{"id":869,"date":"2023-12-02T21:46:20","date_gmt":"2023-12-02T19:46:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=869"},"modified":"2023-12-02T21:46:20","modified_gmt":"2023-12-02T19:46:20","slug":"la-republica-ii-platon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-republica-ii-platon\/","title":{"rendered":"La Rep\u00fablica (II) [Plat\u00f3n]"},"content":{"rendered":"<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>I. Con estas palabras cre\u00ed haber dado ya fin a la discusi\u00f3n; mas al parecer no hab\u00edamos pasado todav\u00eda del preludio, porque Glauc\u00f3n, que siempre y en todo asunto se muestra sumamente esforzado, tampoco entonces sigui\u00f3 a Tras\u00edmaco en su retirada, antes bien, dijo:<\/p>\n<p>-\u00bfPrefieres, oh, S\u00f3crates, que nuestra persuasi\u00f3n sea s\u00f3lo aparente, o bien que quedemos realmente persuadidos de que es en todo caso mejor ser justo que injusto?<\/p>\n<p>-Yo preferir\u00eda, si en mi mano estuviera -respond\u00ed-, convenceros realmente.<\/p>\n<p>-Pues bien -sigui\u00f3-, lo deseo no se cumple. Porque dime : \u00bfno crees que existe una clase de bienes que aspiramos a poseer no en atenci\u00f3n a los efectos que producen, sino apreci\u00e1ndolos por ellos mismos; por ejemplo, la alegr\u00eda y cuantos placeres, siendo inofensivos, no producen ninguna consecuencia duradera, sino \u00fanicamente el goce de quien los posee ?<\/p>\n<p>-S\u00ed -respond\u00ed-, creo en la existencia de esos bienes.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9? \u00bfNo hay otros que apreciamos tanto en gracia a ellos mismos como en consideraci\u00f3n a sus resultados; por ejemplo, la inteligencia, la vista o la salud? Porque en mi opini\u00f3n son estas dos razones las que hacen que estimemos tales bienes.<\/p>\n<p>-S\u00ed -asent\u00ed.<\/p>\n<p>-Y, por \u00faltimo -concluy\u00f3-, \u00bfno sabes que existe una tercera especie de bienes, entre los que figuran la gimn\u00e1stica, el ser curado estando enfermo y el ejercicio de la medicina o cualquiera otra profesi\u00f3n lucrativa? De todas estas cosas podemos decir que son penosas, pero nos benefician, y no nos avendr\u00edamos a poseerlas en atenci\u00f3n a ellas mismas, sino \u00fanicamente por las ganancias a otras ventajas que resultan de ellas.<\/p>\n<p>-En efecto -dije-, tambi\u00e9n existe esta tercera especie. Pero \u00bfa qu\u00e9 viene esto?<\/p>\n<p>-\u00bfEn cu\u00e1l de estas clases -pregunt\u00f3- incluyes la justicia?<\/p>\n<p>-Yo creo -respond\u00ed- que en la mejor de ellas: en la de las cosas que, si se quiere ser feliz, hay que amar tanto por s\u00ed mismas como por lo que de ellas resulta.<\/p>\n<p>-Pues no es \u00e9se -dijo- el parecer del vulgo, que la clasifica en el g\u00e9nero de bienes penosos, como algo que hay que practicar con miras a las ganancias y buena reputaci\u00f3n que produce, pero que, considerado en s\u00ed mismo, merece que se le reh\u00faya por su dificultad.<\/p>\n<p>II. -Ya s\u00e9 -respond\u00ed- que tal es la opini\u00f3n general; por eso Tras\u00edmaco lleva un buen rato atacando a la justicia, a la que considera como un bien de esa clase, y ensalzando la injusticia. Pero yo, a lo que parece, soy dif\u00edcil de convencer.<\/p>\n<p>-\u00a1Ea, pues! -exclam\u00f3-. Esc\u00fachame ahora, a ver si llegas a opinar del mismo modo que yo. Porque yo creo que Tras\u00edmaco se ha dado por vencido demasiado pronto, encantado, como una serpiente, por tus palabras. En cambio, a m\u00ed no me ha persuadido todav\u00eda la defensa de ninguna de las dos tesis. Lo que yo quiero es o\u00edr hablar de la naturaleza de ambas y de los efectos que por s\u00ed mismas producen una y otra cuando se albergan en un alma; pero dejando aparte los beneficios y cuanto resulta de ellas. He aqu\u00ed, pues, lo que voy a hacer, si t\u00fa me lo permites. Volver\u00e9 a tomar la argumentaci\u00f3n de Tras\u00edmaco y tratar\u00e9 primeramente de c\u00f3mo dicen que es la justicia y de d\u00f3nde dicen que ha nacido; luego demostrar\u00e9 que todos cuantos la practican lo hacen contra su voluntad, como algo necesario, no como un bien; y en tercer lugar mostrar\u00e9 tambi\u00e9n que es natural que as\u00ed procedan, pues, seg\u00fan dicen, es mucho mejor la vida del injusto que la del justo. No creas, S\u00f3crates, que mi opini\u00f3n es \u00e9sa en realidad; pero es que siento dudas y me zumban los o\u00eddos al escuchar a Tras\u00edmaco y otros mil, mientras no he hablado jam\u00e1s con nadie que defienda a mi gusto la justicia y demuestre que es mejor que la injusticia. Me gustar\u00eda o\u00edr el elogio de la justicia considerada en s\u00ed misma y por s\u00ed misma, y creo que eres t\u00fa la persona de quien mejor puedo esperarlo. Por eso voy a extenderme en alabanzas de la vida injusta y, una vez lo haya hecho, lo mostrar\u00e9 de qu\u00e9 modo quiero o\u00edrte atacar la injusticia y loar la justicia. Mas antes sepamos si es de lo agrado lo que propongo.<\/p>\n<p>-No hay cosa m\u00e1s de mi agrado -dije-. \u00bfQu\u00e9 otro mejor tema para que una persona inteligente disfrute hablando y escuchando?<\/p>\n<p>-Tienes mucha raz\u00f3n -convino-. Escucha ante todo aquello con lo que dije que comenzar\u00eda: qu\u00e9 es y de d\u00f3nde procede la justicia.<\/p>\n<p>Dicen que el cometer injusticia es por naturaleza un bien , y el sufrirla, un mal. Pero como es mayor el mal que recibe el que la padece que el bien que recibe quien la comete, una vez que los hombres comenzaron a cometer y sufrir injusticias y a probar las consecuencias de estos actos, decidieron los que no ten\u00edan poder para evitar los perjuicios ni para lograr las ventajas que lo mejor era establecer mutuos convenios con el fin de no cometer ni padecer injusticias. Y de ah\u00ed en adelante empezaron a dictar leyes y concertar tratados rec\u00edprocos, y llamaron legal y justo a lo que la ley prescribe. He aqu\u00ed expuesta la g\u00e9nesis y esencia de la justicia, t\u00e9rmino medio entre el mayor bien, que es el no sufrir su castigo quien comete injusticia, y el mayor mal, el de quien no puede defenderse de la injusticia que sufre. La justicia, situada entre estos dos extremos, es aceptada no como un bien, sino como algo que se respeta por impotencia para cometer la injusticia; pues el que puede cometerla, el que es verdaderamente hombre, jam\u00e1s entrar\u00e1 en tratos con nadie para evitar que se cometan o sufran injusticias. \u00a1Loco estar\u00eda si tal hiciera! Ah\u00ed tienes, S\u00f3crates, la naturaleza de la justicia y las circunstancias con motivo de las cuales cuenta la gente que apareci\u00f3 en el mundo.<\/p>\n<p>III. Para darnos mejor cuenta de c\u00f3mo los buenos lo son contra su voluntad, porque no pueden ser malos, bastar\u00e1 con imaginar que hacemos lo siguiente: demos a todos, justos a injustos, licencia para hacer lo que se les antoje y despu\u00e9s sig\u00e1mosles para ver ad\u00f3nde llevan a cada cual sus apetitos. Entonces sorprenderemos en flagrante al justo recorriendo los mismos caminos que el injusto, impulsado por el inter\u00e9s propio, finalidad que todo ser est\u00e1 dispuesto por naturaleza a perseguir como un bien, aunque la ley desv\u00ede por fuerza esta tendencia y la encamine al respeto de la igualdad . Esta licencia de que yo hablo podr\u00edan llegar a gozarla, mejor que de ning\u00fan otro modo, si se les dotase de un poder como el que cuentan tuvo en tiempos el antepasado del lidio Giges . Dicen que era un pastor que estaba al servicio del entonces rey de Lidia. Sobrevino una vez un gran temporal y terremoto; abri\u00f3se la tierra y apareci\u00f3 una grieta en el mismo lugar en que \u00e9l apacentaba. Asombrado ante el espect\u00e1culo, descendi\u00f3 por la hendidura y vio all\u00ed, entre otras muchas maravillas que la f\u00e1bula relata, un caballo de bronce, hueco, con porta\u00f1uelas, por una de las cuales se agach\u00f3 a mirar y vio que dentro hab\u00eda un cad\u00e1ver, de talla al parecer m\u00e1s que humana, que no llevaba sobre s\u00ed m\u00e1s que una sortija de oro en la mano; quit\u00f3sela el pastor y sali\u00f3se. Cuando, seg\u00fan costumbre, se reunieron los pastores con el fin de informar al rey, como todos los meses, acerca de los ganados, acudi\u00f3 tambi\u00e9n \u00e9l con su sortija en el dedo. Estando, pues, sentado entre los dem\u00e1s, dio la casualidad de que volviera la sortija, dejando el engaste de cara a la palma de la mano; a inmediatamente cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de \u00e9l como de una persona ausente . Toc\u00f3 nuevamente el anillo, volvi\u00f3 hacia fuera el engaste y una vez vuelto torn\u00f3 a ser visible. Al darse cuenta de ello, repiti\u00f3 el intento para comprobar si efectivamente ten\u00eda la joya aquel poder, y otra vez ocurri\u00f3 lo mismo: al volver hacia dentro el engaste, desaparec\u00eda su due\u00f1o, y cuando lo volv\u00eda hacia fuera, le ve\u00edan de nuevo. Hecha ya esta observaci\u00f3n, procur\u00f3 al punto formar parte de los enviados que hab\u00edan de informar al rey; lleg\u00f3 a Palacio, sedujo a su esposa, atac\u00f3 y mat\u00f3 con su ayuda al soberano y se apoder6 del reino. Pues bien, si hubiera dos sortijas como aqu\u00e9lla de las cuales llevase una puesta el justo y otra el injusto, es opini\u00f3n com\u00fan que no habr\u00eda persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los dem\u00e1s, cuando nada le imped\u00eda dirigirse al mercado y tomar de all\u00ed sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales. En nada diferir\u00edan, pues, los comportamientos del uno y del otro, que seguir\u00edan exactamente el mismo camino. Pues bien, he ah\u00ed lo que podr\u00eda considerarse una buena demostraci\u00f3n de que nadie es justo de grado, sino por fuerza y hall\u00e1ndose persuadido de que la justicia no es buena para \u00e9l personalmente; puesto que, en cuanto uno cree que va a poder cometer una injusticia, la comete. Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho m\u00e1s ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. \u00abY tiene raz\u00f3n al creerlo as\u00ed\u00bb, dir\u00e1 el defensor de la teor\u00eda que expongo. Es m\u00e1s: si hubiese quien, estando dotado de semejante talism\u00e1n, se negara a cometer jam\u00e1s injusticia y a poner mano en los bienes ajenos, le tendr\u00edan, observando su conducta, por el ser m\u00e1s miserable y est\u00fapido del mundo; aunque no por ello dejar\u00edan de ensalzarle en sus conversaciones, ocult\u00e1ndose as\u00ed mutuamente sus sentimientos por temor de ser cada cual objeto de alguna injusticia. Esto es lo que yo ten\u00eda que decir.<\/p>\n<p>IV Finalmente, en cuanto a decidir entre las vidas de los dos hombres de que hablamos, el justo y el injusto, tan s\u00f3lo nos hallaremos en condiciones de juzgar rectamente si los consideramos por separado; si no, imposible. \u00bfY c\u00f3mo los consideraremos separadamente? Del siguiente modo: no quitemos nada al injusto de su injusticia ni al justo de su justicia, antes bien, supongamos a uno y otro perfectos ejemplares dentro de su g\u00e9nero de vida. Ante todo, que el injusto trabaje como los mejores art\u00edfices. Un excelente timonel o m\u00e9dico se dan perfecta cuenta de las posibilidades o deficiencias de sus artes y emprenden unas tareas s\u00ed y otras no. Y si sufren alg\u00fan fracaso, son capaces de repararlo. Pues bien, del mismo modo el malo, si ha de ser un hombre aut\u00e9nticamente malo, debe realizar con destreza sus malas acciones y pasar inadvertido con ellas. Y al que se deje sorprender en ellas hay que considerarlo inh\u00e1bil , pues no hay mayor perfecci\u00f3n en el mal que el parecer ser bueno no si\u00e9ndolo. Hay, pues, que dotar al hombre perfectamente injusto de la m\u00e1s perfecta injusticia, sin quitar nada de ella, sino dej\u00e1ndole que, cometiendo las mayores fechor\u00edas, se gane la m\u00e1s intachable reputaci\u00f3n de bondad. Si tal vez fracasa en algo, sea capaz de enderezar su yerro; pueda persuadir con sus palabras, si hay quien denuncie alguna de sus maldades; y si es preciso emplear la fuerza, que sepa hacerlo vali\u00e9ndose de su vigor y valent\u00eda y de las amistades y medios con que cuente. Ya hemos hecho as\u00ed al malo. Ahora imaginemos que colocamos junto a \u00e9l la imagen del justo, un hombre simple y noble, dispuesto, como dice Esquilo , no a parecer bueno, sino a serlo. Quit\u00e9mosle, pues, la apariencia de bondad; porque, si parece ser justo, tendr\u00e1 honores y recompensas por parecer serlo, y entonces no veremos claro si es justo por amor de la justicia en s\u00ed o por los gajes y honras. Hay que despojarle, pues, de todo excepto de la justicia y hay que hacerle absolutamente opuesto al otro hombre. Que sin haber cometido la menor falta, pase por ser el mayor criminal, para que, puesta a prueba su virtud, salga airosa del trance al no dejarse influir por la mala fama ni cuanto de \u00e9sta depende; y que llegue imperturbable al fin de su vida tras de haber gozado siempre inmerecida reputaci\u00f3n de maldad . As\u00ed, llegados los dos al \u00faltimo extremo, de justicia el uno, de injusticia el otro, podremos decidir cu\u00e1l de ellos es el m\u00e1s feliz.<\/p>\n<p>V -\u00a1Vaya! -exclam\u00e9-. \u00a1Con qu\u00e9 destreza, amigo Glauc\u00f3n, nos has dejado limpios y mondos, como si fuesen estatuas, estos dos caracteres para que los juzguemos!<\/p>\n<p>-Lo mejor que he podido -contest\u00f3-. Y siendo as\u00ed uno y otro, me creo que no ser\u00e1 ya dif\u00edcil describir con palabras la clase de vida que espera a los dos. Voy, pues, a hablar de ello. Pero si acaso en alg\u00fan punto mi lenguaje resultare demasiado duro, no creas, S\u00f3crates, que hablo por boca m\u00eda, sino en nombre de quienes prefieren la injusticia a la justicia; dir\u00e1n \u00e9stos que, si es como hemos dicho, el justo ser\u00e1 flagelado, torturado, encarcelado, le quemar\u00e1n los ojos , y tras de haber padecido toda clase de males, ser\u00e1 al fin empalado y aprender\u00e1 de este modo que no hay que querer ser justo, sino s\u00f3lo parecerlo. En cuanto a las palabras de Esquilo, estar\u00edan, seg\u00fan eso, mucho mejor aplicadas al injusto, que es -dir\u00e1n- quien en realidad ajusta su conducta a la verdad y no a las apariencias, pues desea no parecer injusto, sino serlo quiere y cultiva el surco fecundo de su mente para que en \u00e9l germinen los m\u00e1s nobles designios, y mandar ante todo en la ciudad apoyado por su reputaci\u00f3n de hombre bueno, tomar luego esposa de la casa que desee, casar sus hijos con quien quiera, tratar y mantener relaciones con quien se le antoje y obtener de todo ello ventajas y provechos por su propia falta de escr\u00fapulos para cometer el mal. Si se ve envuelto en procesos p\u00fablicos o privados podr\u00e1 vencer en ellos y quedar encima de sus adversarios, y al resultar vencedor se enriquecer\u00e1 y podr\u00e1 beneficiar a sus amigos y da\u00f1ar a sus enemigos y dedicar a la divinidad copiosos y magn\u00edficos sacrificios y ofrendas, con lo cual honrar\u00e1 mucho mejor que el justo a los dioses y a aquellos hombres a quienes se proponga honrar, de modo que hay que esperar razonablemente que por este procedimiento llegue a ser m\u00e1s amado de los dioses que el var\u00f3n justo. Tanto es, seg\u00fan dicen, \u00a1oh, S\u00f3crates!, lo que supera a la vida del justo la que dioses y hombres deparan al que no lo es.<\/p>\n<p>VI. As\u00ed termin\u00f3 Glauc\u00f3n. Y, cuando me dispon\u00eda a darle alguna respuesta, interrumpi\u00f3 su hermano Adimanto:<\/p>\n<p>-\u00bfMe figuro que no creer\u00e1s, S\u00f3crates, que la cuesti\u00f3n ha sido suficientemente discutida?<\/p>\n<p>-\u00bfPues qu\u00e9 m\u00e1s cabe? -pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>-No se ha dicho -replic\u00f3- lo que m\u00e1s falta hac\u00eda que se dijese.<\/p>\n<p>-Entonces -dije-, aqu\u00ed del refr\u00e1n: que el hermano ayude al hermano . De modo que tambi\u00e9n t\u00fa debes correr en auxilio de \u00e9ste si flaquea en alg\u00fan punto. Sin embargo, a m\u00ed me basta ya con lo que ha dicho para quedar completamente vencido a imposibilitado para defender a la justicia.<\/p>\n<p>-Pues eso no es nada -dijo-; escucha tambi\u00e9n lo que sigue. Es necesario que examinemos igualmente la tesis contraria a la expuesta por \u00e9ste, la de los que alaban la justicia y censuran la injusticia, para que quede sentado con m\u00e1s claridad lo que me parece que quiere hacer ver Glauc\u00f3n. Dicen, seg\u00fan tengo entendido, y recomiendan los padres a los hijos y todos los tutores a sus pupilos, que es menester ser justo, pero no alaban la justicia en s\u00ed misma, sino la consideraci\u00f3n moral que de ella resulta; de manera que quien parezca ser justo podr\u00e1 obtener, vali\u00e9ndose de esta reputaci\u00f3n, cargos p\u00fablicos, matrimonios y todos cuantos bienes acaba de enumerar Glauc\u00f3n que s\u00f3lo por su buena reputaci\u00f3n consigue el justo. Pero estas gentes van todav\u00eda m\u00e1s all\u00e1 en lo tocante a la buena fama; porque cargan en cuenta la opini\u00f3n favorable de los dioses y enumeran las infinitas bendiciones que otorgan, seg\u00fan ellos, las divinidades a los justos. Por ejemplo, el bueno de Hes\u00edodo y Homero. Seg\u00fan aqu\u00e9l, los dioses hacen que las encinas de los justos \u00aben el tronco produzcan abejas y arriba bellotas. Y agobia el vell\u00f3n dundante a la oveja lanuda\u00bb, y cita muchos otros favores semejantes a \u00e9stos . De manera parecida dice tambi\u00e9n el otro:<\/p>\n<p>Cual la fama de un rey intachable, que teme a los dioses y,<\/p>\n<p>rigiendo una gran multitud de esforzados vasallos,<\/p>\n<p>la justicia mantiene, y el negro terru\u00f1o le rinde<\/p>\n<p>sus cebadas y trigos, los \u00e1rboles d\u00f3blanse al fruto<\/p>\n<p>y le nace sin tregua el ganado y el mar le da peces .<\/p>\n<p>Museo y su hijo conceden a los buenos, en nombre de los dioses, dones todav\u00eda m\u00e1s espl\u00e9ndidos que los citados, pues los transportan con la imaginaci\u00f3n al Hades y all\u00ed los sientan a la mesa y organizan un banquete de justos , en el que les hacen pasar la vida entera coronados y beodos, cual si no hubiera mejor recompensa de la virtud que la embriaguez sempiterna . Pero hay otros que prolongan m\u00e1s todav\u00eda los efectos de las recompensas divinas, diciendo que el hombre p\u00edo y cumplidor de los juramentos dejar\u00e1 hijos de sus hijos y una posterioridad tras de s\u00ed . Como \u00e9stos o semejantes son los encomios que se prodigan a la justicia. En cambio, a los imp\u00edos a injustos los sepultan en el fango del Hades o les obligan a acarrear agua en un cedazo, les dan mala fama en vida y, en fin, aplican al injusto, sin poder concebir ninguna otra clase de castigo para \u00e9l, todos cuantos males citaba Glauc\u00f3n con respecto a los buenos que pasan por ser malos. Tal es su manera de alabar al justo y censurar al injusto.<\/p>\n<p>VII. Repara adem\u00e1s, S\u00f3crates, en otra cosa que dicen todos, poetas y hombres vulgares, referente a la justicia e injusticia. El mundo entero repite a coro que la templanza y justicia son buenas, es cierto, pero dif\u00edciles de practicar y penosas , y en cambio la licencia a injusticia son agradables, es f\u00e1cil conseguirlas y, si son tenidas por vergonzosas, es \u00fanicamente porque as\u00ed lo imponen la opini\u00f3n general y las convenciones. Dicen tambi\u00e9n que generalmente resulta m\u00e1s ventajoso lo injusto que lo justo, y est\u00e1n siempre dispuestos a considerar feliz y honrar sin escr\u00fapulos, en p\u00fablico como en privado, al malo que es rico o goza de cualquier otro g\u00e9nero de poder y, al contrario, a despreciar y mirar por encima del hombro a quienes sean d\u00e9biles en cualquier aspecto o pobres, aun reconociendo ti que \u00e9stos son mejores que los otros. En todo ello no hay nada m\u00e1s asombroso que lo que se cuenta de los dioses y la virtud; por ejemplo, c\u00f3mo los dioses han destinado calamidades y vida miserable a muchos hombres buenos o suerte contraria a quienes no lo son . Por su parte los charlatanes y adivinos van llamando a las puertas de los ricos y les convencen de que han recibido de los dioses poder para borrar, por medio de sacrificios o conjuros realizados entre regocijos y fiestas, cualquier falta que haya cometido alguno de ellos o de sus antepasados; y, si alguien desea perjudicar a un enemigo, por poco dinero le har\u00e1n da\u00f1o, sea justo o injusto, vali\u00e9ndose de encantos o lig\u00e1menes , ya que, seg\u00fan aseguran, tienen a los dioses convencidos para que les ayuden. Y todas estas afirmaciones las defienden aduciendo testimonios de poetas, que a veces atribuyen facilidades a la maldad, por ejemplo:<\/p>\n<p>Gran maldad f\u00e1cilmente lograrla es posible,<\/p>\n<p>pues llano resulta el camino y habita bien cerca del hombre,<\/p>\n<p>pero, en cambio, los dioses han puesto el sudor por delante<\/p>\n<p>de la virtud,<\/p>\n<p>y una ruta larga, dif\u00edcil y escarpada . Otras veces ponen a Homero por testigo de la influencia ejercida por los hombres sobre los dioses, porque tambi\u00e9n \u00e9l dijo:<\/p>\n<p>Mueven las s\u00faplicas hasta a los dioses; los hombres les ruegan y ablandan con sus sacrificios y dulces plegarias y votos y humeantes ofrendas de grasa cada vez que en cualquier transgresi\u00f3n o pecado han ca\u00eddo.