{"id":908,"date":"2010-11-27T00:23:27","date_gmt":"2010-11-26T22:23:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=908"},"modified":"2010-11-27T00:23:27","modified_gmt":"2010-11-26T22:23:27","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO X<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Llegamos a la isla Eolia, donde moraba Eolo Hip\u00f3tada, caro a los inmortales dioses, isla flotante, a la cual cerca bronc\u00edneo e inquebrantable muro, y en cuyo interior \u00e1lzase escarpada roca. A Eolo naci\u00e9ronle doce v\u00e1stagos en el palacio: seis hijas y seis hijos florecientes; y dio aquellas a estos para que fuesen sus esposas. Todos juntos, a la vera de su padre querido y de su madre veneranda, disfrutan de un continuo banquete en el que se les sirven much\u00edsimos manjares. Durante el d\u00eda perc\u00edbese en la casa el olor del asado y resuena toda con la flauta; y por la noche duerme cada uno con su p\u00fadica mujer sobre tapetes, en torneado lecho.<\/p>\n<p>13<\/p>\n<p>Llegamos, pues, a su ciudad y a sus magn\u00edficas viviendas, y Eolo trat\u00f3me como a un amigo por espacio de un mes y me hizo preguntas sobre muchas cosas -sobre Ili\u00f3n, sobre las naves de los argivos, sobre la vuelta de los aqueos- de todo lo cual le inform\u00e9 debidamente. Cuando quise partir y le rogu\u00e9 que me despidiera, no se neg\u00f3 y prepar\u00f3 mi viaje. Di\u00f3me entonces, encerrados en un cuero de un buey de nueve a\u00f1os que antes hab\u00eda desollado, los soplos de los mugidores vientos, pues el Cronida hab\u00edale hecho \u00e1rbitro de ellos, con facultad de aquietar o de excitar al que quisiera. Y at\u00f3 dicho pellejo en la c\u00f3ncava nave con un reluciente hilo de plata, de manera que no saliese ni el menor soplo; envi\u00e1ndome el C\u00e9firo para que, soplando, llevara nuestras naves y a nosotros en ellas. Mas, en vez de suceder as\u00ed, hab\u00eda de perdernos nuestra propia imprudencia.<\/p>\n<p>28<\/p>\n<p>Navegamos seguidamente por espacio de nueve d\u00edas con sus noches. Y en el d\u00e9cimo se nos mostr\u00f3 la tierra patria, donde vimos a los que encend\u00edan fuego cerca del mar. Entonces me sent\u00ed fatigado y me rindi\u00f3 el dulce sue\u00f1o; pues hab\u00eda gobernado continuamente el tim\u00f3n de la nave que no quise confiar a ninguno de los amigos para que lleg\u00e1ramos m\u00e1s pronto. Los compa\u00f1eros hablaban los unos con los otros de lo que yo llevaba a mi palacio, figur\u00e1ndose que era oro y plata, recibidos como d\u00e1diva del magn\u00e1nimo Eolo Hip\u00f3tada. Y alguno de ellos dijo de esta suerte al que ten\u00eda m\u00e1s cercano:<\/p>\n<p>38<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh dioses! \u00a1Cu\u00e1n querido y honrado es este var\u00f3n, de cu\u00e1ntos hombres habitan en las ciudades y tierras adonde llega! Mucho; y valiosos objetos se ha llevado del bot\u00edn de Troya; mientras que los dem\u00e1s, con haber hecho el mismo viaje, volveremos a casa con las manos vac\u00edas. Y ahora Eolo, obsequi\u00e1ndole como a un amigo, acaba de darle estas cosas. Ea, veamos pronto lo que son, y cu\u00e1nto oro y plata hay en el cuero.<\/p>\n<p>46<\/p>\n<p>As\u00ed hablaban. Prevaleci\u00f3 aquel mal consejo y, desatando mis amigos el odre, escap\u00e1ronse con gran \u00edmpetu todos los vientos. En seguida arrebat\u00f3 las naves una tempestad y llev\u00f3las al ponto: ellos lloraban, al verse lejos de la patria; y yo, recordando, medit\u00e9 en mi inocente pecho si deb\u00eda tirarme del bajel y morir en el ponto, o sufrirlo todo en silencio y permanecer entre los vivos. Lo sufr\u00ed, qued\u00e9me en el barco y, cubri\u00e9ndome, me acost\u00e9 de nuevo. Las naves tornaron a ser llevadas a la isla Eolia por la funesta tempestad que promovi\u00f3 el viento, mientras gem\u00edan cuantos me acompa\u00f1aban.<\/p>\n<p>56<\/p>\n<p>Llegados all\u00e1, saltamos en tierra, hicimos aguada, y a la hora empezamos a comer junto a las veleras naves. Mas, as\u00ed que hubimos gustado la comida y la bebida, tom\u00e9 un heraldo y un compa\u00f1ero y encamin\u00e1ndonos al \u00ednclito palacio de Eolo, hallamos a \u00e9ste celebrando un banquete con su esposa y sus hijos. Llegados a la casa, nos sentamos al umbral, cerca de las jambas; y ellos se pasmaron al vernos y nos hicieron estas preguntas:<\/p>\n<p>64<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo aqu\u00ed, Odiseo? \u00bfQu\u00e9 funesto numen te persigue? Nosotros te enviamos con gran recaudo para que llegases a tu patria y a tu casa, o a cualquier sitio que te pluguiera.<\/p>\n<p>67<\/p>\n<p>As\u00ed hablaron. Y yo, con el coraz\u00f3n afligido, les dije:<br \/>\n\u2014Mis imprudentes compa\u00f1eros y un sue\u00f1o pernicioso caus\u00e1ronme este da\u00f1o; pero remediadlo vosotros, oh amigos, ya que pod\u00e9is hacerlo.<\/p>\n<p>70<\/p>\n<p>As\u00ed me expres\u00e9, halag\u00e1ndoles con suaves palabras. Todos enmudecieron y, por fin, el padre me respondi\u00f3:<\/p>\n<p>72<\/p>\n<p>\u00a1Sal de la isla y muy pronto, malvado m\u00e1s que ninguno de los que hoy viven! No me es permitido tomar a mi cuidado y asegurarle la vuelta a var\u00f3n que se ha hecho odioso a los bienaventurados dioses. Vete noramala; pues si viniste ahora es porque los inmortales te aborrecen.<\/p>\n<p>76<\/p>\n<p>Hablando de esta manera me despidi\u00f3 del palacio, a m\u00ed, que profer\u00eda hondos suspiros. Luego seguimos adelante, con el coraz\u00f3n angustiado. Y ya iba agotando el \u00e1nimo de los hombres aquel molesto remar, que a nuestra necesidad deb\u00edamos; pues no se presentaba medio alguno de volver a la patria.