{"id":1241,"date":"2011-02-22T12:44:56","date_gmt":"2011-02-22T10:44:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1241"},"modified":"2018-12-22T03:13:01","modified_gmt":"2018-12-22T01:13:01","slug":"cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-v-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-v-iii\/","title":{"rendered":"Cartas de Relaci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s (V-III)"},"content":{"rendered":"<p>QUINTA RELACI\u00d3N &#8211; Parte 3<\/p>\n<p>Y tomados los nav\u00edos, luego el dicho Crist\u00f3bal Dolid comenz\u00f3 a mover partidos con \u00e9l no con voluntad de complir nada sino por detenerle fasta que veniese la gente que hab\u00eda dejado aguardando para prender a los de Gil Gonz\u00e1lez, creyendo de enga\u00f1ar al dicho Francisco de las Casas. Y el dicho Francisco de las Casas de su voluntad hizo todo lo que \u00e9l quer\u00eda y as\u00ed estuvo con \u00e9l en los trabtos sin concluir cosa hasta que vino un tiempo muy recio, y como all\u00ed no era puerto sino costa brava, dio con los nav\u00edos del dicho Francisco de las Casas a la costa y ahog\u00e1ronse treinta y tantos hombres y perdi\u00f3se cuanto tra\u00edan. Y \u00e9l y todos los dem\u00e1s escaparon en carnes y tan maltrabtados de la mar que no se pod\u00edan tener, y Crist\u00f3bal Dolid los prendi\u00f3 a todos, y antes que entrasen en el pueblo les hizo jurar sobre unos Evangelios que le obedecer\u00edan y tem\u00edan por su capit\u00e1n y nunca ser\u00edan contra \u00e9l. Estando en esto, vino la nueva c\u00f3mo su maestre de campo hab\u00eda prendido cincuenta y siete hombres que iban con un alcalde mayor del dicho Gil Gonz\u00e1lez de Avila, y que despu\u00e9s los hab\u00eda tomado a soltar y ellos se hab\u00edan ido por una parte y \u00e9l por otra. Desto rescibi\u00f3 mucho enojo, y luego se fue la tierra adentro a aquel pueblo Naco, que ya otra vez \u00e9l hab\u00eda estado en \u00e9l, y llev\u00f3 consigo al dicho Francisco de las Casas y a algunos de los que con \u00e9l prendi\u00f3, y otros dej\u00f3 all\u00ed en aquella villa con un su lugarteniente y un alcalde. Y muchas veces el dicho Francisco de las Casas le rog\u00f3 en presencia de todos que le dejase ir adonde vuestra merced estaba a darle cuenta de lo que le hab\u00eda acaescido, o que, pues no le dejaba, que le hobiese a buen recabdo y que no se fiase d\u00e9l. Y nunca jam\u00e1s le quiso dar licencia. Despu\u00e9s de algunos d\u00edas supo que el capit\u00e1n Gil Gonz\u00e1lez de Avila estaba con poca gente en un puerto que se dice Choloma y envi\u00f3 all\u00e1 cierta gente. Y dieron sobre \u00e9l de noche y prendi\u00e9ronle a \u00e9l y a los que con \u00e9l estaban y truj\u00e9ronselos presos, y all\u00ed los tuvo a ambos capitanes muchos d\u00edas sin los querer soltar aunque muchas veces se lo rogaron. E hizo jurar a toda la gente del dicho Gil Gonz\u00e1lez que le tem\u00edan por capit\u00e1n de la manera que hab\u00eda hecho a los de Francisco de las Casas. Y muchas veces despu\u00e9s de preso el dicho Gil Gonz\u00e1lez le torn\u00f3 a decir el dicho Francisco de las Casas en presencia de todos que los soltase; si no, que se guardase dellos, que le hab\u00edan de matar. Y nunca jam\u00e1s quiso. Hasta que viendo ya su tiran\u00eda tan conoscida, es tando una noche hablando en una sala todos tres y mucha gente con ellos sobre ciertas cosas, le asi\u00f3 por la barba Francisco de las Casas y con un cochillo de escriban\u00edas &#8211; que otra arma no ten\u00eda &#8211; con que se andaba cortando las u\u00f1as pase\u00e1ndose le dio una cuchillada, diciendo: ya no es tiempo de sufrir m\u00e1s este tirano. Y luego salt\u00f3 con el dicho Gil Gonz\u00e1lez y otros criados de vuestra merced y tomaron las armas a la gente que ten\u00edan de su guarda, y a \u00e9l le dieron ciertas heridas y al capit\u00e1n de la guarda y al alf\u00e9rez y al maestro de campo y otras gentes que acudieron de su parte los prendieron luego y tomaron las armas sin haber ninguna muerte. Y el dicho Crist\u00f3bal Dolid con el ruido se escap\u00f3 huyendo y se escondi\u00f3, y en dos horas los dos capitanes ten\u00edan apaciguada la gente y presos a los principales de sus secuaces. Y hecieron dar un preg\u00f3n que quien sopiese de Crist\u00f3bal Dolid lo veniese a decir so pena de muerte, y luego supieron d\u00f3nde estaba y le prendieron y pusieron a buen recabdo. Y otro d\u00eda por la ma\u00f1ana, hecho su proceso contra \u00e9l, ambos los capitanes juntamente le sentenciaron a muerte, la cual ejecutaron en su persona cort\u00e1ndole la cabeza. Y luego qued\u00f3 toda la gente muy contenta vi\u00e9ndose en libertad, y mandaron pregonar que los que se quesiesen quedar a poblar la tierra lo dijesen, y los que se quesiesen ir fuera della, asimismo. Y hallaron ciento y diez hombres que dijeron que quer\u00edan poblar, y los dem\u00e1s todos dijeron que se quer\u00edan ir con Francisco de las Casas y Gil Gonz\u00e1lez, que iban donde vuestra merced estaba. Y hab\u00eda entre \u00e9stos veinte de caballo, y desta gente fuimos los que en esta villa estamos. Y luego el dicho Francisco de las Casas nos dio todo lo que hobimos menester y nos se\u00f1al\u00f3 un capit\u00e1n y nos mand\u00f3 venir a esta costa y que en ella pobl\u00e1semos por vuestra merced en nombre de Su Majestad, y se\u00f1al\u00f3 alcaldes y regidores y escribano y procurador del concejo de la villa y alguacil y mand\u00f3nos que se nombrase la villa de Trujillo. Y prometi\u00f3nos y dio su fee como caballero que \u00e9l har\u00eda que vuestra merced nos proveyese muy brevemente de m\u00e1s gente y armas y caballos y bastimentos y todo lo necesar\u00edo para apaciguar la tierra, y di\u00f3nos dos lenguas, una india y un cristiano, que muy bien la sab\u00edan. Y as\u00ed nos partimos d\u00e9l para venir a hacer lo que \u00e9l nos mand\u00f3, y para que m\u00e1s brevemente vuestra merced lo supiese despach\u00f3 un bergant\u00edn, porque por la mar llegar\u00eda m\u00e1s a\u00edna la nueva y vuestra merced nos proveer\u00eda m\u00e1s presto. Y llegados al puerto de Sant Andr\u00e9s o de Caballos, hallamos all\u00ed una carabela que hab\u00eda venido de las Islas, y porque all\u00ed en aquel puerto no nos paresci\u00f3 que hab\u00eda aparejo para poblar y ten\u00edamos noticia deste puerto, fletamos la dicha carabela para traer en ella el fardaje y met\u00edmoslo todo. Y meti\u00f3se con ello el capit\u00e1n y con \u00e9l cuarenta hombres, y quedamos por tierra todos los de caballo y la otra gente sin traer m\u00e1s de sendas camisas por venir m\u00e1s livianos y desembarazados por si algo nos acaesciese por el camino. Y el capit\u00e1n dio su poder a uno de los alcaldes, que es el que aqu\u00ed est\u00e1, a quien mand\u00f3 que obedesci\u00e9semos en su absencia porque el otro alcalde se iba con la carabela. Y as\u00ed nos partimos los unos de los otros para nos venir a juntar a este puerto, y por el camino se nos ofrecieron algunos rencuentros con los naturales de la tierra y nos mataron dos espa\u00f1oles y algunas de las indias que tra\u00edamos de nuestro servicio. Llegados a este puerto harto destrozados y desherrados los caballos pero alegres, creyendo hallar al capit\u00e1n y nuestro fardaje y armas que hab\u00edamos enviado en la carabela, no hallamos cosa ninguna, que nos fue harta fatiga por vernos as\u00ed desnudos y sin armas y sin herraje, que todo nos lo hab\u00eda llevado el capit\u00e1n en la carabela. Y estuvimos con harta perplejidad no sabiendo qu\u00e9 nos hacer. En fin acordamos esperar el remedio de vuestra merced porque le ten\u00edamos por muy cierto, y luego asentamos nuestra villa y se tom\u00f3 la posesi\u00f3n de la tierra por vuestra merced en nombre de Su Majestad y as\u00ed se asent\u00f3 por abto, como vuestra merced lo ver\u00e1, ante el escribano del cabildo. Y de ah\u00ed a cinco o seis d\u00edas amanesci\u00f3 en este puerto otra carabela surta bien dos leguas de aqu\u00ed, y luego fue el alguacil en una canoa all\u00e1 a saber qu\u00e9 carabela era y tr\u00e1jonos nueva c\u00f3mo era un bachilller Pero Moreno, vecino de la isla Espa\u00f1ola, que ven\u00eda por mandado de los jueces que en la dicha isla residen a estas partes a entender en ciertas cosas entre Crist\u00f3bal Dolid y Gil Gonz\u00e1lez, y que tra\u00eda muchos bastimentos y armas en aquella carabela y que todo era de Su Majestad. Fuimos todos muy alegres con esta nueva y dimos muchas gracias a Nuestro Se\u00f1or creyendo que \u00e9ramos remediados de nuestra necesidad. Y luego fue all\u00e1 el alcalde y los regidores y algunos de los vecinos para le rogar que nos proveyese y contarle nuestra necesidad, y como all\u00e1 llegaron, p\u00fasose su gente armada en la carabela y no consinti\u00f3 que ninguno entrase dentro, y cuando mucho se acab\u00f3 con \u00e9l fue que entrasen cuatro o cinco y sin armas, y as\u00ed entraron. Y ante todas cosas le dijeron c\u00f3mo estaban aqu\u00ed poblados por vuestra merced en nombre de Su Majestad y que a cabsa de hab\u00e9rsenos ido en una carabela el capit\u00e1n con todo lo que ten\u00edamos est\u00e1bamos con muy gran necesidad as\u00ed de bastimentos, armas y herraje como de vestidos y otras cosas; y que pues Dios le hab\u00eda tra\u00eddo all\u00ed para nuestro remedio y lo que tra\u00edan era de Su Majestad, que le ro g\u00e1bamos y ped\u00edamos nos proveyese, porque en ello se sirvir\u00eda Su Majestad y dem\u00e1s nosotros nos obligar\u00edamos a pagar todo lo que nos diese. Y \u00e9l nos respondi\u00f3 que \u00e9l no venia a proveernos ni nos dar\u00eda cosa de lo que tra\u00eda si no se lo pag\u00e1bamos luego en oro o le di\u00e9semos esclavos de la tierra en precio. Y dos mercaderes que en el navio ven\u00edan y un Gaspar Troche, vecino de la isla de San Juan, le dijeron que nos diese todo lo que le pidi\u00e9semos y que ellos se obligar\u00edan de lo pagar al plazo que quesiese hasta en cinco o seis mill castellanos pues sab\u00eda que eran abonados para lo pagar, y que ellos quer\u00edan hacer esto porque en ello serv\u00edan a Su Majestad y ten\u00edan por cierto que vuestra merced se lo pagar\u00eda dem\u00e1s de agradec\u00e9rselo. Y ni por esto nunca jam\u00e1s quiso darnos la menor cosa del mundo, antes nos dijo que nos fu\u00e9semos con Dios, que \u00e9l se quer\u00eda ir. Y as\u00ed nos ech\u00f3 fuera de la carabela y ech\u00f3 fuera tras nosotros a un Juan Ruano que tra\u00eda consigo, el cual hab\u00eda sido el principal movedor de la traici\u00f3n y llevantamiento de Crist\u00f3bal Dolid. Y \u00e9ste habl\u00f3 secretamente al alcalde y a los regidores y a alguno de nosotros y nos dijo que si hici\u00e9semos lo que \u00e9l nos dijese, que \u00e9l har\u00eda que el bachiller nos diese todo lo que hobi\u00e9semos menester y aun que har\u00eda con los jueces que residen en la Espa\u00f1ola que no pag\u00e1semos nada de lo que \u00e9l nos diese; y que \u00e9l volver\u00eda luego a la Espa\u00f1ola y har\u00eda a los dichos jueces que nos proveyesen de gente, caballos, armas, bastimentos y de todo lo necesario, y que volver\u00eda el dicho bachiller muy presto con todo esto y con poder de los dichos jueces para ser nuestro capit\u00e1n. Y preguntado qu\u00e9 era lo que hab\u00edamos de hacer, dijo que ante todas cosas reponer los oficios reales que ten\u00edan el alcalde y los regidores y tesorero y