{"id":906,"date":"2010-11-27T00:21:42","date_gmt":"2010-11-26T22:21:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=906"},"modified":"2010-11-27T00:21:42","modified_gmt":"2010-11-26T22:21:42","slug":"%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-viii-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/%e2%80%9cla-odisea%e2%80%9d-viii-homero\/","title":{"rendered":"\u201cLa Odisea\u201d (VIII) [Homero]"},"content":{"rendered":"<h3>CANTO VIII<\/h3>\n<p>1<\/p>\n<p>No bien se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, levant\u00e1ronse de la cama la sacra potestad de Alc\u00ednoo y Odiseo, del linaje de Zeus, asolador de ciudades. La sacra potestad de Alc\u00ednoo se puso al frente de los dem\u00e1s, y juntos se encaminaron al \u00e1gora que los feacios hab\u00edan construido cerca de las naves. Tan luego como llegaron, sent\u00e1ronse en unas piedras pulidas, los unos al lado de los otros; mientras Palas Atenea, transfigurada en heraldo del prudente Alc\u00ednoo, recorr\u00eda la ciudad y pensaba en la vuelta del magn\u00e1nimo Odiseo a su patria. Y la diosa, alleg\u00e1ndose a cada var\u00f3n, dec\u00edales estas palabras:<\/p>\n<p>11<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ea, caudillo, y pr\u00edncipes de los feacios! Id al \u00e1gora para que oig\u00e1is hablar del forastero que no ha mucho lleg\u00f3 a la casa del prudente Alc\u00ednoo, despu\u00e9s de andar errante por el ponto, y es un var\u00f3n que se asemeja por su cuerpo a los inmortales.<\/p>\n<p>15<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, mov\u00edales el coraz\u00f3n y el \u00e1nimo. El \u00e1gora y los asientos llen\u00e1ronse bien presto de varones que se iban juntando, y eran en gran n\u00famero los que contemplaban con admiraci\u00f3n al prudente hijo de Laertes, pues Atenea esparci\u00f3 mil gracias por la cabeza y los hombros de Odiseo e hizo que pareciese m\u00e1s alto y m\u00e1s grueso para que a todos los feacios les fuera grato, temible y venerable, y llevara a t\u00e9rmino los muchos juegos con que \u00e9stos hab\u00edan de probarlo. Y no bien acudieron los ciudadanos, una vez reunidos todos, Alc\u00ednoo les areng\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>26<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme, caudillos y pr\u00edncipes de los feacios, y os dir\u00e9 lo que en el pecho mi coraz\u00f3n me dicta! Este forastero, que no s\u00e9 qui\u00e9n es, lleg\u00f3 errante a mi palacio -ya venga de los hombres de Oriente ya de los de Occidente- y nos suplica con mucha insistencia que tomemos la firme resoluci\u00f3n de acompa\u00f1arlo a su patria. Apresur\u00e9monos, pues, a conducirle, como anteriormente lo hicimos con tantos otros; ya que ninguno de los que vinieron a mi casa hubo de estar largo tiempo suspirando por la vuelta.<\/p>\n<p>34<\/p>\n<p>Ea, pues, echemos al mar divino una negra nave sin estrenar y esc\u00f3janse de entre el pueblo los cincuenta y dos mancebos que hasta aqu\u00ed hayan sido los m\u00e1s excelentes. Y, atando bien los remos a los bancos, salgan de la embarcaci\u00f3n y aparejen en seguida un convite en mi palacio; que a todos lo he de dar muy abundante. Esto mando a los j\u00f3venes; pero vosotros, reyes portadores de cetro, venid a mi hermosa mansi\u00f3n para que festejemos en la sala a nuestro hu\u00e9sped. Nadie se me niegue. Y llamad a Dem\u00f3doco, el divino aedo a quien los n\u00famenes otorgaron gran maestr\u00eda en el canto para deleitar a los hombres, siempre que a cantar le incita su \u00e1nimo.<\/p>\n<p>\u00a046<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, comenz\u00f3 a caminar: sigui\u00e9ronle los reyes, portadores de cetro, y el heraldo fue a llamar al divinal aedo. Los cincuenta y dos j\u00f3venes elegidos, cumpliendo la orden del rey, enderezaron a la ribera del est\u00e9ril mar; y, en llegando a donde estaba la negra embarcaci\u00f3n, ech\u00e1ronla al mar profundo, pusieron el m\u00e1stil y el velamen, y ataron los remos con correas, haci\u00e9ndolo todo de conveniente manera. Extendieron despu\u00e9s las blancas velas, anclaron la nave donde el agua era profunda, y acto continuo se fueron a la gran casa del prudente Alc\u00ednoo. Llen\u00e1ronse los p\u00f3rticos, el recinto de los patios y las salas con los hombres que all\u00ed se congregaron; pues eran muchos, entre j\u00f3venes y ancianos. Para ellos inmol\u00f3 Alc\u00ednoo doce ovejas, ocho puercos de albos dientes y dos flex\u00edpedes bueyes: todos fueron desollados y preparados, y aparej\u00f3se una agradable comida.<\/p>\n<p>62<\/p>\n<p>Present\u00f3se el heraldo con el amable aedo a quien la Musa quer\u00eda extremadamente y le hab\u00eda dado un bien y un mal: priv\u00f3le de la vista, pero le concedi\u00f3 el dulce canto. Pont\u00f3noo le puso en medio de los convidados una silla de clavaz\u00f3n de plata, arrim\u00e1ndola a excelsa columna; y el heraldo le colg\u00f3 de un clavo la melodiosa c\u00edtara m\u00e1s arriba de la cabeza, ense\u00f1\u00f3le a tomarla con las manos y le acerc\u00f3 un canastillo, una linda mesa y una copa de vino para que bebiese siempre que su \u00e1nimo se lo aconsejara. Todos echaron mano a las viandas que ten\u00edan delante.<\/p>\n<p>71<\/p>\n<p>Y apenas saciado el deseo de comer y de beber, la Musa excit\u00f3 al aedo a que celebrase la gloria de los guerreros con un cantar cuya fama llegaba entonces al anchuroso cielo: la disputa de Odiseo y del Pelida Aquileo, quienes en el suntuoso banquete en honor de los dioses contendieron con horribles palabras, mientras el rey de los hombres Agamemn\u00f3n se regocijaba en su \u00e1nimo al ver que re\u00f1\u00edan los mejores de los aqueos; pues Febo Apolo se lo hab\u00eda pronosticado en la divina Pito, cuando el h\u00e9roe pas\u00f3 el umbral de piedra y fue a consultarle, dici\u00e9ndole que desde aquel punto comenzar\u00eda a desarrollarse la calamidad entre teucros y d\u00e1naos por la decisi\u00f3n del gran Zeus.<\/p>\n<p>83<\/p>\n<p>Tal era lo que cantaba el \u00ednclito aedo. Odiseo tom\u00f3 con sus robustas manos el gran manto de color de p\u00farpura y se lo ech\u00f3 por encima de la cabeza, cubriendo su faz hermosa, pues d\u00e1bale verg\u00fcenza que brotaran l\u00e1grimas de sus ojos delante de los feacios; y as\u00ed que el divinal aedo dej\u00f3 de cantar, enjug\u00f3se las l\u00e1grimas, se quit\u00f3 el manto de la cabeza y, asiendo una copa doble, hizo libaciones a las deidades. Pero, cuando aquel volvi\u00f3 a comenzar -habi\u00e9ndole pedido los m\u00e1s nobles feacios que cantase, porque se deleitaban con sus relatos- Odiseo se cubri\u00f3 nuevamente la cabeza y torn\u00f3 a llorar. A todos les pas\u00f3 inadvertido que derramara l\u00e1grimas menos a Alc\u00ednoo; el cual, sentado junto a \u00e9l, lo repar\u00f3 y not\u00f3, oyendo asimismo que suspiraba profundamente. Y entonces dijo el rey a los feacios, amantes de manejar los remos:<\/p>\n<p>97<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme, caudillos y pr\u00edncipes de los feacios! Como ya hemos gozado del com\u00fan banquete y de la c\u00edtara, que es la compa\u00f1era del fest\u00edn espl\u00e9ndido, salgamos a probar toda clase de juegos; para que el hu\u00e9sped participe a sus amigos, despu\u00e9s que se haya restituido a la patria, cu\u00e1nto superamos a los dem\u00e1s hombres en el pugilato, lucha, salto y carrera.<\/p>\n<p>104<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, comenz\u00f3 a caminar, y los dem\u00e1s lo siguieron. El heraldo colg\u00f3 del clavo la melodiosa c\u00edtara y, asiendo de la mano a Dem\u00f3doco, lo sac\u00f3 de la casa y lo fue guiando por el mismo camino por donde iban los nobles feacios a admirar los juegos. Encamin\u00e1ronse todos al \u00e1gora, seguidos de una turba numerosa, inmensa; y all\u00ed se pusieron en pie muchos y vigorosos j\u00f3venes. Levant\u00e1ronse Acr\u00f3neo, Oc\u00edalo, Elatreo, Nauteo, Primneo, Anqu\u00edalo, Eretmeo, Ponteo, Proreo, To\u00f3n, Anabes\u00edneo y Anf\u00edalo, hijo de Pol\u00edneo Tect\u00f3nida; levant\u00f3se tambi\u00e9n Eur\u00edalo, igual a Ares, funesto a los mortales, y Naub\u00f3lides, el m\u00e1s excelente en cuerpo y hermosura de todos los feacios despu\u00e9s del intachable Laodamante; y alz\u00e1ronse, por fin, los tres hijos del egregio Alc\u00ednoo: Laodamante, Halio y Clitoneo, parecido a un dios. Empezaron a competir en la carrera.<\/p>\n<p>120<\/p>\n<p>Partieron simult\u00e1neamente de la raya, y volaban ligeros y levantando polvo por la llanura. Entre ellos descollaba mucho en el correr el eximio Clitoneo, y cuan largo es el surco que abren dos mulas en campo noval, tanto se adelant\u00f3 a los dem\u00e1s, que le segu\u00edan rezagados. Salieron a desafi\u00f3 otros en la fatigosa lucha, y Eur\u00edalo venci\u00f3 a cuantos en ella sobresal\u00edan. En el salto fue Anf\u00edalo superior a los dem\u00e1s; en arrojar el disco se\u00f1al\u00f3se Elatreo sobre todos; y en el pugilato, Laodamante, el buen hijo de Alc\u00ednoo. Y cuando todos hubieron recreado su \u00e1nimo con los juegos, Laodamante, hijo de Alc\u00ednoo, habl\u00f3les de esta suerte:<\/p>\n<p>133<\/p>\n<p>\u2014Venid, amigos, y preguntemos al hu\u00e9sped si conoce o ha aprendido alg\u00fan juego. Que no tiene mala presencia, a juzgar por su naturaleza, por sus muslos, piernas y brazos, por su robusta cerviz y por su gran vigor, ni le ha desamparado todav\u00eda la juventud; aunque est\u00e1 quebrantado por muchos males, pues no creo que haya cosa alguna que pueda compararse con el mar para abatir a un hombre por fuerte que sea.<\/p>\n<p>140<\/p>\n<p>Eur\u00edalo le contest\u00f3 en seguida:<br \/>\n\u2014\u00a1Laodamante! Muy oportunas son tus razones. Ve t\u00fa mismo y prov\u00f3cale repiti\u00e9ndoselas.