{"id":896,"date":"2010-11-27T00:09:30","date_gmt":"2010-11-26T22:09:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=896"},"modified":"2018-12-22T03:12:33","modified_gmt":"2018-12-22T01:12:33","slug":"apologia-de-socrates-platon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/apologia-de-socrates-platon\/","title":{"rendered":"\u00abApolog\u00eda de S\u00f3crates\u00bb [Plat\u00f3n]"},"content":{"rendered":"<div>Di\u00e1logo de Plat\u00f3n, donde se expresa una defensa en palabras\u00a0de S\u00f3crates ante el jurado de la ciudad de Atenas, tras ser acusado de desprecio hacia los dioses y corrupci\u00f3n de los j\u00f3venes.<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>No s\u00e9, atenienses, la sensaci\u00f3n que hab\u00e9is experimentado por las palabras de mis acusadores. Ciertamente, bajo su efecto, incluso yo mismo he estado a punto de no reconocerme; tan persuasivamente hablaban. Sin embargo, por as\u00ed decirlo, no han dicho nada verdadero. De las muchas mentiras que han urdido, una me caus\u00f3 especial extra\u00f1eza, aquella en la que dec\u00edan que ten\u00edais que precaveros de ser enga\u00f1ados por m\u00ed porque, dicen ellos, soy h\u00e1bil para hablar. En efecto, no sentir verg\u00fcenza de que inmediatamente les voy a contradecir con la realidad cuando de ning\u00fan modo me muestre h\u00e1bil para hablar, eso me ha parecido en ellos lo m\u00e1s falto de verg\u00fcenza, si no es que acaso \u00e9stos llaman h\u00e1bil para hablar al que dice la verdad. Pues, si es eso lo que dicen, yo estar\u00eda de acuerdo en que soy orador, pero no al modo de ellos. En efecto, como digo, \u00e9stos han dicho poco o nada verdadero. En cambio, vosotros vais a o\u00edr de m\u00ed toda la verdad; ciertamente, por Zeus, atenienses, no oir\u00e9is bellas frases, como las de \u00e9stos, adornadas cuidadosamente con expresiones y vocablos, sino que vais a o\u00edr frases dichas al azar con las palabras que me vengan a la boca; porque estoy seguro de que es justo lo que digo, y ninguno de vosotros espere otra cosa. Pues, por supuesto, tampoco ser\u00eda adecuado, a esta edad m\u00eda, presentarme ante vosotros como un jovenzuelo que modela sus discursos. Adem\u00e1s y muy seriamente, atenienses, os suplico y pido que si me o\u00eds hacer mi defensa con las mismas expresiones que acostumbro a usar, bien en el \u00e1gora, encima de las mesas de los cambistas, donde muchos de vosotros me hab\u00e9is o\u00eddo, bien en otras partes, que no os cause extra\u00f1eza, ni protest\u00e9is por ello. En efecto, la situaci\u00f3n es \u00e9sta. Ahora, por primera vez, comparezco ante un tribunal a mis setenta a\u00f1os. Simplemente, soy ajeno al modo de expresarse aqu\u00ed. Del mismo modo que si, en realidad, fuera extranjero me consentir\u00edais, por supuesto, que hablara con el acento y manera en los que me hubiera educado, tambi\u00e9n ahora os pido como algo justo, seg\u00fan me parece a m\u00ed, que me permit\u00e1is mi manera de expresarme -quiz\u00e1 podr\u00eda ser peor, quiz\u00e1 mejor- y consider\u00e9is y pong\u00e1is atenci\u00f3n solamente a si digo cosas justas o no. \u00c9ste es el deber del juez, el del orador, decir la verdad.Ciertamente, atenienses, es justo que yo me defienda, en primer lugar, frente a las primeras acusaciones falsas contra m\u00ed y a los primeros acusadores; despu\u00e9s, frente a las \u00faltimas, y a los \u00faltimos . En efecto, desde antiguo y durante ya muchos a\u00f1os, han surgido ante vosotros muchos acusadores m\u00edos, sin decir verdad alguna, a quienes temo yo m\u00e1s que a \u00c1nito y los suyos, aun siendo tambi\u00e9n \u00e9stos temibles. Pero lo son m\u00e1s, atenienses, los que tom\u00e1ndoos a muchos de vosotros desde ni\u00f1os os persuad\u00edan y me acusaban mentirosamente, diciendo que hay un cierto S\u00f3crates, sabio, que se ocupa de las cosas celestes, que investiga todo lo que hay bajo la tierra y que hace m\u00e1s fuerte el argumento m\u00e1s d\u00e9bil. \u00c9stos, atenienses, los que han extendido esta fama, son los temibles acusadores m\u00edos, pues los oyentes consideran que los que investigan eso no creen en los dioses. En efecto, estos acusadores son muchos y me han acusado durante ya muchos a\u00f1os, y adem\u00e1s hablaban ante vosotros en la edad en la que m\u00e1s pod\u00edais darles cr\u00e9dito, porque algunos de vosotros erais ni\u00f1os o j\u00f3venes y porque acusaban in absentia, sin defensor presente. Lo m\u00e1s absurdo de todo es que ni siquiera es posible conocer y decir sus nombres, si no es precisamente el de cierto comedi\u00f3grafo. Los que, sirvi\u00e9ndose de la envidia y la tergiversaci\u00f3n, trataban de persuadiros y los que, convencidos ellos mismos, intentaban convencer a otros son los que me producen la mayor dificultad. En efecto, ni siquiera es posible hacer subir aqu\u00ed y poner en evidencia a ninguno de ellos, sino que es necesario que yo me defienda sin medios, como si combatiera sombras, y que argumente sin que nadie me responda. En efecto, admitid tambi\u00e9n vosotros, como yo digo, que ha habido dos clases de acusadores m\u00edos: unos, los que me han acusado recientemente, otros, a los que ahora me refiero, que me han acusado desde hace mucho, y creed que es preciso que yo me defienda frente a \u00e9stos en primer lugar. Pues tambi\u00e9n vosotros les hab\u00e9is o\u00eddo acusarme anteriormente y mucho m\u00e1s que a estos \u00faltimos.<\/div>\n<p>Dicho esto, hay que hacer ya la defensa, atenienses, e intentar arrancar de vosotros, en tan poco tiempo, esa mala opini\u00f3n que vosotros hab\u00e9is adquirido durante un tiempo tan largo. Quisiera que esto resultara as\u00ed, si es mejor para vosotros y para m\u00ed, y conseguir algo con mi defensa, pero pienso que es dif\u00edcil y de ning\u00fan modo me pasa inadvertida esta dificultad. Sin embargo, que vaya esto por donde al dios le sea grato, debo obedecer a la ley y hacer mi defensa.<\/p>\n<p>Recojamos, pues, desde el comienzo cu\u00e1l es la acusaci\u00f3n a partir de la que ha nacido esa opini\u00f3n sobre m\u00ed, por la que Meleto, d\u00e1ndole cr\u00e9dito tambi\u00e9n, ha presentado esta acusaci\u00f3n p\u00fablica. Veamos, \u00bfcon qu\u00e9 palabras me calumniaban los tergiversadores? Como si, en efecto, se tratara de acusadores legales, hay que dar lectura a su acusaci\u00f3n jurada . \u00abS\u00f3crates comete delito y se mete en lo que no debe al investigar las cosas subterr\u00e1neas y celestes, al hacer m\u00e1s fuerte el argumento m\u00e1s d\u00e9bil y al ense\u00f1ar estas mismas cosas a otros\u00bb. Es as\u00ed, poco m\u00e1s o menos. En efecto, tambi\u00e9n en la comedia de Arist\u00f3fanes ver\u00edais vosotros a cierto S\u00f3crates que era llevado de un lado a otro afirmando que volaba y diciendo otras muchas necedades sobre las que yo no entiendo ni mucho ni poco. Y no hablo con la intenci\u00f3n de menospreciar este tipo de conocimientos, si alguien es sabio acerca de tales cosas, no sea que Meleto me entable proceso con esta acusaci\u00f3n, sino que yo no tengo nada que ver con tales cosas, atenienses. Presento como testigos a la mayor parte de vosotros y os pido que cuantos me hab\u00e9is o\u00eddo dialogar alguna vez os inform\u00e9is unos a otros y os lo deis a conocer; muchos de vosotros est\u00e1is en esta situaci\u00f3n. En efecto, informaos unos con otros de si alguno de vosotros me-oy\u00f3 jam\u00e1s dialogar poco o mucho acerca de estos temas. De aqu\u00ed conocer\u00e9is que tambi\u00e9n son del mismo modo las dem\u00e1s cosas que acerca de m\u00ed la mayor\u00eda dice.<\/p>\n<p>Pero no hay nada de esto, y si hab\u00e9is o\u00eddo a alguien decir que yo intento educar a los hombres y que cobro dinero , tampoco esto es verdad. Pues tambi\u00e9n a m\u00ed me parece que es hermoso que alguien sea capaz de educar a los hombres como Gorgias de Leontinos, Pr\u00f3dico de Ceos e Hipias de \u00c9lide . Cada uno de \u00e9stos, atenienses, yendo de una ciudad a otra, persuaden a los j\u00f3venes -a quienes les es posible recibir lecciones, gratuitamente del que quieran de sus conciudadanos- a que abandonen las lecciones de \u00e9stos y reciban las suyas pag\u00e1ndoles dinero y debi\u00e9ndoles agradecimiento. Por otra parte, est\u00e1 aqu\u00ed otro sabio, natural de Paros, que me he enterado de que se halla en nuestra ciudad. Me encontr\u00e9 casualmente al hombre que ha pagado a los sofistas m\u00e1s dinero que todos los otros juntos, Calias , el hijo de Hip\u00f3nico. A \u00e9ste le pregunt\u00e9 -pues tiene dos hijos-: \u00abCallas, le dije, si tus dos hijos fueran potros o becerros, tendr\u00edamos que tomar un cuidador de ellos y pagarle; \u00e9ste deber\u00eda hacerlos aptos y buenos en la condici\u00f3n natural que les es propia, y ser\u00eda un conocedor de los caballos o un agricultor. Pero, puesto que son hombres, \u00bfqu\u00e9 cuidador tienes la intenci\u00f3n de tomar? \u00bfQui\u00e9n es conocedor de esta clase de perfecci\u00f3n, de la humana y pol\u00edtica? Pues pienso que t\u00fa lo tienes averiguado por tener dos hijos\u00bb. \u00ab\u00bfHay alguno o no?