contador y veedor que hab\u00edan quedado en nombre de vuestra merced y pedir al dicho bachiller que nos diese por capit\u00e1n al dicho Juan Ruano, y que quer\u00ed amos estar por los jueces y no por vuestra merced; y que todos form\u00e1semos este pedimento y jur\u00e1semos de obedecer y tener al dicho Juan Ruano por nuestro capit\u00e1n, y que si alguna gente o mandado de vuestra merced veniese, que no le obdeci\u00e9semos; y que si en algo se pusiesen, que lo resisti\u00e9semos con mano armada. Nosotros le respondimos que aquello no se pod\u00eda hacer porque hab\u00edamos jurado otra cosa, y que nosotros por Su Majestad est\u00e1bamos y por vuestra merced en su nombre como su capit\u00e1n y gobernador, y que no har\u00edamos otra cosa. El dicho Juan Ruano nos torn\u00f3 a decir que determin\u00e1semos de lo hacer o dejarnos mor\u00edr, que de otra manera que el bachiller no nos dar\u00eda ni un jarro de agua, y que supi\u00e9semos cierto que en sabiendo que no lo quer\u00edamos hacer, se ir\u00eda y nos dejar\u00eda as\u00ed perdidos, por eso, que mir\u00e1semos bien en ello. Y as\u00ed nos juntamos, y costre\u00f1idos de nuestra gran necesidad, acordamos de hacer todo lo que \u00e9l quesiese por no morirnos o que los indios no nos matasen, estando como est\u00e1bamos desarmados. Y respondimos al dicho Juan Ruano que nosotros \u00e9ramos contentos de hacer lo que \u00e9l dec\u00eda, y con esto se fue a la carabela. Y salt\u00f3 el dicho bachiller en tierra con mucha gente armada y el dicho Juan Ruano orden\u00f3 el pedimento para que le pedi\u00e9semos por nuestro capit\u00e1n, y todos o los m\u00e1s lo firmamos y le juramos y el alcalde y regidores, tesoreros, contador y veedor dejaron sus oficios. Y quit\u00f3 el nombre a la villa y le puso la villa de la Asenci\u00f3n, e hizo ciertos abtos c\u00f3mo qued\u00e1bamos por los jueces y no por vuestra merced y luego nos dio todo cuanto le pedimos. E hizo hacer una entrada y trujimos cierta gente, los cuales se herraron por esclavos y \u00e9l se los llev\u00f3, y aun no quiso que se pagase dellos quinto a Su Majestad y mand\u00f3 que para los derechos reales no hobiese tesoreros ni contador ni veedor, sino que el dicho Juan Ruano que nos dej\u00f3 por capit\u00e1n lo tomase todo en s\u00ed sin otro libro ni cuenta ni raz\u00f3n. Y as\u00ed se fue, dej\u00e1ndonos por capit\u00e1n al dicho Juan Ruano y dej\u00e1ndole cierta forma de requerimiento que heciese si alguna gente de vuestra merced aqu\u00ed veniese. Y prometi\u00f3nos que muy presto volver\u00eda con mucho poder, que nadie bastase a resistille. Y despu\u00e9s d\u00e9l ido, viendo nosotros que lo hecho no conven\u00eda al servicio de Su Majestad y que era dar cabsa a m\u00e1s esc\u00e1ndalos de los pasados, prendimos al dicho Juan Ruano y lo enviamos a las Islas, y el alcalde y regidores tornaron a usar sus oficios como de primero. Y as\u00ed hemos estado y estamos por vuestra merced en nombre de Su Majestad, y os pedimos, se\u00f1or, que las cosas pasadas con Cr\u00edst\u00f3bal Dolid nos perdon\u00e9is, porque tambi\u00e9n fuimos forzados como estotra vez\u00bb.<br \/>\nYo les respond\u00ed que las cosas pasadas con Crist\u00f3bal Dolid yo se las perdonaba en nombre de Vuestra Majestad, y que en lo que agora hab\u00edan hecho no ten\u00edan culpa pues por necesidad hab\u00edan sido costre\u00f1idos, y que de ah\u00ed adelante no fuesen abtores de semejantes novedades ni esc\u00e1ndalos, porque dello Vuestra Majestad se deservir\u00eda y ellos ser\u00edan castigados por todo. Y porque m\u00e1s cierto creyesen que las cosas pasadas yo olvidaba y que jam\u00e1s tern\u00eda memoria dellas, antes en nombre de Vuestra Majestad los ayudar\u00eda y favorecer\u00eda en lo que pudiese, haciendo ellos lo que deben como leales vasallos de Vuestra Majestad; que yo en su real nombre les confirmaba los oficios de alcald\u00edas y regimientos que Francisco de las Casas en mi nombre como mi teniente les hab\u00eda dado, de que ellos quedaron muy contentos y aun harto sin temor que les ser\u00edan demandadas sus culpas. Y porque me certificaron que aquel bachiller Moreno vern\u00eda muy presto con mucha gente y despachos de aquellos licenciados que residen en la isla Espa\u00f1ola, por entonces no me quise apartar del puerto para entrar la tierra adentro, pero informado de los vecinos, supe de ciertos pueblos de los naturales de la tierra que est\u00e1n a seis y a siete leguas desta villa y dij\u00e9ronme que hab\u00edan habido con ellos ciertos rencuentros yendo a buscar de comer, y que algunos dellos paresc\u00eda que si tuvieran lengua con que se entender con ellos se apaciguar\u00edan, porque por se\u00f1as hab\u00edan conoscido dellos buena voluntad aunque ellos no les hab\u00edan hecho buenas obras, antes salte\u00e1ndoles les hab\u00edan tomado ciertas mujeres y muchachos, las cuales aquel bachiller Moreno hab\u00eda herrado por esclavosy llev\u00e1dolos en su nav\u00edo, de que Dios sabe cu\u00e1nto me peso, porque conosc\u00ed el grand da\u00f1o que de all\u00ed se segu\u00eda. Y en los nav\u00edos que envi\u00e9 a las Islas lo escreb\u00ed a aquellos licenciados y les envi\u00e9 muy larga probanza de todo lo que aquel bachiller en aquella villa hab\u00eda hecho, y con ella una carta de justicia requiri\u00e9ndoles de parte de Vuestra Majestad me enviasen aqu\u00ed aquel bachiller preso y a buen recabdo, y con \u00e9l a todos los naturales desta tierra que hab\u00eda llevado por esclavos, pues hab\u00eda sido hecho contra todo derecho, como ver\u00edan por la probanza que dello les enviaba. No s\u00e9 lo que har\u00e1n sobre ello. Lo que me respondieren har\u00e9 saber a Vuestra Majestad.<br \/>\nPasados dos d\u00edas despu\u00e9s que llegu\u00e9 a este puerto y villa de Trujillo, envi\u00e9 un espa\u00f1ol que entiende la lengua y con \u00e9l tres indios de los naturales de Cul\u00faa a aquellos pueblos que los vecinos me hab\u00edan dicho, e inform\u00e9 bien al espa\u00f1ol e indios de lo que hab\u00edan de decir a los se\u00f1ores y naturales de los dichos pueblos, en especial hacerles saber c\u00f3mo era yo el que era venido a estas partes, porque a cabsa del mucho trabto en muchas dellas tienen de m\u00ed noticia y de las cosas de M\u00e9sico por v\u00eda de mercaderes. Y a los primeros pueblos que fueron fue uno que se dice Champagua y a otro que se dice Papayeca, que est\u00e1n siete leguas desta villa y dos leguas el uno del otro. Son pueblos muy principales, seg\u00fand despu\u00e9s ha parescido, porque el de Papayeca tiene dieciocho pueblos subjetos y el de Champagua diez. Y quiso Nuestro Se\u00f1or, que tiene especial cuidado, seg\u00fand cada d\u00eda vemos por esperiencia, de hacer las cosas de Vuestra Majestad, que oyeron la embajada con mucha atenci\u00f3n y enviaron con estos mensajeros otros suyos para que viesen m\u00e1s por entero si era verdad lo que aqu\u00e9llos les hab\u00edan dicho. Y venidos, yo los resceb\u00ed muy bien y di algunas cosillas y los torn\u00e9 a hablar con la lengua que yo conmigo llev\u00e9, porque la de Cul\u00faa y \u00e9sta es casi una ecepto que difieren en alguna pronunciaci\u00f3n y en algunos vocablos, y les torn\u00e9 a certificar lo que de mi parte se les hab\u00eda dicho, y les dije otras cosas que me paresci\u00f3 que conven\u00edan para su segur\u00eddad y les rogu\u00e9 mucho que di jesen a sus se\u00f1ores que me veniesen a ver, y con esto se despidieron de m\u00ed muy contentos. Y de ah\u00ed a cinco d\u00edas vino de parte de los de Champagua una persona principal que se dice Montamal, se\u00f1or, seg\u00fand paresci\u00f3, de un pueblo de los subjetos a la dicha Champagua que se llama Telica. Y de parte de los de Papayeca vino otro se\u00f1or de otro pueblo su subjeto que se llama Cecoatl y su pueblo Coabata. Y trujeron alg\u00fand bastimento de ma\u00edz y aves y algunas frutas, y dijeron que ellos ven\u00edan de parte de sus se\u00f1ores a que yo les dijese lo que quer\u00eda y la cabsa de mi venida a esta su tierra, que ellos no ven\u00edan a verme porque ten\u00edan mucho temor de que los llevasen en los nav\u00edos como hab\u00edan hecho a cierta gente que los cr\u00edstianos que primero aqu\u00ed venieron les hab\u00edan tomado. Yo les dije c\u00faanto a m\u00ed me hab\u00eda pesado de aquel hecho, pero que fuesen ciertos que de ah\u00ed adelante no les ser\u00eda hecho agravio, antes yo enviar\u00eda a buscar aqu\u00e9llos que les hab\u00edan llevado y se los har\u00eda volver. Plega a Dios que aquellos licenciados no me hagan caer en falta, que gran temor tengo que no me los han de enviar, antes han de tener forma para desculpar al dicho bachiller Moreno que los llev\u00f3, porque no creo yo que \u00e9l hizo por ac\u00e1 cosa que no fuese por instruci\u00f3n dellos y por su mandado.<br \/>\nEn respuesta de lo que aquellos mensajeros me preguntaron cerca de la cabsa de mi ida en aquella tierra tierra les dije que ya yo cre\u00eda que ellos ten\u00edan noticia c\u00f3mo hab\u00eda ocho a\u00f1os que yo hab\u00eda venido a la provincia de Cul\u00faa y c\u00f3mo Mutee\u00e7uma, se\u00f1or que a la saz\u00f3n era de la gran cibdad de Tenuxtit\u00e1n y de toda aquella tierra, informado por m\u00ed c\u00f3mo yo era enviado por Vuestra Majestad, a quien todo el universo es subjecto, para veer y visitar estas partes en el real nombre de Vuestra Exce lencia luego me hab\u00eda rescebido muy bien y reconoscido lo que a vuestra grandeza deb\u00eda y que as\u00ed lo hab\u00edan hecho todos los otros se\u00f1ores de la tierra, y todas las otras cosas que hac\u00edan al caso que all\u00e1 me hab\u00edan acaescido; y que porque yo traje mandado de Vuestra Majestad que viese y visitase toda la tierra sin dejar cosa alguna e hiciese en ella pueblos de cristianos para que les hiciesen entender la orden que hab\u00edan de tener, as\u00ed para la conservaci\u00f3n de sus personas y haciendas como para la salvaci\u00f3n de sus \u00e1nimas; y que \u00e9sta era la cabsa de mi venida, y que fuesen ciertos que della se les hab\u00eda de seguir mucho provecho y ning\u00fand da\u00f1o, y que los que fuesen obedientes a los mandamientos reales de Vuestra Majestad hab\u00edan de ser muy bien tratados y mantenidos en justicia, y los que fuesen rebeldes ser\u00edan castigados, y otras muchas cosas que les dije a este prop\u00f3sito que por no dar a Vuestra Majestad importunidad con larga escriptura y porque no son de mucha calidad no las relato aqu\u00ed.<br \/>\nA estos mensajeros di algunas cosillas que ellos estiman aunque entre nosotros son de poco precio, y fueron muy alegres. Y luego volvieron con bastimentos y gente para talar el sitio del pueblo que era una gran monta\u00f1a, porque yo se lo rogu\u00e9 cuando se fueron. Aunque los se\u00f1ores por entonces no venieron a verme, yo disimul\u00e9 con ellos haciendo que no se me daba nada. Y rogu\u00e9les que enviasen mensajeros a todos los pueblos comarcanos haci\u00e9ndoles saber lo que yo les hab\u00eda dicho y que les rogasen de mi parte que me veniesen a ayudar a hacer este pueblo, y as\u00ed lo hecieron, que en pocos d\u00edas venieron de quince o diecis\u00e9is pueblos, digo, se\u00f1or\u00edos por s\u00ed, y todos con muestra de buena voluntad se ofrescieron por s\u00fabditos y vasallos de Vuestra Majestad y trujeron gente para ayudar a talar el pueblo y bastimentos con que nos mantuvimos hasta que nos vino socorro de los nav\u00edos que yo invi\u00e9 a las Islas.