{"id":883,"date":"2010-11-23T02:17:51","date_gmt":"2010-11-23T00:17:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=883"},"modified":"2010-11-23T02:17:51","modified_gmt":"2010-11-23T00:17:51","slug":"la-eneida-v-virgilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-eneida-v-virgilio\/","title":{"rendered":"La Eneida (V) [Virgilio]"},"content":{"rendered":"<p><strong>LIBRO V<\/strong><\/p>\n<p>Entretanto Eneas ya manten\u00eda seguro su rumbo<br \/>\ncon la flota y del Aquil\u00f3n negras cortaba las olas<br \/>\nvolvi\u00e9ndose a mirar las murallas que ya resplandecen con las llamas<br \/>\nde la infeliz Elisa. Oculta les queda la causa que encendiera<br \/>\nfuego tan terrible; mas las penas duras de un amor grande<br \/>\nmancillado, y el saber de qu\u00e9 es capaz una mujer desesperada<br \/>\nlo toman los corazones de los teucros como triste presagio.<br \/>\nCuando las naves ocuparon el mar y ya ninguna tierra<br \/>\nles viene al encuentro, mar por todo y por todo cielo,<br \/>\na \u00e9l cer\u00faleo nubarr\u00f3n se le par\u00f3 sobre la cabeza<br \/>\nllevando noche y tormenta y se encresp\u00f3 la ola de tinieblas.<br \/>\nEl propio Palinuro, el piloto, desde su alta popa:<br \/>\n\u00ab\u00a1Ay!, \u00bfpor qu\u00e9 nimbos tan grandes han ce\u00f1ido el \u00e9ter?<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 nos deparas, padre Neptuno?\u00bb Luego que as\u00ed dijo<br \/>\nordena arriar las velas y ponerse a los fuertes remos,<br \/>\ny ofrece pliegues oblicuos al viento, y a\u00f1ade esto:<br \/>\n\u00abMagn\u00e1nimo Eneas, ni aunque J\u00fapiter me lo prometiera<br \/>\ncon su respaldo esperar\u00eda yo tocar Italia con este cielo.<br \/>\nOpuestos rugen los vientos de costado y se levantan<br \/>\nde lo negro de la tarde y el aire se condensa en nubes.<br \/>\nY no podemos nosotros luchar en su contra ni hacer<br \/>\ntan gran esfuerzo. Puesto que nos vence Fortuna, sigamos<br \/>\ny pongamos rumbo a donde nos llama. No creo lejanas<br \/>\nlas seguras costas de tu hermano \u00c9rice y los puertos sicanos,<br \/>\nsi es que bien recuerdo y vuelvo a medir los astros ya observados.\u00bb<br \/>\nY el piadoso Eneas: \u00abEn verdad as\u00ed veo hace rato que lo piden<br \/>\nlos vientos y que en vano te empe\u00f1as en su contra.<br \/>\nDobla el camino a las velas. \u00bfPuede haber tierra m\u00e1s grata<br \/>\npara m\u00ed o a donde m\u00e1s quisiera llevar mis naves cansadas<br \/>\nque la que me guarda al dardanio Acestes<br \/>\ny abraza en su seno los huesos de mi padre Anquises?\u00bb<br \/>\nCuando dijo esto, a los puertos se dirigen y C\u00e9firos propicios<br \/>\nles inflan las velas; avanza por las aguas rauda la flota,<br \/>\ny al fin gozosos arriban a la playa conocida.<br \/>\nY a lo lejos desde la elevada cumbre de un monte se asombra<br \/>\nAcestes de su llegada y baja al encuentro de las naves amigas,<br \/>\nerizado de sus jabalinas y la piel de una osa de Libia:<br \/>\nconcebido por el r\u00edo Criniso una madre troyana<br \/>\nlo hab\u00eda tenido. Sin olvidar a sus antiguos padres<br \/>\nse alegra con los que vuelven y con agrestes tesoros gozoso<br \/>\nles recibe, y cansados les reconforta con amistosa ayuda.<br \/>\nCuando el d\u00eda siguiente, luminoso, hab\u00eda espantado a las estrellas<br \/>\ncon el otro primero, a los compa\u00f1eros de toda la playa convoca<br \/>\nEneas a reuni\u00f3n y habla desde la altura de un t\u00famulo:<br \/>\n\u00abGrandes Dard\u00e1nidas, estirpe de la alta sangre de los dioses,<br \/>\nse cierra el c\u00edrculo de un a\u00f1o con sus meses cumplidos<br \/>\ndesde que los restos y los huesos de mi divino padre<br \/>\ncubrimos con tierra y consagramos altares afligidos;<br \/>\ny ya ha llegado el d\u00eda, si no me enga\u00f1o, que siempre por acerbo<br \/>\ny por honrado he de tener (as\u00ed lo quisisteis, dioses).<br \/>\nAs\u00ed exiliado lo pasara yo en la Sirtes getulas,<br \/>\no en el mar arg\u00f3lico atrapado o en la ciudad de Micenas,<br \/>\nvotos anuales y, por orden, solemnes pompas<br \/>\nle rendir\u00eda y colmar\u00eda sus altares de presentes.<br \/>\nMucho m\u00e1s hoy: a las cenizas y los huesos de mi propio padre<br \/>\nhemos llegado, creo, en verdad no sin la intenci\u00f3n de los dioses<br \/>\nni sin su numen y se nos ha hecho entrar en un puerto amigo.<br \/>\nAs\u00ed que \u00e1nimo y celebremos todos alegre ceremonia:<br \/>\ninvoquemos a los vientos, y ojal\u00e1 \u00e9l me acepte todos los a\u00f1os<br \/>\nen la nueva ciudad estas ofrendas en los templos que le dediquemos.<br \/>\nAcestes, un hijo de Troya, da dos cabezas de bueyes<br \/>\npara cada una de vuestras naves: invitad al banquete<br \/>\na los Penates patrios y a los que venera el hu\u00e9sped Acestes.<br \/>\nY adem\u00e1s, cuando la novena Aurora haya tra\u00eddo a los mortales<br \/>\nel almo d\u00eda y haya despejado el orbe con sus rayos,<br \/>\ndispondr\u00e9 en primer lugar para los teucros un combate de las naves veloces;<br \/>\ny el que vale en la carrera a pie, y el que osado de fuerzas<br \/>\nllega m\u00e1s lejos con la jabalina y las r\u00e1pidas flechas,<br \/>\no se anima a presentar batalla con el rudo cesto,<br \/>\nacudan todos y aguarden el premio de la merecida palma.<br \/>\nGuardad todos silencio y ce\u00f1id con ramos vuestras sienes.\u00bb<br \/>\nDicho esto cubre con el mirto materno sus sienes.<br \/>\nAs\u00ed hace H\u00e9limo, as\u00ed Acestes por la edad maduro,<br \/>\nas\u00ed el ni\u00f1o Ascanio, y les sigue toda la juventud.<br \/>\n\u00c9l desde la asamblea con muchos millares se dirig\u00eda<br \/>\nal t\u00famulo, en el centro de numerosa compa\u00f1\u00eda.<br \/>\nAqu\u00ed libando seg\u00fan el rito dos copas de vino puro<br \/>\nlas verti\u00f3 en tierra, dos de leche nueva, dos de sangre consagrada,<br \/>\ny esparce flores purp\u00fareas, y esto dice:<br \/>\n\u00abSalve, sagrado padre, de nuevo; salve, cenizas en vano<br \/>\nrecobradas, y \u00e1nimas y sombras paternas.<br \/>\nNo se me concedi\u00f3 buscar contigo los territorios \u00edtalos<br \/>\nni los campos del destino ni, dondequiera que est\u00e9, el Tiber ausonio.\u00bb<br \/>\nAs\u00ed hab\u00eda dicho, cuando una l\u00fabrica serpiente del hondo recinto<br \/>\nsac\u00f3, enorme, sus siete anillos, sus siete revueltas,<br \/>\nen pl\u00e1cido abrazo al t\u00famulo y desliz\u00e1ndose por los altares;<br \/>\nel lomo ten\u00eda cubierto de manchas azulencas y de oro<br \/>\nun fulgor encend\u00eda sus escamas, como el arco en las nubes<br \/>\nesparce contra el sol mil diversos colores.<br \/>\nSe paraliz\u00f3 Eneas con la visi\u00f3n. Ella en larga l\u00ednea<br \/>\nserpentea por fin entre las p\u00e1teras y los vasos bru\u00f1idos<br \/>\ny gust\u00f3 las viandas y baj\u00f3 de nuevo sin da\u00f1o a lo profundo<br \/>\ndel t\u00famulo y dej\u00f3 los probados altares.<br \/>\nPor esto m\u00e1s reanuda los emprendidos honores a su padre,<br \/>\ndudando si pensar en un genio del lugar o en un siervo<br \/>\nde su padre; sacrifica seg\u00fan la costumbre dos ovejas<br \/>\ny otros tantos cerdos y los mismos novillos de negro lomo,<br \/>\ny vino derramaba con las p\u00e1teras y el alma invocaba<br \/>\nde Anquises el grande y sus Manes devueltos del Aqueronte.<br \/>\nY as\u00ed tambi\u00e9n los compa\u00f1eros, seg\u00fan cada cual puede, gozosos<br \/>\nllevan sus ofrendas, colman los altares y matan novillos;<br \/>\ncalderos colocan otros en fila y dispersos por la hierba<br \/>\namontonan las brasas bajo los asadores y queman las v\u00edsceras.