<\/p>\n<p>O bien nos presentan un rimero de libros de Museo y Orfeo, descendientes, seg\u00fan se dice, de la Luna y las Musas , con arreglo a los cuales regulan sus ritos y hacen creer, no ya s\u00f3lo a ciudadanos particulares, sino incluso a ciudades enteras , que bastan sacrificios o juegos placenteros para lograr ser absuelto y purificado de toda iniquidad en vida, o incluso despu\u00e9s de la muerte, pues los llamados ritos m\u00edsticos nos libran de los males de all\u00e1 abajo, mientras a quienes no los practican les aguarda algo espantoso.<\/p>\n<p>VIII. Tantas y tales son, amigo S\u00f3crates -sigui\u00f3-, las cosas que se oyen contar con respecto a la virtud y el vicio y la estimaci\u00f3n que conceden dioses y hombres a una y otro. Pues bien, \u00bfqu\u00e9 efecto hemos de pensar que producir\u00e1n estas palabras en las almas de aquellos j\u00f3venes que las escuchen y que, bien dotados naturalmente, sean capaces de libar, por as\u00ed decirlo, en una y otra conversaci\u00f3n y extraer de todas ellas conclusiones acerca de la clase de persona que hay que ser y el camino que se debe seguir para pasar la vida lo mejor posible? Un joven semejante se dir\u00eda probablemente a s\u00ed mismo aquello de P\u00edndaro : \u00ab\u00bfDebo seguir \u00abel camino de la justicia o la torcida senda del fraude para escalar la alta fortaleza\u00bb y vivir en lo sucesivo atrincherado en ella? Porque me dicen que no sacar\u00e9 de ser justo, aunque parezca no serlo, nada m\u00e1s que trabajos y desventajas manifiestas. En cambio, se habla de una \u00abvida maravillosa \u00bb para quien, siendo injusto, haya sabido darse apariencia de justicia. Por consiguiente, puesto que, como me demuestran los sabios, \u00abla apariencia vence incluso a la realidad \u00bb y \u00abes due\u00f1a de la dicha \u00ab, hay que dedicarse por entero a conseguirla. Me rodear\u00e9, pues, de una ostentosa fachada que reproduzca los rasgos esenciales de la virtud y llevar\u00e9 arrastrando tras de m\u00ed la zorra, \u00abastuta y ambiciosa\u00bb, del sapient\u00edsimo Arqu\u00edloco \u00bb. \u00abPero -se objetar\u00e1- no es f\u00e1cil ser siempre malo sin que alguna vez lo adviertan los dem\u00e1s.\u00bb \u00abTampoco hay ninguna otra empresa de grandes vuelos -responderemos- que no presente dificultades. En todo caso, si aspiramos a ser felices no tenemos m\u00e1s remedio que seguir el camino que nos marcan las huellas de la tradici\u00f3n. Para pasar inadvertidos podemos adem\u00e1s organizar conjuras y asociaciones y tambi\u00e9n existen maestros de elocuencia que ense\u00f1an el arte de convencer a asambleas populares y jurados, de modo que podremos utilizar unas veces la persuasi\u00f3n y otras la fuerza con el fin de abusar de los dem\u00e1s y no sufrir el castigo.\u00bb \u00abPero los dioses no se dejan enga\u00f1ar ni vencer por la fuerza.\u00bb \u00abMas si no existen o no se les da nada de las cosas humanas, \u00bfpor e qu\u00e9 preocuparnos de enga\u00f1arles ? Y si existen y se cuidan de los hombres, no sabemos ni hemos o\u00eddo de su existencia por otro conducto que por medio de cuentos y genealog\u00edas de los poetas. Pues bien, \u00e9stos son los primeros en decir que es posible seducirles atray\u00e9ndoles con sacrificios, &#8216;agradables votos&#8217; y ofrendas. Hay, pues, que creer a los poetas o en ambas afirmaciones o en ninguna de las dos. Si les creemos, hay que obrar mal y sacrificar luego con los frutos de las malas acciones.<\/p>\n<p>Es cierto que si fu\u00e9semos justos, no tendr\u00edamos nada que temer por parte de los dioses, pero en tal caso habr\u00edamos de renunciar a las ganancias que proporciona la injusticia. Por el contrario, siendo injustos obtendremos provechos; una vez cometida la falta o transgresi\u00f3n, conseguiremos con nuestras s\u00faplicas que nos perdonen, y de este modo no tendremos que padecer mal alguno.\u00bb \u00abPero en el Hades habremos de sufrir la pena por todos cuantos cr\u00edmenes hayamos cometido aqu\u00ed arriba, y si no nosotros, los hijos de nuestros hijos.\u00bb \u00ab Pero, amigo m\u00edo -dir\u00e1 con c\u00e1lculo-, tambi\u00e9n es mucha la eficacia de los ritos m\u00edsticos y las divinidades liberadoras , seg\u00fan aseguran las m\u00e1s grandes comunidades y los hijos de los dioses , que, convertidos en poetas a int\u00e9rpretes de ellos, nos atestiguan la verdad de estos hechos.\u00bb<\/p>\n<p>IX. \u00bfQu\u00e9 razones nos quedar\u00edan, pues, para preferir la justicia a la suma injusticia cuando es posible hacer \u00e9sta compatible con una falsa apariencia de virtud y lograr as\u00ed de dioses y hombres todo cuanto deseemos en este mundo o en el otro seg\u00fan la com\u00fan opini\u00f3n tanto de las personas vulgares como de las gentes de mayor autoridad? Y seg\u00fan todo lo que acabamos de decir, \u00bfqu\u00e9 posibilidad habr\u00e1, oh, S\u00f3crates, de que cualquier persona a quien confieran la m\u00e1s m\u00ednima excelencia su alma, sus riquezas, su cuerpo o su familia se muestre dispuesta a honrar la justicia y no se r\u00eda al o\u00edr que otro la alaba? De modo que, aun cuando uno pueda demostrar que no es verdad lo dicho y se halle suficientemente persuadido de que vale m\u00e1s la justicia, sin embargo sentir\u00e1, me figuro yo, una gran indulgencia para con los malos y no se irritar\u00e1 contra ellos, porque sabe que, excepto en el caso de que un instinto divino impulse a una persona a aborrecer el mal o los conocimientos adquiridos a apartarse de \u00e9l, nadie es justo por su voluntad, sino porque su poca hombr\u00eda, su vejez o cualquier otra debilidad semejante le hacen despreciar el mal por falta de fuerzas para cometerlo. Esto se demuestra f\u00e1cilmente: no bien llega uno cualquiera de estos hombres a adquirir alg\u00fan poder cuando ya empieza a obrar mal en el grado en que lo permitan sus medios. Y la causa de todo ello no hay que buscarla en otra cosa sino en el mismo hecho que ha originado esta larga discusi\u00f3n en que \u00e9ste y yo venimos a decirte a ti, S\u00f3crates: \u00ab\u00a1Oh, var\u00f3n extraordinario! De todos cuantos os glori\u00e1is de defensores de la justicia, empezando por los h\u00e9roes de anta\u00f1o cuyas palabras han llegado a nosotros, y terminando por los hombres de hoga\u00f1o, no ha habido jam\u00e1s nadie que censure la injusticia o encomie la justicia por otras razones que por las famas, honores y recompensas que de la \u00faltima provienen. Pero por lo que toca a los efectos que una a otra producen, por su propia virtud, cuando est\u00e1n ocultas en el alma de quien las posee a ignoradas de dioses y hombres, nunca, ni en verso ni en lenguaje com\u00fan, se ha extendido nadie suficiente en la demostraci\u00f3n de que la injusticia es el mayor de los males que puede albergar en su interior el alma y la justicia el mayor bien. Pues, si tal hubiese sido desde un principio el lenguaje de todos vosotros y os hubieseis dedicado desde nuestra juventud a persuadirnos de ello, no tendr\u00edamos que andar vigil\u00e1ndonos mutuamente para que no se cometan injusticias, antes bien, cada uno ser\u00eda guardi\u00e1n de su propia persona, temeroso de obrar mal y atraerse con ello la mayor de las calamidades \u00bb.<\/p>\n<p>Estas, S\u00f3crates, o tal vez otras todav\u00eda m\u00e1s fuertes ser\u00edan, me parece a m\u00ed, las razones que adujeran Tras\u00edmaco u otro como \u00e9l acerca de la justicia y de la injusticia confundiendo torpemente, al menos en mi opini\u00f3n, los efectos de la una y de la otra. En cambio yo -porque no necesito ocultarle nada- \u00fanicamente me he extendido todo lo posible porque deseo o\u00edrte a ti defender la tesis contraria. No lo limites, por tanto, a demostrar con tu argumentaci\u00f3n que la justicia es mejor que la injusticia, sino mu\u00e9stranos cu\u00e1les son los efectos que ambas producen por s\u00ed mismas sobre quien las practica, efectos en virtud de los cuales la una es un mal y la otra un bien. En cuanto a la reputaci\u00f3n, prescinde de ella, como Glauc\u00f3n lo aconsejaba. Porque, si no segregas de una y otra las reputaciones verdaderas ni a\u00f1ades, por el contrario, las falsas, lo objetaremos que no alabas la justicia, sino la apariencia de tal, ni censuras la injusticia sino su apariencia; que exhortas a ser injusto sin que advierta el mundo que uno lo es y que coincides con Tras\u00edmaco en apreciar que la justicia es un bien, s\u00ed, pero un bien para los dem\u00e1s, ventajoso para el fuerte , y que, en cambio, la injusticia es conveniente y provechosa para quien la practica y s\u00f3lo perjudicial para el d\u00e9bil. As\u00ed, pues, ya que has reconocido que la justicia se cuenta entre los mayores bienes, aquellos que vale la pena de poseer por las consecuencias que de ellos nacen, pero mucho m\u00e1s todav\u00eda por s\u00ed mismos, como, por ejemplo, la vista, el o\u00eddo, la inteligencia, la salud o cualquier otro bien de excelencia genuina a intr\u00ednseca, independiente de la opini\u00f3n, alaba en la justicia aquello por lo cual resulta ventajosa en s\u00ed misma para el justo, mientras la injusticia perjudica al injusto; en cuanto a las remuneraciones y prestigios, deja que otros los celebren.