{"id":886,"date":"2010-11-23T02:20:43","date_gmt":"2010-11-23T00:20:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=886"},"modified":"2010-11-23T02:20:43","modified_gmt":"2010-11-23T00:20:43","slug":"la-eneida-viii-virgilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-eneida-viii-virgilio\/","title":{"rendered":"La Eneida (VIII) [Virgilio]"},"content":{"rendered":"<p><strong>LIBRO VIII<\/strong><\/p>\n<p>Cuando la ense\u00f1a de la guerra sac\u00f3 Turno<br \/>\ndel alc\u00e1zar laurente y resonaron los cuernos con ronco canto<br \/>\ny cuando azuz\u00f3 los fogosos caballos y llam\u00f3 a las armas,<br \/>\nturbados al punto los \u00e1nimos, en seguida en agitado tumulto<br \/>\nel Lacio entero se juramenta y la juventud se levanta<br \/>\nfiera. Primero los caudillos Mesapo y Ufente<br \/>\ny Mecencio despreciador de los dioses, de todas partes re\u00fanen<br \/>\nayuda y dejan los dilatados campos sin cultivadores.<br \/>\nSe env\u00eda tambi\u00e9n a V\u00e9nulo a la ciudad del gran Diomedes<br \/>\npara pedir refuerzos y que informe de que en Lacio los teucros<br \/>\nse han instalado, de que Eneas ha arribado con su flota y los Penates<br \/>\nderrotados trae y dice que los hados lo han elegido<br \/>\ncomo rey, y de que muchos pueblos al h\u00e9roe se han unido<br \/>\ndardanio y que su nombre crece asombrosamente en el Lacio.<br \/>\nQu\u00e9 pretende con estas empresas, qu\u00e9 final del combate<br \/>\ndesea si la suerte le ayuda, m\u00e1s claro estar\u00eda<br \/>\npara \u00e9l mismo que para el rey Turno o para el rey Latino.<br \/>\nEsto por el Lacio. Al ver as\u00ed las cosas el h\u00e9roe<br \/>\nlaomedontio vacila entre gran oleaje de cuitas,<br \/>\ny raudo su \u00e1nimo hacia aqu\u00ed o hacia all\u00ed se divide<br \/>\ny a muchas partes lo lleva y a todo da vueltas.<br \/>\nIgual en el agua de una vasija de bronce cuando la tr\u00e9mula luz<br \/>\nreflejada por el sol o por la imagen de la luna brillante<br \/>\nrevolotea por todos los lugares y ya al aire<br \/>\nse eleva y hiere en lo alto del techo el artesonado.<br \/>\nEra la noche y un profundo sopor se hab\u00eda apoderado<br \/>\npor las tierras todas de los cansados animales, aves o ganados,<br \/>\ncuando el padre en la ribera bajo la b\u00f3veda del \u00e9ter helado,<br \/>\nEneas, turbado su pecho por una triste guerra,<br \/>\nse acost\u00f3 y concedi\u00f3 a sus miembros tard\u00edo descanso.<br \/>\nLe pareci\u00f3 que el propio dios del lugar, Tiberino<br \/>\nde amena corriente, como un anciano se alzaba entre las hojas<br \/>\nde los \u00e1lamos (leve de glauco manto lo cubr\u00eda<br \/>\ny su cabello umbrosa ca\u00f1a lo coronaba);<br \/>\nque as\u00ed le hablaba luego y borraba sus cuitas con estas palabras:<br \/>\n\u00abOh, de una raza de dioses engendrado que de los enemigos<br \/>\nnos rescatas la troyana ciudad y salvas la P\u00e9rgamo eterna,<br \/>\nesperado en el suelo laurente y en los predios latinos:<br \/>\n\u00e9sta ser\u00e1 tu casa segura, tus seguros Penates (no te rindas).<br \/>\nNi te asusten amenazas de guerra; abajo se vinieron<br \/>\ntodo el enojo de los dioses y sus iras.<br \/>\nY t\u00fa mismo, para que no creas que el sue\u00f1o te forma im\u00e1genes falsas,<br \/>\nencontrar\u00e1s bajo las encinas de la orilla una enorme cerda blanca<br \/>\nechada en el suelo, reci\u00e9n parida de treinta<br \/>\ncabezas, con las blancas cr\u00edas en torno a sus ubres.<br \/>\n[\u00c9ste ser\u00e1 el lugar de tu ciudad, \u00e9se el seguro descanso a tus fatigas,]<br \/>\nde donde con el correr de tres veces diez a\u00f1os la ciudad<br \/>\nAscanio fundar\u00e1 de ilustre nombre, Alba.<br \/>\nNo te anuncio cosas no seguras. Ahora escucha que te muestre<br \/>\nbrevemente c\u00f3mo has de salir victorioso de estas empresas.<br \/>\nEn estas orillas los arcadios, pueblo que viene de Palante,<br \/>\ncompa\u00f1eros del rey Evandro que sus ense\u00f1as siguieron,<br \/>\neligieron el lugar y en los montes la ciudad pusieron<br \/>\nque por su antepasado Palante llamaron Palanteo.<br \/>\n\u00c9stos guerras continuas hacen con el pueblo latino;<br \/>\ns\u00famalos a tu campamento como aliados y haz un pacto.<br \/>\nYo mismo he de llevarte por mis riberas y la senda de mi corriente,<br \/>\npara que de abajo arriba superes las aguas con tus remos.<br \/>\nVamos, venga, hijo de la diosa, y en cuanto caigan las primeras estrellas<br \/>\nda piadoso tus preces a Juno y vence con tus votos suplicantes<br \/>\nsu ira y amenazas. Acu\u00e9rdate de honrarme cuando seas<br \/>\nel vencedor. Yo soy el que ves a plena corriente<br \/>\nabrazar las orillas y cortar f\u00e9rtiles sembrados,<br \/>\ncer\u00faleo Tiber, r\u00edo grat\u00edsimo al cielo.<br \/>\n\u00c9sta es mi gran morada, sale mi cabeza de escarpadas ciudades.\u00bb<br \/>\nDijo, y al punto el r\u00edo se ocult\u00f3 en lo profundo de las aguas<br \/>\nel fondo buscando; la noche y el sue\u00f1o dejaron a Eneas.<br \/>\nSe levanta y mirando la luz naciente del sol<br \/>\net\u00e9reo toma agua del r\u00edo seg\u00fan el rito en el hueco<br \/>\nde sus manos y vierte al aire estas palabras:<br \/>\n\u00abNinfas, Ninfas laurentes, de donde el linaje de los r\u00edos,<br \/>\ny t\u00fa, padre T\u00edber de sagrada corriente,<br \/>\namparad a Eneas y alejadle por fin de peligros.<br \/>\nSean los que sean los lagos que en tu fuente te tienen,<br \/>\npiadoso con mis fatigas, sea el que sea el suelo del que bell\u00edsimo surges,<br \/>\nsiempre en mis honras, siempre ser\u00e1s celebrado con mis dones,<br \/>\ncorn\u00edgero r\u00edo que reinas en las aguas de Hesperia.<br \/>\nAs\u00edsteme s\u00f3lo y confirma tu numen m\u00e1s a\u00fan.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed le habla y escoge de las naves dos birremes<br \/>\ny para el remo las prepara y al tiempo arma a sus compa\u00f1eros.<br \/>\nY mira por d\u00f3nde, s\u00fabita aparici\u00f3n y asombrosa a los ojos,<br \/>\nuna cerda blanca con sus cr\u00edas del mismo color<br \/>\nse recuesta en el bosque y aparece en la verde ribera:<br \/>\nen tu honor, precisamente para ti, Juno soberana, Eneas piadoso<br \/>\nla lleva en sacrificio al altar con su piara y la inmola.<br \/>\nEsa noche, larga como era, aplac\u00f3 el T\u00edber su hinchada<br \/>\ncorriente y se fren\u00f3 en olas calladas refluyendo,<br \/>\npara que a la manera de un tranquilo estanque y una pl\u00e1cida laguna<br \/>\nse tendiera la superficie de sus aguas sin resistirse al remo.