<\/p>\n<p>80<\/p>\n<p>Navegamos sin interrupci\u00f3n seis d\u00edas con sus noches, y al s\u00e9ptimo llegamos a Tel\u00e9pilo de Lamos, la excelsa ciudad de Lestrigonia, donde el pastor, al recoger su reba\u00f1o, llama a otro que sale en seguida con el suyo. All\u00ed un hombre que no durmiese, podr\u00eda ganar dos salarios: uno, guardando bueyes: y otro, apacentando blancas ovejas. \u00a1Tan inmediatamente sucede al pastor del d\u00eda el de la noche!<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 87<\/p>\n<p>Apenas arribamos al magn\u00edfico puerto, el cual estaba rodeado de ambas partes por escarpadas rocas y ten\u00eda en sus extremos riberas prominentes y opuestas que dejaban un estrecho paso, todos llevaron a \u00e9ste las corvas naves, y las amarraron en el c\u00f3ncavo puerto, muy juntas, porque all\u00ed no se levantan olas grandes ni peque\u00f1as y una pl\u00e1cida calma reina en derredor; mas yo dej\u00e9 mi negra embarcaci\u00f3n fuera del puerto, cabe uno de sus extremos, e hice atar las amarras a un pe\u00f1asco. Sub\u00ed luego a una \u00e1spera atalaya y desde ella no columbr\u00e9 labores de bueyes ni de hombres, sino tan solo humo que se alzaba de la tierra. Quise enviar algunos compa\u00f1eros para que averiguaran cu\u00e1les hombres com\u00edan el pan en aquella comarca; y design\u00e9 a dos, haci\u00e9ndoles acompa\u00f1ar por un tercero, que fue un heraldo. Fu\u00e9ronse y siguiendo un camino llano por donde las carretas arrastraban la le\u00f1a de los altos montes a la ciudad, poco antes de llegar a la poblaci\u00f3n encontraron una doncella, la eximia hija del lestrig\u00f3n Ant\u00edfates, que bajaba a la fuente Artacia, de hermosa corriente, pues all\u00e1 iban a proveerse de agua los ciudadanos. Detuvi\u00e9ronse y hablaron a la joven, pregunt\u00e1ndole qui\u00e9n era el rey y sobre qui\u00e9nes reinaba; y ella les mostr\u00f3 en seguida la elevada casa de su padre. Lleg\u00e1ronse entonces a la magn\u00edfica morada, hallaron dentro a la esposa, que era alta como la cumbre de un monte, y cobr\u00e1ronle no poco miedo. La mujer llam\u00f3 del \u00e1gora a su marido, el preclaro Ant\u00edfates, y \u00e9ste maquin\u00f3 contra mis compa\u00f1eros cruda muerte: agarrando prestamente a uno, aparej\u00f3se con su cuerpo la cena, mientras los otros dos volv\u00edan a los barcos en precipitada fuga. Ant\u00edfates grit\u00f3 por la ciudad y, al o\u00edrle acudieron de todos lados innumerables forzudos lestrigones, que no parec\u00edan hombres, sino gigantes, y desde las pe\u00f1as tiraron pedruscos muy pesados; pronto se alz\u00f3 en las naves un deplorable estruendo causado a la vez por los gritos de los que mor\u00edan y por la rotura de los barcos: y los lestrigones, atravesando a los hombres como si fueran peces, se los llevaban para celebrar nefando fest\u00edn. Mientras as\u00ed los mataban en el hond\u00edsimo puerto, saqu\u00e9 la aguda espada que llevaba junto al muslo y cort\u00e9 las amarras de mi bajel de azulada proa. Acto continuo exhort\u00e9 a mis amigos, mand\u00e1ndoles que batieran los remos para librarnos de aquel peligro; y todos azotaron el mar por el temor de la muerte. Con satisfacci\u00f3n huimos en mi nave desde las rocas prominentes al ponto mas las restantes se perdieron en aquel sitio todas juntas.<\/p>\n<p>133<\/p>\n<p>Desde all\u00ed seguimos adelante, con el coraz\u00f3n triste, escapando gustosamente de la muerte, aunque perdimos algunos compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>135<\/p>\n<p>Llegamos luego a la isla Eea, donde moraba Circe, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz, hermana carnal del terrible Eetes: pues ambos fueron engendrados por el Helios, que alumbra a los mortales, y tienen por madre a Perse, hija del Oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>140<\/p>\n<p>Acercamos silenciosamente el barco a la ribera, haci\u00e9ndolo entrar en un amplio puerto y alguna divinidad debi\u00f3 de conducirnos. Saltamos en tierra, permanecimos echados dos d\u00edas con sus noches, y nos ro\u00edan el \u00e1nimo el cansancio y los pesares. Mas al punto que Eos, de lindas trenzas, nos trajo el d\u00eda tercero, tom\u00e9 mi lanza y mi aguda espada y me fui prestamente desde la nave a una atalaya, por si consegu\u00eda ver labores de hombres mortales u o\u00edr su voz. Y, habiendo subido a una altura muy escarpada me par\u00e9 y apareci\u00f3seme el humo que se alzaba de la espaciosa tierra, en el palacio de Circe, entre un espeso encinar y una selva. Al punto que divis\u00e9 el negro humo, se me ocurri\u00f3 en la mente y en el \u00e1nimo ir yo en persona a enterarme; mas, consider\u00e1ndolo bien, pareci\u00f3me mejor regresar a la orilla, donde se hallaba la velera nave, disponer que comiesen mis compa\u00f1eros y enviar a algunos para que se informaran. Emprend\u00ed la vuelta, y ya estaba a poca distancia del corvo bajel, cuando alg\u00fan dios me tuvo compasi\u00f3n al verme solo, y me depar\u00f3 en el camino un gran ciervo de altos cuernos; que desde el pasto de la selva bajaba al r\u00edo para beber, pues el calor del sol le hab\u00eda entrado. Apenas se present\u00f3, acert\u00e9le con la lanza en el espinazo, en medio de la espalda, de tal manera que el bronce lo atraves\u00f3 de lleno en lleno. Cay\u00f3 el ciervo, quedando tendido en el polvo, y perdi\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>164<\/p>\n<p>Llegu\u00e9me a \u00e9l y saqu\u00e9le la bronc\u00ednea lanza, poni\u00e9ndola en el suelo; arranqu\u00e9 despu\u00e9s varitas y mimbres, y form\u00e9 una soga como de una braza, bien torcida de ambas partes, con la cual pudiera atar juntos los pies de la enorme bestia. Me la colgu\u00e9 al cuello y enderec\u00e9 mis pasos a la negra nave, apoy\u00e1ndome en la pica; ya que no hubiera podido sostenerla en la espalda con solo la otra mano, por ser tan grande aquella pieza. Por fin la dej\u00e9 en tierra, junto a la embarcaci\u00f3n; y comenc\u00e9 a animar a mis compa\u00f1eros acerc\u00e1ndome a los mismos y habl\u00e1ndoles con dulces palabras:<\/p>\n<p>174<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Amigos! No descenderemos a la morada de Hades aunque nos sintamos afligidos, hasta que no nos llegue el d\u00eda fatal. Mas, ea, en cuanto haya v\u00edveres y bebida en la embarcaci\u00f3n, pensemos en comer y no nos dejemos consumir por el hambre.