{"id":888,"date":"2010-11-23T02:22:37","date_gmt":"2010-11-23T00:22:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=888"},"modified":"2010-11-23T02:22:56","modified_gmt":"2010-11-23T00:22:56","slug":"la-eneida-x-virgilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-eneida-x-virgilio\/","title":{"rendered":"La Eneida (X) [Virgilio]"},"content":{"rendered":"<p><strong>LIBRO X<\/strong><\/p>\n<p>Se abre la mansi\u00f3n del todopoderoso Olimpo entretanto<br \/>\ny llama a asamblea el padre de los dioses y rey de los hombres<br \/>\nen la sede sid\u00e9rica de donde en lo alto todas las tierras<br \/>\ny el campo de los Dard\u00e1nidas contempla y los pueblos latinos.<br \/>\nToman asiento en las salas de dos puertas, comienza \u00e9l mismo:<br \/>\n\u00abPoderosos habitantes del cielo, \u00bfpor qu\u00e9 as\u00ed han cambiado<br \/>\nvuestras opiniones y tanto porfi\u00e1is con \u00e1nimo inicuo?<br \/>\nHab\u00eda yo decidido que Italia no hiciera la guerra a los teucros,<br \/>\n\u00bfa qu\u00e9 esta discordia contra mis \u00f3rdenes? \u00bfA unos y otros<br \/>\nqu\u00e9 miedo ha llevado a empu\u00f1ar las armas y provocar la guerra?<br \/>\nVendr\u00e1 el momento justo (no lo adelant\u00e9is) para el combate,<br \/>\ncuando la fiera Cartago al alc\u00e1zar romano un d\u00eda<br \/>\ncause gran exterminio y abra los Alpes;<br \/>\nentonces ser\u00e1 bueno competir en odios y entonces usar la fuerza.<br \/>\nDejadlo ahora y sellad contentos un pacto de tregua.\u00bb<br \/>\nJ\u00fapiter as\u00ed en pocas palabras; mas la \u00e1urea Venus<br \/>\nno poco le repuso:<br \/>\n\u00abPadre m\u00edo, oh, poder eterno sobre hombres y cosas<br \/>\n(pues \u00bfqu\u00e9 otra cosa hay que implorar ya podamos?).<br \/>\nViendo est\u00e1s c\u00f3mo provocan los r\u00fatulos y Turno se pasea<br \/>\norgulloso en sus caballos y avanza henchido por un Marte<br \/>\npropicio. Las murallas, aun cerradas, no cubren ya a los teucros;<br \/>\nse traban los combates y se llenan los fosos de sangre.<br \/>\nEneas sin saberlo est\u00e1 lejos. \u00bfNo dejar\u00e1s ya nunca<br \/>\nque se levante el sitio? Otra vez amenaza el enemigo los muros<br \/>\nde la naciente Troya y de nuevo otro ej\u00e9rcito,<br \/>\ny otra vez se alza desde la Arpos etolia el Tidida<br \/>\ncontra los teucros. As\u00ed que creo que faltan s\u00f3lo mis heridas,<br \/>\ny siendo hija tuya estoy esperando las armas mortales.<br \/>\nSi sin tu aprobaci\u00f3n y en contra de tu numen los troyanos<br \/>\nvinieron a Italia, que laven su pecado y no les brindes<br \/>\ntu auxilio; si, por el contrario, tanto or\u00e1culo siguieron<br \/>\nque les daban dioses celestes y Manes, \u00bfpor qu\u00e9 puede nadie<br \/>\ncambiar ahora tus \u00f3rdenes y por qu\u00e9 fundar nuevos hados?<br \/>\n\u00bfPara qu\u00e9 mencionar el incendio de las naves en la costa ericina,<br \/>\npara qu\u00e9 al rey de las tormentas y los vientos furiosos<br \/>\nlanzados desde Eolia, o a Iris enviada por las nubes?<br \/>\nAhora incluso a los Manes (esto era cuanto quedaba<br \/>\npor probar) provoca y Alecto, enviada de pronto a lo alto,<br \/>\nanda como loca por las ciudades de Italia.<br \/>\nNada me mueve ya el imperio. Lo hemos estado esperando,<br \/>\nmientras hubo fortuna. Que venzan quienes quieras que venzan.<br \/>\nSi ninguna regi\u00f3n deja para los teucros tu esposa<br \/>\ncruel, padre m\u00edo, por las ruinas humeantes de Troya<br \/>\ndestruida te pido: perm\u00edteme sacar de entre las armas<br \/>\ninc\u00f3lume a Ascanio, deja que sobreviva mi nieto.<br \/>\nQue Eneas se vea arrojado a aguas desconocidas, sea,<br \/>\ny que vaya por donde le consienta Fortuna:<br \/>\npero que sea yo capaz de proteger a aqu\u00e9l y librarlo de una cruel guerra.<br \/>\nM\u00eda es Amatunte, m\u00e1s la alta Pafos y Citera<br \/>\ny las moradas \u00a1dalias: que abandone las armas y pueda<br \/>\npasar aqu\u00ed sus a\u00f1os sin gloria. Manda que Cartago<br \/>\naplaste a Ausonia con gran poder; nada estorbar\u00e1 entonces<br \/>\na las ciudades tirias. \u00bfDe qu\u00e9 ha servido evitar de la guerra<br \/>\nla peste y haber escapado entre las llamas argivas,<br \/>\ny haber pasado tantos peligros en el mar y la vasta tierra<br \/>\nmientras buscan el Lacio los teucros y una P\u00e9rgamo renacida?<br \/>\n\u00bfNo habr\u00eda sido mejor establecerse en las postreras cenizas de la patria<br \/>\ny en el solar en el que Troya estuvo? Devu\u00e9lveles, te pido,<br \/>\nel Jano y el Simunte, pobres de ellos, y concede a los teucros, padre m\u00edo,<br \/>\nde nuevo revivir los avatares de Troya.\u00bb Entonces Juno soberana,<br \/>\ngravemente enojada: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me obligas a romper<br \/>\nun silencio profundo y a desvelar con palabras un dolor secreto?<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n de los hombres o de los dioses empuj\u00f3 a Eneas<br \/>\na emprender la guerra y llegar enemigo ante el rey Latino?<br \/>\nA Italia lleg\u00f3 por impulso de los hados (sea),<br \/>\nempujado por las locuras de Casandra. \u00bfAcaso le hemos animado<br \/>\na dejar su campamento y encomendar su vida a los vientos?<br \/>\n\u00bfO a confiar a un ni\u00f1o el mando de la guerra y sus muros,<br \/>\no a turbar la lealtad tirrena y a unos pueblos tranquilos?<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 dios lo puso en peligro o de los nuestros qu\u00e9 cruel<br \/>\npoder? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 aqu\u00ed Juno, o Iris enviada por las nubes?<br \/>\nEs injusto que los \u00edtalos rodeen la Troya que nace<br \/>\ncon llamas y que Turno se establezca en la tierra de sus padres,<br \/>\nsiendo Pilumno su abuelo y su madre la diva Venilia.<br \/>\n\u00bfY qu\u00e9 si los troyanos atacan a los latinos con negra tea,<br \/>\nsometen a su yugo campos ajenos y el bot\u00edn se llevan?<br \/>\n\u00bfY qu\u00e9 si roban suegros y arrancan de su regazo a las prometidas,<br \/>\npiden con la mano la paz y cuelgan las armas de sus popas?<br \/>\nT\u00fa puedes salvar a Eneas de manos de los griegos,<br \/>\ny ocultarlo en la niebla y los vientos inanes,<br \/>\ny puedes convertir sus barcos en otras tantas Ninfas,<br \/>\n\u00bfy me estar\u00e1 a m\u00ed vedado ayudar un poco a mi vez a los r\u00fatulos?<br \/>\n\u00abEneas sin saberlo est\u00e1 lejos\u00bb: pues que lejos est\u00e9 y no lo sepa.<br \/>\nTuyas son Pafos y el Idalio, tuya la alta Citera:<br \/>\n\u00bfpor qu\u00e9 provocas a una ciudad pre\u00f1ada de guerras<br \/>\ny a unos \u00e1speros corazones? \u00bfAcaso yo intento destruir el l\u00e1bil poder<br \/>\nde los frigios? \u00bfYo? \u00bfY qui\u00e9n enfrent\u00f3 a los pobres troyanos<br \/>\ncon los aqueos? \u00bfCu\u00e1l fue el motivo de que Asia y Europa<br \/>\nse alzasen en armas y un rapto rompiera sus pactos?<br \/>\n\u00bfGuiado por m\u00ed el ad\u00faltero dardanio entr\u00f3 en Esparta,<br \/>\no le di yo las flechas y foment\u00e9 la guerra con la ayuda de Cupido?<br \/>\nEntonces debieron tener miedo los tuyos; tarde te alzas ahora<br \/>\nen injusta protesta y promueves vanas disputas.\u00bb<br \/>\nCon tales palabras hablaba Juno, y se agitaban todos<br \/>\nlos habitantes del cielo con parecer diverso igual que en los bosques<br \/>\ncuando atrapados los soplos primeros se agitan y levantan murmullos<br \/>\ninvisibles anunciando a los marinos los vientos que llegan.<br \/>\nEntonces el padre todopoderoso que ostenta el mando de las cosas<br \/>\ncomienza (mientras \u00e9l habla calla la alta morada de los dioses,<br \/>\ntiembla la tierra desde el fondo, el alto \u00e9ter enmudece,<br \/>\nse posan entonces los C\u00e9firos y aquieta el mar su pl\u00e1cida llanura):<br \/>\n\u00abRecibid, pues, estas palabras m\u00edas y clavadlas en vuestros corazones.