<br \/>\nEn este tiempo despach\u00e9 los tres nav\u00edos y otro que despu\u00e9s vino que asimismo compr\u00e9, y con ellos todos aquellos dolientes que hab\u00edan quedado vivos. El uno fue a los puertos de la Nueva Espa\u00f1a, y escreb\u00ed en \u00e9l largo a los oficiales de Vuestra Majestad que yo dej\u00e9 en mi lugar y a todos los concejos d\u00e1ndoles cuenta de lo que yo por ac\u00e1 hab\u00eda hecho y de la necesidad que hab\u00eda de detenerme yo alg\u00fand tiempo por aquellas partes, y rog\u00e1ndoles y encarg\u00e1ndoles mucho lo que les hab\u00eda quedado a cargo y d\u00e1ndoles mi parecer de algunas cosas que conven\u00eda que se heciesen. Y mand\u00e9 a este nav\u00edo que se viniese por la isla de Co\u00e7umel, que est\u00e1 en el camino, y llevase de all\u00ed ciertos espa\u00f1oles que un Valen\u00e7uela que se hab\u00eda alzado con un nav\u00edo y robado el pueblo que primero fund\u00f3 Crist\u00f3bal Dolid all\u00ed hab\u00eda dejado aislados, que ten\u00eda informaci\u00f3n que eran m\u00e1s de sesenta personas. El otro nav\u00edo que a la postre compr\u00e9 envi\u00e9 a la isla de Cuba a la villa de la Trinidad a que cargase de carne y caballos y gente y se veniese con la m\u00e1s brevedad que fuese posible. El otro envi\u00e9 a la isla de Jamaica a que heciese lo mismo. El carabel\u00f3n o bergant\u00edn que yo hice envi\u00e9 a la isla Espa\u00f1ola, y en \u00e9l un criado m\u00edo con quien escreb\u00ed a Vuestra Majestad y aquellos licenciados que en aquella dicha isla residen. Y seg\u00fand despu\u00e9s paresci\u00f3, ninguno destos nav\u00edos hizo el viaje que llev\u00f3 mandado, porque el que iba a Cuba a la Trinidad aport\u00f3 a Guaniguanico y hubo de ir cincuenta leguas por tierra a la villa de La Habana a buscar carga. Y cuando \u00e9ste vino, que fue el primero, me trujo nueva c\u00f3mo el nav\u00edo que ven\u00eda a la Nueva Espa\u00f1a hab\u00eda tomado la gente de Co\u00e7umel y que despu\u00e9s hab\u00eda dado al trav\u00e9s en la isla de Cuba en la punta que se llama de San Antonio o de Corrientes, y que se hab\u00eda perdido cuanto llevaban y se hab\u00eda ahogado un primo m\u00edo que se dec\u00eda Juan de Avalos que ven\u00eda por capit\u00e1n d\u00e9l y los dos frailes franciscos que hab\u00edan ido conmigo que tambi\u00e9n ven\u00ed an dentro, y treinta y tantas personas otras que me llev\u00f3 por copia; y los que hab\u00edan salido en tierra hab\u00edan andado perdidos por los montes sin saber ad\u00f3nde iban y de hambre se hab\u00edan muerto casi todos, que de ochenta y tantas personas no hab\u00edan quedado vivos sino quince que a dicha aportaron a aquel puerto de Guaniguanico donde estaba surto aquel nav\u00edo m\u00edo, y all\u00ed hab\u00eda una estancia de un vecino de La Habana donde carg\u00f3 mi nav\u00edo porque hab\u00eda muchos bastimentos, y de all\u00ed se remediaron aqu\u00e9llos que quedaron vivos. Dios sabe lo que sent\u00ed en esta p\u00e9rdida, porque dem\u00e1s de perder debdos y criados y muchos coseletes, escopetas y ballestas y otras armas que iban en el dicho nav\u00edo, sent\u00ed m\u00e1s no haber llegado mis despachos, por lo que adelante Vuestra Majestad veer\u00e1.<br \/>\nEl otro nav\u00edo que iba a Jamaica y el que iba a la Espa\u00f1ola aportaron a la Trenidad, y en la isla de Cuba y all\u00ed hallaron al licenciado Alonso de \u00c7ua\u00e7o que yo dej\u00e9 por justicia mayor y por uno de los que dej\u00e9 en la gobernaci\u00f3n en la Nueva Espa\u00f1a, y hallaron un nav\u00edo en el dicho puerto que aquellos licenciados que residen en la isla Espa\u00f1ola enviaban a esta Nueva Espa\u00f1a a se certificar de la nueva que all\u00e1 se dec\u00eda de mi muerte. Y como el nav\u00edo supo de m\u00ed, mud\u00f3 su viaje porque tra\u00eda treinta y dos caballos y algunas cosas de la jineta y otros bastimentos, creyendo venderlos mejor donde yo estaba. Y en este nav\u00edo me escribi\u00f3 el dicho licenciado Alonso de \u00c7ua\u00e7o c\u00f3mo en la Nueva Espa\u00f1a hab\u00eda muy grandes esc\u00e1ndalos y alborotos entre los oficiales de Vuestra Majestad, que hab\u00edan echado fama que yo era muerto y se hab\u00edan pregonado por gobernadores los dos dellos y hecho que los jurasen por tales, y que hab\u00edan prendido al dicho licenciado \u00c7ua\u00e7o y a los otros dos oficiales y a Rodriga de Paz, a quien yo dej\u00e9 mi casa y hacienda, la cual hab\u00edan saqueado, y quitado las justicias que yo dej\u00e9 y puesto otras de su mano, y otras muchas cosas que por ser largas y porque inv\u00edo la misma carta original a Vuestra Majestad donde las mandar\u00e1 ver no las expreso aqu\u00ed.<br \/>\nYa puede Vuestra Majestad considerar lo que yo sent\u00ed destas nuevas, en especial el pago que aqu\u00e9llos daban a mis servicios d\u00e1ndome por galard\u00f3n saquearme la casa, aunque fuera verdad que era muerto. Porque aunque quieran decir o dar por color que yo deb\u00eda a Vuestra Majestad sesenta y tantos mill pesos de oro no inoran ellos que no los debo, antes se me deben m\u00e1s de ciento y cincuenta mill otros que he gastado, y no malgastado, en servicio de Vuestra Majestad. Luego pens\u00e9 en el remedio, y paresci\u00f3me por una parte que yo deb\u00eda meterme en aquel nav\u00edo y remediarlo y castigar tan grande atrevimiento, porque ya por ac\u00e1 todos piensan, en vi\u00e9ndose absentes con un cargo, que si no hacen befa no portan penacho, que tambi\u00e9n otro capit\u00e1n que el gobernador Pedrarias invi\u00f3 all\u00ed a Nicaragua est\u00e1 tambi\u00e9n alzado de su obediencia, como adelante dar\u00e9 a Vuestra Excelencia m\u00e1s larga cuenta desto. Por otra parte dol\u00edame en el \u00e1nima dejar aquella tierra en el estado y coyuntura que la dejaba, porque era perderse totalmente y tengo por muy cierto que en ella Vuestra Majestad ha de ser muy servido y que ha de ser otra Cul\u00faa, porque tengo noticia de muy grandes y ricas provincias y de grandes se\u00f1ores en ellas de mucha manera y servicio, en especial de una que llaman Hueytapalan y en otra lengua Xucutaco que ha seis a\u00f1os que tengo noticia della y por todo este camino he venido en su rastro y agora tengo por nueva muy cierta que est\u00e1 ocho o diez jornadas de aquella villa de Trujillo, que pueden ser cincuenta o sesenta leguas. Y d\u00e9sta hay tan grandes nuevas que es cosa de admiraci\u00f3n lo que della se dice, que aunque falten los dos tercios, hace mucha ventaja a la de M\u00e9ssico en riqueza e igu\u00e1lala en grandeza de pueblos y multitud de gente y polic\u00eda della. Estando en esta perplejidad, consider\u00e9 que ninguna cosa puede ser bien hecha ni guiada si no es por mano del Hacedor y Movedor de todas, e hice decir misas y hacer procesiones y otros sacrificios, suplicando a Dios me encaminase en aquello de que El m\u00e1s se sirviese. Y despu\u00e9s de hecho esto por algunos d\u00edas, paresci\u00f3me que todav\u00eda deb\u00eda posponer todas las cosas e ir a remediar aquellos da\u00f1os. Y dej\u00e9 en aquella villa hasta treinta y cinco de caballo y cincuenta peones y con ellos por mi lugarteniente a un primo m\u00edo que se dice Hernando de Saavedra, hermano de Juan de Avalos que muri\u00f3 en la nao que ven\u00eda a esta ciudad, y despu\u00e9s de dejarle instruci\u00f3n y la mejor orden que yo pude de lo que hab\u00eda de hacer y despu\u00e9s de haber hablado a algunos de los se\u00f1ores naturales desta tierra que ya hab\u00edan venido a verme, me embarqu\u00e9 en el dicho nav\u00edo con los criados de mi casa. Y envi\u00e9 a mandar a la gente que estaba en Naco que se fuesen por tierra por el camino que fue Francisco de las Casas, que es por la costa del sur, a salir adonde est\u00e1 Pedro de Alvarado, porque ya estaba el camino muy sabido y seguro y era gente harta para pasar por donde quisiera, y envi\u00e9 tambi\u00e9n a la otra villa de la Natividad de Nuestra Se\u00f1ora instruci\u00f3n de lo que hab\u00edan de hacer. Y embarcado con buen tiempo, teniendo ya la postrera ancla a pique, calm\u00f3 el tiem po, de manera que no pude salir. Y otro d\u00eda por la ma\u00f1ana fu\u00e9me nueva al nav\u00edo que entre la gente que dejaba en aquella villa hab\u00eda ciertas murmuraciones de que se esperaban esc\u00e1ndalos siendo yo absente, y por esto y porque no hac\u00eda tiempo para navegar torn\u00e9 a saltar tierra y hobe mi informaci\u00f3n, y con castigar a algunos movedores qued\u00f3 todo muy pac\u00edfico. Estuve dos d\u00edas en tierra, que no hubo tiempo para salir del puerto, y al tercero d\u00eda vino muy buen tiempo y tom\u00e9me a embarcar e h\u00edceme a la vela, y yendo dos leguas de donde part\u00ed, que doblaba ya una punta que el puerto hace muy larga, quebr\u00f3seme la entena mayor y fue forzado volver al puerto a aderezarla. Estuve otros tres d\u00edas aderez\u00e1ndola, y part\u00edme con muy buen tiempo otra vez y anduve con \u00e9l dos noches y un d\u00eda. Y habiendo andado cincuenta leguas y m\u00e1s di\u00f3nos tan recio tiempo de norte muy contrario que nos quebr\u00f3 el m\u00e1stel del trinquete por los tamboretes y fue forzado con harto trabajo volver al puerto, donde llegados, dimos todos muchas gracias a Dios porque pens\u00e1bamos perdernos. Y yo y toda la gente venimos tan maltrabtados de la mar que nos fue necesario tomar alg\u00fand reposo, y en tanto que el nav\u00edo se aderezaba sal\u00ed en tierra con toda la gente. Y viendo que habiendo salido tres veces a la mar con buen tiempo me hab\u00eda vuelto, pens\u00e9 que no era Dios servido que esta tierra se dejase as\u00ed, y aun pens\u00e9lo porque algunos de los indios que hab\u00edan quedado de paz estaban algo alborotados. Y torn\u00e9 de nuevo a encomendarlo a Dios y hacer procesiones y decir misas, y asent\u00f3seme que con enviar yo aquel nav\u00edo en que yo habia de venir a la Nueva Espa\u00f1a y en \u00e9l mi poder para Francisco de las Casas, mi primo, y escrebir a los concejos y a los oficiales de Vuestra Majestad reprehendi\u00e9ndoles su yerro y enviando algunas personas principales de los indios que conmigo venieron para que los que ac\u00e1 quedaron creyesen que no era yo muerto, como ac\u00e1 se hab\u00eda publicado, se apaciguar\u00eda todo y yo dar\u00eda fin a lo que all\u00e1 ten\u00eda comenzado. Y as\u00ed lo prove\u00ed, aun que no prove\u00ed muchas cosas que proveyera si supiera a esta saz\u00f3n la p\u00e9rdida del nav\u00edo que hab\u00eda inviado primero, y dej\u00e9lo porque en \u00e9l lo hab\u00eda prove\u00eddo todo muy cumplidamente y ten\u00eda por cierto que ya estaba all\u00e1 muchos d\u00edas hab\u00eda, en especial el despacho de los nav\u00edos de la Mar del Sur que hab\u00eda despachado en aquel nav\u00edo como conven\u00eda.