{"id":911,"date":"2010-11-27T00:30:22","date_gmt":"2010-11-26T22:30:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=911"},"modified":"2010-11-27T00:30:22","modified_gmt":"2010-11-26T22:30:22","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xiii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xiii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XIII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XIII<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Enmudecieron los oyentes y, arrobados por el placer de escucharle, se quedaron silenciosos en el obscuro palacio. Mas Alc\u00ednoo le respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, Odiseo! Pues llegaste a mi mansi\u00f3n de pavimento de bronce y elevada techumbre, creo que tornar\u00e1s a tu patria sin tener que andar vagueando, aunque sean en tan gran n\u00famero los males que hasta ahora has padecido. Y dirigi\u00e9ndome a vosotros todos, los que siempre beb\u00e9is en mi palacio el negro vino de honor y o\u00eds al aedo, mirad lo que os encargo: ya tiene el hu\u00e9sped en pulimentada arca vestiduras y oro labrado y los dem\u00e1s presentes que los consejeros feacios le han tra\u00eddo, ea d\u00e9mosle sendos tr\u00edpodes grandes y calderos: y reun\u00e1monos despu\u00e9s para hacer una colecta por la poblaci\u00f3n, porque ser\u00eda dif\u00edcil a cada uno de nosotros obsequiarle con tal regalo, vali\u00e9ndonos de sola nuestra posibilidad.<\/p>\n<p>16<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00f3 Alc\u00ednoo, y a todos les pIugo cuanto dijo. Salieron entonces para acostarse en sus respectivas casas.<\/p>\n<p>18<\/p>\n<p>Y as\u00ed que se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, encamin\u00e1ronse diligentemente hacia la nave, llevando a ella el varonil bronce. La sacra potestad de Alc\u00ednoo fue tambi\u00e9n, y \u00e9l mismo coloc\u00f3 los presentes debajo de los bancos: no fuera que se da\u00f1ara alguno de los hombres cuando, para mover la embarcaci\u00f3n, aprestasen con los remos. Acto continuo traslad\u00e1ronse al palacio de Alc\u00ednoo y se ocuparon en aparejar el convite.<\/p>\n<p>24<\/p>\n<p>Para ellos la sacra potestad de Alc\u00ednoo sacrific\u00f3 un buey a Zeus Cronida, el dios de las sombr\u00edas nubes, que reina sobre todos. Quemados los muslos, celebraron suntuoso fest\u00edn, y cant\u00f3 el divinal aedo, Dem\u00f3doco, tan honrado por el pueblo. Mas Odiseo volv\u00eda a menudo la cabeza hacia el sol resplandeciente, con gran af\u00e1n de que se pusiera, pues ya anhelaba irse a su patria.<\/p>\n<p>31<\/p>\n<p>Como el labrador apetece la cena despu\u00e9s de pasar el d\u00eda rompiendo con la yunta de negros bueyes y el s\u00f3lido arado una tierra noval, se le pone el sol muy a su gusto para ir a comer, y al andar, siente el cansancio en las rodillas; as\u00ed con qu\u00e9 gozo vio Odiseo que se pon\u00eda el sol.<\/p>\n<p>36<\/p>\n<p>Y al momento, dirigi\u00e9ndose a los feacios, amantes de manejar los remos, y especialmente a Alc\u00ednoo, les habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>38<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s esclarecido de todos los ciudadanos! Ofreced las libaciones, despedidme sano y salvo, y vosotros quedad con alegr\u00eda. Ya se ha cumplido cuanto mi \u00e1nimo deseaba: mi expedici\u00f3n y las amistosas d\u00e1divas; hagan los dioses celestiales que \u00e9stas sean para mi dicha y que halle en mi palacio a mi irreprensible consorte e inc\u00f3lumes a los amigos. Y vosotros, que os qued\u00e1is, sed el gozo de vuestras leg\u00edtimas mujeres y de vuestros hijos; los dioses os concedan toda clase de bienes, y jam\u00e1s a esta poblaci\u00f3n le sobrevenga mal alguno.