{"id":910,"date":"2010-11-27T00:29:36","date_gmt":"2010-11-26T22:29:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=910"},"modified":"2010-11-27T00:29:36","modified_gmt":"2010-11-26T22:29:36","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XII<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Tan luego como la nave, dejando la corriente del r\u00edo Oc\u00e9ano, lleg\u00f3 a las olas del vasto mar y a la isla Eea -donde est\u00e1n la mansi\u00f3n y las danzas de Eos, hija de la ma\u00f1ana, y el orto del Helios-, la sacamos a la arena, despu\u00e9s de saltar a la playa, nos entregamos al sue\u00f1o, y aguardamos la aparici\u00f3n de la divinal Eos.<\/p>\n<p>8<\/p>\n<p>Cuando se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, envi\u00e9 algunos compa\u00f1eros a la morada de Circe para que trajesen el cad\u00e1ver del difunto Elp\u00e9nor. Luego cortamos troncos y, afligidos y vertiendo abundantes l\u00e1grimas, celebramos las exequias en el lugar m\u00e1s eminente de la orilla. Y no bien hubimos quemado el cad\u00e1ver y las armas del difunto, le erigimos un t\u00famulo, con su correspondiente cipo, y clavamos en la parte m\u00e1s alta el manejable remo.<\/p>\n<p>16<\/p>\n<p>Mientras en tales cosas nos ocup\u00e1bamos, no se le encubri\u00f3 a Circe nuestra llegada del Hades, y se atavi\u00f3 y vino muy presto con criadas que tra\u00edan pan, mucha carne y vino rojo, de color de fuego.<\/p>\n<p>20<\/p>\n<p>Y puesta en medio de nosotros, dijo as\u00ed la divina entre las diosas:<\/p>\n<p>21<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh desdichados, que viviendo a\u00fan, bajasteis a la morada de Hades, y habr\u00e9is muerto dos veces cuando los dem\u00e1s hombres mueren una sola. Ea, quedaos aqu\u00ed, y comed manjares y bebed vino, todo el d\u00eda de hoy; pues as\u00ed que despunte la aurora volver\u00e9is a navegar, y yo os mostrar\u00e9 el camino y os indicar\u00e9 cuanto sea preciso para que no padezc\u00e1is, a causa de una maquinaci\u00f3n funesta, ning\u00fan infortunio ni en el mar ni en la tierra firme.<\/p>\n<p>28<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y nuestro \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. Y ya todo el d\u00eda, hasta la puesta del sol, estuvimos sentados, comiendo carne en abundancia y bebiendo dulce vino.<\/p>\n<p>31<\/p>\n<p>Apenas el sol se puso y sobrevino la obscuridad, los dem\u00e1s se acostaron junto a las amarras del buque. Pero a m\u00ed Circe me cogi\u00f3 de la mano, me hizo sentar separadamente de los compa\u00f1eros y, acomod\u00e1ndose cerca de m\u00ed, me pregunt\u00f3 cuanto me hab\u00eda ocurrido; y yo se lo cont\u00e9 por su orden. Entonces me dijo estas palabras la veneranda Circe:<\/p>\n<p>37<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed, pues, se han llevado a cumplimiento todas estas cosas. Oye ahora lo que voy a decir y un dios en persona te lo recordar\u00e1 m\u00e1s tarde. Llegar\u00e1s primero a las sirenas, que encantan a cuantos hombres van a su encuentro. Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos peque\u00f1uelos rode\u00e1ndole, llenos de j\u00fabilo, cuando torna a sus hogares; sino que le hechizan las sirenas con el sonoro canto, sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme mont\u00f3n de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo. Pasa de largo y tapa las orejas de tus compa\u00f1eros con cera blanda, previamente adelgazada, a fin de que ninguno las oiga; mas si t\u00fa desearas o\u00edrlas, haz que te aten en la velera embarcaci\u00f3n de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del m\u00e1stil, y que las sogas se liguen al mismo; y as\u00ed podr\u00e1s deleitarte escuchando a las sirenas. Y caso de que supliques o mandes a los compa\u00f1eros que te suelten, \u00e1tente con m\u00e1s lazos todav\u00eda.