<br \/>\nDespu\u00e9s de haber despachado este nav\u00edo para esta Nueva Espa\u00f1a, porque yo qued\u00e9 muy malo de la mar &#8211; y hasta agora lo estoy &#8211; no pude entrar la tierra adentro y tambi\u00e9n por esperar a los nav\u00edos que hab\u00edan de venir de las Islas y proveer otras cosas que conven\u00edan, envi\u00e9 el teniente que all\u00ed dejaba con treinta de caballo y otros tantos peones que entrasen la tierra adentro. Y fueron hasta treinta y cinco leguas de aquella villa por un muy hermoso valle poblado de muchos y muy grandes pueblos abundoso de todas las cosas que en la tierra hay, muy aparejado para criar en toda la tierra todo g\u00e9nero de ganado y plantas todas y cualesquier plantas de nuestra naci\u00f3n. Y sin haber rencuentro con los naturales de la tierra sino habl\u00e1ndoles con la lengua y con los naturales de la tierra que ya ten\u00edamos por amigos, los atrajeron todos de paz. Y venieron ante m\u00ed m\u00e1s de veinte se\u00f1ores de pueblos principales y con muestra de buena voluntad se ofrescieron por s\u00fabditos de Vuestra Alteza prometiendo de ser obedientes a sus reales mandamientos, y ans\u00ed lo han hecho y hacen hasta agora, que despu\u00e9s ac\u00e1 hasta que yo me part\u00ed nunca hab\u00eda faltado gente dellos en mi compa\u00f1\u00eda, y casi cada d\u00eda iban unos y ven\u00edan otros y tra\u00edan bastimentos y serv\u00edan en todo lo que se les mandaba. Plegue a Nuestro Se\u00f1or de lo conservar as\u00ed y llegar al fin que Vuestra Majestad desea y yo as\u00ed tengo por fee que ser\u00e1, porque de tan buen principio no se puede esperar mal fin si no es por culpa de los que tenemos el cargo.<br \/>\n[Los de] la provincia de Papayeca y la de Chapagua, que dije que fueron las primeras que se ofrecieron al servicio de Vuestra Majestad y por nuestros amigos, fueron los que cuando yo me embarqu\u00e9 hall\u00e9 alborotados. Y como yo me volv\u00ed, tovieron alg\u00fand temor, y envi\u00e9les mensajeros asegur\u00e1ndolos. Y algunos de los de Champagua venieron, aunque no los se\u00f1ores, y siempre tuvieron despoblados sus pueblos de mujeres e hijos y haciendas, y aunque en ellos hab\u00eda algunos hombres que ven\u00edan aqu\u00ed a servir. H\u00edceles muchos requerimientos sobre que se veniesen a sus pueblos y jam\u00e1s quesieron, deciendo hoy mas ma\u00f1ana. Y tuve manera como hobe a las manos los se\u00f1ores, que son tres, que el uno se llama Chicohuytl, y el otro Foto y el otro Mendoreto. Y habidos, prend\u00edlos y diles cierto t\u00e9rmino dentro del cual les mand\u00e9 que poblasen sus pueblos y no estuviesen en las sierras, con apercebimiento que no lo haciendo, serian castigados como rebeldes. Y as\u00ed los poblaron y yo los solt\u00e9, y est\u00e1n muy pac\u00edficos y seguros y sirven muy bien.<br \/>\nLos de Papayeca jam\u00e1s quesieron parescer, en especial los se\u00f1ores, y toda la gente ten\u00edan en los montes consigo, despoblados sus pueblos. Y puesto que muchas veces fueron requeridos jam\u00e1s quesieron ser obedientes, envi\u00e9 all\u00e1 una capitan\u00eda de gente de caballo y de pie y muchos de los indios amigos naturales de aquella tierra, y saltearon una noche al uno de los se\u00f1ores &#8211; que son dos &#8211; que se llama Pi\u00e7acura y prendi\u00e9ronle. Y preguntado porqu\u00e9 hab\u00eda sido malo y no queria ser obediente, dijo que \u00e9l ya se hobiera venido, sino que el otro su compa\u00f1e Ro, e se llamaba Ma\u00e7atel, era m\u00e1s parte con la comunidad y que \u00e9ste no consent\u00eda; pero que le soltasen a \u00e9l, que \u00e9l trabajar\u00eda de espialle para que le prendiesen, y que si le ahorcasen, que luego la gente estar\u00eda pac\u00edfica y se vern\u00edan todos a sus pueblos, porque \u00e9l los recoger\u00eda no teniendo contradici\u00f3n. Y as\u00ed le soltaron, y fue cabsa de mayor da\u00f1o, seg\u00fand ha parescido despu\u00e9s. Ciertos indios nuestros amigos de los naturales de aquella tierra espiaron al dicho Ma\u00e7atel y guiaron a ciertos espa\u00f1oles donde estaba y fue preso. Notific\u00e1ronle lo que su compa\u00f1ero Pi\u00e7acura hab\u00eda dicho d\u00e9l y mand\u00f3sele que dentro de cierto t\u00e9rmino trajese la gente a poblar en sus pueblos y no estuviesen por las sierras. Jam\u00e1s se pudo acabar con \u00e9l. H\u00edzose contra \u00e9l proceso y sentenci\u00f3se a muerte, la cual se ejecut\u00f3 en su persona. Ha sido gran enxemplo para los dem\u00e1s, porque luego algunos pueblos que estaban algo as\u00ed llevantados se venieron a sus casas, y no hay pueblo que no est\u00e9 muy seguro con sus hijos y mujeres y haciendas ecepto \u00e9ste de Papayeca que jam\u00e1s se ha querido asegurar. Despu\u00e9s que se solt\u00f3 aquel Pi\u00e7acura se hizo proceso contra ellos e h\u00edzoseles guerra y prendi\u00e9ronse hasta cien personas que se dieron por esclavos, y entre ellos se prendi\u00f3 el Pi\u00e7acura, el cual no quise sentenciar a muerte puesto que por el proceso que contra \u00e9l estaba hecho se pudiera hacer, antes le traje conmigo a esta cibdad con otros dos se\u00f1ores de otros pueblos que tambi\u00e9n hab\u00edan andado algo llevantados, con intenci\u00f3n que viesen las cosas desta Nueva Espa\u00f1a y tomarlos a enviar para que all\u00e1 notificasen la manera que se ten\u00eda con los naturales de ac\u00e1 y c\u00f3mo serv\u00edan, para que ellos lo heciesen ans\u00ed. Y este Pi\u00e7acura muri\u00f3 de enfermedad, y los dos est\u00e1n buenos y los inviar\u00e9, habiendo oportunidad. Con la pr\u00edsi\u00f3n d\u00e9ste y de otro mancebo que paresci\u00f3 ser el se\u00f1or natural y con el castigo de haber hecho esclavos aquellas ciento y tantas personas que se prendieron se asegur\u00f3 toda esta provincia, y cuan do yo de all\u00e1 part\u00ed quedaban todos los pueblos della poblados y muy seguros y repartidos en los espa\u00f1oles, y sirv\u00edan de muy buena voluntad al parescer.<br \/>\nA esta saz\u00f3n lleg\u00f3 a aquella villa de Trujillo un capit\u00e1n con hasta veinte hombres de los que yo hab\u00eda dejado en Naco con Gon\u00e7alo de Sandoval y de los de la compa\u00f1\u00eda de Francisco Hern\u00e1ndez, capit\u00e1n que Pedrarias D\u00e1vila, gobernador de Vuestra Majestad, invi\u00f3 a la provincia de Nicaragua, de los cuales supe c\u00f3mo al dicho pueblo de Naco hab\u00eda llegado un capit\u00e1n del dicho Francisco Hern\u00e1ndez con hasta cuarenta hombres de pie y de caballo que ven\u00eda a aquel puerto de la bah\u00eda de Sant Andr\u00e9s a buscar al bachiller Pedro Moreno que los jueces que residen en la isla Espa\u00f1ola hab\u00edan enviado a aquellas partes, como ya tengo hecha relaci\u00f3n a Vuestra Majestad. El cual, seg\u00fand paresce, hab\u00eda escripto al dicho Francisco Hern\u00e1ndez para que se rebelase de la obediencia de su gobernador como hab\u00eda hecho a la gente que dejaron Gil Gon\u00e7\u00e1lez y Francisco de las Casas, y ven\u00eda aquel capit\u00e1n a le hablar de parte del dicho Francisco Hern\u00e1ndez para se concertar con \u00e9l para se quitar de la obediencia de su gobernador y darla a los dichos jueces que en la dicha isla Espa\u00f1ola residen, seg\u00fand paresci\u00f3 por ciertas cartas que tra\u00edan. Y luego los tom\u00e9 a despachar, y con ellos escreb\u00ed al dicho Francisco Hern\u00e1ndez y a toda la gente que con \u00e9l estaba en general y particularmente a algunos de los capitanes de su compa\u00f1\u00eda que yo conosc\u00eda, reprehendi\u00e9ndoles la fealdad que en aquello hac\u00edan y c\u00f3mo aquel bachiller los hab\u00eda enga\u00f1ado, y certific\u00e1ndoles c\u00faanto dello ser\u00eda Vuestra Majestad deservido y otras cosas que me paresci\u00f3 conven\u00eda escrebirles para los apartar de aquel camino errado que llevaban. Y porque algunas de las cabsas que daban para abonar su prop\u00f3sito eran decir que estaban tan lejos de donde el dicho Pedrarias D\u00e1vila estaba que para ser prove\u00eddos de las cosas necesarias receb\u00edan mucho trabajo y costa y aun no pod\u00edan ser prove\u00eddos y siempre estaban con mucha necesidad de las cosas y provisiones de Espa\u00f1a y que por aquellos puertos que yo ten\u00eda poblados en nombre de Vuestra Majestad lo pod\u00edan ser m\u00e1s f\u00e1cilmente, y que el dicho bachiller les hab\u00eda escripto que \u00e9l dejaba toda aquella tierra poblada por los dichos jueces y hab\u00eda de volver luego con mucha gente y bastimentos, les escreb\u00ed que yo deja r\u00eda mandado en aquellos pueblos que se les diesen todas las cosas que hobiesen menester por que all\u00ed inviasen y que tuviese con ellos toda la contrataci\u00f3n y buena amistad, pues los unos y los otros \u00e9ramos y somos vasallos de Vuestra Majestad y est\u00e1bamos en su real servicio, y que esto se hab\u00edan de entender estando ellos en obediencia de su gobernador como eran obligados y no de otra manera. Y porque me dijeron que de la cosa que al presente m\u00e1s necesidad ten\u00edan era de herraje para los caballos y de herramientas para buscar minas, les di dos ac\u00e9milas m\u00edas cargadas de herraje y herramientas y los invi\u00e9. Y despu\u00e9s que llegaron adonde estaba Gon\u00e7alo de Sandoval, les dio otras dos ac\u00e9milas m\u00edas cargadas tambi\u00e9n de herraje que yo all\u00ed ten\u00eda.<br \/>\nY despu\u00e9s de partidos \u00e9stos, venieron a m\u00ed ciertos naturales de la provincia de Huilancho, que es sesenta y cinco leguas de aquella villa de Trujillo, de quien d\u00edas hab\u00eda que yo ten\u00eda mensajeros y se hab\u00edan ofrescido por vasallos de Vuestra Majestad. Y me hecieron saber c\u00f3mo a su tierra hab\u00edan llegado veinte de caballo y cuarenta peones con muchos indios de otras provincias que tra\u00edan por amigos de los cuales hab\u00edan rescebido y resceb\u00edan mucho agravio y da\u00f1os tom\u00e1ndoles sus mujeres e hijos y haciendas, y que me rogaban los remediase pues ellos se hab\u00edan ofrescido por mis amigos y yo les hab\u00eda prometido que los amparar\u00eda y defender\u00eda de quien mal les hiciese. Y luego me invi\u00f3 Hernando de Sayavedra, mi primo, a quien yo dej\u00e9 por teniente en aquellas partes, que estaba a la saz\u00f3n pacificando aquella provincia de Papayeca, dos hombres de aquella gente de que los indios se venieron a quejar, que ven\u00edan por mandado de su capit\u00e1n en busca de aquel pueblo de Trujillo porque los indios le dijeron que estaba cerca y que pod\u00edan venir sin temor porque la tierra estaba de paz. Y d\u00e9stos supe que aquella gente era de la del dicho Francisco Hern\u00e1ndez y que ven\u00edan en busca de aquel puerto y que ven\u00eda por su capit\u00e1n un Gabriel de Rojas. Luego despach\u00e9 con estos dos hombres y con los indios que se hab\u00edan venido a quejar un alguacil con un mandamiento m\u00edo para el dicho Gabriel de Rojas para que luego saliese de la dicha provincia y volviese a los naturales todos los indios e indias y otras cosas que les hobiese tomado. Y dem\u00e1s desto le escreb\u00ed una carta para que si alguna cosa hobiere menester me lo hiciese saber porque se le proveer\u00eda de muy buena voluntad si yo la toviese, el cual, visto mi mandamiento y carta, lo hizo luego. Y los naturales de la dicha provincia quedaron muy contentos, aunque despu\u00e9s me tornaron a decir los dichos indios que venido el alguacil que yo invi\u00e9, les hab\u00edan llevado algunos. Con este capit\u00e1n torn\u00e9 otra vez a escrebir al dicho Francisco Hern\u00e1ndez ofresci\u00e9ndole todo lo que yo all\u00ed toviese de que \u00e9l y su gente toviesen necesidad, porque dello cre\u00ed Vuestra Majestad era muy servido, y encarg\u00e1ndole todav\u00eda la obediencia de su gobernador. No s\u00e9 lo que despu\u00e9s ac\u00e1 ha subcedido, aunque supe del alguacil que yo invi\u00e9 y de los que con \u00e9l fueron que estando todos juntos le hab\u00eda llegado una carta al dicho Gabriel de Rojas de Francisco Hern\u00e1ndez, su