<br \/>\nAs\u00ed que apresuran el camino emprendido con rumor favorable;<br \/>\npor los vados se desliza la untosa madera y se pasman las olas,<br \/>\nse pasma el bosque que hace tiempo no ve el brillar<br \/>\nde los escudos de los soldados ni el bogar de pintadas naves por el r\u00edo.<br \/>\nEllos fatigan la noche y el d\u00eda con sus remos<br \/>\ny superan largos meandros cubiertos de variados<br \/>\n\u00e1rboles y por la pl\u00e1cida llanura cortan las verdes selvas.<br \/>\nEl sol de fuego hab\u00eda alcanzado el centro de su \u00f3rbita en el cielo<br \/>\ncuando ven a lo lejos los muros y el alc\u00e1zar y unos cuantos<br \/>\ntejados de casas que hoy el poder romano hasta el cielo<br \/>\nha elevado y entonces, humildes posesiones, Evandro ten\u00eda.<br \/>\nEnfilan ansiosos las proas y a la ciudad se acercan.<br \/>\nJusto aquel d\u00eda el rey arcadio honras solemnes<br \/>\nal gran hijo de Anfitri\u00f3n y a los dioses estaba ofreciendo<br \/>\nen el bosque, delante de la ciudad. Con \u00e9l su hijo Palante,<br \/>\ncon \u00e9l lo mejor de los j\u00f3venes, todos, y un humilde senado<br \/>\nincienso ofrec\u00edan, y la tibia sangre humeaba en los altares.<br \/>\nCuando vieron deslizarse las altas naves y a ellos entre lo negro<br \/>\ndel bosque volcados sobre los remos en silencio,<br \/>\nse asustan ante la escena inesperada y se levantan todos<br \/>\ndejando las mesas. El audaz Palante les impide<br \/>\nromper el sacrificio y tomando sus flechas sale raudo al encuentro,<br \/>\ny de lejos, desde una altura, dice: \u00abJ\u00f3venes, \u00bfqu\u00e9 motivo<br \/>\nos obliga a probar rutas desconocidas? \u00bfA d\u00f3nde os dirig\u00eds?<br \/>\n\u00bfDe qui\u00e9n sois? \u00bfD\u00f3nde vuestra casa? \u00bfPaz nos tra\u00e9is o armas?\u00bb<br \/>\nEntonces as\u00ed dice el padre Eneas desde la alta popa,<br \/>\ny tiende en su mano la rama de olivo de la paz:<br \/>\n\u00abGente de Troya ves y armas enemigas de los latinos,<br \/>\nquienes han hecho a unos fugitivos con orgullosa guerra.<br \/>\nA Evandro buscamos. Cont\u00e1dselo y decidle que escogidos<br \/>\ncaudillos de Dardania han llegado en busca de armas aliadas.\u00bb<br \/>\nSe qued\u00f3 Palante estupefacto, asombrado de gloria tama\u00f1a.<br \/>\n\u00abDesciende, seas quien seas -dice-, y en presencia de mi padre<br \/>\nhabla y entra como hu\u00e9sped en nuestros penates.\u00bb<br \/>\nY le recibi\u00f3 con sus manos y le estrech\u00f3 la diestra en un abrazo;<br \/>\nandando se meten en el bosque y abandonan el r\u00edo.<br \/>\nHabla entonces Eneas al rey con palabras de amigo:<br \/>\n\u00abEl mejor de los griegos, a quien quiso Fortuna que yo suplicase<br \/>\ny le tendiera los ramos atados con las cintas sagradas,<br \/>\nno he sentido miedo alguno, porque seas jefe de d\u00e1naos y arcadio,<br \/>\nni porque por tu estirpe est\u00e9s unido a ambos Atridas;<br \/>\nque a m\u00ed mi propio valor y los santos or\u00e1culos de los dioses<br \/>\ny el parentesco de los padres, tu fama por el mundo extendida,<br \/>\nme han unido a ti y aqu\u00ed me han tra\u00eddo de acuerdo con mis hados.<br \/>\nD\u00e1rdano, padre primero de la ciudad de Ili\u00f3n y fundador,<br \/>\nnacido, como ense\u00f1an los griegos, de la Atl\u00e1ntide Electra,<br \/>\narrib\u00f3 al pa\u00eds de los teucros: el gigantesco Atlante a Electra<br \/>\nengendr\u00f3, el que sostiene en sus hombros los orbes et\u00e9reos.<br \/>\nVuestro padre es Mercurio, a quien pari\u00f3, engendrado<br \/>\nen la helada cima del Cilene, blanqu\u00edsima Maya.<br \/>\nMas, si hemos de creer lo que se cuenta, a Maya Atlante<br \/>\nla engendra, el mismo Atlante que levanta los astros del cielo.<br \/>\nAs\u00ed pues, procede la raza de ambos de una sola sangre.<br \/>\nPor ello confiado no envi\u00e9 mensajeros ni con rodeos<br \/>\ntrat\u00e9 de entrar en contacto contigo; a m\u00ed, a m\u00ed yo mismo<br \/>\ny mi propia persona mand\u00e9 y vine suplicante hasta tu puerta.<br \/>\nLos mismos que a ti, el pueblo daunio, con guerra cruel<br \/>\nme persiguen; creen que si nos echan nada habr\u00e1<br \/>\nque les impida someter por entero a su yugo la Hesperia toda,<br \/>\ny hacerse con el mar que por arriba la ba\u00f1a y por abajo.<br \/>\nRecibe mi palabra y dame la tuya. Son duros nuestros pechos<br \/>\nen la guerra; un coraz\u00f3n tenemos y una juventud ya probados.\u00bb<br \/>\nHab\u00eda dicho Eneas. Aqu\u00e9l el rostro y los ojos al hablar<br \/>\nhac\u00eda rato y todo su cuerpo recorr\u00eda con la mirada.<br \/>\nDice as\u00ed entonces brevemente: \u00ab\u00a1Con qu\u00e9 alegr\u00eda, el m\u00e1s valiente de los teucros,<br \/>\nte recibo y te reconozco! \u00a1C\u00f3mo me recuerdas las palabras<br \/>\nde tu padre y la voz del gran Anquises y su cara!<br \/>\nPues recuerdo que a visitar el reino de su hermana Hes\u00edone<br \/>\nPr\u00edamo Laomedont\u00edada yendo a Salamina<br \/>\nnunca dejaba de recorrer el helado territorio de Arcadia.<br \/>\nMe vest\u00eda entonces de flor las mejillas la juventud primera<br \/>\ny admiraba a los caudillos teucros y al mismo Laomedont\u00edada<br \/>\nadmiraba, pero por encima de todos iba<br \/>\nAnquises. Mi coraz\u00f3n se inflamaba de ansia juvenil<br \/>\npor hablar al h\u00e9roe y unir mi diestra con su diestra;<br \/>\nme acerqu\u00e9 y ansioso lo conduje al pie de las murallas de Feneo.<br \/>\n\u00c9l una hermosa aljaba y unas flechas licias<br \/>\nal partir me dej\u00f3 y una cl\u00e1mide bordada en oro<br \/>\ny dos bocados de oro que guarda hoy mi hijo Palante.<br \/>\nAs\u00ed que la diestra que ped\u00eds, unida me est\u00e1 en un pacto<br \/>\ny, en cuanto la luz de ma\u00f1ana regrese a las tierras,<br \/>\nalegres os despedir\u00e9 con mi ayuda y os ofrecer\u00e9 mis recursos.<br \/>\nMientras tanto este sacrificio anual que no puede dejarse,<br \/>\nya que aqu\u00ed hab\u00e9is venido como amigos, celebrad de buen grado<br \/>\ncon nosotros, y ya desde hoy acostumbraos a la mesa de vuestros aliados.\u00bb<br \/>\nDicho que hubo esto, viandas ordena y reponer las vasos<br \/>\nretirados, y \u00e9l mismo dispone a los hombres en asiento de hierba,<br \/>\ny acoge en especial a Eneas en un lecho y en la vellosa<br \/>\npiel de un le\u00f3n y lo honra con un trono de arce.