{"id":909,"date":"2010-11-27T00:24:41","date_gmt":"2010-11-26T22:24:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=909"},"modified":"2010-11-27T00:27:56","modified_gmt":"2010-11-26T22:27:56","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO XI<\/strong><\/p>\n<p>1 En llegando a la nave y al divino mar, echamos al agua la negra embarcaci\u00f3n, izamos el m\u00e1stil y descogimos el velamen; cargamos luego las reses, y por fin nos embarcamos nosotros, muy tristes y vertiendo copiosas l\u00e1grimas. Por detr\u00e1s de la nave de azulada proa soplaba favorable viento, que hench\u00eda las velas; buen compa\u00f1ero que nos mand\u00f3 Circe, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz. Colocados cada uno de los aparejos en su sitio, nos sentamos en la nave. A esta conduc\u00edala el viento y el piloto, y durante el d\u00eda fue andando a velas desplegadas, hasta que se puso el sol y las tinieblas ocuparon todos los caminos.<\/p>\n<p>13<\/p>\n<p>Entonces arribamos a los confines del Oc\u00e9ano, de profunda corriente. All\u00ed est\u00e1n el pueblo y la ciudad de los Cimerios entre nieblas y nubes, sin que jam\u00e1s el sol resplandeciente los ilumine con sus rayos, ni cuando sube al cielo estrellado, ni cuando vuelve del cielo a la tierra, pues una noche perniciosa se extiende sobre los m\u00edseros mortales. A este paraje fue nuestro bajel que sacamos a la playa; y nosotros, asiendo las ovejas, anduvimos a lo largo de la corriente del Oc\u00e9ano hasta llegar al sitio indicado por Circe.<\/p>\n<p>23<\/p>\n<p>All\u00ed Perimedes y Eur\u00edloco sostuvieron las v\u00edctimas, y yo, desenvainando la aguda espada que cabe el muslo llevaba, abr\u00ed un hoyo de un codo por lado; hice a su alrededor libaci\u00f3n a todos los muertos, primeramente con aguamiel, luego con dulce vino y a la tercera vez con agua y lo despolvoree todo con blanca harina. Acto seguido supliqu\u00e9 con fervor a las inanes cabezas de los muertos, y vot\u00e9 que, cuando llegara a Itaca, les sacrificar\u00eda en el palacio una vaca no paridera, la mejor que hubiese, y que en su obsequio llenar\u00eda la pira de cosas excelentes, y tambi\u00e9n que a Tiresias le inmolar\u00eda aparte un carnero completamente negro que descollase entre nuestros reba\u00f1os. Despu\u00e9s de haber rogado con votos y s\u00faplicas al pueblo de los difuntos, tom\u00e9 las reses, las degoll\u00e9 encima del hoyo, corri\u00f3 la negra sangre y al instante se congregaron saliendo del Erebo, las almas de los fallecidos: mujeres j\u00f3venes, mancebos, ancianos que en otro tiempo padecieron muchos males, tiernas doncellas con el \u00e1nimo angustiado por reciente pesar, y muchos varones que hab\u00edan muerto en la guerra, heridos por bronc\u00edneas lanzas, y mostraban ensangrentadas armaduras: agit\u00e1banse todas con grand\u00edsimo murmurio alrededor del hoyo, unas por un lado y otras por otro; y el p\u00e1lido terror se ense\u00f1ore\u00f3 de m\u00ed. Al punto exhort\u00e9 a los compa\u00f1eros y les di orden de que desollaran las reses, tom\u00e1ndolas del suelo donde yac\u00edan degolladas por el cruel bronce, y las quemaran inmediatamente, haciendo votos al poderoso Hades y a la veneranda Persefonea; y yo, desenvainando la aguda espada que cabe al muslo llevaba me sent\u00e9 y no permit\u00ed que las inanes cabezas de los muertos se acercaran a la sangre antes que hubiese interrogado a Tiresias.<\/p>\n<p>51<\/p>\n<p>La primera que vino fue el alma de nuestro compa\u00f1ero Elp\u00e9nor el cual a\u00fan no hab\u00eda recibido sepultura en la tierra inmensa; pues dejamos su cuerpo en la mansi\u00f3n de Circe sin enterrarlo ni llorarlo porque nos apremiaban otros trabajos. Al verlo llor\u00e9, le compadec\u00ed en mi coraz\u00f3n y, habl\u00e1ndole, le dije estas aladas palabras:<\/p>\n<p>57<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, Elp\u00e9nor! \u00bfC\u00f3mo viniste a estas tinieblas caliginosas? T\u00fa has llegado a pie, antes que yo en la negra nave.<\/p>\n<p>59<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00e9; y \u00e9l, dando un suspiro, me respondi\u00f3 con estas palabras:<\/p>\n<p>60<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! Da\u00f1\u00e1ronme la mala voluntad de alg\u00fan dios y el exceso de vino. Habi\u00e9ndome acostado en la mansi\u00f3n de Circe, no pens\u00e9 en volver atr\u00e1s, a fin de bajar por la larga escalera, y ca\u00ed desde el techo; se me rompieron las v\u00e9rtebras del cuello, y mi alma descendi\u00f3 a la mansi\u00f3n de Hades. Ahora te suplico en nombre de los que se quedaron en tu casa y no est\u00e1n presentes -de tu esposa, de tu padre, que te cri\u00f3 cuando eras ni\u00f1o, y de Tel\u00e9maco el \u00fanico v\u00e1stago que dejaste en el palacio-: s\u00e9 que, partiendo de ac\u00e1 de la morada de Hades, detendr\u00e1s la bien construida nave en la isla Eea: pues yo te ruego, oh rey, que al llegar te acuerdes de m\u00ed. No te vayas, dejando mi cuerpo sin llorarle ni enterrarle a fin de que no excite contra ti la c\u00f3lera de los dioses; por el contrario, quema mi cad\u00e1ver con las armas de que me serv\u00eda y er\u00edgeme un t\u00famulo en la ribera del espumoso mar para que de este hombre desgraciado tengan noticia los venideros. Hazlo as\u00ed y clava en el t\u00famulo aquel remo con que, estando vivo, bogaba yo con mis compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>79<\/p>\n<p>Tales fueron sus palabras; y le respond\u00ed diciendo:<br \/>\n\u2014Todo te lo har\u00e9, oh infeliz, todo te lo llevar\u00e9 a cumplimiento.<\/p>\n<p>81<\/p>\n<p>De tal suerte, sentados ambos, nos dec\u00edamos estas tristes razones: yo ten\u00eda la espada levantada sobre la sangre; y mi compa\u00f1ero desde la parte opuesta, hablaba largamente.<\/p>\n<p>84<\/p>\n<p>Vino luego el alma de mi difunta madre Anticlea, hija del magn\u00e1nimo Aut\u00f3lico: a la cual hab\u00eda dejado viva cuando part\u00ed para la sagrada Ili\u00f3n. Llor\u00e9 al verla, compadeci\u00e9ndola en mi coraz\u00f3n mas con todo eso, a pesar de sentirme muy afligido, no permit\u00ed que se acercara a la sangre antes de interrogar a Tiresias.