{"id":903,"date":"2010-11-27T00:18:47","date_gmt":"2010-11-26T22:18:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=903"},"modified":"2018-12-22T03:12:48","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:48","slug":"la-odisea-v-homero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-odisea-v-homero\/","title":{"rendered":"\u00abLa Odisea\u201d (V) [Homero]"},"content":{"rendered":"<p><strong>CANTO V<\/strong><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Eos se levantaba del lecho, dejando al ilustre Titonio, para llevar la luz a los inmortales y a los mortales, cuando los dioses se reunieron en junta, sin que faltara Zeus altitonante cuyo poder es grand\u00edsimo. Y Atenea, trayendo a la memoria los muchos infortunios de Odiseo, los refiri\u00f3 a las deidades; interes\u00e1ndose por el h\u00e9roe, que se hallaba entonces en el palacio de la ninfa:<\/p>\n<p>7<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Ning\u00fan rey, que empu\u00f1e cetro, sea benigno, ni blando, ni suave, ni emplee el entendimiento en cosas justas, antes, por el contrario, proceda siempre con crueldad y lleve al cabo acciones nefandas; ya que nadie se acuerda del divino Odiseo, entre los ciudadanos sobre los cuales remaba con blandura de padre. H\u00e1llase en una isla atormentado por fuertes pesares: en el palacio de la ninfa Calipso, que le detiene por fuerza; y no le es posible llegar a su patria porque le faltan naves provistas de remos y compa\u00f1eros que le conduzcan por el ancho dorso del mar. Y ahora quieren matarle el hijo amado as\u00ed que torne a su casa, pues ha ido a la sagrada Pilos y a la divina Lacedemonia en busca de noticias de su padre.<\/p>\n<p>21<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le Zeus, que amontona las nubes:<br \/>\n\u2014\u00a1Hija m\u00eda! \u00a1Qu\u00e9 palabras se te escaparon del cerco de los dientes! \u00bfNo formaste t\u00fa misma ese proyecto: que Odiseo, al tornar a su tierra, se vengar\u00eda de aqu\u00e9llos? Pues acompa\u00f1a con discreci\u00f3n a Tel\u00e9maco, ya que puedes hacerlo, a fin de que se restituya inc\u00f3lumne a su patria y los pretendientes que est\u00e1n en la nave tengan que volverse.<\/p>\n<p>28<\/p>\n<p>Dijo, y dirigi\u00e9ndose a Hermes, su hijo amado, habl\u00f3le de esta suerte:<br \/>\n\u2014\u00a1Hermes! Ya que en lo dem\u00e1s eres t\u00fa el mensajero, ve a decir a la ninfa de hermosas trenzas nuestra firme resoluci\u00f3n -que el paciente Odiseo torne a su patria- para que el h\u00e9roe emprenda el regreso sin ir acompa\u00f1ado ni por los dioses ni por los mortales hombres: navegando en una balsa hecha con gran n\u00famero de ataduras, llegar\u00e1 en veinte d\u00edas y padeciendo trabajos a la f\u00e9rtil Esqueria, a la tierra de los feacios, que por su linaje son cercanos a los dioses; y ellos le honrar\u00e1n cordialmente como a una deidad, y le enviar\u00e1n en un bajel a su patria tierra, despu\u00e9s de regalarle bronce, oro en abundancia, vestidos, y tantas cosas como jam\u00e1s sacara de Troja si llegase indemne y habiendo obtenido la parte de bot\u00edn que le correspondiese. Dispuesto est\u00e1 por la Moira que Odiseo vea a sus amigos y llegue a su casa de alto techo y a su patria.<\/p>\n<p>43<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. El mensajero Argifontes no fue desobediente; al punto at\u00f3 a sus pies los \u00e1ureos divinos talares, que le llevaban sobre el mar y sobre la tierra inmensa con la rapidez del viento, y tom\u00f3 la vara con la cual adormece los ojos de los hombres que quiere o despierta a los que duermen. Teni\u00e9ndola en las manos, el poderoso Argifontes emprendi\u00f3 el vuelo y, al llegar a la Pieria, baj\u00f3 del \u00e9ter al ponto y comenz\u00f3 a volar r\u00e1pidamente sobre las olas, como la gaviota que, pescando peces en los grandes senos del mar est\u00e9ril, moja en el agua del mar sus tupidas alas: tal parec\u00eda Hermes mientras volaba por encima del gran oleaje.