<\/p>\n<p>143<\/p>\n<p>Apenas lo oy\u00f3, adelant\u00f3se el buen hijo de Alc\u00ednoo, p\u00fasose en medio de todos y dijo a Odiseo:<\/p>\n<p>145<\/p>\n<p>\u2014Ea, padre hu\u00e9sped, ven t\u00fa tambi\u00e9n a probar la mano en los juegos, si aprendiste alguno; y debes de conocerlos, que no hay gloria m\u00e1s ilustre para el var\u00f3n en esta vida, que la de campear por las obras de sus pies o de sus manos. Ea pues, ven a ejercitarte y echa del alma las penas, pues tu viaje no se diferir\u00e1 mucho: ya la nave ha sido botada y los que te han de acompa\u00f1ar est\u00e1n prestos.<\/p>\n<p>152<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1Laodamante! \u00bfPor qu\u00e9 me orden\u00e1is tales cosas para hacerme burla? M\u00e1s que en los juegos oc\u00fapase mi alma en sus penas, que son much\u00edsimas las que he padecido y arrostrado. Y ahora, anhelando volver a la patria, me siento en vuestra \u00e1gora, para suplicar al rey y a todo el pueblo.<\/p>\n<p>158<\/p>\n<p>Mas Eur\u00edalo le contest\u00f3, ech\u00e1ndole en cara este bald\u00f3n:<br \/>\n\u2014\u00a1Hu\u00e9sped! No creo, en verdad, que seas var\u00f3n instruido en los muchos juegos que se usan entre los hombres; antes pareces capit\u00e1n de marineros traficantes, sepultado asiduamente en la nave de muchos bancos para cuidar de la carga y vigilar las mercanc\u00edas y el lucro debido a las rapi\u00f1as. No, no tienes traza de atleta.<\/p>\n<p>165<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndole con torva faz, le repuso el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u00a1Hu\u00e9sped! Mal hablaste y me pareces un insensato. Los dioses no han repartido de igual modo a todos los hombres sus amables presentes: hermosura, ingenio y elocuencia. Hombre hay que, inferior por su aspecto, recibe de una deidad el adorno de la facundia y ya todos se complacen en mirarlo, cuando los arenga con firme voz y suave modestia, y le contemplan como a un numen si por la ciudad anda; mientras que, por el contrario, otro se parece a los inmortales por su exterior y no tiene donaire alguno en sus dichos. As\u00ed tu aspecto es distinguido y un dios no te habr\u00eda configurado de otra suerte; mas tu inteligencia es ruda. Me has movido el \u00e1nimo en el pecho con decirme cosas inconvenientes. No soy ignorante en los juegos, como tu afirmas, antes pienso que me pod\u00edan contar entre los primeros mientras tuve confianza en mi juventud y en mis manos. Ahora me hallo agobiado por la desgracia y las fatigas, pues he tenido que sufrir mucho, ya combatiendo con los hombres, ya surcando las temibles olas. Pero aun as\u00ed, siquiera haya padecido gran copia de males, probar\u00e9 la mano en los juegos: tus palabras fueron mordaces y me incitaste al proferirlas.<\/p>\n<div>186<\/div>\n<p>Dijo; y, levant\u00e1ndose impetuosamente sin dejar el manto, tom\u00f3 un disco mayor, m\u00e1s grueso y mucho m\u00e1s pesado que el que sol\u00edan tirar los feacios. H\u00edzole dar algunas vueltas, despidi\u00f3lo del robusto brazo, y la piedra parti\u00f3 silbando y con tal \u00edmpetu que los feacios, ilustres navegantes que usan largos remos se inclinaron al suelo. El disco, corriendo veloz desde que lo solt\u00f3 la mano, pas\u00f3 las se\u00f1ales de todos los tiros. Y Atenea, transfigurada en var\u00f3n, puso la conveniente se\u00f1al y as\u00ed les dijo:<\/p>\n<p>195<\/p>\n<p>\u2014Hasta un ciego, oh hu\u00e9sped, distinguir\u00eda a tientas la se\u00f1al de tu golpe, porque no est\u00e1 mezclada con la multitud de las otras, sino mucho m\u00e1s all\u00e1. En ese juego puedes estar tranquilo que ninguno de los feacios llegar\u00e1 a tu golpe y mucho menos lograr\u00e1 pasarlo.<\/p>\n<p>199<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Regocij\u00f3se el paciente divinal Odiseo, holg\u00e1ndose de haber dado, dentro del circo, con un compa\u00f1ero ben\u00e9volo. Y entonces dijo a los feacios, con voz ya mas suave:<\/p>\n<p>202<\/p>\n<p>\u2014Llegad a esta se\u00f1al, oh j\u00f3venes, y espero que pronto enviar\u00e9 otro disco o tan lejos o m\u00e1s aun. Y en los restantes juegos, aquel a quien le impulse el coraz\u00f3n y el \u00e1nimo a probarse conmigo, venga ac\u00e1 -ya que me hab\u00e9is encolerizado fuertemente-, pues en el pugilato, la lucha o la carrera, a nadie rehuso de entre todos los feacios a excepci\u00f3n del mismo Laodamante, que es mi hu\u00e9sped: \u00bfquien luchar\u00eda con el que le acoge amistosamente? Insensato y miserable es el que provoca en los juegos al que le ha recibido como hu\u00e9sped en tierra extra\u00f1a, pues con ello a s\u00ed mismo se perjudica.<\/p>\n<p>212<\/p>\n<p>De los dem\u00e1s a ninguno rechazo ni desprecio, sino que mi \u00e1nimo es conocerlos y probarme con todos frente a frente; pues no soy completamente inepto para cuantos juegos se hallan en uso entre los hombres. S\u00e9 manejar bien el pulido arco, y ser\u00eda quien primero hiriese a un hombre, si lo disparara contra una turba de enemigos, aunque gran n\u00famero de compa\u00f1eros estuviesen a mi lado, tir\u00e1ndoles flechas. El \u00fanico que lograba vencerme, cuando los aqueos nos serv\u00edamos del arco all\u00e1 en el pueblo de los troyanos, era Filoctetes; mas yo os aseguro que les llevo gran ventaja a todos los dem\u00e1s, a cuantos mortales viven actualmente y comen pan en el mundo, pues no me atreviera a competir con los antiguos varones -ni con Heracles, ni con Eurito ecaliense- que hasta con los inmortales contend\u00edan con el arco. Por ello muri\u00f3 el gran Eurito en edad temprana y no pudo llegar a viejo en su palacio: lo mat\u00f3 Apolo, irritado de que le desafiase a tirar con el arco. Tan s\u00f3lo en el correr temer\u00eda que alguno de los feacios me superara, pues me quebrantaron de deplorable manera much\u00edsimas olas, no siempre tuve provisiones en la nave, y mis miembros est\u00e1n desfallecidos.<\/p>\n<p>234<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Todos enmudecieron y quedaron silenciosos. Y solamente Alc\u00ednoo le contest\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0236<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hu\u00e9sped! No nos desplacieron tus palabras, ya que con ellas te propusiste mostrar el valor que tienes, enojado de que ese hombre te increpase dentro del circo, siendo as\u00ed que ning\u00fan mortal que pensara razonablemente pondr\u00eda tacha a tu bravura. Mas ahora, presta atenci\u00f3n a mis palabras, para que, cuando est\u00e9s en tu casa y comiendo con tu esposa y tus hijos te acuerdes de nuestra destreza, puedas referir a alg\u00fan otro h\u00e9roe que obras nos asign\u00f3 Zeus desde nuestros antepasados. No somos irreprensibles p\u00fagiles ni luchadores, sino muy ligeros en el correr y excelentes en gobernar las naves; y siempre nos placen los convites, la c\u00edtara, los bailes, las vestiduras limpias, los ba\u00f1os calientes y la cama.<\/p>\n<p>250<\/p>\n<p>Pero, ea danzadores feacios, salid los m\u00e1s h\u00e1biles a bailar; para que el hu\u00e9sped diga a sus amigos, al volver a su morada, cu\u00e1nto sobrepujamos a los dem\u00e1s hombres en la navegaci\u00f3n, la carrera, el baile y el canto. Y vaya alguno en busca de la c\u00edtara, que qued\u00f3 en nuestro palacio, y tr\u00e1igala presto a Dem\u00f3doco.<\/p>\n<p>256<\/p>\n<p>As\u00ed dijo el deiforme Alc\u00ednoo. Levant\u00f3se el heraldo y fue a traer del palacio del rey la hueca c\u00edtara. Alz\u00e1ronse tambi\u00e9n nueve jueces, que hab\u00edan sido elegidos entre los ciudadanos y cuidaban de todo lo relativo a los juegos; y al instante allanaron el piso y formaron un ancho y hermoso corro. Volvi\u00f3 el heraldo y trajo la melodiosa c\u00edtara a Dem\u00f3doco; \u00e9ste se puso en medio, y los adolescentes h\u00e1biles en la danza, habi\u00e9ndose colocado a su alrededor, hirieron con los pies el divinal circo. Y Odiseo contemplaba con gran admiraci\u00f3n los r\u00e1pidos y deslumbradores movimientos que con los pies hac\u00edan.<\/p>\n<p>266<\/p>\n<p>Mas el aedo, pulsando la c\u00edtara, empez\u00f3 a cantar hermosamente los amores de Ares y Afrodita, la de bella corona: c\u00f3mo se unieron a hurto y por vez primera en casa de Hefesto, y c\u00f3mo aquel hizo muchos regalos e infam\u00f3 el lecho marital del soberano dios. Helios, que vio el amoroso acceso, fue en seguida a cont\u00e1rselo a Hefesto; y \u00e9ste, al o\u00edr la punzante nueva, se encamin\u00f3 a su fragua, agitando en lo \u00edntimo de su alma ardides siniestros, puso encima del tajo el enorme yunque, y fabric\u00f3 unos hilos inquebrantables para que permanecieran firmes donde los dejara. Despu\u00e9s que, pose\u00eddo de c\u00f3lera contra Ares, construy\u00f3 esta trampa, fuese a la habitaci\u00f3n en que ten\u00eda el lecho y extendi\u00f3 los hilos en c\u00edrculo y por todas partes alrededor de los pies de la cama y colgando de las vigas; como tenues hilos de ara\u00f1a que nadie hubiese podido ver, aunque fuera alguno de los bienaventurados dioses, por haberlos labrado aqu\u00e9l con gran artificio. Y no bien acab\u00f3 de sujetar la trampa en torno de la cama, fingi\u00f3 que se encaminaba a Lemnos, ciudad bien construida, que es para \u00e9l la m\u00e1s agradable de todas las tierras. No en balde estaba al acecho Ares, que usa \u00e1ureas riendas; y cuando vio que Hefesto, el ilustre art\u00edfice, se alejaba, fuese al palacio de este \u00ednclito dios, \u00e1vido del amor de Citerea, la de hermosa corona. Afrodita, reci\u00e9n venida de junto a su padre, el prepotente Croni\u00f3n, se hallaba sentada; y Ares, entrando en la casa, tom\u00f3la de la mano y as\u00ed le dijo:<\/p>\n<p>292<\/p>\n<p>\u00abVen al lecho, amada m\u00eda, y