{"id":871,"date":"2010-11-23T01:41:20","date_gmt":"2010-11-22T23:41:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=871"},"modified":"2010-11-23T01:41:20","modified_gmt":"2010-11-22T23:41:20","slug":"la-republica-iv-platon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-republica-iv-platon\/","title":{"rendered":"La Rep\u00fablica (IV) [Plat\u00f3n]"},"content":{"rendered":"<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>I. Y Adimanto, interrumpiendo, dijo: -\u00bfY qu\u00e9 dir\u00edas en tu defensa, S\u00f3crates, si alguien te objetara que no haces nada felices a esos hombres, y ello ciertamente por su culpa, pues, siendo la ciudad verdaderamente suya, no gozan bien alguno de ella, como otros que adquieren campos y se construyen casas bellas y espaciosas y se hacen con el ajuar acomodado a tales casas y ofrecen a los dioses sacrificios por su propia cuenta, albergan a los forasteros y adem\u00e1s, como t\u00fa dec\u00edas, granjean oro y plata y todo aquello que deben tener los que han de ser felices? Estos, en cambio -agregar\u00eda el objetante-, parece que est\u00e1n en la ciudad ni m\u00e1s ni menos que como auxiliares a sueldo, sin hacer otra cosa que guardarla.<\/p>\n<p>-S\u00ed -dije yo-, y esto s\u00f3lo por el sustento, sin percibir sobre \u00e9l salario alguno como los dem\u00e1s , de modo que, aunque quieran salir privadamente fuera de la ciudad, no les sea posible, ni tampoco pagar cortesanas ni gastar en ninguna otra cosa de aquellas en que gastan los que son tenidos por dichosos. Estos y otros muchos particulares has dejado fuera de tu acusaci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Pues bien -contest\u00f3-, dalos tambi\u00e9n por incluidos en ella.<\/p>\n<p>-\u00bfY dices que c\u00f3mo habr\u00edamos de hacer nuestra defensa?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Pues siguiendo el camino emprendido -repliqu\u00e9 yo-, encontrar\u00edamos, creo, lo que habr\u00eda que decir. Y diremos que no ser\u00eda extra\u00f1o que tambi\u00e9n \u00e9stos, aun de ese modo, fueran felic\u00edsimos ; pero que, como quiera que sea, nosotros no establecemos la ciudad mirando a que una clase de gente sea especialmente feliz, sino para que lo sea en el mayor grado posible la ciudad toda ; porque pens\u00e1bamos que en una ciudad tal encontrar\u00edamos m\u00e1s que en otra alguna la justicia, as\u00ed como la injusticia en aquella en que se vive peor, y que, al reconocer esto, podr\u00edamos resolver sobre lo que hace tiempo venimos investigando. Ahora, pues, formamos la ciudad feliz, en nuestra opini\u00f3n, no ya estableciendo diferencias y otorgando la dicha en ella s\u00f3lo a unos cuantos, sino d\u00e1ndola a la ciudad entera; y luego examinaremos la contraria a \u00e9sta . Lo dicho es, pues, como si, al pintar nosotros una estatua, se acercase alguien a censurarla diciendo que no aplic\u00e1bamos los m\u00e1s bellos tintes a lo m\u00e1s hermoso de la figura, porque, en efecto, los ojos, que es lo m\u00e1s hermoso, no hab\u00edan quedado te\u00f1idos de p\u00farpura, sino de negro; razonable parecer\u00eda nuestra r\u00e9plica al decirle: \u00abNo pienses, var\u00f3n singular, que hemos de pintar los ojos tan hermosamente que no parezcan ojos, ni tampoco las otras partes del cuerpo; f\u00edjate s\u00f3lo en si, dando a cada parte lo que le es propio, hacemos hermoso el conjunto . Y as\u00ed, no me obligues a poner en los guardianes tal felicidad que haga de ellos cualquier cosa antes que guardianes. Sabemos, en efecto, el modo de vestir hasta a los labriegos con mantos de p\u00farpura, ce\u00f1irlos de oro y encargarles que no labren la tierra como no sea por placer; y el de tender a los alfareros en fila a que, dando de lado al torno, beban y se banqueteen junto al fuego para hacer cer\u00e1mica s\u00f3lo cuando les venga en gana; y el de hacer felices igualmente a todos los dem\u00e1s de la ciudad para que toda ella resulte feliz. Pero no nos requieras a hacer nada de ello; porque, si te hici\u00e9ramos caso, ni el labriego ser\u00eda labriego ni el alfarero alfarero ni aparecer\u00eda nadie en conformidad con ninguno de aquellos tipos de hombres que componen la ciudad. Y aun de los otros habr\u00eda menos que decir, porque, si los zapateros se hacen malos, se corrompen y fingen ser lo que no son, ello no es ning\u00fan peligro para la comunidad; pero los guardianes de las leyes y de la ciudad que no sean tales en realidad, sino s\u00f3lo en apariencia, bien ves que arruinan la misma ciudad de arriba abajo, de igual modo que son los \u00fanicos que tienen en sus manos la oportunidad de hacerla feliz y de buena vivienda\u00bb. As\u00ed, pues, nosotros establecemos aut\u00e9nticos guardianes y no en manera alguna enemigos de la ciudad; y el que propone aquello otro de los labriegos y los que se banquetean a su placer, no ya como en una ciudad, sino como en una gran fiesta, \u00e9se no habla de ciudad, sino de cualquier otra cosa. Tenemos, pues, que examinar si hemos de establecer los guardianes mirando a que ellos mismos consigan la mayor felicidad posible o si, con la vista puesta en la ciudad entera, se ha de considerar el modo de que \u00e9sta la alcance y obligar y persuadir a los auxiliares y guardianes a que sean perfectos operarios de su propio trabajo, y ni m\u00e1s ni menos a los dem\u00e1s; de suerte que, prosperando con ello la ciudad en su conjunto y vivi\u00e9ndose bien en ella, se deje a cada clase de gentes que tome la parte de felicidad que la naturaleza les procure .<\/p>\n<p>II. -En verdad creo -dijo \u00e9l- que hablas con acierto.<\/p>\n<p>-\u00bfY acaso -dije- te parecer\u00e1 que tengo raz\u00f3n en otro asunto que corre parejas con \u00e9ste?<\/p>\n<p>-\u00bfDe qu\u00e9 se trata?<\/p>\n<p>-Examina si estas otras cosas no corrompen a los dem\u00e1s trabajadores hasta el punto de ocasionar su perversi\u00f3n.<\/p>\n<p>-\u00bfY cu\u00e1les son ellas?<\/p>\n<p>-La riqueza -contest\u00e9- y la indigencia.<\/p>\n<p>-\u00bfY c\u00f3mo?<\/p>\n<p>-Como voy a decirte. \u00bfCrees t\u00fa que un alfarero que se hace rico va a querer dedicarse de aqu\u00ed en adelante a su oficio?<\/p>\n<p>-De ning\u00fan modo -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfNo se har\u00e1 m\u00e1s holgaz\u00e1n y negligente de lo que era? -Mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>-\u00bfVendr\u00e1, pues, a ser peor alfarero?<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n -dijo-. Mucho peor.<\/p>\n<p>-Y, por otra parte, si por la indigencia no puede procurarse herramientas o alguna otra cosa necesaria a su arte, har\u00e1 peor sus obras, y a sus hijos o a otros a quienes ense\u00f1e, los ense\u00f1ar\u00e1 a ser malos artesanos.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-Por consiguiente, tanto con la riqueza como con la indigencia resultan peores los productos de las artes y peores tambi\u00e9n los que las practican.<\/p>\n<p>-As\u00ed parece.<\/p>\n<p>-Hemos encontrado, pues, por lo visto, dos cosas a que deben atender nuestros guardianes vigilando para que no se les metan en la ciudad sin que ellos se den cuenta.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 cosas son?<\/p>\n<p>-La riqueza -dije- y la indigencia; ya que la una trae la molicie, la ociosidad y el prurito de novedades, y la otra, este mismo prurito y, a m\u00e1s, la vileza y el mal obrar .<\/p>\n<p>-Conforme en todo -dijo-; pero considera, S\u00f3crates, c\u00f3mo nuestra ciudad, sin estar en posesi\u00f3n de riqueza, se hallar\u00e1 capaz de hacer la guerra, sobre todo cuando se vea forzada a pelear con otra ciudad grande y rica.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 claro -dije- que contra una sola le ser\u00e1 m\u00e1s dif\u00edcil; pero m\u00e1s f\u00e1cil si pelea contra dos de tales ciudades .<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo dices? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-Primeramente -dije-, si hay que luchar, \u00bfno luchar\u00e1n contra hombres ricos siendo ellos atletas en la guerra?<\/p>\n<p>-S\u00ed por cierto -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-Y bien, Adimanto -pregunt\u00e9-; un solo p\u00fagil preparado lo mejor posible en su oficio, \u00bfno te parece que puede luchar f\u00e1cilmente con otros dos que no sean p\u00fagiles, pero s\u00ed ricos y grasos?<\/p>\n<p>-Quiz\u00e1 no -contest\u00f3- con los dos a un tiempo.<\/p>\n<p>-\u00bfY si le fuera posible -observ\u00e9- emprender la huida y golpear, dando cara de nuevo, a cada uno de los que sucesivamente le fueran alcanzando , y si hiciera todo esto bajo el ardor del sol? \u00bfNo podr\u00eda el tal hab\u00e9rselas aun con m\u00e1s de dos de aquellos otros?<\/p>\n<p>-Sin duda -dijo-, no ser\u00eda nada extra\u00f1o.<\/p>\n<p>-\u00bfY no crees t\u00fa que a los ricos se les alcanza por conocimiento y pr\u00e1ctica m\u00e1s de pugilato que de guerra?<\/p>\n<p>-Lo creo -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-Por lo tanto, nuestros atletas podr\u00e1n luchar probablemente con un n\u00famero de enemigos doble y triple que el suyo.<\/p>\n<p>-Lo concedo -dijo-, porque, en efecto, me parece que llevas raz\u00f3n.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 suceder\u00eda si, enviando una embajada a una de aquellas otras dos ciudades, dijeran, como era verdad: \u00abNosotros no queremos para nada el oro ni la plata ni nos es licito servirnos de ellos como os lo es a vosotros; luchad, pues, a nuestro lado y quedaos con lo de los contrarios\u00bb? \u00bfPiensas que habr\u00eda quienes, al o\u00edr esto, eligieran el combatir contra unos perros duros y magros en vez de aliarse con ellos contra unos carneros mantecosos y tiernos?<\/p>\n<p>-No creo que los hubiera -dijo-; pero, si se juntan en una sola ciudad las riquezas de las otras, mira no haya peligro para la que carece de ellas.<\/p>\n<p>-Eres un bendito -dije- si crees que se debe llamar ciudad a otra que no sea tal como la que nosotros formamos.