<\/p>\n<p>47<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Todos aplaudieron sus palabras y aconsejaron que se llevase al hu\u00e9sped a su patria, puesto que hablaba razonablemente. Y entonces la potestad de Alc\u00ednoo dijo al heraldo:<\/p>\n<p>50<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pont\u00f3noo! Mezcla el vino en la cratera y distrib\u00fayelo a cuantos se hallan en la sala, a fin de que, despu\u00e9s de orar al padre Zeus, enviemos el hu\u00e9sped a su patria tierra.<\/p>\n<p>53<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Pont\u00f3noo mezcl\u00f3 el vino dulce con la miel y lo sirvi\u00f3 a todos, ofreci\u00e9ndoselo sucesivamente: ellos lo libaban, desde sus mismos asientos, a los bienaventurados dioses que poseen el anchuroso cielo; y el divinal Odiseo, levant\u00e1ndose, puso en las manos de Arete una copa de doble asa, mientras le dec\u00eda estas aladas palabras:<\/p>\n<p>59<\/p>\n<p>\u2014S\u00e9 constantemente dichosa, oh reina, hasta que vengan la senectud y la muerte, de las cuales no se libran los humanos. Yo me voy. T\u00fa prosigue holg\u00e1ndote en esta casa con tus hijos, el pueblo y el rey Alc\u00ednoo.<\/p>\n<p>63<\/p>\n<p>Dicho esto, el divino Odiseo transpuso el umbral. La potestad de Alc\u00ednoo le hizo acompa\u00f1ar por un heraldo que lo condujese a la velera nave, a la orilla del mar.<\/p>\n<p>66<\/p>\n<p>Y Arete le envi\u00f3 tambi\u00e9n algunas esclavas: cu\u00e1l le llevaba un manto muy limpio y una t\u00fanica; cu\u00e1l, una s\u00f3lida arca; y cu\u00e1l otra, pan y rojo vino.<\/p>\n<p>70<\/p>\n<p>Cuando hubieron llegado a la nave y al mar, los ilustres conductores, tomando estas cosas juntamente con la bebida y los v\u00edveres, lo colocaron todo en la c\u00f3ncava embarcaci\u00f3n y tendieron una colcha y una tela de lino sobre las tablas de la popa a fin de que Odiseo pudiese dormir profundamente. Subi\u00f3 \u00e9ste y acost\u00f3se en silencio. Los otros se sentaron por orden en sus bancos, desataron de la piedra agujereada la amarra del barco e inclin\u00e1ndose, azotaron el mar con los remos.<\/p>\n<p>79<\/p>\n<p>Mientras ca\u00eda en los p\u00e1rpados de Odiseo un sue\u00f1o profundo, suave, dulc\u00edsimo, muy semejante a la muerte. Del modo que los caballos de una cuadriga se lanzan a correr en un campo, a los golpes del l\u00e1tigo y galopando ligeros, terminan prontamente la carrera, as\u00ed se alzaba la popa del nav\u00edo y dejaba tras s\u00ed muy agitadas las olas purp\u00fareas del estruendoso mar. Corr\u00eda el bajel con un andar seguro e igual, y ni el gavil\u00e1n, que es el ave m\u00e1s ligera, hubiera atenido con \u00e9l: as\u00ed, corriendo con tal rapidez, cortaba las olas del mar, pues llevaba consigo un var\u00f3n que en el consejo se parec\u00eda a los dioses; el cual tuvo el \u00e1nimo acongojado muchas veces, ya combatiendo con los hombres, ya surcando las temibles ondas, pero entonces dorm\u00eda pl\u00e1cidamente, olvidado de cuanto hab\u00eda padecido.<\/p>\n<p>93<\/p>\n<p>Cuando sal\u00eda la m\u00e1s rutilante estrella, la que de modo especial anuncia la luz de Eos, hija de la ma\u00f1ana, entonces la nave, surcadora del ponto, lleg\u00f3 a la isla.<\/p>\n<p>96<\/p>\n<p>Est\u00e1 en el pa\u00eds de Itaca el puerto de Forcis, el anciano del mar, formado por dos orillas prominentes y escarpadas que convergen hacia las puntas y protegen exteriormente las grandes olas contra los vientos de funesto soplo, y en el interior las corvas naves, de muchos bancos, permanecen sin amarras as\u00ed que llegan al fondeadero. Al cabo del puerto est\u00e1 un olivo de largas hojas, y muy cerca una gruta agradable, sombr\u00eda, consagrada a las ninfas que n\u00e1yades se llaman. H\u00e1llanse all\u00ed crateras y \u00e1nforas de piedra donde las abejas fabrican los panales. All\u00ed pueden verse unos telares tambi\u00e9n de piedra, muy largos, donde tejen las ninfas mantos de color de p\u00farpura, encanto de la vista. All\u00ed el agua constantemente nace. Dos puertas tiene el antro: la una mira al B\u00f3reas y es accesible a los hombres; la otra, situada frente al Noto, es m\u00e1s divina, pues por ella no entran hombres, siendo el camino de los inmortales.