<br \/>\nHab\u00eda llegado el d\u00eda esperado y ya los caballos de Faetonte<br \/>\nla novena Aurora tra\u00edan con su luz serena,<br \/>\ny la noticia y del ilustre Acestes el nombre a los comarcanos<br \/>\nhab\u00edan congregado; en alegre reuni\u00f3n la playa llenaban<br \/>\npor ver a los En\u00e9adas y otros dispuestos a competir.<br \/>\nPrimero ante sus ojos se disponen los presentes de la arena<br \/>\nen el centro, los tr\u00edpodes sagrados y las verdes coronas<br \/>\ny las palmas, premio para los vencedores, y las armas y las ropas<br \/>\nte\u00f1idas de p\u00farpura, talentos de oro y de plata;<br \/>\ny canta la trompa de lo alto de una duna el comienzo de los juegos.<br \/>\nAvanzan iguales para el certamen primero cuatro naves<br \/>\nde pesados remos escogidas de toda la flota.<br \/>\nMnesteo gu\u00eda con fiera tripulaci\u00f3n la veloz Pristis,<br \/>\n\u00edtalo muy pronto Mnesteo, de quien el nombre de la estirpe de Memmio;<br \/>\ny G\u00edas la inmensa Quimera de inmensa mole<br \/>\ncomo de una ciudad, que en triple hilera la juventud impele<br \/>\ndardania, se alzan sus remos en tres filas;<br \/>\ny Sergesto, del que recibe su nombre la casa Sergia,<br \/>\navanza sobre la gran Centauro y Cloanto en la Escila<br \/>\ncer\u00falea, de donde tu estirpe, romano Cluentio.<br \/>\nHay a lo lejos en el mar un pe\u00f1asco frente a la espumantes<br \/>\nriberas que a veces, sumergido, lo baten las olas<br \/>\nhinchadas cuando los Cauros de invierno ocultan los astros;<br \/>\nen la bonanza calla y sobre las olas inm\u00f3viles asoma,<br \/>\nprado y solana grat\u00edsimos para los tibios somormujos.<br \/>\nAqu\u00ed coloc\u00f3 el padre Eneas una verde meta<br \/>\nde frondoso arce, una se\u00f1al para los marineros de donde regresar<br \/>\nsupieran y en torno a donde doblar la larga carrera.<br \/>\nLuego eligen a suertes los puestos y los propios capitanes<br \/>\nen sus popas brillan de oro a lo lejos y de p\u00farpura relucientes;<br \/>\nlos dem\u00e1s j\u00f3venes se cubren con hojas de chopo<br \/>\ny resplandecen con los hombros desnudos untados de aceite.<br \/>\nSe sientan en los bancos, atentos los brazos a los remos;<br \/>\natentos aguardan la se\u00f1al, y consume sus excitados<br \/>\ncorazones un ansia pulsante y un vehemente deseo de gloria.<br \/>\nLuego, cuando la clara trompa lanz\u00f3 la se\u00f1al -no hay retraso-<br \/>\ntodos saltaron de sus marcas; hiere el \u00e9ter un clamor<br \/>\nmarinero y las aguas se hacen espuma por el batir de brazos.<br \/>\nHienden los surcos a la vez, y toda se abre<br \/>\nla llanura agitada por los remos y los rostros tridentes.<br \/>\nNo tanto se precipitan en la carrera de bigas al llano<br \/>\ncorriendo ni se lanzan los carros fuera de la barrera,<br \/>\nni as\u00ed hacen restallar los aurigas las riendas ondeantes<br \/>\nsobre los veloces caballos e inclinados hacia adelante los azotan.<br \/>\nLuego con el aplauso y los gritos de los hombres y los \u00e1nimos<br \/>\nde sus seguidores resuena todo el bosque y las playas recogidas<br \/>\nhacen volar la voz, y devuelven el eco los collados por el clamor sacudidos.<br \/>\nEscapa antes que los dem\u00e1s y se desliza por las olas primeras<br \/>\nG\u00edas entre la turba y los gritos; despu\u00e9s le sigue<br \/>\nCloanto, mejor con los remos, aunque el lento pino le frena<br \/>\ncon su peso. Tras ellos, a igual distancia, la Pristis<br \/>\ny la Centauro disputan por ocupar el lugar primero,<br \/>\ny ya lo tiene la Pristis, ya vencida la sobrepasa la enorme<br \/>\nCentauro, ya ambas a la vez avanzan con sus frentes<br \/>\npegadas y con largas carenas surcan las olas saladas.<br \/>\nY ya se acercaban al pe\u00f1asco y la meta tocaban,<br \/>\ncuando el primero, G\u00edas, vencedor en medio de las aguas<br \/>\nincrepa con sus palabras al timonel de su nave, Menetes:<br \/>\n\u00ab\u00bfD\u00f3nde te me vas tan a la derecha? Vuelve aqu\u00ed la proa;<br \/>\nbesa la costa y deja que el remo roce las rocas por la izquierda;<br \/>\nque otros ocupen las aguas profundas.\u00bb Dijo; pero Menetes, temiendo<br \/>\nlos ciegos escollos, dobla la proa hacia las ondas del pi\u00e9lago.<br \/>\n\u00abD\u00f3nde vas tan lejos?\u00bb, de nuevo, \u00ab\u00a1Busca las rocas, Menetes!\u00bb,<br \/>\ncon sus gritos G\u00edas le insist\u00eda, y en eso ve a Cloanto<br \/>\nque se pone a su espalda y cada vez m\u00e1s cerca.<br \/>\n\u00c9ste entre la nave de G\u00edas y las rocas resonantes<br \/>\ncostea a la izquierda por el lado interno y de pronto al primero<br \/>\nadelanta y pasando la meta entra en aguas seguras.<br \/>\nEntonces en verdad un intenso dolor se encendi\u00f3 en los huesos del joven<br \/>\ny no faltaron l\u00e1grimas en sus mejillas, y al miedoso Menetes,<br \/>\nolvidando su propio decoro y la seguridad de sus amigos,<br \/>\nlo arroja de cabeza al mar desde la alta popa;<br \/>\n\u00e9l mismo se pone a gobernar el tim\u00f3n, \u00e9l mismo en timonel<br \/>\nanima a sus hombres y dirige el gobernalle hacia la costa.<br \/>\nPor su lado, Menetes cuando apenas logr\u00f3 salir de la profunda hondura,<br \/>\npesado y ya anciano y chorreando con la ropa empapada,<br \/>\nbusca lo alto del arrecife y se sienta sobre una roca seca.<br \/>\nDe \u00e9l al caer se rieron los teucros y cuando nadaba,<br \/>\ny se r\u00eden cuando vomita de su pecho el agua salada.<br \/>\nEntonces una alegre esperanza se encendi\u00f3 en los dos \u00faltimos,<br \/>\nen Sergesto y Mnesteo, de superar a un G\u00edas que se retrasaba.<br \/>\nSergesto se adelanta primero y se acerca al pe\u00f1asco,<br \/>\ny no le saca a\u00fan de ventaja toda la carena;<br \/>\nen parte el primero, en parte lo alcanza con su rostro \u00e9mula Pristis.<br \/>\nY movi\u00e9ndose en el centro de la nave entre sus compa\u00f1eros<br \/>\nles anima Mnesteo: \u00abAhora, alzaos ahora sobre los remos,<br \/>\nhect\u00f3reos amigos a quienes eleg\u00ed por compa\u00f1eros en la suerte<br \/>\nsuprema de Troya; sacad ahora aquellas fuerzas,<br \/>\nahora los \u00e1nimos que tuvisteis en las Sirtes getulas<br \/>\ny en el mar Jonio y en las olas tenaces del Malea.<br \/>\nNo busco ya la cabeza, yo Mnesteo, ni lucho por vencer<br \/>\n(aunque&#8230; \u00a1oh! Mas ganen aquellos a los que se lo diste, [Neptuno);<br \/>\navergonc\u00e9monos de llegar los \u00faltimos: triunfad en eso, ciudadanos,<br \/>\ny evitad el oprobio.\u00bb Ellos en un supremo esfuerzo<br \/>\nse doblan: tiembla con los golpes tremendos la popa de bronce<br \/>\ny el mar se retira, entonces un constante anhelo sacude<br \/>\nsus miembros y las \u00e1ridas bocas, el sudor corre a r\u00edos por todo.<br \/>\nY fue un golpe de suerte quien les depar\u00f3 el honor ansiado:<br \/>\npues mientras con \u00e1nimo furioso acerca Sergesto su proa<br \/>\na las rocas y se mete por dentro en una zona estrecha,<br \/>\nencall\u00f3 el desgraciado en las rocas prominentes.<br \/>\nLos pe\u00f1ascos recibieron el impacto y contra el agudo arrecife<br \/>\nlos remos se hicieron pedazos y colgada qued\u00f3 la proa tras el golpe.<br \/>\nSe alzan los marineros y se detienen entre grandes gritos<br \/>\ny las p\u00e9rtigas de hierro y los garfios de aguda punta<br \/>\ntoman y recogen en el agua los pedazos de los remos.