<\/p>\n<p>Por lo que a m\u00ed toca, soportar\u00eda tal vez en los dem\u00e1s aquellos elogios de la justicia y cr\u00edticas de la injusticia que no encomian ni censuran otra cosa que el renombre y las ganancias que est\u00e1n vinculados a ellas; mas a ti no lo lo tolerar\u00eda, a no ser que me lo mandaras, puesto que a lo largo de tu vida entera jam\u00e1s lo has dedicado a examinar otra cuesti\u00f3n que la presente. No lo ci\u00f1as, pues, a demostrar con tus argumentos que es mejor la justicia que la injusticia, sino mu\u00e9stranos cu\u00e1les son los efectos que una y otra producen por s\u00ed mismas, tanto si dioses y hombres conocen su existencia como si no, en quien las posee, de manera que la una sea un bien y un mal la otra.<\/p>\n<p>X. Y yo, que siempre hab\u00eda admirado, desde luego, las dotes naturales de Glauc\u00f3n y Adimanto, en aquella ocasi\u00f3n sent\u00ed sumo deleite al escuchar sus palabras y exclam\u00e9:<\/p>\n<p>-No carec\u00eda de raz\u00f3n, \u00a1oh, herederos de ese hombre!, el amante de Glauc\u00f3n, cuando, con ocasi\u00f3n de la gloria que alcanzasteis en la batalla de M\u00e9gara, os dedic\u00f3 la eleg\u00eda que comenzaba:<\/p>\n<p>\u00a1Oh, divino linaje que sois de Arist\u00f3n el excelso!<\/p>\n<p>Esto, amigos m\u00edos, me parece muy bien dicho. Pues verdaderamente deb\u00e9is de tener algo divino en vosotros si, no estando persuadidos de que la injusticia sea preferible a la justicia, sois empero capaces de defender de tal modo esa tesis. Yo estoy seguro de que en realidad no opin\u00e1is as\u00ed, aunque tengo que deducirlo de vuestro modo de ser en general, pues vuestras palabras me har\u00edan desconfiar de vosotros y cuanto m\u00e1s creo en vosotros, tanto m\u00e1s grande es mi perplejidad ante lo que debo responder. En efecto, no puedo acudir en defensa de la justicia, pues me considero incapaz de tal cosa, y la prueba es que no me hab\u00e9is admitido lo que dije a Tras\u00edmaco creyendo demostrar con ello la superioridad de la justicia sobre la injusticia; pero, por otra parte, no puedo renunciar a defenderla, porque temo que sea incluso una impiedad el callarse cuando en presencia de uno se ataca a la justicia y no defenderla mientras queden alientos y voz para hacerlo. Vale m\u00e1s, pues, ayudarle de la mejor manera que pueda.<\/p>\n<p>Entonces Glauc\u00f3n y los otros me rogaron que en modo alguno dejara de defenderla ni me desentendiera de la cuesti\u00f3n, sino al contrario, que continuase investigando en qu\u00e9 consist\u00edan una y otra y cu\u00e1l era la verdad acerca de sus respectivas ventajas. Yo les respond\u00ed lo que a m\u00ed me parec\u00eda:<\/p>\n<p>-La investigaci\u00f3n que emprendemos no es de poca monta; antes bien, requiere, a mi entender, una persona de visi\u00f3n penetrante. Pero como nosotros carecemos de ella, me parece -dije- que lo mejor es seguir en esta indagaci\u00f3n el m\u00e9todo de aquel que, no gozando de muy buena vista, recibe orden de leer desde lejos unas letras peque\u00f1as y se da cuenta entonces de que en alg\u00fan otro lugar est\u00e1n reproducidas las mismas letras en tama\u00f1o mayor y sobre fondo mayor tambi\u00e9n. Este hombre considerar\u00eda una feliz circunstancia, creo yo, la que le permit\u00eda leer primero estas \u00faltimas y comprobar luego si las m\u00e1s peque\u00f1as eran realmente las mismas.<\/p>\n<p>-Desde luego -dijo Adimanto-. Pero \u00bfqu\u00e9 semejanza adviertes, S\u00f3crates, entre ese ejemplo y la investigaci\u00f3n acerca de lo justo?<\/p>\n<p>-Yo lo lo dir\u00e9 -respond\u00ed-. \u00bfNo afirmamos que existe una justicia propia del hombre particular, pero otra tambi\u00e9n, seg\u00fan creo yo, propia de una ciudad entera?<\/p>\n<p>-Ciertamente -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY no es la ciudad mayor que el hombre?<\/p>\n<p>-Mayor -dijo.<\/p>\n<p>-Entonces es posible que haya m\u00e1s justicia en el objeto mayor y que resulte m\u00e1s f\u00e1cil llegarla a conocer en \u00e9l. De modo que, si os parece, examinemos ante todo la naturaleza de la justicia en las ciudades y despu\u00e9s pasaremos a estudiarla tambi\u00e9n en los distintos individuos intentando descubrir en los rasgos del menor objeto la similitud con el mayor.<\/p>\n<p>-Me parece bien dicho -afirm\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>-Entonces -segu\u00ed-, si contempl\u00e1ramos en esp\u00edritu c\u00f3mo nace una ciudad, \u00bfpodr\u00edamos observar tambi\u00e9n c\u00f3mo se desarrollan con ella la justicia a injusticia?<\/p>\n<p>-Tal vez -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY no es de esperar que despu\u00e9s de esto nos sea m\u00e1s f\u00e1cil ver claro en lo que investigamos?<\/p>\n<p>-Mucho m\u00e1s f\u00e1cil.<\/p>\n<p>-\u00bfOs parece, pues, que intentemos continuar? Porque creo que no va a ser labor de poca monta. Pensadlo, pues.<\/p>\n<p>-Ya est\u00e1 pensado -dijo Adimanto-. No dejes, pues, de hacerlo.<\/p>\n<p>XI. -Pues bien -comenc\u00e9 yo-, la ciudad nace, en mi opini\u00f3n, por darse la circunstancia de que ninguno de nosotros se basta a s\u00ed mismo, sino que necesita de muchas cosas . \u00bfO crees otra la raz\u00f3n por la cual se fundan las ciudades?<\/p>\n<p>-Ninguna otra -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-As\u00ed, pues, cada uno va tomando consigo a tal hombre para satisfacer esta necesidad y a tal otro para aquella; de este modo, al necesitar todos de muchas cosas, vamos reuniendo en una sola vivienda a multitud de personas en calidad de asociados y auxiliares y a esta cohabitaci\u00f3n le damos el nombre de ciudad. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-As\u00ed.<\/p>\n<p>-Y cuando uno da a otro algo o lo toma de \u00e9l, \u00bflo hace por considerar que ello redunda en su beneficio?<\/p>\n<p>-Desde luego.<\/p>\n<p>-\u00a1Ea, pues! -continu\u00e9-. Edifiquemos con palabras una ciudad desde sus cimientos. La construir\u00e1n, por lo visto, nuestras necesidades.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-Pues bien, la primera y mayor de ellas es la provisi\u00f3n de alimentos para mantener existencia y vida.<\/p>\n<p>-Naturalmente.<\/p>\n<p>-La segunda, la habitaci\u00f3n; y la tercera, el vestido y cosas similares.<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>-Bueno -dije yo-. \u00bfY c\u00f3mo atender\u00e1 la ciudad a la provisi\u00f3n de tantas cosas? \u00bfNo habr\u00e1 uno que sea labrador, otro alba\u00f1il y otro tejedor? \u00bfNo ser\u00e1 menester a\u00f1adir a \u00e9stos un zapatero y alg\u00fan otro de los que atienden a las necesidades materiales?<\/p>\n<p>-Efectivamente.<\/p>\n<p>-Entonces una ciudad constar\u00e1, como m\u00ednimo indispensable, de cuatro o cinco hombres.<\/p>\n<p>-Tal parece.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9? \u00bfEs preciso que cada uno de ellos dedique su actividad a la comunidad entera, por ejemplo, que el Labrador, siendo uno solo, suministre v\u00edveres a otros cuatro y destine un tiempo y trabajo cuatro veces mayor a la elaboraci\u00f3n de Los alimentos de que ha de hacer participes a los dem\u00e1s? \u00bfO bien que se desentienda de los otros y dedique la cuarta parte del tiempo a disponer para \u00e9l s\u00f3lo la cuarta parte del alimento com\u00fan y pase Las tres cuartas partes restantes ocup\u00e1ndose respectivamente de su casa, sus vestidos y su calzado sin molestarse en compartirlos con Los dem\u00e1s, sino cuid\u00e1ndose \u00e9l solo y por s\u00ed solo de sus cosas?<\/p>\n<p>Y Adimanto contest\u00f3:<\/p>\n<p>-Tal vez, S\u00f3crates, resultar\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil el primer procedimiento que el segundo.<\/p>\n<p>-No me extra\u00f1a, por Zeus -dije yo-. Porque al hablar t\u00fa me doy cuenta de que, por de pronto, no hay dos personas exactamente iguales por naturaleza, sino que en todas hay diferencias innatas que hacen apta a cada una para una ocupaci\u00f3n. \u00bfNo lo crees as\u00ed?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfPues qu\u00e9? \u00bfTrabajar\u00eda mejor una sola persona dedicada a muchos oficios o a uno solamente?<\/p>\n<p>-A uno solo -dljo .<\/p>\n<p>-Adem\u00e1s es evidente, creo yo, que, si se deja pasar el momento oportuno para realizar un trabajo, \u00e9ste no sale bien.<\/p>\n<p>-Evidente.<\/p>\n<p>-En efecto, la obra no suele, seg\u00fan creo, esperar el momento en que est\u00e9 desocupado el artesano; antes bien, hace falta que \u00e9ste atienda a su trabajo sin considerarlo como algo accesorio.<\/p>\n<p>-Eso hace falta.<\/p>\n<p>-Por consiguiente, cuando m\u00e1s, mejor y m\u00e1s f\u00e1cilmente se produce es cuando cada persona realiza un solo trabajo de acuerdo con sus aptitudes, en el momento oportuno y sin ocuparse de nada m\u00e1s que de \u00e9l.<\/p>\n<p>-En efecto.<\/p>\n<p>-Entonces, Adimanto, ser\u00e1n necesarios m\u00e1s de cuatro ciudadanos para la provisi\u00f3n de Los art\u00edculos de que habl\u00e1bamos. Porque es de suponer que el labriego no se fabricar\u00e1 por s\u00ed mismo el arado, si quiere que \u00e9ste sea bueno, ni el bidente ni los dem\u00e1s aperos que requiere la labranza. Ni tampoco el alba\u00f1il, que tambi\u00e9n necesita muchas herramientas. Y lo mismo suceder\u00e1 con el tejedor y el zapatero, \u00bfno?<\/p>\n<p>-Cierto.<\/p>\n<p>-Por consiguiente, ir\u00e1n entrando a formar parte de nuestra peque\u00f1a ciudad y acrecentando su poblaci\u00f3n los carpinteros, herreros y otros muchos artesanos de parecida \u00edndole.<\/p>\n<p>-Efectivamente.<\/p>\n<p>-Sin embargo, no llegar\u00e1 todav\u00eda a ser muy grande ni aunque les agreguemos boyeros, ovejeros y pastores de otra especie con el fin de que los labradores tengan bueyes para arar, los alba\u00f1iles y campesinos puedan emplear bestias para los transportes y los tejedores y zapateros dispongan de cueros y lana.<\/p>\n<p>-Pues ya no ser\u00e1 una ciudad tan peque\u00f1a -dijo- si ha de tener todo lo que dices.<\/p>\n<p>-Ahora bien -continu\u00e9-, establecer esta ciudad en un lugar tal que no sean necesarias importaciones es algo casi imposible.<\/p>\n<p>-Imposible, en efecto.<\/p>\n<p>-Necesitar\u00e1n, pues, todav\u00eda m\u00e1s personas que traigan desde otras ciudades cuanto sea preciso.