{"id":1240,"date":"2011-02-22T12:44:04","date_gmt":"2011-02-22T10:44:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cultureduca.com\/blog\/?p=1240"},"modified":"2018-12-22T03:13:01","modified_gmt":"2018-12-22T01:13:01","slug":"cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-v-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/natureduca.com\/culturblog\/cartas-de-relacion-de-hernan-cortes-v-ii\/","title":{"rendered":"Cartas de Relaci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s (V-II)"},"content":{"rendered":"<p>QUINTA RELACI\u00d3N &#8211; Parte 2<\/p>\n<p>La manera deste pueblo es que est\u00e1 en un pe\u00f1ol alto, y por la una parte le cerca una gran laguna y por la otra parte un arroyo muy hondo que entra en la laguna. Y no tiene sino sola una entrada llana, y todo \u00e9l est\u00e1 cercado de un fosado hondo, y despu\u00e9s del fosado un petril de madera hasta los pechos de altura, y despu\u00e9s deste petril de madera una cerca de tablones muy gordos de hasta dos estados en alto con sus troneras en toda ella para tirar sus flechas, y a trechos de la cerca unas garitas altas que sobrepujaban sobre la cerca otro estado y medio, ansimismo con sus troneras y muchas piedras encima para pelear dende arriba y sus troneras tambi\u00e9n en lo alto, y de dentro de todas las casas del pueblo ansimismo sus troneras y traveses a las calles por tan buena orden y concierto que no pod\u00eda ser mejor, digo para pr\u00f3posito de las armas con que ellos pelean. Aqu\u00ed hice ir alguna gente por la tierra a buscar la del pueblo, y tomaron dos o tres indios. Y con ellos envi\u00e9 al uno de aquellos mercaderes de Acalan que hab\u00eda tomado en el camino para que buscasen el se\u00f1or y le dijesen que no hobiese miedo ninguno, sino que se volviese a su pueblo porque yo no le ven\u00eda a hacer enojo, antes le ayudar\u00eda en aquellas guerras que ten\u00eda y le dejar\u00eda su tierra muy pac\u00edfica y segura. Y dende a dos d\u00edas volvieron y trujeron a un t\u00edo del se\u00f1or consigo, el cual gobernaba la tierra porque el se\u00f1or era muchacho. Y no vino el se\u00f1or porque diz que tuvo temor. Y a \u00e9ste habl\u00e9 y asegur\u00e9, y se fue conmigo hasta otro pueblo de la misma provincia que est\u00e1 siete leguas d\u00e9ste que se llama Tiac. Y tienen guerra con los deste pueblo y est\u00e1 tambi\u00e9n cercado como estotro y es muy mayor, aunque no es tan fuerte porque est\u00e1 en llano, pero tiene sus cercas y cavas y garitas m\u00e1s recias y m\u00e1s, y cercado cada barrio por s\u00ed, que son tres barrios cada uno dellos cercado por s\u00ed y una cerca que cerca a todos. A este pueblo hab\u00eda enviado dos capitan\u00edas de caballo y una de peones delante y hallaron el pueblo despoblado y en \u00e9l mucho bastimento, y cerca del pueblo tomaron siete u ocho hombres de los cuales soltaron algunos para que fuesen a hablar al se\u00f1or y asegurar la gente. E hici\u00e9ronlo tan bien que antes que yo llegase hab\u00edan ya venido mensajeros del se\u00f1or y tra\u00eddo bastimento y ropa, y depu\u00e9s que yo vine vinieron otras dos veces a nos traer de comer y hablar ans\u00ed de parte deste se\u00f1or deste pueblo como de otros cinco o seis se\u00f1ores que est\u00e1n en esta provincia que son cada uno cabecera por s\u00ed, y todos ellos se ofrecieron por vasallos de Vuestra Majestad y nuestros amigos, aunque jam\u00e1s pude acabar con ellos que los se\u00f1ores me viniesen a ver. Y como yo no ten\u00eda espacio para detenerme mucho, envi\u00e9les a decir que les agradec\u00eda su buena voluntad y que yo los receb\u00eda en nombre de Vuestra Alteza y les rogaba que me diesen gu\u00edas para mi camino adelante, lo cual hicieron de buena voluntad, y me dieron una gu\u00eda que sab\u00eda muy bien hasta el pueblo donde estaban los espa\u00f1oles y los hab\u00eda visto. Y con esto me part\u00ed deste pueblo de Tiac y fui a dormir a otro que se llama Yasuncabil que es el postrero de la provincia, el cual ansimesmo estaba despoblado y cercado de la manera que los otros. Aqu\u00ed hab\u00eda una hermosa casa del se\u00f1or, aunque de paja. En este pueblo nos prove\u00edmos de todo lo que hubimos menester para el camino, porque nos dijo la gu\u00eda que ten\u00edamos cinco d\u00edas de despoblado hasta la provincia de Taica por donde hab\u00edamos de pasar, y ans\u00ed era verdad. Desde esta provincia de Ma\u00e7atlan o Quiache desped\u00ed los mercaderes que hab\u00eda tomado en el camino y las gu\u00edas que tra\u00eda de la provincia de Acalan y les di lo que yo ten\u00eda ans\u00ed para ellos como para que llevasen a su se\u00f1or, y fueron muy contentos. Tambi\u00e9n envi\u00e9 a su casa al se\u00f1or del primer pueblo que hab\u00eda venido conmigo, y le di ciertas mujeres que hab\u00edan tomado por los montes de las suyas y otras cosillas de que qued\u00f3 muy contento.<br \/>\nSalido desta provincia de Ma\u00e7atlan, segu\u00ed mi camino para la de Tai\u00e7a y dorm\u00ed cuatro d\u00edas en despoblado, que todo el camino lo era y de grandes monta\u00f1as y sierras, y aun hubo en \u00e9l un mal puerto que por ser todas las pe\u00f1as y piedras d\u00e9l de alabastro muy fino le puse nombre puerto de Alabastro. Y al quinto d\u00eda los corredores que llevaba delante con la gu\u00eda asomaron a una muy gran laguna que parec\u00eda brazo de mar y aun ans\u00ed creo que lo es, aunque es dulce, seg\u00fand su grandeza y hondura. Y en una isleta que hay en ella vieron un pueblo, el cual les dijo aquella gu\u00eda ser el principal de aquella provincia de Tai\u00e7a y que no ten\u00edamos remedio para pasar a \u00e9l si no fuese en canoas. Y quedaron all\u00ed los espa\u00f1oles corredores puestos en salto y volvi\u00f3 uno dellos a hacerme saber lo que pasaba. Yo hice detener toda la gente y pas\u00e9 adelante para ver aquella laguna y la disposici\u00f3n della, y cuando llegu\u00e9 a los corredores, hall\u00e9 que hab\u00edan prendido un indio de los del pueblo que hab\u00eda venido con una canoa chiquita con sus armas a descubrir el camino y ver si hab\u00eda alguna gente. Y aunque ven\u00eda descuidado de lo que les acaesci\u00f3 se les fuera sino por un perro que ten\u00edan, que le alcanz\u00f3 antes que se echase al agua. Deste indio me inform\u00e9, y me dijo que ninguna cosa se sab\u00eda de mi venida. Pregunt\u00e9le si hab\u00eda paso para el pueblo y dijo que no, pero dijo que cerca de all\u00ed, pasando un brazo peque\u00f1o de aquella laguna, hab\u00eda algunas labranzas y casas pobladas, donde cre\u00ed, si lleg\u00e1semos sin ser sentidos, hallar\u00edamos algunas canoas. Y luego envi\u00e9 a mandar a la gente que se viniese tras m\u00ed, y yo con diez o doce peones ballesteros segui a pie por donde el indio nos trujo y pasamos un gran rato de ci\u00e9naga yagua hasta la cinta y otras veces m\u00e1s arr\u00edba y llegu\u00e9 a unas labranzas. Y con el mal camino y aun porque muchas veces no pod\u00edamos ir sino descubiertos, no pod\u00edamos dejar de ser sentidos, y llegamos a tiempo que ya la gente se embarcaba en sus canoas y se hac\u00edan al largo de la laguna. Y anduve con mucha priesa por la ribera de aquella laguna dos tercios de legua de labranzas, y en todas hab\u00edamos sido sentidos e iban ya huyendo. Ya era tarde y seguir m\u00e1s era en vano. Repos\u00e9 en aquellas labranzas y recog\u00ed toda la gente y aposent\u00e9la al mejor recabdo que yo pude, porque me dec\u00eda la gu\u00eda de Ma\u00e7atlan que aquella era mucha gente y muy ejercitada en la guerra a quien todas aquellas provincias comarcanas tem\u00edan. Y d\u00edjome que \u00e9l quer\u00eda ir en aquella cano\u00edta en que hab\u00eda venido el indio que tomaron al pueblo que se parec\u00eda en la isleta y est\u00e1 bien dos leguas de agua hasta llegar a \u00e9l; y que hablar\u00eda al se\u00f1or, que \u00e9l conoc\u00eda muy bien y se llama Canec, y le dir\u00eda mi intenci\u00f3n y cabsa de mi venida por aquellas tierras, pues hab\u00eda venido conmigo y la sab\u00eda y la hab\u00eda visto y cre\u00eda que se asegurar\u00eda mucho y le dar\u00eda cr\u00e9dito a lo que dijese porque era d\u00e9l muy conocido y hab\u00eda estado muchas veces en su casa. Y luego le di la canoa y el indio que la hab\u00eda tra\u00eddo con \u00e9l y le agradeci el ofrecimiento que me hacia y promet\u00ed que si lo hiciese bien, que se lo gratificar\u00eda muy a su contento, y ans\u00ed se fue. Y a medianoche volvi\u00f3, y con \u00e9l dos personas honradas del pueblo que dijeron ser enviados de su se\u00f1or, a me ver y se informar de lo que aquel mensajero m\u00edo les hab\u00eda dicho y saber de m\u00ed qu\u00e9 era lo que quer\u00eda. Yo los recib\u00ed muy bien y di algunas cosillas y les dije que yo ven\u00eda por aquellas tierras por mandado de Vuestra Majestad a verlas y hablar a los se\u00f1ores y naturales dellas algunas cosas cumplideras a su real servicio y bien dellos, que dijesen a su se\u00f1or que le rogaba que, pospuesto todo temor, viniese a donde yo estaba, y que para m\u00e1s seguridad yo les quer\u00eda dar un espa\u00f1ol que fuese all\u00e1 con ellos y se quedase all\u00e1 en rehenes en tanto que \u00e9l ven\u00eda. Y con esto se fueron, y con ellos la gu\u00eda y un espa\u00f1ol. Y otro d\u00eda de ma\u00f1ana vino el se\u00f1or y hasta treinta hombres con \u00e9l en cinco o seis canoas y consigo el espa\u00f1ol que hab\u00eda enviado para las rehenes, y mostr\u00f3 venir muy alegre. Fue de m\u00ed muy bien recebido, y porque cuando lleg\u00f3 era hora de misa hice que se dijese cantada y con mucha solemnidad con los menistriles de cherem\u00edas y sacabuches que conmigo iban, la cual oy\u00f3 con mucha atenci\u00f3n y las cerimonias della. Y acabada la misa, vinieron all\u00ed aquellos religiosos que llevaba, y por ellos les fue fecho un serm\u00f3n con la lengua en manera que muy bien lo pudo entender acerca de las cosas de nuestra fee, y d\u00e1ndole a entender por muchas razones c\u00f3mo no hab\u00eda m\u00e1s de un solo Dios y el yerro de su secta. Y seg\u00fand mostr\u00f3 y dijo, satisf\u00edzose mucho y dijo que \u00e9l quer\u00eda luego destruir sus \u00eddolos y creer en aquel Dios que nosotros le dec\u00edamos y que quisiera mucho saber la manera que hab\u00eda de tener para servirle y honrarle, y que si yo quisiese ir a su pueblo ver\u00eda c\u00f3mo en mi presencia los quemaba. Y quer\u00eda que le dejase en su pueblo aquella cruz que le hab\u00edan dicho que yo dejaba en todos los pueblos por donde yo hab\u00eda pasado. Despu\u00e9s deste serm\u00f3n yo le torn\u00e9 a hablar, haci\u00e9ndole saber la grandeza de Vuestra Majestad y que c\u00f3mo \u00e9l y todos los del mundo \u00e9ramos sus s\u00fabditos y vasallos y le somos obligados a servir, y que a los que ans\u00ed lo hac\u00edan Vuestra Majestad les mandar\u00eda hacer muchas mercedes, y yo en su real nombre lo hab\u00eda fecho en estas partes as\u00ed con todos los que a su real servicio se hab\u00edan ofrescido y puesto debajo de su imperial yugo, y que ans\u00ed lo promet\u00eda a \u00e9l. El me respondi\u00f3 que hasta entonces no hab\u00eda reconocido a nadie por se\u00f1or ni hab\u00eda sabido que nadie lo debiese ser; que verdad era que hab\u00eda cinco o seis a\u00f1os que los de Tabasco, veniendo por all\u00ed por su tierra, le hab\u00edan dicho c\u00f3mo hab\u00eda pasado por all\u00ed un capit\u00e1n con cierta gente