{"id":890,"date":"2010-11-23T02:24:16","date_gmt":"2010-11-23T00:24:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=890"},"modified":"2010-11-23T02:24:16","modified_gmt":"2010-11-23T00:24:16","slug":"la-eneida-xii-virgilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-eneida-xii-virgilio\/","title":{"rendered":"La Eneida (XII) [Virgilio]"},"content":{"rendered":"<p><strong>LIBRO XII<\/strong><\/p>\n<p>Turno, aun cuando ve que ceden los latinos quebrantados<br \/>\npor un Marte adverso, que se le exigen ahora las promesas,<br \/>\nque a \u00e9l se dirigen todos los ojos, arde implacable a\u00fan m\u00e1s<br \/>\ny levanta su \u00e1nimo. Como el le\u00f3n aquel en los campos de Cartago<br \/>\nque, tocado en el pecho por una grave herida de los cazadores,<br \/>\nlanza entonces sus armas al ataque y se goza sacudiendo<br \/>\nla abultada melena en su cerviz e imp\u00e1vido quiebra<br \/>\nel dardo clavado del mercenario y ruge con la boca ensangrentada.<br \/>\nNo de otro modo crece la violencia en el fogoso Turno.<br \/>\nSe dirige entonces as\u00ed al rey y comienza sombr\u00edo de esta manera:<br \/>\n\u00abNo hay duda ninguna en Turno, ni raz\u00f3n para que los En\u00e9adas<br \/>\ncobardes retiren su desaf\u00edo o rechacen lo pactado.<br \/>\nParto para el combate. Cumple el rito, padre, y prepara la tregua.<br \/>\nO con esta diestra m\u00eda enviar\u00e9 al T\u00e1rtaro al dardanio<br \/>\ndesertor de Asia (que se sienten y lo vean los latinos)<br \/>\ny yo solo responder\u00e9 con mi espada a la com\u00fan ofensa,<br \/>\no que nos someta a su poder y reciba a Lavinia por esposa.\u00bb<br \/>\nA \u00e9l le respondi\u00f3 Latino con \u00e1nimo sosegado:<br \/>\n\u00abOh, joven de valeroso coraz\u00f3n, cuanto t\u00fa destacas<br \/>\npor tu fiereza, tanto m\u00e1s justo es que yo<br \/>\ndelibere y sopese, prudente, todas las salidas.<br \/>\nTienes los reinos de tu padre Dauno, tienes muchas ciudades<br \/>\ntomadas por la fuerza y tiene adem\u00e1s Latino oro y coraje;<br \/>\nhay en el Lacio otras muchas sin casar y en los campos laurentes,<br \/>\nque no desmerecen por su linaje. Deja que cosas no f\u00e1ciles de decir<br \/>\ndescubra sin enga\u00f1os y graba ala vez esto en tu coraz\u00f3n:<br \/>\nno me estaba permitido unir a mi hija con ninguno de los antiguos<br \/>\npretendientes, y as\u00ed lo anunciaban todos los dioses y los hombres.<br \/>\nVencido por tu amor, vencido por la sangre emparentada<br \/>\ny por las l\u00e1grimas de mi afligida esposa, romp\u00ed todos los v\u00ednculos;<br \/>\ndej\u00e9 a mi yerno sin su prometida, empu\u00f1\u00e9 armas imp\u00edas.<br \/>\nVes por ello, Turno, qu\u00e9 azares a m\u00ed me persiguen<br \/>\ny qu\u00e9 guerras, cu\u00e1ntas fatigas eres el primero en sufrir.<br \/>\nDos veces vencidos en un gran combate, defendemos apenas en la ciudad<br \/>\nlas esperanzas \u00edtalas; se calientan de nuevo las aguas del T\u00edber<br \/>\ncon nuestra sangre y blanquean de huesos las grandes llanuras.<br \/>\n\u00bfA d\u00f3nde me dejo llevar una y otra vez? \u00bfQu\u00e9 locura me hace cambiar de idea?<br \/>\nSi, desaparecido Turno, dispuesto estoy a aceptarlos por aliados,<br \/>\n\u00bfpor qu\u00e9 no evito mejor el combate cuando a\u00fan vive?<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 dir\u00e1n mis parientes r\u00fatulos, qu\u00e9 el resto<br \/>\nde Italia si a la muerte (\u00a1la fortuna desmienta mis palabras!)<br \/>\nte entrego, pretendiente de mi hija y de nuestra boda?<br \/>\nEstudia las alternativas de la guerra, ten piedad de tu anciano<br \/>\npadre a quien hoy, afligido, separa de ti la lejana<br \/>\npatria \u00c1rdea.\u00bb En modo alguno se abate la violencia de Turno<br \/>\ncon estas palabras; aumenta m\u00e1s a\u00fan y se agrava con la medicina.<br \/>\nEn cuanto pudo hablar, insisti\u00f3 de esta manera:<br \/>\n\u00abTodo ese af\u00e1n de protegerme, te suplico, \u00f3ptimo padre, ese af\u00e1n<br \/>\ndep\u00f3n y d\u00e9jame sufrir la muerte a cambio de la gloria.<br \/>\nTambi\u00e9n nosotros, oh padre, dardos y hierro no flojo lanzamos<br \/>\ncon la diestra, y de sus heridas mana igualmente la sangre.<br \/>\n\u00c9l tendr\u00e1 lejos a su divina madre, sin que cubrir pueda<br \/>\nsu huida con nube mujeril y ocultarse en sombras vanas.\u00bb<br \/>\nMas la reina, asustada de la nueva suerte del combate,<br \/>\nlloraba y dispuesta a morir sujetaba al yerno ardiente:<br \/>\n\u00abTurno, yo a ti por estas l\u00e1grimas, por el nombre de Amata<br \/>\nsi es que te importa algo. T\u00fa eres ahora su \u00fanica esperanza,<br \/>\nt\u00fa el descanso de su m\u00edsera vejez, en tus manos la honra y el poder<br \/>\nde Latino, en ti se apoya toda mi casa vacilante.<br \/>\nEsto s\u00f3lo te pido: no acudas al combate con los teucros.<br \/>\nSea cual sea el resultado que te aguarda en ese duelo,<br \/>\ntambi\u00e9n a m\u00ed, Turno, me aguarda; al tiempo dejar\u00e9<br \/>\nesta odiada luz y no ver\u00e9, cautiva, a Eneas de yerno.\u00bb<br \/>\nEscuch\u00f3 Lavinia las palabras de su madre entre l\u00e1grimas<br \/>\nque regaban sus mejillas encendidas; un intenso rubor<br \/>\nlas hizo arder y corri\u00f3 por su rostro caliente.<br \/>\nComo si alguno mancha con p\u00farpura de sangre<br \/>\nel marfil de la India o como enrojecen los blancos lirios<br \/>\nal mezclarse con muchas rosas, tal color presentaba el rostro de la muchacha.<br \/>\nA \u00e9l lo turba el amor y clava su mirada en la muchacha;<br \/>\narde m\u00e1s por las armas y con pocas palabras dice a Amata:<br \/>\n\u00abNo, te ruego, no me persigas con l\u00e1grimas ni con ag\u00fcero<br \/>\ntan fatal cuando me lanzo al encuentro del duro Marte,<br \/>\nmadre m\u00eda; pues Turno no puede demorar libremente su muerte.<br \/>\nT\u00fa, Idm\u00f3n, s\u00e9 mi mensajero y lleva al tirano frigio estas<br \/>\npalabras m\u00edas que no han de placerle. Llevada en sus ruedas de p\u00farpura<br \/>\nen cuanto enrojezca en el cielo la Aurora de ma\u00f1ana,<br \/>\nque no lleve a los teucros contra los r\u00fatulos; descansen las armas de r\u00fatulos<br \/>\ny teucros, decidamos esta guerra con nuestra sangre<br \/>\ny conquiste a su esposa Lavinia en aquel llano.\u00bb<br \/>\nLuego que dijo esto y r\u00e1pido se retir\u00f3 a su tienda,<br \/>\npide sus caballos y goza vi\u00e9ndolos relinchar ante \u00e9l;<br \/>\nla propia Orit\u00eda los entreg\u00f3 como premio a Pilumno<br \/>\ny ganaban a la nieve en blancura y en rapidez al viento.<br \/>\nLos rodean sus atentos aurigas y con la palma de la mano<br \/>\nacarician y palmean sus pechos y les peinan las crines del cuello.<br \/>\n\u00c9l mismo despu\u00e9s rodea sus hombros con la loriga<br \/>\nr\u00edgida de oro y blanco oricalco y a la vez coloca en su sitio<br \/>\nla espada y el escudo y las puntas de su roja cresta,<br \/>\nla espada que el mismo dios se\u00f1or del fuego hab\u00eda forjado<br \/>\npara su padre Dauno meti\u00e9ndola al rojo en las aguas estigias.<br \/>\nLuego, ase con fuerza la pesada lanza que se alzaba<br \/>\napoyada a una columna en el centro de la sala,<br \/>\ndespojo del aurunco \u00c1ctor, y blandi\u00e9ndola la hace vibrar<br \/>\nal tiempo que grita: \u00abAhora, lanza m\u00eda que nunca has defraudado<br \/>\nmis ruegos, ahora es el momento; antes el grand\u00edsimo \u00c1ctor<br \/>\ny ahora te lleva de Turno la diestra; conc\u00e9deme abatir su cuerpo<br \/>\ny arrancar y destrozar con fuerte mano la loriga<br \/>\ndel frigio afeminado y manchar en el polvo sus cabellos<br \/>\nrizados con el hierro caliente y empapados de mirra.\u00bb<br \/>\nCon tal furia se agita y de toda la cara le saltan<br \/>\nchispas encendidas, brilla el fuego en sus ojos salvajes,<br \/>\ncomo lanza el toro al inicio de la lucha mugidos<br \/>\nterribles o trata de llevar la ira a sus cuernos<br \/>\nsacudiendo el tronco de un \u00e1rbol y a los vientos desaf\u00eda<br \/>\ncon sus embestidas o se prepara para pelear barriendo la arena.<br \/>\nEntretanto no menos terrible con las armas de su madre<br \/>\naguza Eneas su Marte y se inflama de ira,<br \/>\nsatisfecho de dirimir la guerra con el pacto propuesto.<br \/>\nConforta entonces a sus compa\u00f1eros y el miedo del afligido Julo<br \/>\nhaci\u00e9ndoles ver el destino, y ordena llevar respuesta cierta<br \/>\nal rey Latino y que los mensajeros le presenten condiciones de paz.<br \/>\nNaci\u00f3 el d\u00eda siguiente y apenas regaba con su luz<br \/>\nlas cumbres de los montes, cuando primero se alzan del profundo abismo<br \/>\nlos caballos del Sol y luz respiran por las narices abiertas.