<\/p>\n<p>-\u00bfY por qu\u00e9? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-A las otras -repliqu\u00e9- hay que acrecerles el nombre; porque cada una de ellas no es una sola ciudad, sino muchas, como las de los jugadores . Dos, en el mejor caso, enemiga la una de la otra: la de los pobres y la de los ricos. Y en cada una de ellas hay much\u00edsimas, a las cuales, si las tratas como a una sola, lo errar\u00e1s todo, pero, si te aprovechas de su diversidad entregando a los unos los bienes, las fuerzas y aun las personas de los otros, te hallar\u00e1s siempre con muchos aliados y pocos enemigos. Y mientras tu ciudad se administre juiciosamente en la disposici\u00f3n que queda dicha, ser\u00e1 muy grande, no digo ya por su fama, sino en realidad de verdad, aunque no cuente m\u00e1s que con un millar de combatientes; y dif\u00edcilmente hallar\u00e1s otra tan grande ni entre los griegos ni entre los b\u00e1rbaros, aunque muchas parezcan ser varias veces m\u00e1s grandes que ella. \u00bfO tal vez opinas de otro modo?<\/p>\n<p>-No, por Zeus -dijo.<\/p>\n<p>III. -De modo -prosegu\u00ed- que \u00e9ste ser\u00e1 para nuestros gobernantes el mejor limite al desarrollo que han de dar a la ciudad y al territorio que, conforme a este desarrollo, han de asignarle dejando fuera lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 l\u00edmite? -dijo.<\/p>\n<p>-Creo que el siguiente -dije-: mientras su crecimiento permita que siga siendo una sola ciudad, acrecerla; pero no pasar de ah\u00ed.<\/p>\n<p>-Perfectamente -dijo.<\/p>\n<p>-Y as\u00ed, haremos tambi\u00e9n otra prescripci\u00f3n a los guardianes: que atiendan por todos los medios a que la ciudad no sea peque\u00f1a ni parezca grande , sino sea suficiente en su unidad.<\/p>\n<p>-\u00a1Ligera prescripci\u00f3n, la que les hacemos! -dijo.<\/p>\n<p>-Y a\u00fan m\u00e1s ligera -continu\u00e9-, esta otra , que ya recordamos antes cuando dec\u00edamos que, en caso de tener los guardianes alg\u00fan descendiente de poca val\u00eda, han de despedirlo y mandarlo con los dem\u00e1s ciudadanos, y que si a estos \u00faltimos les nace alg\u00fan reto\u00f1o de provecho ha de ir con los guardianes. Con esto se quiere mostrar que, aun entre los dem\u00e1s de la ciudad, cada uno debe ser puesto a un trabajo, que ha de ser aquel para el que est\u00e9 dotado, de modo que, atendiendo a una sola cosa, conserve \u00e9l tambi\u00e9n su unidad y no se divida, y as\u00ed la ciudad entera resulte una sola y no muchas.<\/p>\n<p>-\u00a1Bien por cierto -dijo-, m\u00e1s insignificante es eso que lo otro!<\/p>\n<p>-En verdad -dije- parecer\u00e1, buen Adimanto, que estas prescripciones son muchas y de peso; pero todas son realmente de poca importancia con tal de que guarden aquella \u00fanica gran cosa del proverbio o m\u00e1s bien, en vez de grande, suficiente.<\/p>\n<p>-\u00bfY cu\u00e1l es ella? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-La educaci\u00f3n y la crianza -contest\u00e9-; porque, si con una buena educaci\u00f3n llegan a ser hombres discretos, percibir\u00e1n f\u00e1cilmente todas estas cosas y aun muchas m\u00e1s que ahora pasamos por alto, como lo de que la posesi\u00f3n de las mujeres, los matrimonios y la procreaci\u00f3n de los hijos deben, conforme al proverbio, ser todos comunes entre amigos en el mayor grado posible .<\/p>\n<p>-Y ser\u00eda lo mejor -dijo \u00e9l.<\/p>\n<p>-Y a\u00fan m\u00e1s -dije-: una vez que el Estado toma impulso favorable, va creciendo a manera de un c\u00edrculo ; porque, manteni\u00e9ndose la buena crianza y educaci\u00f3n, producen buenas \u00edndoles, y \u00e9stas, a su vez, imbuidas de tal educaci\u00f3n, se hacen, tanto en las otras cosas como en lo relativo a la procreaci\u00f3n, mejores que las que les han precedido, igual que sucede en los dem\u00e1s animales.<\/p>\n<p>-Es natural -dijo.<\/p>\n<p>-Para decirlo, pues, brevemente: los que cuidan de la ciudad han de esforzarse para que esto de la educaci\u00f3n no se corrompa sin darse ellos cuenta, sino que en todo han de vigilarlo, de modo que no haya innovaciones contra lo prescrito ni en la gimnasia ni en la m\u00fasica; antes bien, deben vigilar lo m\u00e1s posible y sentir miedo si alguno dice la gente celebra entre todos los cantos el postrero, el m\u00e1s nuevo que viene a halagar sus o\u00eddos , no crean que el poeta habla, no ya de cantos nuevos, sino de un g\u00e9nero nuevo de canto y lo celebren. Porque ni hay que celebrar tal cosa ni hacer semejante suposici\u00f3n. Se ha de tener, en efecto, cuidado con el cambio e introducci\u00f3n de una nueva especie de canto en el convencimiento de que con ello todo se pone en peligro; porque no se pueden remover los modos musicales sin remover a un tiempo las m\u00e1s grandes leyes, como dice Dam\u00f3n y yo creo .<\/p>\n<p>-Ponme a m\u00ed tambi\u00e9n entre los convencidos -dijo Adimanto.<\/p>\n<p>IV -Por tanto, es en el \u00e1mbito de la m\u00fasica -dije- donde, seg\u00fan parece, han de establecer su cuerpo de guardia los guardianes.<\/p>\n<p>-Ah\u00ed es, en efecto -replic\u00f3-, donde, al insinuarse, la ilegalidad pasa m\u00e1s f\u00e1cilmente inadvertida.<\/p>\n<p>-S\u00ed -dije-, como cosa de juego y que no ha de producir da\u00f1o alguno.<\/p>\n<p>-Ni lo produce -observ\u00f3- sino introduci\u00e9ndose poco a poco y desliz\u00e1ndose calladamente en las costumbres y modos de vivir; de ellos sale, ya crecida, a los tratos entre ciudadanos y tras \u00e9stos invade las leyes y las constituciones, \u00a1oh, S\u00f3crates!, con la mayor impudencia hasta que al fui lo trastorna todo en la vida privada y en la p\u00fablica.<\/p>\n<p>-Bien -dije yo-, \u00bfocurre ello as\u00ed?<\/p>\n<p>-Tal me parece -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfAs\u00ed, pues, como ya al comienzo dec\u00edamos , a los ni\u00f1os se les ha de procurar desde el primer momento un juego m\u00e1s sujeto a normas en la convicci\u00f3n de que, si ni el juego ni los ni\u00f1os se atienen a \u00e9stas, es imposible que, al crecer, se hagan varones justos y de provecho?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no? -dijo.<\/p>\n<p>-Y cuando los ni\u00f1os, comenzando a jugar como es debido, reciben la buena norma por medio de la m\u00fasica, aqu\u00e9lla, al contrario de lo que ocurre con los otros, los seguir\u00e1 a todas partes y los har\u00e1 medrar enderezando cuanto anteriormente estaba ca\u00eddo en la ciudad.<\/p>\n<p>-Verdad es -dijo.<\/p>\n<p>-Y ellos -dije- descubrir\u00e1n tambi\u00e9n aquellas reglas que sus predecesores dejaron totalmente perdidas.<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1les son?<\/p>\n<p>-De este g\u00e9nero: el silencio que los j\u00f3venes han de guardar ante personas de m\u00e1s edad; c\u00f3mo han de hacer que se sienten y levantarse ellos en su presencia; el respeto de los propios padres; y tambi\u00e9n el modo de cortarse el pelo, de vestir y calzar, el perge\u00f1o general del cuerpo y, en fin, todo cuanto hay de semejante a esto. \u00bfNo te parece?<\/p>\n<p>-Desde luego.<\/p>\n<p>-Creo que ser\u00eda tonto disponer por ley todas estas cosas: no se hace en ninguna parte y, aunque se hiciera, no se mantendr\u00edan ni por la palabra ni por la escritura .<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo iban a mantenerse?<\/p>\n<p>-Ser\u00e1, pues, probable, \u00a1oh, Adimanto! -dije yo-, que, partiendo de la educaci\u00f3n en la direcci\u00f3n de la vida, todo lo que sigue sea como ella. \u00bfO no es cierto que lo semejante llama a lo semejante?<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s cabe?<\/p>\n<p>-Y al fin, creo que podr\u00edamos decirlo, saldr\u00e1 de ello algo completo y vigoroso, sea bueno, sea malo.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no? -dijo \u00e9l.<\/p>\n<p>-De modo -prosegu\u00ed- que yo, por los motivos dichos, no tratar\u00eda de legislar sobre estas cosas.<\/p>\n<p>-Y con raz\u00f3n -dijo \u00e9l.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 diremos, por los dioses -continu\u00e9-, acerca de esos lances del mercado, de los convenios que en \u00e9l hacen unos y otros entre s\u00ed y, si quieres, de los tratos con los artesanos, de las injurias y atropellos, de las citaciones en justicia y las elecciones de los jueces, de la necesidad de tales y cuales exacciones o imposiciones de tributos en plazas y puertos y, en general, de todos los usos placeros, urbanos y mar\u00edtimos y cuantas cosas hay del mismo estilo ? \u00bfNos atreveremos a poner leyes sobre ellas?<\/p>\n<p>-No vale la pena -contest\u00f3- de dar ordenanzas a hombres sanos y honrados: ellos mismos hallar\u00e1n f\u00e1cilmente la mayor parte de aquello que habr\u00eda de ponerse por ley.<\/p>\n<p>-S\u00ed, amigo -dije-, si el cielo les da conservar las leyes de que antes hicimos menci\u00f3n.<\/p>\n<p>-En otro caso -dijo- se pasar\u00e1n la vida dando y rectificando normas y figur\u00e1ndose que van a alcanzar lo m\u00e1s perfecto.<\/p>\n<p>-Quieres decir -respond\u00ed- que los tales van a vivir como los enfermos que no quieren, por su indocilidad, salir de un r\u00e9gimen da\u00f1ino.<\/p>\n<p>-Exactamente.<\/p>\n<p>-Y de cierto que es graciosa su vida; pues no consiguen otra cosa que complicar y agravar sus enfermedades ni con el tratamiento ni con sus inacabables esperanzas de sanar por obra del medicamento que cada cual les recomienda.<\/p>\n<p>-Eso es de cierto -dijo- lo que les pasa a tales enfermos.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s? -continu\u00e9 yo-. \u00bfNo es gracioso que tengan por su peor enemigo al que les dice la verdad, esto es, que, si no dejan sus borracheras, sus atracones, sus placeres amorosos y su ociosidad, ni las medicinas ni los cauterios ni las sajaduras ni tampoco los ensalmos ni los talismanes ni ninguna otra de tales cosas ha de servirles para nada ?<\/p>\n<p>-No es nada gracioso -dijo-, porque el enojarse con el que habla razonablemente no tiene gracia.<\/p>\n<p>-A lo que parece -dije- no eres muy celebrador de semejantes hombres.