<br \/>\nLuego j\u00f3venes escogidos y el sacerdote llevan a porf\u00eda<br \/>\nal altar las entra\u00f1as asadas de los toros y cargan en cestas<br \/>\nlos presentes de la fatigosa Ceres, y Baco sirven.<br \/>\nCome Eneas y con \u00e9l la juventud troyana<br \/>\nel lomo de un buey entero y las v\u00edsceras lustrales.<br \/>\nCuando saciaron el hambre y calmaron su ansia de comer<br \/>\ndice el rey Evandro: \u00abEstos ritos solemnes,<br \/>\neste tradicional banquete, este ara de numen tan grande<br \/>\nno nos la impuso vana superstici\u00f3n e ignorante<br \/>\nde los dioses antiguos; salvados, hu\u00e9sped troyano, de crueles<br \/>\npeligros lo hacemos y renovamos honores merecidos.<br \/>\nMira en primer lugar esa roca que cuelga sobre los pe\u00f1ascos,<br \/>\nc\u00f3mo se alzan a lo lejos quebrados macizos y la morada<br \/>\ndesierta del monte y causaron los escollos ingente ruina.<br \/>\nAqu\u00ed estuvo la gruta, escondida en vasto abrigo,<br \/>\nque la figura terrible del medio humano Caco ocupaba<br \/>\ninaccesible del sol a los rayos, y siempre estaba tibio<br \/>\nel suelo de sangre reciente y de sus soberbias puertas pend\u00edan<br \/>\ncabezas humanas, p\u00e1lidas de triste podredumbre.<br \/>\nEra Vulcano el padre de este monstruo: con inmensa mole<br \/>\navanzaba arrojando sus negras llamas por la boca.<br \/>\nMas quiso un d\u00eda la ocasi\u00f3n satisfacer nuestro deseo<br \/>\ny brindarnos ayuda y la llegada de un dios. Y el gran vengador<br \/>\norgulloso de la muerte del triple Geri\u00f3n y sus despojos,<br \/>\nAlcides, lleg\u00f3 trayendo hasta aqu\u00ed, vencedor, los toros<br \/>\nenormes, y llenaban sus bueyes el valle y el r\u00edo.<br \/>\nPero la mente fiera del ladr\u00f3n Caco, por nada dejar<br \/>\nde crimen o enga\u00f1o sin osar o probar,<br \/>\nsac\u00f3 de sus pesebres cuatro toros de hermosa<br \/>\nfigura y otras tantas novillas con mejor aspecto,<br \/>\ny a todos ellos, para no dejar huellas de la marcha de sus pasos,<br \/>\narrastrados por la cola a la cueva y con las marcas de las patas<br \/>\nal rev\u00e9s, los ocultaba el raptor en su ciega guarida;<br \/>\nninguna se\u00f1al llevaba al que buscase a la cueva.<br \/>\nMientras tanto, cuando ya sus ganados saciados sacaba<br \/>\nde sus corrales el hijo de Anfitri\u00f3n y preparaba la marcha,<br \/>\nmugieron al partir los bueyes y se llen\u00f3 el bosque entero<br \/>\nde sus quejas y con tal clamor dejaban las colinas.<br \/>\nCon su voz contest\u00f3 una de las vacas y en la vasta caverna<br \/>\nmugi\u00f3 y, aun guardada, defraud\u00f3 la esperanza de Caco.<br \/>\nEntonces la c\u00f3lera de Alcides se inflam\u00f3 de furia<br \/>\ny de negra bilis: coge sus armas y la maza cargada<br \/>\nde nudos, y se marcha corriendo a lo alto del monte elevado.<br \/>\nVieron en ese momento por vez primera los nuestros a Caco temblar<br \/>\ny con ojos turbados: escapa al punto m\u00e1s r\u00e1pido que el Euro<br \/>\ny busca su gruta; el terror en sus pies puso alas.<br \/>\nCuando se encerr\u00f3 y liber\u00f3 las cadenas rompiendo<br \/>\nel enorme pe\u00f1asco que colgaba con hierros y el arte<br \/>\npaterna y protegi\u00f3 con su mole la firme entrada,<br \/>\naqu\u00ed llega el Tirintio con \u00e1nimo furioso y toda<br \/>\nla entrada recorre, llevando aqu\u00ed y all\u00e1 su mirada,<br \/>\nlos dientes rechinando. Tres vueltas da hirviendo de ira<br \/>\nal monte entero del Aventino, tres veces tienta en vano<br \/>\nlos umbrales de roca, tres veces se sienta agotado en el valle.<br \/>\nSe alzaba un agudo farall\u00f3n entre rocas cortadas<br \/>\nerguido a espaldas de la cueva, alt\u00edsimo a la vista,<br \/>\nadecuado cobijo para los nidos de las aves siniestras.<br \/>\nSeg\u00fan pend\u00eda inclinado desde la cima sobre el r\u00edo de la izquierda,<br \/>\nlo sacudi\u00f3 apoy\u00e1ndose en contra hacia la derecha<br \/>\ny de sus profundas ra\u00edces lo arranc\u00f3, luego de repente<br \/>\nlo arroj\u00f3; truena con el impulso el \u00e9ter m\u00e1s alto,<br \/>\nse agitan las riberas y refluye aterrada la corriente.<br \/>\nAs\u00ed apareci\u00f3 la gruta y sin techo la enorme<br \/>\nmorada de Caco, y se abrieron del todo las sombr\u00edas cavernas,<br \/>\nno de otro modo que si el suelo, abierto por completo<br \/>\npor alguna fuerza, ofreciera las mansiones infernales y mostrase<br \/>\nlos p\u00e1lidos reinos, odiosos a los dioses, y desde lo alto se viera<br \/>\nel inmenso abismo, y temblasen los Manes por la luz recibida.<br \/>\nAs\u00ed pues, pillado de improviso por el resplandor repentino,<br \/>\ny encerrado en su cavo pe\u00f1asco y rugiendo como nunca,<br \/>\nAlcides lo acosa desde arriba con sus dardos y echa mano<br \/>\nde todas sus armas y ramas y piedras le arroja como de molino.<br \/>\nEl otro, que ya no puede escapar del peligro,<br \/>\nde sus fauces ingente humareda (asombra decirlo)<br \/>\nvomita y en ciega cal\u00edgine envuelve la casa<br \/>\nocultando su visi\u00f3n a los ojos, y llena su gruta<br \/>\nde una noche de humo con tinieblas mezcladas de fuego.<br \/>\nNo lo aguant\u00f3 Alcides y \u00e9l mismo se lanz\u00f3 de cabeza<br \/>\na trav\u00e9s del fuego, por donde m\u00e1s espeso el humo<br \/>\nagita sus ondas y bulle la enorme cueva de negra niebla.<br \/>\nSorprende aqu\u00ed a Caco en las tinieblas vanos incendios<br \/>\nvomitando y lo abraza en un nudo y lo ahoga<br \/>\ncon los ojos fuera y seca de sangre la garganta.<br \/>\nSe abre al punto la negra mansi\u00f3n arrancadas sus puertas,<br \/>\ny las vacas robadas y el bot\u00edn negado con perjurio<br \/>\nse muestran al cielo y por los pies el informe cad\u00e1ver<br \/>\nes arrastrado. No pueden hartarse los corazones de mirar<br \/>\nlos ojos terribles, el rostro y el velludo pecho<br \/>\nde cerdas de la medio fiera, y los fuegos apagados de su fauces.<br \/>\nDesde entonces celebramos su honor y la alegre descendencia<br \/>\nguard\u00f3 su d\u00eda y Potitio lo impuls\u00f3 el primero<br \/>\ny, del culto de H\u00e9rcules guardiana, la casa Pinaria<br \/>\neste ara levant\u00f3 en el bosque, a la que siempre<br \/>\nllamaremos M\u00e1xima, y que siempre ser\u00e1 la m\u00e1s grande.<br \/>\nAs\u00ed que vamos, j\u00f3venes; ce\u00f1id con ramas vuestro pelo<br \/>\ncon ocasi\u00f3n de gloria tan grande y tended con las diestras<br \/>\nvuestros vasos invocando al dios com\u00fan y ofreced el vino gustosos.