{"id":907,"date":"2010-11-27T00:22:36","date_gmt":"2010-11-26T22:22:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=907"},"modified":"2010-11-27T00:22:36","modified_gmt":"2010-11-26T22:22:36","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO IX<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s esclarecido de todos los ciudadanos! En verdad que es linda cosa o\u00edr a un aedo como este, cuya voz se asemeja a la de un numen. No creo que haya cosa tan agradable como ver que la alegr\u00eda reina en todo el pueblo y que los convidados, sentados ordenadamente en el palacio ante las mesas, abastecidas de pan y de carnes, escuchan al aedo, mientras el escanciador saca vino de la cratera y lo va echando en las copas. Tal espect\u00e1culo me parece bell\u00edsimo. Pero te movi\u00f3 el \u00e1nimo a desear que te cuente mis luctuosas desdichas, para que llore a\u00fan m\u00e1s y prorrumpa en gemidos. \u00bfCu\u00e1l cosa relatar\u00e9 en primer t\u00e9rmino, cu\u00e1l en \u00faltimo lugar, siendo tantos los infortunios que me enviaron los celestiales dioses? Lo primero, quiero deciros mi nombre para que lo sep\u00e1is, y en adelante, despu\u00e9s que me haya librado del d\u00eda cruel, sea yo vuestro hu\u00e9sped, a pesar de vivir en una casa que esta muy lejos. Soy Odiseo Laert\u00edada, tan conocido de los hombres por mis astucias de toda clase; y mi gloria llega hasta el cielo. Habito en Itaca que se ve a distancia: en ella est\u00e1 el monte N\u00e9rito, frondoso y espl\u00e9ndido, y en contorno hay muchas islas cercanas entre s\u00ed, como Duliquio, Same y la selvosa Zacinto. Itaca no se eleva mucho sobre el mar, est\u00e1 situada la m\u00e1s remota hacia el Occidente -las restantes, algo apartadas, se inclinan hacia el Oriente y el Mediod\u00eda- es \u00e1spera, pero buena criadora de mancebos, y yo no puedo hallar cosa alguna que sea m\u00e1s dulce que mi patria. Calipso, la divina entre las deidades, me detuvo all\u00e1, en huecas grutas, anhelando que fuese su esposo; y de la misma suerte la dolosa Circe de Eea me acogi\u00f3 anteriormente en su palacio, deseando tambi\u00e9n tomarme por marido; ni aqu\u00e9lla ni \u00e9sta consiguieron infundir convicci\u00f3n a mi \u00e1nimo. No hay cosa m\u00e1s dulce que la patria y los padres, aunque se habite en una casa opulenta, pero lejana, en pa\u00eds extra\u00f1o, apartada de aquellos. Pero voy a contarte mi vuelta, llena de trabajos, la cual me orden\u00f3 Zeus desde que sal\u00ed de Troya.<\/p>\n<p>39<\/p>\n<p>Habiendo partido de Ili\u00f3n, llev\u00f3me el viento al pa\u00eds de los c\u00edcones, a Ismaro: entr\u00e9 a saco la ciudad, mat\u00e9 a sus hombres y, tomando las mujeres y las abundantes riquezas, nos lo repartimos todo para que nadie se fuera sin su parte de bot\u00edn. Exhort\u00e9 a mi gente a que nos retir\u00e1ramos con pie ligero, y los muy simples no se dejaron persuadir. Bebieron mucho vino y, mientras degollaban en la playa gran n\u00famero de ovejas y de flex\u00edpedes bueyes de retorcidos cuernos, los c\u00edcones fueron a llamar a otros c\u00edcones vecinos suyos; los cuales eran m\u00e1s en n\u00famero y m\u00e1s fuertes, habitaban el interior del pa\u00eds y sab\u00edan pelear a caballo con los hombres y aun a pie donde fuese preciso. Vinieron por la ma\u00f1ana tantos, cuantas son las hojas y flores que en la primavera nacen; y ya se nos present\u00f3 a nosotros, \u00a1oh infelices! el funesto destino que nos hab\u00eda ordenado Zeus a fin de que padeci\u00e9ramos multitud de males. Form\u00e1ronse nos presentaron batalla junto a las veloces naves, y nos her\u00edamos rec\u00edprocamente con las bronc\u00edneas lanzas. Mientras dur\u00f3 la ma\u00f1ana y fuese aumentando la luz del sagrado d\u00eda, pudimos resistir su arremetida, aunque eran en superior n\u00famero. Mas luego, cuando el sol se encamin\u00f3 al ocaso, los c\u00edcones derrotaron a los aqueos, poni\u00e9ndolos en fuga. Perecieron seis compa\u00f1eros, de hermosas grebas, de cada embarcaci\u00f3n, y los restantes nos libramos de la muerte y del destino.<\/p>\n<p>62<\/p>\n<p>Desde all\u00ed seguimos adelante con el coraz\u00f3n triste, escapando gustosos de la muerte aunque perdimos algunos compa\u00f1eros. Mas no comenzaron a moverse los corvos bajeles hasta haber llamado tres veces a cada uno de los m\u00edseros compa\u00f1eros que acabaron su vida en el llano, heridos por los c\u00edcones. Zeus, que amontona las nubes, suscit\u00f3 contra los barcos el viento B\u00f3reas y una tempestad deshecha cubri\u00f3 de nubes la tierra y el ponto, y la noche cay\u00f3 del cielo. Las naves iban de trav\u00e9s, cabeceando, y el impetuoso viento rasg\u00f3 las velas en tres o cuatro pedazos. Entonces las amainamos, pues tem\u00edamos nuestra perdici\u00f3n; y apresuradamente, a fuerza de remos, llevamos aquellas a tierra firme. All\u00ed permanecimos constantemente echados dos d\u00edas con sus noches, roy\u00e9ndonos el \u00e1nimo la fatiga y los pesares. Mas, al punto que Eos, de lindas trenzas, nos trajo el d\u00eda tercero, izamos los m\u00e1stiles, descogimos las blancas velas y nos sentamos en las naves, que eran conducidas por el viento y los pilotos. Y habr\u00eda llegado inc\u00f3lume a la tierra patria, si la corriente de las olas y el B\u00f3reas, que me desviaron al doblar el cabo de Malea no me hubieran obligado a vagar lejos de Citera.<\/p>\n<p>82<\/p>\n<p>Desde all\u00ed da\u00f1osos vientos llev\u00e1ronme nueve d\u00edas por el ponto, abundante en peces, y al d\u00e9cimo arribamos a la tierra de los lot\u00f3fagos, que se alimentan con un florido manjar. Saltamos en tierra, hicimos aguada, y pronto los compa\u00f1eros empezaron a comer junto a las veleras naves.