<br \/>\nPuesto que no es posible unir a ausonios y troyanos<br \/>\nen un pacto ni encuentra su final vuestra discordia,<br \/>\nsea cual sea la fortuna que hoy tiene cada cual, sea<br \/>\ncomo sea la esperanza que labra, r\u00fatulo o troyano, no har\u00e9 yo distinciones,<br \/>\nbien que por los hados de los \u00edtalos se asedie el campamento,<br \/>\nbien por un mal paso de Troya y siniestros presagios.<br \/>\nY no libro a los r\u00fatulos. Las propias empresas dar\u00e1n a cada uno<br \/>\nfatigas y fortuna. J\u00fapiter ser\u00e1 el rey de todos por igual.<br \/>\nHallar\u00e1n los hados su camino.\u00bb Por los r\u00edos de su hermano estigio,<br \/>\npor los torrentes de pez y las orillas del negro remolino<br \/>\nasinti\u00f3, e hizo tambi\u00e9n el Olimpo entero con su gesto.<br \/>\nAs\u00ed acab\u00f3 de hablar. J\u00fapiter se alz\u00f3 entonces en su trono<br \/>\nde oro, y en corro lo llevan al umbral los habitantes del cielo.<br \/>\nProsiguen entre tanto los r\u00fatulos en torno a todas las puertas,<br \/>\na los hombres tumban de muerte y rodean de llamas las murallas.<br \/>\nMas la legi\u00f3n de los En\u00e9adas se mantiene asediada en su encierro<br \/>\ny ninguna posibilidad de huir. Est\u00e1n los desgraciados en las altas torres<br \/>\nin\u00fatilmente, y en rala corona ci\u00f1en los muros<br \/>\nAsio el Imbr\u00e1sida y Timetes Hicetaonio<br \/>\ny los dos As\u00e1racos y T\u00edmber, ya mayor, con C\u00e1stor,<br \/>\nla primera l\u00ednea; a \u00e9stos acompa\u00f1an ambos hermanos<br \/>\nde Sarped\u00f3n, Tem\u00f3n y Claro, de la alta Licia.<br \/>\nAcm\u00f3n Lirnesio toma esforz\u00e1ndose con todo el cuerpo<br \/>\nun enorme pe\u00f1asco, parte no peque\u00f1a de un monte,<br \/>\nni menor que Clitio su padre ni que su hermano Menesteo.<br \/>\nUnos se esfuerzan por defender con lanzas, otros con piedras,<br \/>\nen preparar m\u00e1s fuego y en montar en la cuerda las flechas.<br \/>\nY \u00e9l mismo entre todos, just\u00edsima cuita de Venus,<br \/>\nm\u00edralo: el ni\u00f1o dardanio con su hermosa cabeza cubierta<br \/>\nresplandece como una gema que divide el oro amarillo,<br \/>\nornato del cuello o la cabeza, o como incrustado<br \/>\ncon pericia en el boj o en el terebinto de \u00d3rico<br \/>\nluce el marfil; su cuello de leche recibe el cabello<br \/>\nsuelto que un aro ci\u00f1e de blando oro.<br \/>\nTambi\u00e9n a ti, \u00cdsmaro, te vieron magn\u00e1nimos pueblos<br \/>\ndirigir tus golpes o armar las ca\u00f1as con veneno,<br \/>\nnoble hijo de la casa meonia donde ping\u00fces cultivos<br \/>\ntrabajan los hombres y el Pactolo los riega con oro.<br \/>\nAll\u00ed estaba Mnesteo tambi\u00e9n, a quien ennoblece la gloria<br \/>\nprimera de haber expulsado a Turno del basti\u00f3n de los muros,<br \/>\ny Capis, de quien toma su nombre la ciudad de Campania.<br \/>\nUnos y otros libraban los combates<br \/>\nde una dura guerra: en medio de la noche Eneas surcaba las aguas.<br \/>\nPues cuando de parte de Evandro lleg\u00f3 al campo etrusco,<br \/>\nse presenta ante el rey y al rey dice su nombre y su linaje,<br \/>\nqu\u00e9 es lo que busca y qu\u00e9 ofrece, las armas que Mecencio<br \/>\nse est\u00e1 ganando, y le cuenta la violencia del pecho<br \/>\nde Turno; qu\u00e9 confianza merecen las cosas de los hombres<br \/>\nle advierte y mezcla sus ruegos. Tarconte no duda<br \/>\nen prestarle su apoyo y sellan la alianza; los lidios entonces,<br \/>\npor voluntad de los dioses y libres del destino, suben a las naves<br \/>\nbajo el mando de un jefe extranjero. El barco de Eneas,<br \/>\nel primero, lleva en el espol\u00f3n leones frigios<br \/>\ny el Ida en lo alto, grat\u00edsimo a los teucros fugitivos.<br \/>\nAll\u00e1 va sentado el gran Eneas y consigo da vueltas<br \/>\na los varios sucesos de la guerra, y, a su izquierda, Palante<br \/>\nclavado a su lado le pregunta bien por las estrellas, la ruta<br \/>\nen una noche oscura, bien por cuanto pas\u00f3 por mar y por tierra.<br \/>\nAbrid, diosas, ahora el Helic\u00f3n y entonad vuestro canto,<br \/>\nqu\u00e9 fuerzas van siguiendo desde etruscas riberas<br \/>\na Eneas y arman sus naves y se dejan llevar por el agua.<br \/>\nM\u00e1sico surca el primero las olas con su tigre de bronce;<br \/>\ncon \u00e9l un grupo de mil j\u00f3venes, cuantos las murallas de Clusio<br \/>\ndejaron y la ciudad de Cosas, que tienen por armas las flechas<br \/>\ny las ligeras aljabas sobre los hombros y los arcos mortales.<br \/>\nCon \u00e9l el torvo Abante: toda su tropa reluc\u00eda<br \/>\ncon armas insignes y su nave con un Apolo de oro.<br \/>\nSeiscientos le hab\u00eda dado la ciudad de Populonia,<br \/>\nj\u00f3venes expertos en la guerra, y trescientos Ilva,<br \/>\nisla generosa de inagotables minas del metal de los c\u00e1libes.<br \/>\nEl tercero, aquel c\u00e9lebre int\u00e9rprete de hombres y dioses, Asilas,<br \/>\na quien los nervios de los animales y las estrellas del cielo obedecen<br \/>\ny las lenguas de los p\u00e1jaros y los fuegos presagiosos del rayo;<br \/>\nlleva a mil en formaci\u00f3n cerrada erizada de lanzas.<br \/>\nA \u00e9stos les manda obedecer Pisa, ciudad alfea de origen<br \/>\ny etrusca de solar. Sigue el bell\u00edsimo \u00c1stir,<br \/>\n\u00c1stir fiado en su caballo y en sus armas multicolores.<br \/>\nTrescientos m\u00e1s le suman (con una sola voluntad de acudir)<br \/>\nlos que viven en Cere, los de los campos del Mini\u00f3n,<br \/>\ny la vieja Pirgos y la insana Graviscas.<br \/>\nNo pod\u00eda yo olvidarte, fort\u00edsimo en la guerra C\u00fanaro,<br \/>\njefe de los l\u00edgures, y Cupav\u00f3n, seguido de pocos,<br \/>\nen cuya cabeza se yerguen las plumas del cisne<br \/>\n(Amor, vuestro crimen) y el recuerdo de la forma paterna.<br \/>\nPues cuentan que Cicno de duelo por el amado Faetonte,<br \/>\nentre las frondas de los chopos y la sombra de sus hermanas<br \/>\nmientras canta y consuela su triste amor con la Musa,<br \/>\nalcanz\u00f3 una canosa vejez de blanda pluma,<br \/>\ndejando las tierras y ganando con su voz las estrellas.<br \/>\nSu hijo, acompa\u00f1ando a tropas de su edad en la flota,<br \/>\nimpulsa con los remos el enorme Centauro: alt\u00edsimo<br \/>\nasoma en el agua y con una gran roca amenaza<br \/>\na las olas y surca el mar profundo con larga quilla.<br \/>\nTambi\u00e9n Ocno lleva su ej\u00e9rcito desde las riberas paternas,<br \/>\nhijo de la adivina Manto y del r\u00edo etrusco,<br \/>\nque te dio a ti los muros, Mantua, y el nombre de su madre,<br \/>\nMantuca rica en antepasados, si bien no todos de la misma raza;<br \/>\ntiene una triple estirpe con cuatro pueblos bajo cada una,<br \/>\nella misma cabeza de estos pueblos; sus fuerzas, de sangre etrusca.<br \/>\nDe aqu\u00ed tambi\u00e9n Mecencio arma a quinientos en su contra<br \/>\na los que desde el padre Benaco, cubierto de glaucas ca\u00f1as,<br \/>\nel Mincio llevaba al mar en nave de guerra.<br \/>\nVa, majestuoso, Aulestes en lo alto y golpea las olas<br \/>\ncon cien remos, espuman las aguas al agitarse el m\u00e1rmol.<br \/>\nLo lleva el inmenso Trit\u00f3n que espanta a las olas azules<br \/>\ncon su caracola; al nadar aparece como hombre<br \/>\nsu h\u00edspida figura hasta el costado, en pez acaba el vientre<br \/>\ny murmura el agua espumante bajo el pecho del monstruo.<br \/>\nTantos escogidos capitanes iban en treinta naves<br \/>\nen ayuda de Troya y cortaban con el bronce los campos de sal.<br \/>\nY ya el d\u00eda hab\u00eda dejado el cielo y la madre Febe<br \/>\nrecorr\u00eda el centro del Olimpo con noct\u00e1mbulo carro.<br \/>\nEneas (pues no da el cuidado reposo a sus miembros),<br \/>\nsentado, gobierna el tim\u00f3n y dirige las velas.<br \/>\nY he aqu\u00ed que, a mitad de camino, le sale al encuentro<br \/>\nel coro de sus compa\u00f1eras las Ninfas, a quienes hab\u00eda ordenado<br \/>\nla madre Cibeles ser diosas del mar y de naves<br \/>\nNinfas las hizo; nadaban a la vez y surcaban las olas,<br \/>\nigual que antes sus proas de bronce se ergu\u00edan en las playas.