<\/p>\n<p>-Las necesitar\u00e1n.<\/p>\n<p>-Pero si el que hace este servicio va con las manos vac\u00edas, sin llevar nada de lo que les falta a aquellos de quienes se recibe lo que necesitan los ciudadanos, volver\u00e1 tambi\u00e9n de vac\u00edo. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-As\u00ed me lo parece.<\/p>\n<p>-Ser\u00e1 preciso, por tanto, que las producciones del pa\u00eds no s\u00f3lo sean suficiente para ellos mismos, sino tambi\u00e9n adecuadas, por su calidad y cantidad, a aquellos de quienes se necesita.<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Entonces nuestra ciudad requiere m\u00e1s labradores y artesanos.<\/p>\n<p>-M\u00e1s, ciertamente.<\/p>\n<p>-Y tambi\u00e9n, digo yo, m\u00e1s servidores encargados de importar y exportar cada cosa. Ahora bien, \u00e9stos son los comerciantes, \u00bfno?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Necesitamos, pues, comerciantes.<\/p>\n<p>-En efecto.<\/p>\n<p>-Y en el caso de que el comercio se realice por mar, ser\u00e1n precisos otros muchos expertos en asuntos mar\u00edtimos.<\/p>\n<p>-Muchos, s\u00ed.<\/p>\n<p>XII. -\u00bfY qu\u00e9? En el interior de la ciudad, \u00bfc\u00f3mo cambiar\u00e1n entre s\u00ed los g\u00e9neros que cada cual produzca? Pues \u00e9ste ha sido precisamente el fin con el que hemos establecido una comunidad y un Estado.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 claro -contest\u00f3- que comprando y vendiendo.<\/p>\n<p>-Luego esto nos traer\u00e1 consigo un mercado y una moneda como signo que facilite el cambio.<\/p>\n<p>-Naturalmente.<\/p>\n<p>-Y si el campesino que lleva al mercado alguno de sus productos, o cualquier otro de los artesanos, no llega al mismo tiempo que los que necesitan comerciar con \u00e9l, \u00bfhabr\u00e1 de permanecer inactivo en el mercado desatendiendo su labor?<\/p>\n<p>-En modo alguno -respondi\u00f3-, pues hay quienes, d\u00e1ndose cuenta de esto, se dedican a prestar ese servicio. En las ciudades bien organizadas suelen ser por lo regular las personas de constituci\u00f3n menos vigorosa a imposibilitadas, por tanto, para desempe\u00f1ar cualquier otro oficio.<\/p>\n<p>\u00c9stos a tienen que permanecer all\u00ed en la plaza y entregar dinero por mercanc\u00edas a quienes desean vender algo y mercanc\u00edas, en cambio, por dinero a cuantos quieren comprar.<\/p>\n<p>-He aqu\u00ed, pues -dije-, la necesidad que da origen a la aparici\u00f3n de mercaderes en nuestra ciudad. \u00bfO no llamamos as\u00ed a los que se dedican a la compra y venta establecidos en la plaza, y traficantes a los que viajan de ciudad en ciudad?<\/p>\n<p>-Exactamente.<\/p>\n<p>-Pues bien, falta todav\u00eda, en mi opini\u00f3n, otra especie de auxiliares cuya cooperaci\u00f3n no resulta ciertamente muy estimable en lo que toca a la inteligencia, pero que gozan de suficiente fuerza f\u00edsica para realizar trabajos penosos. Venden, pues, el empleo de su fuerza y, como llaman salario al precio que se les paga, reciben, seg\u00fan creo, el nombre de asalariados. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>-Estos asalariados son, pues, una especie de complemento de la ciudad, al menos en mi opini\u00f3n .<\/p>\n<p>-Tal creo yo.<\/p>\n<p>-Bien, Adimanto; \u00bftenemos ya una ciudad lo suficientemente grande para ser perfecta?<\/p>\n<p>-Es posible.<\/p>\n<p>-Pues bien, \u00bfd\u00f3nde podr\u00edamos hallar en ella la justicia y la injusticia? \u00bfDe cu\u00e1l de los elementos considerados han tomado su origen?<\/p>\n<p>-Por mi parte -contest\u00f3-, no lo veo claro, \u00a1oh, S\u00f3crates! Tal vez, pienso, de las mutuas relaciones entre estos mismos elementos.<\/p>\n<p>-Puede ser -dije yo- que tengas raz\u00f3n. Mas hay que examinar la cuesti\u00f3n y no dejarla. Ante todo, consideremos, pues, c\u00f3mo vivir\u00e1n los ciudadanos as\u00ed organizados. \u00bfQu\u00e9 otra cosa har\u00e1n sino producir trigo, vino, vestidos y zapatos? Se construir\u00e1n viviendas; en verano trabajar\u00e1n generalmente en cueros y descalzos y en invierno convenientemente abrigados y calzados. Se alimentar\u00e1n con harina de cebada o trigo, que cocer\u00e1n o amasar\u00e1n para com\u00e9rsela, servida sobre juncos a hojas limpias, en forma de hermosas tortas y panes , con los cuales se banquetear\u00e1n, recostados en lechos naturales de nueza y mirto, en compa\u00f1\u00eda de sus hijos; beber\u00e1n vino, coronados todos de flores, y cantar\u00e1n laudes de los dioses, satisfechos con su mutua compa\u00f1\u00eda, y por temor de la pobreza o la guerra no procrear\u00e1n m\u00e1s descendencia que aquella que les permitan sus recursos.<\/p>\n<p>XIII. Entonces, Glauc\u00f3n interrumpi\u00f3, diciendo:<\/p>\n<p>-Pero me parece que invitas a esas gentes a un banquete sin companage alguno .<\/p>\n<p>-Es verdad -contest\u00e9-. Se me olvidaba que tambi\u00e9n tendr\u00e1n companage: sal, desde luego; aceitunas, queso, y podr\u00e1n asimismo hervir cebollas y verduras, que son alimentos del campo. De postre les serviremos higos, guisantes y habas, y tostar\u00e1n al fuego murtones y bellotas, que acompa\u00f1ar\u00e1n con moderadas libaciones. De este modo, despu\u00e9s de haber pasado en paz y con salud su vida, morir\u00e1n, como es natural, a edad muy avanzada y dejar\u00e1n en herencia a sus descendientes otra vida similar a la de ellos .<\/p>\n<p>Pero \u00e9l repuso:<\/p>\n<p>-Y si estuvieras organizando, \u00a1oh, S\u00f3crates!, una ciudad de cerdos, \u00bfcon qu\u00e9 otros alimentos los cebar\u00edas sino con estos mismos?<\/p>\n<p>-\u00bfPues qu\u00e9 hace falta, Glauc\u00f3n? -pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>-Lo que es costumbre -respondi\u00f3-. Es necesario, me parece a m\u00ed, que, si no queremos que lleven una vida miserable, coman recostados en lechos y puedan tomar de una mesa viandas y postres como los que tienen los hombres de hoy d\u00eda.<\/p>\n<p>-\u00a1Ah! -exclam\u00e9-. Ya me doy cuenta. No tratamos s\u00f3lo, por lo visto, de investigar el origen de una ciudad, sino el de una ciudad de lujo. Pues bien, quiz\u00e1 no est\u00e9 mal eso. Pues examinando una tal ciudad puede ser que lleguemos a comprender bien de qu\u00e9 modo nacen justicia a injusticia en las ciudades. Con todo, yo creo que la verdadera ciudad es la que acabamos de describir: una ciudad sana, por as\u00ed decirlo. Pero, si quer\u00e9is, contemplemos tambi\u00e9n otra ciudad atacada de una infecci\u00f3n; nada hay que nos lo impida. Pues bien, habr\u00e1 evidentemente algunos que no se contentar\u00e1n con esa alimentaci\u00f3n y g\u00e9nero de vida; importar\u00e1n lechos, mesas, mobiliario de toda especie, manjares, perfumes, sahumerios, cortesanas , golosinas, y todo ello de muchas clases distintas. Entonces ya no se contar\u00e1 entre las cosas necesarias solamente lo que antes enumer\u00e1bamos, la habitaci\u00f3n, el vestido y el calzado, sino que habr\u00e1n de dedicarse a la pintura y el bordado, y ser\u00e1 preciso procurarse oro, marfil y todos los materiales semejantes. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-S\u00ed -dijo.<\/p>\n<p>-Hay, pues, que volver a agrandar la ciudad. Porque aqu\u00e9lla, que era la sana, ya no nos basta; ser\u00e1 necesario que aumente en extensi\u00f3n y adquiera nuevos habitantes, que ya no estar\u00e1n all\u00ed para desempe\u00f1ar oficios indispensables; por ejemplo, cazadores de todas clases y una pl\u00e9tora de imitadores, aplicados unos a la reproducci\u00f3n de colores y formas y cultivadores otros de la m\u00fasica, esto es, poetas y sus auxiliares, tales como rapsodos, actores, danzantes y empresarios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n habr\u00e1 fabricantes de art\u00edculos de toda \u00edndole, particularmente de aquellos que se relacionan con el tocado femenino. Precisaremos tambi\u00e9n de m\u00e1s servidores. \u00bfO no crees que har\u00e1n falta preceptores, nodrizas, ayas, camareras, peluqueros, cocineros y maestros de cocina?<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n necesitaremos porquerizos. \u00c9stos no los ten\u00edamos en la primera ciudad, porque en ella no hac\u00edan ninguna falta, pero en \u00e9sta tambi\u00e9n ser\u00e1n necesarios. Y asimismo requeriremos grandes cantidades de animales de todas clases, si es que la gente se los ha de comer. \u00bfNo?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-Con ese r\u00e9gimen de vida, \u00bftendremos, pues, mucha m\u00e1s necesidad de m\u00e9dicos que antes?<\/p>\n<p>-Mucha M\u00e1s .<\/p>\n<p>XIV -Y tambi\u00e9n el pa\u00eds, que entonces bastaba para sustentar a sus habitantes, resultar\u00e1 peque\u00f1o y no ya suficiente. \u00bfNo lo crees as\u00ed?<\/p>\n<p>-As\u00ed lo creo -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfHabremos, pues, de recortar en nuestro provecho el territorio vecino, si queremos tener suficientes pastos y tierra cultivable, y har\u00e1n ellos lo mismo con el nuestro si, traspasando los l\u00edmites de lo necesario, se abandonan tambi\u00e9n a un deseo de ilimitada adquisici\u00f3n de riquezas?<\/p>\n<p>-Es muy forzoso, S\u00f3crates -dije.<\/p>\n<p>-\u00bfTendremos, pues, que guerrear como consecuencia de esto? \u00bfO qu\u00e9 otra cosa suceder\u00e1, Glauc\u00f3n?<\/p>\n<p>-Lo que t\u00fa dices -respondi\u00f3.<\/p>\n<p>-No digamos a\u00fan \u2013segu\u00ed- si la guerra produce males o bienes, sino solamente que, en cambio, hemos descubierto el origen de la guerra en aquello de lo cual nacen las mayores cat\u00e1strofes p\u00fablicas y privadas que recaen sobre las ciudades.<\/p>\n<p>-Exactamente.<\/p>\n<p>-Adem\u00e1s ser\u00e1 preciso, querido amigo, hacer la ciudad todav\u00eda mayor, pero no un poco mayor, sino tal que pueda dar cabida a todo un ej\u00e9rcito capaz de salir a campa\u00f1a para combatir contra los invasores en defensa de cuanto poseen y de aquellos a que hace poco nos refer\u00edamos.<\/p>\n<p>-\u00bfPues qu\u00e9? -arguy\u00f3 \u00e9l-. \u00bfEllos no pueden hacerlo por s\u00ed?<\/p>\n<p>-No -repliqu\u00e9-, al menos si ten\u00eda valor la consecuencia a que llegaste con todos nosotros cuando d\u00e1bamos forma a la ciudad; pues convinimos , no s\u00e9 si lo recuerdas, en la imposibilidad de que una sola persona desempe\u00f1ara bien muchos oficios.