<br \/>\nMas alegre Mnesteo y enardecido por esta misma suerte,<br \/>\ncon la veloz l\u00ednea de sus remos y los vientos propiciados<br \/>\nbusca mejores aguas y corre a mar abierto.<br \/>\nCual la paloma arrojada de pronto de la cueva<br \/>\nque, escondrijo de piedra, de casa le sirve y de dulce nido,<br \/>\nse lanza volando a los campos y asustada causa en su techo<br \/>\ngran aleteo; al punto se desliza por el aire quieto<br \/>\ny traza un l\u00edmpido camino sin mover sus alas veloces:<br \/>\nas\u00ed Mnesteo, as\u00ed la propia Pristis surca en su huida postrera<br \/>\nlos mares, as\u00ed su propio impulso la lleva volando.<br \/>\nY primero deja peleando con el alto pe\u00f1asco<br \/>\na Sergesto y con los breves vados y en vano pidiendo<br \/>\nauxilio y aprendiendo a correr con los remos quebrados.<br \/>\nLuego a G\u00edas y a la propia Quimera de inmensa mole<br \/>\nalcanza; cede, porque no tiene timonel.<br \/>\nS\u00f3lo queda ya Cloanto justo en la llegada,<br \/>\nal que busca y apremia empe\u00f1\u00e1ndose con todas sus fuerzas.<br \/>\nY entonces redobla el clamor y todos al segundo<br \/>\naniman con sus gritos, y resuena con el fragor el \u00e9ter.<br \/>\nUnos temen perder una gloria ya propia y un premio<br \/>\nya ganado, y cambian su vida por la victoria;<br \/>\na otros el \u00e9xito les alienta: pueden porque creen que pueden.<br \/>\nY tal vez habr\u00edan conquistado los premios con rostros empatados,<br \/>\nsi tendiendo al ponto ambas palmas Cloanto<br \/>\nno hubiera vertido sus oraciones e invocado con votos a los dioses:<br \/>\n\u00abDioses que poder ten\u00e9is sobre el mar cuyas aguas recorro,<br \/>\ngozoso he de ofreceros yo un toro blanco<br \/>\nen esta playa ante las aras, cumpliendo un voto, y sus entra\u00f1as<br \/>\narrojar\u00e9 a las olas saladas y verter\u00e9 l\u00edquidos vinos.\u00bb<br \/>\nDijo, y bajo las olas profundas lo escuch\u00f3 todo<br \/>\nel coro de las Nereidas y de Forco y la virgen Panopea,<br \/>\ny el propio padre Portuno lo impuls\u00f3 con mano grande<br \/>\nen su marcha: la nave, m\u00e1s rauda que el Noto y que veloz saeta<br \/>\nescap\u00f3 hacia tierra y se meti\u00f3 en el puerto profundo.<br \/>\nEntonces el hijo de Anquises a todos convoca seg\u00fan la costumbre<br \/>\ny con la gran voz del heraldo vencedor proclama<br \/>\na Cloanto y con verde laurel cubre sus sienes,<br \/>\ny deja que cada nave elija como presentes tres terneros<br \/>\ny que se lleven los vinos y un gran talento de plata.<br \/>\nHonores especiales concede para los propios capitanes;<br \/>\nal vencedor una cl\u00e1mide de oro cuya orla recorre<br \/>\nen doble meandro much\u00edsima p\u00farpura melibea,<br \/>\ny, bordado, el regio muchacho del frondoso ida<br \/>\nfatiga a los veloces ciervos con su jabalina, en la carrera<br \/>\nfiero, como jadeando, al que el alado escudero<br \/>\nde Jove se llev\u00f3 a lo alto desde el Ida en sus curvas garras;<br \/>\nlos ancianos guardianes tienden en vano sus palmas<br \/>\na los astros y se ensa\u00f1a con el aire el ladrido de los perros.<br \/>\nY el que por su valor ocup\u00f3 despu\u00e9s el lugar segundo,<br \/>\na ese una loriga tejida de mallas ligeras y triple hilo<br \/>\nde oro que \u00e9l mismo vencedor arrancara a Dem\u00f3leo<br \/>\njunto al r\u00e1pido Simunte al pie de la alta Ili\u00f3n,<br \/>\nse la da para que la tenga, gloria de un guerrero y reparo en las armas.<br \/>\nApenas, tan tupida, la aguantaban sobre sus hombros los esclavos<br \/>\nF\u00e9geo y S\u00e1garis; mas visti\u00e9ndola un d\u00eda<br \/>\nDem\u00f3leo persegu\u00eda a la carrera a los dispersos troyanos.<br \/>\nComo tercer premio entrega dos calderos de bronce<br \/>\ny copas terminadas en plata y \u00e1speras de relieves.<br \/>\nY ya todos con sus presentes y orgullosos de sus premios<br \/>\nse marchaban con las sienes ce\u00f1idas de purp\u00fareas cintas,<br \/>\ncuando escapado apenas con gran habilidad del cruel escollo,<br \/>\ncon los remos perdidos y a falta de una fila entera,<br \/>\nimpulsaba sin honor Sergesto su nave, objeto de burlas.<br \/>\nCual a menudo sorprendida la serpiente en el lomo del camino,<br \/>\nque la rueda de bronce pis\u00f3 por la mitad o a golpes de piedra<br \/>\ncruel caminante la dej\u00f3 medio muerta y aplastada;<br \/>\nen vano huyendo largas vueltas da con su cuerpo,<br \/>\nferoz en parte, y ardiente en sus ojos y alzando en alto<br \/>\nel cuello sibilante; la parte mutilada por la herida la frena<br \/>\nen su esfuerzo sobre los nudos y se pliega sobre s\u00ed misma:<br \/>\ncon tales remos se mov\u00eda tarda la nave;<br \/>\nvelas larga no obstante y a toda vela entra en la bocana.<br \/>\nEneas premia a Sergesto con el regalo prometido,<br \/>\ncontento, por salvar su nave y traer a sus compa\u00f1eros.<br \/>\nA \u00e9l le entrega una esclava experta en los trabajos de Minerva,<br \/>\nde estirpe cretense, F\u00f3leo, con dos gemelos bajo su pecho.<br \/>\nCumplida esta carrera, el piadoso Eneas se dirige<br \/>\na un prado herboso que por todo ce\u00f1\u00edan las selvas<br \/>\nde curvos collados, y era como un anfiteatro<br \/>\nen medio del valle; all\u00ed se encamin\u00f3 el h\u00e9roe con muchos<br \/>\nmillares y en alto se sent\u00f3 de la reuni\u00f3n en el centro.<br \/>\nEntonces, los que quieran competir en r\u00e1pida carrera,<br \/>\nlos \u00e1nimos estimula con regalos y fija los premios.<br \/>\nDe todas partes acuden los teucros y con ellos los sicanos,<br \/>\nNiso y Eur\u00edalo los primeros,<br \/>\nEur\u00edalo se\u00f1alado por su belleza y en la flor de la edad,<br \/>\nNiso con piadoso amor por el muchacho; les sigue luego<br \/>\nel regio Diores de la egregia estirpe de Pr\u00edamo;<br \/>\ncon \u00e9l, Salio y Patr\u00f3n, de los que uno acarnanio<br \/>\ny el otro de la sangre arcadia del pueblo tegeo;<br \/>\ntambi\u00e9n dos j\u00f3venes trinacrios, H\u00e9limo y P\u00e1nopes,<br \/>\ncompa\u00f1eros del anciano Acestes hechos a los bosques;<br \/>\ny muchos a\u00fan a quienes esconde una fama oscura.<br \/>\nEneas en medio de todos ellos as\u00ed dijo luego:<br \/>\n\u00abRecibid esto en el coraz\u00f3n y prestadme atenci\u00f3n gozosa.<br \/>\nNadie de este grupo se marchar\u00e1 sin que lo premie.<br \/>\nDar\u00e9 a cada uno de hierro bru\u00f1ido dos lucientes dardos<br \/>\ncnosios y un hacha doble cincelada en plata;<br \/>\neste honor ser\u00e1, pues, igual para todos. Premios los tres primeros<br \/>\nrecibir\u00e1n y ce\u00f1ir\u00e1n su cabeza con rubio olivo.<br \/>\nEl vencedor primero tenga un caballo distinguido por sus jaeces;<br \/>\nel segundo una aljaba de las Amazonas y llena de dardos<br \/>\ntracios, que cuelga de una correa con ancha banda<br \/>\nde oro y anuda una f\u00edbula de piedras preciosas;<br \/>\nel tercero vaya contento con este yelmo de Argos.\u00bb<br \/>\nLuego que dijo esto, ocupan sus lugares, y escuchada de pronto<br \/>\nla se\u00f1al se roban el terreno y dejan la salida,<br \/>\ndesparram\u00e1ndose como una nube. Todos miran la meta,<br \/>\ny marcha el primero Niso y destaca con mucho<br \/>\nsobre los otros m\u00e1s r\u00e1pidos que el viento y las alas del rayo;<br \/>\nel segundo, mas el segundo tras largo intervalo,<br \/>\nle sigue Salio; despu\u00e9s de un trecho luego<br \/>\nel tercero Eur\u00edalo;<br \/>\ny a Eur\u00edalo le sigue H\u00e9limo; justo a su espalda<br \/>\nall\u00e1 va volando Diores que le va pisando los talones<br \/>\natac\u00e1ndole con el hombro, y si hubiera m\u00e1s sitio<br \/>\nse escapar\u00eda al lugar mejor y lo dejar\u00eda inseguro.