<\/p>\n<p>55<\/p>\n<p>Cuando hubo arribado a aquella isla tan lejana, sali\u00f3 del viol\u00e1ceo ponto, salt\u00f3 en tierra, prosigui\u00f3 su camino hacia la vasta gruta donde moraba la ninfa de hermosas trenzas, y hall\u00f3la dentro. Ard\u00eda en el hogar un gran fuego, y el olor del hendible cedro y de la tuya, que en \u00e9l se quemaban, difund\u00edase por la isla hasta muy lejos; mientras ella, cantando con voz hermosa, tej\u00eda en el interior con lanzadera de oro. Rodeando la gruta, hab\u00eda crecido una verde selva de chopos, \u00e1lamos y cipreses olorosos donde anidaban aves de luengas alas: b\u00fahos, gavilanes y cornejas marinas, de ancha lengua, que se ocupaban en cosas del mar.<\/p>\n<p>68<\/p>\n<p>All\u00ed mismo, junto a la honda cueva, extend\u00edase una vi\u00f1a floreciente, cargada de uvas; y cuatro fuentes manaban muy cerca la una de la otra, dejando correr en varias direcciones sus aguas cristalinas. Ve\u00edanse en contorno verdes y amenos prados de violetas y apio; y, al llegar all\u00ed, hasta un inmortal se hubiese admirado, sintiendo que se le alegraba el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>75<\/p>\n<p>Det\u00favose el Argifontes a contemplar aquello; y despu\u00e9s de admirarlo, penetr\u00f3 en la ancha gruta, y fue conocido por Calipso, la divina entre las diosas, desde que a ella se present\u00f3 -que los dioses inmortales se reconocen mutuamente aunque vivan apartados-; pero no hall\u00f3 al magn\u00e1nimo Odiseo, que estaba llorando en la ribera, donde tantas veces, consumiendo su \u00e1nimo con l\u00e1grimas, suspiros y dolores, fijaba los ojos en el ponto est\u00e9ril y derramaba copioso llanto. Y Calipso, la divina entre las diosas, hizo sentar a Hermes en espl\u00e9ndido y magn\u00edfico sitial, y pregunt\u00f3le de esta suerte:<\/p>\n<p>87<\/p>\n<p>\u2014\u00bf Por qu\u00e9, oh Hermes, el de la \u00e1urea vara, venerable y caro, vienes a mi morada? Antes no sol\u00edas frecuentarla. Di que deseas, pues mi \u00e1nimo me impulsa a ejecutarlo si de m\u00ed depende y es ello posible. Pero s\u00edgueme, a fin de que te ofrezca los dones de la hospitalidad.<\/p>\n<p>92<\/p>\n<p>Habiendo hablado de semejante modo, la diosa p\u00fasole delante una mesa, que hab\u00eda llenado de ambros\u00eda y mezcl\u00f3 el rojo n\u00e9ctar. All\u00ed bebi\u00f3 y comi\u00f3 el mensajero de Argifontes. Y cuando hubo cenado y repuesto su \u00e1nimo con la comida, respondi\u00f3 a Calipso con estas palabras:<\/p>\n<p>97<\/p>\n<p>\u2014Me preguntas, oh diosa, a mi, que soy dios, por qu\u00e9 he venido. Voy a dec\u00edrtelo con sinceridad, ya que as\u00ed lo mandas. Zeus me orden\u00f3 que viniese, sin que yo lo deseara: \u00bfqui\u00e9n pasar\u00eda de buen grado tanta agua salada que ni decirse puede, mayormente no habiendo por ah\u00ed ninguna ciudad en que los mortales hagan sacrificios a los dioses y les inmolen selectas hecatombes? Mas no le es posible a ning\u00fan dios ni traspasar ni dejar sin efecto la voluntad de Zeus, que lleva la \u00e9gida. Dice que est\u00e1 contigo un var\u00f3n, que es el m\u00e1s infortunado de cuantos combatieron alrededor de la ciudad de Pr\u00edamo durante nueve a\u00f1os y, en el d\u00e9cimo, habi\u00e9ndola: destruido, tornaron a sus casas; pero en la vuelta ofendieron a Atenea, y la diosa hizo que se levantara un viento desfavorable e hinchadas olas. En estas hallaron la muerte sus esforzados compa\u00f1eros; y a \u00e9l traj\u00e9ronlo ac\u00e1 el viento y el oleaje. Y Zeus te manda que a tal var\u00f3n le permitas que se vaya cuanto antes: porque no es su destino morir lejos de los suyos, sino que la Moira tiene dispuesto que los vuelva a ver, llegando a su casa de elevada techumbre y a su patria tierra.<\/p>\n<p>116<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Estremeci\u00f3se Calipso, la divina entre las diosas, y respondi\u00f3 con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>118<\/p>\n<p>\u2014Sois, oh dioses, malignos y celosos como nadie, pues sent\u00eds envidia de las diosas que no se recatan de dormir con el hombre a quien han tomado por esposo. As\u00ed, cuando Eos de ros\u00e1ceos dedos arrebat\u00f3 a Ori\u00f3n le tuvisteis envidia vosotros los dioses, que viv\u00eds sin cuidados, hasta que la casta Artemis, la de trono de oro, lo mat\u00f3 en Ortigia alcanz\u00e1ndole con sus dulces flechas. Asimismo, cuando Dem\u00e9ter, la de hermosas