<\/p>\n<p>-Tienes raz\u00f3n -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9? -continu\u00e9-. \u00bfNo lo parece un oficio el del que ti combate en guerra?<\/p>\n<p>-Desde luego -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfMerece acaso mayor atenci\u00f3n el oficio del zapatero que el del militar?<\/p>\n<p>-En modo alguno.<\/p>\n<p>-Pues bien, recuerda que no dej\u00e1bamos al zapatero que intentara ser al mismo tiempo labrador, tejedor o alba\u00f1il; ten\u00eda que ser \u00fanicamente zapatero para que nos realizara bien las labores propias de su oficio; y a cada uno de los dem\u00e1s artesanos les asign\u00e1bamos del mismo modo una sola tarea, la que les dictasen sus aptitudes naturales y aquella en que fuesen a trabajar bien durante toda su vida, absteni\u00e9ndose de toda otra ocupaci\u00f3n y no dejando pasar la ocasi\u00f3n oportuna para ejecutar cada obra. \u00bfY acaso no resulta de la m\u00e1xima importancia el que tambi\u00e9n las cosas de la guerra se hagan como es debido? \u00bfO son tan f\u00e1ciles que un labrador, un zapatero u otro cualquier artesano puede ser soldado al mismo tiempo, mientras, en cambio, a nadie le es posible conocer suficientemente el juego del chaquete o de los dados si los practica de manera accesoria y sin dedicarse formalmente a ellos desde ni\u00f1o? \u00bfY bastar\u00e1 con empu\u00f1ar un escudo o cualquier otra de las armas a instrumentos de guerra para estar en disposici\u00f3n de pelear el mismo d\u00eda en las filas de los hoplitas o de otra unidad militar, cuando no hay ning\u00fan utensilio que, por el mero hecho de tomarlo en la mano, convierta a nadie en artesano o atleta ni sirva para nada a quien no haya adquirido los conocimientos del oficio ni tenga atesorada suficiente experiencia?<\/p>\n<p>-Si as\u00ed fuera -dijo- \u00a1no valdr\u00edan poco los utensilios!<\/p>\n<p>XV -Por consiguiente -segu\u00ed diciendo-, cuanto m\u00e1s importante sea la misi\u00f3n de los guardianes tanto m\u00e1s preciso ser\u00e1 que se desliguen absolutamente de toda otra ocupaci\u00f3n y realicen su trabajo con la m\u00e1xima competencia y celo.<\/p>\n<p>-As\u00ed, al menos, opino yo -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfPero no har\u00e1 falta tambi\u00e9n un modo de ser adecuado a tal ocupaci\u00f3n?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-Entonces es misi\u00f3n nuestra, me parece a m\u00ed, el designar, si somos capaces de ello, las personas y cualidades adecuadas para la custodia de una ciudad.<\/p>\n<p>-Misi\u00f3n nuestra, en efecto.<\/p>\n<p>-\u00a1Por Zeus! -exclam\u00e9 entonces-. \u00a1No es peque\u00f1a la carga que nos hemos echado encima! Y, sin embargo, no podemos volvernos atr\u00e1s mientras nuestras fuerzas nos lo permitan.<\/p>\n<p>-No podemos, no -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfCrees, pues -pregunt\u00e9 yo-, que difieren en algo por su naturaleza, en lo tocante a la custodia, un can de raza y un muchacho de noble cuna?<\/p>\n<p>-\u00bfA qu\u00e9 lo refieres?<\/p>\n<p>-A que es necesario, creo yo, que uno y otro tengan viveza para darse cuenta de las cosas, velocidad para perseguir lo que hayan visto y tambi\u00e9n vigor, por si han de luchar una vez que le hayan dado alcance.<\/p>\n<p>-De cierto -asinti\u00f3-, todo eso es necesario.<\/p>\n<p>-Adem\u00e1s han de ser valientes, si se quiere que luche bien.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-\u00bfPero podr\u00e1, acaso, ser valiente el caballo, perro otro animal cualquier que no sea fogoso ? \u00bfNo has observado que la fogosidad es una fuerza irresistible a invencible, que hace intr\u00e9pida a indomable ante cualquier peligro a toda alma que est\u00e1 dotada de ella ?<\/p>\n<p>-Lo he observado, s\u00ed.<\/p>\n<p>-Entonces est\u00e1 claro cu\u00e1les son las cualidades corporales que deben concurrir en el guardi\u00e1n.<\/p>\n<p>-En efecto.<\/p>\n<p>-E igualmente por lo que al alma toca: ha de tener, menos, fogosidad.<\/p>\n<p>-S\u00ed, tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>-Pero siendo tal su car\u00e1cter, Glauc\u00f3n -dije yo \u00bfc\u00f3mo no van a mostrarse feroces unos con otros y con resto de los ciudadanos?<\/p>\n<p>-\u00a1Por Zeus! -contest\u00f3-. No ser\u00e1 f\u00e1cil.<\/p>\n<p>-Ahora bien, hace falta que sean amables Para con sus conciudadanos, aunque fieros ante el enemigo. Y si no, no esperar\u00e1n a que vengan otros a exterminarlos, sino que ellos mismos ser\u00e1n los primeros en destrozarse entre s\u00ed.<\/p>\n<p>-Es verdad -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 hacer entonces? -pregunt\u00e9-. \u00bfD\u00f3nde vamos a encontrar un temperamento apacible y fogoso al mismo tiempo? Porque, seg\u00fan creo, mansedumbre y fogosidad son cualidades opuestas.<\/p>\n<p>-As\u00ed parece.<\/p>\n<p>-Pues bien, si una cualquiera de estas dos falta, no es posible que se d\u00e9 un buen guardi\u00e1n. Pero como parece imposible conciliarlas, resulta as\u00ed imposible tambi\u00e9n encontrar un buen guardi\u00e1n.<\/p>\n<p>-Temo que as\u00ed sea -dijo.<\/p>\n<p>Entonces yo qued\u00e9 perplejo; pero, despu\u00e9s de reflexionar sobre lo que acab\u00e1bamos de decir, continu\u00e9:<\/p>\n<p>-Bien merecido tenemos, amigo m\u00edo, este atolladero. Porque nos hemos apartado del ejemplo que nos propusimos.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 quieres decir?<\/p>\n<p>-Que no nos hemos dado cuenta de que en realidad existen caracteres que, contra lo que cre\u00edamos, re\u00fanen en s\u00ed estos contrarios.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo?<\/p>\n<p>-Es f\u00e1cil hallarlos en muchas especies de animales, pero sobre todo entre aquellos con los que compar\u00e1bamos a los guardianes. Supongo que has observado, como una de las caracter\u00edsticas innatas en los perros de raza, que no existen animales m\u00e1s mansos para con los de la familia y aquellos a los que conocen, aunque con los de fuera ocurra lo contrario .<\/p>\n<p>-Ya lo he observado, en efecto.<\/p>\n<p>-Luego la cosa es posible -dije yo-. No perseguimos pues, nada antinatural al querer encontrar un guardi\u00e1n as\u00ed.<\/p>\n<p>-Parece que no.<\/p>\n<p>XVI. -\u00bfPero no crees que el futuro guardi\u00e1n necesita todav\u00eda otra cualidad m\u00e1s? \u00bfQue ha de ser, adem\u00e1s de fogoso, fil\u00f3sofo por naturaleza?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo? -dijo-. No entiendo.<\/p>\n<p>-He aqu\u00ed otra cualidad -dije- que puedes observar en los perros: cosa, por cierto, digna de admiraci\u00f3n en un bestia.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 es ello?<\/p>\n<p>-Que se enfurecen al ver a un desconocido, aunque no hayan sufrido previamente mal alguno de su mano, y, en cambio, hacen fiestas a aquellos a quienes conocen aunque jam\u00e1s les hayan hecho ning\u00fan bien.<\/p>\n<p>\u00bfNo te ha extra\u00f1ado nunca esto?<\/p>\n<p>-Nunca hab\u00eda reparado en ello hasta ahora \u2013dijo- Pero no hay duda de que as\u00ed se comportan.<\/p>\n<p>-Pues bien, ah\u00ed se nos muestra un fino rasgo de su natural verdaderamente filos\u00f3fico .<\/p>\n<p>-\u00bfY c\u00f3mo eso?<\/p>\n<p>-Porque -dije- para distinguir la figura del amigo de la del enemigo no se basan en nada m\u00e1s sino en que la una la conocen y la otra no. Pues bien, \u00bfno va a sentir deseo de aprender quien define lo familiar y lo ajeno por su conocimiento o ignorancia de uno y otro?<\/p>\n<p>-No puede menos de ser as\u00ed -respondi\u00f3.<\/p>\n<p>-Ahora bien -continu\u00e9-, \u00bfno son lo mismo el deseo de saber y la filosof\u00eda?<\/p>\n<p>-Lo mismo, en efecto -convino.<\/p>\n<p>-\u00bfPodemos, pues, admitir confiadamente que para que el hombre se muestre apacible para con sus familiares y conocidos es preciso que sea fil\u00f3sofo y \u00e1vido de saber por naturaleza?<\/p>\n<p>-Admitido -respondi\u00f3.<\/p>\n<p>-Luego tendr\u00e1 que ser fil\u00f3sofo, fogoso, veloz y fuerte por naturaleza quien haya de desempe\u00f1ar a la perfecci\u00f3n su cargo de guardi\u00e1n en nuestra ciudad.<\/p>\n<p>-Sin duda alguna -dijo.<\/p>\n<p>-Tal ser\u00e1, pues, su car\u00e1cter. Pero \u00bfcon qu\u00e9 m\u00e9todo los criaremos y educaremos? \u00bfY no nos ayudar\u00e1 el examen de este punto a ver claro en el \u00faltimo objeto de todas nuestras investigaciones, que es el c\u00f3mo nacen en una ciudad la justicia y la injusticia? No vayamos a omitir nada decisivo ni a extendernos en divagaciones.<\/p>\n<p>Entonces intervino el hermano de Glauc\u00f3n:<\/p>\n<p>-Desde luego, por mi parte espero que el tema resultar\u00e1 \u00fatil para nuestros fines.<\/p>\n<p>-Entonces, querido Adimanto, no hay que dejarlo, por Zeus, aunque la discusi\u00f3n se haga un poco larga -dije yo. -No, en efecto.<\/p>\n<p>-\u00a1Ea, pues! Vamos a suponer que educamos a esos hombres como si tuvi\u00e9ramos tiempo disponible para contar cuentos.<\/p>\n<p>-As\u00ed hay que hacerlo.<\/p>\n<p>XVII. -Pues bien, \u00bfcu\u00e1l va a ser nuestra educaci\u00f3n? \u00bfNo ser\u00e1 dif\u00edcil inventar otra mejor que la que largos siglos nos han transmitido? La cual comprende, seg\u00fan creo, la gimn\u00e1stica para el cuerpo y la m\u00fasica para el alma .<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>-\u00bfY no empezaremos a educarlos por la m\u00fasica m\u00e1s bien que por la gimn\u00e1stica?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-\u00bfConsideras -pregunt\u00e9- incluidas en la m\u00fasica las narraciones o no?<\/p>\n<p>-S\u00ed por cierto.<\/p>\n<p>-\u00bfNo hay dos clases de narraciones, unas ver\u00eddicas y otras ficticias?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfY no hay que educarlos por medio de unas y otras, pero primeramente con las ficticias?<\/p>\n<p>-No s\u00e9 -contest\u00f3- lo que quieres decir.<\/p>\n<p>-\u00bfNo sabes -dije yo- que lo primero que contamos a los ni\u00f1os son f\u00e1bulas? Y \u00e9stas son ficticias por lo regular, aunque haya en ellas algo de verdad. Antes intervienen las f\u00e1bulas en la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os que los gimnasios.<\/p>\n<p>-Cierto.