\u00bb<br \/>\nHab\u00eda dicho, cuando con la sombra de H\u00e9rcules el chopo bicolor<br \/>\ncubri\u00f3 sus cabellos dejando colgar sus hojas,<br \/>\ny la copa sagrada ocup\u00f3 su diestra. R\u00e1pido todos<br \/>\nalegres liban en la mesa y rezan a los dioses.<br \/>\nSe acerca entretanto m\u00e1s V\u00e9spero a las pendientes del Olimpo.<br \/>\nY marchaban ya los sacerdotes y Potitio el primero<br \/>\nvestidos de pieles seg\u00fan la costumbre, y llevaban antorchas.<br \/>\nReanudan el banquete y llevan gratos presentes<br \/>\nde la segunda mesa y colman las aras de platos llenos.<br \/>\nLlega entonces en torno a los altares humeantes<br \/>\nel canto de los Salios, ce\u00f1idas las sienes de ramas de chopo,<br \/>\naqu\u00ed el coro de j\u00f3venes, all\u00ed el de ancianos, cantan con ritmo<br \/>\nlos gloriosas haza\u00f1as de H\u00e9rcules: c\u00f3mo en primer lugar<br \/>\nmat\u00f3, estrangul\u00e1ndolas, a las dos monstruosas serpientes de su madrastra,<br \/>\nc\u00f3mo tambi\u00e9n arras\u00f3 con la guerra ciudades egregias,<br \/>\nTroya y Ecalia; c\u00f3mo mil duros trabajos<br \/>\nllev\u00f3 a cabo bajo el rey Euristeo por los hados<br \/>\nde la inicua Juno. \u00abT\u00fa, invicto, con tu mano acabas<br \/>\ncon los bimembres hijos de las nubes, Folo e Hileo; t\u00fa de Creta<br \/>\ncon el monstruo y con el gran le\u00f3n de Nemea en su guarida.<br \/>\nAnte ti tembl\u00f3 la laguna estigia, ante ti el portero del Orco<br \/>\nechado en el antro cruento sobre huesos ro\u00eddos,<br \/>\ny no te asust\u00f3 visi\u00f3n alguna, ni tampoco el propio Tifeo<br \/>\nllevando en alto sus armas, ni falto de recursos<br \/>\nla hidra de Lerna te rode\u00f3 con su legi\u00f3n de cabezas.<br \/>\nSalve, reto\u00f1o verdadero de Jove, nueva prez de los dioses,<br \/>\ny con paso alegre propicio ven a nosotros y a tus sacrificios.\u00bb<br \/>\nEsto celebran en sus cantos; a\u00f1aden adem\u00e1s la gruta<br \/>\nde Caco y a \u00e9l tambi\u00e9n fuego respirando.<br \/>\nResuena todo el bosque con el estr\u00e9pito y lo devuelven los collados.<br \/>\nDespu\u00e9s, cumplidos los oficios divinos todos juntos<br \/>\na la ciudad vuelven. Iba el rey vencido por su edad,<br \/>\ny llevaba a Eneas a su lado de compa\u00f1eros y a su hijo<br \/>\nal caminar y hac\u00eda grata la marcha con amena charla.<br \/>\nSe asombra Eneas y lleva sus ojos dispuestos por cuanto<br \/>\nle rodea, cautivo del lugar, alegre por todo<br \/>\npregunta y escucha las historias de los antepasados.<br \/>\nY en eso el rey Evandro, fundador de la ciudadela romana:<br \/>\n\u00abEstos bosques habitaban los Faunos del lugar y las Ninfas<br \/>\ny una raza de hombres surgida de los troncos y la dura madera;<br \/>\ncarec\u00edan de cultura y de tradici\u00f3n, ni uncir los toros<br \/>\nni amontonar riqueza sab\u00edan o guardar lo ganado,<br \/>\nque las ramas y una caza mala de lograr les alimentaba.<br \/>\nSaturno lleg\u00f3 el primero del et\u00e9reo Olimpo de las armas<br \/>\nde J\u00fapiter huyendo y expulsado del reino perdido.<br \/>\n\u00c9l estableci\u00f3 a ese pueblo ind\u00f3cil y disperso sobre los altos<br \/>\nmontes y leyes les dio, y quiso que Lacio se llamara,<br \/>\nporque latente se salv\u00f3 en la seguridad de estas riberas.<br \/>\nBajo tal rey se dieron los siglos de oro<br \/>\nde que nos hablan; en tranquila paz as\u00ed gobernaba a los pueblos,<br \/>\nhasta que poco a poco la edad se hizo peor y descolorida<br \/>\ny llegaron la locura de la guerra y de tener el ansia.<br \/>\nVinieron entonces la gente de Ausonia y los pueblos sicanos,<br \/>\ny a menudo perdi\u00f3 su nombre la tierra saturnia;<br \/>\nluego los reyes y el \u00e1spero Tiber de cuerpo gigante<br \/>\ncon cuyo nombre llamamos despu\u00e9s al r\u00edo T\u00edber<br \/>\nlos \u00edtalos; perdi\u00f3 el viejo \u00c1lbula su verdadero nombre.<br \/>\nA m\u00ed, de mi patria arrojado y buscando del mar los confines,<br \/>\nhasta estos lugares Fortuna que todo lo puede me trajo<br \/>\ny el hado ineluctable; me empujaron los terribles avisos<br \/>\nde mi madre la Ninfa Carmenta y el propio dios Apolo me inspir\u00f3.\u00bb<br \/>\nApenas dijo esto, y avanzando el ara le muestra<br \/>\ny la puerta que los romanos llaman<br \/>\nCarmental, antiguo honor a la Ninfa Carmenta,<br \/>\nvidente del porvenir que anunci\u00f3 la primera<br \/>\nque grandes ser\u00edan los En\u00e9adas y noble Palanteo.<br \/>\nLuego le ense\u00f1a un gran bosque que el fiero R\u00f3mulo<br \/>\nconvirti\u00f3 en asilo y el Lupercal bajo una roca helada,<br \/>\nllamado de Pan Liceo seg\u00fan la costumbre parrasia.<br \/>\nY le ense\u00f1a asimismo el bosque del sagrado Argileto<br \/>\ny le indica el lugar y le cuenta la muerte de Argo el hu\u00e9sped.<br \/>\nDe aqu\u00ed lo conduce a la roca Tarpeya y al Capitolio<br \/>\nhoy de oro, erizado entonces de zarzas silvestres.<br \/>\nYa entonces la terrible santidad del lugar asustaba<br \/>\na los agrestes temerosos, que temblaban por su selva y su roca.<br \/>\n\u00abEste bosque -dijo-, este collado de cima frondosa<br \/>\nun dios (no se sabe qu\u00e9 dios) los habita; creen los arcadios<br \/>\nhaber visto al mismo J\u00fapiter cuando en su diestra<br \/>\nbland\u00eda la \u00e9gida negreante y amontonaba las nubes.<br \/>\nEstos dos bastiones adem\u00e1s de derribados muros<br \/>\nque ves, reliquias son y recuerdos de los antepasados.<br \/>\nEsa fortaleza el padre Jano y esa otra la fund\u00f3 Saturno;<br \/>\nuna se llamaba Jan\u00edculo y la otra Saturnia.\u00bb<br \/>\nCon tal conversaci\u00f3n se iban acercando al poblado<br \/>\ndel humilde Evandro y por todas partes mugir ve\u00edan<br \/>\nal ganado, por el foro romano y las elegantes Carinas.<br \/>\nCuando llegaron a la casa: \u00abAlcides victorioso \u2013dijo-<br \/>\npis\u00f3 estos umbrales, esta morada real lo acogi\u00f3.<br \/>\nAn\u00edmate, mi hu\u00e9sped, a despreciar el lujo y hazte t\u00fa<br \/>\ntambi\u00e9n digno de un dios y entra sin altivez en mis pobres posesiones.\u00bb<br \/>\nDijo, y condujo bajo los techos de la humilde morada<br \/>\nal grande Eneas y lo acomod\u00f3 en lecho<br \/>\nde hojas y en la piel de una osa de Libia.<br \/>\nCae la noche y abraza a la tierra con sus foscas alas.