<\/p>\n<p>178<\/p>\n<p>As\u00ed les dije; y, obedeciendo al instante mis palabras quit\u00e1ronse la ropa con que se hab\u00edan tapado all\u00ed en la playa del mar est\u00e9ril, y admiraron el ciervo, pues era grand\u00edsimo aquel besti\u00f3n. Despu\u00e9s que se hubieron deleitado en contemplarlo con sus propios ojos, lav\u00e1ronse las manos y aparejaron un banquete espl\u00e9ndido.<\/p>\n<p>183<\/p>\n<p>Y ya todo el d\u00eda, hasta la puesta del sol, estuvimos sentados, comiendo carne en abundancia y bebiendo dulce vino. Cuando el sol se puso y lleg\u00f3 la noche nos acostamos en la orilla del mar.<\/p>\n<p>187<\/p>\n<p>Pero, no bien se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, reun\u00ed en junta a mis amigos y les habl\u00e9 de esta manera:<\/p>\n<p>189<\/p>\n<p>\u2014O\u00edd mis palabras compa\u00f1eros, aunque padezc\u00e1is tantos males. \u00a1Oh amigos! Puesto que ignoramos d\u00f3nde est\u00e1 el poniente y el sitio en que aparece la aurora, por d\u00f3nde Helios que alumbra a los mortales desciende debajo de la tierra y por d\u00f3nde vuelve a salir; examinemos prestamente si nos ser\u00e1 posible tomar alguna resoluci\u00f3n, aunque yo no lo espero. Desde escarpada altura he contemplado esta isla, que es baja y a su alrededor forma una corona el ponto inmenso y con mis propios ojos he visto salir humo de en medio de ella, por entre los espesos encinares y la selva.<\/p>\n<p>198<\/p>\n<p>As\u00ed dije. A todos se les quebraba el coraz\u00f3n acord\u00e1ndose de los hechos del legistr\u00f3n Ant\u00edfanes y de las violencias del feroz Ciclope, que se com\u00edan a los hombres, y se echaron a llorar ruidosamente, vertiendo abundantes l\u00e1grimas; aunque de nada les sirvi\u00f3 su llanto.<\/p>\n<p>203<\/p>\n<p>Form\u00e9 con mis compa\u00f1eros de hermosas grebas dos secciones, a las que di sendos capitanes; pues yo me puse al frente de una y el deiforme Eur\u00edloco mandaba la otra. Echamos suertes en bronc\u00edneo yelmo y, como saliera la del magn\u00e1nimo Eur\u00edloco, parti\u00f3 con veintid\u00f3s compa\u00f1eros que lloraban, y nos dejaron a nosotros, que tambi\u00e9n solloz\u00e1bamos. Dentro de un valle y en lugar vistoso descubrieron el palacio de Circe, construido de piedra pulimentada. En torno suyo encontr\u00e1banse lobos montaraces y leones, a los que Circe hab\u00eda encantado, d\u00e1ndoles funestas drogas; pero estos animales no acometieron a mis hombres, sino que, levant\u00e1ndose, fueron a halagarles con sus colas largu\u00edsimas. Bien as\u00ed como los perros halagan a su amo siempre que vuelve del fest\u00edn, porque les trae algo que satisface su apetito; de esta manera los lobos de u\u00f1as fuertes y los leones fueron a halagar a mis compa\u00f1eros que se asustaron de ver tan espantosos monstruos. En llegando a la mansi\u00f3n de la diosa de lindas trenzas, detuvi\u00e9ronse en el vest\u00edbulo y oyeron a Circe que con voz pulcra cantaba en el interior, mientras labraba una tela grande divinal y tan fina, elegante y espl\u00e9ndida, como son las labores de las diosas.<\/p>\n<p>224<\/p>\n<p>Y Polites, caudillo de hombres, que era para mi el mas caro y respetable de los compa\u00f1eros, empez\u00f3 a hablarles de esta manera:<\/p>\n<p>226<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh amigos! En el interior est\u00e1 cantando hermosamente alguna diosa o mujer que labra una gran tela, y hace resonar todo el pavimento. Llam\u00e9mosla cuanto antes.<\/p>\n<p>229<\/p>\n<p>As\u00ed les dijo; y ellos la llamaron a voces. Circe se alz\u00f3 en seguida, abri\u00f3 la magn\u00edfica puerta, los llam\u00f3 y sigui\u00e9ronla todos imprudentemente, a excepci\u00f3n Eur\u00edloco, que se qued\u00f3 fuera por temor a alg\u00fan da\u00f1o.<\/p>\n<p>233<\/p>\n<p>Cuando los tuvo adentro, los hizo sentar en sillas y sillones, confeccion\u00f3 un potaje de queso, harina y miel fresca con vino de Pramnio, y ech\u00f3 en \u00e9l drogas perniciosas para que los m\u00edos olvidaran por entero la tierra patria.<br \/>\n\u00a0<\/p>\n<p>237<\/p>\n<p>Di\u00f3selo, bebieron, y, de contado, los toc\u00f3 con una varita y los enserr\u00f3 en pocilgas. Y ten\u00edan la cabeza, la voz, las cerdas y el cuerpo como los puercos, pero sus mientes quedaron tan enteras como antes. As\u00ed fueron encerrados y todos lloraban; y Circe les ech\u00f3, para comer, fabucos, bellotas y el fruto del cornejo, que es lo que comen los puercos, que se echan en la tierra.