{"id":885,"date":"2010-11-23T02:19:31","date_gmt":"2010-11-23T00:19:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=885"},"modified":"2010-11-23T02:19:31","modified_gmt":"2010-11-23T00:19:31","slug":"la-eneida-vii-virgilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-eneida-vii-virgilio\/","title":{"rendered":"La Eneida (VII) [Virgilio]"},"content":{"rendered":"<p><strong>LIBRO VII<\/strong><\/p>\n<p>T\u00fa tambi\u00e9n a nuestros litorales, oh nodriza de Eneas,<br \/>\nfama diste inmortal con tu muerte, Cayeta;<br \/>\ny a\u00fan hoy conservan tus honras el lugar y los huesos tu nombre<br \/>\nen Hesperia la grande -si gloria es eso- se\u00f1ala.<br \/>\nEl piadoso Eneas, celebradas debidamente las exequias,<br \/>\nlevantando el terrapl\u00e9n del t\u00famulo, luego que callaron<br \/>\nlos mares profundos, abre camino a sus velas y el puerto abandona.<br \/>\nBrisas lo llevan soplando hacia la noche y no oculta el rumbo<br \/>\nuna luna brillante, esplende el mar a la luz temblorosa.<br \/>\nPasan rozando las cercanas costas de la tierra de Circe,<br \/>\ndonde la exhuberante hija del Sol rec\u00f3nditos bosques<br \/>\nhace que resuenen de su canto continuo, y a las luces de la noche<br \/>\nen moradas soberbias quema el cedro oloroso<br \/>\nmientras recorre las delicadas telas con afilado peine.<br \/>\nSe escuchan all\u00ed los gemidos y la furia de los leones<br \/>\nque cadenas rechazan y rugen bien entrada la noche;<br \/>\ny los cerdos erizados de p\u00faas y los osos enfurecidos<br \/>\nen sus jaulas y el aullido de las sombras de lobos enormes:<br \/>\na todos de su aspecto humano la diosa cruel con poderosas hierbas<br \/>\nlos hab\u00eda cambiado, Circe, en rostro y cuerpos de fieras.<br \/>\nPara que maravilla semejante no sufrieran los piadosos troyanos<br \/>\nsi entraban en el puerto, ni padecieran un litoral cruel,<br \/>\nNeptuno llen\u00f3 sus velas de vientos favorables,<br \/>\npropici\u00f3 su huida y los lanz\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de hiervientes escollos.<br \/>\nY ya enrojec\u00eda con sus rayos el mar y desde el alto \u00e9ter<br \/>\nla Aurora brillaba de azafr\u00e1n en su biga de rosas,<br \/>\ncuando se posaron los vientos y se detuvo de repente todo<br \/>\nsoplo y se esfuerzan los remos en el tardo m\u00e1rmol.<br \/>\nY ve entonces Eneas un enorme bosque<br \/>\ndesde el mar. Aqu\u00ed el Tiber de amena corriente<br \/>\ny r\u00e1pidas crestas y rubio de la mucha arena<br \/>\nirrumpe en el mar. Alrededor y en lo alto frecuentan<br \/>\naves diversas sus orillas y el curso del r\u00edo<br \/>\nendulzando el aire con su canto y volaban por el bosque.<br \/>\nTorcer el rumbo ordena a sus compa\u00f1eros y volver las proas<br \/>\na tierra y alegre se adentra en la corriente umbrosa.<br \/>\nAhora ea, Erato. He de contar qu\u00e9 reyes, qu\u00e9 tiempos,<br \/>\ncu\u00e1l era en el Lacio antiguo el estado de las cosas,<br \/>\ncuando un ej\u00e9rcito extranjero llev\u00f3 su flota<br \/>\na las costas ausonias, y cantar\u00e9 el origen de la lucha primera.<br \/>\nT\u00fa, diosa, ilumina t\u00fa al vate. He de decir guerras horribles,<br \/>\nhe de decir ej\u00e9rcitos formados y reyes que el valor condujo a la muerte<br \/>\ny las tropas tirrenas y toda entera sometida alas armas<br \/>\nHesperia. Se alza ante m\u00ed una serie mayor de sucesos,<br \/>\nemprendo una obra a\u00fan m\u00e1s grande.<br \/>\nReinaba el rey Latino,<br \/>\nya anciano, en larga paz sobre campos y tranquilas ciudades.<br \/>\nQue era \u00e9ste nacido de Fauno y la Ninfa laurente Marica<br \/>\nsabemos; Pico fue el padre de Fauno y a ti, Saturno,<br \/>\npor padre te tiene \u00e9ste: eres t\u00fa el origen remoto de esta sangre.<br \/>\nNo ten\u00eda hijo Latino por sino de los dioses ni le quedaba<br \/>\nde varones prole alguna, que hab\u00eda perdido en el surgir de la primera juventud.<br \/>\nSola guardaba su casa y posesiones tan grandes una hija,<br \/>\nmadura ya para var\u00f3n, ya con los a\u00f1os de casar cumplidos.<br \/>\nMuchos la pretend\u00edan del gran Lacio y de Ausonia<br \/>\nentera; la pretend\u00eda el m\u00e1s bello que todos los otros,<br \/>\nTurno, poderoso de abuelo y bisabuelo, a quien la regia esposa<br \/>\nanimaba con ansia sorprendente a un\u00edrsele por yerno;<br \/>\nmas portentos divinos lo impiden con terrores diversos.<br \/>\nHab\u00eda un laurel en medio de la casa, en lo m\u00e1s hondo,<br \/>\nde sagrado follaje y cuidado con reverencia durante muchos a\u00f1os,<br \/>\nque, se dec\u00eda, el padre Latino en persona encontr\u00f3 y consagr\u00f3<br \/>\na Febo, al fundar de la ciudad los cimientos,<br \/>\ny que por \u00e9l puso de nombre laurentes a los colonos.<br \/>\nDe aqu\u00e9l en lo m\u00e1s alto una nube de abejas<br \/>\n(asombra contarlo) se instal\u00f3, llevadas por el aire<br \/>\ntransparente con intenso zumbido y se colg\u00f3 con las patas trabadas<br \/>\nun repentino enjambre de la rama frondosa.<br \/>\nAl punto el vate dijo: \u00abVemos que llega<br \/>\nun hombre extranjero, y que del mismo sitio viene<br \/>\nal mismo sitio y se apodera de la alta fortaleza.\u00bb<br \/>\nAdem\u00e1s, mientras los altares perfumaba con castas antorchas<br \/>\ny junto a su padre en pie estaba la joven Lavinia,<br \/>\nse vio (\u00a1qu\u00e9 espanto!) que un fuego prend\u00eda en el largo cabello<br \/>\ny ard\u00eda todo su tocado entre llamas crepitantes,<br \/>\nabrasado su pelo de reina, abrasada la corona<br \/>\ncuajada de gemas; llena de humo, entonces, la envolv\u00eda<br \/>\nuna luz amarilla y extend\u00eda a Vulcano por toda la casa.<br \/>\nContaban esta visi\u00f3n como algo horrible y asombroso,<br \/>\npues anunciaba que ilustre y famoso ser\u00eda su propio<br \/>\ndestino, pero que gran guerra habr\u00eda de traer a su pueblo.<br \/>\nEntonces el rey, preocupado por estos fen\u00f3menos, de Fauno el or\u00e1culo,<br \/>\nsu padre clarividente, busca y consulta los bosques<br \/>\nal pie de la alta Alb\u00fanea, donde resuena la mayor de las selvas<br \/>\ncon su fuente sagrada que, sombr\u00eda, exhala terribles vapores.<br \/>\nAqu\u00ed los pueblos de Italia y toda la tierra de Enotria<br \/>\nrespuesta buscan en la duda; aqu\u00ed el sacerdote,<br \/>\ncuando lleva su ofrenda y en la noche callada se acuesta<br \/>\nen pellejos de velludas ovejas y el sue\u00f1o concilia,<br \/>\npuede ver con maravillosas figuras muchas im\u00e1genes volar<br \/>\ny escucha voces diversas y de la conversaci\u00f3n goza<br \/>\nde los dioses y habla con el Aqueronte del profundo Averno.<br \/>\nAqu\u00ed tambi\u00e9n entonces el padre Latino respuesta buscando<br \/>\nsacrificaba seg\u00fan el rito cien lanudas ovejas y acostado<br \/>\ndescansaba sobre sus vellones extendidos.<br \/>\nDe la hondura del bosque le lleg\u00f3 una voz repentina:<br \/>\n\u00abNo pretendas casar a tu hija con un matrimonio latino,<br \/>\noh, sangre m\u00eda, ni conf\u00edes en el t\u00e1lamo ya preparado.<br \/>\nYernos vendr\u00e1n extranjeros que con su sangre nuestro<br \/>\nnombre llevar\u00e1n a los astros y cuyos descendientes<br \/>\ntodo ver\u00e1n caer bajo sus pies, todo gobernar\u00e1n<br \/>\ncuanto ve el sol al correr de uno a otro Oc\u00e9ano.