<br \/>\nVenus entonces, madre asustada en su coraz\u00f3n no sin motivo,<br \/>\nllevada de las amenazas de los laurentes y el duro tumulto<br \/>\nse dirige a Vulcano y as\u00ed comienza en el t\u00e1lamo \u00e1ureo<br \/>\nde su esposo, infundi\u00e9ndole divino amor con sus palabras:<br \/>\n\u00abMientras los reyes de Argos P\u00e9rgamo devastaban,<br \/>\nque se les deb\u00eda, y las torres que hab\u00edan de caer bajo el fuego enemigo,<br \/>\nni armas ni auxilio alguno demand\u00e9 para los desgraciados<br \/>\nde tu arte y tus ma\u00f1as, ni quise, querid\u00edsimo esposo,<br \/>\nque in\u00fatilmente ejercitaras tu trabajo<br \/>\naunque mucho deb\u00eda a los hijos de Pr\u00edamo<br \/>\ny a menudo llor\u00e9 la esforzada tarea de Eneas.<br \/>\nHoy anda en las riberas de los r\u00fatulos por mandato de Jove;<br \/>\nas\u00ed que, la misma, vengo suplicante y te pido, madre para mi hijo,<br \/>\narmas, numen sagrado. A ti pudo la hija de Nereo,<br \/>\nla esposa de Titono pudo con sus l\u00e1grimas ablandarte.<br \/>\nMira qu\u00e9 pueblos se re\u00fanen, qu\u00e9 murallas afilan<br \/>\nel hierro tras sus puertas cerradas contra m\u00ed y los m\u00edos.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed dijo con sus brazos de nieve aqu\u00ed y all\u00e1 la diosa<br \/>\nanima al que duda en abrazo suave. \u00c9l, sorprendido,<br \/>\nrecibi\u00f3 la conocida llama, y un calor familiar<br \/>\npenetr\u00f3 sus m\u00e9dulas y corri\u00f3 por sus huesos derretidos,<br \/>\nno de otro modo que cuando, rota por el trueno corusco,<br \/>\nla chispa de fuego brillando recorre con su luz las nubes;<br \/>\nlo not\u00f3, satisfecha de su ma\u00f1a y segura la esposa de su belleza.<br \/>\nHabla entonces el padre vencido por amor eterno:<br \/>\n\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 buscas lejos las causas? \u00bfA d\u00f3nde fue, diosa,<br \/>\ntu confianza en m\u00ed? Si tu cuidado hubiera sido semejante,<br \/>\naun entonces se nos habr\u00eda permitido armar a los teucros;<br \/>\nni el padre todopoderoso ni los hados vetaban que Troya<br \/>\nsiguiera levantada y Pr\u00edamo viviera otros diez a\u00f1os.<br \/>\nY ahora, si quieres combatir y \u00e9sa es tu voluntad<br \/>\ncuanto cuidado puedo prometer en mi arte,<br \/>\ncuanto puede sacarse del hierro o el l\u00edquido electro,<br \/>\ncuanto valen los fuegos y las forjas, no dudes<br \/>\nen tus fuerzas para lograrlo.\u00bb Con esas palabras<br \/>\nle dio los ansiados abrazos y derretido en el regazo<br \/>\nde su esposa busc\u00f3 el pl\u00e1cido sopor en sus miembros.<br \/>\nLuego, cuando el descanso primero hab\u00eda expulsado al sue\u00f1o,<br \/>\nen el centro ya del curso de la noche avanzada, justo cuando la mujer,<br \/>\na quien se ha impuesto pasar la vida con la delicada Minerva<br \/>\ny la rueca, las cenizas aviva y el fuego dormido<br \/>\nsumando la noche a sus tareas, y a la l\u00e1mpara fatiga con pesado<br \/>\ntrabajo a sus sirvientes para casto guardar el lecho<br \/>\ndel esposo y poder criar a sus hijos peque\u00f1os:<br \/>\nno de otro modo el se\u00f1or del fuego ni en esa ocasi\u00f3n m\u00e1s perezoso<br \/>\nsalta del blando lecho a su trabajo de artesano.<br \/>\njunto a la costa sicana y a la L\u00edpara eolia una isla<br \/>\nse alza erizada de pe\u00f1ascos humeantes,<br \/>\nbajo la cual truenan la gruta y de los C\u00edclopes los antros etneos<br \/>\ncorro\u00eddos de chimeneas y se oyen los golpes que arrancan<br \/>\ngemidos a los yunques y en las cavernas rechinan<br \/>\nlas barras de los c\u00e1libes y el fuego respira en los hornos,<br \/>\nde Vulcano morada y tierra de Vulcano por su nombre.<br \/>\nAqu\u00ed baja entonces el se\u00f1or del fuego de lo alto del cielo.<br \/>\nEl hierro trabajaban los C\u00edclopes en su vasta guarida,<br \/>\nBrontes y Est\u00e9ropes y Piragm\u00f3n con el cuerpo desnudo.<br \/>\nocupados estaban en terminar, en parte ya pulido,<br \/>\nun rayo de los muchos que lanza el padre por todo el cielo<br \/>\na la tierra; otra parte estaba a\u00fan sin acabar.<br \/>\nHab\u00edan a\u00f1adido tres puntas retorcidas de lluvia, tres de nube<br \/>\nde agua, tres del rojo fuego y del alado Austro.<br \/>\nFulgores horr\u00edficos y trueno y espanto a\u00f1ad\u00edan ahora<br \/>\na su trabajo y las iras a las llamas tenaces.<br \/>\nEn otro lado preparaban a Marte su carro y las ruedas<br \/>\nveloces, con las que a las ciudades provoca y a los hombres;<br \/>\ny la \u00e9gida terrible, arma de la enojada Palas,<br \/>\nse esforzaban en cubrir de escamas de serpientes y de oro,<br \/>\ny las culebras enlazadas y la misma Gorgona en el pecho<br \/>\nde la diosa haciendo girar sus ojos sobre el cuello cortado.<br \/>\n\u00abRetirad todo -dijo-, dejad los trabajos empezados,<br \/>\nC\u00edclopes del Etna, y atenci\u00f3n prestadme:<br \/>\narmas hay que hacer para un hombre valiente. Ahora precisa es<br \/>\nla fuerza, ahora las r\u00e1pidas manos y el arte magistral.<br \/>\nEvitad todo retraso.\u00bb Y nada m\u00e1s dijo, y ellos<br \/>\nraudos se pusieron al trabajo distribuyendo la tarea<br \/>\na suertes. Mana el bronce en arroyos y el metal del oro<br \/>\ny se licua el acero mortal en la vasta fragua.<br \/>\nForjan un escudo enorme, que s\u00f3lo se valga contra todos<br \/>\nlos dardos de los latinos, y unen con fuerza<br \/>\nlas siete capas. Unos en fuelles de viento las auras<br \/>\ncogen y devuelven, otros los estridentes bronces<br \/>\ntemplan en un lago: gime la caverna con el batir de los yunques.<br \/>\nEllos alternadamente con mucha fuerza levantan con ritmo<br \/>\nlos brazos y hacen girar la masa con segura tenaza.<br \/>\nMientras el padre Lemnio apresura el trabajo en las costas eolias,<br \/>\nla luz sustentadora saca a Evandro de su humilde morada<br \/>\ny el canto ma\u00f1anero de los p\u00e1jaros bajo su tejado.<br \/>\nSe levanta el anciano y reviste con la t\u00fanica el cuerpo<br \/>\ny anuda a sus pies las sandalias tirrenas.<br \/>\nSe ci\u00f1e entonces al costado y los hombros la espada tegea<br \/>\ncolgando del izquierdo una piel de pantera que le cubre la espalda.<br \/>\nDesde el alto umbral tambi\u00e9n dos guardianes<br \/>\nmarchan delante y acompa\u00f1an los perros el paso de su amo.<br \/>\nBuscaba el lugar y los aposentos de Eneas, su hu\u00e9sped,<br \/>\nrecordando el h\u00e9roe sus palabras y la ayuda ofrecida.<br \/>\nY no menos madrugador andaba Eneas;<br \/>\na uno le acompa\u00f1aba el hijo Palante, al otro Acates.