<\/p>\n<p>55<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que tus compa\u00f1eros hayan conseguido llevaros m\u00e1s all\u00e1 de las Sirenas, no te indicar\u00e9 con precisi\u00f3n cu\u00e1l de los dos caminos te cumple recorrer; consid\u00e9ralo en tu \u00e1nimo, pues voy a decir lo que hay a entrambas partes. A un lado se alzan pe\u00f1as prominentes, contra las cuales rugen las inmensas olas de la ojizarca Anfitrite; ll\u00e1manlas Err\u00e1ticas los bienaventurados dioses. Por all\u00ed no pasan las aves sin peligro, ni aun las t\u00edmidas palomas que llevan la ambros\u00eda al padre Zeus; pues cada vez la lisa pe\u00f1a arrebata alguna y el padre manda otra para completar el n\u00famero. Ninguna embarcaci\u00f3n de hombres, en llegando all\u00e1, pudo escapar salva; pues las olas del mar y las tempestades, cargadas de pernicioso fuego, se llevan juntamente las tablas del barco y los cuerpos de los hombres. Tan s\u00f3lo logr\u00f3 doblar aquellas rocas una nave surcadora del ponto, Argo, por todos tan celebrada, al volver del pa\u00eds de Eetes; y tambi\u00e9n a \u00e9sta habr\u00edala estrellado el oleaje contra las grandes pe\u00f1as, si Hera no la hubiese hecho pasar junto a ellas por su afecto a Jas\u00f3n.<\/p>\n<p>73<\/p>\n<p>Al lado opuesto hay dos escollos. El uno alcanza al anchuroso cielo con su pico agudo, coronado por el pardo nubarr\u00f3n que jam\u00e1s le suelta; en t\u00e9rminos que la cima no aparece despejada nunca, ni siquiera en verano, ni en oto\u00f1o. Ning\u00fan hombre mortal, aunque tuviese veinte manos e igual n\u00famero de pies, podr\u00eda subir al tal escollo ni bajar de \u00e9l, pues la roca es tan lisa que semeja pulimentada.<\/p>\n<p>80<\/p>\n<p>En medio del escollo hay un antro sombr\u00edo que mira al ocaso, hacia el Erebo, y a \u00e9l enderezar\u00e9is el rumbo de la c\u00f3ncava nave, preclaro Odiseo. Ni un hombre joven, que disparara el arco desde la c\u00f3ncava nave, podr\u00eda llegar con sus tiros a la profunda cueva. All\u00ed mora Escila, que a\u00falla terriblemente, con voz semejante a la de una perra reci\u00e9n nacida, y es un monstruo perverso a quien nadie se alegrar\u00e1 de ver, aunque fuese un dios el que con ella se encontrase. Tiene doce pies, todos deformes, y seis cuellos largu\u00edsimos, cada cual con una horrible cabeza en cuya boca hay tres hileras de abundantes y apretados dientes, llenos de negra muerte. Est\u00e1 sumida hasta la mitad del cuerpo en la honda gruta, saca las cabezas fuera de aquel horrendo b\u00e1ratro y, registrando alrededor del escollo, pesca delfines, perros de mar, y tambi\u00e9n, si puede cogerlo, alguno de los monstruos mayores que cr\u00eda en cantidad inmensa la ruidosa Anfitrite.<\/p>\n<p>98<\/p>\n<p>Por all\u00ed jam\u00e1s pas\u00f3 embarcaci\u00f3n cuyos marineros pudieran gloriarse de haber escapado indemnes; pues Escila les arrebata con sus cabezas sendos hombres de la nave de azulada proa.<\/p>\n<p>101<\/p>\n<p>El otro escollo es m\u00e1s bajo y lo ver\u00e1s Odiseo, cerca del primero; pues h\u00e1llase a tiro de flecha. Hay ah\u00ed un cabrahigo grande y frondoso, y a su pie la divinal Caribdis sorbe la turbia agua. Tres veces al d\u00eda la echa fuera y otras tantas vuelve a sorberla de un modo horrible. No te encuentres all\u00ed cuando la sorbe pues ni el que sacude la tierra podr\u00eda librarte de la perdici\u00f3n. Debes, por el contrario, acercarte mucho al escollo de Escila y hacer que tu nave pase r\u00e1pidamente; pues mejor es que eches de menos a sus compa\u00f1eros que no a todos juntos.<\/p>\n<p>111<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y le contest\u00e9 diciendo:<br \/>\n\u2014Ea, oh diosa, h\u00e1blame sinceramente. Si por alg\u00fan medio lograse escapar de la funesta Caribdis, \u00bfpodr\u00e9 rechazar a Escila cuando quiera da\u00f1ar a mis compa\u00f1eros?