<br \/>\nY ya en el tramo final y cansados se aproximaban<br \/>\na la misma meta cuando el desgraciado Niso resbala<br \/>\nen la sangre viscosa que inmolados los novillos por caso<br \/>\nhab\u00eda ca\u00eddo al suelo y empapado las verdes hierbas.<br \/>\nAqu\u00ed el joven ya triunfante vencedor no domin\u00f3 sus pasos<br \/>\nvacilantes al pisar sobre el suelo y cay\u00f3 de cabeza<br \/>\nsobre \u00e9l en el inmundo fimo y en la sangre sagrada.<br \/>\nMas no de Eur\u00edalo, no se olvid\u00f3 aqu\u00e9l de sus amores:<br \/>\npues alz\u00e1ndose del charco se puso frente a Salio<br \/>\ny \u00e9ste cay\u00f3 dando vueltas en la espesa arena<br \/>\ny se escapa Eur\u00edalo y victorioso por el favor del amigo<br \/>\nocupa el primer puesto, y vuela entre el aplauso y los gritos de apoyo.<br \/>\nLuego entra H\u00e9limo y la palma tercera es ya de Diores.<br \/>\nEntonces todo el c\u00edrculo de la enorme c\u00e1vea y los rostros<br \/>\nprimeros de los padres Salio llena con grandes gritos,<br \/>\ny para s\u00ed reclama el honor arrebatado con trampas.<br \/>\nProtege a Eur\u00edalo el favor y las hermosas l\u00e1grimas,<br \/>\ny el valor que se hace m\u00e1s grato en un bello cuerpo.<br \/>\nLe asiste y lo proclama con gran voz Diores,<br \/>\nque alcanz\u00f3 su palma y en vano lleg\u00f3 al \u00faltimo<br \/>\npremio si los primeros honores se dieran a Salio.<br \/>\nEntonces el padre Eneas: \u00abVuestros presentes -dice- seguros<br \/>\nsiguen con vosotros, y nadie cambia el orden de las palmas, muchachos;<br \/>\nmas pueda yo compadecerme de la desgracia del amigo inocente.\u00bb<br \/>\nDicho esto la piel enorme de un le\u00f3n getulo<br \/>\nentrega a Salio, cargada de pelo y con las u\u00f1as de oro.<br \/>\nA esto Niso: \u00abSi premios tan grandes -dice- hay para los vencidos,<br \/>\ny pena te dan los ca\u00eddos, \u00bfqu\u00e9 presentes a Niso<br \/>\ndignos dar\u00e1s, que merec\u00ed por mi haza\u00f1a la primera corona<br \/>\nde no haberme tumbado, enemiga, la misma fortuna que a Salio?\u00bb<br \/>\nY a la vez que hablaba su rostro mostraba y sus miembros<br \/>\nmanchados del h\u00famedo fimo. Le sonri\u00f3 el \u00f3ptimo padre<br \/>\ny mand\u00f3 traer un escudo, trabajo de Didimaon,<br \/>\nque arrancaron los d\u00e1naos del sagrado dintel de Neptuno.<br \/>\nCon este hermoso presente premia al joven egregio.<br \/>\nLuego, cuando acab\u00f3 la carrera y entreg\u00f3 los premios:<br \/>\n\u00abAhora, si alguno \u00e1nimo y valor guarda en su pecho,<br \/>\npres\u00e9ntese y levante sus brazos con las palmas fajadas\u00bb,<br \/>\nas\u00ed dice, y propone un doble honor para el combate:<br \/>\nal vencedor un novillo cubierto de oro y de cintas,<br \/>\nuna espada y un hermoso yelmo como consolaci\u00f3n para el vencido.<br \/>\nAl punto, sin tardanza, con vastas fuerzas se presenta<br \/>\nDares y se alza entre gran griter\u00edo de los hombres,<br \/>\nel \u00fanico que sol\u00eda competir con Paris<br \/>\ny tambi\u00e9n, junto al t\u00famulo donde duerme H\u00e9ctor el grande,<br \/>\nal victorioso Butes de enorme cuerpo, el que presum\u00eda<br \/>\nde venir del pueblo bebricio de Amico,<br \/>\nle golpe\u00f3 y lo tumb\u00f3 moribundo en la rubia arena.<br \/>\nAs\u00ed Dares yergue su alta cabeza para el combate primero<br \/>\ny muestra sus anchos hombros y lanza adelante<br \/>\nalternadamente los brazos y azota las auras con sus golpes.<br \/>\nSe le busca un rival, y nadie de grupo tan grande<br \/>\nosa enfrent\u00e1rsele y enfundarse el cesto en las manos.<br \/>\nAs\u00ed que orgulloso y pensando que todos renunciaban a la palma<br \/>\nse plant\u00f3 ante los pies de Eneas y sin rodeos<br \/>\nagarra el toro por un cuerno con la izquierda, y as\u00ed dice:<br \/>\n\u00abHijo de la diosa, si nadie osa acudir al combate,<br \/>\n\u00bfcu\u00e1nto debo esperar? \u00bfCu\u00e1nto se me debe entretener?<br \/>\nOrdena que traigan los premios.\u00bb Todos a la vez gritaban<br \/>\nlos Dard\u00e1nidas y ped\u00edan que se le entregase lo prometido.<br \/>\nEntonces Acestes, severo, azuza con sus palabras a Entelo<br \/>\nseg\u00fan estaba sentado a su lado en el verde lecho de hierba:<br \/>\n\u00abEntelo, en vano un d\u00eda el mejor de nuestros h\u00e9roes,<br \/>\n\u00bfdejar\u00e1s que se lleven presentes tan grandes<br \/>\nsin presentar batalla? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ahora aquel dios nuestro,<br \/>\n\u00c9rice, maestro in\u00fatilmente celebrado? \u00bfD\u00f3nde la fama por toda<br \/>\nla Trinacria y aquellos despojos colgando de tu techo?\u00bb<br \/>\nY \u00e9l a eso: \u00abNo me dej\u00f3 el amor de gloria ni el honor<br \/>\nvencidos por el miedo; pero la g\u00e9lida sangre me entorpece<br \/>\ncon la pesada vejez, y se enfr\u00edan en mi cuerpo las fuerzas extremas.<br \/>\nSi yo tuviera aquella juventud de anta\u00f1o de la que presume<br \/>\nseguro este malvado, si ahora la tuviera,<br \/>\nen verdad no me presentar\u00eda yo animado por el premio<br \/>\ny el hermoso novillo, que no me fijo en los regalos.\u00bb Dicho esto<br \/>\narroj\u00f3 dos cestos iguales de enorme peso<br \/>\nal centro, con los que el fiero \u00c9rice sol\u00eda en la lucha<br \/>\nlanzar sus manos y revestir sus brazos de duro cuero.<br \/>\nAt\u00f3nitos quedaron los corazones; las pieles ingentes de siete<br \/>\nbueyes bien grandes r\u00edgidas estaban de plomo y de hierro cosido.<br \/>\nEstupefacto m\u00e1s que nadie Dares mucho retrocede,<br \/>\ny el magn\u00e1nimo hijo de Anquises sopesa y da vueltas<br \/>\nac\u00e1 y all\u00e1 al peso, y las inmensas lazadas de las correas.<br \/>\nLuego el anciano sacaba estas palabras de su pecho:<br \/>\n\u00abBien, \u00bfy si hubi\u00e9rais visto los cestos y las armas del propio<br \/>\nH\u00e9rcules y su triste lucha en esta misma playa?<br \/>\nUn d\u00eda tu hermano \u00c9rice llevaba estas armas<br \/>\n(las ves a\u00fan manchadas de sangre y de trozos de sesos),<br \/>\ncon ellas se enfrent\u00f3 al gran Alcides, \u00e9stas usaba yo<br \/>\nmientras una sangre mejor fuerzas me daba y a\u00fan no llenaba<br \/>\nde canas mis sienes gemelas la vejez envidiosa.<br \/>\nMas si el troyano Dares reh\u00fasa estas armas nuestras<br \/>\ny as\u00ed lo quiere el piadoso Eneas y lo aprueba el mu\u00f1idor Acestes,<br \/>\nigualemos la lucha. De las pieles de \u00c9rice te libero<br \/>\n(no temas), y qu\u00edtate t\u00fa esos cestos troyanos.\u00bb<br \/>\nDicho esto se quit\u00f3 el manto doble de los hombros<br \/>\ny sus miembros enormes, los grandes huesos y los brazos<br \/>\ndesnud\u00f3 y enorme se plant\u00f3 en el centro de la arena.<br \/>\nEntonces el padre de la sangre de Anquises trajo cestos iguales<br \/>\ny revisti\u00f3 de armas parejas las palmas de ambos.<br \/>\nLos dos se alzaron al punto sobre la punta de los pies<br \/>\ne imp\u00e1vidos levantaron los brazos a las auras superiores.<br \/>\nLas cabezas, en alto, las echaron atr\u00e1s, lejos del golpe,<br \/>\ny abrazan manos con manos y provocan la lucha,<br \/>\nuno mejor con el juego de pies y en su juventud confiado,<br \/>\nel otro poderoso de miembros y talla; pero tiembla y le fallan<br \/>\nlas torpes rodillas, un profundo jadeo sacude su cuerpo enorme.