de vuestra naci\u00f3n; y que los hab\u00edan vencido tres veces en batalla, y que despu\u00e9s les hab\u00edan dicho que hab\u00edan de ser vasallos de un gran se\u00f1or y todo lo que agora le dec\u00eda, que le dijese si era todo uno. Yo le respond\u00ed que el capit\u00e1n que los de Tabasco le dijeron que hab\u00eda pasado por su tierra con quien hab\u00edan peleado era yo, y para que creyese ser verdad, que se informase de aquella lengua que con \u00e9l hablaba &#8211; que es Marina, la que yo conmigo siempre he tra\u00eddo &#8211; porque all\u00ed me la hab\u00edan dado con otras veinte mujeres. Y ella le habl\u00f3 y le certific\u00f3 dello y c\u00f3mo yo hab\u00eda ganado a M\u00e9xico, y le dijo todas las tierrras que yo tengo sujetas y puestas debajo del imperio de Vuestra Majestad. Y mostr\u00f3 holgarse mucho en habello sabido y dijo que \u00e9l quer\u00eda ser s\u00fabdito y vasallo de Vuestra Majestad y que se ten\u00eda por dichoso de serio de un tan gran se\u00f1or como yo le dec\u00eda que era Vuestra Alteza, e hizo traer aves y miel y un poco de oro y ciertas cuentas de caracoles colorados, que ellos tienen en mucho, y di\u00f3melo. Y yo ansimismo le di algunas cosas de las nuestras, de que mucho se content\u00f3. Y comi\u00f3 conmigo con mucho placer, y despu\u00e9s de haber comido yo le dije c\u00f3mo iba en busca de aquellos espa\u00f1oles que estaban en la costa de la mar porque eran de mi compa\u00f1\u00eda y yo los hab\u00eda enviado y hab\u00eda muchos d\u00edas que yo no sab\u00eda dellos y por eso los ven\u00eda a buscar, que le rogaba que \u00e9l me dijese alguna nueva si sab\u00eda dellos. Y \u00e9l me dijo que ten\u00eda mucha noticia dellos, porque bien cerca de donde ellos estaban ten\u00eda \u00e9l ciertos vasallos suyos que le serv\u00edan de ararle ciertos cacaguatales porque era aquella muy buena tierra dellos, y que d\u00e9stos y de muchos mercaderes que cada d\u00eda iban y ven\u00edan de su tierra all\u00e1 sab\u00eda siempre nueva dellos, que \u00e9l me dar\u00eda gu\u00eda para que me llevasen adonde estaban, pero que me hac\u00eda saber que el camino era muy \u00e1spero, de sierras muy altas y de muchas pe\u00f1as, que si hab\u00eda de ir por la mar, que no me fuera tan trabajoso. Yo le dije que ya el v\u00eda que para tanta gente como yo conmigo tra\u00eda y el fardaje y caballos que no bastaran nav\u00edos, y que me era forzado ir por tierra. Rogu\u00e9le que me diese orden para pasar aquella laguna, y d\u00edjome que yendo por ella arriba hasta tres leguas, se desechaba, y por la costa pod\u00eda tornar al camino frontero de su pueblo; y que me rogaba mucho que ya que la gente se hab\u00eda de ir por acull\u00e1, que yo me fuese con \u00e9l en las canoas a ver su pueblo y casa y que ver\u00eda quemar los \u00eddolos y le har\u00eda hacer una cruz. Y yo por darle placer, aunque contra la voluntad de los de mi compa\u00f1\u00eda, entr\u00e9 con \u00e9l en las canoas con hasta veinte hombres, los m\u00e1s dellos ballesteros, y me fui a su pueblo con \u00e9l, donde nos recibieron bien y nos dieron algunas aves y miel. Y se quemaron y quebraron muchos \u00eddolos y se le puso una cruz despu\u00e9s con que quedaron muy contentos, y me estuve con \u00e9l todo aquel d\u00eda holgando. Y ya que era casi noche me desped\u00ed d\u00e9l, y me dio una gu\u00eda y me entr\u00e9 en las canoas y me sal\u00ed a dormir a tierra, donde hall\u00e9 ya mucha de la gente de mi compa\u00f1\u00eda que hab\u00eda bajado la laguna, y dormimos all\u00ed aquella noche. En este pueblo, digo en aquellas labranzas, qued\u00f3 un caballo que se hinc\u00f3un palo por el pie y no pudo andar. Prometi\u00f3me el se\u00f1or de lo curar. No s\u00e9 lo qu\u00e9 har\u00e1.<br \/>\nOtro d\u00eda, despu\u00e9s de recogida mi gente me part\u00ed por donde las gu\u00edas me llevaron, y a obra de media legua del aposento di en un poco de llano y caba\u00f1a y despu\u00e9s torn\u00e9 a dar en otro montecillo que tur\u00f3 obra de legua y media y torn\u00e9 a salir a unos muy hermosos llanos. Y en saliendo a ellos envi\u00e9 muy delante ciertos de caballo y algunos peones porque si alguna gente hobiese por el campo, la tomasen, porque nos dijeron las gu\u00edas que aquella noche llegar\u00edamos a un pueblo. Y en estos llanos se hallaron muchos gamos y alanceamos a caballo diez y ocho dellos, y con el sol y con haber muchos d\u00edas que los caballos no corr\u00edan, porque nunca hab\u00edamos tra\u00eddo tierra para ello sino montes, murieron dos caballos y estuvieron hartos en mucho peligro. Hecha nuestra monter\u00eda, seguimos nuestro camino adelante, y a poco rato hall\u00e9 algunos de los corredores que iban delante parados, y ten\u00edan cuatro indios cazadores que hab\u00edan tomado y tra\u00edan muerto un le\u00f3n y ciertas iguanas, que son unos grandes lagartos que hay en las Islas. Y destos indios me inform\u00e9 si sab\u00edan de m\u00ed en su pueblo, y dijeron que no y mostr\u00e1ronmele a su vista, que al parecer cre\u00ed que no pod\u00eda estar de una legua arriba. Y d\u00edme mucha priesa por llegar all\u00e1 creyendo que no hab\u00eda embarazo ninguno en el camino. Y cuando pens\u00e9 que llegaba a entrar en el pueblo y vi a la gente entrar por \u00e9l, fui a dar sobre un gran estero de agua muy hondo, y ans\u00ed me detuve y comenc\u00e9los a llamar. Y vinieron dos indios en una canoa y tra\u00edan hasta una docena de gallinas, y llegaron as\u00ed cerca de m\u00ed, que estaba dentro del agua hasta la cincha del caballo, y detuvi\u00e9ronse, que nunca quisieron llegar afuera. Y all\u00ed estuve con ellos hablando gran rato asegur\u00e1ndolos, y jam\u00e1s quisieron llegarse a m\u00ed, antes comenzaron a volverse al pueblo en su canoa. Y un espa\u00f1ol que estaba a caballo junto conmigo puso las piernas por el agua y fue a nado tras ellos y de temor desampararon la canoa, y llegaron de presto otros peones nadadores y tom\u00e1ronlos. Ya toda la gente que hab\u00edamos visto en el pueblo se hab\u00eda ido d\u00e9l. Y pregunt\u00e9 a aquellos indios por d\u00f3nde pod\u00edamos pasar y mostr\u00e1ronme un camino que rodeando una legua arriba se desechaba, y por all\u00ed fuimos aquella noche a dormir al pueblo, que hay desde donde partimos aquel d\u00eda ocho leguas grandes. Ll\u00e1mase este pueblo Checan y el se\u00f1or d\u00e9l Amohan. Aqu\u00ed estuve cuatro d\u00edas por bastecerme para seis d\u00edas que me dijeron las gu\u00edas que ten\u00eda de despoblado y por esperar si viniera el se\u00f1or del pueblo, que le envi\u00e9 a llamar y asegurar con aquellos indios que hab\u00eda tomado. Y nunca \u00e9l ni ellos vinieron.<br \/>\nPasados estos d\u00edas y recogido el m\u00e1s bastimento que por all\u00ed se pudo haber, me part\u00ed y llev\u00e9 la primera jornada de muy buena tierra llana y alegre sin monte, sino algunos pedazos. Y andadas seis leguas, al pie de unas sierras y junto a un r\u00edo se hall\u00f3 una gran casa y junto a ella otras dos o tres peque\u00f1as y alrededor algunas labranzas. Y dij\u00e9ronme las gu\u00edas que aquella casa era de Amohan, se\u00f1or de Checan, y que la ten\u00eda all\u00ed para venta porque pasaban por all\u00ed muchos mercaderes. All\u00ed estuve otro d\u00eda sin el que llegu\u00e9, porque era fiesta y por dar lugar a los que iban delante abr\u00edendo el camino. Y se hizo en aquel r\u00edo una muy hermosa pesquer\u00eda, que atajamos en \u00e9l mucha cantidad de sabogas y las tomamos todas, sin \u00edrsenos una de las que metimos en el atajo. Y otro d\u00eda me part\u00ed y llev\u00e9 la jornada de harto \u00e1spero camino de sierras y montes y anduve siete leguas y fui a dormir a un r\u00edo grande. Y de ah\u00ed sal\u00ed otro d\u00eda y habiendo andado tres leguas o casi de harto mal camino, sal\u00ed a unos llanos muy hermosos sin monte, sino algunos pinares. Dur\u00e1ronnos estos llanos otras dos leguas, y en ellos matamos siete venados y comimos en un arroyo muy fresco que se hac\u00eda al cabo destos llanos. Y despu\u00e9s de haber comido comenzamos a subir un portezuelo aunque peque\u00f1o harto \u00e1spero, que de diestro sub\u00edan los caballos con trabajo, y en la bajada d\u00e9l hubo hasta media legua de llano. Y luego comenzamos a subir otro que en subida y bajada tuvo bien dos leguas y media, tan \u00e1spero y malo que ning\u00fand caballo qued\u00f3 que no se desherrase. Y dorm\u00ed a la bajada d\u00e9l en un arroyo, y all\u00ed estuve otro d\u00eda casi hasta hora de v\u00edsperas esperando que se herrasen los caballos, y aunque hab\u00eda dos herradores y m\u00e1s de diez que ayudaban a echar clavos, no se pudieron en aquel d\u00eda herrar todos. Y yo me fui aquel d\u00eda a dormir tres leguas adelante, y quedaron all\u00ed muchos espa\u00f1oles ans\u00ed por herrar sus caballos como por esperar el fardaje, que por haber sido el camino malo y haberle pasado con mucha agua que llov\u00eda no hab\u00eda podido llegar.<br \/>\nOtro d\u00eda me part\u00ed de all\u00ed porque las gu\u00edas me dijeron que cerca estaba una caser\u00eda que se llama Asuncapin, que es del se\u00f1or de Tayca, y que llegar\u00edamos all\u00ed temprano a dormir. Y despu\u00e9s de haber andado cuatro o cinco leguas, llegamos a la dicha caser\u00eda y la hallamos sin gente, y all\u00ed me aposent\u00e9 y estuve dos d\u00edas por esperar todo el fardaje y por recoger alg\u00fand bastimento. Y despu\u00e9s me part\u00ed y fui a dormir a otra caser\u00eda que se llama Taxuytel, que est\u00e1 cinco leguas destotra y es de Amuhan, se\u00f1or de Checan, donde hab\u00eda muchos cacag\u00fcetales y alg\u00fan ma\u00edz, aunque poco y verde. Aqu\u00ed me dijeron las gu\u00edas y el principal desta caser\u00eda &#8211; que se hubo \u00e9l y su mujer y un su hijo &#8211; que hab\u00edamos de pasar unas muy altas y agr\u00edas sierras todas despobladas hasta llegar a otras caser\u00edas que son de Canec, se\u00f1or de Tayca, que se llaman Tenciz. Y no reposa mos aqu\u00ed mucho, que luego otro d\u00eda nos partimos. Y habiendo andado dos leguas de tierra llana comenzamos a subir el puerto, que fue la cosa del mundo m\u00e1s maravillosa. Y querer yo decir la aspereza y fragosidad deste puerto y sierras ni quien mejor que yo lo supiese lo podr\u00eda explicar ni quien lo oyese lo podr\u00eda entender, sino que sepa Vuestra Majestad que en ocho leguas que tur\u00f3 este puerto estuvimos en las andar doce d\u00edas digo los postreros, en llegar al cabo d\u00e9l, en que mur\u00ederon sesenta y ocho caballos despe\u00f1ados y desjarretados, y todos los dem\u00e1s vinieron heridos y tan lastimados que no pensamos aprovechamos de ninguno. Y ans\u00ed mur\u00ederon de las her\u00eddas y del trabajo de aquel puerto sesenta y ocho caballos, y los que escaparon estuvieron m\u00e1s de tres meses en tomar en s\u00ed. En todo este tiempo que pasamos este puerto jam\u00e1s ces\u00f3 de llover de noche y de d\u00eda, y eran las sierras de tal calidad que no se deten\u00eda en ellas agua para poder beber. Padecimos mucha necesidad de sed y los m\u00e1s de los caballos murieron por esta falta, y si no fuera porque de los ranchos y chozas que cada noche hac\u00edamos para nos meter &#8211; que dellos cog\u00edamos agua en calderas y otras vasijas, que como llov\u00eda tanto hab\u00eda para nosotros y para los caballos &#8211; fuera imposible escapar ning\u00fand hombre ni caballo de aquellas