capit\u00e1n, en que le rogaba que a mucha priesa se fuese a juntar con \u00e9l porque entre la gente que con \u00e9l hab\u00eda quedado hab\u00eda mucha discordia y se le hab\u00edan alzado dos capitanes, el uno que se dec\u00eda Soto y el otro Andr\u00e9s Garabito, los cuales diz que se le hab\u00edan alzado porque supieron la mudanza que \u00e9l quer\u00eda hacer contra su gobernador. Ello quedaba ya de manera que no puede ser sino que resulte mucho da\u00f1o as\u00ed en los espa\u00f1oles como en los naturales de la tierra, de donde Vuestra Majestad puede considerar el da\u00f1o que se sigue destos bullicios y c\u00faanta necesidad hay de castigo en los que los mueven y cabsan. Yo quise luego ir a Nicaragua, creyendo poner en ello alg\u00fand remedio porque Vuestra Majestad fuera muy servido si se podiera hacer, y est\u00e1ndolo aderezando y aun abriendo ya el camino de un puerto que hay algo \u00e1spero, lleg\u00f3 al puerto de aquella villa de Trujillo el nav\u00edo que yo hab\u00eda enviado a esta Nueva Espa\u00f1a y en \u00e9l un primo m\u00edo fraile de la orden de San Francisco que se dice fray Diego Altamirano, de quien supe y de las cartas que me llev\u00f3 los muchos desasosiegos, esc\u00e1ndalos y alborotos que entre los oficiales de Vuestra Majestad que yo hab\u00eda dejado en mi lugar se hab\u00edan ofrescido y a\u00fan hab\u00eda, y la mucha necesidad que hab\u00eda de venir yo a los remediar. Y a esta causa ces\u00f3 mi ida a Nicaragua y mi vuelta por la costa del sur, donde creo Dios Nuestro Se\u00f1or y Vuestra Majestad fueran muy servidos a causa de las muchas y grandes provincias que en el camino hay, que puesto que algunas dellas est\u00e1n de paz, quedaran m\u00e1s refirmadas en el servicio de Vuestra Majestad con mi ida por ellas, mayormente aqu\u00e9llas de Utlatan y Guatemala donde siempre ha residido Pedro de Alvarado, que despu\u00e9s que se rebelaron por cierto mal trabtamiento jam\u00e1s se han apaciguado, antes han hecho y hacen mucho da\u00f1o en los espa\u00f1oles que all\u00ed est\u00e1n y en los amigos sus comarcanos, porque es la tierra \u00e1spera y de mucha gente y muy bellicosa y ardid en la guerra y han inventado muchos g\u00e9neros de defensas y ofensas haciendo hoyos y otros muchos ingenios para matar los caballos donde han muerto muchos, de tal manera que aunque siempre el dicho Pedro de Alvarado les ha hecho y hace guerra con m\u00e1s de docientos de caballo y quinientos peones y m\u00e1s de cinco mill indios amigos y aun de diez algunas veces, nunca ha podido ni puede atraerlos al servicio de Vuestra Majestad, antes de cada dia se fortalecen m\u00e1s y se reforman de gentes que a ellos se llegan. Y creo yo, siendo Nuestro Se\u00f1or servido, que si yo por all\u00ed veniera, que por amor o por otra manera los atrajera a lo bueno, porque algunas provincias que se rebelaron por los malos tratamientos que en mi absencia rescebieron, y fueron contra ellos m\u00e1s de ciento y tantos de caballo y trecientos peones y por capit\u00e1n el veedor que en aquel tiempo gobernaba y mucha artiller\u00eda y mucho n\u00famero de indios amigos, no podieron con ellos, antes les mataron diez o doce hombres espa\u00f1oles y muchos indios y se qued\u00f3 como antes. Y venido yo, con un mensajero que les invi\u00e9 donde supieron mi venida, sin ninguna dilaci\u00f3n venieron a mi las personas principales de aquella provincia que se dice Coatlan y me dijeron la cabsa de su alzamiento que fue harto justa, porque el que los ten\u00eda encomendados hab\u00eda quemado ocho se\u00f1ores pr\u00edncipales que los cinco murieron luego y los otros dende a pocos d\u00edas, y puesto que pedieron justicia no les fue hecha. Y yo los consol\u00e9 de manera que fueron contentos, y est\u00e1n hoy pac\u00edficos y sirven como antes que yo me fuese sin guerra ni riesgo alguno, y ans\u00ed creo que hecieran los otros si yo por all\u00ed veniera, porque tambi\u00e9n otros pueblos que estaban desta condici\u00f3n en la provincia de Coa\u00e7acoalco, en sabiendo mi venida a la tierra sin yo les enviar mensajeros se apaciguaron.<br \/>\nYa, Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, hice a Vuestra Majestad relaci\u00f3n de ciertas isletas que est\u00e1n frontero de aquel puerto de Honduras que llaman los Guanaxos, que algunas dellas est\u00e1n despobladas a causa de las armadas que han hecho de las Islas y llevado muchos naturales dellas por esclavos. Y en alguna dellas hab\u00eda quedado alguna gente, y supe que de la isla de Cuba y de la de Jamaica nuevamente hab\u00edan armado para ellas para las acabar de asolar y destruir, y para remedio invi\u00e9 una carabela que buscase por las dichas islas el armada y les requiriese de parte de Vuestra Majestad que no entrasen en ellas ni heciesen da\u00f1o a los naturales porque yo pensaba apaciguarlos y traerlos al servicio de Vuestra Majestad, porque por medio de algunos que se hab\u00edan pasado a vivir a la tierra firme yo ten\u00eda inteligencia con ellos. La cual dicha carabela top\u00f3 en una de las dichas islas que se dice Huitila otra de las de la dicha armada de que era capit\u00e1n un Rodrigo de Merlo, y el capit\u00e1n de mi carabela le atrajo con la suya y con toda la gente que hab\u00eda tomado en aquellas islas all\u00ed donde yo estaba. La cual dicha gente yo luego hice llevar a las islas donde los hab\u00edan tomado, y no proced\u00ed contra el capit\u00e1n porque mostr\u00f3 licencia para ello del gobernador de la isla de Cuba, por virtud de la que ellos tienen de los jueces que residen en la isla Espa\u00f1ola, y as\u00ed los invi\u00e9 sin que rescebiesen otro da\u00f1o m\u00e1s de tomarles la gente que hab\u00edan tomado de las dichas islas. Y el capit\u00e1n y los m\u00e1s de los que ven\u00edan en su compa\u00f1\u00eda se quedaron por vecinos en aquellas villas, paresci\u00e9ndoles bien la tierra.<br \/>\nConosciendo los se\u00f1ores de aquellas islas la buena obra que de m\u00ed hab\u00edan rescebido e informados de los que en la tierra firme estaban del buen tratamiento que se les hac\u00eda, venieron a m\u00ed a me dar las gracias de aquel beneficio y se ofrescieron por s\u00fabditos y vasallos de Vuestra Majestad y pedieron que les mandase en que sirviesen. Y yo les mand\u00e9 en nombre de Vuestra Majestad que al presente en sus tierras heciesen muchas labranzas, porque en la verdad ellos no pueden servir de otra cosa. Y as\u00ed se fueron, y llevaron para cada isla un mandamiento m\u00edo para que notificasen a las personas que por all\u00ed veniesen por donde les asegur\u00e9 en nombre de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad que no rescebir\u00edan da\u00f1o. Y pedi\u00e9ronme que les diese un espa\u00f1ol que estoviese en cada isla con ellos, y por la brevedad de mi partida no se pudo proveer, pero dej\u00e9 mandado al teniente Hemando de Saavedra que lo proveyese.<br \/>\nLuego me met\u00ed en aquel nav\u00edo que me trajo las nuevas de las cosas desta tierra, y en \u00e9l y en otros dos que yo all\u00ed ten\u00eda se meti\u00f3 alguna gente de los que hab\u00eda llevado en mi compa\u00f1\u00eda, que fueron hasta veinte personas con nuestros caballos, porque los m\u00e1s dellos quedaron por vecinos en aquellas villas y los otros estaban esper\u00e1ndome en el camino creyendo que hab\u00eda de ir por tierra, a los cuales envi\u00e9 a mandar que se veniesen ellos, deci\u00e9ndoles mi partida y la cabsa della. Hasta agora no son llegados, pero tengo nueva c\u00f3mo vienen.<br \/>\nDada orden en aquellas villas que en nombre de Vuestra Majestad dej\u00e9 pobladas, con harto dolor y pena de no poder acabar de dejarlas tal cual yo pensaba y conven\u00eda, a veinte y cinco d\u00edas del mes de abril de mill y quinientos y veinte y seis a\u00f1os hice mi camino por la mar con aquellos tres nav\u00edos, y traje tan buen tiempo que en cuatro d\u00edas llegu\u00e9 hasta ciento y cincuenta leguas del puerto de Chalchicueca. Y de all\u00ed me dio un vendaval muy recio que no me dej\u00f3 pasar adelante, y creyendo que amansaria, me tuve a la mar un d\u00eda y una noche. Y fue tanto el tiempo que me deshac\u00eda los nav\u00edos y fue forzado arribar a la isla de Cuba, y en seis d\u00edas tom\u00e9 el puerto de La Habana donde salt\u00e9 en tierra y me holgu\u00e9 con los vecinos de aquel pueblo, porque hab\u00eda entre ellos muchos mis amigos del tiempo que yo viv\u00ed en aquella isla. Y porque los nav\u00edos que llevaba rescebieron alg\u00fand detrimento del tiempo que nos tom\u00f3en la mar fue nescesario recorrerlos, y a esta cabsa me detuve all\u00ed diez d\u00edas. Y aun por abreviar mi camino compr\u00e9 una nao que hall\u00e9 en el dicho puerto dando carena y dej\u00e9 all\u00ed el en que yo iba porque hac\u00eda mucha agua. Luego otro d\u00eda como llegu\u00e9 a aquel puerto, entr\u00f3 en \u00e9l un nav\u00edo que iba desta Nueva Espa\u00f1a, y al segundo d\u00eda entr\u00f3 otro y al tercero d\u00eda otro, de los cuales supe c\u00f3mo la tierra estaba muy pac\u00edfica y segura y en toda tranquilidad y sosiego despu\u00e9s de la prisi\u00f3n del factor y veedor, aunque me dijeron que hab\u00eda habido algunos bollicios y que se hab\u00edan castigado los movedores dellos, de que folgu\u00e9 mucho, porque hab\u00eda rescebido mucha pena de la vuelta del camino temiendo alg\u00fand desasosiego. Y de all\u00ed escreb\u00ed a Vuestra Majestad, aunque breve, y me part\u00ed a diez y seis d\u00edas del mes de mayo y traje conmigo fasta treinta personas de los naturales desta tierra que llevaban aquellos nav\u00edos que de ac\u00e1 fueron ascondidamente, y en ocho d\u00edas llegu\u00e9 al puerto de Chalchicueca y no pude entrar en el puerto a causa de mudarse el tiempo. Y surg\u00ed dos leguas d\u00e9l ya casi noche, y con un bergant\u00edn que top\u00e9 perdido por la mar y en la barca de mi nav\u00edo sal\u00ed aquella noche a tierra y fui a pie a la villa de Medell\u00edn, que est\u00e1 cuatro leguas de donde yo desembarqu\u00e9, sin ser sentido de nadie de los del pueblo, y fui a la iglesia a dar gracias a Nuestro Se\u00f1or. Y luego fue sabido y los vecinos se regocijaron conmigo y yo con ellos. Aquella noche despach\u00e9 mensajeros ans\u00ed a esta ciudad como a todas las villas de la tierra haci\u00e9ndoles saber mi venida y proveyendo algunas cosas que me paresci\u00f3 conven\u00edan al servicio de Vuestra Sacra Majestad y al bien de la tierra. Y por descansar del trabajo del camino estuve en aquella villa once d\u00edas, donde me vinieron a ver muchos se\u00f1ores de pueblos y otras personas de los naturales de los destas partes que mostraron holgarse con mi venida. Y de ah\u00ed me part\u00ed para esta ciudad, y estuve en el camino quince d\u00edas y por todo \u00e9l fui visitado de muchas gentes de los naturales, que hartos dellos ven\u00edan de m\u00e1s de ochenta leguas porque todos ten\u00edan sus mensajeros por postas para saber de mi venida, como ya la esperaban. Y ans\u00ed vinieron en poco tiempo muchos y de muchas partes y de muy lejos a verme, los cuales todos lloraban conmigo y me dec\u00edan palabras tan vivas y lastimeras, cont\u00e1ndome sus trabajos que en mi ausencia hab\u00edan padescido por los malos tratamientos que les hab\u00edan fecho, que quebraban el coraz\u00f3n a todos los que los o\u00edan. Y aunque de todas las cosas que me dijeron ser\u00eda dificultoso dar a Vuestra Majestad copia, pero algunas harto dignas de notar pudiera escrebir, que dejo por ser de ore proprio. Llegado a esta ciudad, los vecinos espa\u00f1oles y naturales della y de toda la tierra que aqu\u00ed se juntaron me rescibieron con tanta alegr\u00eda y regocijo como si yo fuera su propio padre, y el tesorero y contador de Vuestra Majestad salieron a me rescebir con mucha gente de pie y de caballo en ordenanza mostrando la misma voluntad que todos. Y ans\u00ed me fui derecho a la casa y monesterio de San Francisco a dar gracias a Nuestro Se\u00f1or por me haber sacado de tantos y tan grandes peligros y trabajos y haberme tra\u00eddo a tanto sosiego y descanso, y por ver la tierra que tan en tiran\u00eda estaba puesta en tanto sosiego y conformidad. Y all\u00ed estuve seis d\u00edas con los frailes hasta dar cuenta a Dios de mis culpas.