<br \/>\nSe encuentran y unen sus diestras y en medio se sientan<br \/>\ndel palacio y disfrutan al fin de tranquila charla.<br \/>\nEl rey primero as\u00ed:<br \/>\n\u00abCaudillo principal de los teucros que, si vives, nunca en verdad<br \/>\ndir\u00e9 que Troya y su reino han sido derrotados:<br \/>\nen favor de nombre tan grande peque\u00f1as fuerzas tenemos<br \/>\npara auxiliarte en la guerra; de un lado nos limita el r\u00edo etrusco,<br \/>\nde otro el r\u00fatulo apremia y rodea nuestros muros con sus armas.<br \/>\nMas yo planeo unir contigo grandes pueblos y tropas<br \/>\nde reinos poderosos, ayuda que una suerte inesperada<br \/>\nnos brinda; llegas como enviado del destino.<br \/>\nNo lejos de aqu\u00ed se encuentra el lugar de la ciudad de Agila,<br \/>\nfundada sobre vetusta roca, donde un d\u00eda una raza<br \/>\nde Lidia, ilustre en la guerra, se asent\u00f3 sobre lomas etruscas.<br \/>\nLuego que floreci\u00f3 durante muchos a\u00f1os, un rey de orgulloso<br \/>\npoder y armas crueles la tuvo, Mecencio.<br \/>\n\u00bfA qu\u00e9 recordar los cr\u00edmenes infandos, a qu\u00e9 las viles haza\u00f1as<br \/>\nde un tirano? \u00a1Los guarden los dioses para \u00e9l y su estirpe!<br \/>\nSol\u00eda adem\u00e1s atar los cad\u00e1veres con los vivos<br \/>\njuntando manos con manos y bocas con bocas,<br \/>\nespantosa tortura, y en larga agon\u00eda los mataba<br \/>\ncon horrible abrazo, cubiertos de pus y de sangre.<br \/>\nMas hartos al fin los ciudadanos rodean al loco<br \/>\nde horror con sus armas, a su casa y a \u00e9l mismo,<br \/>\nmatan a sus c\u00f3mplices y lanzan antorchas a su tejado.<br \/>\n\u00c9l, escapando a la matanza, se refugi\u00f3 en los campos<br \/>\nde los r\u00fatulos y se protege con las armas de su hu\u00e9sped Turno.<br \/>\nAs\u00ed que toda Etruria se levant\u00f3 en furia justiciera<br \/>\npidiendo castigo para el rey con la ayuda de Marte.<br \/>\nA estos miles, Eneas, pondr\u00e9 bajo tu mando.<br \/>\nQue se agitan las popas apretadas por toda la ribera<br \/>\ny ordenan izar las ense\u00f1as, y los detiene cantando el futuro<br \/>\nel longevo ar\u00faspice: \u00abOh, escogida juventud de Meonia,<br \/>\nflor y virtud de h\u00e9roes antiguos, a quienes lanza contra el enemigo<br \/>\nun justo dolor y provoca Mecencio con ira merecida;<br \/>\na ning\u00fan \u00edtalo le est\u00e1 permitido mandar expedici\u00f3n tan grande,<br \/>\nbuscad caudillos extranjeros.\u00bb Acamp\u00f3 entonces el ej\u00e9rcito<br \/>\netrusco en esta llanura, asustado por los avisos del cielo.<br \/>\nEl propio Tarconte me envi\u00f3 embajadores y la corona<br \/>\ndel mando con el cetro y me encomienda las insignias;<br \/>\nque acuda al campamento y me haga cargo de los reinos tirrenos.<br \/>\nMasa m\u00ed una torpe vejez vencida por el fr\u00edo y los a\u00f1os<br \/>\nme impide mandar y unas fuerzas tard\u00edas para las haza\u00f1as.<br \/>\nA mi hijo se lo pedir\u00eda, de no ser porque tiene<br \/>\nsangre de esta patria por su madre sabina. T\u00fa, a quien favorece<br \/>\nel destino por la raza y los a\u00f1os, a quien reclaman los dioses,<br \/>\nda el paso, valeros\u00edsimo caudillo de \u00edtalos y teucros.<br \/>\nTe dar\u00e9 adem\u00e1s a mi hijo Palante, nuestro consuelo<br \/>\ny esperanza; que se acostumbre con tu magisterio<br \/>\na la milicia y la pesada tarea de Marte, a contemplar<br \/>\ntus haza\u00f1as; que desde su edad primera te admire.<br \/>\nA \u00e9l doscientos jinetes arcadios, las fuerzas mejores<br \/>\nde nuestra juventud, le dar\u00e9, y otro tanto en su nombre a ti, Palante.\u00bb<br \/>\nApenas hab\u00eda hablado, y clavados le ten\u00edan sus ojos<br \/>\nEneas el hijo de Anquises y el fiel Acates,<br \/>\ny vueltas daban en su triste pecho a graves desgracias,<br \/>\nsi no hubiera Citerea mandado su se\u00f1al a cielo abierto.<br \/>\nPues un rel\u00e1mpago de improviso lanzado desde el \u00e9ter<br \/>\nvino con el trueno y todo pareci\u00f3 agitarse de pronto<br \/>\ny mugir por el cielo el clangor de la tuba tirrena.<br \/>\nLevantan la cabeza y una y otra vez un tremendo fragor les sacude.<br \/>\nEntre las nubes, ven brillar en la regi\u00f3n serena del cielo<br \/>\nunas armas por el azul y tronar sacudidas.<br \/>\nLos dem\u00e1s se quedaron sin aliento, mas el h\u00e9roe de Troya<br \/>\nreconoci\u00f3 el sonido y las promesas de la diosa, su madre.<br \/>\nExclama entonces: \u00abEn verdad, hu\u00e9sped, no busques<br \/>\nqu\u00e9 suceso anuncia el portento: es a m\u00ed a quien llama el Olimpo.<br \/>\nEsta se\u00f1al la madre que me engendr\u00f3 me dijo que enviar\u00eda<br \/>\nsi empezaba la guerra, y las armas de Vulcano por los aires<br \/>\nque mandar\u00eda en mi auxilio.<br \/>\n\u00a1Ay! \u00a1Qu\u00e9 matanzas terribles aguardan a los pobres laurentes!<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 castigo habr\u00e1s de pagarme, Turno! \u00a1Cu\u00e1ntos escudos<br \/>\nde guerreros y yelmos y cuerpos valientes har\u00e1s rodar bajo tus aguas,<br \/>\npadre Tiber! Que guerra busquen y rompan los pactos.\u00bb<br \/>\nLuego que pronunci\u00f3 estas palabras, se alza del alto solio<br \/>\ny aviva en primer lugar las aras dormidas con los fuegos<br \/>\nde H\u00e9rcules, y alegre se acerca al Lar del d\u00eda anterior<br \/>\ny a los humildes Penates; mata Evandro igualmente<br \/>\novejas escogidas seg\u00fan la costumbre e igualmente la juventud troyana.<br \/>\nSe marcha tras esto a las naves y pasa revista a sus compa\u00f1eros<br \/>\npara escoger de entre ellos a los que le sigan a la guerra<br \/>\npor destacar en valor; los dem\u00e1s se dejan llevar<br \/>\npor la corriente y perezosos se van r\u00edo abajo<br \/>\npara llevar noticias a Ascanio de la situaci\u00f3n y de su padre.<br \/>\nSe entregan caballos a los teucros que se dirigen a los campos tirrenos;<br \/>\na Eneas le reservan uno sin sorteo, y del todo le cubre<br \/>\nuna rubia piel de le\u00f3n que brilla con u\u00f1as de oro.<br \/>\nVuela la noticia divulgada de pronto en la ciudad peque\u00f1a,<br \/>\nde que r\u00e1pido van jinetes a los umbrales del rey tirreno.<br \/>\nDe miedo redoblan las madres sus votos, y el temor crece<br \/>\nm\u00e1s a\u00fan por el peligro y m\u00e1s grande se muestra la imagen de Marte.