<\/p>\n<p>113<\/p>\n<p>A este sitio, que ya con anterioridad conoc\u00edan, fueron a llegarse: y la embarcaci\u00f3n andaba velozmente y var\u00f3 en la playa, saliendo del agua hasta la mitad.<\/p>\n<p>116<\/p>\n<p>\u00a1Tales eran los remeros por cuyas manos era conducida! Apenas hubieron saltado de la nave de hermosos bancos en tierra firme, comenzaron sacando del c\u00f3ncavo bajel a Odiseo con la colcha espl\u00e9ndida y la tela de lino, y lo pusieron en la arena, entregado todav\u00eda al sue\u00f1o, y seguidamente desembarcando las riquezas que los ilustres le hab\u00edan dado al volver a su patria, gracias a la magn\u00e1nima Atenea, las amontonaron todas al pie del olivo, algo apartadas del camino: no fuera que alg\u00fan viandante se acercara a ellas en tanto Odiseo dorm\u00eda y le hurtara algo. Despu\u00e9s de esto volvi\u00e9ronse los feacios a su pa\u00eds. Pero el que sacude la tierra no olvid\u00f3 las amenazas que desde un principio hizo a Odiseo, semejante a un dios, y quiso explorar la voluntad de Zeus:<\/p>\n<p>128<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Padre Zeus! Ya no ser\u00e9 honrado nunca entre los inmortales dioses, puesto que no me honran en lo m\u00e1s m\u00ednimo ni tan siquiera los mortales, los feacios, que son de mi propia estirpe. No dejaba de figurarme que Odiseo tornar\u00eda a su patria, aunque a costa de multitud de infortunios, pues nunca le quit\u00e9 del todo que volviese, por considerar que con tu asentimiento se lo hab\u00edas prometido; mas los feacios, llev\u00e1ndole por el ponto en velera nave, lo han dejado en Itaca, dormido, despu\u00e9s de hacerle innumerables regalos: bronce, oro en abundancia vestiduras tejidas, y tantas cosas como nunca sacara de Troya si volviese indemne y despu\u00e9s de lograr la parte que del bot\u00edn le correspondiera.<\/p>\n<p>139<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>140<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, poderoso dios que bates la tierra! \u00a1Qu\u00e9 dijiste! No te desprecian los dioses, que ser\u00eda dif\u00edcil herir con el desprecio al m\u00e1s antiguo y m\u00e1s ilustre. Pero si deja de honrarte alguno de los hombres, por confiar en sus fuerzas y en su poder, est\u00e1 en tu mano tomar venganza. Obra, pues, como quieras y a tu \u00e1nimo le agrade.<\/p>\n<p>146<\/p>\n<p>Contest\u00f3le Poseid\u00f3n, que sacude la tierra:<\/p>\n<p>147<\/p>\n<p>\u2014Al punto hubiera obrado como me aconsejas, oh dios de las sombr\u00edas nubes, pero me espanta tu c\u00f3lera y procuro evitarla. Ahora quiero que naufrague en el obscuro ponto la bell\u00edsima nave de los feacios que vuelve de conducir a aqu\u00e9l -con el fin de que en adelante se abstengan y cesen de llevar a los hombres- y cubrir luego la vista de la ciudad con una gran monta\u00f1a.<\/p>\n<p>153<\/p>\n<p>Repuso Zeus, que amontona las nubes:<\/p>\n<p>154<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh querido! Tengo para mi que lo mejor ser\u00e1 que, cuando los ciudadanos est\u00e1n mirando desde la poblaci\u00f3n c\u00f3mo el barco llega, lo tornes un Pe\u00f1asco, junto a la costa, de suerte que guarde la semejanza de una velera nave, para que todos los hombres se maravillen, y cubras luego la vista de la ciudad con una gran monta\u00f1a.