\u00bb<br \/>\nNo guarda en su boca Latino esta respuesta<br \/>\nde su padre Fauno ni los consejos recibidos en la noche callada,<br \/>\nsino que ya la Fama que vuela alrededor por las ciudades<br \/>\nausonias los hab\u00eda llevado, cuando la juventud laomedontia<br \/>\nat\u00f3 sus naves a la pendiente hermosa de la orilla.<br \/>\nEneas y sus jefes primeros y el apuesto Julo<br \/>\ndan con sus cuerpos bajo las ramas de un \u00e1rbol alto,<br \/>\ny ordenan un banquete y disponen por la hierba bajo los alimentos<br \/>\ntortas de harina (as\u00ed el propio J\u00fapiter se lo inspiraba)<br \/>\ny colman de frutas silvestres el suelo cereal.<br \/>\nAqu\u00ed por caso, cuando todo acabaron y la poca comida les oblig\u00f3<br \/>\na hincar el diente en la delgada pasta de Ceres<br \/>\ny a violar con manos y audaces mand\u00edbulas el c\u00edrculo<br \/>\nde las tortas del destino, sin dejar siquiera los anchos cuadros:<br \/>\n\u00ab\u00a1Vaya! \u00bfHasta las mesas nos comemos?\u00bb, exclam\u00f3 Julo<br \/>\ny nada m\u00e1s, en broma. El escuchar estas palabras por vez primera<br \/>\ntrajo el final de las fatigas, y al punto las arranc\u00f3 el padre<br \/>\nde la boca de quien las dijo y le hizo callar pasmado del augurio.<br \/>\nAl punto: \u00abSalve, tierra que el destino nos deb\u00eda,<br \/>\ny salve a vosotros -dijo-, leales Penates de Troya.<br \/>\nAqu\u00ed est\u00e1 mi casa, \u00e9sta es mi patria. Pues ya mi padre<br \/>\nAnquises (ahora lo recuerdo) me dej\u00f3 estos arcanos del destino:<br \/>\n\u00abCuando, hijo m\u00edo, est\u00e9s en litoral desconocido y por el hambre<br \/>\nte veas obligado, agotadas las viandas, a devorar las mesas,<br \/>\nacu\u00e9rdate, aun cansado, de esperar tus casas y de con tu mano<br \/>\nlevantar all\u00ed tu primera morada y disponer alrededor un muro.\u00bb<br \/>\n\u00c9sta era el hambre aqu\u00e9lla, \u00e9sta por \u00faltimo nos aguardaba<br \/>\npara marcar el fin de nuestros sufrimientos.<br \/>\nAs\u00ed que \u00e1nimo y, contentos, con la primera luz del sol<br \/>\nqu\u00e9 lugares o qu\u00e9 hombres los ocupan, d\u00f3nde las murallas del pueblo<br \/>\ninvestiguemos y salgamos del puerto por diversos caminos.<br \/>\nLibad ahora las p\u00e1teras a J\u00fapiter y con preces llamad<br \/>\na mi padre Anquises, y reponed el vino de las mesas.\u00bb<br \/>\nDespu\u00e9s de hablar as\u00ed ci\u00f1e sus sienes con una frondosa<br \/>\nrama y al genio del lugar y a la primera de las diosas,<br \/>\nla Tierra, y a las Ninfas y a los r\u00edos a\u00fan desconocidos<br \/>\ninvoca, como a la Noche y de la Noche a los astros nacientes<br \/>\ny a J\u00fapiter Ideo y a la madre frigia por orden<br \/>\nles reza y a su madre en el cielo y en el \u00c9rebo al padre.<br \/>\nTron\u00f3 entonces tres veces el padre todopoderoso, brillante<br \/>\nen lo alto del cielo, y con sus rayos y el oro de la luz por su mano<br \/>\nmostr\u00f3 una nube ardiente sacudi\u00e9ndola desde el \u00e9ter.<br \/>\nCorre de pronto en el campo troyano el rumor<br \/>\nde que el d\u00eda hab\u00eda llegado en que la muralla debida fundaran.<br \/>\nReanudan encendidos el banquete y ante visi\u00f3n tan grande<br \/>\nllenan alegres las crateras y coronan el vino.<br \/>\nCuando la luz del d\u00eda siguiente a ba\u00f1ar empezaba<br \/>\nlas tierras, la ciudad y el territorio y las costas de ese pueblo<br \/>\nexploran por caminos diversos: \u00e9stas eran las aguas de la frente del Numico,<br \/>\n\u00e9ste el r\u00edo T\u00edber, aqu\u00ed viv\u00edan los valientes latinos.<br \/>\nEntonces el hijo de Anquises ordena marchar al augusto<br \/>\nrecinto del rey a cien oradores elegidos entre todas<br \/>\nlas clases, cubiertos todos con las ramas de Palas,<br \/>\na llevarle presentes y pedir la paz para los teucros.<br \/>\nSin tardanza se apresuran a cumplir la orden y van<br \/>\na toda prisa. \u00c9l marca las murallas con un surco en el suelo<br \/>\ny prepara el lugar y, a la manera de los campamentos,<br \/>\nrodea el emplazamiento primero de la costa con un terrapl\u00e9n y unas almenas.<br \/>\nY ya divisaban los j\u00f3venes, cubierto el camino, las torres<br \/>\ny los altos tejados de los latinos y llegaban al muro.<br \/>\nDelante de la ciudad ni\u00f1os y j\u00f3venes en la flor primera<br \/>\npractican a caballo y prueban sus carros en el polvo,<br \/>\no tensan los dif\u00edciles arcos o agitan con sus brazos<br \/>\npesadas lanzas, y compiten corriendo o a golpes,<br \/>\ncuando un mensajero se adelanta a caballo y lleva<br \/>\na o\u00eddos del anciano rey que han llegado unos hombres<br \/>\nenormes de extra\u00f1a vestidura. \u00c9l ordena que sean llevados<br \/>\na palacio y se sienta en el centro en el trono de sus mayores.<br \/>\nEstaba en lo alto de la ciudad la augusta morada,<br \/>\nenorme, alzada sobre cien columnas, el palacio del laurente Pico,<br \/>\nimponente de selvas y por la devoci\u00f3n de los mayores.<br \/>\nAqu\u00ed quer\u00eda el augurio que recibieran los reyes el cetro<br \/>\ny levantasen las primeras fasces; era \u00e9ste su templo, la curia,<br \/>\n\u00e9ste el lugar de sus sagrados banquetes; aqu\u00ed, matando el carnero,<br \/>\nsol\u00edan sentarse los padres en mesas corridas.<br \/>\nAparec\u00edan adem\u00e1s por orden las efigies de los antepasados<br \/>\nen rancia madera de cedro, \u00edtalo y el padre Sabino<br \/>\nplantador de la vid, con una corva hoz bajo su figura,<br \/>\ny el anciano Saturno y la imagen de Jano bifronte<br \/>\nestaban en el vest\u00edbulo y desde el principio los dem\u00e1s reyes<br \/>\ncon las heridas de Marte recibidas luchando por la patria.<br \/>\nY muchas armas adem\u00e1s sobre sagrados postes,<br \/>\ncuelgan carros prisioneros y corvas segures<br \/>\ny penachos de yelmos y enormes cerrojos de las puertas<br \/>\ny lanzas y escudos y las quillas arrancadas a las naves.<br \/>\nEl propio Pico aparec\u00eda sentado, el domador de caballos,<br \/>\ncon la trompeta de Quirino y ce\u00f1ido de breve tr\u00e1bea,<br \/>\ny en la izquierda llevaba un escudo; a \u00e9ste su esposa, loca de pasi\u00f3n,<br \/>\ngolpe\u00e1ndolo con varita de oro y con filtros cambi\u00e1ndolo,<br \/>\nCirce, p\u00e1jaro lo volvi\u00f3 y salpic\u00f3 de colores sus alas.<br \/>\nDel interior de tal templo, sentado en el trono de sus padres,<br \/>\nLatino llam\u00f3 a los teucros a su lado y les hizo pasar,<br \/>\ny una vez all\u00ed les dice el primero con boca placentera:<br \/>\n\u00abDecidme, Dard\u00e1nidas (pues no nos es vuestra ciudad desconocida<br \/>\nni vuestra raza, y hemos o\u00eddo que and\u00e1is vagando por el mar),<br \/>\n\u00bfqu\u00e9 busc\u00e1is? \u00bfQu\u00e9 motivo o qu\u00e9 necesidad arrastr\u00f3<br \/>\nvuestras naves a la playa de Ausonia por vados cer\u00faleos?<br \/>\nBien por errar la ruta, bien llevados de las tempestades<br \/>\ncual a menudo sucede en alta mar a los marinos,<br \/>\nos hab\u00e9is adentrado en las orillas del r\u00edo e instalado en el puerto.<br \/>\nNo evit\u00e9is nuestra hospitalidad ni quer\u00e1is ignorar a los latinos,<br \/>\nraza de Saturno que es justa no por ley o atadura,<br \/>\nsino por voluntad propia y siguiendo el ejemplo del antiguo dios.