<br \/>\nBajo las murallas de la gran ciudad midiendo el campo<br \/>\npara el duelo los r\u00fatulos y los hombres de Troya dispon\u00edan<br \/>\nhogares en el centro, y para los dioses comunes altares<br \/>\nde hierba. Otros portaban agua y fuego cubiertos con la falda<br \/>\nde franjas de p\u00farpura y ce\u00f1idas las sienes de verbena.<br \/>\nAvanza la legi\u00f3n de los aus\u00f3nidas y a puertas llenas<br \/>\nse derraman los escuadrones armados. Acude luego todo<br \/>\nel ej\u00e9rcito troyano y el tirreno con armas diversas,<br \/>\ncubiertos de hierro no de otro modo que si les convocase<br \/>\nla fiera cita de Marte. Y entre tantos miles dan vueltas<br \/>\nlos propios caudillos, soberbios de p\u00farpura y oro:<br \/>\nMnesteo del linaje de As\u00e1raco y el fuerte Asilas<br \/>\ny Mesapo domador de caballos, prole de Neptuno.<br \/>\nY cuando, al darse la se\u00f1al, cada cual ocup\u00f3 su sitio,<br \/>\nclavan en tierra las lanzas y apoyan los escudos.<br \/>\nEntonces acudieron con ansia las madres y el pueblo inerme<br \/>\ny los ancianos sin fuerzas ocuparon las torres y las azoteas<br \/>\nde las casas; otros se colocan en lo alto de las puertas.<br \/>\nMas Juno (\u00a1ay!) desde lo alto de un monte (que hoy Albano<br \/>\nse llama: no ten\u00eda entonces ni nombre, ni culto, ni fama)<br \/>\nvigilaba observando la llanura y ambas<br \/>\nl\u00edneas de laurentes y troyanos y la ciudad de Latino.<br \/>\nAl punto as\u00ed habl\u00f3 a la hermana de Turno,<br \/>\nuna diosa a otra diosa, que preside los pantanos y los r\u00edos<br \/>\nsonoros (a ella J\u00fapiter, el alto rey del \u00e9ter,<br \/>\nle concedi\u00f3 este honor al arrancarle la virginidad):<br \/>\n\u00abNinfa, gloria de los r\u00edos, grat\u00edsima a nuestro coraz\u00f3n,<br \/>\nsabes c\u00f3mo a ti sola entre todas las latinas cuantas<br \/>\nsubieron al ingrato lecho del generoso J\u00fapiter<br \/>\nte he preferido y te he dado con gusto un lugar en el cielo.<br \/>\nAprende, Yuturna, y no me acuses, tu propio dolor.<br \/>\nHasta donde Fortuna parec\u00eda consentir y las Parcas dejaban<br \/>\nque las cosas fueran bien para el Lacio, he protegido a Turno y tus murallas.<br \/>\nAhora veo que el joven se enfrenta a hados desiguales<br \/>\ny se acerca el d\u00eda de las Parcas y la fuerza enemiga.<br \/>\nNo puedo contemplar este duelo con mis ojos, ni el pacto.<br \/>\nT\u00fa, si te atreves a algo m\u00e1s eficaz por tu hermano,<br \/>\nadelante, puedes hacerlo. Quiz\u00e1 d\u00edas mejores aguardan a los desgraciados.\u00bb<br \/>\nApenas acab\u00f3 cuando Yuturna se deshizo en l\u00e1grimas<br \/>\ny tres y cuatro veces golpe\u00f3 su hermoso pecho con la mano.<br \/>\n\u00abNo es hora \u00e9sta de l\u00e1grimas -dice Juno Saturnia-.<br \/>\nDate prisa y, si hay alg\u00fan medio, salva a tu hermano de la muerte;<br \/>\no provoca t\u00fa misma la guerra y rompe el pacto conseguido.<br \/>\nInspiro yo tu atrevimiento.\u00bb Exhort\u00e1ndola as\u00ed la deja<br \/>\nindecisa y con el \u00e1nimo turbado por triste herida.<br \/>\nLlegan entretanto los reyes y Latino sobre su carro<br \/>\nde cuatro caballos impresionante (le ci\u00f1en<br \/>\nlas sienes brillantes doce rayos de oro,<br \/>\nemblema del Sol, su abuelo), va Turno sobre su biga blanca,<br \/>\nagitando con la mano dos astiles de ancho hierro.<br \/>\nLuego el padre Eneas, origen de la estirpe romana,<br \/>\nardiente con su escudo de estrellas y sus armas celestes<br \/>\ny Ascanio a su lado, segunda esperanza de la gran Roma,<br \/>\nsalen del campamento, y el sacerdote vestido de blanco puro<br \/>\nllev\u00f3 una cr\u00eda de la erizada cerda y una oveja<br \/>\nintonsa y acerc\u00f3 los animales a los altares encendidos.<br \/>\nAqu\u00e9llos, con los ojos vueltos hacia el sol naciente,<br \/>\nofrecen harina salada con las manos y marcan con el hierro<br \/>\nlas sienes de los animales, y liban con las p\u00e1teras los altares.<br \/>\nEntonces Eneas piadoso reza de este modo con la espada enhiesta:<br \/>\n\u00abS\u00e9 ahora, Sol, mi testigo en esta invocaci\u00f3n junto con la tierra<br \/>\npor la que soportar he podido tantas fatigas,<br \/>\ny el padre todopoderoso y t\u00fa, su Saturnia esposa<br \/>\n(m\u00e1s favorable ya por fin, te suplico), y t\u00fa, \u00ednclito Marte,<br \/>\nque toda guerra pliegas, padre, a tu voluntad;<br \/>\na las fuentes y a los r\u00edos invoco y a todas las divinidades<br \/>\ndel alto \u00e9ter y a todos los poderes divinos del mar cer\u00faleo:<br \/>\nsi acaso la victoria cae del lado del ausonio Turno,<br \/>\nacordado queda que los vencidos se retiren a la ciudad de Evandro,<br \/>\nJulo dejar\u00e1 los campos y nunca m\u00e1s empu\u00f1ar\u00e1n sus armas,<br \/>\nrebeldes, los En\u00e9adas ni desafiar\u00e1n a estos reinos con la espada.<br \/>\nSi, por el contrario, sonr\u00ede la Victoria a nuestro Marte<br \/>\n(como creo mejor y mejor con su numen lo confirmen los dioses),<br \/>\nno har\u00e9 yo que los \u00edtalos obedezcan a los teucros<br \/>\nni pido el reino para m\u00ed: ambos pueblos, invictos,<br \/>\nse pongan bajo leyes iguales en eterno pacto.<br \/>\nRitos y dioses les dar\u00e9; tenga sus armas Latino, mi suegro,<br \/>\ny su dominio soberano mi suegro: para m\u00ed levantar\u00e1n<br \/>\nlos teucros murallas y Lavinia dar\u00e1 su nombre a la ciudad.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed Eneas el primero, as\u00ed le sigue despu\u00e9s Latino<br \/>\nmirando hacia el cielo y tiende su diestra a las estrellas:<br \/>\n\u00abYo por lo mismo juro, Eneas, por la tierra, el mar, las estrellas<br \/>\ny la doble estirpe de Latona y Jano bifronte,<br \/>\ny el poder de los dioses infernales y los sagrarios del severo Dite;<br \/>\nescuche esto el padre que con su rayo sanciona los pactos.<br \/>\nToco los altares y llamo entre vosotros por testigos a fuegos y dioses:<br \/>\nning\u00fan d\u00eda habr\u00e1 de romper a los \u00edtalos esta paz y este pacto,<br \/>\nsalgan como salgan las cosas; ni a m\u00ed, que as\u00ed lo quiero, me mover\u00e1<br \/>\nfuerza alguna, no, aunque por medio de un diluvio pueda<br \/>\nconfundir la tierra con las aguas y hacer que caiga el cielo hasta el T\u00e1rtaro,<br \/>\nigual que este cetro (pues por caso llevaba el cetro en la diestra)<br \/>\nnunca echar\u00e1 ramas de leve fronda ni sombras,<br \/>\npuesto que fue arrancado un d\u00eda en las selvas desde la ra\u00edz<br \/>\ny carece de madre y perdi\u00f3 por el hierro su cabello y sus brazos;<br \/>\n\u00e1rbol un tiempo, hoy la mano del orfebre lo encerr\u00f3 entre adornos<br \/>\nde bronce y lo entreg\u00f3 a los padres latinos para que lo llevasen.\u00bb<br \/>\nCon tales palabras confirmaban entre ellos su pacto<br \/>\nante la general contemplaci\u00f3n de los pr\u00f3ceres. Luego, seg\u00fan el rito<br \/>\nconsagradas deg\u00fcellan ante el fuego las v\u00edctimas y vivas les arrancan<br \/>\nlas v\u00edsceras, y colman los altares de fuentes rebosantes.<br \/>\nPero a los r\u00fatulos ese duelo desigual les parec\u00eda<br \/>\nya y sentimientos diversos se mezclaban en sus pechos,<br \/>\ny m\u00e1s a\u00fan cuando les ven llegar no iguales en fuerzas.<br \/>\nA ello contribuye el caminar con paso callado de Turno<br \/>\nvenerando suplicante el altar con los ojos bajos,<br \/>\nas\u00ed como sus juveniles mejillas y la palidez del cuerpo del joven.<br \/>\nEn cuanto su hermana Yuturna vio que se extend\u00edan<br \/>\nlos murmullos y que cambiaba el l\u00e1bil parecer del pueblo.<br \/>\nentre los soldados simulando el aspecto de Camerte,<br \/>\nque desde los antepasados ten\u00eda una estirpe gloriosa y era famoso<br \/>\nel renombre del valor de su padre, valeros\u00edsimo \u00e9l tambi\u00e9n con las armas,<br \/>\nse mete entre los soldados, sabedora de las condiciones,<br \/>\ny siembra rumores diversos, y dice de este modo:<br \/>\n\u00ab\u00bfNo os da verg\u00fcenza, r\u00fatulos, ofrecer una sola vida<br \/>\na cambio de tantas tan valiosas? \u00bfEs que no somos iguales<br \/>\nen n\u00famero o fuerzas? Vaya, no son m\u00e1s que arcadios y troyanos<br \/>\ny el escuadr\u00f3n del destino, la Etruria hostil a Turno:<br \/>\napenas tenemos enemigos, si combatimos uno a uno.<br \/>\n\u00c9l en verdad seguir\u00e1 a los dioses, ante cuyos altares<br \/>\nse ofrece, en fama, y vivo andar\u00e1 de boca en boca;<br \/>\nnosotros perderemos la patria y a obedecer a amos orgullosos<br \/>\nnos veremos obligados, ya que ahora nos sentamos tranquilos por los campos.