<\/p>\n<p>159<\/p>\n<p>Apenas lo oy\u00f3 Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, fuese a Esqueria, donde viven los feacios, y all\u00ed se detuvo. La nave, surcadora del ponto, se acerc\u00f3 con r\u00e1pido impulso, y el que sacude la tierra, sali\u00e9ndole al encuentro, la torn\u00f3 un pe\u00f1asco y de un pu\u00f1etazo hizo que echara ra\u00edces en el suelo, despu\u00e9s de lo cual fu\u00e9se a otra parte.<\/p>\n<p>165<\/p>\n<p>Mientras tanto los feacios, que usan largos remos y son ilustres navegantes, hablaban entre si con aladas palabras. Y uno de ellos se expres\u00f3 de esta suerte, dirigi\u00e9ndose a su vecino:<\/p>\n<p>168<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay! \u00bfQui\u00e9n encaden\u00f3 en el ponto la velera nave que tornaba a la patria y ya se descubr\u00eda toda?<\/p>\n<p>170<\/p>\n<p>As\u00ed alguien dec\u00eda, pues ignoraba lo que hab\u00eda pasado. Entonces Alc\u00ednoo les areng\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>172<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh dioses! Cumpli\u00e9ronse las antiguas predicciones de mi padre, el cual sol\u00eda decir que Poseid\u00f3n nos miraba con malos ojos porque conduc\u00edamos sin recibir da\u00f1o a todos los hombres; y aseguraba que el dios har\u00eda naufragar en el obscuro ponto una hermos\u00edsima nave de los feacios, al volver de llevar a alguien, y cubrir\u00eda la vista de la ciudad con una gran monta\u00f1a. As\u00ed lo afirmaba el anciano, y ahora todo se va cumpliendo. Ea, hagamos lo que voy a decir. Absteneos de conducir los mortales que lleguen a nuestra poblaci\u00f3n y sacrifiquemos doce toros escogidos a Poseid\u00f3n, para ver si se apiada de nosotros y no nos cubre la vista de la ciudad con la enorme monta\u00f1a.<\/p>\n<p>184<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Entr\u00f3les el miedo y aparejaron los toros. Y mientras los caudillos y pr\u00edncipes del pueblo feacio oraban al soberano Poseid\u00f3n, permaneciendo de pie en torno de su altar, Odiseo record\u00f3 de su sue\u00f1o en la tierra patria, de la cual hab\u00eda estado ausente mucho tiempo, y no pudo reconocerla porque una diosa -Palas Atenea, hija de Zeus- le cerc\u00f3 con una nube con el fin de hacerle incognoscible y enterarle de todo: no fuese que su esposa, los ciudadanos y los amigos lo reconocieran antes que los pretendientes pagaran por entero sus demas\u00edas. Por esta causa todo se le presentaba al rey en otra forma, as\u00ed los largos caminos, como los puertos c\u00f3modos para fondear, las rocas escarpadas y los \u00e1rboles florecientes. El h\u00e9roe se puso en pie y contempl\u00f3 la patria tierra; pero en seguida gimi\u00f3 y, bajando los brazos golpe\u00f3se los muslos mientras suspiraba y dec\u00eda de esta suerte.<\/p>\n<p>200<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay de mi! \u00bfQu\u00e9 hombres deben de habitar esta tierra a que he llegado? \u00bfSer\u00e1n violentos, salvajes e injustos, u hospitalarios y temerosos de los dioses? \u00bfAd\u00f3nde podr\u00e9 llevar tantas riquezas? \u00bfAdonde ir\u00e9 perdido? Ojal\u00e1 me hubiese quedado all\u00ed, con los feacios, pues entonces me llegara a otro de los magn\u00e1nimos reyes, que, recibi\u00e9ndome amistosamente, me habr\u00eda enviado a mi patria. Ahora no s\u00e9 d\u00f3nde poner las cosas, ni he de dejarlas aqu\u00ed: no vayan a ser presa de otros hombres. \u00a1Oh dioses! No eran, pues, enteramente sensatos ni justos los caudillos y pr\u00edncipes feacios, ya que me traen a estotra tierra; dijeron que me conducir\u00edan a Itaca que se ve de lejos, y no lo han cumplido. Cast\u00edguelos Zeus, el dios de los suplicantes, que vigila a los hombres e impone castigos a cuantos pecan. Mas, ea, contar\u00e9 y examinar\u00e9 estas riquezas: no se hayan llevado alguna cosa en la c\u00f3ncava nave cuando de aqu\u00ed partieron.