<\/p>\n<p>115<\/p>\n<p>As\u00ed le dije, y al punto me respondi\u00f3 la divina entre las diosas:<\/p>\n<p>116<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, infeliz! \u00bfA\u00fan piensas en obras y trabajos b\u00e9licos, y no has de ceder ni ante los inmortales dioses? Escila no es mortal, sino una plaga imperecedera, grave, terrible, cruel e ineluctable. Contra ella no hay que defenderse; huir de su lado es lo mejor. Si, arm\u00e1ndote, demorares junto al pe\u00f1asco, temo que se lanzar\u00e1 otra vez y te arrebatar\u00e1 con sus cabezas sendos varones. Debes hacer, por tanto, que tu nav\u00edo pase ligero, e invocar, dando gritos, a Crateis, madre de Escila, que les pari\u00f3 tal plaga a los mortales y \u00e9sta la contendr\u00e1 para que no os acometa nuevamente.<\/p>\n<p>127<\/p>\n<p>Llegar\u00e1s m\u00e1s tarde a la isla de Trinacia, donde pacen las muchas vacas y ping\u00fces ovejas de Helios. Siete son las vacadas, otras tantas las hermosas greyes de ovejas, y cada una est\u00e1 formada por cincuenta cabezas. Dicho ganado no se reproduce ni muere y son sus pastoras dos deidades, dos ninfas de hermosas trenzas: Faetusa y Lampetia; las cuales concibi\u00f3 de Helios Hiperi\u00f3n la divina Neera.<\/p>\n<p>134<\/p>\n<p>La veneranda madre, despu\u00e9s que las dio a luz y las hubo criado, llev\u00f3las a la isla de Trinacia, all\u00e1 muy lejos, para que guardaran las ovejas de su padre y las vacas de retorcidos cuernos. Si a \u00e9stas las dejaras indemnes, ocup\u00e1ndote tan s\u00f3lo en preparar tu regreso, aun llegar\u00edais a Itaca, despu\u00e9s de pasar muchos trabajos; pero, si les causares da\u00f1o, desde ahora te anuncio la perdici\u00f3n de la nave y la de tus amigos. Y aunque t\u00fa escapes, llegar\u00e1s tarde y mal a la patria, despu\u00e9s de perder todos los compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>142<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y al punto apareci\u00f3 Eos, de \u00e1ureo solio. La divina entre las diosas se intern\u00f3 en la isla, y yo, encamin\u00e1ndome al bajel, orden\u00e9 a mis compa\u00f1eros que subieran a la nave y desataran las amarras. Embarc\u00e1ronse acto continuo y, sent\u00e1ndose por orden en los bancos, comenzaron a batir con los remos el espumoso mar.<\/p>\n<p>148<\/p>\n<p>Por detr\u00e1s de la nave de azulada proa soplaba prospero viento que hench\u00eda las velas; buen compa\u00f1ero que nos mand\u00f3 Circe, la de lindas trenzas, deidad Poderosa, dotada de voz. Colocados los aparejos cada uno en su sitio, nos sentamos en la nave, que era conducida por el viento y el piloto. Entonces alc\u00e9 la voz a mis compa\u00f1eros, con el coraz\u00f3n triste, y les habl\u00e9 de este modo:<\/p>\n<p>154<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh amigos! No conviene que sean \u00fanicamente uno o dos quienes conozcan los vaticinios que me revel\u00f3 Circe, la divina entre las diosas; y os los voy a referir para que, sabedores de ellos, o muramos o nos salvemos, libr\u00e1ndonos de la muerte y de la Moira. Nos ordena lo primero rehuir la voz de las divinales sirenas y el florido prado en que \u00e9stas moran. Manifest\u00f3me que tan solo yo debo o\u00edrlas; pero atadme con fuertes lazos, de pie y arrimado a la parte inferior del m\u00e1stil -para que me est\u00e9 all\u00ed sin moverme-, y las sogas l\u00e1guense al mismo. Y en el caso de que os ruegue o mande que me solt\u00e9is, atadme con mas lazos todav\u00eda.<\/p>\n<p>165<\/p>\n<p>Mientras hablaba, declarando estas cosas a mis compa\u00f1eros, la nave, bien construida lleg\u00f3 muy presto a la isla de las sirenas, pues la empujaba favorable viento. Desde aquel instante ech\u00f3se el viento y rein\u00f3 sosegada calma, pues alg\u00fan numen adormeci\u00f3 las olas. Levant\u00e1ronse mis compa\u00f1eros, amainaron las velas y pusi\u00e9ronlas en la c\u00f3ncava nave; y, habi\u00e9ndose sentado nuevamente en los bancos, emblanquec\u00edan el agua, agit\u00e1ndola con los remos de pulimentado abeto.