\u00bb<br \/>\nSe encendi\u00f3 la opini\u00f3n de los j\u00f3venes con tales palabras<br \/>\nm\u00e1s y m\u00e1s a\u00fan y serpea la agitaci\u00f3n entre los soldados;<br \/>\nlos mismos laurentes cambiaron y los mismos latinos.<br \/>\nQuienes ya ansiaban el descanso en el combate y de la patria<br \/>\nla salvaci\u00f3n quieren ahora armas, y piden que se rompa<br \/>\nel pacto y lamentan la inicua suerte de Turno.<br \/>\nOtra cosa a\u00fan mayor a\u00f1ade a esto Yuturna, y env\u00eda<br \/>\ndel alto cielo una se\u00f1al, la m\u00e1s eficaz en turbar<br \/>\nel coraz\u00f3n de los \u00edtalos y en enga\u00f1arles con su visi\u00f3n.<br \/>\nPues surcando el rojo cielo, el \u00e1guila leonada de Jove<br \/>\npersegu\u00eda a las aves de la ribera y a la ruidosa turba<br \/>\ndel al\u00edgero ej\u00e9rcito, cuando, de pronto, cae hasta las olas<br \/>\ny se lleva feroz en sus garras un bell\u00edsimo cisne.<br \/>\nConcentraron su atenci\u00f3n los \u00edtalos, y todos los p\u00e1jaros<br \/>\nabandonan entre graznidos su huida (asombrosa visi\u00f3n)<br \/>\ny oscurecen el \u00e9ter con sus alas y acosan por las auras<br \/>\na su enemigo formando una nube, hasta que se rindi\u00f3 vencida<br \/>\npor la fuerza y el peso de la carga y dej\u00f3 escapar el \u00e1guila la presa<br \/>\nde sus garras al r\u00edo y a lo lejos se perdi\u00f3 entre las nubes.<br \/>\nSaludan entonces los r\u00fatulos con gritos el augurio<br \/>\ny aprestan sus brazos y el primero el augur Tolumnio<br \/>\ndice: \u00abEsto era, esto, lo que yo tantas veces he pedido.<br \/>\nSiento y reconozco a los dioses; bajo mi gu\u00eda, desgraciados,<br \/>\ncorred alas armas, que un extranjero feroz con la guerra<br \/>\nos espanta como a d\u00e9biles aves, y por la fuerza arrasa<br \/>\nvuestras costas. Escapar\u00e1 \u00e9l tambi\u00e9n y llevar\u00e1 sus velas<br \/>\nbien lejos. Vosotros, cerrad filas como un solo hombre<br \/>\ny defended peleando al rey que se os ha arrebatado.\u00bb<br \/>\nDijo, y abalanz\u00e1ndose dispar\u00f3 su dardo contra los enemigos<br \/>\nque ten\u00eda enfrente; lanza el cornejo su estridente silbido<br \/>\ny corta certero el aire. Al punto sigue a esto un gran clamor,<br \/>\ny todas las filas se agitaron y se inflamaron los corazones con el tumulto.<br \/>\nEnfrente justo se encontraban los bell\u00edsimos cuerpos<br \/>\nde nueve hermanos, tantos cuantos leal esposa<br \/>\ntirrena diera, ella sola, al arcadio Galipo. Vuela la lanza<br \/>\ny atraviesa a uno de ellos por donde se pega al vientre<br \/>\nel cosido cintur\u00f3n y muerde la f\u00edbula las correas del costado,<br \/>\nal joven de hermosa figura y relucientes armas<br \/>\nle traspasa las costillas y lo tumba en la rubia arena.<br \/>\nY sus hermanos, falange ya animosa ahora de dolor inflamada,<br \/>\nempu\u00f1an unos las espadas y otros el hierro volador<br \/>\narrebatan y ciegos se lanzan. Acuden a su encuentro<br \/>\nlas tropas de laurentes y en seguida se desbordan apretados<br \/>\nlos troyanos y los agilinos y los arcadios de pintadas armas;<br \/>\nas\u00ed, igual ansia se apodera de todos por decidir con el hierro.<br \/>\nSaquearon los altares, vuela por todo el cielo agitada<br \/>\ntempestad de dardos y estalla una tormenta de hierro,<br \/>\nretiran las crateras y los fuegos. Huye el propio Latino<br \/>\nllev\u00e1ndose de nuevo los dioses ofendidos por la ruptura del pacto.<br \/>\nPreparan otros los carros o ponen sus cuerpos de un salto<br \/>\nsobre los caballos y aparecen con las espadas enhiestas.<br \/>\nMesapo, ansioso por desbaratar el pacto, al rey tirreno<br \/>\nAulestes, que portaba su insignia de rey,<br \/>\naterra enfrent\u00e1ndosele a caballo; cae \u00e9ste al retirarse<br \/>\ny rueda, desgraciado, de cabeza y hombros con las aras<br \/>\nque ten\u00eda a la espalda. Mas enardecido vuela hasta \u00e9l con su lanza<br \/>\nMesapo y con ella, como una viga, lo hiere gravemente<br \/>\ndesde lo alto del caballo, aunque mucho suplicaba, y as\u00ed dice:<br \/>\n\u00ab \u00a1Ya lo tiene! Es \u00e9sta la mejor v\u00edctima ofrecida a los grandes dioses.\u00bb<br \/>\nAcuden los \u00edtalos y despojan los miembros calientes.<br \/>\nAl ataque, arranca Corineo del ara un tiz\u00f3n quemado<br \/>\ny a Ebiso que corr\u00eda preparando su golpe<br \/>\nle llena la cara de llamas: prendi\u00f3 su barba enorme<br \/>\ny oli\u00f3 al arder. Le sigue a\u00fan aqu\u00e9l<br \/>\ny agarra con la izquierda la cabellera del turbado enemigo<br \/>\ny le hace morder el polvo poni\u00e9ndole encuna la rodilla;<br \/>\nde esta guisa hiere con la r\u00edgida espada el costado. Podalirio a Also,<br \/>\nun pastor que irrump\u00eda en primera fila entre los dardos,<br \/>\npersigui\u00e9ndole le da alcance con la espada desnuda. Mas \u00e9l, blandiendo<br \/>\nla segur, abre por la mitad la frente y el ment\u00f3n del adversario<br \/>\ny riega en gran extensi\u00f3n las armas con la sangre esparcida.<br \/>\nUn duro descanso cay\u00f3 sobre sus ojos y un sue\u00f1o<br \/>\nde hierro, se oculta su luz para una noche eterna.<br \/>\nEl piadoso Eneas, por su parte, tend\u00eda su diestra inerme<br \/>\ncon la cabeza descubierta y llamaba a gritos a los suyos:<br \/>\n\u00ab\u00bfA d\u00f3nde corr\u00e9is? \u00bfDe d\u00f3nde nace esta repentina discordia? \u00a1<br \/>\nReprimid, ay, vuestra ira! Acordado est\u00e1 ya el pacto<br \/>\ny fijadas todas sus leyes. M\u00edo s\u00f3lo es el derecho a combatir,<br \/>\ndejadme y alejad el miedo. Yo firmar\u00e9 pactos<br \/>\nfirmes con mi mano; estas v\u00edctimas me deben ya a Turno.\u00bb<br \/>\nEn medio de estas palabras, entre razones tales,<br \/>\nhe aqu\u00ed que hasta el h\u00e9roe se escap\u00f3 una flecha de alas estridentes<br \/>\nsin que se sepa qu\u00e9 mano la lanz\u00f3, con qu\u00e9 impulso vol\u00f3,<br \/>\nqui\u00e9n brind\u00f3 a los r\u00fatulos, si un dios o el azar,<br \/>\ngloria tan grande; en secreto qued\u00f3 la fama de la haza\u00f1a<br \/>\ny nadie se jact\u00f3 de la herida de Eneas.<br \/>\nTurno, al ver que Eneas se retiraba de la formaci\u00f3n<br \/>\ny a sus jefes turbados, arde inflamado por s\u00fabita esperanza;<br \/>\nreclama sus caballos y a la vez las armas, y sube orgulloso<br \/>\nde un salto al carro y sacude con las manos las riendas.<br \/>\nPensando en muchas cosas entrega a la muerte a valientes guerreros.<br \/>\nArrolla a muchos, medio muertos: o devora las filas<br \/>\ncon su carro o arroja a los que huyen lanzas robadas.<br \/>\nCual sanguinario Marte cuando junto a las aguas<br \/>\ndel g\u00e9lido Hebro, agitado, golpea su escudo y los salvajes<br \/>\ncaballos lanza al galope, a guerra tocando, y ellos a campo abierto<br \/>\nvuelan m\u00e1s que los Notos y el C\u00e9firo, gimen los confines<br \/>\nde Tracia bajo el golpe de sus cascos y alrededor se agitan<br \/>\nlos fantasmas del negro Terror, de la Ira y la Insidia, s\u00e9quito del dios:<br \/>\nas\u00ed azuza Turno, impetuoso, en medio del combate<br \/>\nsus caballos humeantes de sudor, saltando sobre los enemigos<br \/>\nmuertos sin piedad; el r\u00e1pido casco salpica roc\u00edos<br \/>\nde sangre y pisa una arena ensangrentada.<br \/>\nY entreg\u00f3 ya a la muerte a Est\u00e9nelo y a T\u00e1miro y a Folo,<br \/>\na \u00e9ste de cerca y a \u00e9ste, al otro de lejos; de lejos a ambos<br \/>\nImbr\u00e1sidas, a Glauco y a Lades, a los que \u00cdmbraso mismo<br \/>\nhab\u00eda criado en Licia y hab\u00eda adornado con armas iguales<br \/>\npara llegar a las manos o para ganar a caballo a los vientos.<br \/>\nEn parte distinta se mete en el centro del combate Eumedes,<br \/>\nprole preclara en la guerra del antiguo Dol\u00f3n<br \/>\nque llevaba al abuelo en el nombre y al padre en el arrojo y las manos;<br \/>\n\u00e9ste un d\u00eda como llegara a espiar al campamento de los d\u00e1naos,<br \/>\nos\u00f3 reclamar para s\u00ed en recompensa el carro del Pelida,<br \/>\ny le pag\u00f3 el Tidida con premio bien distinto<br \/>\npor tal haza\u00f1a y no aspira ya a los caballos de Aquiles.<br \/>\nCuando Turno lo divis\u00f3 a lo lejos en campo abierto,<br \/>\npersigui\u00e9ndole antes con la lanza ligera largo trecho,<br \/>\ndetiene su pareja de caballos y salta del carro y se lanza<br \/>\nsobre \u00e9l, ca\u00eddo ya sin aliento, y pis\u00e1ndole el cuello con el pie<br \/>\nle arranca la espada de la diestra y le clava su brillo<br \/>\nhasta el fondo en la garganta y a\u00f1ade adem\u00e1s:<br \/>\n\u00ab\u00a1Aqu\u00ed tienes, troyano, los campos y la Hesperia que buscaste<br \/>\ncon la guerra! \u00a1M\u00eddelos con tu cuerpo! Estos premios reciben<br \/>\nquienes osan probarme con la espada. As\u00ed levantan sus murallas.