acost\u00e9monos; que ya Hefesto no est\u00e1 entre nosotros, pues parti\u00f3 sin duda hacia Lemnos y los sinties de b\u00e1rbaro lenguaje\u00bb<\/p>\n<p>295<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y a ella pareci\u00f3le grato acostarse. Meti\u00e9ronse ambos en la cama, y se extendieron a su alrededor los lazos artificiosos del prudente Hefesto, de tal suerte que aqu\u00e9llos no pod\u00edan mover ni levantar ninguno de sus miembros; y entonces comprendieron que no hab\u00eda medio de escapar. No tard\u00f3 en present\u00e1rseles el \u00ednclito Cojo de ambos pies, que se volvi\u00f3 antes de llegar a la tierra de Lemnos, porque Helios estaba en acecho y fue a avisarle. Encamin\u00f3se a su casa con el coraz\u00f3n triste, det\u00favose en el umbral y, pose\u00eddo de feroz c\u00f3lera, grit\u00f3 de un modo tan horrible que le oyeron todos los dioses:<\/p>\n<p>306<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Venid a presenciar estas cosas rid\u00edculas e intolerables: Afrodita, hija de Zeus, me infama de continuo, a mi, que soy cojo, queriendo al pernicioso Ares porque es gallardo y tiene los pies sanos, mientras que yo nac\u00ed d\u00e9bil; mas de ello nadie tiene la culpa sino mis padres, que no debieron haberme engendrado. Ver\u00e9is c\u00f3mo se han acostado, en mi lecho y duermen, amorosamente unidos, y yo me angustio al contemplarlo. Mas no espero que les dure el yacer de este modo, ni siquiera breves instantes, aunque mucho se amen: pronto querr\u00e1n entrambos no dormir, pero los enga\u00f1osos lazos los sujetar\u00e1n hasta que el padre me restituya \u00edntegra la dote que le entregu\u00e9 por su hija desvergonzada. Que \u00e9sta es hermosa, pero no sabe contenerse.\u00bb As\u00ed dijo; y los dioses se juntaron en la morada de pavimento de bronce. Compareci\u00f3 Poseid\u00f3n, que ci\u00f1e la tierra; present\u00f3se tambi\u00e9n el ben\u00e9fico Hermes; lleg\u00f3 asimismo el soberano Apolo, que hiere de lejos. Las diosas qued\u00e1ronse, por pudor, cada una en su casa. Detuvi\u00e9ronse los dioses, dadores de los bienes, en el umbral; y una risa inextinguible se alz\u00f3 entre los bienaventurados n\u00famenes al ver el artificio del ingenioso Hefesto. Y uno de ellos dijo al que ten\u00eda m\u00e1s cerca:<\/p>\n<p>329<\/p>\n<p>\u00abNo prosperan las malas acciones y el m\u00e1s tardo alcanza al m\u00e1s \u00e1gil; como ahora Hefesto, que es cojo y lento, aprision\u00f3 con su artificio a Ares, el m\u00e1s veloz de los dioses que poseen el Olimpo; quien tendr\u00e1 que pagarle la multa del adulterio.\u00bb<\/p>\n<p>333<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. Mas el soberano Apolo, hijo de Zeus, habl\u00f3 a Hermes de esta manera:<\/p>\n<p>335<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Hermes, hijo de Zeus, mensajero, dador de bienes! \u00bfQuerr\u00edas, preso en fuertes v\u00ednculos, dormir en la cama con la \u00e1urea Afrodita?\u00bb<\/p>\n<p>338<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el mensajero Argifontes:<br \/>\n\u00ab\u00a1Ojal\u00e1 sucediera lo que has dicho, oh soberano Apolo, que hieres de lejos! \u00a1Envolvi\u00e9ranme triple n\u00famero de inextricables v\u00ednculos, y vosotros los dioses y aun las diosas todas me estuvierais mirando, con tal que yo durmiese con la \u00e1urea Afrodita!\u00bb<\/p>\n<p>343<\/p>\n<p>As\u00ed se expreso; y alz\u00f3se nueva risa entre los inmortales dioses. Pero Poseid\u00f3n no se re\u00eda, sino que suplicaba continuamente a Hefesto, el ilustre art\u00edfice, que pusiera en libertad a Ares. Y, habl\u00e1ndole, estas aladas palabras le dec\u00eda:<\/p>\n<p>347<\/p>\n<p>\u00abDes\u00e1tale, que yo te prometo que pagar\u00e1, como lo mandas, cuanto sea justo entre los inmortales dioses.\u00bb+<\/p>\n<p>349<\/p>\n<p>Replic\u00f3le entonces el \u00ednclito Cojo de ambos pies:<br \/>\n\u00abNo me ordenes semejante cosa, oh Poseid\u00f3n que ci\u00f1es la tierra, pues son malas las cauciones que por los malos se prestan \u00bfC\u00f3mo te podr\u00eda apremiar yo ante los inmortales dioses, si Ares se fuera suelto y, libre ya de los v\u00ednculos, rehusara satisfacer la deuda?\u00bb<\/p>\n<p>354<\/p>\n<p>Contest\u00f3 Poseid\u00f3n, que sacude la tierra:<br \/>\n\u00abSi Ares huyere, rehusando satisfacer la deuda, yo mismo te lo pagar\u00e9 todo.\u00bb<\/p>\n<p>357<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el \u00ednclito Cojo de ambos pies:<br \/>\n\u00abNo es posible, ni ser\u00eda conveniente negarte lo que pides.\u00bb<\/p>\n<p>359<\/p>\n<p>Dicho esto, la fuerza de Hefesto les quit\u00f3 los lazos. Ellos al verse libres de los mismos, que tan recios eran, se levantaron sin tardanza y fu\u00e9ronse \u00e9l a Tracia y la risue\u00f1a Afrodita a Chipre y Pafos, donde tiene un bosque y un perfumado altar. All\u00ed las C\u00e1rites la lavaron, la ungieron con el aceite divino que hermosea a los sempiternos dioses y le pusieron lindas vestiduras que dejaban admirado a quien las contemplaba.<\/p>\n<p>367<\/p>\n<p>Tal era lo que cantaba el \u00ednclito aedo, y holg\u00e1base de o\u00edrlo Odiseo y los feacios, que usan largos remos y son ilustres navegantes.<\/p>\n<p>370<\/p>\n<p>Alc\u00ednoo mand\u00f3 entonces que Halio y Laodamante bailaran solos, pues con ellos no compet\u00eda nadie. Al momento tomaron en sus manos una linda pelota de color de p\u00farpura, que les hab\u00eda hecho el habilidoso P\u00f3libo; y el uno, ech\u00e1ndose hacia atr\u00e1s, la arrojaba a las sombr\u00edas nubes, y el otro, dando un salto, la cog\u00eda f\u00e1cilmente antes de volver a tocar con sus pies el suelo. Tan pronto como se probaron en tirar la pelota rectamente, pusi\u00e9ronse a bailar en la f\u00e9rtil tierra, alternando con frecuencia. Aplaudieron los dem\u00e1s j\u00f3venes que estaban en el circo, y se promovi\u00f3 una recia griter\u00eda. Y entonces el divinal Odiseo habl\u00f3 a Alc\u00ednoo de esta manera:<\/p>\n<p>382<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s esclarecido de todos los ciudadanos! Prometiste demostrar que vuestros danzadores son excelentes y lo has cumplido. At\u00f3nito me quedo al contemplarlos.<\/p>\n<p>385<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Alegr\u00f3se la sacra potestad de Alc\u00ednoo y al punto habl\u00f3 as\u00ed a los feacios, amantes de manejar los remos:<\/p>\n<p>387<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00edd, caudillos y pr\u00edncipes de los feacios! Par\u00e9ceme el hu\u00e9sped muy sensato. Ea, pues ofrezc\u00e1mosle los dones de la hospitalidad, que esto es lo que cumple. Doce preclaros reyes gobern\u00e1is como pr\u00edncipes la poblaci\u00f3n y yo soy el treceno: traiga cada uno un manto bien lavado, una t\u00fanica y un talento de precioso oro; y vayamos todos juntos a llev\u00e1rselo al hu\u00e9sped para que, al verlo en sus manos, asista a la cena con el coraz\u00f3n alegre. Y apac\u00edg\u00fcelo Eur\u00edalo con palabras y un regalo, porque no habl\u00f3 de conveniente modo.<\/p>\n<p>398<\/p>\n<p>As\u00ed les areng\u00f3. Todos lo aplaudieron, y poni\u00e9ndolo por obra, Enviaron a sus respectivos heraldos para que les trajeran los presentes. Y Eur\u00edalo respondi\u00f3 de esta suerte:<\/p>\n<p>401<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s preclaro de todos los ciudadanos! Yo apaciguar\u00e9 al hu\u00e9sped, como lo mandas, y le dar\u00e9 esta espada de bronce, que tiene la empu\u00f1adura de plata y en torno suyo una vaina de marfil reci\u00e9n cortado. Ser\u00e1 un presente muy digno de tal persona.<\/p>\n<p>406<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, puso en las manos de Odiseo la espada guarnecida de arg\u00e9nteos clavos y pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>408<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Salud, padre hu\u00e9sped! Si alguna de mis palabras te ha molestado, ll\u00e9vensela cuanto antes los impetuosos torbellinos. Y las deidades te permitan ver nuevamente a tu esposa y llegar a tu patria, ya que hace tanto tiempo que padeces trabajos lejos de los tuyos.<\/p>\n<p>412<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1Muchas saludes te doy tambi\u00e9n amigo! Los dioses te concedan felicidades y ojal\u00e1 que nunca eches de menos esta espada de que me haces presente, despu\u00e9s de apaciguarme con tus palabras.<\/p>\n<p>416<\/p>\n<p>Dijo y ech\u00f3se al hombro aquella espada guarnecida de arg\u00e9nteos clavos. Al ponerse el sol, ya Odiseo ten\u00eda delante de s\u00ed los hermosos presentes. Introduj\u00e9ronlos en la casa de Alc\u00ednoo los conspicuos heraldos e hici\u00e9ronse cargo de ellos los v\u00e1stagos del ilustre rey, quienes transportaron los bell\u00edsimos regalos adonde estaba su veneranda madre.<\/p>\n<p>421<\/p>\n<p>Volvieron todos al palacio precedidos por la sacra potestad de Alc\u00ednoo y sent\u00e1ronse en elevadas sillas. Y entonces la potestad de Alc\u00ednoo dijo a Arete:<\/p>\n<p>424<\/p>\n<p>\u2014Trae, mujer, un arca muy hermosa, la que mejor sea; y mete en la misma un manto bien lavado y una t\u00fanica. Poned al fuego una caldera de bronce y calentad agua para que el hu\u00e9sped se lave y, viendo colocados por orden cuantos presentes acaban de traerle los eximios feacios, se regocije con el banquete y el canto del aedo. Y yo le dar\u00e9 mi hermos\u00edsima copa de oro, a fin de que se acuerde de mi todos los d\u00edas al ofrecer en su casa libaciones a Zeus y a los restantes dioses.