{"id":542,"date":"2010-01-12T19:13:41","date_gmt":"2010-01-12T17:13:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=542"},"modified":"2021-10-19T19:29:21","modified_gmt":"2021-10-19T17:29:21","slug":"la-reinsercion-ante-la-penologia-y-las-ciencias-penitenciarias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-reinsercion-ante-la-penologia-y-las-ciencias-penitenciarias\/","title":{"rendered":"La reinserci\u00f3n ante la penolog\u00eda y las ciencias penitenciarias"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" style=\"margin: 10px\" src=\"https:\/\/natureduca.com\/images_culturblog\/alejandro_cruzado_balcazar.jpg\" alt=\"Dr. Alejandro Cruzado Balc\u00e1zar\"><strong>Por: Dr. Alejandro Cruzado Balc\u00e1zar <\/strong><\/p>\n<p>Sin requerir hurgar en la historia universal de la punici\u00f3n y simplemente valorando nuestra conciencia actual respecto al criterio que nos merece el hombre que ha delinquido, podemos justificar el intento de mostrar que el delincuente es un ser -como los dem\u00e1s- dotado de personalidad y dignidad humana.<\/p>\n<p>No obstante este reconocimiento, de que el delincuente participa de todos los requisitos y factores que estructuran la personalidad humana, se procede con frecuencia a establecer un concepto diferenciado que le discrimina socialmente a la par que le imposibilita una convivencia normal.<\/p>\n<p>La deshumanizaci\u00f3n del delincuente es el producto del prejuicio social de repulsa. El delincuente es el predilecto de nuestro dedo \u00edndice; el objeto de nuestra censura, medida y valoraci\u00f3n de lo que muchas veces no somos y pretendemos ser.<\/p>\n<p>I. ETIOLOG\u00cdA2<\/p>\n<p>El delincuente suele ser el producto de la indiferencia paterna, de la incompetencia del educador, parto del subdesarrollo social y econ\u00f3mico, de la cobard\u00eda del empresario, de la incomprensi\u00f3n del pr\u00f3jimo, personalidad patol\u00f3gica no tratada. Al delincuente lo vestimos con los harapos de nuestra indiferencia, le sancionamos a veces con medidas punitivas inadecuadas y desfasadas, le buscamos un vertedero lejos de nuestro roce, porque, aunque reconozcamos que es un ser humano, dudamos de esta realidad y no nos interesa su convivencia.<\/p>\n<p>Cuando valoramos el hecho delictivo y juzgamos su contenido, estamos jugando a representar una \u201ccow boy\u201d -mejor llamada western- de buenos y malos. En la exposici\u00f3n moral, social, \u00e9tica del delito, tenemos necesidad de utilizar la dicotom\u00eda del bien y del mal y creamos un clima ut\u00f3pico donde el delincuente se traga vorazmente lo malo y el ciudadano que no delinque deglute pl\u00e1cidamente lo bueno.<\/p>\n<p>El desprecio hacia el delincuente se produce por una falsa autoestima plus-valorativa de del individuo que forma el juicio cr\u00edtico, porque en la estimaci\u00f3n de los valores delincuenciales -que generalmente se desconocen- solamente aflora el hombre con independencia de sus limitaciones, o acerc\u00e1ndonos al pensamiento de Alexander y Staub3, tenemos una visi\u00f3n unilateral del \u201cyo\u201d y nos queda oculta la circunstancia. Ante esta apreciaci\u00f3n universal el \u201cyo\u201d resulta orlado de una imperfecci\u00f3n manifiesta y el hombre que ha delinquido se desdibuja del concepto de humanidad para transformarse en un ser ajeno a las medidas ortodoxas de lo que entendemos por hombre.<\/p>\n<p>II. SOCIOLOG\u00cdA CRIMINAL4<\/p>\n<p>El delincuente no es un ser extra-social. La privaci\u00f3n de libertad es un estado de hecho y derecho que perfila una forma de estar socialmente. El delincuente no se encuentra pendiente de ser aceptado como miembro de n\u00famero de la comunidad. Pertenece ya de por s\u00ed al patrimonio social humano en la misma dimensi\u00f3n exactamente que el resto de los componentes.