trenzas. Cediendo a los impulsos de su coraz\u00f3n, junt\u00f3se en amor y cama con Yasi\u00f3n en una tierra noval labrada tres veces, Zeus, que no tard\u00f3 en saberlo, mat\u00f3 al h\u00e9roe hiri\u00e9ndole con el ardiente rayo, y as\u00ed tambi\u00e9n me ten\u00e9is envidia, oh dioses, porque est\u00e1 conmigo un hombre mortal; a quien salv\u00e9 cuando bogaba solo y montado en una quilla, despu\u00e9s que Zeus le hendi\u00f3 la nave, en medio del vinoso ponto, arrojando contra la misma el ardiente rayo. All\u00ed acabaron la vida sus fuertes compa\u00f1eros; mas a \u00e9l traj\u00e9ronlo ac\u00e1 el viento y el oleaje. Y le acog\u00ed amigablemente, le mantuve y d\u00edjele a menudo que le har\u00eda inmortal y libre de la vejez por siempre jam\u00e1s. Pero, ya que no le es posible a ning\u00fan dios ni transgredir ni dejar sin efecto la voluntad de Zeus, que lleva la \u00e9gida, v\u00e1yase aqu\u00e9l por el mar est\u00e9ril, si \u00e9se le incita y se lo manda; que yo no le he de despedir -pues no dispongo de naves provistas de remos, ni puedo darle compa\u00f1eros que le conduzcan por el ancho dorso del mar-, aunque le aconsejar\u00e9 de muy buena voluntad, sin ocultarle nada, para que llegue sano y salvo a su patria tierra.<\/p>\n<p>145<\/p>\n<p>Replic\u00f3le el mensajero Argifontes:<br \/>\n\u2014Desp\u00eddele pronto y teme la c\u00f3lera de Zeus; no sea que este dios, irrit\u00e1ndose, se ensa\u00f1e contra ti en lo sucesivo.<\/p>\n<p>148<\/p>\n<p>En diciendo esto, parti\u00f3 el poderoso Argifontes; y la veneranda ninfa, o\u00eddo el mensaje de Zeus, fuese a buscar al magn\u00e1nimo Odiseo. Hall\u00f3le sentado en la playa, que all\u00ed se estaba, sin que sus ojos se secasen del continuo llanto, y consum\u00eda su dulce vida suspirando por el regreso; pues la ninfa ya no le era grata. Obligado a pernoctar en la profunda cueva, durmiendo con la ninfa que le quer\u00eda sin que \u00e9l la quisiese, pasaba el d\u00eda sentado en las rocas de la ribera del mar y consumiendo su \u00e1nimo en l\u00e1grimas, suspiros y dolores, clavaba los ojos en el ponto est\u00e9ril y derramaba copioso llanto. Y, pas\u00e1ndose cerca de \u00e9l, d\u00edjole de esta suerte la divina entre las diosas:<\/p>\n<p>160<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Desdichado! No llores m\u00e1s ni consumas tu vida pues de muy buen grado dejar\u00e9 que partas. Ea, corta maderos grandes: y, ensambl\u00e1ndolos con el bronce, forma una extensa balsa y c\u00fabrela con piso de tablas, para que te lleve por el obscuro ponto. Yo pondr\u00e9 en ella pan, agua y el rojo vino, regocijador del \u00e1nimo, que te librar\u00e1n de padecer hambre; te dar\u00e9 vestidos y te mandar\u00e9 pr\u00f3spero viento, a fin de que llegues sano y salvo a tu patria tierra si lo quieren los dioses que habitan el anchuroso cielo; los cuales me aventajan, as\u00ed en trazar designios como en llevarlos a t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>171<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. Estremeci\u00f3se el paciente divinal Odiseo y respondi\u00f3 con estas aladas palabras:<\/p>\n<p>173<\/p>\n<p>\u2014Algo revuelves en tu pensamiento, oh diosa, y no por cierto mi partida, al ordenarme que atraviese en una balsa el gran abismo del mar, tan terrible y peligroso que no lo pasar\u00e1n f\u00e1cilmente naves de buenas proporciones, veleras, animadas por un viento favorable que les enviara Zeus. Yo no subir\u00eda en la balsa, mal de tu grado, si no te resolvieras a prestarme firme juramento de que no maquinar\u00e1s causarme ning\u00fan otro pernicioso da\u00f1o.<\/p>\n<p>180<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed habl\u00f3. Sonri\u00f3se Calipso, la divina entre las diosas; y, acarici\u00e1ndole con la mano, le dijo estas palabras:<\/p>\n<p>182<\/p>\n<p>\u2014Eres en verdad injusto, aunque no sueles pensar cosas livianas, cuando tales palabras te has atrevido a proferir. S\u00e9palo ahora la Tierra y desde arriba el anchuroso Cielo y el agua corriente de la Estix -que es el juramento mayor y m\u00e1s terrible para los bienaventurados dioses-: no maquinar\u00e9 contra ti ning\u00fan pernicioso da\u00f1o, y pienso y he de aconsejarte cuanto para mi misma discurriera si en tan grande necesidad me viese. Mi intenci\u00f3n es justa, y en mi pecho no se encierra un \u00e1nimo f\u00e9rreo sino compasivo.