\u00bb<br \/>\nCon la punta de su lanza hace que le acompa\u00f1e Asbistes,<br \/>\ny Cl\u00f3reo y S\u00edbaris y Dares y Ters\u00edloco<br \/>\ny, resbalando del lomo de su caballo montaraz, Timetes.<br \/>\nY como el aliento del B\u00f3reas edonio cuando silba<br \/>\nen lo profundo del Egeo y persigue a las olas hasta la playa;<br \/>\npor donde cayeron los vientos se escapan las nubes al cielo:<br \/>\nas\u00ed ante Turno, all\u00ed donde se abre camino, ceden los escuadrones,<br \/>\ncorren revueltas las filas; su propio \u00edmpetu lo lleva<br \/>\ny al correr del carro agita la brisa su penacho volador.<br \/>\nNo aguant\u00f3 Fegeo sus amenazas ni el rugir de su \u00e1nimo<br \/>\ny se lanz\u00f3 contra el carro y torci\u00f3 con la diestra los hocicos<br \/>\nespumantes por los frenos de los caballos lanzados al galope.<br \/>\nMientras lo arrastran y cuelga del yugo, indefenso, lo alcanza<br \/>\nuna ancha lanza que se clava y desgarra la loriga<br \/>\nde doble malla y llega a probar el cuerpo con una herida.<br \/>\n\u00c9l, sin embargo, iba vuelto hacia el enemigo cubierto<br \/>\ncon su escudo y trata de defenderse sacando la espada<br \/>\ncuando una rueda y el eje lanzado a la carrera lo empujaron<br \/>\ny lo lanzaron de cabeza al suelo y Turno, alcanz\u00e1ndole<br \/>\nentre el final del casco y el borde superior de la coraza,<br \/>\nla cabeza le quit\u00f3 con la espada y dej\u00f3 su tronco en la arena.<br \/>\nY mientras, vencedor, tanta muerte causa Turno por los campos,<br \/>\nMnesteo entretanto y el fiel Acates y Ascanio<br \/>\ncon ellos se llevaron al campamento ensangrentado a Eneas,<br \/>\nque cada dos pasos se apoyaba en su larga lanza.<br \/>\nSu enfurece y se empe\u00f1a en arrancar el dardo<br \/>\nde la ca\u00f1a quebrada y pide como remedio el camino m\u00e1s r\u00e1pido,<br \/>\nque corten la herida con la hoja de la espada y abran del todo<br \/>\nel escondite de la flecha y lo manden de nuevo al combate.<br \/>\nY estaba ya a su lado aquel que Febo amaba m\u00e1s que a los dem\u00e1s,<br \/>\nel Y\u00e1sida Y\u00e1pige, a quien un d\u00eda, cautivo de violento amor,<br \/>\nApolo mismo, satisfecho, sus propias artes y sus atributos<br \/>\nle ofrec\u00eda, el augurio, la c\u00edtara y las r\u00e1pidas flechas.<br \/>\n\u00c9l, para prolongar la vida del padre moribundo,<br \/>\nprefiri\u00f3 conocer los poderes de las hierbas y su uso<br \/>\npara curar y practicar sin gloria un arte callado.<br \/>\nEstaba Eneas de pie gritando amargamente apoyado en enorme<br \/>\nlanza, en presencia de muchos j\u00f3venes y de Julo<br \/>\nafligido, inm\u00f3vil a las l\u00e1grimas. El viejo, ce\u00f1ido,<br \/>\ncon el manto recogido a la manera peonia,<br \/>\ncon el poder de su mano y la fuerza de las hierbas de Febo<br \/>\nmucho se afana en vano, en vano mueve el dardo<br \/>\ncon la diestra y agarra el hierro con tenaz pinza.<br \/>\nNinguna Fortuna gobierna su camino, en nada le asiste Apolo<br \/>\nsu protector y un cruel espanto se hace m\u00e1s y m\u00e1s intenso<br \/>\nen la llanura y m\u00e1s se acerca la desgracia. Ya ven que se forma<br \/>\nen el cielo una nube de polvo: est\u00e1n llegando los jinetes y una lluvia de dardos<br \/>\ncae en el coraz\u00f3n del campamento. Sube al \u00e9ter un triste clamor<br \/>\nde j\u00f3venes combatientes que caen bajo un Marte severo.<br \/>\nVenus entonces, conmovida como madre por el indigno dolor<br \/>\nde su hijo, recoge el d\u00edctamo en el Ida cretense,<br \/>\nel tallo de hojas rugosas que en una flor acaba<br \/>\nde p\u00farpura; no desconocen esta hierba las cabras<br \/>\nagrestes cuando se clavan en su lomo las flechas voladoras.<br \/>\nVenus, con la figura escondida en una oscura nube,<br \/>\nlo trajo y con \u00e9l ti\u00f1e el agua vertida en un brillante<br \/>\ncuenco, curando en secreto, y la riega con los jugos<br \/>\nde la salut\u00edfera ambros\u00eda y con la p\u00e1nace olorosa.<br \/>\nFomenta con este brebaje la herida el longevo Y\u00e1pige,<br \/>\nsin saberlo, y de pronto escapa de su cuerpo<br \/>\ntodo dolor, dej\u00f3 de manar sangre la herida profunda.<br \/>\nY sali\u00f3 al fin la flecha siguiendo sin que nadie la forzase<br \/>\nla mano y volvieron de nuevo a su sitio las antiguas fuerzas.<br \/>\n\u00abR\u00e1pido, las armas del h\u00e9roe. \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1is parados?\u00bb exclama<br \/>\nY\u00e1pige y enciende el primero los \u00e1nimos contra el enemigo.<br \/>\n\u00abNo salen estas cosas de humanos recursos ni de un arte<br \/>\nmagistral, y no es m\u00eda, Eneas, la mano que te cura.<br \/>\nAlguien mayor lo hace y un dios, de nuevo, te env\u00eda a empresas mayores.\u00bb<br \/>\n\u00c9l, \u00e1vido de combate, hab\u00eda encerrado en oro sus piernas<br \/>\npor una y otra parte, y detesta el retraso y vibra su lanza.<br \/>\nLuego que ajusta el escudo al costado y la loriga a la espalda,<br \/>\nabraza a Ascanio rodeado por completo de armas<br \/>\ny bes\u00e1ndole suavemente a trav\u00e9s del yelmo, le dice:<br \/>\n\u00abAprende de m\u00ed, muchacho, el valor y el esfuerzo verdadero,<br \/>\ny de otros la fortuna. Ahora mi diestra te dar\u00e1<br \/>\nprotecci\u00f3n en la guerra y te conducir\u00e1 entre grandes trofeos.<br \/>\nT\u00fa, en cuanto haya madurado tu edad, procura<br \/>\nrecordarlo y, repiti\u00e9ndote en el coraz\u00f3n los ejemplos de los tuyos,<br \/>\nte inciten tu padre Eneas y H\u00e9ctor, tu t\u00edo.\u00bb<br \/>\nDespu\u00e9s de pronunciar estas palabras, se lanz\u00f3 enorme por la puerta<br \/>\nblandiendo en su mano pesada lanza; a la vez en apretadas filas<br \/>\ncorren Anteo y Mnesteo y toda la turba sale<br \/>\ndel campamento abandonado. Se cubre entonces el llano<br \/>\nde un polvo cegador y tiembla la tierra sacudida por sus pasos.<br \/>\nLos vio Turno llegar desde el opuesto terrapl\u00e9n,<br \/>\nlo vieron los ausonios y corri\u00f3 por dentro de sus huesos<br \/>\nhelado temblor; antes que ninguno de los latinos Yuturna<br \/>\nescuch\u00f3 y reconoci\u00f3 el alboroto y huy\u00f3 despavorida.<br \/>\nVuela Eneas y arrastra negra columna en campo abierto.<br \/>\nCual la nube cuando, desatada la tormenta, avanza<br \/>\npor el mar hacia tierra (los corazones, ay, de los desgraciados campesinos<br \/>\nlo presienten de lejos y se estremecen: abatir\u00e1 sus \u00e1rboles<br \/>\ny arrasar\u00e1 sus sembrados, todo arramblar\u00e1 en gran extensi\u00f3n);<br \/>\nvuelan por delante y llevan su bramido a la playa los vientos.<br \/>\nTal conduce su ej\u00e9rcito el caudillo reteo<br \/>\ncontra el enemigo y todos se agrupan en apretadas<br \/>\ncu\u00f1as. Hiere Timbreo con la espada al grande Osiris,<br \/>\nMnesteo mata a Arcetio y a Epul\u00f3n Acates<br \/>\ny a Ufente G\u00edas; cae tambi\u00e9n Tolumnio el augur,<br \/>\nel primero que lanzara su dardo contra los enemigos.<br \/>\n\u00c1lzase el clamor hasta el cielo y a su vez rechazados<br \/>\npor los campos los r\u00fatulos dan la espalda en polvorienta fuga,<br \/>\ny Eneas no se digna en abatir de muerte a los que huyen<br \/>\nni a quienes le hacen frente a pie firme ataca ni a los que lanzan<br \/>\nsus dardos: dando vueltas por la densa cal\u00edgine<br \/>\nbusca s\u00f3lo a Turno, s\u00f3lo a \u00e9l le exige el duelo.<br \/>\nAgitada por esta inquietud en su coraz\u00f3n, la virago Yuturna<br \/>\na Metisco, el auriga de Turno, en medio de sus riendas,<br \/>\nlo lanza fuera, y apartado del tim\u00f3n lo deja lejos;<br \/>\nse pone ella misma y lleva en sus manos las ondulantes correas<br \/>\ntodo simulando, la voz, el cuerpo y las armas de Metisco.<br \/>\nComo cuando por las grandes salas de un rico se\u00f1or<br \/>\nvuela y con sus alas recorre los patios profundos la negra golondrina,<br \/>\ncapturando peque\u00f1as presas y alimento para los g\u00e1rrulos nidos,<br \/>\ny ya por los p\u00f3rticos vac\u00edos, ya alrededor de los estanques<br \/>\nh\u00famedos suena: as\u00ed Yuturna entre los enemigos<br \/>\navanza con sus caballos y a todo se enfrenta volando en el r\u00e1pido carro<br \/>\ny aqu\u00ed y all\u00e1 deja ver a su hermano en triunfo<br \/>\nsin permitirle combatir, y vuela lejos sin rumbo definido.