<\/p>\n<p>Al delincuente se le puede calificar, pero no se le debe discriminar ni llevarlo a un desahucio social con las consecuencias de negarle un sitio en la comunidad, ni ponerle barreras para que lo encuentre si quiere hacerlo. Todos los hombres tienen derecho a constituir su propia vida. El delincuente -lo hemos dicho- es plenamente un hombre. De igual modo, todo ser humano tiene derecho a reconstruir su vida si es preciso, y por ello la sociedad no se puede arrogar t\u00edtulos ilimitados sobre estados anormales, ni defenderse m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite de lo normal y justo.<\/p>\n<p>La realidad es que, la sociedad ataca al delito y al delincuente con evidente y justo fin de defensa; pero la situaci\u00f3n que crea esta lucha, y el deseado triunfo sobre la delincuencia, provocan una situaci\u00f3n que se distancia con largueza de los ideales sociales en la aspiraci\u00f3n del bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Los intereses colectivos y particulares deben armonizarse en la planificaci\u00f3n de la din\u00e1mica social hasta el extremo de que la presi\u00f3n colectiva no perjudique ni destruya los intereses particulares m\u00e1s que en la medida exacta de su defensa. A pesar de ello, la sanci\u00f3n que tiende a ser individualizada y significada a determinados efectos, siempre se desborda creando un da\u00f1o marginal incontrolable y no querido. En el caso de la privaci\u00f3n de libertad y en la aplicaci\u00f3n de otras penas, el perjuicio intr\u00ednseco que estas siempre suponen trasciende de lo personal del autor, irrogando otros da\u00f1os que afectan al mundo social, familiar, laboral y econ\u00f3mico de los sancionados.<\/p>\n<p>La expurgaci\u00f3n social del delito arrastra al delincuente hasta una discriminaci\u00f3n, como queriendo hacer patente que el problema de la delincuencia tiene una vivencia individual en su autor. No obstante, el delito se engendra, fecunda y nace en el cuerpo social y consigue tener personalidad porque la sociedad existe. No se puede concebir el delito sin la arquitectura de una comunidad social y jur\u00eddicamente organizada. Y esta estructura significa, muchas veces, una participaci\u00f3n activa en el nacimiento del hecho punible.<\/p>\n<p>Del Vecchio5 afirma:<\/p>\n<p>el delito no es solamente un hecho individual del cual debe responder su<br \/>\nautor en la medida de lo posible, sino que es tambi\u00e9n, en sus formas m\u00e1s<br \/>\ngraves y constantes, un hecho social que indica defectos y desequilibrios en<br \/>\nla estructura social en que ha tenido origen.[Sic]<\/p>\n<p>O como crudamente lo expone Dewey6:<\/p>\n<p>Toda nuestra tradici\u00f3n cultural con respecto a la justicia punitiva,<br \/>\ntiende a negar nuestra participaci\u00f3n social en la generaci\u00f3n del crimen y se adhiere a la doctrina de un metaf\u00edsico libre albedr\u00edo. Exterminando a un malhechor o encarcel\u00e1ndolo tras muros de piedra, podemos olvidarnos de \u00e9l<br \/>\ncomo de nuestra participaci\u00f3n en haberlo creado.[Sic].<\/p>\n<p>Sin la iron\u00eda literaria de Dewey, pero s\u00ed identific\u00e1ndose con su postulado, el documento de trabajo de la Secretar\u00eda de las Naciones Unidas preparado para la reuni\u00f3n del Consejo Consultivo sobre la Prevenci\u00f3n del Delito y Tratamiento del Delincuente7, y el Instituto Nacional de Justicia para la Prevenci\u00f3n del Delito (NIJ)8, declaran que convendr\u00eda que la investigaci\u00f3n etiol\u00f3gica de la criminalidad se ocupara primordialmente no de la conducta delictiva en s\u00ed, sino de la conducta en la medida en que se ve influenciada por la intervenci\u00f3n de las fuerzas sociales y econ\u00f3micas. La conducta delictiva ha de considerarse como parte de la conducta social y no como una esfera de inter\u00e9s aislada que tenga que estudiarse en el vac\u00edo. Con esta perspectiva, la investigaci\u00f3n aclarar\u00e1 los puntos firmes y d\u00e9biles de la estructura social, el funcionamiento de los grupos dentro de la sociedad y las fuerzas que continuamente remodelan las pautas de acci\u00f3n rec\u00edproca de los individuos en esta sociedad.