<br \/>\nReconocen de lejos a su rey y lo rodean en corro;<br \/>\nCim\u00f3doce, la mejor de ellas para hablar, se coloca<br \/>\ndetr\u00e1s y agarra su popa con la diestra y saca la espalda<br \/>\nal tiempo que rema con la izquierda en las aguas calladas.<br \/>\nY sin que la conozca as\u00ed, le dice: \u00ab\u00bfEst\u00e1s despierto, Eneas,<br \/>\nhijo de dioses? Sigue despierto y da soga a tus velas.<br \/>\nSomos nosotras, los pinos de la sagrada cumbre del Ida<br \/>\nhoy Ninfas del mar, tu flota. Cuando a nosotras,<br \/>\nprestas para zarpar, el p\u00e9rfido r\u00fatulo a hierro y fuego nos amenazaba,<br \/>\nrompimos sin quererlo tus amarras y te hemos buscado<br \/>\npor el mar. Esta forma nos dio la madre, piadosa,<br \/>\ny nos mand\u00f3 ser diosas y pasar bajo las olas la vida.<br \/>\nPero es que el ni\u00f1o Ascanio est\u00e1 detr\u00e1s del muro y los fosos,<br \/>\nen medio de las flechas y los latinos erizados de guerra.<br \/>\nLos jinetes arcadios ya est\u00e1n en los lugares se\u00f1alados<br \/>\ncon los etruscos valerosos; es firme opini\u00f3n de Turno,<br \/>\npara que no lleguen al campamento, hacerles frente antes.<br \/>\nAs\u00ed que, \u00a1arriba!, y en cuanto llegue la Aurora<br \/>\nllama a las armas a tus aliados y empu\u00f1a el escudo que invicto<br \/>\nte dio el se\u00f1or del fuego y lo cerc\u00f3 con bordes de oro.<br \/>\nLa luz de ma\u00f1ana, si no tomas en vano mis palabras,<br \/>\ncontemplar\u00e1 montones ingentes de r\u00fatulos muertos.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed dijo, y al retirarse empuj\u00f3 con la diestra la alta<br \/>\nnave con gran habilidad: escapa ella entre las aguas<br \/>\nm\u00e1s veloz que una lanza y que la flecha que alcanza a los vientos.<br \/>\nDespu\u00e9s las dem\u00e1s aceleran la marcha. Nada sabiendo at\u00f3nito se queda<br \/>\nel troyano Anquis\u00edada, mas levanta su \u00e1nimo con el augurio.<br \/>\nEntonces suplica brevemente mirando la b\u00f3veda del cielo:<br \/>\n\u00abAlma Madre Idea de los dioses que el D\u00edndimo amas<br \/>\ny las ciudades llenas de torres y los leones uncidos bajo el yugo:<br \/>\nt\u00fa eres ahora mi gu\u00eda en la lucha; c\u00fampleme con bien<br \/>\nel augurio y asiste a los frigios, diosa, con pie favorable.\u00bb<br \/>\nS\u00f3lo esto dijo, y entretanto corr\u00eda ya el d\u00eda de nuevo<br \/>\ncon luz madura y hab\u00eda puesto en fuga a la noche;<br \/>\nordena al punto a sus aliados seguir sus \u00f3rdenes<br \/>\ny que dispongan su \u00e1nimo para las armas y se apresten al combate.<br \/>\nY tiene ya a la vista a los teucros y su campamento<br \/>\nde pie en lo alto de su popa, cuando alz\u00f3 en la izquierda<br \/>\nel escudo de fuego. Lanzan un grito a los astros<br \/>\nlos Dard\u00e1nidas desde los muros, nueva esperanza sus iras enciende,<br \/>\narrojan dardos con la mano como cuando bajo negras nubes<br \/>\nhacen se\u00f1ales las grullas estrimonias y rompen el \u00e9ter<br \/>\ncon sus graznidos y evitan los Notos con clamor gozoso.<br \/>\nY asombroso parece todo esto al rey r\u00fatulo y los jefes<br \/>\nausonios, hasta que pueden ver vueltos hacia la costa<br \/>\nlos barcos y el mar llenarse por completo de naves.<br \/>\nLe arde el yelmo en la cabeza y deja caer de lo alto<br \/>\nsu llama el penacho y gran fuego vomita el escudo de oro.<br \/>\nNo menos que cuando l\u00fagubres enrojecen en la noche<br \/>\nlimpia los cometas de sangre o el ardor de Sirio,<br \/>\nel que trae a los mortales enfermos la sed y los morbos<br \/>\nnace y entristece con siniestra luz el cielo.<br \/>\nSin embargo, no abandon\u00f3 su confianza al bravo Turno<br \/>\nen ocupar primero la playa y arrojar de tierra a los que llegaban:<br \/>\n\u00abAqu\u00ed est\u00e1 lo que pedisteis con vuestros votos, aplastarlos con la diestra.<br \/>\nEl propio Marte est\u00e1 en manos de los hombres. Acordaos ahora<br \/>\ncada cual de su esposa y su casa, recordad ahora las grandes<br \/>\nhaza\u00f1as, la gloria de los padres. Corramos antes al agua<br \/>\nmientras dudan y vacilan sus primeros pasos al desembarcar.<br \/>\nA los audaces ayuda la fortuna.\u00bb<br \/>\nEsto dice y medita en su interior a qui\u00e9n mandar puede<br \/>\nal combate y a qui\u00e9n confiar los muros asediados.<br \/>\nEntretanto Eneas hace bajar de las altas naves<br \/>\npor puentes a sus compa\u00f1eros. Muchos observan el reflujo<br \/>\ndel mar al descender y se lanzan de un salto a los baj\u00edos<br \/>\ny otros por los remos. Tarconte, explorando la orilla,<br \/>\npor donde vados no espera y la ola no murmura al romperse<br \/>\nsino que llega el mar inofensivo en creciente oleada,<br \/>\nhace virar de pronto la proa y pide a sus hombres:<br \/>\n\u00abAhora, tropa escogida, caed sobre los fuertes remos;<br \/>\nlevantad, moved las naves, hended con las quillas<br \/>\nesta tierra enemiga y que se abra su propio surco la carena.<br \/>\nY no dudo en estrellar mi nave en tal atracada<br \/>\nsi con ello me apodero de esta tierra.\u00bb Luego que dijo esto<br \/>\nTarconte, se alzaron sobre los remos sus compa\u00f1eros<br \/>\ny metieron en los campos latinos las naves espumantes,<br \/>\nhasta poner en seco los rostros e ilesas<br \/>\nvarar todas las carenas. Mas no tu nave, Tarconte:<br \/>\npues clavada en los vados mientras pende en un baj\u00edo<br \/>\npeligroso vacilando largo rato y las olas fatiga,<br \/>\nse deshace y lanza al agua a los hombres<br \/>\na quienes estorban los trozos de los remos y los bancos<br \/>\nque flotan y al tiempo la ola les arrastra de los pies en su reflujo.<br \/>\nY no entretiene a Turno torpe retraso, sino que toma raudo<br \/>\ntodo su ej\u00e9rcito contra los teucros y frente les hace en la playa.<br \/>\nDan la se\u00f1al. Eneas fue el primero en atacar a las agrestes<br \/>\ntropas, augurio del combate, y abati\u00f3 a los latinos<br \/>\nmatando a Ter\u00f3n, gran guerrero que a Eneas desafiaba<br \/>\npor su voluntad. A \u00e9l con la espada y por las escamas de bronce<br \/>\ny la t\u00fanica \u00e1spera de oro le bebe en el costado abierto.<br \/>\nY luego hiere a Licas, quien fue sacado de su madre ya muerta<br \/>\ny consagrado a ti, Febo: \u00bfa qu\u00e9 fin de peque\u00f1o<br \/>\npudo librarse de la suerte del hierro? Y al duro Ciseo no lejos<br \/>\ny al enorme G\u00edas que romp\u00edan con maza las l\u00edneas<br \/>\narroj\u00f3 a la muerte; de nada les valieron las armas<br \/>\nde H\u00e9rcules ni la fuerza de sus manos ni el padre Melampo,<br \/>\ncompa\u00f1ero de Alcides mientras le impuso la tierra<br \/>\ngraves trabajos. Y ah\u00ed Far\u00f3n: mientras se jacta con voces vanas,<br \/>\nblandiendo la jabalina se la clava en la boca que grita.<br \/>\nT\u00fa tambi\u00e9n, Cid\u00f3n infeliz, mientras segu\u00edas a tu nuevo goce,<br \/>\na Clitio, al que amarilleaban las mand\u00edbulas con su primer bozo;<br \/>\nabatido por la diestra dardania, olvidando de los amores<br \/>\nde los j\u00f3venes que nunca te faltaban, digno de compasi\u00f3n yacer\u00edas<br \/>\nsi no hubiera salido a su encuentro, compacta, la cohorte<br \/>\nde los hermanos, la progenie de Forco en n\u00famero de siete y que siete dardos<br \/>\nlanzan; parte rebotan contra el yelmo y el escudo<br \/>\nin\u00fatiles, parte los desv\u00eda la madre Venus cuando silban<br \/>\njunto a su cuerpo. Se dirige Eneas al fiel Acates:<br \/>\n\u00abP\u00e1same dardos, que ni uno arrojar\u00e1 en vano mi diestra<br \/>\ncontra los r\u00fatulos de los que en las llanuras de Troya<br \/>\nse clavaron en el cuerpo de los griegos.\u00bb Toma entonces una gran lanza<br \/>\ny la arroja: ella, volando, traspasa el bronce del escudo<br \/>\nde Me\u00f3n y rompe a la vez la coraza y el pecho.<br \/>\nAcude en su ayuda su hermano Alc\u00e1nor y con la diestra<br \/>\nsujeta al hermano que cae: otra lanza le atraviesa el brazo<br \/>\ny se escapa y mantiene su camino ensangrentada,<br \/>\ny del hombro le cuelga por los tendones la diestra moribunda.