<\/p>\n<p>90<\/p>\n<p>Vino despu\u00e9s el alma de Tiresias, el tebano, que empu\u00f1aba \u00e1ureo cetro. Conoci\u00f3me, y me habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>92<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! \u00bf Por qu\u00e9, oh infeliz, has dejado la luz del sol y vienes a ver a los muertos y esta regi\u00f3n desapacible? Ap\u00e1rtate del hoyo y retira la aguda espada, para que, bebiendo sangre, te revele la verdad de lo que quieras.<\/p>\n<p>97<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Me apart\u00e9 y met\u00ed la espada en la vaina guarnecida de arg\u00e9nteos clavos. El eximio vate bebi\u00f3 la negra sangre y habl\u00f3me al punto con estas palabras:<\/p>\n<p>100<\/p>\n<p>\u2014Buscas la dulce vuelta, preclaro Odiseo, y un dios te la har\u00e1 dif\u00edcil; pues no creo que le pases inadvertido al que sacude la tierra, quien te guarda rencor en su coraz\u00f3n, porque se irrit\u00f3 cuando le cegaste el hijo. Pero aun llegar\u00edais a la patria despu\u00e9s de padecer trabajos, si quisieras contener tu \u00e1nimo y el de tus compa\u00f1eros as\u00ed que ancles la bien construida embarcaci\u00f3n en la isla Trinacia, escapando del viol\u00e1ceo ponto, y hall\u00e9is paciendo las vacas y ping\u00fces ovejas de Helios, que todo lo ve y todo lo oye. Si las dejaras indemnes, ocup\u00e1ndote tan s\u00f3lo en preparar tu vuelta, aun llegar\u00edais a Itaca, despu\u00e9s de soportar muchas fatigas; pero, si les causares da\u00f1o, desde ahora te anuncio la perdici\u00f3n de la nave y la de tus amigos. Y aunque t\u00fa te libres, llegar\u00e1s tarde y mal, habiendo perdido todo, los compa\u00f1eros, en nave ajena, y hallar\u00e1s en tu palacio otra plaga: unos hombres soberbios, que se comen tus bienes y pretenden a tu divinal consorte, a la cual ofrecen regalos de boda. T\u00fa, en llegando, vengar\u00e1s sus demas\u00edas. Mas, luego que en tu mansi\u00f3n hayas dado muerte a los pretendientes, ya con astucia, ya cara a cara con el agudo bronce, toma un manejable remo y anda hasta que llegues a aquellos hombres que nunca vieron el mar, ni comen manjares sazonados con sal, ni conocen las naves de encarnadas proas, ni tienen noticia de los manejables remos que son como las alas de los buques. Para ello te dir\u00e9 una se\u00f1al muy manifiesta, que no te pasar\u00e1 inadvertida. Cuando encontrares otro caminante y te dijere que llevas un aventador sobre el gallardo hombro, clava en tierra el manejable remo, haz al soberano Poseid\u00f3n hermosos sacrificios de un carnero, un toro y un verraco, y vuelve a tu casa, donde sacrificar\u00e1s sagradas hecatombes a los inmortales dioses que poseen el anchuroso cielo, a todos por su orden. Te vendr\u00e1 m\u00e1s adelante y lejos del mar una muy suave muerte, que te quitar\u00e1 la vida cuando ya est\u00e9s abrumado por placentera vejez; y a tu alrededor los ciudadanos ser\u00e1n dichosos. Cuanto te digo es cierto.<\/p>\n<p>138<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y yo le respond\u00ed:<br \/>\n\u2014\u00a1Tiresias! Esas cosas decret\u00e1ronlas sin duda los propios dioses. Mas, ea, habla y responde sinceramente. Veo el alma de mi difunta madre, que est\u00e1 silenciosa junto a la sangre, sin que se atreva a mirar frente a frente a su hijo ni a dirigirle la voz. Dime, oh rey, como podr\u00e1 reconocerme.<\/p>\n<p>145<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00e9; y al punto me contest\u00f3 diciendo:<br \/>\n\u2014Con unas sencillas palabras que pronuncie te lo dar\u00e9 a entender. Aquel de los difuntos a quien permitieres que se acerque a la sangre, te dar\u00e1 noticias ciertas; aquel a quien se lo negares, se volver\u00e1 en seguida.<\/p>\n<p>150<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, el alma del soberano Tiresias se fue a la morada de Hades apenas hubo proferido los or\u00e1culos. Mas yo me estuve quedo hasta que vino mi madre y bebi\u00f3 la negruzca sangre. Reconoci\u00f3me de s\u00fabito y d\u00edjome entre sollozos estas aladas palabras:<\/p>\n<p>155<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hijo m\u00edo! \u00bfC\u00f3mo has bajado en vida a esta obscuridad tenebrosa? Dif\u00edcil es que los vivientes puedan contemplar estos lugares, separados como est\u00e1n por grandes r\u00edos, por impetuosas corrientes y, principalmente, por el Oc\u00e9ano, que no se puede atravesar a pie sino en una nave bien construida. \u00bfVienes acaso de Troya, despu\u00e9s de vagar mucho tiempo con la nave y los amigos? \u00bfAun no llegaste a Itaca, ni viste a tu mujer en el palacio?<\/p>\n<p>163<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y yo le respond\u00ed de esta suerte:<br \/>\n\u2014\u00a1Madre m\u00eda! La necesidad me trajo a la morada de Hades, a consultar el alma de Tiresias el tebano; pero a\u00fan no me acerqu\u00e9 a la<\/p>\n<p>170<\/p>\n<p>Mas, ea, habla y responde sinceramente: \u00bfCu\u00e1l hado de la aterradora muerte acab\u00f3 contigo? \u00bfFue una larga enfermedad, o Artemis, que se complace en tirar flechas, la que te mat\u00f3 con sus suaves tiros? H\u00e1blame de mi padre y del hijo que deje, y cu\u00e9ntame si mi dignidad real la conservan ellos o la tiene alg\u00fan otro var\u00f3n, porque se figuran que ya no he de volver. Rev\u00e9lame tambi\u00e9n la voluntad y el pensamiento de mi legitima esposa: si vive con mi hijo y todo lo guarda y mantiene en pie, o ya se cas\u00f3 con el mejor de los aqueos.