<\/p>\n<p>433<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Arete mand\u00f3 a las esclavas que pusiesen en seguida un gran tr\u00edpode al fuego. Ellas llevaron al ardiente fuego un tr\u00edpode que serv\u00eda para los ba\u00f1os, echaron agua en la caldera y recogiendo le\u00f1a, encendi\u00e9ronla debajo. Las llamas rodearon el vientre de la caldera y calent\u00f3se el agua. Entre tanto sac\u00f3 Arete de su habitaci\u00f3n un arca muy hermosa y puso en la misma los bellos dones -vestiduras y oro- que hab\u00edan tra\u00eddo los feacios, y adem\u00e1s un manto y una hermosa t\u00fanica. Y seguidamente habl\u00f3 al h\u00e9roe con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>443<\/p>\n<p>\u2014Examina t\u00fa mismo la tapa y \u00e9chale pronto un nudo; no sea que te hurten alguna cosa en el camino, cuando en la negra nave est\u00e9s entregado al dulce sue\u00f1o.<\/p>\n<p>446<\/p>\n<p>Apenas oy\u00f3 estas palabras el paciente divinal Odiseo, encaj\u00f3 la tapa y le ech\u00f3 un complicado nudo que le ense\u00f1\u00f3 a hacer la veneranda Circe. Acto seguido invit\u00f3le la despensera a ba\u00f1arse en una pila y Odiseo vio con agrado el ba\u00f1o caliente, porque no cuidaba de su persona desde que parti\u00f3 de la casa de Calipso, la de los hermosos cabellos; que en ella estuvo siempre atendido como un dios. Y lavado ya y ungido con aceite por las esclavas, que le pusieron una t\u00fanica y un hermoso manto, sali\u00f3 y fuese hacia los hombres, bebedores de vino, que all\u00ed estaban, pero Naus\u00edcaa, a quien las deidades hab\u00edan dotado de belleza, par\u00f3se ante la columna que sosten\u00eda el techo s\u00f3lidamente construido, se admir\u00f3 al clavar los ojos en Odiseo y le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>461<\/p>\n<p>\u2014Salve, hu\u00e9sped, para que en alguna ocasi\u00f3n, cuando est\u00e9s de vuelta en tu patria, te acuerdes de mi; que me debes antes que a nadie el rescate de tu vida.<\/p>\n<p>463<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1Naus\u00edcaa, hija del magn\u00e1nimo Alc\u00ednoo! Conc\u00e9dame Zeus, el tonante esposo de Hera, que llegue a mi casa y vea el d\u00eda de mi regreso; que all\u00ed te invocar\u00e9 todos los d\u00edas, como a una diosa, porque fuiste t\u00fa, oh doncella, quien me salv\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>469<\/p>\n<p>Dijo, y fue a sentarse junto al rey Alc\u00ednoo, cuando ya se distribu\u00edan las porciones y se mezclaba el vino. Present\u00f3se el heraldo con el amable aedo Dem\u00f3doco, tan honrado por la gente, y le hizo sentar en medio de los convidados, arrim\u00e1ndolo a excelsa columna. Y entonces el ingenioso Odiseo, cortando una tajada del espinazo de un puerco de blancos dientes, del cual quedaba a\u00fan la mayor parte y estaba cubierto de abundante grasa, habl\u00f3 al heraldo de esta manera:<\/p>\n<p>477<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Heraldo! Toma, ll\u00e9vale esta carne a Dem\u00f3doco para que coma y as\u00ed le obsequiar\u00e9, aunque estoy afligido; que a los aedos por doquier les tributan honor y reverencia los hombres terrestres, porque la Musa les ha ense\u00f1ado el canto y los ama a todos.<\/p>\n<p>482<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y el heraldo puso la carne en las manos del h\u00e9roe Dem\u00f3doco, quien, al recibirla, sinti\u00f3 que se le alegraba el alma. Todos echaron mano a las viandas que ten\u00edan delante. Y cuando hubieron satisfecho las ganas de beber y de comer, el ingenioso Odiseo habl\u00f3 a Dem\u00f3doco de esta manera:<\/p>\n<p>487<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dem\u00f3doco! Yo te alabo m\u00e1s que a otro mortal cualquiera, pues deben de haberte ense\u00f1ado la Musa, hijo de Zeus, o el mismo Apolo, a juzgar por lo primorosamente que cantas el azar de los aqueos y todo lo que llevaron a cabo, padecieron y soportaron como si t\u00fa en persona lo hubieras visto o se lo hubieses o\u00eddo referir a alguno de ellos. Mas, ea, pasa a otro asunto y canta como estaba dispuesto el caballo de madera construido por Epeo con la ayuda de Atenea; maquina enga\u00f1osa que el divinal Odiseo llev\u00f3 a la acr\u00f3polis, despu\u00e9s de llenarla con los guerreros que arruinaron a Troya. Si esto lo cuentas como se debe, yo dir\u00e9 a todos los hombres que una deidad ben\u00e9vola te concedi\u00f3 el divino canto.<\/p>\n<p>499<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3 y el aedo, movido por divinal impulso, enton\u00f3 un canto cuyo comienzo era que los argivos di\u00e9ronse a la mar en sus naves de muchos bancos, despu\u00e9s de haber incendiado el campamento, mientras algunos ya se hallaban con el celeb\u00e9rrimo Odiseo en el \u00e1gora de los teucros, ocultos por el caballo que \u00e9stos mismos llevaron arrastrando hasta la acr\u00f3polis.<\/p>\n<p>502<\/p>\n<p>El caballo estaba en pie, y los teucros, sentados a su alrededor, dec\u00edan muy confusas razones y vacilaban en la elecci\u00f3n de uno de estos tres pareceres; hender el vac\u00edo le\u00f1o con el cruel bronce, subirlo a una altura y despe\u00f1arlo, o dejar el gran simulacro como ofrenda propiciatoria a los dioses; esta \u00faltima resoluci\u00f3n deb\u00eda prevalecer, porque era fatal que la ciudad se arruinase cuando tuviera dentro aquel enorme caballo de madera donde estaban los m\u00e1s valientes argivos, que causaron a los teucros el estrago y la muerte.<\/p>\n<p>514<\/p>\n<p>Cant\u00f3 c\u00f3mo los aqueos, saliendo del caballo y dejando la hueca emboscada, asolaron la ciudad; cant\u00f3 asimismo c\u00f3mo, dispersos unos por un lado y otros por otro, iban devastando la excelsa urbe, mientras que Odiseo, cual si fuese Ares, tomaba el camino de la casa de De\u00edfobo, juntamente con el deiforme Menelao. Y refiri\u00f3 c\u00f3mo aqu\u00e9l hab\u00eda osado sostener un terrible combate, del cual alcanz\u00f3 Victoria por el favor de la magn\u00e1nima Atenea.<\/p>\n<p>521<\/p>\n<p>Tal fue lo que cant\u00f3 el eximio aedo; y en tanto consum\u00edase Odiseo, y las l\u00e1grimas manaban de sus p\u00e1rpados y le regaban las mejillas. De la suerte que una mujer llora, abrazada a su marido, que cay\u00f3 delante de su poblaci\u00f3n y de su gente para que se libraran del d\u00eda cruel la ciudad y los hijos -al verlo moribundo y palpitante se le echa encima y profiere agudos gritos, los contrarios la golpean con las picas en el dorso y en las espaldas tray\u00e9ndole la esclavitud a fin de que padezca trabajos e infortunios, y el dolor miserando deshace sus mejillas- de semejante manera Odiseo derramaba de sus ojos tantas l\u00e1grimas que mov\u00edan a compasi\u00f3n. A todos les pas\u00f3 inadvertido que vertiera l\u00e1grimas, menos a Alc\u00ednoo: el cual, sentado junto a \u00e9l, lo advirti\u00f3 y not\u00f3, oyendo asimismo que suspiraba profundamente. Y en seguida dijo a los feacios, amantes de manejar los remos:<\/p>\n<p>536<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme, caudillos y pr\u00edncipes de los feacios. Cese Dem\u00f3doco de tocar la melodiosa c\u00edtara, pues quiz\u00e1s lo que canta no les sea grato a todos los oyentes. Desde que empezamos la cena y se levant\u00f3 el divinal aedo, el hu\u00e9sped no ha dejado de verter doloroso llanto; sin duda le vino al alma alg\u00fan pesar. Mas, ea, cese aqu\u00e9l para que nos regocijemos todos, as\u00ed los albergadores del hu\u00e9sped como el hu\u00e9sped mismo; que es lo mejor que se puede hacer, ya que por el venerable hu\u00e9sped se han preparado estas cosas, su conducci\u00f3n y los dones que le hemos hecho en demostraci\u00f3n de aprecio. Como a un hermano debe tratar al hu\u00e9sped y al suplicante, quien tenga un poco de sensatez. Y as\u00ed, no has de ocultar tampoco con astuto designio lo que voy a preguntarte, sino que ser\u00e1 mucho mejor que lo manifiestes. Dime el nombre con que all\u00e1 te llamaban tu padre y tu madre, los habitantes de la ciudad y los vecinos de los alrededores; que ning\u00fan hombre bueno o malo deja de tener el suyo desde que nace, porque los padres lo imponen a cuantos engendran. N\u00f3mbrame tambi\u00e9n tu pa\u00eds, tu pueblo y tu ciudad, para que nuestros bajeles, proponi\u00e9ndose cumplir tu prop\u00f3sito con su inteligencia, te conduzcan all\u00e1 pues entre los feacios no hay pilotos, ni sus naves est\u00e1n provistas de timones como los restantes barcos, sino que ya saben ellas los pensamientos y el querer de los hombres, conocen las ciudades y los f\u00e9rtiles campos de todos los pa\u00edses, atraviesan r\u00e1pidamente el abismo del mar, aunque cualquier vapor o niebla las cubra, y no sienten temor alguno de recibir da\u00f1o o de perderse; si bien o\u00ed decir a mi padre Naus\u00edtoo que Poseid\u00f3n nos mira con malos ojos porque conducimos sin recibir da\u00f1o a todos los hombres, y afirmaba que el dios har\u00eda naufragar en el obscuro ponto un bien construido bajel de los feacios, al volver de conducir a alguien, y cubrir\u00eda la vista de la ciudad con una gran monta\u00f1a. As\u00ed se expresaba el anciano, mas el dios lo cumplir\u00e1 o no, seg\u00fan le plegue.<\/p>\n<p>572<\/p>\n<p>Ea, habla y cu\u00e9ntame sinceramente por d\u00f3nde anduviste perdido y a qu\u00e9 regiones llegaste especificando qu\u00e9 gentes y que ciudades bien pobladas hab\u00eda en ellas; as\u00ed como tambi\u00e9n cu\u00e1les hombres eran crueles, salvajes e injustos, y cu\u00e1les hospitalarios y temerosos de los dioses. Dime por qu\u00e9 lloras y te lamentas en tu \u00e1nimo cuando oyes referir el azar de los argivos, de los d\u00e1naos y de Ili\u00f3n. Di\u00e9ronselo las deidades, que decretaron la muerte de aquellos hombres para que sirvieran a los venideros de asunto para sus cantos. \u00bfAcaso perdiste delante de Ili\u00f3n alg\u00fan deudo como tu yerno ilustre o tu suegro, que son las personas m\u00e1s queridas despu\u00e9s de las ligadas con nosotros por la sangre y el linaje? \u00bfO fue, por ventura, un esforzado y agradable compa\u00f1ero, ya que no es inferior a un hermano el compa\u00f1ero dotado de prudencia?