sierras. En este camino cay\u00f3 un sobrino m\u00edo y se quebr\u00f3 una p\u00ederna por tres o cuatro partes, que dem\u00e1s del trabajo que \u00e9l recibi\u00f3 nos acrecent\u00f3 el de todos por sacarle de aquellas sierras, que fue harto dificultoso. Para mayor desconsuelo de nuestros trabajos hallamos una legua antes de llegar a Tenciz un muy gran r\u00edo que con las muchas agua iba tan crecido y recio que era imposible pasarlo. Y los espa\u00f1oles que fueron delante hab\u00edan subido el r\u00edo arr\u00edba y hallaron un vado el m\u00e1s maravilloso que hasta hoy se ha o\u00eddo decir ni se puede pensar, y es que por aquella parte se tiende el r\u00edo m\u00e1s de dos tercios de legua porque unas pe\u00f1as muy grandes que se ponen delante le hacen tender, y hay entre estas pe\u00f1as y angosturas por donde pasa el r\u00edo la cosa m\u00e1s espantosa de recia que puede ser, y d\u00e9stas hay muchas, que por otra parte no puede pasar el r\u00edo sino por entre aquellas pe\u00f1as. Y all\u00ed cort\u00e1bamos \u00e1rboles grandes que se atravesaban de una pe\u00f1a a otra, y por all\u00ed pas\u00e1bamos tanto peligro asidos por unos bejucos que tambi\u00e9n se ataban de una parte a otra que a resbalar un poquito era imposible escaparse quien cayese. Hab\u00eda d\u00e9stos pasos hasta acabar de pasar el r\u00edo hasta veinte y tantos, de manera que se estuvo en pasar el r\u00edo dos d\u00edas por este vado. Y los caballos pasaron a nado por abajo, que iba algo m\u00e1s mansa el agua, y estuvieron tres d\u00edas muchos dellos en llegar a Tenciz &#8211; que no hab\u00eda, como digo, m\u00e1s de una legua &#8211; porque ven\u00edan tan maltratados de las sierras que casi los llevaban a cuestas y no pod\u00edan ir.<br \/>\nYo llegu\u00e9 a estas caser\u00edas de Tenciz v\u00edspera de Pascua de Resurrecci\u00f3n a quince d\u00edas del mes de abril del a\u00f1o de mill y quinientos y veinte y cinco, y mucha de la gente no lleg\u00f3 hasta tres d\u00edas adelante, digo los que ten\u00edan caballos, que se detuvieron por ellos. Y dos d\u00edas antes que yo llegase hab\u00edan llegado los espa\u00f1oles que llevaban la delantera, y hallaron gente en tres o cuatro casas de aqu\u00e9llas y tomaron veinte y tantas personas porque estaban muy descuidados de nuestra venida. Y a aqu\u00e9llos pregunt\u00e9 si hab\u00eda algunos bastimentos y dijeron que no, ni se pudieron hallar por toda la tierra, que nos puso en harta m\u00e1s necesidad que tra\u00edamos, porque hab\u00eda diez d\u00edas que no com\u00edamos sino cuescos de palmas y palmitos, y aun d\u00e9stos se com\u00edan pocos porque no ten\u00edamos ya fuerzas para cortalIos. Pero d\u00edjome un principal de aquellas caser\u00edas que a una jornada de all\u00ed el r\u00edo arriba, que lo hab\u00edamos de tornar a pasar por donde le hab\u00edamos pasado, hab\u00eda mucha poblaci\u00f3n de una provincia que se llama Tahuycal, y que all\u00ed hab\u00eda mucha abundancia de bastimentos de ma\u00edz y cacao y gallinas, y que \u00e9l me dar\u00eda quien me guiase all\u00e1. Luego prove\u00ed que fuese all\u00e1 un capit\u00e1n con treinta peones y m\u00e1s de mill indios de los que iban conmigo, y quiso Nuestro Se\u00f1or que hallaron mucha abundancia de ma\u00edz y hallaron la tierra despoblada de gente y de all\u00ed nos remediamos, aunque por ser tan lejos nos prove\u00edamos con trabajo.<br \/>\nDesde estas estancias envi\u00e9 con una gu\u00eda de los naturales dellas ciertos espa\u00f1oles ballesteros que fuesen a mirar el camino que hab\u00edan de llevar hasta una provincia que se llama Acuculin, y que llegasen a una aldea de la dicha provincia que est\u00e1 diez leguas de donde yo llegu\u00e9 y seis de la cabecera de la provincia que se llama, como digo, Acuculin y el se\u00f1or della Acahuilguin. Y llegaron sin ser sentidos y de una casa tomaron siete hombres y una mujer y volvi\u00e9ronse. Y dijeron que el camino era hasta donde ellos hab\u00edan llegado harto trabajoso, pero que les hab\u00eda parecido muy bueno en comparaci\u00f3n de los que hab\u00edan pasado. D\u00e9stos indios que trujeron estos espa\u00f1oles me inform\u00e9 de los cristianos que iba a buscar, y entre ellos ven\u00eda uno natural de la provincia de Aculan que dijo que era mercader y ten\u00eda su casa de asiento de mercader\u00eda en el pueblo donde resid\u00edan los espa\u00f1oles que yo iba a buscar, que se llama el pueblo Nito, donde hab\u00eda mucha contrataci\u00f3n de mercader\u00eda y de todas partes, y que los mercaderes naturales de Aculan ten\u00edan en \u00e9l un barrio por s\u00ed, y con ellos estaba un hermano de Apaspolon, se\u00f1or de Aculan; y que los cristianos les hab\u00edan salteado de noche y les hab\u00edan tomado el pueblo y todas las mercader\u00edas que en \u00e9l ten\u00edan, que eran en mucha cantidad porque hab\u00eda mercaderes de muchas partes, y que desde entonces, que pod\u00eda haber cerca de un a\u00f1o, todos se hab\u00edan ido por otras provincias; y que \u00e9l y ciertos mercaderes de Aculan hab\u00edan pedido licencia a Acahuilguin, se\u00f1or de Acuculin, para poblar en su tierra, y hab\u00edan hecho en cierta parte que \u00e9l les se\u00f1al\u00f3 un pueblezuelo donde viv\u00edan y dende all\u00ed contrataban, aunque ya el trato estaba muy perdido despu\u00e9s que aquellos espa\u00f1oles all\u00ed hab\u00edan venido, porque era por all\u00ed el paso y no osaban pasar por ellos; y que \u00e9l me guiar\u00eda hasta donde estaban, pero que hab\u00edamos de pasar all\u00ed junto a ellos un gran brazo de mar y antes de llegar all\u00ed muchas sierras y malas, y que hab\u00eda desde all\u00ed diez jornadas. Holgu\u00e9 mucho con tener tan buena gu\u00eda e h\u00edcele mucha honra, y habl\u00e1ronle las gu\u00edas que yo llevaba de Ma\u00e7atlan y Tayca, dici\u00e9ndole cu\u00e1n bien tratados hab\u00edan sido de m\u00ed y cu\u00e1n amigo era yo de Apaspolon, su se\u00f1or, y con esto paresci\u00f3 que \u00e9l se asegur\u00f3 m\u00e1s. Y fi\u00e1ndome de su seguridad, le mand\u00e9 soltar a \u00e9l y a los que con \u00e9l hab\u00edan tra\u00eddo, y con su confianza hice que se volviesen de all\u00ed las gu\u00edas que tra\u00eda y les di algunas cosillas para ellos y para sus se\u00f1ores y les agradec\u00ed sus trabajos, y se fueron muy contentos. Luego envi\u00e9 cuatro de aqu\u00e9llos de Acuculin con otros dos de los de aquellas caser\u00edas de Tenciz para que fuesen a hablar al se\u00f1or de Acuculin y le asegurasen porque no se ausentase, y tras ellos envi\u00e9 los que iban abriendo el camino. Y yo me part\u00ed desde ah\u00ed a dos d\u00edas por la necesidad de los bastimentos aunque ten\u00edamos harta de reposar, en especial por amor de los caballos, pero llevando los m\u00e1s dellos de diestro, nos fuimos. Y aquella noche amaneci\u00f3 ido el que hab\u00eda de ser gu\u00eda y los que con \u00e9l quedaron, de que Dios sabe lo que sent\u00ed, por haber enviado las otras. Segu\u00ed mi camino y fui a dormir a un monte cinco leguas de all\u00ed donde se pasaron hartos malos pasos y aun se desjarret\u00f3 otro caballo que hab\u00eda quedado sano que hasta hoy lo est\u00e1. Y otro d\u00eda anduve seis leguas y pas\u00e9 dos rios. El uno se pas\u00f3 por un \u00e1rbol que estaba ca\u00eddo que atravesaba de la una parte a la otra, con que hecimos sobre \u00e9l con que pasase la gente para que no cayesen, y los caballos le pasaron a nado y se ahogaron en \u00e9l dos yeguas. Y el otro se pas\u00f3 en unas canoas, y los caballos tambi\u00e9n a nado. Y fui a dormir a una poblaci\u00f3n peque\u00f1a de hasta quince casas todas nuevas, y supe que aquellas eran donde los mercaderes de Acalan que hab\u00edan salido deste pueblo donde los cristianos est\u00e1n hab\u00edan poblado. All\u00ed estuve yo un d\u00eda esperando recoger el fardaje y gente. Y envi\u00e9 delante dos compa\u00f1\u00edas de caballos y una de peones al pueblo de Acuculin, y escribi\u00e9ronme c\u00f3mo le hab\u00edan hallado despoblado y en una casa grande que es del se\u00f1or hab\u00edan hallado dos hombres que les dijeron que estaban all\u00ed por mandado del se\u00f1or esperando a que yo llegase para se lo ir a hacer saber porque \u00e9l hab\u00eda sabido de mi venida de aquellos mensajeros que yo le hab\u00eda enviado desde Tenciz, y que \u00e9l holgaba de verme y vern\u00eda en sabiendo que yo era llegado, y que se hab\u00eda ido el uno dellos a llamar al se\u00f1or y a traer alg\u00fan bastimento, y el otro hab\u00eda quedado. Escribi\u00e9ronme tambi\u00e9n que hab\u00edan hallado cacao en los \u00e1rboles pero que no hab\u00edan hallado ma\u00edz, pero que hab\u00eda razonable pasto para los caballos. Como yo llegu\u00e9 a Acuculin, pregunt\u00e9 si hab\u00eda venido el se\u00f1or o vuelto el mensajero, y me dijeron que no. Y habl\u00e9 al que hab\u00eda quedado, pregunt\u00e1ndole c\u00f3mo no hab\u00edan venido. Respondi\u00f3me que no sab\u00eda, que \u00e9l tambi\u00e9n estaba espantado dello, pero que podria ser que hobiese aguardado a saber que yo fuese venido y que agora que ya lo sab\u00eda, vern\u00eda. Esper\u00e9 dos d\u00edas y como no vino torn\u00e9le a hablar, y d\u00edjome que \u00e9l no sab\u00eda qu\u00e9 era la cabsa de no haber venido, pero que le diese algunos espa\u00f1oles que fuesen con \u00e9l, que \u00e9l sab\u00eda d\u00f3nde estaba y que lo llamar\u00edan. Y luego fueron con \u00e9l diez espa\u00f1oles, y llev\u00f3 los bien cinco leguas por unos montes hasta unas chozas que hallaron vac\u00edas donde, seg\u00fand dijeron los espa\u00f1oles, paresc\u00eda bien que hab\u00eda estado gente poco hab\u00eda. Y aquella noche se les fue la gu\u00eda y se volvieron. Ans\u00ed qued\u00e9 del todo sin gu\u00eda, que fue harta cabsa de doblamos los trabajos. Y envi\u00e9 cuadrillas de gente, ans\u00ed espa\u00f1oles como indios, por toda la provincia, y anduvieron por todas las partes della m\u00e1s de ocho d\u00edas y jam\u00e1s pudieron hallar gente ni rastro della si no fueron unas mujeres que hicieron poco fruto a nuestro prop\u00f3sito, porque ni ellas sab\u00edan camino ni dar raz\u00f3n del se\u00f1or ni gente de la provincia. Y una dellas dijo que sab\u00eda un pueblo dos jornadas de all\u00ed que se llamaba Chianteca, y que all\u00ed se hallar\u00eda gente que nos diese raz\u00f3n de aquellos espa\u00f1oles que busc\u00e1bamos, porque hab\u00eda en el dicho pueblo muchos mercaderes y personas que trataban en muchas partes. Y ans\u00ed envi\u00e9 luego gente y a esta mujer por gu\u00eda, y aunque era el pueblo dos jornadas buenas de donde yo estaba y todo despoblado y mal camino, los naturales d\u00e9l estaban ya avisados de mi venida y no se pudo tomar tampoco gu\u00eda. Quiso Nuestro Se\u00f1or que estando ya casi sin esperanza, por estar sin gu\u00eda y porque de la aguja no nos pod\u00edamos aprovechar por estar metidos entre las m\u00e1s \u00e1speras y bravas sierras que jam\u00e1s se vieron sin hallar camino que para ninguna parte saliese m\u00e1s del que hasta all\u00ed hab\u00edamos llevado, que se hall\u00f3 por unos montes un muchacho de hasta quince a\u00f1os que, pregunt\u00e1ndole, dijo que \u00e9l nos guiar\u00eda hasta unas estancias de Taniha, que es otra provincia que llevaba yo en mi memor\u00eda que hab\u00eda de pasar, las cuales estancias dijo estar dos jornadas de all\u00ed. Y con esta gu\u00eda me part\u00ed y en dos d\u00edas llegu\u00e9 a aquellas estancias donde los corredores que iban delante tomaron un indio viejo, y \u00e9ste nos gui\u00f3 hasta los pueblos de Taniha, que est\u00e1n otras dos jornadas adelante. Y en estos pueblos se tomaron cuatro indios, y luego como les pregunt\u00e9, me dieron muy cierta nueva de los espa\u00f1oles que buscaba, diciendo que los hab\u00eda visto y que estaban dos jornadas de all\u00ed en el mismo pueblo que yo llevaba en mi memoria que se llama Nito, que por ser pueblo de mucho trato de mercaderes se ten\u00eda d\u00e9l mucha noticia en muchas partes &#8211; y ans\u00ed me la dieron d\u00e9l en la provincia de Aculan, de que ya a Vuestra Majestad he hecho relaci\u00f3n &#8211; , y aun truj\u00e9ronme dos mujeres de las naturales del dicho pueblo Nito donde estaban los espa\u00f1oles, las cuales me dieron m\u00e1s entera noticia porque dijeron que al tiempo que los cristianos tomaron aquel pueblo ellas estaban en \u00e9l, y como los saltearon de noche las hab\u00edan tomado entre otras muchas que all\u00ed tomaron, y que hab\u00edan servido a ciertos cristianos dellos los cuales nombraban por sus nombres.