<br \/>\nY dos d\u00edas antes que de all\u00ed saliese me lleg\u00f3 un mensajero de la villa de Medell\u00edn que me hizo saber que al puerto hab\u00edan llegados ciertos nav\u00edos, y que se dec\u00eda que en ellos ven\u00eda un pesquesidor o juez por mandado de Vuestra Majestad y que no sab\u00edan otra cosa. Y yo cre\u00ed que deb\u00eda ser que sabiendo Vuestra Ces\u00e1rea Majestad los desasosiegos y comunidad en que los oficiales de Vuestra Alteza a quien yo dej\u00e9 la tierra la hab\u00edan puesto y no siendo cierta de mi venida a ella, hab\u00eda mandado proveer sobre este caso, de que Dios sabe c\u00faanto holgu\u00e9 porque ten\u00eda yo mucha pena de ser juez desta causa, porque como injuriado y destruido por estos tiranos me paresc\u00eda que cualquiera cosa que en ello proveyese podr\u00eda ser juzgada por los malos a pasi\u00f3n, que es la cosa que m\u00e1s aborresco, puesto que seg\u00fan sus obras no pudiera yo ser con ellos tan apasionado que no sobrara a todo mucho merescimiento en sus culpas. Y con esta nueva despach\u00e9 a mucha priesa un mensajero al puerto a saber lo cierto y envi\u00e9 a mandar al teniente y justicias de aquella villa de Medell\u00edn que de cualquier manera que el juez viniese, viniendo por mandado de Vuestra Majestad, fuese muy bien rescebido y servido y aposentado en una casa que yo en aquella villa tengo, donde mand\u00e9 que a \u00e9l y a los suyos se les hiciese todo servicio, aunque, seg\u00fand despu\u00e9s paresci\u00f3, \u00e9l no lo quiso rescibir.<br \/>\nOtro d\u00eda, que fue de San Juan, como despach\u00e9 este mensajero lleg\u00f3 otro estando corriendo ciertos toros y en regocijo de ca\u00f1as y otras fiestas, y me trajo una carta del dicho juez y otra de Vuestra Sacra Majestad por las cuales supe a lo que ven\u00eda y c\u00f3mo Vuestra C\u00e9sarea Majestad era servido de me mandar tomar residencia del tiempo que Vuestra Alteza ha sido servido que yo tenga el cargo de la gobernaci\u00f3n desta tierra. Y de verdad yo holgu\u00e9 mucho, ans\u00ed por la inmensa merced que Vuestra Majestad Sacra me hizo en querer ser informado de mis servicios y culpas, como por la beninidad con que Vuestra Alteza en su carta me hac\u00eda saber su real intenci\u00f3n y voluntad de me hacer mercedes. Y por lo uno y lo otro cien mill veces los reales pies de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad beso, y plega a Nuestro Se\u00f1or sea servido de me hacer tanto bien que yo alguna parte desta tan insigne merced pueda servir y que Vuestra Ces\u00e1rea Majestad para esto conosca mi deseo, porque conosci\u00e9ndolo, no pienso que era chica parte de paga.<br \/>\nEn la carta que Luis Ponce, juez de residencia, me escribi\u00f3 me hac\u00eda saber que a la hora se part\u00eda para esta ciudad. Y porque para venir a ella hay dos caminos principales y en su carta no me hac\u00eda saber por cu\u00e1l dellos hab\u00eda de venir, luego despach\u00e9 por ambos criados m\u00edos porque le viniesen sirviendo y acompa\u00f1ando y mostrando la tierra. Y fue tanta la priesa que en este camino se dio el dicho Luis Ponce que aunque yo prove\u00ed esto con harta brevedad le toparon ya veinte leguas desta ciudad, y puesto que con mis mensajeros diz que mostr\u00f3 holgarse mucho, no quiso rescibir dellos ning\u00fan servicio. Y aunque me pes\u00f3 de le no rescibir porque diz que dello tra\u00eda nescesidad por la priesa de su camino, por otra parte holgu\u00e9 dello, porque paresci\u00f3 de hombre justo y que quer\u00eda usar de su oficio con toda rectitud, y pues ven\u00eda a tomarme a m\u00ed residencia no quer\u00eda dar causa a que d\u00e9l se tuviese sospecha. Y lleg\u00f3 a dos leguas desta ciudad a dormir una noche y yo hice aderezar para le recebir otro d\u00eda por la ma\u00f1ana. Y envi\u00f3me a decir que no saliese de ma\u00f1ana porque \u00e9l se quer\u00eda estar all\u00ed hasta comer, que le enviase un capell\u00e1n que all\u00ed le dijese misa, y yo ans\u00ed lo hice, pero temiendo lo que fue, que era escusarse del rescibimiento, estuve sobre aviso. Y \u00e9l madrug\u00f3 tanto que aunque yo me di harta priesa, le tom\u00e9 ya dentro en la cibdad, y ans\u00ed nos fuimos juntos fasta el monesterio de San Francisco donde o\u00edmos misa. Y acabada, le dije si quer\u00eda all\u00ed presentar sus provisiones que lo hiciese, porque all\u00ed estaba todo el cabildo de la ciudad conmigo y el tesorero y contador de Vuestra Majestad. Y no las quiso presentar, diciendo que otro d\u00eda las presentar\u00eda. Y as\u00ed fue, que otro d\u00eda por la ma\u00f1ana nos juntamos en la iglesia mayor desta cibdad el cabildo della y los dichos oficiales y yo, y all\u00ed las present\u00f3 y por m\u00ed y por todos fueron tomadas, besadas y puestas sobre nuestras cabezas como provisiones de nuestro rey y se\u00f1or natural y obedecidas y complidas en todo y por todo seg\u00fan que Vuestra Sacra Majestad por ellas nos enviaba a mandar. Y a la hora le fueron entregadas todas las varas de la justicia y fechos todos los otros cumplimientos nescesarios, seg\u00fan que m\u00e1s larga y cumplidamente lo env\u00edo a Vuestra Majestad Cat\u00f3lica por fee del escribano del cabildo ante quien pas\u00f3. Y luego fue pregonada p\u00fablicamente en la plaza desta cibdad mi residencia y estuve en ella diecisiete d\u00edas sin que se me pusiese demanda alguna. Y en este tiempo el dicho Luis Ponce, juez de residencia, adolesci\u00f3 y todos cuantos en el armada que \u00e9l vino vinieron, de la cual \u00e9nfermedad quiso Nuestro Se\u00f1or que muriese \u00e9l y m\u00e1s de treinta otros dellos que en la dicha armada vinieron, entre los cuales murieron dos frailes de la orden de Santo Domingo que con \u00e9l vinieron. Y fasta hoy hay muchas personas enfermas y de mucho peligro de muerte porque ha parescido casi pestilencia la que trajeron consigo, porque aun algunos de los que ac\u00e1 estaban se peg\u00f3 y murieron dos personas de la misma enfermedad y aun hay otros muchos que a\u00fan no han convalescido della.<br \/>\nLuego que el dicho Luis Ponce pas\u00f3 desta vida, fecho su en terramiento con aquella honra y autoridad que a persona enviada por Vuestra Majestad requer\u00eda hacerse, el cabildo desta ciudad y los procuradores de todas las villas de la tierra que aqu\u00ed se hallaron me pidieron y requirieron de parte de Vuestra Majestad Cesaria que tomase en m\u00ed el cargo de la gobernaci\u00f3n y justicia seg\u00fan que antes lo ten\u00eda por mandado de Vuestra Majestad y por sus reales provisiones, d\u00e1ndome para ello cabsas y poniendo inconvinientes que se siguir\u00edan no lo aceptando, seg\u00fan que Vuestra Sacra Majestad lo mandar\u00e1 ver por la copia que de todo env\u00edo. Y yo les respond\u00ed escus\u00e1ndome dello, como ansimismo parescer\u00e1 por la dicha copia. Y despu\u00e9s ac\u00e1 me han fecho otros requerimientos sobre ello y puestos otros inconvinientes m\u00e1s recios que se pod\u00edan seguir si yo no lo aceptase, y de todo me he defendido hasta agora y no lo he hecho, aunque se me ha figurado que hay en ello alg\u00fan inconviniente. Pero deseando que Vuestra Majestad sea muy cierto de mi limpieza y fidelidad en su real servicio, teni\u00e9ndolo por principal, porque sin tener de m\u00ed este concepto no querr\u00eda bienes en este mundo mas antes no vivir en \u00e9l, h\u00e9lo pospuesto todo por este fin, y antes he sostenido con todas mis fuerzas en el cargo a un Marcos de Aguilar, a quien el dicho licenciado Luis Ponce ten\u00eda por su alcalde mayor, y le he pedido y requerido prosceda en mi residencia fasta en fin della. Y no lo ha querido hacer diciendo que no tiene poder para ello, de que he rescebido asaz pena, porque deseo sin comparaci\u00f3n y no sin causa que Vuestra Majestad Sacra sea verdaderamenre informado de mis servic\u00edos y culpas, porque tengo por fee y no s\u00edn m\u00e9r\u00edto que por ellos me ha de mandar Vuestra Majestad Cesar\u00eda hacer muy grandes y crescidas mercedes, no habiendo respecto a lo poco que mi peque\u00f1a vasija puede contener, sino a lo mucho que Vuestra Celsitud es obligado a dar a quien tan bien y con tanta fedilidad le sirve como yo le he servido y sirvo. A la cual humillmente supl\u00edco con toda la instancia a m\u00ed posible no permita que esto quede debajo de disimulaci\u00f3n, sino que muy clara y magnifiestamente se publique lo malo y bueno de mis servicios, porque como sea caso de honra y que por alcanzalla yo tantos trabajos he padescido y mi persona a tantos peligros he puesto, no quiera Dios ni Vuestra Majestad por su reverencia permita ni consienta que basten lenguas de invidiosos, malos y apasionados a me la hacer perder. Y no quiero ni suplico a Vuestra Majestad Sacra en pago de mis servicios me haga otra merced sino \u00e9sta, porque nunca plega a Dios que sin ella yo viva.