<br \/>\nEneas, no menos, recorre en su persecuci\u00f3n las torcidas vueltas<br \/>\ny persigue al h\u00e9roe y entre las formaciones deshechas con gran<br \/>\nvoz le llama. Cuantas veces ech\u00f3 la vista al enemigo<br \/>\ne intent\u00f3 a la carrera la fuga de los alados caballos,<br \/>\ntantas veces Yuturna dio la vuelta y cambi\u00f3 la direcci\u00f3n del carro.<br \/>\n\u00a1Ay! \u00bfQu\u00e9 puede hacer? En vano fluct\u00faa en olas cambiantes<br \/>\ny diversos afanes su atenci\u00f3n reclaman a partes distintas.<br \/>\nY as\u00ed Mesapo, veloz en la carrera, que en la izquierda<br \/>\nllevaba por caso dos pesadas lanzas de punta de hierro,<br \/>\nblandiendo una de ellas se la arroj\u00f3 con golpe certero.<br \/>\nSe detuvo Eneas, y, poni\u00e9ndose de rodillas,<br \/>\nse protegi\u00f3 con sus armas; mas la lanza veloz a\u00fan le arranc\u00f3<br \/>\nla punta del yelmo y lo dej\u00f3 sin los penachos m\u00e1s altos.<br \/>\nCrecen entonces las iras y, empujado por las trampas<br \/>\ncuando advirti\u00f3 que se alejaban los caballos y se llevaban el carro,<br \/>\ninvocando profundamente a J\u00fapiter y las aras del pacto violado,<br \/>\nse lanza ya por fin al centro y con Marte propicio<br \/>\nprovoca terrible espantosa matanza sin distinci\u00f3n<br \/>\nalguna y libera todas las riendas de su enojo.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 dios podr\u00e1 ahora explicarme con versos tanta desgracia?<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n las diversas matanzas y la muerte de los jefes a quienes por uno<br \/>\ny otro lado en toda la llanura persigue ya Turno, ya el h\u00e9roe<br \/>\ntroyano? \u00bfTe plugo que se enfrentaran con tan gran tumulto,<br \/>\nJ\u00fapiter, pueblos que deb\u00edan vivir bajo una paz eterna?<br \/>\nEneas al r\u00fatulo Sucr\u00f3n (primer encuentro que detuvo<br \/>\nen su lugar a los teucros que hu\u00edan) sin gran resistencia<br \/>\nlo ataca de costado, y, por donde m\u00e1s veloces son los hados, la espada<br \/>\ncruel le traspas\u00f3 las costillas y la reja del pecho.<br \/>\nTurno a Amico, ca\u00eddo del caballo, y a su hermano Diores,<br \/>\nhaci\u00e9ndoles frente a pie, a uno seg\u00fan ven\u00eda con la larga punta<br \/>\ny al otro con la espada les hiere, y cuelga del carro<br \/>\nlas dos cabezas cortadas y las lleva chorreando sangre.<br \/>\nEneas env\u00eda a la muerte \u00e1 Talos y Tanais y al fuerte Cetego<br \/>\nlos tres en un solo encuentro, y al triste Onites,<br \/>\nnombre equionio, del linaje de su madre Perid\u00eda.<br \/>\nEl otro a los hermanos llegados de Licia y de los campos de Apolo<br \/>\ny a Menetes, el joven que en vano odi\u00f3 las guerras,<br \/>\narcadio, que ten\u00eda su trabajo junto a las aguas de Lerna<br \/>\nrica en peces y su humilde morada sin conocer los deberes<br \/>\nde los poderosos, y sembraba su padre una tierra arrendada.<br \/>\nY como fuegos encendidos por partes diversas<br \/>\nen una selva \u00e1rida o en crepitantes ramas de laurel,<br \/>\no cuando en r\u00e1pida carrera de lo alto de los montes<br \/>\ncaen resonando esp\u00fameos torrentes y corren al mar<br \/>\ny arrasa cada uno su camino: as\u00ed de impetuosos<br \/>\nambos, Turno y Eneas, se lanzan al combate; ya, ya<br \/>\narde la ira por dentro y estallan los pechos que no conocen<br \/>\nla derrota, ya se busca la herida con todas las fuerzas.<br \/>\n\u00c9ste a Murrano, orgulloso de sus mayores y de los nombres<br \/>\nantiguos de sus abuelos y de su estirpe, que toda bajaba de los reyes latinos,<br \/>\nlo lanza de cabeza con una piedra y el torbellino<br \/>\nde una enorme roca y lo tumba en el suelo; lo arrollaron las ruedas<br \/>\nentre los yugos y las correas, y con repetida pisada le golpea<br \/>\nencima el casco veloz de los caballos, olvidados de su due\u00f1o.<br \/>\nEl otro sale al encuentro de Hilo que se le echaba encima<br \/>\ngritando a grandes voces y apunta su tiro a las sienes doradas;<br \/>\nla lanza se le qued\u00f3 clavada en el cerebro a trav\u00e9s del casco.<br \/>\nY a ti tampoco, Cr\u00e9teo, el m\u00e1s valiente de los griegos, tu diestra<br \/>\nte libr\u00f3 de Turno, ni protegieron sus dioses a Cupenco<br \/>\nde la llegada de Eneas; coloc\u00f3 su pecho en el camino<br \/>\nde hierro y de nada le vali\u00f3 al pobre su escudo de bronce.<br \/>\nA ti tambi\u00e9n, \u00c9olo, te vieron las llanuras laurentes<br \/>\nsucumbir y cubrir mucho suelo con tu espalda.<br \/>\nCaes, y no pudieron las falanges argivas tumbarte<br \/>\nni el que acab\u00f3 con los reinos de Pr\u00edamo, Aquiles;<br \/>\naqu\u00ed estaba la meta de tu muerte: tu alta casa al pie del Ida,<br \/>\nde Lirneso tu alta casa, en el suelo laurente tu sepulcro.<br \/>\nTodas las l\u00edneas se enfrentaron ya y todos los latinos,<br \/>\ntodos los Dard\u00e1nidas, Mnesteo y el fiero Seresto<br \/>\ny Mesapo domador de caballos y el fuerte Asilas<br \/>\ny la falange de los etruscos y los escuadrones arcadios de Evandro;<br \/>\nse empe\u00f1an por s\u00ed cada uno los soldados en el supremo esfuerzo,<br \/>\nsin dilaci\u00f3n ni reposo contienden en vasto combate.<br \/>\nEn este punto su bell\u00edsima madre inspir\u00f3 a Eneas el pensamiento<br \/>\nde ir hacia los muros y dirigir a la ciudad su ej\u00e9rcito<br \/>\ncon rapidez y golpear a los latinos con repentina derrota.<br \/>\n\u00c9l seg\u00fan va siguiendo a Turno entre tropas diversas<br \/>\naqu\u00ed y all\u00e1 dando vueltas al campo, ve la ciudad<br \/>\ninmune ante guerra tan grande e impunemente tranquila.<br \/>\nAl momento le encendi\u00f3 la imagen de una guerra mayor:<br \/>\nllama a Mnesteo y a Sergesto y al fiero Seresto,<br \/>\nsus jefes, y toma un altozano a donde acude el resto<br \/>\nde la legi\u00f3n de los teucros, codo con codo, sin deponer las armas<br \/>\nni los escudos. De pie en el centro, en lo alto del mont\u00edculo habla:<br \/>\n\u00abNo haya retraso alguno tras mis palabras, J\u00fapiter est\u00e1 de nuestro lado:<br \/>\nas\u00ed que nadie me vaya m\u00e1s lento por lo repentino de la acci\u00f3n.<br \/>\nHoy la ciudad causa de la guerra, coraz\u00f3n del reino de Latino,<br \/>\na menos que acepten recibir el yugo y someterse vencidos,<br \/>\nla voy a destruir y pondr\u00e9 a ras de suelo sus tejados humeantes.<br \/>\n\u00bfAcaso he de esperar que le venga bien a Turno<br \/>\nbatirse conmigo y quiera, aun vencido, atacar de nuevo?<br \/>\n\u00c9sta es la cabeza, ciudadanos, \u00e9ste el eje de una guerra nefanda.<br \/>\nA las antorchas, r\u00e1pido. Vamos a vindicar el pacto con fuego.\u00bb<br \/>\nHab\u00eda dicho, y todos con igual \u00e1nimo por combatir<br \/>\nforman una cu\u00f1a y como densa mole se dirigen a los muros;<br \/>\naparecieron de pronto las escalas y repentinamente el fuego.<br \/>\nCorren unos a las puertas y matan a los primeros,<br \/>\notros disparan sus armas y oscurecen el cielo de flechas.<br \/>\nEneas tambi\u00e9n, entre los primeros, al pie de los muros tiende<br \/>\nsu diestra y acusa a grandes voces a Latino<br \/>\ny reclama el testimonio de los dioses de verse de nuevo forzado a combatir,<br \/>\ndos veces ya los \u00edtalos enemigos, segunda vez que rompen el pacto.<br \/>\nNace la discordia entre los atribulados ciudadanos;<br \/>\nabrir la ciudad ordenan unos y ofrecer las puertas abiertas<br \/>\na los Dard\u00e1nidas y hay quien trae al propio rey hasta los muros.<br \/>\nOtros empu\u00f1an las armas y prosiguen la defensa de la muralla,<br \/>\nencerrados como cuando a las abejas azuz\u00f3 el pastor en la toba<br \/>\nllena de escondrijos y la llen\u00f3 de humo insoportable;<br \/>\nellas dentro, nerviosas por su suerte, por su campamento de cera<br \/>\ndiscurren y encienden su encono con gran estruendo;<br \/>\nse agita el negro olor por el lugar y resuenan entonces<br \/>\nlas piedras por dentro en ciego murmullo, escapa el humo al aire libre.<br \/>\nAcaeci\u00f3, adem\u00e1s, a los latinos exhaustos esta desgracia,<br \/>\nque sacudi\u00f3 con el duelo desde su base a la ciudad entera.<br \/>\nLa reina cuando vio al enemigo llegando a las casas,<br \/>\nque escalaban los muros, que el fuego volaba a los tejados<br \/>\nsin que tropa alguna de los r\u00fatulos les saliera al paso, ni de Turno,<br \/>\npens\u00f3 la infeliz que el joven, en alg\u00fan avatar del combate,<br \/>\nhab\u00eda sucumbido y turbada de pronto su mente por el dolor<br \/>\ngrita que ella es la causa, la culpa y el origen de estos males,<br \/>\ny tras decir muchas locuras, fuera de s\u00ed de pena,<br \/>\nresuelta a morir con su mano rasga el manto purp\u00fareo<br \/>\ny ata en una alta viga el nudo de una muerte infame.