<br \/>\nNo podr\u00e9 sinificar a Vuestra Majestad la mucha alegr\u00eda que yo y todos los de mi compa\u00f1\u00eda tuvimos con las nuevas que los naturales de Tahiba nos dieron, por hallarnos ya tan cerca del fin de tan dudosa jornada como la que tra\u00edamos era, que aunque en aquellas cuatro jornadas que desde Acuculin all\u00ed trujimos se pasaron innumerables trabajos porque fueron todas sin camino y de muy \u00e1speras sierras y despe\u00f1aderos donde se despe\u00f1aron algunos de los caballos que nos quedaban &#8211; y un primo m\u00edo que se dice Juan de Avalos rod\u00f3 \u00e9l y su caballo una sierra abajo donde se quebr\u00f3 un brazo, y si no fuera por las platas de un arn\u00e9s que llevaba vestido que le defendieron de las piedras se hiciera pedazos, y fue harto trabajoso de le tornar a sacar arriba &#8211; y otros muchos trabajos que ser\u00edan largos de contar que aqu\u00ed se nos ofrecieron, en especial de hambre &#8211; porque aunque tra\u00edamos algunos puercos de los que saqu\u00e9 de M\u00e9xico que a\u00fan no eran acabados hab\u00eda m\u00e1s de ocho d\u00edas cuando a Taniha llegamos que no com\u00edamos pan sino palmitos cocidos con la carne y sin sal, porque hab\u00eda muchos d\u00edas que nos hab\u00eda faltado, y con algunos cuescos de palmas nos pas\u00e1bamos, y tampoco hallamos en estos pueblos de Taniha cosa ninguna de comer, porque como estaban tan cerca los espa\u00f1oles estaban despoblados mucho hab\u00eda creyendo que hab\u00edan de venir a ellos, aunque desto pod\u00edan estar bien seguros seg\u00fand yo hall\u00e9 a los espa\u00f1oles &#8211; , con las nuevas de hallarnos tan cerca olvidamos estos trabajos pasados y p\u00fasonos esfuerzo para sufrir los presentes que no eran de menor condici\u00f3n, en especial el de la hambre, que era el mayor porque aun de aquellos palmitos sin sal no ten\u00edamos abasto, porque se cortaban con mucha dificultad de unas palmas muy gordas y altas, que en todo un d\u00eda dos hombres ten\u00edan que hacer en cortar uno, y cortado, le com\u00edan en media hora.<br \/>\nEstos indios que me dieron las nuevas de los espa\u00f1oles me dijeron que hasta llegar all\u00e1 hab\u00eda dos jornadas de mal camino, y que junto con el dicho pueblo de Nito donde los espa\u00f1oles estaban estaba un muy gran r\u00edo que no se pod\u00eda pasar sin canoas, porque era tan ancho que no era posible pasarle a nado. Luego despach\u00e9 quince espa\u00f1oles de los de mi compa\u00f1\u00eda a pie con una de aquellas gu\u00edas para que viesen el camino y el r\u00edo, y mand\u00e9les que trabajasen de haber alguna lengua de aquellos espa\u00f1oles sin ser sentidos para me informar qu\u00e9 gente era, si era de la que yo hab\u00eda enviado con Crist\u00f3bal de Olid o Francisco de las Casas, o de la de Gil Gonz\u00e1lez de Avila, y ans\u00ed fueron. Y el indio los gui\u00f3 hasta el dicho r\u00edo donde tomaron una canoa de unos mercaderes, y tomada, estuvieron all\u00ed dos d\u00edas escondidos. Y a cabo deste tiempo sali\u00f3 del pueblo de los espa\u00f1oles, que estaba de la otra parte del r\u00edo, una canoa con cuatro espa\u00f1oles que andaban pescando, a los cuales tomaron sin se les ir ninguno y sin ser sentidos en el pueblo, los cuales me trujeron. Y me inform\u00e9 dellos y supe que aquella gente que all\u00ed estaba eran de los de Gil Gonz\u00e1les de Avila y que estaban todos enfermos y casi muertos de hambre. Y luego despach\u00e9 dos criados mios en la canoa que aquellos espa\u00f1oles tra\u00edan para que fuesen al pueblo de los espa\u00f1oles con una carta m\u00eda en que les hac\u00eda saber de mi venida, y que yo me iba a poner al paso del r\u00edo y que les rogaba mucho me enviasen all\u00ed todo el aderezo de barcas o canoas que tuviesen en que pasase. Y yo me fui luego con toda mi compa\u00f1\u00eda al dicho paso del r\u00edo, que estuve tres d\u00edas en llegar a \u00e9l. Y all\u00ed vino un Diego Nieto, que dijo estar all\u00ed por justicia, y me trujo una barca y una canoa en que yo con diez o doce pas\u00e9 aquella noche al pueblo y aun me vi en harto trabajo, porque nos tom\u00f3 un viento al pasar y como el r\u00edo es muy ancho all\u00ed a la boca de la mar por donde le pasamos, estuvimos en mucho peligro de perdernos, y plugo a Nuestro Se\u00f1or de sacarnos a puerto. Otro d\u00eda hice aderezar otra barca que all\u00ed estaba y buscar m\u00e1s canoas y atarlas de dos en dos, y con este aderezo pas\u00f3 toda la gente y caballos en cinco o seis d\u00edas.<br \/>\nLa gente de espa\u00f1oles que yo all\u00ed hall\u00e9 fueron hasta sesenta hombres y veinte mujeres que el capit\u00e1n Gil Gonz\u00e1les de Avila all\u00ed hab\u00eda dejado, los cuales los hall\u00e9 tales que era la mayor compasi\u00f3n del mundo de los ver, y de ver las alegr\u00edas que con mi venida hicieron, porque en verdad si yo no llegara fuera imposible escapar ninguno dellos, porque dem\u00e1s de ser pocos y desarmados y sin caballos estaban muy enfermos y Ilagados y muertos de hambre, porque ya se les acababan los bas timentos que hab\u00edan tra\u00eddo de las Islas y alguno que hab\u00edan habido en aquel pueblo cuando lo tomaron a los naturales d\u00e9l, y acabados, no ten\u00edan remedio de donde haber otros porque no estaban para irlos a buscar por la tierra, y ya que los tuvieran, estaban en tal parte asentados que por ninguna ten\u00edan salida, digo, que ellos supiesen ni pudiesen hallar &#8211; seg\u00fand se hall\u00f3 despu\u00e9s con dificultad &#8211; y la poca posibilidad que ellos hab\u00edan para salir a ninguna parte, porque a media legua de donde estaban poblados jam\u00e1s hab\u00edan salido por tierra. Vista la gran necesidad de aquella gente, determin\u00e9 de buscar un remedio para sostenerlos en tanto que le hallaba para poderlos enviar a las Islas donde se aviasen, porque de todos ellos no hab\u00eda ocho para que pudiesen quedar en la tierra, ya que se hobiese de poblar. Y luego de la gente que yo truje envi\u00e9 por muchas partes por la mar en dos barcas que all\u00ed ten\u00edan y en cinco o seis canoas. Y la primera salida que se hizo fue a una boca de un r\u00edo que se llama Yasa que est\u00e1 diez leguas deste pueblo donde yo hall\u00e9 estos cristianos hacia el camino por donde hab\u00eda venido, porque yo ten\u00eda noticia que all\u00ed hab\u00eda pueblos y muchos bastimentos. Y fue esta gente y llegaron al r\u00edo y subieron por \u00e9l seis leguas arriba y dieron en unas labranzas asaz grandes, y los naturales de la tierra sinti\u00e9ronlos venir y alzaron todos los bastimentos que ten\u00edan en unas caser\u00edas que por aquellas estancias hab\u00eda, y sus mujeres e hijos y haciendas y ellos se escondieron en los montes. Y como los espa\u00f1oles llegaron por aquelllas caser\u00edas dicen que les hizo una grande agua y re cogi\u00e9ronse a una gran casa que all\u00ed hab\u00eda, y como descuidados y mojados, todos se desarmaron y aun muchos se desnudaron para enjugar sus ropas y calentarse a fuegos que hab\u00edan fecho. Y estando as\u00ed descuidados, los naturales de la tierra dieron sobre ellos, y como los tomaron desapercibidos hirieron muchos dellos de tal manera que les fue forzado tornar a embarcar y venir donde yo estaba sin m\u00e1s recabdo del que hab\u00edan llevado. Y como vinieron Dios sabe lo que yo sent\u00ed, ans\u00ed por verlos heridos, y aun algunos dellos peligrosos, y por el favor que a los indios les quedar\u00eda, como por el poco remedio que trujeron para la gran necesidad en que est\u00e1bamos.<br \/>\nLuego a la hora en las mismas barcas y canoas torn\u00e9 a embarcar otro capit\u00e1n con m\u00e1s gente, ans\u00ed de espa\u00f1oles como de los naturales de M\u00e9xico que conmigo fueron. Y porque no pudo ir toda la gente en las dichas barcas, h\u00edcelos pasar de la otra parte de aquel gran r\u00edo que est\u00e1 cabe este pueblo, y mand\u00e9 que se fuesen por toda la costa y que las barcas y canoas se fuesen tierra a tierra junto con ellos para pasar los ancones y r\u00edos, que hay muchos. Y ans\u00ed fueron, y llegaron a la boca del dicho r\u00edo donde primero hab\u00edan herio los otros espa\u00f1oles y volvi\u00e9ronse sin hacer cosa ninguna ni traer recabdo de bastimento m\u00e1s de tomar cuatro indios que iban en una canoa por la mar. Y preguntados c\u00f3mo se ven\u00edan ans\u00ed, dijeron que con las muchas aguas que hac\u00eda ven\u00eda el r\u00edo tan furioso que jam\u00e1s hab\u00edan podido subir por el agua arr\u00edba una legua, y que creyendo que amansara hab\u00edan estado esperando a la boca ocho d\u00edas sin ning\u00fan bastimento ni fuego m\u00e1s de frutas de \u00e1rboles silvestres, de que algunos vinieron tales que fue menester harto remedio para escaparlos.<br \/>\nV\u00eddeme aqu\u00ed en harto aprieto y necesidad, que si no fuera por unos pocos puercos que me hab\u00edan quedado del camino, que com\u00edamos con harta regla y sin pan ni sal, todos nos qued\u00e1ramos aislados. Pregunt\u00e9 con la lengua a aquellos indios que hab\u00edan tomado en la canoa s\u00ed sab\u00edan ellos por all\u00ed a alguna parte donde pudi\u00e9semos ir a buscar bastimentos, prometi\u00e9ndoles que si me encaminasen donde los hobiese, que los pondr\u00eda en su libertad y dem\u00e1s les dar\u00eda muchas cosas. Y uno dellos me dijo que \u00e9l era mercader y todos los otros sus esclavos y que \u00e9l hab\u00eda ido por all\u00ed de mercadur\u00eda muchas veces con sus nav\u00edos y que \u00e9l sab\u00eda un estero que atravesaba desde all\u00ed hasta un gran r\u00edo por donde en tiempo que hac\u00eda tormentas y no pod\u00edan navegar por la mar todos los mercaderes atravesaban, y que en aquel r\u00edo hab\u00eda muy grandes poblaciones y de gente muy rica y abastada de bastimentos; y que \u00e9l los guiar\u00eda a ciertos pueblos donde muy cumplidamente pudiesen cargar de todos los bastimentos que quisiesen, y porque yo fuese cierto que \u00e9l no ment\u00eda, que le llevase atado con una cadena, para que si no fuese ans\u00ed yo le mandase dar la pena que mereciese. Y luego hice aderezar las barcas y canoas y met\u00ed en ellas toda cuanta gente sana en mi compa\u00f1\u00eda hab\u00eda y envi\u00e9 los con aquella gu\u00eda. Y fueron, y a cabo de diez d\u00edas volvieron de la manera que hab\u00edan ido, diciendo que la gu\u00eda los hab\u00eda metido por unas ci\u00e9nagas donde las barcas ni canoas no pod\u00edan navegar, y que hab\u00edan hecho todo lo posible por pasar y que jam\u00e1s hab\u00edan hallado remedio. Pregunt\u00e9 a la gu\u00eda c\u00f3mo me hab\u00eda burlado. Respondi\u00f3me que no hab\u00eda, sino que aquellos espa\u00f1oles con quien yo le envi\u00e9 no habian querido pasar adelante, que ya estaban muy cerca de atravesar a la mar adonde el r\u00edo sal\u00eda, y aun muchos de los espa\u00f1oles confesaron que hab\u00edan o\u00eddo muy claro el ruido de la mar y que no pod\u00eda estar muy lejos de donde ellos hab\u00edan llegado. No se puede decir lo que sent\u00ed en verme tan sin remedio, que casi estaba sin esperanza d\u00e9l y con pensamiento que ninguno pod\u00eda escapar de cuantos all\u00ed est\u00e1bamos sino morir de hambre.