<br \/>\nMuchos golpes se lanzan en vano los hombres,<br \/>\nmucho se aplican al cavo costado y en su pecho retumban<br \/>\nlas sacudidas, y en torno a las orejas y las sienes<br \/>\nvaga la mano constante, crujen las mand\u00edbulas por el duro golpe.<br \/>\nFirme se queda plantado Entelo y con esfuerzo, sin moverse,<br \/>\nesquiva s\u00f3lo con el cuerpo los golpes y con ojos atentos.<br \/>\nEl otro, como quien asedia una ciudad escarpada con sus m\u00e1quinas<br \/>\no acampa en armas en torno a las fortalezas de los montes,<br \/>\ny uno y otro acceso, y todo el lugar explora<br \/>\ncon ma\u00f1a y con asaltos diversos la ataca en vano.<br \/>\nMuestra Entelo su diestra erguido y la levanta<br \/>\nen alto, el otro r\u00e1pido prev\u00e9 el golpe que le cae<br \/>\nde arriba y lo evita escapando con \u00e1gil cuerpo;<br \/>\nEntelo gasta sus fuerzas con el aire y, \u00e9l solo,<br \/>\nbajo su propio peso enorme cay\u00f3 pesado a tierra<br \/>\ny pesadamente, como cuando cay\u00f3 en el Erimanto el cavo<br \/>\npino arrancado de sus ra\u00edces o en el grande Ida.<br \/>\nSe enfrentan con sus gritos los teucros y la juventud trinacria;<br \/>\nllena el cielo el clamor y acude Acestes el primero<br \/>\ny al amigo de su edad levanta compadecido del suelo.<br \/>\nPero, ni entorpecido por la ca\u00edda ni asustado, el h\u00e9roe<br \/>\nvuelve m\u00e1s fiero a la lucha y saca fuerzas de su enojo;<br \/>\nel pudor adem\u00e1s enciende su coraje y un valor consciente,<br \/>\ny furioso persigue al lanzado Dares por toda la llanura<br \/>\nredoblando los golpes ya de su diestra, ya de su izquierda.<br \/>\nNo hay tregua ni descanso: como repican los nimbos cargados<br \/>\nsobre los tejados, as\u00ed el h\u00e9roe con repetidos golpes<br \/>\nno deja de pegar con una y otra mano y acosa a Dares.<br \/>\nEntonces el padre Eneas no consinti\u00f3 que fueran las iras<br \/>\nm\u00e1s all\u00e1 ni que Entelo se ensa\u00f1ase con \u00e1nimo acerbo,<br \/>\ny orden\u00f3 el foral de la lucha y al exhausto Dares<br \/>\nrescat\u00f3 consol\u00e1ndolo con sus palabras, y as\u00ed le dice:<br \/>\n\u00abDesgraciado, \u00bfqu\u00e9 locura tan grande se adue\u00f1\u00f3 de tu pecho?<br \/>\n\u00bfNo sientes las fuerzas distintas ni los n\u00famenes adversos?<br \/>\nAbandona ante el dios.\u00bb Dijo, y con su voz interrumpi\u00f3 la lucha.<br \/>\nY as\u00ed, arrastrando sus rodillas heridas y moviendo la cabeza<br \/>\na un lado y a otro, y arrojando por la boca densa sangre<br \/>\ny dientes mezclados con la sangre, leales compa\u00f1eros<br \/>\nlo llevan a las naves; se les llama y reciben el yelmo<br \/>\ny la espada, y dejan la palma y el toro para Entelo.<br \/>\n\u00c9ste, vencedor, con \u00e1nimo crecido y orgulloso del toro:<br \/>\n\u00abHijo de la diosa -dice- y teucros todos, aprended esto,<br \/>\nqu\u00e9 fuerzas tuvo mi cuerpo de joven<br \/>\ny de qu\u00e9 muerte salvado conserv\u00e1is a Dares.\u00bb<br \/>\nDijo, y se par\u00f3 frente al hocico del novillo<br \/>\nque le aguardaba como premio de la lucha, y los duros cestos<br \/>\ndej\u00f3 caer blandiendo su diestra en alto<br \/>\nentre los cuerpos, y le aplast\u00f3 los huesos y el cerebro:<br \/>\ncae vencido en tierra, temblando y sin vida, el animal.<br \/>\n\u00c9l saca luego de su pecho estas palabras:<br \/>\n\u00ab\u00c9rice, te entrego esta vida mejor a cambio de la muerte<br \/>\nde Dares; aqu\u00ed, vencedor, depongo mis cestos y mi arte.\u00bb<br \/>\nAl instante invita Eneas a competir con la veloz saeta<br \/>\na los que as\u00ed lo deseen y se\u00f1ala los premios,<br \/>\ny el m\u00e1stil de la nave de Seresto con mano poderosa<br \/>\nlevanta y una paloma voladora atada a una cuerda,<br \/>\na donde apunten sus dardos, cuelga de lo alto del m\u00e1stil.<br \/>\nAcudieron los hombres y recibi\u00f3 las suertes<br \/>\nun yelmo de bronce y entre gritos de \u00e1nimo el primero<br \/>\nsale, antes que los otros, el Hirt\u00e1cida Hipocoonte;<br \/>\nMnesteo, vencedor poco ha en el naval combate,<br \/>\nle sigue, Mnesteo ce\u00f1ido de verde olivo.<br \/>\nEuriti\u00f3n fue el tercero, tu hermano, oh P\u00e1ndaro<br \/>\nilustr\u00edsimo que cuando se orden\u00f3 romper el pacto<br \/>\nlanzaste el primero tu dardo en medio de los aqueos.<br \/>\nEl \u00faltimo y en el fondo del yelmo se queda Acestes,<br \/>\nque se hab\u00eda decidido a probar con su mano una lid de j\u00f3venes.<br \/>\nEntonces con fuerzas poderosas doblan y curvan sus arcos<br \/>\ncada uno por s\u00ed mismo y sacan los dardos de las aljabas,<br \/>\ny la primera vibrando el nervio por el cielo, la flecha<br \/>\ndel joven Hirt\u00e1cida azota las auras voladora,<br \/>\ny llega y se clava en el \u00e1rbol del m\u00e1stil frontero.<br \/>\nTembl\u00f3 el m\u00e1stil y asustado agit\u00f3 sus alas<br \/>\nel animal, y todo reson\u00f3 con intenso aplauso.<br \/>\nDespu\u00e9s el fiero Mnesteo se plant\u00f3 con el arco tendido<br \/>\napuntando hacia arriba, y a la vez lanz\u00f3 el ojo y la flecha.<br \/>\nMas, pobre de \u00e9l, no pudo alcanzar justo al ave<br \/>\ncon su flecha; cort\u00f3 los nudos y las cuerdas de lino<br \/>\ncon las que estaba colgada de una pata en lo alto del m\u00e1stil;<br \/>\nella vuela y escapa con los Notos a las negras nubes.<br \/>\nR\u00e1pido entonces, con la flecha hace rato montada<br \/>\nen el arco dispuesto, Euriti\u00f3n invoc\u00f3 con votos a su hermano,<br \/>\ny avist\u00e1ndola ya gozosa en el cielo libre y agitando<br \/>\nsus alas, atraviesa a la paloma bajo una negra nube.<br \/>\nCay\u00f3 ex\u00e1nime y se dej\u00f3 la vida entre los astros<br \/>\net\u00e9reos y devuelve abatida la flecha clavada.<br \/>\nPerdida ya la palma, s\u00f3lo quedaba Acestes,<br \/>\nque lanz\u00f3, sin embargo, su dardo a las auras a\u00e9reas,<br \/>\nexhibiendo el padre su arte y el arco sonoro.<br \/>\nEntonces un prodigio repentino que gran augurio ser\u00eda<br \/>\nse ofrece a los ojos; lo mostr\u00f3 despu\u00e9s un gran suceso<br \/>\ny los vates terribles cantaron presagios tard\u00edos.<br \/>\nPues volando en las l\u00edquidas nubes ardi\u00f3 la ca\u00f1a<br \/>\ny se\u00f1al\u00f3 un camino de llamas y desapareci\u00f3 consumida<br \/>\nen los tenues vientos, como a menudo arrancadas del cielo<br \/>\npasan corriendo y arrastran su cola las estrellas voladoras.<br \/>\nAt\u00f3nitos de \u00e1nimo quedaron teucros y trinacrios<br \/>\ne invocando a los dioses de lo alto y Eneas el grande<br \/>\nno rechaza el presagio, sino que abrazando al feliz Acestes<br \/>\nlo colma de grandes regalos, y as\u00ed le dice:<br \/>\n\u00abToma, padre, pues quiso el gran rey del Olimpo que por tales<br \/>\nauspicios honores recibieras fuera de sorteo.<br \/>\nEste presente tendr\u00e1s del propio anciano Anquises,<br \/>\nuna cratera llena de figuras que un d\u00eda el tracio<br \/>\nCiseo por un gran servicio hab\u00eda dado<br \/>\na mi padre Anquises, recuerdo y prenda de su amor.\u00bb<br \/>\nDicho esto, ci\u00f1e sus sienes de laurel verdeante<br \/>\ny antes que los otros declara primero a Acestes vencedor.<br \/>\nY no ve mal el bueno de Euriti\u00f3n el honor que se le quita,<br \/>\naunque s\u00f3lo \u00e9l derrib\u00f3 al ave del alto cielo.<br \/>\nLuego recibe sus regalos el que rompi\u00f3 las cuerdas,<br \/>\ny por \u00faltimo el que clav\u00f3 la ca\u00f1a voladora en el m\u00e1stil.