<\/p>\n<p>87<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s que hubimos gustado los alimentos y la bebida, envi\u00e9 algunos compa\u00f1eros -dos varones a quienes escog\u00ed e hice acompa\u00f1ar por un tercero que fue un heraldo- para que averiguaran cu\u00e1les hombres com\u00edan el pan en aquella tierra. Fu\u00e9ronse pronto y junt\u00e1ronse con los lot\u00f3fagos, que no tramaron ciertamente la perdici\u00f3n de nuestros amigos; pero les dieron a comer loto, y cuantos probaron este fruto, dulce como la miel, ya no quer\u00edan llevar noticias ni volverse; antes deseaban permanecer con los lot\u00f3fagos, comiendo loto, sin acordarse de volver a la patria. Mas yo los llev\u00e9 por fuerza a las c\u00f3ncavas naves y, aunque lloraban, los arrastr\u00e9 e hice atar debajo de los bancos. Y mand\u00e9 que los restantes fieles compa\u00f1eros entrasen luego en las veloces embarcaciones: no fuera que alguno comiese loto y no pensara en la vuelta. Hici\u00e9ronlo en seguida y, sent\u00e1ndose por orden en los bancos, comenzaron a batir con los remos el espumoso mar.<\/p>\n<p>105<\/p>\n<p>Desde all\u00ed continuamos la navegaci\u00f3n con \u00e1nimo afligido, y llegamos a la tierra de los ciclopes soberbios y sin ley; quienes, confiados en los dioses inmortales, no plantan \u00e1rboles, ni labran los campos, sino que todo les nace sin semilla y sin arada -trigo, cebada y vides, que producen vino de unos grandes racimos- y se lo hace crecer la lluvia enviada por Zeus.<\/p>\n<p>112<\/p>\n<p>No tienen \u00e1goras donde se re\u00fanan para deliberar, ni leyes tampoco, sino que viven en las cumbres de los altos montes, dentro de excavadas cuevas; cada cual impera sobre sus hijos y mujeres y no se entrometen los unos con los otros.<\/p>\n<p>116<\/p>\n<p>Delante del puerto, no muy cercana ni a gran distancia tampoco de la regi\u00f3n de los ciclopes, hay una isleta poblada de bosque, con una infinidad de cabras monteses, pues no las ahuyenta el paso de hombre alguno ni van all\u00e1 los cazadores, que se fatigan recorriendo las selvas en las cumbres de las monta\u00f1as. No se ven en ella ni reba\u00f1os ni labrad\u00edos, sino que el terreno est\u00e1 siempre sin sembrar y sin arar, carece de hombres, y cr\u00eda bastantes cabras. Pues los ciclopes no tienen naves de rojas proas, ni poseen art\u00edfices que se las construyan de muchos bancos -como las que transportan mercanc\u00edas a distintas poblaciones en los frecuentes viajes que los hombres efect\u00faan por mar, yendo los unos en busca de los otros-, los cuales hubieran podido hacer que fuese muy poblada aquella isla, que no es mala y dar\u00eda a su tiempo frutos de toda especie, porque tiene junto al espumoso mar prados h\u00famedos y tiernos y all\u00ed la vid jam\u00e1s se perdiera. La parte inferior es llana y labradera; y podr\u00edan segarse en la estaci\u00f3n oportuna mieses alt\u00edsimas por ser el suelo muy ping\u00fce. Posee la isla un c\u00f3modo puerto, donde no se requieren amarras, ni es preciso echar ancoras, ni atar cuerdas; pues, en aportando all\u00ed, se est\u00e1 a salvo cuanto se quiere, hasta que el \u00e1nimo de los marineros les incita a partir y el viento sopla.<\/p>\n<p>140<\/p>\n<p>En lo alto del puerto mana una fuente de agua l\u00edmpida, debajo de una cueva a cuyo alrededor han crecido \u00e1lamos. All\u00e1 pues, nos llevaron las naves, y alg\u00fan dios debi\u00f3 de guiarnos en aquella noche obscura en la que nada distingu\u00edamos, pues la niebla era cerrada alrededor de los bajeles y la luna no brillaba en el cielo, que cubr\u00edan los nubarrones. Nadie vio con sus ojos la isla ni las ingentes olas que se quebraban en la tierra, hasta que las naves de muchos bancos hubieron abordado. Entonces amainamos todas las velas, saltamos a la orilla del mar y, entreg\u00e1ndonos al sue\u00f1o, aguardamos que amaneciera la divina Aurora.<\/p>\n<p>152<\/p>\n<p>No bien se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, anduvimos por la isla muy admirados. En esto las ninfas, prole de Zeus que lleva la \u00e9gida, levantaron montaraces cabras para que comieran mis compa\u00f1eros. Al instante tomamos de los bajeles los corvos arcos y los venablos de larga punta, nos distribuimos en tres grupos, tiramos, y muy presto una deidad nos facilit\u00f3 abundante caza. Doce eran las naves que me segu\u00edan y a cada una le correspondieron nueve cabras, apart\u00e1ndose diez para m\u00ed solo. Y ya todo el d\u00eda hasta la puesta del sol, estuvimos sentados, comiendo carne en abundancia y bebiendo dulce vino; que el rojo licor aun no faltaba en las naves, pues hab\u00edamos hecho gran provisi\u00f3n de \u00e1nforas al tomar la sagrada ciudad de los c\u00edcones. Estando all\u00ed ech\u00e1bamos la vista a la tierra de los ciclopes, que se hallaban cerca, y divis\u00e1bamos el humo y o\u00edamos las voces que ellos daban, y los balidos de las ovejas y de las cabras. Cuando el sol se puso y sobrevino la obscuridad, nos acostamos en la orilla del mar.<\/p>\n<p>170<\/p>\n<p>Mas, as\u00ed que se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, los llam\u00e9 a junta y les dije estas razones:<\/p>\n<p>172<\/p>\n<p>\u2014Quedaos aqu\u00ed, mis fieles amigos, y yo con mi nave y mis compa\u00f1eros ir\u00e9 all\u00e1 y procurar\u00e9 averiguar qu\u00e9 hombres son aqu\u00e9llos; si son violentos, salvajes e injustos, u hospitalarios y temerosos de las deidades.