<br \/>\nEstando en esta perplejidad, Dios Nuestro Se\u00f1or, que de remedio a semejantes necesidades siempre tiene cargo, en especial a mi inm\u00e9rito, que tantas veces me ha remediado y socorrido en ellas por andar yo en el real servicio de Vuestra Majestad, aport\u00f3 all\u00ed un nav\u00edo que ven\u00eda de las Islas harto sin sospecha de hallarme, el cual traia hasta treinta hombres, sin la gente que navegaba el dicho nav\u00edo, y trece caballos y setenta y tantos puercos y doce botas de carne salada y pan hasta treinta cargas de lo de las Islas. Dimos todos muchas gracias a Nuestro Se\u00f1or que en tanta necesidad nos hab\u00eda socorrido, y compr\u00e9 todos aquellos bastimentos y el nav\u00edo, que me cost\u00f3 todo cuatro mill pesos. Y ya yo me hab\u00eda dado priesa a adobar una carabela que aquellos espa\u00f1oles ten\u00edan casi perdida y a hacer un bergant\u00edn de otros que all\u00ed hab\u00eda quebrados, y cuando este nav\u00edo vino ya la carabela estaba adobada, aunque el bergant\u00edn no creo que pudi\u00e9ramos dar fin si no viniera aquel nav\u00edo, porque vino en \u00e9l hombre que aunque no era carpintero tuvo para ello tal buena manera. Y andando despu\u00e9s por la tierra por unas y otras partes, se hall\u00f3 una vereda por unas muy \u00e1speras sierras que a diez y ocho leguas de all\u00ed fue a salir a cierta poblaci\u00f3n que se dice Leguela donde se hallaron muchos bastimentos, pero como estaban tan lejos y de tan mal camino era imposible proveernos dellos.<br \/>\nDe ciertos indios que se tomaron all\u00ed en Leguela se supo que Naco es un pueblo donde estuvieron Francisco de las Casas y Crist\u00f3bal de Olid y Gil Gonz\u00e1les de Avila y donde el dicho Crist\u00f3bal de Olid muri\u00f3, como ya a Vuestra Majestad tengo fecha relaci\u00f3n y adelante dir\u00e9, de que yo tuve noticia por aquellos espa\u00f1oles que hall\u00e9 en aquel pueblo. Y luego hice abrir el camino y envi\u00e9 un capit\u00e1n con toda la gente y caballos, que en mi compa\u00f1\u00eda no quedaron sino los enfermos y los criados de mi casa y algunas personas que se quisieron quedar conmigo para ir por la mar. Y mand\u00e9 a aquel capit\u00e1n que se fuese hasta el dicho pueblo de Naco y que trabajase de apaciguar la gente de aquella provincia, porque qued\u00f3 algo alborotada del tiempo que all\u00ed estuvieron aquellos capitanes; y que llegado, luego enviase diez o doce de caballo y otros tantos ballesteros a la bah\u00eda de Sant Andr\u00e9s, que est\u00e1 veinte leguas del dicho pueblo, porque yo me partir\u00eda por la mar con aquellos nav\u00edos y con ellos todos aquellos enfermos y gente que conmigo quedaba y me ir\u00eda a la dicha bah\u00eda y puerto de Sant Andr\u00e9s; y que si yo llegase primero, esperar\u00eda all\u00ed la gente que \u00e9l hab\u00eda de enviar, y que les mandase que si ellos llegasen primero, tambi\u00e9n me esperasen para que les dijese lo que hab\u00edan de hacer.<br \/>\nDespu\u00e9s de partida esta gente y acabado el bergant\u00edn, quise meterme con la gente en los nav\u00edos para navegar, y hall\u00e9 que aunque ten\u00edamos alg\u00fand bastimento de carne que no lo ten\u00edamos de pan, y que era gran inconveniente meterme en la mar con tanta gente enferma, porque si alg\u00fand d\u00eda los tiempos nos detuviesen ser\u00eda perecer todos de hambre en lugar de buscar remedio. Y buscando manera para le hallar, me dijo el que estaba por capit\u00e1n de aquella gente que cuando luego all\u00ed hab\u00edan venido que vinieron docientos hombres, y que tra\u00edan muy buen bergant\u00edn y cuatro nav\u00edos, que eran todos los que Gil G\u00f3nzales hab\u00eda tra\u00eddo; y que con el dicho bergant\u00edn y con las barcas de los nav\u00edos hab\u00edan subido aquel r\u00edo arriba, y que hab\u00edan hallado en \u00e9l dos golfos grandes todos de agua dulce y alrededor dellos muchos pueblos y de muchos bastimentos; y que hab\u00edan llegado hasta el cabo de aquellos golfos, que era catorce leguas el r\u00edo arr\u00edba, y que hab\u00eda tornado a se angostar el r\u00edo y que ven\u00eda tan fur\u00edoso que en seis d\u00edas que quisieron subir por \u00e9l arr\u00edba no hab\u00edan podido subir sino cuatro leguas, y que todav\u00eda iba muy hondable y que no hab\u00eda sabido el secreto d\u00e9l; y que all\u00ed cre\u00eda \u00e9l que hab\u00eda bastimentos de ma\u00edz hartos, pero que yo ten\u00eda poca gente para ir all\u00e1 porque cuando ellos hab\u00edan ido hab\u00edan saltado ochenta hombres en un pueblo, y aunque lo hab\u00edan tomado sin ser sentidos, pero despu\u00e9s, que se hab\u00edan juntado y peleado con ellos y f\u00e9choles embarcar por fuerza y les hab\u00edan herido cierta gente.<br \/>\nYo viendo la extrema necesidad en que estaba y que era m\u00e1s peligro meterme en la mar sin bastimentos que no irlos a buscar por tierra, pospuesto todo, me determin\u00e9 de subir aquel r\u00edo arriba, porque dem\u00e1s de no poder hacer otra cosa sino buscar de comer para aquella gente, pudiera ser que Dios Nuestro Se\u00f1or fuera servido que de all\u00ed se supiera alg\u00fand secreto en que yo pudiera servir a Vuestra Majestad. E hice luego contar la gente que ten\u00eda para poder ir conmigo y hall\u00e9 hasta cuarenta espa\u00f1oles, aunque no todos muy sueltos, pero todos pod\u00edan servir para quedar en guarda de los nav\u00edos cuando yo saltase en tierra. Y con esta gente y con hasta cincuenta indios que conmigo hab\u00edan quedado de los de M\u00e9x\u00edco me met\u00ed en el bergant\u00edn que ya ten\u00eda acabado y en dos barcas y en cuatro canoas, y dej\u00e9 en aquel pueblo un despensero m\u00edo que tuviese cargo de dar de comer a aquellos enfermos que all\u00ed quedaban. Y as\u00ed segu\u00ed mi camino el r\u00edo arriba con harto trabajo por la gran corriente d\u00e9l, y en dos noches y un d\u00eda sal\u00ed al primero de los dos golfos que arriba se hacen que est\u00e1 tres leguas de donde part\u00ed, el cual bojar\u00e1 doce leguas. Y en todo este golfo no hay poblaci\u00f3n alguna porque en torno d\u00e9l es todo anegado. Y navegu\u00e9 un d\u00eda por este golfo hasta llegar a otra angostura que el r\u00edo hizo y entr\u00e9 por ella, y otro d\u00eda por la ma\u00f1ana llegu\u00e9 al otro golfo que era la cosa m\u00e1s hermosa del mundo de ver, que entre las m\u00e1s \u00e1speras y agrias sierras que pueden ser estaba una mar tan grande que boja m\u00e1s de treinta leguas. Y fui por la costa d\u00e9l hasta que ya casi noche se hall\u00f3 una entrada de camino hacia la tierra, y luego salt\u00e9 en ella con treinta hombres y con todos los indios y segu\u00ed aquel cam\u00edno, y a dos tercios de legua fui a dar en un pueblo donde, seg\u00fand paresci\u00f3, hab\u00eda sido sentido, y estaba todo despoblado y sin cosa n\u00ednguna. Hallamos en el campo mucho ma\u00edz verde, y as\u00ed que comimos aquella noche. Y otro d\u00eda de ma\u00f1ana, viendo que de all\u00ed no nos pod\u00edamos proveer de lo que ven\u00edamos a buscar, cargamos de aquel ma\u00edz verde para comer y volvimos a las barcas sin haber rencuentro ninguno ni ver gente de los naturales de la tierra. Y embarcados, atraves\u00e9 de la otra parte del golfo, y en el camino nos tom\u00f3 un poco de tiempo contrario, que atravesamos con trabajo y se perdi\u00f3 una canoa, aunque la gente fue socorrida con una barca, que no se ahog\u00f3 sino un indio. Y tomamos la tierra ya muy tarde cerca de noche y no podimos saltar en ella hasta otro d\u00eda por la ma\u00f1ana que con las barcas y canoas subimos por un riatillo peque\u00f1o que all\u00ed estaba. Y qued\u00f3 el bergant\u00edn fuera y fui a dar en un camino, y all\u00ed salt\u00e9 con treinta hombres y con todos los indios. Y mand\u00e9 volver las barcas y canoas al bergant\u00edn y yo segu\u00ed aquel camino, y luego a un cuarto de legua de donde desembarqu\u00e9 di en un pueblo que, seg\u00fand paresci\u00f3, hab\u00eda muchos d\u00edas que estaba despoblado, porque las casas estaban todas llenas de hierba, aunque ten\u00edan muy buenas huertas de cacaguatales y otros \u00e1rboles de fruta. Y anduve por el pueblo buscando si hab\u00eda camino que saliese a alguna parte, y hall\u00e9 uno muy cerrado que paresc\u00eda que hab\u00eda mucho tiempo que no se segu\u00eda, y como no hall\u00e9 otro segu\u00ed por \u00e9l y anduve aquel d\u00eda cinco leguas por unos montes que casi todas las anduvimos con manos y pies seg\u00fand era cerrado, y fui a dar a una labranza de maizales adonde en una casita que en ella hab\u00eda se tomaron tres mujeres y un hombre cuya deb\u00eda ser aquella labranza. Y \u00e9stas nos guiaron a otras donde se tomaron otras dos mujeres, y gui\u00e1ronnos por un camino hasta nos llevar adonde estaba otra gran labranza y en medio della hasta cuarenta casillas muy peque\u00f1as que nuevamente parec\u00edan ser hechas. Y seg\u00fand pareci\u00f3, fuimos sentidos antes que lleg\u00e1semos, y toda la gente eran huidos por los montes. Y como se tomaron ans\u00ed de improviso no pudieron recoger tanto de lo que ten\u00edan que no nos dejaron algo, en especial gallinas, palomas, perdices y faisanes que ten\u00edan en jaulas, aunque ma\u00edz seco ni sal no hallamos. All\u00ed estuve aquella noche, que remediamos aquella necesidad de la hambre que tra\u00edamos porque hallamos ma\u00edz verde con que comimos estas aves. Y habiendo m\u00e1s de dos horas que est\u00e1bamos dentro en aquel pueblezuelo, vinieron dos indios de los que viv\u00edan en \u00e9l muy descuidados de hallar tales hu\u00e9spedes en sus casas, y fueron tomados por las velas que yo ten\u00eda. Y preguntados si sab\u00edan de alg\u00fand pueblo por all\u00ed cerca dijeron que s\u00ed y que ellos me llevar\u00edan all\u00e1 otro d\u00eda, pero que hab\u00edamos de llegar casi noche. Y otro d\u00eda de ma\u00f1ana nos partimos con aquellas gu\u00edas, y nos llevaron por otro camino m\u00e1s malo que el del d\u00eda pasado, porque dem\u00e1s de ser tan cerrado como \u00e9l, a tiro de ballesta pas\u00e1bamos un r\u00edo que todos iban a dar en aquel golfo, y deste grande ayuntamiento de aguas que baja de todas aquellas sierras se hacen aquellos golfos y ci\u00e9nagas y sale aquel r\u00edo tan poderoso a la mar, como a Vuestra Majestad he dicho. Y ans\u00ed, continuando nuestro camino, anduvimos siete leguas sin llegar a poblado, en que se pasaron cuarenta y cinco r\u00edos cabdales, sin muchos arroyos que no se contaron. Y en el camino se tomaron tres mujeres que ven\u00edan