<\/p>\n<p>217<\/p>\n<p>Hablando as\u00ed cont\u00f3 los bell\u00edsimos tr\u00edpodes, los calderos, el oro y las hermosas vestiduras tejidas; y, aunque nada ech\u00f3 de menos, lloraba por su patria tierra, arrastr\u00e1ndose en la orilla del estruendoso mar y suspirando con mucha congoja. Acerc\u00f3sele entonces Atenea en figura de un joven pastor de ovejas, tan delicado como el hijo de un rey, que llevaba en los hombros un manto doble, hermosamente hecho; en los n\u00edtidos pies, sandalias; y en la mano, una jabalina.<\/p>\n<p>226<\/p>\n<p>Odiseo se holg\u00f3 de verla, sali\u00f3 a su encuentro y le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>228<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Amigo! Ya que te encuentro a ti antes que a nadie en este lugar, \u00a1salud!, y ojal\u00e1 no vengas con mala intenci\u00f3n para conmigo; antes bien, salva estas cosas y s\u00e1lvame a mi mismo, que yo te lo ruego como a un dios y me postro a tus plantas. Mas dime con verdad para que yo me entere: \u00bfQu\u00e9 tierra es esta? \u00bfQu\u00e9 pueblo? \u00bfQu\u00e9 hombres hay en la comarca? \u00bfEstoy en una isla que se ve a distancia o en la ribera de un f\u00e9rtil continente que hacia el mar se inclina?<\/p>\n<p>236<\/p>\n<p>Atenea, la deidad de ojos de lechuza; le respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>237<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Forastero! Eres un simple o vienes de lejos cuando me preguntas por esta tierra, cuyo nombre no es tan obscuro, ya que la conocen much\u00edsimos as\u00ed de los que viven hacia el lado por donde sale la aurora y el sol, como de los que moran en la otra parte, hacia el tenebroso ocaso. Es, en verdad, \u00e1spera e impropia para la equitaci\u00f3n; pero no completamente est\u00e9ril, aunque peque\u00f1a, pues produce trigo en abundancia y tambi\u00e9n vino; nunca le falta ni la lluvia ni el fecundo roc\u00edo; es muy a prop\u00f3sito para apacentar cabras y bueyes; cr\u00eda bosques de todas clases, y tiene abrevaderos que jam\u00e1s se agotan. Por lo cual, oh forastero, el nombre de Itaca lleg\u00f3 hasta Troya, que, seg\u00fan dicen, est\u00e1 muy apartada de la tierra aquea.<\/p>\n<p>250<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Alegr\u00f3se el paciente divinal Odiseo, holg\u00e1ndose de su tierra patria, a la que le nombraba Palas Atenea, hija de Zeus, que lleva la \u00e9gida; y pronunci\u00f3 en seguida estas aladas palabras, ocult\u00e1ndole la verdad con hacerle un relato fingido, pues siempre revolv\u00eda en su pecho trazas muy astutas:<\/p>\n<p>256<\/p>\n<p>\u2014O\u00ed hablar de Itaca all\u00e1 en la espaciosa Creta, muy lejos, allende el ponto, y he llegado ahora con estas riquezas. Otras tantas dej\u00e9 a mis hijos ;y voy huyendo porque mat\u00e9 al hijo querido de Idomeneo, a Ors\u00edloco, el de los pies ligeros, que aventajaba en la ligereza de los pies a los hombres industriosos de la vasta Creta, el cual dese\u00f3 privarme del bot\u00edn de Troya por el que tantas fatigas hab\u00eda yo arrostrado, ya combatiendo con los hombres, ya surcando las temibles olas, a causa de no haber consentido en complacer a su padre, sirvi\u00e9ndole en el pueblo de los troyanos, donde yo era caudillo de otros compa\u00f1eros. Como en cierta ocasi\u00f3n aqu\u00e9l volviera del campo, envain\u00e9le la bronc\u00ednea lanza, habi\u00e9ndole acechado con un amigo junto a la senda: obscur\u00edsima noche cubr\u00eda el cielo, ning\u00fan hombre fij\u00f3 su atenci\u00f3n en nosotros y as\u00ed qued\u00f3 oculto que le hubiese dado muerte. Despu\u00e9s que lo mat\u00e9 con el agudo bronce, fuime hac\u00eda la nave de unos ilustres fenicios a quienes supliqu\u00e9 y ped\u00ed, d\u00e1ndoles buena parte del bot\u00edn, que me llevasen