<\/p>\n<p>180<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00e9; y respondi\u00f3me en seguida mi veneranda madre:<\/p>\n<p>181<\/p>\n<p>\u2014Aquella contin\u00faa en tu palacio con el \u00e1nimo afligido y pasa los d\u00edas y las noches tristemente, llorando sin cesar. Nadie posee a\u00fan tu hermosa autoridad real: Tel\u00e9maco cultiva en paz tus heredades y asiste a decorosos banquetes, como debe hacerlo; el var\u00f3n que administra justicia, pues todos le convidan. Tu padre se queda en el campo, sin bajar a la ciudad, y no tiene lecho ni cama, ni mantas, ni colchas espl\u00e9ndidas: sino que en el invierno duerme entre los esclavos de la casa, en la ceniza, junto al hogar, llevando miserables vestiduras; y, no bien llega el verano y el fruct\u00edfero oto\u00f1o, se le ponen por todas partes, en la f\u00e9rtil vi\u00f1a, humildes lechos de hojas secas donde yace afligido y acrecienta sus penas anhelando tu regreso, adem\u00e1s de sufrir las molestias de la senectud a que ha llegado. As\u00ed mor\u00ed yo tambi\u00e9n, cumpliendo mi destino: ni la que con certera vista se complace en arrojar saetas, me hiri\u00f3 con sus suaves tiros en el palacio, ni me acometi\u00f3 enfermedad alguna de las que se llevan el vigor de los miembros por una odiosa consunci\u00f3n; antes bien la soledad que de ti sent\u00eda y la memoria de tus cuidados y de tu ternura, preclaro Odiseo, me privaron de la dulce vida.<\/p>\n<p>204<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Quise entonces efectuar el designio, que ten\u00eda formado en mi esp\u00edritu, de abrazar el alma de mi difunta madre. Tres veces me acerqu\u00e9 a ella, pues el \u00e1nimo incit\u00e1bame a abrazarla; tres veces se me fue volando de entre las manos como sombra o sue\u00f1o. Entonces sent\u00ed en mi coraz\u00f3n un agudo dolor que iba en aumento, y dije a mi madre estas aladas palabras:<\/p>\n<p>210<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Madre m\u00eda! \u00a1Por qu\u00e9 huyes cuando a ti me acerco, ansioso de asirte, a fin de que en la misma morada de Hades nos echemos en brazos el uno del otro y nos saciemos de triste llanto? Por ventura envi\u00f3me esta vana imagen la ilustre Persefonea, para que se acrecienten mis lamentos y suspiros?<\/p>\n<p>215<\/p>\n<p>As\u00ed le dije; y al momento me contest\u00f3 mi veneranda madre:<\/p>\n<p>216<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay de mi hijo m\u00edo, el m\u00e1s desgraciado de todos los hombres! No te enga\u00f1a Persefonea, hija de Zeus, sino que esta es la condici\u00f3n de los mortales cuando fallecen: los nervios ya no mantienen unidos la carne y los huesos, pues los consume la viva fuerza de las ardientes llamas tan pronto como la vida desampara la blanca osamenta; y el alma se va volando, como un sue\u00f1o. Mas, procura volver lo antes posible a la luz y ll\u00e9vate sabidas todas estas cosas para que luego las refieras a tu consorte.<\/p>\n<p>225<\/p>\n<p>Mientras as\u00ed convers\u00e1bamos, vinieron -enviadas por la ilustre Persefonea- cuantas mujeres fueron esposas o hijas de eximios varones. Reuni\u00e9ronse en tropel alrededor de la negra sangre, y yo pensaba de qu\u00e9 modo podr\u00eda interrogarlas por separado. Al fin pareci\u00f3me que la mejor resoluci\u00f3n ser\u00eda la siguiente: desenvain\u00e9 la espada de larga punta que tra\u00eda al lado del muslo y no permit\u00ed que bebieran a un tiempo la denegrida sangre. Entonces se fueron acercando sucesivamente, me declararon su respectivo linaje, y a todas les hice preguntas.<\/p>\n<p>235<\/p>\n<p>La primera que vi fue Tiro, de ilustre nacimiento, la cual manifest\u00f3 que era hija del insigne Salmoneo y esposa de Creteo E\u00f3lida. Hab\u00edase enamorado de un r\u00edo que es el m\u00e1s bello de los que discurren por el orbe, el divinal Enipeo, y frecuentaba los sitios pr\u00f3ximos a su hermosa corriente; pero el que ci\u00f1e y bate la tierra, tomando la figura de Enipeo, se acost\u00f3 con ella en la desembocadura del vorticoso r\u00edo. La ola purp\u00farea, grande como una monta\u00f1a, se encorv\u00f3 alrededor de entrambos, y ocult\u00f3 al dios y a la mujer mortal. Poseid\u00f3n desat\u00f3le a la doncella el virgineo cinto y le infundi\u00f3 sue\u00f1o. Mas, tan pronto como hubo logrado sus amorosos deseos, le tom\u00f3 la mano y le dijo estas palabras:<\/p>\n<p>248<\/p>\n<p>Hu\u00e9lgate, mujer, con este amor. En el transcurso del a\u00f1o parir\u00e1s hijos ilustres, que nunca son est\u00e9riles las uniones de los inmortales. Cu\u00eddalos y cr\u00edalos. Ahora vuelve a tu casa y abstente de nombrarme, pues s\u00f3lo soy para ti Poseid\u00f3n que sacude la tierra.<\/p>\n<p>253<\/p>\n<p>Cuando esto hubo dicho, sumergi\u00f3se en el agitado ponto. Tiro qued\u00f3 encinta y pari\u00f3 a Pelias y a Neleo, que hab\u00edan de ser esforzados servidores del gran Zeus; y vivieron Pelias, rico en ganado, en la extensa Yaolco, y Neleo, en la arenosa Pilos. Adem\u00e1s, la reina de las mujeres tuvo de Creteo otros hijos Es\u00f3n, Feres y Amita\u00f3n. que combat\u00eda en carro.<\/p>\n<p>260<\/p>\n<p>Despu\u00e9s vi a Ant\u00edope, hija de Asopo, que se gloriaba de haber dormido en brazos de Zeus. Pari\u00f3 dos hijos -Anfi\u00f3n y Zeto-, los primeros que fundaron y torrearon a Tebas, la de las siete puertas; pues no hubieran podido habitar aquella vasta ciudad desguarnecida de torres, no obstante ser ellos muy esforzados.<\/p>\n<p>266<\/p>\n<p>Despu\u00e9s vi a Alcmena, esposa de Anfitri\u00f3n, la cual del abrazo del gran Zeus tuvo al fornido Heracles, de coraz\u00f3n de le\u00f3n; y luego pari\u00f3 a Megara, hija del animoso Creonte, a la cual tuvo por mujer el Anfitri\u00f3nida, de valor siempre ind\u00f3mito.<\/p>\n<p>271<\/p>\n<p>Vi tambi\u00e9n a la madre de Edipo, la bella Epicasta, que cometi\u00f3 sin querer una gran falta, cas\u00e1ndose con su hijo: pues \u00e9ste, luego de matar a su propio padre la tom\u00f3 por esposa. No tardaron los dioses en revelar a los hombres lo que hab\u00eda ocurrido: y, con todo, Edipo, si bien tuvo sus contratiempos, sigui\u00f3 reinando sobre los cadmeos en la agradable Tebas, por los perniciosos designios de las deidades; mas ella, abrumada por el dolor, fuese a la morada de Hades, de s\u00f3lidas puertas, atando un lazo al elevado techo, y dej\u00f3le tantos dolores como causan las Erinies de una madre.