<\/p>\n<p>-Pues bien, eso es lo que quer\u00eda decir: que hay que tomar entre manos la m\u00fasica antes que la gimn\u00e1stica.<\/p>\n<p>-Bien dices -convino.<\/p>\n<p>-\u00bfY no sabes que el principio es lo m\u00e1s importante en toda obra, sobre todo cuando se trata de criaturas j\u00f3venes y tiernas? Pues se hallan en la \u00e9poca en que se dejan moldear m\u00e1s f\u00e1cilmente y admiten cualquier impresi\u00f3n que se quiera dejar grabada en ellas.<\/p>\n<p>-Tienes raz\u00f3n.<\/p>\n<p>-\u00bfHemos de permitir, pues, tan ligeramente que los ni\u00f1os escuchen cualesquiera mitos, forjados por el primero que llegue, y que den cabida en su esp\u00edritu a ideas generalmente opuestas a las que creemos necesario que tengan inculcadas al llegar a mayores?<\/p>\n<p>-No debemos permitirlo en modo alguno.<\/p>\n<p>-Debemos, pues, seg\u00fan parece, vigilar ante todo a los forjadores de mitos y aceptar los creados por ellos cuando est\u00e9n bien y rechazarlos cuando no; y convencer a las madres y ayas para que cuenten a los ni\u00f1os los mitos autorizados, moldeando de este modo sus almas por medio de las f\u00e1bulas mejor todav\u00eda que sus cuerpos con las manos . Y habr\u00e1 que rechazar la mayor parte de los que ahora cuentan.<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1les? -pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-Por los mitos mayores -dije- juzgaremos tambi\u00e9n de los menores.<\/p>\n<p>Porque es l\u00f3gico que todos ellos, mayores y menores, ostenten el mismo cu\u00f1o y produzcan los mismos efectos. \u00bfNo lo crees as\u00ed?<\/p>\n<p>-Desde luego -dijo-. Pero no comprendo todav\u00eda cu\u00e1les son esos mayores de que hablas.<\/p>\n<p>-Aquellos -dije- que nos relataban Hes\u00edodo y Homero, y con ellos los dem\u00e1s poetas. Ah\u00ed tienes a los forjadores de falsas narraciones que han contado y cuentan a las gentes.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 clase de narraciones -pregunt\u00f3- y qu\u00e9 tienes que censurar en ellas?<\/p>\n<p>-Aquello -dije- que hay que censurar ante todo y sobre todo, especialmente si la mentira es adem\u00e1s indecorosa.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 es ello?<\/p>\n<p>-Que se da con palabras una falsa imagen de la naturaleza de dioses y h\u00e9roes, como un pintor cuyo retrato no presentara la menor similitud con relaci\u00f3n al modelo que intentara reproducir.<\/p>\n<p>-En efecto -dijo-, tal comportamiento merece censura. Pero \u00bfa qu\u00e9 caso concreto te refieres?<\/p>\n<p>-Ante todo -respond\u00ed-, no hizo bien el que forj\u00f3 la m\u00e1s grande invenci\u00f3n relatada con respecto a los m\u00e1s venerables seres, contando c\u00f3mo hizo Urano lo que le atribuye Hes\u00edodo, y c\u00f3mo Crono se veng\u00f3 a su vez de \u00e9l . En cuanto a las haza\u00f1as de Crono y el tratamiento que le infligi\u00f3 su hijo ni aunque fueran verdad me parecer\u00eda bien que se relatasen tan sin rebozo a ni\u00f1os no llegados a\u00fan al uso de raz\u00f3n, antes bien, ser\u00eda preciso guardar silencio acerca de ello y, si no hubiera m\u00e1s remedio que mencionarlo, que lo oyese en secreto el menor n\u00famero posible de personas y que \u00e9stas hubiesen inmolado previamente no ya un cerdo , sino otra v\u00edctima m\u00e1s valiosa y rara, con el fin de que s\u00f3lo poqu\u00edsimos se hallasen en condiciones de escuchar.<\/p>\n<p>-Es verdad -dijo-, tales historias son peligrosas.<\/p>\n<p>-Y jam\u00e1s, \u00a1oh, Adimanto!, deben ser narradas en nuestra ciudad -dije-, ni se debe dar a entender a un joven oyente que, si comete los peores cr\u00edmenes o castiga por cualquier procedimiento las malas acciones de su padre, no har\u00e1 con ello nada extraordinario, sino solamente aquello de que han dado ejemplo los primeros y m\u00e1s grandes de los dioses.<\/p>\n<p>-No, por Zeus -dijo-; tampoco a m\u00ed me parecen estas cosas aptas para ser divulgadas.<\/p>\n<p>-Ni tampoco -segu\u00ed- se debe hablar en absoluto de c\u00f3mo guerrean, se tienden asechanzas o luchan entre s\u00ed dioses contra dioses -lo que, por otra parte, tampoco es cierto-, si queremos que los futuros vigilantes de la ciudad consideren que nada hay m\u00e1s vergonzoso que dejarse arrastrar ligeramente a mutuas disensiones. En modo alguno se les debe contar o pintar las gigantomaquias o las otras innumerables querellas de toda \u00edndole desarrolladas entre los dioses o h\u00e9roes y los de su casta y familia. Al contrario, si hay modo de persuadirles de que jam\u00e1s existi\u00f3 ciudadano alguno que se haya enemistado con otro y de que es un crimen hacerlo as\u00ed, tales y no otros deben ser los cuentos que ancianos y ancianas relaten a los ni\u00f1os desde que \u00e9stos nazcan; y, una vez llegados los ciudadanos a la mayor\u00eda de edad, hay que ordenar a los poetas que inventen tambi\u00e9n narraciones de la misma tendencia. En cuanto a los relatos acerca de c\u00f3mo fue aherrojada Hera por su hijo o c\u00f3mo, cuando se dispon\u00eda Hefesto a defender a su madre de los golpes de su padre, fue lanzado por \u00e9ste al espacio y todas cuantas teomaquias invent\u00f3 Hornero no es posible admitirlas en la ciudad tanto si tienen intenci\u00f3n aleg\u00f3rica como si no la tienen . Porque el ni\u00f1o no es capaz de discernir d\u00f3nde hay alegor\u00eda y d\u00f3nde no y las impresiones recibidas a esa edad dif\u00edcilmente se borran o desarraigan. Raz\u00f3n por la cual hay que poner, en mi opini\u00f3n, el m\u00e1ximo empe\u00f1o en que las primeras f\u00e1bulas que escuche sean las m\u00e1s h\u00e1bilmente dispuestas para exhortar al oyente a la virtud.<\/p>\n<p>XVIII. -S\u00ed, eso es razonable -dijo-. Pero, si ahora nos viniese alguien a preguntar tambi\u00e9n qu\u00e9 queremos decir y a qu\u00e9 clase de f\u00e1bulas nos referimos, \u00bfcu\u00e1les les podr\u00edamos citar?<\/p>\n<p>Y yo contest\u00e9:<\/p>\n<p>-\u00a1Ay, Adimanto! No somos poetas t\u00fa ni yo en este momento, sino fundadores de una ciudad. Y los fundadores no tienen obligaci\u00f3n de componer f\u00e1bulas, sino \u00fanicamente de conocer las l\u00edneas generales que deben seguir en sus mitos los poetas con el fin de no permitir que se salgan nunca de ellas.<\/p>\n<p>-Tienes raz\u00f3n -asinti\u00f3-. Pero vamos a esto mismo: \u00bfcu\u00e1les ser\u00edan estas l\u00edneas generales al tratar de los dioses?<\/p>\n<p>-Poco m\u00e1s o menos las siguientes -contest\u00e9-: se debe en mi opini\u00f3n reproducir siempre al dios tal cual es, ya se le haga aparecer en una epopeya o en un poema l\u00edrico o en una tragedia.<\/p>\n<p>-Tal debe hacerse, efectivamente.<\/p>\n<p>-Pues bien, \u00bfno es la divinidad esencialmente buena y no se debe proclamar esto de ella?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-Ahora bien, nada bueno puede ser nocivo. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-Creo que no puede serlo.<\/p>\n<p>-Y lo que no es nocivo, \u00bfperjudica?<\/p>\n<p>-En modo alguno.<\/p>\n<p>-Lo que no perjudica, \u00bfhace alg\u00fan da\u00f1o?<\/p>\n<p>-Tampoco.<\/p>\n<p>-Y lo que no hace da\u00f1o alguno, \u00bfpodr\u00e1, acaso, ser causante de alg\u00fan mal?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo va a serlo?<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9? \u00bfLo bueno beneficia?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfEs causa, pues, del bien obrar?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Entonces, lo bueno no es causa de todo, sino \u00fanicamente de lo que est\u00e1 bien, pero no de lo que est\u00e1 mal ..<\/p>\n<p>-No cabe duda -dijo.<\/p>\n<p>-Por consiguiente -continu\u00e9-, la divinidad, pues es buena, no puede ser causa de todo, como dicen los m\u00e1s , sino solamente de una peque\u00f1a parte de lo que sucede a los hombres; mas no de la mayor parte de las cosas. Pues en nuestra vida hay muchas menos cosas buenas que malas . Las buenas no hay necesidad de atribu\u00edrselas a ning\u00fan otro autor; en cambio, la causa de las malas hay que buscarla en otro origen cualquiera, pero no en la divinidad.<\/p>\n<p>-No hay cosa m\u00e1s cierta, a mi parecer, que lo que dices -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-Por consiguiente -segu\u00ed-, no hay que hacer caso a Homero ni a ning\u00fan otro poeta cuando cometen tan necios errores con respecto a los dioses como decir, por ejemplo, que dos tinajas la casa de Zeus en el suelo fijadas tiene, repleta est\u00e1 la una de buenos destinos y la otra de malos; aquel a quien Zeus otorga una mezcla de unos y otros, hoy tendr\u00e1 el mal en su vida y los bienes ma\u00f1ana; pero, si a alguno no se los da mezclados, sino tomados exclusivamente de una de las tinajas, a \u00e9se terrible miseria a vagar por la tierra divina le obliga.<\/p>\n<p>Ni admitiremos tampoco que Zeus dispensador sea de bienes y males.<\/p>\n<p>XIX. -En cuanto ala violaci\u00f3n de los juramentos y de la tregua que cometi\u00f3 P\u00e1ndaro , si alguien nos cuenta que lo hizo instigado por Atenea y Zeus, no lo aprobaremos, como tampoco la discordia y combate de los dioses que Temis y Zeus promovieron ; ni se debe permitir que escuchen los j\u00f3venes lo que dice Esquilo de que la divinidad hace culpables a los hombres si exterminar alguna casa de ra\u00edz quiere, sino que, al contrario, si un poeta canta las desgracias de N\u00edobe, como el autor de estos y\u00e1mbicos, o las de los Pel\u00f3pidas o las gestas de Troya o alg\u00fan otro tema semejante, o no se le debe dejar que explique estos males como obra divina o, si lo dice, tendr\u00e1 que inventar alguna interpretaci\u00f3n parecida a la que estamos ahora buscando y decir que las acciones divinas fueron justas y buenas y que el castigo redund\u00f3 en beneficio del culpable. Pero que llame infortunados a los que han sufrido su pena o que presente a la divinidad como autora de sus males, eso no se lo toleraremos al poeta. Podr\u00e1, s\u00ed, decir que los malos eran infortunados precisamente porque necesitaban un castigo y que al recibirlo han sido objeto de un beneficio divino. Pero, si se aspira a que una ciudad se desenvuelva en buen orden, hay que impedir por todos los medios que nadie diga en ella que la divinidad, que es buena, ha sido causante de los males de un mortal y que nadie, joven o viejo, escuche tampoco esta clase de narraciones, tanto si est\u00e1n en verso como en prosa; porque quien relata tales leyendas dice cosas imp\u00edas, inconvenientes y contradictorias entre s\u00ed.