<\/p>\n<p>173<\/p>\n<p>Tom\u00e9 al instante un gran pan de cera y lo part\u00ed con el agudo bronce en pedacitos, que me puse luego a apretar con mis robustas manos. Pronto se calent\u00f3 la cera, porque hubo de ceder a la gran fuerza y a los rayos del soberano Helios Hiperi\u00f3nida, y fui tapando con ella los o\u00eddos de todos los compa\u00f1eros. At\u00e1ronme \u00e9stos en la nave, de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del m\u00e1stil; ligaron las sogas al mismo; y, sent\u00e1ndose en los bancos, torron a batir con los remos el espumoso mar.<\/p>\n<p>181<\/p>\n<p>Hicimos andar la nave muy r\u00e1pidamente. y, al hallarnos tan cerca de la orilla que all\u00e1 pudieran llegar nuestras voces, no se les encubri\u00f3 a las sirenas que la ligera embarcaci\u00f3n navegaba a poca distancia y empezaron un sonoro canto:<\/p>\n<p>184<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ea, c\u00e9lebre Odiseo, gloria insigne de los aqueos! Ac\u00e9rcate y det\u00e9n la nave para que oigas nuestra voz. Nadie ha pasado en su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca; sino que se van todos despu\u00e9s de recrearse con ella, sabiendo m\u00e1s que antes; pues sabemos cu\u00e1ntas fatigas padecieron en la vasta Troya argivos y teucros, por la voluntad de los dioses, y conocemos tambi\u00e9n todo cuanto ocurre en la f\u00e9rtil tierra.<\/p>\n<p>192<\/p>\n<p>Esto dijeron con su hermosa voz. Sinti\u00f3se mi coraz\u00f3n con ganas de o\u00edrlas, y mov\u00ed las cejas, mandando a los compa\u00f1eros que me desatasen; pero todos se inclinaron y se pusieron a remar. Y, levant\u00e1ndose al punto Perimedes y Eur\u00edloco, at\u00e1ronme con nuevos lazos, que me sujetaban m\u00e1s reciamente. Cuando dejamos atr\u00e1s las sirenas y ni su voz ni su canto se o\u00edan ya, quit\u00e1ronse mis fieles compa\u00f1eros la cera con que hab\u00eda yo tapado sus o\u00eddos y me soltaron las ligaduras.<\/p>\n<p>201<\/p>\n<p>Al poco rato de haber dejado atr\u00e1s la isla de las sirenas, vi humo e ingentes olas y percib\u00ed fuerte estruendo. Los m\u00edos, amedrentados, hicieron volar los remos, que cayeron con gran fragor en la corriente; y la nave se detuvo porque ya las manos no bat\u00edan los largos remos.<\/p>\n<p>206<\/p>\n<p>A la hora anduve por la embarcaci\u00f3n y amonest\u00e9 a los compa\u00f1eros, acerc\u00e1ndome a ellos y habl\u00e1ndoles con dulces palabras:<\/p>\n<p>208<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh amigos! No somos novatos en padecer desgracias y la que se nos presenta no es mayor que la experimentada cuando el Ciclope, vali\u00e9ndose de su poderosa fuerza, nos encerr\u00f3 en la excavada gruta. Pero de all\u00ed nos escapamos tambi\u00e9n por mi valor, decisi\u00f3n y prudencia, como me figuro que todos recordar\u00e9is. Ahora, ea, hagamos todos lo que voy a decir. Vosotros, sentados en los bancos, batid con los remos las grandes olas del mar, por si acaso Zeus nos concede que escapemos de esta desgracia, libr\u00e1ndonos de la muerte.<\/p>\n<p>217<\/p>\n<p>Y a ti, piloto, voy a darte una orden que fijar\u00e1s en tu memoria puesto que gobiernas el tim\u00f3n de la c\u00f3ncava nave. Ap\u00e1rtala de ese humo y de esas olas, y procura acercarla al escollo, no sea que la nave se lance all\u00e1, sin que tu lo adviertas, y a todos nos lleves a la ruina.<\/p>\n<p>222<\/p>\n<p>As\u00ed les dije, y obedecieron sin tardanza mi mandato. No les habl\u00e9 de Escila, azar inevitable, para que los compa\u00f1eros no dejaran de remar, escondi\u00e9ndose dentro del nav\u00edo.<\/p>\n<p>226<\/p>\n<p>Olvid\u00e9 entonces la penosa recomendaci\u00f3n de Circe de que no me armase de ning\u00fan modo; y, poni\u00e9ndome la magn\u00edfica armadura, tom\u00e9 dos grandes lanzas y sub\u00ed al tablado de proa, lugar desde donde esperaba ver primeramente a la p\u00e9trea Escila que iba a producir tal estrago en mis compa\u00f1eros. Mas no pude verla en lado alguno y mis ojos se cansaron de mirar a todas partes registrando la obscura pe\u00f1a.