<\/p>\n<p>-No, por Zeus -dijo.<\/p>\n<p>V -Por consiguiente, cuando la ciudad entera, como ahora dec\u00edamos, hiciere otro tanto, tampoco lo celebrar\u00e1s; \u00bfo es que no te parece que obran lo mismo que aqu\u00e9llos todas las ciudades que, estando mal regidas, prescriben a los ciudadanos que no toquen a punto alguno de su propia constituci\u00f3n en la inteligencia de que ha de morir el que lo haga, mientras el que m\u00e1s blandamente adule a los que viven en semejante r\u00e9gimen y los obsequie con su sumisi\u00f3n y el conocimiento previo de sus deseos y se muestre h\u00e1bil en satisfacerlos, \u00e9se resulta un var\u00f3n excelente y discreto en los grandes asuntos y recibe honra de ellos ?<\/p>\n<p>-Me parece, en efecto -dijo-, que hacen lo mismo que aquellos otros; y no los celebro en modo alguno.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 diremos de los que se prestan con af\u00e1n a curar a tales ciudades? \u00bfNo admiras su valor y buena voluntad?<\/p>\n<p>-S\u00ed, los admiro -dijo-; exceptuando, sin embargo, a aquellos que andan enga\u00f1ados y se creen que son en realidad pol\u00edticos, porque se ven celebrados por la multitud.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo se entiende? \u00bfNo vas a dispensar -dije- a tales hombres? \u00bfCrees, acaso, posible que un sujeto que no sabe medir, cuando otros muchos iguales que \u00e9l le dicen que tiene cuatro codos de estatura, deje de creerlo de s\u00ed mismo ?<\/p>\n<p>-No es posible -dijo.<\/p>\n<p>-No te irrites con ellos, por lo tanto; y los tales hombres son de cierto los m\u00e1s graciosos del mundo. Se ponen a legislar sobre cuantos particulares antes enumer\u00e1bamos, rectifican despu\u00e9s y piensan siempre que van a encontrar algo nuevo en relaci\u00f3n con los maleficios de los contratos y las cosas de que yo hace poco hablaba sin darse cuenta de que, en realidad, est\u00e1n cortando las cabezas de la hidra .<\/p>\n<p>-Y por cierto -dijo- que no es otra su tarea.<\/p>\n<p>-Por eso -prosegu\u00ed-, yo no pod\u00eda pensar que el verdadero legislador hubiera de tratar tal g\u00e9nero de leyes y constituciones ni en la ciudad de buen r\u00e9gimen ni en la de malo: en \u00e9sta, porque resultan sin provecho ni eficacia, y en aqu\u00e9lla, porque en parte las descubre cualquiera y en parte vienen por s\u00ed mismas de los modos de vivir precedentes.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 nos queda, pues, que hacer en materia de legislaci\u00f3n? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Y yo contest\u00e9: -A nosotros nada de cierto; a Apolo, el dios de Delfos, los m\u00e1s grandes, los m\u00e1s hermosos y primeros de todos los estatutos legales.<\/p>\n<p>-\u00bfY cu\u00e1les son ellos? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-Las erecciones de templos, los sacrificios y los dem\u00e1s cultos de los dioses, de los demones y de los h\u00e9roes; a su vez, tambi\u00e9n, las sepulturas de los muertos y cuantas honras hay que tributar para tener aplacados a los del mundo de all\u00e1. Como nosotros no entendemos de estas cosas, al fundar la ciudad no obedeceremos a ning\u00fan otro, si es que tenemos seso, ni nos serviremos de otro gu\u00eda que el propio de nuestros padres; y sin duda, este dios, gu\u00eda patrio acerca de ello para todos los hombres, los rige sentado sobre el ombligo de la tierra en el centro del mundo .<\/p>\n<p>-Hablas acertadamente -observ\u00f3- y as\u00ed se ha de hacer.<\/p>\n<p>VI. -Da, pues, ya por fundada a la ciudad, \u00a1oh, hijo de Arist\u00f3n! -dije-, y lo que a continuaci\u00f3n has de hacer es mirar bien en ella procur\u00e1ndote de donde sea la luz necesaria; y llama en tu auxilio a tu hermano y tambi\u00e9n a Polemarco y a los dem\u00e1s, por si podemos ver en qu\u00e9 sitio est\u00e1 la justicia y en cu\u00e1l la injusticia y en qu\u00e9 se diferencia la una de la otra y cu\u00e1l de las dos debe alcanzar el que ha de ser feliz, lo vean o no los dioses y los hombres.<\/p>\n<p>-Nada de eso -objet\u00f3 Glauc\u00f3n-, porque prometiste hacer t\u00fa mismo la investigaci\u00f3n, alegando que no te era l\u00edcito dejar de dar favor a la justicia en la medida de tus fuerzas y por todos los medios.<\/p>\n<p>-Verdad es lo que me recuerdas -repuse yo- y as\u00ed se ha de hacer; pero es preciso que vosotros me ayud\u00e9is en la empresa.<\/p>\n<p>-As\u00ed lo haremos -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-Pues por el procedimiento que sigue -dije- espero hallar lo que buscamos: pienso que nuestra ciudad, si est\u00e1 rectamente fundada, ser\u00e1 completamente buena.<\/p>\n<p>-Por fuerza -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-Claro es, pues, que ser\u00e1 prudente, valerosa, moderada y justa .<\/p>\n<p>-Claro.<\/p>\n<p>-\u00bfPor tanto, sean cualesquiera las que de estas cualidades encontremos en ella, el resto ser\u00e1 lo que no hayamos encontrado?<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 otra cosa cabe?<\/p>\n<p>-Pongo por caso: si en un asunto cualquiera de cuatro cosas buscamos una, nos daremos por satisfechos una vez que la hayamos reconocido, pero, si ya antes hab\u00edamos llegado a reconocer las otras tres, por este mismo hecho quedar\u00e1 patente la que nos falta; pues es manifiesto que no era otra la que restaba .<\/p>\n<p>-Dices bien -observ\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfY as\u00ed, respecto a las cualidades enumeradas, pues que son tambi\u00e9n cuatro, se ha de hacer la investigaci\u00f3n del mismo modo?<\/p>\n<p>-Est\u00e1 claro.<\/p>\n<p>-Y me parece que la primera que salta a la vista es la prudencia; y algo extra\u00f1o se muestra en relaci\u00f3n con ella .<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 es ello? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-Prudente en verdad me parece la ciudad de que hemos venido hablando; y esto por ser acertada en sus determinaciones. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Y esto mismo, el acierto, est\u00e1 claro que es un modo de ciencia , pues por \u00e9sta es por la que se acierta y no por la ignorancia.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 claro.<\/p>\n<p>-Pero en la ciudad hay un gran n\u00famero y variedad de ciencias.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-\u00bfY acaso se ha de llamar a la ciudad prudente y acertada por el saber de los constructores?<\/p>\n<p>-Por ese saber no se la llamar\u00e1 as\u00ed -dijo-, sino maestra en construcciones.<\/p>\n<p>-Ni tampoco habr\u00e1 que llamar prudente a la ciudad por la ciencia de hacer muebles, si delibera sobre la manera de que \u00e9stos resulten lo mejor posible.<\/p>\n<p>-No por cierto.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9? \u00bfAcaso por el saber de los broncistas o por alg\u00fan otro semejante a \u00e9stos?<\/p>\n<p>-Por ninguno de \u00e9sos -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-Ni tampoco la llamaremos prudente por la producci\u00f3n de los frutos de la tierra, sino ciudad agr\u00edcola.<\/p>\n<p>-Eso parece.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo, pues? -dije-. \u00bfHay en la ciudad fundada hace un momento por nosotros alg\u00fan saber en determinados ciudadanos con el cual no resuelve sobre este o el otro particular de la ciudad, sino sobre la ciudad entera, viendo el modo de que \u00e9sta lleve lo mejor posible sus relaciones en el interior y con las dem\u00e1s ciudades?<\/p>\n<p>-S\u00ed, lo hay.<\/p>\n<p>-\u00bfY cu\u00e1l es -dije- y en qui\u00e9nes se halla?<\/p>\n<p>-Es la ciencia de la preservaci\u00f3n -dijo- y se halla en aquellos jefes que ahora llam\u00e1bamos perfectos guardianes. -\u00bfY c\u00f3mo llamaremos a la ciudad en virtud de esa ciencia ?<\/p>\n<p>-Acertada en sus determinaciones -repuso- y verdaderamente prudente.<\/p>\n<p>-\u00bfY de qui\u00e9nes piensas -pregunt\u00e9- que habr\u00e1 mayor n\u00famero en nuestra ciudad, de broncistas o de estos verdaderos guardianes?<\/p>\n<p>-Mucho mayor de broncistas -respondi\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfY as\u00ed tambi\u00e9n -dije- estos guardianes ser\u00e1n los que se hallen en menor n\u00famero de todos aquellos que por su ciencia reciben una apelaci\u00f3n determinada ?<\/p>\n<p>-En mucho menor n\u00famero.<\/p>\n<p>-Por lo tanto, la ciudad fundada conforme a naturaleza podr\u00e1 ser toda entera prudente por la clase de gente m\u00e1s reducida que en ella hay, que es aquella que la preside y gobierna; y \u00e9ste, seg\u00fan parece, es el linaje que por fuerza natural resulta m\u00e1s corto y al cual corresponde el participar de este saber, \u00fanico que entre todos merece el nombre de prudencia.<\/p>\n<p>-Verdad pura es lo que dices -observ\u00f3.<\/p>\n<p>-Hemos hallado, pues, y no s\u00e9 c\u00f3mo, esta primera de las cuatro cualidades y la parte de la ciudad donde se encuentra.<\/p>\n<p>-A m\u00ed, por lo menos -dijo-, me parece que la hemos hallado satisfactoriamente.<\/p>\n<p>VII. -Pues si pasamos al valor y a la parte de la ciudad en que reside y por la que toda ella ha de ser llamada valerosa, no me parece que la cosa sea muy dif\u00edcil de percibir.<\/p>\n<p>-\u00bfY c\u00f3mo?<\/p>\n<p>-\u00bfQui\u00e9n -dije yo- podr\u00eda llamar a la ciudad cobarde o valiente mirando a otra cosa que no fuese la parte de ella que la defiende y se pone en campa\u00f1a a su favor?<\/p>\n<p>-Nadie podr\u00eda darle esos nombres mirando a otra cosa -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-En efecto -agregu\u00e9-, los dem\u00e1s que viven en ella, sean cobardes o valientes, no son due\u00f1os, creo yo, de hacer a aqu\u00e9lla de una manera u otra.<\/p>\n<p>-No, en efecto.<\/p>\n<p>-Y as\u00ed, la ciudad es valerosa por causa de una clase de ella, porque en dicha parte posee una virtud tal como para mantener en toda circunstancia la opini\u00f3n acerca de las cosas que se han de temer en el sentido de que \u00e9stas son siempre las mismas y tales cuales el legislador las prescribi\u00f3 en la educaci\u00f3n . \u00bfO no es esto lo que llamas valor?