; pues hasta al m\u00e1s sensato le hace cantar y re\u00edr blandamente, le incita a bailar y le mueve a revelar cosas que m\u00e1s conviniera tener calladas. Pero, ya que empec\u00e9 a hablar, no callar\u00e9 lo que me resta decir. \u00a1Ojal\u00e1 fuese tan joven y mis fuerzas tan robustas, como cuando gui\u00e1bamos al pie del muro de Troya la emboscada previamente dispuesta. Eran sus capitanes Odiseo y el Atrida Menelao, y yo iba como tercer jefe, pues ellos mismos me lo ordenaron. Tan pronto como llegamos cerca de la ciudad y de su alto muro, nos tendimos en unos espesos matorrales, entre las ca\u00f1as de un pantano, acurruc\u00e1ndonos debajo de las armas. 475<\/p>\n<p>Sobrevino una noche mala, glacial; porque soplaba el B\u00f3reas, ca\u00eda de lo alto una nieve menuda y fr\u00eda, como escarcha, y condens\u00e1base el hielo en torno de los escudos. Los dem\u00e1s, que ten\u00edan mantos y t\u00fanicas, estaban durmiendo tranquilamente con las espaldas cubiertas por los escudos; pero yo, al partir, comet\u00ed la necedad de entregar el manto a mis compa\u00f1eros, porque no pensaba que hubiera de padecer tanto fr\u00edo, y ech\u00e9 a andar con solo el escudo y una espl\u00e9ndida cota. 483<\/p>\n<p>Mas, tan luego como la noche hubo llegado a su \u00faltimo tercio y ya los astros declinaban, toqu\u00e9 con el codo a Odiseo, que estaba cerca y me atendi\u00f3 muy pronto, y d\u00edjele de esta guisa: 486<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! Ya no me contar\u00e1n en el n\u00famero de los vivientes, porque el fr\u00edo me rinde. No tengo manto. Enga\u00f1\u00f3me alg\u00fan dios, cuando part\u00ed con la sola t\u00fanica, y ahora no hallo medio alguno para escapar con vida\u00bb. 490<\/p>\n<p>As\u00ed me expres\u00e9. Pronto se le ofreci\u00f3 a su \u00e1nimo una treta, siendo como era tan se\u00f1alado en aconsejar como en combatir; y, habl\u00e1ndome quedo, pronunci\u00f3 estas palabras: 493<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Calla! No sea que te oiga alguno de los aqueos\u00bb 494<\/p>\n<p>Dijo; y, apoy\u00e1ndose en el codo, levant\u00f3 la cabeza y comenz\u00f3 a hablar de esta manera: 495<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1O\u00eddme, amigo! Un sue\u00f1o divinal se me ofreci\u00f3 mientras dorm\u00eda. Como estamos tan lejos de las naves vaya alguno a decirle al Atrida Agamemn\u00f3n, pastor de hombres, si nos enviar\u00e1 m\u00e1s guerreros de junto a las naves\u00bb. As\u00ed dijo; y levant\u00e1ndose con presteza Toante, hijo de Andrem\u00f3n, tir\u00f3 el purp\u00fareo manto y se fue corriendo hacia las naves. Me envolv\u00ed en su vestido, me acost\u00e9 alegremente y en seguida aparec\u00eda Eos de \u00e1ureo trono. Ojal\u00e1 fuese tan joven y mis fuerzas se hallaran tan robustas como entonces, pues alguno de los porquerizos de esta cuadra me dar\u00eda su manto por amistad y por respeto a un valiente; mas ahora me desprecian porque cubren mi cuerpo miserables vestidos. 507<\/p>\n<p>Y t\u00fa le respondiste, porquerizo Eumeo: 508<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh viejo! El relato que acabas de hacer es irreprensible, y nada has dicho que sea in\u00fatil o inconveniente: por esto no carecer\u00e1s ni de vestido ni de cosa alguna que deba obtener el infeliz suplicante que nos sale al encuentro; mas, apenas amanezca, tornar\u00e1s a sacudir tus andrajos, pues aqu\u00ed no tenemos mantos y t\u00fanicas para mudarnos, sino que cada cual lleva puestos los suyos. Y cuando venga el caro hijo de Odiseo, te dar\u00e1 un manto y una t\u00fanica para vestirte y te conducir\u00e1 adonde tu coraz\u00f3n y tu \u00e1nimo deseen. 518<\/p>\n<p>Dichas estas palabras, se levant\u00f3, puso cerca del fuego una cama para el hu\u00e9sped y la llen\u00f3 de pieles de oveja y de cabras. Odiseo se tendi\u00f3 en ella y Eumeo ech\u00f3le un manto muy tupido y ancho que guardaba para mudarse siempre que alguna recia tempestad le sobrecog\u00eda.523<\/p>\n<p>De este modo se acost\u00f3 Odiseo y cerca de \u00e9l los j\u00f3venes pastores; mas al porquerizo no le plugo tener all\u00ed su cama y dormir apartado de los puercos: sino que se arm\u00f3 y se dispuso a salir, y holg\u00f3se Odiseo al ver con qu\u00e9 solicitud le cuidaba los bienes durante su ausencia. Eumeo empez\u00f3 colgando de sus robustos hombros la aguda espada; visti\u00f3se despu\u00e9s un manto muy grueso, repar\u00f3 contra el viento; tom\u00f3 en seguida la piel de una cabra grande y bien nutrida; y finalmente, asi\u00f3 un agudo dardo para defenderse de los canes y de los hombres. 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