\u00bb, dije yo. \u00abClaro que s\u00ed\u00bb, dijo \u00e9l. \u00ab\u00bfQui\u00e9n, de d\u00f3nde es, por cu\u00e1nto ense\u00f1a?\u00bb, dije yo. \u00abOh S\u00f3crates -dijo \u00e9l-; Eveno , de Paros, por cinco minas\u00bb. Y yo consider\u00e9 feliz a Eveno, si verdaderamente posee ese arte y ense\u00f1a tan convenientemente. En cuanto a m\u00ed, presumir\u00eda y me jactar\u00eda, si supiera estas cosas, pero no las s\u00e9, atenienses.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 alguno de vosotros objetar\u00eda: \u00abPero, S\u00f3crates, \u00bfcu\u00e1l es tu situaci\u00f3n, de d\u00f3nde han nacido esas tergiversaciones? Pues, sin duda, no ocup\u00e1ndote t\u00fa en cosa m\u00e1s notable que los dem\u00e1s, no hubiera surgido seguidamente tal fama y renombre, a no ser que hicieras algo distinto de lo que hace la mayor\u00eda. Dinos, pues, qu\u00e9 es ello, a fin de que nosotros no juzguemos a la ligera.\u00bb Pienso que el que hable as\u00ed dice palabras justas y yo voy a intentar dar a conocer qu\u00e9 es, realmente, lo que me ha hecho este renombre y esta fama. O\u00edd, pues. Tal vez va a parecer a alguno de vosotros que bromeo. Sin embargo, sabed bien que os voy a decir toda la verdad. En efecto, atenienses, yo no he adquirido este renombre por otra raz\u00f3n que por cierta sabidur\u00eda. \u00bfQu\u00e9 sabidur\u00eda es esa? La que, tal vez, es sabidur\u00eda propia del hombre; pues en realidad es probable que yo sea sabio respecto a \u00e9sta. \u00c9stos, de los que hablaba hace un momento, quiz\u00e1 sean sabios respecto a una sabidur\u00eda mayor que la propia de un hombre o no s\u00e9 c\u00f3mo calificarla. Hablo as\u00ed, porque yo no conozco esa sabidur\u00eda, y el que lo afirme miente y habla en favor de mi falsa reputaci\u00f3n. Atenienses, no protest\u00e9is ni aunque parezca que digo algo presuntuoso; las palabras que voy a decir no son m\u00edas, sino que voy a remitir al que las dijo, digno de cr\u00e9dito para vosotros. De mi sabidur\u00eda, si hay alguna y cu\u00e1l es, os voy a presentar como testigo al dios que est\u00e1 en Delfos. En efecto, conoc\u00edais sin duda a Querefonte . \u00c9ste era amigo m\u00edo desde la juventud y adepto al partido democr\u00e1tico, fue al destierro y regres\u00f3 con vosotros. Y ya sab\u00e9is c\u00f3mo era Querefonte, qu\u00e9 vehemente para lo que emprend\u00eda. Pues bien, una vez fue a Delfos y tuvo la audacia de preguntar al or\u00e1culo esto -pero como he dicho, no protest\u00e9is, atenienses-, pregunt\u00f3 si hab\u00eda alguien m\u00e1s sabio que yo. La Pitia le respondi\u00f3 que nadie era m\u00e1s sabio. Acerca de esto os dar\u00e1 testimonio aqu\u00ed este hermano suyo, puesto que \u00e9l ha muerto.<\/p>\n<p>Pensad por qu\u00e9 digo estas cosas; voy a mostraros de d\u00f3nde ha salido esta falsa opini\u00f3n sobre m\u00ed. As\u00ed pues, tras o\u00edr yo estas palabras reflexionaba as\u00ed: \u00ab\u00bfQu\u00e9 dice realmente el dios y qu\u00e9 indica en enigma? Yo tengo conciencia de que no soy sabio, ni poco ni mucho. \u00bfQu\u00e9 es lo que realmente dice al afirmar que yo soy muy sabio? Sin duda, no miente; no le es l\u00edcito.\u00bb Y durante mucho tiempo estuve yo confuso sobre lo que en verdad quer\u00eda decir. M\u00e1s tarde, a rega\u00f1adientes me inclin\u00e9 a una investigaci\u00f3n del or\u00e1culo del modo siguiente. Me dirig\u00ed a uno de los que parec\u00edan ser sabios, en la idea de que, si en alguna parte era posible, all\u00ed refutar\u00eda el vaticinio y demostrar\u00eda al or\u00e1culo: \u00ab\u00c9ste es m\u00e1s sabio que yo y t\u00fa dec\u00edas que lo era yo.\u00bb Ahora bien, al examinar a \u00e9ste -pues no necesito citarlo con su nombre, era un pol\u00edtico aquel con el que estuve indagando y dialogando- experiment\u00e9 lo siguiente, atenienses: me pareci\u00f3 que otras muchas personas cre\u00edan que ese hombre era sabio y, especialmente, lo cre\u00eda \u00e9l mismo, pero que no lo era. A continuaci\u00f3n intentaba yo demostrarle que \u00e9l cre\u00eda ser sabio, pero que no lo era. A consecuencia de ello, me gan\u00e9 la enemistad de \u00e9l y de muchos de los presentes. Al retirarme de all\u00ed razonaba a solas que yo era m\u00e1s sabio que aquel hombre. Es probable que ni uno ni otro sepamos nada que tenga valor, pero este hombre cree saber algo y no lo sabe, en cambio yo, as\u00ed como, en efecto, no s\u00e9, tampoco creo saber. Parece, pues, que al menos soy m\u00e1s sabio que \u00e9l en esta misma peque\u00f1ez, en que lo que no s\u00e9 tampoco creo saberlo. A continuaci\u00f3n me encamin\u00e9 hacia otro de los que parec\u00edan ser m\u00e1s sabios que aqu\u00e9l y saqu\u00e9 la misma impresi\u00f3n, y tambi\u00e9n all\u00ed me gan\u00e9 la enemistad de \u00e9l y de muchos de los presentes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto, iba ya uno tras otro, sinti\u00e9ndome disgustado y temiendo que me ganaba enemistades, pero, sin embargo, me parec\u00eda necesario dar la mayor importancia al dios. Deb\u00eda yo, en efecto, encaminarme, indagando qu\u00e9 quer\u00eda decir el or\u00e1culo, hacia todos los que parecieran saber algo. Y, por el perro, atenienses -pues es preciso decir la verdad ante vosotros-, que tuve la siguiente impresi\u00f3n. Me pareci\u00f3 que los de mayor reputaci\u00f3n estaban casi carentes de lo m\u00e1s importante para el que investiga seg\u00fan el dios; en cambio, otros que parec\u00edan inferiores estaban mejor dotados para el buen juicio. Sin duda, es necesario que os haga ver mi camino errante, como condenado a ciertos trabajos , a fin de que el or\u00e1culo fuera irrefutable para m\u00ed. En efecto, tras los pol\u00edticos me encamin\u00e9 hacia los poetas, los de tragedias, los de ditirambos y los dem\u00e1s, en la idea de que all\u00ed me encontrar\u00eda manifiestamente m\u00e1s ignorante que aqu\u00e9llos. As\u00ed pues, tomando los poemas suyos que me parec\u00edan mejor realizados, les iba preguntando qu\u00e9 quer\u00edan decir, para, al mismo tiempo, aprender yo tambi\u00e9n algo de ellos. Pues bien, me resisto por verg\u00fcenza a deciros la verdad, atenienses. Sin embargo, hay que decirla. Por as\u00ed decir, casi todos los presentes pod\u00edan hablar mejor que ellos sobre los poemas que ellos hab\u00edan compuesto. As\u00ed pues, tambi\u00e9n respecto a los poetas me di cuenta, en poco tiempo, de que no hac\u00edan por sabidur\u00eda lo que hac\u00edan, sino por ciertas dotes naturales y en estado de inspiraci\u00f3n como los adivinos y los que recitan los or\u00e1culos. En efecto, tambi\u00e9n \u00e9stos dicen muchas cosas hermosas, pero no saben nada de lo que dicen. Una inspiraci\u00f3n semejante me pareci\u00f3 a m\u00ed que experimentaban tambi\u00e9n los poetas, y al mismo tiempo me di cuenta de que ellos, a causa de la poes\u00eda, cre\u00edan tambi\u00e9n ser sabios respecto a las dem\u00e1s cosas sobre las que no lo eran. As\u00ed pues, me alej\u00e9 tambi\u00e9n de all\u00ed creyendo que les superaba en lo mismo que a los pol\u00edticos.<\/p>\n<p>En \u00faltimo lugar, me encamin\u00e9 hacia los artesanos. Era consciente de que yo, por as\u00ed decirlo, no sab\u00eda nada, en cambio estaba seguro de que encontrar\u00eda a \u00e9stos con muchos y bellos conocimientos. Y en esto no me equivoqu\u00e9, pues sab\u00edan cosas que yo no sab\u00eda y, en ello, eran m\u00e1s sabios que yo. Pero, atenienses, me pareci\u00f3 a m\u00ed que tambi\u00e9n los buenos artesanos incurr\u00edan en el mismo error que los poetas: por el hecho de que realizaban adecuadamente su arte, cada uno de ellos estimaba que era muy sabio tambi\u00e9n respecto a las dem\u00e1s cosas, incluso las m\u00e1s importantes, y ese error velaba su sabidur\u00eda. De modo que me preguntaba yo mismo, en nombre del or\u00e1culo, si preferir\u00eda estar as\u00ed, como estoy, no siendo sabio en la sabidur\u00eda de aquellos ni ignorante en su ignorancia o tener estas dos cosas que ellos tienen. As\u00ed pues, me contest\u00e9 a m\u00ed mismo y al or\u00e1culo que era ventajoso para m\u00ed estar como estoy.<\/p>\n<p>A causa de esta investigaci\u00f3n, atenienses, me he creado muchas enemistades, muy duras y pesadas, de tal modo que de ellas han surgido muchas tergiversaciones y el renombre \u00e9ste de que soy sabio. En efecto, en cada ocasi\u00f3n los presentes creen que yo soy sabio respecto a aquello que refuto a otro. Es probable, atenienses, que el dios sea en realidad sabio y que, en este or\u00e1culo, diga que la sabidur\u00eda humana es digna de poco o de nada. Y parece que \u00e9ste habla de S\u00f3crates -se sirve de mi nombre poni\u00e9ndome como ejemplo, como si dijera: \u00abEs el m\u00e1s sabio, el que, de entre vosotros, hombres, conoce, como S\u00f3crates, que en verdad es digno de nada respecto a la sabidur\u00eda.