<\/p>\n<p>244<\/p>\n<p>Eur\u00edloco volvi\u00f3 sin dilaci\u00f3n al ligero y negro bajel, para enterarnos de la aciaga suerte que les hab\u00eda cabido a los compa\u00f1eros. Mas no le era posible proferir una sola palabra, no obstante su deseo, por tener el coraz\u00f3n sumido en grave dolor; los ojos se le llenaron de l\u00e1grimas y su \u00e1nimo \u00fanicamente en sollozar pensaba. Todos le contempl\u00e1bamos con asombro y le hac\u00edamos preguntas, hasta que por fin nos cont\u00f3 la p\u00e9rdida de los dem\u00e1s compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>251<\/p>\n<p>\u2014Nos alejamos por el encinar como mandaste, preclaro Odiseo, y dentro de un valle y el lugar vistoso descubrimos un hermoso palacio, hecho de piedra pulimentada. All\u00ed. alguna diosa o mujer cantaba con voz sonora, labrando una gran tela. Llam\u00e1ronla a voces. Alz\u00f3se en seguida, abri\u00f3 la magn\u00edfica puerta, nos llam\u00f3, y sigui\u00e9ronla todos imprudentemente; pero yo me qued\u00e9 afuera, temiendo que hubiese alg\u00fan enga\u00f1o. Todos a una desaparecieron y ninguno ha vuelto a presentarse, aunque he permanecido acech\u00e1ndolos un buen rato.<\/p>\n<p>261<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Yo entonces, colg\u00e1ndome del hombro la grande bronc\u00ednea espada, de clavaz\u00f3n de plata, y tomando el arco, le mand\u00e9 que sin p\u00e9rdida de tiempo me guiase por el camino que hab\u00edan seguido. Mas \u00e9l comenz\u00f3 a suplicarme abrazando con entrambas manos mis rodillas; y entre lamentos dec\u00edame estas aladas palabras:<\/p>\n<p>266<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh alumno de Zeus! No me lleves all\u00e1, mal de mi grado; d\u00e9jame aqu\u00ed; pues s\u00e9 que no volver\u00e1s ni traer\u00e1s a ninguno de tus compa\u00f1eros. Huyamos en seguida con los presentes, que a\u00fan nos podremos librar del d\u00eda cruel.<\/p>\n<p>270<\/p>\n<p>As\u00ed me habl\u00f3; y le contest\u00e9 diciendo:<br \/>\n\u2014\u00a1Eur\u00edloco! Qu\u00e9date t\u00fa en este lugar, a comer y a beber junto a la c\u00f3ncava y negra embarcaci\u00f3n; mas yo ir\u00e9, que la dura necesidad me lo manda.<\/p>\n<p>274<\/p>\n<p>Dicho esto, alej\u00e9me de la nave y del mar. Pero cuando, yendo por el sacro valle, estaba a punto de llegar al gran palacio de Circe, la conocedora de muchas drogas, y ya enderezaba mis pasos al mismo, sali\u00f3me al encuentro Hermes, el de la \u00e1urea vara, en figura de un mancebo barbiponiente y gracios\u00edsimo en la flor de la juventud. Y tom\u00e1ndome la mano, me habl\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>281<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah infeliz! \u00bfAd\u00f3nde vas por esos altozanos, solo y sin conocer la comarca ? Tus amigos han sido encerrados en el palacio de Circe, como puercos, y se hallan en pocilgas s\u00f3lidamente labradas. \u00bfVienes quiz\u00e1 a libertarlos? Pues no creo que vuelvas, antes te quedar\u00e1s donde est\u00e1n ellos. Ea, quiero preservarte de todo mal, quiero salvarte; toma este excelente remedio que apartar\u00e1 de tu cabeza el d\u00eda cruel, y ve a la morada de Circe, cuyos malos intentos ha de referirte \u00edntegramente. Te preparar\u00e1 una mixtura y te echar\u00e1 drogas en el manjar; mas, con todo eso, no podr\u00e1 encantarte porque lo impedir\u00e1 el excelente remedio que vas a recibir. Te dir\u00e9 ahora lo que ocurrir\u00e1 despu\u00e9s. Cuando Circe te hiriere con su largu\u00edsima vara, tira de la aguda espada que llevas cabe el muslo, y acom\u00e9tela como si desearas matarla. Entonces, cobr\u00e1ndote alg\u00fan temor te invitar\u00e1 a que yazgas con ella; t\u00fa no te niegues a participar del lecho de la diosa, para que libre a tus amigos y te acoja benignamente, pero hazle prestar el solemne juramento de los bienaventurados dioses de que no maquinar\u00e1 contra ti ning\u00fan otro funesto da\u00f1o: no sea que, cuando te desnudes de las armas, te prive de tu valor y de tu fuerza.<\/p>\n<p>302<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo dicho, el Argifontes me dio el remedio, arrancando de tierra una planta cuya naturaleza me ense\u00f1\u00f3. Ten\u00eda negra la ra\u00edz y era blanca como la leche su flor, llam\u00e1ndola moly los dioses, y es muy dif\u00edcil de arrancar para un mortal; pero las deidades lo pueden todo.<\/p>\n<p>307<\/p>\n<p>Hermes se fue al vasto Olimpo, por entre la selvosa isla; y yo me encamin\u00e9 a la morada de Circe, revolviendo en mi coraz\u00f3n muchas trazas.<\/p>\n<p>310<\/p>\n<p>Llegado al palacio de la diosa de lindas trenzas, par\u00e9me en el umbral y empec\u00e9 a dar gritos; la deidad oy\u00f3 mi voz y, alz\u00e1ndose al punto, abri\u00f3 la magn\u00edfica puerta y me llam\u00f3, y yo, con el coraz\u00f3n angustiado, me fui tras ella. Cuando me hubo introducido, h\u00edzome sentar en una silla de arg\u00e9nteos clavos, hermosa, labrada, con un escabel para los pies; y en copa de oro prepar\u00f3me la mixtura para que bebiese, echando en la misma cierta droga y maquinando en su mente cosas perversas. Mas, tan luego como me la dio y beb\u00ed, sin que lograra encantarme, toc\u00f3me con la vara mientras me dec\u00eda estas palabras:<\/p>\n<p>320<\/p>\n<p>\u2014Ve ahora a la pocilga y \u00e9chate con tus compa\u00f1eros.<br \/>\nAs\u00ed habl\u00f3. Desenvain\u00e9 la aguda espada que llevaba cerca del muslo y arremet\u00ed contra Circe, como deseando matarla. Ella lanz\u00f3 agudos gritos, se ech\u00f3 al suelo, me abraz\u00f3 por las rodillas y me dirigi\u00f3 entre sollozos, estas aladas palabras:<\/p>\n<p>325<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n eres y de qu\u00e9 pa\u00eds procedes? \u00bfD\u00f3nde se hallan tu ciudad y tus padres? Me tiene suspensa que hayas bebido estas drogas sin quedar encantado, pues ning\u00fan otro pudo resistirlas tan luego como las tom\u00f3 y pasaron el cerco de sus dientes. Alienta en tu pecho un \u00e1nimo indomable. Eres sin duda aquel Odiseo de multiforme ingenio, de quien me hablaba siempre el Argifontes que lleva \u00e1urea vara, asegur\u00e1ndome que vendr\u00edas cuando volvieses de Troya en la negra y velera nave. Mas, ea, envaina la espada y v\u00e1monos a la cama para que, unidos por el lecho y el amor, crezca entre nosotros la confianza.