<\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>No bien se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, levant\u00e1ronse de la cama la sacra potestad de Alc\u00ednoo y Odiseo, del linaje de Zeus, asolador de ciudades. La sacra potestad de Alc\u00ednoo se puso al frente de los dem\u00e1s, y juntos se encaminaron al \u00e1gora que los feacios hab\u00edan construido cerca de las naves. Tan luego como llegaron, sent\u00e1ronse en unas piedras pulidas, los unos al lado de los otros; mientras Palas Atenea, transfigurada en heraldo del prudente Alc\u00ednoo, recorr\u00eda la ciudad y pensaba en la vuelta del magn\u00e1nimo Odiseo a su patria. Y la diosa, alleg\u00e1ndose a cada var\u00f3n, dec\u00edales estas palabras:<\/p>\n<p>11<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ea, caudillo, y pr\u00edncipes de los feacios! Id al \u00e1gora para que oig\u00e1is hablar del forastero que no ha mucho lleg\u00f3 a la casa del prudente Alc\u00ednoo, despu\u00e9s de andar errante por el ponto, y es un var\u00f3n que se asemeja por su cuerpo a los inmortales.<\/p>\n<p>15<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, mov\u00edales el coraz\u00f3n y el \u00e1nimo. El \u00e1gora y los asientos llen\u00e1ronse bien presto de varones que se iban juntando, y eran en gran n\u00famero los que contemplaban con admiraci\u00f3n al prudente hijo de Laertes, pues Atenea esparci\u00f3 mil gracias por la cabeza y los hombros de Odiseo e hizo que pareciese m\u00e1s alto y m\u00e1s grueso para que a todos los feacios les fuera grato, temible y venerable, y llevara a t\u00e9rmino los muchos juegos con que \u00e9stos hab\u00edan de probarlo. Y no bien acudieron los ciudadanos, una vez reunidos todos, Alc\u00ednoo les areng\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>26<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme, caudillos y pr\u00edncipes de los feacios, y os dir\u00e9 lo que en el pecho mi coraz\u00f3n me dicta! Este forastero, que no s\u00e9 qui\u00e9n es, lleg\u00f3 errante a mi palacio -ya venga de los hombres de Oriente ya de los de Occidente- y nos suplica con mucha insistencia que tomemos la firme resoluci\u00f3n de acompa\u00f1arlo a su patria. Apresur\u00e9monos, pues, a conducirle, como anteriormente lo hicimos con tantos otros; ya que ninguno de los que vinieron a mi casa hubo de estar largo tiempo suspirando por la vuelta.<\/p>\n<p>34<\/p>\n<p>Ea, pues, echemos al mar divino una negra nave sin estrenar y esc\u00f3janse de entre el pueblo los cincuenta y dos mancebos que hasta aqu\u00ed hayan sido los m\u00e1s excelentes. Y, atando bien los remos a los bancos, salgan de la embarcaci\u00f3n y aparejen en seguida un convite en mi palacio; que a todos lo he de dar muy abundante. Esto mando a los j\u00f3venes; pero vosotros, reyes portadores de cetro, venid a mi hermosa mansi\u00f3n para que festejemos en la sala a nuestro hu\u00e9sped. Nadie se me niegue. Y llamad a Dem\u00f3doco, el divino aedo a quien los n\u00famenes otorgaron gran maestr\u00eda en el canto para deleitar a los hombres, siempre que a cantar le incita su \u00e1nimo.<\/p>\n<p>\u00a046<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, comenz\u00f3 a caminar: sigui\u00e9ronle los reyes, portadores de cetro, y el heraldo fue a llamar al divinal aedo. Los cincuenta y dos j\u00f3venes elegidos, cumpliendo la orden del rey, enderezaron a la ribera del est\u00e9ril mar; y, en llegando a donde estaba la negra embarcaci\u00f3n, ech\u00e1ronla al mar profundo, pusieron el m\u00e1stil y el velamen, y ataron los remos con correas, haci\u00e9ndolo todo de conveniente manera. Extendieron despu\u00e9s las blancas velas, anclaron la nave donde el agua era profunda, y acto continuo se fueron a la gran casa del prudente Alc\u00ednoo. Llen\u00e1ronse los p\u00f3rticos, el recinto de los patios y las salas con los hombres que all\u00ed se congregaron; pues eran muchos, entre j\u00f3venes y ancianos. Para ellos inmol\u00f3 Alc\u00ednoo doce ovejas, ocho puercos de albos dientes y dos flex\u00edpedes bueyes: todos fueron desollados y preparados, y aparej\u00f3se una agradable comida.<\/p>\n<p>62<\/p>\n<p>Present\u00f3se el heraldo con el amable aedo a quien la Musa quer\u00eda extremadamente y le hab\u00eda dado un bien y un mal: priv\u00f3le de la vista, pero le concedi\u00f3 el dulce canto. Pont\u00f3noo le puso en medio de los convidados una silla de clavaz\u00f3n de plata, arrim\u00e1ndola a excelsa columna; y el heraldo le colg\u00f3 de un clavo la melodiosa c\u00edtara m\u00e1s arriba de la cabeza, ense\u00f1\u00f3le a tomarla con las manos y le acerc\u00f3 un canastillo, una linda mesa y una copa de vino para que bebiese siempre que su \u00e1nimo se lo aconsejara. Todos echaron mano a las viandas que ten\u00edan delante.<\/p>\n<p>71<\/p>\n<p>Y apenas saciado el deseo de comer y de beber, la Musa excit\u00f3 al aedo a que celebrase la gloria de los guerreros con un cantar cuya fama llegaba entonces al anchuroso cielo: la disputa de Odiseo y del Pelida Aquileo, quienes en el suntuoso banquete en honor de los dioses contendieron con horribles palabras, mientras el rey de los hombres Agamemn\u00f3n se regocijaba en su \u00e1nimo al ver que re\u00f1\u00edan los mejores de los aqueos; pues Febo Apolo se lo hab\u00eda pronosticado en la divina Pito, cuando el h\u00e9roe pas\u00f3 el umbral de piedra y fue a consultarle, dici\u00e9ndole que desde aquel punto comenzar\u00eda a desarrollarse la calamidad entre teucros y d\u00e1naos por la decisi\u00f3n del gran Zeus.<\/p>\n<p>83<\/p>\n<p>Tal era lo que cantaba el \u00ednclito aedo. Odiseo tom\u00f3 con sus robustas manos el gran manto de color de p\u00farpura y se lo ech\u00f3 por encima de la cabeza, cubriendo su faz hermosa, pues d\u00e1bale verg\u00fcenza que brotaran l\u00e1grimas de sus ojos delante de los feacios; y as\u00ed que el divinal aedo dej\u00f3 de cantar, enjug\u00f3se las l\u00e1grimas, se quit\u00f3 el manto de la cabeza y, asiendo una copa doble, hizo libaciones a las deidades. Pero, cuando aquel volvi\u00f3 a comenzar -habi\u00e9ndole pedido los m\u00e1s nobles feacios que cantase, porque se deleitaban con sus relatos- Odiseo se cubri\u00f3 nuevamente la cabeza y torn\u00f3 a llorar. A todos les pas\u00f3 inadvertido que derramara l\u00e1grimas menos a Alc\u00ednoo; el cual, sentado junto a \u00e9l, lo repar\u00f3 y not\u00f3, oyendo asimismo que suspiraba profundamente. Y entonces dijo el rey a los feacios, amantes de manejar los remos:<\/p>\n<p>97<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme, caudillos y pr\u00edncipes de los feacios! Como ya hemos gozado del com\u00fan banquete y de la c\u00edtara, que es la compa\u00f1era del fest\u00edn espl\u00e9ndido, salgamos a probar toda clase de juegos; para que el hu\u00e9sped participe a sus amigos, despu\u00e9s que se haya restituido a la patria, cu\u00e1nto superamos a los dem\u00e1s hombres en el pugilato, lucha, salto y carrera.<\/p>\n<p>104<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, comenz\u00f3 a caminar, y los dem\u00e1s lo siguieron. El heraldo colg\u00f3 del clavo la melodiosa c\u00edtara y, asiendo de la mano a Dem\u00f3doco, lo sac\u00f3 de la casa y lo fue guiando por el mismo camino por donde iban los nobles feacios a admirar los juegos. Encamin\u00e1ronse todos al \u00e1gora, seguidos de una turba numerosa, inmensa; y all\u00ed se pusieron en pie muchos y vigorosos j\u00f3venes. Levant\u00e1ronse Acr\u00f3neo, Oc\u00edalo, Elatreo, Nauteo, Primneo, Anqu\u00edalo, Eretmeo, Ponteo, Proreo, To\u00f3n, Anabes\u00edneo y Anf\u00edalo, hijo de Pol\u00edneo Tect\u00f3nida; levant\u00f3se tambi\u00e9n Eur\u00edalo, igual a Ares, funesto a los mortales, y Naub\u00f3lides, el m\u00e1s excelente en cuerpo y hermosura de todos los feacios despu\u00e9s del intachable Laodamante; y alz\u00e1ronse, por fin, los tres hijos del egregio Alc\u00ednoo: Laodamante, Halio y Clitoneo, parecido a un dios. Empezaron a competir en la carrera.<\/p>\n<p>120<\/p>\n<p>Partieron simult\u00e1neamente de la raya, y volaban ligeros y levantando polvo por la llanura. Entre ellos descollaba mucho en el correr el eximio Clitoneo, y cuan largo es el surco que abren dos mulas en campo noval, tanto se adelant\u00f3 a los dem\u00e1s, que le segu\u00edan rezagados. Salieron a desafi\u00f3 otros en la fatigosa lucha, y Eur\u00edalo venci\u00f3 a cuantos en ella sobresal\u00edan. En el salto fue Anf\u00edalo superior a los dem\u00e1s; en arrojar el disco se\u00f1al\u00f3se Elatreo sobre todos; y en el pugilato, Laodamante, el buen hijo de Alc\u00ednoo. Y cuando todos hubieron recreado su \u00e1nimo con los juegos, Laodamante, hijo de Alc\u00ednoo, habl\u00f3les de esta suerte:<\/p>\n<p>133<\/p>\n<p>\u2014Venid, amigos, y preguntemos al hu\u00e9sped si conoce o ha aprendido alg\u00fan juego. Que no tiene mala presencia, a juzgar por su naturaleza, por sus muslos, piernas y brazos, por su robusta cerviz y por su gran vigor, ni le ha desamparado todav\u00eda la juventud; aunque est\u00e1 quebrantado por muchos males, pues no creo que haya cosa alguna que pueda compararse con el mar para abatir a un hombre por fuerte que sea.<\/p>\n<p>140<\/p>\n<p>Eur\u00edalo le contest\u00f3 en seguida:<br \/>\n\u2014\u00a1Laodamante! Muy oportunas son tus razones. Ve t\u00fa mismo y prov\u00f3cale repiti\u00e9ndoselas.