<\/p>\n<p>Frente a estos planteamientos, se puede adquirir una falsa consciencia de culpabilidad social absoluta en la criminog\u00e9nesis [etiolog\u00eda del delito] y en la concatenaci\u00f3n ineludible del delincuente a los condicionamientos sociales. No obstante, en el estudio de las conductas criminales aflora generalmente una participaci\u00f3n gen\u00e9tica en la que comparte, en distintas medidas, tanto el determinismo social como el personal. El hombre debe asumir la responsabilidad frente a sus propios actos; pero la sociedad no debe eludir el inter\u00e9s de conocimiento de la imperfecci\u00f3n de las estructuras anormales que pueden facilitar la ejecuci\u00f3n del delito.<\/p>\n<p>La reinserci\u00f3n del delincuente a su sociedad suele encontrarse dificultada por dos factores fundamentales:<\/p>\n<p>1. Por la actitud de rechazo de la sociedad frente al delincuente; y,<\/p>\n<p>2. Por la predisposici\u00f3n psicol\u00f3gica del delincuente, para sentirse rechazado por ella.<\/p>\n<p>El primer factor -la actitud negativa del ciudadano honrado y honesto frente al hombre que ha delinquido- se produce, significativamente por dos razones:<\/p>\n<p>1. Porque ha sido afectado personalmente por el delito; y,<\/p>\n<p>2. Porque, sin haber sido afectado, pertenece a una comunidad que sanciona socialmente el delito.<\/p>\n<p>Estas actitudes dentro de una dimensi\u00f3n normal son positivas. La del hombre afectado por el delito, porque ha sufrido un perjuicio en su propia persona o en su patrimonio afectivo, moral o econ\u00f3mico. La de la colectividad, porque significa una vinculaci\u00f3n al orden social y una prestaci\u00f3n personal colectiva de actitudes e ideas coadyuvantes a la defensa de la comunidad frente a la agresi\u00f3n de la delincuencia.<\/p>\n<p>Pero cuando estas actitudes superan el l\u00edmite de la medida \u00e9tica, y la de lo moral y lo justo en el rechazo del delincuente, convirti\u00e9ndose en actitudes negativas inflexibles, surge una postura social que crea una problem\u00e1tica definida por un estado de patolog\u00eda social.<\/p>\n<p>La escala de valores que la sociedad acepta, excluye totalmente las actividades agresivas, pero conduce muchas veces \u2013por esta misma exclusi\u00f3n- al hombre autor de la agresi\u00f3n, hacia una evidente discriminaci\u00f3n. Hay que pensar que, considerado el problema desde el \u00e1ngulo sociol\u00f3gico, las discriminaciones quedan determinadas como consecuencia de la estructuraci\u00f3n de las categor\u00edas sociales y que la valoraci\u00f3n que se da al delincuente le excluye de toda jerarqu\u00eda clasific\u00e1ndole como hombre sin clase.<\/p>\n<p>El delincuente carece de status. No tiene categor\u00eda social porque, en la estimaci\u00f3n del mismo, los criterios valorativos que se le aplican son totalmente negativos. En la nula concepci\u00f3n de la categor\u00eda del delincuente, el estereotipo juega una participaci\u00f3n definitiva. El prejuicio que se forma en torno del sancionado se hace de una manera preestablecida en la conciencia social, endureciendo el criterio adverso, la incidencia constante y el desarrollo negativo de la opini\u00f3n p\u00fablica. El delincuente llega por este camino a ser una minor\u00eda social, una categor\u00eda desfavorecida y marginada. Recuperar el status o adquirir uno nuevo representa para el delincuente un gran esfuerzo generalmente fallido.<\/p>\n<p>La postura universal en la soluci\u00f3n de este problema tiende a crear una opini\u00f3n p\u00fablica justa y consciente frente a la situaci\u00f3n del interno en los establecimientos penitenciarios, y, sobre todo, en lo que respecta a los liberados. Como consecuencia de esta incidencia en la opini\u00f3n p\u00fablica, y como resultado de los estudios criminol\u00f3gicos se ha llegado a la conclusi\u00f3n de que el lugar m\u00e1s efectivo para conjurar el delito es en su proceso etiol\u00f3gico, y no contra el delincuente como autor responsable del mismo.