<\/p>\n<p>281<\/p>\n<p>Vi igualmente a la bell\u00edsima Cloris -a quien por su hermosura tom\u00f3 Neleo por esposa, consign\u00e1ndole una dote inmensa-, hija menor de Anfi\u00f3n Y\u00e1sida, el que imperaba poderosamente en Orc\u00f3meno Minieo: \u00e9sta rein\u00f3 en Pilos y tuvo de Neleo hijos ilustres: N\u00e9stor, Cromio y el arrogante Pericl\u00edmeno. Pari\u00f3 despu\u00e9s a la ilustre Pero, encanto de los mortales, que fue pretendida por todos sus vecinos; mas Neleo se empe\u00f1\u00f3 en no darla sino al que le trajese de F\u00edlace las vacas de retorcidos cuernos y espaciosa frente del robusto Ificlo; empresa dif\u00edcil de llevar al cabo. Tan s\u00f3lo un eximi\u00f3 vate prometi\u00f3 present\u00e1rselas; pero el hado funesto de un dios, juntamente con unas fuertes cadenas y los boyeros del campo, se lo impidieron. Mas, despu\u00e9s que pasaron d\u00edas y meses y transcurrido el a\u00f1o, volvieron a sucederse las estaciones, el robusto Ificlo solt\u00f3 al adivino, que le hab\u00eda revelado todos los or\u00e1culos, y cumpli\u00f3se entonces la voluntad de Zeus.<\/p>\n<p>298<\/p>\n<p>Vi tambi\u00e9n a Leda, la esposa de Tind\u00e1reo, que le pari\u00f3 dos hijos de \u00e1nimo esforzado: C\u00e1stor, domador de caballos y Polideuces, excelente p\u00fagil. A \u00e9stos los mantiene vivo, la alma tierra y son honrados por Zeus debajo de ella: de suerte que viven y mueren alternativamente, pues el d\u00eda que vive el uno muere el otro y viceversa. Ambos disfrutan de los mismos honores que los n\u00famenes.<\/p>\n<p>305<\/p>\n<p>Despu\u00e9s vi a Ifimedia, esposa de Aloeo, la cual se preciaba de haber tenido acceso con Poseid\u00f3n. Hab\u00eda dado a luz dos hijos de corta vida: Oto, igual a un dios, y el celeb\u00e9rrimo Efialtes; que fueron los mayores hombres que criara la f\u00e9rtil tierra y los m\u00e1s gallardos, si se except\u00faa al \u00ednclito Ori\u00f3n, pues a los nueve a\u00f1os ten\u00edan nueve codos de ancho y nueve brazas de estatura. Oto y Efialtes amenazaron a los inmortales del Olimpo con llevarles el tumulto de la impetuosa guerra. Quisieron poner el Osa sobre el Olimpo, y encima del Osa el frondoso Peli\u00f3n, para que el cielo les fuese accesible. Y dieran fin a su traza, si hubiesen llegado a la flor de la juventud, pero el hijo de Zeus, a quien pari\u00f3 Leto, la de hermosa cabellera, extermin\u00f3los a entrambos antes que el vello floreciese debajo de sus sienes y su barba se cubriera de suaves pelos.<\/p>\n<p>321<\/p>\n<p>Vi a Fedra, a Procris y a la hermosa Ariadna, hija del artero Minos, que Teseo se llev\u00f3 de Creta al feraz territorio de la sagrada Atenas mas no pudo lograrla, porque Artemis la mat\u00f3 en D\u00eda, situada en medio de las olas, por la acusaci\u00f3n de Di\u00f3niso.<\/p>\n<p>326<\/p>\n<p>Vi a Mera, a Cl\u00edmene y a la odiosa Erifile, que acept\u00f3 el preciado oro por traicionar a su marido.<\/p>\n<p>328<\/p>\n<p>Y no pudiera decir ni nombrar todas las mujeres e hijas de h\u00e9roes que vi despu\u00e9s, porque antes llegar\u00e1 a su t\u00e9rmino la divinal noche. Mas ya es hora de dormir, sea yendo a la velera nave donde est\u00e1n los compa\u00f1eros, sea permaneciendo aqu\u00ed. Y cuidar\u00e1n de acompa\u00f1arme a mi patria los dioses, y tambi\u00e9n vosotros.<\/p>\n<p>333<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3. Enmudecieron los oyentes en el obscuro palacio, y quedaron silenciosos, arrobado, por el placer de o\u00edrle. Pero Arete, la de los n\u00edveos brazos, empez\u00f3 a hablarles diciendo:<\/p>\n<p>336<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Feacios! \u00a1Qu\u00e9 os parece este hombre por su aspecto, estatura y sereno juicio? Es mi hu\u00e9sped, pero de semejante honra particip\u00e1is todos. Por tanto, no apresur\u00e9is su partida; ni le escatim\u00e9is las d\u00e1divas, ya que se halla en la necesidad y abundan en vuestros palacios las riquezas, por la voluntad de los dioses.<\/p>\n<p>342<\/p>\n<p>Entonces el anciano h\u00e9roe Equeo, que era el de m\u00e1s edad de los feacios, habl\u00f3les de esta suerte:<\/p>\n<p>344<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Amigos! Nada nos ha dicho la sensata reina que no sea a prop\u00f3sito y conveniente. Obedecedla, pues, aunque Alc\u00ednoo es quien puede, con sus palabras y obras, dar el ejemplo.<\/p>\n<p>347<\/p>\n<p>Alc\u00ednoo le contest\u00f3 de esta manera:<br \/>\n\u2014Se cumplir\u00e1 lo que dec\u00eds en cuanto yo viva y reine sobre los feacios, amantes de manejar los remos. El hu\u00e9sped, siquiera est\u00e9 deseoso de volver a su patria, res\u00edgnese a quedarse aqu\u00ed hasta ma\u00f1ana a fin de que le prepare todos los regalos. Y de su partida se cuidar\u00e1n todos los varones y principalmente yo, cuyo es el mando en este pueblo.<\/p>\n<p>354<\/p>\n<p>El ingenioso Odiseo respondi\u00f3 diciendo:<br \/>\n\u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s esclarecido de todos los ciudadanos! Si me mandarais quedarme aqu\u00ed un a\u00f1o entero y durante el mismo dispusierais mi vuelta y me hicierais espl\u00e9ndidos presentes, me quedar\u00eda de muy buena gana; pues fuera mejor llegar a la patria, con las manos llenas y verme as\u00ed m\u00e1s honrado y querido de cuantos hombres presenciasen mi regreso a Itaca.<\/p>\n<p>362<\/p>\n<p>Entonces Alc\u00ednoo le contesta, habl\u00e1ndole de esta guisa:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, Odiseo! Al verte no sospechamos que seas un impostor ni un embustero, como otros muchos que cr\u00eda la obscura tierra, los cuales, dispersos por doquier forjan mentiras que nadie logra descubrir: tu das belleza a las palabras, tienes excelente ingenio e hiciste la narraci\u00f3n con tanta habilidad como un aedo, cont\u00e1ndonos los deplorables trabajos de todos los argivos y de ti mismo.<\/p>\n<p>370<\/p>\n<p>Mas, ea, habla y dime sinceramente si viste a algunos de los deiformes amigos que te acompa\u00f1aron a Ili\u00f3n y all\u00ed recibieron la fatal muerte. La noche es muy larga, inmensa, y a\u00fan no llega la hora de recogerse en el palacio. Cu\u00e9ntame, pues, esas haza\u00f1as admirables; que yo me quedar\u00eda hasta la divinal aurora, si te decidieras a referirme en esta sala tus desventuras.