<\/p>\n<p>143<\/p>\n<p>Apenas lo oy\u00f3, adelant\u00f3se el buen hijo de Alc\u00ednoo, p\u00fasose en medio de todos y dijo a Odiseo:<\/p>\n<p>145<\/p>\n<p>\u2014Ea, padre hu\u00e9sped, ven t\u00fa tambi\u00e9n a probar la mano en los juegos, si aprendiste alguno; y debes de conocerlos, que no hay gloria m\u00e1s ilustre para el var\u00f3n en esta vida, que la de campear por las obras de sus pies o de sus manos. Ea pues, ven a ejercitarte y echa del alma las penas, pues tu viaje no se diferir\u00e1 mucho: ya la nave ha sido botada y los que te han de acompa\u00f1ar est\u00e1n prestos.<\/p>\n<p>152<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1Laodamante! \u00bfPor qu\u00e9 me orden\u00e1is tales cosas para hacerme burla? M\u00e1s que en los juegos oc\u00fapase mi alma en sus penas, que son much\u00edsimas las que he padecido y arrostrado. Y ahora, anhelando volver a la patria, me siento en vuestra \u00e1gora, para suplicar al rey y a todo el pueblo.<\/p>\n<p>158<\/p>\n<p>Mas Eur\u00edalo le contest\u00f3, ech\u00e1ndole en cara este bald\u00f3n:<br \/>\n\u2014\u00a1Hu\u00e9sped! No creo, en verdad, que seas var\u00f3n instruido en los muchos juegos que se usan entre los hombres; antes pareces capit\u00e1n de marineros traficantes, sepultado asiduamente en la nave de muchos bancos para cuidar de la carga y vigilar las mercanc\u00edas y el lucro debido a las rapi\u00f1as. No, no tienes traza de atleta.<\/p>\n<p>165<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndole con torva faz, le repuso el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u00a1Hu\u00e9sped! Mal hablaste y me pareces un insensato. Los dioses no han repartido de igual modo a todos los hombres sus amables presentes: hermosura, ingenio y elocuencia. Hombre hay que, inferior por su aspecto, recibe de una deidad el adorno de la facundia y ya todos se complacen en mirarlo, cuando los arenga con firme voz y suave modestia, y le contemplan como a un numen si por la ciudad anda; mientras que, por el contrario, otro se parece a los inmortales por su exterior y no tiene donaire alguno en sus dichos. As\u00ed tu aspecto es distinguido y un dios no te habr\u00eda configurado de otra suerte; mas tu inteligencia es ruda. Me has movido el \u00e1nimo en el pecho con decirme cosas inconvenientes. No soy ignorante en los juegos, como tu afirmas, antes pienso que me pod\u00edan contar entre los primeros mientras tuve confianza en mi juventud y en mis manos. Ahora me hallo agobiado por la desgracia y las fatigas, pues he tenido que sufrir mucho, ya combatiendo con los hombres, ya surcando las temibles olas. Pero aun as\u00ed, siquiera haya padecido gran copia de males, probar\u00e9 la mano en los juegos: tus palabras fueron mordaces y me incitaste al proferirlas.<\/p>\n<div>186<\/div>\n<p>Dijo; y, levant\u00e1ndose impetuosamente sin dejar el manto, tom\u00f3 un disco mayor, m\u00e1s grueso y mucho m\u00e1s pesado que el que sol\u00edan tirar los feacios. H\u00edzole dar algunas vueltas, despidi\u00f3lo del robusto brazo, y la piedra parti\u00f3 silbando y con tal \u00edmpetu que los feacios, ilustres navegantes que usan largos remos se inclinaron al suelo. El disco, corriendo veloz desde que lo solt\u00f3 la mano, pas\u00f3 las se\u00f1ales de todos los tiros. Y Atenea, transfigurada en var\u00f3n, puso la conveniente se\u00f1al y as\u00ed les dijo:<\/p>\n<p>195<\/p>\n<p>\u2014Hasta un ciego, oh hu\u00e9sped, distinguir\u00eda a tientas la se\u00f1al de tu golpe, porque no est\u00e1 mezclada con la multitud de las otras, sino mucho m\u00e1s all\u00e1. En ese juego puedes estar tranquilo que ninguno de los feacios llegar\u00e1 a tu golpe y mucho menos lograr\u00e1 pasarlo.<\/p>\n<p>199<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Regocij\u00f3se el paciente divinal Odiseo, holg\u00e1ndose de haber dado, dentro del circo, con un compa\u00f1ero ben\u00e9volo. Y entonces dijo a los feacios, con voz ya mas suave:<\/p>\n<p>202<\/p>\n<p>\u2014Llegad a esta se\u00f1al, oh j\u00f3venes, y espero que pronto enviar\u00e9 otro disco o tan lejos o m\u00e1s aun. Y en los restantes juegos, aquel a quien le impulse el coraz\u00f3n y el \u00e1nimo a probarse conmigo, venga ac\u00e1 -ya que me hab\u00e9is encolerizado fuertemente-, pues en el pugilato, la lucha o la carrera, a nadie rehuso de entre todos los feacios a excepci\u00f3n del mismo Laodamante, que es mi hu\u00e9sped: \u00bfquien luchar\u00eda con el que le acoge amistosamente? Insensato y miserable es el que provoca en los juegos al que le ha recibido como hu\u00e9sped en tierra extra\u00f1a, pues con ello a s\u00ed mismo se perjudica.<\/p>\n<p>212<\/p>\n<p>De los dem\u00e1s a ninguno rechazo ni desprecio, sino que mi \u00e1nimo es conocerlos y probarme con todos frente a frente; pues no soy completamente inepto para cuantos juegos se hallan en uso entre los hombres. S\u00e9 manejar bien el pulido arco, y ser\u00eda quien primero hiriese a un hombre, si lo disparara contra una turba de enemigos, aunque gran n\u00famero de compa\u00f1eros estuviesen a mi lado, tir\u00e1ndoles flechas. El \u00fanico que lograba vencerme, cuando los aqueos nos serv\u00edamos del arco all\u00e1 en el pueblo de los troyanos, era Filoctetes; mas yo os aseguro que les llevo gran ventaja a todos los dem\u00e1s, a cuantos mortales viven actualmente y comen pan en el mundo, pues no me atreviera a competir con los antiguos varones -ni con Heracles, ni con Eurito ecaliense- que hasta con los inmortales contend\u00edan con el arco. Por ello muri\u00f3 el gran Eurito en edad temprana y no pudo llegar a viejo en su palacio: lo mat\u00f3 Apolo, irritado de que le desafiase a tirar con el arco. Tan s\u00f3lo en el correr temer\u00eda que alguno de los feacios me superara, pues me quebrantaron de deplorable manera much\u00edsimas olas, no siempre tuve provisiones en la nave, y mis miembros est\u00e1n desfallecidos.<\/p>\n<p>234<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. Todos enmudecieron y quedaron silenciosos. Y solamente Alc\u00ednoo le contest\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u00a0236<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hu\u00e9sped! No nos desplacieron tus palabras, ya que con ellas te propusiste mostrar el valor que tienes, enojado de que ese hombre te increpase dentro del circo, siendo as\u00ed que ning\u00fan mortal que pensara razonablemente pondr\u00eda tacha a tu bravura. Mas ahora, presta atenci\u00f3n a mis palabras, para que, cuando est\u00e9s en tu casa y comiendo con tu esposa y tus hijos te acuerdes de nuestra destreza, puedas referir a alg\u00fan otro h\u00e9roe que obras nos asign\u00f3 Zeus desde nuestros antepasados. No somos irreprensibles p\u00fagiles ni luchadores, sino muy ligeros en el correr y excelentes en gobernar las naves; y siempre nos placen los convites, la c\u00edtara, los bailes, las vestiduras limpias, los ba\u00f1os calientes y la cama.<\/p>\n<p>250<\/p>\n<p>Pero, ea danzadores feacios, salid los m\u00e1s h\u00e1biles a bailar; para que el hu\u00e9sped diga a sus amigos, al volver a su morada, cu\u00e1nto sobrepujamos a los dem\u00e1s hombres en la navegaci\u00f3n, la carrera, el baile y el canto. Y vaya alguno en busca de la c\u00edtara, que qued\u00f3 en nuestro palacio, y tr\u00e1igala presto a Dem\u00f3doco.<\/p>\n<p>256<\/p>\n<p>As\u00ed dijo el deiforme Alc\u00ednoo. Levant\u00f3se el heraldo y fue a traer del palacio del rey la hueca c\u00edtara. Alz\u00e1ronse tambi\u00e9n nueve jueces, que hab\u00edan sido elegidos entre los ciudadanos y cuidaban de todo lo relativo a los juegos; y al instante allanaron el piso y formaron un ancho y hermoso corro. Volvi\u00f3 el heraldo y trajo la melodiosa c\u00edtara a Dem\u00f3doco; \u00e9ste se puso en medio, y los adolescentes h\u00e1biles en la danza, habi\u00e9ndose colocado a su alrededor, hirieron con los pies el divinal circo. Y Odiseo contemplaba con gran admiraci\u00f3n los r\u00e1pidos y deslumbradores movimientos que con los pies hac\u00edan.<\/p>\n<p>266<\/p>\n<p>Mas el aedo, pulsando la c\u00edtara, empez\u00f3 a cantar hermosamente los amores de Ares y Afrodita, la de bella corona: c\u00f3mo se unieron a hurto y por vez primera en casa de Hefesto, y c\u00f3mo aquel hizo muchos regalos e infam\u00f3 el lecho marital del soberano dios. Helios, que vio el amoroso acceso, fue en seguida a cont\u00e1rselo a Hefesto; y \u00e9ste, al o\u00edr la punzante nueva, se encamin\u00f3 a su fragua, agitando en lo \u00edntimo de su alma ardides siniestros, puso encima del tajo el enorme yunque, y fabric\u00f3 unos hilos inquebrantables para que permanecieran firmes donde los dejara. Despu\u00e9s que, pose\u00eddo de c\u00f3lera contra Ares, construy\u00f3 esta trampa, fuese a la habitaci\u00f3n en que ten\u00eda el lecho y extendi\u00f3 los hilos en c\u00edrculo y por todas partes alrededor de los pies de la cama y colgando de las vigas; como tenues hilos de ara\u00f1a que nadie hubiese podido ver, aunque fuera alguno de los bienaventurados dioses, por haberlos labrado aqu\u00e9l con gran artificio. Y no bien acab\u00f3 de sujetar la trampa en torno de la cama, fingi\u00f3 que se encaminaba a Lemnos, ciudad bien construida, que es para \u00e9l la m\u00e1s agradable de todas las tierras. No en balde estaba al acecho Ares, que usa \u00e1ureas riendas; y cuando vio que Hefesto, el ilustre art\u00edfice, se alejaba, fuese al palacio de este \u00ednclito dios, \u00e1vido del amor de Citerea, la de hermosa corona. Afrodita, reci\u00e9n venida de junto a su padre, el prepotente Croni\u00f3n, se hallaba sentada; y Ares, entrando en la casa, tom\u00f3la de la mano y as\u00ed le dijo:<\/p>\n<p>292<\/p>\n<p>\u00abVen al lecho, amada m\u00eda, y acost\u00e9monos; que ya Hefesto no est\u00e1 entre nosotros, pues parti\u00f3 sin duda hacia Lemnos y los sinties de b\u00e1rbaro lenguaje\u00bb<\/p>\n<p>295<\/p>\n<p>As\u00ed se expres\u00f3; y a ella pareci\u00f3le grato acostarse. Meti\u00e9ronse ambos en la cama, y se extendieron a su alrededor los lazos artificiosos del prudente Hefesto, de tal suerte que aqu\u00e9llos no pod\u00edan mover ni levantar ninguno de sus miembros; y entonces comprendieron que no hab\u00eda medio de escapar. No tard\u00f3 en present\u00e1rseles el \u00ednclito Cojo de ambos pies, que se volvi\u00f3 antes de llegar a la tierra de Lemnos, porque Helios estaba en acecho y fue a avisarle. Encamin\u00f3se a su casa con el coraz\u00f3n triste, det\u00favose en el umbral y, pose\u00eddo de feroz c\u00f3lera, grit\u00f3 de un modo tan horrible que le oyeron todos los dioses:<\/p>\n<p>306<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Venid a presenciar estas cosas rid\u00edculas e intolerables: Afrodita, hija de Zeus, me infama de continuo, a mi, que soy cojo, queriendo al pernicioso Ares porque es gallardo y tiene los pies sanos, mientras que yo nac\u00ed d\u00e9bil; mas de ello nadie tiene la culpa sino mis padres, que no debieron haberme engendrado. Ver\u00e9is c\u00f3mo se han acostado, en mi lecho y duermen, amorosamente unidos, y yo me angustio al contemplarlo. Mas no espero que les dure el yacer de este modo, ni siquiera breves instantes, aunque mucho se amen: pronto querr\u00e1n entrambos no dormir, pero los enga\u00f1osos lazos los sujetar\u00e1n hasta que el padre me restituya \u00edntegra la dote que le entregu\u00e9 por su hija desvergonzada. Que \u00e9sta es hermosa, pero no sabe contenerse.