<br \/>\nMas el padre Eneas antes de clausurar las pruebas<br \/>\nllama ante s\u00ed a Ep\u00edtides, custodio y compa\u00f1ero<br \/>\ndel imp\u00faber julo, y as\u00ed dice a los leales o\u00eddos:<br \/>\n\u00abVamos, ve y di a Ascanio, si ya tiene dispuesto<br \/>\nel juvenil escuadr\u00f3n y prepar\u00f3 la carrera de caballos,<br \/>\nque gu\u00ede su tropa en honor del abuelo y se exhiba<br \/>\ncon sus armas\u00bb, dice. \u00c9l mismo pide a toda la gente dispersa<br \/>\nque se retiren de la larga pista y que dejen el campo libre.<br \/>\nAvanzan los muchachos y en l\u00ednea ante la mirada de sus padres<br \/>\nresplandecen en los frenados caballos, asombrada por su desfile<br \/>\nse enardece toda la juventud de Trinacria y de Troya.<br \/>\nSeg\u00fan la costumbre, a todos les ci\u00f1e el cabello pelada corona;<br \/>\nllevan dos flechas de cornejo con hierro en la punta,<br \/>\nalgunos las ligeras aljabas al hombro; cae sobre su pecho<br \/>\nflexible c\u00edrculo de oro retorcido que ci\u00f1e su cuello.<br \/>\nCaracolean tres equipos de jinetes con sus tres<br \/>\ncapitanes; a cada uno le siguen doce muchachos<br \/>\nen grupos separados que relucen en l\u00ednea con sus jefes.<br \/>\nUna es la fila de j\u00f3venes exultantes que conduce quien toma<br \/>\nel nombre de su abuelo, el peque\u00f1o Pr\u00edamo, tu ilustre prole,<br \/>\nPolites, que multiplicar\u00e1 a los \u00edtalos; un caballo tracio<br \/>\nde manchas blancas lo lleva, que tiene blancas las patas<br \/>\nsobre los cascos y ense\u00f1a en alto su blanca frente.<br \/>\nEl segundo es Atis, de donde su estirpe sacaron los Atios latinos,<br \/>\nel peque\u00f1o Atis, muchacho querido del muchacho Julo.<br \/>\nEl \u00faltimo, y el m\u00e1s hermoso de todos, Julo montando<br \/>\nun caballo sidonio que la deslumbrante Dido<br \/>\nle hab\u00eda entregado, recuerdo y prenda de su amor.<br \/>\nLos dem\u00e1s j\u00f3venes van sobre caballos trinacrios<br \/>\ndel anciano Acestes.<br \/>\nLos reciben con aplausos y se gozan vi\u00e9ndolos asustados<br \/>\nlos Dard\u00e1nidas, y reconocen los rasgos de sus antiguos padres.<br \/>\nLuego que recorrieron alegres toda la pista y los ojos<br \/>\nde los suyos sobre los caballos, Ep\u00edtides dio la se\u00f1al<br \/>\na lo lejos con un grito e hizo restallar su l\u00e1tigo.<br \/>\nEllos avanzaron alineados y formando grupos de tres en tres<br \/>\nrompieron la formaci\u00f3n, y llamados de nuevo<br \/>\ninvirtieron la marcha y blandieron los dardos enhiestos.<br \/>\nLuego realizan otros avances y otras retiradas<br \/>\ncoloc\u00e1ndose de frente y responden rodeos alternos<br \/>\na rodeos y emprenden simulacros de combate bajo las armas,<br \/>\ny ya descubren sus espaldas en la huida, ya vuelven flechas<br \/>\namenazantes, ya firmada la paz cabalgan en l\u00ednea.<br \/>\nComo cuentan que un d\u00eda en la alta Creta el Laberinto<br \/>\ntuvo un recorrido trazado de muros ciegos y una enga\u00f1osa<br \/>\ntrampa de mil caminos por donde las pistas de la salida<br \/>\nquebraba un vagar desconocido y sin retorno;<br \/>\nno con marcha distinta los hijos de los teucros enlazan<br \/>\nsus pasos y tejen fugas y batallas jugando,<br \/>\ncomo delfines que nadando por los h\u00famedos mares<br \/>\nsurcan el Carpacio y el Libico.<br \/>\nEste tipo de carrera y estos combates renov\u00f3 el primero<br \/>\nAscanio cuando ci\u00f1\u00f3 de muros Alba Longa,<br \/>\ny ense\u00f1\u00f3 a celebrarlos a los antiguos latinos,<br \/>\nseg\u00fan \u00e9l mismo de muchacho y con \u00e9l la juventud troyana;<br \/>\nlos albanos los ense\u00f1aron a los suyos; de aqu\u00ed Roma la grande<br \/>\nlos recibi\u00f3 a su vez y conserv\u00f3 el honor de los padres;<br \/>\nhoy a los muchachos Troya y al escuadr\u00f3n troyano se les llama.<br \/>\nHasta aqu\u00ed se celebraron los juegos por el padre santo.<br \/>\nLuego, por vez primera, variable Fortuna cambi\u00f3 de lado.<br \/>\nMientras cumplen los ritos en torno al t\u00famulo con juegos diversos,<br \/>\nJuno Saturnia envi\u00f3 a Iris desde el cielo<br \/>\na la flota de Ili\u00f3n y vientos insufla a su caminar,<br \/>\ntramando muchas cosas sin saciarse a\u00fan por el dolor antiguo.<br \/>\nElla apresura su camino por el arco de mil colores<br \/>\ny corre la virgen sin que nadie la vea con r\u00e1pido vuelo.<br \/>\nContempla la numerosa reuni\u00f3n y la playa recorre<br \/>\ny ve los puertos desiertos y la flota abandonada.<br \/>\nA lo lejos, en una solitaria ribera, las troyanas apartadas<br \/>\nlloraban la p\u00e9rdida de Anquises y todas el profundo<br \/>\nmar contemplaban llorando. Tantas olas, \u00a1ay!, y mares<br \/>\ntan grandes aguardaban a las fatigadas, era la queja de todas;<br \/>\npiden una ciudad, hartas de soportar las fatigas del ponto.<br \/>\nAs\u00ed que entre ellas se lanza experta en causar da\u00f1o<br \/>\ny pierde el aspecto y las ropas de diosa;<br \/>\nse convierte en B\u00e9roe, anciana esposa del tmario Doriclo,<br \/>\nque un d\u00eda tuvo estirpe, hijos y nombre,<br \/>\ny as\u00ed se presenta ante las madres de los Dard\u00e1nidas.<br \/>\n\u00ab\u00a1Ay, desventuradas -dice- a las que la tropa aquea no condujo<br \/>\na la muerte en la guerra bajo los muros de la patria! \u00a1Ay, pueblo<br \/>\ninfeliz! \u00bfPara qu\u00e9 destrucci\u00f3n te reserva Fortuna?<br \/>\nYa transcurre el s\u00e9ptimo verano desde la ca\u00edda de Troya,<br \/>\ny los mares y las tierras todas y tantos inh\u00f3spitos pe\u00f1ascos<br \/>\ny los astros andamos recorriendo, mientras por el gran mar<br \/>\nperseguimos una Italia que se escapa y nos hacen rodar las olas.<br \/>\nAqu\u00ed est\u00e1 el territorio de su hermano Erice y el hu\u00e9sped Acestes:<br \/>\n\u00bfqui\u00e9n nos impide plantar los muros y dar una ciudad a los hombres?<br \/>\n\u00a1Ay, patria y Penates salvados en vano del enemigo!,<br \/>\n\u00bfning\u00fan muro ya se llamar\u00e1 de Troya? \u00bfEn ning\u00fan sitio<br \/>\nver\u00e9 los r\u00edos de H\u00e9ctor, el Janto y el Simunte?<br \/>\nVenid conmigo, pues, y quememos las infaustas naves.<br \/>\nQue a m\u00ed en sue\u00f1os la imagen de la vidente Casandra<br \/>\nhe visto que me daba teas encendidas: \u00abBuscad aqu\u00ed Troya;<br \/>\naqu\u00ed est\u00e1 vuestra casa\u00bb, me dijo. Ya es hora de actuar,<br \/>\ny retraso no cabe ante prodigios tan grandes. \u00a1Mirad, cuatro aras<br \/>\nde Neptuno! El propio dios nos da teas y coraje.\u00bb<br \/>\nEsto diciendo agarra la primera con fuerza una llama amenazante,<br \/>\nla hace brillar blandi\u00e9ndola a lo lejos con la diestra levantada<br \/>\ny la lanza. Suspensos quedaron los pechos de las troyanas<br \/>\ny at\u00f3nitos sus corazones. Entonces una de ellas, la mayor,<br \/>\nPirgo, real nodriza de tantos hijos de Pr\u00edamo:<br \/>\n\u00abNo est\u00e1 B\u00e9roe ante vosotras, mujeres, no es \u00e9sta la retea<br \/>\nesposa de Doriclo; las se\u00f1ales de una divina belleza<br \/>\nadvertid y los ojos ardientes, qu\u00e9 aliento en ella,<br \/>\nqu\u00e9 rostro y qu\u00e9 sonido el de su voz y qu\u00e9 paso el suyo.<br \/>\nYo misma cuando me vine dej\u00e9 a B\u00e9roe<br \/>\nenferma, enojada por ser la \u00fanica en faltar<br \/>\na la ceremonia y no ofrecer a Anquises los debidos honores.\u00bb<br \/>\nEsto dijo.<br \/>\nMas las madres al principio dudosas e indecisas miraban ya<br \/>\nlas naves con ojos malignos entre un amor desgraciado<br \/>\npor la tierra presente y los reinos fatales que las llamaban,<br \/>\ncuando la diosa se alz\u00f3 por el cielo en sus alas iguales<br \/>\ny traz\u00f3 a su paso bajo las nubes un arco enorme.