<\/p>\n<p>336<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y le repliqu\u00e9 diciendo:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, Circe! \u00bfC\u00f3mo me pides que te sea ben\u00e9volo, despu\u00e9s que en este mismo palacio convertiste a mis compa\u00f1eros en cerdos y ahora me detienes a m\u00ed, maquinas enga\u00f1os y me ordenas que entre en tu habitaci\u00f3n y suba a tu lecho a fin de privarme del valor y de la fuerza, apenas deje las armas? Yo no querr\u00eda subir a la cama, si no te atrevieras, oh diosa, a prestar solemne juramento de que no maquinar\u00e1s contra m\u00ed ning\u00fan otro pernicioso da\u00f1o.<\/p>\n<p>345<\/p>\n<p>As\u00ed le dije. Jur\u00f3 al instante, como se lo mandaba. Y en seguida que hubo prestado el juramento, sub\u00ed al magn\u00edfico lecho de Circe.<\/p>\n<p>348<\/p>\n<p>Aderezaban el palacio cuatro siervas, que son las criadas de Circe y han nacido de las fuentes, de los bosques, o de los sagrados r\u00edos que corren hacia el mar. Ocup\u00e1base una en cubrir los sillones con hermosos tapetes de p\u00farpura, dejando a los pies un lienzo; colocaba otra arg\u00e9nteas mesas delante de los asientos, poniendo encima canastillos de oro; mezclaba la tercera el dulce y suave vino en una cratera de plata y lo distribu\u00eda en \u00e1ureas copas, y la cuarta tra\u00eda agua y encend\u00eda un gran fuego debajo del tr\u00edpode donde aqu\u00e9lla se calentaba. Y en cuanto el agua hirvi\u00f3 dentro del reluciente bronce, llev\u00f3me a la ba\u00f1era y all\u00ed me lav\u00f3, ech\u00e1ndome la deliciosa agua del gran tr\u00edpode a la cabeza y a los hombros hasta quitarme de los miembros la fatiga que roe el \u00e1nimo.<\/p>\n<p>365<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que me hubo lavado y ungido con ping\u00fce aceite, visti\u00f3me un hermoso manto y una t\u00fanica, y me condujo, para que me sentase, a una silla de arg\u00e9nteos clavos, hermosa, labrada y provista de un escabel para los pies.<\/p>\n<p>368<\/p>\n<p>Una esclava diome aguamanos, que tra\u00eda en magn\u00edfico jarro de oro y verti\u00f3 en fuente de plata y me puso delante una pulimentada mesa. La veneranda despensera trajo pan, y dej\u00f3 en la mesa buen n\u00famero de manjares, obsequi\u00e1ndome con los que ten\u00eda guardados. Circe invit\u00f3me a comer, pero no le plugo a mi \u00e1nimo y segu\u00ed quieto, pensando en otras cosas, pues mi coraz\u00f3n presagiaba desgracias.<\/p>\n<p>375<\/p>\n<p>Cuando Circe not\u00f3 que yo segu\u00eda quieto, sin echar mano a los manjares, y abrumado por fuerte pesar, se vino a mi lado y me habl\u00f3 con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>378<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9, Odiseo, permaneces as\u00ed, como un mudo, y consumes tu \u00e1nimo, sin tocar la comida ni la bebida? Sospechas que haya alg\u00fan enga\u00f1o y has de desechar todo temor, pues ya te prest\u00e9 solemne juramento.<\/p>\n<p>382<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3, y le repuse diciendo:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, Circe! \u00bfQu\u00e9 hombre, que fuese razonable, osara probar la comida y la bebida antes de libertar a los compa\u00f1eros y contemplarlos con sus propios ojos? Si me invitas a beber y a comer, suelta mis fieles amigos para que con mis ojos pueda verlos.<\/p>\n<p>388<\/p>\n<p>As\u00ed dije. Circe sali\u00f3 del palacio con la vara en la mano, abri\u00f3 las puertas de la pocilga y sac\u00f3 a mis compa\u00f1eros en figura de puercos de nueve a\u00f1os. Coloc\u00e1ronse delante y anduvo por entre ellos, unt\u00e1ndolos con una nueva droga: en el acto cayeron de los miembros las cerdas que antes les hizo crecer la perniciosa droga suministrada por la veneranda Circe, y mis amigos tornaron a ser hombres, pero m\u00e1s j\u00f3venes a\u00fan y mucho m\u00e1s hermosos. Y m\u00e1s altos. Conoci\u00e9ronme y uno por uno me estrecharon la mano. Alz\u00f3se entre todos un dulce llanto, la casa resonaba fuertemente y la misma deidad hubo de apiadarse y deteni\u00e9ndose junto a m\u00ed, dijo de esta suerte la divina entre las diosas:<\/p>\n<p>401<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! Ve ahora adonde tienes la velera nave en la orilla del mar y ante todo sacadla a tierra firme; llevad a las grutas las riquezas y los aparejos todos, y trae en seguida tus fieles compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>406<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3, y mi \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. Enderec\u00e9 el camino a la velera nave y a la orilla del mar, y hall\u00e9 junto a aqu\u00e9lla a mis fieles compa\u00f1eros, que se lamentaban tristemente y derramaban abundantes l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>410<\/p>\n<p>As\u00ed como las terneras que tienen su cuadra en el campo, saltan y van juntas al encuentro de las gregales vacas que vuelven al aprisco hartas de hierba; y ya los cercados no las detienen, sino que, mugiendo sin cesar, corren en torno de las madres: as\u00ed aquellos, al verme con sus propios ojos, me rodearon llorando, pues a su \u00e1nimo les produjo casi el mismo efecto que si hubiesen llegado a su patria y a su ciudad, a la \u00e1spera Itaca donde se hab\u00edan criado y nacido.