\u00bb As\u00ed dijo; y los dioses se juntaron en la morada de pavimento de bronce. Compareci\u00f3 Poseid\u00f3n, que ci\u00f1e la tierra; present\u00f3se tambi\u00e9n el ben\u00e9fico Hermes; lleg\u00f3 asimismo el soberano Apolo, que hiere de lejos. Las diosas qued\u00e1ronse, por pudor, cada una en su casa. Detuvi\u00e9ronse los dioses, dadores de los bienes, en el umbral; y una risa inextinguible se alz\u00f3 entre los bienaventurados n\u00famenes al ver el artificio del ingenioso Hefesto. Y uno de ellos dijo al que ten\u00eda m\u00e1s cerca:<\/p>\n<p>329<\/p>\n<p>\u00abNo prosperan las malas acciones y el m\u00e1s tardo alcanza al m\u00e1s \u00e1gil; como ahora Hefesto, que es cojo y lento, aprision\u00f3 con su artificio a Ares, el m\u00e1s veloz de los dioses que poseen el Olimpo; quien tendr\u00e1 que pagarle la multa del adulterio.\u00bb<\/p>\n<p>333<\/p>\n<p>As\u00ed \u00e9stos conversaban. Mas el soberano Apolo, hijo de Zeus, habl\u00f3 a Hermes de esta manera:<\/p>\n<p>335<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Hermes, hijo de Zeus, mensajero, dador de bienes! \u00bfQuerr\u00edas, preso en fuertes v\u00ednculos, dormir en la cama con la \u00e1urea Afrodita?\u00bb<\/p>\n<p>338<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el mensajero Argifontes:<br \/>\n\u00ab\u00a1Ojal\u00e1 sucediera lo que has dicho, oh soberano Apolo, que hieres de lejos! \u00a1Envolvi\u00e9ranme triple n\u00famero de inextricables v\u00ednculos, y vosotros los dioses y aun las diosas todas me estuvierais mirando, con tal que yo durmiese con la \u00e1urea Afrodita!\u00bb<\/p>\n<p>343<\/p>\n<p>As\u00ed se expreso; y alz\u00f3se nueva risa entre los inmortales dioses. Pero Poseid\u00f3n no se re\u00eda, sino que suplicaba continuamente a Hefesto, el ilustre art\u00edfice, que pusiera en libertad a Ares. Y, habl\u00e1ndole, estas aladas palabras le dec\u00eda:<\/p>\n<p>347<\/p>\n<p>\u00abDes\u00e1tale, que yo te prometo que pagar\u00e1, como lo mandas, cuanto sea justo entre los inmortales dioses.\u00bb+<\/p>\n<p>349<\/p>\n<p>Replic\u00f3le entonces el \u00ednclito Cojo de ambos pies:<br \/>\n\u00abNo me ordenes semejante cosa, oh Poseid\u00f3n que ci\u00f1es la tierra, pues son malas las cauciones que por los malos se prestan \u00bfC\u00f3mo te podr\u00eda apremiar yo ante los inmortales dioses, si Ares se fuera suelto y, libre ya de los v\u00ednculos, rehusara satisfacer la deuda?\u00bb<\/p>\n<p>354<\/p>\n<p>Contest\u00f3 Poseid\u00f3n, que sacude la tierra:<br \/>\n\u00abSi Ares huyere, rehusando satisfacer la deuda, yo mismo te lo pagar\u00e9 todo.\u00bb<\/p>\n<p>357<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el \u00ednclito Cojo de ambos pies:<br \/>\n\u00abNo es posible, ni ser\u00eda conveniente negarte lo que pides.\u00bb<\/p>\n<p>359<\/p>\n<p>Dicho esto, la fuerza de Hefesto les quit\u00f3 los lazos. Ellos al verse libres de los mismos, que tan recios eran, se levantaron sin tardanza y fu\u00e9ronse \u00e9l a Tracia y la risue\u00f1a Afrodita a Chipre y Pafos, donde tiene un bosque y un perfumado altar. All\u00ed las C\u00e1rites la lavaron, la ungieron con el aceite divino que hermosea a los sempiternos dioses y le pusieron lindas vestiduras que dejaban admirado a quien las contemplaba.<\/p>\n<p>367<\/p>\n<p>Tal era lo que cantaba el \u00ednclito aedo, y holg\u00e1base de o\u00edrlo Odiseo y los feacios, que usan largos remos y son ilustres navegantes.<\/p>\n<p>370<\/p>\n<p>Alc\u00ednoo mand\u00f3 entonces que Halio y Laodamante bailaran solos, pues con ellos no compet\u00eda nadie. Al momento tomaron en sus manos una linda pelota de color de p\u00farpura, que les hab\u00eda hecho el habilidoso P\u00f3libo; y el uno, ech\u00e1ndose hacia atr\u00e1s, la arrojaba a las sombr\u00edas nubes, y el otro, dando un salto, la cog\u00eda f\u00e1cilmente antes de volver a tocar con sus pies el suelo. Tan pronto como se probaron en tirar la pelota rectamente, pusi\u00e9ronse a bailar en la f\u00e9rtil tierra, alternando con frecuencia. Aplaudieron los dem\u00e1s j\u00f3venes que estaban en el circo, y se promovi\u00f3 una recia griter\u00eda. Y entonces el divinal Odiseo habl\u00f3 a Alc\u00ednoo de esta manera:<\/p>\n<p>382<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s esclarecido de todos los ciudadanos! Prometiste demostrar que vuestros danzadores son excelentes y lo has cumplido. At\u00f3nito me quedo al contemplarlos.<\/p>\n<p>385<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Alegr\u00f3se la sacra potestad de Alc\u00ednoo y al punto habl\u00f3 as\u00ed a los feacios, amantes de manejar los remos:<\/p>\n<p>387<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00edd, caudillos y pr\u00edncipes de los feacios! Par\u00e9ceme el hu\u00e9sped muy sensato. Ea, pues ofrezc\u00e1mosle los dones de la hospitalidad, que esto es lo que cumple. Doce preclaros reyes gobern\u00e1is como pr\u00edncipes la poblaci\u00f3n y yo soy el treceno: traiga cada uno un manto bien lavado, una t\u00fanica y un talento de precioso oro; y vayamos todos juntos a llev\u00e1rselo al hu\u00e9sped para que, al verlo en sus manos, asista a la cena con el coraz\u00f3n alegre. Y apac\u00edg\u00fcelo Eur\u00edalo con palabras y un regalo, porque no habl\u00f3 de conveniente modo.<\/p>\n<p>398<\/p>\n<p>As\u00ed les areng\u00f3. Todos lo aplaudieron, y poni\u00e9ndolo por obra, Enviaron a sus respectivos heraldos para que les trajeran los presentes. Y Eur\u00edalo respondi\u00f3 de esta suerte:<\/p>\n<p>401<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Rey Alc\u00ednoo, el m\u00e1s preclaro de todos los ciudadanos! Yo apaciguar\u00e9 al hu\u00e9sped, como lo mandas, y le dar\u00e9 esta espada de bronce, que tiene la empu\u00f1adura de plata y en torno suyo una vaina de marfil reci\u00e9n cortado. Ser\u00e1 un presente muy digno de tal persona.<\/p>\n<p>406<\/p>\n<p>Diciendo as\u00ed, puso en las manos de Odiseo la espada guarnecida de arg\u00e9nteos clavos y pronunci\u00f3 estas aladas palabras:<\/p>\n<p>408<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Salud, padre hu\u00e9sped! Si alguna de mis palabras te ha molestado, ll\u00e9vensela cuanto antes los impetuosos torbellinos. Y las deidades te permitan ver nuevamente a tu esposa y llegar a tu patria, ya que hace tanto tiempo que padeces trabajos lejos de los tuyos.<\/p>\n<p>412<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1Muchas saludes te doy tambi\u00e9n amigo! Los dioses te concedan felicidades y ojal\u00e1 que nunca eches de menos esta espada de que me haces presente, despu\u00e9s de apaciguarme con tus palabras.<\/p>\n<p>416<\/p>\n<p>Dijo y ech\u00f3se al hombro aquella espada guarnecida de arg\u00e9nteos clavos. Al ponerse el sol, ya Odiseo ten\u00eda delante de s\u00ed los hermosos presentes. Introduj\u00e9ronlos en la casa de Alc\u00ednoo los conspicuos heraldos e hici\u00e9ronse cargo de ellos los v\u00e1stagos del ilustre rey, quienes transportaron los bell\u00edsimos regalos adonde estaba su veneranda madre.<\/p>\n<p>421<\/p>\n<p>Volvieron todos al palacio precedidos por la sacra potestad de Alc\u00ednoo y sent\u00e1ronse en elevadas sillas. Y entonces la potestad de Alc\u00ednoo dijo a Arete:<\/p>\n<p>424<\/p>\n<p>\u2014Trae, mujer, un arca muy hermosa, la que mejor sea; y mete en la misma un manto bien lavado y una t\u00fanica. Poned al fuego una caldera de bronce y calentad agua para que el hu\u00e9sped se lave y, viendo colocados por orden cuantos presentes acaban de traerle los eximios feacios, se regocije con el banquete y el canto del aedo. Y yo le dar\u00e9 mi hermos\u00edsima copa de oro, a fin de que se acuerde de mi todos los d\u00edas al ofrecer en su casa libaciones a Zeus y a los restantes dioses.<\/p>\n<p>433<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Arete mand\u00f3 a las esclavas que pusiesen en seguida un gran tr\u00edpode al fuego. Ellas llevaron al ardiente fuego un tr\u00edpode que serv\u00eda para los ba\u00f1os, echaron agua en la caldera y recogiendo le\u00f1a, encendi\u00e9ronla debajo. Las llamas rodearon el vientre de la caldera y calent\u00f3se el agua. Entre tanto sac\u00f3 Arete de su habitaci\u00f3n un arca muy hermosa y puso en la misma los bellos dones -vestiduras y oro- que hab\u00edan tra\u00eddo los feacios, y adem\u00e1s un manto y una hermosa t\u00fanica. Y seguidamente habl\u00f3 al h\u00e9roe con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>443<\/p>\n<p>\u2014Examina t\u00fa mismo la tapa y \u00e9chale pronto un nudo; no sea que te hurten alguna cosa en el camino, cuando en la negra nave est\u00e9s entregado al dulce sue\u00f1o.