<br \/>\nLuego que las desgraciadas latinas se enteraron de este desastre,<br \/>\nse ensa\u00f1\u00f3 la primera la hija Lavinia con sus cabellos de oro<br \/>\ny sus mejillas de oro y enloqueci\u00f3 en su torno<br \/>\ntodo el resto del grupo, resuenan los alaridos por toda la casa.<br \/>\nDe aqu\u00ed se extiende por toda la ciudad funesta la noticia;<br \/>\nse abaten los \u00e1nimos, va Latino con las vestiduras rasgadas,<br \/>\nat\u00f3nito ante el sino de su esposa y la ruina de su ciudad,<br \/>\nmanchando de sucio polvo sus canas desatadas.<br \/>\nAlejado entretanto en el campo de batalla el belicoso Turno<br \/>\npersigue, ya menos confiado, a unos cuantos dispersos,<br \/>\nmenos contento cada vez del trotar de sus caballos.<br \/>\nLa brisa le llev\u00f3 todos estos gritos confundidos<br \/>\ncon ciegos terrores y lleg\u00f3 hasta sus tensos o\u00eddos<br \/>\nel sonido de una ciudad convulsionada y el siniestro murmullo.<br \/>\n\u00ab\u00a1Ay de m\u00ed! \u00bfQu\u00e9 duelo tan grande sacude las murallas?<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 esos gritos de todos los rincones de la ciudad?\u00bb<br \/>\nAs\u00ed dice y se detiene, fuera de s\u00ed, tirando de las riendas.<br \/>\nY su hermana, seg\u00fan iba transformada en el auriga<br \/>\nMetisco y gobernaba carro, caballos y riendas,<br \/>\nse le dirige con estas palabras: \u00abSigamos por aqu\u00ed, Turno,<br \/>\na los de Troya, por donde ya se nos abren las puertas de la victoria;<br \/>\notros hay que pueden defender con su brazo las casas.<br \/>\nEneas ataca a los \u00edtalos y traba combates,<br \/>\ninflijamos tambi\u00e9n nosotros con mano cruel muertes a los teucros.<br \/>\nNi saldr\u00e1s del combate con menos v\u00edctimas ni con menos gloria.\u00bb<br \/>\nTurno a eso:<br \/>\n\u00ab\u00a1Ay, hermana! Hace tiempo te reconoc\u00ed, cuando con tus ma\u00f1as<br \/>\nconturbaste la primera el pacto y te entregaste a esta guerra,<br \/>\ny en vano pretendes ahora no ser una diosa. Mas, \u00bfqui\u00e9n del Olimpo<br \/>\nsac\u00e1ndote quiso que soportaras fatigas tan grandes?<br \/>\n\u00bfTal vez para que vieras la muerte cruel de tu pobre hermano?<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 me queda, pues, o qu\u00e9 Fortuna puede ya salvarme?<br \/>\nHe visto ante mis propios ojos llamarme con su voz<br \/>\na Murrano -y nadie para m\u00ed m\u00e1s querido que \u00e9l-,<br \/>\nc\u00f3mo inmenso ca\u00eda vencido por inmensa herida.<br \/>\nCay\u00f3 el desgraciado Ufente para no ser testigo<br \/>\nde nuestro deshonor; son los teucros se\u00f1ores de su cuerpo y armas.<br \/>\n\u00bfHe de tolerar que arrasen las casas (lo \u00fanico ya<br \/>\nque nos faltaba) sin desmentir con mi diestra las palabras de Drances?<br \/>\n\u00bfVolver\u00e9 la espalda y ha de ver esta tierra c\u00f3mo huye Turno?<br \/>\n\u00bfHasta ese punto es morir una desgracia? Sedme propicios,<br \/>\nManes m\u00edos, que se me han vuelto en contra los dioses del cielo.<br \/>\nAlma pura descender\u00e9 hasta vosotros sin conocer esa culpa,<br \/>\njam\u00e1s indigno de la grandeza de mis antepasados.\u00bb<br \/>\nApenas hab\u00eda acabado de hablar: he aqu\u00ed que vuela entre los enemigos<br \/>\nSaces sobre espumante caballo herido de frente<br \/>\nen la cara por una flecha y cae implorando a Turno por su nombre:<br \/>\n\u00abTurno, en ti la \u00faltima esperanza, ten piedad de los tuyos.<br \/>\nNos fulmina Eneas con sus armas y con abatir amenaza<br \/>\nlas fortalezas m\u00e1s altas de los \u00edtalos y exterminarlos,<br \/>\ny ya vuelan las teas a los tejados. Hacia ti los latinos dirigen<br \/>\nsus rostros, hacia ti sus ojos; duda hasta el rey Latino<br \/>\na qui\u00e9n llamar yerno o a qu\u00e9 pacto plegarse.<br \/>\nY adem\u00e1s la reina, quien m\u00e1s en ti confiaba, con su propia<br \/>\nmano se ha dado muerte y ha huido asustada de la luz.<br \/>\nSolos ante las puertas Mesapo y el fiero Atinas<br \/>\nresisten el asalto. En su torno de uno y otro lado falanges<br \/>\nse alzan apretadas y se eriza un campo de espigas de hierro<br \/>\ncon los filos de punta, y t\u00fa dando vueltas por la hierba desierta con tu carro.\u00bb<br \/>\nQued\u00f3se Turno at\u00f3nito confundido por la imagen varia<br \/>\nde los acontecimientos y se qued\u00f3, fija la mirada, en silencio;<br \/>\nuna gran verg\u00fcenza y la locura que se mezcla con el duelo arden en un solo coraz\u00f3n<br \/>\ny un amor sacudido por la furia y un valor consciente.<br \/>\nEn cuanto se apartaron las sombras y la luz volvi\u00f3 a su cabeza,<br \/>\ndirigi\u00f3 a las murallas los c\u00edrculos ardientes de sus ojos,<br \/>\nagitado, y contempl\u00f3 la gran ciudad desde su carro.<br \/>\nY hete aqu\u00ed que ondeaba en el cielo un remolino de llamas<br \/>\nagit\u00e1ndose entre los tablones y envolviendo la torre,<br \/>\nesa torre que \u00e9l mismo hab\u00eda levantado de compacto armaz\u00f3n,<br \/>\ny le hab\u00eda puesto ruedas por debajo y altos puentes por arriba.<br \/>\n\u00abYa hermana, ya me vence mi destino; deja de entretenerme.<br \/>\nMarchemos a donde el dios me llama y la Fortuna fiera.<br \/>\nEstablecido est\u00e1 que me bata con Eneas; lo est\u00e1, aunque amargo sea,<br \/>\nque me conforme con la muerte y no me ver\u00e1s, hermana, por m\u00e1s tiempo<br \/>\nsin gloria. D\u00e9jame antes, te ruego, desfogar mi furia.\u00bb<br \/>\nDijo, y r\u00e1pido dio un salto del carro al campo<br \/>\ny entre los enemigos se lanza y los dardos y a su hermana afligida<br \/>\ndeja y rompe el centro de las l\u00edneas con r\u00e1pida carrera.<br \/>\nY como una roca cuando se precipita de la cima del monte<br \/>\ny cae arrancada por el viento o un temporal de lluvia<br \/>\nla arrastr\u00f3 o la dej\u00f3 caer el peso de sus a\u00f1os;<br \/>\navanza por el abismo el terrible monte con gran impulso<br \/>\ny salta en el suelo, bosque, ganados y hombres<br \/>\narrastrando consigo: por las filas deshechas as\u00ed corre<br \/>\nTurno hacia los muros de la ciudad donde copiosa la tierra<br \/>\nest\u00e1 empapada de la sangre vertida y rechina el aire de flechas,<br \/>\ny hace una se\u00f1al con la mano y dice a la vez a grandes voces:<br \/>\n\u00abDejadlo ya, r\u00fatulos, y contened vosotros vuestros dardos, latinos.<br \/>\nSea cual sea la fortuna, m\u00eda es; m\u00e1s justo es que yo s\u00f3lo<br \/>\ncumpla el pacto por vosotros y lo resuelva con mi espada.\u00bb<br \/>\nTodos se apartaron y le hicieron un sitio en el centro.<br \/>\nMas el padre Eneas, al escuchar el nombre de Turno,<br \/>\ndeja los muros y las altas fortalezas deja<br \/>\ny acaba con toda demora, interrumpe todos sus planes<br \/>\nexultante de alegr\u00eda y espantosas hace sonar sus armas:<br \/>\ncomo el Atos, o el \u00c9rice, o con sus crujientes encinas<br \/>\ncuando brama el propio padre Apenino o se goza<br \/>\nalz\u00e1ndose hasta el cielo con su cumbre nevada.<br \/>\nY ya entonces los r\u00fatulos a porf\u00eda y los troyanos y todos<br \/>\nlos \u00edtalos hab\u00edan vuelto sus ojos, quienes estaban en lo alto<br \/>\nde la muralla y quienes con el ariete atacaban la base de los muros,<br \/>\ny soltaron las armas de sus hombros. Asombrado contempla Latino<br \/>\nc\u00f3mo dos grandes hombres, nacidos en partes bien distintas<br \/>\ndel orbe, hab\u00edan llegado a enfrentarse y deciden su suerte con la espada.<br \/>\nY ellos, cuando qued\u00f3 libre el campo con sitio suficiente,<br \/>\ntras lanzarse de lejos en r\u00e1pido asalto las lanzas,<br \/>\ncomienzan el duelo con los escudos y el bronce sonoro.<br \/>\nSe escapa de la tierra un gemido; entonces con repetidos golpes de espada<br \/>\nse atacan, el azar y el valor se confunden en uno.<br \/>\nY como en el gran Sila o en las cumbres del Taburno<br \/>\ncuando dos toros en \u00e1spero combate con la testuz<br \/>\ngacha se atacan, se apartaron asustados los pastores,<br \/>\nasiste el reba\u00f1o todo mudo de miedo, y dudan las novillas<br \/>\nqui\u00e9n ser\u00e1 el amo del bosque, a qui\u00e9n ha de seguir entera la manada;<br \/>\nellos cambian golpes con gran violencia<br \/>\ny enredan top\u00e1ndose los cuernos y con r\u00edos de sangre<br \/>\nlavan sus cuellos y lomos, muge gimiendo todo el bosque.<br \/>\nNo de otro modo el troyano Eneas y el h\u00e9roe Daunio<br \/>\nchocan con sus escudos; un intenso fragor llena el aire.