<\/p>\n<p>-No he entendido del todo lo que has dicho -contest\u00f3-, rep\u00edtelo de nuevo.<\/p>\n<p>-Afirmo -dije- que el valor es una especie de conservaci\u00f3n.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 clase de conservaci\u00f3n?<\/p>\n<p>-La de la opini\u00f3n formada por la educaci\u00f3n bajo la ley acerca de cu\u00e1les y c\u00f3mo son las cosas que se han de temer. Y dije que era conservaci\u00f3n en toda circunstancia porque la lleva adelante, sin desecharla jam\u00e1s, el que se halla entre dolores y el que entre placeres y el que entre deseos y el que entre espantos . Y quiero representarte, si lo permites, a qu\u00e9 me parece que es ello semejante.<\/p>\n<p>-S\u00ed, quiero.<\/p>\n<p>-Sabes -dije- que los tintoreros, cuando han de te\u00f1ir lanas para que queden de color de p\u00farpura, eligen primero, de entre tantos colores como hay, una sola clase, que es la de las blancas; despu\u00e9s las preparan previamente, con prolijo esmero, cuidando de que adquieran el mayor brillo posible, y as\u00ed las ti\u00f1en. Y lo que queda te\u00f1ido por este procedimiento resulta indeleble en su tinte, y el lavado, sea con detersorios o sin ellos, no puede quitarle su brillo ; y tambi\u00e9n sabes c\u00f3mo resulta lo que no se ti\u00f1e as\u00ed, bien porque se empleen lanas de otros colores o porque no se preparen estas mismas previamente.<\/p>\n<p>-S\u00ed -contest\u00f3-, queda deste\u00f1ido y rid\u00edculo.<\/p>\n<p>-Pues piensa -repliqu\u00e9 yo- que otro tanto hacemos nosotros en la medida de nuestras fuerzas cuando elegimos los soldados y los educamos en la m\u00fasica y en la gimn\u00e1stica: no creas que preparamos con ello otra cosa sino el que, obedeciendo lo mejor posible a las leyes, reciban una especie de te\u00f1ido, para que, en virtud de su \u00edndole y crianza obtenida, se haga indeleble su opini\u00f3n acerca de las cosas que hay que temer y las que no; y que tal te\u00f1ido no se lo puedan llevar esas otras lej\u00edas tan fuertemente disolventes que son el placer, mas terrible en ello que cualquier sosa o lej\u00eda , y el pesar, el miedo y la concupiscencia, m\u00e1s poderosos que cualquier otro detersorio. Esta fuerza y preservaci\u00f3n en toda circunstancia de la opini\u00f3n recta y leg\u00edtima acerca de las cosas que han de ser temidas y de las que no es lo que yo llamo valor y considero como tal si t\u00fa no dices otra cosa.<\/p>\n<p>-No por cierto -dijo-; y, en efecto, me parece que a esta misma recta opini\u00f3n acerca de tales cosas que nace sin educaci\u00f3n, o sea, a la animal y servil , ni la consideras enteramente leg\u00edtima ni le das el nombre de valor, sino otro distinto.<\/p>\n<p>-Verdad pura es lo que dices -observ\u00e9.<\/p>\n<p>-Admito, pues, que eso es el valor.<\/p>\n<p>-Y admite -agregu\u00e9- que es cualidad propia de la ciudad y acertar\u00e1s con ello. Y en otra ocasi\u00f3n, si quieres, trataremos mejor acerca del asunto, porque ahora no es eso lo que est\u00e1bamos investigando, sino la justicia; y ya es bastante, seg\u00fan creo, en cuanto a la b\u00fasqueda de aquello otro.<\/p>\n<p>-Tienes raz\u00f3n -dijo.<\/p>\n<p>VIII. -Dos, pues, son las cosas -dije- que nos quedan por observar en la ciudad: la templanza y aquella otra por la que hacemos toda nuestra investigaci\u00f3n, la justicia.<\/p>\n<p>-Exactamente.<\/p>\n<p>-\u00bfY c\u00f3mo podr\u00edamos hallarla justicia para no hablar todav\u00eda acerca de la templanza?<\/p>\n<p>-Yo, por mi parte -dijo-, no lo s\u00e9, ni querr\u00eda que se declarase lo primero la justicia, puesto que a\u00fan no hemos examinado la templanza; y, si quieres darme gusto, pon la atenci\u00f3n en \u00e9sta antes que en aquella .<\/p>\n<p>-Quiero en verdad -repliqu\u00e9- y no llevar\u00eda raz\u00f3n en negarme.<\/p>\n<p>-Exam\u00ednala, pues -dijo.<\/p>\n<p>-La voy a examinar -contest\u00e9-. Y ya a primera vista, se parece m\u00e1s que todo lo anteriormente examinado a una especie de modo musical o armon\u00eda.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo?<\/p>\n<p>-La templanza -repuse- es un orden y dominio de placeres y concupiscencia seg\u00fan el dicho de los que hablan, no s\u00e9 en qu\u00e9 sentido, de ser due\u00f1os de s\u00ed mismos, y tambi\u00e9n hay otras expresiones que se muestran como rastros de aquella cualidad. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-Sin duda ninguna -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-Pero \u00bfeso de \u00abser due\u00f1o de s\u00ed mismos\u00bb no es rid\u00edculo? Porque el que es due\u00f1o de s\u00ed mismo es tambi\u00e9n esclavo, y el que es esclavo, due\u00f1o; ya que en todos estos dichos se habla de una misma persona.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-Pero lo que me parece -dije- que significa esa expresi\u00f3n es que en el alma del mismo hombre hay algo que es mejor y algo que es peor; y cuando lo que por naturaleza es mejor domina a lo peor, se dice que \u00abaquel es due\u00f1o de s\u00ed mismo\u00bb, lo cual es una alabanza, pero cuando, por mala crianza o compa\u00f1\u00eda, lo mejor queda en desventaja y resulta dominado por la multitud de lo peor, esto se censura como oprobio, y del que as\u00ed se halla se dice que est\u00e1 dominado por s\u00ed mismo y que es un intemperante.<\/p>\n<p>-Eso parece, en efecto -observ\u00f3.<\/p>\n<p>-Vuelve ahora la mirada -dije- a nuestra reci\u00e9n fundada ciudad y encontrar\u00e1s dentro de ella una de estas dos cosas; y dir\u00e1s que con raz\u00f3n se la proclama due\u00f1a de s\u00ed misma si es que se ha de llamar bien templado y due\u00f1o de s\u00ed mismo a todo aquello cuya parte mejor se sobrepone a lo peor.<\/p>\n<p>-La miro, en efecto -respondi\u00f3-, y veo que dices verdad.<\/p>\n<p>-Y de cierto, los m\u00e1s y los m\u00e1s varios apetitos, concupiscencias y desazones se pueden encontrar en los ni\u00f1os y en las mujeres y en los dom\u00e9sticos y en la mayor\u00eda de los hombres que se llaman libres, aunque carezcan de val\u00eda.<\/p>\n<p>-Bien de cierto.<\/p>\n<p>-Y, en cambio, los afectos m\u00e1s sencillos y moderados, los que son conducidos por la raz\u00f3n con sensatez y recto juicio, los hallar\u00e1s en unos pocos, los de mejor \u00edndole y educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Verdades -dijo.<\/p>\n<p>-Y as\u00ed \u00bfno ves que estas cosas existen tambi\u00e9n en la ciudad y que en ella los apetitos de los m\u00e1s y m\u00e1s ruines son vencidos por los apetitos y la inteligencia de los menos y m\u00e1s aptos?<\/p>\n<p>-Lo veo -dijo.<\/p>\n<p>IX. -Si hay, pues, una ciudad a la que debamos llamar due\u00f1a de sus concupiscencias y apetitos y due\u00f1a tambi\u00e9n ella de s\u00ed misma, esos t\u00edtulos hay que darlos a la nuestra.<\/p>\n<p>-Enteramente -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY conforme a todo ello no habr\u00e1 que llamarla asimismo temperante?<\/p>\n<p>-En alto grado -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-Y si en alguna otra ciudad se hallare una sola opini\u00f3n, lo mismo en los gobernantes que en los gobernados, respecto a qui\u00e9nes deben gobernar, sin duda se hallar\u00e1 tambi\u00e9n en \u00e9sta. \u00bfNo te parece?<\/p>\n<p>-Sin la menor duda -dijo .<\/p>\n<p>-\u00bfY en cu\u00e1l de las dos clases de ciudadanos dir\u00e1s que reside la templanza cuando ocurre eso? \u00bfEn los gobernantes o en los gobernados?<\/p>\n<p>-En unos y otros, creo -repuso .<\/p>\n<p>-\u00bfVes, pues -dije yo-, cu\u00e1n acertadamente predec\u00edamos hace un momento que la templanza se parece a una cierta armon\u00eda musical?<\/p>\n<p>-\u00bfY por qu\u00e9?<\/p>\n<p>-Porque, as\u00ed como el valor y la prudencia, residiendo en una parte de la ciudad, la hacen a toda ella el uno valerosa y la otra prudente, la templanza no obra igual, sino que se extiende por la ciudad entera, logrando que canten lo mismo y en perfecto un\u00edsono los mas d\u00e9biles, los m\u00e1s fuertes y los de en medio, ya los clasifiques por su inteligencia, ya por su fuerza, ya por su n\u00famero o riqueza o por cualquier otro semejante respecto; de suerte que podr\u00edamos con raz\u00f3n afirmar que es templanza esta concordia, esta armon\u00eda entre lo que es inferior y lo que es superior por naturaleza sobre cu\u00e1l de esos dos elementos debe gobernar ya en la ciudad, ya en cada individuo.<\/p>\n<p>-As\u00ed me parece en un todo -repuso.<\/p>\n<p>-Bien -dije yo-; tenemos vistas tres cosas de la ciudad seg\u00fan parece; pero \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 la cualidad restante por la que aqu\u00e9lla alcanza su virtud? Es claro que la justicia.<\/p>\n<p>-Claro es.<\/p>\n<p>-As\u00ed, pues, Glauc\u00f3n, nosotros tenemos que rodear la mata, como unos cazadores, y aplicar la atenci\u00f3n, no sea que se nos escape la justicia y, desapareciendo de nuestros ojos, no podamos verla m\u00e1s. Porque es manifiesto que est\u00e1 aqu\u00ed; por tanto, mira y esfu\u00e9rzate en observar por si la ves antes que yo y puedes ense\u00f1\u00e1rmela .<\/p>\n<p>-\u00a1Ojal\u00e1! -dijo \u00e9l-, pero mejor te servir\u00e9 si te sigo y alcanzo a ver lo que t\u00fa me muestres.<\/p>\n<p>-Haz, pues, conmigo la invocaci\u00f3n y s\u00edgueme -dije.<\/p>\n<p>-As\u00ed har\u00e9 -replic\u00f3-, pero atiende t\u00fa a darme gu\u00eda.<\/p>\n<p>-Y en verdad -dije yo- que estamos en un lugar dif\u00edcil y sombr\u00edo, porque es oscuro y poco penetrable a la vista. Pero, con todo, habr\u00e1 que ir.<\/p>\n<p>-Vayamos, pues -exclam\u00f3.<\/p>\n<p>Entonces yo, fijando la vista, dije: -\u00a1Ay, ay, Glauc\u00f3n! Parece que tenemos un rastro y creo que no se nos va a escapar la presa.<\/p>\n<p>-\u00a1Noticia feliz! -dijo \u00e9l.<\/p>\n<p>-En verdad -dije- que lo que me ha pasado es algo est\u00fapido.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 es ello?