\u00bb As\u00ed pues, incluso ahora, voy de un lado. a otro investigando y averiguando en el sentido del dios, si creo que alguno de los ciudadanos o de los forasteros es sabio. Y cuando me parece que no lo es, prestando mi auxilio al dios, le demuestro que no es sabio. Por esa ocupaci\u00f3n no he tenido tiempo de realizar ning\u00fan asunto de la ciudad digno de citar ni tampoco m\u00edo particular, sino que me encuentro en gran pobreza a causa del servicio del dios.<\/p>\n<p>Se a\u00f1ade, a esto, que los j\u00f3venes. que me acompa\u00f1an espont\u00e1neamente -los que disponen de m\u00e1s tiempo, los hijos de los m\u00e1s ricos- se divierten oy\u00e9ndome examinar a los hombres y, con frecuencia, me imitan e intentan examinar a otros, y, naturalmente, encuentran, creo yo, gran cantidad de hombres que creen saber algo pero que saben poco o nada. En consecuencia, los examinados por ellos se irritan conmigo, y no consigo mismos, y dicen que un tal S\u00f3crates es malvado y corrompe a los j\u00f3venes. Cuando alguien les pregunta qu\u00e9 hace y qu\u00e9 ense\u00f1a, no pueden decir nada, lo ignoran; pero, para no dar la impresi\u00f3n de que est\u00e1n confusos, dicen lo que es usual contra todos los que filosofan, es decir: \u00ablas cosas del cielo y lo que est\u00e1 bajo la tierra\u00bb, \u00abno creer en los dioses\u00bb y \u00abhacer m\u00e1s fuerte el argumento m\u00e1s d\u00e9bil\u00bb.<\/p>\n<p>Pues creo que no desear\u00edan decir la verdad, a saber, que resulta evidente que est\u00e1n simulando saber sin saber nada. Y como son, pienso yo, susceptibles y vehementes y numerosos, y como, adem\u00e1s, hablan de m\u00ed apasionada y persuasivamente, os han llenado los o\u00eddos calumni\u00e1ndome violentamente desde hace mucho tiempo. Como consecuencia de esto me han acusado Meleto, \u00c1nito y Lic\u00f3n; Meleto, irritado en nombre de los poetas; Anito, en el de los demiurgos y de los politicos, y Lic\u00f3n, en el de los oradores. De manera que, como dec\u00eda yo al principio, me causar\u00eda extra\u00f1eza que yo fuera capaz de arrancar de vosotros, en tan escaso tiempo, esta falsa imagen que ha tomado tanto cuerpo. Ah\u00ed ten\u00e9is, atenienses, la verdad y os estoy hablando sin ocultar nada, ni grande ni peque\u00f1o, y sin tomar precauciones en lo que digo. Sin embargo, s\u00e9 casi con certeza que con estas palabras me consigo enemistades, lo cual es tambi\u00e9n una prueba de que digo la verdad, y que es \u00e9sta la mala fama m\u00eda y que \u00e9stas son sus causas. Si investig\u00e1is esto ahora o en otra ocasi\u00f3n, confirmar\u00e9is que es as\u00ed.<\/p>\n<p>Acerca de las Acusaciones que me hicieron los primeros acusadores sea \u00e9sta suficiente defensa ante vosotros. Contra Meleto, el honrado y el amante de la ciudad, seg\u00fan \u00e9l dice, y contra los acusadores recientes voy a intentar defenderme a continuaci\u00f3n. Tomemos, pues, a su vez, la acusaci\u00f3n jurada de \u00e9stos, dado que son otros acusadores. Es as\u00ed: \u00abS\u00f3crates delinque corrompiendo a los j\u00f3venes y no creyendo en los dioses en los que la ciudad cree, sino en otras divinidades nuevas.\u00bb Tal es la acusaci\u00f3n. Examin\u00e9mosla punto por punto.<\/p>\n<p>Dice, en efecto, que yo delinco corrompiendo a los j\u00f3venes. Yo, por mi parte, afirmo que -Meleto delinque porque bromea en asunto serio, sometiendo a juicio con ligereza a las personas y simulando esforzarse e inquietarse por cosas que jam\u00e1s le han preocupado. Voy a intentar mostraros que esto es as\u00ed.<\/p>\n<p>-Ven aqu\u00ed , Meleto, y dime: \u00bfNo es cierto que consideras de la mayor importancia que los j\u00f3venes sean lo mejor posible?<\/p>\n<p>-Yo s\u00ed.<\/p>\n<p>-Ea, di entonces a \u00e9stos qui\u00e9n los hace mejores. Pues es evidente que lo sabes, puesto que te preocupa. En efecto, has descubierto al que los corrompe, a m\u00ed, seg\u00fan dices, y me traes ante estos jueces y me acusas.<\/p>\n<p>-Vamos, di y revela qui\u00e9n es el que los hace mejores. \u00bfEst\u00e1s viendo, Meleto, que callas y no puedes decirlo? Sin embargo, \u00bfno te parece que esto es vergonzoso y testimonio suficiente de lo que yo digo, de que este asunto no ha sido en nada objeto de tu preocupaci\u00f3n? Pero dilo, amigo, \u00bfqui\u00e9n los hace mejores?<\/p>\n<p>-Las leyes.<\/p>\n<p>-Pero no te pregunto eso, excelente Meleto, sino qu\u00e9 hombre, el cual ante todo debe conocer esto mismo, las leyes.<\/p>\n<p>-\u00c9stos, S\u00f3crates, los jueces .<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 dices, Meleto, \u00e9stos son capaces de educar a los j\u00f3venes y de hacerlos mejores?<\/p>\n<p>-S\u00ed, especialmente.<\/p>\n<p>-\u00bfTodos, o unos s\u00ed y otros no?<\/p>\n<p>-Todos.<\/p>\n<p>-Hablas bien, por Hera, y presentas una gran abundancia de bienhechores. \u00bfQu\u00e9, pues? \u00bfLos que nos escuchan los hacen tambi\u00e9n mejores, o no?<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n \u00e9stos.<\/p>\n<p>-\u00bfY los miembros del Consejo?<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n los miembros del Consejo.<\/p>\n<p>-Pero, entonces, Meleto, \u00bfacaso los que asisten a la Asamblea, los asamble\u00edstas corrompen a los j\u00f3venes? \u00bfO tambi\u00e9n aqu\u00e9llos, en su totalidad, los hacen mejores?<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n aqu\u00e9llos.<\/p>\n<p>-Luego, seg\u00fan parece, todos los atenienses los hacen buenos y honrados excepto yo, y s\u00f3lo yo los corrompo. \u00bfEs eso lo que dices?<\/p>\n<p>-Muy firmemente digo eso.<\/p>\n<p>-Me atribuyes, sin duda, un gran desacierto. Cont\u00e9stame. \u00bfTe parece a ti que es tambi\u00e9n as\u00ed respecto a los caballos? \u00bfSon todos los hombres los que los hacen mejores y uno s\u00f3lo el que los resabia? \u00bfO, todo lo contrario, alguien s\u00f3lo o muy pocos, los cuidadores de caballos, son capaces de hacerlos mejores, y la mayor\u00eda, si tratan con los caballos y los utilizan, los echan a perder? \u00bfNo es as\u00ed, Meleto, con respecto a los caballos y a todos los otros animales? Sin ninguna duda, dig\u00e1is que s\u00ed o dig\u00e1is que no t\u00fa y \u00c1nito. Ser\u00eda, en efecto, una gran suerte para los j\u00f3venes si uno solo los corrompe y los dem\u00e1s les ayudan. Pues bien, Meleto, has mostrado suficientemente que jam\u00e1s te has interesado por los j\u00f3venes y has descubierto de modo claro tu despreocupaci\u00f3n, esto es, que no te has cuidado de nada de esto por lo que t\u00fa me traes aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Dinos a\u00fan, Meleto, por Zeus, si es mejor vivir entre ciudadanos honrados o malvados. Contesta, amigo. No te pregunto nada dif\u00edcil. \u00bfNo es cierto que los malvados hacen da\u00f1o a los que est\u00e1n siempre a su lado, y que los buenos hacen bien?<\/p>\n<p>-Sin duda.<\/p>\n<p>-\u00bfHay alguien que prefiera recibir da\u00f1o de los que est\u00e1n con \u00e9l a recibir ayuda? Contesta, amigo. Pues la ley ordena responder. \u00bfHay alguien que quiera recibir da\u00f1o?<\/p>\n<p>-No, sin duda.<\/p>\n<p>-Ea, pues. \u00bfMe traes aqu\u00ed en la idea de que corrompo a los j\u00f3venes y los hago peores voluntaria o involuntariamente?<\/p>\n<p>-Voluntariamente, sin duda.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 sucede entonces, Meleto? \u00bfEres t\u00fa hasta tal punto m\u00e1s sabio que yo, siendo yo de esta edad y t\u00fa tan joven, que t\u00fa conoces que los malos hacen siempre alg\u00fan mal a los m\u00e1s pr\u00f3ximos a ellos, y los buenos bien; en cambio yo, por lo visto, he llegado a tal grado de ignorancia, que desconozco, incluso, que si llego a hacer malvado a alguien de los que est\u00e1n a mi lado corro peligro de recibir da\u00f1o de \u00e9l y este mal tan grande lo hago voluntariamente, seg\u00fan t\u00fa dices? Esto no te lo creo yo, Meleto, y pienso que ning\u00fan otro hombre. En efecto, o no los corrompo, o si los corrompo, lo hago involuntariamente, de manera que t\u00fa en uno u otro caso mientes. Y si los corrompo involuntariamente, por esta clase de faltas la ley no ordena hacer comparecer a uno aqu\u00ed, sino tomarle privadamente y ense\u00f1arle y reprenderle. Pues es evidente que, si aprendo, cesar\u00e9 de hacer lo que hago involuntariamente. T\u00fa has evitado y no has querido tratar conmigo ni ense\u00f1arme; en cambio, me traes aqu\u00ed, donde es ley traer a los que necesitan castigo y no ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>Pues bien, atenienses, ya es evidente lo que yo dec\u00eda, que Meleto no se ha preocupado jam\u00e1s por estas cosas, ni poco ni mucho. Veamos, sin embargo; dinos c\u00f3mo dices que yo corrompo a los j\u00f3venes. \u00bfNo es evidente que, seg\u00fan la acusaci\u00f3n que presentaste, ense\u00f1\u00e1ndoles a creer no en los dioses en los que cree la ciudad, sino en otros esp\u00edritus nuevos? \u00bfNo dices que los corrompo ense\u00f1\u00e1ndoles esto?