<\/p>\n<p>234<\/p>\n<p>Pas\u00e1bamos el estrecho llorando, pues a un lado estaba Escila y al otro la divina Caribdis, que sorb\u00eda de horrible manera la salobre agua del mar. Al vomitarla dejaba o\u00edr sordo murmurio, revolvi\u00e9ndose toda como una caldera que est\u00e1 sobre un gran fuego, y la espuma ca\u00eda sobre las cumbres de ambos escollos. Mas, apenas sorb\u00eda la salobre agua del mar, mostr\u00e1base agitada interiormente, el pe\u00f1asco sonaba alrededor con espantoso ruido y en lo hondo se descubr\u00eda la tierra mezclada con cer\u00falea arena. El p\u00e1lido temor se ense\u00f1ore\u00f3 de los m\u00edos, y mientras contempl\u00e1bamos a Caribdis, temerosos de la muerte, Escila me arrebato de la c\u00f3ncava embarcaci\u00f3n los seis compa\u00f1eros que m\u00e1s sobresal\u00edan por sus manos y por su fuerza. Cuando quise volver los ojos a la velera nave y a los amigos, ya vi en el aire los pies y las manos de los que eran arrebatados a lo alto y me llamaban con el coraz\u00f3n afligido, pronunciando mi nombre por la vez postrera.<\/p>\n<p>251<\/p>\n<p>De la suerte que el pescador, al echar desde un promontorio el cebo a los pececillos vali\u00e9ndose de la luenga ca\u00f1a, arroja al ponto el cuerno de un toro montaraz y as\u00ed que coge un pez lo saca palpitante de esta manera, mis compa\u00f1eros, palpitantes tambi\u00e9n, eran llevados a las rocas y all\u00ed, en la entrada de la cueva, devor\u00e1balos Escila mientras gritaban y me tend\u00edan los brazos en aquella lucha horrible. De todo lo que padec\u00ed peregrinando por el mar, fue este espect\u00e1culo el m\u00e1s lastimoso que vieron mis ojos.<\/p>\n<p>260<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que nos hubimos escapado de aquellas rocas, de la horrenda Caribdis y de Escila, llegamos muy pronto a la intachable isla del dios, donde estaban las hermosas vacas de ancha frente, y muchas ping\u00fces ovejas de Helios, hijo de Hiperi\u00f3n.<\/p>\n<p>264<\/p>\n<p>Desde el mar, en la negra nave, o\u00ed el mugido de las vacas encerradas en los establos y el balido de las ovejas, y me acord\u00e9 de las palabras del vate ciego Tiresias de tebano, y de Circe de Eea, los cuales me encargaron reiteradamente que huyese de la isla de Helios, que alegra a los mortales.<\/p>\n<p>270<\/p>\n<p>Y entonces, con el coraz\u00f3n afligido, dije a lo compa\u00f1eros:<\/p>\n<p>271<\/p>\n<p>\u2014O\u00edd mis palabras, amigos, aunque padezc\u00e1is tantos males, para que os revele los or\u00e1culos de Tiresias y de Circe de Eea, los cuales me encargaron reiteradamente que huyese de la isla de Helios, que alegra a los mortales, diciendo que all\u00ed nos aguarda el m\u00e1s terrible de los infortunios. Por tanto, encaminad el negro bajel por fuera de la isla.<\/p>\n<p>277<\/p>\n<p>As\u00ed les dije. A todos se les part\u00eda el coraz\u00f3n, y Eur\u00edloco me respondi\u00f3 en seguida con estas odiosas palabras:<\/p>\n<p>279<\/p>\n<p>\u2014Eres cruel Odiseo, disfrutas de vigor grand\u00edsimo, y tus miembros no se cansan, y debes de ser de hierro, ya que no permites a los tuyos, molidos de la fatiga y del sue\u00f1o, tomar tierra en esa isla azotada por las olas, donde aparejar\u00edamos una agradable cena; sino que les mandas que se alejen y durante la r\u00e1pida noche anden a la ventura por el sombr\u00edo ponto. Por la noche se levantan fuertes vientos, azotes de las naves. \u00bfA d\u00f3nde iremos, para librarnos de una muerte cruel, si de s\u00fabito viene una borrasca suscitada por el Noto o por el impetuoso C\u00e9firo, que son los primeros en destruir una embarcaci\u00f3n hasta contra la voluntad de los soberanos dioses?