<\/p>\n<p>-A mi parecer, bendito amigo, hace tiempo que est\u00e1 la cosa rodando ante nuestros pies y no la ve\u00edamos incurriendo en el mayor de los rid\u00edculos. Como aquellos que, teniendo algo en la mano, buscan a veces lo mismo que tienen, as\u00ed nosotros no mir\u00e1bamos a ello, sino que dirig\u00edamos la vista a lo lejos y por eso quiz\u00e1 no lo ve\u00edamos.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 quieres decir? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-Quiero decir -repliqu\u00e9- que en mi opini\u00f3n hace tiempo que est\u00e1bamos hablando y oyendo hablar de nuestro asunto sin darnos cuenta de que en realidad de un modo u otro habl\u00e1bamos de \u00e9l.<\/p>\n<p>-Largo es ese proemio -dijo- para quien est\u00e1 deseando escuchar.<\/p>\n<p>X. -Oye, pues -le advert\u00ed-, por si digo algo que valga. Aquello que desde el principio, cuando fund\u00e1bamos la ciudad, afirm\u00e1bamos que hab\u00eda que observar en toda circunstancia, eso mismo o una forma de eso es a mi parecer la justicia. Y lo que establecimos y repetimos muchas veces, si bien te acuerdas, es que cada uno debe atender a una sola de las cosas de la ciudad: a aquello para lo que su naturaleza est\u00e9 mejor dotada.<\/p>\n<p>-En efecto, eso dec\u00edamos.<\/p>\n<p>-Y tambi\u00e9n de cierto o\u00edamos decir a otros muchos y dej\u00e1bamos nosotros sentado repetidamente que el hacer cada uno lo suyo y no multiplicar sus actividades era la justicia.<\/p>\n<p>-As\u00ed de cierto lo dejamos sentado.<\/p>\n<p>-Esto, pues, amigo -dije-, parece que es en cierto modo la justicia: el hacer cada uno lo suyo. \u00bfSabes de d\u00f3nde lo infiero?<\/p>\n<p>-No lo s\u00e9; d\u00edmelo t\u00fa -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-Me parece a m\u00ed -dije- que lo que faltaba en la ciudad despu\u00e9s de todo eso que dejamos examinado -la templanza, el valor y la prudencia- es aquello otro que a todas tres da el vigor necesario a su nacimiento y que, despu\u00e9s de nacidas, las conserva mientras subsiste en ellas. Y dijimos que si encontr\u00e1bamos aquellas tres, lo que faltaba era la justicia .<\/p>\n<p>-Por fuerza -dijo.<\/p>\n<p>-Y si hubiera necesidad -a\u00f1ad\u00ed- de decidir cu\u00e1l de estas cualidades constituir\u00e1 principalmente con su presencia la bondad de nuestra ciudad, ser\u00eda dif\u00edcil determinar si ser\u00e1 la igualdad de opiniones de los gobernantes y de los gobernados o el mantenimiento en los soldados de la opini\u00f3n leg\u00edtima sobre lo que es realmente temible y lo que no o la inteligencia y la vigilancia existente en los gobernantes o si, en fin, lo que mayormente hace buena a la ciudad es que se asiente en el ni\u00f1o y en la mujer y en el esclavo y en el hombre libre y en el artesano y en el gobernante y en el gobernado eso otro de que cada uno haga lo suyo y no se dedique a m\u00e1s.<\/p>\n<p>-Cuesti\u00f3n dif\u00edcil -dijo-. \u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-Por ello, seg\u00fan parece, en lo que toca a la excelencia de la ciudad esa virtud de que cada uno haga en ella lo que le es propio resulta \u00e9mula de la prudencia, de la templanza y del valor.<\/p>\n<p>-Desde luego -dijo.<\/p>\n<p>-As\u00ed, pues, \u00bftendr\u00e1s a la justicia como \u00e9mula de aqu\u00e9llas para la perfecci\u00f3n de la ciudad?<\/p>\n<p>-En un todo.<\/p>\n<p>-Atiende ahora a esto otro y mira si opinas lo mismo: \u00bfser\u00e1 a los gobernantes a quienes atribuyas en la ciudad el juzgar los procesos ?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-\u00bfY al juzgar han de tener otra mayor preocupaci\u00f3n que la de que nadie posea lo ajeno ni sea privado de lo propio?<\/p>\n<p>-No, sino \u00e9sa.<\/p>\n<p>-\u00bfPensando que es ello justo?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Y as\u00ed, la posesi\u00f3n y pr\u00e1ctica de lo que a cada uno es propio ser\u00e1 reconocida como justicia.<\/p>\n<p>-Eso es.<\/p>\n<p>-Mira, por tanto, si opinas lo mismo que yo: el que el carpintero haga el trabajo del zapatero o el zapatero el del carpintero o el que tome uno los instrumentos y prerrogativas del otro o uno solo trate de hacer lo de los dos trocando todo lo dem\u00e1s \u00bfte parece que podr\u00eda da\u00f1ar gravemente a la ciudad?<\/p>\n<p>-No de cierto -dijo.<\/p>\n<p>-Pero, por el contrario, pienso que, cuando un artesano u otro que su \u00edndole destine a negocios privados, engre\u00eddo por su riqueza o por el n\u00famero de los que le siguen o por su fuerza o por otra cualquier cosa semejante, pretenda entrar en la clase de los guerreros, o uno de los guerreros en la de los consejeros o guardianes, sin tener m\u00e9rito para ello, y as\u00ed cambien entre s\u00ed sus instrumentos y honores, o cuando uno solo trate de hacer a un tiempo los oficios de todos, entonces creo, como digo, que t\u00fa tambi\u00e9n opinar\u00e1s que semejante trueque y entrometimiento ha de ser ruinoso para la ciudad .<\/p>\n<p>-En un todo.<\/p>\n<p>-Por tanto, el entrometimiento y trueque mutuo de estas tres clases es el mayor da\u00f1o de la ciudad y m\u00e1s que ning\u00fan otro podr\u00eda ser con plena raz\u00f3n calificado de crimen.<\/p>\n<p>-Plenamente.<\/p>\n<p>-\u00bfY al mayor crimen contra la propia ciudad no habr\u00e1s de calificarlo de injusticia?<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 duda cabe?<\/p>\n<p>XI. -Eso es, pues, injusticia. Y a la inversa, diremos: la actuaci\u00f3n en lo que les es propio de los linajes de los traficantes, auxiliares y guardianes, cuando cada uno haga lo suyo en la ciudad, \u00bfno ser\u00e1 justicia, al contrario de aquello otro, y no har\u00e1 justa a la ciudad misma ?<\/p>\n<p>-As\u00ed me parece y no de otra manera -dijo \u00e9l.<\/p>\n<p>-No lo digamos todav\u00eda con voz muy recia -observ\u00e9-; antes bien, si, trasladando la idea formada a cada uno de los hombres, reconocemos que all\u00ed es tambi\u00e9n justicia, conced\u00e1moslo sin m\u00e1s, porque \u00bfqu\u00e9 otra cosa cabe oponer? Pero, si no es as\u00ed, volvamos a otro lado nuestra atenci\u00f3n. Y ahora terminemos nuestro examen en el pensamiento de que, si tomando algo de mayor extensi\u00f3n entre los seres que poseen la justicia, nos esforz\u00e1ramos por intuirla all\u00ed, ser\u00eda luego m\u00e1s f\u00e1cil observarla en un hombre solo. Y de cierto nos pareci\u00f3 que ese algo m\u00e1s extenso es la ciudad y as\u00ed la fundamos con la mayor excelencia posible, bien persuadidos de que en la ciudad buena era donde precisamente podr\u00eda hallarse la justicia. Traslademos, pues, al individuo lo que all\u00ed se nos mostr\u00f3 y, si hay conformidad, ser\u00e1 ello bien; y, si en el individuo aparece como algo distinto, volveremos a la ciudad a hacer la prueba, y as\u00ed, mirando al uno junto a la otra y poni\u00e9ndolos en contacto y roce, quiz\u00e1 conseguiremos que brille la justicia como fuego de enjutos y, al hacerse visible, podremos afirmarla en nosotros mismos.<\/p>\n<p>-Ese es buen camino -dijo- y as\u00ed hay que hacerlo.<\/p>\n<p>-Ahora bien -dije-; cuando se predica de una cosa que es lo mismo que otra, ya sea m\u00e1s grande o m\u00e1s peque\u00f1a, \u00bfse entiende que le es semejante o que le es desemejante en aquello en que tal cosa se predica?<\/p>\n<p>-Semejante -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-De modo que el hombre justo no diferir\u00e1 en nada de la ciudad justa en lo que se refiere a la idea de justicia, sino que ser\u00e1 semejante a ella.<\/p>\n<p>-Lo ser\u00e1 -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-Por otra parte, la ciudad nos pareci\u00f3 ser justa cuando los tres linajes de naturalezas que hay en ella hac\u00edan cada una lo propio suyo; y nos pareci\u00f3 temperada, valerosa y prudente por otras determinadas condiciones y dotes de estos mismos linajes.<\/p>\n<p>-Verdad es -dijo.<\/p>\n<p>-Por lo tanto, amigo m\u00edo, juzgaremos que el individuo que tenga en su propia alma estas mismas especies merecer\u00e1, con raz\u00f3n, los mismos calificativos que la ciudad cuando tales especies tengan las mismas condiciones que las de aqu\u00e9lla.<\/p>\n<p>-Es ineludible -dijo.<\/p>\n<p>-Y henos aqu\u00ed -dije-, \u00a1oh, var\u00f3n admirable!, que hemos dado en un ligero problema acerca del alma, el de si tiene en s\u00ed misma esas tres especies o no.<\/p>\n<p>-No me parece del todo f\u00e1cil -replic\u00f3-; acaso, S\u00f3crates, sea verdad aquello que suele decirse, de que lo bello es dif\u00edcil.<\/p>\n<p>-Tal se nos muestra -dije-. Y has de saber, Glauc\u00f3n, que, a mi parecer, con m\u00e9todos tales como los que ahora venimos empleando en nuestra discusi\u00f3n no vamos a alcanzar nunca lo que nos proponemos, pues el camino que a ello lleva es otro m\u00e1s largo y complicado; aunque \u00e9ste quiz\u00e1 no desmerezca de nuestras pl\u00e1ticas e investigaciones anteriores .<\/p>\n<p>-\u00bfHemos, pues, de conformarnos? -dijo-. A m\u00ed me basta, a lo menos por ahora.<\/p>\n<p>-Pues bien -dije-, para m\u00ed ser\u00e1 tambi\u00e9n suficiente en un todo.<\/p>\n<p>-Entonces -dijo- sigue tu investigaci\u00f3n sin desmayo. -\u00bfNo nos ser\u00e1 absolutamente necesario -prosegu\u00ed- el reconocer que en cada uno de nosotros se dan las mismas especies y modos de ser que en la ciudad? A \u00e9sta, en efecto, no llegan de ninguna otra parte sino de nosotros mismos. Rid\u00edculo ser\u00eda pensar que, en las ciudades a las que se acusa de \u00edndole arrebatada, como las de Tracia y de Escitia y casi todas las de la regi\u00f3n norte\u00f1a, este arrebato no les viene de los individuos; e igualmente el amor al saber que puede atribuirse principalmente a nuestra regi\u00f3n y no menos la avaricia que suele achacarse a los fenicios o a los habitantes de Egipto .<\/p>\n<p>-Bien seguro -dijo.<\/p>\n<p>-As\u00ed es, pues, ello -dije yo- y no es dif\u00edcil reconocerlo.<\/p>\n<p>-No de cierto.