<\/p>\n<p>-En efecto, eso digo muy firmemente.<\/p>\n<p>-Por esos mismos dioses, Meleto, de los que tratamos, h\u00e1blanos a\u00fan m\u00e1s claramente a m\u00ed y a estos hombres. En efecto, yo no puedo llegar a saber si dices que yo ense\u00f1o a creer que existen algunos dioses -y entonces yo mismo creo que hay dioses y no soy enteramente ateo ni delinco en eso-, pero no los que la ciudad cree, sino otros, y es esto lo que me inculpas, que otros, o bien afirmas que yo mismo no creo en absoluto en los dioses y ense\u00f1o esto a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>-Digo eso, que no crees en los dioses en absoluto.<\/p>\n<p>-Oh sorprendente Meleto, \u00bfpara qu\u00e9 dices esas cosas? \u00bfLuego tampoco creo, como los dem\u00e1s hombres, que el sol y la luna son dioses?<\/p>\n<p>-No, por Zeus, jueces, puesto que afirma que el sol es una piedra y la luna, tierra.<\/p>\n<p>-\u00bfCrees que est\u00e1s acusando a Anax\u00e1goras , querido Meleto? \u00bfY desprecias a \u00e9stos y consideras que son desconocedores de las letras hasta el punto de no saber que los libros de Anax\u00e1goras de Claz\u00f3menas est\u00e1n llenos de estos temas? Y, adem\u00e1s, \u00bfaprenden de m\u00ed los j\u00f3venes lo que de vez en cuando pueden adquirir en la orquestra , por un dracma como mucho, y re\u00edrse de S\u00f3crates si pretende que son suyas estas ideas, especialmente al ser tan extra\u00f1as? Pero, oh Meleto, \u00bfte parece a ti que soy as\u00ed, que no creo que exista ning\u00fan dios?<\/p>\n<p>-Ciertamente que no, por Zeus, de ning\u00fan modo. -No eres digno de cr\u00e9dito, Meleto, incluso, seg\u00fan creo, para ti mismo. Me parece que este hombre, atenienses, es descarado e intemperante y que, sin m\u00e1s, ha presentado esta acusaci\u00f3n con cierta insolencia, intemperancia y temeridad juvenil. Parece que trama una especie de enigma para tantear. \u00ab\u00bfSe dar\u00e1 cuenta ese sabio de S\u00f3crates de que estoy bromeando y contradici\u00e9ndome, o le enga\u00f1ar\u00e9 a \u00e9l y a los dem\u00e1s oyentes?\u00bb Y digo esto porque es claro que \u00e9ste se contradice en la acusaci\u00f3n; es como si dijera: \u00abS\u00f3crates delinque no creyendo en los dioses, pero creyendo en los dioses\u00bb. Esto es propio de una persona que juega.<\/p>\n<p>Examinad, pues, atenienses por qu\u00e9 me parece que dice eso. T\u00fa, Meleto, cont\u00e9stame. Vosotros, como os rogu\u00e9 al empezar, tened presente no protestar si construyo las frases en mi modo habitual.<\/p>\n<p>-\u00bfHay alguien, Meleto, que crea que existen cosas humanas, y que no crea que existen hombres? Que conteste, jueces, y que no proteste una y otra vez. \u00bfHay alguien que no crea que existen caballos y que crea que existen cosas propias de caballos? \u00bfO que no existen flautistas, y s\u00ed cosas relativas al toque de la flauta? No existe esa persona, querido Meleto; si t\u00fa no quieres responder, te lo digo yo a ti y a estos otros. Pero, responde, al menos, a lo que sigue.<\/p>\n<p>-\u00bfHay quien crea que hay cosas propias de divinidades, y que no crea que hay divinidades?<\/p>\n<p>-No hay nadie.<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 servicio me haces al contestar, aunque sea a rega\u00f1adientes, obligado por \u00e9stos! As\u00ed pues, afirmas que yo creo y ense\u00f1o cosas relativas a divinidades, sean nuevas o antiguas; por tanto, seg\u00fan tu afirmaci\u00f3n, y adem\u00e1s lo juraste eso en tu escrito de acusaci\u00f3n, creo en lo relativo a divinidades. Si creo en cosas relativas a divinidades, es sin duda de gran necesidad que yo crea que hay divinidades. \u00bfNo es as\u00ed? S\u00ed lo es. Supongo que est\u00e1s de acuerdo, puesto que no contestas. \u00bfNo creemos que las divinidades son dioses o hijos de dioses? \u00bfLo afirmas o lo niegas?<\/p>\n<p>-Lo afirmo.<\/p>\n<p>-Luego si creo en las divinidades, seg\u00fan t\u00fa afirmas, y si las divinidades son en alg\u00fan modo dioses, esto seria lo que yo digo que presentas como enigma y en lo que bromeas, al afirmar que yo no creo en los dioses y que, por otra parte, creo en los dioses, puesto que creo en las divinidades. Si, a su vez, las divinidades son hijos de los dioses, bastardos nacidos de ninfas o de otras mujeres, seg\u00fan se suele decir, \u00bfqu\u00e9 hombre creer\u00eda que hay hijos de dioses y que no hay dioses? Ser\u00eda, en efecto, tan absurdo como si alguien creyera que hay hijos de caballos y burros, los mulos, pero no creyera que hay caballos y burros. No es posible, Meleto, que hayas presentado esta acusaci\u00f3n sin el prop\u00f3sito de ponernos a prueba, o bien por carecer de una imputaci\u00f3n real de la que acusarme. No hay ninguna posibilidad de que t\u00fa persuadas a alguien, aunque sea de poca inteligencia, de que una misma persona crea que hay cosas relativas a las divinidades y a los dioses y, por otra parte, que esa persona no crea en divinidades, dioses ni h\u00e9roes.<\/p>\n<p>Pues bien, atenienses, me parece que no requiere mucha defensa demostrar que yo no soy culpable respecto a la acusaci\u00f3n de Meleto, y que ya es suficiente lo que ha dicho.<\/p>\n<p>Lo que yo dec\u00eda antes, a saber, que se ha producido gran enemistad hacia m\u00ed por parte de muchos, sabed bien que es verdad. Y es esto lo que me va a condenar, si me condena, no Meleto ni \u00e1nito sino la calumnia y la envidia de muchos. Es lo que ya ha condenado a otros muchos hombres buenos y los seguir\u00e1 condenando. No hay que esperar que se detenga en m\u00ed.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 alguien diga: \u00ab\u00bfNo te da verg\u00fcenza, S\u00f3crates, haberte dedicado a una ocupaci\u00f3n tal por la que ahora corres peligro de morir?\u00bb A \u00e9ste yo, a mi vez, le dir\u00eda unas palabras justas: \u00abNo tienes raz\u00f3n, amigo, si crees que un hombre que sea de alg\u00fan provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo. De poco valor ser\u00edan; seg\u00fan tu idea, cuantos semidioses murieron en Troya y, especialmente, el hijo de Tetis , el cual, ante la idea de aceptar algo deshonroso, despreci\u00f3 el peligro hasta el punto de que, cuando, ansioso de matar a H\u00e9ctor, su madre, que era diosa, le dijo, seg\u00fan creo, algo as\u00ed como: \u00abHijo, si vengas la muerte de tu compa\u00f1ero Patroclo y matas a H\u00e9ctor; t\u00fa mismo morir\u00e1s, pues el destino est\u00e1 dispuesto para ti inmediatamente despu\u00e9s de H\u00e9ctor\u00bb; \u00e9l, tras o\u00edrlo, desde\u00f1\u00f3 la muerte y el peligro, temiendo mucho m\u00e1s vivir siendo cobarde sin vengar a los amigos, y dijo \u00abQue muera yo en seguida despu\u00e9s de haber hecho justicia al culpable, a fin de que no quede yo aqu\u00ed -junto a las c\u00f3ncavas naves, siendo objeto de risa, in\u00fatil peso de la tierra.\u00bb \u00bfCrees que pens\u00f3 en la muerte y en el peligro?<\/p>\n<p>Pues la verdad es lo que voy a decir, atenienses. En el puesto en el que uno se coloca porque considera que es el mejor, o en el que es colocado por un superior, all\u00ed debe, seg\u00fan creo, permanecer y arriesgarse sin tener en cuenta ni la muerte ni cosa alguna,- m\u00e1s que la deshonra. En efecto, atenienses, obrar\u00eda yo indignamente, si, al asignarme un puesto los jefes que vosotros elegisteis para mandarme en Potidea , en Anf\u00edpolis y en Delion, decid\u00ed permanecer como otro cualquiera all\u00ed donde ellos me colocaron y corr\u00ed, entonces, el riesgo de morir, y en cambio ahora, al ordenarme el dios, seg\u00fan he cre\u00eddo y aceptado, que debo vivir filosofando y examin\u00e1ndome a m\u00ed mismo y a los dem\u00e1s, abandonara mi puesto por temor a la muerte o a cualquier otra cosa. Ser\u00eda indigno y realmente alguien podr\u00eda con justicia traerme ante el tribunal diciendo que no creo que hay dioses, por desobedecer al or\u00e1culo, temer la muerte y creerme sabio sin serlo. En efecto, atenienses, temer la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, pues es creer que uno sabe lo que no sabe. Pues nadie conoce la muerte, ni siquiera si es, precisamente, el mayor de todos los bienes para el hombre, pero la temen como si supieran con certeza que es el mayor de los males. Sin embargo, \u00bfc\u00f3mo no va a ser la m\u00e1s reprochable ignorancia la de creer saber lo que no se sabe? Yo, atenienses, tambi\u00e9n