<\/p>\n<p>192<\/p>\n<p>Cuando as\u00ed hubo hablado, la divina entre las diosas ech\u00f3 a andar aceleradamente y Odiseo fue siguiendo las pisadas de la deidad. Llegaron a la profunda cueva la diosa y el var\u00f3n, \u00e9ste se acomod\u00f3 en la silla de donde se hab\u00eda levantado Hermes, y la ninfa sirvi\u00f3le toda clase de alimentos, as\u00ed comestibles como bebidas, de los que se mantienen los mortales hombres. Luego sent\u00f3se ella enfrente del divino Odiseo, y sirvi\u00e9ronle las criadas ambros\u00eda y n\u00e9ctar. Cada uno ech\u00f3 mano a las viandas que ten\u00eda delante; y, apenas se hubieron saciado de comer y de beber, Calipso, la divina entre las diosas, rompi\u00f3 el silencio y dijo:<\/p>\n<p>203<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Laert\u00edada del linaje de Zeus! \u00a1Odiseo fecundo en ardides! As\u00ed, pues, deseas irte en seguida a tu casa y a tu patria tierra? S\u00e9, esto no obstante, dichoso. Pero si tu inteligencia conociese los males que habr\u00e1s de padecer fatalmente antes de llegar a tu patria, te quedar\u00e1s conmigo, custodiando esta morada, y fueras inmortal, aunque est\u00e9s deseoso de ver a tu esposa, de la que padeces soledad todos los d\u00edas. Yo me jacto de no serle inferior ni en el cuerpo ni en el natural, que no pueden las mortales competir con las diosas ni por su cuerpo ni por su belleza.<\/p>\n<p>214<\/p>\n<p>Respondi\u00f3le el ingenioso Odiseo:<br \/>\n\u2014\u00a1No te enojes conmigo, veneranda deidad! Conozco muy bien que la prudente Penelopea te es inferior en belleza y en estatura; siendo ella mortal y t\u00fa inmortal y exenta de la vejez. Esto no obstante, deseo y anhelo continuamente irme a mi casa y ver lucir el d\u00eda de mi vuelta. Y si alguno de los dioses quisiera aniquilarme en el vinoso ponto, lo sufrir\u00e9 con el \u00e1nimo que llena mi pecho y tan paciente es para los dolores; pues he padecido mucho as\u00ed en el mar como en la guerra, y venga este mal tras de los otros.<\/p>\n<p>225<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3. P\u00fasose el sol y sobrevino la obscuridad. Retir\u00e1ronse entonces a lo m\u00e1s hondo de la profunda cueva; y all\u00ed muy juntos hallaron en el amor contentamiento.<\/p>\n<p>228<\/p>\n<p>Mas, no bien se mostr\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, visti\u00f3se Odiseo la t\u00fanica y el manto; y ella se puso amplia vestidura, fina y hermosa, ci\u00f1\u00f3 el talle con lindo cintur\u00f3n de oro, vel\u00f3 su cabeza y ocup\u00f3se en disponer la partida del magn\u00e1nimo Odiseo. Di\u00f3le una gran segur que pudiera manejar, de bronce, aguda de entrambas partes, con un hermoso astil de olivo bien ajustado: entreg\u00f3le despu\u00e9s una azuela muy pulimentada y le llev\u00f3 a un extremo de la isla donde hab\u00edan crecido altos \u00e1rboles -chopos, \u00e1lamos y el abeto que sube hasta el cielo-, todos los cuales estaban secos desde antiguo y eran muy duros y a prop\u00f3sito para mantenerse a flote sobre las aguas. Y tan presto como le hubo ense\u00f1ado d\u00f3nde hab\u00edan crecido aquellos grandes \u00e1rboles, Calipso, la divina entre las diosas, volvi\u00f3 a su morada, y \u00e9l se puso a cortar troncos y no tard\u00f3 en dar fin a su trabajo. Derrib\u00f3 veinte, que desbast\u00f3 con el bronce, puli\u00f3 con habilidad y enderez\u00f3 por medio de un nivel. Calipso, la divina entre las diosas, tr\u00e1jole unos barrenos con los cuales taladr\u00f3 el h\u00e9roe todas las piezas que uni\u00f3 luego, sujet\u00e1ndolas con clavos y clavijas. Cuan ancho es el redondeado fondo de un buen nav\u00edo de carga, que h\u00e1bil art\u00edfice construyera, tan grande hizo Odiseo la balsa. Labr\u00f3 despu\u00e9s la cubierta, adapt\u00e1ndola a espesas vigas y d\u00e1ndole remate con un piso de largos tablones; puso en el centro un m\u00e1stil con su correspondiente entena, y fabric\u00f3 un tim\u00f3n para regir la balsa. A \u00e9sta la protegi\u00f3 por todas partes con mimbres entretejidos, que fuesen reparo de las olas, y la lastr\u00f3 con abundante madera. Mientras tanto Calipso, la divina entre las diosas, tr\u00e1jole lienzo para las velas; y Odiseo las construy\u00f3 con gran habilidad. Y atando en la balsa cuerdas, maromas y bolinas, ech\u00f3lo por medio de unos parales al mar divino.