<br \/>\nQue recuerdo, en efecto (aunque los a\u00f1os oscurecen los hechos),<br \/>\nque as\u00ed lo contaban los viejos auruncos, c\u00f3mo nacido en estos campos<br \/>\nlleg\u00f3 D\u00e1rdano hasta las ciudades ideas de Frigia<br \/>\ny a la Samos de Tracia, que ahora llaman Samotracia.<br \/>\nA aquel que de aqu\u00ed parti\u00f3 del tirreno solar de C\u00f3rito,<br \/>\nahora en solio de oro la morada regia del cielo estrellado<br \/>\nlo acoge y aumenta en los altares el n\u00famero de los dioses.\u00bb<br \/>\nDijo, y con estas palabras le sigue Ilioneo:<br \/>\n\u00abRey de la egregia estirpe de Fauno, ni la negra tormenta<br \/>\nnos oblig\u00f3, llevados de las olas, a arribar a esta tierra vuestra<br \/>\nni la estrella o la costa nos hicieron errar el camino.<br \/>\nHemos llegado a esta ciudad por decisi\u00f3n propia y queri\u00e9ndolo<br \/>\nen nuestro coraz\u00f3n, expulsados del reino m\u00e1s grande<br \/>\nque un d\u00eda el sol contempl\u00f3 en su camino desde el Olimpo.<br \/>\nDe Jove el origen de la raza nuestra, la juventud dard\u00e1nida<br \/>\nse enorgullece de su padre Jove y de la raza suprema de Jove nuestro rey:<br \/>\nel troyano Eneas nos ha tra\u00eddo hasta tus umbrales.<br \/>\nDe qu\u00e9 manera de la cruel Micenas se desat\u00f3 por los ideos<br \/>\ncampos la tempestad, por qu\u00e9 hados llevados de una y otra parte<br \/>\nse enfrentaron el mundo de Europa y el de Asia,<br \/>\nlo saben tanto el que el l\u00edmite de las tierras aleja<br \/>\ndonde refluye el Oc\u00e9ano como aquel a quien separa la zona del sol inicuo<br \/>\nque se extiende en medio de las otras cuatro.<br \/>\nDespu\u00e9s de aquel desastre llevados por tantos vastos mares,<br \/>\nbuscamos un peque\u00f1o solar para los dioses patrios y una costa<br \/>\ntranquila, y agua y aire libre para todos.<br \/>\nNo seremos indignos de vuestro reino ni ser\u00e1 peque\u00f1a<br \/>\nvuestra fama ni se borrar\u00e1 la gracia de tan grande favor,<br \/>\nni habr\u00e1n de arrepentirse los ausonios de acoger a Troya en su regazo.<br \/>\nQue lo juro por los hados y la diestra poderosa de Eneas,<br \/>\nsi alguno hay que la haya conocido en tratos o en armas y guerra;<br \/>\nmuchos pueblos, muchas naciones (no nos desprecies, aunque<br \/>\nnos veas con cintas en las manos y palabras suplicantes)<br \/>\nnos requirieron y quisieron unirnos con ellos;<br \/>\nmas los hados de los dioses nos obligaron con su fuerza<br \/>\na buscar vuestras tierras. De aqu\u00ed procede D\u00e1rdano,<br \/>\naqu\u00ed nos manda de nuevo Apolo y nos obliga con sus \u00f3rdenes<br \/>\nal Tiber tirreno y a las sagradas aguas de la fuente del Numico.<br \/>\nA ti te entrega adem\u00e1s, como presentes, exiguos testigos<br \/>\nde una mejor fortuna, restos salvados de las llamas de Troya.<br \/>\nCon este oro libaba el padre Anquises junto a los altares,<br \/>\n\u00e9ste era el ornato de Pr\u00edamo cuando impart\u00eda justicia<br \/>\nseg\u00fan la costumbre a los pueblos convocados, el cetro y la tiara<br \/>\nsanta y su vestido, labor de las troyanas.\u00bb<br \/>\nA tales palabras de llioneo fijos Latino manten\u00eda el rostro<br \/>\ny la mirada y no los apartaba sin moverse del suelo,<br \/>\nvolviendo sus ojos atentos. Y ni la p\u00farpura bordada<br \/>\ndistrae al rey ni le distraen los cetros de Pr\u00edamo tanto<br \/>\ncuanto pensando est\u00e1 en la boda y el t\u00e1lamo de la hija,<br \/>\ny da vueltas en su coraz\u00f3n al antiguo aviso de Fauno;<br \/>\n\u00e9ste era aquel yerno venido de un pa\u00eds extranjero<br \/>\nque anunciaba el destino y con iguales auspicios<br \/>\nllamado estaba a reinar, de \u00e9ste la estirpe que por su valor<br \/>\nser\u00eda famosa y habr\u00eda de llenar con sus fuerzas el orbe entero.<br \/>\nContento al fin exclama: \u00ab\u00a1Secunden los dioses nuestros planes<br \/>\ny su propio augurio! Se te dar\u00e1, troyano, lo que pides,<br \/>\ny no desprecio tus regalos. Mientras sea rey Latino la riqueza<br \/>\nno os faltar\u00e1 de un buen campo o la opulencia de Troya.<br \/>\nAs\u00ed que, venga Eneas en persona, si tanto deseo tiene de nosotros,<br \/>\nsi es que tiene prisa en sellar nuestra hospitalidad<br \/>\ny ser llamado nuestro aliado, y no se esconda de rostros amigos:<br \/>\nprenda ser\u00e1 para m\u00ed de paz estrechar la diestra de vuestro jefe.<br \/>\nVolved a llevar ahora a vuestro rey mis palabras:<br \/>\nuna hija tengo que seg\u00fan las suertes del templo de mi padre<br \/>\nno debe casarse con var\u00f3n de nuestra raza, ni lo permiten<br \/>\nmuchas se\u00f1ales del cielo; avisan que de costas lejanas<br \/>\nyernos vendr\u00e1n -que \u00e9ste es el futuro del Lacio- que con su sangre<br \/>\nalzar\u00e1n nuestro nombre a las estrellas. Y yo creo que \u00e9ste<br \/>\nes aquel que el destino reclama y as\u00ed si es buen adivino el coraz\u00f3n, lo deseo.\u00bb<br \/>\nDicho esto el padre elige caballos de su manada<br \/>\n(trescientos aguardaban relucientes en altos establos),<br \/>\ny al punto ordena que para todos los teucros sean llevados por orden<br \/>\nlos alados corceles enjaezados de p\u00farpura y telas bordadas<br \/>\n(de los pechos les cuelgan collares de cuentas de oro,<br \/>\nde oro cubiertos, oro amarillo muerden entre los dientes),<br \/>\npara el ausente Eneas un carro y una pareja para el yugo<br \/>\nde celestial simiente que fuego respira por la nariz,<br \/>\nde la raza de aquellos que a su padre rob\u00f3 la maga Circe<br \/>\ny cri\u00f3 bastardos de una madre que les hab\u00eda puesto debajo.<br \/>\nCon presentes tales los En\u00e9adas y con las palabras de Latino<br \/>\nregresan altivos sobre sus caballos y llevan ofertas de paz.<br \/>\nMas he aqu\u00ed que volv\u00eda de la Argos del \u00cdnaco<br \/>\nla cruel esposa de J\u00fapiter y volaba por los aires,<br \/>\ny divis\u00f3 a los lejos desde el cielo al feliz Eneas<br \/>\ny a la flota dardania por encima del s\u00edculo Paquino.<br \/>\nVe c\u00f3mo se alzan ya las casas, que se entregan confiados a la tierra,<br \/>\nque han abandonado los barcos; clavada se qued\u00f3 de aguda rabia.<br \/>\nSacudiendo entonces la cabeza estas palabras saca de su pecho:<br \/>\n\u00ab\u00a1Ay raza odiada y a nuestros hados contrarios<br \/>\nhados de los frigios! \u00bfAs\u00ed que no cayeron en los campos sigeos,<br \/>\nno pudieron tampoco caer prisioneros, ni quem\u00f3 el incendio<br \/>\nde Troya a sus guerreros? En plena batalla y entre el fuego<br \/>\nsupieron hallar una salida. As\u00ed que, ya veo, al fin mi numen<br \/>\nyace agotado, o saciado mi odio me he cruzado de brazos.<br \/>\n\u00a1Para eso me lanc\u00e9 a perseguirlos, arrojados de su patria,<br \/>\ncon vehemencia por las aguas y a impedir por todo el mar su huida!<br \/>\nAgotado se han las fuerzas del mar y del cielo contra los teucros.<br \/>\n\u00bfDe qu\u00e9 me sirvieron las Sirtes o Escila, de qu\u00e9 Caribdis<br \/>\nenorme? Ya se refugian en el ansiado cauce del Tiber<br \/>\nsin miedo del pi\u00e9lago o de m\u00ed. Fue Marte capaz de perder<br \/>\nal pueblo de los L\u00e1pitas gigantes; el propio padre de los dioses<br \/>\nentreg\u00f3 la antigua Calid\u00f3n a la ira de Diana,<br \/>\n\u00bfy qu\u00e9 delito cometieron L\u00e1pitas y Calid\u00f3n para merecerlo?