<\/p>\n<p>377<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s esclarecido de todos los ciudadanos! Hay horas oportunas para largos relatos y horas destinadas al sue\u00f1o; mas si tienes todav\u00eda voluntad de escucharme no me niego a referirte otros hechos aun m\u00e1s miserandos: los infortunios de mis compa\u00f1eros que, despu\u00e9s de haber escapado de la luctuosa guerra de los teucros, murieron al volver a su patria porque as\u00ed lo quiso una mujer perversa.<\/p>\n<p>385<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que la casta Persefonea hubo dispersado ac\u00e1 y acull\u00e1 las almas de las mujeres, present\u00f3se muy angustiada la de Agamemn\u00f3n Atrida; a cuyo alrededor se congregaban las de cuantos en la mansi\u00f3n de Egisto perecieron con el h\u00e9roe cumpliendo su destino. Reconoci\u00f3me as\u00ed que bebi\u00f3 la negra sangre y al punto comenz\u00f3 a llorar ruidosamente: derramaba copiosas l\u00e1grimas y me tend\u00eda las manos con el deseo de abrazarme; mas yo no disfrutaba del firme vigor, ni de la fortaleza que antes ten\u00eda en los flexibles miembros.<\/p>\n<p>395<\/p>\n<p>Al verlo llor\u00e9, y, compadeci\u00e9ndole en mi coraz\u00f3n, le dije estas aladas palabras:<\/p>\n<p>397<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Atrida glorios\u00edsimo, rey de hombres Agamemn\u00f3n! \u00bfCu\u00e1l hado de la aterradora muerte te quit\u00f3 la vida? \u00bfAcaso Poseid\u00f3n te mat\u00f3 en tus naves, desencadenando el fuerte soplo de terribles vientos o unos hombres enemigos acabaron contigo en la tierra firme, porque te llevabas sus bueyes y sus hermosos reba\u00f1os de ovejas o porque combat\u00edas por apoderarte de su ciudad y de sus mujeres?<\/p>\n<p>404<\/p>\n<p>As\u00ed le dije; y me respondi\u00f3 en seguida:<br \/>\n\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! Ni Poseid\u00f3n me mat\u00f3 en las naves, desencadenando el fuerte soplo de terribles vientos, ni hombres enemigos acabaron conmigo en la tierra firme; Egisto fue quien me prepar\u00f3 la muerte y el hado, pues, de acuerdo con mi funesta esposa, me llam\u00f3 a su casa, me dio de comer y me quit\u00f3 la vida como se mata a un buey junto a un pesebre. Mor\u00ed de este modo, padeciendo deplorable muerte; y a mi alrededor fueron asesinados mis compa\u00f1eros, unos en pos de otros, como en la casa de un hombre rico y poderos\u00edsimo son degollados los puercos de albos dientes para una comida de bodas, un fest\u00edn a escote, o un banquete espl\u00e9ndido. Ya has presenciado la matanza de un tropel de hombres que son muertos aisladamente en el duro combate; pero hubieras sentido grand\u00edsima compasi\u00f3n al contemplar aquel espect\u00e1culo, al ver c\u00f3mo yac\u00edamos en la sala alrededor de la cratera y de las mesas llenas, y c\u00f3mo el suelo manaba sangre por todos lados. O\u00ed la mis\u00e9rrima voz de Casandra, hija de Pr\u00edamo, a la cual estaba matando, junto a mi, la dolosa Clitemnestra; y yo, en tierra y moribundo, alzaba los brazos para asirle la espada. Mas la descarada fuese luego, sin que se dignara bajarme los p\u00e1rpados ni cerrarme la boca, aunque me ve\u00eda descender a la morada de Hades.<\/p>\n<p>427<\/p>\n<p>As\u00ed es que nada hay tan horrible e impudente como la mujer que concibe en su esp\u00edritu intentos como el de aqu\u00e9lla, que cometi\u00f3 la inicua acci\u00f3n de tramar la muerte contra su esposo leg\u00edtimo. Figur\u00e1bame que, al tornar a mi casa, se alegrar\u00edan mis hijos y mis esclavos; pero aquella ladina m\u00e1s que otra alguna en cometer maldades, cubri\u00f3se de infamia a s\u00ed misma y hasta a las mujeres que han de nacer, por virtuosas que fueren.<\/p>\n<p>435<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y le contest\u00e9 diciendo:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, dioses! En verdad que el largovidente Zeus aborreci\u00f3 de extraordinaria manera la estirpe de Atreo, ya desde su origen, a causa de la perfidia de las mujeres: por Helena nos perdimos muchos y Clitemnestra te prepar\u00f3 una celada mientras te hallabas ausente.<\/p>\n<p>440<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00e9; y en seguida me respondi\u00f3:<br \/>\n\u2014Por tanto jam\u00e1s seas ben\u00e9volo con tu mujer ni le descubras todo lo que pienses; antes bien, partic\u00edpale unas cosas y oc\u00faltale otras. Mas a ti, \u00a1oh Odiseo!, no te vendr\u00e1 la muerte por culpa de tu mujer, porque la prudente Penelopea, hija de Icario, es muy sensata y sus intentos son razonables.<br \/>\nLa dejamos reci\u00e9n casada al partir para la guerra y daba el pecho a su hijo, infante todav\u00eda; el cual debe de contarse ahora, feliz y dichoso, en el n\u00famero de los hombres. Y su padre, volviendo a la patria, le ver\u00e1, y \u00e9l abrazar\u00e1 a su padre, como es justo. Pero mi esposa no dej\u00f3 que me saciara contemplando con estos ojos al m\u00edo, ya que me mat\u00f3 antes. Otra cosa voy a decir que pondr\u00e1s en tu coraz\u00f3n: al tomar puerto en la patria tierra, hazlo ocultamente y no a la descubierta, pues ya no hay que fiar en las mujeres.<\/p>\n<p>457<\/p>\n<p>Mas ea, habla y dime sinceramente si o\u00edste que mi hijo vive en Orc\u00f3meno, o en la arenosa Pilos o quiz\u00e1s con Menelao en la extensa Esparta, pues el divinal Orestes aun no ha desaparecido de la tierra.<\/p>\n<p>462<\/p>\n<p>De esta suerte habl\u00f3; y le respond\u00ed diciendo:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, Atrida! \u00bfPor qu\u00e9 me haces esa pregunta? Ignoro si aqu\u00e9l vive o ha muerto, y es malo hablar in\u00fatilmente.