<\/p>\n<p>177<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hube hablado sub\u00ed a la nave y orden\u00e9 a los compa\u00f1eros que me siguieran y desataran las amarras. Ellos se embarcaron al instante y, sent\u00e1ndose por orden en los bancos, comenzaron a batir con los remos el espumoso mar. Y tan luego como llegamos a dicha tierra, que estaba pr\u00f3xima, vimos en uno de los extremos y casi tocando al mar una excelsa gruta a la cual daban sombra algunos laureles, en ella reposaban muchos hatos de ovejas y de cabras, y en contorno hab\u00eda una alta cerca labrada con piedras profundamente hundidas, grandes pinos y encinas de elevada copa. All\u00ed moraba un var\u00f3n gigantesco, solitario, que entend\u00eda en apacentar reba\u00f1os lejos de los dem\u00e1s hombres, sin tratarse con nadie; y, apartado de todos, ocupaba su \u00e1nimo en cosas inicuas. Era un monstruo horrible y no se asemejaba a los hombres que viven de pan, sino a una selvosa cima que entre altos montes se presentase aislada de las dem\u00e1s cumbres.<\/p>\n<p>193<\/p>\n<p>Entonces orden\u00e9 a mis fieles compa\u00f1eros que se quedasen a guardar la nave; escog\u00ed los doce mejores y juntos echamos a andar, con un pellejo de cabra lleno de negro y dulce vino que me hab\u00eda dado Mar\u00f3n, v\u00e1stago de Evantes y sacerdote de Apolo, el dios tutelar de Ismaro; porque, respet\u00e1ndole, lo salvamos con su mujer e hijos que viv\u00edan en un espeso bosque consagrado a Febo Apolo. H\u00edzome Mar\u00f3n ricos dones, pues me regal\u00f3 siete talentos de oro bien labrado, una cratera de plata y doce \u00e1nforas de un vino dulce y puro, bebida de dioses, que no conoc\u00edan sus siervos ni sus esclavas, sino tan s\u00f3lo \u00e9l, su esposa y una despensera. Cuando beb\u00edan este rojo licor, dulce como la miel, echaban una copa del mismo veinte de agua; y de la cratera sal\u00eda un olor tan suave y divinal, que no sin pena se hubiese renunciado a saborearlo. De este vino llevaba un gran odre completamente lleno y adem\u00e1s viandas en un zurr\u00f3n; pues ya desde el primer instante se figur\u00f3 mi \u00e1nimo generoso que se nos presentar\u00eda un hombre dotado de extraordinaria fuerza, salvaje, e ignorante de la justicia y de las leyes.<\/p>\n<p>216<\/p>\n<p>Pronto llegamos a la gruta; mas no dimos con \u00e9l, porque estaba apacentando las ping\u00fces ovejas. Entramos y nos pusimos a contemplar con admiraci\u00f3n y una por una todas las cosas; hab\u00eda zarzos cargados de quesos; los establos rebosaban de corderos y cabritos, hall\u00e1ndose encerrado, separadamente los mayores, los medianos y los recentales; y goteaba el suero de todas las vasijas, tarros y barre\u00f1os, de que se serv\u00eda para orde\u00f1ar. Los compa\u00f1eros empezaron a suplicarme que nos apoder\u00e1semos de algunos quesos y nos fu\u00e9ramos, y que luego, sacando prestamente de los establos los cabritos y los corderos, y conduci\u00e9ndolos a la velera nave, surc\u00e1ramos de nuevo el salobre mar. Mas yo no me dej\u00e9 persuadir -mucho mejor hubiera sido seguir su consejo- con el prop\u00f3sito de ver a aqu\u00e9l y probar si me ofrecer\u00eda los dones de la hospitalidad. Pero su venida no hab\u00eda de serles grata a mis compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>231<\/p>\n<p>Encendimos fuego, ofrecimos un sacrificio a los dioses, tomamos algunos quesos, comimos, y le aguardamos, sentados en la gruta, hasta que volvi\u00f3 con el ganado. Tra\u00eda una gran carga de le\u00f1a seca para preparar su comida y descarg\u00f3la dentro de la cueva con tal estruendo que nosotros, llenos de temor, nos refugiamos apresuradamente en lo m\u00e1s hondo de la misma. Luego meti\u00f3 en el espacioso antro todas las ping\u00fces ovejas que ten\u00eda que orde\u00f1ar, dejando a la puerta, dentro del recinto de altas paredes, los carneros y los bucos. Despu\u00e9s cerr\u00f3 la puerta con un pedrej\u00f3n grande y pesado que llev\u00f3 a pulso y que no hubiesen podido mover del suelo veintid\u00f3s s\u00f3lidos carros de cuatro ruedas. \u00a1Tan inmenso era el pe\u00f1asco que coloc\u00f3 a la entrada! Sent\u00f3se enseguida, orde\u00f1\u00f3 las ovejas y las baladoras cabras, todo como debe hacerse, y a cada una le puso su hijito. A la hora, haciendo cuajar la mitad de la blanca leche, la amonton\u00f3 en canastillos de mimbre, y verti\u00f3 la restante en unos vasos para beb\u00e9rsela y as\u00ed le servir\u00eda de cena.<\/p>\n<p>250<\/p>\n<p>Acabadas con prontitud tales faenas, encendi\u00f3 fuego, y al vernos, nos hizo estas preguntas:<\/p>\n<p>252<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh forasteros! \u00bfQui\u00e9nes sois? \u00bfDe d\u00f3nde llegasteis navegando por h\u00famedos caminos? \u00bfVen\u00eds por alg\u00fan negocio o and\u00e1is por el mar, a la ventura, como los piratas que divagan, exponiendo su vida y produciendo da\u00f1o a los hombres de extra\u00f1as tierras?<\/p>\n<p>256<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Nos quebraba el coraz\u00f3n el temor que nos produjo su voz grave y su aspecto monstruoso. Mas, con todo eso, le respond\u00ed de esta manera:<\/p>\n<p>259<\/p>\n<p>\u2014Somos aqueos a quienes extraviaron, al salir de Troya, vientos de toda clase, que nos llevan por el gran abismo del mar; deseosos de volver a nuestra patria llegamos aqu\u00ed por otra ruta, por otros caminos, porque de tal suerte debi\u00f3 de ordenarlo Zeus. Nos preciamos de ser guerreros de Agamemn\u00f3n Atrida, cuya gloria es inmensa debajo del cielo -\u00a1tan grande ciudad ha destruido y a tantos hombres ha hecho perecer!