<\/p>\n<p>262<\/p>\n<p>Al cuarto d\u00eda ya todo estaba terminado, y al quinto despidi\u00f3le de la isla la divina Calipso, despu\u00e9s de lavarlo y vestirle perfumadas vestiduras. Entreg\u00f3le la diosa un pellejo de negro vino, otro grande de agua, un saco de provisiones y muchos manjares gratos al \u00e1nimo; y mand\u00f3le favorable y pl\u00e1cido viento.<\/p>\n<p>269<\/p>\n<p>Gozoso despleg\u00f3 las velas el divinal 0diseo y sent\u00e1ndose, comenz\u00f3 a regir h\u00e1bilmente la balsa con el tim\u00f3n, sin que el sue\u00f1o cayese en sus p\u00e1rpados, mientras contemplaba las Pl\u00e9yades, el Bootes, que se pone muy tarde, y la Osa, llamada el Carro por sobrenombre, la cual gira siempre en el mismo lugar, acecha Ori\u00f3n y es la \u00fanica que no se ba\u00f1a en el Oc\u00e9ano; pues hab\u00edale ordenado Calipso, la divina entre las diosas, que tuviera la Osa a la mano izquierda durante la traves\u00eda. Diecisiete d\u00edas naveg\u00f3, atravesando el mar, y al d\u00e9cimoctavo pudo ver los umbrosos montes del pa\u00eds de los feacios en la parte m\u00e1s cercana, apareci\u00e9ndosele como un escudo en medio del sombr\u00edo ponto.<\/p>\n<p>282<\/p>\n<p>El poderoso Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, regresaba entonces del pa\u00eds de los et\u00edopes y vio a Odiseo de lejos, desde los montes Solimos, pues se le apareci\u00f3 navegando por el ponto. Encendi\u00f3se en ira la deidad y, sacudiendo la cabeza, habl\u00f3 entre s\u00ed de semejante modo:<\/p>\n<p>286<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh dioses! Sin duda cambiaron las deidades sus prop\u00f3sitos en orden a Odiseo, mientras yo me hallaba entre los et\u00edopes. Ya est\u00e1 junto a la tierra de los feacios, donde es fatal que se libre del c\u00famulo de desgracias que le han alcanzado. Creo, no obstante, que a\u00fan habr\u00e1n de cargar sobre \u00e9l no pocos males.<\/p>\n<p>291<\/p>\n<p>Dijo; y, echando mano al tridente, congreg\u00f3 las nube, y turb\u00f3 el mar; suscit\u00f3 grandes torbellinos de toda clase de vientos; cubri\u00f3 de nubes la tierra y el ponto, y la noche cay\u00f3 del cielo. Soplaron a la vez el Euro, el Noto, el impetuoso C\u00e9firo y el B\u00f3reas que, nacido en el \u00e9ter, levanta grandes olas. Entonces desfallecieron las rodillas y el coraz\u00f3n de Odiseo; y el h\u00e9roe, gimiendo, a su magn\u00e1nimo esp\u00edritu, as\u00ed le hablaba:<\/p>\n<p>299<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay de mi, desdichado; \u00bfqu\u00e9 es lo que, por fin, me va a suceder? Temo que salgan ver\u00eddicas las predicciones de la diosa la cual me aseguraba que hab\u00eda de pasar grandes trabajos en el ponto antes de volver a la patria tierra, pues ahora todo se est\u00e1 cumpliendo. \u00a1Con qu\u00e9 nubes ha cerrado Zeus el anchuroso cielo! Y ha conturbado el mar; y arrecian los torbellinos de toda clase de vientos. Ahora me espera, a buen seguro, una terrible muerte. \u00a1Oh, una y mil veces dichosos los d\u00e1naos que perecieron en la vasta Troya, luchando por complacer a los Atridas! \u00a1As\u00ed hubiera yo muerto tambi\u00e9n, cumpli\u00e9ndose mi destino, el d\u00eda en que multitud de teucros me arrojaban bronc\u00edneas lanzas junto al cad\u00e1ver del Peli\u00f3n! All\u00ed obtuviera honras f\u00fanebres y los aqueos ensalzaran mi gloria: pero dispone el hado que yo sucumba con deplorable muerte.<\/p>\n<p>313<\/p>\n<p>Mientras esto dec\u00eda, vino una grande ola que desde lo alto cay\u00f3 horrendamente sobre Odiseo e hizo que la balsa zozobrara. Fue arrojado el h\u00e9roe lejos de la balsa, sus manos dejaron el tim\u00f3n, lleg\u00f3 un horrible torbellino de mezclados vientos que rompi\u00f3 el m\u00e1stil por la mitad, y la vela y la entena cayeron en el ponto a gran distancia.