<br \/>\nNumitor entonces sac\u00f3 la lanza del cuerpo de su hermano<br \/>\ny la envi\u00f3 contra Eneas, mas no se le dio<br \/>\nalcanzarle de lleno y roz\u00f3 el muslo del gran Acates.<br \/>\nAqu\u00ed acude Clauso con su cuerpo juvenil fiado<br \/>\nen los de Cures, y hiere de lejos a Dr\u00edope con r\u00edgida lanza<br \/>\nblandida con fuerza, bajo el ment\u00f3n y atravesando la garganta<br \/>\ncuando hablaba, le quita a la vez la voz y la vida. Golpea<br \/>\n\u00e9l con su frente la tierra y arroja por la boca espesa sangre.<br \/>\nAbate tambi\u00e9n de diversas maneras a tres tracios<br \/>\ndel noble linaje de B\u00f3reas y a tres que env\u00eda<br \/>\nel padre Idas y la patria Ismara. Acude Haleso<br \/>\ny el grupo de auruncos, llega tambi\u00e9n la prole de Neptuno,<br \/>\nMesapo se\u00f1alado por sus caballos. Tratan de rechazarse<br \/>\nunos y otros: se combate en los mismos umbrales<br \/>\nde Ausonia. Como a lo ancho del cielo, discordes,<br \/>\ntraban combate los vientos con \u00e1nimo y fuerzas iguales<br \/>\nsin que ninguno ceda, ni el mar, ni las nubes;<br \/>\nincierta largo tiempo parece la lucha y todos se alzan contra todos:<br \/>\nno de otro modo la l\u00ednea troyana y la l\u00ednea latina<br \/>\nse enfrentan, el pie se pega al pie, hombres apretados contra hombres.<br \/>\nMas en otra parte, por donde un torrente arrastraba<br \/>\nrodando muchas piedras y arbustos arrancados de la orilla,<br \/>\na los arcadios no acostumbrados a aguantar ataques a pie,<br \/>\nPalante cuando les vio dar la espalda al Lacio que les persegu\u00eda<br \/>\nporque la dif\u00edcil naturaleza del lugar les hab\u00eda hecho<br \/>\nsoltarlos caballos, \u00faltima soluci\u00f3n en situaciones desesperadas,<br \/>\nya con ruegos, ya con amargas palabras su valor enciende:<br \/>\n\u00ab\u00bfA d\u00f3nde hu\u00eds, compa\u00f1eros? Por vosotros y por vuestras haza\u00f1as,<br \/>\npor el nombre de nuestro rey Evandro y las guerras ganadas<br \/>\ny por mi esperanza, que me nace ahora \u00e9mula de la gloria de mi padre,<br \/>\nno os confi\u00e9is a vuestros pies. Un camino hay que abrir con la espada<br \/>\nentre los enemigos. Por donde m\u00e1s denso es el cerco de soldados,<br \/>\npor ah\u00ed os llama con vuestro jefe Palante la patria sagrada.<br \/>\nNing\u00fan poder divino nos acosa, mortales somos atacados<br \/>\npon un enemigo mortal; la misma fuerza tenemos y las mismas manos.<br \/>\nMirad: el mar nos encierra con la gran barrera de sus aguas<br \/>\ny no hay ya tierra para huir. \u00bfVamos al pi\u00e9lago o a Troya?\u00bb<br \/>\nEsto dice, y se arroja en medio del apretado grupo de enemigos.<br \/>\nFrente le hace el primero enviado por hados inicuos<br \/>\nLago. A \u00e9ste, mientras arranca un pe\u00f1asco de gran peso,<br \/>\nle clava un dardo disparado y se lo mete donde el espinazo<br \/>\nsepara las costillas, y el asta recibe<br \/>\nclavada en sus huesos. No logra Hisb\u00f3n sorprenderlo<br \/>\naunque lo intentaba; pues se le adelanta Palante<br \/>\ncuando corr\u00eda enfurecido y por la muerte cruel del compa\u00f1ero<br \/>\nincauto, y clava su espada en el pulm\u00f3n hinchado.<br \/>\nBusca despu\u00e9s a Estenio y a Anqu\u00e9molo de la antigua<br \/>\nestirpe de Reto, el que os\u00f3 mancillar el lecho de su madrastra.<br \/>\nTambi\u00e9n vosotros, gemelos, ca\u00edsteis en las llanuras r\u00fatulas,<br \/>\nLarides y Timbro, prole parecid\u00edsima de Dauco,<br \/>\nindiscernible para los suyos y grata confusi\u00f3n de sus padres;<br \/>\nmas hoy Palante os infligi\u00f3 crueles diferencias.<br \/>\nPues a ti, Timbo, la espada de Evandro te arranc\u00f3 la cabeza;<br \/>\na ti, Larides, como suyo te busca la diestra cortada<br \/>\ny saltan los dedos moribundos y a\u00fan empu\u00f1an el hierro.<br \/>\nA los arcadios encendidos por la arenga que contemplaban de su h\u00e9roe<br \/>\nlas gloriosas acciones, dolor y pudor les arman contra los enemigos.<br \/>\nLuego Palante atraviesa a Reteo que escapaba junto a \u00e9l<br \/>\nen su carro. Esto y s\u00f3lo esto sirvi\u00f3 a Ilo de retraso;<br \/>\npues contra Ilo iba dirigida desde lejos la fuerte lanza<br \/>\ncuyo camino Reteo intercept\u00f3, \u00f3ptimo Teutrante,<br \/>\nhuyendo de ti y de tu hermano Tires, y arrojado del carro<br \/>\nhiende medio muerto los campos de los r\u00fatulos con sus talones.<br \/>\nY como cuando seg\u00fan su voto se levantan los vientos<br \/>\nen verano y enciende en los bosques el pastor fuegos dispersos,<br \/>\ny de pronto si alcanzan el centro se extienden por los anchos<br \/>\ncampos en un h\u00f3rrido frente de Vulcano mientras \u00e9l, victorioso,<br \/>\nse sienta a contemplar las llamas triunfantes:<br \/>\nno de otro modo se agrupa todo el valor de los compa\u00f1eros<br \/>\nen tu ayuda, Palante. Mas Haleso, fiero en la guerra,<br \/>\nse lanza en su contra y se protege tras sus armas.<br \/>\nAcaba as\u00ed con Lad\u00f3n y Ferete y Dem\u00f3doco,<br \/>\ncon la brillante espada cercena a Estrimonio la diestra<br \/>\nlanzada contra su garganta; con una piedra hiere el rostro de Toante<br \/>\ny dispersa sus huesos mezclados con los sesos ensangrentados.<br \/>\nSu padre, previendo el destino, hab\u00eda ocultado a Haleso en los bosques;<br \/>\ncuando anciano cerr\u00f3 los ojos blanquecinos con la muerte,<br \/>\npusieron su mano las Parcas y lo consagraron de Evandro<br \/>\na las armas. Contra \u00e9l se dirige Palante rezando as\u00ed primero:<br \/>\n\u00abDa, padre T\u00edber, ahora fortuna a este hierro que pienso<br \/>\nlanzar y un camino a trav\u00e9s del pecho del duro Haleso.<br \/>\nTu encina tendr\u00e1 estas armas y los despojos de ese hombre.\u00bb<br \/>\nY lo escuch\u00f3 el dios; mientras Haleso a Ima\u00f3n proteg\u00eda,<br \/>\nofrece el infeliz su pecho inerme a la flecha arcadia.<br \/>\nMas no deja Lauso, parte notable de la guerra,<br \/>\nque se espanten sus tropas por muerte tan se\u00f1era: a Abante<br \/>\nmata el primero al hacerle frente, nudo y soporte del combate.<br \/>\nCaen los hijos de Arcadia, caen los etruscos<br \/>\ny vosotros, teucros que con vida escapasteis de los griegos.<br \/>\nSe enfrentan las l\u00edneas con caudillos y fuerzas iguales;<br \/>\nlos \u00faltimos empujan el frente y la multitud no deja<br \/>\nque se muevan ni manos ni armas. Les insta y anima de un lado Palante<br \/>\ny del otro Lauso, que no se llevan mucho en edad;<br \/>\ngallardos de presencia, la Fortuna les hab\u00eda negado<br \/>\nel retorno a la patria. No toler\u00f3, sin embargo,<br \/>\nque se enfrentasen el que reina en el gran Olimpo;<br \/>\nles aguarda en seguida su destino bajo un enemigo m\u00e1s grande.<br \/>\nEntretanto su divina hermana a Turno aconseja<br \/>\nrelevar a Lauso, y con carro volador corta el centro de las l\u00edneas.<br \/>\nCuando ve a sus hombres: \u00abEs hora de dejar el combate;<br \/>\nhar\u00e9 frente yo solo a Palante, Palante es cosa m\u00eda.<br \/>\n\u00a1C\u00f3mo me gustar\u00eda que de espectador estuviera su padre!\u00bb<br \/>\nEsto dice, y salieron sus compa\u00f1eros del campo, seg\u00fan se les mandaba.<br \/>\nY, al retirarse los r\u00fatulos, pasmado el joven de la orgullosa orden<br \/>\nse asombra ante Turno y por su cuerpo enorme<br \/>\nlleva sus ojos y con fiera mirada en todo se fija de lejos,<br \/>\ny con tales palabras replica a las palabras del rey:<br \/>\n\u00abYo ser\u00e9 celebrado por conseguir despojos opimos<br \/>\no por una muerte gloriosa; con las dos suertes se conforma mi padre.<br \/>\nd\u00e9jate de amenazas.\u00bb Avanza luego al centro del campo;<br \/>\nhelada corre la sangre en las entra\u00f1as de los arcadios.