-, y venimos a abrazar tus rodillas por si quisieras presentarnos los dones de la hospitalidad o hacernos alg\u00fan otro regalo, como es costumbre entre los hu\u00e9spedes. Respeta, pues, a los dioses, var\u00f3n excelente; que nosotros somos ahora tus suplicantes. Y a suplicante y forasteros los venga Zeus hospitalario, el cual acompa\u00f1a a los venerandos hu\u00e9spedes.<\/p>\n<p>272<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00e9; y respondi\u00f3me en seguida con \u00e1nimo cruel:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh forastero! Eres un simple o vienes de lejanas tierras cuando me exhortas a temer a los dioses y a guardarme de su c\u00f3lera: que los ciclopes no se cuidan de Zeus, que lleva la \u00e9gida, ni de los bienaventurados n\u00famenes, porque aun les ganan en ser poderosos; y yo no te perdonar\u00eda ni a ti ni a tus compa\u00f1eros por temor a la enemistad de Zeus, si mi \u00e1nimo no me lo ordenase. Pero dime en qu\u00e9 sitio, al venir, dejaste la bien construida embarcaci\u00f3n: si fue, por ventura, en lo m\u00e1s apartado de la playa o en un paraje cercano, a fin de que yo lo sepa.<\/p>\n<p>281<\/p>\n<p>As\u00ed dijo para tentarme. Pero su intenci\u00f3n no me pas\u00f3 inadvertida a m\u00ed que s\u00e9 tanto, y de nuevo le habl\u00e9 con enga\u00f1osas palabras:<\/p>\n<p>283<\/p>\n<p>\u2014Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, rompi\u00f3 mi nave llev\u00e1ndola a un promontorio y estrell\u00e1ndola contra las rocas en los confines de vuestra tierra, el viento que soplaba del ponto se la llev\u00f3 y pudiera librarme, junto con \u00e9stos, de una muerte terrible.<\/p>\n<p>287<\/p>\n<p>As\u00ed le dije. El ciclope, con \u00e1nimo cruel, no me dio respuesta; pero, levant\u00e1ndose de s\u00fabito, ech\u00f3 mano a los compa\u00f1eros, agarr\u00f3 a dos y, cual si fuesen cachorrillos arroj\u00f3los a tierra con tama\u00f1a violencia que el enc\u00e9falo fluy\u00f3 del suelo y moj\u00f3 el piso. De contado despedaz\u00f3 los miembros, se aparej\u00f3 una cena y se puso a comer como montaraz le\u00f3n, no dejando ni los intestinos, ni la carne, ni los medulosos huesos. Nosotros contempl\u00e1bamos aquel horrible espect\u00e1culo con l\u00e1grimas en los ojos, alzando nuestras manos a Zeus; pues la desesperaci\u00f3n se hab\u00eda se\u00f1oreado de nuestro \u00e1nimo. El ciclope, tan luego como hubo llenado su enorme vientre, devorando carne humana y bebiendo encima leche sola, se acost\u00f3 en la gruta tendi\u00e9ndose en medio de las ovejas.<\/p>\n<p>299<\/p>\n<p>Entonces form\u00e9 en mi magn\u00e1nimo coraz\u00f3n el prop\u00f3sito de acercarme a \u00e9l y, sacando la aguda espada que colgaba de mi muslo, herirle el pecho donde las entra\u00f1as rodean el h\u00edgado, palp\u00e1ndolo previamente; mas otra consideraci\u00f3n me contuvo. Habr\u00edamos, en efecto, perecido all\u00ed de espantosa muerte, a causa de no poder apartar con nuestras manos el grave pedrej\u00f3n que el Ciclope coloc\u00f3 en la alta entrada. Y as\u00ed, dando suspiros, aguardamos que apareciera la divina Aurora.<\/p>\n<p>307<\/p>\n<p>Cuando se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, el Ciclope encendi\u00f3 fuego y orde\u00f1\u00f3 las gordas ovejas, todo como debe hacerse, y a cada una le puso su hijito. Acabadas con prontitud tales faenas, ech\u00f3 mano a otros dos de los m\u00edos, y con ellos se aparej\u00f3 el almuerzo.<\/p>\n<p>312<\/p>\n<p>En acabando de comer sac\u00f3 de la cueva los ping\u00fces ganados, removiendo con facilidad el enorme pedrej\u00f3n de la puerta; pero al instante lo volvi\u00f3 a colocar, del mismo modo que si a un caraj le pusiera su tapa.<\/p>\n<p>315<\/p>\n<p>Mientras el Ciclope aguijaba con gran estr\u00e9pito sus ping\u00fces reba\u00f1os hacia el monte, yo me qued\u00e9 meditando siniestras trazas, por si de alg\u00fan modo pudiese vengarme y Atenea me otorgara la victoria.<\/p>\n<p>318<\/p>\n<p>Al fin pareci\u00f3me que la mejor resoluci\u00f3n ser\u00eda la siguiente. Echada en el suelo del establo ve\u00edase una gran clava de olivo verde, que el Ciclope hab\u00eda cortado para llevarla cuando se secase. Nosotros, al contemplarla, la compar\u00e1bamos con el m\u00e1stil de un negro y ancho bajel de transporte que tiene veinte remos y atraviesa el dilatado abismo del mar: tan larga y tan gruesa se nos present\u00f3 a la vista. Acerqu\u00e9me a ella y cort\u00e9 una estaca como de una braza, que di a los compa\u00f1eros, mand\u00e1ndoles que la puliesen. No bien la dejaron lisa, aguc\u00e9 uno de sus cabos, la endurec\u00ed, pas\u00e1ndola por el ardiente fuego, y la ocult\u00e9 cuidadosamente debajo del abundante esti\u00e9rcol esparcido por la gruta. Orden\u00e9 entonces que se eligieran por suerte los que, uni\u00e9ndose conmigo deber\u00edan atreverse a levantar la estaca y clavarla en el ojo del Ciclope cuando el dulce sue\u00f1o le rindiese. Cay\u00f3les la suerte a los cuatro que yo mismo hubiera escogido en tal ocasi\u00f3n, y me junt\u00e9 con ellos formando el quinto.<\/p>\n<p>336<\/p>\n<p>Por la tarde volvi\u00f3 el Ciclope con el reba\u00f1o de hermoso vell\u00f3n, que ven\u00eda de pacer, e hizo entrar en la espaciosa gruta a todas las pingues reses, sin dejar a ninguna dentro del recinto; ya porque sospechase algo, ya porque alg\u00fan dios se lo ordenara. Cerr\u00f3 la puerta con el pedrej\u00f3n que llev\u00f3 a pulso, sent\u00f3se, orde\u00f1\u00f3 las ovejas y las baladoras cabras, todo como debe hacerse, y a cada una le puso su hijito.