<\/p>\n<p>XII. -Lo que ya es m\u00e1s dif\u00edcil es saber si lo hacemos todo por medio de una sola especie o si, siendo \u00e9stas tres, hacemos cada cosa por una de ellas. \u00bfEntendemos con un cierto elemento, nos encolerizamos con otro distinto de los existentes en nosotros y apetecemos con un tercero los placeres de la comida y de la generaci\u00f3n y otros parejos o bien obramos con el alma entera en cada una de estas cosas cuando nos ponemos a ello? Esto es lo dif\u00edcil de determinar de manera conveniente.<\/p>\n<p>-Eso me parece a m\u00ed tambi\u00e9n -dijo.<\/p>\n<p>-He aqu\u00ed, pues, c\u00f3mo hemos de decidir si esos elementos son los mismos o son diferentes.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo?<\/p>\n<p>-Es claro que un mismo ser no admitir\u00e1 el hacer o sufrir cosas contrarias al mismo tiempo, en la misma parte de s\u00ed mismo y con relaci\u00f3n al mismo objeto; de modo que, si hallamos que en dichos elementos ocurre eso, vendremos a saber que no son uno solo, sino varios .<\/p>\n<p>-Conforme.<\/p>\n<p>-Atiende, pues, a lo que voy diciendo. -Habla -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfEs acaso posible -dije- que una misma cosa se est\u00e9 quieta y se mueva al mismo tiempo en una misma parte de s\u00ed misma?<\/p>\n<p>-De ning\u00fan modo.<\/p>\n<p>-Reconozc\u00e1moslo con m\u00e1s exactitud para no vacilar en lo que sigue: si de un hombre que est\u00e1 parado en un sitio, pero mueve las manos y la cabeza, dijera alguien que est\u00e1 quieto y se mueve al mismo tiempo, juzgar\u00edamos que no se debe decir as\u00ed, sino que una parte de \u00e9l est\u00e1 quieta y otra se mueve; \u00bfno es eso?<\/p>\n<p>-Eso es.<\/p>\n<p>-Y si el que dijere tal cosa diera p\u00e1bulo a sus facecias pretendiendo que las peonzas est\u00e1n en reposo y se mueven enteras cuando bailan con la p\u00faa fija en un punto o que pasa lo mismo con cualquier otro objeto que da vueltas sin salirse de un sitio, no se lo admitir\u00edamos, porque no permanecen y se mueven en la misma parte de s\u00ed mismos. Dir\u00edamos que hay en ellos una l\u00ednea recta y una circunferencia y que est\u00e1n quietos por su l\u00ednea recta, puesto que no se inclinan a ning\u00fan lado, pero que por su circunferencia se mueven en redondo; y que, cuando inclinan su l\u00ednea recta a la derecha o a la izquierda o hacia adelante o hacia atr\u00e1s al mismo tiempo que giran, entonces ocurre que no est\u00e1n quietos en ning\u00fan respecto.<\/p>\n<p>-Y eso es lo exacto -dijo.<\/p>\n<p>-Ninguno, pues, de semejantes dichos nos conmover\u00e1 ni nos persuadir\u00e1 en lo m\u00e1s m\u00ednimo de que haya algo que pueda sufrir ni ser ni obrar dos cosas contrarias al mismo tiempo en la misma parte de s\u00ed mismo y en relaci\u00f3n con el mismo objeto.<\/p>\n<p>-A m\u00ed por lo menos no -asever\u00f3.<\/p>\n<p>-No obstante -dije-, para que no tengamos que alargarnos saliendo al encuentro de semejantes objeciones y sosteniendo que no son verdaderas, dejemos sentado que eso es as\u00ed y pasemos adelante reconociendo que, si en alg\u00fan modo se nos muestra de modo distinto que como queda dicho, todo lo que saquemos de acuerdo con ello quedar\u00e1 vano .<\/p>\n<p>-As\u00ed hay que hacerlo -asegur\u00f3.<\/p>\n<p>XIII. -\u00bfY acaso -prosegu\u00ed- el asentir y el negar, el desear algo y el rehusarlo, el atraerlo y el rechazarlo y todas las cosas de este tenor las pondr\u00e1s entre las que son contrarias unas a otras sin distinguir si son acciones y pasiones? Porque esto no hace al caso.<\/p>\n<p>-S\u00ed -dijo-; entre las contrarias las pongo.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9? -continu\u00e9-. \u00bfEl hambre y la sed y en general todos los apetitos y el querer y el desear, no referir\u00e1s todas estas cosas a las especies que quedan mencionadas? \u00bfNo dir\u00e1s, por ejemplo, que el alma del que apetece algo tiende a aquello que apetece o que atrae a s\u00ed aquello que desea alcanzar o bien que, en cuanto quiere que se le entregue, se da asentimiento a s\u00ed misma , como si alguien le preguntara, en el af\u00e1n de conseguirlo?<\/p>\n<p>-As\u00ed lo creo.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9? \u00bfEl no desear ni querer ni apetecer no lo pondr\u00e1s, con el rechazar y el despedir de s\u00ed mismo, entre los contrarios de aquellos otros t\u00e9rminos?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-Siendo todo ello as\u00ed, \u00bfno admitiremos que hay una clase especial de apetitos y que los que m\u00e1s a la vista est\u00e1n son los que llamamos sed y hambre?<\/p>\n<p>-Lo admitiremos -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY no es la una apetito de bebida y la otra de comida?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfY acaso la sed, en cuanto es sed, podr\u00e1 ser en el alma apetito de algo m\u00e1s que de eso que queda dicho , como, por ejemplo, la sed ser\u00e1 sed de una bebida caliente o fr\u00eda o de mucha o poca bebida o, en una palabra, de una determinada clase de bebida? \u00bfO m\u00e1s bien, cuando a la sed se agregue un cierto calor, traer\u00e1 \u00e9ste consigo que el apetito sea de bebida fr\u00eda y, cuando se a\u00f1ada un cierto fr\u00edo, har\u00e1 que sea de bebida caliente? \u00bfY asimismo, cuando por su intensidad sea grande la sed, resultar\u00e1 sed de mucha bebida, y cuando peque\u00f1a, de poca? \u00bfY la sed en s\u00ed no ser\u00e1 en manera alguna apetito de otra cosa sino de lo que le es natural, de la bebida en s\u00ed, como el hambre lo es de la comida?<\/p>\n<p>-As\u00ed es -dijo-; cada apetito no es apetito m\u00e1s que de aquello que le conviene por naturaleza; y cuando le apetece de tal o cual calidad, ello depende de algo accidental que se le agrega.<\/p>\n<p>-Que no haya, pues -a\u00f1ad\u00ed yo-, quien nos coja de sorpresa y nos perturbe diciendo que nadie apetece bebida, sino buena bebida, ni comida, sino buena comida. Porque todos, en efecto, apetecemos lo bueno; por tanto, si la sed es apetito, ser\u00e1 apetito de algo bueno, sea bebida u otra cosa, e igualmente los dem\u00e1s apetitos .<\/p>\n<p>-Pues acaso -dijo- piense decir cosa de peso el que tal habla.<\/p>\n<p>-Comoquiera que sea -conclu\u00ed-, todas aquellas cosas que por su \u00edndole tienen un objeto, en cuanto son de tal o cual modo se refieren, en mi opini\u00f3n, a tal o cual clase de objeto; pero ellas por s\u00ed mismas, s\u00f3lo a su objeto propio .<\/p>\n<p>-No he entendido -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfNo has entendido -pregunt\u00e9- que lo que es mayor lo es porque es mayor que otra cosa?<\/p>\n<p>-Bien seguro.<\/p>\n<p>-\u00bfY esa otra cosa ser\u00e1 algo m\u00e1s peque\u00f1o?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Y lo que es mucho mayor ser\u00e1 mayor que otra cosa mucho m\u00e1s peque\u00f1a. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfY lo que en un tiempo fue mayor, que lo que fue m\u00e1s peque\u00f1o; y lo que en lo futuro ha de ser mayor, que lo que ha de ser m\u00e1s peque\u00f1o?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no? -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfY no sucede lo mismo con lo m\u00e1s respecto de lo menos y con lo doble respecto de la mitad y con todas las cosas de este tenor y tambi\u00e9n con lo m\u00e1s pesado respecto de lo m\u00e1s ligero e igualmente con lo caliente respecto de lo fr\u00edo y con todas las cosas semejantes a \u00e9stas?<\/p>\n<p>-Enteramente.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 diremos de las ciencias? \u00bfNo ocurre lo mismo? La ciencia en s\u00ed es ciencia del conocimiento en s\u00ed o de aquello, sea lo que quiera, a que deba asignarse \u00e9sta como a su objeto; una ciencia o tal o cual ciencia lo es de uno y determinado conocimiento. Pongo por ejemplo: \u00bfno es cierto que, una vez que se cre\u00f3 la ciencia de hacer edificios, qued\u00f3 separada de las dem\u00e1s ciencias y recibi\u00f3 con ello el nombre de arquitectura ?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-\u00bfY no fue as\u00ed por ser una ciencia especial distinta de todas las otras?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-As\u00ed, pues, \u00bfno qued\u00f3 calificada cuando se la entendi\u00f3 como ciencia de un objeto determinado? \u00bfY no ocurre lo mismo con las otras artes y ciencias?<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>XIV -Reconoce, pues -dije yo-, que eso era lo que yo quer\u00eda decir antes, si es que lo has entendido verdaderamente ahora: que las cosas que se predican como propias de un objeto lo son por s\u00ed solas de este objeto solo; y de tales o cuales objetos, tales determinadas cosas. Y no quiero decir con ello que como sean los objetos, as\u00ed ser\u00e1n tambi\u00e9n ellas, de modo que la ciencia de la salud y la enfermedad sea igualmente sana o enferma, sino que, una vez que esta ciencia no tiene por objeto el de la ciencia en s\u00ed, sino otro determinado, y que \u00e9ste es la enfermedad y la salud, ocurre que ella misma queda determinada como ciencia y eso hace que no sea llamada ya ciencia a secas, sino ciencia especial de algo que se ha agregado, y se la nombra medicina.<\/p>\n<p>-Lo entiendo -dijo- y me parece que es as\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfY la sed? -pregunt\u00e9-. \u00bfNo la pondr\u00e1s por su naturaleza entre aquellas cosas que tienen un objeto? Porque la sed lo es sin duda de&#8230;<\/p>\n<p>-S\u00ed -dijo-; de bebida.<\/p>\n<p>-Y as\u00ed, seg\u00fan sea la sed de una u otra bebida ser\u00e1 tambi\u00e9n ella de una u otra clase; pero la sed en s\u00ed no es de mucha ni poca ni buena ni mala bebida ni, en una palabra, de una bebida especial, sino que por su naturaleza lo es s\u00f3lo de la bebida en s\u00ed.<\/p>\n<p>-Conforme en todo.<\/p>\n<p>-El alma del sediento, pues, en cuanto tiene sed no desea otra cosa que beber y a ello tiende y hacia ello se lanza.<\/p>\n<p>-Evidente .