quiz\u00e1 me diferencio en esto de la mayor parte de los hombres, y, por consiguiente, si dijera que soy m\u00e1s sabio que alguien en algo, ser\u00eda en esto, en que no sabiendo suficientemente sobre las cosas del Hades , tambi\u00e9n reconozco no saberlo. Pero s\u00ed s\u00e9 que es malo y vergonzoso cometer injusticia y desobedecer al que es mejor, sea dios u hombre. En comparaci\u00f3n con los males que s\u00e9 que son males, jam\u00e1s temer\u00e9 ni evitar\u00e9 lo que no s\u00e9 si es incluso un bien. De manera que si ahora vosotros me dejarais libre no haciendo caso a Anito, el cual dice que o bien era absolutamente necesario que yo no hubiera comparecido aqu\u00ed o que, puesto que he comparecido, no es posible no condenarme a muerte, explic\u00e1ndoos que, si fuera absuelto, vuestros hijos, poniendo inmediatamente en pr\u00e1ctica las cosas que S\u00f3crates ense\u00f1a, se. corromper\u00edan todos totalmente, y si, adem\u00e1s, me dijerais: \u00abAhora, S\u00f3crates, no vamos a hacer caso a \u00c1nito, sino que te dejamos libre, a condici\u00f3n, sin embargo, de que no gastes ya m\u00e1s tiempo en esta b\u00fasqueda y de que no filosofes, y si eres sorprendido haciendo a\u00fan esto, morir\u00e1s\u00bb; si, en efecto, como dije, me dejarais libre con esta condici\u00f3n, yo os dir\u00eda: \u00abYo, atenienses, os aprecio y os quiero, pero voy&#8217; a obedecer al dios m\u00e1s que a vosotros y, mientras aliente y sea capaz, es seguro que no dejar\u00e9 de filosofar, de exhortaros y de hacer manifestaciones al que de vosotros vaya encontrando, dici\u00e9ndole lo que acostumbro: Mi buen amigo, siendo ateniense, de la ciudad m\u00e1s grande y m\u00e1s prestigiada en sabidur\u00eda y poder, \u00bfno te averg\u00fcenzas de preocuparte de c\u00f3mo tendr\u00e1s las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores, y, en cambio no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad y por c\u00f3mo tu alma va a ser lo mejor posible?&#8217;.\u00bb Y si alguno de vosotros discute y dice que se preocupa, no pienso dejarlo al momento y marcharme, sino que le voy a interrogar, a examinar y a refutar, y, si me parece que no ha adquirido la virtud y dice que s\u00ed, le reprochar\u00e9 que tiene en menos lo digno de m\u00e1s y tiene en mucho lo que vale poco. Har\u00e9 esto con el que me encuentre, joven o viejo, forastero o ciudadano, y m\u00e1s con los ciudadanos por cuanto m\u00e1s pr\u00f3ximos est\u00e1is a m\u00ed por origen. Pues, esto lo manda el dios, sabedlo bien, y yo creo que todav\u00eda no os ha surgido mayor bien en la ciudad que mi servicio al dios. En efecto, voy por todas partes sin hacer otra cosa que intentar persuadiros, a j\u00f3venes y viejos, a no ocuparos ni de los cuerpos ni de los bienes antes que del alma ni, con tanto af\u00e1n, a fin de que \u00e9sta sea lo mejor posible, dici\u00e9ndoos: \u00abNo sale de las riquezas la virtud para los hombres, sino de la virtud, las riquezas y todos los otros bienes, tanto los privados como los p\u00fablicos. Si corrompo a los j\u00f3venes al decir tales palabras, \u00e9stas ser\u00edan da\u00f1inas. Pero si alguien afirma que yo digo otras cosas, no dice verdad. A esto yo a\u00f1adir\u00eda \u00abAtenienses, haced caso o no a Anito, dejadme o no en libertad, en la idea de que no voy a hacer otra cosa, aunque hubiera de morir muchas veces.\u00bb<\/p>\n<p>No protest\u00e9is, atenienses, sino manteneos en aquello que os supliqu\u00e9, que no protest\u00e9is por lo que digo, sino que escuch\u00e9is. Pues, incluso, vais a sacar provecho escuchando, seg\u00fan creo. Ciertamente, os voy a decir algunas otras cosas por las que quiz\u00e1 gritar\u00e9is. Pero no hag\u00e1is eso de ning\u00fan modo. Sabed bien que si me conden\u00e1is a muerte, siendo yo cual digo que soy, no me da\u00f1ar\u00e9is a m\u00ed m\u00e1s que a vosotros mismos. En efecto, a m\u00ed no me causar\u00edan ning\u00fan da\u00f1o ni Meleto ni \u00c1nito; cierto que tampoco podr\u00edan, porque no creo que naturalmente est\u00e9 permitido que un hombre bueno reciba da\u00f1o de otro malo. Ciertamente, podr\u00eda quiz\u00e1 matarlo o desterrarlo o quitarle los derechos ciudadanos. \u00c9ste y alg\u00fan otro creen, quiz\u00e1, que estas cosas son grandes males; en cambio yo no lo creo as\u00ed, pero s\u00ed creo que es un mal mucho mayor hacer lo que \u00e9ste hace ahora: intentar condenar a muerte a un hombre injustamente.<\/p>\n<p>Ahora, atenienses, no trato de hacer la defensa en mi favor, como alguien podr\u00eda creer, sino en el vuestro, no sea que al condenarme comet\u00e1is un error respecto a la d\u00e1diva del dios para vosotros. En efecto, si me conden\u00e1is a muerte, no encontrar\u00e9is f\u00e1cilmente, aunque sea un tanto rid\u00edculo decirlo, a otro semejante colocado en la ciudad por el dios del mismo modo que, junto a un caballo grande y noble pero un poco lento por su tama\u00f1o, y que necesita ser aguijoneado por una especie de t\u00e1bano, seg\u00fan creo, el dios me ha colocado junto a la ciudad para una funci\u00f3n semejante, y como tal, despert\u00e1ndoos, persuadi\u00e9ndoos y reproch\u00e1ndoos uno a uno, no cesar\u00e9 durante todo el d\u00eda de posarme en todas partes. No llegar\u00e9is a tener f\u00e1cilmente otro semejante, atenienses, y si me hac\u00e9is caso, me dejar\u00e9is vivir. Pero, quiz\u00e1, irritados, como los que son despertados cuando cabecean somnolientos, dando un manotazo me condenar\u00e9is a muerte a la ligera, haciendo caso a .finito. Despu\u00e9s, pasar\u00edais el resto de la vida durmiendo, a no ser que el dios, cuid\u00e1ndose de vosotros, os enviara otro. Comprender\u00e9is, por lo que sigue, que yo soy precisamente el hombre adecuado para ser ofrecido por el dios a la ciudad. En efecto, no parece humano que yo tenga descuidados todos mis asuntos y que, durante tantos a\u00f1os, soporte que mis bienes familiares est\u00e9n en abandono, y, en cambio, est\u00e9 siempre ocup\u00e1ndome de lo vuestro, acerc\u00e1ndome a cada uno privadamente, como un padre o un hermano mayor, intentando convencerle de que se preocupe por la virtud. Y si de esto obtuviera provecho o cobrara un salario al haceros estas recomendaciones, tendr\u00eda alguna justificaci\u00f3n. Pero la verdad es que, incluso vosotros mismos lo veis, aunque los acusadores han hecho otras acusaciones tan desvergonzadamente, no han sido capaces, presentando un testigo, de llevar su desverg\u00fcenza a afirmar que yo alguna vez cobr\u00e9 o ped\u00ed a alguien una remuneraci\u00f3n. Ciertamente yo presento, me parece, un testigo suficiente de que digo la verdad: mi pobreza.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 pueda parecer extra\u00f1o que yo privadamente, yendo de una a otra parte, d\u00e9 estos consejos y me meta en muchas cosas, y no me atreva en p\u00fablico a subir a la tribuna del pueblo y dar consejos a la ciudad. La causa de esto es lo que vosotros me hab\u00e9is o\u00eddo decir muchas veces, en muchos lugares, a saber, que hay junto a m\u00ed algo divino y dem\u00f3nico ; esto tambi\u00e9n lo incluye en la acusaci\u00f3n Meleto burl\u00e1ndose. Est\u00e1 conmigo desde ni\u00f1o, toma forma de voz y, cuando se manifiesta, siempre me disuade de lo que voy a hacer, jam\u00e1s me incita. Es esto lo que se opone a que yo ejerza la pol\u00edtica, y me parece que se opone muy acertadamente. En efecto, sabed bien, atenienses, que si yo hubiera intentado anteriormente realizar actos pol\u00edticos, habr\u00eda muerto hace tiempo y no os habr\u00eda sido \u00fatil a vosotros ni a m\u00ed mismo. Y no os irrit\u00e9is conmigo porque digo la verdad. En efecto, no hay hombre que pueda conservar la vida, si se opone noblemente a vosotros o a cualquier otro pueblo y si trata de impedir que sucedan en la ciudad muchas cosas injustas e ilegales; por el contrario, es necesario que el que, en realidad, lucha por la justicia, si pretende vivir un poco de tiempo, act\u00fae privada y no p\u00fablicamente.