<br \/>\nEl mismo J\u00fapiter sostiene los dos platillos de la balanza<br \/>\nen equilibrio y coloca encima el sino distinto de ambos,<br \/>\na qui\u00e9n condena el duelo, hacia d\u00f3nde se inclina el peso de la muerte.<br \/>\nSalta aqu\u00ed Turno crey\u00e9ndose a salvo, y se alza con todo<br \/>\nsu cuerpo levantando en alto la espada<br \/>\ny golpea: gritan los troyanos y los temblorosos latinos,<br \/>\ny atentas est\u00e1n las dos filas. Pero la p\u00e9rfida espada<br \/>\nse quiebra y abandona al ardiente en mitad del golpe,<br \/>\nsi no acude en su ayuda la huida. Huye m\u00e1s veloz que el Euro<br \/>\nen cuanto vio la empu\u00f1adura desconocida y su diestra inerme.<br \/>\nEs fama que, cuando montaba en los caballos uncidos<br \/>\npara el inicio del combate, hab\u00eda nervioso cogido<br \/>\nla espada de su auriga Metisco, dej\u00e1ndole la de su padre;<br \/>\ny \u00e9sa, mientras los teucros hu\u00edan en desbandada, fue largo rato<br \/>\nsuficiente. Cuando hubo de enfrentarse a las divinas armas de Vulcano,<br \/>\nla mortal lama se disolvi\u00f3 con el golpe como hielo<br \/>\nquebradizo, brillan sus pedazos en la rubia arena.<br \/>\nAs\u00ed que enloquecido escapa Turno por partes diversas del llano,<br \/>\ny ahora aqu\u00ed y luego all\u00e1 trenza c\u00edrculos inciertos;<br \/>\npues le encerraron por doquier los teucros en densa corona<br \/>\ny por un lado vasta laguna le rodea y por otro las escarpadas murallas.<br \/>\nY no menos Eneas, aunque a veces le estorban las rodillas<br \/>\nque la flecha entorpeci\u00f3 y le impiden correr,<br \/>\nle persigue y enardecido acosa con su pie el pie del fugitivo:<br \/>\ncomo a veces el perro de caza tras atrapar a un ciervo<br \/>\nencerrado por el r\u00edo y cercado por el miedo<br \/>\na las rojas plumas, lo acosa con su carrera y sus ladridos,<br \/>\ny el otro por su parte, asustado por las trampas y la profunda ribera,<br \/>\nhuye y huye otra vez por mil caminos, mas el umbro fogoso<br \/>\nse le pega con la boca abierta y casi ya lo tiene y como si as\u00ed fuera<br \/>\napret\u00f3 las mand\u00edbulas y le enga\u00f1\u00f3 el mordisco inane;<br \/>\nse levanta entonces un clamor y las riberas y la laguna<br \/>\nalrededor responden y truena todo el cielo con el tumulto.<br \/>\nTurno huye a la vez y a la vez increpa a los r\u00fatulos todos<br \/>\npor su nombre llamando a cada cual y reclama la espada que bien conoc\u00eda.<br \/>\nEneas al contrario amenaza con la muerte y un final<br \/>\ninmediato a quien le asista y espanta a los temblorosos<br \/>\njurando que arrasar\u00e1 su ciudad, y, aun herido, sigue adelante.<br \/>\nCinco vueltas completan corriendo y otras tantas repiten<br \/>\nde ac\u00e1 para all\u00e1, y no est\u00e1n en juego premios peque\u00f1os<br \/>\no de competici\u00f3n, sino que pelean por la vida y la sangre de Turno.<br \/>\nUn acebuche de amargas hojas consagrado a Fauno<br \/>\nall\u00ed se hab\u00eda alzado, venerable le\u00f1o un d\u00eda para los marineros<br \/>\ndonde sol\u00edan, salvados de las aguas, colgar sus ofrendas<br \/>\nal dios laurente y dejar el exvoto de sus vestiduras;<br \/>\npero los teucros sin atenci\u00f3n alguna el tronco sagrado<br \/>\nhab\u00edan arrancado para poder atacar con campo libre.<br \/>\nEn ella estaba la lanza de Eneas, ah\u00ed su impulso<br \/>\nla hab\u00eda dejado clavada y en terco abrazo la reten\u00eda.<br \/>\nSe apoy\u00f3 y quiso arrancar el asta con su mano<br \/>\nel Dard\u00e1nida y perseguir con su disparo a quien corriendo<br \/>\nno pod\u00eda alcanzar. Y entonces Turno, loco de miedo:<br \/>\n\u00abFauno, te suplico. Ten piedad -dice- y sujeta t\u00fa el hierro,<br \/>\n\u00f3ptima Tierra, si siempre cumpl\u00ed con vuestros honores,<br \/>\nlos que, por el contrario, han profanado con la guerra los En\u00e9adas.\u00bb<br \/>\nDijo, yla ayuda del dios invoc\u00f3 con votos no vanos.<br \/>\nPues mucho lo intent\u00f3 y se entretuvo en el tronco tenaz<br \/>\nsin poder abrir con fuerza alguna Eneas<br \/>\nel mordisco de la madera. Mientras se empe\u00f1a fiero e insiste,<br \/>\nde nuevo convertida en la figura del auriga Metisco<br \/>\ncorre la diosa Daunia y entrega la espada a su hermano.<br \/>\nVenus, indignada por esta licencia de la Ninfa audaz,<br \/>\nintervino y arranc\u00f3 el arma de la ra\u00edz profunda.<br \/>\nYa los dos enardecidos con sus armas y con el \u00e1nimo repuesto,<br \/>\nuno fiado en su espada, el otro fiero y erguido con su lanza,<br \/>\nse ponen frente a frente anhelando los encuentros de Marte.<br \/>\nEntretanto a Juno el rey del todopoderoso Olimpo,<br \/>\ncomo de una rubia nube segu\u00eda el combate, le dice:<br \/>\n\u00ab\u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 ya el final, esposa m\u00eda? \u00bfQu\u00e9 es lo que queda ya?<br \/>\nSabes bien, y as\u00ed lo reconoces, que al cielo se debe Eneas<br \/>\ncomo dios tutelar de la patria, y que a las estrellas lo han de alzar los hados.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 est\u00e1s tramando o con qu\u00e9 esperanza te agarras a las nubes heladas?<br \/>\n\u00bfFue justo mancillar a un dios con herida mortal?<br \/>\n\u00bfY la espada (pues qu\u00e9 podr\u00eda Yuturna sin ti),<br \/>\nentreg\u00e1rsela a Turno y acrecentar la fuerza del vencido?<br \/>\nD\u00e9jalo ya por fin y pli\u00e9gate a mis ruegos,<br \/>\nque no te devore en silencio un dolor tan grande ni me lleguen<br \/>\nde tu dulce boca con tanta frecuencia amargos reproches.<br \/>\nHemos llegado al final. Has podido sacudir a los troyanos<br \/>\npor tierra y por mar, encender una guerra nefanda,<br \/>\ndestrozar una casa y cubrir de luto un himeneo:<br \/>\nque vayas m\u00e1s all\u00e1, te lo proh\u00edbo.\u00bb As\u00ed comenz\u00f3 J\u00fapiter;<br \/>\nas\u00ed le contest\u00f3 la diosa Saturnia con la mirada baja:<br \/>\n\u00abPorque sab\u00eda bien que era \u00e9sa tu voluntad, gran J\u00fapiter,<br \/>\nhe abandonado muy a mi pesar a Turno y sus tierras;<br \/>\ny no me ver\u00edas t\u00fa ahora, sola en mi sede del aire<br \/>\naguantando lo que debo y lo que no: estar\u00eda junto a las filas<br \/>\nrevestida de llamas y arrastrar\u00eda a los teucros a acerbos combates.<br \/>\nPersuad\u00ed (lo confieso) de que ayudase a su pobre hermano<br \/>\na Yuturna y vi bien que por su vida intentase empresas mayores,<br \/>\naunque no, sin embargo, que el arco tensara y las flechas;<br \/>\nlo juro por las fuentes implacables del r\u00edo estigio,<br \/>\nel solo temor religioso que se asign\u00f3 a los dioses del cielo.<br \/>\nY ahora me aparto en verdad y abandono los odiados combates.<br \/>\nS\u00f3lo esto, que no est\u00e1 fijado por ley alguna del destino,<br \/>\nte pido por el Lacio, por la grandeza de los tuyos:<br \/>\npuesto que ya preparan la paz con felices (as\u00ed sea)<br \/>\nmatrimonios, puesto que ya firman leyes y pactos,<br \/>\nno permitas que cambien los naturales del Lacio<br \/>\nsu antiguo nombre o se hagan troyanos y se les llame teucros,<br \/>\no que cambien su lengua esos hombres o alteren de vestir su forma.<br \/>\nQue sea el Lacio, que por los siglos sean los reyes albanos,<br \/>\nsea por el valor de los \u00edtalos poderosa la estirpe romana.<br \/>\nSucumbi\u00f3, y deja que as\u00ed sea, Troya junto con su nombre.\u00bb<br \/>\nSonri\u00e9ndole, el autor de los hombres y de las cosas:<br \/>\n\u00abEres la hermana de Jove y el segundo v\u00e1stago de Saturno.<br \/>\nAgitas en tu pecho olas tan grandes de enojo&#8230;<br \/>\nPero, ea, deja ese furor que en vano concebiste:<br \/>\nte concedo lo que quieres y me rindo, vencido y satisfecho.<br \/>\nConservar\u00e1n los ausonios su lengua y las costumbres de su patria<br \/>\ny como es ser\u00e1 su nombre; mezclados s\u00f3lo de sangre,<br \/>\nlos teucros se les agregar\u00e1n. Costumbres y ritos sagrados<br \/>\nles dar\u00e9 y a todos har\u00e9 latinos con una sola lengua.<br \/>\nLa estirpe que de aqu\u00ed nacer\u00e1, mezclada con la sangre ausonia,<br \/>\nver\u00e1s que supera en piedad a los hombres y a los dioses,<br \/>\ny ning\u00fan pueblo te rendir\u00e1 culto como ellos.\u00bb<br \/>\nAsinti\u00f3 a esto Juno y, satisfecha, cambi\u00f3 sus deseos;<br \/>\nen ese momento abandona el cielo y deja la nube.<br \/>\nHecho esto, da vueltas el padre en su interior a otra cosa,<br \/>\ny se dispone a apartar a Yuturna de las armas de su hermano.<br \/>\nHay dos pestes gemelas, llamadas Furias;<br \/>\na ellas y a la tart\u00e1rea Megera las tuvo la noche oscura<br \/>\nen uno y el mismo parto, y las ci\u00f1\u00f3 de iguales<br \/>\nanillos de serpientes y las dot\u00f3 del viento de sus alas.