<\/p>\n<p>II. PSICOPATOLOG\u00cdA FORENSE9<\/p>\n<p>Dos circunstancias pueden reproducir la predisposici\u00f3n psicol\u00f3gica del delincuente a sentirse rechazado: el temor, y la experiencia del rechazo sufrido a ra\u00edz de la comisi\u00f3n de delitos anteriores.<\/p>\n<p>El temor se funda en la anterior forma social de enfocar el problema por parte del propio delincuente. \u00c9l mismo habr\u00eda discriminado, habr\u00eda rechazado situaciones como la que ahora padece. Ha pertenecido a la organizaci\u00f3n social con identidad de criterio respecto al problema de la delincuencia. Por ello siente nacer en s\u00ed mismo un sentimiento de discriminaci\u00f3n. En consecuencia, se produce en \u00e9l una disminuci\u00f3n de sus potencialidades psicol\u00f3gicas para la reinserci\u00f3n. Y as\u00ed, el sancionado se debate en una situaci\u00f3n de conflictos ante el futuro. Sabe la dificultad de promocionarse y conoce las trabas que encontrar\u00e1 en caso de luchar para ser aceptado.<\/p>\n<p>Si ha sufrido una experiencia de rechazo por comisi\u00f3n de delitos, llega a formarse consciencia de la imposibilidad de su rehabilitaci\u00f3n, si nadie le ha apoyado y orientado hacia ella; o se siente frustrado ante el temor de perder nuevamente su libertad. As\u00ed se paraliza en una postura negativa hacia su puesto social, porque lo considera inaccesible o porque se ha producido el ciclo de estados de privaci\u00f3n de libertad y breves incursiones anormales a la sociedad como hecho inevitable. Es decir, se ha llegado a la reincidencia delictiva por el camino de la habitualidad o profesionalidad. De esta forma, su personalidad no consigue estabilizarse y los factores crimin\u00f3genos, que le han predispuesto al delito, se desarrollan y se extienden hasta hacerse pr\u00e1cticamente intratables.<\/p>\n<p>Si el delincuente se siente inhabilitado social y psicol\u00f3gicamente para su reinserci\u00f3n, es necesario encausar sus fuerzas y afirmar o modificar positivamente sus est\u00edmulos frente a este problema. La sociedad, insistiendo en su postura de rechazo, dentro de una apreciaci\u00f3n justa de su defensa, no comprende que la pena ocasiona efectos perjudiciales marginales -como se ha afirmado- que sobrepasan la intencionalidad del legislador. Su predisposici\u00f3n de estigma frente al delincuente supone la aplicaci\u00f3n de una nueva sanci\u00f3n &#8211; impuesta colectivamente- cuya legitimidad trasciende a todo ordenamiento jur\u00eddico, para violar los m\u00e1s elementales principios de las garant\u00edas y derechos personales.<\/p>\n<p>III. LA REINSERCI\u00d3N10<\/p>\n<p>El estado de rechazo social es un efecto inevitable de la pena. Este efecto est\u00e1 determinado por un proceso social de estereotipia: el prejuicio y la discriminaci\u00f3n. Es necesario un urgente cambio de actitud social en lo que afecta al delincuente. El apoyo de la sociedad a la reinserci\u00f3n, debe proceder, entre otras razones, de la compensaci\u00f3n colectiva por los perjuicios excesivos irrogados en la aplicaci\u00f3n de la pena; y por el compromiso moral de la comunidad en el trato y soluci\u00f3n de todos los problemas sociales.<\/p>\n<p>El art\u00edculo 64 de las Normas M\u00ednimas para el tratamiento de los reclusos, recomendadas por la Naciones Unidas, declara taxativamente que:<\/p>\n<p>El deber de la sociedad no termina con la liberaci\u00f3n del recluso. Se deber\u00e1<br \/>\ndisponer, por consiguiente, de los servicios de organismos gubernamentales<br \/>\no privados capaces de prestar al recluso puesto en libertad, una ayuda<br \/>\npost-penitenciaria eficaz que tienda a disminuir los prejuicios hacia \u00e9l y le<br \/>\npermitan readaptarse a la comunidad.11 [Sic].