<\/p>\n<p>465<\/p>\n<p>Mientras nosotros est\u00e1bamos afligidos, dici\u00e9ndonos tan tristes razones y derramando copiosas l\u00e1grimas, vinieron las almas de Aquileo Pelida, de Patroclo, del intachable Ant\u00edloco y de Ayante, que fue el m\u00e1s excelente de todos los d\u00e1naos en cuerpo y hermosura, despu\u00e9s del eximio Peli\u00f3n. Reconoci\u00f3me el alma del E\u00e1cida, el de los pies ligeros, y lament\u00e1ndose me dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>473<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo fecundo en virtudes! \u00a1Desdichado! \u00bfQu\u00e9 otra empresa mayor que las pasadas revuelves en tu pecho? \u00bf C\u00f3mo te atreves a bajar a la mansi\u00f3n de Hades, donde residen los muertos, que est\u00e1n privados de sentido y son im\u00e1genes de los hombres que ya fallecieron?<\/p>\n<p>477<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y le respond\u00ed diciendo:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh Aquileo, hijo de Peleo, el m\u00e1s valiente de los aquivos! Vine por el or\u00e1culo de Tiresias, a ver si me daba alg\u00fan consejo para llegar a la escabrosa Itaca; que a\u00fan no me acerqu\u00e9 a la Acaya, ni entr\u00e9 en mi tierra, sino que padezco infortunios continuamente. Pero t\u00fa, oh Aquileo, eres el m\u00e1s dichoso de todos los hombres que nacieron y han de nacer, puesto que antes, cuando viv\u00edas, los argivos te honr\u00e1bamos como a una deidad, y ahora, estando aqu\u00ed, imperas poderosamente sobre los difuntos. Por lo cual, oh Aquileo, no has de entristecerte porque est\u00e9s muerto.<\/p>\n<p>487<\/p>\n<p>As\u00ed le dije, y me contest\u00f3 en seguida:<br \/>\n\u2014No intentes consolarme de la muerte, esclarecido Odiseo: preferir\u00eda ser labrador y servir a otro, o un hombre indigente que tuviera poco caudal para mantenerse, a reinar sobre todos los muertos. Mas, ea, h\u00e1blame de mi ilustre hijo: dime si fue a la guerra para ser el primero en las batallas, o se qued\u00f3 en casa. Cu\u00e9ntame tambi\u00e9n si o\u00edste algo del eximio Peleo y si conserva la dignidad real entre los numerosos mirmidones, o le menosprecian en la H\u00e9lade y en Pt\u00eda porque la senectud debilit\u00f3 sus pies y sus manos. \u00a1As\u00ed pudiera valerle, a los rayos del sol, siendo yo cual era en la vasta Troya, cuando mataba guerreros muy fuertes, combatiendo por los argivo. Si; siendo tal, volviese, aunque por breve tiempo, a la casa de mi padre, dar\u00edales terrible prueba de mi valor y de mis invictas manos a cuantos le hagan violencia o intenten quitarle la dignidad regia.<\/p>\n<p>504<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3; y le contest\u00e9 diciendo:<br \/>\n\u2014Nada ciertamente he sabido del intachable Peleo; mas de tu hijo Neopt\u00f3lemo te dir\u00e9 toda la verdad, como lo mandas, pues yo mismo lo llev\u00e9 en una c\u00f3ncava y bien proporcionada nave, desde Esciro al campamento de los aqueos de hermosas grebas. Cuando ten\u00edamos consejo en los alrededores de la ciudad de Troya, hablaba siempre antes que ninguno y sin errar; y de ordinario tan s\u00f3lo el divino N\u00e9stor y yo le aventaj\u00e1bamos. Mas, cuando pele\u00e1bamos con las bronc\u00edneas armas en la llanura de los troyanos, nunca se quedaba entre muchos guerreros ni en la turba; sino que se adelantaba a toda prisa un buen espacio, no cediendo a nadie en valor, y mata a gran n\u00famero de hombres en el terrible combate. Yo no pudiera decir ni nombrar a cu\u00e1ntos guerreros dio muerte, luchando por los argivos; pero referir\u00e9 que mat\u00f3 con el bronce a un var\u00f3n como el h\u00e9roe Eur\u00edpido Tel\u00e9fida, en torno del cual perdieron la vida muchos de los compa\u00f1eros ceteos a causa de los presentes que se hab\u00edan enviado a una mujer. A\u00fan no he conseguido ver un hombre m\u00e1s gallardo, fuera del divinal Memn\u00f3n. Y cuando los m\u00e1s valientes argivos penetramos en el caballo que fabric\u00f3 Epeo y a m\u00ed se me confi\u00f3 todo -as\u00ed el abrir como el cerrar la s\u00f3lida emboscada-, los caudillos y pr\u00edncipes de los d\u00e1naos se enjugaban las l\u00e1grimas y les temblaban los miembros; pero nunca vi con estos ojos que a \u00e9l se le mudara el color de la linda faz, ni que se secara las l\u00e1grimas de las mejillas: sino que me suplicaba con insistencia que le dejase salir del caballo, y acariciaba el pu\u00f1o de la espada y la lanza que el bronce hac\u00eda ponderosa, meditando males contra los teucros.<\/p>\n<p>533<\/p>\n<p>Y as\u00ed que devastamos la excelsa ciudad de Pr\u00edamo y hubo recibido su parte de bot\u00edn y adem\u00e1s una se\u00f1alada recompensa, embarc\u00f3se sano y salvo, sin que le hubiesen herido con el agudo bronce ni de cerca ni de lejos, como ocurre frecuentemente en las batallas pues Ares se enfurece contra todos si distinci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>538<\/p>\n<p>As\u00ed dije; y el alma del E\u00e1cida, el de pies ligeros, se fue a buen paso por la pradera de asf\u00f3delos, gozosa de que le hubiesen participado que su hijo era insigne:<\/p>\n<p>541<\/p>\n<p>Las otras almas de los muertos se quedaron a\u00fan y nos refirieron, muy tristes, sus respectivas cuitas. S\u00f3lo el alma de Ayante Telamoniada permanec\u00eda algo distante, enojada porque le venc\u00ed en el juicio que se celebr\u00f3 cerca de las naves para adjudicar las armas de Aquileo; juicio propuesto por la veneranda madre del h\u00e9roe y fallado por los teucros y por Palas Atenea.<\/p>\n<p>548<\/p>\n<p>\u00a1Ojal\u00e1 no le hubiese vencido en el fallo! Por tales armas guarda la tierra en su seno una cabeza cual la de Ayante, quien por su gallard\u00eda, y sus proezas, descollaba entre los d\u00e1naos despu\u00e9s del intachable Peli\u00f3n. Mas entonces le dije tan suaves palabras:<\/p>\n<p>553<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh Ayante hijo del egregio Telam\u00f3n! \u00bfNo deb\u00edas, ni aun despu\u00e9s de muerto, deponer la c\u00f3lera que contra m\u00ed concebiste con motivo de las perniciosas armas? Los dioses las convirtieron en una plaga contra los argivos, ya que pereciste t\u00fa, que tal baluarte eras para todos. A los aqueos nos ha dejado tu muerte constantemente afligidos, tanto como la del Pelida Aquileo. Mas nadie tuvo la culpa sino Zeus, que, tocado del odio contra los belicosos d\u00e1naos, te impuso semejante destino. Ea, ven aqu\u00ed, oh rey, a escuchar mis palabras; y reprime tu ira y tu coraz\u00f3n valeroso.