<br \/>\n\u00c9stas se muestran junto al trono de J\u00fapiter y en el umbral del rey<br \/>\nimplacable y aguijan el terror de los sufridos mortales<br \/>\nsi alguna vez el rey de los dioses dispone la horr\u00edfica muerte<br \/>\ny las enfermedades, o estremece con la guerra a las ciudades culpables.<br \/>\nA una de ellas la envi\u00f3 r\u00e1pida de las cumbres del cielo<br \/>\nJ\u00fapiter y le orden\u00f3 servir de presagio a Yuturna.<br \/>\nVuela aqu\u00e9lla y en r\u00e1pido torbellino se dirige a la tierra.<br \/>\nNo de otro modo la flecha que la cuerda lanza a trav\u00e9s de las nubes<br \/>\ncuando, armada de la hiel del cruel veneno, el parto,<br \/>\nel parto o el cidonio, la dispar\u00f3 dardo incurable,<br \/>\ny silbando atraviesa sin que nadie la vea las r\u00e1pidas sombras:<br \/>\nas\u00ed se lanz\u00f3 la hija de la Noche y se encamin\u00f3 a las tierras.<br \/>\nCuando divisa los ej\u00e9rcitos de Ili\u00f3n y las tropas de Turno,<br \/>\ntomando de pronto la figura de la peque\u00f1a ave<br \/>\nque a veces en las tumbas o en los tejados desiertos<br \/>\nposada canta hasta tarde en la noche, l\u00fagubre entre las sombras;<br \/>\ncon tal figura se presenta la peste ante los ojos<br \/>\nde Turno y revuela gimiendo y golpea el escudo con sus alas.<br \/>\nUna extra\u00f1a torpeza afloj\u00f3 sus miembros de miedo,<br \/>\ny de horror se le eriz\u00f3 el cabello y clavada se qued\u00f3 la voz en su garganta.<br \/>\npero de lejos cuando el estridor reconoci\u00f3 y las alas de la Furia,<br \/>\nse mesa la infeliz Yuturna los sueltos cabellos,<br \/>\nse hiere la hermana el rostro con las u\u00f1as y el pecho con los pu\u00f1os:<br \/>\n\u00ab\u00bfC\u00f3mo puede ahora, Turno, ayudarte tu hermana?<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 me queda, pobre de m\u00ed? \u00bfCon qu\u00e9 artima\u00f1as podr\u00eda<br \/>\nprolongarte la vida? \u00bfEs que puedo enfrentarme a un monstruo tal?<br \/>\nYa, ya abandono las filas. No me espant\u00e9is, que ya estoy asustada,<br \/>\np\u00e1jaros horribles: reconozco el azote de vuestras alas<br \/>\ny el sonido letal, y no se me ocultan las \u00f3rdenes altivas<br \/>\ndel magn\u00e1nimo Jove. \u00bfAs\u00ed me paga por mi virginidad?<br \/>\n\u00bfPara qu\u00e9 me dio una vida eterna? \u00bfPor qu\u00e9 de la muerte<br \/>\nme quit\u00f3 la condici\u00f3n? \u00a1Podr\u00eda acabar con penas tan grandes<br \/>\nahora mismo, y acompa\u00f1ar a mi pobre hermano entre las sombras!<br \/>\n\u00bfYo, inmortal? \u00bfPodr\u00eda haber algo dulce para m\u00ed<br \/>\nsin ti, hermano m\u00edo? \u00a1Ay! \u00bfQu\u00e9 profundo abismo lo suficiente<br \/>\nse me abrir\u00e1 para llevar a una diosa junto a los Manes profundos?\u00bb<br \/>\nS\u00f3lo esto dijo y se tap\u00f3 la cabeza con su manto glauco<br \/>\nentre muchos gemidos, y se ocult\u00f3 la diosa en el fondo del r\u00edo.<br \/>\nEneas sigue atacando y hace brillar su lanza<br \/>\ngrande como un \u00e1rbol, y as\u00ed habla con pecho terrible:<br \/>\n\u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que ahora te entretiene? \u00bfPor qu\u00e9 te retrasas, Turno?<br \/>\nNo a la carrera; debemos pelear de cerca con armas terribles.<br \/>\nConvi\u00e9rtete en todo lo que gustes y re\u00fane cuanto puedas<br \/>\nde valor y de trucos; toca con tus alas, si quieres,<br \/>\nlos astros alt\u00edsimos y oc\u00faltate encerrado en los abismos de la tierra.\u00bb<br \/>\nEl otro, sacudiendo la cabeza: \u00abNo me asustan tus fogosas palabras,<br \/>\narrogante; los dioses me asustan y J\u00fapiter de enemigo.\u00bb<br \/>\nY sin m\u00e1s decir pone sus ojos en una piedra enorme,<br \/>\nuna antigua y enorme piedra que estaba tirada en el llano,<br \/>\npuesta como marca en el campo para evitar querellas por los sembrados.<br \/>\nApenas podr\u00edan aguantarla sobre la cerviz doce hombres escogidos,<br \/>\nmusculosos como hoy los produce nuestra tierra;<br \/>\n\u00e9l la alz\u00f3 con mano temblorosa y la bland\u00eda contra su enemigo<br \/>\nirgui\u00e9ndose m\u00e1s a\u00fan el h\u00e9roe y lanzado a la carrera.<br \/>\nMas ni se reconoci\u00f3 al correr ni al avanzar<br \/>\no al tomar la enorme piedra en sus manos y vibrarla;<br \/>\nvacilan sus rodillas, un escalofr\u00edo le cuaj\u00f3 la g\u00e9lida sangre.<br \/>\nY adem\u00e1s la roca lanzada al vac\u00edo por el guerrero<br \/>\nni recorri\u00f3 toda su distancia ni cumpli\u00f3 el golpe.<br \/>\nY como en sue\u00f1os, cuando de noche l\u00e1nguido reposo<br \/>\nnos cierra los ojos; en vano nos parece que queremos emprender<br \/>\nansiosas carreras y en medio del intento sucumbimos<br \/>\nextenuados; no puede la lengua, no nos bastan las conocidas<br \/>\nfuerzas del cuerpo y no salen voces ni palabras.<br \/>\nAs\u00ed a Turno, por donde su valor le lleva a buscar una salida,<br \/>\nla diosa cruel le niega el camino. Dan vueltas entonces en su pecho<br \/>\nvariados sentimientos; contempla a los r\u00fatulos y la ciudad<br \/>\ny vacila de miedo y le estremece buscar la muerte,<br \/>\nni c\u00f3mo escapar o con qu\u00e9 fuerza atacar al enemigo<br \/>\nve, ni siquiera su carro ni a su hermana la auriga.<br \/>\nContra sus dudas blande Eneas el dardo fatal,<br \/>\ncalculando la fortuna con los ojos, y con todo su cuerpo<br \/>\nlo dispara de lejos. Nunca tiemblan as\u00ed las piedras que arroja<br \/>\nla m\u00e1quina mural ni con rayo tan terrible<br \/>\nestallan los truenos. Vuela como negro torbellino<br \/>\nel asta llevando un cruel final y desgarra los bordes<br \/>\nde la coraza y el \u00faltimo cerco del s\u00e9ptuplo escudo;<br \/>\nsilbando le atraviesa el muslo. Cae golpeado<br \/>\ncuan grande es Turno al suelo doblando la rodilla.<br \/>\nSe alzan los r\u00fatulos en un gemido y resuena todo<br \/>\nel monte alrededor y los bosques profundos devuelven el eco.<br \/>\n\u00c9l, desde el suelo suplicante, los ojos y la diestra implorante<br \/>\nle tiende, y dice: \u00abLo he merecido en verdad, y no me arrepiento;<br \/>\naprovecha tu suerte. Si el pensamiento de un padre<br \/>\ndesgraciado puede conmoverte, te ruego (tambi\u00e9n t\u00fa tuviste<br \/>\na tu padre Anquises), ten piedad de la vejez de Dauno<br \/>\ny devu\u00e9lveme a los m\u00edos, aunque sea mi cuerpo<br \/>\ndespojado de la luz. Has ganado y los ausonios me han visto<br \/>\nvencido tender las palmas; tuya es Lavinia por esposa,<br \/>\nno vayas con tu odio m\u00e1s all\u00e1.\u00bb Se detuvo fiero en sus armas<br \/>\nEneas volviendo los ojos y fren\u00f3 el golpe de su diestra;<br \/>\nestas palabras hab\u00edan empezado a inclinar sus dudas<br \/>\ncada vez m\u00e1s, cuando apareci\u00f3 en lo alto de su hombro<br \/>\nel desgraciado tahal\u00ed y relucieron las correas con los conocidos bullones<br \/>\ndel muchacho, de Palante, a quien Turno abatiera vencido<br \/>\npor su herida, y llevaba en sus hombros el trofeo enemigo.<br \/>\n\u00c9l, cuando se le fij\u00f3 en los ojos el recuerdo<br \/>\ndel cruel dolor y su bot\u00edn, encendido de furia y con ira<br \/>\nterrible: \u00ab\u00a1A ti te gustar\u00eda escapar ahora revestido<br \/>\ncon los despojos de los m\u00edos! Palante te inmola con este golpe,<br \/>\ny Palante se cobra el castigo con una sangre criminal.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed diciendo le hunde furioso en pleno pecho<br \/>\nla espada; a \u00e9l se le desatan los miembros de fr\u00edo<br \/>\ny se le escapa la vida con un gemido, doliente, a las sombras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LIBRO XII Turno, aun cuando ve que ceden los latinos quebrantados por un Marte adverso, que se le exigen ahora las promesas, que a \u00e9l se dirigen todos los ojos, arde implacable a\u00fan m\u00e1s y levanta su \u00e1nimo. Como el le\u00f3n aquel en los campos de Cartago que, tocado en\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-eneida-xii-virgilio\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1139,1128,1012,1018,1011,1059,1031,1015,1034,1058,1115,1060,1142,1144,1145,1065,1057,1025,1046,1033,1020],"class_list":["post-890","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-artes","tag-asia","tag-ave","tag-ayuda","tag-corazon","tag-empresa","tag-enfermedad","tag-flor","tag-guerra","tag-hogar","tag-jovenes","tag-lengua","tag-ley","tag-leyes","tag-libro","tag-medicina","tag-pensamiento","tag-rosa","tag-salud","tag-vino","tag-violencia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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