<\/p>\n<p>319<\/p>\n<p>Mucho tiempo permaneci\u00f3 Odiseo sumergido, que no pudo salir a flote inmediatamente por el gran \u00edmpetu de las olas y porque le pesaban los vestidos que le hab\u00eda entregado la divinal Calipso. Sobrenad\u00f3, por fin, despidiendo de la boca el agua amarga que asimismo le corr\u00eda de la cabeza en sonoros chorros. Mas aunque fatigado, no perd\u00eda de vista la balsa; sino que, movi\u00e9ndose con vigor por entre las olas, la asi\u00f3 y se sent\u00f3 en medio de ella para evitar la muerte.<\/p>\n<p>327<\/p>\n<p>El gran oleaje llevaba la balsa de ac\u00e1 para all\u00e1, seg\u00fan la corriente. Del mismo modo que el oto\u00f1o al B\u00f3reas arrastra por la llanura unos vilanos, que entre s\u00ed se entretejen espesos; as\u00ed los vientos conduc\u00edan la balsa por el Pi\u00e9lago, de ac\u00e1 para all\u00e1: unas veces el Noto la arrojaba al B\u00f3reas, para que se la llevase, y en otras ocasiones el Euro la ced\u00eda al C\u00e9firo a fin de que este la persiguiera.<\/p>\n<p>333<\/p>\n<p>Pero vi\u00f3le Ino Leucotea, hija de Cadmo, la de pies hermosos, que antes hab\u00eda sido mortal dotada de voz, y entonces, residiendo en lo hondo del mar, disfrutaba de honores divinos. Y como se apiadara de Odiseo, al contemplarle errabundo y abrumado por la fatiga, transfigurose en mergo, sali\u00f3 volando del abismo del mar y, pos\u00e1ndose en la balsa construida con muchas ataduras, d\u00edjole estas palabras:<\/p>\n<p>339<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Desdichado! \u00bfPorqu\u00e9 Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, se air\u00f3 tan fieramente contigo y te est\u00e1 suscitando multitud de males? No lograr\u00e1 anonadarte por mucho que lo anhele. Haz lo que voy a decir, pues me figuro que no te falta prudencia: qu\u00edtate esos vestidos, deja la balsa para que los vientos se la lleven y, nadando con las manos, procura llegar a la tierra de los feacios, donde la Moira ha dispuesto que te salves. Toma, extiende este velo inmortal debajo de tu pecho y no temas padecer, ni morir tampoco. Y as\u00ed que toques con tus manos la tierra firme, qu\u00edtatelo y arr\u00f3jalo en el vinoso ponto, muy lejos del continente, volvi\u00e9ndote a otro lado.<\/p>\n<p>351<\/p>\n<p>Dichas estas palabras, la diosa le entreg\u00f3 el velo, y transfigurada en mergo, torn\u00f3 a sumergirse en el undoso ponto y las negruzcas olas la cubrieron. Mas el paciente divinal Odiseo estaba indeciso y, gimiendo, habl\u00f3 de esta guisa a su coraz\u00f3n magn\u00e1nimo:<\/p>\n<p>356<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay de mi! No sea que alguno de los mortales me tienda un lazo, cuando me da la orden de que desampare la balsa. No obedecer\u00e9 todav\u00eda, que con mis ojos veo que est\u00e1 muy lejana la tierra donde, seg\u00fan afirman, he de hallar refugio; antes proceder\u00e9 de esta suerte por ser, a mi juicio, lo mejor: mientras los maderos est\u00e1n sujetados por las clavijas, seguir\u00e9 aqu\u00ed y sufrir\u00e9 los males que haya de padecer, y luego que las olas deshagan la balsa me pondr\u00e9 a nadar; pues no se me ocurre nada m\u00e1s provechoso.<\/p>\n<p>365<\/p>\n<p>Tales cosas revolv\u00eda en su mente y en su coraz\u00f3n, cuando Poseid\u00f3n, que sacude la tierra, alz\u00f3 una oleada tremenda, dif\u00edcil de resistir, alta como un techo, y empuj\u00f3la contra el h\u00e9roe. De la suerte que impetuoso viento revuelve un mont\u00f3n de pajas secas, dispers\u00e1ndolas por este y por el otro lado; de la misma manera desbarat\u00f3 la ola los grandes le\u00f1os de la balsa. Pero Odiseo asi\u00f3 una de las tablas y se puso a caballo en ella; desnud\u00f3se los vestidos que la divinal Calipso le hab\u00eda regalado, extendi\u00f3 prestamente el velo debajo de su pecho y se dej\u00f3 caer en el agua boca abajo, con los brazos abiertos, deseoso de nadar. Vi\u00f3le el poderoso dios que sacude la tierra y, moviendo la cabeza, habl\u00f3 de semejante modo:<\/p>\n<p>377<\/p>\n<p>\u2014Ahora que has padecido tantos males, vaga por el ponto hasta que llegues a juntarte con esos hombres, alumnos de Zeus. Se me figura que ni aun as\u00ed te parecer\u00e1n pocas tus desgracias.