<\/p>\n<p>290<\/p>\n<p>Obedezcamos ahora a la obscura noche y aparejemos la comida junto a la velera nave; y al amanecer nos embarcaremos nuevamente para lanzarnos al dilatado ponto.<\/p>\n<p>294<\/p>\n<p>Tales razones profiri\u00f3 Eur\u00edloco y los dem\u00e1s compa\u00f1eros las aprobaron. Conoc\u00ed entonces que alg\u00fan dios meditaba causarnos da\u00f1o y, dirigi\u00e9ndome a aqu\u00e9l, le dije estas aladas palabras:<\/p>\n<p>297<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eur\u00edloco! Gran fuerza me hac\u00e9is porque estoy solo. Mas, ea, prometed todos con firme juramento que si damos con alguna manada de vacas o grey numerosa de ovejas ninguno de vosotros matar\u00e1, cediendo a funesta locura, ni una vaca tan solo, ni una oveja, sino que comer\u00e9is tranquilos los manjares que nos dio la inmortal Circe.<\/p>\n<p>303<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00e9; y en seguida juraron, como se lo mandaba. Apenas hubieron acabado de prestar el juramento, detuvimos la bien construida nave en el hondo puerto; cabe a una fuente de agua dulce; y los compa\u00f1eros desembarcaron, y luego aparejaron muy h\u00e1bilmente la comida. Ya satisfecho el deseo de comer y de beber, lloraron, acord\u00e1ndose de los amigos a quienes devor\u00f3 Escila despu\u00e9s de arrebatarlos de la c\u00f3ncava embarcaci\u00f3n; y mientras lloraban les sobrevino dulce sue\u00f1o. Cuando la noche hubo llegado a su \u00faltimo tercio y ya los astros declinaban, Zeus, que amontona las nubes, suscit\u00f3 un viento impetuoso y una tempestad deshecha, cubri\u00f3 de nubes la tierra y el ponto, y la noche cay\u00f3 del cielo.<\/p>\n<p>316<\/p>\n<p>Apenas se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, pusimos la nave en seguridad, llev\u00e1ndola a una profunda cueva, donde las Ninfas ten\u00edan asientos y hermosos lugares para las danzas.<\/p>\n<p>319<\/p>\n<p>Acto continuo los reun\u00ed a todos en junta y les habl\u00e9 de esta manera:<\/p>\n<p>320<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh amigos! Puesto que hay en la velera nave alimentos y bebida, absteng\u00e1monos de tocar esas vacas, a fin de que no nos venga ning\u00fan mal, porque tanto las vacas como las ping\u00fces ovejas son de un dios terrible, de Helios, que todo lo ve y todo lo oye.<\/p>\n<p>324<\/p>\n<p>As\u00ed les dije, y su \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. Durante un mes entero sopl\u00f3 incesantemente el Noto, sin que se levantaran otros vientos que el Euro y el Noto: y mientras no les falt\u00f3 pan y rojo vino, abstuvi\u00e9ronse de tomar las vacas por el deseo de conservar la vida. Pero tan pronto como, agotados todos los v\u00edveres de la nave, vi\u00e9ronse obligados a ir errantes tras de alguna presa -peces o aves, cuanto les viniese a las manos-, pescando con corvos anzuelos, porque el hambre les atormentaba el vientre.<\/p>\n<p>333<\/p>\n<p>Yo me intern\u00e9 en la isla con el fin de orar a los dioses y ver si alguno me mostraba el camino para llegar a la patria. Despu\u00e9s que, andando por la isla, estuve lejos de los m\u00edos, me lav\u00e9 las manos en un lugar resguardado del viento, y or\u00e9 a todos los dioses que habitan el Olimpo, los cuales infundieron en mis p\u00e1rpados dulces sue\u00f1os. Y en tanto, Eur\u00edloco comenz\u00f3 a hablar con los amigos para darles este pernicioso consejo:<\/p>\n<p>340<\/p>\n<p>\u2014O\u00edd mis palabras, compa\u00f1eros, aunque padezc\u00e1is tantos infortunios. Todas las muertes son odiosas a los infelices mortales, pero ninguna es tan m\u00edsera como morir de hambre y cumplir de esta suerte el propio destino. Ea, tomemos las m\u00e1s excelentes de las vacas de Helios y ofrezcamos un sacrificio a los dioses que poseen el anchuroso cielo. Si consigui\u00e9semos volver a Itaca, la patria tierra, erigir\u00edamos un rico templo a Helios, hijo de Hiperi\u00f3n, poniendo en \u00e9l muchos y preciosos simulacros. Y si, irritado a causa de las vacas de erguidos cuernos, quisiera Helios perder nuestra nave y lo consienten los restantes dioses, prefiero morir de una vez, tragando el agua de las olas, a consumirme con lentitud, en una isla inhabitada.