<br \/>\nEl padre Evandro entonces se resiste abrazando la diestra<br \/>\ndel que parte, sin saciarse de l\u00e1grimas, y dice de este modo:<br \/>\n\u00abAy, si J\u00fapiter me devolviera mis a\u00f1os pasados,<br \/>\ncomo era yo cuando a las puertas de Preneste el primer ej\u00e9rcito<br \/>\naplast\u00e9 e incendi\u00e9 victorioso monta\u00f1as de escudos<br \/>\ny al T\u00e1rtaro envi\u00e9 al rey \u00c9rulo con mi diestra,<br \/>\nal que al nacer tres vidas su madre Feronia<br \/>\n(espanta decirlo) hab\u00eda dado, que deb\u00eda blandir tres armas<br \/>\ny morir de tres muertes; a \u00e9l, sin embargo, esta diestra<br \/>\ntodas sus vidas le quit\u00f3 y al tiempo le priv\u00f3 de sus armas:<br \/>\nnadie podr\u00eda arrancarme ahora de este dulce abrazo tuyo,<br \/>\nhijo m\u00edo, no Mecencio burl\u00e1ndose de este vecino suyo<br \/>\nhabr\u00eda causado tantas muertes con su espada,<br \/>\nni habr\u00eda enviudado la ciudad de tantos de sus hombres.<br \/>\nPero a vosotros os ruego, dioses de lo alto y a ti, Jove,<br \/>\nrector supremo de los dioses, piedad para este rey arcadio;<br \/>\ny escuchad las preces de un padre. Si vuestro numen,<br \/>\nsi los hados me reservan salvo a Palante,<br \/>\nsi vivo para verle y abrazarle de nuevo,<br \/>\nla vida os pido, podr\u00e9 soportar cualquier fatiga.<br \/>\nPero si tramas, Fortuna, otra salida nefanda,<br \/>\nque pueda yo dejar esta vida cruel ahora mismo,<br \/>\ncuando a\u00fan en duda est\u00e1n mis cuitas e incierta la esperanza del futuro;<br \/>\nahora que a ti, querido hijo, \u00fanico placer de mis a\u00f1os,<br \/>\nabrazado te tengo. \u00a1Que no hiera mi o\u00eddo la noticia<br \/>\nm\u00e1s triste! \u00bb Estas palabras vert\u00eda el padre en la definitiva<br \/>\ndespedida; derrumbado sus siervos a casa lo llevaban.<br \/>\nY ya hab\u00eda sacado la caballer\u00eda por las puertas abiertas<br \/>\nEneas entre los primeros y el fiel Acates,<br \/>\ny detr\u00e1s los dem\u00e1s caudillos de Troya; el mismo Palante marcha<br \/>\nen medio de la formaci\u00f3n, se\u00f1alado por su cl\u00e1mide y sus armas pintadas,<br \/>\ncomo cuando Lucifer derramado de Oc\u00e9ano en las olas,<br \/>\nal que ama Venus m\u00e1s que a los otros fuegos de los astros,<br \/>\nasoma su rostro sagrado por el cielo y disuelve la tiniebla.<br \/>\nDe pie quedan las madres asustadas en los muros y siguen con los ojos<br \/>\nla nube de polvo y la tropa de bronce reluciente.<br \/>\nEllos entre las zarzas, por donde es m\u00e1s corto el camino,<br \/>\nmarchan armados; se alza el clamor y en formaci\u00f3n perfecta<br \/>\nel casco de los caballos bate con su trotar el llano polvoriento.<br \/>\nHay junto a la helada corriente de Cere un gran bosque sagrado,<br \/>\nmuy venerado por la devoci\u00f3n de los mayores; de todas partes<br \/>\nun circo de colinas lo rodea y lo ci\u00f1e una selva de negros abetos.<br \/>\nFama es que los antiguos pelasgos lo consagraron a Silvano,<br \/>\nal dios de los predios y del ganado, el bosque y una fiesta,<br \/>\nlos que habitaron un d\u00eda los primeros la tierra latina.<br \/>\nNo lejos de aqu\u00ed Tarconte y los tirrenos con el lugar defend\u00edan<br \/>\nsu campamento, y todo su ej\u00e9rcito pod\u00eda ser visto de lo alto<br \/>\ndel monte con sus tiendas en los campos abiertos.<br \/>\nAqu\u00ed llegan Eneas y la juventud elegida<br \/>\npara el combate, y cansados reposo dan a cuerpos y caballos.<br \/>\nMas Venus, la blanqu\u00edsima diosa, se presenta entre nubes<br \/>\net\u00e9reas llevando sus dones, y cuando vio a su hijo solitario<br \/>\na lo lejos en un apartado valle junto a las frescas aguas,<br \/>\nse le apareci\u00f3 y le habl\u00f3 con estas palabras:<br \/>\n\u00abAqu\u00ed tienes la ayuda prometida del arte<br \/>\nde mi esposo. No dudes ya, hijo, en entrar en combate<br \/>\ncontra los orgullosos laurentes y el fiero Turno.\u00bb<br \/>\nDijo, y busc\u00f3 Citerea los abrazos del hijo<br \/>\ny enfrente coloc\u00f3 las armas brillantes bajo una encina.<br \/>\n\u00c9l, satisfecho con los presentes de la diosa y por honor tan grande,<br \/>\nno pod\u00eda saciarse de mirar todo con sus ojos,<br \/>\ny se asombra, y entre brazos y manos da vueltas<br \/>\nal yelmo terrible con su penacho y que llamas vomita,<br \/>\ny a la espada portadora de muerte y la r\u00edgida loriga de bronce<br \/>\ncolor de sangre, inmensa, cual la nube cer\u00falea cuando<br \/>\nse enciende con los rayos del sol y brilla a lo lejos.<br \/>\nDespu\u00e9s las bru\u00f1idas grebas de electro y oro refinado,<br \/>\ny la lanza, y la trama indescriptible del escudo.<br \/>\nAqu\u00ed las haza\u00f1as \u00edtalas y las gestas triunfales de los romanos,<br \/>\nconocedor de vaticinios y no ignorante de la edad por llegar,<br \/>\nhab\u00eda representado el se\u00f1or del fuego; aqu\u00ed toda la raza de la futura<br \/>\nestirpe de Ascanio y las guerras libradas por orden.<br \/>\nHab\u00eda figurado tambi\u00e9n en la verde gruta de Marte<br \/>\nla loba tumbada reci\u00e9n parida, con los ni\u00f1os gemelos jugando<br \/>\ncolgados de sus ubres y mamando sin miedo<br \/>\nde su madre; ella, con su suave pescuezo agachado,<br \/>\nlos lam\u00eda por turno y moldeaba sus cuerpos con la lengua.<br \/>\nNo lejos de aqu\u00ed hab\u00eda a\u00f1adido Roma y las sabinas<br \/>\nraptadas brutalmente de entre el gent\u00edo del teatro<br \/>\ndurante los grandes circenses y de pronto surgir nueva guerra<br \/>\nentre los hijos de R\u00f3mulo y el viejo Tacio y los austeros hombres de Cures.<br \/>\nDespu\u00e9s los mismos reyes, dejando la guerra entre ellos,<br \/>\nen pie aparec\u00edan armados ofreciendo ante el ara de Jove<br \/>\nsus p\u00e1teras y el pacto firmaban con la muerte de una cerda.<br \/>\nNo muy lejos, cuadrigas azuzadas en contra destrozaban<br \/>\na Meto (\u00a1pero t\u00fa, albano, deber\u00edas mantener tu palabra!)<br \/>\ny Tulo las entra\u00f1as del embustero arrastraba<br \/>\npor el bosque, y sangre goteaban los abrojos empapados.<br \/>\nTambi\u00e9n Porsena ordenaba acoger a Tarquinio<br \/>\nexpulsado y a la ciudad apremiaba con ingente asedio;<br \/>\nlos En\u00e9ades se lanzaban al hierro por su libertad.<br \/>\nPodr\u00edas verlo igual que quien se indigna e igual<br \/>\nque el que amenaza, porque hab\u00eda osado Cocles arrancar el puente<br \/>\ny Clelia cruzaba el r\u00edo a nado, rotas sus cadenas.