<br \/>\nTurno salt\u00f3 de su carro, se dispone a enfrent\u00e1rsele<br \/>\na pie, y como el le\u00f3n cuando ve desde alta atalaya<br \/>\nen el campo a lo lejos un toro que se apresta al combate<br \/>\nsalta raudo, no otra es la imagen de Turno avanzando.<br \/>\nCuando crey\u00f3 que \u00e9ste estaba al alcance de sus lanzas,<br \/>\nataca Palante el primero, por si la suerte al audaz amparaba<br \/>\nde fuerzas desiguales, y dice as\u00ed al cielo inmenso:<br \/>\n\u00abPor la hospitalidad de mi padre y las mesas que visitaste,<br \/>\nAlcides, te pido, as\u00edsteme en esta gran empresa.<br \/>\nQue me vea quitarle moribundo las armas llenas de sangre<br \/>\ny lleven los ojos de Turno al morir mi victoria.\u00bb<br \/>\nOy\u00f3 Alcides al joven y ahog\u00f3 un gran suspiro<br \/>\nen lo profundo del pecho y derram\u00f3 l\u00e1grimas vanas.<br \/>\nEntonces habla el padre a su hijo con palabras de amigo:<br \/>\n\u00abFijado est\u00e1 el d\u00eda de cada cual, breve e irreparable el tiempo<br \/>\nde la vida es para todos; mas al valor prolongar corresponde<br \/>\nla fama con haza\u00f1as. Al pie de las altas murallas de Troya<br \/>\ncayeron muchos hijos de dioses y con ellos muri\u00f3 tambi\u00e9n<br \/>\nSarped\u00f3n, mi propia descendencia; tambi\u00e9n sus hados<br \/>\nllaman a Turno y llega al final del tiempo concedido.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed dice y de los campos de los r\u00fatulos aparta sus ojos.<br \/>\nPalante por fin arroja con gran fuerza su lanza<br \/>\ny saca de la hueca vaina la espada reluciente.<br \/>\nAqu\u00e9lla, volando, cae donde termina el reparo<br \/>\ndel hombro y abri\u00e9ndose camino entre los bordes del escudo<br \/>\nmordi\u00f3 por \u00faltimo el gran cuerpo de Turno.<br \/>\nTurno a su vez la madera que acaba en punta de hierro<br \/>\nblande largo tiempo y contra Palante la arroja, y as\u00ed exclama:<br \/>\n\u00ab\u00a1Mira si mi arma no es m\u00e1s penetrante!\u00bb<br \/>\nHab\u00eda dicho, y el escudo, tantas capas de hierro y de bronce<br \/>\nal que tantas veces da vuelta una piel de toro,<br \/>\nla punta lo traspasa por el centro con golpe vibrante<br \/>\ny perfora la defensa de la loriga y el pecho enorme.<br \/>\nArranca Palante en vano el arma caliente de la herida:<br \/>\npor el mismo camino salen la sangre y la vida.<br \/>\nCay\u00f3 sobre la herida (sobre \u00e9l resonaron sus armas)<br \/>\ny besa al morir con boca ensangrentada la tierra enemiga.<br \/>\nTurno alz\u00e1ndose sobre \u00e9l:<br \/>\n\u00abAcordaos, arcadios -dice- de mis palabras y llevadlas<br \/>\na Evandro: le devuelvo a Palante seg\u00fan ha merecido.<br \/>\nSea cual sea el honor de un t\u00famulo, sea cual sea el consuelo de un sepulcro,<br \/>\nse lo concedo. No le va a costar poco de Eneas<br \/>\nla hospitalidad.\u00bb Y as\u00ed que hubo hablado aplast\u00f3 con el pie<br \/>\nizquierdo al muerto rob\u00e1ndole del cintur\u00f3n el peso enorme<br \/>\ncon el crimen grabado: el grupo de j\u00f3venes asesinados<br \/>\na la vez en la noche de bodas horriblemente y los lechos de sangre,<br \/>\nque hab\u00eda trabajado en mucho oro el Eur\u00edtida Clono;<br \/>\ncon este despojo pasea Turno en triunfo, gozoso por tenerlo.<br \/>\n\u00a1Coraz\u00f3n de los hombres que ignora el destino y la suerte futura<br \/>\ny respetar soberbio la medida en la ocasi\u00f3n favorable!<br \/>\nD\u00eda vendr\u00e1 en que el gran Turno desear\u00e1 haber cobrado<br \/>\nun buen rescate por la vida de Palante y odiar\u00e1 estos despojos<br \/>\ny esta hora. Mas sus compa\u00f1eros entre l\u00e1grimas y muchos gemidos<br \/>\nse llevan en gran n\u00famero a Palante sobre su escudo.<br \/>\n\u00a1Ay, t\u00fa, que volver\u00e1s gloria grande y dolor a tu padre!<br \/>\nEste d\u00eda primero te meti\u00f3 en la guerra y este mismo te saca,<br \/>\ny dejas, sin embargo, de r\u00fatulos montones inmensos.<br \/>\nY ya llega volando hasta Eneas la fama no s\u00f3lo de desgracia<br \/>\ntan grande, sino la cierta noticia de que est\u00e1n los suyos<br \/>\ncerca de la muerte, que es tiempo ya de auxiliar a los teucros en retirada.<br \/>\nSiega con la espada cuanto cae a su alcance y enfurecido<br \/>\nse abre ancho sendero entre las tropas con el hierro, Turno,<br \/>\nbusc\u00e1ndote a ti, orgulloso de la sangre reciente. Palante, Evandro,<br \/>\ntodo est\u00e1 en sus ojos, las mesas primeras que le acogieron<br \/>\nextranjero y las diestras unidas. Aqu\u00ed a los cuatro<br \/>\nj\u00f3venes hijos de Sulm\u00f3n y a otros tantos que Ufente criara,<br \/>\nlos coge vivos para inmolarlos a las sombras en sacrificio,<br \/>\ny regar con sangre de cautivos las llamas de la pira.<br \/>\nLuego dispara de lejos contra Mago la lanza enemiga:<br \/>\n\u00e9ste la esquiva con astucia y pasa la lanza silbando por encima,<br \/>\ny as\u00ed dice, suplicante agarrado a sus rodillas:<br \/>\n\u00abPor los Manes de tu padre y la esperanza de Julo que crece<br \/>\nte suplico que guardes esta vida para mi hijo y para mi padre.<br \/>\nTengo una noble casa, all\u00ed hay talentos enterrados<br \/>\nde plata labrada; tengo gran cantidad de oro trabajado<br \/>\ny sin trabajar. No depende de m\u00ed la victoria<br \/>\nde los teucros ni determinar\u00e1 resultado tan grande una sola vida.\u00bb<br \/>\nDijo, y Eneas le devolvi\u00f3 estas palabras:<br \/>\n\u00abGuarda para tus hijos todos esos talentos de oro<br \/>\ny de plata que dices. Turno ha acabado ya con esos<br \/>\nnegocios de guerra al dar muerte a Palante.<br \/>\nAs\u00ed lo sienten los Manes de mi padre Anquises y as\u00ed Julo.\u00bb<br \/>\nDicho esto agarra el yelmo con la izquierda y le clava<br \/>\nla espada hasta la empu\u00f1adura alzando la cabeza del suplicante.<br \/>\nY no lejos Hem\u00f3nides, sacerdote de Febo y de Trivia<br \/>\na quien ce\u00f1\u00eda las sienes la \u00ednfula con la banda sagrada,<br \/>\ntodo brillante con la ropa y las insignias blancas.<br \/>\nLe sale al encuentro en el campo, y, seg\u00fan cae, se le pone<br \/>\nencima y lo mata, y lo cubre con una gran sombra; se carga<br \/>\nSeresto al hombro las armas mejores, trofeo para ti, rey Gradivo.<br \/>\nAbren un nuevo frente el nacido de la estirpe de Vulcano,<br \/>\nC\u00e9culo, y Umbr\u00f3n llegado de los montes de los marsos.<br \/>\nSe enfurece con ellos el Dard\u00e1nida: izquierda de \u00c1nxur<br \/>\ny toda la orla del escudo le hab\u00eda cercenado con la espada<br \/>\n(hab\u00eda dicho aqu\u00e9l algo grande y hab\u00eda puesto su fuerza<br \/>\nen su palabra y quiz\u00e1 lanzaba su \u00e1nimo al cielo<br \/>\ny se hab\u00eda prometido las canas y unos largos a\u00f1os);<br \/>\nT\u00e1rquito, exultante en su contra con armas relucientes,<br \/>\na quien la ninfa Dr\u00edope hab\u00eda parido para el silv\u00edcola Fauno,<br \/>\nsali\u00f3 al encuentro del enfurecido; \u00e9ste, blandiendo su lanza,<br \/>\natraviesa a la vez la loriga y la enorme mole del escudo,<br \/>\ny lanza por tierra la cabeza que en vano suplicaba<br \/>\ny mucho se aprestaba a decir, y el tibio tronco<br \/>\nhaciendo rodar as\u00ed dice con pecho enemigo:<br \/>\n\u00abAh\u00ed, temeroso, qu\u00e9date ahora. No te pondr\u00e1 en el suelo<br \/>\ntu madre piadosa ni tapar\u00e1 tus miembros con un sepulcro en la patria:<br \/>\nser\u00e1s abandonado a las aladas fieras, o habr\u00e1n de tragarte las aguas<br \/>\ncon su remolino y peces hambrientos lamer\u00e1n tus heridas.\u00bb<br \/>\nPersigue despu\u00e9s a Anteo y a Luca, l\u00ednea primera de Turno,<br \/>\ny al valeroso Numa y al rubio Camerte,<br \/>\nel hijo del magn\u00e1nimo Volcente, el m\u00e1s rico en tierras<br \/>\nde los Aus\u00f3nidas que rein\u00f3 en la Amiclas silenciosa.<br \/>\nCual Ege\u00f3n, de quien dicen que cien brazos ten\u00eda<br \/>\ncon sus cien manos y que echaba fuego por sus cincuenta<br \/>\nbocas y pechos, cuando contra los rayos de Jove<br \/>\nse agitaba con tantos escudos iguales, tantas espadas bland\u00eda;<br \/>\nas\u00ed lanz\u00f3 su furia Eneas victorioso por toda la llanura<br \/>\nluego que calent\u00f3 su filo. Y mira c\u00f3mo va contra los caballos<br \/>\nde la cuadriga de Nifeo y el pecho que se le enfrenta.