<\/p>\n<p>-Por lo tanto, si algo alguna vez la retiene en su sed tendr\u00e1 que haber en ella alguna cosa distinta de aquella que siente la sed y la impulsa como a una bestia a que beba, porque, como dec\u00edamos, una misma cosa no puede hacer lo que es contrario en la misma parte de s\u00ed misma, en relaci\u00f3n con el mismo objeto y al mismo tiempo .<\/p>\n<p>-No de cierto.<\/p>\n<p>-Como, por ejemplo, respecto del arquero no ser\u00eda bien, creo yo, decir que sus manos rechazan y atraen el arco al mismo tiempo, sino que una lo rechaza y la otra lo atrae.<\/p>\n<p>-Verdad todo -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY hemos de reconocer que algunos que tienen sed no quieren beber?<\/p>\n<p>-De cierto -dijo-; muchos y en muchas ocasiones. -\u00bfY qu\u00e9 -pregunt\u00e9 yo- podr\u00eda decirse acerca de esto? \u00bfQue no hay en sus almas algo que les impulsa a beber y algo que los retiene, esto \u00faltimo diferente y m\u00e1s poderoso que aquello?<\/p>\n<p>-As\u00ed me parece -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY esto que los retiene de tales cosas no nace, cuando nace, del razonamiento, y aquellos otros impulsos que les mueven y arrastran no les vienen, por el contrario, de sus padecimientos y enfermedades?<\/p>\n<p>-Tal se muestra.<\/p>\n<p>-No sin raz\u00f3n, pues -dije-, juzgaremos que son dos cosas diferentes la una de la otra, llamando, a aquello con que razona, lo racional del alma, y a aquello con que desea y siente hambre y sed y queda perturbada por los dem\u00e1s apetitos, lo irracional y concupiscible, bien avenido con ciertos hartazgos y placeres.<\/p>\n<p>-No; es natural -dijo- que los consideremos as\u00ed.<\/p>\n<p>-Dejemos, pues, definidas estas dos especies que se dan en el alma -segu\u00ed yo-. Y la c\u00f3lera y aquello con que nos encolerizamos, \u00bfser\u00e1 una tercera especie o tendr\u00e1 la misma naturaleza que alguna de esas dos ?<\/p>\n<p>-Quiz\u00e1 -dijo- la misma que la una de ellas, la concupiscible.<\/p>\n<p>-Pues yo -repliqu\u00e9- o\u00ed una vez una historia a la que me atengo como prueba, y es \u00e9sta: Leoncio, hijo de Aglay\u00f3n, sub\u00eda del Pireo por la parte exterior del muro del norte cuando advirti\u00f3 unos cad\u00e1veres que estaban echados por tierra al lado del verdugo . Comenz\u00f3 entonces a sentir deseos de verlos, pero al mismo tiempo le repugnaba y se retra\u00eda; y as\u00ed estuvo luchando y cubri\u00e9ndose el rostro hasta que, vencido de su apetencia, abri\u00f3 enteramente los ojos y, corriendo hacia los muertos, dijo: \u00ab\u00a1Ah\u00ed los ten\u00e9is, malditos, saciaos del hermoso espect\u00e1culo!\u00bb<\/p>\n<p>-Yo tambi\u00e9n lo hab\u00eda o\u00eddo -dijo.<\/p>\n<p>-Pues esa historia -observ\u00e9- muestra que la c\u00f3lera combate a veces con los apetitos como cosa distinta de ellos.<\/p>\n<p>-Lo muestra, en efecto -dijo.<\/p>\n<p>XV -\u00bfY no advertimos tambi\u00e9n en muchas otras ocasiones -dije-, cuando las concupiscencias tratan de hacer fuerza a alguno contra la raz\u00f3n, que \u00e9l se insulta a s\u00ed mismo y se irrita contra aquello que le fuerza en su interior y que, como en una reyerta entre dos enemigos, la c\u00f3lera se hace en el tal aliada de la raz\u00f3n? En cambio, no creo que puedas decir que hayas advertido jam\u00e1s, ni en ti mismo ni en otro, que, cuando la raz\u00f3n determine que no se ha de hacer una cosa, la c\u00f3lera se oponga a ello haciendo causa com\u00fan con las concupiscencias.<\/p>\n<p>-No, por Zeus -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 ocurre -pregunt\u00e9- cuando alguno cree obrar injustamente? \u00bfNo sucede que, cuanto m\u00e1s generosa sea su \u00edndole, menos puede irritarse aunque sufra hambre o fr\u00edo u otra cualquier cosa de este g\u00e9nero por obra de quien en su concepto le aplica la justicia y que, como digo, su c\u00f3lera se resiste a levantarse contra \u00e9ste?<\/p>\n<p>-Verdad es -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 sucede, en cambio, cuando cree que padece injusticia ? \u00bfNo hierve esa c\u00f3lera en \u00e9l y se enoja y se al\u00eda con lo que se le muestra como justo y, aun pasando hambre y fr\u00edo y todos los rigores de esta clase, los soporta hasta triunfar de ellos y no cesa en sus nobles resoluciones hasta que las lleva a t\u00e9rmino o perece o se aquieta, llamado atr\u00e1s por su propia raz\u00f3n como un perro por el pastor?<\/p>\n<p>-Exacta es esa comparaci\u00f3n que has puesto -dijo-; y, en efecto, en nuestra ciudad pusimos a los auxiliares como perros a disposici\u00f3n de los gobernantes, que son los pastores de aqu\u00e9lla.<\/p>\n<p>-Has entendido perfectamente -observ\u00e9- lo que quise decir; \u00bfy observas ahora este otro asunto?<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1l es \u00e9l?<\/p>\n<p>-Que viene a revel\u00e1rsenos acerca de la c\u00f3lera lo contrario de lo que dec\u00edamos hace un momento; entonces pens\u00e1bamos que era algo concupiscible y ahora confesamos que, bien lejos de ello, en la lucha del alma hace armas a favor de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>-Enteramente cierto -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY ser\u00e1 algo distinto de esta \u00faltima o un modo de ella de suerte que en el alma no resulten tres especies, sino dos s\u00f3lo, la racional y la concupiscible? \u00bfO bien, as\u00ed como en la ciudad eran tres los linajes que la manten\u00edan, el traficante, el auxiliar y el deliberante, as\u00ed habr\u00e1 tambi\u00e9n un tercero en el alma, el irascible, auxiliar por naturaleza del racional cuando no se pervierta por una mala crianza?<\/p>\n<p>-Por fuerza -dijo- tiene que ser \u00e9se el tercero.<\/p>\n<p>-S\u00ed -asever\u00e9-, con tal de que se nos revele distinto del racional como ya se nos revel\u00f3 distinto del concupiscible .<\/p>\n<p>-Pues no es dif\u00edcil percibirlo -dijo-. Cualquiera puede ver en los ni\u00f1os peque\u00f1os que, desde el punto en que nacen, est\u00e1n llenos de c\u00f3lera; y, en cuanto a la raz\u00f3n, algunos me parece que no la alcanzan nunca y los m\u00e1s de ellos bastante tiempo despu\u00e9s.<\/p>\n<p>-Bien dices, por Zeus -observ\u00e9-. Tambi\u00e9n en las bestias puede verse que ocurre como t\u00fa dices; y a m\u00e1s de todo servir\u00e1 de testimonio aquello de Homero que dejamos mencionado m\u00e1s arriba:<\/p>\n<p>Pero a su alma increp\u00f3 golpe\u00e1ndose el pecho y le dijo&#8230;<\/p>\n<p>En este pasaje, Homero represent\u00f3 manifiestamente como cosas distintas a lo uno increpando a lo otro: aquello que discurre sobre el bien y el mal contra lo que sin discurrir se encoleriza.<\/p>\n<p>-Enteramente cierto es lo que dices -afirm\u00f3.<\/p>\n<p>XVI. -As\u00ed, pues -dije yo-, hemos llegado a puerto, aunque con trabajo, y reconocido en debida forma que en el alma de cada uno hay las mismas clases que en la ciudad y en el mismo n\u00famero.<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>-\u00bfSer\u00e1, pues, forzoso que el individuo sea prudente de la misma manera y por la misma raz\u00f3n que lo es la ciudad?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-\u00bfY que del mismo modo y por el mismo motivo que es valeroso el individuo, lo sea la ciudad tambi\u00e9n, y que otro tanto ocurra en todo lo dem\u00e1s que en uno y otra hace referencia a la virtud?<\/p>\n<p>-Por fuerza.<\/p>\n<p>-Y as\u00ed, Glauc\u00f3n, pienso que reconoceremos tambi\u00e9n que el individuo ser\u00e1 justo de la misma manera en que lo era la ciudad.<\/p>\n<p>-Forzoso es tambi\u00e9n ello.<\/p>\n<p>-Por otra parte, no nos hemos olvidado de que \u00e9sta era justa porque cada una de sus tres clases hac\u00eda en ella aquello que le era propio.<\/p>\n<p>-No creo que lo hayamos olvidado -dijo.<\/p>\n<p>-As\u00ed, pues, hemos de tener presente que cada uno de nosotros s\u00f3lo ser\u00e1 justo y har\u00e1 \u00e9l tambi\u00e9n lo propio suyo en cuanto cada una de las cosas que en \u00e9l hay haga lo que le es propio.<\/p>\n<p>-Bien de cierto -dijo-, hay que tenerlo presente.<\/p>\n<p>-\u00bfY no es a lo racional a quien compete el gobierno, por raz\u00f3n de su prudencia y de la previsi\u00f3n que ejerce sobre el alma toda, as\u00ed como a lo irascible el ser su s\u00fabdito y aliado?<\/p>\n<p>-Enteramente.<\/p>\n<p>-\u00bfY no ser\u00e1, como dec\u00edamos, la combinaci\u00f3n de la m\u00fasica y la gimn\u00e1stica la que pondr\u00e1 a los dos en acuerdo, dando tensi\u00f3n a lo uno y nutri\u00e9ndolo con buenas palabras y ense\u00f1anzas y haciendo con sus consejos que el otro remita y aplac\u00e1ndolo con la armon\u00eda y el ritmo ?<\/p>\n<p>-Bien seguro -dijo.<\/p>\n<p>-Y estos dos, as\u00ed criados y verdaderamente instruidos y educados en lo suyo, se impondr\u00e1n a lo concupiscible, que, ocupando la mayor parte del alma de cada cual , es por naturaleza insaciable de bienes; al cual tienen que vigilar, no sea que, repleto de lo que llamamos placeres del cuerpo, se haga grande y fuerte y, dejando de obrar lo propio suyo, trate de esclavizar y gobernar a aquello que por su clase no le corresponde y trastorne enteramente la vida de todos.<\/p>\n<p>-No hay duda -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY no ser\u00e1n tambi\u00e9n estos dos -dije yo- los que mejor velen por el alma toda y por el cuerpo contra los enemigos de fuera, el uno tomando determinaciones, el otro luchando en seguimiento del que manda y ejecutando con su valor lo determinado por \u00e9l?<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>-Y, seg\u00fan pienso, llamaremos a cada cual valeroso por raz\u00f3n de este segundo elemento, cuando, a trav\u00e9s de dolores y placeres, lo irascible conserve el juicio de la raz\u00f3n sobre lo que es temible y sobre lo que no lo es.<\/p>\n<p>-Exactamente -dijo.<\/p>\n<p>-Y le llamaremos prudente por aquella su peque\u00f1a porci\u00f3n que mandaba en \u00e9l y daba aquellos preceptos, ya que ella misma tiene entonces en s\u00ed la ciencia de lo conveniente para cada cual y para la comunidad entera con sus tres partes.