y me dejasen en Pilos o en la divina Elide, donde ejercen su dominio los epeos. Mas la fuerza del viento extravi\u00f3los, mal de su agrado, pues no quer\u00edan enga\u00f1arme: y, errabundos, llegamos ac\u00e1 por la noche. Con mucha fatiga pudimos entrar en el puerto a fuerza de remos; y, aunque muy necesitados de tomar alimento, nadie pens\u00f3 en la cena: desembarcamos todos y nos echamos en la playa. Entonces me vino a m\u00ed, que estaba cansad\u00edsimo, un dulce sue\u00f1o; sacaron aqu\u00e9llos de la c\u00f3ncava nave mis riquezas, las dejaron en la arena donde me hallaba tendido y volvieron a embarcarse para ir a la populosa Sid\u00f3n; y yo me qued\u00e9 aqu\u00ed con el coraz\u00f3n triste.<\/p>\n<p>287<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Sonri\u00f3se Atenea, la deidad de ojos de lechuza, le halag\u00f3 con la mano y transfigur\u00e1ndose en una mujer hermosa, alta y diestra en eximias labores, le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>291<\/p>\n<p>\u2014Astuto y falaz habr\u00eda de ser quien te aventajara en cualquier clase de enga\u00f1os, aunque fuese un dios el que te saliera al encuentro. \u00a1Temerario, artero, incansable en el dolo! \u00bfNi aun en tu patria hab\u00edas de renunciar a los fraudes y a las palabras enga\u00f1osas, que siempre fueron de tu gusto? Mas, ea no se hable m\u00e1s de ello, que ambos somos peritos en astucias; pues si t\u00fa sobresales mucho entre los hombres por tu consejo y tus palabras, yo soy celebrada entre todas las deidades por mi prudencia y mis astucias. Pero aun no has reconocido en m\u00ed a Palas Atenea, hija de Zeus, que siempre te asisto y protejo en tus cuitas e hice que les fueras agradable a todos los feacios. Vengo ahora a fraguar contigo un designio a esconder cuantas riquezas te dieron los ilustres feacios por mi voluntad e inspiraci\u00f3n cuando viniste a la patria, y a revelarte todos los trabajos que has de soportar fatalmente en tu morada bien construida: tol\u00e9ralos, ya que es preciso, y no digas a ninguno de los hombres ni de las mujeres que llegaste peregrinando; antes bien sufre en silencio los muchos pesares y aguanta las violencias que te hicieron los hombres.<\/p>\n<p>311<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>312<\/p>\n<p>\u2014Dif\u00edcil es, oh diosa, que un mortal, al encontrarse contigo, logre conocerte, aunque fuere muy sabio, porque tomas la figura que te place. Bien s\u00e9 que me fuiste propicia mientras los aqueos peleamos en Troya; pero despu\u00e9s que arruinamos la excelsa ciudad de Pr\u00edamo, partimos en las naves y un dios dispers\u00f3 a los aqueos, nunca te he visto, oh hija de Zeus, ni he advertido que subieras a mi bajel para ahorrarme ning\u00fan pesar. Por el contrario, anduve errante constantemente, teniendo en mi pecho el coraz\u00f3n atravesado de dolor, hasta que los dioses me libraron del infortunio; y t\u00fa, en el rico pueblo de los feacios, me confortaste con tus palabras y me condujiste a la poblaci\u00f3n. Ahora por tu padre te lo suplico -pues no creo haber arribado a Itaca, que se ve desde lejos, sino que estoy en otra tierra y que hablas de burlas para enga\u00f1arme- dime si en verdad he llegado a mi querida tierra.<\/p>\n<p>329<\/p>\n<p>Contest\u00f3le Atenea, la deidad de ojos de lechuza.