<br \/>\nY ellos, cuando le vieron acercarse gritando<br \/>\nhorriblemente, se volvieron de miedo y, retrocediendo,<br \/>\nderriban al auriga y hacen volar su carro hacia la costa.<br \/>\nDe pronto se interponen L\u00facago y L\u00edger, su hermano,<br \/>\nsobre una blanca biga; el hermano gobierna los caballos<br \/>\ncon las riendas, L\u00facago voltea fiero la espada desnuda.<br \/>\nNo aguant\u00f3 Eneas a quienes con hervor tan grande se enfurec\u00edan;<br \/>\nlleg\u00f3 corriendo y enorme se mostr\u00f3 con la lanza dispuesta.<br \/>\nA \u00e9l L\u00edger:<br \/>\n\u00abNo son los que ves caballos de Diomedes ni el carro de Aquiles<br \/>\no los llanos de Frigia: ahora el fin de la guerra y de tus a\u00f1os<br \/>\nse cumplir\u00e1 en estas tierras.\u00bb Vuelan a lo ancho tales<br \/>\npalabras del ves\u00e1nico L\u00edger. Mas no prepara el h\u00e9roe troyano<br \/>\npalabras en su contra, que una lanza blande contra sus enemigos.<br \/>\nCuando L\u00facago echado sobre las riendas con su espada<br \/>\nazuz\u00f3 a los caballos y se apresta al combate<br \/>\ncon el pie izquierdo adelantado, llega la lanza por debajo del borde<br \/>\ndel refulgente escudo y le perfora la ingle izquierda;<br \/>\nrueda, cayendo del carro, moribundo por el suelo.<br \/>\nY el piadoso Eneas le habla con palabras amargas:<br \/>\n\u00abL\u00facago, no traicion\u00f3 a tu carro la vergonzosa huida<br \/>\nde tus caballos, ni vanas sombras lo alejaron del enemigo.<br \/>\nT\u00fa mismo has dejado tu yugo saltando de sus ruedas.\u00bb As\u00ed dijo<br \/>\ny sujet\u00f3 a los animales; en el suelo las palmas inertes<br \/>\ntend\u00eda su hermano infeliz, derribado del carro:<br \/>\n\u00abPor ti, por los padres que tal te engendraron,<br \/>\nh\u00e9roe de Troya, perdona esta vida y compad\u00e9cete del suplicante.\u00bb<br \/>\nA\u00fan implorando Eneas: \u00abNo dec\u00edas cosas como \u00e9stas<br \/>\nhace poco. Muere y que no deje el hermano al hermano.\u00bb<br \/>\nEntonces abre con su filo el pecho, los escondites del alma.<br \/>\nAs\u00ed llenaba de muerte los campos el caudillo<br \/>\ndardanio, loco a la manera de un torrente de agua<br \/>\no de negro turbi\u00f3n. Rompen la l\u00ednea por fin y salen del campo<br \/>\nel ni\u00f1o Ascanio y la juventud en vano asediada.<br \/>\nA Juno entre tanto increpa J\u00fapiter de pronto:<br \/>\n\u00ab\u00a1Oh, hermana y a la vez grat\u00edsima esposa m\u00eda!<br \/>\nComo pensabas, Venus (y no te enga\u00f1\u00f3 tu idea)<br \/>\nsustenta a las fuerzas troyanas, ni vigorosa en la guerra<br \/>\nest\u00e1 la diestra de los hombres ni su \u00e1nimo fiero y dispuesto al peligro.\u00bb<br \/>\nY Juno, sumisa: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9, mi bell\u00edsimo esposo,<br \/>\natormentas a la que afligida teme tristes palabras de tu parte?<br \/>\nSi la fuerza de tu amor estuviera conmigo como lo estuvo un d\u00eda<br \/>\ny as\u00ed conviene, no me dir\u00edas en esto que no,<br \/>\nt\u00fa que todo lo puedes, y podr\u00eda sacar a Turno de la lucha<br \/>\ny rescatarlo inc\u00f3lume para Dauno, su padre.<br \/>\nAhora, que muera y sufra castigo de los teucros con sangre piadosa.<br \/>\nY, sin embargo, \u00e9l recibi\u00f3 su nombre de nuestra estirpe<br \/>\ny es Pilumno su cuarto padre, y con mano generosa<br \/>\ny muchos presentes colm\u00f3 a menudo tus umbrales.\u00bb<br \/>\nBrevemente le dice as\u00ed el rey del et\u00e9reo Olimpo:<br \/>\n\u00abSi me est\u00e1s suplicando un retraso en la muerte que acecha<br \/>\ny una tregua para el joven que ha de caer y quieres que as\u00ed lo determine,<br \/>\ndisp\u00f3n la huida de Turno y l\u00edbralo de la hora presente:<br \/>\nhasta aqu\u00ed me es posible ceder. Pero si bajo estas plegarias<br \/>\nse esconde una venia m\u00e1s alta y piensas todo<br \/>\nremover y alterar la guerra, vana esperanza alimentas.\u00bb<br \/>\nY Juno, llorando: \u00ab\u00bfY qu\u00e9 si lo que de palabra te pesa<br \/>\nlo concedieras en tu coraz\u00f3n y se otorgase esta vida a Turno?<br \/>\nAhora le aguarda, inocente, un grave fin, o yo me enga\u00f1o<br \/>\nsobre la verdad. Porque \u00a1ojal\u00e1 sea yo burlada por un falso<br \/>\ntemor y cambies tus planes, t\u00fa que puedes, para bien!\u00bb<br \/>\nLuego que pronunci\u00f3 estas palabras se lanz\u00f3 de inmediato<br \/>\ndesde el alto cielo envuelta en una nube y trayendo por los aires la tormenta,<br \/>\ny se encamin\u00f3 al frente de Ili\u00f3n y al campo laurente.<br \/>\nLuego la diosa con una vana nube una tenue sombra sin fuerzas<br \/>\na semejanza de Eneas (prodigio de ver maravilloso)<br \/>\nadorna con las armas dardanias y el escudo y los penachos<br \/>\nsimula de la divina cabeza, le pone palabras inanes,<br \/>\nle da una voz sin sentido y finge al andar sus pasos,<br \/>\ncomo al llegar la muerte es fama que vuelan las sombras,<br \/>\no los sue\u00f1os que enga\u00f1an a los sentidos adormecidos.<br \/>\nY salta la imagen dispuesta a las primeras l\u00edneas<br \/>\na retar al h\u00e9roe con sus dardos y con voces provocarlo.<br \/>\nTurno la persigue y arroja una lanza estridente<br \/>\nde lejos; ella vuelve la espalda y cambia sus pasos.<br \/>\nFue entonces cuando Turno pens\u00f3 que Eneas hu\u00eda<br \/>\ny apunt\u00f3 en su \u00e1nimo resuelto una vana esperanza:<br \/>\n\u00ab\u00bfA d\u00f3nde huyes, Eneas? No abandones el lecho prometido;<br \/>\nmi diestra te dar\u00e1 la tierra que has buscado por los mares.\u00bb<br \/>\nVociferando as\u00ed le sigue y hace brillar su espada<br \/>\ndesenvainada y no ve que los vientos se llevan su alegr\u00eda.<br \/>\nHab\u00eda casualmente un barco atado al pico de una roca<br \/>\ncon sus escalas dispuestas y el puente preparado,<br \/>\ncon el que hab\u00eda llegado el rey Osinio de las costas de Clusio.<br \/>\nAqu\u00ed se meti\u00f3 rauda la imagen de Eneas que escapaba<br \/>\npara esconderse, y Turno la sigue no menos valiente<br \/>\ny vence los obst\u00e1culos y logra saltar los altos puentes.<br \/>\nApenas hab\u00eda alcanzado la proa, rompe amarras la hija de Saturno<br \/>\ny se lleva por mares en reflujo la nave liberada.<br \/>\nY al otro en su ausencia Eneas lo reta al combate<br \/>\ny manda a la muerte a muchos hombres que le hacen frente.<br \/>\nLuego la imagen leve no busca ya m\u00e1s escondites,<br \/>\nsino que vuela a lo alto y con una negra nube se confunde,<br \/>\nmientras un turbi\u00f3n hacia alta mar se lleva entretanto a Turno.<br \/>\nMira hacia atr\u00e1s ignorante de todo y sin agradecer la salvaci\u00f3n<br \/>\ny tiende a las estrellas su voz y sus dos manos:<br \/>\n\u00abPadre todopoderoso, \u00bfde tan grande infamia<br \/>\nme has cre\u00eddo digno y has querido que tal castigo sufriera?<br \/>\n\u00bfAd\u00f3nde voy? \u00bfDe d\u00f3nde he salido? \u00bfQu\u00e9 fuga me lleva y c\u00f3mo?<br \/>\n\u00bfVolver\u00e9 a ver de nuevo las murallas y el campo laurente?<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de aquel pu\u00f1ado de hombres que me han seguido y a mis armas?<br \/>\n\u00bfA todos los dej\u00e9 (\u00a1qu\u00e9 verg\u00fcenza!) en una muerte infanda<br \/>\ny ahora los veo dispersos y escucho los gemidos<br \/>\nde los que caen? \u00bfQu\u00e9 pretendo? \u00bfHasta d\u00f3nde podr\u00e1 abrirse<br \/>\nla tierra para tragarme? \u00a1Compadeceos al menos vosotros, vientos!<br \/>\nContra las rocas y el acantilado (gustoso Turno os lo pide)<br \/>\nestrellad la nave, y clavad las sirtes en los bancos crueles,<br \/>\nque no me sigan los r\u00fatulos ni la fama que todo lo sabe.