<br \/>\nEn lo alto estaba Manlio, guardi\u00e1n de la roca<br \/>\nTarpeya delante del templo y ocupaba las alturas del Capitolio,<br \/>\nerizado de la paja de R\u00f3mulo el palacio reciente.<br \/>\nY aqu\u00ed, revoloteando por los dorados p\u00f3rticos una oca<br \/>\nde plata anunciaba que estaban los galos a las puertas;<br \/>\nlos galos llegaban por las zarzas y el alc\u00e1zar ocupaban<br \/>\nprotegidos por las tinieblas y el regalo de una noche oscura.<br \/>\nCon su cabellera de oro y de oro vestidos<br \/>\nrelucen con sus ropas listadas, y sus cuellos de leche<br \/>\nse ven trabados de oro; en la mano dos jabalinas de los Alpes<br \/>\nagita cada uno, cubiertos los cuerpos con grandes escudos.<br \/>\nAqu\u00ed hab\u00eda moldeado a los Salios saltando y a los Lupercos<br \/>\ndesnudos, y los gorros de lana y los escudos ca\u00eddos<br \/>\ndel cielo; castas matronas portaban los objetos del culto<br \/>\npor la ciudad en blandas carrozas. A\u00f1adi\u00f3 tambi\u00e9n lejos<br \/>\nde aqu\u00ed las sedes del T\u00e1rtaro, las bocas profundas de Dite<br \/>\ny el castigo de los cr\u00edmenes y a ti, Catilina, colgado<br \/>\nde roca amenazante y temiendo el rostro de las Furias,<br \/>\ny a los justos, separados, y a Cat\u00f3n d\u00e1ndoles leyes.<br \/>\nEntre todo esto se extend\u00eda la imagen de oro<br \/>\ndel mar henchido, mas el azul espumaba de blancas olas.<br \/>\nY alrededor en c\u00edrculo brillantes delfines de plata surcaban<br \/>\nla superficie con sus colas y cortaban las aguas.<br \/>\nEn el centro escuadras de bronce, las guerras de Accio,<br \/>\naparec\u00edan, y toda Leucate pod\u00edas ver hirviendo<br \/>\ncon Marte en formaci\u00f3n y las olas refulgiendo en oro.<br \/>\nA este lado C\u00e9sar Augusto guiando a los \u00edtalos al combate<br \/>\ncon los padres y el pueblo, y los Penates y los grandes dioses,<br \/>\nen pie en lo alto de la popa, al que llamas gemelas le arrojan<br \/>\nlas espl\u00e9ndidas sienes y el astro de su padre brilla en su cabeza.<br \/>\nEn otra parte Agripa, con los vientos y los dioses de su lado<br \/>\nguiando altivo la flota; soberbia insignia de la guerra,<br \/>\nlas sienes rostradas le relucen con la corona naval.<br \/>\nAl otro lado, con tropa variopinta de b\u00e1rbaros, Antonio,<br \/>\nvencedor sobre los pueblos de la Aurora y el rojo litoral,<br \/>\nEgipto y las fuerzas de Oriente y la lejana Bactra<br \/>\narrastra consigo, y le sigue (\u00a1sacrilegio!) la esposa egipcia.<br \/>\nTodos se enfrentaron a la vez y espumas ech\u00f3 todo el mar<br \/>\nsacudido por el refluir de los remos y los rostros tridentes.<br \/>\nA alta mar se dirigen; creer\u00edas que las C\u00edcladas flotaban<br \/>\narrancadas por el pi\u00e9lago o que altos montes con montes chocaban,<br \/>\nen popas almenadas de mole tan grande se esfuerzan los hombres.<br \/>\nLlama de estopa con la mano y hierro volador con las flechas<br \/>\narrojan, y enrojecen los campos de Neptuno con la nueva matanza.<br \/>\nLa reina en el centro convoca a sus tropas con el patrio sistro,<br \/>\ny a\u00fan no ve a su espalda las dos serpientes.<br \/>\nY monstruosos dioses multiformes y el ladrador Anubis<br \/>\nempu\u00f1an sus dardos contra Neptuno y Venus<br \/>\ny contra Minerva. En medio del fragor Marte se enfurece<br \/>\nen hierro cincelado, y las tristes Furias desde el cielo,<br \/>\ny avanza la Discordia gozosa con el manto desgarrado<br \/>\nacompa\u00f1ada de Belona con su flagelo de sangre.<br \/>\nApolo Acc\u00edaco, viendo esto, tensaba su arco<br \/>\ndesde lo alto; con tal terror todo Egipto y los indos,<br \/>\ntoda la Arabia, todos los sabeos sus espaldas volv\u00edan.<br \/>\nA la misma reina se ve\u00eda, invocando a los vientos,<br \/>\nlas velas desplegar y largar y largar amarras.<br \/>\nLa hab\u00eda representado el se\u00f1or del fuego p\u00e1lida entre los muertos<br \/>\npor la futura muerte, sacudida por las olas y el Y\u00e1pige;<br \/>\nal Nilo, enfrente, afligido con su enorme cuerpo<br \/>\ny abriendo su seno y llamando con todo el vestido<br \/>\na los vencidos a su regazo azul y a sus aguas latebrosas.<br \/>\nMas C\u00e9sar, llevado en triple triunfo a las murallas<br \/>\nromanas, consagraba un voto inmortal a los dioses it\u00e1licos,<br \/>\ntrescientos grandes santuarios por la ciudad entera.<br \/>\nvibraban las calles de alegr\u00eda y de juegos y de aplausos;<br \/>\nen todos los templos coros de madres, aras en todos;<br \/>\nante las aras cayeron a tierra novillos muertos.<br \/>\nY \u00e9l mismo sentado en el n\u00edveo umbral del brillante Febo<br \/>\nagradece los presentes de los pueblos y los cuelga de las puertas<br \/>\nsoberbias; en larga hilera avanzan las naciones vencidas,<br \/>\ndiversas en lenguas y en la forma de vestir y de armarse.<br \/>\nAqu\u00ed la raza de los n\u00f3madas hab\u00eda labrado Mulc\u00edber<br \/>\ny los desnudos africanos; aqu\u00ed los l\u00e9leges, carios y gelonos<br \/>\ncon sus flechas; iba luego el \u00c9ufrates con corriente m\u00e1s calma,<br \/>\ny los morinos, los \u00faltimos de los hombres, y el Rin bicorne,<br \/>\ny los ind\u00f3mitos dahos y el Araxes rechazando su puente.<br \/>\nTodo eso contempla en el escudo de Vulcano, regalo<br \/>\nde su madre, y goza con las im\u00e1genes sin conocer los sucesos,<br \/>\ny al hombro se cuelga la fama y el destino de sus nietos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LIBRO VIII Cuando la ense\u00f1a de la guerra sac\u00f3 Turno del alc\u00e1zar laurente y resonaron los cuernos con ronco canto y cuando azuz\u00f3 los fogosos caballos y llam\u00f3 a las armas, turbados al punto los \u00e1nimos, en seguida en agitado tumulto el Lacio entero se juramenta y la juventud se\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-eneida-viii-virgilio\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1010,1069,1016,1012,1018,1039,1011,1009,1059,1140,1015,1034,1017,1115,1060,1061,1144,1145,1079,1025,1026,1033],"class_list":["post-886","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-amor","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-belleza","tag-corazon","tag-cultura","tag-empresa","tag-escena","tag-flor","tag-guerra","tag-historia","tag-jovenes","tag-lengua","tag-lenguas","tag-leyes","tag-libro","tag-mito","tag-rosa","tag-teatro","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - 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