<\/p>\n<p>343<\/p>\n<p>Acabadas con prontitud tales cosas, agarr\u00f3 a otros dos de mis amigos y con ellos se aparej\u00f3 la cena. Entonces llegu\u00e9me al Ciclope, y teniendo en la mano una copa de negro vino, le habl\u00e9 de esta manera:<\/p>\n<p>347<\/p>\n<p>\u2014Toma, Ciclope, bebe vino, ya que comiste carne humana, a fin de que sepas qu\u00e9 bebida se guardaba en nuestro buque. Te lo tra\u00eda para ofrecer una libaci\u00f3n en el caso de que te apiadases de mi y me enviaras a mi casa, pero t\u00fa te enfureces de intolerable modo. \u00a1Cruel! \u00bfC\u00f3mo vendr\u00e1 en lo sucesivo ninguno de los muchos hombres que existen, si no te portas como debieras?<\/p>\n<p>353<\/p>\n<p>As\u00ed le dije. Tom\u00f3 el vino y bebi\u00f3selo. Y gust\u00f3le tanto el dulce licor que me pidi\u00f3 m\u00e1s:<\/p>\n<p>355<\/p>\n<p>\u2014Dame de buen grado m\u00e1s vino y hazme saber inmediatamente tu nombre para que te ofrezca un don hospitalario con el cual huelgues. Pues tambi\u00e9n a los Ciclopes la f\u00e9rtil tierra les produce vino en gruesos racimos, que crecen con la lluvia enviada por Zeus; mas esto se compone de ambros\u00eda y n\u00e9ctar.<\/p>\n<p>360<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3, y volv\u00ed a servirle el negro vino: tres veces se lo present\u00e9 y tres veces bebi\u00f3 incautamente. Y cuando los vapores del vino envolvieron la mente del Ciclope, d\u00edjele con suaves palabras:<\/p>\n<p>364<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ciclope! Preguntas cual es mi nombre ilustre y voy a dec\u00edrtelo pero dame el presente de hospitalidad que me has prometido. Mi nombre es Nadie; y Nadie me llaman mi madre, mi padre y mis compa\u00f1eros todos.<\/p>\n<p>368<\/p>\n<p>As\u00ed le habl\u00e9; y enseguida me respondi\u00f3 con \u00e1nimo cruel:<br \/>\n\u2014A Nadie me lo comer\u00e9 al \u00faltimo, despu\u00e9s de sus compa\u00f1eros, y a todos los dem\u00e1s antes que a \u00e9l: tal ser\u00e1 el don hospitalario que te ofrezca.<\/p>\n<p>371<\/p>\n<p>Dijo, tir\u00f3se hacia atr\u00e1s y cay\u00f3 de espaldas. As\u00ed echado, dobl\u00f3 la gruesa cerviz y venci\u00f3le el sue\u00f1o, que todo lo rinde: sal\u00edale de la garganta el vino con pedazos de carne humana, y eructaba por estar cargado de vino.<\/p>\n<p>375<\/p>\n<p>Entonces met\u00ed la estaca debajo del abundante rescoldo, para calentarla, y anim\u00e9 con mis palabras a todos los compa\u00f1eros: no fuera que alguno, pose\u00eddo de miedo, se retirase. Mas cuando la estaca de olivo, con ser verde, estaba a punto de arder y relumbraba intensamente, fui y la saqu\u00e9 del fuego; rode\u00e1ronme mis compa\u00f1eros, y una deidad nos infundi\u00f3 gran audacia. Ellos, tomando la estaca de olivo, hinc\u00e1ronla por la aguzada punta en el ojo del Ciclope; y yo, alz\u00e1ndome, hac\u00edala girar por arriba. De la suerte que cuando un hombre taladra con el barreno el m\u00e1stil de un nav\u00edo, otros lo mueven por debajo con una correa, que asen por ambas extremidades, y aqu\u00e9l da vueltas continuamente: as\u00ed nosotros, asiendo la estaca de \u00edgnea punta, la hac\u00edamos girar en el ojo del Ciclope y la sangre brotaba alrededor del ardiente palo. Quem\u00f3le el ardoroso vapor p\u00e1rpados y cejas, en cuanto la pupila estaba ardiendo y sus ra\u00edces crepitaban por la acci\u00f3n del fuego. As\u00ed como el broncista, para dar el temple que es la fuerza del hierro, sumerge en agua fr\u00eda una gran segur o un hacha que rechina grandemente, de igual manera rechinaba el ojo del Ciclope en torno de la estaca de olivo. Di\u00f3 el Ciclope un fuerte y horrendo gemido, retumb\u00f3 la roca, y nosotros, amedrentados, huimos prestamente; mas \u00e9l se arranc\u00f3 la estaca, toda manchada de sangre, arroj\u00f3la furioso lejos de s\u00ed y se puso a llamar con altos gritos a los Ciclopes que habitaban a su alrededor, dentro de cuevas, en los ventosos promontorios. En oyendo sus voces, acudieron muchos, qui\u00e9n por un lado y qui\u00e9n por otro, y par\u00e1ndose junto a la cueva, le preguntaron qu\u00e9 le angustiaba:<\/p>\n<p>403<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 tan enojado, oh Polifemo, gritas de semejante modo en la divina noche, despert\u00e1ndonos a todos? \u00bfAcaso alg\u00fan hombre se lleva tus ovejas mal de tu grado? \u00bfO, por ventura, te matan con enga\u00f1o o con fuerza?<\/p>\n<p>407<\/p>\n<p>Respondi\u00f3les desde la cueva el robusto Polifemo:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, amigos! \u00abNadie\u00bb me mata con enga\u00f1o, no con fuerza.<\/p>\n<p>409<\/p>\n<p>Y ellos le contestaron con estas aladas palabras:<br \/>\n\u2014Pues si nadie te hace fuerza, ya que est\u00e1s solo, no es posible evitar la enfermedad que env\u00eda el gran Zeus, pero, ruega a tu padre, el soberano Poseid\u00f3n.<\/p>\n<p>413<\/p>\n<p>Apenas acabaron de hablar, se fueron todos; y yo me re\u00ed en mi coraz\u00f3n de c\u00f3mo mi nombre y mi excelente artificio les hab\u00eda enga\u00f1ado. El Ciclope, gimiendo por los grandes dolores que padec\u00eda, anduvo a tientas, quit\u00f3 el pe\u00f1asco de la puerta y se sent\u00f3 a la entrada, tendiendo los brazos por si lograba echar mano a alguien que saliera con las ovejas; \u00a1tan mentecato esperaba que yo fuese!