<br \/>\nSeg\u00fan lo que yo he sentido, Muy Cat\u00f3lico Pr\u00edncipe, puesto que desde el principio que comenc\u00e9 a entender en esta negociaci\u00f3n yo he tenido muchos, diversos y poderosos \u00e9mulos y contrarios, no ha podido tanto su maldad y malicia que la notoriedad de mi fedelidad y servicios no los haya supeditado, y como ya, desesperados de todo remedio, han buscado dos por los cuales, seg\u00fand paresce, han puesto alguna niebla o escuridad ante los ojos de Vuestra Grandeza por donde le han movido del cat\u00f3lico y santo prop\u00f3sito que siempre de Vuestra Excelencia se ha conoscido a me remunerar y pagar mis servicios: el uno es acusarme ante Vuestra Potencia de climene legis magestatis, diciendo que yo no hab\u00eda de obedescer sus reales mandamientos y que yo no tengo esta tierra en su poderoso nombre sino en tiran\u00eda e inefable forma, dando para ello algunas depravadas y diab\u00f3licas razones juzgadas por falsas y no verdaderas conjeturas. Los cuales, si las verdaderas obras miraran y justos jueces fueran, muy al contrario lo debieran significar, porque hasta agora no se ha visto ni se ver\u00e1 en cuanto yo viviere que ante m\u00ed o a mis noticias haya venido carta ni otro mandamiento de Vuestra Majestad Sancta que no haya sido, es y ser\u00e1 obedescido y cumplido sin faltar en \u00e9l cosa alguna, y agora se ha magnifestado m\u00e1s clara y abiertamente su maldad de los que esto han querido decir, porque si ans\u00ed fuera, no me fuera yo seiscientas leguas desta cibdad por tierra inhabitada y caminos peligrosos y dejara la tierra a los oficiales de Vuestra Majestad, como de raz\u00f3n se hab\u00eda de creer ser las personas que hab\u00edan de tener m\u00e1s celo al real servicio de Vuestra Alteza aunque sus obras no correspondieron al cr\u00e9dito que yo dellos tuve. Y el otro es que han querido decir que yo tengo en esta tierra mucha parte o la mayor de los naturales della, de que me sirvo y aprovecho, de donde he habido mucha suma y cantidad de oro y plata que tengo atesorado; y que he gastado de las rentas de Vuestra Cesaria Majestad sesenta y tantos mill pesos de oro sin haber nescesidad de los gastar, y que no he enviado tanta suma de oro a Vuestra Excelencia cuanta de sus reales rentas se ha habido y que lo detengo con formas y maneras esquisitas cuyo efecto yo no puedo alcanzar, pero bien creo que pues lo han osado decir, que le habr\u00e1n dado alg\u00fan color, mas no puede ser tal, seg\u00fan lo que yo de m\u00ed confio, que muy peque\u00f1o toque no descubra lo falso. Y cuanto a lo que dicen de tener yo mucha parte de la tierra, as\u00ed lo confieso, y que he habido harta suma y cantidad de oro, pero digo que no ha sido tanta para que haya bastado para que yo deje de ser pobre y estar adeudado en m\u00e1s de cincuenta mill pesos de oro sin tener un castellano de qu\u00e9 pagarlo. Porque si mucho he habido muy mucho m\u00e1s he gastado, y no en comprar mayorazgos ni otras rentas para m\u00ed, sino en dilatar por estas partes el se\u00f1or\u00edo y patrimonio de Vuestra Alteza conquistando y ganando con ellos y con poner mi persona a muchos trabajos, riesgos y peligros muchos reinos y se\u00f1or\u00edos para Vuestra Excelencia, los cuales no podr\u00e1n encubrir ni agazapar los malos con sus serpentinas lenguas, que mir\u00e1ndose mis libros se hallar\u00e1n en ellos m\u00e1s de trecientos mill pesos de oro que se han gastado de mi casa y hacienda en estas conquistas. Y acabado lo que yo ten\u00eda, gast\u00e9 los sesenta mill pesos de oro de Vuestra Majestad, y no en comerlos yo ni entraron en mi poder, sino en darlos por mis libramientos para los gastos y espensas desta conquista. Y si aprovecharon o no vean los casos, que est\u00e1n muy magnifiestos. Pues en lo que dicen de no enviar las rentas a Vuestra Majestad, muy magnifiesto est\u00e1 ser la verdad en contrario, por que en este poco de tiempo que yo estoy en esta tierra pienso, y ans\u00ed es verdad, que della se ha enviado a Vuestra Majestad m\u00e1s servicio e interese que de todas las Islas y Tierra Firme que ha treinta y tantos a\u00f1os que est\u00e1n descubiertas y pobladas, las cuales costaron a los Cat\u00f3licos Reys, vuestros abuelos, muchas expensas y gastos, lo que ha cesado en \u00e9sta. Y no solamente se ha enviado lo que a Vuestra Majestad de sus reales servicios ha pertenescido, mas aun de lo m\u00edo y de los que me han ayudado &#8211; sin lo que ac\u00e1 hemos gastado en su real servicio &#8211; hemos enviado alguna copia, porque luego que envi\u00e9 la primera relaci\u00f3n con Alonso Fern\u00e1ndez Puertocarrero y Francisco de Montejo no solamente envi\u00e9 el quinto que a Vuestra Majestad pertenesci\u00f3 de lo hasta entonces habido, mas aun todo cuanto se hubo, porque me paresci\u00f3 ser ans\u00ed justo por ser las primicias. Pues de todo lo que en esta cibdad se hubo siendo vivo Mutee\u00e7uma se\u00f1or della, del oro se dio el quinto a Vuestra Majestad, digo de lo que se fundi\u00f3, que le pertenescieron treinta y tantos mill castellanos. Y aunque las joyas tambi\u00e9n se hab\u00edan de partir y dar a la gente sus partes, ellos y yo holgamos que no se dividiesen, sino que todas se enviasen a Vuestra Majestad, que fueron en n\u00famero de m\u00e1s de quinientos mill pesos de oro, aunque lo uno y lo otro se perdi\u00f3 porque nos lo tomaron cuando nos echaron desta cibdad por el levantamiento que en ella hubo con la venida de Narv\u00e1ez a esta tierra, la cual aunque fue por mis pecados no fue por mi negligencia. Cuando despu\u00e9s se conquist\u00f3 y redujo al servicio de Vuestra Alteza no menos se hizo, que sacado el quinto para Vuestra Majestad del oro que se fundi\u00f3, yo hice que todas las joyas mis compa\u00f1eros tuviesen por bien que sin partir se quedasen para Vuestra Alteza, que no fueron de menos valor y prescio que las que primero ten\u00edamos. Y as\u00ed, con mucha brevedad y recaudo las despach\u00e9 todas con treinta mill pesos de oro en barras, y con ellos a Juli\u00e1n Alderete, que a la saz\u00f3n era tesorero de Vuestra Majestad en esta tierra. Si no llegaron a Vuestra Sacra Majestad y las tomaron los franceses, tampoco fue m\u00eda la culpa, s\u00ed no de aqu\u00e9llos que no proveyeron el armada que fue por ello a las islas de los Azores como debieran para cosa de tanta importancia. Al tiempo que yo me part\u00ed desta ciudad para el golfo de las Hibueras as\u00edmismo se enviaron a Vuestra Excelencia sesenta mill pesos de oro con Diego de Ocampo y Francisco de Montejo. Y no se envi\u00f3 m\u00e1s, aunque lo hab\u00eda, por parescerme a m\u00ed y aun a los oficicales de Vuestra Majestad Cesaria que con enviar tanto junto a\u00fan exced\u00edamos y pervirt\u00edamos la orden que Vuestra Majestad tiene mandada dar en estas partes en el llevar del oro, pero atrev\u00edmonos por la nescesidad que supimos que Vuestra Sacra Majestad ten\u00eda. Y con esto envi\u00e9 yo asimismo a Vuestra Grandeza con Diego de Soto, criado m\u00edo, todo cuanto yo ten\u00eda sin me quedar un peso de oro, que fue un tiro de plata que me cost\u00f3 la plata y fechura y otros gastos d\u00e9l m\u00e1s de treinta y cinco mill pesos de oro. Tambi\u00e9n ciertas joyas que yo ten\u00eda de oro y piedras, las cuales envi\u00e9 no por su valor ni prescio, aunque no era muy peque\u00f1o para m\u00ed, sino porque hab\u00edan llevado los franceses las que primero envi\u00e9 y pes\u00f3me en el \u00e1nima que Vuestra Sacra Majestad no las hobiese visto, y para que viese la muestra y por ello como desecho considerase lo que ser\u00eda lo principal, envi\u00e9 aquello que yo ten\u00eda. As\u00ed que pues yo con tan limpio celo y voluntad quise servir a Vuestra Majestad Cesaria con lo que yo ten\u00eda, no s\u00e9 qu\u00e9 raz\u00f3n hay de creer que yo detuviese lo de Vuestra Alteza. Tambi\u00e9n me han dicho los oficiales que en mi absencia han enviado cierta cantidad de oro, por manera que nunca se ha cesado de enviar todas las veces que para ello ha habido oportunidad.<br \/>\nTambi\u00e9n me han dicho, Muy Poderoso Se\u00f1or, que a Vuestra Majestad Sacra han informado que yo tengo en esta tierra docientos cuentos de renta de las provincias que yo tengo se\u00f1aladas para m\u00ed. Y porque mi deseo no es ni ha sido otro sino que Vuestra Cesar\u00eda Majestad sepa muy de cierto mi voluntad a su real servicio y se satifaga muy de hecho de m\u00ed, que siempre le he dicho y dir\u00e9 verdad, no siento cosa que yo pudiese hacer con que mejor esto se manifestase que con hacer desta tan crescida renta servicio a Vuestra Majestad y hacerse \u00edan a mi prop\u00f3sito muchas cosas, en especial que Vuestra Alteza perdiese ya esta sospecha que tan p\u00fablica por ac\u00e1 est\u00e1 que Vuestra Majestad de m\u00ed tiene. Por tanto a Vuestra Majestad suplico resciba en servicio todo cuanto yo ac\u00e1 tengo y en esos reinos me faga merced de los veinte cuentos de renta y quedarle an los ciento y ochenta, y yo servir\u00e9 en la real presencia de Vuestra Majestad, donde nadie pienso me har\u00e1 ventaja ni tampoco podr\u00e1 encubrir mis servicios. Y aun para lo de ac\u00e1 pienso ser\u00e1 Vuestra Majestad de m\u00ed muy servido, porque sabr\u00e9 como testigo de vista decir a Vuestra Celsitud lo que a su real servicio conviene que ac\u00e1 mande proveer y no podr\u00e1 ser enga\u00f1ado por falsas relaciones. Y certifico a Vuestra Majestad Sacra que no ser\u00e1 menos ni de menos calidad el servicio que all\u00e1 har\u00e9 en avisar de lo que se debe proveer para que estas partes se conserven y los naturales dellas vengan en conoscimiento de nuestra fee y Vuestra Majestad tenga ac\u00e1 perpetuamente muchas y muy crescidas rentas y que siempre vayan en crescimiento y no en diminuci\u00f3n como han hecho los de las Islas y Tierra Firme por falta de buena gobernaci\u00f3n, y de ser los Cat\u00f3licos Reyes, padres y abuelos de Vuestra Excelencia avisados con celo de su servicio y no de particulares intereses, como siempre lo han fecho los que en las cosas destas partes a Sus Altezas y a Vuestra Majestad han informado. Y estos avisos que podr\u00e9 all\u00e1 dar digo que no ser\u00e1n menores que fue ganarlas y haberlas sostenido fasta agora habiendo tenido tantos obst\u00e1culos y embarazos, por donde no poco se ha dejado de acrescentar en ellas. Dos cosas me facen desear que Vuestra Majestad Sacra me haga tanta merced se sirva de m\u00ed en su real presencia: la una y m\u00e1s principal es satisfacer a Vuestra Majestad y a todo el mundo de mi lealtad y fidelidad en su real servicio, porque esto tengo en m\u00e1s que todos los otros intereses que en el mundo se pudiesen seguir, porque por cobrar nombre de servidor de Vuestra Majestad y de su imperial y real corona me he puesto a tantos y tan grandes peligros y he sufrido trabajos tan sin comparaci\u00f3n. Y no por cobdicia de tesoros, que si esto me hobiera movido, pues he tenido hartos, digo para un escudero como yo, no los hobiera gastado ni pospuesto por conseguir este otro fin teni\u00e9ndolo por m\u00e1s principal, aunque mis pecados no han querido darme lugar a ello ni pienso que ya en este caso yo me podr\u00eda satisfacer si Vuestra Majestad no me hiciese esta tan inmensa merced que le suplico. Y porque no paresca que pido a Vuestra Excelencia mucho porque no se me conceda, aunque todo cabr\u00eda y aun es poco para yo vivir sin afrenta, habiendo yo tenido en estas partes en nombre de Vuestra Majestad el cargo de la gobernaci\u00f3n de ellas y haber en tanta cantidad por estas partes dilatado el patrimonio y se\u00f1orio real de Vuestra Majestad, poniendo debajo de su principal yugo tantas provincias pobladas de tantas y tan nobles villas y ciudades y quitando tantas idolatr\u00edas y ofensas como en ellas a Nuestro Criador se han fecho y tra\u00eddo a muchos de los naturales a su conoscimiento y plantado en ellas nuestra santa fee cat\u00f3lica, en tal manera que si estorbo no hay de los que mal sienten destas cosas y su celo no es enderezado a este fin, en muy breve tiempo se puede tener por muy cierto en estas partes se levantar\u00e1 una nueva Iglesia donde m\u00e1s que en todas las del mundo Dios Nuestro Se\u00f1or ser\u00e1 servido y honrado, digo, que seyendo Vuestra Majestad servido de me hacer merced de me mandar dar en esos reinos diez cuentos de renta y que yo en ellos le vaya a servir, no ser\u00e1 peque\u00f1a merced con dejar todo cuanto ac\u00e1 tengo, porque desta manera satisfar\u00eda mi deseo que es servir a Vuestra Majestad en su real presencia, y Vuestra Celsitud asimismo se satisfar\u00eda de mi lealtad y ser\u00eda de m\u00ed muy servido; la otra, tener por muy cierto que informada Vuestra Cat\u00f3lica Majestad de m\u00ed de las cosas desta tierra y aun de las Islas, se proveer\u00eda en ellas muy m\u00e1s cierto lo que conviniese al servicio de Dios Nuestro Se\u00f1or y de Vuestra Majestad, porque se me dar\u00eda cr\u00e9dito dici\u00e9ndolo dende all\u00e1, lo que no se me dar\u00e1 aunque dende ac\u00e1 lo escriba, porque todo se atribuir\u00e1 