<\/p>\n<p>563<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00e9; pero nada me respondi\u00f3 y se fue hacia el Erebo a juntarse con las otras almas de los difuntos. Desde all\u00ed quiz\u00e1 me hubiese dicho algo, aunque estaba irritado, o por lo menos yo a \u00e9l, pero en mi pecho incit\u00e1bame el coraz\u00f3n a ver las almas de los dem\u00e1s muertos.<\/p>\n<p>568<\/p>\n<p>All\u00ed vi a Minos, ilustre v\u00e1stago de Zeus, sentado y empu\u00f1ando \u00e1ureo cetro, pues administraba justicia a los difuntos. Estos, unos sentados y otros en pie a su alrededor, expon\u00edan sus causas al soberano en la morada de Hades.<\/p>\n<p>572<\/p>\n<p>Vi despu\u00e9s al gigantesco Ori\u00f3n, el cual persegu\u00eda por la pradera de asf\u00f3delos las fieras que antes hab\u00eda herido de muerte en las solitarias monta\u00f1as, manejando irrompible clava toda de bronce.<\/p>\n<p>576<\/p>\n<p>Vi tambi\u00e9n a Titio, el hijo de la augusta Gea, echado en el suelo, donde ocupaba nueve yugadas. Dos buitres, uno de cada lado, le ro\u00edan el h\u00edgado, penetrando con el pico en sus entra\u00f1as, sin que pudiera rechazarlos con las manos; porque intent\u00f3 hacer fuerza a Leto, la gloriosa consorte de Zeus, que se encaminaba a Pito por entre la amena Panopeo.<\/p>\n<p>582<\/p>\n<p>Vi asimismo a T\u00e1ntalo, el cual padec\u00eda crueles tormentos, de pie en un lago cuya agua le llegaba a la barba. Ten\u00eda sed y no consegu\u00eda tomar el agua y beber: cuantas veces se bajaba el anciano con la intenci\u00f3n de beber, otras tantas desaparec\u00eda el agua absorbida por la tierra, la cual se mostraba negruzca en torno a sus pies y un dios la secaba. Encima de \u00e9l colgaban las frutas de altos \u00e1rboles -perales, manzanos de espl\u00e9ndidas pomas, higueras y verdes olivos-; y cuando el viejo levantaba los brazos para cogerlas, el viento se las llevaba a las sombr\u00edas nubes.<\/p>\n<p>593<\/p>\n<p>Vi de igual modo a C\u00edsifo, el cual padec\u00eda duros trabajos empujando con entrambas manos una enorme piedra. Forcejeaba con los pies y las manos e iba conduciendo la piedra hacia la cumbre de un monte; pero cuando ya le faltaba poco para doblarla, una fuerza poderosa derrocaba la insolente piedra, que ca\u00eda rodando a la llanura. Tornaba entonces a empujarla, haciendo fuerza, y el sudor le corr\u00eda de los miembros y el polvo se levantaba sobre su cabeza.<\/p>\n<p>601<\/p>\n<p>Vi despu\u00e9s, al fornido Heracles o, por mejor decir, su imagen, pues \u00e9l est\u00e1 con los inmortales dioses, se deleita en sus banquetes, y tiene por esposa a Hebe, la de los pies hermosos, hija de Zeus y de Hera, la de las \u00e1ureas sandalias. En torno suyo dej\u00e1base o\u00edr la griter\u00eda de los muertos -cual si fueran aves-, que hu\u00edan espantados a todas partes; y Heracles, semejante a tenebrosa noche, tra\u00eda desnudo el arco con la flecha sobre la cuerda, y volv\u00eda los ojos atrozmente como si fuese a disparar. Llevaba alrededor del pecho un tahal\u00ed de oro, de horrenda vista, en el cual se hab\u00edan labrado obras admirables: osos, agrestes jabal\u00edes, leones de relucientes ojos, luchas, combates, matanzas y homicidios. Ni el mismo que con su arte construy\u00f3 aquel tahal\u00ed hubiera podido hacer otro igual.<\/p>\n<p>615<\/p>\n<p>Reconoci\u00f3me Heracles, apenas me vio con sus ojos, y lament\u00e1ndose me dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>617<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo fecundo en ardides! \u00a1Ah, m\u00edsero! Sin duda te persigue alg\u00fan hado funesto, como el que yo padec\u00eda mientras me alumbraban los rayos del sol. Aunque era hijo de Zeus Cronida, hube de arrostrar males sin cuento por verme sometido a un hombre muy inferior que me ordenaba penosos trabajos. Una vez me envi\u00f3 aqu\u00ed para que sacara el can, figur\u00e1ndose que ning\u00fan otro trabajo ser\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil; y yo me lo llev\u00e9 y lo saqu\u00e9 del Hades, guiado por Hermes y por Atenea, la de ojos de lechuza.<\/p>\n<p>627<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo dicho, volvi\u00f3 a internarse en la morada de Hades y yo me qued\u00e9 inm\u00f3vil, por si acaso ven\u00eda alg\u00fan h\u00e9roe de los que murieron anteriormente. Y hubiera visto a los hombres antiguos a quienes deseaba conocer -a Teseo y a Pir\u00edtoo, hijos gloriosos de las deidades-; pero congreg\u00f3se, antes que llegaran, un sinn\u00famero de difuntos con griter\u00eda inmensa y el p\u00e1lido terror se apoder\u00f3 de m\u00ed, temiendo que la ilustre Persefonea no me enviase del Hades la cabeza de Gorgona, horrendo monstruo.<\/p>\n<p>636<\/p>\n<p>Volv\u00ed en seguida al bajel y orden\u00e9 a mis compa\u00f1eros que se embarcaran y desataran las amarras. Embarc\u00e1ronse acto continuo y se sentaron en los bancos. Y la onda de la corriente llevaba nuestra embarcaci\u00f3n por el r\u00edo Oc\u00e9ano, empujada al principio por los remos y m\u00e1s adelante por pr\u00f3spero viento.