de aquel pueblo adonde nos llevaba la gu\u00eda cargadas de ma\u00edz, las cuales nos certificaron que la gu\u00eda nos dec\u00eda verdad. Y ya que el sol era puesto o se quer\u00eda poner, sentimos cierto ruido de gente y unos atabales, e hice parar toda la gente y pregunt\u00e9 a aquellas mujeres que qu\u00e9 era aquello, y dij\u00e9ronme que era cierta fiesta que hac\u00edan aquel d\u00eda. E hice poner toda la gente en el monte lo mejor y m\u00e1s secretamente que yo pude y pusimos escuchas casi junto al pueblo y otras por el camino porque si viniese al g\u00fand indio lo tomasen, y ans\u00ed estuve toda aquella noche con la mayor agua que nunca se vido y con la mayor pestilencia de mosquitos que se pod\u00eda pensar. Y era tal el monte y el camino y la noche tan oscura y tempestosa que dos o tres veces quise salir para ir a dar en el pueblo y jam\u00e1s acert\u00e9 a dar en el camino aunque est\u00e1bamos tan cerca del pueblo que casi o\u00edamos hablar la gente d\u00e9l, y ans\u00ed fue forzado esperar a que amaneciese. Y fuimos a tan buen tiempo que los tomamos todos durmiendo. Yo hab\u00eda mandado que nadie entrase en casa ni diese voz, sino que cerc\u00e1semos estas casas m\u00e1s principales, en especial la del se\u00f1or y una grande atarazana en que nos hab\u00edan dicho aquellas gu\u00edas que dorm\u00eda toda la gente de guerra. Y quiso nuestra dicha que la primera casa con que fuimos a topar fue aqu\u00e9lla donde estaba la gente de guerra. Y como hac\u00eda ya claro, que todo se v\u00eda, uno de los de mi compa\u00f1\u00eda que vido tanta gente y armas en aquella casa paresci\u00f3le que era bien, seg\u00fand que nosotros \u00e9ramos pocos y a \u00e9l le parec\u00edan los contrarios muchos aunque estaban durmiendo, que deb\u00eda invocar alg\u00fan auxilio, y as\u00ed comenz\u00f3 a grandes voces a decir \u00abiSantiago, Santiago!\u00bb, a las cuales los indios recordaron, y dellos acertaron a tomar las armas y dellos no. Y como la casa donde estaban no ten\u00eda pared ninguna por ninguna parte, sino sobre postes armado el tejado, sal\u00edan por donde quer\u00edan porque no la pudimos cercar toda. Y certifico a Vuestra Majestad que si aqu\u00e9l no diera aquellas voces todos se prendieran sin se nos ir ninguno, que fuera la m\u00e1s hermosa cabalgada que nunca se vido en estas partes y aun pudiera ser cabsa de dejar todo aquello pac\u00edfico torn\u00e1ndolos a soltar y dici\u00e9ndoles la causa de mi venida a aquellas partes y asegur\u00e1ndolos, y viendo que no les hac\u00edamos mal, antes los solt\u00e1bamos teni\u00e9ndolos presos, pudiera ser que se hiciera mucho fruto. Y ans\u00ed fue al rev\u00e9s. Prendimos hasta quince hombres y hasta veinte mujeres y murieron otros diez o doce que no se dejaron prender, entre los cuales muri\u00f3 el se\u00f1or sin ser conocido hasta que, despu\u00e9s de muerto, me le mostra ron los presos. Tampoco en este pueblo hallamos cosa que nos aprovechase, porque aunque hall\u00e1bamos ma\u00edz verde, no era para el bastimento que ven\u00edamos a buscar.<br \/>\nEn este pueblo estuve dos d\u00edas porque la gente descansase. Y pregunt\u00e9 a los \u00ednd\u00edos que all\u00ed se prendieron si sab\u00edan adonde hobiese bastimento de ma\u00edz seco y dijeron que s\u00ed, que ellos sab\u00edan un pueblo que se llama Chacujal que era muy grande pueblo y muy antiguo y que era muy abastado de todo g\u00e9nero de bastimentos. Y despu\u00e9s de haber estado aqu\u00ed estos dos d\u00edas part\u00edme gui\u00e1ndome aquellos indios para el pueblo que dijeron, y anduve aquel d\u00eda seis leguas grandes tamb\u00ed\u00e9n de mal camino y de muchos r\u00edos y llegu\u00e9 a unas muy grandes labranzas. Y dij\u00e9ronme las gu\u00edas que aqu\u00e9llas eran del pueblo donde \u00edbamos, y fuimos por ellas bien dos leguas por el monte por no ser sentidos. Y tom\u00e1ronse de le\u00f1adores y otros labradores que andaban por aquellos montes a caza ocho hombres que ven\u00edan muy seguros a dar sobre nosotros, y como yo llevaba siempre mis corredores delante tom\u00e1ronlos sin se ir ninguno. Y ya que se quer\u00eda poner el sol dij\u00e9ronme las gu\u00edas que me detuviese porque ya est\u00e1bamos muy cerca del pueblo, y ans\u00ed lo hice, que me estuve en un monte hasta que fue tres horas de la noche. Y luego comenc\u00e9 a caminar y fui a dar a un r\u00edo que le pasamos a los pechos, e iba tan recio que fue harto peligroso de pasar, sino que con ir asidos todos unos a otros pasamos sin que nadie peligrase. Y en pasando el r\u00edo, me dijeron las gu\u00edas que el pueblo estaba ya junto, e hice parar toda la gente y fui con dos compa\u00f1eros hasta que llegu\u00e9 a ver las casas del pueblo y aun o\u00edrlos hablar, y paresci\u00f3me que la gente estaba sosegada y que no \u00e9ramos sentidos. Y volv\u00edme a la gente e h\u00edcelos que reposasen, y puse seis hombres a vista del pueblo de la una parte y de la otra del camino y volv\u00edme a reposar donde la gente estaba. Y ya que me reposaba sobre unas pajas, vino una de las escuchas que ten\u00eda puestas y d\u00edjome que por el camino ven\u00eda mucha gente con armas y que ven\u00edan hablando y como gente descuidada de nuestra venida. Y aperceb\u00ed la gente lo m\u00e1s paso que yo pude, y como el trecho de all\u00ed al pueblo era poco vinieron a dar sobre las escuchas, y como las sintieron soltaron una rociada de flechas e hicieron mandado al pueblo, y ans\u00ed se fueron retrayendo y retirando y peleando hasta que entramos en el pueblo, y como hac\u00eda oscuro luego desaparecieron por entre las calles. Y yo no consent\u00ed desmandar la gente porque era de noche y tambi\u00e9n porque cre\u00ed que hab\u00edamos sido sentidos y ten\u00edan alguna celada. Y con mi gente junta sal\u00ed a una gran plaza donde ellos ten\u00edan sus mesquitas y oratorios, y como vimos las mezquitas y aposentos alrededor dellas a la forma y manera de Cul\u00faa p\u00fasonos m\u00e1s espanto del que tra\u00edamos, porque hasta all\u00ed despu\u00e9s que pasamos de Acalan no las hab\u00edamos visto de aquella manera. Y hubo muchos votos de los de mi compa\u00f1\u00eda en que dec\u00edan que luego nos torn\u00e1semos a salir del pueblo y pas\u00e1semos aquella noche en el r\u00edo antes que los del pueblo no sintiesen que \u00e9ramos pocos y nos tomasen aquel paso. Y en la verdad no era muy mal consejo, porque todo era raz\u00f3n de temer seg\u00fan lo que hab\u00edamos visto del pueblo. Y ans\u00ed estuvimos recogidos en aquella plaza gran rato que nunca sentimos rumor de gente. Y a m\u00ed me paresci\u00f3 que no deb\u00eda salir del pueblo de aquella manera porque quiz\u00e1 los indios, viendo que nos deten\u00edamos, tem\u00edan m\u00e1s temor, y que si nos viesen volver, conocer\u00edan nuestra flaqueza y nos ser\u00eda m\u00e1s peligroso. Y ans\u00edplugo a Nuestro Se\u00f1or que fue, y despu\u00e9s de haber estado en aquella plaza muy gran rato, recog\u00edme con la gente a una gran sala de aqu\u00e9llas y envi\u00e9 algunos que anduviesen por el pueblo por ver si sent\u00edan algo. Y nunca sintieron rumor, antes entraron en muchas casas de las casas d\u00e9l porque en todas hab\u00eda lumbre, donde hallaron mucha copia de bastimentos y volvieron muy contentos y alegres, y ans\u00ed estuvimos aquella noche al mejor recabdo que fue posible. Luego que fue de d\u00eda se busc\u00f3 todo el pueblo, que era muy bien trazado y las casas muy juntas y muy buenas, y hall\u00f3se en todas ellas mucho algod\u00f3n hilado y por hilar, y ropa fecha de las que ellos usan buena, y mucha copia de ma\u00edz seco y cacao, frisoles y aj\u00ed y sal, y muchas gallinas y faisanes en jaulas, y perdices y perros de los que cr\u00edan para comer, que son asaz buenos, y todo g\u00e9nero de bastimentos, tanto que si tuvi\u00e9ramos los nav\u00edos donde los pudi\u00e9ramos meter en ellos, me tuviera yo por harto bien bastecido para muchos d\u00edas, pero para nos aprovechar dellos hab\u00edamoslos de llevar veinte leguas a cuestas, y est\u00e1bamos tales que nosotros sin otra carga tuvi\u00e9ramos bien que hacer en volver al nav\u00edo si all\u00ed no descans\u00e1ramos algunos d\u00edas. Aquel d\u00eda envi\u00e9 un indio natural de aquel pueblo de los que hab\u00edamos prendido por aquellas labranzas que paresci\u00f3 algo pr\u00edncipal seg\u00fand el h\u00e1bito en que fue tomado, porque se tom\u00f3 andando a caza con su arco y flechas y su persona a su manera bien adereszada. Y habl\u00e9le con una lengua que llevaba y d\u00edjele que fuese a buscar al se\u00f1or y gente de aquel pueblo y que les dijese de mi parte que yo no ven\u00eda a les hacer enojo ninguno, antes a les hablar cosas que a ellos mucho conven\u00edan, y que viniesen el se\u00f1or o alguna persona honrada del pueblo y que sabr\u00edan la cabsa de mi venida; y que fuesen ciertos que si viniese se les seguir\u00eda mucho provecho, y por el contrar\u00edo, mucho da\u00f1o. Y ans\u00ed le despach\u00e9 con una carta m\u00eda, porque se aseguran mucho con ellas en estas partes, aunque fue contra la voluntad de algunos de los de mi compa\u00f1\u00eda, diciendo que no era buen consejo enviarle porque manifestar\u00eda la poca gente que \u00e9ramos y que aquel pueblo era recio y de mucha gente seg\u00fand parec\u00eda por las casas d\u00e9l, y que podr\u00eda ser que sabidos cu\u00e1n pocos \u00e9ramos, viniesen sobre nosotros y juntasen consigo gentes de otros pueblos. Y yo bien vi que ten\u00edan raz\u00f3n, mas con deseo de hallar alguna manera para nos poder proveer de bastimentos, creyendo que si aquella gente ven\u00eda de paz me dar\u00edan manera para llevar algunos, pospuse todo lo que se me pudiese ofrescer, porque en la verdad no era menos peligro el que esper\u00e1bamos de hambre si no llev\u00e1bamos bastimentos que el que se nos pod\u00eda recrecer de venir los indios sobre nosotros, y por esto todav\u00eda despach\u00e9 el indio. Y qued\u00f3 que volver\u00eda otro d\u00eda, porque sab\u00eda d\u00f3nde podr\u00eda estar el se\u00f1or y toda la gente. Y otro d\u00eda despu\u00e9s que se parti\u00f3, que era el plazo a que hab\u00eda de venir, andando los espa\u00f1oles rodeando el pueblo y descubrien do el campo, hallaron la carta que yo le hab\u00eda dado puesta en el camino en un palo, donde ten\u00edamos por cierto que no tern\u00edamos respuesta. Y ans\u00ed fue, que nunca vino el indio, \u00e9l ni otra persona, puesto que estuvimos en aquel pueblo diez y ocho d\u00edas descansando y buscando alg\u00fand remedio para llevar de aquellos bastimentos. Y pensando en esto, me paresci\u00f3 que ser\u00eda bien seguir el r\u00edo de aquel pueblo abajo para ver si entraba en el otro grande que entra en aquellos golfos dulces adonde dej\u00e9 el bergant\u00edn y barcas y canoas. Y pregunt\u00e9lo a aquellos indios que ten\u00eda presos y dijeron que s\u00ed, aunque no los entend\u00edamos bien ni ellos a nosotros, porque son de lengua diferente de la que habemos visto. Y por se\u00f1as y por algunas palabras que aquella lengua entend\u00eda les rogu\u00e9 que dos dellos fuesen con diez espa\u00f1oles a mostrarles la salida de aquel r\u00edo, y ellos dijeron que era muy cerca y que aquel d\u00eda volver\u00edan. Y ans\u00ed fue, que plugo a Nuestro Se\u00f1or que habiendo andado dos leguas por unas g\u00fcertas muy hermosas de cacag\u00fcetales y otras frutas, dieron en el r\u00edo