<br \/>\nY heme aqu\u00ed, la gran esposa de Jove que, pobre de m\u00ed,<br \/>\nnada dej\u00e9 por intentar, que a todo me he lanzado,<br \/>\nvencida ahora por Eneas. Pues bien, si mi numen<br \/>\nno es bastante, no he de dudar ciertamente en implorar donde sea:<br \/>\nsi dome\u00f1ar no puedo a los de arriba, mover\u00e9 al Aqueronte.<br \/>\nNo me ser\u00e1 dado alejarlos del reino latino -sea-<br \/>\ny sin cambio sigue por el destino la esposa Lavinia;<br \/>\nmas a\u00f1adir y acumular obst\u00e1culos puedo a cosas tan grandes,<br \/>\nen dos puedo dividir a los pueblos de estos reyes.<br \/>\nEste precio pagar\u00e1n los suyos, si suegro y yerno se unen:<br \/>\nde sangre troyana y r\u00fatula tendr\u00e1s la dote, muchacha,<br \/>\ny Belona ser\u00e1 la diosa que presida tu boda. No ha sido sola<br \/>\nla hija de Ciseo en parir, pre\u00f1ada de la tea, fuegos conyugales;<br \/>\ntambi\u00e9n Venus tendr\u00e1 su parto y habr\u00e1 un nuevo Paris,<br \/>\ny de nuevo funestas alumbrar\u00e1n las antorchas a la P\u00e9rgamo que renace.\u00bb<br \/>\nLuego que dijo esto horrenda descendi\u00f3 a tierra;<br \/>\na la enlutada Alecto de la sede de las diosas crueles<br \/>\nsaca y de la tiniebla infernal, a la que ama las guerras<br \/>\ndolorosas, las iras, las insidias y los cr\u00edmenes da\u00f1inos.<br \/>\nHasta Plut\u00f3n, su padre, la odia y sus hermanas del T\u00e1rtaro<br \/>\nodian al monstruo: en tantos rostros se transforma,<br \/>\ncon tan crueles caras aparece, tan negra de culebras.<br \/>\nJuno la provoca con estas palabras, y as\u00ed le dice:<br \/>\n\u00abBr\u00edndame tu ayuda favorable, muchacha nacida de la Noche,<br \/>\ncolabora para que mi honor no ceda ni se quebrante<br \/>\nmi fama en el lugar, que con bodas no puedan los En\u00e9adas<br \/>\nganarse a Latino ni en territorio \u00edtalo instalarse.<br \/>\nEn tus manos est\u00e1 lanzar al combate a hermanos de igual alma<br \/>\ny derribar las mansiones con el odio; t\u00fa puedes meter tu fusta<br \/>\nen las casas y las antorchas funerales; t\u00fa tienes mil nombres<br \/>\ny mil formas de da\u00f1ar. Sacude tu pecho fecundo,<br \/>\nrompe el arreglo de paz, siembra cr\u00edmenes de guerra.<br \/>\nQue ans\u00ede las armas, las pida y las empu\u00f1e la juventud.\u00bb<br \/>\nSale Alecto infestada del veneno de la Gorgona<br \/>\ny el Lacio primero y los altos techos del caudillo<br \/>\nlaurente busca, y se sienta en el callado umbral de Amata,<br \/>\na la que, ardiente, quemaban adem\u00e1s de la llegada de los teucros<br \/>\ny las bodas de Turno, cuitas y enojos de mujer.<br \/>\nA ella la diosa de cabellos cer\u00faleos una sola serpiente<br \/>\nle lanza que se mete en su seno hasta lo hondo del pecho,<br \/>\npara que, enfurecida por el monstruo, sacuda la casa entera.<br \/>\nSe desliza ella entre el vestido y el suave pecho<br \/>\ny vueltas da sin contacto alguno y enga\u00f1a a la enfurecida<br \/>\ninspir\u00e1ndole aliento de v\u00edbora; se vuelve la culebra<br \/>\nenorme collar de oro en su cuello, se vuelve remate de cinta<br \/>\ny ci\u00f1e sus cabellos y l\u00fabrica vaga por sus miembros.<br \/>\nY mientras el contagio primero con su h\u00famedo veneno<br \/>\nataca sus sentidos y envuelve sus huecos en fuego<br \/>\ny a\u00fan su \u00e1nimo no recibe la llama en todo el pecho,<br \/>\nhabl\u00f3 dulcemente y a la manera que las madres acostumbran,<br \/>\nllorando y llorando por su hija y el himeneo frigio:<br \/>\n\u00ab\u00bfA unos teucros sin patria ser\u00e1 entregada mi Lavinia,<br \/>\npadre, y no tendr\u00e1s piedad ni de ti ni de su hija?<br \/>\n\u00bfY no tendr\u00e1s piedad de una madre a quien el p\u00e9rfido pirata<br \/>\ndejar\u00e1 con el primer Aquil\u00f3n, llev\u00e1ndose a su hija a alta mar?<br \/>\n\u00bfEs que no fue as\u00ed c\u00f3mo entr\u00f3 en Lacedemonia el pastor frigio<br \/>\ny a Helena se llev\u00f3, la hija de Leda, a la ciudad troyana?<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 hay de tu sagrada palabra? \u00bfQu\u00e9 de tu antiguo cuidado por los tuyos<br \/>\ny de tu diestra, que tantas veces diste a tu pariente Turno?<br \/>\nSi para yerno se busca a uno de un pueblo que no sea latino<br \/>\ny as\u00ed est\u00e1 decidido y el mandato te obliga de tu padre Fauno,<br \/>\npienso en verdad que toda la tierra que est\u00e1 libre de tu cetro<br \/>\nes extranjera, y que as\u00ed lo proclaman los dioses.<br \/>\nY de Turno, si hay que buscar el origen primero de su casa,<br \/>\n\u00cdnaco y Acrisio son los padres yMicenas la patria.\u00bb<br \/>\nCuando advirtiendo que ha hablado en vano ve que Latino<br \/>\nsigue en su contra, y hasta el fondo de su coraz\u00f3n se desliza<br \/>\nel veneno furioso de la serpiente y por completo la gana,<br \/>\nentonces la infeliz empujada por terribles visiones<br \/>\nenloquece fuera de s\u00ed sin freno por la inmensa ciudad.<br \/>\nComo el trompo gira impulsado por la cuerda retorcida<br \/>\ncon el que los ni\u00f1os en gran corro juegan por los patios vac\u00edos<br \/>\ny practican atentos su juego: \u00e9l va trazando c\u00edrculos<br \/>\nal golpe de la cuerda; pasmados miran desde lo alto<br \/>\nlos grupos de ni\u00f1os ante el boj volandero;<br \/>\nlas vueltas le dan fuerzas. No en carrera m\u00e1s lenta<br \/>\nse agita Amata por la ciudad y entre la gente fiera.<br \/>\nLuego, fingi\u00e9ndose bajo el numen de Baco por los bosques<br \/>\nse entrega a un delito mayor y en alas de una mayor locura<br \/>\nvuela y esconde a su hija en los montes frondosos,<br \/>\npara arranc\u00e1rsela del t\u00e1lamo a los teucros y retrasar las teas,<br \/>\ngritando \u00abEvoh\u00e9, Baco\u00bb, \u00abs\u00f3lo t\u00fa digno de mi hija\u00bb<br \/>\nvociferando, \u00abque empu\u00f1e para ti los blandos tirsos,<br \/>\nque te rodee con su danza, que para ti alimente su cabello sagrado\u00bb.<br \/>\nVuela la noticia y a todas las madres, el pecho encendido<br \/>\npor la furia, empuja el mismo ardor a buscar nuevos techos.<br \/>\nSus casas dejaron, entregan al viento su pelo y su cuello;<br \/>\nalgunas llenan el aire de tr\u00e9mulo ulular<br \/>\ny vestidas con pieles portan las lanzas de p\u00e1mpanos.<br \/>\nElla en medio de todas sostiene fervorosa el pino<br \/>\nardiente y canta las bodas de su hija con Turno,<br \/>\ntorciendo una mirada de sangre, y en tono siniestro<br \/>\nexclama de pronto: \u00ab\u00a1Madres del Lacio, eh! \u00a1Escuchadme!<br \/>\nSi alguna gracia para la infortunada Amata queda<br \/>\nen vuestros p\u00edos corazones y os muerde el diente del derecho materno,<br \/>\ndesatad las cintas de vuestro pelo, venid a la org\u00eda conmigo.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed lleva de un lado para otro Alecto a la reina,<br \/>\npor bosques y lugares s\u00f3lo de alima\u00f1as con el est\u00edmulo de Baco.