<\/p>\n<p>352<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3 Eur\u00edloco y aplaudi\u00e9ronle los dem\u00e1s compa\u00f1eros. Seguidamente, habiendo echado mano a las m\u00e1s excelentes vacas de Helios, que estaban all\u00ed cerca -pues las hermosas vacas de retorcidos cuernos y ancha frente pac\u00edan a poca distancia de la nave de azulada proa-, se pusieron a su alrededor y oraron a los dioses, despu\u00e9s de arrancar tiernas hojas de una alta encina, porque ya no ten\u00edan blanca cebada en la nave de muchos bancos.<\/p>\n<p>359<\/p>\n<p>Terminada la plegaria, degollaron y desollaron las reses; luego cortaron los muslos, los pringaron con gordura por uno y otro lado y los cubrieron de trozos de carne; y como carec\u00edan de vino que pudiesen verter en el fuego sacro, hicieron libaciones con agua mientras asaban los intestinos.<\/p>\n<p>364<\/p>\n<p>Quemados los muslos, probaron las entra\u00f1as; y dividiendo lo restante en pedazos muy peque\u00f1os, lo espetaron en los asadores.<\/p>\n<p>366<\/p>\n<p>Entonces huy\u00f3 de mis p\u00e1rpados el dulce sue\u00f1o y emprend\u00ed el regreso a la velera nave y a la orilla del mar. Al acercarme al corvo bajel, lleg\u00f3 hasta m\u00ed el suave olor de la grasa quemada y, dando un suspiro, clam\u00e9 de este modo a los inmortales dioses:<\/p>\n<p>371<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Para mi da\u00f1o, sin duda, me adormecisteis con el cruel sue\u00f1o, y mientras tanto los compa\u00f1eros, qued\u00e1ndose aqu\u00ed, han consumado un gran delito.<\/p>\n<p>374<\/p>\n<p>Lampetia, la del ancho peplo, fue como mensajera veloz a decirle a Helios, hijo de Hiperi\u00f3n, que hab\u00edamos dado muerte a sus vacas.<\/p>\n<p>376<\/p>\n<p>Inmediatamente Helios, con el coraz\u00f3n airado, habl\u00f3 de esta guisa a los inmortales:<\/p>\n<p>377<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Castigad a los compa\u00f1eros de Odiseo Laert\u00edada, pues, ensoberbeci\u00e9ndose, han matado mis vacas; y yo me holgaba de verlas as\u00ed al subir al estrellado cielo, como al volver nuevamente del cielo a la tierra. Que si no se me diere la condigna compensaci\u00f3n por estas vacas, descender\u00e9 a la morada de Hades y alumbrar\u00e9 a los muertos.<\/p>\n<p>384<\/p>\n<p>Y Zeus, que amontona las nubes, le respondi\u00f3 diciendo:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh Helios! Sigue alumbrando a los inmortales y a los mortales hombres que viven en la f\u00e9rtil tierra; pues yo despedir\u00e9 el ardiente rayo contra su velera nave, y la har\u00e9 pedazos en el vinoso ponto.<\/p>\n<p>389<\/p>\n<p>Esto me lo refiri\u00f3 Calipso, la de hermosa cabellera, y afirmaba que se lo hab\u00eda o\u00eddo contar a Hermes, el mensajero.<\/p>\n<p>391<\/p>\n<p>Luego que hube llegado a la nave y al mar, reprend\u00ed a mis compa\u00f1eros -acerc\u00e1ndome ora a \u00e9ste, ora a aqu\u00e9l-, mas no pudimos hallar remedio alguno, porque ya las vacas estaban muertas. Pronto los dioses les mostraron varios prodigios: los cueros serpeaban, las carnes asadas y las crudas mug\u00edan en los asadores, y dej\u00e1banse o\u00edr voces como de vacas.<\/p>\n<p>397<\/p>\n<p>Por seis d\u00edas mis fieles compa\u00f1eros celebraron festines, para los cuales echaban mano a las mejores vacas de Helios, mas, as\u00ed que Zeus Croni\u00f3n nos trajo el s\u00e9ptimo d\u00eda, ces\u00f3 la violencia del vendaval que causaba la tempestad y nos embarcamos, lanzando la nave al vasto ponto despu\u00e9s de izar el m\u00e1stil y de descoger las blancas velas.