<br \/>\nEntonces at\u00f3nitas por la visi\u00f3n y llevadas de su furia<br \/>\nse ponen a gritar y roban el fuego de los hogares secretos,<br \/>\ndespojan unas los altares, hojas y ramas y teas<br \/>\narrojan. Se enfurece Vulcano con las riendas sueltas<br \/>\npor los bancos y los remos y las pintadas popas de abeto.<br \/>\nMensajero, al t\u00famulo de Anquises y a las gradas del teatro<br \/>\nlleva la nueva de que arden las naves Eumelo, y ellos mismos<br \/>\nven detr\u00e1s la oscura ceniza volando en una nube.<br \/>\nY Ascanio el primero, seg\u00fan guiaba gozoso la ecuestre<br \/>\ncarrera, as\u00ed se dirigi\u00f3 decidido sobre su caballo al agitado<br \/>\ncampamento y sus maestros sin fuerzas retenerle no pueden.<br \/>\n\u00ab\u00bfQu\u00e9 es esa nueva locura? \u00bfY ahora, qu\u00e9 pretend\u00e9is -dice-<br \/>\n\u00a1ay!, pobres ciudadanas? Ni al enemigo ni el hostil campamento<br \/>\nde los argivos, vuestras esperanzas est\u00e1is quemando. \u00a1Eh, soy yo,<br \/>\nsoy vuestro Ascanio! \u00bb Arroj\u00f3 ante sus pies el yelmo vac\u00edo,<br \/>\ncon el que cubierto andaba jugando a simulacros de guerra.<br \/>\nSe apresura a la vez Eneas, a la vez la tropa de los teucros.<br \/>\nMas ellas por todas partes escapan de miedo a playas<br \/>\ndiversas, y buscan las selvas a escondidas y las c\u00f3ncavas rocas<br \/>\npor donde pueden; su acci\u00f3n las averg\u00fcenza y la luz y vueltas<br \/>\nen s\u00ed reconocen a los suyos y arrojan a Juno de su pecho.<br \/>\nPero no por eso la llama y el incendio su fuerza<br \/>\nind\u00f3mita depusieron; bajo la mojada madera vive<br \/>\nla estopa vomitando tardo humo y un calor lento<br \/>\ndevora las quillas y desciende la peste por todo el cuerpo,<br \/>\ny no valen las fuerzas de los h\u00e9roes ni los r\u00edos vertidos.<br \/>\nEntonces Eneas piadoso se arranca el vestido de los hombros<br \/>\ny pide la ayuda de los dioses y tiende sus palmas:<br \/>\n\u00abJ\u00fapiter todopoderoso, si a\u00fan no odias a los troyanos<br \/>\nhasta el \u00faltimo, si todav\u00eda la antigua piedad contempla<br \/>\nlas fatigas de los hombres, haz que las llamas dejen la flota<br \/>\nahora, padre, y libra de la muerte los fr\u00e1giles restos de los teucros.<br \/>\nO manda t\u00fa a la muerte con rayo enemigo cuanto nos queda,<br \/>\nsi es que lo merezco, y apl\u00e1stanos aqu\u00ed con tu diestra.\u00bb<br \/>\nApenas hab\u00eda dicho esto cuando con mares de lluvia una negra<br \/>\ntempestad nunca vista se desata y tiemblan con el trueno<br \/>\nlas cumbres de las tierras y los campos; cae de todo el \u00e9ter<br \/>\nturbulento aguacero y negr\u00edsimo de densos Austros;<br \/>\ny se llenan por arriba las naves y medio quemadas se empapan<br \/>\nlas maderas, hasta que se apag\u00f3 todo el fuego y todos<br \/>\nlos barcos menos cuatro se salvaron de la destrucci\u00f3n.<br \/>\nY el padre Eneas sacudido por la acerba desgracia<br \/>\nagitaba hacia uno y otro lado muchas cuitas en su pecho<br \/>\nd\u00e1ndoles vueltas, si quedarse en los s\u00edculos campos<br \/>\nolvidando sus hados, si poner rumbo a las \u00edtalas costas.<br \/>\nEntonces el anciano Nautes, el \u00fanico al que Palas<br \/>\nTritonia ense\u00f1\u00f3 y famoso lo hizo con su mucha ciencia,<br \/>\nestas respuestas daba (bien qu\u00e9 presagiaba la grande<br \/>\nira de los dioses, bien qu\u00e9 exig\u00eda el orden de los hados)<br \/>\ny comienza consolando a Eneas con estas palabras:<br \/>\n\u00abHijo de la diosa, por donde los hados nos llevan y nos traen<br \/>\nsigamos; sea lo que sea, toda suerte debemos vencer sufriendo.<br \/>\nCuentas con el dardanio Acestes de divina estirpe:<br \/>\nhazle compa\u00f1ero de tus planes gustoso y \u00fanelo a ti,<br \/>\nconf\u00edale los que sobran de las naves perdidas y los que<br \/>\nse han hastiado de tu gran empresa y de tu suerte.<br \/>\nY a los longevos ancianos y a las madres cansadas de agua<br \/>\ny a todos los d\u00e9biles y a los que temen el peligro<br \/>\nsep\u00e1ralos y deja que en estas tierras tengan los cansados sus murallas;<br \/>\nllamar\u00e1n a su ciudad, si as\u00ed lo permites, con el nombre de Acesta.\u00bb<br \/>\nEncendido por palabras tales del anciano amigo,<br \/>\ndivide sin embargo su \u00e1nimo en mil preocupaciones,<br \/>\ny la negra Noche llevada por su biga ocupaba el cielo.<br \/>\nCa\u00edda entonces del cielo se le apareci\u00f3 la imagen de su padre<br \/>\nAnquises de pronto que le infund\u00eda estas palabras:<br \/>\n\u00abHijo a quien quise un d\u00eda m\u00e1s que a mi vida, cuando la vida<br \/>\nten\u00eda, hijo a quien han probado de Ili\u00f3n los hados,<br \/>\naqu\u00ed llego por orden de Jove, que apart\u00f3 el fuego<br \/>\nde tus naves y se compadeci\u00f3 al fin desde el alta cielo.<br \/>\nAtiende los consejos que ahora te brinda bell\u00edsimos<br \/>\nel anciano Nautes; ll\u00e9vate a Italia j\u00f3venes escogidos,<br \/>\nlos m\u00e1s esforzados corazones. Tendr\u00e1s que pelear en el Lacio<br \/>\ncon un pueblo duro y salvaje. Antes, sin embargo, entra<br \/>\nen las mansiones infernales de Dite y por el profundo Averno<br \/>\nven, hijo, a mi encuentro. Que no me tiene el imp\u00edo<br \/>\nT\u00e1rtaro, las tristes sombras, sino que frecuento los amenos<br \/>\nconcilios de los p\u00edos y el Elisio. Aqu\u00ed la casta Sibila<br \/>\nte guiar\u00e1 con mucha sangre de negros animales.<br \/>\nEntonces toda tu raza conocer\u00e1s y qu\u00e9 murallas te aguardan.<br \/>\nY ahora, adi\u00f3s; dobla la mitad de su carrera la h\u00fameda Noche<br \/>\ny cruel Oriente me ha soplado el aliento de sus caballos.\u00bb<br \/>\nHab\u00eda dicho y escap\u00f3 a las auras tenue como humo.<br \/>\nEneas dice: \u00ab\u00bfA d\u00f3nde vas ahora? \u00bfA d\u00f3nde te me escapas?<br \/>\n\u00bfDe qui\u00e9n huyes o qui\u00e9n te aparta de mis abrazos?\u00bb<br \/>\nEsto diciendo aviva la ceniza y los fuegos dormidos,<br \/>\ny el Lar de P\u00e9rgamo y los sagrarios de la canosa Vesta<br \/>\nvenera suplicante con harina piadosa y un incensario lleno.<br \/>\nY al punto a los compa\u00f1eros convoca y a Acestes el primero<br \/>\ny la orden de Jove y los preceptos de su querido padre<br \/>\nles cuenta y el plan que ahora se asienta en su pecho.<br \/>\nNo hay tardanza en las decisiones ni reh\u00fasa las \u00f3rdenes Acestes:<br \/>\npasan a la ciudad las madres y dejan a cuantos<br \/>\nas\u00ed lo desean, corazones que no precisan grandes glorias.<br \/>\nEllos mismos reparan los bancos y reponen en los barcos<br \/>\nlas maderas devoradas por las llamas, remos disponen y jarcias;<br \/>\nson pocos en n\u00famero, pero es vigoroso su valor en la guerra.<br \/>\nEntretanto Eneas traza la ciudad con el arado<br \/>\ny sortea las casas. Ordena que esto sea Ili\u00f3n y Troya sean<br \/>\nestos lugares. Se alegra con el reino el troyano Acestes<br \/>\ny se\u00f1ala el foro y da leyes a los padres convocados.<br \/>\nLuego junto a los astros en la cumbre ericina la sede<br \/>\nse funda de Venus Idalia y se dispone un sacerdote<br \/>\nconsagrado al t\u00famulo de Anquises y un amplio bosque.<br \/>\nY ya todos hab\u00edan celebrado un banquete de nueve d\u00edas y cumplido<br \/>\nel honor a los altares: pl\u00e1cidos vientos el mar allanaron<br \/>\ny con frecuente soplido a alta mar les llama el Austro.<br \/>\nUn llanto intenso surge por las playas curvadas;<br \/>\nabrazados dejan pasar la noche y el d\u00eda.