<\/p>\n<p>-Sin duda ninguna.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s? \u00bfNo lo llamaremos temperante por el amor y armon\u00eda de \u00e9stas cuando lo que gobierna y lo que es gobernado convienen en que lo racional debe mandar y no se sublevan contra ello?<\/p>\n<p>-Eso y no otra cosa es la templanza -dijo-, lo mismo en la ciudad que en el particular.<\/p>\n<p>-Y ser\u00e1 asimismo justo por raz\u00f3n de aquello que tantas veces hemos expuesto .<\/p>\n<p>-Forzosamente.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9? -dije-. \u00bfNo habr\u00e1 miedo de que se nos oscurezca en ello la justicia y nos parezca distinta de aquella que se nos revel\u00f3 en la ciudad?<\/p>\n<p>-No lo creo -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-Hay un medio -observ\u00e9- de que nos afirmemos enteramente, si es que a\u00fan queda vacilaci\u00f3n en nuestra alma: bastar\u00e1 con aducir ciertas normas corrientes.<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1les son?<\/p>\n<p>-Por ejemplo, si tuvi\u00e9ramos que ponernos de acuerdo acerca de la ciudad de que habl\u00e1bamos y del var\u00f3n que por naturaleza y crianza se asemeja a ella, \u00bfnos parecer\u00eda que el tal, habiendo recibido un dep\u00f3sito de oro o\u00a0 plata, habr\u00eda de sustraerlo? \u00bfQui\u00e9n dir\u00edas que habr\u00eda de pensar que lo hab\u00eda hecho \u00e9l antes que los que no sean de su condici\u00f3n?<\/p>\n<p>-Nadie -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfY as\u00ed, estar\u00e1 nuestro hombre bien lejos de cometer sacrilegios, robos o traiciones privadas o p\u00fablicas contra los amigos o contra las ciudades?<\/p>\n<p>-Bien lejos.<\/p>\n<p>-Y no ser\u00e1 infiel en modo alguno ni a sus juramentos ni a sus otros acuerdos.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo habr\u00eda de serlo?<\/p>\n<p>-Y los adulterios, el abandono de los padres y el menosprecio de los dioses ser\u00e1n propios de otro cualquiera, pero no de \u00e9l.<\/p>\n<p>-De otro cualquiera, en efecto -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfY la causa de todo eso no es que cada una de las cosas que hay en \u00e9l hace lo suyo propio tanto en lo que toca a gobernar como en lo que toca a obedecer?<\/p>\n<p>-Esa y no otra es la causa.<\/p>\n<p>-\u00bfTratar\u00e1s, pues, de averiguar todav\u00eda si la justicia es cosa distinta de esta virtud que produce tales hombres y tales ciudades?<\/p>\n<p>-No, por Zeus -dijo.<\/p>\n<p>XVII. -Cumplido est\u00e1, pues, enteramente nuestro ensue\u00f1o: aquel presentimiento que refer\u00edamos de que, una vez que empez\u00e1ramos a fundar nuestra ciudad, podr\u00edamos, con la ayuda de alg\u00fan dios, encontrar un cierto principio e imagen de la justicia .<\/p>\n<p>-Bien de cierto.<\/p>\n<p>-Ten\u00edamos, efectivamente, Glauc\u00f3n, una cierta semblanza de la justicia, que, por ello, nos ha sido de provecho: aquello de que quien por naturaleza es zapatero debe hacer zapatos y no otra cosa, y el que constructor, construcciones, y as\u00ed los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>-Tal parece.<\/p>\n<p>-Y en realidad la justicia parece ser algo as\u00ed, pero no en lo que se refiere a la acci\u00f3n exterior del hombre, sino a la interior sobre s\u00ed mismo y las cosas que en \u00e9l hay; cuando \u00e9ste no deja que ninguna de ellas haga lo que es propio de las dem\u00e1s ni se interfiera en las actividades de los otros linajes que en el alma existen, sino, disponiendo rectamente sus asuntos dom\u00e9sticos, se rige y ordena y se hace amigo de s\u00ed mismo y pone de acuerdo sus tres elementos exactamente como los tres t\u00e9rminos de una armon\u00eda, el de la cuerda grave, el de la alta, el de la media y cualquiera otro que pueda haber entremedio; y despu\u00e9s de enlazar todo esto y conseguir de esta variedad su propia unidad, entonces es cuando, bien templado y acordado, se pone a actuar as\u00ed dispuesto ya en la adquisici\u00f3n de riquezas, ya en el cuidado de su cuerpo, ya en la pol\u00edtica, ya en lo que toca a sus contratos privados, y en todo esto juzga y denomina justa y buena a la acci\u00f3n que conserve y corrobore ese estado y prudencia al conocimiento que la presida y acci\u00f3n injusta, en cambio, a la que destruya esa disposici\u00f3n de cosas e ignorancia a la opini\u00f3n que la rija .<\/p>\n<p>-Verdad pura es, S\u00f3crates, lo que dices -observ\u00f3.<\/p>\n<p>-Bien -repliqu\u00e9-; creo que no se dir\u00eda que ment\u00edamos si afirm\u00e1ramos que hab\u00edamos descubierto al hombre justo y a la ciudad justa y la justicia que en ellos hay.<\/p>\n<p>-No, de cierto, por Zeus -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfLo afirmaremos, pues?<\/p>\n<p>-Lo afirmaremos.<\/p>\n<p>XVIII. -Bien -dije-, despu\u00e9s de esto creo que hemos de examinar la injusticia.<\/p>\n<p>-Claro est\u00e1.<\/p>\n<p>-\u00bfNo ser\u00e1 necesariamente una sedici\u00f3n de aquellos tres elementos, su empleo en actividades diversas y ajenas y la sublevaci\u00f3n de una parte contra el alma toda para gobernar en ella sin pertenecerle el mando, antes bien, siendo esas partes tales por su naturaleza que a la una le convenga estar sometida y a la otra no, por ser especie regidora? Algo as\u00ed dir\u00edamos, creo yo, y a\u00f1adir\u00edamos que la perturbaci\u00f3n y extrav\u00edo de estas especies es injusticia e indisciplina y vileza e ignorancia, y, en suma, total perversidad.<\/p>\n<p>-Eso precisamente -dijo.<\/p>\n<p>-As\u00ed, pues -dije yo-, el hacer cosas injustas, el violar la justicia e igualmente el obrar conforme a ella \u00bfson cosas todas que ahora distinguimos ya con claridad si es que hemos distinguido la injusticia y la justicia?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo es ello?<\/p>\n<p>-Porque en realidad -dije- en nada difieren de las cosas sanas ni de las enfermizas, ellas en el alma como \u00e9stas en el cuerpo.<\/p>\n<p>-\u00bfDe qu\u00e9 modo? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-Las cosas sanas producen salud, creo yo; las enfermizas, enfermedad.<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfY el hacer cosas justas no produce justicia y el obrar injustamente injusticia?<\/p>\n<p>-Por fuerza.<\/p>\n<p>-Y el producir salud es disponer los elementos que hay en el cuerpo de modo que dominen o sean dominados entre s\u00ed conforme a naturaleza; y el producir enfermedad es hacer que se manden u obedezcan unos a otros contra naturaleza .<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>-\u00bfY el producir justicia -dije- no es disponer los elementos del alma para que dominen o sean dominados entre s\u00ed conforme a naturaleza; y el producir injusticia, el hacer que se manden u obedezcan unos a otros contra naturaleza?<\/p>\n<p>-Exactamente -replic\u00f3.<\/p>\n<p>-As\u00ed, pues, seg\u00fan se ve, la virtud ser\u00e1 una cierta salud, belleza y bienestar del alma; y el vicio, enfermedad, fealdad y flaqueza de la misma.<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>-\u00bfY no es cierto que las buenas pr\u00e1cticas llevan a la consecuci\u00f3n de la virtud y las vergonzosas a la del vicio?<\/p>\n<p>-Por fuerza.<\/p>\n<p>XIX. -Ahora nos queda, seg\u00fan parece, investigar si conviene obrar justamente, portarse bien y ser justo, pase o no inadvertido el que tal haga, o cometer injusticia y ser injusto con tal de no pagar la pena y verse reducido a mejorar por el castigo.<\/p>\n<p>-Pues a m\u00ed, \u00a1oh, S\u00f3crates! -dijo-, me parece rid\u00edcula esa investigaci\u00f3n si resulta que, creyendo, como creemos, que no se puede vivir una vez trastornada y destruida la naturaleza del cuerpo, aunque se tengan todos los alimentos y bebidas y toda clase de riquezas y poder, se va a poder vivir cuando se trastorna y pervierte la naturaleza de aquello por lo que vivimos , haciendo el hombre cuanto le venga en gana excepto lo que le puede llevar a escapar del vicio y a conseguir la justicia y la virtud. Esto suponiendo que una y otra se revelen tales como nosotros hemos referido.<\/p>\n<p>-Rid\u00edculo de cierto -dije-, pero, de todos modos, puesto que hemos llegado a punto en que podemos ver con la m\u00e1xima claridad que esto es as\u00ed, no hemos de renunciar a ello por cansancio.<\/p>\n<p>-No, en modo alguno, por Zeus -replic\u00f3-; no hay que renunciar.<\/p>\n<p>-Atiende aqu\u00ed, pues -dije-, para que veas cu\u00e1ntas son las especies que, a mi parecer, tiene el vicio: por lo menos las m\u00e1s dignas de consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Te sigo atentamente -repuso \u00e9l-. Ve diciendo.<\/p>\n<p>-Pues bien -dije-, ya que hemos subido a estas alturas de la discusi\u00f3n, se me muestra como desde una atalaya que hay una sola especie de virtud e innumerables de vicio ; bien que de estas \u00faltimas son cuatro las m\u00e1s dignas de mencionarse.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo lo entiendes? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-Cuantos son los modos de gobierno con forma propia -dije-, tantos parece que son los modos del alma.<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1ntos?<\/p>\n<p>-Cinco -contest\u00e9-, los de gobierno; cinco, los del alma.<\/p>\n<p>-Dime cu\u00e1les son -dijo.<\/p>\n<p>-Afirmo -dije- que una manera de gobierno es aquella de que nosotros hemos discurrido, la cual puede recibir dos denominaciones; cuando un hombre solo se distingue entre los gobernantes, se llamar\u00e1 reino, y cuando son muchos, aristocracia .<\/p>\n<p>-Verdad es -dijo.<\/p>\n<p>-A esto lo declaro como una sola especie -observ\u00e9-; porque, ya sean muchos, ya uno solo, nadie tocar\u00e1 a las leyes importantes de la ciudad si se atiene a la crianza y educaci\u00f3n que hemos referido.<\/p>\n<p>-No es cre\u00edble -contest\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>IV I. 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