<\/p>\n<p>Este compromiso es com\u00fan al estado como \u00f3rgano rector de la sociedad, y a la sociedad misma en cuanto tiene obligaci\u00f3n de participar en la consecuci\u00f3n del bien com\u00fan; participaci\u00f3n que en el problema de la delincuencia presenta una doble vertiente: la necesidad de establecer una postura de reforma en las actitudes sociales, y la exigencia de una actividad positiva en el apoyo del proceso de reinserci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero todo lo expuesto quedar\u00eda reducido a las normas cl\u00e1sicas e ineficaces de la filantrop\u00eda, la beneficencia o la caridad, si no existiese una causa jur\u00eddica adecuada para la puesta en marcha de estas ideas con un criterio de justicia social.<\/p>\n<p>La ejecuci\u00f3n de las penas de privaci\u00f3n de libertad establece una relaci\u00f3n jur\u00eddica entre el recluso y la administraci\u00f3n en cuanto afecta a su nueva situaci\u00f3n y, al mismo tiempo, excluye un condicionamiento. La pena no limita o anula la tenencia, ejercicio y disfrute de otros derechos. As\u00ed como el delincuente no es un ser extra-social, tampoco es un ser extra-jur\u00eddico.<\/p>\n<p>El concepto jur\u00eddico de la moderna defensa social tiene l\u00edmites que no deben ser sobrepasados. El Congreso Internacional de Defensa Social celebrado en Lieja [B\u00e9lgica]12, fue convocado sobre la tem\u00e1tica del problema de la responsabilidad humana desde el punto de vista de los derechos de la sociedad en sus relaciones con los derechos del hombre.<\/p>\n<p>No se puede exigir a un hombre que medite sobre sus delitos, o que recite un lastimoso mea culpa p\u00fablico, solamente para conseguir una medida de ejemplaridad colectiva, para resarcir el da\u00f1o causado o para sentirse dentro de una sociedad protectora, sin otro fin ulterior. Es injusto, jur\u00eddica y moralmente, aplicar un sistema de defensa social sin pensar en la reinserci\u00f3n social del delincuente.<\/p>\n<p>Debe buscarse un equilibrio entre la seguridad general de los intereses colectivos y los particulares, en la trayectoria social de los delincuentes. Dos declaraciones de voluntad regulan la situaci\u00f3n jur\u00eddica de este problema: una, la de la sociedad canalizada por los \u00f3rganos de imposici\u00f3n y ejecuci\u00f3n de las sanciones, y la otra, determinada por la volici\u00f3n positiva del delincuente a la reinserci\u00f3n social.<\/p>\n<p>La primera -la de la sociedad ejercida sobre el delincuente- es una imposici\u00f3n de lo general a lo particular. La segunda es una pronunciaci\u00f3n erga omnes que hace nacer una justa exigencia por parte del delincuente de pedir a la colectividad los medios necesarios para su nueva integraci\u00f3n en el seno de la sociedad; es decir, procede de lo particular a lo general.<\/p>\n<p>La Asamblea General de las Naciones Unidas, por resoluci\u00f3n N\u00ba 2200 [XXI] Apartado B, del 16 de diciembre de 1966, aprob\u00f3 solicitando ratificaci\u00f3n o adhesi\u00f3n de los Estados, el Pacto Internacional de Derecho Civiles y Pol\u00edticos13, declara: El r\u00e9gimen penitenciario consistir\u00e1 en un tratamiento cuya finalidad esencial ser\u00e1 la reforma y readaptaci\u00f3n social de los penados\u2026 [Sic].<\/p>\n<p>Los reg\u00edmenes penitenciarios regulan la ejecuci\u00f3n de las penas y medidas de seguridad que imponen una privaci\u00f3n de la libertad. En consecuencia, el fin de la ejecuci\u00f3n de este tipo de pena queda proclamado universalmente con una finalidad b\u00e1sica de dos disciplinas que se comprometen: reforma y readaptaci\u00f3n social, que, en definitiva, van encaminadas al mismo objeto.<\/p>\n<p>Todo proceso en la ejecuci\u00f3n de las penas se dirige, pues, al retorno social del delincuente. La influencia de los sistemas penitenciarios en la organizaci\u00f3n de sus esquemas y grados, no es otra cosa que una escalada que acerca al recluso a la comunidad en funci\u00f3n. Los nuevos m\u00e9todos de ejecuci\u00f3n de ciertas sanciones leves y los de la fase final de las sanciones graves, son ejercicios sociales de adaptaci\u00f3n al orden colectivo que est\u00e1n cumpliendo una necesidad de contacto e introducci\u00f3n del delincuente en la plena actividad social: los m\u00e9todos de semi-libertad, los de internamiento discontinuo, las detenciones domiciliarias, las liberaciones condicionales, las detenciones provisionales y los sistemas de libertad vigilada.