<\/p>\n<p>Y, de esto, os voy a presentar pruebas importantes, no palabras, sino lo que vosotros estim\u00e1is, hechos. O\u00edd lo que me ha sucedido, para que sep\u00e1is que no ceder\u00eda ante nada contra lo justo por temor a la muerte, y al no ceder, al punto estar\u00eda dispuesto a morir. Os voy a decir cosas vulgares y leguleyas, pero verdaderas. En efecto, atenienses, yo no ejerc\u00ed ninguna otra magistratura en la ciudad, pero fui miembro del Consejo . Casualmente ejerc\u00eda la pritan\u00eda nuestra tribu, la Anti\u00f3quide, cuando vosotros decidisteis, injustamente, como despu\u00e9s todos reconocisteis, juzgar en un solo juicio a los diez generales que no hab\u00edan recogido a los n\u00e1ufragos del combate naval . En aquella ocasi\u00f3n yo solo entre los pr\u00edtanes me enfrent\u00e9 a vosotros para que no se hiciera nada contra las leyes y vot\u00e9 en contra. Y estando dispuestos los oradores a enjuiciarme y detenerme, y anim\u00e1ndoles vosotros a ello y dando gritos, cre\u00ed que deb\u00eda afrontar el riesgo con la ley y la justicia antes de, por temor a la c\u00e1rcel o a la muerte, unirme a vosotros que estabais decidiendo cosas injustas. Y esto, cuando la ciudad a\u00fan ten\u00eda r\u00e9gimen. democr\u00e1tico. Pero cuando vino la oligarqu\u00eda, los Treinta me hicieron llamar al Tolo, junto con otros cuatro, y me ordenaron traer de Salamina a Le\u00f3n el salaminio para darle muerte; pues ellos ordenaban muchas cosas de este tipo tambi\u00e9n -a otras personas, porque quer\u00edan cargar de culpas al mayor n\u00famero posible. Sin embargo, yo mostr\u00e9 tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n, no con palabras, sino con hechos, que a m\u00ed la muerte, si no resulta un poco rudo decirlo, me importa un bledo, pero que, en cambio, me preocupa absolutamente no realizar nada injusto e imp\u00edo. En efecto, aquel gobierno, aun siendo tan violento, no me atemoriz\u00f3 como para llevar a cabo un acto injusto, sino que, despu\u00e9s de salir del Tolo, los otros cuatro fueron a Salamina y trajeron a Le\u00f3n, y yo sal\u00ed y me fui a casa. Y quiz\u00e1 habr\u00eda perdido la vida por esto, si el r\u00e9gimen no hubiera sido derribado r\u00e1pidamente. De esto, tendr\u00e9is muchos testigos.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso cre\u00e9is que yo habr\u00eda llegado a vivir tantos a\u00f1os, si me hubiera ocupado de los asuntos p\u00fablicos y, al ocuparme de ellos como corresponde a un hombre honrado, hubiera prestado ayuda a las cosas justas y considerado esto lo m\u00e1s importante, como es debido? Est\u00e1 muy lejos de ser as\u00ed. Ni tampoco ning\u00fan otro hombre. En cuanto a m\u00ed, a lo largo de toda mi vida, si alguna vez he realizado alguna acci\u00f3n p\u00fablica, me he mostrado de esta condici\u00f3n, y tambi\u00e9n privadamente, sin transigir en nada con nadie contra la justicia ni tampoco con ninguno de los que, creando falsa imagen de m\u00ed, dicen que son disc\u00edpulos m\u00edos. Yo no he sido jam\u00e1s maestro de nadie. Si cuando yo estaba hablando y me ocupaba de mis cosas, alguien, joven o viejo, deseaba escucharme, jam\u00e1s se lo imped\u00ed a nadie. Tampoco dialogo cuando recibo dinero y dejo de dialogar si no lo recibo, antes bien me ofrezco, para que me pregunten, tanto al rico como al pobre, y lo mismo si alguien prefiere responder y escuchar mis preguntas. Si alguno de \u00e9stos es luego un hombre honrado o no lo es, no podr\u00eda yo, en justicia, incurrir en culpa; a ninguno de ellos les ofrec\u00ed nunca ense\u00f1anza alguna ni les instru\u00ed. Y si alguien afirma que en alguna ocasi\u00f3n aprendi\u00f3 u oy\u00f3 de m\u00ed en privado algo que no oyeran tambi\u00e9n todos los dem\u00e1s, sabed bien que no dice la verdad.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9, realmente, gustan algunos de pasar largo tiempo a mi lado? Lo hab\u00e9is o\u00eddo ya, atenienses; os he dicho toda la verdad. Porque les gusta o\u00edrme examinar a los que creen ser sabios y no lo son. En verdad, es agradable. Como digo, realizar este trabajo me ha sido encomendado por el dios por medio de or\u00e1culos, de sue\u00f1os y de todos los dem\u00e1s medios con los que alguna vez alguien, de condici\u00f3n divina, orden\u00f3 a un hombre hacer algo. Esto, atenienses, es verdad y f\u00e1cil de comprobar. Ciertamente, si yo corrompo a unos j\u00f3venes ahora y a otros los he corrompido ya, algunos de ellos, creo yo, al hacerse mayores, se dar\u00edan cuenta de que, cuando eran j\u00f3venes, yo les aconsej\u00e9 en alguna ocasi\u00f3n algo malo, y ser\u00eda necesario que subieran ahora a la tribuna, me acusaran y se vengaran. Si ellos no quieren, alguno de sus familiares, padres, hermanos u otros parientes; si sus familiares recibieron de m\u00ed alg\u00fan da\u00f1o, tendr\u00edan que recordarlo ahora y vengarse. Por todas partes est\u00e1n presentes aqu\u00ed muchos de ellos a los que estoy viendo. En primer lugar, este Crit\u00f3n , de mi misma edad y demo, padre de Critobulo, tambi\u00e9n presente; despu\u00e9s, Lisanias de Esfeto, padre de Esquines, que est\u00e1 aqu\u00ed; luego Antif\u00f3n de Cefisia, padre de Ep\u00edgenes; adem\u00e1s, est\u00e1n presentes otros cuyos hermanos han estado en esta ocupaci\u00f3n, Nic\u00f3strato, el hijo de Teoz\u00f3tides y hermano de Te\u00f3doto -Te\u00f3doto ha muerto, as\u00ed que no podr\u00eda rogarle que no me acusara-; Paralio, hijo de Dem\u00f3doco, cuyo hermano era T\u00e9ages; Adimanto, hijo de Arist\u00f3n, cuyo hermano es Plat\u00f3n, que est\u00e1 aqu\u00ed; Ayantodoro, cuyo hermano, aqu\u00ed presente, es Apolodoro. Puedo nombraros a otros muchos, a alguno de los cuales Meleto deb\u00eda haber presentado especialmente como testigo en su discurso. Si se olvid\u00f3 entonces, que lo presente ahora. -yo se lo permito- y que diga si dispone de alguno de \u00e9stos. Pero vais a encontrar todo lo contrario, atenienses, todos est\u00e1n dispuestos a ayudarme a m\u00ed, al que corrompe, al que hace mal a sus familiares, como dicen Meleto y \u00c1nito. Los propios corrompidos tendr\u00edan quiz\u00e1 motivo para ayudarme, pero los no corrompidos, hombres ya mayores, los parientes de \u00e9stos no tienen otra raz\u00f3n para ayudarme que la recta y la justa, a saber, que tienen conciencia de que Meleto miente y de que yo digo la verdad.<\/p>\n<p>Sea, pues, atenienses; poco m\u00e1s o menos, son \u00e9stas y, quiz\u00e1, otras semejantes las cosas que podr\u00eda alegar en mi defensa . Quiz\u00e1 alguno de vosotros se irrite, acord\u00e1ndose de s\u00ed mismo, si \u00e9l, sometido a un juicio de menor importancia que \u00e9ste, rog\u00f3 y suplic\u00f3 a los jueces con muchas l\u00e1grimas, trayendo a sus hijos para producir la mayor compasi\u00f3n posible y, tambi\u00e9n, a muchos de sus familiares y amigos , y, en cambio, yo no hago nada de eso, aunque corro el m\u00e1ximo peligro, seg\u00fan parece. Tal vez alguno, al pensar esto, se comporte m\u00e1s duramente conmigo e, irritado por estas mismas palabras, d\u00e9 su voto con ira. Pues bien, si alguno de vosotros es as\u00ed -ciertamente yo no lo creo, pero si, no obstante, es as\u00ed-, me parece que le dir\u00eda las palabras adecuadas, al decirle: \u00abTambi\u00e9n yo, amigo, tengo parientes. Y, en efecto, me sucede lo mismo que dice Homero, tampoco yo he nacido de una encina ni de una roca, sino de hombres, de manera que tambi\u00e9n yo tengo parientes y por cierto, atenienses, tres hijos, uno ya adolescente y dos ni\u00f1os.\u00bb Sin embargo, no voy a hacer subir aqu\u00ed a ninguno de ellos y suplicaros que me absolv\u00e1is. \u00bfPor qu\u00e9 no voy a hacer nada de esto? No por arrogancia, atenienses, ni por desprecio a vosotros. Si yo estoy confiado con respecto a la muerte o no lo estoy, eso es otra cuesti\u00f3n. Pero en lo que toca a la reputaci\u00f3n, la m\u00eda, la vuestra y la de toda la ciudad, no me parece bien, tanto por mi edad como por el renombre que tengo, sea verdadero o falso, que yo haga nada de esto, pero es opini\u00f3n general que S\u00f3crates se distingue de la mayor\u00eda de los hombres. Si aquellos de vosotros que parecen distinguirse por su sabidur\u00eda, valor u otra virtud cualquiera se comportaran de este modo, ser\u00eda vergonzoso. A algunos que parecen tener alg\u00fan valor los he visto muchas veces comportarse as\u00ed cuando son juzgados, haciendo cosas incre\u00edbles porque cre\u00edan que iban a soportar algo terrible si eran condenados a muerte, como si ya fueran a ser inmortales si vosotros no los condenarais. Me parece que \u00e9stos llenan de verg\u00fcenza a la ciudad, de modo que un extranjero podr\u00eda suponer que los atenienses destacados en m\u00e9rito, a los que sus ciudadanos prefieren en la elecci\u00f3n de magistraturas y otros honores, \u00e9sos en nada se distinguen de las mujeres. Ciertamente, atenienses, ni vosotros, los que destac\u00e1is en alguna cosa, deb\u00e9is hacer esto, ni, si lo hacemos nosotros, deb\u00e9is permitirlo, sino dejar bien claro que condenar\u00e9is al que introduce estas escenas miserables y pone en rid\u00edculo a la ciudad, mucho m\u00e1s que al que conserva la calma.