<\/p>\n<p>380<\/p>\n<p>Dicho esto, pic\u00f3 con el l\u00e1tigo a los corceles de hermosas crines y se fue a Egas, donde posee \u00ednclita morada.<\/p>\n<p>382<\/p>\n<p>Entonces Atenea, hija de Zeus, orden\u00f3 otra cosa. Cerr\u00f3 el camino a los vientos, y les mand\u00f3 que se sosegaran y durmieran; y, haciendo soplar el r\u00e1pido B\u00f3reas, quebr\u00f3 las olas hasta que Odiseo, del linaje de Zeus, libr\u00e1ndose de la muerte y de las Moiras, llegase a los feacios, amantes de manejar los remos.<\/p>\n<p>388<\/p>\n<p>Dos d\u00edas con sus noches anduvo errante el h\u00e9roe sobre las densas olas, y su coraz\u00f3n presagi\u00f3le la muerte en repetidos casos. Mas, tan luego como Eos, de hermosas trenzas, dio principio al tercer d\u00eda, ces\u00f3 el vendaval, rein\u00f3 sosegada calma y Odiseo pudo ver, desde lo alto de una ingente ola y aguzando mucho la vista, que la tierra se hallaba cerca. Cuan grata se les presenta a los hijos la vida de un padre que estaba postrado por la enfermedad y padec\u00eda graves dolores, consumi\u00e9ndose desde largo tiempo a causa de la persecuci\u00f3n de horrendo numen, si los dioses le libran felizmente del mal: tan agradable apareci\u00f3 para Odiseo la tierra y el bosque. Nadaba pues, esforz\u00e1ndose por asentar el pie en tierra firme; mas, as\u00ed que estuvo tan cercano a la orilla que hasta ella hubieran llegado sus gritos, oy\u00f3 el estr\u00e9pito con que en las pe\u00f1as se romp\u00eda el mar. Bramaban las inmensas olas, azotando horrendamente la \u00e1rida costa, y todo estaba cubierto de salada espuma; pues all\u00ed no hab\u00eda puertos, donde las naves se acogiesen, ni siquiera ensenadas, sino orillas abruptas, rocas y escollos. Entonces desmayaron las rodillas y el coraz\u00f3n de Odiseo, y el h\u00e9roe, gimiendo, a su magn\u00e1nimo esp\u00edritu as\u00ed le hablaba:<\/p>\n<p>408<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay de mi! Despu\u00e9s que Zeus me concedi\u00f3 que viese inesperada tierra, y acabe de surcar este abismo, ning\u00fan paraje descubro por donde consiga salir del espumoso mar. Por defuera hay agudos pe\u00f1ascos a cuyo alrededor braman las olas impetuosamente, y la roca se levanta lisa; y aqu\u00ed es el mar tan hondo que no puedo afirmar los pies para librarme del mal. No sea que, cuando me disponga a salir, ingente ola me arrebate y de conmigo en el p\u00e9treo pe\u00f1asco; y me salga en vano mi intento. Mas, si voy nadando, en busca de una playa o de un puerto de mar, temo que nuevamente me arrebate la tempestad y me lleve al ponto, abundante en peces, haci\u00e9ndome proferir hondos suspiros; o que una deidad incite contra mi alg\u00fan monstruo marino, como los que cr\u00eda en gran abundancia la ilustre Anfitrite; pues s\u00e9 que el \u00ednclito dios que bate la tierra est\u00e1 enojado conmigo.<\/p>\n<p>424<\/p>\n<p>Mientras tales pensamientos revolv\u00eda en su mente y en su coraz\u00f3n, una oleada lo llev\u00f3 a la \u00e1spera ribera. All\u00ed se habr\u00eda desgarrado la piel y roto los huesos, si Atenea, la deidad de ojos de lechuza, no le hubiese sugerido en el \u00e1nimo lo que llev\u00f3 a efecto: lanz\u00f3se a la roca, la asi\u00f3 con ambas manos y, gimiendo, permaneci\u00f3 adherido a ella hasta que la enorme ola hubo pasado. De esta suerte la evit\u00f3; mas, al refluir, di\u00f3le tal acometida, que lo ech\u00f3 en el ponto y bien adentro. As\u00ed como el pulpo, cuando lo sacan de su escondrijo, lleva pegadas en los tent\u00e1culos muchas pedrezuelas; as\u00ed, la piel de las fornidas manos de Odiseo se desgarr\u00f3 y qued\u00f3 en las rocas, mientras le cubr\u00eda inmensa ola. Y all\u00ed acabara el infeliz Odiseo contra lo dispuesto por el hado, si Atenea, la deidad de los ojos de lechuza, no le inspirara prudencia. Sali\u00f3 a flote y, apart\u00e1ndose de las olas que se estrellan con estr\u00e9pito en la ribera, nad\u00f3 a lo largo de la orilla, mirando a la tierra, por si hallaba alguna playa que las olas batieran oblicuamente o alg\u00fan puerto de mar. Mas como llegase, nadando, a la boca de un r\u00edo de hermosa corriente el lugar pareci\u00f3le muy a prop\u00f3sito por carecer de rocas y formar un reparo contra el viento. Y conociendo que era un r\u00edo que desbalagaba, suplic\u00f3le as\u00ed en su coraz\u00f3n:<\/p>\n<p>445<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oyeme, oh soberano, quienquiera que seas! Vengo a ti, tan deseado, huyendo del ponto y de las amenazas de Poseid\u00f3n. Es digno de respeto aun para los inmortales dioses el hombre que se presenta errabundo, como llego ahora a tu corriente y a tus rodillas despu\u00e9s de pasar muchos trabajos. \u00a1Oh, rey, api\u00e1date de mi, ya que me glorio de ser tu suplicante!