<\/p>\n<p>418<\/p>\n<p>Y sollozando, estas aladas palabras me dec\u00edan:<br \/>\n\u2014Tu vuelta, oh alumno de Zeus, nos alegra tanto como si hubi\u00e9semos llegado a Itaca, nuestra patria tierra. Mas, ea, cu\u00e9ntanos la p\u00e9rdida de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>422<\/p>\n<p>As\u00ed hablaban. Entonces les dije con suaves palabras:<br \/>\n\u2014Primeramente saquemos la nave a tierra firme y llevemos a las grutas nuestras riquezas y los aparejos todos; y despu\u00e9s daos prisa en seguirme juntos para que ve\u00e1is c\u00f3mo los amigos beben y comen en la sagrada mansi\u00f3n de Circe, pues todo lo tienen en gran abundancia.<\/p>\n<p>428<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00e9, y al instante obedecieron mi mandato. Eur\u00edloco fue el \u00fanico que intent\u00f3 detener a los compa\u00f1eros, dici\u00e9ndoles estas aladas palabras:<\/p>\n<p>431<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, infelices! \u00bfAd\u00f3nde vamos? \u00bfPor qu\u00e9 busc\u00e1is vuestro da\u00f1o, yendo al palacio de Circe, que a todos nos transformar\u00e1 en puercos, lobos o leones para que le guardemos, mal de nuestro grado, su espaciosa mansi\u00f3n? Se repetir\u00e1 lo que ocurri\u00f3 con el Ciclope cuando los nuestros llegaron a su cueva con el audaz Odiseo y perecieron por la loca temeridad de \u00e9ste.<\/p>\n<p>438<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Yo revolv\u00eda en mi pensamiento desenvainar la espada de larga punta, que llevaba a un lado del vigoroso muslo, y de un golpe echarle la cabeza al suelo, aunque Eur\u00edloco era deudo m\u00edo muy cercano; pero me contuvieron los amigos, unos por un lado y otros por el opuesto, dici\u00e9ndome con dulces palabras:<\/p>\n<p>443<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Alumno de Zeus! A \u00e9ste lo dejaremos aqu\u00ed, si t\u00fa lo mandas, y se quedar\u00e1 a guardar la nave: pero a nosotros ll\u00e9vanos a la sagrada mansi\u00f3n de Circe.<\/p>\n<p>446<\/p>\n<p>Hablando as\u00ed, alej\u00e1ronse de la nave y del mar. Y Eur\u00edloco no se qued\u00f3 cerca del c\u00f3ncavo bajel pues fue sigui\u00e9ndonos, amedrentado por mi terrible amenaza.<\/p>\n<p>449<\/p>\n<p>En tanto Circe lav\u00f3 cuidadosamente en su morada a los dem\u00e1s compa\u00f1eros; los ungi\u00f3 con ping\u00fce aceite, les puso lanosos mantos y t\u00fanicas; y ya los hallamos celebrando alegre banquete en el palacio. Despu\u00e9s que se vieron los unos a los otros y contaron lo ocurrido, comenzaron a sollozar y la casa resonaba en torno suyo. La divina entre las diosas se detuvo entonces a mi lado y me habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>456<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! Ahora dad tregua al copioso llanto: s\u00e9 yo tambi\u00e9n cu\u00e1ntas fatigas hab\u00e9is soportado en el ponto, abundante en peces, y cu\u00e1ntos hombres enemigos os da\u00f1aron en la tierra. Mas, ea, comed viandas y bebed vino hasta que recobr\u00e9is el \u00e1nimo que teni\u00e1is en el pecho cuando por primera vez dejasteis vuestra patria, la escabrosa Itaca. Actualmente est\u00e1is flacos y desmayados, trayendo de continuo a la memoria la peregrinaci\u00f3n molesta, y no cabe en vuestro \u00e1nimo la alegr\u00eda por lo mucho que hab\u00e9is padecido.<\/p>\n<p>466<\/p>\n<p>As\u00ed dijo, y nuestro \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. All\u00ed nos quedamos d\u00eda tras d\u00eda un a\u00f1o entero y siempre tuvimos en los banquetes carne en abundancia y dulce vino.<\/p>\n<p>469<\/p>\n<p>Mas cuando se acab\u00f3 el a\u00f1o y volvieron a sucederse las estaciones despu\u00e9s de transcurrir los meses y de pasar muchos d\u00edas, llam\u00e1ronme los fieles compa\u00f1eros y me hablaron de este modo:<\/p>\n<p>472<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ilustre! Acu\u00e9rdate ya de la patria tierra, si el destino ha decretado que te salves y llegues a tu casa, de alta techumbre, y a la patria tierra.<\/p>\n<p>475<\/p>\n<p>As\u00ed dijeron, y mi \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. Y todo aquel d\u00eda hasta la puesta del sol estuvimos sentados, comiendo carne en abundancia y bebiendo dulce vino. Cuando el sol se puso y sobrevino la obscuridad, acost\u00e1ronse los compa\u00f1eros en las obscuras salas.<\/p>\n<p>480<\/p>\n<p>Mas yo sub\u00ed a la magn\u00edfica cama de Circe y empec\u00e9 a suplicar a la deidad que oy\u00f3 mi voz y a la cual abrac\u00e9 las rodillas. Y, habl\u00e1ndole estas aladas palabras le dec\u00eda:<\/p>\n<p>483 \u2014\u00a1Oh, Circe! C\u00fampleme la promesa que me hiciste de mandarme a mi casa. Ya mi \u00e1nimo me incita a partir y tambi\u00e9n el de los compa\u00f1eros, quienes apuran mi coraz\u00f3n, rode\u00e1ndome llorosos, cuando tu est\u00e1s lejos.<\/p>\n<p>487<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00e9, y la divina entre las diosas contest\u00f3me acto seguido:<\/p>\n<p>488<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! No os qued\u00e9is por m\u00e1s tiempo en esta casa, mal de vuestro grado. Pero ante todas cosas hab\u00e9is de emprender un viaje a la morada de Hades y de la veneranda Pers\u00e9fone, para consultar el alma del tebano Tiresias, adivino ciego, cuyas mientes se conservan \u00edntegras. A \u00e9l tan s\u00f3lo, despu\u00e9s de muerto, di\u00f3le Pers\u00e9fone inteligencia y saber; pues los dem\u00e1s revolotean como sombras.<\/p>\n<p>496<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Sent\u00ed que se me part\u00eda el coraz\u00f3n y, sentado en el lecho, lloraba y no quer\u00eda vivir ni ver m\u00e1s la lumbre del sol. Pero cuando me hart\u00e9 de llorar y de dar vuelcos en la cama, le, contest\u00e9 con estas palabras:<\/p>\n<p>501<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, Circe! \u00bfQui\u00e9n nos guiar\u00e1 en ese viaje, ya que ning\u00fan hombre ha llegado jam\u00e1s al Hades en negro nav\u00edo?