<\/p>\n<p>446<\/p>\n<p>Apenas oy\u00f3 estas palabras el paciente divinal Odiseo, encaj\u00f3 la tapa y le ech\u00f3 un complicado nudo que le ense\u00f1\u00f3 a hacer la veneranda Circe. Acto seguido invit\u00f3le la despensera a ba\u00f1arse en una pila y Odiseo vio con agrado el ba\u00f1o caliente, porque no cuidaba de su persona desde que parti\u00f3 de la casa de Calipso, la de los hermosos cabellos; que en ella estuvo siempre atendido como un dios. Y lavado ya y ungido con aceite por las esclavas, que le pusieron una t\u00fanica y un hermoso manto, sali\u00f3 y fuese hacia los hombres, bebedores de vino, que all\u00ed estaban, pero Naus\u00edcaa, a quien las deidades hab\u00edan dotado de belleza, par\u00f3se ante la columna que sosten\u00eda el techo s\u00f3lidamente construido, se admir\u00f3 al clavar los ojos en Odiseo y le dijo estas aladas palabras:<\/p>\n<p>461<\/p>\n<p>\u2014Salve, hu\u00e9sped, para que en alguna ocasi\u00f3n, cuando est\u00e9s de vuelta en tu patria, te acuerdes de mi; que me debes antes que a nadie el rescate de tu vida.<\/p>\n<p>463<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1Naus\u00edcaa, hija del magn\u00e1nimo Alc\u00ednoo! Conc\u00e9dame Zeus, el tonante esposo de Hera, que llegue a mi casa y vea el d\u00eda de mi regreso; que all\u00ed te invocar\u00e9 todos los d\u00edas, como a una diosa, porque fuiste t\u00fa, oh doncella, quien me salv\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>469<\/p>\n<p>Dijo, y fue a sentarse junto al rey Alc\u00ednoo, cuando ya se distribu\u00edan las porciones y se mezclaba el vino. Present\u00f3se el heraldo con el amable aedo Dem\u00f3doco, tan honrado por la gente, y le hizo sentar en medio de los convidados, arrim\u00e1ndolo a excelsa columna. Y entonces el ingenioso Odiseo, cortando una tajada del espinazo de un puerco de blancos dientes, del cual quedaba a\u00fan la mayor parte y estaba cubierto de abundante grasa, habl\u00f3 al heraldo de esta manera:<\/p>\n<p>477<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Heraldo! Toma, ll\u00e9vale esta carne a Dem\u00f3doco para que coma y as\u00ed le obsequiar\u00e9, aunque estoy afligido; que a los aedos por doquier les tributan honor y reverencia los hombres terrestres, porque la Musa les ha ense\u00f1ado el canto y los ama a todos.<\/p>\n<p>482<\/p>\n<p>As\u00ed dijo; y el heraldo puso la carne en las manos del h\u00e9roe Dem\u00f3doco, quien, al recibirla, sinti\u00f3 que se le alegraba el alma. Todos echaron mano a las viandas que ten\u00edan delante. Y cuando hubieron satisfecho las ganas de beber y de comer, el ingenioso Odiseo habl\u00f3 a Dem\u00f3doco de esta manera:<\/p>\n<p>487<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dem\u00f3doco! Yo te alabo m\u00e1s que a otro mortal cualquiera, pues deben de haberte ense\u00f1ado la Musa, hijo de Zeus, o el mismo Apolo, a juzgar por lo primorosamente que cantas el azar de los aqueos y todo lo que llevaron a cabo, padecieron y soportaron como si t\u00fa en persona lo hubieras visto o se lo hubieses o\u00eddo referir a alguno de ellos. Mas, ea, pasa a otro asunto y canta como estaba dispuesto el caballo de madera construido por Epeo con la ayuda de Atenea; maquina enga\u00f1osa que el divinal Odiseo llev\u00f3 a la acr\u00f3polis, despu\u00e9s de llenarla con los guerreros que arruinaron a Troya. Si esto lo cuentas como se debe, yo dir\u00e9 a todos los hombres que una deidad ben\u00e9vola te concedi\u00f3 el divino canto.<\/p>\n<p>499<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3 y el aedo, movido por divinal impulso, enton\u00f3 un canto cuyo comienzo era que los argivos di\u00e9ronse a la mar en sus naves de muchos bancos, despu\u00e9s de haber incendiado el campamento, mientras algunos ya se hallaban con el celeb\u00e9rrimo Odiseo en el \u00e1gora de los teucros, ocultos por el caballo que \u00e9stos mismos llevaron arrastrando hasta la acr\u00f3polis.<\/p>\n<p>502<\/p>\n<p>El caballo estaba en pie, y los teucros, sentados a su alrededor, dec\u00edan muy confusas razones y vacilaban en la elecci\u00f3n de uno de estos tres pareceres; hender el vac\u00edo le\u00f1o con el cruel bronce, subirlo a una altura y despe\u00f1arlo, o dejar el gran simulacro como ofrenda propiciatoria a los dioses; esta \u00faltima resoluci\u00f3n deb\u00eda prevalecer, porque era fatal que la ciudad se arruinase cuando tuviera dentro aquel enorme caballo de madera donde estaban los m\u00e1s valientes argivos, que causaron a los teucros el estrago y la muerte.<\/p>\n<p>514<\/p>\n<p>Cant\u00f3 c\u00f3mo los aqueos, saliendo del caballo y dejando la hueca emboscada, asolaron la ciudad; cant\u00f3 asimismo c\u00f3mo, dispersos unos por un lado y otros por otro, iban devastando la excelsa urbe, mientras que Odiseo, cual si fuese Ares, tomaba el camino de la casa de De\u00edfobo, juntamente con el deiforme Menelao. Y refiri\u00f3 c\u00f3mo aqu\u00e9l hab\u00eda osado sostener un terrible combate, del cual alcanz\u00f3 Victoria por el favor de la magn\u00e1nima Atenea.<\/p>\n<p>521<\/p>\n<p>Tal fue lo que cant\u00f3 el eximio aedo; y en tanto consum\u00edase Odiseo, y las l\u00e1grimas manaban de sus p\u00e1rpados y le regaban las mejillas. De la suerte que una mujer llora, abrazada a su marido, que cay\u00f3 delante de su poblaci\u00f3n y de su gente para que se libraran del d\u00eda cruel la ciudad y los hijos -al verlo moribundo y palpitante se le echa encima y profiere agudos gritos, los contrarios la golpean con las picas en el dorso y en las espaldas tray\u00e9ndole la esclavitud a fin de que padezca trabajos e infortunios, y el dolor miserando deshace sus mejillas- de semejante manera Odiseo derramaba de sus ojos tantas l\u00e1grimas que mov\u00edan a compasi\u00f3n. A todos les pas\u00f3 inadvertido que vertiera l\u00e1grimas, menos a Alc\u00ednoo: el cual, sentado junto a \u00e9l, lo advirti\u00f3 y not\u00f3, oyendo asimismo que suspiraba profundamente. Y en seguida dijo a los feacios, amantes de manejar los remos:<\/p>\n<p>536<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddme, caudillos y pr\u00edncipes de los feacios. Cese Dem\u00f3doco de tocar la melodiosa c\u00edtara, pues quiz\u00e1s lo que canta no les sea grato a todos los oyentes. Desde que empezamos la cena y se levant\u00f3 el divinal aedo, el hu\u00e9sped no ha dejado de verter doloroso llanto; sin duda le vino al alma alg\u00fan pesar. Mas, ea, cese aqu\u00e9l para que nos regocijemos todos, as\u00ed los albergadores del hu\u00e9sped como el hu\u00e9sped mismo; que es lo mejor que se puede hacer, ya que por el venerable hu\u00e9sped se han preparado estas cosas, su conducci\u00f3n y los dones que le hemos hecho en demostraci\u00f3n de aprecio. Como a un hermano debe tratar al hu\u00e9sped y al suplicante, quien tenga un poco de sensatez. Y as\u00ed, no has de ocultar tampoco con astuto designio lo que voy a preguntarte, sino que ser\u00e1 mucho mejor que lo manifiestes. Dime el nombre con que all\u00e1 te llamaban tu padre y tu madre, los habitantes de la ciudad y los vecinos de los alrededores; que ning\u00fan hombre bueno o malo deja de tener el suyo desde que nace, porque los padres lo imponen a cuantos engendran. N\u00f3mbrame tambi\u00e9n tu pa\u00eds, tu pueblo y tu ciudad, para que nuestros bajeles, proponi\u00e9ndose cumplir tu prop\u00f3sito con su inteligencia, te conduzcan all\u00e1 pues entre los feacios no hay pilotos, ni sus naves est\u00e1n provistas de timones como los restantes barcos, sino que ya saben ellas los pensamientos y el querer de los hombres, conocen las ciudades y los f\u00e9rtiles campos de todos los pa\u00edses, atraviesan r\u00e1pidamente el abismo del mar, aunque cualquier vapor o niebla las cubra, y no sienten temor alguno de recibir da\u00f1o o de perderse; si bien o\u00ed decir a mi padre Naus\u00edtoo que Poseid\u00f3n nos mira con malos ojos porque conducimos sin recibir da\u00f1o a todos los hombres, y afirmaba que el dios har\u00eda naufragar en el obscuro ponto un bien construido bajel de los feacios, al volver de conducir a alguien, y cubrir\u00eda la vista de la ciudad con una gran monta\u00f1a. As\u00ed se expresaba el anciano, mas el dios lo cumplir\u00e1 o no, seg\u00fan le plegue.<\/p>\n<p>572<\/p>\n<p>Ea, habla y cu\u00e9ntame sinceramente por d\u00f3nde anduviste perdido y a qu\u00e9 regiones llegaste especificando qu\u00e9 gentes y que ciudades bien pobladas hab\u00eda en ellas; as\u00ed como tambi\u00e9n cu\u00e1les hombres eran crueles, salvajes e injustos, y cu\u00e1les hospitalarios y temerosos de los dioses. Dime por qu\u00e9 lloras y te lamentas en tu \u00e1nimo cuando oyes referir el azar de los argivos, de los d\u00e1naos y de Ili\u00f3n. Di\u00e9ronselo las deidades, que decretaron la muerte de aquellos hombres para que sirvieran a los venideros de asunto para sus cantos. \u00bfAcaso perdiste delante de Ili\u00f3n alg\u00fan deudo como tu yerno ilustre o tu suegro, que son las personas m\u00e1s queridas despu\u00e9s de las ligadas con nosotros por la sangre y el linaje? \u00bfO fue, por ventura, un esforzado y agradable compa\u00f1ero, ya que no es inferior a un hermano el compa\u00f1ero dotado de prudencia?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO VIII 1 No bien se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, levant\u00e1ronse de la cama la sacra potestad de Alc\u00ednoo y Odiseo, del linaje de Zeus, asolador de ciudades. 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