<\/p>\n<p>330<\/p>\n<p>\u2014Siempre guardas en tu pecho la misma cordura, y no puedo desampararte en la desgracia porque eres afable, perspicaz y sensato. Cualquiera que volviese despu\u00e9s de vagar tanto, deseara ver en su palacio a los hijos y a la esposa; mas a ti no te place saber de ellos ni preguntar por los mismos hasta que hayas probado a tu mujer, la cual permanece en tu morada y consume los d\u00edas y las noches tristemente, pues de continuo est\u00e1 llorando. Yo jam\u00e1s puse en duda, pues me constaba con certeza, que volver\u00edas a tu patria despu\u00e9s de perder todos los compa\u00f1eros; mas no quise luchar con Poseid\u00f3n; mi t\u00edo paterno, cuyo \u00e1nimo se encoleriz\u00f3 e irrit\u00f3 contigo porque le cegaste su caro hijo. Pero, ea, voy a mostrarte el suelo de Itaca para que te convenzas. Este es el puerto de Forcis, el anciano del mar; aqu\u00e9l, el olivo de largas hojas que existe al cabo del puerto; cerca del mismo se halla la gruta deliciosa, sombr\u00eda, consagrada a las ninfas que n\u00e1yades se llaman; aqu\u00ed tienes la abovedada cueva donde sacrificabas a las ninfas gran n\u00famero de perfectas hecatombes; y all\u00e1 puedes ver el N\u00e9rito, el frondoso monte.<br \/>\n\u00a0<\/p>\n<p>352<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, la deidad disip\u00f3 la nube, apareci\u00f3 el pa\u00eds y el paciente divinal Odiseo se alegr\u00f3, holg\u00e1ndose de su tierra, y bes\u00f3 el f\u00e9rtil suelo. Y acto continuo or\u00f3 a las ninfas, con las manos levantadas:<\/p>\n<p>356<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ninfas n\u00e1yades, hijas de Zeus! Ya me figuraba que no os ver\u00eda m\u00e1s. Ahora os saludo con tiernos votos y os haremos ofrendas, como antes, si la hija de Zeus, la que impera en las batallas, permite ben\u00e9vola que yo viva y vea crecer a mi hijo.<\/p>\n<p>361<\/p>\n<p>D\u00edjole entonces Atenea, la deidad de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>362<\/p>\n<p>\u2014Cobra \u00e1nimo y eso no te d\u00e9 cuidado. Pero metamos ahora mismo las riquezas en lo m\u00e1s hondo del divino antro a fin de que las tengas seguras, y deliberemos para que todo se haga de la mejor manera.<\/p>\n<p>366<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, penetr\u00f3 la diosa en la sombr\u00eda cueva y fue en busca de los escondrijos; y Odiseo se fue llevando todas las cosas -el oro, el duro bronce y las vestiduras bien hechas- que le hab\u00edan regalado los feacios.<\/p>\n<p>370<\/p>\n<p>As\u00ed que estuvieron colocadas del modo m\u00e1s conveniente, Atenea, hija de Zeus que lleva la \u00e9gida, cerr\u00f3 la entrada con una piedra.<\/p>\n<p>372<\/p>\n<p>Sent\u00e1ronse despu\u00e9s en las ra\u00edces del sagrado olivo y deliberaron acerca del exterminio de los orgullosos pretendientes. Atenea, la deidad de ojos de lechuza, fue quien rompi\u00f3 el silencio pronunciando estas palabras:<\/p>\n<p>375<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! Piensa c\u00f3mo pondr\u00e1s las manos en los desvergonzados pretendientes, que tres a\u00f1os ha mandan en tu palacio y solicitan a tu divinal consorte, a la que ofrecen regalos de boda; mas ella, suspirando en su \u00e1nimo por tu regreso, si bien a todos les da esperanzas y a cada uno le hace promesas envi\u00e1ndole mensajes, revuelve en su esp\u00edritu muy distintos pensamientos.<\/p>\n<p>382<\/p>\n<p>El ingenioso Odiseo le respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>383<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh n\u00famenes! Sin duda iba a perecer en el palacio con el mismo hado funesto de Agamemn\u00f3n Atrida, si t\u00fa, oh diosa, no me hubieses instruido convenientemente acerca de estas cosas. Mas, ea, traza un plan para que los castigue y ponte a mi lado, infundi\u00e9ndome fortaleza y audacia, como en aquel tiempo en que destruimos las lucientes almenas de Troya. Si con el mismo ardor de entonces me acompa\u00f1ases oh deidad de ojos de lechuza, yo combatir\u00eda contra trescientos hombres, pero con tu ayuda, veneranda diosa, siempre que ben\u00e9vola me socorrieres.