<\/p>\n<p>Acaya, ni entr\u00e9 en mi tierra; pues voy siempre errante y padeciendo desgracias desde el punto que segu\u00ed al divino Agamemn\u00f3n hasta Ili\u00f3n, la de hermosos corceles, para combatir con los troyanos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO XI 1 En llegando a la nave y al divino mar, echamos al agua la negra embarcaci\u00f3n, izamos el m\u00e1stil y descogimos el velamen; cargamos luego las reses, y por fin nos embarcamos nosotros, muy tristes y vertiendo copiosas l\u00e1grimas. Por detr\u00e1s de la nave de azulada proa soplaba\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1039,1059,1031,1110,1015,1034,1058,1289,1143,1079,1288,1057,1025,1033,1020],"class_list":["post-909","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-belleza","tag-empresa","tag-enfermedad","tag-epica","tag-flor","tag-guerra","tag-hogar","tag-homero","tag-justicia","tag-mito","tag-odisea","tag-pensamiento","tag-rosa","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-xi-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-xi-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2010-11-26T22:24:41+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2010-11-26T22:27:56+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"120\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Admin\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Admin\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"33 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Admin\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\"},\"headline\":\"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero]\",\"datePublished\":\"2010-11-26T22:24:41+00:00\",\"dateModified\":\"2010-11-26T22:27:56+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/\"},\"wordCount\":6668,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"keywords\":[\"amor\",\"arte\",\"ave\",\"belleza\",\"empresa\",\"enfermedad\",\"epica\",\"flor\",\"guerra\",\"hogar\",\"Homero\",\"justicia\",\"mito\",\"Odisea\",\"pensamiento\",\"rosa\",\"vino\",\"violencia\"],\"articleSection\":[\"Literatura \\\/ Po\u00e9tica\",\"Textos literarios\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/\",\"name\":\"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2010-11-26T22:24:41+00:00\",\"dateModified\":\"2010-11-26T22:27:56+00:00\",\"description\":\"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero]\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"name\":\"Blog Cultureduca\",\"description\":\"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"alternateName\":\"Blog Cultura educativa\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\",\"name\":\"ASOCAE\",\"alternateName\":\"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"width\":22,\"height\":24,\"caption\":\"ASOCAE\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/groups\\\/cultureduca\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/Cultureduca\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\",\"name\":\"Admin\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"caption\":\"Admin\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/author\\\/jefe\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","description":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-xi-homero\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","og_description":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","og_url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-xi-homero\/","og_site_name":"Blog Cultureduca educativa","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","article_published_time":"2010-11-26T22:24:41+00:00","article_modified_time":"2010-11-26T22:27:56+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":120,"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Admin","twitter_misc":{"Escrito por":"Admin","Tiempo de lectura":"33 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/"},"author":{"name":"Admin","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200"},"headline":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero]","datePublished":"2010-11-26T22:24:41+00:00","dateModified":"2010-11-26T22:27:56+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/"},"wordCount":6668,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"keywords":["amor","arte","ave","belleza","empresa","enfermedad","epica","flor","guerra","hogar","Homero","justicia","mito","Odisea","pensamiento","rosa","vino","violencia"],"articleSection":["Literatura \/ Po\u00e9tica","Textos literarios"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/","name":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website"},"datePublished":"2010-11-26T22:24:41+00:00","dateModified":"2010-11-26T22:27:56+00:00","description":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-xi-homero\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cLa Odisea\u201d (XI) [Homero]"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","name":"Blog Cultureduca","description":"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas","publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"alternateName":"Blog Cultura educativa","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization","name":"ASOCAE","alternateName":"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","contentUrl":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","width":22,"height":24,"caption":"ASOCAE"},"image":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","https:\/\/x.com\/Cultureduca"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200","name":"Admin","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","caption":"Admin"},"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"}]}},"featured_image_src":null,"featured_image_src_square":null,"author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"custom":false,"gb-block-post-grid-landscape":false,"gb-block-post-grid-square":false,"post-thumbnail":false,"header":false,"slider":false,"columns":false},"uagb_author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"CANTO XI 1 En llegando a la nave y al divino mar, echamos al agua la negra embarcaci\u00f3n, izamos el m\u00e1stil y descogimos el velamen; cargamos luego las reses, y por fin nos embarcamos nosotros, muy tristes y vertiendo copiosas l\u00e1grimas. Por detr\u00e1s de la nave de azulada proa soplaba\u2026 Seguir leyendo...","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/909","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/75"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=909"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/909\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=909"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=909"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=909"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}