<\/p>\n<p>503<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00e9. Respondi\u00f3me en el acto la divina entre las diosas:<\/p>\n<p>504<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada, del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo, fecundo en ardides! No te d\u00e9 cuidado el deseo de tener quien te gu\u00ede el negro bajel: iza el m\u00e1stil, descoge las blancas velas y qu\u00e9date sentado, que el soplo del B\u00f3reas conducir\u00e1 la nave. Y cuando hayas atravesado el Oc\u00e9ano y llegues adonde hay una playa estrecha y bosques consagrados a Pers\u00e9fone y elevados \u00e1lamos y est\u00e9riles sauces, det\u00e9n la nave en el Oc\u00e9ano, de profundos remolinos, y encam\u00ednate a la tenebrosa morada de Hades. All\u00ed el Pirifleget\u00f3n y el Cocito, que es un arroyo del agua de la Estix, llevan sus aguas al Aqueronte; y hay una roca en el lugar donde confluyen aquellos sonoros r\u00edos.<\/p>\n<p>516<\/p>\n<p>Acerc\u00e1ndote, pues, a este paraje, como te lo mando, oh h\u00e9roe, abre un hoyo que tenga un codo por cada lado; haz en torno suyo una libaci\u00f3n a todos los muertos, primeramente con aguamiel, luego con dulce vino y a la tercera vez con agua, y polvor\u00e9alo de blanca harina. Eleva despu\u00e9s muchas s\u00faplicas a las inanes cabezas de los muertos y vota que en llegando a Itaca, les sacrificar\u00e1s en el palacio una vaca no paridera, la mejor que haya, y llenar\u00e1s la pira de cosa excelente, en su obsequio; y tambi\u00e9n que a Tiresias le inmolar\u00e1s aparte un carnero completamente negro que descuelle entre vuestros reba\u00f1os. As\u00ed que hayas invocado con tus preces al \u00ednclito pueblo de los difuntos, sacrifica un carnero y una oveja negra, volviendo el rostro al Erebo, y ap\u00e1rtate un poco hacia la corriente del r\u00edo: all\u00ed acudir\u00e1n muchas almas de los que murieron. Exhorta en seguida a los compa\u00f1eros y m\u00e1ndales que desuellen las reses, tom\u00e1ndolas del suelo donde yacer\u00e1n degolladas por el cruel bronce, y las quemen prestamente, haciendo votos al poderoso Hades y a la veneranda Persefonea; y t\u00fa desenvaina la espada que llevas cabe al muslo, si\u00e9ntate y no permitas que las inanes cabezas de los muertos se acerquen a la sangre hasta que hayas interrogado a Tiresias.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>538<\/p>\n<p>Pronto comparecer\u00e1 el adivino, pr\u00edncipe de hombres, y te dir\u00e1 el camino que has de seguir, cual ser\u00e1 su duraci\u00f3n y c\u00f3mo podr\u00e1s volver a la patria, atravesando el mar en peces abundoso.<\/p>\n<p>541<\/p>\n<p>As\u00ed dijo, y al momento lleg\u00f3 Eos, de \u00e1ureo trono. Circe me Visti\u00f3 un manto y una t\u00fanica; y se puso amplia vestidura blanca, fina y hermosa, ci\u00f1\u00f3 el talle con lindo cintur\u00f3n de oro y velo su cabeza.<\/p>\n<p>546<\/p>\n<p>Yo anduve por la casa y amonest\u00e9 a los compa\u00f1eros, acerc\u00e1ndome a ellos y habl\u00e1ndoles con dulces palabras:<\/p>\n<p>548<\/p>\n<p>\u2014No permanezc\u00e1is acostados, disfrutando del dulce sue\u00f1o. Partamos ya, pues la veneranda Circe me lo aconseja.<\/p>\n<p>556<\/p>\n<p>As\u00ed les dije; y su \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. Mas ni de all\u00ed pude llevarme indemnes todos los compa\u00f1eros. Un tal Elp\u00e9nor, el mas joven de todos, que ni era muy valiente en los combates, ni estaba muy en su juicio, yendo a buscar la frescura despu\u00e9s que se cargara de vino, hab\u00edase acostado separadamente de sus compa\u00f1eros en la sagrada mansi\u00f3n de Circe, y al o\u00edr el vocer\u00edo y estr\u00e9pito de los camaradas que empezaban a moverse, se levant\u00f3 de s\u00fabito, olvid\u00f3se a volver atr\u00e1s a fin de bajar por la larga escalera, cay\u00f3 desde el techo, se le rompieron las v\u00e9rtebras del cuello y su alma descendi\u00f3 al Hades.<\/p>\n<p>561<\/p>\n<p>Cuando ya todos se hubieron reunido, les dije estas palabras:<\/p>\n<p>562<\/p>\n<p>\u2014Cre\u00e9is sin duda que vamos a casa, a nuestra patria tierra; pues bien, Circe nos ha indicado que hemos de hacer un viaje a la morada de Hades y de la veneranda Pers\u00e9fone para consultar el alma del tebano Tiresias.<\/p>\n<p>566<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00e9. A todos se les part\u00eda el coraz\u00f3n y, sent\u00e1ndose all\u00ed mismo, lloraban y se mesaban los cabellos. Mas ning\u00fan provecho sacaron de sus lamentaciones.<br \/>\n\u00a0<\/p>\n<p>569<\/p>\n<p>Tan luego como nos encaminamos, afligidos, a la velera nave y a la orilla del mar, vertiendo copiosas l\u00e1grimas, acudi\u00f3 Circe y at\u00f3 al obscuro bajel un carnero y una oveja negra. Y al hacerlo logr\u00f3 pasar inadvertida muy f\u00e1cilmente pues, \u00bf qui\u00e9n podr\u00e1 ver con sus propios ojos a una deidad que va o viene si a ella no le place?