<\/p>\n<p>451<\/p>\n<p>As\u00ed dijo. En seguida suspendi\u00f3 el r\u00edo su corriente, apacigu\u00f3 las olas, mand\u00f3 la calma delante de s\u00ed y salv\u00f3 a Odiseo en la desembocadura. El h\u00e9roe dobl\u00f3 entonces las rodillas y los fuertes brazos, pues su coraz\u00f3n estaba fatigado de luchar con el mar. Ten\u00eda Odiseo todo el cuerpo hinchado, de su boca y de su nariz manaba en abundancia el agua del mar y, falto de aliento y de voz, qued\u00f3se tendido y sin fuerzas porque el terrible cansancio le abrumaba.<\/p>\n<p>458<\/p>\n<p>Cuando ya respir\u00f3 y recobr\u00f3 el \u00e1nimo en su coraz\u00f3n, desat\u00f3 el velo de la diosa y arroj\u00f3lo en el r\u00edo, que corr\u00eda hacia el mar: llev\u00f3se el velo una ola grande en la direcci\u00f3n de la corriente y pronto Ino lo tuvo en sus manos. Odiseo se apart\u00f3 del r\u00edo, ech\u00f3se al pie de unos juncos, bes\u00f3 la f\u00e9rtil tierra y, gimiendo, a su magn\u00e1nimo esp\u00edritu as\u00ed le hablaba:<\/p>\n<p>465<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay de mi! \u00bfQu\u00e9 no padezco? \u00bfQu\u00e9 es lo que al fin me va a suceder? Si paso la molesta noche junto al r\u00edo, quiz\u00e1s la da\u00f1osa helada y el fresco roc\u00edo me acaben y exhale yo el \u00faltimo aliento a causa de mi debilidad; y una brisa glacial viene del r\u00edo antes de rayar el alba. Y si subo al collado y me duermo entre los espesos arbustos de la selva umbr\u00eda, como me dejen el fr\u00edo y el cansancio y me venga dulce sue\u00f1o, temo ser presa y pasto de las fieras.<\/p>\n<p>474<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de meditarlo, se le ofreci\u00f3 como mejor el \u00faltimo lance. Fuese, pues, a la selva que hall\u00f3 cerca del agua, en un altozano, y meti\u00f3se debajo de dos arbustos que hab\u00edan nacido en un mismo lugar y eran un acebuche y un olivo. Ni el h\u00famedo soplo de los vientos pasaba por entre ambos, ni el resplandeciente sol los her\u00eda con sus rayos, ni la lluvia los penetraba del todo: tan espesos y entrelazados hab\u00edan crecido. Debajo de ellos se introdujo Odiseo y al instante aparej\u00f3se con sus manos ancha cama, pues hab\u00eda tal abundancia de serojas que bastaran para abrigar a dos o tres hombres en lo m\u00e1s fuerte del invierno por riguroso que fuese. Mucho holg\u00f3 de verlas el paciente divinal Odiseo, que se acost\u00f3 en medio y se cubri\u00f3 con multitud de ellas.<\/p>\n<p>488<\/p>\n<p>As\u00ed como el que vive en remoto campo y no tiene vecinos, esconde un tiz\u00f3n en la negra ceniza para conservar el fuego y no tener que ir a encenderlo a otra parte; de esta suerte se cubri\u00f3 Odiseo con la hojarasca. Y Atenea infundi\u00f3le en los ojos dulce sue\u00f1o y le cerr\u00f3 los p\u00e1rpados para que cuanto antes se librara del penoso cansancio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANTO V 1 Eos se levantaba del lecho, dejando al ilustre Titonio, para llevar la luz a los inmortales y a los mortales, cuando los dioses se reunieron en junta, sin que faltara Zeus altitonante cuyo poder es grand\u00edsimo. Y Atenea, trayendo a la memoria los muchos infortunios de Odiseo,\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-odisea-v-homero\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1016,1012,1039,1031,1015,1034,1058,1289,1060,1288,1057,1033],"class_list":["post-903","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-arte","tag-ave","tag-belleza","tag-enfermedad","tag-flor","tag-guerra","tag-hogar","tag-homero","tag-lengua","tag-odisea","tag-pensamiento","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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