<br \/>\nCuando entendi\u00f3 que hab\u00eda aguzado bastante su furor primero<br \/>\ny que hab\u00eda dado en tierra con los planes y la casa de Latino,<br \/>\nla diosa triste de las alas foscas vuela de aqu\u00ed en seguida<br \/>\na los muros del r\u00fatulo audaz, ciudad que, dicen,<br \/>\nD\u00e1nae fundara con colonos acrisioneos<br \/>\nimpulsada por la fuerza del Noto. Hay un lugar que Ardea<br \/>\nllamaron un d\u00eda los mayores, y hoy Ardea sigue siendo su gran nombre,<br \/>\naunque pas\u00f3 su suerte. Aqu\u00ed bajo altos techos Turno<br \/>\ngozaba ya de un profundo descanso en una noche negra.<br \/>\nAlecto se quita su torva faz y sus miembros<br \/>\nfuriosos y se transforma en la figura de una anciana<br \/>\ny ara de arrugas su obscena frente y ci\u00f1e sus blancos<br \/>\ncabellos con una cinta, entrelaza luego un ramo de olivo;<br \/>\nse convierte en C\u00e1libe, la anciana de Juno sacerdotisa de su templo,<br \/>\ny a los ojos se presenta del joven con estas palabras:<br \/>\n\u00abTurno, \u00bfvas a aguantar que se gasten en vano tantas fatigas<br \/>\ny que sea entregado tu cetro a colonos dardanios?<br \/>\nEl rey te niega el matrimonio y una dote ganada<br \/>\ncon sangre, y busca para su reino un heredero de lejos.<br \/>\nVenga, acude ya y ofr\u00e9cete, burlado, a enojosos peligros;<br \/>\nve y dispersa al ej\u00e9rcito tirreno, protege con la paz a los latinos.<br \/>\nQue todo esto me orden\u00f3 contarte a las claras, cuando yacieras<br \/>\nen la pl\u00e1cida noche, la propia Saturnia todopoderosa.<br \/>\nAs\u00ed que, \u00a1venga! Disp\u00f3n gozoso que se arme la juventud<br \/>\ny que salga por las puertas a los campos, y abrasa a los jefes<br \/>\nfrigios que se instalaron en el hermoso r\u00edo y sus pintadas naves.<br \/>\nUna poderosa fuerza del cielo lo ordena. El propio rey Latino,<br \/>\nsi no se aviene a consentir la boda y obedecer esta orden,<br \/>\nlo sienta y conozca por fin a Turno con sus armas.\u00bb<br \/>\nSe ech\u00f3 a re\u00edr en este punto el joven de la vidente<br \/>\ny as\u00ed le replic\u00f3: \u00abNo escap\u00f3 a mis o\u00eddos la noticia, como piensas,<br \/>\nde que han entrado barcos en las aguas del Tiber;<br \/>\nno me vengas con miedos tan grandes. Ni se ha olvidado<br \/>\nde nosotros Juno soberana.<br \/>\nMas a ti, abuela, vencida por el tiempo y ah\u00edta de verdad<br \/>\nla vejez te castiga con vanas cuitas, y entre ej\u00e9rcitos<br \/>\nde reyes se burla de tus adivinanzas con un falso temor.<br \/>\nCu\u00eddate mejor de las estatuas de los dioses y de sus templos;<br \/>\ndeja a los hombres la guerra y la paz, que a ellos la guerra toca.\u00bb<br \/>\nCon estas palabras se encendi\u00f3 la c\u00f3lera de Alecto.<br \/>\nY un s\u00fabito temblor se apodera de los miembros del joven seg\u00fan habla,<br \/>\nfijos se quedaron sus ojos: con tantas hidras silva la Erinia,<br \/>\nas\u00ed de horrible descubre su rostro; entonces torciendo su mirada<br \/>\nde fuego rechaz\u00f3 al que entre dudas trataba<br \/>\nde seguir hablando e hizo alzarse dos serpientes en su pelo,<br \/>\ny chasque\u00f3 sus l\u00e1tigos y esto a\u00f1adi\u00f3 con boca de rabia:<br \/>\n\u00abAqu\u00ed me tienes, vencida por el tiempo y de quien ah\u00edta de verdad<br \/>\nse burla la vejez con falso temor entre ej\u00e9rcitos de reyes.<br \/>\nM\u00edrame bien: vengo de la morada de las crueles hermanas,<br \/>\nllevo en mi mano la guerra y la muerte.\u00bb<br \/>\nDicho esto arroj\u00f3 su antorcha sobre el joven<br \/>\ny bajo su pecho clav\u00f3 teas humeantes de negra luz.<br \/>\nY un intenso pavor le sac\u00f3 de su sue\u00f1o y huesos y miembros<br \/>\nba\u00f1a el sudor manado de todo su cuerpo.<br \/>\nEnloquece pidiendo sus armas y sus armas busca por la cama y la casa;<br \/>\nle enfurece el ansia de hierro y una locura criminal de guerra<br \/>\ny luego la c\u00f3lera: como cuando la llama con gran ruido<br \/>\nde le\u00f1os se amontona a los lados de un caldero que hierve<br \/>\ny brincan los l\u00edquidos por el calor, se agita la masa humeante<br \/>\nde agua y asoma por arriba una corriente de espuma,<br \/>\ny no se contiene ya la ola, vuela por los aires el negro vapor.<br \/>\nAs\u00ed que, violada la paz, marca el camino a los j\u00f3venes principales<br \/>\nhacia el rey Latino y ordena preparar las armas,<br \/>\ndefender Italia, expulsar del territorio al enemigo;<br \/>\nque ellos se bastaban para ir contra los dos, teucros y latinos.<br \/>\nLuego que as\u00ed habl\u00f3 e invoc\u00f3 en su favor a los dioses,<br \/>\ncompiten los r\u00fatulos en lanzarse a las armas.<br \/>\nA \u00e9ste lo mueve la prez egregia de su figura y de su juventud,<br \/>\na \u00e9ste sus reales antepasados, a \u00e9ste la diestra de claras haza\u00f1as.<br \/>\nMientras Turno llena a los r\u00fatulos de un esp\u00edritu audaz,<br \/>\nAlecto se dirige a los teucros con sus alas estigias,<br \/>\nexplorando el lugar con nuevos trucos, en cuya playa andaba<br \/>\npersiguiendo el hermoso Julo a las fieras con carreras y trampas.<br \/>\nLa doncella del Cocito infundi\u00f3 entonces a las perras<br \/>\nuna s\u00fabita rabia y toca sus hocicos con olor conocido<br \/>\npara que persigan con vehemencia a un ciervo; \u00e9sta fue la causa<br \/>\nprimera de las fatigas y encendi\u00f3 los \u00e1nimos agrestes al combate.<br \/>\nHab\u00eda un ciervo de hermosa presencia y enorme cornamenta,<br \/>\nal que los hijos de Tirro, arrancado de las ubres maternas,<br \/>\nalimentaban y su padre, Tirro, a quien obedecen<br \/>\nlos ganados del rey y encomendada est\u00e1 la guardia de los campos.<br \/>\nAcostumbrado a sus \u00f3rdenes, Silvia la hermana con todo cuidado<br \/>\nadornaba sus cuernos cuaj\u00e1ndolos de flexibles guirnaldas,<br \/>\ny peinaba al animal y lo ba\u00f1aba en aguas cristalinas.<br \/>\n\u00c9l, sumiso a la mano y acostumbrado a la mesa de sus amos,<br \/>\nvagaba por los bosques y de nuevo al umbral conocido<br \/>\nvolv\u00eda por su voluntad, aunque fuera ya noche cerrada.<br \/>\nA \u00e9ste lo sintieron vagando a lo lejos las perras rabiosas<br \/>\nde Julo cuando, de caza, segu\u00eda por caso la corriente<br \/>\nde un r\u00edo y en la ribera verdeante aliviaba su calor.<br \/>\nY hasta el mismo Ascanio encendido por el ansia<br \/>\nde gloria mont\u00f3 sus dardos en el curvo arco,<br \/>\ny no falt\u00f3 el dios a la diestra insegura y con gran ruido<br \/>\natraves\u00f3 la flecha el vientre y los ijares.<br \/>\nMas herido escapa el cuadr\u00fapedo hacia la casa conocida<br \/>\ny gana gimiendo los establos y con su queja llenaba<br \/>\ntodo el lugar, cubierto de sangre y como suplicando.<br \/>\nSilvia la primera, la hermana, golpe\u00e1ndose los brazos con las palmas<br \/>\npide ayuda y convoca a los duros habitantes de los campos.<br \/>\n\u00c9stos (pues la peste funesta se esconde en los callados bosques)<br \/>\nacuden presurosos, quien armado de quemado tiz\u00f3n,<br \/>\nquien con los nudos de pesada estaca; lo que cada cual pilla<br \/>\nla ira se lo vuelve armas. Llama Tirro a sus hombres<br \/>\ncuando andaba partiendo en cuatro una encina<br \/>\ncon cu\u00f1as clavadas, blandiendo su segur entre grandes jadeos.