\u00bb<br \/>\nEsto diciendo en su \u00e1nimo vacila de un lado para otro,<br \/>\nloco d\u00e9 verg\u00fcenza tan grande, si ha de clavarse<br \/>\nla espada y sacar por las costillas el filo desnudo<br \/>\no si se arrojar\u00e1 en medio de las olas y ganar\u00e1 a nado<br \/>\nel curvo litoral y volver\u00e1 de nuevo contra las armas de los teucros.<br \/>\nTres veces prob\u00f3 una y otra v\u00eda, tres veces Juno soberana<br \/>\nlo detuvo y compadecida de \u00e1nimo sujet\u00f3 al joven.<br \/>\nSe desliza cortando las aguas con olas y marea propicias<br \/>\ny llega a la antigua ciudad de Dauno su padre.<br \/>\nY entretanto Mecencio exaltado por obra de Jove<br \/>\nle sucede en la lucha y arremete contra los teucros triunfantes.<br \/>\nAcuden las tropas tirrenas y a \u00e9l con todos sus odios,<br \/>\na ese hombre solo y con inn\u00fameros disparos le atacan.<br \/>\n\u00c9l (como roca inmensa que avanza hacia el ponto<br \/>\nfrente a la furia de los vientos y expuesta a las aguas,<br \/>\ntoda la fuerza y ataques soporta, y en mar y cielo<br \/>\nfirme permanece inamovible) a Hebro, prole de Dolicaon,<br \/>\ntumba en el suelo y con \u00e9l a L\u00e1tago y a Palmo fugitivo;<br \/>\npero a L\u00e1tago con una roca y un gran pedazo de monte<br \/>\nle alcanza en la boca y la cara de frente, a Palmo le hace<br \/>\ncaer como un cobarde con los tendones cortados, y a Lauso concede<br \/>\nllevar en sus hombros las armas y poner en su casco los penachos.<br \/>\nY lo mismo con Evante el frigio y Mimante, de Paris<br \/>\ncompa\u00f1ero e igual, a quien Teano dio a luz siendo su padre<br \/>\nAmico la misma noche que, pre\u00f1ada de una tea,<br \/>\nla reina Ciseida a Paris; Paris en la ciudad de sus padres<br \/>\nyace, tiene a un desconocido Mimante la costa laurente.<br \/>\nY como el jabal\u00ed arrojado de las cumbres del monte<br \/>\npor el mordisco de los perros, a quien el V\u00e9sulo cubierto de pinos<br \/>\ndefendi\u00f3 muchos a\u00f1os y muchos los pantanos laurentes<br \/>\nlo alimentaron con su bosque de ca\u00f1as; luego que cay\u00f3 en las redes,<br \/>\nse detiene y gru\u00f1e feroz y eriza el espinazo<br \/>\ny nadie se atreve a irritarlo o a acercarse m\u00e1s,<br \/>\nsino que le atacan de lejos con lanzas y gritos seguros.<br \/>\nNo de otro modo, de los que dirigen su justa ira contra Mecencio<br \/>\nninguno osa enfrent\u00e1rsele con las armasen la mano,<br \/>\ny de lejos le retan con sus disparos y con gran griter\u00edo.<br \/>\nMas \u00e9l, imp\u00e1vido, hacia todas partes vacila<br \/>\nrechinando los dientes y sacude las lanzas de su escudo.<br \/>\nAcr\u00f3n hab\u00eda venido de las antiguas tierras de C\u00f3rito,<br \/>\nhombre griego, dejando en su huida sin cumplir una boda.<br \/>\nCuando lo vio a lo lejos perturbando el centro de la l\u00ednea,<br \/>\nrojo en las plumas y en la p\u00farpura de la esposa pactada,<br \/>\ncomo el le\u00f3n hambriento que merodea a menudo entre altos apriscos<br \/>\n(pues se lo pide su ves\u00e1nica hambre), si llega a ver una cabra<br \/>\nfugitiva o un ciervo que asoma con sus cuernos,<br \/>\ngozoso abre su enorme boca y eriza las crines y se clava<br \/>\nen las v\u00edsceras cayendo de lo alto; ba\u00f1a la boca feroz<br \/>\nla negra sangre;<br \/>\nas\u00ed cay\u00f3 raudo Mecencio en lo m\u00e1s denso del enemigo.<br \/>\nAcr\u00f3n, infeliz, cae abatido y al morir golpea la negra tierra<br \/>\ncon sus talones y llena de sangre las armas quebradas.<br \/>\nY no crey\u00f3 Mecencio oportuno matar a Orodes<br \/>\ncuando hu\u00eda ni hacerle con su lanza ciega herida;<br \/>\nsali\u00f3 corriendo a su encuentro y, de hombre a hombre,<br \/>\nle hizo frente mejor que con enga\u00f1os con armas valerosas.<br \/>\nLe derrib\u00f3 entonces y apoyando encima su lanza y su pie:<br \/>\n\u00abParte no despreciable de la guerra, soldados, yace el alto Orodes.\u00bb<br \/>\nGritan con \u00e9l sus compa\u00f1eros siguiendo sus voces de triunfo,<br \/>\ny el otro a su vez, muriendo: \u00abVencedor seas quien seas,<br \/>\nno te alegrar\u00e1s mucho sin que sea yo vengado; hados iguales<br \/>\nte est\u00e1n aguardando y ocupar\u00e1s pronto este mismo suelo.\u00bb<br \/>\nY a \u00e9l Mecencio, con sonrisa mezclada de ira:<br \/>\n\u00abMuere t\u00fa de momento. En cuanto a m\u00ed, el rey padre<br \/>\nde dioses y hombres ver\u00e1.\u00bb Esto diciendo arranc\u00f3 la lanza de su cuerpo.<br \/>\nUn duro descanso cay\u00f3 sobre los ojos de Orodes y un sue\u00f1o<br \/>\nde hierro, se apaga su luz para una noche eterna.<br \/>\nC\u00e9dico a Alc\u00e1too mata, Sacr\u00e1tor a Hidaspes<br \/>\ny Rap\u00f3n a Partensio y a Orses dur\u00edsimo de fuerzas,<br \/>\nMesapo a Clonio y a Eriquetes Licaonio,<br \/>\na uno cuando en tierra yac\u00eda arrojado de su caballo sin freno,<br \/>\ny al otro a pie. A pie tambi\u00e9n se hab\u00eda adelantado<br \/>\nAgis el licio, a quien derriba sin embargo V\u00e1lero lleno del valor<br \/>\nde sus mayores, y a Tronio Salio y a Salio Nealces<br \/>\ncon ardides, con la lanza y la flecha que sorprende de lejos.<br \/>\nYa un grave Marte el duelo igualaba y las muertes<br \/>\nde todos; iguales mataban y ca\u00edan iguales<br \/>\nvencedores y vencidos y ni unos ni otros conoc\u00edan la huida.<br \/>\nLos dioses en la mansi\u00f3n de Jove lamentan ira tan vana<br \/>\nde ambos y que sufrieran los mortales fatigas tan grandes;<br \/>\na un lado Venus y al contrario mira Juno Saturnia.<br \/>\nP\u00e1lida Tis\u00edfone se enfurece en medio de tantos millares.<br \/>\nMecencio, por fin, blandiendo su enorme lanza,<br \/>\navanza por el campo como un torbellino. Grande como Ori\u00f3n<br \/>\ncuando anda abri\u00e9ndose camino por las aguas<br \/>\nsin fondo de Nereo y saca el hombro de las olas<br \/>\no con a\u00f1oso tronco que cogi\u00f3 en lo alto de los montes<br \/>\navanza por tierra ocultando su cabeza entre las nubes;<br \/>\ntal se presenta Mecencio con vastas armas.<br \/>\nEn su contra se dispone a marchar Eneas, que de lejos<br \/>\nlo ha visto en la formaci\u00f3n. El otro impert\u00e9rrito se planta<br \/>\naguardando al magn\u00e1nimo enemigo y en pie con su gran mole,<br \/>\ny luego que midi\u00f3 con la vista el alcance que la lanza precisaba:<br \/>\n\u00ab \u00a1Mi diestra, mi \u00fanico dios, y el dardo que a lanzar me dispongo<br \/>\nme asistan ahora! Voto hacer de ti, Lauso, un trofeo<br \/>\nrevisti\u00e9ndote con los despojos que arranque de Eneas,<br \/>\ndel ladr\u00f3n.\u00bb Dijo, y de lejos dispar\u00f3 su lanza<br \/>\nestridente. Ella, volando, rebot\u00f3 en el escudo y, lejos,<br \/>\nse fue a clavar entre el costado y los ijares del egregio Antor,<br \/>\nde Antor el compa\u00f1ero de H\u00e9rcules que enviado por Argos<br \/>\nse hab\u00eda unido a Evandro y en la ciudad \u00edtala se hab\u00eda instalado.<br \/>\nCae el desgraciado por la herida de otro y al cielo<br \/>\nmira y recuerda la dulce Argos mientras se muere.<br \/>\nLanza entonces su dardo el piadoso Eneas, que atraviesa<br \/>\nel cavo c\u00edrculo de triple bronce, las capas de lino y el trabajo<br \/>\ntejido de tres pieles de toro y en lo profundo se asienta<br \/>\nde la ingle, mas no se llev\u00f3 sus fuerzas. R\u00e1pido saca<br \/>\nEneas del muslo la espada gozoso al ver la sangre<br \/>\ndel tirreno y persigue decidido al que se tambalea.<br \/>\nGimi\u00f3 profundamente por amor a su padre querido<br \/>\ncuando lo vio Lauso, y las l\u00e1grimas rodaron por su cara<br \/>\n(aqu\u00ed la desgracia de una dura muerte y tus gloriosas gestas,<br \/>\nsi el tiempo ha de otorgar confianza a empresa tan grande,<br \/>\nno he de callar en verdad ni a ti, joven digno de memoria);<br \/>\naqu\u00e9l retrocediendo in\u00fatil y trabado se retiraba<br \/>\ny trataba de arrancar de su escudo la lanza enemiga.<br \/>\nSe lanz\u00f3 el joven y se interpuso entre las armas<br \/>\ny, cuando alzaba ya su diestra y el golpe asestaba,<br \/>\nse meti\u00f3 bajo el filo de Eneas y lo aguant\u00f3,<br \/>\nretras\u00e1ndole; le secundan los compa\u00f1eros con gran griter\u00edo<br \/>\nmientras escapa el padre bajo el peque\u00f1o escudo del hijo,<br \/>\ny arrojan sus flechas y entorpecen de lejos al enemigo<br \/>\ncon sus dardos. Eneas se enfurece y se mantiene a cubierto.