<\/p>\n<p>Aparte de la reputaci\u00f3n, atenienses, tampoco me parece justo suplicar a los jueces y quedar absuelto por haber suplicado, sino que lo justo es informarlos y persuadirlos. Pues no est\u00e1 sentado el juez para conceder por favor lo justo, sino para juzgar; adem\u00e1s, ha jurado no. hacer favor a los que le parezca, sino juzgar con arreglo a las leyes. Por tanto, es necesario que nosotros no os acostumbremos a jurar en falso y que vosotros no os acostumbr\u00e9is, pues ni unos ni otros obrar\u00edamos piadosamente. Por consiguiente, no estim\u00e9is, atenienses, que yo debo hacer ante vosotros actos que considero que no son buenos, justos ni piadosos, especialmente, por Zeus, al estar acusado de impiedad por este Meleto. Pues, evidentemente, si os convenciera y os forzara con mis s\u00faplicas, a pesar de que hab\u00e9is jurado, os estar\u00eda ense\u00f1ando a no creer que hay dioses y simplemente, al intentar defenderme, me estar\u00eda acusando de que no creo en los dioses. Pero est\u00e1 muy lejos de ser as\u00ed; porque creo, atenienses, como ninguno de mis acusadores; y dejo a vosotros y al dios que juzgu\u00e9is sobre m\u00ed del modo que vaya a ser mejor para m\u00ed y para vosotros.<\/p>\n<p>Al hecho de que no me irrite, atenienses, ante lo sucedido, es decir, ante que me hay\u00e1is condenado, contribuyen muchas cosas y, especialmente, que lo sucedido no ha sido inesperado para mi, si bien me extra\u00f1a mucho m\u00e1s el n\u00famero de votos resultante de una y otra parte. En efecto, no cre\u00eda que iba a ser por tan poco, sino por mucho. La realidad es que, seg\u00fan parece, si s\u00f3lo treinta votos hubieran ca\u00eddo de la otra parte, habr\u00eda sido absuelto. En todo caso, seg\u00fan me parece, incluso ahora he sido absuelto respecto a Meleto, y no s\u00f3lo absuelto, sino que es evidente para todos que, si no hubieran comparecido \u00c1nito y Lic\u00f3n para acusarme, quedar\u00eda \u00e9l condenado incluso a pagar mil dracmas por no haber alcanzado la quinta parte de los votos.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, propone para m\u00ed este hombre la pena de muerte. Bien, \u00bfy yo qu\u00e9 os propondr\u00e9 a mi vez , atenienses? \u00bfHay alguna duda de que propondr\u00e9 lo que merezco? \u00bfQu\u00e9 es eso entonces? \u00bfQu\u00e9 merezco sufrir o pagar porque en mi vida no he tenido sosiego, y he abandonado las cosas de las que la mayor\u00eda se preocupa: los negocios, la hacienda familiar, los mandos militares, los discursos en la asamblea, cualquier magistratura, las alianzas y luchas de partidos que se producen en la ciudad, por considerar que en realidad soy demasiado honrado como para conservar la vida si me encaminaba a estas cosas? No iba donde no fuera de utilidad para vosotros o para m\u00ed, sino que me dirig\u00eda a hacer el mayor bien a cada uno en particular, seg\u00fan yo digo; iba all\u00ed, intentando convencer a cada uno de vosotros de que no se preocupara de ninguna de sus cosas antes de preocuparse de ser \u00e9l mismo lo mejor y lo m\u00e1s sensato posible, ni que tampoco se preocupara de los asuntos de la ciudad antes que de la ciudad misma y de las dem\u00e1s cosas seg\u00fan esta misma idea. Por consiguiente, \u00bfqu\u00e9 merezco que me pase por ser de este modo? Algo bueno, atenienses, si hay que proponer en verdad seg\u00fan el merecimiento. Y, adem\u00e1s, un bien que sea adecuado para m\u00ed. As\u00ed, pues, \u00bfqu\u00e9 conviene a un hombre pobre, benefactor y que necesita tener ocio para exhortaras a vosotros? No hay cosa que le convenga m\u00e1s, atenienses, que el ser alimentado en el Pritaneo con m\u00e1s raz\u00f3n que si alguno de vosotros en las Olimpiadas ha alcanzado la victoria en las carreras de caballos, de brigas o de cuadrigas. Pues \u00e9ste os hace parecer felices, y yo os hago felices, y \u00e9ste en nada necesita el alimento, y yo s\u00ed lo necesito. As\u00ed, pues, si es preciso que yo proponga lo merecido con arreglo a lo justo, propongo esto: la manutenci\u00f3n en el Pritaneo.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1, al hablar as\u00ed, os parezca que estoy hablando lleno de arrogancia, como cuando antes hablaba de lamentaciones y s\u00faplicas. No es as\u00ed; atenienses, sino m\u00e1s bien, de este otro modo. Yo estoy persuadido de que no hago da\u00f1o a ning\u00fan hombre voluntariamente, pero no consigo convenceros a vosotros de ello, porque hemos dialogado durante poco tiempo. Puesto que, si tuvierais una ley, como la tienen otros hombres, que ordenara no decidir sobre una pena de muerte en un solo d\u00eda, sino en muchos, os convencer\u00edais. Pero, ahora, en poco tiempo no es f\u00e1cil liberarse de grandes calumnias. Persuadido, como estoy, de que no hago da\u00f1o a nadie, me hallo muy lejos de hacerme da\u00f1o a m\u00ed mismo, de decir contra m\u00ed que soy merecedor de alg\u00fan da\u00f1o y de proponer para m\u00ed algo semejante. \u00bfPor, qu\u00e9 temor iba a hacerlo? \u00bfAcaso por el de no sufrir lo que ha propuesto Meleto y que yo afirmo que no s\u00e9 si es un bien o un mal? \u00bfPara evitar esto, debo elegir algo que s\u00e9 con certeza que es un mal y proponerlo para m\u00ed? \u00bfTal vez, la prisi\u00f3n? \u00bfY por qu\u00e9 he de vivir yo en la c\u00e1rcel siendo esclavo de los magistrados que, sucesivamente, ejerzan su cargo en ella, los Once? \u00bfQuiz\u00e1, una multa y estar en prisi\u00f3n hasta que la pague? Pero esto ser\u00eda lo mismo que lo anterior, pues no tengo dinero para pagar. \u00bfEntonces propondr\u00eda el destierro? Quiz\u00e1 vosotros aceptar\u00edais esto. \u00bfNo tendr\u00eda yo, ciertamente, mucho amor a la vida, si fuera tan insensato como para no poder reflexionar que vosotros, que sois conciudadanos m\u00edos, no hab\u00e9is sido capaces de soportar mis conversaciones y razonamientos, sino que os han resultado lo bastante pesados y molestos como para que ahora intent\u00e9is libraros de ellos, y que acaso otros los soportar\u00e1n f\u00e1cilmente? Est\u00e1 muy lejos de ser as\u00ed, atenienses. \u00a1Ser\u00eda, en efecto, una hermosa vida para un hombre de mi edad salir de mi ciudad y vivir yendo expulsado de una ciudad a otra! S\u00e9 con certeza que, donde vaya, los j\u00f3venes escuchar\u00e1n mis palabras, como aqu\u00ed. Si los rechazo, ellos me expulsar\u00e1n convenciendo a los mayores. Si no los rechazo, me expulsar\u00e1n sus padres y familiares por causa de ellos.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 diga alguno: \u00ab\u00bfPero no ser\u00e1s capaz de vivir alejado de nosotros en silencio y llevando una vida tranquila?\u00bb Persuadir de esto a algunos de vosotros es lo m\u00e1s dif\u00edcil. En efecto, si digo que eso es desobedecer al dios y que, por ello, es imposible llevar una vida tranquila, no me creer\u00e9is pensando que hablo ir\u00f3nicamente. Si, por otra parte, digo que el mayor bien para un hombre es precisamente \u00e9ste, tener conversaciones cada d\u00eda acerca de la virtud y de los otros temas de los que vosotros me hab\u00e9is o\u00eddo dialogar cuando me examinaba a m\u00ed mismo y a otros, y si digo que una vida sin examen no tiene objeto vivirla para el hombre, me creer\u00e9is a\u00fan menos. Sin embargo, la verdad es as\u00ed, como yo digo, atenienses, pero no es f\u00e1cil convenceros. Adem\u00e1s, no estoy acostumbrado a considerarme merecedor de ning\u00fan castigo. Ciertamente, si tuviera dinero, propondr\u00eda la cantidad que estuviera en condiciones de pagar; el dinero no ser\u00eda ning\u00fan da\u00f1o. Pero la verdad es que no lo tengo, a no ser que quisierais aceptar lo que yo podr\u00eda pagar. Quiz\u00e1 podr\u00eda pagaros una mina de plata . Propongo, por tanto, esa cantidad. Ah\u00ed Plat\u00f3n, atenienses, Crit\u00f3n, Critobulo y Apolodoro me piden que proponga treinta minas y que ellos salen fiadores. As\u00ed pues, propongo esa cantidad. \u00c9stos ser\u00e1n para vosotros fiadores dignos de cr\u00e9dito.<\/p>\n<p>Por no esperar un tiempo no largo, atenienses, vais a tener la fama y la culpa, por parte de los que quieren difamar a la ciudad, de haber matado a S\u00f3crates, un sabio. Pues afirmar\u00e1n que soy sabio, aunque no lo soy, los que quieren injuriaros. En efecto, si hubierais esperado un poco de tiempo, esto habr\u00eda sucedido por s\u00ed mismo. Veis, sin duda, que mi edad est\u00e1 ya muy avanzada en el curso de la vida y pr\u00f3xima a la muerte. No digo estas palabras a todos vosotros, sino a los que me han condenado a muerte. Pero tambi\u00e9n les digo a ellos lo siguiente. Quiz\u00e1 cre\u00e9is, atenienses, que yo he sido condenado por faltarme las palabras adecuadas para haberos convencido, si yo hubiera cre\u00eddo que era preciso hacer y decir todo, con tal de evitar la condena. Est\u00e1 muy lejos de ser as\u00ed. Pues bien, he sido condenado por falta no ciertamente de palabras, sino de osad\u00eda y desverg\u00fcenza , y por no querer deciros lo que os habr\u00eda sido m\u00e1s agradable o\u00edr: lamentarme, llorar o hacer y decir otras muchas cosas- indignas de m\u00ed, como digo, y que vosotros ten\u00e9is costumbre de o\u00edr a otros. Pero ni antes cre\u00ed que era necesario hacer nada innoble por causa del peligro, ni ahora me arrepiento de haberme defendido as\u00ed, sino que prefiero con mucho morir habi\u00e9ndome defendido de este modo, a vivir habi\u00e9ndolo hecho de ese otro modo. En efecto, ni ante la justicia ni en la guerra, ni yo ni ning\u00fan otro deben maquinar c\u00f3mo evitar la muerte a cualquier precio. Pues tambi\u00e9n en los combates muchas veces es evidente que se evitar\u00eda la muerte abandonando las armas y volvi\u00e9ndose a suplicar a los perseguidores. Hay muchos medios, en cada ocasi\u00f3n de peligro, de evitar la muerte, si se tiene la osad\u00eda de hacer y decir cualquier cosa. Pero no es dif\u00edcil, atenienses, evitar la muerte, es mucho m\u00e1s dificil evitar la maldad; en efecto, corre m\u00e1s deprisa que la muerte. Ahora yo, como soy lento y viejo, he sido alcanzado por la m\u00e1s lenta de las dos. En cambio, mis acusadores, como son temibles y \u00e1giles, han sido alcanzados por la m\u00e1s r\u00e1pida, la maldad. Ahora yo voy a salir de aqu\u00ed condenado a muerte por vosotros, y \u00e9stos, condenados por la verdad, culpables de perversidad e injusticia. Yo me atengo a mi estimaci\u00f3n y \u00e9stos, a la suya. Quiz\u00e1 era necesario que esto fuera as\u00ed y creo que est\u00e1 adecuadamente.