<\/p>\n<p>392<\/p>\n<p>Contest\u00f3le Atenea, la deidad de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>393<\/p>\n<p>\u2014Te asistir\u00e9 ciertamente, sin que me pases inadvertido cuando en tales cosas nos ocupemos y creo que alguno de los pretendientes que te devoran tus bienes manchar\u00e1 con su sangre y sus sesos el extens\u00edsimo pavimento. Mas, ea, voy a hacerte incognoscible para todos los mortales: arrugar\u00e9 el hermoso cutis de tus \u00e1giles miembros, raer\u00e9 de tu cabeza los blondos cabellos, te pondr\u00e9 unos andrajos que causen horror al que te vea y har\u00e9 sarnosos tus ojos, antes tan lindos, para que les parezcas despreciable a todos los pretendientes y a la esposa y al hijo que dejaste en tu palacio. Ll\u00e9gate primero al porquerizo, al guardi\u00e1n de tus puercos, que te quiere bien y adora a tu hijo y a la prudente Penelopea. Lo hallar\u00e1s sentado entre los puercos, los cuales pacen junto a la roca del Cuervo, en la fuente de Aretusa, comiendo abundantes bellotas y bebiendo aguas turbias, cosas ambas que hacen crecer en ellos la floreciente grosura. Qu\u00e9date all\u00ed de asiento e interr\u00f3gale sobre cuanto deseares mientras yo voy a Esparta, la de hermosas mujeres, y llamo a Tel\u00e9maco, tu hijo, oh Odiseo, que se fue junto a Menelao en la vasta Lacedemonia, para saber por la fama si a\u00fan estabas vivo en alguna parte.<\/p>\n<p>416<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<\/p>\n<p>417<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 no se lo dijiste, ya que tu mente todo lo sab\u00eda? \u00bfAcaso para que tambi\u00e9n pase trabajos, vagando por el est\u00e9ril ponto, y los dem\u00e1s se le coman los bienes?<\/p>\n<p>420<\/p>\n<p>Contest\u00f3le Atenea, la deidad de ojos de lechuza:<\/p>\n<p>421<\/p>\n<p>\u2014Muy poco has de apurarte por \u00e9l. Yo misma le llev\u00e9 para que, yendo all\u00e1, adquiriese ilustre fama; y no padece trabajo alguno, sino que se est\u00e1 muy tranquilo en el palacio del Atrida, teni\u00e9ndolo todo en gran abundancia. Cierto que los j\u00f3venes le acechan embarcados en negro bajel, y quieren matarle cuando vuelva al patrio suelo; pero me parece que no suceder\u00e1 as\u00ed y que antes la tierra tendr\u00e1 en su seno a alguno de los pretendientes que devoran lo tuyo.<\/p>\n<p>429<\/p>\n<p>Dicho esto toc\u00f3le Atenea con una varita. La diosa le arrug\u00f3 el hermoso cutis en los \u00e1giles miembros, le ray\u00f3 de la cabeza los blondos cabellos, p\u00fasole la piel de todo el cuerpo de tal forma que parec\u00eda la de un anciano; h\u00edzole sarnosos los ojos, antes tan bellos; visti\u00f3le unos andrajos y una t\u00fanica, que estaban rotos, sucios y manchados feamente por el humo; le ech\u00f3 encima el cuero grande, sin pelambre ya, de una veloz cierva; y le entreg\u00f3 un palo y un astroso zurr\u00f3n lleno de agujeros con su correa retorcida.<\/p>\n<p>439<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de deliberar as\u00ed se separaron, y\u00e9ndose Atenea a la divinal Lacedemonia donde se hallaba el hijo de Odiseo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XIII 1 As\u00ed dijo. Enmudecieron los oyentes y, arrobados por el placer de escucharle, se quedaron silenciosos en el obscuro palacio. Mas Alc\u00ednoo le respondi\u00f3 diciendo: 4 \u2014\u00a1Oh, Odiseo! Pues llegaste a mi mansi\u00f3n de pavimento de bronce y elevada techumbre, creo que tornar\u00e1s a tu patria sin tener\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xiii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1016,1012,1018,1015,1289,1115,1288,1057,1051,1046,1033,1020],"class_list":["post-911","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-flor","tag-homero","tag-jovenes","tag-odisea","tag-pensamiento","tag-planta","tag-salud","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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