<\/p>\n<p>403<\/p>\n<p>Cuando hubimos dejado atr\u00e1s aquella isla y ya no se divisaba tierra alguna, sino tan solamente cielo y mar, Zeus coloc\u00f3 por cima de la c\u00f3ncava nave una parda nube debajo de la cual se obscureci\u00f3 el ponto. No anduvo la embarcaci\u00f3n largo rato, pues sopl\u00f3 en seguida el estridente C\u00e9firo y, desencaden\u00e1ndose, produjo gran tempestad: un torbellino rompi\u00f3 los dos cables del m\u00e1stil, que se vino hacia atr\u00e1s, y todos los aparejos se juntaron en la sentina. El m\u00e1stil, al caer en la popa, hiri\u00f3 la cabeza del piloto aplast\u00e1ndole todos los huesos; cay\u00f3 el piloto desde el tablado, como salta un buzo, y su alma generosa se separ\u00f3 de los huesos.<\/p>\n<p>415<\/p>\n<p>Zeus despidi\u00f3 un trueno y al propio tiempo arroj\u00f3 un rayo en nuestra nave; \u00e9sta se estremeci\u00f3, al ser herida por el rayo de Zeus, llen\u00e1ndose del olor del azufre, y mis hombres cayeron en el agua. Llev\u00e1balos el oleaje alrededor del negro bajel como cornejas, y un dios les priv\u00f3 de la vuelta a la patria.<\/p>\n<p>420<\/p>\n<p>Segu\u00ed andando por la nave, hasta que el \u00edmpetu del mar separ\u00f3 a los flancos de la quilla, la cual flot\u00f3 sola en el agua; y el m\u00e1stil se rompi\u00f3 en su uni\u00f3n con ella. Sobre el m\u00e1stil hall\u00e1base una soga hecha de cuero de buey; at\u00e9 con ella m\u00e1stil y quilla y, sent\u00e1ndome en ambos, dej\u00e9me llevar por los perniciosos vientos.<\/p>\n<p>426<\/p>\n<p>Pronto ces\u00f3 el soplo violento del C\u00e9firo, que causaba la tempestad, y de repente sobrevino el Noto, el cual me afligi\u00f3 el \u00e1nimo con llevarme de nuevo hacia la perniciosa Caribdis. Toda la noche anduve a merced de las olas, y al salir el sol llegue al escollo de Escila y a la horrenda Caribdis, que estaba sorbiendo la salobre agua del mar; pero yo me lanc\u00e9 al alto cabrahigo y me agarr\u00e9 como un murci\u00e9lago, sin que pudiera afirmar los pies en parte alguna ni tampoco encaramarme en el \u00e1rbol, porque estaban lejos las ra\u00edces y a gran altura los largos y gruesos ramos que daban sombra a Caribdis.<\/p>\n<p>437<\/p>\n<p>Me mantuve, pues, reciamente asido, esperando que Caribdis devolviera el m\u00e1stil y la quilla; y \u00e9stos aparecieron por fin, cumpli\u00e9ndose mi deseo. A la hora en que el juez se levanta en el \u00e1gora, despu\u00e9s de haber fallado muchas causas de j\u00f3venes litigantes, dej\u00e1ronse ver los maderos fuera ya de Caribdis. Solt\u00e9me de pies y manos y ca\u00ed con gran estr\u00e9pito en medio del agua, junto a los largu\u00edsimos maderos; y, sent\u00e1ndome encima, me puse a remar con los brazos. Y no permiti\u00f3 el padre de los hombres y de los dioses que Escila me viese, pues no me hubiera librado de una terrible muerte.<\/p>\n<p>447<\/p>\n<p>Desde aquel lugar fui errante nueve d\u00edas y en la noche del d\u00e9cimo llev\u00e1ronme los dioses a la isla Ogigia, donde vive Calipso, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz; la cual me acogi\u00f3 amistosamente y tuvo gran cuenta conmigo. Mas, \u00bfa qu\u00e9 contar el resto? Os lo refer\u00ed ayer en esta casa a ti y a tu ilustre esposa, y me es enojoso repetir lo que queda explicado claramente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XII 1 Tan luego como la nave, dejando la corriente del r\u00edo Oc\u00e9ano, lleg\u00f3 a las olas del vasto mar y a la isla Eea -donde est\u00e1n la mansi\u00f3n y las danzas de Eos, hija de la ma\u00f1ana, y el orto del Helios-, la sacamos a la arena, despu\u00e9s\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xii-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1016,1012,1015,1058,1289,1115,1288,1025,1033,1020],"class_list":["post-910","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-arte","tag-ave","tag-flor","tag-hogar","tag-homero","tag-jovenes","tag-odisea","tag-rosa","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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