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO X 1 Llegamos a la isla Eolia, donde moraba Eolo Hip\u00f3tada, caro a los inmortales dioses, isla flotante, a la cual cerca bronc\u00edneo e inquebrantable muro, y en cuyo interior \u00e1lzase escarpada roca. A Eolo naci\u00e9ronle doce v\u00e1stagos en el palacio: seis hijas y seis hijos florecientes; y dio\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1012,1088,1015,1289,1115,1014,1288,1057,1051,1025,1033,1020],"class_list":["post-908","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-droga","tag-flor","tag-homero","tag-jovenes","tag-naturaleza","tag-odisea","tag-pensamiento","tag-planta","tag-rosa","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-x-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-x-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2010-11-26T22:23:27+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"120\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Admin\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Admin\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"30 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Admin\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\"},\"headline\":\"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero]\",\"datePublished\":\"2010-11-26T22:23:27+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/\"},\"wordCount\":6083,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"keywords\":[\"amor\",\"animal\",\"arte\",\"ave\",\"droga\",\"flor\",\"Homero\",\"j\u00f3venes\",\"naturaleza\",\"Odisea\",\"pensamiento\",\"planta\",\"rosa\",\"vino\",\"violencia\"],\"articleSection\":[\"Literatura \\\/ Po\u00e9tica\",\"Textos literarios\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/\",\"name\":\"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2010-11-26T22:23:27+00:00\",\"description\":\"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero]\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"name\":\"Blog Cultureduca\",\"description\":\"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"alternateName\":\"Blog Cultura educativa\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\",\"name\":\"ASOCAE\",\"alternateName\":\"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"width\":22,\"height\":24,\"caption\":\"ASOCAE\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/groups\\\/cultureduca\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/Cultureduca\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\",\"name\":\"Admin\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"caption\":\"Admin\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/author\\\/jefe\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","description":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-x-homero\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","og_description":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","og_url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-x-homero\/","og_site_name":"Blog Cultureduca educativa","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","article_published_time":"2010-11-26T22:23:27+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":120,"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Admin","twitter_misc":{"Escrito por":"Admin","Tiempo de lectura":"30 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/"},"author":{"name":"Admin","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200"},"headline":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero]","datePublished":"2010-11-26T22:23:27+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/"},"wordCount":6083,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"keywords":["amor","animal","arte","ave","droga","flor","Homero","j\u00f3venes","naturaleza","Odisea","pensamiento","planta","rosa","vino","violencia"],"articleSection":["Literatura \/ Po\u00e9tica","Textos literarios"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/","name":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website"},"datePublished":"2010-11-26T22:23:27+00:00","description":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-x-homero\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cLa Odisea\u201d (X) [Homero]"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","name":"Blog Cultureduca","description":"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas","publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"alternateName":"Blog Cultura educativa","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization","name":"ASOCAE","alternateName":"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","contentUrl":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","width":22,"height":24,"caption":"ASOCAE"},"image":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","https:\/\/x.com\/Cultureduca"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200","name":"Admin","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","caption":"Admin"},"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"}]}},"featured_image_src":null,"featured_image_src_square":null,"author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"custom":false,"gb-block-post-grid-landscape":false,"gb-block-post-grid-square":false,"post-thumbnail":false,"header":false,"slider":false,"columns":false},"uagb_author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"CANTO X 1 Llegamos a la isla Eolia, donde moraba Eolo Hip\u00f3tada, caro a los inmortales dioses, isla flotante, a la cual cerca bronc\u00edneo e inquebrantable muro, y en cuyo interior \u00e1lzase escarpada roca. A Eolo naci\u00e9ronle doce v\u00e1stagos en el palacio: seis hijas y seis hijos florecientes; y dio\u2026 Seguir leyendo...","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/908","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/75"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=908"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/908\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=908"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=908"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=908"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}