grande, y dijeron que aqu\u00e9l era el que sal\u00eda a los golfos donde yo hab\u00eda dejado el bergant\u00edn y barcas y canoas, y nombr\u00e1ronle por su nombre, que se llama Apolochic. Y pregunt\u00e9les en cu\u00e1ntos d\u00edas ir\u00eda de all\u00ed en canoas hasta llegar a los golfos. Dij\u00e9ronme que en cinco d\u00edas, y luego despach\u00e9 dos espa\u00f1oles con una gu\u00eda de aqu\u00e9llos para que fuesen fuera de camino, porque la gu\u00eda se me ofreci\u00f3 de los llevar as\u00ed hasta el bergant\u00edn. Y mand\u00e9les que el bergant\u00edn y barcas y canoas llevasen a la boca de aquel gran r\u00edo y que trabajasen con la una canoa y barca de subir el r\u00edo arr\u00edba hasta donde sal\u00eda el otro r\u00edo. Y despachados \u00e9stos, hice hacer cuatro balsas de madera y ca\u00f1as muy grandes. Cada una llevaba cuarenta hanegas de ma\u00edz y diez hombres, sin otras muchas cosas de frisoles y aj\u00ed y cacao que cada uno de los espa\u00f1oles echaban en ellas. Y hechas ya las balsas, que pasaron bien ocho d\u00edas en hacellas, y puesto el bastimento a punto para lo llevar, llegaron los espa\u00f1oles que hab\u00eda enviado al bergant\u00edn, los cuales me dijeron que hab\u00eda seis d\u00edas que comenzaron a subir el r\u00edo arriba y que no hab\u00edan podido llegar en la barca arriba, y que la dejaban cinco leguas de all\u00ed con diez espa\u00f1oles que la guardaban; y que con la canoa tampoco habian podido llegar porque ven\u00edan muy cansados de remar, pero que quedaba una legua de all\u00ed escondida; y que viniendo el r\u00edo arriba, les hab\u00edan salido algunos indios y peleado con ellos aunque hab\u00edan sido pocos, pero que cre\u00edan que para la vuelta, que se hab\u00edan de juntar a esperarlos. E hice ir luego gente que subiese la canoa a donde estaban las balsas, y puesto en ella todo el bastimento que hab\u00edamos recogido, met\u00ed la gente que era menester para guiarnos con unas palancas grandes y para amparar de \u00e1rboles que hab\u00eda en el r\u00edo asaz peligrosos. Y a la gente que qued\u00f3 se\u00f1al\u00e9 un capit\u00e1n y mand\u00e9 que se fuesen por el camino que hab\u00edamos tra\u00eddo, y si llegasen primero que yo, que all\u00ed me esperasen adonde hab\u00edamos desembarcado y que yo ir\u00eda all\u00ed a tomarlos; y que si yo llegase primero, yo los esperar\u00eda. Y yo met\u00edme en aquella canoa con las balsas con solos dos ballesteros, que no ten\u00eda m\u00e1s. Aunque era el camino peligroso, [as\u00ed] por la gran corriente y ferocidad del r\u00edo como porque se ten\u00eda por cierto que los indios hab\u00edan de esperar el paso, quise yo ir all\u00ed porque hobiese mejor recabdo. Y encomend\u00e1ndome a Dios, me dej\u00e9 ir el r\u00edo abajo, y llev\u00e1bamos tal andar que en tres horas llegamos adonde hab\u00eda quedado la barca, y aun[que] quisimos echar alguna carga en ella por aliviar las cargas era tanta la corriente que jam\u00e1s pudieron parar. Y yo met\u00edme en la barca y mand\u00e9 que la canoa bien equipada de remeros fuese siempre delante de las balsas para descubrir si hobiese indios en canoas y para avisar de algunos malos pasos, y yo qued\u00e9 en la barca atr\u00e1s de todos aguardando a que pasasen todas las balsas delante, para que si alguna necesidad se les ofreciese los pudiese socorrer de arriba a abajo mejor que de abajo para arriba. Y ya que quer\u00eda ponerse el sol, la una de las balsas dio en un palo que estaba debajo del agua y trastorn\u00f3la un poco y la furia del agua la sac\u00f3, aunque perdi\u00f3 la mitad de la carga. Y yendo nuestro camino ya tres horas de la noche, o\u00ed adelante gran grita de indios, y por no dejar las balsas atr\u00e1s no me adelant\u00e9 a ver qu\u00e9 era. Y dende a un poco ces\u00f3 y no se oy\u00f3 m\u00e1s. A otro rato torn\u00e9la a o\u00edr y paresci\u00f3me m\u00e1s cerca y ces\u00f3, y tampoco pude saber qu\u00e9 cosa era porque la canoa y las tres balsas iban delante y yo quedaba con la balsa que no andaba tanto. Y yendo ya algo descuidado, porque hab\u00eda rato que la grita no sonaba, yo me quit\u00e9 la celada que llevaba y me recost\u00e9 sobre la mano porque iba con gran calentura. Y yendo ans\u00ed, tom\u00f3nos una furia de una vuelta del r\u00edo que por fuerza sin podello resistir dio con la barca y balsa en tierra. Y seg\u00fand paresci\u00f3, all\u00ed hab\u00edan sido dadas las gritas que hab\u00edamos o\u00eddo, porque como los indios sab\u00edan el r\u00edo como criados en \u00e9l, y nos tra\u00edan espiados y sab\u00edan que forzado la corriente nos hab\u00eda de echar all\u00ed, estaban muchos dellos esper\u00e1ndonos a aquel paso. Y como la canoa y balsas que iban delante hab\u00edan dado donde nosotros despu\u00e9s dimos, hab\u00edanlos flechado y herido casi a todos, aunque con saber que ven\u00edamos atr\u00e1s no se hobieron con ellos tan reciamente como despu\u00e9s con nosotros. Y nunca la canoa nos pudo avisar, porque no pudo volver con la corriente. Y como nosotros dimos en tierra, alzaron muy gran alarido y echaron tanta cantidad de flechas y piedras que nos hirieron a todos, y a m\u00ed me hirieron en la cabeza, que no llevaba otra cosa desarmada. Y quiso Nuestro Se\u00f1or que all\u00ed era una barranca alta y hac\u00eda el r\u00edo gran hondura, y a esta cabsa no fuimos tomados, porque algunos que se quisieron arrojar a saltar en la balsa y barca con nosotros no les fue bien, que como era noche oscura cayeron al agua y creo que escaparon pocos. Fuimos tan presto apartados dellos con la corriente que en poco rato casi no los o\u00edamos, y ans\u00ed anduvimos toda aquella noche sin hallar m\u00e1s rencuentro sino algunas gritillas que canoas nos daban desde lejos y otros desde las barrancas del r\u00edo, porque est\u00e1 todo de la una parte y de la otra poblado y de muy hermosas heredades de g\u00fcertas de cacao y otras frutas. Y cuando amanesci\u00f3 est\u00e1bamos hasta cinco leguas de la boca del r\u00edo que sale al golfo, donde nos esperaba el bergant\u00edn. Y llegamos aquel d\u00eda casi a mediod\u00eda, de manera que en un d\u00eda entero y una noche anduvimos veinte leguas grandes por aquel r\u00edo abajo. Y queriendo descargar las balsas para echar los bastimentos en el bergant\u00edn, hallamos que todo lo m\u00e1s dello ven\u00eda mojado, y viendo que si no se enjugaba se perder\u00eda todo y nuestro trabajo ser\u00eda perdido y no ten\u00edamos donde buscar otro remedio, hice escoger todo lo enjuto y met\u00edlo en el bergant\u00edn, y lo mojado echarlo en las dos barcas y dos canoas y envi\u00e9lo a m\u00e1s andar al pueblo para que lo enjugasen, porque en todo aquel golfo no hab\u00eda d\u00f3nde por ser todo anegado, y ans\u00ed se fueron. Y mand\u00e9les que luego volviesen las barcas y canoas a ayudarme a llevar la gente, porque el bergant\u00edn y una canoa que llevaba que me qued\u00f3 no pod\u00eda llevar toda la gente. Y partidas las barcas y canoas, yo me hice a la vela y me fui adonde hab\u00eda de esperar la gente que ven\u00eda por tierra y esper\u00e9la tres d\u00edas, y a cabo d\u00e9stos llegaron muy buenos excepto un espa\u00f1ol, que dijeron haber comido en el camino ciertas hierbas y muri\u00f3 casi s\u00fapitamente. Trujeron un indio que tomaron en aquel pueblo donde yo los dej\u00e9, que ven\u00eda descuidado y porque era diferente de los de aquella tierra ans\u00ed en lengua como en h\u00e1bito. Le pregunt\u00e9 casi por se\u00f1as y porque entre los indios presos se hall\u00f3 uno que le entend\u00eda, y dijo ser natural de Teculutlan. Y como yo o\u00ed el nombre del pueblo, paresci\u00f3me que lo hab\u00eda o\u00eddo decir otras veces, y desque llegu\u00e9 al pueblo mir\u00e9 ciertas memorias que yo ten\u00eda y hall\u00e9 ser verdad que le hab\u00eda o\u00eddo nombrar, y parece por all\u00ed no haber de traviesa de donde yo llegu\u00e9 a la otra Mar del Sur, adonde yo tengo a Pedro de Alvarado, sino setenta u ochenta leguas. Porque por aquellas memorias me paresc\u00eda haber estado espa\u00f1oles de la compa\u00f1\u00eda de Pedro de Alvarado en aquel pueblo de Teculutlan y aun el indio ans\u00ed lo firmaba, holgu\u00e9 mucho de saber aquella traviesa.<br \/>\nVenida toda la gente, porque las barcas no ven\u00edan all\u00ed y gastamos aquel poco de bastimento que hab\u00eda quedado enjuto, met\u00edmonos todos en el bergant\u00edn con harto trabajo, que no cab\u00edamos, con pensamiento de atravesar al pueblo donde primero hab\u00edamos saltado, porque los maizales hab\u00edamos dejado muy granadas y hab\u00eda ya m\u00e1s de veintecinco d\u00edas, y de raz\u00f3n hab\u00edamos de hallar mucho dello seco para podernos aprovechar. Y as\u00ed fue, que yendo una ma\u00f1ana en mitad del golfo, vimos las barcas que ven\u00edan y fuimos todos juntos. Y en saltando en tierra, fue toda la gente ans\u00ed espa\u00f1oles como indios nuestros amIgos y m\u00e1s de cuarenta indios presos al pueblo y hallaron muy buenos maizales y muchos dellos secos, y no hallaron quien se lo defendiese. Y cristianos e indios hicieron aquel d\u00eda tres caminos, porque era muy cerca, con que cargu\u00e9 el bergant\u00edn y barcas, y fuime con ello al pueblo. Y dej\u00e9 alli toda la gente acarreando ma\u00edz y envi\u00e9les luego las dos barcas y otra que hab\u00eda aportado all\u00ed de un nav\u00edo que se hab\u00eda perdido en la costa veniendo a esta Nueva Espa\u00f1a y cuatro canoas, y en ellas se vino toda la gente y trujieron mucho ma\u00edz. Y fue este tan grand remedio que dio bien el fruto del trabajo que cost\u00f3, porque a faltarnos, todos peresci\u00e9ramos de hambre sin tener ning\u00fand remedio.<br \/>\nHice luego meter todos aquellos bastimentos en los nav\u00edos y met\u00edme en ellos con toda la gente que en aquel pueblo hab\u00eda de la de Gil Gonzales y los que hab\u00eda quedado conmigo de mi compa\u00f1\u00eda. Y me hice a la vela a [&#8230;] d\u00edas del mes de [&#8230;] y fuime al puerto de la bah\u00eda de Sant Andr\u00e9s, echando primero en una punta toda la gente que pudo andar con dos caballos que yo hab\u00eda dejado para llevar conmigo en los nav\u00edos para que se fuesen por tierra al dicho puerto y bah\u00eda, adonde hab\u00eda de hallar o esperar a la gente que hab\u00eda de venir de Naco, porque ya se hab\u00eda andado aquel camino y en los nav\u00edos no pod\u00edamos ir sino a mucho peligro porque \u00edbamos muy abalumados. Y envi\u00e9 por la costa una barca para que les pasase ciertos r\u00edos que hab\u00eda en el camino, y yo llegu\u00e9 al dicho puerto y hall\u00e9 que la gente que hab\u00eda de venir de Naco hab\u00eda dos d\u00edas que era llegada, de los cuales supe que todos los dem\u00e1s quedaban buenos, y que ten\u00edan mucho ma\u00edz y aj\u00ed y muchas frutas de la tierra excepto que no ten\u00edan carne ni sal, que hab\u00eda dos meses que no sab\u00edan qu\u00e9 cosa era. Yo estuve en este puerto veinte d\u00edas proveyendo de dar orden en lo que aquella gente que estaba en Naco hab\u00eda de hacer y buscando alg\u00fand asiento para poblar en aquel puerto porque es el mejor que hay en toda la costa descubierta desta tierra firme, digo, desde las Perlas hasta la Florida, y quiso Dios que le hall\u00e9 bueno y muy a prop\u00f3sito. E hice buscar ciertos arroyos, y aunque con poco aderezo, se hall\u00f3 a una y a dos leguas del asiento del pueblo buena muestra de oro. Y por esto y por ser el puerto tan hermoso y por tener tan buenas comarcas y tan pobladas de gente, paresci\u00f3me que Vuestra Majestad ser\u00eda muy servido en que se poblase, y luego envi\u00e9 a Naco, donde la gente estaba, a saber si hab\u00eda algunos que all\u00ed quisiesen quedar por vecinos. Y como la tierra es buena, hall\u00e1ronse hasta cincuenta, y aun algunos y los m\u00e1s, de los vecinos que hab\u00edan venido en mi compa\u00f1\u00eda, y as\u00ed en nombre de Vuestra Majestad fund\u00e9 all\u00ed una villa que por ser el d\u00eda en que se comenz\u00f3 a talar el asiento de la Natividad de Nuesta Se\u00f1ora le puse a la villa aquel nombre. Y se\u00f1al\u00e9 alcaldes y regidores y dej\u00e9les cl\u00e9r\u00edgo y ornamentos y todo lo necesar\u00edo para celebrar, y dej\u00e9 oficiales mec\u00e1nicos as\u00ed como herrero con muy buena fragua y carpintero y calafate y barbero y sastre. Quedaron entre estos vecinos veinte de caballo y algunos ballesteros. Dej\u00e9les tambi\u00e9n cierta artiller\u00eda y p\u00f3lvora.