<br \/>\nLa diosa cruel, por su parte, viendo desde su atalaya llegada la hora,<br \/>\nse dirige a lo alto del establo y desde el tejado<br \/>\nlanza la se\u00f1al de los pastores y con curvo cuerno<br \/>\nhace sonar su voz del T\u00e1rtaro, con la que al punto todo<br \/>\nel bosque se estremeci\u00f3 y resonaron las selvas profundas;<br \/>\nla oy\u00f3 a lo lejos de la Trivia el lago, la oy\u00f3 la corriente<br \/>\ndel Nar, blanco de aguas sulfurosas, y las fuentes velinias,<br \/>\ny estrecharon las madres temblorosas contra el pecho a los hijos.<br \/>\nRaudos entonces a la voz con que la tuba cruel<br \/>\nles dio la se\u00f1al acuden los ind\u00f3mitos campesinos tomando<br \/>\nac\u00e1 y all\u00e1 sus flechas, y no deja la juventud troyana<br \/>\na Ascanio sin su ayuda y sale fuera de su campamento.<br \/>\nSe enfrentaron las filas. Y ya no de un agreste certamen<br \/>\nse trata con duros troncos o le\u00f1os quemados,<br \/>\nsino que combaten a hierro de doble filo y un negro<br \/>\nsembrado de espadas enhiestas se eriza, y brillan los bronces<br \/>\nheridos por el sol y despiden su luz bajo el nublado:<br \/>\ncomo empieza la ola a clarear al primer soplo de viento,<br \/>\ny se encrespa poco a poco el mar y m\u00e1s alto las olas<br \/>\nlevanta para desde el abismo profundo llegar hasta el \u00e9ter.<br \/>\nAqu\u00ed el joven Alm\u00f3n, el mayor de los hijos de Tirro,<br \/>\ncae en primera l\u00ednea de estridente flechazo;<br \/>\npues bajo la garganta se le abre la herida y el camino<br \/>\nde la h\u00fameda voz y con sangre tapona el hilo de vida.<br \/>\nMuchos cuerpos de soldados alrededor y el anciano Galeso,<br \/>\nmientras acude mediador de paz, el m\u00e1s justo que fue<br \/>\ny un d\u00eda el m\u00e1s rico de los campos ausonios:<br \/>\ncinco reba\u00f1os de ovejas le balaban y otras cinco vacadas<br \/>\na su casa volv\u00edan y con cien arados revolv\u00eda la tierra.<br \/>\nY mientras esto ocurre en los campos con igualado Marte,<br \/>\nla diosa, due\u00f1a de las \u00f3rdenes recibidas, cuando la guerra<br \/>\nde sangre llen\u00f3 y celebr\u00f3 las primeras muertes del combate,<br \/>\nabandon\u00f3 Hesperia y cruzando las auras del cielo<br \/>\nllega ante Juno con orgullosa voz de vencedora:<br \/>\n\u00abAh\u00ed tienes, cumplida para ti la discordia de una triste guerra.<br \/>\nDiles ahora que afirmen su amistad y hagan los pactos.<br \/>\nAhora que he empapado a los teucros con sangre ausonia,<br \/>\nesto otro a esto he de a\u00f1adir si tu voluntad me aseguras:<br \/>\nen guerra pondr\u00e9 con mis rumores a las ciudades vecinas<br \/>\ny encender\u00e9 sus \u00e1nimos con el ansia de un Marte insano,<br \/>\npara que de todas partes acudan en su ayuda; sembrar\u00e9 de armas los campos.\u00bb<br \/>\nRepuso Juno entonces: \u00abHay ya bastantes terrores y enga\u00f1o;<br \/>\nah\u00ed est\u00e1n ya las causas de la guerra, de cerca se combate con las armas,<br \/>\nuna nueva sangre empapa las armas que ofreci\u00f3 primero la suerte.<br \/>\nQue tales bodas y tales himeneos celebren<br \/>\nla estirpe egregia de Venus y el propio rey Latino.<br \/>\nY no querr\u00eda el padre que reina en la cima del Olimpo<br \/>\nque andes dando vueltas libremente por las auras del \u00e9ter.<br \/>\nDeja estos lugares. Si algo queda a\u00fan del azar en las manos,<br \/>\nyo misma lo conducir\u00e9.\u00bb Con esta voz habl\u00f3 la hija de Saturno;<br \/>\nla otra por su parte alz\u00f3 sus alas estridentes de culebras<br \/>\ny volvi\u00f3 a su puesto del Cocito dejando las alturas.<br \/>\nHay un lugar en el centro de Italia al pie de altas cumbres,<br \/>\nnoble y nombrado por su fama en muchas partes,<br \/>\nlos valles del Ansanto; un negro flanco de bosques<br \/>\ncon denso follaje lo ci\u00f1e por dos lados y un fragoso<br \/>\ntorrente resuena en las rocas y el torcido remolino.<br \/>\nAqu\u00ed una gruta horrenda y los respiraderos del cruel Dite<br \/>\naparecen, y roto el Aqueronte una enorme vor\u00e1gine<br \/>\nabre las fauces pestilentes en las que se ocult\u00f3 la Erinia,<br \/>\nnumen odioso, dejando descansar al cielo y a las tierras.<br \/>\nY no deja entretanto la hija de Saturno a la guerra<br \/>\nde dar el postrer empuj\u00f3n. Corre a la ciudad todo<br \/>\nel n\u00famero de los pastores desde el frente y muertos llevan<br \/>\nal joven Alm\u00f3n y de Galeso el cuerpo ensangrentado,<br \/>\ne imploran a los dioses y reclaman el testimonio de Latino.<br \/>\nLlega Turno y en medio del fuego del asesinato<br \/>\nredobla el terror: convocan al reino a los teucros,<br \/>\nse mezclan con la raza de los frigios, a \u00e9l lo arrojan de su puerta.<br \/>\nEntonces aquellos cuyas mujeres, golpeadas por Baco, en t\u00edasos<br \/>\nandan saltando por bosques perdidos (grande es el nombre de Amata),<br \/>\nacuden a juntarse de todas partes y a Marte requieren.<br \/>\nAl punto todos proclaman la guerra infanda contra los presagios,<br \/>\ncontra el hado de los dioses, bajo un numen maligno.<br \/>\nRodean disputando la mansi\u00f3n del rey Latino;<br \/>\n\u00e9l se resiste como la roca que el pi\u00e9lago mover no puede,<br \/>\ncomo la roca que soporta su mole ante el fragor intenso<br \/>\ndel pi\u00e9lago que se le echa encima, rodeada por los ladridos<br \/>\nde muchas olas; escollos y pe\u00f1ascos esp\u00fameos en vano tiemblan<br \/>\nalrededor y a su costado se derrama el alga machacada.<br \/>\nPero cuando se ve sin fuerza alguna para vencer la ciega<br \/>\ndecisi\u00f3n, y marchan las cosas seg\u00fan las \u00f3rdenes crueles de Juno,<br \/>\nponiendo por testigos a los dioses y a las auras inanes el padre<br \/>\ndice: \u00abNos quebrantan, \u00a1ay!, los hados y la tormenta nos arrastra.<br \/>\nMas vosotros habr\u00e9is de pagar el castigo con sacr\u00edlega sangre,<br \/>\ninfelices. A ti, Turno, te aguarda -\u00a1horror!- un triste<br \/>\nsuplicio y con tard\u00edos votos suplicar\u00e1s a los dioses.<br \/>\nPues a m\u00ed me llega la hora del descanso y en la boca del puerto<br \/>\ns\u00f3lo de una muerte feliz se me priva.\u00bb Y sin decir m\u00e1s<br \/>\nse encerr\u00f3 en su casa y dej\u00f3 las riendas del gobierno.<br \/>\nEsta costumbre hab\u00eda en el Lacio de Hesperia que siempre las ciudades<br \/>\nalbanas guardaron por sagrada, y hoy la mayor de todas,<br \/>\nRoma, la guarda, cuando citan a Marte al inicio del combate<br \/>\ny la guerra lacrimosa deciden llevar a los getas,<br \/>\nlos hircanos o los \u00e1rabes, o marchar sobre el Indo<br \/>\ny seguir a la Aurora y arrebatar los estandartes a los partos.<br \/>\nSon dos las Puertas de la Guerra (con este nombre las llaman),<br \/>\nsagradas por el culto y el terror del fiero Marte;<br \/>\ncien tirantes de bronce las cierran y postes eternos<br \/>\nde hierro, y no falta a la entrada Jano guardi\u00e1n.<br \/>\nCuando es definitiva la decisi\u00f3n de combatir en los padres,<br \/>\nel c\u00f3nsul en persona, con la tr\u00e1bea quirinal y el ce\u00f1idor<br \/>\ngobierno revestido, abre sus hojas chirriantes,<br \/>\nen persona convoca a las guerras; le sigue despu\u00e9s la juventud entera<br \/>\ny con ronco asenso soplan sus cuernos de bronce.<br \/>\nPor eso tambi\u00e9n as\u00ed se ordenaba a Latino seg\u00fan la costumbre<br \/>\nla guerra declarar a los En\u00e9adas y abrir las tristes puertas.