<\/p>\n<p>420<\/p>\n<p>Mas yo meditaba c\u00f3mo pudiera aquel lance acabar mejor y si hallar\u00eda alg\u00fan arbitrio para librar de la muerte a mis compa\u00f1eros y a m\u00ed mismo. Revolv\u00ed toda clase de enga\u00f1os y de artificios, como que se trataba de la vida y un gran mal era inminente, y al fin pareci\u00f3me la mejor resoluci\u00f3n la que voy a decir. Hab\u00eda unos carneros bien alimentados, hermosos, grandes, de espesa y obscura lana; y, sin desplegar los labios, los at\u00e9 de tres en tres, entrelazando mimbres de aquellos sobre los cuales dorm\u00eda el monstruoso e injusto Ciclope: y as\u00ed el del centro llevaba a un hombre y los otros dos iban a entre ambos lados para que salvaran a mis compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>431<\/p>\n<p>Tres carneros llevaban por tanto, a cada var\u00f3n; mas yo viendo que hab\u00eda otro carnero que sobresal\u00eda entre todas las reses, lo as\u00ed por la espalda, me deslic\u00e9 al vedijudo vientre y me qued\u00e9 agarrado con ambas manos a la abundant\u00edsima lana, manteni\u00e9ndome en esta postura con \u00e1nimo paciente. As\u00ed, profiriendo suspiros, aguardamos la aparici\u00f3n de la divina Aurora.<\/p>\n<p>437<\/p>\n<p>Cuando se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, los machos salieron presurosos a pacer, y las hembras, como no se las hab\u00eda orde\u00f1ado, balaban en el corral con las tetas retesadas. Su amo, afligido por los dolores, palpaba el lomo a todas las reses que estaban de pie, y el simple no advirti\u00f3 que mis compa\u00f1eros iban atados a los pechos de los vedijudos animales. El \u00faltimo en tomar el camino de la puerta fue mi carnero, cargado de su lana y de m\u00ed mismo, que pensaba en muchas cosas. Y el robusto Polifemo lo palp\u00f3 y as\u00ed le dijo:<\/p>\n<p>447<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Carnero querido! \u00bfPor qu\u00e9 sales de la gruta el postrero del reba\u00f1o? Nunca te quedaste detr\u00e1s de las ovejas, sino que, andando a buen paso pac\u00edas el primero las tiernas flores de la hierba, llegabas el primero a las corrientes de los r\u00edos y eras quien primero deseaba volver al establo al caer de la tarde; mas ahora vienes, por el contrario, el \u00faltimo de todos. Sin duda echar\u00e1s de menos el ojo de tu se\u00f1or, a quien ceg\u00f3 un hombre malvado con sus perniciosos compa\u00f1eros, perturb\u00e1ndole las mentes con el vino. Nadie, pero me figuro que aun no se ha librado de una terrible muerte. \u00a1Si tuvieras mis sentimientos y pudieses hablar, para indicarme d\u00f3nde evita mi furor! Pronto su cerebro, molido a golpes, se esparcir\u00eda ac\u00e1 y acull\u00e1 por el suelo de la gruta, y mi coraz\u00f3n se aliviar\u00eda de los da\u00f1os que me ha causado ese despreciable Nadie.<\/p>\n<p>461<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, dej\u00f3 el carnero y lo ech\u00f3 afuera. Cuando estuvimos algo apartados de la cueva y del corral, solt\u00e9me del carnero y desat\u00e9 a los amigos. Al punto antecogimos aquellas gordas reses de gr\u00e1ciles piernas y, dando muchos rodeos, llegamos por fin a la nave.<\/p>\n<p>466<\/p>\n<p>Nuestros compa\u00f1eros se alegraron de vernos a nosotros, que nos hab\u00edamos librado de la muerte, y empezaron a gemir y a sollozar por los dem\u00e1s. Pero yo haci\u00e9ndoles una se\u00f1al con las cejas, les prohib\u00ed el llanto y les mand\u00e9 que cargaran presto en la nave muchas de aquellas reses de hermoso vell\u00f3n y volvi\u00e9ramos a surcar el agua salobre. Embarc\u00e1ronse en seguida y, sent\u00e1ndose por orden en los bancos, tornaron a batir con los remos el espumoso mar.<\/p>\n<p>473<\/p>\n<p>Y, en estando tan lejos cuanto se deja o\u00edr un hombre que grita, habl\u00e9 al Ciclope con estas mordaces palabras:<\/p>\n<p>475<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ciclope! No deb\u00edas emplear tu gran fuerza para comerte en la honda gruta a los amigos de un var\u00f3n indefenso. Las consecuencias de tus malas acciones hab\u00edan de alcanzarte, oh cruel, ya que no temiste devorar a tus hu\u00e9spedes en tu misma morada; por eso Zeus y los dem\u00e1s dioses te han castigado.<\/p>\n<p>480<\/p>\n<p>As\u00ed le dije; y \u00e9l, air\u00e1ndose m\u00e1s en su coraz\u00f3n, arranc\u00f3 la cumbre de una gran monta\u00f1a, arroj\u00f3la delante de nuestra embarcaci\u00f3n de azulada proa, y poco falt\u00f3 para que no diese en la extremidad del gobernalle. Agit\u00f3se el mar por la ca\u00edda del pe\u00f1asco y las olas, al refluir desde el ponto, empujaron la nave hacia el continente y la llevaron a tierra firme. Pero yo, asiendo con ambas manos un largu\u00edsimo botador, ech\u00e9la al mar y orden\u00e9 a mis compa\u00f1eros, haci\u00e9ndoles con la cabeza silenciosa se\u00f1al, que apretaran con los remos a fin de librarnos de aquel peligro. Encorv\u00e1ronse todos y empezaron a remar. Mas, al hallarnos dentro del mar, a una distancia doble de la de antes, habl\u00e9 al Ciclope, a pesar de que mis compa\u00f1eros me rodeaban y pretend\u00edan disuadirme con suaves palabras unos por un lado y otros por el opuesto:<\/p>\n<p>494<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Desgraciado! \u00bfPor qu\u00e9 quieres irritar a ese hombre feroz que con lo que tir\u00f3 al ponto hizo volver la nave a tierra firme donde cre\u00edamos encontrar la muerte? Si oyera que alguien da voces o habla, nos aplastar\u00eda la cabeza y el maderamen del barco, arroj\u00e1ndonos \u00e1spero pe\u00f1\u00f3n. \u00a1Tan lejos llegan sus tiros!<\/p>\n<p>500<\/p>\n<p>As\u00ed se expresaban. Mas no lograron quebrantar la firmeza de mi coraz\u00f3n magn\u00e1nimo; y, con el coraz\u00f3n irritado, le habl\u00e9 otra vez con estas palabras:<\/p>\n<p>502<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ciclope! Si alguno de los mortales hombres te pregunta la causa de tu vergonzosa ceguera, dile que quien te priv\u00f3 del ojo fue Odiseo, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Itaca.