<br \/>\nY como cuando descargan las nubes con granizo<br \/>\nabundante y todo el que ara huye por los campos<br \/>\ny todo campesino y en seguro refugio se esconde el caminante<br \/>\no en las orillas del r\u00edo o bajo el arco de un alto pe\u00f1asco,<br \/>\nmientras llueve en las tierras, para poder con el regreso del sol<br \/>\naprovechar el d\u00eda: as\u00ed por todas partes rodeado de dardos<br \/>\naguanta Eneas la nube de la guerra mientras todo<br \/>\ndescarga, y a Lauso increpa y a Lauso amenaza:<br \/>\n\u00ab\u00bfA d\u00f3nde corres a morir, osando m\u00e1s de lo que puedes?<br \/>\nTu amor te enga\u00f1a, incauto..\u00bb Y no menos \u00e9l<br \/>\nsalta enloquecido y sube m\u00e1s alto la ira<br \/>\ncruel del caudillo dardanio, y recogen las Parcas<br \/>\nlos cabos de los hilos de Lauso. Pues clava su fuerte espada<br \/>\nEneas y al joven atraviesa y la oculta del todo,<br \/>\ny pas\u00f3 la hoja el escudo, arma ligera de un valiente,<br \/>\ny la t\u00fanica que su madre hab\u00eda bordado con blando oro,<br \/>\ny la sangre llen\u00f3 sus pliegues; entonces la vida por las auras<br \/>\nse retir\u00f3 afligida a los Manes y dej\u00f3 su cuerpo.<br \/>\nMas cuando vio la mirada y el rostro del que mor\u00eda,<br \/>\nel rostro asombrosamente p\u00e1lido, el hijo de Anquises<br \/>\ngimi\u00f3 con grave compasi\u00f3n y le tendi\u00f3 su diestra<br \/>\ny a su mente acudi\u00f3 la imagen piadosa de su padre.<br \/>\n\u00ab\u00bfQu\u00e9 te dar\u00e1 ahora, pobre muchacho, por tus haza\u00f1as,<br \/>\nqu\u00e9 darte puede el piadoso Eneas adecuado a tan gran alma?<br \/>\nQu\u00e9date con tus armas, de las que te alegrabas, y te env\u00edo<br \/>\na los Manes y a la ceniza de tus padres, si eso te preocupa.<br \/>\nCon esto aliviar\u00e1s, infeliz, tu muerte desgraciada:<br \/>\ncaes por la diestra del gran Eneas.\u00bb Llama al punto<br \/>\na los vacilantes compa\u00f1eros y alza del suelo a Lauso,<br \/>\nmanchados de sangre sus bien peinados cabellos.<br \/>\nEntretanto su padre junto a las aguas del r\u00edo Tiberino<br \/>\nresta\u00f1aba con el l\u00edquido sus heridas y aliviaba su cuerpo<br \/>\napoyado en el tronco de un \u00e1rbol. Su yelmo de bronce<br \/>\ncuelga, lejos, de una rama y en el prado descansan las armas m\u00e1s pesadas.<br \/>\nLe rodean en pie j\u00f3venes escogidos; \u00e9l mismo herido, jadeante,<br \/>\nda reposo a su cuello, desparramada por el pecho la larga barba;<br \/>\nmucho pregunta sobre Lauso y a muchos env\u00eda<br \/>\na buscarle, que le lleven los recados de su afligido padre.<br \/>\nMas a Lauso tra\u00edan sus compa\u00f1eros sin vida sobre las armas<br \/>\nllorando, inmenso y vencido por inmensa herida.<br \/>\nDe lejos reconoci\u00f3 el lamento el coraz\u00f3n que presagia los males.<br \/>\nEnsucia sus canas con mucho polvo y al cielo<br \/>\nalza ambas palmas y se abraza a su cuerpo:<br \/>\n\u00ab\u00bfDeseo tan grande de vivir, hijo m\u00edo, de m\u00ed se ha apoderado<br \/>\ncomo para sufrir que ocupe mi puesto ante la diestra enemiga<br \/>\naqu\u00e9l al que engendr\u00e9? \u00bfPor tus heridas va a salvarse tu padre<br \/>\nviviendo por tu muerte? \u00a1Ay, que al fin ahora siento, desgraciado<br \/>\nla desgracia infortunada, al fin la herida recibida en lo m\u00e1s hondo!<br \/>\nTambi\u00e9n yo, hijo m\u00edo, mancill\u00e9 con mis cr\u00edmenes tu nombre,<br \/>\nexpulsado por odio del trono y del cetro paterno.<br \/>\nUn castigo deb\u00eda a mi patria y al rencor de los m\u00edos,<br \/>\n\u00a1lo hubiera yo pagado con mil muertes de mi vida culpable!<br \/>\nAhora estoy vivo y no abandono a\u00fan la luz y a los hombres.<br \/>\nPero lo har\u00e9.\u00bb Al tiempo que esto dice se levanta sobre el muslo<br \/>\ndolorido, y aunque le faltan las fuerzas por la profunda herida,<br \/>\nsin flaquear ordena que le traigan el caballo. \u00c9ste era su gloria,<br \/>\n\u00e9ste su consuelo, con \u00e9l victorioso sal\u00eda de todos<br \/>\nlos combates. Se dirige al moh\u00edno y as\u00ed comienza:<br \/>\n\u00abLargo tiempo, Rebo, si algo de los mortales dura largo tiempo,<br \/>\nhemos vivido. O traer\u00e1s hoy victorioso aquellos despojos<br \/>\nensangrentados y la cabeza de Eneas, y ser\u00e1s conmigo<br \/>\nvengador de los dolores de Lauso, o, si ninguna fuerza nos abre camino,<br \/>\ncaer\u00e1s a la vez; pues en verdad no creo, valiente,<br \/>\nque sufras \u00f3rdenes de otro ni a los teucros de amos.\u00bb<br \/>\nDijo, y sentado a la grupa acomod\u00f3 los miembros<br \/>\ncomo sol\u00eda y carg\u00f3 sus manos de dardos agudos,<br \/>\nbrillando de bronce su cabeza y erizada su cresta equina.<br \/>\nAs\u00ed avanz\u00f3 raudo hacia el centro. Hierven en el mismo pecho<br \/>\nuna gran verg\u00fcenza y la locura con el dolor mezclada.<br \/>\nY entonces con gran grito a Eneas grit\u00f3 por tres veces.<br \/>\nEneas le reconoci\u00f3 al punto y alegre suplica:<br \/>\n\u00ab\u00a1As\u00ed lo quiera el padre de los dioses, as\u00ed el alto Apolo!<br \/>\n\u00a1Empieza de una vez a pelear!\u00bb<br \/>\nS\u00f3lo esto dijo y sale al encuentro del asta enemiga.<br \/>\nY el otro: \u00ab\u00bfCrees asustarme cuando a mi hijo me has robado,<br \/>\nm\u00e1s que cruel? \u00c9ste era el \u00fanico camino para perderme:<br \/>\nni a la muerte tememos ni respetamos a ninguno de los dioses.<br \/>\nD\u00e9jalo, pues vengo a morir y te traigo primero<br \/>\nestos presentes.\u00bb Dijo y dispar\u00f3 su dardo contra el enemigo;<br \/>\nluego le lanza otro y otro m\u00e1s que van volando<br \/>\nen gran giro, pero aguanta firme el escudo de oro.<br \/>\nTres vueltas cabalg\u00f3 a su alrededor hacia la izquierda<br \/>\nlanzando dardos con la mano, tres veces gira sobre s\u00ed el h\u00e9roe de Troya<br \/>\naguantando en su cubierta de bronce un bosque inmenso.<br \/>\nLuego de resistir largo tiempo, de arrancar cansado<br \/>\ntantas puntas y apurado por sostener un desigual combate,<br \/>\ntras planear muchas cosas en su pecho salta por fin y entre<br \/>\nlas cavas sienes del caballo guerrero clava su lanza.<br \/>\nSe alza sobre sus patas el cuadr\u00fapedo y con los cascos<br \/>\nsacude el aire, y cayendo sobre el jinete derribado<br \/>\nlo traba y se le viene encima de cabeza con una pata rota.<br \/>\nCon sus gritos alcanzan el cielo latinos y troyanos.<br \/>\nVuela Eneas hacia all\u00ed y desenvaina la espada<br \/>\ny, desde arriba: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ahora el agrio Mecencio<br \/>\ny la fiereza aquella de tu coraz\u00f3n?\u00bb Por respuesta, el etrusco,<br \/>\ncuando mirando al cielo se bebi\u00f3 las auras y recobr\u00f3 el sentido:<br \/>\n\u00abAmargo enemigo, \u00bfpor qu\u00e9 me gritas y amenazas de muerte?<br \/>\nNo hay delito en matarme, ni as\u00ed llegu\u00e9 al combate,<br \/>\nni mi Lauso me hizo este pacto contigo.<br \/>\nS\u00f3lo esto te pido, si algo puede pedir el enemigo derrotado:<br \/>\nque permitas que la tierra cubra mi cuerpo. S\u00e9 que acechan<br \/>\nodios amargos de los m\u00edos: al\u00e9jame de ese furor, te ruego,<br \/>\ny entr\u00e9game, compa\u00f1ero de mi hijo, al sepulcro.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed habla, y a sabiendas recibe la espada en su garganta<br \/>\ny vierte la vida sobre las armas entre olas de sangre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LIBRO X Se abre la mansi\u00f3n del todopoderoso Olimpo entretanto y llama a asamblea el padre de los dioses y rey de los hombres en la sede sid\u00e9rica de donde en lo alto todas las tierras y el campo de los Dard\u00e1nidas contempla y los pueblos latinos. 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