<br \/>\nYa hasta las madres y aquellos que poco ha por \u00e1spera<br \/>\nten\u00edan la cara del mar e insoportable su numen,<br \/>\nirse quieren y aguantar todas las fatigas del camino.<br \/>\nEl bueno de Eneas les consuela con palabras de amigo<br \/>\ny llorando los encomienda a su pariente Acestes.<br \/>\nTres terneros a \u00c9rice y una cordera a las Tempestades<br \/>\nordena sacrificar y largar luego amarras.<br \/>\n\u00c9l, ce\u00f1ida la cabeza con hojas de olivo cortado,<br \/>\nsostiene la p\u00e1tera, de pie sobre la proa, y las entra\u00f1as arroja<br \/>\na las olas saladas y derrama l\u00edquidos vinos.<br \/>\nLes empuja un viento que nace de popa;<br \/>\ncompiten los compa\u00f1eros en herir el mar y surcan sus aguas.<br \/>\nMas Venus entretanto agobiada de cuitas a Neptuno<br \/>\nse dirige y saca de su pecho quejas tales:<br \/>\n\u00abDe Juno la grave ira y su pecho insaciable<br \/>\nme obligan, Neptuno, a recurrir a todas las preces;<br \/>\nni el largo d\u00eda ni piedad alguna la conmueven,<br \/>\nni descansa rendida ante el poder de Jove y los hados.<br \/>\nNo le basta con haber arrancado con odios nefandos la ciudad<br \/>\nde los frigios de entre su pueblo ni haber arrastrado los restos<br \/>\nde Troya por todos los suplicios: sus cenizas y huesos, destruida,<br \/>\npersigue. Ella sabr\u00e1 las causas de locura tan grande.<br \/>\nT\u00fa fuiste mi testigo hace poco en las aguas de Libia<br \/>\nde qu\u00e9 agitaci\u00f3n provoc\u00f3 de pronto: mezcl\u00f3 todos los mares<br \/>\ncon el cielo, en vano confiada en las tormentas de \u00c9olo,<br \/>\na tanto se atrevi\u00f3 en tus propios reinos.<br \/>\nY ahora, mira, lanzando al crimen a las madres troyanas<br \/>\nquem\u00f3 vergonzosamente las naves y con la flota destruida<br \/>\nles forz\u00f3 a dejar a los compa\u00f1eros en una tierra extra\u00f1a.<br \/>\nPuedan los que quedan, te suplico, confiarte velas seguras<br \/>\npor las olas, puedan alcanzar el T\u00edber laurente,<br \/>\nsi pido cosas concedidas, si las Parcas les dan sus murallas.\u00bb<br \/>\nEntonces el Saturnio dominador del mar profundo dijo esto:<br \/>\n\u00abEs bien justo, Citerea, que tengas confianza en mis reinos,<br \/>\nde donde proviene tu estirpe. Adem\u00e1s lo merezco; a menudo furores<br \/>\nhe reprimido y rabia tan grande del mar y del cielo.<br \/>\nY no ha sido cuita menor para m\u00ed en las tierras tu Eneas,<br \/>\nlo juro por el Janto y el Simunte. Cuando Aquiles lanzaba<br \/>\ncontra los muros a los abatidos ej\u00e9rcitos troyanos<br \/>\ny a muchos miles mandaba a la muerte, y gem\u00edan repletos<br \/>\nlos r\u00edos y no pod\u00eda el Janto encontrar su camino<br \/>\nni rodar hacia el mar, entonces yo en el hueco de una nube<br \/>\nrapt\u00e9 a Eneas cuando se enfrentaba con dioses y fuerzas desiguales<br \/>\nal valiente Pelida, si bien deseaba arrancar de sus ra\u00edces<br \/>\nlas murallas de la perjura Troya que levant\u00e9 con mis manos.<br \/>\nEse mismo \u00e1nimo sigue a\u00fan hoy en m\u00ed; pierde esos miedos.<br \/>\nLlegar\u00e1 sano y salvo a los puertos del Averno que deseas.<br \/>\nA uno s\u00f3lo echar\u00e1s de menos perdido en el abismo;<br \/>\nuno s\u00f3lo dar\u00e1 su vida por muchos.\u00bb<br \/>\nLuego que consol\u00f3 el pecho alegre de la diosa con estas palabras,<br \/>\nunce con oro el padre sus caballos y frenos coloca<br \/>\nde espuma a los animales y suelta de sus manos todas las riendas.<br \/>\nPor encima de las aguas vuela ligero en su carro cer\u00faleo;<br \/>\nse humillan las olas y bajo el eje tonante la hinchada<br \/>\nllanura de las aguas se encalma, escapan las nubes en el vasto \u00e9ter.<br \/>\nEntonces las figuras diversas de su s\u00e9quito, cet\u00e1ceos inmensos,<br \/>\ny el viejo coro de Glauco y Palem\u00f3n de Ino<br \/>\ny los raudos Tritones y todo el ej\u00e9rcito de Forco;<br \/>\nla izquierda ocupa Tetis y M\u00e9lite y la virgen Panopea,<br \/>\nNisea y Espio y Tal\u00eda y Cim\u00f3doce.<br \/>\nEntonces dulces gozos invaden a oleadas el pecho<br \/>\nsuspenso del padre Eneas; manda r\u00e1pido que todos<br \/>\nlos m\u00e1stiles levanten y tensar las velas en las entenas.<br \/>\nTodos a una pusieron manos a la obra y soltaron las lonas<br \/>\na izquierda y a derecha; a una tuercen y retuercen<br \/>\nlos alt\u00edsimos cabos; brisas favorables impelen la flota.<br \/>\nPalinuro en cabeza delante de todos guiaba el denso<br \/>\nej\u00e9rcito; por su derrotero siguen los otros las \u00f3rdenes.<br \/>\nY ya casi la meta del centro del cielo la h\u00fameda Noche<br \/>\nhab\u00eda alcanzado, con pl\u00e1cido reposo relajaban sus miembros<br \/>\nlos marineros echados bajo los remos por los duros asientos,<br \/>\ncuando ca\u00eddo de los astros et\u00e9reos el Sue\u00f1o ligero<br \/>\napart\u00f3 el aire tenebroso y dispers\u00f3 las sombras<br \/>\nbusc\u00e1ndote a ti, Palinuro, tray\u00e9ndote a ti tristes sue\u00f1os,<br \/>\ninocente, y se pos\u00f3 el dios en la alta popa<br \/>\ncon la figura de Forbante y vierte de su boca estas palabras:<br \/>\n\u00abY\u00e1sida Palinuro, las propias aguas conducen la flota,<br \/>\nsoplan las brisas iguales, llega la hora de tu descanso.<br \/>\nInclina la cabeza y hurta al trabajo tus ojos cansados.<br \/>\nPor un rato yo mismo cumplir\u00e9 por ti tu tarea.\u00bb<br \/>\nAlzando apenas hacia \u00e9l sus ojos le dice Palinuro:<br \/>\n\u00ab\u00bfMe pides que ignore el rostro del mar en calma<br \/>\ny las olas tranquilas? \u00bfQu\u00e9 conf\u00ede en este monstruo?<br \/>\n\u00bfEntregar\u00e9 a Eneas (\u00bfc\u00f3mo podr\u00eda?) a las auras falaces,<br \/>\ncuando tantas veces me ha sorprendido el enga\u00f1o de un cielo sereno?\u00bb<br \/>\nTales palabras devolv\u00eda, y clavado y el tim\u00f3n agarrando<br \/>\nno lo dejaba ni un momento y manten\u00eda los ojos en las estrellas.<br \/>\nMas he aqu\u00ed que el dios con un ramo empapado en el Lete<br \/>\ny con el poder sopor\u00edfero de la Estigia le roc\u00eda ambas<br \/>\nsienes, y le cierra los ojos que ya vacilaban.<br \/>\nUn inesperado letargo hab\u00eda relajado apenas sus miembros,<br \/>\nvini\u00e9ndole encima, y arrancando una parte de la popa<br \/>\ny el tim\u00f3n, lo precipit\u00f3 en las l\u00edquidas aguas<br \/>\nde cabeza y en vano llamaba una y otra vez a sus compa\u00f1eros;<br \/>\nel dios levant\u00f3 su vuelo como un ave a las auras sutiles.<br \/>\nProsigue la flota por el mar su seguro camino<br \/>\ny avanza impert\u00e9rrita con las promesas del padre Neptuno.<br \/>\nY ya se acercaba navegando a los escollos de las Sirenas,<br \/>\nun d\u00eda dif\u00edciles y blancos de los huesos de muchos<br \/>\n(resonaban entonces las broncas rocas con la continua resaca),<br \/>\ncuando advirti\u00f3 Eneas que el barco derivaba<br \/>\nsin su piloto y \u00e9l mismo lo gobern\u00f3 en las nocturnas olas<br \/>\nmucho gimiendo y con el coraz\u00f3n ahogado por la p\u00e9rdida del amigo:<br \/>\n\u00ab\u00a1Ah, demasiado seguro del cielo y el pi\u00e9lago sereno,<br \/>\nPalinuro! Desnudo yacer\u00e1s sobre una playa extra\u00f1a<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LIBRO V Entretanto Eneas ya manten\u00eda seguro su rumbo con la flota y del Aquil\u00f3n negras cortaba las olas volvi\u00e9ndose a mirar las murallas que ya resplandecen con las llamas de la infeliz Elisa. 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