<\/p>\n<p>Deseo predeciros a vosotros, mis condenadores, lo que va a seguir a esto. En efecto, estoy yo ya en ese momento en el que los hombres tienen capacidad de profetizar, cuando van ya a morir. Yo os aseguro, hombres que me hab\u00e9is condenado, que inmediatamente despu\u00e9s de mi muerte os va a venir un castigo mucho m\u00e1s duro, por Zeus, que el de mi condena a muerte. En efecto, ahora hab\u00e9is hecho esto creyendo que os ibais a librar de dar cuenta de vuestro modo de vida, pero, como digo, os va a salir muy al contrario. Van a ser m\u00e1s los que os pidan cuentas, \u00e9sos a los que yo ahora conten\u00eda sin que vosotros lo percibierais. Ser\u00e1n m\u00e1s intransigentes por cuanto son m\u00e1s j\u00f3venes, y vosotros os irritar\u00e9is m\u00e1s. Pues, si pens\u00e1is que matando a la gente vais a impedir que se os reproche que no viv\u00eds rectamente, no pens\u00e1is bien. Este medio de evitarlo ni es muy eficaz, ni es honrado. El m\u00e1s honrado y el m\u00e1s sencillo no es reprimir a los dem\u00e1s, sino prepararse para ser lo mejor posible. Hechas estas predicciones a quienes me han condenado les digo adi\u00f3s.<\/p>\n<p>Con los que hab\u00e9is votado mi absoluci\u00f3n me gustar\u00eda conversar sobre este hecho que acaba de suceder, mientras los magistrados est\u00e1n ocupados y a\u00fan no voy adonde yo debo morir. Quedaos, pues, conmigo, amigos, este tiempo, pues nada impide conversar entre nosotros mientras sea posible. Como sois amigos, quiero haceros ver qu\u00e9 significa, realmente, lo que me ha sucedido ahora. En efecto, jueces pues llam\u00e1ndoos jueces os llamo correctamente-, me ha sucedido algo extra\u00f1o. La advertencia habitual para m\u00ed, la del esp\u00edritu divino, en todo el tiempo anterior era siempre muy frecuente, oponi\u00e9ndose aun a cosas muy peque\u00f1as, si yo iba a obrar de forma no recta. Ahora me ha sucedido lo que vosotros veis, lo que se podr\u00eda creer que es, y en opini\u00f3n general es, el mayor de los males. Pues bien, la se\u00f1al del dios no se me ha opuesto ni al salir de casa por la ma\u00f1ana, ni cuando sub\u00ed aqu\u00ed al tribunal, ni en ning\u00fan momento durante la defensa cuando iba a decir algo. Sin embargo, en otras ocasiones me reten\u00eda, con frecuencia, mientras hablaba. En cambio, ahora, en este asunto no se me ha opuesto en ning\u00fan momento ante ning\u00fan acto o palabra. \u00bfCu\u00e1l pienso que es la causa? Voy a dec\u00edroslo. Es probable que esto que me ha sucedido sea un bien, pero no es posible que lo comprendamos rectamente los que creemos que la muerte es un mal. Ha habido para m\u00ed una gran prueba de ello. En efecto, es imposible que la se\u00f1al habitual no se me hubiera opuesto, a no ser que me fuera a ocurrir algo bueno.<\/p>\n<p>Reflexionemos tambi\u00e9n que hay gran esperanza de que esto sea un bien. La muerte es una de estas dos cosas: o bien el que est\u00e1 muerto no es nada ni tiene sensaci\u00f3n de nada, o bien, seg\u00fan se dice, la muerte es precisamente una transformaci\u00f3n, un cambio de morada para el alma de este lugar de aqu\u00ed a otro lugar. Si es una ausencia de sensaci\u00f3n y un sue\u00f1o, como cuando se duerme sin so\u00f1ar, la muerte ser\u00eda una ganancia maravillosa. Pues, si alguien, tomando la noche en la que ha dormido de tal manera que no ha visto nada en sue\u00f1os y comparando con esta noche las dem\u00e1s noches y d\u00edas de su vida, tuviera que reflexionar y decir cu\u00e1ntos d\u00edas y noches ha vivido en su vida mejor y m\u00e1s agradablemente que esta noche, creo que no ya un hombre cualquiera, sino que incluso el Gran Rey encontrar\u00eda f\u00e1cilmente contables estas noches compar\u00e1ndolas con los otros d\u00edas y noches. Si, en efecto, la muerte es algo as\u00ed, digo que es una ganancia, pues la totalidad del tiempo no resulta ser m\u00e1s que una sola noche. Si, por otra parte, la muerte es como emigrar de aqu\u00ed a otro lugar y es verdad, como se dice, que all\u00ed est\u00e1n todos los que han muerto, \u00bfqu\u00e9 bien habr\u00eda mayor que \u00e9ste, jueces? Pues si, llegado uno al Hades, libre ya de \u00e9stos que dicen que son jueces, va a encontrar a los verdaderos jueces, los que se dice que hacen justicia all\u00ed: Minos , Radamanto, \u00c9aco y Tript\u00f3lemo, y a cuantos semidioses fueron justos en sus vidas, \u00bfser\u00eda acaso malo el viaje? Adem\u00e1s, \u00bfcu\u00e1nto dar\u00eda alguno de vosotros por estar junto a Orfeo, Museo, Hes\u00edodo y Homero? Yo estoy dispuesto a morir muchas veces, si esto es verdad, y ser\u00eda un entretenimiento maravilloso, sobre todo para m\u00ed, cuando me encuentre all\u00ed con Palamedes, con Ayante, el hijo de Telam\u00f3n, y con alg\u00fan otro de los antiguos que haya muerto a causa de un juicio injusto, comparar mis sufrimientos con los de ellos; esto no ser\u00eda desagradable, seg\u00fan creo. Y lo m\u00e1s importante, pasar el tiempo examinando e investigando a los de all\u00ed, como ahora a los de aqu\u00ed, para ver qui\u00e9n de ellos es sabio, y qui\u00e9n cree serlo y no lo es. \u00bfCu\u00e1nto se dar\u00eda, jueces, por examinar al que llev\u00f3 a Troya aquel gran ej\u00e9rcito, o bien a Odiseo o a S\u00edsifo o \u00e1 otros infinitos hombres y mujeres que se podr\u00edan citar? Dialogar all\u00ed con ellos, estar en su compa\u00f1\u00eda y examinarlos ser\u00eda el colmo de la felicidad. En todo caso, los de all\u00ed no condenan a muerte por esto. Por otras razones son los de all\u00ed m\u00e1s felices que los de aqu\u00ed, especialmente porque ya el resto del tiempo son inmortales, si es verdad lo que se dice.<\/p>\n<div>Es preciso que tambi\u00e9n vosotros, jueces, est\u00e9is llenos de esperanza con respecto a la muerte y teng\u00e1is en el \u00e1nimo esta sola verdad, que no existe mal alguno para el hombre bueno, ni cuando vive ni despu\u00e9s de muerto, y que los dioses no se desentienden de sus dificultades. Tampoco lo que ahora me ha sucedido ha sido por casualidad, sino que tengo la evidencia de que ya era mejor para m\u00ed morir y librarme de trabajos. Por esta raz\u00f3n, en ning\u00fan momento la se\u00f1al divina me ha detenido y, por eso, no me irrito mucho con los que me han condenado ni con los acusadores. No obstante, ellos no me condenaron ni acusaron con esta idea, sino creyendo que me hac\u00edan da\u00f1o. Es justo que se les haga este reproche. Sin embargo, les pido una sola cosa. Cuando mis hijos sean mayores, atenienses, castigadlos caus\u00e1ndoles las mismas molestias que yo a vosotros, si os parece que se preocupan del dinero o de otra cosa cualquiera antes que de la virtud, y si creen que son algo sin serlo, reprochadles, como yo a vosotros, que no se preocupan de lo que es necesario y que creen ser algo sin ser dignos de nada. Si hac\u00e9is esto, mis hijos y yo habremos recibido un justo pago de vosotros. Pero es ya hora de marcharnos, yo a morir y vosotros a vivir. Qui\u00e9n de nosotros se dirige a una situaci\u00f3n mejor es algo oculto para todos, excepto para el dios.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Di\u00e1logo de Plat\u00f3n, donde se expresa una defensa en palabras\u00a0de S\u00f3crates ante el jurado de la ciudad de Atenas, tras ser acusado de desprecio hacia los dioses y corrupci\u00f3n de los j\u00f3venes. \u00a0 &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;- \u00a0 No s\u00e9, atenienses, la sensaci\u00f3n que hab\u00e9is experimentado por las palabras de mis acusadores. 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