<br \/>\nSe abstuvo el padre de su contagio y rehuy\u00f3 sin mirar<br \/>\nel ingrato ministerio y se escondi\u00f3 en ciegas sombras.<br \/>\nEntonces la reina de los dioses bajando del cielo con su mano<br \/>\nempuja las tardas hojas y la hija de Saturno<br \/>\nrompe, girando el gozne, los herrados postes de la Guerra.<br \/>\nSe enciende Ausonia antes en calma e inm\u00f3vil;<br \/>\nunos se aprestan a marchar a pie por los campos, otros altivos<br \/>\nen altos caballos se excitan cubiertos de polvo; todos buscan sus armas.<br \/>\nUnos bru\u00f1en los escudos pulidos y las flechas brillantes<br \/>\ncon ping\u00fce grasa y afilan con el pedernal las segures;<br \/>\nles agrada portar las ense\u00f1as y escuchar el sonido de las tubas.<br \/>\nY cinco grandes ciudades en yunques ya preparados<br \/>\nrenuevan sus armas: Atina poderosa y la orgullosa T\u00edbur,<br \/>\nArdea y Crustumeros con Atenas, coronada de torres.<br \/>\nCavan seguras defensas para la cabeza y doblan de sauce<br \/>\nlas varas de los escudos; otros lorigas de bronce<br \/>\npreparan o las grebas brillantes de flexible plata;<br \/>\nde aqu\u00ed el culto de la reja y de la hoz, de aqu\u00ed toda ansia<br \/>\nde arado se apart\u00f3; funden de nuevo en los hornos las patrias espadas.<br \/>\nY suenan ya los clarines, pasa la t\u00e9sera la se\u00f1al del combate.<br \/>\n\u00c9ste saca nervioso el yelmo de su casa, aqu\u00e9l tembloroso<br \/>\ncaballos aparea bajo el yugo y el escudo y la malla<br \/>\nde triple hilo de oro se pone y se ci\u00f1e la leal espada.<br \/>\nAbrid, diosas, ahora el Helic\u00f3n y lanzad vuestros cantos,<br \/>\nqu\u00e9 reyes la guerra movi\u00f3, qu\u00e9 ej\u00e9rcitos y de qu\u00e9 bando<br \/>\nllenaron los campos, de qu\u00e9 guerreros florec\u00eda por entonces<br \/>\nla tierra sustentadora de Italia, de qu\u00e9 armas ardi\u00f3.<br \/>\nPues bien lo sab\u00e9is, diosas, y pod\u00e9is decirlo,<br \/>\nque a nosotros apenas nos llega el soplo tenue de la fama.<br \/>\nEl primero en entrar en guerra fue el \u00e1spero Mecencio<br \/>\nde las costas tirrenas, despreciador de los dioses, y en armar sus tropas<br \/>\nA su lado Lauso, su hijo, m\u00e1s gallardo que el cual<br \/>\nno hubo otro si no contamos al laurente Turno;<br \/>\nLauso, domador de caballos y vencedor de fieras,<br \/>\nmanda a mil hombres que en vano lo siguieron<br \/>\nde la ciudad de Agila, digno de \u00f3rdenes m\u00e1s felices<br \/>\nque las de su padre, y de un padre que no fuera Mecencio.<br \/>\nTras ellos por la hierba muestra su carro se\u00f1alado<br \/>\nde palma y sus caballos victoriosos el hijo del hermoso H\u00e9rcules,<br \/>\nel hermoso Aventino, y lleva en su escudo el emblema<br \/>\npaterno, cien serpientes y la hidra ce\u00f1ida de culebras;<br \/>\nen los bosques del monte Aventino Rea la sacerdotisa<br \/>\nlo pari\u00f3 a escondidas a la luz de este mundo<br \/>\nunida a un dios siendo mujer, luego que el h\u00e9roe de Tirinto<br \/>\ntras vencer a Geri\u00f3n lleg\u00f3 a los campos laurentes<br \/>\ny lav\u00f3 las vacas hiberas en el r\u00edo tirreno.<br \/>\nLanzas llevan en la mano y picas crueles para la guerra,<br \/>\ny pelean con el romo pu\u00f1al y el asador sabino.<br \/>\n\u00c9l mismo a pie, envuelto en una piel enorme de le\u00f3n<br \/>\nerizada de terribles cerdas, de blancos dientes<br \/>\nprotegida la cabeza, as\u00ed entraba en el palacio real,<br \/>\nhirsuto, revestidos los hombros con el manto de H\u00e9rcules.<br \/>\nSalen entonces dos hermanos gemelos por los muros de T\u00edbur,<br \/>\nciudad as\u00ed llamada por el nombre de su hermano Tiburto,<br \/>\nCatilo y el fiero Coras, la juventud de Argos,<br \/>\ny llegan a primera l\u00ednea entre un bosque de dardos:<br \/>\ncomo cuando de lo alto del monte bajan dos Centauros<br \/>\nque la nube engendr\u00f3 dejando el H\u00f3mole en r\u00e1pida carrera<br \/>\ny el Otris nevado; les abre paso en su marcha<br \/>\nla selva inmensa y se apartan con gran ruido las ramas.<br \/>\nY no falt\u00f3 el fundador de la ciudad de Preneste,<br \/>\nde quien toda edad ha cre\u00eddo que naci\u00f3 ya rey de Vulcano<br \/>\nentre los agrestes ganados y se le encontr\u00f3 delante del fuego,<br \/>\nC\u00e9culo. Le acompa\u00f1a agreste y numerosa legi\u00f3n:<br \/>\nlos guerreros que habitan la elevada Preneste y los de los campos<br \/>\nde Juno Gabina y el helado Anio y rociados de arroyos<br \/>\nlos pe\u00f1ascos h\u00e9rnicos y cuantos alimentas, rica Anagnia,<br \/>\ny los tuyos, padre Amaseno. No a todos ellos les suenan<br \/>\nlas armas, los escudos o los carros; la parte mayor dispara<br \/>\nbolas grises de plomo, otra parte lleva dos flechas<br \/>\nen la mano y tienen la cabeza protegida<br \/>\ncon cascos rubios de piel de lobo; dejan huellas desnudas<br \/>\ncon el pie izquierdo y cuero crudo el otro les cubre.<br \/>\nY all\u00e1 va Mesapo, domador de caballos, prole de Neptuno,<br \/>\na quien nadie puede abatir con hierro o con fuego;<br \/>\nllama de pronto a las armas a pueblos ha tiempo ociosos<br \/>\ny a ej\u00e9rcitos sin costumbre de guerras y empu\u00f1a de nuevo la espada.<br \/>\nAqu\u00ed est\u00e1n las tropas de Fescenio y los ecuos faliscos,<br \/>\n\u00e9stos habitan los alc\u00e1zares del Soracte y los campos flavinios<br \/>\ny de C\u00edmino el lago, con su monte, y los bosques capenos.<br \/>\nMarchaban igualados en n\u00famero y cantando a su rey:<br \/>\ncomo los cisnes de nieve entre nubes transparentes<br \/>\ncuando vuelven de comer y de sus largos cuellos<br \/>\nsalen cantos melodiosos, suena la corriente y devuelve el eco la laguna Asia.<br \/>\nY nadie pensar\u00eda que de concurso tan grande<br \/>\nuna tropa de bronce se forma, sino que de alta mar<br \/>\nse precipita a la playa una nube a\u00e9rea de roncas aves.<br \/>\nY mira a Clauso al frente de un gran ej\u00e9rcito<br \/>\nde la antigua sangre de los sabinos y \u00e9l mismo cual un ej\u00e9rcito,<br \/>\nde quien llega hasta hoy la familia Claudia y la tribu<br \/>\npor el Lacio, luego que Roma fue dada en parte a los sabinos.<br \/>\nA una la numerosa cohorte de Amiterno y los antiguos Quirites,<br \/>\ntodo el grupo de Ereto y de Mutusca olivarera;<br \/>\nquienes habitan la ciudad de Nomento y los Campos<br \/>\nR\u00f3seos del Velino, los de las escarpadas rocas de T\u00e9trica<br \/>\ny el monte Severo y Casperia y Forulos y el r\u00edo de Himela;<br \/>\nlos que beben del Tiber y el F\u00e1bar, los que envi\u00f3 la fr\u00eda<br \/>\nNursia y las tropas de Hortano y los pueblos latinos,<br \/>\ny a los que divide con sus aguas el Alia de infausto nombre:<br \/>\nnumerosos como las olas que ruedan en el m\u00e1rmol libico,<br \/>\ncuando cruel Ori\u00f3n se oculta entre las aguas en invierno,<br \/>\no como espigas que se doran apretadas bajo el sol nuevo<br \/>\nen las llanuras del Hermo o en los rubios campos de Licia.<br \/>\nResuenan los escudos y la tierra se espanta del batir de pies.