<\/p>\n<p>506<\/p>\n<p>As\u00ed dije: y \u00e9l, dando un suspiro, respondi\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00a1Oh dioses! Cumpli\u00e9ronse los antiguos pron\u00f3sticos. Hubo aqu\u00ed un adivino excelente y grande, Tel\u00e9maco Aur\u00edmida, el cual descollaba en el arte adivinatoria y lleg\u00f3 a la senectud profetizando entre los ciclopes; \u00e9ste, pues, me vaticin\u00f3 lo que hoy sucede: que ser\u00eda privado de la vista por mano de Odiseo. Mas esperaba yo que llegase un var\u00f3n de gran estatura, gallardo, de mucha fuerza; y es un hombre peque\u00f1o, despreciable y menguado quien me ceg\u00f3 el ojo, subyug\u00e1ndome con el vino. Pero, ea, vuelve, Odiseo, para que te ofrezca los dones de la hospitalidad y exhorte al \u00ednclito dios que bate la tierra, a que te conduzca a la patria; que soy su hijo y \u00e9l se gloria de ser mi padre. Y ser\u00e1 \u00e9l, si te place, quien me curar\u00e1 y no otro alguno de los bienaventurados dioses ni de los mortales hombres.<\/p>\n<p>522<\/p>\n<p>Habl\u00f3, pues, de esta suerte; y le contest\u00e9 diciendo:<\/p>\n<p>523<\/p>\n<p>\u2014\u00a1As\u00ed pudiera quitarte el alma y la vida, y enviarte a la morada de Hades, como ni el mismo dios que sacude la tierra te curar\u00e1 el ojo!<\/p>\n<p>526<\/p>\n<p>As\u00ed dije. Y el Ciclope or\u00f3 en seguida al soberano Poseid\u00f3n alzando las manos al estrellado cielo:<\/p>\n<p>528<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oyeme, Poseid\u00f3n que ci\u00f1es la tierra, dios de cer\u00falea cabellera! Si en verdad soy tuyo y t\u00fa te glorias de ser mi padre, conc\u00e9deme que Odiseo, asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Itaca, no vuelva nunca a su palacio. Mas si le est\u00e1 destinado que ha de ver a los suyos y volver a su bien construida casa y a su patria, sea tarde y mal, en nave ajena, despu\u00e9s de perder todos los compa\u00f1eros, y se encuentre con nuevas cuitas en su morada!<\/p>\n<p>536<\/p>\n<p>As\u00ed dijo rogando, y le oy\u00f3 el dios de cer\u00falea cabellera. Acto seguido tom\u00f3 el Ciclope un pe\u00f1asco mucho mayor que el de antes, lo despidi\u00f3, haciendo voltear con fuerza inmensa, arroj\u00f3se detr\u00e1s de nuestro bajel de azulada proa, y poco falt\u00f3 para que no diese en la extremidad del gobernalle. Agit\u00f3se el mar por la ca\u00edda del pe\u00f1asco, y las olas, empujando la embarcaci\u00f3n hacia adelante, hici\u00e9ronla llegar a tierra firme.<\/p>\n<p>543<\/p>\n<p>As\u00ed que arribamos a la isla donde estaban juntos los restantes nav\u00edos, de muchos bancos, y en su contorno los compa\u00f1eros que nos aguardaban llorando, saltamos a la orilla del mar y sacamos la nave a la arena. Y, tomando de la c\u00f3ncava embarcaci\u00f3n las reses del Ciclope, nos las repartimos de modo que ninguno se quedara sin su parte. En esta partici\u00f3n que se hizo del ganado, mis compa\u00f1eros, de hermosas grebas, asign\u00e1ronme el carnero, adem\u00e1s de lo que me correspond\u00eda; y yo lo sacrifiqu\u00e9 en la playa a Zeus Cronida, que amontona las nubes y sobre todos reina, quemando en su obsequio ambos muslos. Pero el dios, sin hacer caso del sacrificio, meditaba como podr\u00edan llegar a perderse todas mis naves de muchos bancos con los fieles compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>556<\/p>\n<p>Y ya todo el d\u00eda, hasta la puesta del sol, estuvimos sentados, comiendo carne en abundancia y bebiendo dulce vino. Cuando el sol se puso y sobrevino la obscuridad, nos acostamos en la orilla del mar.<\/p>\n<p>560<\/p>\n<p>Pero, apenas se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, orden\u00e9 a mis compa\u00f1eros que subieran a la nave y desataran las amarras. Embarc\u00e1ronse prestamente y, sent\u00e1ndose por orden en los bancos, tornaron a batir con los remos el espumoso mar.<\/p>\n<p>565<\/p>\n<p>Desde all\u00ed seguimos adelante, con el coraz\u00f3n triste, escapando gustosos de la muerte, aunque perdimos algunos compa\u00f1eros<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO IX 1 Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo: \u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s esclarecido de todos los ciudadanos! En verdad que es linda cosa o\u00edr a un aedo como este, cuya voz se asemeja a la de un numen. No creo que haya cosa tan agradable como ver que la alegr\u00eda reina\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1069,1016,1012,1031,1015,1289,1143,1142,1144,1288,1051,1063,1033,1020],"class_list":["post-907","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-enfermedad","tag-flor","tag-homero","tag-justicia","tag-ley","tag-leyes","tag-odisea","tag-planta","tag-transporte","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-ix-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-ix-homero\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Blog Cultureduca educativa\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2010-11-26T22:22:36+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1200\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"120\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Admin\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Admin\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"30 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Admin\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\"},\"headline\":\"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero]\",\"datePublished\":\"2010-11-26T22:22:36+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/\"},\"wordCount\":6078,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"keywords\":[\"animal\",\"arte\",\"ave\",\"enfermedad\",\"flor\",\"Homero\",\"justicia\",\"ley\",\"leyes\",\"Odisea\",\"planta\",\"transporte\",\"vino\",\"violencia\"],\"articleSection\":[\"Literatura \\\/ Po\u00e9tica\",\"Textos literarios\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/\",\"name\":\"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2010-11-26T22:22:36+00:00\",\"description\":\"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero]\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"name\":\"Blog Cultureduca\",\"description\":\"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\"},\"alternateName\":\"Blog Cultura educativa\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#organization\",\"name\":\"ASOCAE\",\"alternateName\":\"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/wp-content\\\/uploads\\\/cultureduca_ico_cab.png\",\"width\":22,\"height\":24,\"caption\":\"ASOCAE\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/groups\\\/cultureduca\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/Cultureduca\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200\",\"name\":\"Admin\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g\",\"caption\":\"Admin\"},\"url\":\"https:\\\/\\\/natureduca.com\\\/culturblog\\\/author\\\/jefe\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","description":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-ix-homero\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","og_description":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","og_url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/\u201cla-odisea\u201d-ix-homero\/","og_site_name":"Blog Cultureduca educativa","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","article_published_time":"2010-11-26T22:22:36+00:00","og_image":[{"width":1200,"height":120,"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cropped-cabecera-culturblog.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Admin","twitter_misc":{"Escrito por":"Admin","Tiempo de lectura":"30 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/"},"author":{"name":"Admin","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200"},"headline":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero]","datePublished":"2010-11-26T22:22:36+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/"},"wordCount":6078,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"keywords":["animal","arte","ave","enfermedad","flor","Homero","justicia","ley","leyes","Odisea","planta","transporte","vino","violencia"],"articleSection":["Literatura \/ Po\u00e9tica","Textos literarios"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/","name":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa","isPartOf":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website"},"datePublished":"2010-11-26T22:22:36+00:00","description":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero] - Blog Cultureduca educativa -","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-ix-homero\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cLa Odisea\u201d (IX) [Homero]"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#website","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","name":"Blog Cultureduca","description":"Blog educativo de las Letras y las Artes Pl\u00e1sticas y Est\u00e9ticas","publisher":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization"},"alternateName":"Blog Cultura educativa","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#organization","name":"ASOCAE","alternateName":"Asociaci\u00f3n para la Cultura, el Arte y la Educaci\u00f3n","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","contentUrl":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-content\/uploads\/cultureduca_ico_cab.png","width":22,"height":24,"caption":"ASOCAE"},"image":{"@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/groups\/cultureduca\/","https:\/\/x.com\/Cultureduca"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/#\/schema\/person\/2ede2c4f1845fa2eef27442aa5aa7200","name":"Admin","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/808463f89cd51ccc00a865855b3a170f21d55c755eeccab37eef1fb553f48899?s=96&d=monsterid&r=g","caption":"Admin"},"url":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"}]}},"featured_image_src":null,"featured_image_src_square":null,"author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_featured_image_src":{"full":false,"thumbnail":false,"medium":false,"medium_large":false,"large":false,"1536x1536":false,"2048x2048":false,"custom":false,"gb-block-post-grid-landscape":false,"gb-block-post-grid-square":false,"post-thumbnail":false,"header":false,"slider":false,"columns":false},"uagb_author_info":{"display_name":"Admin","author_link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/author\/jefe\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"CANTO IX 1 Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo: \u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s esclarecido de todos los ciudadanos! En verdad que es linda cosa o\u00edr a un aedo como este, cuya voz se asemeja a la de un numen. No creo que haya cosa tan agradable como ver que la alegr\u00eda reina\u2026 Seguir leyendo...","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/907","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/75"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=907"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/907\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=907"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=907"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=907"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}