<\/p>\n<p>Las situaciones de privaci\u00f3n de libertad dentro del cauce jur\u00eddico, y la finalidad de la actividad penitenciaria hacia la reforma y readaptaci\u00f3n social de los detenidos, son tratadas tambi\u00e9n dentro de la sistem\u00e1tica normativa del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol\u00edticos; siendo altamente significativo que en este Pacto se ordena la observancia del respeto debido a la dignidad inherente a la naturaleza humana de los reclusos y liberados, consider\u00e1ndola como un derecho de aplicaci\u00f3n y exigencia universal.<\/p>\n<p>Dr. Alejandro Cruzado Balc\u00e1zar<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p>1. Cfr. Revista Jur\u00eddica del Per\u00fa. A\u00f1o XXX \u2013 N\u00famero II; P\u00e1gs. 101-108.<br \/>\n2. Cfr. INGENIEROS TAGLIAV\u00cdA, Jos\u00e9: Criminolog\u00eda. Ed. Daniel Jorro. Madrid, 1913; p\u00e1gs. 87-94.<br \/>\n3. Cfr. ALEXANDER, Franz &amp; STAUB, Franz: El delincuente y sus jueces desde el punto de vista psicoanal\u00edtico. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid, 1961, p\u00e1gs. 100-115.<br \/>\n4. Enciclopedia Jur\u00eddica Omeba. Ed. Driskill S.A. Buenos Aires, 2000; tomo XXV, p\u00e1gs. 771-779.<br \/>\nCfr. \u00cdSMODES CAIRO, An\u00edbal: Sociolog\u00eda. Ed. Minerva. Lima, 1967; p\u00e1gs. 334-346.<br \/>\n5. VECCHIO, Giorgio del: La Valoraci\u00f3n Jur\u00eddica y la Ciencia del Derecho.<br \/>\nEdici\u00f3n Aray\u00fa; Buenos Aires, 1954, p\u00e1g. 68.<br \/>\n6. DEWEY, John: Democracia en la educaci\u00f3n. Ed. Carbondale del Sur, Illinois, University Press, 1977; Vol. 3, p\u00e1gs. 229.<br \/>\n7. ONU: Consejo Consultivo sobre la Prevenci\u00f3n del Delito y Tratamiento del Delincuente. Ginebra-Suiza, 1955.<br \/>\n8. Instituto Nacional de Justicia para la Prevenci\u00f3n del Delito (NIJ). Miembro de la ONU desde 1995.<br \/>\n9. CIAFARDO, Roberto: Psicopatolog\u00eda Forense. Ed. El Ateneo, 1972; Buenos Aires-Argentina; in p\u00e1ssim.<br \/>\n10. Enciclopedia Jur\u00eddica Omeba. Ob. Cit., p\u00e1gs. 542-545.<br \/>\n11. ONU: Ginebra 1955. Normas M\u00ednimas para el tratamiento de los reclusos, art. 64.<br \/>\n12. Segundo Congreso Internacional de Defensa Social. Celebrado en Lieja-B\u00e9lgica, en 1949<br \/>\n13. ONU: Pacto Internacional de Derecho Civiles y Pol\u00edticos, art. 10, inc. 3. En vigor desde el 23 de marzo de 1976<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Dr. Alejandro Cruzado Balc\u00e1zar Sin requerir hurgar en la historia universal de la punici\u00f3n y simplemente valorando nuestra conciencia actual respecto al criterio que nos merece el hombre que ha delinquido, podemos justificar el intento de mostrar que el delincuente es un ser -como los dem\u00e1s- dotado de personalidad\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/la-reinsercion-ante-la-penologia-y-las-ciencias-penitenciarias\/\">Seguir leyendo&#8230;<i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":-1,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":{"twitter_226634691_226634691":""},"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_uag_custom_page_level_css":"","footnotes":""},"categories":[13,3,38],"tags":[1016,1012,1018,1013,1073,1009,1121,1024,1059,1015,1017,1143,1014,1138,1057,1119,1021],"class_list":["post-542","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-colaboraciones","category-temas-generales","category-temas-profesionales","tag-arte","tag-ave","tag-ayuda","tag-ciencia","tag-clima","tag-cultura","tag-cultural","tag-democracia","tag-empresa","tag-flor","tag-historia","tag-justicia","tag-naturaleza","tag-patrimonio-2","tag-pensamiento","tag-social","tag-sociedad"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - 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