<\/p>\n<p>-Voto contigo esta ley -dijo-. Me gusta.<\/p>\n<p>-\u00c9sta ser\u00e1, pues -dije-, la primera de las leyes referentes a los dioses y de las normas con arreglo a las cuales deber\u00e1n relatar los narradores y componer los poetas: la divinidad no es autora de todas las cosas, sino \u00fanicamente de las buenas.<\/p>\n<p>-Eso es suficiente -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 decir de la segunda? \u00bfHay que considerar, acaso, a un dios como a una especie de mago capaz de manifestarse de industria cada vez con una forma distinta, ora cambiando \u00e9l mismo y modificando su apariencia para transformarse de mil modos diversos, ora enga\u00f1\u00e1ndonos y haci\u00e9ndonos ver en \u00e9l tal o cual cosa, o bien lo concebiremos como un ser simple, m\u00e1s que ninguno incapaz de abandonar la forma que le es propia?<\/p>\n<p>-De momento no puedo contestarte a\u00fan -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfPues qu\u00e9? \u00bfNo es forzoso que, cuando algo abandona su forma, lo haga o por s\u00ed mismo o por alguna causa externa?<\/p>\n<p>-As\u00ed es.<\/p>\n<p>-\u00bfY no son las cosas m\u00e1s perfectas las menos sujetas a transformaciones o alteraciones causadas por un agente externo? Por ejemplo, los cuerpos sufren la acci\u00f3n de los alimentos, bebidas y trabajos; toda planta, la de los soles, vientos u otros agentes similares. Pues bien, \u00bfno son los seres m\u00e1s sanos y robustos los menos expuestos a alteraci\u00f3n?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo no?<\/p>\n<p>-\u00bfNo ser\u00e1, pues, el alma m\u00e1s esforzada e inteligente la que menos se deje afectar o alterar por cualquier influencia exterior?<\/p>\n<p>-S\u00ed.<\/p>\n<p>-Y lo mismo ocurre tambi\u00e9n, a mi parecer, con todos los objetos fabricados: utensilios, edificios y vestidos. Los que est\u00e1n bien hechos y se hallan en buen estado son los que menos se dejan alterar por el tiempo u otros agentes destructivos.<\/p>\n<p>-En efecto, tal sucede.<\/p>\n<p>-Luego toda obra de la naturaleza, del arte o de ambos a la vez que est\u00e9 bien hecha se halla menos expuesta que otras a sufrir alteraciones causadas por elementos externos.<\/p>\n<p>-As\u00ed parece.<\/p>\n<p>-Ahora bien, la condici\u00f3n de la divinidad y de cuanto a ella pertenece es \u00f3ptima en todos los aspectos. -\u00bfC\u00f3mo no ha de serlo?<\/p>\n<p>-Seg\u00fan esto, no hay ser menos capaz que la divinidad de adoptar formas diversas.<\/p>\n<p>-No lo hay, desde luego.<\/p>\n<p>XX. -\u00bfSe deber\u00e1n, entonces, a su propia voluntad sus transformaciones y alteraciones?<\/p>\n<p>-Si se transforma-dijo- no puede ser de otro modo.<\/p>\n<p>-\u00bfPero se transforma a s\u00ed misma para mejorarse y embellecerse o para empeorar y desfigurar su aspecto?<\/p>\n<p>-Tiene que ser forzosamente para empeorar, siempre suponiendo que se transforme -dijo-. Porque no vamos a pretender que la divinidad sea imperfecta en bondad o belleza.<\/p>\n<p>-Dices muy bien -aprob\u00e9-. Y, siendo as\u00ed, \u00bfte parece, Adimanto, que puede haber alguien, dios u hombre, que empeore voluntariamente en cualquier aspecto?<\/p>\n<p>-Imposible -respondi\u00f3.<\/p>\n<p>-Imposible, pues, tambi\u00e9n -conclu\u00ed- que un dios quiera modificarse a s\u00ed mismo; antes bien, creo que todos y cada uno de ellos son los seres m\u00e1s hermosos y excelentes que pueden darse y, por ende, permanecen invariable y simplemente en la forma que les es propia.<\/p>\n<p>-Me parece -dijo- que ello es muy forzoso.<\/p>\n<p>-Entonces, amigo m\u00edo -dije-, que ning\u00fan poeta nos hable de que los dioses, que toman tan varias figuras, las ciudades recorren a veces en forma de errantes peregrinos, ni nos cuente nadie mentiras acerca de Proteo y Tetis ni nos presente en tragedias o poemas a Hera transformada en sacerdotisa mendicante que pide para los almos hijos de \u00cdnaco, el r\u00edo de Argos ni nos vengan con otras muchas y semejantes patra\u00f1as. Y que tampoco las madres, influidas por ellos, asusten a sus hijos cont\u00e1ndoles mal las leyendas y habl\u00e1ndoles de unos dioses que andan por el mundo de noche, disfrazados de mil modos como extranjeros de los m\u00e1s varios pa\u00edses. As\u00ed no blasfemar\u00e1n contra los seres divinos y evitar\u00e1n, al mismo tiempo, que sus ni\u00f1os se vuelvan m\u00e1s miedosos.<\/p>\n<p>-No deben hacerlo, en efecto -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfO ser\u00e1 quiz\u00e1 -continu\u00e9 preguntando- que los dioses no pueden cambiar de apariencia por s\u00ed mismos, pero nos hacen creer a nosotros, con trampas y hechicer\u00edas, que se presentan bajo formas diversas?<\/p>\n<p>-Tal vez -admiti\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfPues qu\u00e9? -pregunt\u00e9-. \u00bfPuede un dios desear enga\u00f1arnos de palabra o de obra present\u00e1ndonos una mera apariencia?<\/p>\n<p>-No lo s\u00e9 -contest\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00bfNo sabes -interrogu\u00e9- que la verdadera mentira, si es l\u00edcito emplear esta expresi\u00f3n, es algo odiado por todos los dioses y hombres?<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo dices? -pregunt\u00f3 a su vez.<\/p>\n<p>-Digo -aclar\u00e9- que en mi opini\u00f3n nadie quiere ser enga\u00f1ado en la mejor parte de su ser ni con respecto a las cosas m\u00e1s trascendentales; antes bien, no hay nada que m\u00e1s se tema que el tener all\u00ed arraigada la falsedad.<\/p>\n<p>-Sigo sin entenderte -dijo.<\/p>\n<p>-Es porque esperas o\u00edrme algo extraordinario -dije-. Y lo que quiero decir yo es que ser y estar enga\u00f1ado en el alma con respecto a la realidad y permanecer en la ignorancia, y albergar y tener albergada all\u00ed la mentira es algo que nadie puede soportar de ninguna manera y que detestan sumamente todos cuantos lo sufren.<\/p>\n<p>-Tienes mucha raz\u00f3n -dijo.<\/p>\n<p>-Ahora bien, ning\u00fan nombre mejor que el de \u00abverdadera mentira\u00bb, como dec\u00eda yo hace un momento, para designar la ignorancia que existe en el alma del enga\u00f1ado. Porque la mentira expresada con palabras no es sino un reflejo de la situaci\u00f3n del alma y una imagen nacida a consecuencia de esta situaci\u00f3n, pero no una mentira absolutamente pura. \u00bfNo es as\u00ed?<\/p>\n<p>-Exacto.<\/p>\n<p>XXI. -Quedamos, pues, en que la verdadera mentira es odiada no s\u00f3lo por los dioses, sino tambi\u00e9n por los hombres.<\/p>\n<p>-As\u00ed me parece a m\u00ed.<\/p>\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 decir de la mentira expresada en palabras? \u00bfCu\u00e1ndo y para qui\u00e9n puede ser \u00fatil y no digna de ser odiada? \u00bfNo resultar\u00e1 beneficiosa, como el remedio con que se contiene un mal, contra los enemigos y cuando alguno de los que llamamos amigos intenta hacer algo malo, bien sea por efecto de un ataque de locura o de otra perturbaci\u00f3n cualquiera? \u00bfY no la hacemos \u00fatil tambi\u00e9n con respecto a las leyendas mitol\u00f3gicas de que antes habl\u00e1bamos, cuando, no sabiendo la verdad de los hechos antiguos, asimilamos todo lo que podemos la mentira a la verdad?<\/p>\n<p>-Ciertamente -asinti\u00f3-. As\u00ed es.<\/p>\n<p>-Pues bien, \u00bfcu\u00e1l de estas razones podr\u00e1 hacer beneficiosa una falsedad de un dios? \u00bfAcaso le inducir\u00e1 el desconocimiento de la antig\u00fcedad a asimilar mentiras a verdades?<\/p>\n<p>-\u00a1Pero eso ser\u00eda rid\u00edculo! -exclam\u00f3.<\/p>\n<p>-No podemos, pues, concebir a un dios como un poeta embustero.<\/p>\n<p>-No lo creo.<\/p>\n<p>-\u00bfMentir\u00e1, pues, por temor de sus enemigos?<\/p>\n<p>-De ninguna manera.<\/p>\n<p>-\u00bfO le inducir\u00e1 a ello alguna locura o perturbaci\u00f3n de un amigo?<\/p>\n<p>-Ning\u00fan demente ni insensato -dijo- es amigo de los dioses.<\/p>\n<p>-Luego no hay raz\u00f3n alguna para que un dios mienta.<\/p>\n<p>-No la hay.<\/p>\n<p>-Por consiguiente, todo lo dem\u00f3nico y divino es absolutamente incapaz de mentir.<\/p>\n<p>-Absolutamente -dijo.<\/p>\n<p>-La divinidad es, por tanto, absolutamente simple y veraz en palabras y en obras y ni cambia por s\u00ed ni enga\u00f1a a los dem\u00e1s en vigilia ni en sue\u00f1os con apariciones, palabras o env\u00edos de signos.<\/p>\n<p>-Tal creo yo tambi\u00e9n despu\u00e9s de haberte o\u00eddo -dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfConvienes, pues -pregunt\u00e9-, en que sea \u00e9sta la segunda de las normas que hay que seguir en las palabras y obras referentes a los dioses, seg\u00fan la cual no son \u00e9stos hechiceros que se transformen ni nos extrav\u00eden con dichos o actos mordaces?<\/p>\n<p>-Convengo en ello.<\/p>\n<p>-Por consiguiente, aunque alabemos muchas cosas de Homero, no aprobaremos el pasaje en que Zeus env\u00eda el sue\u00f1o a Agamen\u00f3n ni tampoco el de Esquilo en que dice Tetis que Apolo cant\u00f3 en sus bodas y celebr\u00f3 su dichosa descendencia y mi longeva vida de dolencias exenta.<\/p>\n<p>Y a continuaci\u00f3n en honor de mi sino grato para los dioses el pe\u00e1n enton\u00f3 alegrando mi esp\u00edritu. Yo pens\u00e9 que mentira en la divina boca no cab\u00eda de Febo floreciente en las artes prof\u00e9ticas; pues bien, el mismo que en la fiesta cant\u00f3 diciendo aquello, \u00e9l mismo matador ahora de mi hijo ha sido &#8230;.<\/p>\n<p>Cuando alguien diga tales cosas con respecto a los dioses, nos irritaremos contra \u00e9l y nos negaremos a darle coro y a permitir que los maestros se sirvan de sus obras para educar a los j\u00f3venes si queremos que los guardianes sean piadosos y que su naturaleza se aproxime a la divina todo cuanto le est\u00e1 permitido a un ser humano.<\/p>\n<p>-Por mi parte -dijo entonces \u00e9l-, estoy completamente de acuerdo con estas normas y dispuesto a tenerlas por leyes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>II I. 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