como hasta agora se ha atribu\u00eddo a ser dicho con pasi\u00f3n de mi interese y no de celo que como vasallo de Vuestra Sacra Majestad debo a su real servicio. Y porque es tanto el deseo de besar los reales pies de Vuestra Majestad y servirle en su real presencia que no lo sabr\u00eda significar, si Vuestra Grandeza no fuese servido o no tuviese oportunidad de me facer merced de lo que a Vuestra Majestad suplico para me mantener en esos reinos y servirle como yo deseo, sea que Vuestra Celsitud me haga merced de me dejar en esta tierra lo que yo agora tengo en ella o lo que en mi nombre a Vuestra Majestad se suplicare, haci\u00e9ndome merced dello de juro y de heredad para m\u00ed y para mis herederos, con que yo no vaya a esos reinos a pedir por Dios que me den de comer, y con esto rescebir\u00e9 muy se\u00f1alada merced. Vuestra Majestad me mande enviar licencia para que yo me vaya a cumplir este mi tan crescido deseo, que bien s\u00e9 y confio en mis servicios y en la cat\u00f3lica conciencia de Vuestra Majestad que si\u00e9ndoles magnifiestos y la limpieza de la intinci\u00f3n con que los he hecho, no permitir\u00e1 que viva pobre. Y harta causa se me hab\u00eda ofrescido con la venida deste juez de residencia para cumplir este mi deseo, y aun comenc\u00e9lo a poner en obra, sino que dos cosas me lo estorbaron: la una, hallarme sin dineros para poder gastar en mi camino a cabsa de haberme robado y saqueado mi casa, como Vuestra Sacra Majestad ya creo dello est\u00e1 informado; y lo otro, temiendo con mi ausencia entre los naturales desta tierra no hubiese alg\u00fan levantamiento o bullicio, y aun entre los espa\u00f1oles, porque por el ejemplo de lo pasado se podr\u00e1 muy bien juzgar lo porvenir.<br \/>\nEstando, Muy Cat\u00f3lico Se\u00f1or, haciendo este despacho para Vuestra Sacra Majestad, me lleg\u00f3 un mensajero de la Mar del Sur con una carta en que me hac\u00edan saber que en aquella costa, cerca de un pueblo que se dice Tecoantepeque, hab\u00eda llegado un nav\u00edo que, seg\u00fand paresc\u00ed\u00f3 por otra que se me trajo del capit\u00e1n del dicho nav\u00edo, la cual env\u00edo a Vuestra Majestad, es del armada que Vuestra Majestad Sacra mand\u00f3 ir a las islas de Maluco con el capit\u00e1n Loaysa. Y porque en la carta que escribi\u00f3 el capit\u00e1n deste nav\u00edo ver\u00e1 Vuestra Majestad el suceso de su viaje, no dar\u00e9 dello a Vuestra Celsitud cuenta m\u00e1s de hacer saber a Vuestra Excelenc\u00eda lo que sobre ello prove\u00ed, y es que a la hora despach\u00e9 con mucha priesa una persona de recaudo para que fuese adonde el dicho nav\u00edo lleg\u00f3, y si el capit\u00e1n d\u00e9l luego se quisiese tornar, le diese todas las cosas nescesarias a su camino sin le faltar nada y se informase d\u00e9l de su camino y viaje muy complidamente, por manera que de todo trujese muy larga y particular relaci\u00f3n para que yo la enviase a Vuestra Majestad porque por esta v\u00eda Vuestra Alteza fuese m\u00e1s brevemente informado. Y por si el nav\u00edo trujese alguna nescesidad de reparo, envi\u00e9 tambi\u00e9n un piloto para que lo trajese al puerto de \u00c7acatula, donde yo tengo tres nav\u00edos muy a punto para se partir a descubrir por aquellas partes y costa, para que all\u00ed se remedie y se haga lo que m\u00e1s conviniere al servicio de Vuestra Majestad y bien del dicho viaje. En habiendo la informaci\u00f3n deste nav\u00edo, la enviar\u00e9 luego a Vuestra Majestad para que de todo sea informado y env\u00ede a mandar lo que fuere su real servicio.<br \/>\nMis nav\u00edos de la Mar del Sur est\u00e1n, como a Vuestra Ma jestad he dicho, muy a punto para hacer su camino, porque luego como llegu\u00e9 a esta ciudad comenc\u00e9 a dar priesa en su despacho. Y ya fueran partidos sino por esperar a ciertas armas y artiller\u00eda y munici\u00f3n que me trujeron desos reinos para lo poner en los dichos nav\u00edos, porque vayan a mejor recaudo. Y yo espero en Nuestro Se\u00f1or que en ventura de Vuestra Majestad tengo de hacer en este viaje un muy gran servicio, porque, ya que no se descubra estrecho, yo pienso dar por aqu\u00ed camino para la Especer\u00eda, que en cada un a\u00f1o Vuestra Majestad sepa lo que en toda aquella tierra se hiciere. Y si Vuestra Majestad fuere servido de me mandar conceder las mercedes que en cierta capitulaci\u00f3n envi\u00e9 a suplicar se me hiciesen cerca deste descubrimiento, yo me ofresco a descubrir por aqu\u00ed toda la Especer\u00eda y otras islas si hobiere cerca de Maluco y Melaca y la China, y aun de dar tal orden que Vuestra Majestad no haya la Especier\u00eda por v\u00eda de rescate, como la ha el rey de Portugal, sino que la tenga por cosa propia y los naturales de aquellas islas le reconoscan y sirvan como a su rey y se\u00f1or natural. Porque yo me ofresco con el dicho aditamento de enviar a ellas tal armada o ir yo por mi persona por manera que las sojuzgue y pueble y faga en ellas fortalezas y las bastezca de pertrechos y artiller\u00eda de tal manera que a todos los pr\u00edncipes de aquellas partes y aun a otros se puedan defender. Y si Vuestra Majestad fuere servido que yo entienda en esta negociaci\u00f3n concedi\u00e9ndome lo que digo, crea ser\u00e1 dello muy servido. Y ofr\u00e9zcome que si como lo he dicho no fuere, Vuestra Majestad me mande castigar como a quien su rey no dice verdad.<br \/>\nTambi\u00e9n despu\u00e9s que vine he prove\u00eddo enviar por tierra y por la mar a poblar el r\u00edo de Tabasco, que es el que dicen de Grijalba, y conquistar muchas provincias que est\u00e1n en sus comarcas, de que Dios Nuestro Se\u00f1or y Vuestra Majestad ser\u00e1n muy servidos. Y los nav\u00edos que van y vienen a estas partes reciben mucho provecho en poblarse aquel puerto y apaciguarse aquella costa, porque all\u00ed han dado muchos nav\u00edos al trav\u00e9s y por estar la gente ind\u00f3mita han muerto todos los espa\u00f1oles que iban en los nav\u00edos.<br \/>\nTambi\u00e9n env\u00edo a la provincia de los vaputecas, de que ya Vuestra Majestad est\u00e1 informado, tres capitan\u00edas de gente que entren en ella por tres partes, para que con m\u00e1s brevedad den fin a aquella demanda, que cierto ser\u00e1 muy provechosa por el da\u00f1o que los naturales de aquella provincia hacen en los otros naturales que est\u00e1n pac\u00edf\u00edcos y por tener como tienen ocupada la m\u00e1s rica tierra que hay en esta Nueva Espa\u00f1a, de donde, conquist\u00e1ndose, receb\u00edr\u00e1 mucho servicio.<br \/>\nTamb\u00ed\u00e9n tengo enfilado y ya harta parte de gente llegada para ir a poblar el rio de Palmas, que es en la costa del norte abajo del P\u00e1nuco hacia la Florida, porque tengo informaci\u00f3n que es muy buena tierra y es puerto. No creo que menos all\u00ed Dios Nuestro Se\u00f1or y Vuestra Majestad ser\u00e1n servidos que en todas las otras partes, porque yo tengo muy gran nueva de aquella tierra.<br \/>\nEntre la costa del norte y la provincia de Michuacan hay cierta gente y poblaciones que llaman chechimecas. Son gentes muy b\u00e1rbaras y no de tanta raz\u00f3n como estas otras provincias. Tambi\u00e9n env\u00edo agora sesenta de caballo y docientos peones con muchos de los naturales nuestros amigos a saber el secreto de aquella provincia y gentes. Llevan mandado por instruci\u00f3n que si hallaren en ellos alguna aptitud o habilidad para vivir como estotros viven y venir en conoscimiento de nuestra fee y reconoscer el servicio que a Vuestra Majestad deben, que trabajen &#8211; por todas las v\u00edas posibles de los apaciguar y traer al yugo de Vuestra Majestad y pueblen entre ellos en la parte que mejor les paresciere; y si no los hallaren aparejados, como arriba digo, ni quisieren ser obidientes, les hagan guerra y los tomen por esclavos, porque no haya cosa superflua en toda la tierra ni que deje de servir ni reconoscer a Vuestra Majestad. Y trayendo \u00e9stos b\u00e1rbaros por esclavos, que casi diz que son gente salvaje, ser\u00e1 Vuestra Majestad servido y los espa\u00f1oles aprovechados, porque sacar\u00e1n el oro en las minas y aun en nuestra conversaci\u00f3n podr\u00eda ser que alguno se salvase.<br \/>\nEntre estas gentes he sabido que hay cierta parte muy poblada de muchos y muy grandes pueblos y que la gente dellos viven a la manera de los de ac\u00e1 y aun algunos destos pueblos se han visto por espa\u00f1oles. Tengo por muy cierto que poblar\u00e1n aquella tierra, porque hay grandes nuevas de la riqueza de plata.<br \/>\nCuando yo, Muy Poderoso Se\u00f1or, part\u00ed desta ciudad para el golfo de las Hibueras, dos meses antes que partiese despach\u00e9 un capit\u00e1n a la villa de Coliman, que est\u00e1 en la Mar del Sur ciento y cuatro leguas desta cibdad, al cual mand\u00e9 que siguiese desde aquella villa la costa del sur abajo hasta ciento y cincuenta o docientas leguas no m\u00e1s a efecto de saber el secreto de aquella costa y si en ella hab\u00eda puertos. El cual dicho capit\u00e1n fue como le mand\u00e9 fasta ciento y treinta leguas de la dicha villa de Coliman por la costa abajo y algunas veces veinte o treinta leguas la tierra adentro, y me trujo relaci\u00f3n de muchos puertos que hall\u00f3 en la costa, que no fue poco bien para la falta de que dellos hay en todo lo descubierto hasta all\u00ed, y de muchos pueblos y muy grandes y de mucha gente muy diestra en la guerra con los cuales hobo ciertos reencuentros, y apacigu\u00f3 muchos dellos y no pas\u00f3 adelante porque llevaba poca gente y porque no hall\u00f3 hierba. Y entre la relaci\u00f3n que trajo me dio noticia de un muy gran r\u00edo que los naturales le dijeron que hab\u00eda diez jornadas de donde \u00e9l lleg\u00f3, del cual y de los pobladores d\u00e9l le dijeron muchas cosas extra\u00f1as. Yo le torn\u00e9 a enviar con m\u00e1s copia de gente y aparejo de guerra para que vaya a saber el secreto de aquel r\u00edo, y seg\u00fan el anchura y grandeza que d\u00e9l se\u00f1alan no tem\u00eda en mucho ser estrecho. En viniendo, har\u00e9 relaci\u00f3n a Vuestra Majestad de lo que d\u00e9l supiere.<br \/>\nTodos estos capitanes destas entradas est\u00e1n agora para partir casi a una. Plega a Nuestro Se\u00f1or de los guiar como \u00e9l se sirva, que yo aunque Vuestra Majestad m\u00e1s me mande desfavorecer no tengo de dejar de servir, que no es posible que por tiempo Vuestra Majestad no conosca mis servicios. Y ya que esto no sea, yo me satisfago con hacer lo que debo y con saber que a todo el mundo tengo satisfecho y les son notorios mis servicios y lealtad con que los fago. Y no quiero otro mayorazgo para mis hijos sino \u00e9ste. Potent\u00edsimo Se\u00f1or, de Vuestra Ces\u00e1rea Majestad muy humilde siervo y vasallo que los muy reales pies y manos de Vuestra Majestad besa. De la ciudad de Tenuxtit\u00e1n, a tres de setiembre de 1526 a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>QUINTA RELACI\u00d3N &#8211; Parte 3 Y tomados los nav\u00edos, luego el dicho Crist\u00f3bal Dolid comenz\u00f3 a mover partidos con \u00e9l no con voluntad de complir nada sino por detenerle fasta que veniese la gente que hab\u00eda dejado aguardando para prender a los de Gil Gonz\u00e1lez, creyendo de enga\u00f1ar al dicho\u2026<\/p>\n<p class=\"continue-reading-button\"> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-v-iii\/\">Seguir leyendo&#8230;<i 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