<br \/>\nTambi\u00e9n el agamenonio Haleso, enemigo del nombre troyano,<br \/>\nunce a su carro los caballos y en ayuda de Turno suma mil<br \/>\npueblos feroces, los que trabajan con el rastrillo los felices<br \/>\na Baco vi\u00f1edos del M\u00e1sico, y los que los padres auruncos<br \/>\nde los altos collados enviaron, y, al lado, los llanos<br \/>\nsicidinos, y los que dejan Cales y los habitantes de la corriente<br \/>\nvadosa del Volturno e igualmente el \u00e1spero saticulano<br \/>\ny el grupo de los oscos. Sus dardos son redondeadas<br \/>\njabalinas y la costumbre atarles un flexible l\u00e1tigo.<br \/>\nLa cetra les cubre la izquierda, con falcatas combaten de cerca.<br \/>\nY no te ir\u00e1s de nuestro poema sin ser se\u00f1alado,<br \/>\n\u00c9balo que, se dice, Tel\u00f3n te engendr\u00f3 de la Ninfa<br \/>\nSeb\u00e9tide, cuando ten\u00eda el reino en Capri de los tel\u00e9boes,<br \/>\nanciano ya; pero el hijo de ninguna manera contento<br \/>\ncon los campos paternos, a su poder ya entonces somet\u00eda<br \/>\na los pueblos sarrastes y la llanura que el Sarno riega,<br \/>\ny los que pueblan Rufras y B\u00e1tulo y los campos de Celemna,<br \/>\ny los que contemplan las murallas de Abela, rica en manzanas,<br \/>\nhechos a lanzar al modo teut\u00f3nico sus cateyas;<br \/>\ncubiertas sus cabezas con la corteza arrancada al alcornoque,<br \/>\nde bronce resplandecen sus peltas, de bronce resplandecen sus espadas.<br \/>\nY te mand\u00f3 a la guerra la monta\u00f1osa Nersas,<br \/>\nUfente, glorioso por la fama de tus armas felices;<br \/>\nsu pueblo, una gente espantosa sobre todas acostumbrada<br \/>\na cazar por los bosques, los ecuos, y a la dura gleba.<br \/>\nArmados trabajan la tierra y les gusta reunir constantemente<br \/>\nbotines nuevos y vivir de la rapi\u00f1a.<br \/>\nFaltar no pod\u00eda el sacerdote del pueblo de los marsos<br \/>\ncon el yelmo de la rama del feliz olivo adornado,<br \/>\npor orden del rey Arquipo, el muy valiente Umbr\u00f3n,<br \/>\nquien con v\u00edboras e hidras de pesado aliento<br \/>\nsol\u00eda infundir el sue\u00f1o entre cantos y gestos de su mano<br \/>\ny apagaba los enojos y con su arte curaba los mordiscos.<br \/>\nMas no le vali\u00f3 para curarse del golpe de la danza<br \/>\ndard\u00e1nida ni le ayudaron con su herida los cantos<br \/>\nsomn\u00edferos o las hierbas cogidas en los montes marsos.<br \/>\nEl bosque de Angitia te llor\u00f3 y te llor\u00f3 el Fucino<br \/>\nde aguas cristalinas y los lagos transparentes.<br \/>\nMarchaba tambi\u00e9n a la guerra el bell\u00edsimo hijo de Hip\u00f3lito,<br \/>\nVibio, a quien insigne lo envi\u00f3 Aricia, su madre,<br \/>\ncriado en los bosques de Egeria entre h\u00famedas<br \/>\nriberas, donde la grasa aplaca el altar de Diana.<br \/>\nPues dice la fama de Hip\u00f3lito que luego que por las ma\u00f1as<br \/>\nde su madrasta muri\u00f3 y pag\u00f3 el castigo paterno con su sangre<br \/>\ndescuartizado entre locos caballos, a los astros de nuevo<br \/>\net\u00e9reos lleg\u00f3 y a los aires superiores del cielo<br \/>\nal conjuro de las hierbas peonias y del amo r de Diana.<br \/>\nEntonces el padre omnipotente enojado porque de las sombras<br \/>\ninfernales alg\u00fan mortal volviera a la luz de la vida,<br \/>\n\u00e9l mismo al inventor de tal arte y medicina,<br \/>\nal hijo de Febo lo lanz\u00f3 con su rayo a las olas estigias.<br \/>\nPero la divina Trivia oculta a Hip\u00f3lito en secretos<br \/>\nlugares y lo conf\u00eda a la ninfa Egeria y a su bosque,<br \/>\ndonde sin fama, solo, su edad transcurriera en las selvas<br \/>\nde Italia y donde Virbio fuera con nombre cambiado.<br \/>\nPor eso tambi\u00e9n del templo de Trivia y sus bosques sagrados<br \/>\nse aparta a los caballos de c\u00f3rneas u\u00f1as, porque en la playa un d\u00eda<br \/>\nespantados por monstruos del mar arrojaron al joven de su carro.<br \/>\nSu hijo conduc\u00eda caballos no menos fogosos por el llano<br \/>\ncampo y en su carro marchaba hacia el combate.<br \/>\nEl propio Turno de hermosa presencia entre los primeros<br \/>\nse mueve sosteniendo sus armas y destacando por encima.<br \/>\nSu alto yelmo de triple penacho una Quimera soporta<br \/>\nque resopla por sus fauces fuegos del Etna;<br \/>\ntanto m\u00e1s \u00e9sta se agita y se enardece de tristes llamas<br \/>\ncuanto m\u00e1s crudo se vuelve el combate de la sangre vertida.<br \/>\nEl bru\u00f1ido escudo lo con los cuernos levantados<br \/>\nen oro le adornaba, ya cubierta de pelo, ya vaca<br \/>\n-tema extraordinario-, y Argo el custodio de la virgen<br \/>\ny su padre !naco derramando un torrente de la jarra labrada.<br \/>\nLe sigue una nube de infantes y ej\u00e9rcitos de escudos<br \/>\nse forman por toda la campi\u00f1a, la juventud argiva<br \/>\ny las tropas auruncas, los r\u00fatulos y los antiguos sicanos<br \/>\ny las filas sacranas y los labicos de pintados escudos;<br \/>\nlos que aran, Tiberino, tu valle y del Numico las sagradas<br \/>\nriberas y los collados r\u00fatulos trabajan con la reja<br \/>\ny el monte circeo, cuyos campos J\u00fapiter preside<br \/>\n\u00c1nxuro y Feronia gozosa de su bosque verdeante;<br \/>\npor donde se extiende la negra laguna de S\u00e1tura y entre valles<br \/>\nprofundos busca su salida al mar y se oculta el g\u00e9lido Ufente.<br \/>\nA \u00e9stos se a\u00f1adi\u00f3 Camila, del pueblo de los volscos,<br \/>\ncon una columna de jinetes y huestes florecientes de bronce,<br \/>\nguerrera, no como la que acostumbr\u00f3 su manos de mujer<br \/>\na la rueca y los cestillos de Minerva, sino joven hecha a sufrir<br \/>\nduros combates y a ganar con el correr de sus pies a los vientos.<br \/>\nElla volar\u00eda sobre las crestas de un sembrado<br \/>\nsin tocarlas, ni rozar\u00eda en su carrera las tiernas espigas,<br \/>\no en medio del mar suspendida sobre las olas hinchadas<br \/>\nse abrir\u00eda camino sin que las aguas tocasen sus plantas veloces.<br \/>\nA ella la contempla la juventud entera saliendo de casas<br \/>\ny campos, y no la pierden de vista al pasar las madres,<br \/>\ncon la boca abierta de asombro ante el regio adorno de p\u00farpura<br \/>\nque cubre sus hombros suaves o la f\u00edbula de oro<br \/>\nque trenza su cabello, de c\u00f3mo lleva ella misma su aljaba<br \/>\nlicia o el mirto pastoril rematado en punta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LIBRO VII T\u00fa tambi\u00e9n a nuestros litorales, oh nodriza de Eneas, fama diste inmortal con tu muerte, Cayeta; y a\u00fan hoy conservan tus honras el lugar y los huesos tu nombre en Hesperia la grande -si gloria es eso- se\u00f1ala. El piadoso Eneas, celebradas debidamente las exequias, levantando el terrapl\u00e9n\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-eneida-vii-virgilio\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":75,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[5,1109],"tags":[1069,1016,1012,1018,1011,1127,1015,1023,1034,1115,1143,1142,1145,1065,1079,1051,1154,1025,1033],"class_list":["post-885","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-textos-literarios","tag-animal","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-corazon","tag-europa","tag-flor","tag-gobierno","tag-guerra","tag-jovenes","tag-justicia","tag-ley","tag-libro","tag-medicina","tag-mito","tag-planta","tag-poema","tag-rosa","tag-vino"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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