<br \/>\nCuando a aquel pueblo llegu\u00e9 y supe de aquellos espa\u00f1oles que hab\u00edan venido de Naco que los naturales de aquel pueblo y de los otros a \u00e9l comarcanos estaban todos alborotados y fuera de sus casas por las sierras y montes que no se quer\u00edan asegurar &#8211; aunque algunos dellos hab\u00edan hablado por el temor que ten\u00edan de los da\u00f1os que hab\u00edan rescebido de la gente que Gil Gonz\u00e1les y Crist\u00f3bal Dolid trajeron &#8211; , escreb\u00ed al capit\u00e1n que all\u00ed estaba que trabajase mucho de haber algunos dellos de cualquier manera que fuese y me los enviase para que yo los hablase y asegurase. Y ans\u00ed lo hizo, que me envi\u00f3 ciertas personas que tom\u00f3 en una entrada que hizo. Y yo les habl\u00e9 y asegur\u00e9 mucho e hice que les hablasen algunas personas principales de los que aqu\u00ed de M\u00e9xico que yo conmigo traje, y les hicieron saber qui\u00e9n yo era y lo que hab\u00eda fecho en su tierra y el buen tratamiento que de m\u00ed todos resceb\u00edan despu\u00e9s que fueron mis amigos, y c\u00f3mo eran amparados y mantenidos en justicia ellos y sus haciendas e hijos y mujeres y los da\u00f1os que resceb\u00edan los que eran rebeldes al servicio de Vuestra Majestad y otras muchas cosas que les dijeron de que se aseguraron mucho, aunque todav\u00eda me dijeron que ten\u00edan temor que no seria verdad lo que les dec\u00edan, porque aquellos capitanes que antes de m\u00ed hab\u00edan venido les hab\u00edan dicho aquellas palabras y otras y que despu\u00e9s les hab\u00edan mentido y les hab\u00edan llevado las mujeres que ellos les daban para que les hiciesen pan y los hombres que les tra\u00edan para que les llevasen sus cargas, y que ans\u00ed cre\u00edan que har\u00eda yo, pero todav\u00eda con la seguridad que aquellos de M\u00e9sico les dieron y la lengua que yo conmigo tra\u00eda y como los vieron a ellos bien tratados y alegres de nuestra compa\u00f1\u00eda, se aseguraron alg\u00fan tanto. Y los envi\u00e9 para que hablasen a los se\u00f1ores y gente de los pueblos, y de ah\u00ed a pocos d\u00edas me escribi\u00f3 el capit\u00e1n que ya hab\u00edan venido de paz algunos de los pueblos comarcanos, en especial los m\u00e1s principales, que son aqu\u00e9l de Naco, donde es taban aposentados, y Quimystlan y Zula y Cholome, que el que menos d\u00e9stos tiene son m\u00e1s de dos mill casas, sin otras aldeas que cada uno tiene sujetas a s\u00ed; y que hab\u00edan dicho que luego vern\u00eda toda la tierra de paz, porque ya ellos les hab\u00edan enviado mensajeros asegur\u00e1ndolos y haci\u00e9ndoles saber c\u00f3mo yo estaba en la tierra y todo lo que les hab\u00eda dicho y hab\u00edan o\u00eddo a los naturales de M\u00e9sico, y que deseaban mucho que yo fuese all\u00e1, porque yendo yo se asegurar\u00eda m\u00e1s la gente. Lo cual yo hiciera de buena voluntad, sino que me era muy nescesario pasar adelante a dar orden en lo que en este cap\u00edtulo siguiente a Vuestra Majestad har\u00e9 relaci\u00f3n.<br \/>\nCuando yo, Invit\u00edsimo C\u00e9sar, llegu\u00e9 a aquel pueblo de Nito donde hall\u00e9 aquella gente de Gil Gonz\u00e1les perdida, supe dellos que Francisco de la Casas, a quien yo envi\u00e9 a saber de Crist\u00f3bal Dolid, como ya a Vuestra Majestad por otras he hecho saber, hab\u00eda dejado sesenta leguas de all\u00ed la costa abajo en un puerto que los pilotos llaman de las Honduras ciertos espa\u00f1oles, y que cierto estaban all\u00ed poblados. Y luego que llegu\u00e9 a este pueblo y bah\u00eda de San Andr\u00e9s, donde en nombre de Vuestra Majestad est\u00e1 fundada la villa de la Natividad de Nuestra Se\u00f1ora, en tanto que yo me deten\u00eda en dar orden en la poblaci\u00f3n y fundamento della y en dar asimesmo orden al capit\u00e1n y gente que estaba en Naco de lo que hab\u00edan de hacer para la pacificaci\u00f3n y seguridad de aquellos pueblos, envi\u00e9 el nav\u00edo que yo compr\u00e9 para que fuese al dicho puerto de las Honduras a saber de aquella gente y volviese con la nueva que hallase. Y ya que en las cosas de all\u00ed yo hab\u00eda dado orden lleg\u00f3 el dicho nav\u00edo de vuelta, y vinieron en \u00e9l el procurador del pueblo y un regidor y me rogaron mucho que yo fuese a remediarlos porque ten\u00edan muy estrema nescesidad a cabsa que el capit\u00e1n que Francisco de las Casas les hab\u00eda dejado y un alcalde que \u00e9l ansimismo dej\u00f3 nombrado se hab\u00edan alzado con un nav\u00edo y llev\u00e1doles de ciento y diez hombres que eran los cincuenta, y a los que hab\u00edan quedado les hab\u00edan llevado las armas y herraje y todo cuanto ten\u00edan, y que tem\u00edan cada d\u00eda que los indios los matasen o morirse de hambre por no lo poder buscar; y que un nav\u00edo que un vecino de la isla Espa\u00f1ola que se dice el bachiller Pero Moreno tra\u00eda aport\u00f3 all\u00ed, y le rogaron que les proveyese y que no hab\u00eda querido, como sabr\u00eda m\u00e1s largamente despu\u00e9s que fuese al dicho su pueblo. Y por remediar esto me torn\u00e9 a embarcar en los dichos nav\u00edos con todos aquellos dolientes, aunque ya algunos eran muertos, para los enviar desde all\u00ed como despu\u00e9s los envi\u00e9 a las Islas y a esta Nueva Espa\u00f1a. Y met\u00ed conmigo algunos cr\u00edados m\u00edos y mand\u00e9 que por tierra se viniesen veinte de caballo y diez ballesteros porque supe que hab\u00eda buen camino aunque hab\u00eda algunos r\u00edos de pasar, y estuve en llegar nueve d\u00edas porque tuve algunos contrastes de tiempo. Y echando el ancla en el dicho puerto de las Honduras, salt\u00e9 en una barca con dos frailes de la orden de San Francisco que conmigo siempre he tra\u00eddo y con hasta diez cr\u00edados m\u00edos y fui a tierra. Y ya toda la gente del pueblo estaba en la plaza esper\u00e1ndome, y como llegu\u00e9 cerca entraron todos en el agua y me sacaron de la barca en peso, mostrando mucha alegr\u00eda con mi venida. Y juntos nos fuimos al pueblo y a la iglesia que all\u00ed ten\u00edan, y despu\u00e9s de haber dado gracias a Nuestro Se\u00f1or me rogaron que me sentase, porque me quer\u00edan dar cuenta de todas las cosas pasadas porque cre\u00edan que yo ten\u00eda enojo dellos por alguna mala relaci\u00f3n que me hobiesen hecho, y que quer\u00edan hacerme saber la verdad antes que por aqu\u00e9lla los juzgase. Y yo lo hice como me lo rogaron, y comenzada la relaci\u00f3n por un cl\u00e9r\u00edgo que all\u00ed ten\u00edan a quien dieron la mano que hablase, propuso en la manera que se sigue:<br \/>\n\u00abSe\u00f1or, ya sab\u00e9is c\u00f3mo desde la Nueva Espa\u00f1a enviastes a todos o los m\u00e1s de los que aqu\u00ed estamos con Cr\u00edst\u00f3bal Dolid, vuestro capit\u00e1n, a poblar en nombre de Su Majestad estas partes, y a todos nos mandastes que obedesci\u00e9semos al dicho Crist\u00f3bal Dolid en todo lo que nos mandase como a vuestra persona. Y ans\u00ed salimos con \u00e9l para ir a la isla de Cuba a acabar de tomar algunos bastimentos y caballos que nos faltaban. Y llegados a La Habana, que es un puerto de la dicha isla, se carte\u00f3 con Diego Vel\u00e1zquez y con los oficiales de Su Majestad que en aquella isla residen, y le enviaron alguna gente. Y despu\u00e9s de bastecidos de todo lo que hobimos menester, que nos lo dio muy cumplidamente Alonso de Contreras, vuestro criado, nos partimos y seguimos nuestro viaje. Dejadas algunas cosas que nos acaescieron en el camino que ser\u00edan largas de contar, llegamos a esta costa catorce leguas abajo del puerto de Caballos. Y luego como saltamos en tierra, el dicho capit\u00e1n Crist\u00f3bal Dolid tom\u00f3 la posesi\u00f3n della por vuestra merced en nombre de Su Majestad y fund\u00f3 en ella una villa con los alcaldes y regidores que de all\u00e1 ven\u00edan se\u00f1alados, e hizo ciertos autos as\u00ed en la posesi\u00f3n como en la poblaci\u00f3n de la villa, todo en nombre de vuestra merced y como su capit\u00e1n y teniente. Y de all\u00ed a algunos d\u00edas junt\u00f3se con aquellos criados de Diego Vel\u00e1zquez que con \u00e9l vinieron y tuvo all\u00e1 ciertas formas en que luego se mostr\u00f3 fuera de la obidiencia de vuestra merced, y aunque algunos nos paresci\u00f3 malo a los m\u00e1s no le osamos contradecir porque amenazaba con la horca, antes dimos consentimiento a todo lo que \u00e9l quiso y aun ciertos criados y parientes de vuestra merced que con \u00e9l vinieron hicieron lo mesmo, porque no osaron hacer otra cosa ni les cumpl\u00eda. Y fecho esto, porque supo que cierta gente del capit\u00e1n Gil Gonzales de Avila hab\u00eda de ir adonde \u00e9l estaba, que lo supo de seis hombres mensajeros que le prendi\u00f3, se fue a poner en un paso de un r\u00edo por donde hab\u00edan de pasar para los prender y estuvo all\u00ed algunos d\u00edas esper\u00e1ndolos. Y como no ven\u00edan, dej\u00f3 all\u00ed recabdo con un maestre de campo y \u00e9l volvi\u00f3 al pueblo y comenz\u00f3 a aderezar dos carabelas que all\u00ed ten\u00eda y meti\u00f3 en ellas artiller\u00eda y munici\u00f3n para ir sobre un pueblo de espa\u00f1oles que el dicho capit\u00e1n Gil Gonz\u00e1les ten\u00eda poblado la costa arriba. Y estando aderezando su partida, lleg\u00f3 Francisco de las Casas con dos nav\u00edos, y como supieron qui\u00e9n eran mand\u00f3 que le tirasen con el artiller\u00eda que ten\u00eda en las naos. Y puesto que el dicho Francisco de las Casas alz\u00f3 banderas de paz y daba voces diciendo que era de vuestra merced, todav\u00eda mand\u00f3 que no cesasen de tiralle, y s\u00fabito le tiraron diez o doce tiros en que el uno dio por un costado de un nav\u00edo que pas\u00f3 de la otra parte. Y como el dicho Francisco de las Casas conosci\u00f3 su mala intenci\u00f3n y paresci\u00f3 ser verdad la sospecha que d\u00e9l se ten\u00eda ech\u00f3 las barcas fuera de los nav\u00edos y gente en ellas y comenz\u00f3 a jugar con su artiller\u00eda, y tom\u00f3 los dos nav\u00edos que estaban en el puerto con toda el artiller\u00eda que ten\u00edan, y la gente sali\u00f3 se huyendo a tierra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>QUINTA RELACI\u00d3N &#8211; Parte 2 La manera deste pueblo es que est\u00e1 en un pe\u00f1ol alto, y por la una parte le cerca una gran laguna y por la otra parte un arroyo muy hondo que entra en la laguna. 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